Los resultados de PISA preocupan, pero ¿podemos culpar a la IA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Margarida Romero, Research associate, Universitat Internacional de Catalunya; Université Côte d’Azur; Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA – CSIC)

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Cuando los resultados PISA bajan en buena parte de los países europeos, la tendencia de las familias, los docentes y la sociedad es buscar un culpable. ¿Y si la caída fuera culpa de la inteligencia artificial?

Los datos de PISA 2025 son preocupantes. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de los países de la OCDE ha disminuido 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura, una caída considerable, del orden de un año de escolarización. Aún más preocupante es que el 20 % de los jóvenes de 15 años se sitúan actualmente por debajo del nivel básico en estas competencias, frente al 16 % en 2022.

Pero antes de señalar a la inteligencia artificial (IA) como culpable, hay que observar la cronología de la caída de los resultados.

La OCDE señala que este deterioro forma parte de una tendencia que ya era observable antes de la pandemia de covid-19 y, por tanto, mucho antes de la generalización de la IA generativa.

En comprensión lectora, la disminución de la lectura por placer ha coincidido con un empeoramiento de los resultados, y el último informe alerta de un aumento de los alumnos que responden a los textos de forma rápida pero incorrecta. De hecho, las dificultades son especialmente importantes ante textos largos y tareas que exigen una atención sostenida. Entre los factores que pueden contribuir a explicar esta tendencia, la OCDE señala una menor exposición a textos largos, unas prácticas de lectura digital más breves y fragmentadas y, en general, un entorno atencional menos favorable a la lectura profunda y sostenida.

La IA no explica las diferencias entre países

Las diferencias entre países son importantes. En 2025, la media de la OCDE se sitúa en 482 puntos en ciencias, 461 en lectura y 463 en matemáticas. España obtiene, respectivamente, 477, 451 y 457 puntos y, entre 2022 y 2025, pierde 7 puntos en ciencias, 23 en lectura y 16 en matemáticas. En cambio, sistemas como Singapur, Japón, Corea o Estonia se sitúan claramente por encima de la media de la OCDE en las tres áreas.

Entre los sistemas con mejores resultados encontramos estrategias de integración de la IA muy diferentes. Japón es el país donde una mayor proporción de alumnos declara no haber utilizado nunca o casi nunca chatbots de IA para las actividades escolares, y Estonia también presenta una frecuencia de uso relativamente baja. En cambio, el caso de Singapur muestra que un uso elevado de la IA es compatible con resultados educativos muy altos cuando se inscribe en un ecosistema educativo estructurado, con usos pedagógicos bien definidos.

Así, a pesar de seguir estrategias muy diferentes en cuanto a la integración de la IA, Japón, Estonia y Singapur obtienen resultados elevados.

La cuestión de la IA para el aprendizaje radica, sobre todo, en sus usos. Un indicador especialmente revelador es la distracción digital: mientras que el 28 % de los alumnos de la OCDE afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias, esta proporción es inferior al 10 % en Japón, Corea y diversas jurisdicciones chinas. Proteger los espacios de atención y de esfuerzo cognitivo es, por tanto, un reto fundamental para favorecer un uso educativo adecuado de la tecnología.

Entre el uso moderado y la dependencia de la IA

PISA 2025 muestra hasta qué punto la IA se ha incorporado rápidamente a las actividades de aprendizaje. Solo un 14 % de los alumnos de los países de la OCDE declara no haber utilizado nunca o casi nunca un chatbot de IA para ninguna de las cuatro actividades analizadas. El uso más frecuente es para “ayudarme a aprender”, seguido de la búsqueda preliminar de información, la redacción de textos y el resumen de lecturas.

Los alumnos que declaran no utilizar IA tienden a obtener mejores resultados que quienes la utilizan, pero la OCDE advierte que esta asociación no permite establecer una relación causal. Por ejemplo, algunos alumnos pueden recurrir más a la IA precisamente porque tienen mayores dificultades. Además, para resumir textos o realizar búsquedas preliminares, los usuarios moderados, que utilizan la IA entre una vez al mes y dos veces por semana, obtienen mejores resultados que tanto los usuarios muy ocasionales como quienes la utilizan casi a diario.

Diversidad en la calidad de los usos de la IA en educación

Si bien la IA permite delegar esfuerzos cognitivos necesarios para el aprendizaje, como resumir, escribir, argumentar o resolver problemas, también puede actuar como andamiaje cuando ofrece una pista, una explicación o una retroalimentación que permite seguir pensando. Por tanto, es necesario diferenciar los usos que sustituyen el esfuerzo cognitivo de aquellos que contribuyen a sostenerlo y favorecen un aprendizaje más personalizado. El modelo #ppAI6 permite distinguir estos diferentes niveles de uso, desde la delegación excesiva a la IA hasta usos creativos y transformadores.

Los datos PISA no permiten atribuir a la IA la caída de los resultados, ya que esta tendencia había comenzado antes de su generalización, pero sí refuerzan una idea importante: la manera en que se utiliza la IA importa.

En un mundo en el que obtener una respuesta es cada vez más fácil gracias a la inteligencia artificial, aprender sigue exigiendo pensar, mantener el esfuerzo cognitivo y regularlo ante tareas complejas. Entre los múltiples retos actuales del sistema educativo, es necesario ayudar a los alumnos a regular el uso que hacen de la IA, tanto dentro como fuera del aula, para que esta tecnología acompañe el esfuerzo de aprender en lugar de sustituirlo. Esto requiere también construir una cultura compartida del esfuerzo entre la escuela, las familias y los propios alumnos.

The Conversation

Margarida Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los resultados de PISA preocupan, pero ¿podemos culpar a la IA? – https://theconversation.com/los-resultados-de-pisa-preocupan-pero-podemos-culpar-a-la-ia-291585

¿Por qué se desploma la comprensión lectora en el informe PISA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

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Los resultados de PISA suelen concentrar la atención en una cifra y en la posición que ocupa cada país en una clasificación internacional. Sin embargo, para analizar la evolución de la comprensión lectora, resulta más relevante observar la tendencia que un resultado aislado.

Y la tendencia de España merece atención. En 2025, el alumnado español de 15 años ha obtenido 451 puntos en comprensión lectora, frente a los 474 puntos de 2022. Son 23 puntos menos en solo tres años y 45 puntos menos que en 2015, cuando España alcanzó los 496. Se trata, además, del resultado más bajo de toda la serie histórica española.

Hay, adicionalmente, una cautela metodológica que conviene tener en cuenta al interpretar estos resultados. En Cataluña, la proporción de alumnado excluido dentro de los centros pasó del 5,6 % en 2022 al 23,2 % en 2025, un porcentaje muy superior al estándar establecido por PISA. Por este motivo, la OCDE no presenta resultados específicos para Cataluña y advierte de que los elevados niveles de exclusión probablemente introducen un sesgo al alza en sus resultados.

La perspectiva temporal permite observar la tendencia a la baja. España obtuvo 493 puntos en lectura en el primer estudio PISA, realizado en el año 2000. Desde entonces, los resultados han experimentado diferentes oscilaciones: 481 puntos en 2003, 461 en 2006, una recuperación progresiva hasta los 496 puntos de 2015 y, posteriormente, un descenso que sitúa el resultado actual en 451 puntos.

No estamos, por tanto, ante un descenso puntual. Los datos apuntan a una tendencia de deterioro del rendimiento lector, especialmente clara durante la última década.

Un descenso de la comprensión lectora en toda Europa

Ahora bien, sería un error interpretar este fenómeno como exclusivamente español.

La comprensión lectora también ha empeorado de manera significativa en numerosos países de la OCDE. La puntuación media de los países de la organización ha pasado de 489 puntos en 2015 a 461 en 2025, lo que supone una disminución de 28 puntos. Además, entre 2018 y 2025, 56 de los 74 países y economías con datos comparables experimentaron un descenso significativo en lectura.

España presenta un resultado especialmente preocupante —451 puntos, por debajo de la media de la OCDE—, pero forma parte de una tendencia más amplia que afecta a sistemas educativos muy diferentes entre sí.

No se trata únicamente de preguntarnos qué está ocurriendo en el sistema educativo español, sino también de intentar comprender los cambios en la relación de los adolescentes con la lectura, la información y el aprendizaje.

¿Qué mide realmente PISA cuando habla de comprensión lectora?

Para PISA, la competencia lectora implica comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre los textos para alcanzar objetivos, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad. Sus tareas no se limitan a localizar información: también exigen relacionar diferentes elementos, realizar inferencias, interpretar información y valorar tanto el contenido como la credibilidad de las fuentes.

Los resultados de 2025 muestran, además, que no todos los niveles de comprensión presentan la misma dificultad. En España, el 68 % del alumnado alcanza al menos el nivel 2, considerado el nivel básico de competencia lectora, mientras que solo el 2 % alcanza los niveles 5 o 6, frente al 6 % de media de la OCDE.

La diferencia entre ambos extremos es importante: comprender un texto y localizar información explícita no requiere los mismos procesos que integrar información dispersa, realizar inferencias o evaluar críticamente aquello que se lee.

