Grupos de padres y madres en WhatsApp: ¿oportunidad o desafío para la convivencia escolar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Gasco Capitán, Profesora Asociada (Teoría e Historia de la Educación), Universidad Rey Juan Carlos

Miguel, padre de tres hijos, llega a casa al finalizar la jornada y, mientras prepara la cena, consulta rápidamente el teléfono móvil. Entre las distintas notificaciones destaca una especialmente activa, el grupo de WhatsApp Los mejores del cole. Al abrirlo, descubre que se han acumulado más de ciento cincuenta mensajes en apenas una hora.

Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: “¿Cuándo hay que llevar la maqueta de los planetas?”. En pocos minutos aparecieron una avalancha de respuestas de todo tipo. Algunas familias recordaban una fecha, otras creían que era otra distinta. Pronto surgieron nuevas dudas sobre el tamaño de la maqueta, los materiales permitidos, si debía realizarse individualmente o en grupo y si era obligatorio incluir todos los planetas del sistema solar.

Lo que había comenzado como una simple consulta terminó convirtiéndose en una conversación extensa en la que convivían informaciones correctas, interpretaciones personales y nuevas preguntas.

La comunicación digital y la comunidad escolar

Hace algunos años, una duda sobre el proyecto de Ciencias probablemente habría seguido un recorrido muy diferente. Miguel habría esperado a la salida del colegio para preguntar a otra familia o habría anotado la consulta en su agenda para plantearla a la tutora al día siguiente. La respuesta llegaría más tarde, pero también con menos intermediarios.

Hoy, la misma pregunta sobre cuándo entregar la maqueta de los planetas, qué materiales utilizar o si debía incluirse todo el sistema solar puede generar en cuestión de minutos decenas de mensajes, opiniones y nuevas consultas compartidas simultáneamente por un abundante grupo de familias. La información circula con mayor rapidez que nunca y el reto consiste en que la comprensión y el contexto no queden rezagados.

Nuevos espacios de interacción

La comunicación digital ha creado nuevos espacios de interacción. En el caso de centros educativos los grupos de mensajes instantáneos (sean Whatsapp, Telegram, u otras opciones) cumplen funciones útiles como compartir información, resolver dudas cotidianas, organizar actividades y favorecer, en suma, el acompañamiento entre familias. A menudo potencian el apoyo mutuo y la colaboración comunitaria.

Sin embargo, investigaciones sobre ciudadanía digital
advierten que estos nuevos entornos comunicativos también pueden generar dinámicas complejas que requieren una reflexión pausada. La conectividad permanente favorece la participación y la colaboración, pero también puede propiciar presión social y dificultades para interpretar adecuadamente los mensajes. En esta línea, Daniel Innerarity advierte en Una teoría crítica de la inteligencia artificial del desafío de gestionar entornos cada vez más acelerados, automatizados y condicionados por dinámicas digitales que afectan a la forma de interpretar la realidad y relacionarnos con los demás.

¿De qué manera pueden los grupos de WhatsApp de familias contribuir o desgastar la convivencia escolar?

La inmediatez y la pérdida de contexto

La comunicación digital es rápida, pero la velocidad comunicativa favorece interpretaciones parciales y procesos de amplificación emocional difíciles de contextualizar. Situaciones cotidianas que probablemente requerían más tiempo, matices o, incluso, una conversación directa, terminan desarrollándose en entornos condicionados por la inmediatez.

Cuando la conversación avanza más rápido que la posibilidad de contrastar la información, la percepción de incertidumbre tiende a multiplicarse.




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Además, la comunicación escrita elimina elementos esenciales de la interacción humana como el tono de voz, los gestos y determinados matices emocionales que los “emojis” no son capaces de registrar. Una frase breve puede interpretarse de maneras diferentes según quien la reciba, y mensajes emitidos con una intención constructiva pueden producir efectos distintos a los esperados. La tecnología facilita la conexión, pero conectar no siempre significa comunicarse mejor.

Efecto en las relaciones del entorno educativo

Aunque estos espacios digitales estén integrados por adultos, sus dinámicas comunicativas pueden proyectarse indirectamente sobre el alumnado.

Los menores no permanecen ajenos al clima emocional que se genera en los entornos familiares, escolares y digitales. Cuando determinadas dinámicas comunicativas se prolongan, algunos niños y adolescentes pueden experimentar sentimientos de inquietud y vulnerabilidad.

No resulta difícil imaginar a una niña que llega preocupada al colegio después de haber escuchado en casa comentarios sobre una discusión mantenida entre adultos en torno a una actividad escolar o un conflicto entre compañeros. Inconscientemente, la emoción transmitida es más intensa que la información realmente comprendida, generando pesadumbre allí donde quizá solo existía una preocupación puntual.

Percepciones sesgadas

Existe, además, otro aspecto especialmente delicado. Se trata de la construcción de percepciones colectivas sobre situaciones escolares o conflictos sin disponer siempre de toda la información necesaria.

Basta una frase aparentemente inocente como “creo que al final no habrá excursión al Planetario” para convertirse en el punto de partida de un extenso diálogo digital. Lo que comienza como un comentario aislado termina propiciando preguntas, interpretaciones y explicaciones alternativas que circulan con rapidez entre familias.




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Irremediablemente, la percepción colectiva se construye antes incluso de que la información haya podido ser contrastada. Comprender estas dinámicas exige mirar más allá de la tecnología y centrarse en la responsabilidad que cada persona asume en los espacios compartidos.

Ciudadanía digital y corresponsabilidad comunicativa

Resulta pertinente proponer la idea de liderazgo cívico digital para referirse a la responsabilidad que asumen las personas en la configuración de los espacios de interacción online y en la construcción de comunidades basadas en la confianza, el respeto y la corresponsabilidad.

No se refiere únicamente al liderazgo formal de instituciones o equipos directivos, sino más bien a la capacidad que tiene cualquier persona para influir en los espacios compartidos, incluidos los virtuales. Las familias desempeñan un papel relevante como referentes de ciudadanía digital.

Las investigaciones sobre relaciones psicosociales muestran que los contextos comunicativos basados en la cooperación, el respeto y la corresponsabilidad favorecen conductas prosociales en los menores, como la empatía, la ayuda mutua o el cuidado del bienestar ajeno.

Educar también en la manera de comunicarnos

La educación no ocurre únicamente dentro del aula. También se construye a través de las relaciones cotidianas y de los modelos de interacción que el alumnado observa en sus entornos de referencia.

En una sociedad hiperconectada, la identidad digital comienza a configurarse desde edades cada vez más tempranas. Los menores aprenden progresivamente que la forma de comunicarse y relacionarse en espacios virtuales tiene consecuencias emocionales, sociales y relacionales. Y aprenden, sobre todo, de sus padres y madres, docentes, y de observarles cómo gestionar malentendidos o responder a determinadas situaciones complejas.




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Para ayudarles a desarrollar competencias vinculadas a la empatía “online”, la responsabilidad comunicativa, el pensamiento crítico y la conciencia sobre el impacto que las interacciones digitales pueden generar en los demás. ¿Qué debe hacer un padre o una madre en sus comunicaciones en los grupos de la escuela?

En muchas ocasiones, pequeñas decisiones comunicativas pueden contribuir a mejorar la convivencia digital: contrastar la información antes de compartirla, evitar respuestas impulsivas, recurrir a la conversación directa cuando una situación lo requiere y recordar que detrás de cada mensaje existen personas y circunstancias cuya complejidad no siempre conocemos.

The Conversation

Laura Gasco Capitán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Grupos de padres y madres en WhatsApp: ¿oportunidad o desafío para la convivencia escolar? – https://theconversation.com/grupos-de-padres-y-madres-en-whatsapp-oportunidad-o-desafio-para-la-convivencia-escolar-281761

Del ‘fast fashion’ al lujo silencioso: el juego del lenguaje en la industria de la moda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Sádaba, Dean at ISEM Fashion Business School, Universidad de Navarra

Creative Lab/Shutterstock

John Galliano ha fichado por Zara y ese movimiento ha revolucionado el sector de la moda. Es cierto que ya habían existido colaboraciones y colecciones cápsula (compuestas por pocas prendas, funcionales, versátiles y combinables entre sí) de muchos diseñadores en distintas marcas, pero en este caso se trata de un enfant terrible de la moda, con un genio creativo potente y controvertido que pasa a trabajar en una firma que, hasta hace no mucho se consideraba fast fashion puro y duro.

Ahora, Galliano trabajará en Zara durante dos años (en principio) con un propósito claro: reinterpretar los clásicos de la casa en un esfuerzo por crear iconos y ofrecer relevancia a la marca.

Del lujo a la moda ultra rápida

Lujo asequible, lujo silencioso, lujo artesanal, lujo experiencial, premium, smart luxury. Cuando a un nombre (lujo) se le ponen demasiados apellidos es que necesita tantos matices que no acaba de convencer del todo. La cuestión aquí no es una mera discusión sobre cómo llamar al lujo y eso resulta relevante por dos motivos:

  1. Por el posicionamiento de las marcas, del que dependen muchas estrategias de negocio.

  2. Por la conversación y las lecturas en torno a estos nombres.

Las colaboraciones entre marcas y diseñadores de alta costura, como las que en su día han hecho H&M, Uniqlo, Adidas o Nike, demuestran que los límites de las categorías usadas por la moda son cada vez más difíciles de contener: ¿dónde están las fronteras entre el lujo y la moda rápida? Es más, ¿realmente sirven esas categorías para definir lo que sucede?

Esas etiquetas rígidas resultan insuficientes para explicar el actual mercado híbrido de la moda, donde el valor percibido, la velocidad y las estrategias se entrelazan.

