¿Por qué algunas personas se enamoran de asesinos? La ciencia empieza a encontrar respuestas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

En la película _Extremadamente cruel, malvado y perverso_, el actor Zac Efron (izquierda) encarnaba al asesino en serie Ted Bundy. Netflix

En pleno juicio contra Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más conocidos de Estados Unidos, muchas mujeres comenzaron a enviarle cartas de contenido romántico. Eran los años 70. Décadas después, en plena era de las redes sociales, en TikTok circulan vídeos que muestran a criminales violentos como si fueran estrellas de cine.

Este fenómeno tiene nombre: hibristofilia. Se trata de la atracción romántica o sexual hacia delincuentes peligrosos, y parece que es más frecuente en mujeres, aunque el fenómeno no está estudiado profundamente.

El término viene del griego y significa algo así como “afinidad por quien comete un ultraje”. También se conoce como el “síndrome de Bonnie y Clyde”. No figura como enfermedad en los manuales de psiquiatría, pero puede provocar malestar y daño en la persona. Es de dos tipos: pasivo –cuando alguien admira desde lejos, escribe cartas o fantasea con “cambiar al otro con su amor”– o activo/agresivo –cuando la persona colabora con su pareja para cometer el delito–.

Por tanto, la hibristofilia no siempre se queda en la fantasía. Algunos delincuentes explotan y manipulan a sus admiradores para conseguir cómplices, apoyo logístico o incluso para fugarse. Esto obliga a prever redes de apoyo romántico, incluso dentro de las prisiones (como ocurrió con Joyce Mitchell en 2015, una funcionaria de una prisión del estado de Nueva York que ayudó a dos convinctos a huir). Desde la victimología, los “enamorados” pueden convertirse en víctimas secundarias, expuestos a daño emocional, financiero o físico.

La fascinación por los “chicos malos”

¿Por qué ocurre? El concepto fue descrito en 1986 por el psicólogo neozelandés John Money, aunque la fascinación por los “chicos malos” es mucho más antigua. Algunas explicaciones hablan de la búsqueda de emociones fuertes (un incremento de la adrenalina). Otras, de la confusión entre la dominancia que muestran muchos agresores, con fortaleza y protección. Tambien el deseo de “salvar” a alguien herido. A veces influyen la baja autoestima, la ausencia de la figura paterna, la soledad o incluso un trauma infantil. Sin embargo, también se han visto casos en mujeres exitosas y sin antecedentes de maltrato. Por tanto, no hay una única causa e influyen factores personales, culturales y sociales.

La evidencia científica sobre la hibristofilia es escasa. Gran parte de lo publicado es teórico o anecdótico. Sin embargo, algunos trabajos empiezan a ofrecer datos. Un grupo de investigadores analizaron vídeos de TikTok y descubrieron que en la mayoría, los delincuentes eran sexualmente objetivados o romantizados. El hallazgo más claro fue lo que llamaron “trivialización del trauma”: la minimización, a menudo lúdica, de los crímenes y del sufrimiento de las víctimas.

Y es que, los medios de comunicación y la cultura popular refuerzan este fenómeno. Películas y series suelen mostrar a criminales como carismáticos o incomprendidos. Cuando Ted Bundy fue interpretado en cine por Zac Efron, el atractivo del actor hizo que muchos olvidaran la gravedad de sus delitos. El auge de las historias reales de crímenes y la difusión en redes sociales amplifican el efecto. Aumentan los vídeos que presentan a delincuentes como ídolos sexuales, justificando sus actos y convirtiendo la violencia en un chiste.

La hibristofilia se alimenta así de un entorno que convierte a criminales en celebridades. Ciclos informativos permanentes, documentales y comunidades digitales proyectan un aura de intriga. En foros de crímenes reales se comparten fotos, se justifican delitos y hasta se compite por escribir más cartas a un preso.

Este interés no es nuevo. A lo largo de la historia, delincuentes convictos, incluso asesinos en serie, se convirtieron en objeto de deseo. Algunos recibieron cartas con fotos íntimas y contenido sexual explícito. Richard Ramirez, conocido como el “Night Stalker”, se casó en prisión con una admiradora. Charles Manson, Jeffrey Dahmer y hasta terroristas y autores de tiroteos en colegios recibieron cartas, regalos y propuestas de matrimonio. Lo que tienen en común es la fama que les dieron los medios y el aura oscura que los convirtió en figuras de culto.

No solo es cosa de mujeres

Aunque suele pensarse que es algo femenino, también hay casos de hombres. En el Reino Unido, tres varones se sintieron atraídos por la asesina Joanne Dennehy. Su obsesión fue tan grande que terminaron ayudándola a ocultar cadáveres, engañar a la policía y planear más ataques. Ninguno tenía antecedentes. Los jueces lo llamaron “hibristofilia agresiva en hombres”. Este ejemplo muestra que la atracción por un criminal puede arrastrar a personas comunes a una vida delictiva.

Generación Z y vídeos de TikTok

Hoy en día, algunos miembros de la generación Z muestra un patrón preocupante en lo referente a la hibristofilia. Un estudio reciente analizó miles de vídeos en TikTok sobre el tema y detectó siete ideas frecuentes: perdonar más a un criminal si es atractivo, confundir al actor con el asesino real, justificar sus actos por una infancia difícil, idealizar al “chico malo”, fantasear con que proteja a la pareja, creer que el amor puede cambiarlo y bromear con la violencia como si fuera erótica. En todos los casos, se embellece al infractor y se desplaza la empatía hacia él.

¿Qué podemos hacer como sociedad y como usuarios? Primero, cuestionar la forma en que consumimos estas historias. Preguntarnos quién gana con cada tendencia y quién pierde. Dar más espacio a las víctimas y a la prevención que al brillo del criminal. Si un contenido nos provoca fascinación por alguien peligroso, parar y pensar por qué. En redes, no premiar con un “me gusta” estos comportamientos ni compartir material que idealice la violencia.

La hibristofilia es poco frecuente, pero la forma de contar estas historias puede alimentar esa fascinación. Cuando convertimos a un criminal en personaje de culto, aunque sea sin querer, corremos el riesgo de trivializar su violencia y eclipsar a quienes la sufrieron. Contar estos casos sin adornos ni romanticismo ayuda a que la violencia no se confunda con algo atractivo.

The Conversation

Dolores Fernández Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué algunas personas se enamoran de asesinos? La ciencia empieza a encontrar respuestas – https://theconversation.com/por-que-algunas-personas-se-enamoran-de-asesinos-la-ciencia-empieza-a-encontrar-respuestas-264654

Los espacios naturales protegidos no están a salvo de los incendios y también necesitan medidas de prevención

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leonor Calvo Galván, Catedrática de Ecología, Universidad de León

Nuria PhotoStock/Shutterstock

Los parques nacionales, parques naturales, las reservas y los espacios de la Red Natura 2000 constituyen una de las principales herramientas para conservar la biodiversidad y el patrimonio natural. Sin embargo, su declaración legal no los aísla de las perturbaciones ambientales, ni los protege frente a los grandes incendios forestales.

El fuego no entiende de límites administrativos, puede iniciarse dentro de un espacio protegido o propagarse desde los territorios circundantes. Y cuando coincide con condiciones meteorológicas extremas y una elevada continuidad del combustible, puede superar cualquier frontera sobre el mapa.

Incendios en la Red Natura 2000 en el verano de 2025

Una vez termine la temporada de grandes incendios de este año, podremos evaluar con detalle su impacto en las áreas protegidas. De momento, han afectado, por ejemplo, a la Reserva Natural del Valle de Iruelas (Ávila), hogar de la mayor colonia de buitre negro de Castilla y León, y a las cuencas de los ríos Alberche y Cofio (Comunidad de Madrid). Todos ellos forman parte de la Red Natura 2000.

En el verano de 2025, los incendios tuvieron una incidencia especialmente elevada sobre los espacios protegidos del noroeste de la península ibérica. De los 66 grandes incendios ocurridos, todos ellos superiores a 500 hectáreas, 40 afectaron a espacios de la Red Natura 2000. En su interior ardieron 150 074 hectáreas, equivalentes al 28,6 % de toda la superficie quemada.

El impacto fue especialmente intenso en el noroeste de España, donde 22 incendios afectaron a 108 010 hectáreas protegidas, el 39,9 % de la superficie quemada en esta región. Dentro de estos espacios, el fuego afectó principalmente a pastizales (61,1 % de la superficie quemada), comunidades arboladas (30 %) y, en menor proporción, a matorrales (6,1 %). Hay que destacar que ardió parte de espacios emblemáticos como los parques nacionales de Peneda-Gerês, en Portugal, y Picos de Europa, en España.

Además, el fuego calcinó territorios importantes para la conservación de especies amenazadas de Castilla y León. Entre ellos cabe destacar el 18 % del área de distribución de Geranium dolomiticum, el 12 % de la del urogallo cantábrico y el 7 % de la del oso pardo.

Un valle entre montañas con vegetación dominada por pinos
Valle de Iruelas antes del incendio del 2026.
Rastrojo/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Arden con mayor severidad las áreas protegidas?

No es fácil determinar si estas zonas arden con mayor severidad ya que depende, en gran medida, de la escala y del contexto analizados. Así, un estudio reciente, con una escala espacial que abarca los biomas forestales mediterráneos de Europa, California, Chile y Australia, señala que en ellos la severidad del fuego fue un 20 % mayor dentro de las áreas protegidas. Además, la población que vivía dentro o cerca de espacios protegidos presentó una probabilidad hasta 16 veces mayor de verse expuesta a grandes incendios.

