Cómo traer la evidencia científica a las aulas para enseñar mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Susana Al-Halabí, Profesora Titular de Universidad, Psicología, Universidad de Oviedo

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“No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza”, escribió el pedagogo y filósofo de la educación Paulo Freire. La investigación permite comprender cómo pueden mejorarse las prácticas educativas. Para lograr un impacto real, sus conclusiones deben incorporarse a la formación de los futuros docentes, pero también llegar a quienes ya están cada día en las aulas.

Sin embargo, no resulta sencillo acercar la evidencia científica al profesorado de las etapas preuniversitarias. En el sistema educativo actual, no siempre está claro quién debe hacerlo, cuándo ni mediante qué procedimientos. Como consecuencia, muchos docentes encuentran dificultades para acceder a literatura científica relevante y debatir sobre estudios rigurosos en profundidad.


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Tertulias para docentes

Una manera de responder a este desafío son las tertulias pedagógicas dialógicas. Basadas en los principios del llamado aprendizaje dialógico, constituyen espacios de encuentro en los que el conocimiento científico se construye colectivamente a través del diálogo entre personas con experiencias y perspectivas diversas.

Las investigaciones desarrolladas durante las últimas décadas han mostrado que este tipo de actuaciones favorecen el pensamiento crítico, fortalecen los procesos de aprendizaje y mejoran la calidad de la formación. Su valor reside en que las aportaciones se juzgan por la solidez de los argumentos y no por la posición de quien las realiza. De este modo, la diversidad de conocimientos, trayectorias y experiencias se convierte en una fuente de aprendizaje compartido.




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Salud mental y evidencias

Con este propósito, un grupo de investigadoras de la Universidad de Oviedo pusimos en marcha, en colaboración con el Centro del Profesorado y Recursos de Oviedo, una formación sobre salud mental basada en tertulias pedagógicas dialógicas. En ella participaron docentes de distintas etapas educativas, profesionales de la orientación, equipos directivos y familias.

La dinámica era sencilla: no trabajábamos con resúmenes ni materiales divulgativos, sino que ofrecíamos al profesorado artículos científicos originales.

Del ‘paper’ científico a la realidad del aula

Los docentes de enseñanzas medias no siempre tienen acceso a bases de datos científicas ni dispone de criterios suficientes para discriminar entre evidencias de distinta calidad. En este sentido, el equipo de formadoras e investigadoras asumimos la responsabilidad de seleccionar la mejor evidencia disponible y ofrecerla a través de esta modalidad formativa.

Antes de cada encuentro, se proporcionaban los artículos a los participantes, que realizaban la lectura de manera individual. Después, durante la tertulia, quien lo deseaba compartía el párrafo que más le había sorprendido o inspirado. A partir de ahí se iniciaba la conversación.

Lejos de convertirse en una discusión académica tradicional, o en una sesión de preguntas y respuestas a las personas involucradas en la investigación, las tertulias funcionaron como espacios de construcción colectiva del conocimiento. Los hallazgos de la investigación dialogaban constantemente con la experiencia profesional en los centros educativos, enriqueciendo la comprensión de los problemas analizados y favoreciendo la creación de nuevos significados compartidos.

Cuando la evidencia cuestiona nuestras certezas

Una de las razones por las que este formato de formación de docentes es especialmente eficaz es que, a menudo, los docentes con años de experiencia pueden tener creencias muy arraigadas: enfrentados a evidencias científicas que apuntan en otra dirección, es fundamental que exista el espacio para debatir y plantear situaciones concretas.

En la experiencia realizada en Oviedo, por ejemplo, las lecturas incluían trabajos sobre la llamada hipótesis de inflación de la prevalencia, según la cual determinados discursos de sensibilización podrían contribuir involuntariamente a interpretar formas leves o transitorias de malestar como problemas psicológicos más graves. Revisamos artículos científicos que advertían de posibles efectos iatrogénicos (es decir, efectos adversos resultantes de la intervención) de algunas intervenciones universales de salud mental y analizamos una revisión reciente sobre la idealización de los problemas de salud mental en adolescentes y el papel que determinadas dinámicas culturales y digitales pueden desempeñar en este fenómeno.




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Las primeras sesiones generaron sorpresa e incluso cierta desazón. Algunos hallazgos cuestionaban prácticas ampliamente aceptadas en los contextos educativos y obligaban a revisar ideas que muchos participantes daban por sentadas. Sin embargo, la reacción no fue el rechazo ni la defensa de posiciones previas, sino la curiosidad.

Aprender a formular mejores preguntas

Lo más estimulante de la experiencia no fueron únicamente los artículos analizados. Fue comprobar hasta qué punto el profesorado desea comprender críticamente qué está ocurriendo con la salud mental de su alumnado y cuál puede ser el papel de la escuela. Docentes de primaria, secundaria, bachillerato y formación profesional acudieron cada semana, después de sus jornadas lectivas, para discutir literatura científica compleja con rigor, interés y una notable apertura intelectual.

Más allá de los contenidos concretos abordados, las tertulias se consolidaron como un espacio de encuentro entre investigación y práctica educativa. De hecho, una de las demandas que surgió del propio grupo fue la organización de nuevas conversaciones y de talleres sobre búsqueda de literatura científica que permitiera al profesorado acceder de forma autónoma a las mejores evidencias disponibles.

Espacios para pensar juntos

En un contexto educativo cada vez más complejo, la formación no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en crear las condiciones para pensar juntos.

Como recordaba el pedagogo, educador y filósofo brasileño Paulo Freire, no hay enseñanza sin investigación. Y quizá la mejor formación docente no consista en proporcionar respuestas cerradas, sino en aprender a formular mejores preguntas a la luz de la evidencia científica.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo traer la evidencia científica a las aulas para enseñar mejor – https://theconversation.com/como-traer-la-evidencia-cientifica-a-las-aulas-para-ensenar-mejor-291007

¿Por qué no debería chupar el suelo de un hospital?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Botello Morte, Doctora en Bioquímica y Profesora Titular de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad San Jorge

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Todos hemos tomado alguna vez una decisión donde claramente sabíamos que íbamos a salir perdiendo: apurar esa última copa a las cinco de la mañana, aceptar el reto de probar algo exageradamente picante o montarnos en una atracción que nos aterroriza. La pregunta que da origen a este artículo surgió en una de esas conversaciones entre cervezas, a la salida de una reunión científica, con una curiosidad quizás mal orientada: ¿qué pasaría si chupáramos el suelo de un hospital?

Puede que ahora mismo esté poniendo cara de asco. Es comprensible. La idea recuerda aquel capítulo de Los Simpson en el que Bart decide lamer la barra del autobús para avergonzar a su familia. Pero más allá del rechazo instintivo, la pregunta es interesante. Nos lleva a plantearnos cuestiones como si encontraríamos un suelo completamente estéril. O si, independientemente de la esterilidad de la superficie, podríamos enfermar por ello.

Para responder, tendremos que seguir el rastro de los microorganismos y distinguir entre lo que la ciencia ha demostrado y lo que aún no sabemos con certeza, aunque pueda resultar inquietante.

Limpio no es lo mismo que libre de organismos

Cuando pensamos en un hospital, probablemente lo primero que nos viene a la mente es ese olor intenso y penetrante, que generalmente asociamos a limpieza. Sin embargo, que un lugar huela a limpio no significa que esté libre de microorganismos.

Los hospitales aplican estrictos protocolos de limpieza y, cuando corresponde, de desinfección, utilizando productos y procedimientos adaptados a cada superficie y nivel de riesgo. Pueden utilizar cloro, lejía o amonio cuaternario, e incluso tecnologías complementarias como luz ultravioleta o vapores de peróxido de hidrógeno en determinadas circunstancias.

Por tanto, si los hospitales se limpian de forma rigurosa, ¿por qué no deberíamos darle un lametón al suelo? Porque la limpieza de una superficie reduce la contaminación, pero no garantiza que permanezca libre de microorganismos. En cuestión de horas, esa superficie se puede volver a contaminar por el tránsito de personas, el calzado, los equipos médicos o incluso la falta de higiene de manos del personal.