El lujo y sus múltiples formas

Hace más de un siglo, las obras clásicas del estadounidense Thorstein Veblen (1899) sobre el consumo conspicuo (la adquisición de bienes y servicios de lujo para exhibir riqueza y estatus, en lugar de por necesidad), y del alemán Georg Simmel (1904)
sobre la moda como modo de diferenciación social, establecieron que el lujo operaba como un sistema de distinción. Así, su valor radicaba no en la utilidad sino en la exclusión.

Sin embargo, en el siglo XXI, el modelo de grandes conglomerados del lujo (LVMH, Kering, Richemont, etc.) desmanteló ese mecanismo desde dentro, como explica el sociólogo francés Frederic Godart. La necesidad de volumen en el negocio hizo que el lujo jugara a la moda y que a través de los perfumes, el maquillaje y accesorios como cinturones, pañuelos o carteras –productos entry-level, para entrar en el mundo del lujo– se generara la idea de lujo accesible.

Como consecuencia, el concepto de lujo funciona como significante variable. Una marca puede reclamar el estatus de lujo apelando a su historia (herencia), a sus materiales (calidad), a su precio (exclusividad) o a su hacer (artesanía) sin que ninguno de estos criterios sea necesario ni suficiente.

Lo mismo sucede con el término fast fashion, un concepto que no termina de definir un modelo preciso, puesto que es el cajón de sastre para muchas marcas masivas que responden a los deseos del consumidor de modo acelerado. Aceleración que, por cierto, Gilles Lipovetsky y Elyette Roux
decían ya en 2004 que es la dinámica de cualquier sector, incluido el lujo, cuando necesita volumen para cumplir sus expectativas económicas.

En este entorno, otro concepto recurrente, pero más en desuso y menos sectorial es el de low cost, ligado a los precios democráticos de finales de los noventa. Y, décadas más tarde la ultra fast-fashion, que opera con lógicas de demanda algorítmica.

Marcos conceptuales y moda

Según la teoría del encuadre (framing), en el proceso de comunicación se seleccionan algunos aspectos de la realidad en detrimento de otros para definir un problema y sus causas, y proponer soluciones. Si los encuadres omiten algunos aspectos de la realidad, entonces, para definirla, hay que tener en cuenta tanto lo que describen como lo que dejan fuera.

La moda no es lugar de discurso sino de tendencias y productos, en el que el juego del lenguaje no es una prioridad. Pero empieza a verse que, en la era de la comunicación y de la creación constante de contenido, es cada vez más relevante.

Ya sucedió en el sector con el concepto de sostenibilidad, que al ser tan polisémico pronto se vació de contenido. El hecho de no concertar una definición común ha tenido consecuencias regulatorias y estratégicas para muchas empresas. Por ejemplo, se ha pasado del greenwashing al greenhushing, o sea, del maquillaje de logros en sostenibilidad al silencio comunicativo por miedo a las repercusiones legales.

Un nuevo lenguaje

Colecciones, drops, temporadas, pasarela… ¿Qué significado tienen estas palabras hoy? Hace unos años, Frank Luntz escribió el libro Words that work (“Palabras que funcionan”). El subtítulo de la obra era este:

“No es lo que dices sino lo que la gente entiende”.

Quizás ha llegado el momento de reflexionar sobre cómo el mundo de la moda se explica a sí mismo y cómo se entiende. No se trata de una cuestión académica: es un problema político, económico y cultural. Resolverlo empieza, necesariamente, por reconocerlo; aceptar que las categorías de la moda no son naturales sino históricas, que surgieron en contextos específicos y pueden volverse obsoletas.

Entender con honestidad que las prácticas del sector han cambiado y que el anclaje en las viejas estructuras solo lo alejará de un consumidor que no encuentra significado en los marcos establecidos es un primer paso para dar el salto de la semántica a la realidad.

The Conversation

Teresa Sádaba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del ‘fast fashion’ al lujo silencioso: el juego del lenguaje en la industria de la moda – https://theconversation.com/del-fast-fashion-al-lujo-silencioso-el-juego-del-lenguaje-en-la-industria-de-la-moda-278763

Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Marta Czarczynska, Profesora de Economía y Empresa, Universidade da Coruña

Petroleros en el estrecho de Ormuz. Boukhatala Chamseddine/Shutterstock

Tras poco más de 100 días de bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero, el precio del crudo sigue una trayectoria de gran volatilidad. Las pérdidas acumuladas de suministro de los productores del Golfo superan ya el millar de millones de barriles, con más de 14 millones de barriles diarios paralizados, un choque de oferta sin precedentes.

El déficit acumulado de inventarios es histórico. Según el Informe del Mercado del Petróleo de la IEA de mayo de 2026, las reservas mundiales cayeron 129 millones de barriles en marzo y 117 millones en abril, el ritmo de agotamiento de inventarios más rápido jamás registrado. El déficit total de petróleo podría alcanzar los 900 millones de barriles en septiembre de 2026, y para reconstruir las reservas agotadas se necesitaría aproximadamente un millón de barriles diarios de superávit durante los próximos tres años.

El mundo está viviendo una de las mayores perturbaciones energéticas de la historia que, debido a su magnitud y duración, tendrá graves repercusiones a corto y largo plazo. El mayor problema no es el precio de los derivados del petróleo, sino su escasez.

Dónde se deja sentir más la crisis energética

El estrecho de Ormuz es (o mejor dicho era) un punto clave en el mapa del comercio mundial del petróleo. Por él transita alrededor del 20 % de la producción mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL). Aunque la mayor parte del petróleo que pasa por Ormuz se destina a Asia (China, India, Japón y Corea del Sur), una parte significativa también llega a Europa.

En cuanto al suministro de GNL, el sur de Asia se enfrenta a enormes perturbaciones: el 99 % de las importaciones de Pakistán provienen de Catar y los Emiratos Árabes Unidos, así como el 72 % de las de Bangladés y el 53 % de las de la India.

En cuanto al combustible de aviación, Asia importa del golfo Pérsico casi la totalidad del queroseno que utiliza ,y es casi la mitad del que importan la UE y el Reino Unido.

En el caso de este producto, además del precio está la escasez física, pues con Ormuz cerrado no hay suministros y, además, el combustible de aviación no se puede almacenar fácilmente.

Las consecuencias para las economías

Debido a la escasez de materias primas, el precio del petróleo ha subido un 50 % de media a nivel mundial, mientras que el precio de combustible de aviación se ha duplicado. Una tregua puede suponer un retroceso en los precios, pero no hay posibilidad de volver al nivel inicial (efecto cohete–pluma).




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Cabe esperar un alza sostenida en los precios, aunque quizá no tan grande como durante las crisis del petróleo de los años 70. De hecho, a nivel global ya estamos observando una destrucción de la demanda. Este proceso comenzó con el aumento de los precios del petróleo, que en la práctica funciona como un impuesto directo para los hogares y empresas. Al hacer mermar el poder adquisitivo, esas subidas hacen caer la demanda de otros productos, lo que puede dar lugar a una desaceleración económica. A esto se añade la caída del nivel de optimismo y la pérdida de confianza de los ciudadanos en la economía.

La disminución prevista de la demanda de 1,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026 sería la más acusada tras las de la pandemia de la covid-19 y el estallido de la guerra en Ucrania.

A medida que persistan los desabastecimientos y los precios elevados, se extenderá la caída de la demanda. Se están revisando a la baja las previsiones de producción industrial y los niveles estimados de inversión, y la subida de los precios se ve reflejada en las expectativas de inflación.

El fortalecimiento del dólar, derivado de la subida prevista de los tipos de interés y del aumento de la inflación, animará a los inversores a desplazarse hacia la deuda estadounidense. El dólar caro seguirá con nosotros, ya que Europa y Asia pagarán más por la energía que importan.

Los sectores afectados

Los daños provocados por los ataques no se limitan a las instalaciones de producción de petróleo y a las alteraciones logísticas. La crisis afecta también a otros sectores:

  • Aviación y turismo: la subida del combustible y el funcionamiento limitado de los aeropuertos en Oriente Próximo ha contraído la demanda.

  • Automoción: en Europa crece la demanda de coches eléctricos, especialmente de segunda mano, con un incremento de entre 40 y 70 %. La cuestión es que las empresas automotrices europeas realizaron recortes considerables en sus planes de electrificación.

  • Industria: mientras que en Pakistán se está frenando la industria textil, en China cae la producción de ropa, juguetes y otros productos de plástico. Además, Oriente Próximo también representa un tercio de la producción mundial de fertilizantes nitrogenados (para lo cual se necesitan enormes cantidades de gas), lo que se traduce en fertilizantes más caros y, consecuentemente, mayores costes de producción agrícola.
    Por último, en Catar se ha destruido una planta de producción de helio (una de las 34 materias primas críticas para la UE) responsable de un tercio de la producción mundial. El helio líquido se utiliza en resonancias magnéticas, soldadura, pero sobre todo en la fabricación de procesadores y chips –para tecnologías de la información e IA– y principalmente en Taiwán, que representa el 60 % del mercado mundial de semiconductores y hasta el 90 % del mercado de procesadores.

¿Y ahora qué?

Si hoy mismo se restableciese la normalidad en Ormuz, el retorno a los niveles normales de producción de los yacimientos afectados podría llevar entre cuatro y cinco meses, lo que propiciará el agotamiento de las reservas. Los daños sufridos por la capacidad de refinería y el complejo de GNL de Catar implican que la plena recuperación de la infraestructura energética regional podría llevar años.

La Agencia Internacional de la Energía estima que el 80 % de las instalaciones de la región están dañadas y que el 10 % de la producción mundial de petróleo ha quedado totalmente fuera de servicio durante al menos dos años. El mercado seguirá sintiendo los efectos del bloqueo del transporte marítimo, incluso mucho después de que este se levante.