Sin embargo, en otra investigación a menor escala, focalizada en las zonas afectadas por los incendios extremos ocurridos en 2025, se observó que, al comparar las superficies protegidas y no protegidas afectadas, la severidad fue igualmente elevada en ambas. La figura de protección no tuvo un efecto significativo en la severidad.

En los eventos extremos de fuego, cuando el incendio escapa a la capacidad de extinción y alcanza grandes dimensiones, su severidad depende principalmente de las condiciones meteorológicas, el tipo de vegetación, la cantidad y continuidad del combustible y la configuración del terreno. Bajo estas circunstancias extremas, la protección legal no aumenta ni reduce por sí sola los daños provocados por el fuego.

Estos resultados advierten de los riesgos de ampliar las áreas estrictamente protegidas sin incorporar medidas adecuadas de prevención.




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¿Puede la vegetación recuperarse por sí sola después de un gran incendio?


El caso de las Reservas de la Biosfera de Castilla y León

Las Reservas de la Biosfera, promovidas por la UNESCO mediante el programa Man and the Biosphere, buscan compatibilizar la conservación del patrimonio natural y cultural con el desarrollo económico y social de las comunidades locales. De todas las Reservas de la Biosfera en España, Castilla y León alberga diez: Ancares Leoneses, Alto Bernesga, Babia, Los Argüellos, Meseta Ibérica, Picos de Europa, Sierras de Béjar y Francia, Real Sitio de San Ildefonso-El Espinar, Valle de Laciana y Valles de Omaña y Luna.

Estos territorios contienen paisajes de elevado valor natural, pero también actividades ganaderas, forestales y agrícolas que han contribuido históricamente a modelarlos. La calidad de la gestión, la coordinación entre administraciones y la implicación de la población local determinan en estas áreas la protección frente a los incendios.

Mapa de España donde aparecen marcadas las Reservas de la Biosfera
Reservas de la Biosfera en España.
OAPN/Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Recientemente, el Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León hemos realizado un estudio (todavía sin publicar) sobre los incendios ocurridos entre 2008 y 2025. Nuestro trabajo muestra que estas reservas registraron, en conjunto, un menor número de incendios y una menor superficie quemada que las áreas exteriores adyacentes. No obstante, esta respuesta no fue homogénea, sino que dependió de la gestión del territorio, la zonificación interna y las condiciones bioclimáticas.

En general, se observó que los paisajes en mosaico –donde se alternan distintos usos de suelo, como campos de cultivo, pastos y bosque–, asociados a la ganadería, los cultivos y otros aprovechamientos tradicionales, limitan la propagación del fuego incluso cuando se producen numerosas igniciones. Además, las reservas situadas en el ámbito más mediterráneo fueron más vulnerables que las pertenecientes a la montaña cantábrica, lo que evidencia la influencia conjunta del clima, la estructura del paisaje y el abandono territorial.




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El fuego también es un proceso ecológico

Rebrote de lignotubérculo en Erica australis diez meses después del incendio de las Médulas de León en 2025.
Leonor Calvo, CC BY-NC
Plántulas de Cistus laurifolius procedentes de germinación de semillas después del incendio de las Médulas de León en 2025.
Leonor Calvo, CC BY-NC

No todos los incendios tienen las mismas consecuencias. El fuego es una perturbación natural en numerosos ecosistemas mediterráneos. Muchas plantas pueden rebrotar desde raíces, cepas o yemas protegidas. Otras mantienen bancos de semillas cuya germinación es estimulada por el calor o el humo.

Por tanto, una superficie quemada no equivale necesariamente a un ecosistema destruido. Cuando el incendio se mantiene dentro del régimen al que están adaptadas, la vegetación puede recuperar progresivamente su estructura y composición.

El problema aparece cuando ese régimen se altera. Una frecuencia de incendios excesiva puede impedir que los árboles alcancen la madurez y produzcan semillas. Una severidad extrema puede destruir los órganos de rebrote, los bancos de semillas y la materia orgánica del suelo. Los incendios muy extensos eliminan, además, los refugios y dificultan la recolonización de las zonas afectadas.




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Proteger no significa eliminar los incendios

El abandono de la ganadería extensiva, la recogida de leña y otros aprovechamientos tradicionales ha favorecido la acumulación de biomasa y la conexión entre formaciones vegetales antes separadas por pastizales, cultivos o áreas aclaradas. Esta continuidad facilita que, una vez iniciado, el fuego se propague por grandes superficies y alcance las copas de los árboles, pudiéndose transformar en eventos extremos de fuego de difícil manejo y grandes impactos en los ecosistemas.

Conservar no significa inmovilizar el territorio. Si bien en algunas figuras de protección, como en parques nacionales, la gestión está más restringida, en todas deben ponerse en marcha medidas de prevención. Estas deben combinar la gestión del combustible, la recuperación de la ganadería extensiva, las quemas prescritas cuando sean ecológicamente adecuadas y la creación de paisajes heterogéneos. Y también incluyen planes de autoprotección para la población y sus bienes, la coordinación entre administraciones, la participación local y el seguimiento científico.

Proteger un territorio no consiste solamente en otorgarle una categoría jurídica. Significa comprender sus procesos ecológicos, mantener su capacidad de adaptación y gestionar los riesgos existentes dentro y fuera de sus límites. Los espacios protegidos también sufren las consecuencias de los incendios forestales y, por tanto, conservarlos exige integrar el conocimiento científico aportado por la ecología del fuego en sus planes de gestión.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los espacios naturales protegidos no están a salvo de los incendios y también necesitan medidas de prevención – https://theconversation.com/los-espacios-naturales-protegidos-no-estan-a-salvo-de-los-incendios-y-tambien-necesitan-medidas-de-prevencion-288529

¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tomás Criado, Antropólogo urbano, Investigador senior Ramón y Cajal del grupo CareNet, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Toldos en la Plaza de la Reina de Valencia. Veja/Shutterstock

¿Han intentado ir al parque con niños una mañana de verano? Habrán comprobado una realidad aterradora. Durante nuestro paseo nos topamos con calles abrasadas por el sol y pavimentos recalentados, o parques infantiles convertidos en parrillas de caucho y metal por el calor.

Esta experiencia refleja un problema conocido por urbanistas y climatólogos. Nuestras ciudades se han convertido en “sarcófagos infrastructurales”. Es decir, hemos clausurado los suelos bajo gruesas capas de hormigón.

Este sellado asfixia el metabolismo subterráneo y actúa como una trampa de calor. Así, disparamos el efecto isla de calor urbana y nos exponemos a una insolación extrema. Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación de vulnerabilidad absoluta?

El sol como centro de nuestras ciudades

Desde el siglo XIX, el higienismo fue el concepto que guió el urbanismo moderno. Esta visión derribó barrios medievales de calles estrechas y sinuosas. El objetivo era abrir las ciudades al sol y al aire libre.

Bajo la premisa del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà (1815-1876) de que “el sol es salud”, el urbanismo priorizó la movilidad. El siglo XX no hizo sino empeorar el problema. La trágica ola de calor del año 2003 evidenció una cruda realidad. Este modelo nos aboca a una catástrofe crónica y creciente.

Hoy, ciudades como Barcelona o Sevilla ensayan planes para adaptarse. Las sombras, menospreciadas por este “urbanismo solar”, reciben ahora una atención renovada. Los umbráculos, toldos y parasoles están de vuelta para hacer las calles más habitables.




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Cómo el calor amplifica las desigualdades

El antropólogo y filósofo Bruno Latour hablaba de “mutación climática” para describir aquello que el debate científico llama el Antropoceno. Esto es, la era de la afectación planetaria de los seres humanos a causa de una forma de vida moderna dependiente de las energías fósiles. Él contraponía ese término a la idea de crisis.

Una crisis se puede revertir, pero una mutación implica una transformación ecológica irreversible. Sin embargo, el impacto de esta profunda mutación está lejos de ser homogéneo. El calor extremo funciona como una lente que amplifica las desigualdades sociales existentes.

Así lo demuestra el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático. Este instrumento del Área Metropolitana de Barcelona, creado en 2021, analiza el impacto de las altas temperaturas. Nos enseña cómo la calidad de la vivienda y la pobreza energética son factores decisivos.

Tenemos que repensar el urbanismo poniendo la vulnerabilidad en el centro. Las olas de calor condenan a muchas personas a un “aislamiento fatal” dentro de casa.

Por eso, recuperar la calle en estos contextos es fundamental. Al mismo tiempo, los espacios públicos someten a los viandantes a irradiaciones solares brutales. Las personas que trabajan al aire libre lo sufren de manera muy intensa.

El acceso a la sombra se ha convertido, por tanto, en una necesidad urbana innegociable para proteger los cuerpos más vulnerables. Es decir, todas aquellas vidas que el urbanismo moderno y su irradiación total han marginado.




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Soluciones low tech: oda a la sombra

Las diferencias de temperatura entre un lugar sombreado y uno soleado son abismales. Sin embargo, cabe señalar que no todas las sombras son iguales: la evapotranspiración y el follaje de los árboles ofrecen un confort térmico muy superior.