Así, los suelos hospitalarios no son superficies estériles. Una revisión sistemática analizó 30 estudios sobre la transmisión de microorganismos desde suelos y otras superficies. Los autores revelaron que, en los suelos de los hospitales, había patógenos asociados a la asistencia sanitaria, entre ellos algunos resistentes a los antibióticos que provocan graves problemas en el sistema sanitario, como Staphylococcus aureus resistente a meticilina o bacterias gramnegativas multirresistentes.

La presencia de bacterias resistentes a los antibióticos añade otra dimensión al problema. Si uno de esos microorganismos resistentes infecta a una persona, puede causar una infección difícil de tratar. También aparecen microorganismos relacionados con infecciones nosocomiales (hospitalarias) como Clostridioides difficile y sus esporas, que pueden causar diarrea y colitis. Las esporas, además, pueden persistir durante largos periodos, y son extraordinariamente resistentes a numerosos desinfectantes. Por ello, sin productos especializados, ni el suelo más reluciente del mundo nos asegura su ausencia.

Pisando generamos aerosoles

El suelo también puede contribuir a diseminar estos microorganismos. Caminar sobre superficies contaminadas puede formar aerosoles que distribuyan las bacterias. Así mismo se pueden distribuir por contacto directo al tocar las superficies, a través de las suelas de los zapatos o ruedas de equipos médicos o, incluso, mediante vectores como las moscas.

Sin embargo, no basta con detectar que un patógeno esté presente en el suelo para causarnos infección. Primero, tiene que encontrar una vía de entrada al organismo. Si tocamos el suelo, pero luego nos lavamos las manos, podemos eliminarlo antes de que acceda a nuestro cuerpo. Pero ¿y si lamemos el suelo? Pues ahí entra en juego el tipo de patógeno y su virulencia, es decir, lo fácil que le resulte causar infección.

También participan nuestras defensas, que pueden destruir al patógeno antes de que nos cause enfermedad. Una investigación reciente nos indica que, aunque en un momento de enajenación mental nos diera por chupar el suelo del hospital, la relación causal entre la posible ingesta de patógenos y la posterior infección no está tan bien establecida. Existe un riesgo verosímil, pero no podemos definirlo con exactitud solo contando microorganismos en el suelo.

Aunque lo cierto es que podemos convivir con microorganismos potencialmente patógenos sin enfermar, eso no convierte cualquier exposición en una buena idea. No necesitamos tener miedo a tocar el suelo ni asumir que cada superficie está llena de bacterias peligrosas. Lo razonable es evitar exposiciones innecesarias (como lamer el suelo del hospital), respetando las medidas de higiene, especialmente en entornos sanitarios donde hay pacientes vulnerables. Y dejar para otro momentos las ocurrencias insensatas.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Por qué no debería chupar el suelo de un hospital? – https://theconversation.com/por-que-no-deberia-chupar-el-suelo-de-un-hospital-294602

¿Bolso o concierto de Bad Bunny? El consumo adolescente se hace adulto, pero no al mismo ritmo para todos los productos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Feijoo, Profesora Titular de Publicidad, Universidad Villanueva

Una niña deja de querer una mochila y pide un bolso para ir a la escuela. Es posible que en casa aparezca entonces una frase conocida: “¿No eres demasiado pequeña para llevar bolso?”. Esa misma niña pide ir a un concierto de Bad Bunny y la discusión quizá sea otra: cuánto cuesta la entrada, con quién irá o quién la llevará. Incluso puede que la edad ni siquiera aparezca en la conversación.

Los dos son consumos que hace no tanto habríamos asociado a etapas posteriores de la vida. Sin embargo, no los juzgamos igual. ¿Por qué algunos objetos nos hacen pensar que nuestros hijos quieren hacerse mayores demasiado pronto mientras aceptamos con naturalidad experiencias que también adelantan su entrada en mundos que antes llegaban más tarde?

Se están moviendo las fronteras de edad en el consumo. Pero no lo hacen igual para todo.

El consumo tiene edad, pero cada vez es menor

Aunque no exista una edad escrita en la etiqueta, atribuimos determinados productos y prácticas a distintos momentos de la vida. No nos sorprende que un adolescente quiera unas zapatillas de una marca concreta, pero podemos considerar prematuro que una niña utilice determinados productos de cuidado facial. Curiosamente, pocas veces nos preguntamos si ir a un festival o comer en un restaurante de moda corresponde a su edad.

Hace más de veinte años que la economista y socióloga Juliet Schor abordó esta cuestión a través del concepto de age compression, que describe cómo productos y mensajes comerciales inicialmente pensados para consumidores mayores comienzan a dirigirse a niños cada vez más pequeños.

Hoy basta con observar los contenidos que circulan por las redes sociales para encontrar ejemplos de ese acercamiento entre edades. Los menores descubren marcas, tendencias y experiencias que antes difícilmente habrían formado parte de su universo cotidiano. Las plataformas digitales han contribuido a acelerar este proceso, aunque también las familias tienen mucho que decir. Al fin y al cabo, son ellas quienes deciden qué compras se permiten, cuáles deben esperar y qué experiencias merece la pena disfrutar.




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Cuando no se adelantan solo los productos

En una investigación que realizamos con diez familias, encontramos adolescentes que conocían bien los precios y tenían bastante claro qué podían pedir en casa. Algunos padres reconocían incluso haber cambiado sus preferencias de moda por influencia de sus hijos. Esto muestra hasta qué punto ha cambiado su participación en el consumo familiar. Su papel va más allá de recibir publicidad o expresar deseos de compra: también intervienen en las decisiones y pueden influir en lo que consumen los adultos.

Para explicar este fenómeno proponemos el concepto de adultización a través del consumo, entendido como la incorporación temprana a productos, prácticas, experiencias y conductas de consumo asociadas a etapas posteriores de la vida. Esa adultización permite ampliar la mirada más allá de los objetos que utilizan los menores, porque también interesa observar cómo se relacionan con el mercado, qué decisiones toman y qué lugar ocupan en el consumo familiar. Y, especialmente, cómo las familias van redefiniendo aquello que consideran apropiado para cada edad.

Un bolso no es lo mismo que un concierto

Podemos cuestionar que una niña utilice maquillaje o lleve un bolso porque asociamos esos objetos a una madurez que todavía no le corresponde. Con las experiencias, en cambio, solemos ser más permisivos. Un concierto, un viaje o una cena en un restaurante de moda pueden parecernos perfectamente adecuados, incluso cuando suponen un gasto considerable.

Es probable que influya el significado que damos a cada consumo. Determinados objetos pueden despertar preocupación por la imagen que proyectan o por el interés de los menores en parecer mayores. Las experiencias suelen tener una valoración más positiva, especialmente cuando se disfrutan en familia.

También resulta curioso cómo justificamos el gasto. Podemos discutir durante días si merece la pena comprar unas zapatillas de marca, pero aceptar con más facilidad el precio de unas entradas para un concierto. En nuestras decisiones pesa tanto el dinero como el valor que atribuimos a aquello que compramos.

Esta diferencia ayuda a entender por qué la adultización del consumo avanza de manera desigual. Seguimos poniendo reparos a ciertos productos relacionados con la apariencia, mientras que otras experiencias se incorporan con bastante naturalidad a la vida de niños y adolescentes.

Adultos para elegir, niños para pagar

Los adolescentes pueden saber perfectamente qué marcas les interesan, cuáles son los precios o cuánto dinero pueden gastar. Otra cuestión es cuánto conocen de la economía familiar que sostiene esas decisiones.

Saber que unas zapatillas de 150 euros son demasiado caras para pedirlas en casa no implica conocer los ingresos familiares o los gastos que deben atenderse cada mes. Incluso el ahorro puede funcionar de una manera peculiar: algunos adolescentes guardan el dinero que reciben de sus familiares mientras sus padres siguen haciéndose cargo de sus compras.

Podemos hablar aquí de una socialización asimétrica del joven consumidor: mientras que la familiarización con las decisiones de compra llega pronto, el conocimiento y la responsabilidad sobre los recursos económicos disponibles pueden quedar en un segundo plano.

Los padres contribuyen a mantener esa situación. Marcan los límites del consumo de los hijos y proporcionan buena parte del dinero necesario para gastar. También deciden cuándo hacer excepciones, qué caprichos merecen la pena y qué experiencias quieren ofrecerles.