Por tanto, cuando hablamos de un descenso en comprensión lectora, no deberíamos interpretar simplemente que los adolescentes “no saben leer”. La dificultad puede encontrarse en niveles más complejos de la comprensión: mantener información relevante, relacionarla, inferir, evaluar y reflexionar sobre lo leído.

No solo comprenden menos: también parece que leen de otra manera

Además de disminuir el rendimiento, parece estar cambiando la manera en que algunos estudiantes afrontan las tareas de lectura. La OCDE identifica, a partir del comportamiento durante la prueba, diferentes perfiles de lectores. Entre ellos están los lectores precisos y fluidos y los que leen de forma rápida pero cometen más respuestas incorrectas (hasty readers). Entre 2018 y 2025, estos últimos aumentaron en el conjunto de la OCDE del 6,6 % al 11,4 %, mientras que disminuyó la proporción de lectores precisos y fluidos.

Para PISA, una lectura competente implica localizar información cuando es suficiente con hacerlo, pero también detenerse, relacionar ideas, realizar inferencias, revisar la propia interpretación y evaluar la información cuando la tarea lo requiere.

Atención, persistencia y profundidad

Explicar el descenso de la comprensión lectora exige poner en relación los resultados PISA con la investigación disponible sobre hábitos lectores, atención, uso de dispositivos, condiciones sociales y procesos de aprendizaje.

En primer lugar, los hábitos lectores están cambiando. Los adolescentes continúan leyendo, pero cada vez lo hacen más en entornos digitales y con finalidades diferentes. La lectura de textos breves, funcionales y fragmentados convive con otras formas de lectura más sostenida y de lectura por placer. De hecho, los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España contradicen la idea de que los jóvenes no leen: en 2025, el 76,9 % de las personas de entre 14 y 24 años declaró leer libros por ocio, lo que convierte a este grupo en el más lector de España.

En segundo lugar, aparece la cuestión de la atención sostenida. Comprender un texto complejo requiere mantener información, relacionarla, volver atrás cuando es necesario y dedicar tiempo a construir una interpretación. El aumento de respuestas rápidas e incorrectas observado por PISA plantea la posibilidad de que una parte del problema tenga que ver con la dificultad para mantener ese esfuerzo cognitivo.

En tercer lugar, están las pantallas y la lectura digital. La evidencia no permite afirmar que las pantallas sean, por sí mismas, perjudiciales. El efecto depende del uso: PISA 2025 encuentra diferencias importantes entre un uso moderado y orientado al aprendizaje y un uso recreativo o excesivo durante el tiempo escolar.

En cuarto lugar, las desigualdades socioeconómicas siguen teniendo un peso importante. El entorno familiar y social condiciona las oportunidades de acceso a experiencias lingüísticas, culturales y lectoras enriquecedoras, aunque no determina por sí solo el rendimiento.

En quinto lugar, la pandemia forma parte del contexto y pudo intensificar las dificultades de aprendizaje, pero no explica por sí sola una tendencia que la propia OCDE detecta que comenzó antes de la pandemia en numerosos países.

Y, finalmente, hay que considerar la motivación, el disfrute de la lectura y la disposición a realizar un esfuerzo sostenido. Leer textos complejos no siempre resulta inmediato ni sencillo; requiere perseverancia y una relación positiva con la lectura.

La investigación reciente respalda la relación entre comprensión lectora y distintas funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo, la inhibición, la flexibilidad cognitiva y el control atencional. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que analiza 60 estudios y 275 tamaños de efecto, encuentra una asociación significativa entre el funcionamiento ejecutivo y el rendimiento lector.
Comprender un texto complejo exige coordinar varias de estas funciones: mantener y actualizar información relevante, inhibir aquella que no lo es, cambiar de estrategia cuando resulta necesario, sostener la atención y supervisar continuamente si estamos comprendiendo. Por ello, una hipótesis que merece ser explorada es si parte de las dificultades actuales en comprensión lectora tienen que ver con el esfuerzo cognitivo que requiere sostener y coordinar todas estas operaciones.

Probablemente no haya una respuesta única. La cuestión es cómo se combinan estos factores y hasta qué punto están transformando nuestra manera de leer y de aprender. Los patrones observados no apuntan a un único grupo ni a una única explicación; la caída es tan generalizada que ninguna hipótesis sencilla parece suficiente.

Quizá el reto sea garantizar que los jóvenes sigan disponiendo de las condiciones necesarias para leer con atención, sostener la información, relacionarla, cuestionarla y construir significado a partir de ella.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué se desploma la comprensión lectora en el informe PISA? – https://theconversation.com/por-que-se-desploma-la-comprension-lectora-en-el-informe-pisa-291496

L’Afrique ne reçoit que 23 % du financement climatique dont elle a besoin et paie le prix fort pour cela

Source: The Conversation – in French – By Carlos Lopes, Professor at the Nelson Mandela School of Public Governance, University of Cape Town

Les pays africains se sont engagés à réduire leurs émissions de gaz à effet de serre et à renforcer leur capacité à s’adapter aux effets du changement climatique. Ces engagements s’inscrivent dans le cadre de l’Accord de Paris, un traité international juridiquement contraignant adopté en 2015, par lequel les pays se sont engagés à agir pour limiter le réchauffement climatique et à renforcer leur capacité à faire face à ses conséquences.

Pour y parvenir, des milliards de dollars de financement climatique sont nécessaires afin de développer les énergies propres et de rendre l’agriculture, les systèmes d’approvisionnement en eau et les infrastructures résilients au changement climatique.

Mais les financements qui parviennent à l’Afrique restent largement insuffisants. Le continent a reçu en moyenne 43,7 milliards de dollars par an en 2021 et 2022, soit seulement environ 23 % des besoins. L’Afrique a besoin d’environ quatre dollars de financement climatique pour chaque dollar qu’elle reçoit actuellement.




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Ces fonds sont également répartis de manière inégale. Les dix pays africains les plus vulnérables au changement climatique ne reçoivent que 11 % du financement climatique du continent, tandis que dix autres en attirent 76 % des financements climatiques privés.

Les pays africains ont besoin de financements pour l’atténuation (réduire les émissions à l’origine du changement climatique) et l’adaptation (préparer les populations, les économies et les infrastructures aux sécheresses, aux inondations et aux vagues de chaleur extrêmes auxquelles elles seront inévitablement confrontées). Les financements actuels ne couvrent que 18 % des projets d’atténuation prévus et 20 % des coûts d’adaptation.

Je suis économiste spécialisé dans le changement climatique et la gouvernance, et je dispose d’une longue expérience au sein des Nations unies et de l’Union africaine. Je soutiens que si l’Afrique est certes engagée dans l’Accord de Paris, le système financier international empêche en grande partie le continent de le mettre en œuvre.

Les financements climatiques ont tendance à affluer vers les pays où les investisseurs estiment que leur argent sera à la fois moins exposé aux risques et susceptible de générer des rendements suffisants. Les pays qui ont le plus besoin d’aide reçoivent souvent le moins de financements, car les investisseurs les jugent plus susceptibles de faire défaut sur leurs emprunts ou de générer des rendements insuffisants. Le système rend donc le financement plus coûteux et plus difficile à obtenir pour les pays dont la vulnérabilité accroît les besoins.




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L’Afrique doit négocier des financements abordables qui lui permettent de développer ses industries, ses systèmes énergétiques, ses transports, ses villes et ses compétences, et non se contenter de demander davantage d’argent qualifié de « financement climatique ». Le financement climatique ne devrait pas être dissocié du financement du développement.

Des investissements dans l’électricité, les transports, les villes, l’irrigation, les technologies, l’industrie manufacturière et l’éducation sont nécessaires tant pour faire croître les économies que pour protéger les populations contre les effets du changement climatique.

La transition ne sera équitable que si les pays africains transforment leurs minerais et leurs énergies renouvelables en emplois locaux, en produits à plus forte valeur ajoutée et en économies plus solides, plutôt que d’être contraints d’exporter les minerais essentiels qui alimentent la transition énergétique tout en contractant des dettes plus coûteuses pour s’adapter aux dommages climatiques causés par les pays développés.

Promettre de l’argent, ce n’est pas le verser

Les annonces, initiatives, coalitions, feuilles de route, plans de réforme et objectifs en matière de financement climatique se sont multipliés. Mais promettre de l’argent n’est pas la même chose que le verser.

En 2009, les pays développés se sont engagés à fournir chaque année 100 milliards de dollars américains aux pays en développement au titre du financement climatique. Ces fonds devaient être disponibles chaque année à partir de 2020. Or, les calculs ont montré que 2022 était la seule année où plus de 100 milliards de dollars de financement climatique ont atteint les pays en développement. C’était deux ans après la date butoir.




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Il y a là une leçon importante à tirer. Le monde s’est félicité d’avoir enfin dépassé un objectif qui avait été négocié 13 ans auparavant et qui était censé avoir été atteint deux ans plus tôt.