Ante la emergencia climática, el debate urbanístico receta plantar árboles. ¡Ojalá esta fuese la solución definitiva! Sin embargo, dentro de los “sarcófagos infraestructurales”, los árboles viven conectados con redes de soporte vital.

Las ciudades sufren sequías recurrentes y limitaciones de espacio en el subsuelo. Por tanto, no podemos depender exclusivamente de la vegetación; nos hace falta desplegar una serie de medidas alternativas.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, convocó hace unos años un concurso arquitectónico para generar prototipos de sombra efímera. Gracias a aquel aprendizaje, el consistorio desplegó un plan de estructuras estándar.

¿Es posible que estemos olvidando el carácter mundano de hacer sombra? ¿Que se puede crear sombra con muy pocos recursos? Entonces, ¿por qué no utilizar soluciones low tech o autoconstruidas?

Eso nos permitiría volver a soluciones arquitectónicas ancestrales como la medina mediterránea. Aquellos callejones estrechos eran una gran oda a la sombra.

Callejón estrecho con sombras de una medina de Tánger.
Art of line/Shutterstock

También podríamos revitalizar los umbráculos clásicos y la protección popular.

Sin embargo, la implementación de tales medidas es muy compleja dentro de los códigos urbanísticos actuales. Estas regulaciones fueron concebidas para un escenario climático ya obsoleto. Por ejemplo, muchas ordenanzas continúan exigiendo el uso de pavimentos impermeables y de estructuras de aluminio en vez de madera. En este contexto, ¿cómo podríamos articular un derecho a la sombra real?

¿Un derecho a la sombra?

Los historiadores Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz hablan de los problemas a los que nos aboca una gobernanza altamente institucionalizada para responder a la crisis ecológica. A menudo, grupos de expertos monopolizan las decisiones, y eso ralentiza y limita las posibilidades de acción.

Estos expertos determinan qué soluciones son viables y quién merece protección. Al mismo tiempo, relegan a la ciudadanía a un papel puramente pasivo y expectante. Para contrarrestar esta dinámica, en la Universitat Oberta de Catalunya estamos desplegando un proyecto de investigación-acción, el Departamento de Umbrología.

Arquitectura temporal de sombra en una plaza abierta, hecha con palos y telas, bajo la cual tiene lugar una conversación pública con gente sentada en sillas.
Conversación a la sombra. Cardedeu, Barcelona, 11 de julio.
Marc Sureda/Arquitectura de Contacte, FAL

El objetivo del trabajo es repoblar la imaginación urbana colectiva con procesos abiertos y de diálogo. Con estructuras para sombrear temporalmente ciertos lugares soleados, queremos crear conversaciones urbanas reales. El objetivo no es solucionar técnicamente la insolación, sino abrir un debate ciudadano para expresar los problemas concretos que el urbanismo solar causa a una gran diversidad de gente.

Queremos articular una conversación pública abierta sobre el impacto cotidiano de vivir en estos sarcófagos infraestructurales y debatir un borrador de Ordenanza por el Derecho Urbano a la Sombra.

Inspirados por ficciones legales como el Parlamento del Loira, este texto legal especulativo entiende la sombra como un bien comunal de todas las personas y seres vivos expulsados y expuestos por el orden solar del urbanismo moderno, como las personas que trabajan al aire libre. La ordenanza reivindica la habitabilidad de toda la comunidad biótica urbana y denuncia la expulsión a la que nos arroja el urbanismo solar.

El auténtico potencial de esta dinámica participativa es una apuesta por democratizar la gestión y la intervención de la redirección ecológica que requiere el calor urbano. Necesitamos desmantelar palmo a palmo los sarcófagos infraestructurales en los que vivimos para convertirlos en espacios de refugio.

Para hacer habitables las ciudades de hoy, hay que desplazar el urbanismo solar desplegando formas de autoprotección para una soberanía climática popular.

The Conversation

Tomás Criado cuenta con una beca Ramón y Cajal de la Agencia Estatal de Investigación (RYC2021-033410-I) y es IP del proyecto «El Departamento de Umbrología», financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso.

ref. ¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades? – https://theconversation.com/tenemos-derecho-a-la-sombra-en-las-ciudades-288638

Cómo los jesuitas domaron al dragón chino de los eclipses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Armentia, Profesor del Máster de comunicación científica, médica y ambiental, Universitat Pompeu Fabra

La bandera con un dragón devorando el Sol, también conocida como bandera del Dragón amarillo se convirtió en la primera bandera nacional de China. Wikimedia commons, CC BY

La imagen es poderosa: un dragón celestial devorando el Sol, mientras en la Tierra, el pueblo, aterrorizado, hace sonar tambores y gongs para espantarlo y salvar la luz del día. Este mito, que durante milenios explicó los eclipses solares en China, escondía una cruda realidad política y científica. Para los astrónomos de la corte imperial, un eclipse no era solo un espectáculo celeste, sino una cuestión de vida o muerte y de legitimidad dinástica.

En muchos textos de historia de la astronomía de los eclipses se recoge esta imagen del dragón que devora al Sol (que llegó a ser precisamente la bandera de la novena dinastía del imperio, la dinastía Qing –清朝– desde 1889 hasta su caída el 11 de octubre de 1911) como si fuera su principal contribución a este tema.

Pero resulta terriblemente injusto pensar que en un imperio milenario donde todo se registraba cuidadosamente –incluyendo, miles de años antes que en otros lugares, anotaciones sobre manchas en el Sol, estrellas nuevas y cometas– o donde la propia divinidad del emperador estaba asociada al cielo, lo único que hicieron con los eclipses fue tocar tambores.

El primer eclipse solar se registró en China

De hecho, el primer eclipse solar del que tenemos constancia ocurrió en China el 22 de octubre del año 2137 a. e. c., según aparece documentado en el Shujing o Clásico de Historia (書經) una de las fuentes históricas del Imperio chino, en compendios escritos en torno al siglo tercero antes de nuestra era, pero que recogen sucesos hasta del siglo XI a. e. c.

La leyenda cuenta que los astrónomos reales He y Hi, posiblemente distraídos o quizá ebrios e incapaces de predecirlo, fueron ajusticiados por su fracaso. Aunque debemos reconocer que toda esta historia es posiblemente apócrifa y que tanto el registro como su datación precisa de la mano de la astronomía son dudosos, como analiza el veterano comunicador científico Moncho Núñez en su reciente libro Eclipses. Historia y ciencia de la ocultación extemporánea del Sol (Guadalmazán, 2026). Un castigo ejemplarizante que mostraba que la astronomía en China era una ciencia de Estado al servicio del poder. El emperador, como “Hijo del Cielo”, basaba su legitimidad en una armonía cósmica. Un eclipse imprevisto era una grieta en ese orden, un presagio potencial de desgracia que podía interpretarse como una pérdida del Mandato Celestial.

Calendario chino y burocracia

El corazón de este sistema era el calendario lunisolar, una monumental obra de ingeniería matemática que sincronizaba los ciclos de la Luna con el año solar. Este calendario no solo organizaba el tiempo: regulaba desde la siembra y la cosecha hasta los impuestos y los complejos rituales imperiales. Su correcto funcionamiento era el termómetro del buen gobierno. Para sostenerlo se desarrolló una astronomía basada en la observación meticulosa y el registro minucioso, casi obsesivo, generando series de datos que abarcaban siglos. De hecho, se consideraba un orgullo que a lo largo de una serie temporal de miles de años se pudiera mantener la coherencia de los diferentes calendarios que se superpusieron en cada dinastía.

La Oficina de Astronomía Imperial, el Qīntiānjiān (钦天监), era la encargada de esta tarea. Sus astrónomos trabajaban con un método sofisticado basado en ciclos empíricos, derivados de ese archivo histórico. Conocían y aplicaban, por ejemplo, el ciclo metónico (19 años solares casi iguales a 235 meses lunares), un patrón descubierto también en otras culturas antiguas que permitía predecir épocas propicias para eclipses.

El nombre de este ciclo recuerda al astrónomo griego Metón de Atenas, que lo anotó en 432 a. e. c. Sabemos que en Mesopotamia se conocía dos siglos antes, aunque estaba ya en la base aún anterior de los primeros calendarios lunisolares, al tener en cuenta las repeticiones de los plenilunios a lo largo de los años solares.

Fracasos en la predicción

En cualquier caso, este método aritmético tenía un margen de error considerable. Podía alertar de que en un mes dado era probable un eclipse, pero fallaba al predecir la hora exacta, la duración o, incluso, si sería visible desde la capital imperial. Un eclipse predicho que no se veía, o uno no anunciado que oscurecía el cielo de Pekín, eran fracasos igualmente graves. Lo malo es que si se introducían correcciones para mejorar estos pronósticos, la duración de los años y los calendarios empezaba a variar y se podría perder la serie consolidada del registro histórico.

El problema se agravó durante la dinastía Ming (1368-1644). El calendario oficial, el Datong li (Calendario del Gran Inicio), establecido en 1384, acumulaba errores que se magnificaban con el tiempo. Para finales del siglo XVI, sus predicciones fallaban con frecuencia y notoriedad. Este deterioro no pasó desapercibido para los eruditos. El destacado astrónomo Xing Yunlu ya había señalado graves inexactitudes y abogado por una reforma en las décadas de 1570 y 1580. Sin embargo, su propuesta chocó con la muralla de la burocracia del Imperio Ming.