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Educar para consumir, no solo para comprar

La incorporación temprana al mundo del consumo plantea un reto educativo que va más allá de decidir a qué edad se puede utilizar un cosmético o asistir a un concierto.

Los adolescentes necesitan entender cómo se toman las decisiones económicas en casa. Saber por qué unas compras tienen prioridad, cuánto esfuerzo supone afrontar determinados gastos o qué se deja de hacer cuando se destina el dinero a otra cosa.

Las propias decisiones familiares ofrecen oportunidades para hablar de estas cuestiones. No hace falta esperar a que los hijos tengan ingresos propios ni convertir cada compra en una lección de economía. A veces basta con explicar por qué estamos dispuestos a pagar más por unas vacaciones que por un objeto.

Volvamos a la niña que quería cambiar su mochila por un bolso y asistir a un concierto de Bad Bunny. Puede que termine disfrutando de ambas cosas o que alguna tenga que esperar. Quizá lo más interesante sea pensar por qué una cosa puede parecer prematura y la otra razonable, y explicar esa diferencia.

También vale la pena escuchar qué significa para ella cada elección y ayudarla a comprender por qué unas veces se aceptan sus deseos adultizados, otras se le ponen condiciones y otras se le dice «todavía no». Así también se aprende a consumir.

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Beatriz Feijoo recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación, proyecto de investigación ref. PID2024-155709NB-I00 (DIGETHICA).

Helena López-Bueno y Patricia Lafuente Pérez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. ¿Bolso o concierto de Bad Bunny? El consumo adolescente se hace adulto, pero no al mismo ritmo para todos los productos – https://theconversation.com/bolso-o-concierto-de-bad-bunny-el-consumo-adolescente-se-hace-adulto-pero-no-al-mismo-ritmo-para-todos-los-productos-293738

Que una mentira parezca una verdad depende de usted

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Adrover Roig, Profesor Titular de Universidad, Universitat de les Illes Balears

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El horóscopo puede predecir el futuro de una persona. Los pensamientos pueden influir en el movimiento de objetos físicos. El flujo de energías mediante el contacto de las manos con el paciente puede curar enfermedades físicas y psicológicas. Si alguna de estas afirmaciones le ha parecido plausible o, simplemente, le ha hecho dudar, este artículo es para usted.

Las pseudociencias son prácticas que adoptan la apariencia de la ciencia, pero que no siguen las exigencias del método científico ni disponen de evidencias sólidas.

Al mismo tiempo, las redes sociales han multiplicado la difusión de contenidos engañosos o falsos, a menudo diseñados para captar la atención. La desinformación fomenta el negacionismo, que consiste en rechazar conocimientos consolidados, no porque las pruebas sean insuficientes, sino porque entran en conflicto con creencias, emociones o identidades. Utiliza tácticas como recurrir a ideas conspirativas, apelar a falsos expertos, seleccionar los datos que refuerzan una postura, exagerar las limitaciones de la ciencia y utilizar falacias lógicas. Este conjunto de recursos hace que mensajes poco rigurosos puedan resultar sorprendentemente convincentes.

Así, en 2020, en pleno caos informativo provocado por la pandemia de la covid-19, circuló con fuerza un mensaje: “beber lejía diluida podía ayudar a combatir el virus”. Miles de personas lo compartieron y algunas incluso lo pusieron en práctica. El problema de las pseudociencias, las noticias falsas y el negacionismo no es su existencia, sino que tenemos pocas “defensas cognitivas” frente a ellos. Simplemente, nos los creemos. ¿Por qué?

A mí eso no me pasaría. ¡Soy universitario!

Pensar que la formación académica nos hace inmunes a la desinformación es un error. Las creencias pseudocientíficas continúan presentes incluso entre estudiantes universitarios. Tanto las pseudociencias como la desinformación aprovechan los mismos mecanismos; nos llegan a través de brechas similares. A menudo no aceptamos una idea porque sea cierta, sino porque resulta intuitiva, coherente con lo que pensamos o emocionalmente atractiva.

Cada día estamos expuestos a una cantidad de información imposible de procesar de manera reflexiva. Para gestionarla, el cerebro recurre a atajos mentales, los llamados heurísticos, que nos permiten tomar decisiones rápidas con muy poca información. La mayor parte del tiempo son útiles y eficientes. Pero también pueden conducirnos a errores de razonamiento: los conocidos como sesgos cognitivos. Sencillamente, nuestra mente no evolucionó para analizar artículos científicos ni verificar fuentes.




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Por tanto, recurrir a una pseudoterapia, compartir una noticia falsa o negar el cambio climático también es tomar una decisión. Y, como todas las decisiones, no siempre se basa en un análisis objetivo.

Todos estamos influidos por sesgos cognitivos, pero no de la misma manera. Estos sesgos nos llevan a menudo a confiar más en la intuición y en las emociones que nos despierta una información que en las pruebas que la respaldan. Además, nos gustan las historias coherentes y las explicaciones simples.

Incluso percibimos relaciones causales que no existen. Por ejemplo, es fácil atribuir la curación de un resfriado a la toma de un supuesto remedio homeopático simplemente porque ambos hechos han coincidido en el tiempo. Este es un ejemplo de ilusión de causalidad: confundir una coincidencia con una relación de causa y efecto.

Estos sesgos influyen en nuestra manera de interpretar la realidad. Tendemos a dar más credibilidad a los argumentos que nos emocionan y a los casos anecdóticos como fuente de evidencia (“¡Mi padrino fumó toda la vida y se murió con 95 años!”). Además, nos cuesta aceptar la evidencia que contradice nuestras creencias, mientras que buscamos y recordamos aquello que las confirma.

Y por si fuera poco, una idea nos parece más cierta porque la hemos escuchado muchas veces, aunque sea falsa. Es lo que conocemos como verdad ilusoria.

Como seres sociales, estamos profundamente influidos por los grupos a los que pertenecemos. Nuestras creencias no solo reflejan lo que pensamos, sino también quiénes somos y con quiénes nos identificamos. Por eso, cuestionar una idea puede generar la sensación de que se está cuestionando nuestra identidad. Querer encajar a menudo es más importante que los hechos en sí.

¿Se pueden reducir estas creencias?

La buena noticia es que sí. En la Universitat de les Illes Balears hemos desarrollado un proyecto de innovación docente con más de 300 estudiantes para comprender por qué algunas personas son más proclives a aceptar creencias pseudocientíficas o afirmaciones sin base empírica y, sobre todo, para averiguar si es posible reducirlas.

Uno de los factores más estrechamente asociados a estas creencias es una menor capacidad de razonamiento lógico. También contribuye una mayor confianza en la propia institución, en aquel “tengo la sensación de que es así”. Finalmente, los factores sociales, como la necesidad de pertenecer a un grupo y la dificultad para modificar las creencias ante nuevas pruebas, desempeñan así mismo un papel relevante.

Pero la parte más interesante llegó después. Los estudiantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos. El grupo experimental vio vídeos sobre sesgos cognitivos, heurísticas y falacias argumentativas –la gran mayoría procedía del canal de YouTube Curiosamente–, mientras que al grupo de control se le pusieron vídeos sobre cultura general. Solo el primero redujo significativamente su adhesión a afirmaciones sin base empírica y a creencias ilusorias, como la idea de que “si pienso mucho en algo, sucederá”.

El mensaje es claro: el pensamiento crítico se puede estimular. Al igual que aprendemos matemáticas o un idioma, también podemos entrenarnos para identificar sesgos cognitivos, detectar falacias, distinguir una anécdota de una prueba y valorar la calidad de las evidencias antes de llegar a una conclusión. Por eso, cada vez es más necesario fomentar este tipo de formación en la universidad y en etapas educativas anteriores.

El mensaje sobre la lejía mencionado al principio no triunfó por ser creíble desde el punto de vista científico, sino por ser sencillo, emocional y fácil de compartir. Este patrón sigue vigente. La diferencia no la marcará la ausencia de desinformación, sino nuestra capacidad para reconocerla.

Y, quizá, la mejor herramienta de la disponemos no es acumular más conocimiento, sino desarrollar un escudo crítico: la capacidad de reconocer nuestros propios sesgos, cuestionar los argumentos débiles y, cuando las pruebas lo justifiquen, cambiar de opinión sin sentir que nuestra identidad está en juego.