Il est également important de comprendre que l’objectif des 100 milliards de dollars n’a jamais été calculé en fonction des besoins réels des pays en développement pour faire face au changement climatique. Il s’agissait d’un chiffre négocié par les gouvernements dans le cadre d’un processus politique.

La promesse suivante majeure en matière de financement climatique a été faite lors des négociations climatiques de la COP29 à Bakou, en Azerbaïdjan. Les gouvernements ont convenu de fournir aux pays en développement au moins 300 milliards de dollars américains par an d’ici 2035. Ils ont également fixé un objectif bien plus ambitieux : porter le financement climatique provenant de toutes les sources à 1 300 milliards de dollars américains par an d’ici 2035.




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Mais examinons de plus près la manière dont cette promesse a été formulée :

  • l’objectif garanti est de 300 milliards de dollars américains par an

  • l’échéance est encore dans dix ans

  • les fonds peuvent provenir d’une « grande variété de sources »

  • l’objectif bien plus ambitieux de 1 300 milliards de dollars américains dépend des contributions de tous. Cela inclut les gouvernements, les investisseurs privés, les institutions financières internationales et les sources alternatives.

Plus le montant annoncé augmente, moins il est clair qui est chargé de fournir ces fonds.




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Les annonces relatives au financement climatique ne correspondent pas aux fonds que les pays peuvent réellement dépenser. Les engagements sont des promesses, les engagements financiers constituent des obligations formelles de fournir des fonds et seuls les décaissements correspondent à des paiements effectifs.

Les prêts ne sont pas des subventions, les financements privés ne sont pas des fonds publics, et une promesse de 1 000 milliards de dollars n’apparaît pas comme par enchantement dans les budgets africains.

Par exemple, l’Initiative de Bridgetown de 2022 a aidé les banques internationales de développement à créer environ 400 milliards de dollars de capacité de prêt supplémentaire sur dix ans. Cependant, cette somme doit servir à de nombreux pays, et pas seulement à ceux d’Afrique. Les gouvernements et les institutions financières sont désormais passés maîtres dans l’art de concevoir des plans visant à mobiliser des milliers de milliards. Mais ces milliers de milliards eux-mêmes restent insaisissables.

Le coût de l’argent

Le montant du financement climatique n’est pas le seul enjeu. Son coût compte également. Le financement de grands projets éoliens et solaires coûte au moins deux à trois fois plus cher en Afrique que dans les économies avancées et en Chine. Cela s’explique notamment par des coûts d’emprunt plus élevés et par les rendements plus élevés exigés par les investisseurs.

Les projets d’énergie renouvelable nécessitant d’importants investissements initiaux, un financement onéreux fait grimper le prix de l’électricité. Une réduction des coûts moyens de financement d’un point de pourcentage permettrait de réduire les coûts de production éolienne et solaire d’au moins 8 %.

Les négociations sur le climat doivent donc aborder les questions des taux d’intérêt, des garanties, des risques de change et des coûts supplémentaires facturés lorsque les prêteurs considèrent certains pays comme risqués.

L’Afrique représente environ 20 % de la population mondiale, mais ne bénéficie que de moins de 3 % des dépenses énergétiques mondiales. Elle ne manque pas d’ensoleillement exploitable. Ce qui lui manque, c’est un capital abordable.

Les pays les plus exposés aux catastrophes climatiques sont également considérés comme plus risqués pour l’octroi de prêts, ce qui les oblige à payer plus cher pour le financement climatique. Cela signifie qu’ils ne peuvent pas investir suffisamment dans la construction d’infrastructures capables de résister aux catastrophes climatiques. Lorsque ces catastrophes surviennent, les pays africains risquent de devoir payer encore plus cher les prêts qu’ils contractent pour réparer les dégâts.

L’Afrique doit développer des technologies vertes

La diplomatie climatique est devenue plus difficile, car la politique climatique est désormais étroitement liée à la concurrence industrielle et géopolitique. Les pays riches subventionnent leurs propres industries des batteries, des véhicules électriques, de l’hydrogène et des énergies renouvelables. Or, on demande aux pays africains d’attirer des investisseurs privés s’ils souhaitent développer ces industries.

L’Afrique détient environ 30 %, des réserves mondiales de minéraux critiques, dont 19 % de celles nécessaires aux véhicules électriques. L’Afrique participe donc déjà à la transition juste vers l’énergie verte. La question est simplement de savoir à quel niveau de la chaîne de valeur le continent s’inscrit : en tant qu’exportateur de matières premières comme le lithium et le cobalt, ou en tant que fabricant de batteries et d’autres produits verts.

Si l’Afrique fournit les minéraux tandis que la fabrication, la technologie et les emplois hautement productifs restent ailleurs, la transition verte ne fera que reproduire les anciennes inégalités économiques. Les négociations africaines sur le climat doivent donc se concentrer non seulement sur le financement, mais aussi sur le développement des industries, des compétences et de la puissance économique africaines.

Ce qui doit se passer ensuite

Je ne suis pas convaincu que le « financement climatique » soit le bon concept directeur pour l’Afrique. Il sépare ce qui constitue fondamentalement un seul et même défi de développement. L’Afrique a besoin de systèmes énergétiques, de réseaux électriques, de transports, de villes résilientes, d’irrigation, d’infrastructures numériques, de capacités de fabrication et de capital humain.

Ensemble, ces investissements déterminent le développement, la résilience, la productivité, l’industrialisation et les futures émissions du continent. Qualifier certains d’« environnementaux » et d’autres de « de développement » peut avoir du sens pour les institutions financières internationales. Cela en a beaucoup moins du point de vue de la transformation structurelle de l’Afrique.

L’Afrique n’a reçu que 23 % du financement climatique dont elle a besoin et attire moins de 3 % des investissements mondiaux dans le secteur de l’énergie, alors qu’elle représente environ un cinquième de la population mondiale. Cela révèle un problème plus vaste que le simple déficit de financement climatique.

Au lieu de nous demander sans cesse comment l’Afrique peut devenir plus attractive pour les capitaux internationaux, nous devrions nous demander pourquoi le capital est le plus cher là où les besoins en matière de développement et de lutte contre le changement climatique sont les plus grands.

La justice climatique ne se mesure pas à la quantité d’argent qualifiée de « financement climatique », mais à la capacité de cet argent à être accessible à un coût raisonnable et à aider l’Afrique à produire, à commercer et à bâtir sa propre économie productive. Sinon, la transition juste ne sera rien d’autre que l’ancienne division internationale du travail alimentée par les énergies renouvelables.

La diplomatie climatique africaine devrait donc tirer parti de la transition mondiale pour redéfinir les conditions selon lesquelles le continent finance, produit, commerce et se transforme.

Ceci est un extrait de la conférence du vice-chancelier que l’auteur a donnée à l’université du Witwatersrand le 2 septembre 2026.

The Conversation

Carlos Lopes does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. L’Afrique ne reçoit que 23 % du financement climatique dont elle a besoin et paie le prix fort pour cela – https://theconversation.com/lafrique-ne-recoit-que-23-du-financement-climatique-dont-elle-a-besoin-et-paie-le-prix-fort-pour-cela-291412

Une nouvelle étude estime à environ 20 millions le nombre d’espèces d’insectes sur Terre – ce qui double celles menacées d’extinction

Source: The Conversation – in French – By Dirk Steinke, Research Scientist, Centre for Biodiversity Genomics, University of Guelph

Image obtenue de la libellule *Aeshna affinis*, qu’on trouve en Europe du Sud et en Asie. (Wikimedia Commons/Sven Damerow), CC BY-SA

La libellule qui se pose délicatement sur notre pied tandis qu’on se laisse flotter sur le lac. Le moustique qu’on chasse d’un geste près du feu de camp. Les fourmis qui emportent les miettes d’un biscuit. Les abeilles qui ont produit ce délicieux miel de fleurs sauvages.

Nous sommes entourés chaque jour de milliers d’insectes, certains bourdonnant près de notre visage, alors que d’autres demeurent invisibles à nos yeux.

On les trouve sous une grande variété de formes, de tailles et de couleurs. Ils remplissent une multitude de fonctions, dont plusieurs sont essentielles à la durabilité de notre écosystème, qu’il s’agisse de polliniser les fleurs, de lutter contre les ravageurs du jardin, d’aérer le sol ou de décomposer les déchets.

À ce jour, les taxonomistes ont découvert et décrit environ un million d’espèces. Jusqu’à présent, les scientifiques s’accordaient pour dire que le nombre total d’espèces d’insectes sur Terre se situait entre cinq et six millions, mais certains entomologistes estimaient ce chiffre trop bas.

Notre récente étude révèle qu’il est effectivement largement sous-évalué. Il y aurait en réalité entre 13,3 et 24,7 millions d’espèces d’insectes sur Terre.




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Estimer, tout un défi

En 1735, Carl von Linné a mis au point un système de classification biologique hiérarchique qui est devenu le fondement de la taxonomie moderne, c’est-à-dire l’étude qui consiste à nommer et à classer des groupes d’organismes biologiques en fonction de leurs caractéristiques communes.