Asunto de Estado

La Oficina de Astronomía se había convertido en una casta burocrática y hereditaria. Como señala el historiador de la ciencia Nathan Sivin en su libro Granting the Seasons (Springer, 2009), estas posiciones a menudo se transmitían dentro de las mismas familias, creando un sistema nepotista más preocupado por mantener privilegios y estabilidad que por innovar (y menos aún reconocer errores). Un cambio en el calendario no era una mera actualización técnica; era un asunto de estado de primer orden que implicaba admitir el fracaso de un sistema vinculado a la legitimidad cosmológica de la dinastía. Promover una reforma era un riesgo político enorme, pues un error podía ser castigado severamente, mientras que mantener el statu quo, aunque fuera defectuoso, era el camino más seguro.

Este rifirrafe político creó el caldo de cultivo perfecto para la intervención externa. Los fracasos predictivos se hicieron tan evidentes que, hacia 1590, incluso altos funcionarios como los del Ministro de Ritos (el Ministerio de los Ritos o Lǐbù ,礼部, era uno de los seis ministerios que formaban el núcleo de la administración civil) comenzaron a presionar para buscar soluciones fuera del sistema tradicional. Fue esta crisis de credibilidad interna, y no solo la curiosidad intelectual, la que provocó que la corte acabara abriendo sus puertas a unos visitantes occidentales.

La llegada de los “letrados del oeste” y su geometría celestial

En este contexto de crisis de precisión y credibilidad en 1601 se presenta en Pekín el italiano Matteo Ricci (1552-1610), normalmente considerado el introductor del cristianismo en China, acompañado por el español Diego de Pantoja (1571-1618). Eran jesuitas, pero su estrategia fue presentarse ante la corte como “letrados occidentales”, eruditos en ciencias y matemáticas. Entre sus regalos al emperador, los más apreciados fueron los relojes mecánicos, instrumentos de una precisión en la medición del tiempo entonces desconocida en China.

Pantoja, nacido en Valdemoro (Madrid) en 1571 y formado como cosmógrafo, desempeñó un papel clave. No solo dirigió la fabricación de relojes solares, sino que colaboró con el erudito y funcionario chino Sun Yuanhua (孫元化) en el Libro ilustrado sobre el reloj de sol, Rìguǐ Túfǎ (日晷圖法), introduciendo nuevas técnicas de medición.

Su mayor aportación, sin embargo, fue demostrar la superioridad práctica de los métodos astronómicos europeos contemporáneos. Mientras el Qīntiānjiān trabajaba con compleja aritmética cíclica, los jesuitas usaban la geometría esférica y los últimos modelos planetarios (como los de Tycho Brahe). Su enfoque no se limitaba a buscar patrones en registros antiguos; calculaban los movimientos reales del Sol y la Luna en el espacio tridimensional. Esto les permitía predecir no solo el día, sino la hora, la duración, la magnitud y la trayectoria de la sombra sobre la Tierra, con una exactitud que dejó pasmada a la corte.

Una revolución silenciosa desde dentro del palacio

La evidencia fue, con el tiempo, incontestable. En repetidas ocasiones, los jesuitas acertaron donde el Datong li fallaba. El poder de su cálculo era tan evidente que, tras la caída de los Ming, el nuevo gobierno de la dinastía Qing tomó una decisión radical: encargar al jesuita Johann Adam Schall von Bell la creación de un nuevo calendario oficial.

El resultado fue el calendario Shixian (Calendario de la Concesión del Tiempo, 時憲曆), promulgado en 1645. Fue un híbrido histórico: la primera vez que el Imperio Celestial adoptaba un sistema astronómico oficial diseñado y dirigido por extranjeros. Se trataba de una síntesis forzada por la necesidad: el marco institucional, la necesidad política y los datos históricos eran chinos, pero la metodología matemática y geométrica era europea. La resistencia burocrática continuó durante décadas, y los errores no desaparecieron por completo, pero se redujeron drásticamente. Para el siglo XVIII, las predicciones tenían márgenes de error de minutos, no de horas o días.

De los ciclos a la geometría pura de Bessel

Sin embargo, esta historia de precisión creciente no termina con los jesuitas. Tanto los ciclos metónicos chinos como las efemérides tabuladas europeas del siglo XVII aún arrastraban limitaciones. Eran herramientas potentes, pero basadas en aproximaciones y correcciones empíricas. El nacimiento de la astronomía moderna y del análisis matemático asociado a la mecánica de Newton permitieron mejorar las predicciones en las posiciones de los planetas, el Sol y la Luna y, con ello, mejorar la precisión en los pronósticos de un eclipse. Como todo problema de los tres cuerpos, incorporaba cálculos complejos y soluciones aproximadas.

Incluso en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando el astrónomo Edmond Halley calculó un eclipse con los mejores métodos astronómicos disponibles para el 3 de mayo de 1715, la precisión en el tiempo es de 4 minutos y en la zona de totalidad de unas 20 millas (32,2 kilómetros), como describen los investigadores Aaaron Robotham y Sabine Bellstedt, de la Universidad de Australia Occidental.

La domesticación matemática de los eclipses

La auténtica domesticación matemática de los eclipses llegó en el siglo XIX con el astrónomo prusiano Friedrich Wilhelm Bessel (1784-1846).

En 1824, Bessel introdujo un método revolucionario que transformó el problema. En lugar de calcular laboriosamente las posiciones individuales del Sol y la Luna, expresó toda la geometría del eclipse en torno al cono de sombra de la segunda proyectado sobre la Tierra.

Al definir un plano fundamental perpendicular a este eje de sombra y usar un ingenioso sistema de coordenadas, redujo la complejidad del cálculo a unos pocos parámetros elegantes (los llamados “elementos beselianos”). Este método, que separaba claramente la geometría celeste de los movimientos orbitales, permitía una precisión analítica sin precedentes y es, en esencia, la base de los algoritmos que aún hoy se siguen usando para el cálculo de eclipses.

Así, el largo camino para “domar al dragón” pasó de los tambores rituales y la minuciosa observación y registro de los sucesos a la aritmética de ciclos a la geometría esférica de los jesuitas, y, finalmente, alcanzó la abstracción analítica de Bessel.

El encuentro entre China y Europa en el siglo XVII no fue una simple transferencia de conocimiento, sino el catalizador que resolvió una crisis interna de precisión. Demostró que incluso la tradición observacional más rica del mundo podía estancarse en la inercia burocrática, y que la innovación, a menudo, llega por caminos inesperados y forzados por la pura necesidad de tener razón. Y, por supuesto, tuvo consecuencias sociales, políticas y económicas que propiciaron toda la historia de relaciones entre oriente y occidente a partir de entonces.

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Javier Armentia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo los jesuitas domaron al dragón chino de los eclipses – https://theconversation.com/como-los-jesuitas-domaron-al-dragon-chino-de-los-eclipses-273477

Nuevo estudio con grandes simios: ¿es la risa el origen del lenguaje humano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Llorente Espino, Psicología comparada y comportamiento animal, Universitat de Girona

Gorila riendo en el juego. W Calvin / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Todos reconocemos ese sonido. El “ja, ja, ja” que se nos escapa con un chiste, con las cosquillas o cuando un bebé juega a esconderse tras las manos. Nos parece un gesto íntimamente humano, un código exclusivo de nuestra especie o nuestra cultura. Y, sin embargo, si nos topáramos en un bosque tropical con un grupo de crías de chimpancé o gorilas jugando, oiríamos algo inquietantemente familiar. La risa no es un invento humano.

Ratas, perros y delfines también

Incluso más allá de los primates, algo parecido a la risa asoma por medio reino animal, casi siempre con la misma intención: avisar de que lo que viene es juego, no pelea. Los etólogos lo llaman “metacomunicación”, que es una palabra aparatosa para una idea muy simple: comunicar sobre la propia comunicación, soltar un “tranquilo, que voy de broma”. Les ocurre hasta a las ratas, como descubrió el neurocientífico Jaak Panksepp: si se les hacen cosquillas, sueltan unos chisporroteos vocales a 50 kilohercios, tan agudos que nuestro oído ni los capta. Llamarlo “risa” quizá sea generoso, pero tiene exactamente la misma función: mantener el juego dentro de unos límites para que no acabe en mordisco.

Los perros tienen su propia versión, un jadeo entrecortado –el “jadeo de juego”– que hasta es usado para calmar a los animales en las protectoras. Y los delfines, mientras se persiguen jugando, emiten unos chasquidos a toda velocidad, un sonido que avisa de que la persecución no va en serio.

Golpes de voz acompasados

Pero para rastrear cómo un simple “voy de broma” pudo acabar moldeando algo tan nuestro como el habla, hay que mirar de cerca a nuestros primos evolutivos: los grandes simios. Y aquí no descubrimos nada nuevo. Ya el propio Darwin, observando a un chimpancé al que le hacían cosquillas, anotó que aquello se parecía sospechosamente a la risa humana. Chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes se ríen, y lo sabemos desde hace siglo y medio.

Un un estudio reciente publicado en Nature se ha planteado una pregunta distinta: en lugar de comprobar si los grandes simios se ríen, los autores se fijaron en cómo lo hacen. Es decir, en el ritmo de la risa y la cadencia del sonido: el tiempo exacto que tarda un “golpe de voz” en dar paso al siguiente. ¿El resultado? La risa de los grandes simios es “isócrona”: sus golpes caen a intervalos regulares, con un pulso constante. No es un jadeo caótico; tiene compás.