Los efectos de la guerra no se reflejarán en la coyuntura global hasta los próximos meses y, a pesar de ello, las bolsas parecen considerar que la mayor amenaza geopolítica ya ha pasado y que la economía mundial se las arreglará, incluso con un petróleo caro. En Europa, esta situación ha obligado a los gobiernos a intervenir, ya sea mediante la reducción de los impuestos indirectos o la imposición de precios máximos.

El vaso medio lleno

Ante la crisis, Asia busca nuevos proveedores mientras Estados Unidos aumenta su producción y espera superar el récord de 2025 de 13,6 millones de barriles diarios.

Los márgenes de refino han aumentado temporalmente, pues las diferencias de precios en los destilados medios han alcanzado máximos históricos. Todos pagamos por esta guerra, pero los grandes actores salen ganando. La petrolera saudí Saudi Aramco, la rusa Gazprom y la estadounidense Exxon Mobil prevén obtener este año unos 234 000 millones de dólares en beneficios adicionales.

Entre los posibles beneficiados, también hay que incluir a España, que espera un crecimiento récord del turismo.

Cambio de hábitos

En esta situación, lo más importante es el tiempo. Si el periodo de incertidumbre se prolonga lo suficiente cambiarán los hábitos de los ciudadanos como ya ha pasado antes. Tras las dos crisis del petróleo de los años 70, cuando el precio del barril de crudo se disparó un 400 %, Europa se pasó a los coches pequeños, y apostó por el desarrollo de la energía nuclear y la explotación de nuevos yacimientos de materias primas energéticas. Las consecuencias de aquella crisis incluyen también la popularidad de las bicicletas, el cambio horario y el concepto de eficiencia energética.

De momento parece haber una tendencia a un menor consumo, y el mantenimiento de los precios elevados. A más de 100 días del bloqueo, el mundo enfrenta simultáneamente el mayor choque energético registrado, una inflación reemergente con riesgo de estanflación, un agotamiento sin precedentes de las reservas estratégicas de petróleo y perturbaciones en cadena que van desde los fertilizantes hasta los chips.

The Conversation

Anna Marta Czarczynska no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz – https://theconversation.com/como-ha-cambiado-el-mercado-del-petroleo-y-el-gas-tras-100-dias-de-cierre-del-estrecho-de-ormuz-284201

¿Cómo se sabe cuándo empieza una era geológica y cuándo acaba?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Blanca María Martínez García, Doctora en Geología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Detalle de la marca conocida como «clavo dorado», que señala sobre el terreno el punto exacto del límite (las perforaciones cilíndricas en los estratos por encima y por debajo del límite corresponden a muestras tomadas para análisis paleomagnéticos). Bahudhara / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Los casi 4 600 millones de años de la historia de la Tierra son como un gran libro de aventuras, donde cada página es una capa de rocas. Y, como toda buena novela, esta historia también está dividida en partes: capítulos, subcapítulos, secciones, párrafos… De esta manera podemos seguir mejor el hilo narrativo, comprendiendo cómo, cuándo y por qué han sucedido todos los cambios que han modelado nuestro planeta.

Continuando con este símil, podemos equiparar las eras geológicas con subcapítulos que nos cuentan la historia terrestre. Pero, para entenderlo, vamos a empezar por el principio.

Una tabla utilizada como calendario oficial de la Tierra

La tabla cronoestratigráfica internacional, también llamada “tabla de los tiempos geológicos”, es una escala que ordena la historia geológica de la Tierra. Para ello, emplea una jerarquía de subdivisiones temporales, de mayor a menor nivel.

Su definición y actualización está supervisada por la Comisión Internacional de Estratigrafía, que es un organismo científico del ámbito de la geología. Uno de los criterios que emplea esta organización para definir las divisiones de la tabla son las unidades geocronológicas. Esta palabra procede del griego y se traduce como “estudio del tiempo de la tierra”.

Por tanto, estas unidades son intervalos de tiempo cuyos puntos de inicio y final se definen como edades absolutas en millones de años ocurridos antes de la actualidad. Su valor numérico se calcula gracias a la datación radiométrica de las rocas, un método que funciona como una especie de “reloj atómico”, aprovechando la desintegración natural y constante de la materia.

Dividamos las unidades de tiempo en geología

Las eras geológicas son una de las unidades geocronológicas en las que compartimentamos la historia de la Tierra. En primer lugar están los eones, que abarcan periodos de cientos a miles de millones de años. Las eras propiamente dichas son las unidades de segundo nivel, y comprenden de decenas a cientos de millones de años de historia.

En la tabla cronoestratigráfica internacional más actualizada podemos encontrar diez eras geológicas que, de más antigua a más moderna, son:

  • Dentro del eón Arcaico: Eoarcaica (desde hace 4 031 millones de años hasta hace 3 600 millones de años), Paleoarcaica (3 600-3 200 millones de años), Mesoarcaica (3 200-2 800 millones de años) y Neoarcaica (2 800-2 500 millones de años).

  • Dentro del eón Proterozoico: Paleoproterozoica (2 500-1 600 millones de años), Mesoproterozoica (1 600-1 000 millones de años) y Neoproterozoica (1 000-539 millones de años).

  • Dentro del eón Fanerozoico: Paleozoica (539-252 millones de años), Mesozoica (252-66 millones de años) y Cenozoica (66 millones de años hasta la actualidad).

¿Cómo se definen los límites entre las eras geológicas?

Al ser divisiones mayores de la tabla de los tiempos geológicos, los límites entre las eras se basan en grandes cambios en la historia de la Tierra. En otras palabras, lo que nos vamos a encontrar en las rocas a partir de este momento va a ser muy diferente de lo que hemos visto anteriormente. Además, estos cambios deben tener un registro global. Es decir, tienen que quedar preservados en las rocas presentes en todo el mundo.

Existen tres tipos de eventos globales que se utilizan para definir los límites entre las eras geológicas: los cambios biológicos, los cambios ambientales y los cambios tectónicos.

Los cambios biológicos se refieren a eventos de extinciones masivas o a grandes procesos evolutivos. Son transformaciones que quedan marcadas en las rocas gracias al contenido fósil. Este es el principal criterio para definir los momentos de inicio de las tres eras del eón Fanerozoico:

  • El comienzo de la era Paleozoica se caracteriza por el evento denominado “explosión del Cámbrico”, la primera aparición de organismos complejos, con caparazones robustos y capaces de enterrarse en el barro del fondo marino.
Ejemplar de un trilobites, uno de los grupos de organismos extintos a finales de la Era Paleozoica.
Dwergenpaartje/wikimedia, CC BY-SA
  • El límite entre la era Paleozoica y la era Mesozoica está marcado por la extinción del Pérmico-Triásico, la mayor extinción masiva de la que se tiene registro en la historia de la Tierra. Desapareció más del 95 % de las especies del planeta, por lo que se la denomina “la Gran Mortandad”.

  • Y el límite entre la era Mesozoica y la era Cenozoica se define por la quinta y última extinción masiva de los últimos 500 millones de años: la extinción del Cretácico-Paleógeno. Aquí desaparecieron más del 75 % de las especies, incluido el grupo que la ha hecho famosa: los dinosaurios no avianos (los que no eran aves).

En segundo lugar, los cambios ambientales o climáticos extremos incluyen aquellos eventos que modificaron la composición atmosférica u oceánica a escala planetaria.

Formación de Hierros Bandeados. Mineralizaciones de óxidos de hierro generadas durante el Gran Evento Oxidativo de la Era Paleoproterozoica.
André Karwath/Wikimedia, CC BY-SA

Un ejemplo muy llamativo es el “Gran Evento Oxidativo”, que marca el inicio de la era Paleoproterozoica. De manera resumida, consistió en la formación de una atmósfera con grandes cantidades de oxígeno gaseoso gracias a la actividad fotosintética de unos microorganismos llamados cianobacterias. Esto condicionó toda la evolución de la vida en nuestro planeta a partir de ese momento.

Y en tercer lugar, los cambios tectónicos son los procesos provocados como consecuencia del movimiento de las placas tectónicas. En especial, se refieren a la formación de grandes supercontinentes y cordilleras. El evento que define el límite entre las eras Eoarcaica y Paleoarcaica se incluye en este grupo: fue entonces cuando se formó el primer supercontinente de la historia de la Tierra, llamado Vaalbará.

Reconstrucción del supercontinente Vaalbará formado a inicios de la Era Paleoarcaica.
D A R C 12345/Wikimedia, CC BY-SA

Los clavos dorados

En la tabla de los tiempos geológicos que hemos visto, aparecen unas chinchetas amarillas al lado de la edad absoluta de los límites entre dos de las subdivisiones de menor nivel. Se trata de los “clavos dorados”.

Este símbolo indica que, para esa subdivisión, se ha definido un estratotipo. Con este nombre tan complicado se conoce a las capas de rocas que mejor registran ese límite en todo el mundo. Lo cual no es nada fácil, porque tales rocas tienen que cumplir unos requisitos geológicos muy estrictos:

  1. Presentar un registro temporal continuo y detallado, sin interrupciones en la historia que nos están contando.

  2. Estar bien conservadas y aparecer en un lugar accesible para todo el mundo.

  3. Registrar señales claras y reconocibles a nivel mundial, como la aparición o desaparición de ciertos fósiles, cambios químicos o eventos geológicos muy importantes.

  4. Poder ser datadas de manera precisa con una edad absoluta en millones de años. Así funcionan como un “reloj geológico” para el resto del mundo.

Gracias a estas características, los geólogos podemos reconocer estos cambios temporales en las rocas que encontramos en otros lugares del planeta. Y la manera de destacar estos estratotipos es colocando en ellos un clavo dorado.