Depuis, quelque 1,9 million d’espèces ont été découvertes et décrites, mais une question demeure : combien d’espèces notre planète abrite-t-elle en tout ?

Nous n’avons pas de réponse définitive, mais l’une des estimations les plus souvent citées, proposée en 2011, évalue ce chiffre à environ 8,7 millions.

Il est particulièrement difficile d’estimer le nombre d’espèces d’insectes sur Terre en raison de leur grande diversité, de leur petite taille et du fait que beaucoup d’entre eux sont inaccessibles.

Une coccinelle rouge vif à pois noirs posée sur une pousse verte ornée d’un bourgeon violet, sur un fond flou orange-violet
Coccinelle à sept points (Coccinella septempunctata), photographiée dans la zone de conservation de Viernheimer Waldheide, en Allemagne.
(Wikimedia/Stephan Sprinz), CC BY

Ce que nous enseignent les guêpes parasites

Afin d’obtenir une estimation plus précise, mes collègues et moi-même avons emprunté notre méthodologie à l’épidémiologie statistique.

La première étape a consisté à évaluer dans quelle mesure les travaux de relevés antérieurs avaient permis de rendre compte de la diversité des guêpes parasites de la sous-famille des Micrograstrinae chez une espèce particulière vivant dans la Zone de conservation de Guanacaste, au Costa Rica.

Pour ce faire, l’équipe a utilisé les résultats obtenus à l’aide de deux méthodes de collecte différentes, qui ne recensaient qu’une fraction du nombre total d’espèces présentes dans la région. L’analyse statistique a révélé que ces explorations approfondies n’avaient permis de recenser qu’environ 16 % des guêpes Micrograstrinae de la région.

Gros plan sur une guêpe aux longues antennes posée sur une branche
Une guêpe braconide (de la sous-famille des Microgastrinae) observée en Afrique du Sud.
(Wikimedia/Alandmanson), CC BY

Ce pourcentage a ensuite été appliqué à toutes les espèces d’insectes connues du parc, puis extrapolé à l’aide des ratios entre le parc et la Terre pour d’autres groupes d’organismes : arbres, grenouilles, mammifères et papillons de la famille des Saturnidae.

Résultat : il existe entre 13,3 millions et 24,7 millions d’espèces d’insectes sur Terre, avec une estimation moyenne prudente de 20,3 millions d’espèces.

L’étude précise que ce chiffre correspond à une estimation minimale. Cela signifie que notre planète pourrait abriter plusieurs millions d’autres espèces inconnues.

Deux fois plus d’espèces menacées d’extinction

Mais est-ce vraiment si important de savoir si nous partageons cette planète avec des millions, voire des milliards d’espèces ?

Le rapport d’évaluation de l’IPBES sur la biodiversité et les services écosystémiques, publié en 2019, révèle qu’environ un million d’espèces animales et végétales sont menacées d’extinction, dont bon nombre d’ici quelques décennies.

Le rapport anticipe une perte de 10 % des espèces d’insectes. Cependant, ses auteurs sont partis du postulat que la Terre abritait huit millions d’espèces, dont 5,5 millions d’espèces d’insectes.

Notre estimation, qui s’élève à environ 20 millions d’espèces d’insectes, devrait au moins doubler le nombre total d’espèces menacées d’extinction.

Un papillon aux motifs jaunes et orange sur fond de tiges de plantes vertes et jaunes floues
Le papillon Speyeria callippe callippe est protégé en vertu de la Loi sur les espèces en voie de disparition (ESA) des États-Unis et figure actuellement sur la liste des espèces en péril.
(Wikimedia/Sarah Swenty/USFWS), CC BY

D’inconnue à éteinte

La tragédie ? C’est que nous n’aurons même pas l’occasion de connaître la plupart d’entre elles avant qu’elles ne disparaissent.


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Rappelons qu’il nous a fallu près de 300 ans pour découvrir et décrire 1,9 million d’espèces. Actuellement, nous perdons de 10 000 à 100 000 espèces par an, et beaucoup d’entre elles nous resteront à jamais inconnues.

Nous ne saurons pas où elles vivaient, à quoi elles ressemblaient, comment elles interagissaient avec d’autres espèces ni ce que leur disparition signifie réellement.

Un bâton brun sur lequel se trouvent, en haut, trois insectes rouges ressemblant à des papillons de nuit et, en bas, trois insectes blancs
Flatidae adultes et nymphes (Phromnia rosea) dans la réserve spéciale d’Ankarana, à Madagascar.
(Wikimedia/Charles J. Sharp), CC BY-SA

Leur disparition provoquera-t-elle un effet domino au sein de l’écosystème local, entraînant d’autres extinctions, si, par exemple, elles constituaient une importante source de nourriture ou servaient d’hôte pour d’autres espèces ? Et si ces insectes fournissaient un service écosystémique essentiel, comme la pollinisation ou la lutte contre les ravageurs ?

La perte de biodiversité n’est plus seulement un enjeu environnemental, mais aussi un enjeu économique, social, de développement et de sécurité.

Une estimation de l’étendue réelle de la biodiversité serait extrêmement précieuse pour toute mesure de conservation. On ne peut pas protéger ce dont on ignore l’existence.

La Conversation Canada

Dirk Steinke ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Une nouvelle étude estime à environ 20 millions le nombre d’espèces d’insectes sur Terre – ce qui double celles menacées d’extinction – https://theconversation.com/une-nouvelle-etude-estime-a-environ-20-millions-le-nombre-despeces-dinsectes-sur-terre-ce-qui-double-celles-menacees-dextinction-289433

¿Frustrado con su banco? Por qué la IA es mejor que las encuestas para entender las quejas de los clientes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Segovia Vargas, Profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Complutense de Madrid

jkcDesign/Shutterstock

Todos nos hemos visto en la misma situación: tras una llamada telefónica con nuestro banco para solventar un problema, una voz automatizada nos pide que respondamos a una breve encuesta (por ejemplo: “¿Recomendaría nuestro servicio a un familiar o conocido? Responda del 1 al 10”).

Esta aparente simple pregunta es en realidad una métrica, el Net Promoter Score o índice de promotores neto (NPS). Junto con los cuestionarios tradicionales, es el modo más habitual en que los bancos miden la satisfacción de sus usuarios.

Sin embargo, es un procedimiento muy limitado para reflejar la experiencia real del cliente. No capta las emociones, los matices ni los verdaderos motivos de frustración o satisfacción que espontáneamente surgen en las llamadas.

Ahora, en un contexto en el que la inteligencia artificial está en todo su apogeo, es posible mejorar las estrategias de marketing mediante el análisis masivo de conversaciones telefónicas reales.

‘Valore del 1 al 10’: un modelo agotado

Los productos bancarios están cada vez más estandarizados y son más accesibles digitalmente. Por tanto, la ventaja competitiva de una entidad ya no depende tanto de sus productos sino de la calidad de su servicio. Se estima que las malas experiencias en la atención explican aproximadamente el 20 % del abandono de clientes en este sector.

El carácter estático de las métricas limita el proceso de medición de la satisfacción de los clientes, pues se pierde la interacción entre el usuario y el banco. Además, hay un sesgo de auto-selección, pues estas encuestas suelen reflejar las percepciones de una pequeña proporción de clientes (los muy satisfechos o los extremadamente enfadados).

Los primeros modelos de análisis de texto (que procesan y extraen información de valor de grandes volúmenes de datos lingüísticos no estructurados) tampoco han resuelto el problema, ya que se pierde la riqueza lingüística de las personas, reduciéndola a etiquetas cerradas como “Satisfecho” o “Insatisfecho”, y no captan el contexto de la queja.




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‘Escucha’ a gran escala: aprendizaje automático e IA generativa

Hemos creado un modelo de análisis de la experiencia de clientes bancarios combinando el aprendizaje competitivo con la inteligencia artificial generativa cuyo funcionamiento se divide en tres etapas:

  1. Las transcripciones de texto de las llamadas telefónicas se limpian de ruidos (como muletillas o risas) y anonimizan para cumplir con la normativa de privacidad de datos del sector bancario.

  2. El sistema organiza las conversaciones en grupos temáticos de forma automatizada y transparente mediante un algoritmo de aprendizaje competitivo.

  3. Se aplica un modelo de IA generativa de generación aumentada por recuperación (que le permite buscar información actualizada, reduciendo errores y aportando datos precisos) y reordenación semántica (que le permite entender el contexto y la intención del lenguaje humano).

Estas herramientas permiten que los analistas interroguen al sistema haciendo preguntas en lenguaje natural. Por ejemplo: “¿Cuáles fueron los principales motivos de insatisfacción este mes?”. También, pueden recibir al instante respuestas detalladas basadas directamente en la evidencia de las llamadas reales.

Aplicamos nuestra herramienta a 10 062 406 de conversaciones telefónicas entre clientes y agentes, recogidas mensualmente por una institución financiera durante dos años.