Aunque ojo, tampoco es que llevar el ritmo sea tan raro en la naturaleza. Hay muchos animales que emiten sonidos acompasados, y ese mismo pulso ya se conocía en los cantos de los lémures, los gibones o algunos monos. Por sí sola, la isocronía no distingue a los grandes simios de otros animales. Lo relevante de esta investigación es asumir que si orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y nosotros nos reímos con el mismo compás, lo más probable es que ya lo hiciera el antepasado que todos compartimos, hace unos quince millones de años. Reíamos así mucho antes de ser humanos.

Fósiles sonoros

El sonido no deja fósiles. No hay forma de hacer arqueología de la risa de un antepasado que vivió hace millones de años, así que la única manera de asomarse a ese pasado es la etología comparada. Y ahí la risa se convierte en una especie de fósil sonoro: escuchándola en nuestros parientes evolutivos podemos inferir cómo aprendieron a controlar el aire y la voz nuestros ancestros, mucho antes de que existiera la primera palabra.

La citada investigación intenta descifrar cómo el contexto físico esculpe la fonación. En pleno juego de pelea y persecución, los sonidos que emiten los simios se fragmentan y se vuelven caóticos. Sin embargo, cuando el estímulo son las cosquillas, el ritmo se vuelve predecible. La razón es puramente mecánica: el ejercicio físico deforma la caja torácica y altera la respiración, mientras que las cosquillas, al recibirse en una postura pasiva, revela la estructura acústica pura del animal.

A partir de ahí, los autores proponen cuál pudo ser su historia evolutiva: generación tras generación, la risa de nuestros antepasados se fue haciendo más rápida y más flexible, hasta llegar a la nuestra. Y aquí está la pieza clave. Nosotros somos los únicos que cambiamos el ritmo de la risa a voluntad: no nos reímos igual ante un chiste que ante unas cosquillas. Los demás simios mantienen su compás pase lo que pase; nosotros lo estiramos, lo aceleramos, lo frenamos. Esa capacidad de gobernar el aire y afinar el sonido a nuestro antojo es justo la que hace falta para hablar.

¿La risa vino antes que el habla?

Los autores sitúan la risa y el lenguaje en una línea de continuidad casi directa, como si una fuera la madre del otro. Y es que el control vocal que desvela la risa es una pieza clave del puzle lingüístico, desde luego, pero es solo una pieza.

El lenguaje humano no es solo sonido articulado. Pensemos en cuánto comunicamos con las manos, con la postura o con la mirada. Buena parte de nuestras raíces comunicativas más profundas están firmemente ancladas en el gesto y el cuadro completo de la comunicación homínida es mucho más rico y polifónico.

Hoja de ruta para futuras investigaciones

Con todo, cualquier reconstrucción del pasado basada en unos pocos datos de unos pocos individuos requiere cierta cautela a la hora de generalizar los resultados. Estas limitaciones en los tamaños de las muestras, tristemente habitual en primatología, impiden trazar conclusiones categóricas que pretendan resumir quince millones de años de historia evolutiva.

En biología, factores como la mecánica respiratoria ligada al tamaño del cuerpo (alometría) o los cambios propios del crecimiento del individuo (ontogenia) pueden empañar los análisis e interactuar con las tendencias filogenéticas globales. Por eso, más que un mapa definitivo sobre la evolución de la voz (y del habla), este valioso estudio nos ofrece una sugerente y brillante hoja de ruta que futuras investigaciones deberán calibrar.

Eso sí, la próxima vez que sufra un ataque de risa incontrolable en mitad de una cena con amigos, recuerde que no está emitiendo un sonido cualquiera. Está haciendo sonar un instrumento biológico afinado nota a nota durante millones de años de historia evolutiva. El mismo instrumento que, con otra cadencia pero con la misma función social, hace vibrar el pecho de un gorila cuando le buscan las cosquillas. Al fin y al cabo, reímos en familia.

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Miquel Llorente Espino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El bronceado no es signo de salud: así se protege la piel del daño solar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natasha Zarich Dimitrievich, Investigadora en Señalización y Cáncer, Instituto de Salud Carlos III

Elen Stock/Shutterstock

La piel morena suele asociarse con salud, vacaciones o una vida al aire libre. Sin embargo, el bronceado no es un símbolo de salud, sino un mecanismo de defensa frente a la radiación ultravioleta. Para entender cómo se produce
hay que combinar dos disciplinas: la física de la radiación solar y la biología molecular de nuestra piel.

La física y la biología del bronceado

El principal responsable del bronceado es la melanina, un pigmento producido por células de la epidermis, llamadas melanocitos, que desempeña un papel esencial en la protección de la piel. La melanina se distribuye a los queratinocitos, las principales células de la epidermis, donde forma un paraguas microscópico sobre el núcleo celular para evitar que sea dañado por la luz ultravioleta.

La luz visible representa solo una pequeña parte de la radiación emitida por el Sol. Junto a ella llegan los infrarrojos, responsables del calor, y la radiación ultravioleta (UV), invisible para nuestros ojos pero con una enorme capacidad para producir cambios biológicos.

Desde el punto de vista de la física, la radiación está formada por fotones, cuya energía depende de su longitud de onda. Cuanto menor es la longitud de onda, mayor es la energía transportada por cada fotón.

La radiación ultravioleta que llega a la Tierra está formada principalmente por UVA (con una longitud de onda de entre 315 y 400 nanómetros) y UVB (entre 280 y 315 nanómetros). Los UVA representan alrededor del 95 % de la radiación ultravioleta que llega al suelo y los UVB el 5 %, aunque estas proporciones varían con la hora del día, la estación y la latitud.

Si bien poseen menos energía por fotón, los UVA penetran más profundamente en la piel y alcanzan la dermis. En la epidermis oxidan y redistribuyen la melanina ya existente, mientras que en la dermis generan radicales libres que dañan el colágeno y la elastina, favoreciendo el fotoenvejecimiento.

Los UVB, aunque menos abundantes, transportan más energía por fotón y actúan principalmente en la epidermis. Allí producen lesiones estructurales en el ADN de los queratinocitos, lo que activa la proteína p53, conocida como “el guardián del genoma” por su papel a la hora de evitar el desarrollo de tumores.

Dicha proteína estimula la síntesis de melanina, que se transfiere a los queratinocitos para proteger el ADN frente a futuras exposiciones solares. Aunque la producción de melanina se activa tras un daño inicial en el ADN, gran parte de este puede ser reparado por las células.

Los UVB son también responsables de iniciar la producción de vitamina D en la piel, aunque mediante un mecanismo diferente.

Una pequeña diferencia en la energía de un fotón basta para activar estos mecanismos celulares completamente distintos. La síntesis de nueva melanina es la responsable del bronceado duradero. En este aspecto, debemos tener en cuenta que las personas con piel más oscura presentan una mayor pigmentación debido a una mayor actividad melanogénica y al tipo de melanina que producen, por lo que el aumento de pigmentación tras la exposición solar suele resultar menos evidente en ellos y su protección natural frente a la radiación ultravioleta es mayor.

¿Broncea más el Sol de mediodía?

Cuando el Sol está alto, sus rayos atraviesan una menor cantidad de atmósfera y llegan más fotones ultravioleta a la piel. Tanto los UVA como los UVB se absorben menos durante ese recorrido, aunque el aumento es mucho mayor para los UVB, ya que la atmósfera los atenúa con mayor eficacia.

Como consecuencia, al mediodía aumenta la cantidad de fotones UVB, lo que incrementa el daño inicial en el ADN y, con ello, la síntesis de melanina. Si la exposición a esta mayor intensidad de radiación UVB es prolongada, el daño puede superar la capacidad de protección que proporciona la melanina y los mecanismos de reparación celular. Esto desencadena una respuesta inflamatoria conocida como quemadura solar y aumenta el riesgo de mutaciones y cáncer de piel.

El calor no es un buen indicador de la intensidad de la radiación ultravioleta. La sensación térmica depende principalmente de la radiación infrarroja, por lo que es posible recibir dosis elevadas de radiación ultravioleta incluso en días frescos, nublados o con viento.

La melanina también protege los ojos

La melanina no solo está presente en la piel. También está en el iris y el epitelio pigmentario de la retina, donde absorbe parte de la radiación ultravioleta y reduce el daño oxidativo.

Las personas con ojos claros suelen ser más sensibles al deslumbramiento y presentan un mayor riesgo de algunas enfermedades oculares relacionadas con la exposición solar. A diferencia de la piel, el ojo no desarrolla un bronceado protector. Por ello, unas gafas de sol homologadas con filtro UV son tan importantes como el protector solar.

Un sofisticado sistema de defensa

Comprender la física de la radiación solar y la biología de la piel permite entender que no existe bronceado sin un daño previo en el ADN.

Si las exposiciones solares son moderadas y se espacian en el tiempo, gran parte del daño puede repararse. Cuando el daño supera la capacidad de protección de la melanina y los mecanismos de reparación celular, se acumula y favorece el envejecimiento cutáneo y aumenta el riesgo de cáncer de piel. Comprender este proceso permite disfrutar del Sol minimizando sus riesgos.

Los fotoprotectores actúan como filtros ópticos que reducen el número de fotones ultravioleta que alcanzan la piel y, con ello, el daño biológico. Utilizarlos adecuadamente, junto con limitar la exposición en las horas centrales del día, permite aprovechar los beneficios del Sol, como la síntesis de vitamina D, al mismo tiempo que se reducen los riesgos de una exposición excesiva.