En la península ibérica, se han definido siete estratotipos, señalados con sus correspondientes clavos dorados. Los podemos encontrar en las provincias de Murcia, Sevilla, Guadalajara, Navarra, Bizkaia y en Gipuzkoa (dos).

Las tres eras geológicas del eón Fanerozoico tienen secciones con clavos dorados, pero para las eras anteriores aún no se han encontrado lugares donde las rocas más antiguas cumplan con todos los requisitos que hemos comentado antes. Por lo general, suelen estar muy alteradas, apenas contienen fósiles, no aparecen en secciones temporales continuas y no están bien conservadas.

Así que, a pesar de ser las que nos cuentan la mayor parte de la historia de la Tierra, se tienen que quedar sin su “chincheta de color amarillo”.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Blanca María Martínez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo se sabe cuándo empieza una era geológica y cuándo acaba? – https://theconversation.com/como-se-sabe-cuando-empieza-una-era-geologica-y-cuando-acaba-283003

¿Es seguro conservar el pescado en envases de plástico? Esto dice un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ethel Eljarrat, Profesora de Investigación del Departamento de Química Ambiental, Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA – CSIC)

Rimma Aberten/Shutterstock

Cuando compramos un filete de salmón o una merluza fresca en el supermercado, nuestra prioridad suele ser mantener la cadena de frío para evitar la presencia de bacterias. Sin embargo, no solemos pensar en la posible contaminación de estos alimentos debido al uso de envoltorios para mantener los alimentos conservados. Cuando guardamos el pescado en nuestra nevera o congelador, los aditivos químicos del plástico, compuestos diseñados para dar flexibilidad o durabilidad al envase, pueden migrar de dicho envase al alimento.

Los plásticos no son materiales inertes. Están formados por polímeros a los que se añaden más de 12 000 sustancias químicas diferentes, como plastificantes, bisfenoles, filtros solares y retardantes de llama. Estos compuestos pueden llegar al pescado a través de tres rutas distintas: por la contaminación de mares y océanos, por el procesado de los alimentos y por su conservación en diferentes tipos de envases.

Hay estudios que concluyen que estos compuestos no son inocuos, mostrando toxicidad a largo plazo en humanos, especialmente por su posible relación con alteraciones metabólicas y efectos sobre la reproducción. Por ejemplo, existen muchas evidencias científicas que muestran la toxicidad de plastificantes como los ftalatos. En respuesta, los fabricantes están recurriendo cada vez más al uso de plastificantes alternativos, aunque investigaciones recientes sugieren que muchos de ellos tampoco están exentos de riesgos para la salud.




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Los aditivos tóxicos del plástico que ingerimos a través de los alimentos


Una investigación pionera en condiciones domésticas reales

Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre contaminantes en alimentos analizaban el producto directamente tras su compra, obviando los procesos de conservación o cocinado. Por otro lado, los test para evaluar posibles riesgos por migración de los envases a los alimentos se realizan mediante simulantes alimentarios en laboratorio que no captan la complejidad de una matriz real.

Un reciente estudio liderado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), en colaboración con la Universidad de Florencia, y publicado en la revista Environment International, ha cambiado este enfoque.

En esta investigación hemos analizado por primera vez la transferencia de cuatro familias de sustancias químicas, incluyendo ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos, desde envases comunes al pescado bajo condiciones reales de almacenamiento doméstico. Lo evaluamos en especies de alto consumo en España como el salmón, el atún y la merluza al ser guardados en dos escenarios habituales: en la nevera (+4 ºC durante 48 horas) y en el congelador (-18 ºC durante 30 días).

Los envases analizados incluyeron desde las clásicas bandejas de poliestireno y film transparente hasta bolsas de congelación con cierre tipo zip-lock y bandejas y bolsas compostables.

Filetes de pescado en diferentes envases plásticos
Diseño experimental que muestra el pescado (salmón, atún y merluza) almacenado en bandejas y bolsas comunes para medir la migración de aditivos plásticos en condiciones domésticas reales de refrigeración.
Las autoras

Ni el congelador detiene la migración

En trabajos previos ya demostramos que la cocción de alimentos envasados en materiales plásticos puede aumentar la transferencia de plastificantes. En cambio, los resultados presentados en este estudio evidencian que el frío no constituye una barrera infranqueable. Aunque las bajas temperaturas suelen ralentizar los procesos, el tiempo de contacto es un factor clave que favorece la migración de estos compuestos.

Por ejemplo, el compuesto dihexil ftalato (DHexP) mostró una migración significativa únicamente en las muestras congeladas, lo que sugiere que dejar el pescado durante semanas en contacto con el plástico aumenta la probabilidad de transferencia.

Además, la migración no es igual para todos los pescados, sino que depende de muchos factores. En pescados grasos (salmón), los aditivos más lipofílicos (que se disuelven bien en grasa), como el plastificante alternativo DEHA, han mostrado una migración más alta, con tasas de hasta el 95-98 %. En cambio, se detectaron mayores transferencias de bisfenoles, como el bisfenol A (BPA), que tienen mayor solubilidad en agua, en pescados magros con más contenido acuoso como la merluza.

Esta distinción es crucial para entender el riesgo: la contaminación de pescado por aditivos que se acumulan en el músculo depende de muchos factores, por lo que es indispensable tener en cuenta todos los escenarios posibles.




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Las bandejas compostables también suponen un riesgo

Además, las bandejas compostables de base celulosa presentan mayores niveles de plastificantes, por lo que la cantidad de compuestos que migran es superior a la de los plásticos convencionales. De hecho, los niveles de riesgo más altos en el estudio se asociaron a la merluza congelada en esas bandejas alternativas.

Las bandejas compostables, especialmente las basadas en celulosa, han surgido como alternativas sostenibles elaboradas a partir de materiales renovables y, además, permiten su valorización mediante compostaje al final de su vida útil. Sin embargo, estos materiales pueden seguir conteniendo sustancias que pueden migrar a los alimentos.

El peligro de estos compuestos radica en que muchos son disruptores endocrinos. Esto significa que imitan a nuestras hormonas y pueden provocar efectos crónicos en la salud a largo plazo, como infertilidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. No producen una toxicidad aguda inmediata, sino que actúan silenciosamente a través de pequeñas dosis diarias acumuladas.

Bebés y niños: los más vulnerables

El estudio evaluó la exposición a estos aditivos por ingesta para bebés, niños y adultos, combinando los datos de concentración tras la migración de los aditivos en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado en España. La evaluación destacó un riesgo más alto para los menores. Debido a su menor peso corporal, los bebés y niños tienen una exposición a estos tóxicos hasta diez veces superior a la de los adultos.

La mayoría de los compuestos no presentaron riesgo, excepto el bisfenol A: los niveles detectados en el pescado tras el almacenamiento superan en muchos casos los nuevos límites de seguridad establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que en 2023 redujo el umbral de ingesta segura para este compuesto en 20 000 veces debido a su potencial tóxico.

Hacia una regulación más estricta

Es importante recalcar que el pescado es un alimento saludable y necesario en nuestra dieta. El problema no es el alimento, sino la falta de normativas ambiciosas que regulen la presencia de estos químicos en la cadena de suministro.

La nueva Ley de Residuos española, aprobada en el 2022, ya prohibía el uso de ftalatos y bisfenol A en envases. Sin embargo, los resultados de este estudio sugieren que esta legislación no se está cumpliendo al detectar la presencia de dichos compuestos en los envases comercializados en España en 2025.

Por otro lado, la Unión Europea aprobó en 2024 una regulación para restringir el BPA en envases alimentarios (vigente desde enero de 2025), y que concede un período de transición de 36 meses para su aplicación definitiva.

Es vital seguir un control para verificar el cumplimiento de estas regulaciones. Asimismo, es necesario seguir evaluando los nuevos aditivos que sustituyen a los prohibidos, ya que a menudo no tenemos datos suficientes sobre su seguridad.




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Como consumidores, mientras las políticas avanzan, podemos tomar medidas sencillas, como reducir el tiempo de contacto con el plástico, priorizar envases de vidrio para la conservación y evitar calentar el alimento dentro de envases plásticos o bolsas de cocinado, ya que el calor multiplica exponencialmente la migración de estas sustancias.

Pero el verdadero reto es político y global: debemos fabricar productos cotidianos pensando en que, eventualmente, podrían acabar en nuestro plato.

The Conversation

Maria Vittoria Barbieri recibe fondos del programa postdoctoral Beatriu de Pinos de la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación de la Generalitat de Catalunya (AGAUR) (Grant No. 2023 BP 00079).

Ethel Eljarrat no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es seguro conservar el pescado en envases de plástico? Esto dice un nuevo estudio – https://theconversation.com/es-seguro-conservar-el-pescado-en-envases-de-plastico-esto-dice-un-nuevo-estudio-284982

Arsenic à Rouyn‑Noranda : la fabrique du doute

Source: The Conversation – in French – By Laurie Gagnon-Bouchard, Doctorante en science politique, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Les citoyens de Rouyn‑Noranda ne seraient pas plus exposés à l’arsenic que les autres Canadiens et leurs niveaux d’imprégnation proviendraient surtout de leur alimentation, non pas de la Fonderie Horne. C’est du moins ce qu’affirme une récente étude commanditée par Glencore – qui relance les inquiétudes sur la manière dont l’industrie fabrique le doute autour de risques pourtant documentés depuis des décennies.


Le 9 juin 2026, une étude de biosurveillance sur l’arsenic à Rouyn-Noranda commandée par Glencore à la firme privée Intrinsik était rendue publique. Payée par la compagnie propriétaire de la Fonderie Horne, elle conclut que l’alimentation serait davantage responsable de l’imprégnation à l’arsenic de la population que les émissions de la Fonderie – pourtant située au cœur de la ville. L’étude affirme même que les Rouynorandiens seraient moins exposés à l’arsenic que les Canadiens moyens.