Este artículo ha resultado ganador del VII Concurso de Divulgación Científica de la Universitat de les Illes Balears en la categoría General.


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Daniel Adrover Roig no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Que una mentira parezca una verdad depende de usted – https://theconversation.com/que-una-mentira-parezca-una-verdad-depende-de-usted-294908

¿Cómo pudo sobrevivir la Vía Láctea sin la ‘pelota luminosa’ que aporta estabilidad a otras galaxias?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana de Lorenzo – Cáceres Rodríguez, Investigadora Ramón y Cajal en Astrofísica, Universidad de La Laguna

NGC3938, una de las galaxias análogas a la Vía Láctea –con bulbo pequeño o sin bulbo– observadas por el proyecto BEARD. Javier Román y Carlos Marrero de la Rosa.

En astrofísica, llevamos mucho tiempo intentando comprender el origen del universo, su evolución y su futuro. Lo hacemos con tesón, estudiando cada pequeña pieza, cada planeta, estrella, galaxia… para encajarlas, finalmente, en el sitio correcto del gran rompecabezas.

Este puzle consiste en un universo generado en el Big Bang, poco después del cual tuvo lugar el desacoplamiento de la materia y la luz. La gravedad, protagonista de la historia cósmica, empezó entonces a agrupar materia y, así, dio lugar a las primeras estrellas y galaxias. Durante unos 7 000 millones de años, el universo fue un lugar incómodo, donde las galaxias se fusionaban de manera violenta y formaban sistemas más grandes. Muchas estrellas nacieron en esta época. A continuación, en los últimos 7 000 millones de años, se entró en una etapa más tranquila, en la que las galaxias han crecido y se han desarrollado lentamente.

Un ejemplo de galaxia espiral con bulbo: M81.
NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA), CC BY

Una de ellas es la Vía Láctea, una galaxia espiral en la que sus componentes visibles (estrellas, gas y polvo) se distribuyen principalmente en forma de un disco que rota a una velocidad elevada.

Una galaxia que desafía lo esperable

Sin embargo, no todo encaja siempre a la perfección. Gracias al descubrimiento publicado en 2010 por un equipo de investigadores de China, Estados Unidos y Chile, hoy sabemos que la Vía Láctea no tiene bulbo central.

Esta especie de “pelota luminosa” sobresale en muchas de las galaxias espirales que vemos a nuestro alrededor. Y, aunque pueda parecer un capricho de la evolución galáctica sin más, su ausencia en la Vía Láctea tiene de particular que no encaja en el modelo cosmológico de evolución del universo arriba descrito.

Los bulbos son estructuras resistentes que aportan estabilidad a su galaxia y le permiten superar los fenómenos disruptivos del universo joven. ¿Cómo han sobrevivido, entonces, nuestro hogar estelar y el resto de galaxias espirales sin bulbo a los 7 000 millones de años de violencia cósmica?

El James Webb revela la violenta realidad del universo en sus inicios.

El proyecto BEARD: 54 galaxias sin bulbo

BEARD –siglas de Bulgeless Evolution And the Rise of Discs o evolución de las galaxias sin bulbo y la aparición de los discos– es un proyecto internacional liderado desde la Universidad de La Laguna y el Instituto de Astrofísica de Canarias, en Tenerife, cuyo objetivo es comprender este fenómeno cósmico.

Vivimos dentro de nuestra galaxia sin posibilidad actual de alejarnos lo suficiente para verla como un todo. Por tanto, la información que podemos obtener de ella es limitada.

Sí es posible, en cambio, observar otras galaxias similares, de las cuales podemos aprender cómo se formaron y qué procesos han influido en su evolución para, finalmente, entender cómo es posible que hoy estemos aquí, viviendo en la Vía Láctea. Ese es el objetivo de BEARD, que reúne a 35 astrofísicos de trece centros de investigación localizados en seis países de dos continentes distintos.

Estudiamos cada detalle de una muestra de 54 galaxias sin bulbo observadas durante más de 600 horas con varios telescopios e instrumentos del Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma. Contamos, además, con expertos y expertas en simulaciones numéricas que aportan el conocimiento teórico, para encajar las evidencias observacionales con el modelo físico del universo. Se trata de una aproximación multiinstrumental y multidisciplinar clave para desentrañar los secretos de galaxias como la nuestra.

Un baile acompasado de galaxias

Tras años de trabajo, las tres primeras publicaciones científicas de BEARD han visto la luz en 2026. Hemos descubierto que existen dos vías para que galaxias como la Vía Láctea sobrevivan en nuestro universo jerárquico.

En primer lugar, unos pocos discos puros tienen la fortuna de no toparse con grandes compañeras durante el camino. De esa manera, simplemente, no sufren las violentas colisiones que los destruirían.

Pero más interesante es la segunda opción: si el choque entre dos galaxias se produce de una forma concreta, como si de dos bailarinas que giran en el mismo sentido y sobre la misma pista de baile se tratara, la interacción tiene lugar de forma amable y los discos frágiles, sin bulbo, sobreviven.

En nuestra galaxia, hay evidencias observacionales de grandes interacciones pasadas. Así que, probablemente, nuestra existencia se debe a que, en su momento, supo bailar con armonía.

Aunque aún hay preguntas sin respuesta: ¿cómo se forman los discos puros? ¿En qué momento pueden formar una barra de estrellas? ¿Cómo es la relación con las múltiples galaxias pequeñas que hay alrededor? BEARD tiene los datos, las herramientas y, sobre todo, el equipo de personas con las ganas y experiencia necesarias para responderlas en los próximos años.

The Conversation

El proyecto BEARD ha sido parcialmente financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación a través de los Proyectos de Generación de Conocimiento CoBEARD (PID2021-128131NB-I00) y TRAMWAYS (PID2025-174546NB-I00), así como del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) “Una forma de hacer Europa”

– ref. ¿Cómo pudo sobrevivir la Vía Láctea sin la ‘pelota luminosa’ que aporta estabilidad a otras galaxias? – https://theconversation.com/como-pudo-sobrevivir-la-via-lactea-sin-la-pelota-luminosa-que-aporta-estabilidad-a-otras-galaxias-291385

No es solo cuestión de dinero: lo que nadie nos cuenta sobre la jubilación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar de Miguel Brox, Trabajadora Social – Investigación Sociosanitaria, Universidad de Castilla-La Mancha

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La jubilación suele verse como el momento en que termina la vida laboral y comienza una nueva etapa de descanso. Pero ¿qué ocurre realmente cuando llega ese momento? ¿Y si no se parece a lo que habíamos imaginado?

Un estudio que hemos realizado investigadoras de la Universidad de Castilla-La Mancha, publicado recientemente en la revista Geriatric Nursing, analizó estas cuestiones para conocer qué esperan las personas mayores en España antes de jubilarse. Estudiamos qué factores influyen en la decisión y momento de jubilarse y cómo es su vida después de dejar de trabajar.

Nuestra investigación recogió las experiencias de personas de entre 60 y 70 años, de las provincias de Cuenca y Toledo, que estaban en proceso de ese retiro laboral. Sus vivencias muestran que jubilarse no es únicamente dejar de trabajar: también significa aprender a reorganizar una parte importante de la vida.

No todas las jubilaciones son iguales

La salud, la situación económica y familiar, las circunstancias laborales y las expectativas que cada persona tiene sobre cómo será este proceso influyen en esta transición.

Así, las personas que se jubilan con una buena salud, una situación económica favorable y una preparación previa adecuada viven el retiro laboral de forma más positiva. En cambio, un retiro anticipado no deseado o diferente a la que esperaban puede generar una mayor insatisfacción.

Además, los resultados de este estudio muestran que la satisfacción con el trabajo realizado hace que se viva la jubilación de forma más positiva. Otros trabajos también muestran que sentirse implicado y satisfecho con la vida laboral puede ser importante para las personas mayores de 55 años.

Además, no todas las personas llegan a la jubilación en las mismas condiciones. Las responsabilidades de cuidado a familiares, el tipo de trabajo que hayan tenido y las diferencias entre hombres y mujeres pueden influir en que la jubilación sea una etapa exitosa.