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Natasha Zarich Dimitrievich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Crianza respetuosa: la cuestión no es elegir entre afecto y autoridad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Merino, Universidad de Deusto

Prostock-studio/Shutterstock

En la película Padre no hay más que uno 4: Campanas de boda, una escena resume con humor buena parte del debate actual sobre la crianza. Milagros, la abuela interpretada por Loles León, intenta despertar a una de las niñas para ir al colegio. La pequeña se resiste, grita y se niega a levantarse.

La abuela prueba entonces a aplicar lo que entiende por crianza consciente: le dice con voz calmada que comprende su frustración, que a ella también le gustaría quedarse en la cama hasta las once y que ambas van a respirar profundamente. Pero la niña continúa chillando. Milagros pierde la paciencia y termina amenazándola a gritos con arrancarle las coletas. La rabieta cesa de inmediato. Al salir de la habitación, comenta satisfecha al padre: “Eso de la crianza consciente sí funciona”.

Todos nos podemos reconocer en los extremos que plantea la escena: por un lado, una educación basada en razonar, validar y acompañar cada emoción; por otro, una autoridad brusca sostenida en el miedo. Entre ambos polos se sitúa una pregunta importante: ¿la crianza respetuosa ofrece realmente una alternativa a los modelos tradicionales o, bien entendida, recupera algo que la psicología lleva décadas defendiendo: la combinación de afecto, sensibilidad y límites claros?

De dónde viene la crianza respetuosa

En los últimos años, la crianza respetuosa (conocida en inglés como gentle parenting) ha ganado gran visibilidad en redes sociales, blogs y libros para familias. La autora británica Sarah Ockwell-Smith contribuyó a popularizar esta denominación y a presentarla como una forma de educar basada en la empatía, el respeto, la comprensión y los límites. La propuesta resulta atractiva: escuchar al niño, comprender qué hay detrás de su conducta, evitar la humillación y ejercer la autoridad sin violencia.

Sin embargo, su difusión ha avanzado mucho más rápido que la investigación científica. La crianza respetuosa no nació de una teoría psicológica evaluada sistemáticamente, sino que se extendió mediante libros de divulgación y comunidades digitales.

Evidencias tras la moda

El primer estudio empírico que analizó qué entienden por crianza respetuosa quienes se identifican con ella no se publicó hasta 2024. En ese estudio, los padres y madres destacaban tres elementos: regular sus propias emociones, ayudar a sus hijos e hijas a gestionar las suyas y mostrarles afecto.

Sin embargo, también se observó una gran diversidad en su aplicación. Algunos progenitores combinaban la validación emocional con una dirección adulta clara; otros empleaban respuestas más centradas en las preferencias infantiles. Además, no se hallaron diferencias claras entre quienes se consideraban padres “respetuosos” y el resto en los estilos educativos clásicos.

¿Nuevo nombre para un modelo de crianza ya existente?

Esto plantea una pregunta fundamental: ¿estamos realmente ante un modelo nuevo? Si la crianza respetuosa incluye afecto, sensibilidad, explicación de las normas, límites consistentes y una autoridad no coercitiva, se aproxima mucho al estilo educativo autorizativo o democrático descrito desde hace décadas por la psicología del desarrollo.

Este estilo educativo combina calidez con expectativas claras y exigencias adecuadas a la edad. La evidencia lo relaciona con un mejor ajuste infantil, mientras que los estilos permisivos, caracterizados por mucha calidez, pero poca regulación, se asocian con más dificultades de conducta.

Respetar es solo una parte

La cuestión no consiste en elegir entre afecto y autoridad. Ambos son necesarios. Respetar a un niño no significa que pueda decidir siempre, que toda norma deba negociarse o que los adultos tengan que evitar cualquier frustración. Significa reconocer su dignidad, escuchar sus emociones y evitar respuestas violentas o humillantes. Pero también implica asumir una responsabilidad que el niño todavía no puede ejercer: proteger, orientar y establecer límites.

Pero comprender y validar las emociones infantiles solo representa una parte de la tarea educativa. Los niños también necesitan aprender a convivir con reglas externas, aceptar consecuencias y relacionarse con personas cuyos deseos no siempre coinciden con los suyos. Necesitan, en definitiva, amor y límites.




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Gestionar frustraciones y decir no

La frustración razonable forma parte de ese aprendizaje. Esperar un turno, aceptar un “no”, reparar un daño o cumplir una responsabilidad no perjudica el desarrollo dentro de una relación segura. Al contrario, contribuye al autocontrol, la flexibilidad y la tolerancia al malestar. Validar una emoción no implica aceptar cualquier conducta: se puede comprender el enfado y, al mismo tiempo, mantener la norma necesaria que ha desencadenado el enfado.

El problema aparece cuando la crianza respetuosa se simplifica en las redes sociales. Mensajes como “Toda conducta expresa una necesidad” o “Hay que respetar siempre los ritmos del niño” contienen una parte de verdad, pero pueden interpretarse de manera extrema.




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El resultado puede ser una parentalidad en la que se teme decir “no”, se negocia constantemente y se confunde el malestar infantil con un daño que debe evitarse. En ese punto, la propuesta deja de parecerse al estilo autorizativo y se aproxima a un funcionamiento permisivo.

Además, esta interpretación puede tener un coste emocional para los adultos. Algunos padres y madres se sienten agotados, inseguros y muy críticos consigo mismos cuando no consiguen mantener siempre la calma. La idea de que un buen progenitor debe ser permanentemente paciente y disponible puede convertirse en un ideal imposible y generar culpa.




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De la crianza respetuosa a la parentalidad consciente

Aquí resulta especialmente útil la parentalidad consciente o mindful parenting. Ambos enfoques comparten la escucha, la empatía y la regulación emocional, pero la parentalidad consciente también invita al adulto a observarse: ¿qué estoy sintiendo? ¿Estoy respondiendo a la situación o reaccionando desde el cansancio?

La parentalidad consciente incluye atención plena, conciencia de las emociones propias y ajenas, aceptación sin juicio, autorregulación y compasión hacia el hijo y hacia uno mismo.

En una investigación realizada por nuestro equipo con población española, estas capacidades se relacionaron con mayor afecto parental, más autocompasión y menos estrés.




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En otro estudio piloto, un programa breve de mindfulness o atención plena para padres y madres de adolescentes mejoró la atención consciente, la satisfacción con las propias capacidades parentales y la relación con los hijos.

Una crianza verdaderamente respetuosa no elimina la autoridad, la ejerce sin humillar. No evita toda frustración, ayuda a sobrellevarla. No coloca la gratificación inmediata o la eliminación del malestar en el centro, sino las necesidades infantiles. El reto es ofrecer afecto, seguridad y límites claros y protectores.

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Laura Merino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Una catedral para un nuevo Año Santo: Santiago de Compostela en marzo de 1669

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Taín Guzmán, Chair professor, Universidade de Santiago de Compostela

Durante el lluvioso anochecer del 3 de marzo de 1669 llega a Santiago de Compostela, tras recorrer el Camino Portugués, Cosimo III de Medici, Gran Príncipe de Toscana, famoso por su devoción y su gusto por peregrinar.

Viene acompañado por solo algunos miembros de confianza de su séquito, pues ha dejado al resto descansando en Padrón, a unos 20 km de distancia. Tales prisas por llegar a la ciudad se explican por su interés en pasar la noche en Compostela y acudir a la mañana siguiente, muy temprano, a la catedral que alberga las reliquias del apóstol Santiago el Mayor y escuchar la misa del peregrino en la capilla de El Salvador, donde además comulgará –y tal vez recibirá su compostela–.

A lo largo de ese mismo día, llega el resto de la comitiva. Entre ellos se encuentra el joven arquitecto y pintor florentino Pier Maria Baldi, con el encargo ex profeso de dibujar las localidades donde come o duerme el príncipe.

Así, mientras Cosimo recibe visitas de autoridades locales o descansa durante los días 4 y 5, el artista busca en el monte de Santa Susana una localización desde la que dibujar sus bocetos para realizar, ya en Florencia, la gran panorámica de Compostela. Se trata de la página 159 de la Relazione Ufficiale del Viaggio di Cosimo III, hoy en la Biblioteca Medicea Laurenziana, donde el protagonista principal es el Santuario del Apóstol.

Las ocho torres de la catedral dibujada

El edificio dibujado presenta una imagen acastillada, muy diferente de la vistosa catedral actual, tras las renovaciones del Barroco. En efecto, en 1669 todavía se conservaba la basílica medieval, con su techumbre de losas de cantería, sus tres fachadas y ocho torres. Lamentablemente, Baldi evita representar la fachada románica del Obradoiro y coloca delante un inoportuno árbol, dejando pasar la ocasión de crear un testimonio gráfico de inapreciable valor.

Sí figuran las dos torres que la flanquean, la Torre de la Carraca –que debe su nombre a la matraca que alberga y que suena durante la Semana Santa– y la Torre de las Campanas. En su interior se hallan las campanas a las debe su nombre, cuyos repiques avisan a vecinos y peregrinos de la celebración de oficios.

Detrás, se representaría la terminación de una altura, que correspondería a la enigmática Torre del Gallo, un campanario del siglo XV, demolido en 1759, que flanquea el lado este de la fachada de la Azabachería, donde se encuentra la puerta por la que entran los peregrinos.