Des scientifiques indépendants, comme la professeure de santé environnementale Maryse Bouchard, ont rapidement relevé les lacunes méthodologiques de la recherche, notamment sur le choix des biomarqueurs. Le directeur de l’Observatoire national sur les incidences des émissions de contaminants sur la santé et l’environnement (ONICSE), Daniel Proulx, a quant à lui rappelé l’importance de privilégier les recherches universitaires indépendantes – une exigence que cette étude, financée directement par l’industrie concernée, ne semble pas satisfaire.

Mais alors, qu’est-ce qui pousse une compagnie comme Glencore à financer une telle étude ?

La fabrique du doute

En tant que chargée de cours enseignant la sociologie de l’environnement à l’UQO et doctorante à l’École d’études politiques de l’Université d’Ottawa – où je réalise une thèse sur l’expérience vécue des citoyens de Rouyn-Noranda –, je propose une réponse : la fabrique du doute. Cette tactique, historiquement utilisée par l’industrie du tabac et l’industrie pétrolière, vise à brouiller les certitudes scientifiques pour retarder l’action politique.

Un mémo désormais célèbre de 1969 d’un cadre de l’industrie du tabac la résumait ainsi : « Le doute est notre produit, car il est le meilleur moyen de rivaliser avec le corps de connaissances qui existe dans l’esprit du grand public. »

Les Américains Naomi Oreskes et Erik Conway, historiens des sciences, ont documenté cette stratégie dans le livre Les marchands de doute (2010). Ils montrent comment des industries dont les produits et les activités présentent des risques pour la santé et l’environnement ont financé des recherches alternatives pour entretenir l’incertitude et repousser la réglementation. L’étude commanditée présente la structure des mécanismes identifiés par Oreskes et Conway : proposer une source alternative d’exposition pour diluer la responsabilité industrielle.




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Comment ça fonctionne ?

Le mécanisme est simple. La science comporte toujours une part d’incertitude. Les compagnies l’amplifient en proposant notamment des causes alternatives – l’alimentation, par exemple – pour réduire la certitude scientifique perçue dans l’espace public.

De leur côté, les médias jouent un rôle important dans la diffusion de ces pistes alternatives, non par mauvaise foi, mais en raison du principe journalistique d’impartialité. En cherchant à représenter « les deux côtés » d’un débat, les médias finissent parfois par accorder une équivalence apparente à des positions qui n’ont pas le même poids scientifique. Les chercheurs américains Maxwell Boykoff et Jules Boykoff ont appelé ce phénomène le « balance as bias » en exposant comment les sceptiques des changements climatiques ont eu accès à des tribunes médiatiques importantes permettant de diffuser leur désinformation.

Dès lors, le risque de cette étude commanditée par Glencore est qu’elle soit présentée comme une voix parmi d’autres dans un « débat », en plaçant sur le même pied d’égalité une connaissance scientifique indépendante et une étude financée par l’industrie directement concernée. Ainsi, un article qui citerait à parts égales l’étude Intrinsik et les avis de santé publique indépendants donnerait l’impression d’un débat équilibré là où il n’y en a pas.


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Ce qu’on finit par oublier

Cette fabrique du doute est si efficace qu’elle pourrait faire oublier les faits documentés. La Fonderie Horne se dresse au cœur de Rouyn-Noranda, à proximité des maisons. Elle a laissé des traces durables sur le territoire – ses parcs miniers orangés en témoignent, comme le décrit Pierre Céré dans Voyage au bout de la mine –, tout en continuant de rejeter de l’arsenic, du plomb et du cadmium à des niveaux préoccupants. Les avis de 2018 et de 2019 de santé publique sur le risque sanitaire lié à ces rejets sont clairs.

Dès 2004, l’avis interministériel signé par Pierre Walsh était sans ambiguïté : « Étant donné le caractère cancérigène de l’arsenic, il est nécessaire d’adopter une approche préventive visant à réduire le plus possible les niveaux d’exposition de la population. »

Des conséquences politiques concrètes

La fabrique du doute ne vise pas seulement l’opinion publique : elle a pour objectif ultime de retarder l’action politique. Les historiens Naomi Oreskes et Erik Conway ont documenté comment cette tactique employée par l’industrie du tabac a contribué à repousser des politiques de santé publique – avec des conséquences importantes sur le nombre de décès lié au tabagisme.

L’opération de relations publiques de Glencore depuis la dernière attestation d’assainissement de 2023 – publicités, menaces de fermeture, et maintenant cette étude – pourrait permettre à la Fonderie d’obtenir un délai supplémentaire pour atteindre le seuil de 15 ng/m³. Rappelons que la norme québécoise sur l’arsenic est de 3 ng/m³.

Cela implique que le gouvernement du Québec reviendrait sur les normes qu’il avait lui-même imposées en 2023. Cette éventualité retarderait la diminution des émissions d’arsenic de la Fonderie Horne alors que les experts demandaient déjà dans l’avis de 2004 qu’elle atteigne un niveau inférieur à 10 ng/m3.




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Le doute que vivent les citoyens

Cela fait au moins vingt ans que les autorités publiques peinent à réduire l’exposition de la population de Rouyn-Noranda aux niveaux recommandés par plusieurs experts. Pendant ce temps, des citoyens vivent une exposition injuste à des contaminants dans leur quotidien – quand ils soupent dehors, quand ils promènent leur chien, quand ils font leur jogging, quand ils ouvrent leurs fenêtres. Ce sont eux qui portent quotidiennement le poids cognitif du doute : se demander s’ils peuvent cultiver et manger leurs légumes, si leurs enfants peuvent jouer dans la cour, si les problèmes de santé de leurs proches sont liés aux rejets de la Fonderie.

Il y a plus de soixante ans, la biologiste américaine Rachel Carson écrivait dans Printemps silencieux : « L’arsenic est la première des substances carcinogènes reconnues ; cette découverte a été faite il y a deux siècles par un médecin anglais, qui a relié le cancer à l’arsenic contenu dans les suies de cheminée. Des populations entières ont été empoisonnées chroniquement par l’arsenic, pendant de longues périodes. » Ce que Carson décrivait comme une leçon historique est encore, à Rouyn-Noranda, une réalité présente.

Le doute ne devrait pas avoir le dernier mot sur une certitude scientifique vieille de deux siècles. Pour reprendre les mots de Carson : « il est grand temps de faire taire ces fausses assurances, de cesser d’enrober de sucre des faits désagréables au palais. »

La Conversation Canada

Laurie Gagnon-Bouchard a reçu une bourse doctorale d’études supérieures de l’Ontario (BESO).

ref. Arsenic à Rouyn‑Noranda : la fabrique du doute – https://theconversation.com/arsenic-a-rouyn-noranda-la-fabrique-du-doute-285017

Non, les relations entre professeurs et étudiants ne sont pas simplement une affaire d’« adultes consentants »

Source: The Conversation – in French – By Bryn Williams-Jones, Professor of Bioethics and Director of the Department of Social and Preventive Medicine, École de santé publique, Université de Montréal

Dès qu’on parle de relations intimes entre professeurs et étudiants, l’argument revient : « Ce sont des adultes consentants. Ce qu’ils font en privé ne regarde personne d’autre. » Mais à l’université, cet argument ne tient pas.


Le consentement a bien sûr son importance, mais il ne résout pas les problèmes éthiques qui surgissent lorsqu’une personne exerce un pouvoir sur une autre. Les professeurs encadrent les étudiants, évaluent leur travail, contrôlent l’accès aux opportunités de recherche et influencent leur avenir. Dans ce contexte, une relation intime n’est jamais simplement privée.

L’enjeu dépasse d’ailleurs le milieu universitaire. Les Forces armées canadiennes viennent d’adopter une directive beaucoup plus restrictive sur les relations entre militaires de différents niveaux d’autorité : les liaisons secrètes sont interdites et la responsabilité de déclarer la relation incombe d’abord à la personne en position d’autorité. La logique est la même : dans une institution hiérarchique, le consentement ne suffit pas à régler les enjeux de pouvoir.

Professeur de bioéthique, je travaille depuis plus de vingt ans sur les conflits d’intérêts, l’intégrité académique et la gouvernance universitaire. J’ai aussi siégé à de nombreux comités disciplinaires, où les problèmes les plus difficiles tiennent rarement à une absence de règles : ils surgissent plutôt lorsque le pouvoir, la dépendance et la responsabilité professionnelle sont mal reconnus.

Un espace social structuré par le pouvoir

À l’université, même les relations entre collègues de statut similaire peuvent créer des difficultés. Elles peuvent influencer la perception des décisions, des collaborations, des embauches ou de l’accès à l’information. Si la relation se termine mal, les conséquences peuvent aussi affecter les collègues, les étudiants et le climat institutionnel.




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Il est compréhensible que des personnes travaillant étroitement ensemble pendant des années développent des sentiments amoureux. Cela peut se produire entre collègues, entre supérieurs et subordonnés, ou entre professeurs et étudiants de cycles supérieurs. Mais les universités ne sont pas des espaces sociaux neutres : l’accès aux opportunités y est inégal.

Quand l’autorité transforme la relation

Lorsqu’un déséquilibre de pouvoir manifeste existe entre un professeur et un étudiant, les risques deviennent beaucoup plus graves.

Un professeur peut noter, superviser, employer, financer, encadrer ou recommander un étudiant. Il peut aussi contrôler l’accès aux conférences, aux publications, aux postes d’assistant de recherche, aux bourses ou aux réseaux professionnels. Même vécue comme consensuelle, la relation est transformée par le contexte institutionnel.