Esto plantea una cuestión que va más allá de las pensiones: ¿estamos ofreciendo las herramientas necesarias para prepararse para una etapa de la vida que puede durar décadas?

Más que el dinero

La jubilación no supone únicamente un cambio económico. Modifica nuestras rutinas, nuestras relaciones sociales, la forma de organizar el tiempo y los roles que tenemos dentro de la familia. En algunos casos, incluso puede cambiar la forma en que una persona se ve a sí misma y siente que es útil. Por eso, prepararse para la jubilación requiere mucho más que saber cuánto dinero tendremos cuando dejemos de trabajar.

Esta cuestión es especialmente importante porque cada vez vivimos más años. En una población progresivamente más envejecida, la jubilación puede ocupar una parte importante de nuestra vida y sus efectos pueden durar muchos años.

Sin embargo, gran parte de la preparación para esta nueva fase vital sigue centrada en cuestiones económicas y administrativas. Saber cuánto dinero tendremos es importante, pero no es lo único que debemos tener en cuenta.

Prepararse para una nueva vida

Las experiencias recogidas en nuestra investigación muestran que preparar la jubilación significa pensar con tiempo en nuestra salud, nuestras relaciones y nuestras actividades. También implica preguntarnos qué proyectos queremos desarrollar y cómo queremos organizar nuestro tiempo cuando desaparezcan las rutinas cotidianas y las obligaciones del trabajo.

Sin embargo, los resultados también muestran que las personas no suelen prepararse para ese cambio vital. La escasez de programas y de información accesible, junto con la falta de conciencia sobre las consecuencias de no prepararse, hace que muchas personas lleguen a esta etapa sin haber reflexionado sobre aspectos que van más allá de lo económico.

Para entenderlo mejor podemos recurrir al concepto de precontemplación, usado por la psicología como el momento en que todavía no nos planteamos realizar un cambio. Aplicado a la jubilación, significa saber que algún día dejaremos de trabajar, pero no haber pensado aún cómo queremos vivir después. Empezar a planteárselo puede ser, por tanto, el primer paso.

Pensar más allá de la jubilación

En los últimos años ha aparecido el concepto de retirement coaching o acompañamiento para la jubilación. Se trata de ayudar a las personas a reflexionar sobre esta transición y a tomar decisiones sobre aspectos que van más allá de la economía: qué actividades queremos mantener, cómo queremos relacionarnos con los demás o qué nuevos proyectos podemos desarrollar.

La investigación sobre este tipo de acompañamiento todavía es limitada, pero sabemos que las necesidades antes y después de la jubilación también pueden cambiar.

No todas las personas necesitan lo mismo. Para algunas será importante planificar sus finanzas; para otras, mantener una red social, cuidar su salud o encontrar nuevas actividades.

Por eso, algunas preguntas pueden ayudarnos a empezar: ¿cómo quiero cuidar mi salud?, ¿cómo quiero compartir mi tiempo?, ¿qué actividades quiero realizar?

No hace falta tener todas las respuestas: lo importante es empezar a hacerse preguntas antes de que llegue el momento, ya que la jubilación puede durar décadas.

Por tanto, quizá la pregunta no sea solo cuándo me jubilaré, sino también cómo quiero vivir después de jubilarme y qué puedo hacer desde ahora para conseguirlo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. No es solo cuestión de dinero: lo que nadie nos cuenta sobre la jubilación – https://theconversation.com/no-es-solo-cuestion-de-dinero-lo-que-nadie-nos-cuenta-sobre-la-jubilacion-293773

Hallazgo en el CERN: las partículas virtuales también se entrelazan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Aguilar Saavedra, Investigador científico del CSIC en física teórica de partículas elementales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

¿Puede una partícula que no existe de forma real estar entrelazada con otra? La pregunta no es una locura. Según un nuevo resultado del CERN, sí. Científicos implicados en el experimento ATLAS han publicado recientemente evidencia del entrelazamiento cuántico entre dos bosones Z producidos en la desintegración de un bosón de Higgs (la partícula que confiere la masa a las demás), y resulta que uno de ellos es una partícula virtual.

Dos partículas, un solo estado

El entrelazamiento es uno de los fenómenos más característicos de la mecánica cuántica y, quizás, de los más sorprendentes. Einstein lo denominó “acción fantasmal a distancia”. El motivo es que dos partículas entrelazadas comparten un mismo estado cuaántico, y una acción sobre una de ellas (por ejemplo, una medida) puede tener un efecto instantáneo sobre la segunda, con independencia de la distancia a la que se halle.

El entrelazamiento se ha observado durante décadas en fotones, átomos y otros sistemas cuánticos, y hoy es un recurso esencial en la computación cuántica. También ha llegado a los grandes aceleradores: en 2024, los experimentos ATLAS y CMS del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) observaron entrelazamiento entre parejas de quarks top, que son las partículas elementales más pesadas. Ahora, el bosón de Higgs permite ir dos pasos más allá.

Un Z que no puede existir como partícula real

El bosón de Higgs tiene una masa de unos 125 gigaelectronvoltios (GeV), y un bosón Z real, de unos 91 GeV. Un GeV equivale aproximadamente a la masa de un protón. Dos bosones Z reales suman unos 182 GeV, bastante más de lo que pesa el Higgs. Por tanto, el Higgs no puede desintegrarse a dos Z reales, pues la conservación de la energía lo impide.

Lo que sí puede producir el Higgs es un Z real y un Z virtual, cuya masa efectiva es menor que la de un Z real.

Una partícula virtual no se propaga libremente ni puede detectarse de forma directa, pero sus efectos son medibles. Entonces, la pregunta es si una partícula que nunca podremos observar directamente podría estar entrelazada con otra partícula. Como hemos adelantado, la medida de ATLAS indica que sí.

¿Cómo medir lo que no se puede ver?

El Z virtual no se detecta directamente, pero el Z real tampoco llega al detector: su vida media es de unos 3 × 10-25 segundos. Es decir, ambos bosones se desintegran casi en el mismo instante en que se producen. ATLAS ha estudiado los casos en que cada Z da lugar a una pareja de electrones o de muones. Esas partículas sí se detectan, y las direcciones en que salen emitidas permiten reconstruir las propiedades de los bosones Z que las originaron, incluido el Z virtual.

Los datos de ATLAS descartan la hipótesis de no entrelazamiento con una significancia estadística de 4,7 desviaciones estándar (sigma). Es una evidencia muy sólida, aunque en física de partículas se exigen tradicionalmente 5 sigma para hablar de observación. Por eso el resultado se presenta como “evidencia fuerte” de entrelazamiento y no como “descubrimiento”.

De los cúbits a los qutrits

El resultado tiene otra novedad, relacionada con la información cuántica. En computación cuántica, las unidades básicas de información son los cúbits, que pueden existir en dos estados fundamentales ,|0⟩ y |1⟩, o en cualquier superposición de ambos. Las partículas de espín ½ como el quark top tienen dos estados posibles y por tanto se comportan como cúbits. (El espín es una propiedad cuántica de las partículas que clásicamente equivaldría a que la partícula girase sobre sí misma).

Los bosones Z, en cambio, tienen espín 1 y tres estados posibles, que podemos denominar como |0⟩, |1⟩ y |2⟩. Por tanto, los bosones Z se comportan como qutrits, en lenguaje de información cuántica. Así, la medida de ATLAS es también la primera que proporciona evidencia de entrelazamiento entre qutrits formados por partículas elementales.

¿Existen las partículas virtuales?

Queda para el final la pregunta más peliaguda: ¿qué es exactamente una partícula virtual?

Algunos físicos sostienen que es solo una herramienta matemática para describir estados intermedios en los procesos cuánticos, ya que una partícula virtual no puede aislarse, viajar hasta un detector y observarse como una partícula real.

Pero sus efectos sí que se miden. En el análisis de ATLAS, el bosón Z virtual tiene un espín que se reconstruye de forma indirecta, y ese espín está entrelazado con el espín del Z real. Es decir, lo que llamamos partícula virtual participa en un estado cuántico conjunto con consecuencias observables.

Eso no zanja la cuestión filosófica de si las partículas virtuales “existen”. La mecánica cuántica predice los resultados de los experimentos con una precisión extraordinaria, pero no responde cuestiones de tipo más filosófico.