A ella le sigue la Torre del Crucero, construida entre 1664 y 1665. Su linterna y aguja la convirtieron entonces en la mayor altura de la catedral y, en consecuencia, en el referente visual de los peregrinos del lugar donde se hallaba la tumba del Apóstol. Además, es posible que la linterna funcionase entonces a modo de farola jacobea en los Años Santos, igual que lo hace la actual linterna de la Torre del Reloj desde su construcción en 1680.

El enorme volumen del claustro catedralicio, construido entre 1520 y 1537, se identifica perfectamente gracias a la representación de los palacios y torres a él superpuestos. En el extremo suroccidental se eleva la Torre de la Vela, de cronología, autoría y finalidad controvertida, aunque, dado su nombre, es clara su vinculación a la vigilancia de ese flanco de la ciudad.

La Torre del Ángel se sitúa en el flanco oeste de la fachada de las Platerías y habría sido construida unos años antes de 1470, fruto de la remodelación de una torre anterior. De gran altura –posiblemente la mayor en el siglo XV– desde ella se podía controlar las calles del sur, particularmente la plaza de las Platerías, corazón económico de Compostela, con una azarosa historia de revueltas. Fue derribada a finales del siglo XVII, pocos años después de la visita de Cosimo.

La Torre del Rey de Francia, hoy conocida como la Berenguela, se representa en el lado este de la fachada de las Platerías. Se trata de un gran edificio gótico cuadrangular construido entre 1484 y 1494 para albergar las campanas donadas al Apóstol por el rey francés Luis XI. Hoy se conserva porque entre 1676 y 1680 fue reutilizado como primer cuerpo de la actual Torre del Reloj.

Sobre ella se asienta un chapitel de hierro con una campana perfectamente detallada, correspondiente a un reloj que se disponía hacía la Plaza de la Quintana. Así, mientras las campanas interiores de la torre se tocaban sólo con motivo de las grandes celebraciones catedralicias, la del chapitel metálico lo hacía de acuerdo con las horas marcadas por el reloj para regular los horarios de la vida social y económica de los vecinos de Compostela.

La Torre del Tesoro es lo único que se representa del Palacio del Tesoro. Fue construido entre 1543 y 1555 para guardar en su interior los objetos más valiosos de la catedral, tanto los adquiridos por el cabildo para solemnizar la liturgia como los regalados por reyes, nobles y peregrinos. Su famoso remate escalonado evocaría las representaciones imaginarias del Mausoleo de Halicarnaso y aludiría al destino de la catedral como panteón apostólico.

Los preparativos para el año santo de 1677

La Relazione Ufficiale del Viaggio describe con detalle la visita medicea en el interior de la basílica. Así, Cosimo, tras asistir a la misa del peregrino, siguiendo la tradición –y es de suponer que acompañado de otros peregrinos–, acudió al recinto de la capilla mayor. Allí contemplaría la imagen pétrea de Santiago que preside la catedral desde 1211. A ella accedían los peregrinos por unas escaleras, tal vez también el príncipe, para rendir homenaje a la imagen del santo con el rito del abrazo y el beso, meta de la peregrinación.

Significativamente, el diario también se muestra bien informado del proyecto barroco de construir un camarín para albergar la imagen –el actual– y un nuevo baldaquino con vistas al nuevo año santo de 1677, cuando se instala el Santiago Matamoros que lo corona.

Y ahí siguen todavía hoy, como podremos volver a disfrutar trescientos cincuenta años después, en este próximo año santo de 2027.


El proyecto cuenta con el apoyo del The Medici Archive Project de Florencia, dirigido por Alessio Assonitis, experto internacional en los Medici, y del Centro Interdipartimentale di Ricerca sull’Iconografia della Città Europea, dirigido por Alfredo Buccaro, experto internacional en iconografía urbana. Además, colaboran la Biblioteca Medicea Laurenziana y el Kunsthistorisches Institut de Florencia.


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Miguel Taín Guzmán recibe fondos para el proyecto PID2023-147647NB-I00 financiado por MCIU /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE, años 2024-2027

ref. Una catedral para un nuevo Año Santo: Santiago de Compostela en marzo de 1669 – https://theconversation.com/una-catedral-para-un-nuevo-ano-santo-santiago-de-compostela-en-marzo-de-1669-284893

Escrito por IA: el comienzo de una disrupción permanente para las empresas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco del Olmo García, Profesor Asociado de Economía Aplicada e Investigador del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social (IAES) y de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa, Universidad de Alcalá

TechSolution/shutterstock

Preguntamos a ChatGPT-4: “Si tuvieras que empezar un artículo con el siguiente título: ‘Escrito por IA – El comienzo de una disrupción permanente para las empresas’, ¿cómo lo harías?”. Y su respuesta fue:

“La inteligencia artificial ya ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una realidad palpable que está transformando las empresas de manera irreversible. En un mundo donde los avances tecnológicos ocurren a un ritmo acelerado, la IA ha irrumpido en casi todos los sectores, desde la atención al cliente hasta la toma de decisiones estratégicas, alterando profundamente los modelos de negocio tradicionales. Lo que comenzó como una herramienta para optimizar tareas rutinarias hoy está impulsando una disrupción más amplia, que no solo mejora la eficiencia, sino que redefine por completo la relación entre las empresas, sus empleados y sus clientes. Con algoritmos capaces de analizar grandes volúmenes de datos en fracciones de segundo, las compañías se enfrentan a un panorama en el que adaptarse a la inteligencia artificial no es una opción, sino una necesidad para seguir siendo competitivas”.

Experimentar la IA

Un informe del Banco de España de mayo de 2025, señala que aproximadamente el 20 % de las empresas españolas analizadas ya emplean, aunque en su mayoría de manera experimental, sistemas de inteligencia artificial. Sobre todo en la optimización de procesos internos (búsqueda de información, análisis y gestión de datos, generación de informes) y en acciones de marketing (campañas publicitarias personalizadas a través del tratamiento de los datos generados por los clientes).

A pesar de la capacidad de la IA para mejorar la eficiencia y la creatividad, también genera preocupaciones sobre las desigualdades y la desestabilización del mercado laboral tradicional, la privacidad, la desinformación, los delitos asistidos por IA y su uso para vigilancia y control social.

Un claro ejemplo es el uso de la IA para realizar estafas, que en 10 años han aumentado un 513,4 %, o para generar imágenes falsas.

En el área empresarial, la IA está modificando la manera en que interactúan los clientes y las empresas: los chatbots ya no responden en función de reglas predefinidas, sino que la IA genera respuestas precisas a partir de la comprensión del contexto, el sentimiento y la intención del usuario. Por tanto, no queda más remedio que adaptar la gestión empresarial a esta nueva realidad.




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Las pymes y la IA

La mayor productividad relativa que genera su tamaño hace que sean las grandes empresas las que protagonicen la revolución tecnológica.

Destacan las innovaciones y mejoras de las grandes tecnológicas (Google, Apple, Meta, Amazon, Microsoft) por sus enormes economías de escala y la capacidad de trasladar a la sociedad estas automatizaciones.

De hecho, el tamaño de estas empresas es un factor clave para generar el capital necesario para invertir en I+D y desarrollar productos que les permitan beneficiarse de sus asisentes virtuales.

Amazon utiliza la IA para anticiparse a las necesidades de sus clientes. Meta lo hace en el marketing digital, aprovechando las interacciones de los usuarios con Meta AI para mostrarles anuncios relevantes.

La IA y los gobiernos

Una de las grandes amenazas para el empleo tiene que ver con la incorporación de la IA como eje primordial de la dirección empresarial futura, dada su agilidad, rapidez y concreción en la resolución de problemas, incluso con mayor eficiencia que los seres humanos. De ahí la importancia de la existencia de marcos normativos que regulen y a la vez sirvan de impulso para el desarrollo de la IA.

En este sentido, la Unión Europea aprobó en 2024 la Ley de Inteligencia Artificial y, para coordinar su aplicación, ha creado la Oficina Europea de IA. Además, ha redactado un Código de Buenas Prácticas que entrará en vigor a más tardar en 2027.

En otras regiones la regulación avanza a diferentes ritmos. En Latinoamérica no hay una coordinación entre países y se van dando pasos sin una coordinación conjunta. En los países árabes se están formulando estrategias enfocadas a diversificar las economías, aunque también en desarrollar regulaciones, como en Bahrein u Omán, aunque la orientación es a captar inversión.

En Estados Unidos, está sobre la mesa el dilema ético sobre el empleo de la IA para usos militares, a la vez que el gobierno busca establecer nuevas condiciones para las empresas proveedoras de modelos de IA, que tendrían que otorgarle una licencia irrevocable para usar sus sistemas con todos los fines legales.

En España, el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública presentó en mayo de 2024 la Estrategia de Inteligencia Artificial 2024, una extensión del programa presentado en 2020. Con el objetivo de “acelerar, facilitar, acompañar y promover el desarrollo y la expansión de la IA”, la estrategia define ocho palancas clave:

  1. Impulsar la inversión en supercomputación. Por ejemplo con la creación de factorías de IA, lo que podría generar un importante impulso para aplicaciones industriales.

  2. Generar capacidad sostenibles de almacenamiento de datos. Entrenar modelos avanzados exige gran capacidad de almacenamiento. El proyecto más relevante se desarrolla en la provincia de Badajoz.