La personne ayant le moins de pouvoir peut se sentir contrainte de maintenir la relation, d’éviter les conflits ou d’accepter des conditions qu’elle refuserait autrement. Elle peut craindre de perdre un soutien académique, de nuire à sa réputation ou de compromettre son avenir. Même sans pression explicite, la dépendance façonne ce que signifie concrètement le consentement.

L’équité vue par les autres

La relation affecte aussi les autres. D’autres étudiants peuvent se demander si les décisions académiques sont équitables. Une personne obtient-elle de meilleures notes, davantage d’occasions de recherche ou un soutien accru en raison d’une relation intime ? Les discussions confidentielles restent-elles protégées ? Les décisions reposent-elles sur le mérite ou sur l’attachement, la loyauté, la jalousie ou la peur ?

Ces préoccupations ne relèvent pas seulement des apparences. Dans les universités, les apparences comptent parce que la confiance compte. Les étudiants et les collègues doivent pouvoir croire que l’évaluation est équitable, que les opportunités sont bien réparties et que les informations confidentielles sont protégées. Une fois ébranlée, cette confiance est difficile à rétablir.

Qui paie le prix réputationnel ?

La réputation est aussi en jeu.

Ces situations prennent plusieurs formes, mais elles s’inscrivent souvent dans des rapports de pouvoir genrés : les cas les plus fréquents et problématiques impliquent un professeur homme et une étudiante femme. Celle-ci peut alors être perçue comme bénéficiant de favoritisme plutôt que comme réussissant par son mérite.

Cette perception est sexiste et injuste, mais elle influence la reconnaissance de ses réalisations. La personne ayant le moins de pouvoir supporte ainsi une grande partie du coût professionnel et réputationnel, même lorsque la responsabilité principale revenait à la personne en position d’autorité.

Un conflit d’intérêts impossible à « gérer »

Les relations intimes dans un contexte d’autorité académique doivent donc être comprises comme des conflits d’intérêts problématiques. Un conflit d’intérêts survient lorsqu’un intérêt secondaire, comme une relation intime, pourrait influencer le jugement professionnel ou être perçu comme le compromettant.

Certains conflits d’intérêts sont relativement simples à gérer. Un professeur peut se récuser d’un comité ; un chercheur peut déclarer un intérêt financier et limiter son implication dans certaines décisions.




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Mais dans le contexte des relations intimes entre professeurs et étudiants, la déclaration est insuffisante. La promesse de rester objectif l’est aussi. La relation fragilise les conditions mêmes d’une supervision, d’une évaluation, d’un mentorat et d’une confiance institutionnelle équitables.

La vulnérabilité particulière des cycles supérieurs

C’est particulièrement vrai aux cycles supérieurs.

Certaines universités interdisent les relations entre professeurs et étudiants de premier cycle en raison du déséquilibre de pouvoir évident, mais restent souvent moins claires pour les cycles supérieurs.

Or, ces étudiants peuvent être encore plus dépendants de leur direction de recherche que ceux du premier cycle. Ils travaillent pendant des années avec une personne qui peut orienter leur recherche, contrôler le financement, rédiger des lettres cruciales et influencer l’obtention du diplôme dans les délais prévus.

L’avenir académique et professionnel d’un étudiant de cycles supérieurs peut donc dépendre d’une seule personne. Cette dépendance rend les relations intimes particulièrement risquées, même lorsque les deux personnes affirment qu’elles sont consensuelles.


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Ce que l’éducation peut (et ne peut pas) faire

L’éducation et la formation ont un rôle à jouer. Les membres des universités doivent comprendre le consentement, le harcèlement, les conflits d’intérêts et les limites professionnelles. Ils doivent aussi reconnaître qu’une attention romantique peut être importune, qu’un « non » doit être accepté et que des avances répétées peuvent constituer du harcèlement.

Mais l’éducation ne suffit pas lorsque le risque institutionnel est élevé. Certaines relations ne doivent pas être gérées après coup, mais interdites, car elles sont incompatibles avec la responsabilité professionnelle et un milieu de travail sain.

Changer la relation de pouvoir avant la relation intime

Cela ne signifie pas que l’amour, l’attirance ou l’intimité ne peuvent jamais naître dans un contexte universitaire. Cela signifie que lorsqu’il existe un rapport de pouvoir significatif, la relation professionnelle doit changer avant la relation intime. Si deux personnes veulent s’engager dans une telle relation, la supervision, l’évaluation ou le lien d’emploi doit d’abord prendre fin.

Cela peut être inconfortable et impliquer des choix difficiles. Cela peut même exiger qu’une personne quitte son poste, change de direction de recherche ou d’établissement. Mais l’alternative consiste à faire peser le risque sur la personne ayant le moins de pouvoir, ainsi que sur une communauté universitaire qui repose sur l’équité et la confiance.

L’université n’est pas un espace privé

« Ce sont des adultes consentants » peut sembler convaincant dans la vie privée ordinaire. Mais les universités ne sont pas des espaces privés. Ce sont des institutions structurées par la hiérarchie, la dépendance, la réputation et les opportunités. Elles ont besoin de la confiance de leurs membres et du public pour remplir leurs missions d’éducation et de production de connaissances.

Les relations amoureuses impliquant un rapport de pouvoir académique ne peuvent être éliminées par l’éducation. Elles doivent être interdites.

La Conversation Canada

Bryn Williams-Jones ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Non, les relations entre professeurs et étudiants ne sont pas simplement une affaire d’« adultes consentants » – https://theconversation.com/non-les-relations-entre-professeurs-et-etudiants-ne-sont-pas-simplement-une-affaire-d-adultes-consentants-283847

ZFE, de la suppression au sursis : une saga juridique qui n’a pas encore dit son dernier mot

Source: The Conversation – in French – By Sébastien Martin, Maître de conférences en droit public HDR, Université de Bordeaux

Fin mai 2026, le Conseil constitutionnel a sauvé les zones à faibles émissions mobilité, les ZFE, en annulant leur suppression. Cette décision, qui intervient sur la forme plutôt que sur le fond, n’empêchera probablement pas un retour du sujet dans le débat politique. Une généralisation trop rapide pourrait expliquer en partie le sort tumultueux connu par le texte. Mais, en cas d’abandon définitif de la mesure, le risque de recadrage de la France par l’Union européenne – et, en particulier, de condamnation par la Cour de justice de l’UE – est réel.


Dans une décision du 21 mai 2026, le Conseil constitutionnel vient de donner un sursis aux zones à faibles émissions mobilité (ZFE). Il est revenu sur la suppression, qui avait été actée avec l’adoption de la loi dite de simplification de la vie économique, pour un motif d’ordre procédural.

Sur le fond, le juge constitutionnel ne s’est donc pas prononcé sur la compatibilité de la suppression avec les dispositions de la Charte de l’environnement, consacrant notamment le droit de chacun de vivre dans un environnement équilibré et respectueux de la santé, ou avec le droit à la protection de la santé, garanti par le préambule de 1946.

Les ZFE n’en restent pas moins un dispositif clivant. Il y a donc fort à parier que leur suppression revienne d’ici peu en débat politique devant la représentation nationale.




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Un signe fort de « backlash » écologique

Lors de l’adoption de la loi d’orientation des mobilités en 2019, les ZFE avaient été présentées comme un dispositif phare de la transition écologique et énergétique. En visant à limiter l’utilisation de véhicules très polluants, elles devaient concourir au développement de nouvelles formes de mobilités moins émettrices de CO2.

Le débat autour de cette suppression est un signe majeur d’une rétrogradation de la protection de l’environnement par le droit, dont on ne saurait dire jusqu’où elle pourrait aller. Les avancées réalisées en faveur d’un droit de la mobilité durable, parfois sous l’influence du droit de l’Union européenne, sont aujourd’hui remises en cause. Cela s’inscrit dans une tendance globale au « backlash » écologique, très prégnante aux États-Unis en particulier.

Mais à l’heure où les institutions publiques en Europe ont été incitées à poursuivre les efforts réalisés pour renforcer le cadre juridique de la mobilité durable en zone urbaine, cette tentative de rétrogradation interroge.

Une généralisation trop rapide ?

L’histoire tumultueuse des ZFE précède l’adoption de la loi d’orientation des mobilités (LOM).

En 2010 déjà, la loi Grenelle II avait mis en place, à titre expérimental, des zones d’actions prioritaires pour l’air dans le but de lutter contre la pollution atmosphérique. Ce dispositif, jugé peu efficace, a été remplacé par une nouvelle loi en 2015 pour instituer, à titre facultatif, des « zones à circulation restreinte ».

Ce sont véritablement la LOM de 2019 puis la loi dite Climat et résilience de 2021 qui ont permis à ce dispositif, alors dénommé « zones à faibles émissions de mobilité », de s’ancrer dans la vie quotidienne des Français.

Au 1er janvier 2025, 25 agglomérations sur le territoire hexagonal avaient mis en place une ZFE dans lesquelles l’accès des véhicules les plus polluants est interdit. Pour assurer un contrôle efficace des véhicules circulant dans la ZFE, la LOM laissait la possibilité aux collectivités de déployer des systèmes de contrôle automatisé, autrement dit des « radars à ZFE ».

C’est précisément cette généralisation (trop rapide ?) qui a été au centre des critiques. De nombreuses agglomérations avaient fait part de difficultés d’ordres économique et technique pour le déploiement de ces solutions. En réponse à ces critiques, une mission flash parlementaire ainsi que des outils d’ingénierie territoriale à l’initiative de l’Agence de la transition, l’Ademe, avaient été développés.

La mise en place des ZFE s’est également heurtée aux critiques sur le manque d’accessibilité des ménages les plus précaires ou des usagers éloignés des zones urbaines, laissant craindre une accentuation des inégalités sociales et territoriales.

