Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Teijeira Pablos, Catedrática de Historia del Arte, Universidad de León

La muerte, tanto la propia como la ajena, ha sido una de las preocupaciones fundamentales del ser humano desde el principio de los tiempos. A lo largo de los siglos hemos desarrollado creencias y rituales que han ayudado a afrontar el trauma que supone. También hemos construido espacios y monumentos para no olvidar a los difuntos, muchos de ellos más impactantes que las viviendas de los vivos. Asimismo, hemos depositado nuestra esperanza en extender la existencia en un universo sobrenatural de recompensa o castigo que ha condicionado nuestra vida terrenal, favoreciendo la aparición de diferentes creencias religiosas que disocian cuerpo y espíritu, superando este la caducidad de aquél.
Aunque el hombre contemporáneo ha prescindido en gran medida de las restricciones impuestas por las diferentes creencias, la cultura popular ha mantenido, y renovado, muchos de los constructos antiguos. De este modo, para algunas personas los muertos siguen transitando entre nosotros, no solo como el recuerdo de los seres queridos desaparecidos sino también en forma de criaturas híbridas, como los fantasmas, los muertos vivientes o los zombis. Creemos que ellos tampoco quieren irse del todo o que se han visto atrapados entre dos esferas, la real y la del más allá.
Muchas de estas ideas y costumbres, aún en vigor, se forjaron en tiempos medievales, incluso anteriores. Por ello, estudiar la muerte en el Medievo constituye una herramienta fundamental para entender nuestra gestión actual del tránsito final. La serie de artículos que ahora se inicia parte de un proyecto de investigación desde la perspectiva de la historia del arte.
Las circunstancias del Medievo
El análisis de muchas de las huellas materiales e inmateriales de las creencias y percepciones medievales en torno a la muerte aclara algunos aspectos relativos
al imaginario de aquellos siglos. También permite entender sus características en la época moderna y contemporánea, a la vez que conocer y valorar un patrimonio cultural que va más allá de las capillas funerarias y los sepulcros, de los que el Medievo generó algunos de los ejemplos más sugerentes e impactantes.

Fernando/Wikimedia Commons, CC BY-SA
En la Edad Media, con una esperanza de vida corta, una medicina de recursos limitados, una seguridad casi inexistente y multitud de situaciones extraordinarias que podían acabar con la vida de millones, en guerras, hambrunas o epidemias, el ser humano aprendió a convivir con la muerte y a añadir a su preocupación por la supervivencia diaria la de la salvación de su alma. Para el cristiano esta solo estaba garantizada por la fe y el cumplimiento de los preceptos de la Iglesia.
Al temor al infierno y el deseo de llegar al cielo se añadió, precisamente en época medieval, la posibilidad extraordinaria de salvación para las almas del purgatorio. Esto se conseguía gracias a las oraciones de los vivos, pero también a la obtención de indulgencias por la compra de bulas, a la visita y peregrinación a determinadas iglesias, e incluso a la participación en su construcción. Esencialmente este comercio, que reportó importantes beneficios económicos a la Iglesia católica, fue uno de los motivos fundamentales de la aparición de los movimientos reformistas a principios de la era moderna.
Tópicos de actualidad
En el imaginario popular aparecieron, en época medieval, algunos tópicos que aún hoy son perfectamente reconocibles: la vanitas es uno de ellos. Se basa en el famoso tema clásico de la vanidad de las cosas terrenas y se manifiesta en el recordatorio al vivo de la inexorabilidad y el poder igualatorio de la muerte y la necesidad de aprovechar la vida. Hoy, este concepto ha derivado en el carpe diem –el disfrute del momento, también pasajero–. Sin embargo, para el hombre medieval suponía el cultivo del espíritu para asegurar la salvación del alma, superando la preocupación por la riqueza, el poder o la fama, en las que se basaba la gloria terrena.
Para transmitir más claramente esta idea, el Medievo, sobre todo en sus últimos siglos, aprovechó al máximo la imagen de lo macabro, el cuerpo putrefacto, el esqueleto o el fantasma. Por ejemplo, la escultura funeraria del cardenal Jean de la Grange, originalmente en la iglesia de San Marcial de Aviñón, nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos tras la muerte.

Émilien Segantini, CC BY-SA
Fue precisamente en las catedrales y monasterios medievales, en portadas, capiteles y códices miniados, donde el demonio devorador en el fuego del infierno creaba en el vivo una imagen lo suficientemente terrorífica como para empujarle a una vida más edificante. La danza macabra, un género literario, escénico y artístico de carácter popular, recordaba la fugacidad de la vida y mostraba el carácter igualatorio de la muerte.
Tradiciones y Todos los Santos
Igualmente, en la Edad Media tienen sus raíces tradiciones que aún perviven, como el cuidado de las tumbas y la visita periódica a los espacios funerarios. Al difunto medieval se le ofrecían pan y vino, se enriquecían sus sepulcros con alfombras y textiles lujosos y se iluminaban con cirios y candelas, en alusión a la luz de la vida eterna.
También, por supuesto, se rezaba en un ceremonial que se concentraba, como actualmente, en el primer año tras la muerte. Esto convertía los templos y claustros medievales en escenarios permanentes de conmemoración de los difuntos. En ellos se unía, a la emotividad del recuerdo, un auténtico espectáculo lumínico, olfativo y auditivo gracias a los rezos y cantos de la liturgia funeraria.
Este ritual, si bien simplificado, se reproduce anualmente en la fiesta de Todos los Santos, aunque ya no en las iglesias sino en los cementerios. Estos, en muchos casos, constituyen magníficos ejemplos de arquitectura y escultura contemporáneas, como el genovés de Staglieno, que ha seguido inspirando a artistas diversos hasta tiempos recientes. Sin ir más lejos, la tumba Appiani de este cementerio se vio reflejada en la cubierta del disco Closer de Joy Division, en 1980.

Anselmoorsi/Wikimedia Commons, CC BY-SA
Los ejemplos mencionados permiten confirmar que la muerte y su dimensión artística durante los siglos medievales es un fenómeno de total actualidad. Su investigación puede así ayudarnos a comprender determinadas dimensiones espirituales de las sociedades hoy en día.
El proyecto “Arte funerario en las catedrales de León y Castilla (siglos XI-XV): De la materialidad a la receptividad del patrimonio inmaterial” (Ref. PID2023-150540NB-100), financiado/a por MICIU/AEI/10.1303/501100011033 y por FEDER/UE), se desarrolla bajo la dirección de María D. Teijeira Pablos y José A. Moráis Morán.
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María Dolores Teijeira Pablos recibe fondos del proyecto de investigación “Arte funerario en las catedrales de León y Castilla (siglos XI-XV): De la materialidad a la receptividad del patrimonio inmaterial” (Ref. PID2023-150540NB-100), financiado/a por MICIU/AEI/10.1303/501100011033 y por FEDER/UE). Trabaja para la Universidad de León.
José Alberto Moráis Morán recibe fondos del Proyecto “Arte funerario en las catedrales de León y Castilla (siglos XI-XV): De la materialidad a la receptividad del patrimonio inmaterial” (Ref. PID2023-150540NB-100), financiado/a por MICIU/AEI/10.1303/501100011033 y por FEDER/UE)
– ref. ¿Por qué estudiar la muerte medieval? – https://theconversation.com/por-que-estudiar-la-muerte-medieval-293397