Sin embargo, podemos plantear una pregunta más fácil: si algo camina como un pato y grazna como un pato, ¿podemos decir que es un pato? En este caso, hablaríamos de un Z-pato virtual.

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Juan Antonio Aguilar Saavedra es IP1 del proyecto de investigación “Fenomenología de física de partículas en colisionadores y factorías de neutrinos, en el modelo estándar y sus extensiones” PID2022-142545NB-C21, del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

– ref. Hallazgo en el CERN: las partículas virtuales también se entrelazan – https://theconversation.com/hallazgo-en-el-cern-las-particulas-virtuales-tambien-se-entrelazan-269963

Claves de la alergia al cacahuete y últimos avances en su tratamiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Rodríguez del Río, Adjunto especialista de área en Alergia, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (FIBHNJS); Servicio Madrileño de Salud

New Africa/Shutterstock

Los frutos secos destacan por su alto valor nutricional y la presencia de grasas saludables, proteínas, fibras y oligoelementos. Además, su precio, relativamente accesible, ha favorecido su uso en la industria alimentaria y ha generalizado su consumo.

Y, sin embargo, son una causa relevante y creciente de alergia alimentaria tanto en población infantil como adulta. Por ejemplo, su prevalencia se triplicó en niños entre 1997 y 2008 (del 0,4 % al 1,4 %) en Estados Unidos. A continuación veremos qué peculiaridades tiene este tipo de alergia tan extendida, especialmente la hipersensibilidad al cacahuete.

Una reacción aberrante

En primer lugar, debemos recordar que la alergia es una reacción inflamatoria aberrante del cuerpo al exponerse a proteínas externas que el organismo debería tolerar, pero reconoce como nocivas. Sus manifestaciones clínicas pueden ser graves, incluso con trazas mínimas de alimento.

Un estudio realizado en España reveló que el 51 % de los niños experimentan sus primeros síntomas antes de cumplir los seis años. Los principales frutos secos implicados en el debut de la alergia infantil varían según la edad: en menores de 6 años predominan el cacahuete (34,9 %) y la nuez (32,2 %) de manera muy pareja, seguidos por el anacardo (12,5 %), mientras que en mayores de 6 años prevalece claramente la nuez (43 %) sobre el cacahuete (18,7 %).

Las manifestaciones clínicas suelen aparecer entre pocos minutos y dos horas tras la ingesta, variando desde síntomas leves como picor oral o urticaria, hasta cuadros como la anafilaxia. Esta última es una grave reacción multiorgánica y potencialmente mortal, causada por una liberación celular masiva de mediadores (sustancias como la histamina, que disparan la inflamación).

Aunque es difícil predecir la cantidad de alimento que desencadenará la reacción o la intensidad de los síntomas, parece que padecer asma mal controlada, no recibir el tratamiento adecuado o la presencia de “cofactores” (condicionantes transitorios de la tolerancia como el ejercicio físico, una infección aguda o la toma de ciertos fármacos) pueden facilitar la aparición de reacciones más graves.

Además, a diferencia de otras alergias alimentarias, la hipersensibilidad a estos alimentos tiende a ser persistente. Según la evidencia actual, se estima que la alergia al cacahuete de inicio temprano se resuelve hacia los seis o diez años de vida en el 30 % de los niños. No obstante, hay que aclarar que estos datos tienen su origen en población australiana, y es difícil asegurar su validez en otros entornos.

Una prueba cutánea muy positiva, tener dermatitis atópica temprana grave o presentar alergia a más de dos frutos secos no relacionados se consideran marcadores de cronicidad.

Del diagnóstico al tratamiento

Para diagnosticar la alergia al cacahuete es imprescindible recoger los detalles de las reacciones previas en la historia clínica, y complementar el estudio con la identificación del anticuerpo responsable (inmunoglobulina E específica, IgE) mediante pruebas cutáneas (prick test) o en sangre.

El diagnóstico molecular ofrece mayor precisión al identificar las proteínas que originan los síntomas. Su uso contribuye a afinar el diagnóstico y ayuda a predecir gravedad e interrelaciones con posibles alergias a otros frutos secos, alimentos vegetales o incluso pólenes.

Como último paso, puede realizarse una prueba de provocación oral controlada. Esta supone administrar el alérgeno (el alimento causante) al paciente en cantidades crecientes bajo supervisión médica en un entorno controlado, para confirmar o descartar la alergia y evaluar su evolución.

Con respecto a la prevención, la introducción del cacahuete de forma temprana (entre los 4 y 11 meses de edad), así como el mantenimiento de su consumo de forma consistente en pacientes de alto riesgo no alérgicos, disminuye notablemente las probabilidades de desarrollar alergia.

Y si finalmente se establece la alergia, la primera medida es evitar rigurosamente el alérgeno. Esto exige revisar el etiquetado de alimentos y conlleva limitaciones dietéticas y sociales que a menudo merman la calidad de vida de niños y cuidadores.

Es necesario un seguimiento especializado para obtener un diagnóstico preciso y recibir adiestramiento en el reconocimiento y tratamiento precoz de reacciones accidentales. En caso de consumo del alimento y reacción leve, debe administrase antihistamínico, mientras que en casos moderados o graves, el uso de adrenalina es imprescindible. Considerando que solo entre el 25 y el 30 % de los pacientes emplea los autoinyectores de adrenalina cuando son necesarios, su educación y la de sus familias juega un papel crucial.

Terapias prometedoras

Los avances terapéuticos recientes han convertido a la inmunoterapia oral en una alternativa real de tratamiento para la alergia al cacahuete. Este procedimiento, actualmente aplicable solo a casos seleccionados, consiste en exponer al paciente a dosis mínimas y crecientes del fruto seco para inducir tolerancia inmunológica específica.

Además de la ruta oral, se están investigando tratamientos por vía sublingual, epicutánea (parches en la piel) y subcutánea, con resultados prometedores. Asimismo, el uso de omalizumab (anticuerpo monoclonal que bloquea la cascada inflamatoria dependiente de la IgE), solo o como adyuvante de la inmunoterapia, facilita la tolerancia al cacahuete en la mayoría de los niños tratados.

La toma de decisiones requiere un consenso entre el alergólogo y el paciente y/o su familia, adaptándose a su realidad clínica y sus preferencias. Para ello, la información veraz y contrastada facilitada por las asociaciones de pacientes representa una valiosa fuente de conocimiento adicional con una perspectiva orientada al paciente. En España, la Asociación de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA) lidera el apoyo y la representación integral de las personas con alergias alimentarias.

The Conversation

Pablo Rodríguez del Río recibe fondos de investigación de Instituto de Salud Carlos III, DBV, FAES, Novartis

Itziar Eusebio Cartagena recibe fondos del instituto de investigación Carlos III (ISCII)

Cristina Peñalver Cabello y Marta Sanuy Garabatos no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Claves de la alergia al cacahuete y últimos avances en su tratamiento – https://theconversation.com/claves-de-la-alergia-al-cacahuete-y-ultimos-avances-en-su-tratamiento-281892

¿Estamos volviendo a las salas de cine?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Pilar Rodríguez Pérez, Profesora Titular Comunicación, Universidad de Deusto

Antiguo cine en Canton, NY, en Estados Unidos. Rawpixel/Shutterstock

La idea de que estamos volviendo a las salas en este 2026 aparece reflejada en diversos titulares que destacan tanto “el éxito del cine español” como de “la taquilla española”.

En 2019, las salas españolas contabilizaron 105 millones de espectadores anuales y generaron 615 millones de euros de recaudación. Veníamos de un período en ascenso tras un constante descenso de espectadores desde 2004 hasta 2013. Sin embargo, en 2020, el año que se declaró la pandemia de covid, la asistencia cayó hasta los 27 millones de espectadores y la recaudación se situó en torno a los 161 millones de euros.

Las cifras de estos años sirven para contextualizar el incremento registrado en 2026, ya que en 2024 hubo 72,9 millones de espectadores y la recaudación ascendió a 484,6 millones de euros, mientras que la audiencia en 2025 fue de 66,9 millones de espectadores, con unos ingresos de 460,3 millones de euros. Las cifras para los meses de enero a septiembre de este año 2026 apuntan a un repunte de los ingresos, ya que hasta ese momento los cines españoles habían recaudado 459,05 millones de euros y habían recibido 63,76 millones de espectadores.