Pour contourner ces critiques, la loi prévoit une série d’exemptions et de dérogations. Sans doute, aurait-il fallu fixer des échéances plus longues aux collectivités territoriales pour penser et adapter ces mesures d’accompagnement aux réalités économiques, sociales et techniques de chaque zone.




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La volonté de supprimer les ZFE rappelle, en tout état de cause, le sort réservé au dispositif de l’écotaxe dans le milieu des années 2010. Présenté comme un engagement fort du gouvernement lors de l’adoption de la loi Grenelle I en 2009, son principe était celui du report modal. Il visait à inciter les opérateurs à recourir à d’autres formes de mobilité que la route pour les activités de transport de marchandises.

Là encore, la complexité tant juridique que technique, comme les réticences au dispositif, avait conduit à son report puis à sa suspension entre 2009 et 2014 et enfin à sa suppression en 2017.

Le risque de recadrage par l’Union européenne

La suppression des ZFE devrait avoir des conséquences notables pour ce qui est de la relation de la France avec l’Union européenne.

Sans être une obligation pour les villes européennes, la mise en place de Low Emission Zones connaît pourtant un certain succès. Ainsi, on dénombrait en 2022 315 zones en Europe dans 14 États membres. Ces divers exemples européens ont, d’ailleurs, démontré leur efficacité sur le plan sanitaire.

Low Emission Zones en Europe, situation à fin 2022.
Ademe, 2023

En revanche, le droit européen impose de ne pas dépasser, dans l’ensemble des zones et agglomérations, certaines valeurs limites de polluants atmosphériques. Dans les cas où il subsisterait un risque de dépassement de ces seuils, les autorités nationales sont tenues de mettre en place des mesures et des plans d’action à court terme, ce qui peut correspondre à la réduction de la circulation de certains véhicules. Autrement dit, à certaines mesures prévues par les ZFE.

On soulignera que la France a déjà fait l’objet de condamnations à plusieurs reprises par la Cour de justice de l’UE pour inaction climatique. Le juge a, en effet, estimé qu’elle « a dépassé de manière systématique et persistante » la valeur limite de polluants, comme le dioxyde d’azote, émis par les véhicules diesel.

Très récemment, le Conseil d’État a admis que l’instauration d’une ZFE comptait parmi les différentes mesures considérées comme suffisantes pour garantir le respect des valeurs limites de concentration de dioxyde d’azote dans l’agglomération parisienne. Cet arrêt a sonné la fin d’une saga contentieuse débutée en 2017, où l’État avait été enjoint de prendre des mesures pour se conformer aux obligations tirées du droit de l’Union.

On l’aura compris, si la volonté politique de supprimer les ZFE réapparaît, le risque de condamnation de la France n’est pas à éluder.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. ZFE, de la suppression au sursis : une saga juridique qui n’a pas encore dit son dernier mot – https://theconversation.com/zfe-de-la-suppression-au-sursis-une-saga-juridique-qui-na-pas-encore-dit-son-dernier-mot-284844

Les ovnis, un mythe moderne façonné par Hollywood

Source: The Conversation – in French – By Mehdi Achouche, Maître de conférences en cinéma anglophone et études américaines, Université Sorbonne Paris Nord

Une scène de *Rencontres du troisième type*, chef d’œuvre de Steven Spielberg, sorti en 1977. Columbia Pictures

À l’occasion de la sortie en salle du dernier film de Steven Spielberg, Disclosure Day, le 10 juin, et alors que les spéculations sur l’existence des ovnis intriguent la tête actuellle du gouvernement américain, retour sur huit décennies de représentations des mystérieuses « soucoupes volantes » à l’écran. Ou, comment Hollywood a transformé les ovnis en mythe moderne.


Même s’il existe des précédents, comme l’émission radiophonique d’Orson Welles autour de la Guerre des mondes en 1938 (roman de science-fiction écrit par H. G. Wells, publié en 1898), les peurs et les fantasmes liés aux ovnis apparaissent vraiment en 1947.

En juin, Kenneth Arnold, aviateur amateur, est le premier à observer ce que la presse nomme très vite des « soucoupes volantes » (flying saucers). Le 8 juillet, l’armée annonce qu’une soucoupe volante s’est écrasée près de Roswell, au Nouveau-Mexique, avant de se rétracter, créant ainsi les premiers soupçons d’un mensonge d’État.

L’U.S. Air Force préfère qualifier ces appareils de « UFO » (Unidentified Flying Objects, c’est-à-dire OVNI, objets volants non identifiés, en français) pour leur donner une connotation plus neutre et sérieuse.

Mais Hollywood en décide autrement : dès 1956 sort le film Les soucoupes volantes attaquent, parmi beaucoup d’autres récits d’invasion extraterrestre (dont une première version cinéma de la Guerre des mondes en 1953). Même les enlèvements par des aliens, qui se multiplient bientôt, semblent puiser dans l’imaginaire hollywoodien : le récit des expérimentations sur Betty and Barney Hill, kidnappés par des aliens, rappelle beaucoup des épisodes d’Au-delà du réel, diffusés quelques semaines plus tôt en 1964. Le spirituel et le religieux ne sont par ailleurs jamais loin : dans la Planète rouge (1952), Dieu lui-même se manifeste depuis la planète Mars, menant à la destruction du communisme et l’avènement du christianisme partout sur Terre.

Le merveilleux technologique

Les années 1950 donnent ainsi le jour aux premières religions ufologiques. Celles-ci voient souvent dans les ovnis des messagers venus prévenir l’humanité du danger nucléaire, s’inspirant peut-être en cela du film Le jour où la Terre s’arrêta (1951). Selon ces croyances, les messagers viennent sauver une poignée d’élus de l’Apocalypse atomique à venir, ou encouragent l’humanité sur la voie du renouvellement spirituel. The Seekers, créés en 1953, pensent qu’ils vont être emmenés par Jésus dans un ovni à la veille de la fin du monde, le 21 décembre 1954.

L’échec de leur prophétie fera l’objet de la première étude universitaire du phénomène, When Prophecy Fails, en 1956. Deux ans plus tard, le psychiatre Carl Gustav Jung publie un ouvrage consacré aux ovnis, qu’il qualifie de « mythe moderne » et de révolution spirituelle aussi importante que l’avènement du christianisme en son temps.

Lorsque Steven Spielberg réalise Rencontres du troisième type, qui sort en 1977, il se fonde donc sur ce qui est devenu au fil des années une véritable mythologie, d’essence américaine mais désormais mondialisée. Le phénomène fascinait déjà le jeune Spielberg, qui collectionnait les articles à leur sujet et réalise à 17 ans un long-métrage amateur, Firelight, qui propose quasiment la même histoire. La grande différence est que Rencontres met surtout en scène la sensibilité dite New Age, en proposant des aliens bienveillants qui apportent une lumière transcendantale depuis les étoiles.

Lors de sa sortie, le film, clairement influencé par 2001 : L’Odyssée de l’espace, est qualifié « d’évènement dans l’histoire de la foi » et de « summum du mysticisme New Age ». Pour Jean Renoir, qui écrit à François Truffaut (qui y joue un petit rôle), Rencontres du troisième type est l’œuvre d’un « poète » digne de Méliès, un fada au sens propre du terme, c’est-à-dire touché par les fées. Spielberg a bien senti le caractère merveilleux ou féérique de la mythologie extraterrestre.

Spielberg filme ici l’émerveillement béat des témoins du premier contact à travers de longs plans de réaction, technique qu’il affectionne. Le regard des adultes est implicitement assimilé à celui de l’enfant, qui a d’ailleurs la même taille que les extraterrestres. Le personnage interprété par Truffaut et les autres adultes retrouvent leur âme d’enfant, grande thématique de Spielberg.

La vérité est ailleurs

Le phénomène connaît un regain d’intérêt dans les années 1990, après des pseudo-révélations sur un supposé complot visant non seulement à cacher l’existence des aliens, mais aussi à les aider à coloniser la planète. La guerre froide est peut-être finie, mais les théories du complot ne font que commencer, les globalistes et l’État profond remplaçant désormais les communistes.

C’est l’époque où la zone 51 du Nevada rejoint la mythologie extraterrestre, et où des œuvres comme X-Files ou Independence Day remettent au goût du jour la figure de l’extraterrestre menaçant. X-Files, en particulier, relie les ovnis à un supposé gouvernement de l’ombre et à des théories autour des vaccinations et de terroristes manipulés par l’État profond, contribuant à familiariser le grand public avec les théories du complot.

L’avènement du troisième millénaire n’est pas non plus étranger au phénomène : en mars 1997, 39 membres de la secte ufologique Heaven’s Gate, créée dans les années 1970, se suicident. Ils espèrent ainsi échapper à la fin du monde prochaine en transportant leur âme à bord d’un vaisseau spatial où ils retrouveraient Jésus lui-même.

Dès 1982, Hollywood s’était inspiré de leur histoire dans le téléfilm la Secte du futur, également inspiré des Rencontres du troisième type et qui faisait de leurs leaders des aliens. Même Spielberg propose une version de l’extraterrestre beaucoup plus sombre qu’autrefois avec la Guerre des mondes en 2005, un film clairement marqué par les évènements du 11-Septembre. L’alien sert à nouveau de métaphore ou d’exutoire, toujours pour exprimer les peurs contemporaines. Dans le remake du Jour où la terre s’arrêta (2008), l’alien qui émerge de sa soucoupe volante se préoccupe désormais de la dégradation de l’environnement.

X-Files parodie ici à la fois un épisode de la Quatrième dimension (« Comment servir l’homme »), Le jour où la terre s’arrêta et Trump lui-même : l’extraterrestre, qui annonce la construction d’un mur pour isoler la Terre du reste de la galaxie, reprend presque mot pour mot le célèbre discours du futur président sur les immigrés mexicains. Ironiquement, le Trump extraterrestre accuse les êtres humains d’être de fieffés menteurs.