  3. Diseñar una infraestructura pública de modelos de lenguaje.

  4. Fomentar el talento en IA.

  5. Impulsar la IA en el sector público.

  6. Ayudar a la expansión de la IA en el sector privado, especialmente en las pymes.

  7. Desarrollar un marco integral de ciberseguridad y ciberdefensa, con una inversión en 2025 de más de mil millones de euros. Además, se trabaja en la internacionalización del sector.

  8. Impulsar la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA). Su objetivo es garantizar el uso ético y seguro de la IA en España; para ello, supervisa que las entidades públicas y privadas cumplen con la normativa vigente y protegen la privacidad, igualdad de trato y derechos fundamentales de los usuarios.

Una nueva era

“La inteligencia artificial ya ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una realidad palpable que está transformando las empresas de manera irreversible” decía ChatGPT-4 al inicio de este texto. Y tiene razón al decirlo.

La IA supone un cambio sin precedentes desde la creación de internet, un hito histórico que estamos viviendo en primera persona. Esta era podría bautizarse como la época escrita por la IA, o la época humano-IA-humano o H2AI2H (Human to AI to Human), por sus siglas en inglés.


Pablo Victoria Rivera (https://www.linkedin.com/in/pablo-victoria-rivera/) ha participado en la redacción de este artículo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Escrito por IA: el comienzo de una disrupción permanente para las empresas – https://theconversation.com/escrito-por-ia-el-comienzo-de-una-disrupcion-permanente-para-las-empresas-264637

Décès de Rudolph Marcus : est-ce la fin des théories analytiques élégantes ?

Source: The Conversation – in French – By Olivier Fontaine, Professeur de Chimie, et de sciences physiques, Université de Montréal

La triste nouvelle du 16 juillet dernier du décès de Rudolph Arthur Marcus, lauréat du prix Nobel de chimie en 1992, invite à revenir sur son héritage scientifique.


Au-delà de l’équation qui porte son nom, Marcus incarne une époque où l’ambition des chercheurs était de décrire des phénomènes complexes à l’aide de quelques équations élégantes.

Aujourd’hui, le paysage scientifique a profondément évolué. Les modèles d’intelligence artificielle apprennent directement à partir des données, et les prédictions peuvent parfois être obtenues sans qu’une théorie analytique complète ne soit disponible.

La disparition de Marcus soulève alors une question plus large : assiste-t-on à la fin de l’ère des grandes théories analytiques, au seul profit d’études théoriques à base de l’intelligence artificielle ?

Professeur au département de chimie et membre de l’Institut Courtois, de l’Université de Montréal, je mène des recherches sur le stockage de l’énergie dans les batteries au lithium. Mes travaux m’ont naturellement conduit à m’intéresser à la théorie de Marcus et l’intelligence artificielle.

Un homme âgé enseigne devant une classe
Le professeur Rudolph Arthur Marcus enseigne à l’université.
(Caltech Division of Chemistry and Chemical Engineering | Facebook), CC BY

Bibliographie abrégée : la persévérance avant la consécration

Né le 21 juillet 1923 à Montréal, au Canada, Marcus entreprend des études de chimie à l’Université McGill, où il obtient son doctorat en 1946.

En 1978, Marcus rejoint le California Institute of Technology, où il poursuivra le reste de sa carrière. Plus tôt, c’est pourtant le hasard d’une rencontre lors d’un congrès de l’American Chemical Society qui lui avait ouvert les portes de son premier poste universitaire, à l’Institut polytechnique de Brooklyn. Une anecdote qui rappelle qu’avant la reconnaissance se cache souvent une longue succession d’échecs : Marcus avait essuyé près de trente-cinq refus avant d’obtenir ce poste !

En 1992, Marcus reçoit seul le prix Nobel de chimie, alors que cette distinction était déjà le plus souvent partagée entre plusieurs chercheurs. Si cette récompense consacre l’importance exceptionnelle de ses travaux, certains estiment que d’autres pionniers auraient également mérité une telle reconnaissance. Parmi eux figure Revaz Dogonadze, chef de file de l’école soviétique du transfert d’électron.




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Rudolph A. Marcus s’est éteint le 16 juillet 2026, à Pasadena aux États-Unis, en Californie, à l’âge de 102 ans, proche de son 103e anniversaire.

Impact de la théorie de Marcus, de la chimie à la biologie

L’une des plus grandes réussites de la théorie de Marcus est sans doute d’avoir dépassé le cadre de la chimie. Initialement développée pour expliquer les réactions rédox en solution, elle s’est progressivement élargie à d’autres types de transfert d’électrons. Aujourd’hui, elle est utilisée pour comprendre des phénomènes aussi variés que la biologie, la corrosion des métaux, les cellules solaires, les batteries, ou encore les matériaux moléculaires.

Une réaction rédox est une réaction chimique qui correspond au cas précis d’un échange d’électron entre des molécules. La théorie du transfert d’électron de Marcus décrit justement comment un électron saute d’une molécule qui le possède à une autre qui peut le recevoir.

La théorie de Marcus est indispensable à certaines découvertes en biologie. Elle permet de comprendre comment les électrons circulent entre les protéines au cours de la photosynthèse, comment les cellules produisent leur énergie grâce à la respiration cellulaire, mais aussi comment fonctionnent de nombreuses enzymes impliquées dans les réactions rédox.

Par exemple, elle éclaire également les mécanismes moléculaires à l’origine des cycles rédox responsables de la toxicité de nombreux composés chimiques et médicaments.

Au-delà du vivant, l’une des prédictions les plus surprenantes de la théorie de Marcus est l’existence de la région inversée, longtemps considérée comme contre-intuitive. Cette zone inverse est fort utile en physique. La zone inverse de Marcus révèle qu’une réaction chimique possède une vitesse optimale, au-delà, elle peut ralentir malgré que les conditions soient plus favorables.

Cette prédiction paraissait si étonnante que de nombreux chercheurs la jugeaient irréaliste, c’était un peu comme annoncer qu’une résistance électrique pouvait devenir négative.

Ce n’est que plusieurs décennies plus tard que des expériences confirmèrent l’existence de cette région inversée de Marcus

Démonstration grand public de la célèbre équation de l’énergie de réorganisation

Au-delà de la zone inverse, l’une des contributions majeures de Marcus est le concept d’énergie de réorganisation. Faisons une expérience de pensée. Imaginons que nous puissions saisir une charge électrique entre nos doigts, un électron ou un ion, puis la déplacer lentement du vide vers un liquide.

Dans le vide, la charge crée autour d’elle un champ électrique, mais aucun atome, aucune molécule ne se déplace pour l’accueillir, car nous sommes dans le vide.

Dès que la charge pénètre dans le liquide, tout change. Les molécules environnantes ressentent son champ électrique. Elles tournent, se déplacent et s’ordonnent autour d’elle. Mais cette réorganisation n’est pas gratuite : elle demande une énergie de réorganisation.


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C’est précisément cette énergie que Marcus est parvenu à démontrer, en combinant les grandes lois de l’électrostatique avec les principes de la thermodynamique.

À contre-courant de son époque, alors que la révolution de la mécanique quantique transformait déjà la chimie théorique, Marcus choisit d’aborder le transfert d’électron sous un angle essentiellement électrostatique.




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L’élégance analytique à l’ère de l’intelligence artificielle

L’énergie de réorganisation de Marcus est née à une époque où un chercheur disposait essentiellement d’un stylo, de quelques feuilles de papier et d’une remarquable maîtrise des outils mathématiques.

La beauté de cette démarche ne résidait pas seulement dans le résultat final, mais dans le chemin qui y conduisait : une démonstration où chaque ligne découlait naturellement de la précédente, selon la logique implacable du raisonnement scientifique. « Soit A ; alors B. Si B est vrai, alors C. » Une succession d’étapes où les équations racontaient une histoire et révélaient les mécanismes cachés de la nature, qui se finissait par le fameux CQFD (ce qui fallait démontrer).

Le parcours de Marcus illustre une approche de la recherche devenue plus rare. Avant de chercher à publier, il a d’abord cherché à comprendre. Pendant plusieurs années, il s’est immergé dans les mathématiques et l’électrostatique, n’hésitant pas à interrompre ses propres recherches pour acquérir les outils théoriques qui lui manquaient. C’est cette culture scientifique patiemment construite qui lui permettra ensuite de révolutionner la compréhension du transfert d’électron.

Aujourd’hui, le paysage scientifique a profondément changé. L’intelligence artificielle permet souvent de prédire le comportement d’un système sans qu’une démonstration analytique complète soit nécessaire. L’objectif n’est plus toujours de trouver une équation élégante, mais d’exploiter d’immenses volumes de données pour construire des modèles capables de prédire.

Le départ de Marcus marque aussi, symboliquement, la disparition d’une génération de chercheurs pour qui la démonstration analytique constituait le cœur de la découverte scientifique. Une époque où la rigueur du raisonnement suffisait parfois à faire émerger une théorie appelée à transformer durablement notre compréhension du monde.

Marcus nous laisse une démonstration, mais à nous de préserver l’esprit du CQFD.

La Conversation Canada

Olivier Fontaine ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Décès de Rudolph Marcus : est-ce la fin des théories analytiques élégantes ? – https://theconversation.com/deces-de-rudolph-marcus-est-ce-la-fin-des-theories-analytiques-elegantes-288251