Razones para el éxito

La evolución favorable de la taquilla en 2026 puede explicarse por la combinación de varios factores.

Uno de los factores fundamentales es el éxito de determinados estrenos capaces de concentrar la atención mediática y generar una elevada demanda durante las primeras semanas de exhibición. Las películas con gran notoriedad pública y las producciones vinculadas a franquicias reconocibles movilizan al público. En el caso del cine español, títulos como Torrente, presidente y La bola negra ilustran, desde registros muy diferentes, la capacidad de las producciones nacionales para ocupar un lugar destacado en la conversación cultural y atraer público a las salas.

Cartel de _Spider-Man: Brand New Day_, uno de los grandes éxitos de taquilla de 2026.
Cartel de Spider-Man: Brand New Day, uno de los grandes éxitos de taquilla de 2026.
Sony Pictures

A esta contribución del cine nacional se suma el rendimiento de las grandes producciones extranjeras tales como las estrenadas en 2026 Spider-Man: Brand New Day, La Odisea y Toy Story 5, entre otras. El éxito de estas películas no depende únicamente de su valor audiovisual, sino también de campañas publicitarias internacionales, comunidades de seguidores consolidadas y una amplia distribución comercial.

Un segundo elemento que conviene considerar es la evolución del precio de las
entradas. La recaudación total no depende únicamente del número de espectadores, sino también del ingreso medio obtenido por cada entrada vendida. En determinadas
ciudades y salas comerciales, los precios varían en función de la ubicación, el día de la semana, el horario, el tipo de proyección y las prestaciones de la sala. Las sesiones en formatos de mayor calidad técnica, las butacas especiales o las experiencias de exhibición premium incorporan suplementos que un sector de la audiencia está dispuesto a pagar por tener esos beneficios adicionales.

Es importante no confundir el crecimiento de los ingresos con una recuperación
de la asistencia. Si la recaudación aumenta debido a un precio medio más elevado, el resultado económico puede ser positivo sin que se haya producido un
incremento proporcional del número de espectadores. La evolución favorable de la
taquilla debe analizarse, por tanto, mediante la comparación conjunta de los ingresos, el número de entradas vendidas y el precio medio por entrada.




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El cine de barrio: cuando una comunidad soñaba unida


En tercer lugar, y frente a la tendencia anterior, las políticas de precios reducidos facilitan el acceso al cine en colectivos que pueden ser sensibles al coste de la entrada. Un ejemplo significativo es el programa Cine Sénior, impulsado por el Ministerio de Cultura, que permite a las personas de 65 años o más acudir al cine los martes por dos euros en las salas adheridas. Estas medidas ayudan a fidelizar a sectores de la población, y aprovechan sesiones que suelen registrar una menor ocupación.

Algunas salas ofrecen además descuentos propios. A ello se añaden los días del
espectador o eventos como la Fiesta del Cine, que permiten acceder a las salas a precios inferiores a los habituales durante un periodo limitado. Estas campañas
buscan reducir temporalmente la barrera económica, animar a los espectadores
ocasionales a regresar a las salas y generar una mayor visibilidad para las películas en cartelera.

Imagen de los Cines Lys de Valencia.
Imagen de los Cines Lys de Valencia.
J.K2507 / Shutterstock.com

Por último, los festivales de cine y las presentaciones con cineastas, los coloquios y las sesiones especiales transforman la proyección en una experiencia
cultural y social que no se limita al visionado de una película.

El cambio de las plataformas

Frente a la idea extendida de que las plataformas que permiten ver las películas en la comodidad del hogar restringen la asistencia a las salas, un informe del Observatorio Audiovisual Europeo analiza la relación entre la asistencia al cine y el consumo posterior en plataformas en nueve países europeos. El estudio concluye que el atractivo del estreno, la calidad de la experiencia, el interés por evitar spoilers o el deseo de compartirlo con otras personas hacen que sigamos acudiendo a las salas.

José Luis Rebordinos, director desde 2011 hasta 2026 del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, afirma:

Creo que en la taquilla española se está dando un curioso fenómeno. Por un lado, las grandes películas americanas están bajando su recaudación de manera considerable. Por otro, sin embargo, cierto tipo de cine de autor de tamaño de producción medio, que hace unos años no hubiera tenido ninguna repercusión en la taquilla, en estos momentos hace unas cifras interesantes. Como ejemplo, sirvan películas como “Los domingos”, “Sirat” o “Valor sentimental”. A esto se le une que el cine español está generando algunas películas de gran repercusión entre el público como la nueva de Torrente o el fenómeno de “La bola negra”. Ya no son los adolescentes y los más jóvenes lo que más van al cine, sino que empieza a ser un público más adulto, fundamentalmente femenino, el que lo hace. Yo soy optimista y creo que en los próximos años se va a estabilizar una asistencia positiva a los cines en España.

De cara al futuro

Para determinar si se está produciendo una recuperación sólida y sostenible, será necesario comprobar si la asistencia se mantiene cuando desaparecen las promociones. También si la oferta cinematográfica conserva su capacidad para atraer públicos diversos y si las salas consiguen consolidar hábitos de consumo más regulares. Igualmente, será importante observar si el éxito de unos pocos títulos se extiende al conjunto de la cartelera.

La cuestión fundamental no es únicamente cuánto dinero recauda el cine
en España, sino también cuántas personas consigue llevar a las salas, con qué frecuencia lo hacen y hasta qué punto se consolida el cine como una práctica cultural compartida.

Para quienes consideramos que el cine es una herramienta de educación y concienciación social que permite comprender realidades complejas, cuestionar prejuicios y despertar conexiones afectivas profundas, esta tendencia constituye una buena noticia.

Desde esta perspectiva, resulta especialmente significativo el papel de la educación en los hábitos de consumo cinematográfico. El nivel educativo se relaciona positivamente con la participación en actividades culturales, incluida la asistencia al cine; la renta también ejerce una influencia significativa sobre esta última.

En consecuencia, la recuperación de la asistencia a las salas debería acompañarse de políticas culturales y educativas que favorezcan el acceso equitativo a la formación, reduzcan las barreras económicas y promuevan la participación cultural desde edades tempranas.


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The Conversation

María Pilar Rodríguez Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Estamos volviendo a las salas de cine? – https://theconversation.com/estamos-volviendo-a-las-salas-de-cine-294698

Le prix des maisons reflète-t-il leurs émissions de gaz à effet de serre ? Ce que montre le nouveau calcul du DPE

Source: The Conversation – France (in French) – By Alexandre Garel, Professor of Sustainable Finance, Audencia


L’ESSENTIEL

  • Depuis 2021, la plus mauvaise performance en matière de consommation d’énergie primaire ou d’émissions de gaz à effet de serre (GES) définit la classe de diagnostic de performance énergétique (DPE) d’un logement.

  • Par ailleurs, sur le marché immobilier, les acheteurs ont développé des raccourcis mentaux : deux maisons de caractéristiques équivalentes dont le DPE est situé de part et d’autre du seuil entre deux classes (par exemple, entre D et E) se vendent avec des écarts de prix significatifs, même si la différence de consommation d’énergie n’est que de quelques kilowattheures.

  • Ce phénomène se produit désormais aussi lorsque ce sont les émissions de GES qui conditionnent la lettre du DPE. À la clé, un instrument de politique climatique efficace à moindre coût, même s’il n’est pas à l’abri de manipulations.


Depuis 2021, la note finale du diagnostic de performance énergétique (DPE) d’une maison peut être dégradée par ses émissions de gaz à effet de serre, même si sa consommation d’énergie primaire est bonne. Depuis, les logements sont classés en fonction d’un « double-seuil ». La plus mauvaise performance, en consommation d’énergie ou en émissions de gaz à effet de serre (GES), définit désormais la classe de DPE du logement.

Quelles sont les conséquences de ce nouveau mode de calcul sur le marché immobilier ? Notre article de recherche en prépublication montre que les acheteurs de maisons n’ont pas changé leurs habitudes. Ils se fient toujours à la note finale plutôt qu’au détail du diagnostic.

Mais comme cette note intègre désormais les émissions de GES, celles-ci pèsent dorénavant également sur les prix. Ce nouveau DPE pourrait ainsi constituer un instrument de politique climatique efficace à moindre coût, qui ne nécessite ni subvention ni taxation.