Menos quejas, más autonomía y más eficiencia

¿Qué mejora nuestro modelo cuando analiza millones de horas de conversación? Básicamente, la capacidad de extraer las necesidades explícitas de los usuarios. No solo diagnostica el descontento, sino que proporciona el conocimiento para erradicarlo.

Detecta con precisión los problemas reales que llevan al cliente a llamar a la entidad. Así, los analistas bancarios pueden rediseñar las aplicaciones móviles y los canales digitales para poder reducir las quejas.

A continuación, exponemos de manera gráfica un ejemplo de la interfaz sobre cómo se pregunta y se genera la respuesta:

Se puede observar su gran capacidad de detectar aquellos problemas que provocarían llamadas recurrentes a los centros de atención al cliente. Esto permite rediseñar más eficientemente los servicios digitales y las funcionalidades de autoservicio. De este modo, se fomenta la autosuficiencia del cliente al permitirle resolver sus gestiones de forma independiente y sencilla. Al reducir su esfuerzo, aumenta drásticamente la lealtad y confianza del usuario hacia su entidad.

Además, la retroalimentación continua del sistema permite que los bancos identifiquen nuevos problemas, se anticipen a la insatisfacción y diseñen y rediseñen intervenciones específicas. Así, se mejora tanto la eficiencia operativa como la calidad de la relación. Todo esto provoca nuevamente una reducción significativa de llamadas telefónicas asistidas. Como resultado, se disminuye sensiblemente tanto la carga de trabajo de los agentes como los costes operativos para la empresa.

Más de diez millones de llamadas

La efectividad de la herramienta se demostró con una doble auditoría. Primero, por analistas expertos que otorgaron al sistema puntuaciones sobresalientes (alrededor de 5 sobre un máximo de 5). Por otro lado, hicimos una validación cruzada para comparar las respuestas del modelo con las de otros sistemas de inteligencia artificial como Gemini y DeepSeek. Los niveles de coincidencia semántica fueron superiores al 90 % y 85 % respectivamente.

Además de los buenos resultados en términos de análisis de las respuestas de los clientes, nuestro sistema demostró una mejor eficiencia computacional, al reducir los tiempos de ejecución y los costes en la nube, alineándose con los objetivos de sostenibilidad energética de las organizaciones.

Con la integración del aprendizaje automático y los modelos lingüísticos, el futuro de la experiencia bancaria ya no se decidirá rellenando casillas del 1 al 10, sino escuchando con inteligencia lo que los clientes dicen.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Frustrado con su banco? Por qué la IA es mejor que las encuestas para entender las quejas de los clientes – https://theconversation.com/frustrado-con-su-banco-por-que-la-ia-es-mejor-que-las-encuestas-para-entender-las-quejas-de-los-clientes-287057

Chips neuromórficos, neuronas digitales que procesan y guardan información

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

El chip NeuRRAM, un circuito neuromórfico diseñado en la Universidad de California en San Diego. CC BY-SA

Muchos de los sistemas asociados a las inteligencias artificiales actuales calculan, mueven datos y consumen energía de forma casi permanente. Los grandes modelos necesitan centros de datos, procesadores especializados, memoria de alto rendimiento, refrigeración y enormes cantidades de electricidad –se calcula que gastarán 945 TWh, en 2030 (para ponerlo en contexto, España consumió 256 TWh de energía en 2025)–.

La pregunta ya no es solo cómo construir una IA más potente. El reto, especialmente en tiempos de crisis energética, es cómo construir una IA que no tenga que gastar tanto para parecer inteligente. Aquí entran en escena los chips neuromórficos, circuitos inspirados en el cerebro que no intentan calcularlo todo todo el tiempo; solo se activan ante señales relevantes.

El cerebro no calcula como un portátil

Un chip neuromórfico es un circuito diseñado para imitar algunos principios básicos del sistema nervioso. No es un cerebro en miniatura; no siente, no piensa ni va a despertar un día preguntándose quién lo ha fabricado. Lo que hace es tomar prestadas ciertas estrategias biológicas: neuronas que se activan cuando reciben suficiente señal, conexiones parecidas a sinapsis –zona de conexión y comunicación entre dos neuronas–, comunicación mediante impulsos y procesamiento distribuido –utiliza un gran número de ordenadores organizados en una infraestructura de telecomunicaciones distribuida–.

Hay una gran diferencia con un ordenador convencional. En la arquitectura clásica, memoria y procesador están separados. Los datos se guardan en un lugar y se calculan en otro, por eso, cada operación obliga a mover información de ida y vuelta. Ese tráfico consume energía, genera calor y limita la velocidad.

Sin embargo, el cerebro trabaja de otra manera. En una red neuronal biológica, memoria, procesamiento y comunicación están mucho más entrelazados y las neuronas no están todas activas todo el tiempo; muchas permanecen en silencio hasta que reciben una señal significativa.

IA que actúa solo si es necesario

Una de las aportaciones centrales de esta tecnología son las redes neuronales de impulsos. En lugar de transmitir información de forma continua, estas redes envían señales discretas: el chip se activa cuando ocurre algo relevante y permanece inactivo cuando no hay nada importante que procesar.

Imagine aplicar esto en una cámara de seguridad. Un sistema convencional puede analizar fotograma a fotograma, aunque la escena apenas cambie. Una cámara neuromórfica, en cambio, podría centrarse en eventos: un movimiento, una sombra, una variación de luz. No necesita “mirarlo todo” con la misma intensidad todo el tiempo. Solo procesa el cambio.

Por eso, esta tecnología es atractiva para sensores, robots, dispositivos médicos, audífonos, drones, vehículos autónomos o sistemas industriales, ya que puede ser muy eficaz en tareas donde importan la autonomía, la baja latencia y el consumo reducido.

Sinapsis electrónicas

En este contexto, los memristores son dispositivos capaces de “recordar” su estado eléctrico anterior que se utilizan para imitar, de forma muy simplificada, el comportamiento de una sinapsis.

En una sinapsis biológica, la conexión entre neuronas transmite señales y participa en el aprendizaje y la memoria. Los memristores intentan trasladar esa lógica al mundo electrónico. En vez de separar radicalmente almacenamiento y procesamiento, son componentes que hacen ambas cosas en el mismo lugar.

Esto, además, tiene una ventaja añadida: la privacidad. Si un dispositivo puede interpretar ciertos patrones sin mandar continuamente información a servidores externos, se reduce la exposición de datos sensibles.

Primeros pasos en la industria y los centros de investigación

La computación neuromórfica no es una fantasía aislada en laboratorios. Intel lleva años investigando esta vía con Loihi 2, un chip neuromórfico de investigación. También, ha desarrollado Lava, un marco abierto para programar aplicaciones neuromórficas. Por su parte, IBM, con NorthPole, explora otra ruta: integrar memoria y cálculo dentro del propio chip para mejorar la eficiencia en tareas de inferencia –que extraen información implícita a partir de patrones, textos o imágenes–.

Estos chips no necesariamente usarán obleas de silicio tradicionales. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Cambridge han trabajado hace poco con materiales basados en óxido de hafnio para crear memristores estables y de bajo consumo.

¿Sustituirán a la tecnología actual?

Esta tecnología no va a sustituir en el corto plazo a los procesadores GPU que entrenan grandes modelos de lenguaje, ni formará parte de cerebros artificiales en los móviles que compremos las próximas navidades. Esos escenarios aún están lejos.

Su potencial inmediato está en la IA en el borde o edge AI, que funciona en el propio dispositivo del usuario, sin enviar todos los datos a la nube. Las aplicaciones donde tiene más sentido son aquellas que necesitan responder rápido, consumir poco y procesar datos localmente. Por ejemplo, en un parche médico que monitoriza señales corporales, un audífono que filtra sonidos, un robot que se mueve por un hospital o un sensor industrial que detecta fallos.

La eterna promesa con límites muy acotados

Durante años, la computación neuromórfica fue una promesa elegante, pero difícil de llevar al mercado. Hoy hay prototipos y artículos científicos, aunque programar estos sistemas no es sencillo. Faltan estándares y pasar del laboratorio a la fabricación masiva puede llevar años.

En el futuro, probablemente, serán una pieza más dentro de un ecosistema de hardware que cada vez es más diverso: GPU, aceleradores especializados, chips de memoria, sensores inteligentes y memristores.

La pregunta más interesante no es si reemplazarán a todo lo demás, sino en qué tareas serán mejores.

The Conversation

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI.

ref. Chips neuromórficos, neuronas digitales que procesan y guardan información – https://theconversation.com/chips-neuromorficos-neuronas-digitales-que-procesan-y-guardan-informacion-282691

Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Nóblega Carriquiry, Profesora Asociada. Facultad de Economía y Empresa. UOC – Universitat Oberta de Catalunya, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Un patio escolar como a refugio climático naturalizado. Isabel Ruiz Mallén.

Las olas de calor han dejado de ser eventos puntuales del verano; ahora también se extienden a los meses de primavera y otoño, afectando a la vida en nuestras ciudades. Las superficies grises de asfalto y hormigón retienen y acentúan el calor, aumentando la incomodidad térmica de la población, aunque no afecta a todo el mundo por igual.