Trump face aux ovnis

Le phénomène est revenu au goût du jour depuis les révélations du New York Times sur l’existence d’un programme secret mené par le Pentagone pour enquêter sur les ovnis. Les témoignages de lanceurs d’alerte devant le Congrès des États-Unis, accompagnés de nouvelles vidéos enregistrées par l’armée, donnent une nouvelle crédibilité à ce que le Pentagone dénomme désormais Unidentified Aerial Phenomena (UAP, ou phénomènes aérospatiaux non-identifiés) afin de s’éloigner – une fois de plus – de l’image souvent ridicule associée aux ovnis.

Depuis 1977, la France dispose de son propre organisme d’investigation, le GEIPAN, qui a inspiré l’excellente série Ovni(s), beaucoup moins tentée par la mythologisation du réel que les œuvres hollywoodiennes.

Enfin, depuis l’élection de Donald Trump, de nombreux conspirationnistes rêvent du « Disclosure Day », ce jour où le gouvernement révèlera enfin l’existence des aliens. C’est ce dont traite The Age of Disclosure, récent documentaire sur le sujet. C’est ce dont parle également le nouveau film de Spielberg, Disclosure Day, qui revient sur l’incident de Roswell et les technologies qui y auraient été récupérées, et que certaines théories voient comme la suite cachée de Rencontres du troisième type.

Le vice-président des États-Unis, J. D. Vance, chrétien enthousiaste, confiait récemment être « obsédé » par les ovnis et convaincu que les aliens sont en réalité « des démons ». D’après le tabloïd Daily Star, Trump, qui a promis de faire toute la lumière sur la question, s’apprêterait même à faire la révélation tant attendue durant la cérémonie d’ouverture de la Coupe du monde de football, ce 11 juin 2026. C’est-à-dire soixante dix-neuf ans jour pour jour après l’annonce par l’Air Force du crash d’une soucoupe volante à Roswell. Et un mois après la sortie du film de Spielberg. Comme toujours quand il s’agit d’ovnis, Hollywood n’est jamais très loin.

The Conversation

Mehdi Achouche ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les ovnis, un mythe moderne façonné par Hollywood – https://theconversation.com/les-ovnis-un-mythe-moderne-faconne-par-hollywood-283205

Le danger d’une IA utilisée par la justice

Source: The Conversation – in French – By Raisul Islam Sourav, PhD Candidate in Legal Analytics, University of Galway

Les systèmes algorithmiques nécessitent une supervision humaine continue. Les « hallucinations » ou erreurs, peuvent totalement annuler les gains de temps annoncés pour les tribunaux. Oleg Troino

Au Royaume-Uni, des directives suggèrent que les juges pourraient utiliser l’IA pour des travaux préparatoires. L’Estonie utilise un système d’IA semi-automatisé pour les recouvrement de petites créances. En Allemagne, un système est testé pour des litiges relatifs aux droits des passagers aériens. À Taïwan, l’IA aide les tribunaux dans des affaires de conduite en état d’ivresse ou de fraudes. Pourtant, les arguments en défaveur d’une utilisation de l’IA par la justice sont nombreux et doivent être pris en considération.


En quelques années seulement, l’intelligence artificielle générative a entraîné des changements significatifs dans de nombreux secteurs, de la santé à l’éducation, du divertissement à la finance, et même dans le domaine du droit.

L’utilisation de l’IA dans les décisions judiciaires pose des risques importants pour la justice. Des résultats erronés issus d’informations « hallucinées », des décisions discriminatoires et un manque de transparence font partie des préoccupations liées à l’introduction de cette technologie dans les tribunaux.

Pourtant, un certain nombre de juges à travers le monde l’ont déjà utilisée dans la prise de décision et la rédaction de jugements. C’est pourquoi certaines juridictions, dont le Royaume-Uni, ont publié des lignes directrices à l’intention des juges concernant l’usage de l’IA.

De manière générale, ces directives suggèrent que les juges peuvent utiliser l’IA comme un outil pour effectuer des travaux préparatoires, tels que la rédaction de résumés de documents longs, la traduction de documents juridiques, l’identification de précédents juridiques ou l’amélioration de la lisibilité des documents. Elles déconseillent son utilisation pour les fonctions judiciaires essentielles, notamment la prise de décision.

Récemment, certains hauts responsables judiciaires ont estimé que l’IA pourrait être utilisée pour trancher des affaires « à faible enjeu » ou moins complexes, à condition de prendre des précautions adéquates, comme maintenir un juge humain dans le processus.

Dans un discours prononcé en novembre 2024, le deuxième juge le plus haut placé du Royaume-Uni, Geoffrey Vos, a évoqué un « spectre » de décisions juridiques que l’IA pourrait bientôt prendre, ou contribuer à prendre.

Vos a déclaré que l’utilisation de l’IA pour des « décisions largement mécaniques, comme celles concernant le montant d’une pension ou de prestations, ou le calcul des dommages corporels et des pertes de revenus » permettrait probablement d’économiser du temps et de l’argent. Mais il a appelé à une réflexion sur la question de savoir si une telle utilisation violerait des droits humains fondamentaux.

Un an plus tard, Vos a de nouveau appelé à un « débat sérieux » sur les droits qui devraient être protégés pour les humains dans ce contexte. Il a également insisté sur le fait que l’IA devait être « utilisée de manière responsable, efficace et sûre dans les systèmes et processus juridiques ».

Plusieurs juridictions testent ou utilisent déjà l’IA dans ce type d’affaires « mécaniques ». L’Estonie utilise un système de petites créances semi-automatisé dans les procédures civiles pour des demandes pécuniaires allant jusqu’à 7 000 euros, avec des greffiers humains supervisant le processus.

Le tribunal de district de Francfort, en Allemagne, a testé un système d’IA nommé Frauke pour traiter les litiges relatifs aux droits des passagers aériens. Frauke analyse des affaires et décisions antérieures afin de produire des projets de jugements préconfigurés. Les juges assemblent ensuite les verdicts finaux à partir de ces textes après avoir statué, ce qui réduit considérablement le temps consacré à la rédaction.

Taïwan a expérimenté un outil basé sur l’IA pour aider les tribunaux, notamment en produisant des notifications de décision dans des affaires de conduite en état d’ivresse ou de complicité dans des fraudes. Le système d’IA génère un projet complet de décision comprenant les faits, le raisonnement juridique, les citations et le verdict final. Le juge examine ce projet et, après approbation, peut l’émettre comme jugement officiel, avec ou sans modifications.

Ces exemples montrent clairement que la principale motivation pour remplacer les juges humains dans certaines catégories d’affaires est l’efficacité. Par conséquent, d’autres juridictions explorent également la possibilité d’intégrer l’IA générative afin de statuer sur certains litiges sans intervention de juges humains.

Le coût de l’utilisation de l’IA générative comme juge

Les tribunaux sont surchargés, et des technologies comme l’IA générative promettent cohérence et efficacité. Mais cela représenterait un changement majeur par rapport à des pratiques vieilles de plusieurs siècles. Et cela risque de saper ce que certains juristes considèrent comme un principe fondamental de la justice : le droit d’être jugé par un être humain.

Le jugement d’une affaire ne consiste pas uniquement à parvenir à une décision. Il s’agit d’un processus global et équitable qui inclut le droit d’être entendu – présenter sa défense, mettre en balance des récits contradictoires et exercer un jugement à la lumière du droit et de l’équité.

Les outils algorithmiques, aussi avancés soient-ils, n’entendent ni ne « comprennent » même pas leurs propres productions, encore moins les valeurs humaines ou les contextes sociaux changeants. L’IA générative ne peut pas reconnaître la souffrance, la crédibilité, le remords ou la vulnérabilité comme le ferait un humain. Cela seul la rend inapte à occuper le siège d’un juge.

Classer les affaires comme simples ou complexes peut sembler pragmatique, mais c’est à la fois juridiquement et moralement dangereux. Ce qui constitue une affaire « simple, routinière ou mécanique » est en soi une décision humaine. Les litiges relatifs à des indemnisations ou à des prestations peuvent paraître simples sur le papier, mais elles peuvent avoir des conséquences importantes pour la personne qui saisit la justice.

Attribuer ces affaires à une adjudication algorithmique risque de créer un système judiciaire à deux vitesses – dans lequel un groupe de citoyens peut présenter son affaire devant un juge humain, tandis que d’autres sont traités par des machines. Seuls les premiers, à mon sens, exercent pleinement leur droit à une audience et à un procès équitables devant un tribunal indépendant et impartial, tel que garanti par l’article 6 de la Convention européenne des droits de l’homme.

De plus, l’argument de l’efficacité pourrait s’avérer illusoire. Les systèmes algorithmiques comme l’IA générative nécessitent une supervision humaine continue, des audits et des corrections. Les hallucinations ou erreurs, qu’elles résultent d’une conception défaillante ou de données d’entraînement biaisées, peuvent totalement annuler les bénéfices annoncés.

La confiance du public est essentielle dans tout système juridique. Si les citoyens perdent confiance dans les décisions automatisées, les recours augmenteront – aggravant encore l’arriéré déjà existant des affaires.

Les technologies émergentes comme l’IA générative peuvent être utiles pour gérer l’administration des tribunaux et réduire les charges administratives. Mais remplacer les juges humains, même dans des affaires supposément à faible enjeu, porte atteinte aux principes fondamentaux de la justice. L’efficacité ne devrait pas se faire au détriment des valeurs que le système judiciaire est censé protéger.

The Conversation

Raisul Islam Sourav ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le danger d’une IA utilisée par la justice – https://theconversation.com/le-danger-dune-ia-utilisee-par-la-justice-280484