Les effets de seuil du DPE, ou les raccourcis mentaux de notre cerveau lors d’un achat immobilier

Face à une information complexe, notre cerveau prend des raccourcis. Plutôt que de traiter toutes les données, il s’appuie sur un indicateur simple. Ce réflexe économise du temps et de l’attention, mais il crée des effets de seuil, où un changement faible au plan quantitatif peut entraîner des conséquences de plus grande ampleur.

Les étiquettes énergie et climat pour les logements.
Ministère de la transition écologique

Le DPE estime en premier lieu la consommation d’énergie d’un logement en kilowattheure par mètre carré (m²) et par an, puis la traduit en une note de A à G, chaque lettre correspondant à une tranche de consommation. Avant 2021, par exemple, un logement était classé C jusqu’à 150 kWh/m²/an, et D au-delà.

Deux maisons presque identiques situées de part et d’autre de ce seuil reçoivent donc des notes différentes et ne se vendent pas au même prix, à localisation, à date de vente et à caractéristiques comparables.

Nos résultats montrent qu’en moyenne, une maison située juste du mauvais côté d’un seuil se vend moins cher. Par exemple, au seuil entre D et E, l’écart de prix atteint 3,5 %.




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Avant 2021, des émissions affichées mais ignorées

Obligatoire lors des ventes depuis 2006, le DPE comporte deux étiquettes :

  • l’une pour la consommation d’énergie,

  • l’autre pour les émissions de gaz à effet de serre.

Or les deux indicateurs peuvent diverger dans de nombreuses situations. Pour tenir compte des pertes d’énergie liées à la production d’électricité (le rendement d’une centrale nucléaire, par exemple, n’est que d’environ 33 %), le DPE multipliait chaque kilowattheure électrique par 2,58, alors que le gaz, le fioul ou le bois étaient comptés tels quels.

Une maison chauffée à l’électricité obtenait donc une moins bonne note qu’une maison identique chauffée au gaz, alors que l’électricité française est décarbonée à plus de 90 % grâce au nucléaire et à l’hydraulique. Par conséquent, une maison chauffée au gaz ou au fioul, plus émettrice de GES, pouvait être mieux notée sur son étiquette de consommation d’énergie.

Jusqu’en 2021, seule l’étiquette consommation d’énergie déterminait la note finale. L’étiquette relative aux émissions de gaz à effet de serre, bien que visible, n’était affichée qu’à titre d’information et n’avait donc aucun effet détectable sur les prix.

Cette indifférence du marché aux émissions de GES s’explique rationnellement. Une maison économe en énergie réduit les factures de son propriétaire. L’acheteur a donc un intérêt direct à la payer plus cher. Les émissions, elles, ne pèsent pas sur son budget mais sur l’ensemble de la société, à cuse du changement climatique. C’est ce que les économistes appellent une externalité négative, et elle incite peu à valoriser une maison sobre en carbone. Dans ce cas, l’intérêt de l’acheteur est plus indirect.

Depuis 2021, les émissions comptent dans la note finale

Depuis le 1er juillet 2021, le DPE repose sur un « double seuil ». La note finale correspond à la plus mauvaise des deux sous-notes, énergie et émissions. Une maison notée C en énergie mais D en émissions est donc désormais classée D.

Ce changement n’est pas anecdotique. En effet, notre étude, basée sur les données de l’Ademe croisées avec les données de demandes de valeurs foncières (DVF), montre que 15 % des maisons vendues avec un DPE nouvelle formule reçoivent une note finale inférieure à leur sous-note énergie.

Si les acheteurs continuent de se fier à la seule note finale, une habitude forgée par quinze ans de DPE, alors les émissions devraient désormais se refléter dans les prix. C’est ce que nous avons vérifié, en comparant les maisons situées juste de part et d’autre des seuils d’émissions, à caractéristiques, date de vente, et localisation comparables.




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Des sauts de prix lorsque les émissions déterminent le DPE

Au final, un effet de seuil apparaît bel et bien.

  • Lorsque ce sont les émissions qui déterminent la note finale, une maison située juste au-dessus d’un seuil se vend en moyenne 2 % moins cher qu’une maison située juste en dessous. Cet écart est comparable à celui observé aux seuils énergétiques.

  • En revanche, là où les émissions ne déterminent pas la note finale, aucun saut de prix n’apparaît. Autrement dit, les acheteurs raisonnent comme avant. Ils continuent de se fier à la note finale. Mais comme celle-ci intègre désormais les émissions, celles-ci peuvent influencer le prix.

Les vendeurs, eux, ont intérêt à regarder le détail du diagnostic. Puisque les acheteurs réagissent aux passages de seuils, améliorer la note pour passer un seuil est une décision stratégique. Si la note finale est déterminée par la sous-note émissions, alors les vendeurs doivent agir sur leurs émissions pour pouvoir passer un seuil.

Nous observons que les émissions des maisons vendues s’améliorent significativement depuis la réforme. Cela peut soit refléter une baisse réelle des émissions, soit le fait que les propriétaires des maisons les plus émettrices retardent leur vente.

D’autres facteurs peuvent-ils intervenir ? La réforme de 2021 ne s’est pas limitée au double seuil. Elle a unifié la méthode de calcul, abaissé le coefficient appliqué à l’électricité et rendu le DPE juridiquement opposable. La loi Climat et Résilience a, en outre, programmé l’interdiction de louer les logements les moins performants : ceux classés G depuis 2025, F en 2028 puis E en 2034.

Ces changements, à eux seuls, ne peuvent pas entièrement expliquer nos résultats. En effet, nos estimations neutralisent la décote propre à chaque note finale due à ces changements réglementaires, y compris celle liée aux interdictions de location.

De plus, ces changements concernent toutes les maisons, alors que les sauts de prix n’apparaissent qu’aux seuils d’émissions devenus déterminants.




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Une politique climatique à faible coût ?

Donner un prix aux émissions passe habituellement par des outils coûteux ou politiquement sensibles, comme une taxe carbone.

Ici, ni taxe ni subvention, il a suffi de changer la manière dont deux informations, déjà calculées et affichées, sont combinées en une seule note. Tant que celle-ci ne reflétait que la consommation d’énergie primaire, le marché récompensait les économies d’énergie mais pas forcément la baisse des émissions.

La réforme aligne davantage le signal-prix de l’immobilier sur l’objectif de décarbonation. La baisse du coefficient appliqué à l’électricité, à 1,9 depuis le 1er janvier 2026, puis à 1,7 au 1ᵉʳ janvier 2027, va dans le même sens. Elle réduit la pénalité des logements chauffés à l’électricité, peu émetteurs dans le système électrique français très décarboné.

La leçon vaut au-delà de la France. D’autres pays européens affichent des informations sur les émissions dans leurs diagnostics, sans les intégrer à la note finale. C’est, par exemple, le cas de l’Energieausweis allemand. Mais afficher ne suffit pas. L’information n’entre dans les prix que si elle devient déterminante pour la note finale du DPE.

La même logique pourrait s’appliquer à d’autres produits notés par des lettres, comme l’électroménager, les véhicules ou l’alimentation.

Cette stratégie a toutefois ses limites :

  • le recul sur ces mesures reste faible (trois ans dans notre étude), et l’effet pourrait s’éroder si les acheteurs apprennent à regarder au-delà de la note finale ;

  • pour les maisons dont la note est fixée par les émissions, une meilleure isolation (permettant de réduire la consommation d’énergie) qui ne change pas la sous-note émissions n’est plus récompensée par un saut de prix ;

  • enfin, les seuils attirent les manipulations. En France, les diagnostics se concentrent anormalement juste du bon côté des seuils, signe probable de comportements stratégiques de la part des vendeurs ou des diagnostiqueurs, conduisant à de potentiels « DPE de complaisance ».

The Conversation

Alexandre Garel ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le prix des maisons reflète-t-il leurs émissions de gaz à effet de serre ? Ce que montre le nouveau calcul du DPE – https://theconversation.com/le-prix-des-maisons-reflete-t-il-leurs-emissions-de-gaz-a-effet-de-serre-ce-que-montre-le-nouveau-calcul-du-dpe-292912