El Observatorio del Clima Europeo señala a la población infantil de barrios socioeconómicamente desfavorecidos como uno de los colectivos más vulnerables al aumento de las temperaturas. Es aquí donde hay que concentrar los esfuerzos para crear ciudades más equitativas y resilientes al calor.

Los niños y niñas son más vulnerables

La vulnerabilidad de la población infantil al calor extremo es mayor que la de los adultos. Principalmente, por dos razones.

De un lado, como señala el informe de UNICEF (2023) y corrobora el pediatra Ferran Campillo, el sistema termorregulador de los niños y niñas todavía es demasiado inmaduro para adaptarse de manera eficaz al calor extremo. Su tasa de sudoración es menor que la de los adultos y, por tanto, tienen menos capacidad para reducir la temperatura de su cuerpo. También producen más calor por kilogramo de peso, con una relación entre su superficie y su masa corporal más elevada. El riesgo de deshidratación en la infancia es, en consecuencia, mucho mayor.

Por otro lado, la infancia todavía no ha desarrollado plenamente las habilidades ni adquirido los conocimientos necesarios para protegerse del calor, y a menudo tampoco tiene la capacidad de disponer de los recursos necesarios para hacerlo. Un grupo de niños y niñas puede estar jugando a pleno sol sin pensar en beber agua o descansar a la sombra; o pueden tener la intención de hacerlo, pero no encontrar una fuente de agua potable o un árbol que les dé cobijo. Esta situación es, desgraciadamente, cotidiana en los patios escolares y en muchas zonas de juego del espacio público que no están adaptadas como refugios climáticos.

Cuando el calor no da tregua

En los barrios socioeconómicamente más desfavorecidos, esta vulnerabilidad adquiere una dimensión acumulativa, que se conoce como el ciclo de estrés térmico: sienten calor durante todo el día. Muchos niños y niñas de estos entornos sufren las altas temperaturas durante la noche en viviendas mal aisladas o climatizadas de forma deficiente, lo que dificulta su descanso. Durante el día, acuden a escuelas poco acondicionadas, donde los patios pavimentados actúan como auténticos hornos urbanos, superando los 35 °C. Por la tarde, la falta de zonas verdes en sus barrios les impide encontrar refugios climáticos exteriores.

Este ciclo no solo genera malestar físico. La evidencia demuestra que la fatiga cognitiva derivada de la exposición continuada al calor afecta al bienestar emocional, la atención y el rendimiento académico: a más días de calor intenso, menor ritmo de aprendizaje.

Hacia una adaptación climática basada en la naturaleza

Ante este escenario, las medidas tradicionales suelen ser reactivas e incrementales, como instalar sistemas de aire acondicionado que aumentan el consumo energético y generan más calor hacia el exterior. Al aire libre, se utilizan toldos o cubiertas temporales de plástico u otros materiales que a menudo acaban actuando como invernaderos en lugar de reducir la temperatura.

Para conseguir una verdadera adaptación transformadora, hay que reconfigurar los espacios y las infraestructuras urbanas desde la raíz de la vulnerabilidad. Aquí es donde entran en juego las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), entendidas como acciones que protegen los ecosistemas y amortiguan los impactos climáticos a la vez que generan beneficios sociales y medioambientales: más vegetación, sombra natural, suelo permeable o fuentes de agua.

Transformar los patios de hormigón en “patios vivos” o refugios climáticos y pacificar los entornos escolares con elementos naturales como las SbN permite reducir las temperaturas locales y crear entornos saludables y lúdicos.

Escuchar a los barrios, el profesorado y la infancia

Sin embargo, plantar vegetación o renaturalizar patios son soluciones que no garantizan por sí mismas resultados justos. Las SbN solo alcanzan su verdadero potencial transformador cuando incorporan explícitamente tres dimensiones clave de la equidad social:

  1. La distribución de espacios verdes en la ciudad o “equidad distributiva”, entendiendo que los beneficios deben llegar allí donde más se necesitan. Normalmente, las zonas verdes se concentran en los barrios de mayor renta (luxury effect). Una planificación justa debe priorizar la renaturalización de entornos y espacios escolares situados en los distritos con mayores índices de vulnerabilidad socioeconómica y menor cobertura vegetal.
¿Cómo adaptamos las ciudades al calor extremo? Tres proyectos de la UOC que van en esta dirección.
  1. Una gobernanza inclusiva del verde urbano o “equidad procedimental”, entendiendo que la toma de decisiones no debe ser un proceso exclusivamente tecnocrático. Diseñar y transformar un entorno o patio escolar requiere una gobernanza participativa e inclusiva, que involucre a la comunidad educativa en todas las fases del proyecto.

  2. El reconocimiento y la incorporación de la voz de la infancia en el diseño del verde urbano o “equidad de reconocimiento”, asumiendo que la infancia no debe ser vista simplemente como un sujeto pasivo al que proteger del calor, sino como un actor social con vivencias, necesidades y saberes propios. Reconocer cómo experimentan el calor implica integrar activamente sus perspectivas en la cocreación de los nuevos entornos renaturalizados.

Los colegios como motor de equidad urbana

Renaturalizar los patios de los centros educativos públicos transciende la mera regulación térmica y los límites físicos de los colegios. Los patios vivos se convierten en extensiones del aula donde realizar actividades educativas al aire libre y fomentar el juego libre e inclusivo durante y después del horario escolar. Cuando estos espacios se abren a la ciudadanía los fines de semana, refuerzan la cohesión comunitaria, ejerciendo como refugios climáticos para el barrio.

Transformar la ciudad a través de sus colegios no es una opción estética ni un lujo, sino una urgencia de salud pública y de justicia ambiental que garantiza el derecho a la ciudad y al bien común desde la infancia.

The Conversation

Isabel Ruiz Mallén ha recibido fondos del programa Horizon 2020 de la Unión Europea (101003758) y la Agencia Española de Investigación (PCI2022-132958, MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

Andrea Nóblega Carriquiry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios – https://theconversation.com/septiembre-infancia-y-calor-los-colegios-como-refugios-climaticos-de-los-barrios-291311

‘Así aprenderás’: lo que la serie coreana revela sobre la crisis del profesorado en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, Doctor en Educación y Maestro en Enseñanza de la Ciencia; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Fotograma de la serie _Así aprenderás_. Netflix

Las aulas de educación básica y media superior enfrentan una crisis silenciosa. El auge de las series coreanas sobre el mundo educativo refleja esta dolorosa realidad. Producciones como Así aprenderás no solo atrapan por su drama. Estas historias conectan con una profunda herida social que golpea con fuerza a América Latina.

El aula ya no es un espacio seguro de aprendizaje. Hoy las primarias y secundarias parecen zonas de conflicto permanente. En ellas, los maestros han perdido la autoridad que históricamente les convertía en figuras referenciales.

El reflejo coreano en las escuelas mexicanas

Así aprenderás ocupa el sexto lugar entre lo más visto en Netflix a escala global durante la primera mitad de 2026, con 48 millones de visualizaciones. Lidera, además, los listados semanales de habla no inglesa.

Trailer oficial de la serie “Así aprenderás”

En las pantallas vemos a estudiantes que desafían cualquier regla sin temor a las consecuencias. El acoso escolar o bullying se retrata con una crudeza que incomoda al espectador. Esta violencia de ficción no es ajena para las familias de México.

En el pasado inmediato, el maestro mexicano era un pilar respetado en la comunidad. Su palabra tenía un peso moral indiscutible para padres y alumnos. Hoy, esa figura de respeto se ha desmoronado casi por completo.

Las nuevas realidades sociales han transformado la dinámica dentro de los planteles. Los docentes ahora enfrentan amenazas, hostigamiento y agresiones físicas constantes. El aula se ha convertido en un territorio de alta vulnerabilidad emocional.

Un síntoma regional de norte a sur

La fantasía de intervención que plantea la serie responde a realidades que se viven en México y en otros países a diferentes niveles. Es el caso de la salud mental de los estudiantes. La realidad imita a la ficción de manera trágica y este ámbito se ha vuelto objeto de preocupación por parte de las instituciones.

Según un informe de la UNESCO sobre América Latina y el Caribe, alrededor del 20 % de los alumnos de educación superior sufren depresión, y hasta la mitad presentan algunos de sus síntomas. Además, el 15 % de los estudiantes ha tenido pensamientos suicidas y entre el 2 % y 3 % ha intentado suicidarse.

En Chile, el debate sobre el agobio y la violencia contra profesores ha escalado tras suicidios de docentes acosados por los adultos legalmente responsables de los jóvenes.

En Colombia, sindicatos de educadores reportan constantes amenazas y extorsiones dentro de planteles ubicados en zonas vulnerables.

En Argentina, el síndrome del desgaste profesional docente avanza debido a la hostilidad de entornos escolares cada vez más judicializados.

El origen del colapso: redes sociales, desigualdades y violencia estructural

Esta erosión de la autoridad no ocurrió de la noche a la mañana. La violencia que daña a los estudiantes surge de causas complejas: desigualdad económica, familias fragmentadas y redes sociales fuera de control.

Existen innumerables ejemplos trágicos de episodios traumáticos. Algunos tienen que ver con acusaciones hacia docentes y entre estudiantes que no pudieron ser acreditadas. Factores como el linchamiento digital desmedido, que afecta a los diversos agentes educativos, inciden en el nivel de volatilidad al que se está llegando en las aulas.

Estudiantes objeto de bullying extremo se convierten en víctimas de un ambiente escolar que acepta y legitima las conductas violentas. Ello debido a la huella de las agresiones que se producen a otros niveles de la sociedad y a la falta de una cultura sobre respeto a los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes.

La falta de protocolos preventivos claros lleva a directivos y autoridades educativas a aislar al maestro o ignorar al alumno acosado. La burocracia actual prefiere evitar el escándalo público antes que garantizar la protección física y emocional del personal docente.

Un escudo legal frente a las falsas denuncias

En México, la Ley General de Educación establece lineamientos para la cultura de paz y la convivencia escolar. Sin embargo, en la práctica, estos protocolos suelen sobrecargar al docente con burocracia sin brindarle protección legal efectiva.

Frente a este vacío, la respuesta organizada de los profesores a través de sindicatos y asociaciones profesionales ha comenzado a exigir cambios de fondo. La propuesta institucional busca evolucionar hacia marcos normativos nacionales de la mano del sindicato magisterial.

El objetivo es crear defensorías jurídicas especializadas y protocolos de presunción de inocencia para el personal educativo.

Un avance concreto en esta dirección es lo ocurrido en el estado mexicano de Aguascalientes. El Congreso local aprobó reformas para sancionar penalmente las acusaciones falsas contra el magisterio.

Esta iniciativa local, que se espera tenga eco a nivel federal en México, nos lleva a reflexionar si la ley debe equilibrar la balanza para que proteger a la infancia no signifique desamparar a quienes educan en las aulas. Como dice el personaje de Na Hwa Jin en la serie Así aprenderás: “el mundo se derrumbará si los adultos le tienen miedo a los niños”.

El peligro “tomarse la justicia por su mano”

La producción televisiva propone una solución extrema ante el caos escolar: un grupo de inspectores utiliza la fuerza física para someter a los estudiantes rebeldes. Esta respuesta violenta genera una peligrosa simpatía en el público de nuestra región.

La audiencia celebra que alguien ponga límites con mano dura. Este aplauso colectivo revela el hartazgo social ante la impunidad en las escuelas. Sin embargo, la violencia institucionalizada nunca será la respuesta educativa correcta. El deseo de ver castigos físicos muestra el fracaso de los protocolos actuales.

En cualquier caso, las normas de convivencia vigentes resultan insuficientes para frenar el acoso cotidiano. Los maestros se sienten atados de manos frente a conductas delictivas de menores.

Sobreprotección de los hijos

El problema educativo actual tiene raíces profundas en la estructura familiar moderna. Muchos padres de familia adoptan posturas defensivas y sobreprotectoras con sus hijos. Ante cualquier llamado de atención, prefieren confrontar y denunciar al docente.

Esta actitud impide que el alumno asuma la responsabilidad de sus actos. El límite entre la disciplina justa y el maltrato se ha vuelto difuso, y los profesores prefieren omitir sanciones antes de enfrentar una demanda legal o un despido.

La falta de consecuencias fomenta la repetición de conductas hostiles entre los jóvenes. Así, el acoso escala sin que las escuelas tengan herramientas eficaces de contención. La pedagogía del diálogo parece perder la batalla frente a la indiferencia general.

Una pregunta incómoda sobre el futuro

El éxito de las serie coreana no es un simple entretenimiento de fin de semana: es el síntoma de una sociedad que ha comenzado a normalizar el desamparo de sus guías. Cuando el espectador aplaude la violencia del inspector coreano, está confesando, en realidad, su propia impotencia.

El aula es el primer ensayo de la vida en democracia. Si permitimos que el salón de clases sea un espacio donde gobierna la ley del más fuerte, ¿qué tipo de ciudadanos estamos formando para el mañana? ¿Es el miedo el único lenguaje que nos queda para sostener el orden?

Dignificar al maestro no es un asunto laboral o gremial; es un acto de supervivencia colectiva. La próxima vez que veamos a un docente dudar antes de corregir a un alumno o a un padre exigir inmunidad para su hijo, hagamos esta pregunta: cuando el maestro finalmente guarde silencio para siempre, ¿quién se encargará de educar a nuestros hijos?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Así aprenderás’: lo que la serie coreana revela sobre la crisis del profesorado en América Latina – https://theconversation.com/asi-aprenderas-lo-que-la-serie-coreana-revela-sobre-la-crisis-del-profesorado-en-america-latina-287745

El laberinto burocrático de las devoluciones de migrantes: por qué España no puede expulsar sin más a quienes entran

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Regí Rodríguez, Profesor de Derecho Internacional Publico y de la Unión Europea, Universidad Francisco de Vitoria

Efectivos de la Guardia Civil desplegados en el puerto de Ceuta el pasado 31 de julio de 2026. Colinmthompson/Shutterstock

Los días 30 y 31 de julio entraron en Ceuta decenas de miles de personas. Unas llegaron a nado y otras cruzaron por accesos terrestres cuando los controles se vinieron abajo. La Guardia Civil ha confirmado 82 muertos y una ONG eleva el balance por encima de 140, contando los cuerpos recuperados en Marruecos. Muchos de los migrantes regresaron al país vecino en pocos días, pero varios miles siguen aún en Ceuta.

De ahí surge la pregunta: si entraron sin permiso, ¿por qué no se les devuelve sin más? Pues porque devolver no es un gesto policial. Es un procedimiento administrativo, con expediente y garantías. Y exige algo que no depende solo de España: que el Estado de destino acepte el retorno de la persona. En la frontera conviven, además, tres figuras jurídicas que el debate suele confundir.

Tres figuras fundamentales

  1. El rechazo en frontera es lo que se llama “devolución en caliente”. Existe desde 2015, y solo para Ceuta y Melilla, en la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería. Permite rechazar de inmediato a quien intenta superar los elementos de contención, sin abrir expediente –esto es, sin el procedimiento escrito en el que se identifica a la persona, se la escucha y se dicta una resolución que puede recurrirse–. El Tribunal Constitucional lo declaró conforme a la Constitución en su sentencia 172/2020, pero impuso condiciones: aplicación individualizada, control judicial, respeto de las obligaciones internacionales y atención reforzada a las personas vulnerables, en particular a los menores.

    El caso N. D. y N. T. contra España se invoca a menudo como si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo hubiera dado la razón a España, pero conviene precisar qué dijo.

    En 2014, dos migrantes que habían saltado la valla de Melilla junto a un grupo numeroso fueron devueltos inmediatamente a Marruecos, sin identificación ni examen individual. En 2017 una sala del citado tribunal condenó a España por expulsión colectiva, pero en 2020 la Gran Sala la absolvió: consideró que existían vías legales y efectivas para entrar y pedir protección, como el puesto fronterizo de Beni Enzar, y que los demandantes no las utilizaron, sino que optaron por saltar la valla en grupo y por un lugar no autorizado.

    Esa doctrina tiene un límite importante: solo funciona si tales vías existen y son realmente accesibles.

  2. La devolución es otra cosa. El artículo 58.3 de la Ley de Extranjería se aplica a quien pretende entrar ilegalmente. No exige expediente de expulsión, pero sí identificación, abogado, intérprete, audiencia, posibilidad de pedir protección internacional y resolución motivada y recurrible. Si no se ejecuta en 72 horas, mantener a la persona privada de libertad exige autorización judicial.

  3. La expulsión es una sanción por estancia irregular, con su propio expediente.

Cuál corresponde no puede decidirse en bloque: depende de cómo entró la persona y de cuándo y dónde fue localizada. De ese examen puede resultar una devolución, una expulsión, una solicitud de asilo, la protección de un menor o la detección de trata.

La sentencia que cambió el cálculo

El 29 de junio de 2026, el Tribunal Supremo resolvió el caso de un ciudadano argelino interceptado en el mar mientras nadaba hacia Ceuta y entregado a Marruecos. La resolución hizo una lectura literal de la norma: el rechazo en frontera se aplica a quien intenta entrar superando elementos de contención fronterizos. Como aquel hombre no había superado ninguno, correspondía la devolución con sus garantías, no el rechazo.

El Supremo añadió, sin embargo, que la norma podría aplicarse también en el mar si existieran elementos de contención marítimos y fueran superados.

Un mes después, la frontera se desbordó y ambos gobiernos señalaron a ese fallo. Aunque cuánto influyó es discutible, su efecto administrativo no: sin un elemento de contención que pueda ser superado, hay que tramitar la devolución individualmente.

Interior reaccionó deprisa. El 1 de agosto comenzó a instalar una barrera neumática y boyas de contención en el espigón del Tarajal. Con ellas crea precisamente el presupuesto físico que faltaba en el caso resuelto por el Supremo. Queda por ver qué ocurre con quien las rodee.

Plazos según los casos

Cuando todo encaja, un adulto interceptado al entrar ilegalmente en España puede estar de vuelta el mismo día. Basta que falle una pieza para que el calendario se alargue. La detención no puede superar 72 horas y, a partir de ahí, el internamiento requiere autorización judicial y puede llegar a 60 días.

El acuerdo bilateral de 1992 permite solicitar a Marruecos la readmisión de nacionales de terceros Estados llegados desde su territorio si la petición se cursa en diez días y se acredita esa procedencia. Sin identificación o documentación suficientes, el retorno se vuelve muy difícil. Si la persona pide protección internacional, la devolución se suspende. Y si es un menor, el acuerdo de 2007 da a España un mes para pedir el informe familiar y a Marruecos tres meses para identificarlo.

En 2025 la Unión Europea dictó 491 950 órdenes de salida y ejecutó 135 460 retornos a terceros países: menos del 28 % de las órdenes de salida dictadas.

Dónde se atasca

El primer cuello de botella es de la plantilla. Individualizar obliga a repetir por cada persona la identificación, el abogado de oficio, el intérprete, la audiencia y la resolución. Ceuta no llega a 90 000 habitantes y su colegio de abogados es pequeño. Multiplicar eso por miles desborda la estructura ordinaria.

El segundo es el reloj. Ceuta carece de centro de internamiento, y ni el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ni las instalaciones de acogida de urgencia cumplen esa función. Si el expediente no puede cerrarse a tiempo, la persona permanece en la ciudad mientras se tramita.

El tercero son los menores. A un menor no acompañado no se le expulsa ni se le devuelve como a un adulto. Queda bajo tutela, interviene el Ministerio Fiscal, debe ser escuchado y solo cabe repatriarlo cuando su interés superior quede garantizado mediante reunificación familiar o servicios de protección adecuados en origen.

En 2024 el Supremo declaró ilegales las devoluciones de menores desde Ceuta en 2021 por haberse prescindido del procedimiento, y habló de expulsión colectiva prohibida por el Convenio Europeo.

Qué cabe hacer

La primera tarea corresponde al legislador: aclarar el alcance del régimen especial en el perímetro marítimo e incorporar expresamente, en su caso, las garantías fijadas por el Constitucional. Una instrucción interna y unas boyas pueden resolver el problema operativo inmediato, pero no eliminan las dudas sobre el alcance de la norma.

Hay después un frente operativo. Un protocolo para llegadas masivas acordado con el Poder Judicial, la Fiscalía y la abogacía permitiría desplazar letrados e intérpretes en cuestión de horas. Individualizar no está reñido con ir deprisa cuando existen medios.

Queda por decidir qué capacidad de retención conforme a derecho necesita Ceuta. Sin ella, las 72 horas convierten cualquier plan de retorno masivo en una carrera contra el reloj. La nueva regulación europea sobre retorno, acordada provisionalmente este año por el Consejo y el Parlamento, tampoco elimina esas exigencias.

Nada de esto es un alegato contra el control de la frontera. Saltarse las garantías no resuelve nada: puede generar anulaciones, condenas y años de litigios, y deja intacta la dificultad operativa. La frontera no es un espacio sin derecho.

The Conversation

Jordi Regí Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El laberinto burocrático de las devoluciones de migrantes: por qué España no puede expulsar sin más a quienes entran – https://theconversation.com/el-laberinto-burocratico-de-las-devoluciones-de-migrantes-por-que-espana-no-puede-expulsar-sin-mas-a-quienes-entran-291396

El planeta negro TrES-2b, un mundo de eterna oscuridad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

El planeta más oscuro, TrES-2, localizado en el campo de visión del telescopio espacial Kepler. NASA/Ames/JPL-Caltech, CC BY

¿Puede existir un planeta tan oscuro que parezca desaparecer en el espacio? Aunque ningún planeta conocido absorbe literalmente toda la luz que recibe, algunos se acercan sorprendentemente a ese límite. Y entre ellos destaca TrES-2b.

TrES-2b, situado a unos 750 años luz de la Tierra, es un gigante gaseoso de tamaño similar a Júpiter que ostenta un récord sorprendente: es el planeta más oscuro jamás descubierto. Aunque supera los 1 100 °C y emite un tenue resplandor rojizo, su atmósfera, rica en vapor de sodio, óxido de titanio y posiblemente partículas de hollín, absorbe casi toda la luz que recibe, haciéndolo más negro que el carbón.

Su estudio ha revelado hasta qué punto la atmósfera de un planeta puede modificar su apariencia y ha abierto una ventana a algunos de los ambientes más extremos conocidos fuera del Sistema Solar.

El fin del brillo

Durante mucho tiempo, los astrónomos asumieron que los planetas gigantes gaseosos serían relativamente brillantes. Al fin y al cabo, en nuestro Sistema Solar, Júpiter y Saturno reflejan una parte apreciable de la luz solar gracias a las nubes presentes en sus atmósferas. Sin embargo, el descubrimiento de exoplanetas ha demostrado que la naturaleza puede producir mundos muy diferentes.

TrES-2b fue descubierto en 2006 mediante el método del tránsito, que detecta la disminución de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella.




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Las observaciones realizadas posteriormente revelaron una característica inesperada: el planeta reflejaba una cantidad extraordinariamente pequeña de luz visible. De hecho, es tan oscuro que refleja menos del 1 % de la radiación que recibe.

La explicación más probable de este fenómeno combina varios factores. En primer lugar, las altísimas temperaturas de TrES-2b impiden la formación de nubes brillantes que podrían reflejar la luz estelar. Además, la atmósfera contiene átomos de sodio y potasio gaseosos, y otras moléculas capaces de absorber eficazmente la radiación visible. Sin superficies sólidas ni nubes reflectantes, gran parte de la luz penetra en las capas profundas de la atmósfera y queda atrapada en forma de calor.

Este resultado sorprendió a la comunidad científica porque incluso muchos de los cuerpos más oscuros conocidos presentan una reflectividad superior. En términos visuales, TrES-2b sería más oscuro que el carbón y comparable a algunos de los materiales artificiales más absorbentes desarrollados por el ser humano.

El albedo: medir la oscuridad de un mundo

La propiedad que permite cuantificar cuánta luz refleja un objeto se denomina albedo. Un albedo de 1 corresponde a un cuerpo que refleja toda la luz, mientras que un albedo de 0 indicaría que toda la luz incidente es absorbida.

Los planetas cubiertos por nubes brillantes suelen presentar albedos elevados. Venus, por ejemplo, refleja gran parte de la radiación solar gracias a su espesa capa de nubes de ácido sulfúrico. La Tierra también posee un albedo relativamente alto debido a las nubes, los océanos y las superficies heladas.

TrES-2b se sitúa en el extremo opuesto. Su albedo es tan bajo que apenas devuelve luz al espacio. Esta característica lo convierte en uno de los mejores ejemplos conocidos de lo que popularmente podría denominarse un “planeta negro”.

Sin embargo, conviene matizar que no es completamente invisible. Debido a las enormes temperaturas que alcanza, el planeta emite una tenue luz rojiza generada por su propio calor. Es decir, aunque absorbe casi toda la luz que recibe de su estrella, también brilla ligeramente por la energía acumulada en su atmósfera.




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Absorción térmica extrema

La oscuridad de TrES-2b no es solo una curiosidad visual. También tiene consecuencias importantes para su clima.

Cuando un planeta refleja poca luz, absorbe una mayor proporción de la energía procedente de su estrella. Este fenómeno favorece una absorción térmica extrema, elevando la temperatura atmosférica hasta valores superiores a los mil grados Celsius.

La energía absorbida modifica la química de la atmósfera, altera los patrones de circulación y puede dificultar aún más la formación de nubes reflectantes. Los investigadores creen que podría existir un “mecanismo de retroalimentación”: la ausencia de nubes reduce el albedo; el bajo albedo incrementa la absorción de energía; y las altas temperaturas dificultan de nuevo la aparición de nubes.

El resultado es una atmósfera extraordinariamente caliente y oscura, muy distinta de cualquier entorno planetario presente en nuestro Sistema Solar.

Más allá de TrES-2b

Los planetas negros permiten estudiar cómo interactúan la radiación, la química atmosférica y la dinámica climática en condiciones extremas. También ayudan a mejorar los modelos utilizados para interpretar las observaciones de exoplanetas lejanos.

A medida que los telescopios actuales y futuros sean más precisos, es probable que aparezcan nuevos ejemplos de planetas extremadamente oscuros. Y podremos detectarlos, aunque parezcan desaparecer confundiéndose en la oscuridad del universo.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El planeta negro TrES-2b, un mundo de eterna oscuridad – https://theconversation.com/el-planeta-negro-tres-2b-un-mundo-de-eterna-oscuridad-284671