Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Echeverry, Assistant Professor of Finance and affiliate researcher, ICS-NCID, Universidad de Navarra

Alan Greenspan (1926-2026). Rob Crandall/Shutterstock

El pasado 22 de junio murió a los 100 años Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense (FED) entre 1987 y 2006, desde donde supervisó la expansión económica estadounidense más larga de una generación.

Greenspan, que llegó a ser aclamado como el mejor banquero central de la historia, también fue, apenas dos años después de su retiro, uno de los rostros de la crisis financiera que estalló en 2008, el mayor desplome financiero global desde la Gran Depresión.

Riesgo o incertidumbre

Es en esa doble cara donde Kevin Warsh, recién llegado a la presidencia de la FED, hará bien en estudiar para decidir qué conviene heredar y qué conviene desechar del legado de Greenspan.

No fue un académico de carrera sino un consultor de Wall Street obsesionado con los datos. The Economist lo ha retratado como “el músico de jazz que confiaba en los números igual que en las notas de una partitura”. Pero dejó una aportación intelectual de primer orden: el enfoque de gestión de riesgos de la política monetaria, que presentó en 2004.

A partir de la idea de que los bancos centrales operan siempre en la incertidumbre, Greenspan distinguía entre el riesgo –cuando se conoce la probabilidad del resultado– y la incertidumbre knightiana –cuando no se conoce–, y concebía la política monetaria como una decisión de ajuste estadístico. Así, el responsable de tomar las decisiones monetarias no debe fijarse solo en el escenario más probable sino en toda la distribución de desenlaces posibles, sopesando costes y beneficios, casi siempre asimétricos.

En su discurso sobre la energía de 2004, defendió que las señales de precios acaban resolviendo hasta los desequilibrios que parecen insalvables, y opuso el poder de los mercados al poder sobre ellos. Confió también en la tecnología y apostó a que el alza en la productividad que esta conllevaba contendría la inflación, aunque el paro cayera a mínimos, tomando en cuenta la premisa de que a menor desempleo mayor consumo y más riesgo de subida en los precios.

Fe ciega

Esa misma fe puede haber sido su debilidad. El gurú que antes de llegar a la FED criticaba el poder de los bancos centrales, no dudó luego en emplear a fondo sus herramientas: inyectar liquidez y bajar tipos en cada crisis, lo que el mercado bautizó como Greenspan put. Prefería no pinchar las burbujas sino limpiar después los destrozos. Un ejemplo: a finales de 1996 advirtió de que la “exuberancia irracional” de los inversores inflaba los precios en los mercados y advirtió del riesgo de una inminente burbuja financiera, pero no actuó en consecuencia. Y se opuso a la regulación de instrumentos financieros complejos, persuadido de que las entidades se vigilarían a sí mismas por puro interés.

La crisis de 2008 desmintió su exceso de confianza en la autorregulación de los mercados.

En su histórica comparecencia ante el Congreso estadounidense de octubre de ese mismo año, Greenspan reconoció haber “encontrado un defecto” en su visión del mundo: su fe en el libre mercado había sido demasiado ciega y los mercados deberían estar más regulados.

Economistas como Paul Krugman, John Taylor o Alan Blinder le reprocharon mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo y arrastrar un punto ciego en materia regulatoria.

¿Qué preservar de la herencia de Greenspan?

Lo primero que merece conservarse es su marco de gestión de riesgos. Partiendo de que los modelos y previsiones son solo aproximaciones a una economía real que cambia sin cesar (y por tanto se mueve en la incertidumbre), abogaba por dar la primacía al juicio personal sobre el piloto automático en la toma de decisiones y comprar seguros contra las catástrofes de cola.

También está su defensa de la independencia del banco central, que Greenspan ejerció cuando plantó cara a la Casa Blanca de George H. W. Bush ante sus exigencias de dinero más barato. Es una lección incómoda para Warsh, nombrado bajo la presidencia de Donald Trump y, por tanto, bajo sospecha de docilidad.

En cambio, lo que debe desecharse es su excesiva confianza en la autorregulación de los mercados. Es una gran ironía que el colapso de 2008 fuese exactamente una de esas incertidumbres knightianas que el propio marco de gestión de riesgos de Greenspan exigía vigilar, pero que sus prejuicios ideológicos silenciaron. Aplicar la humildad ante el riesgo no solo a la inflación sino sobre todo a la estabilidad financiera –revisando la doctrina de “limpiar después” y tomando en serio la supervisión y control de los mercados–, es quizá la gran lección que deja.

Greenspan escribió, mejor que casi nadie, sobre los límites del conocimiento del banquero central. Su tragedia fue no aplicarse del todo su propia receta. Si Warsh quiere honrar al Maestro, hará bien en leer su música y corregir una que otra nota falsa.

The Conversation

David Echeverry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados – https://theconversation.com/alan-greenspan-el-presidente-de-la-reserva-federal-que-creia-ciegamente-en-la-autorregulacion-de-los-mercados-285894

Désinformation en santé : pourquoi les IA conversationnelles doivent entrer dans le débat

Source: The Conversation – in French – By Karen Nuvoli, Maître de conférences en Sciences de l’Information et de la Communication à l’Université de Lorraine | Centre de Recherche sur les Médiations (Crem, UR 3476), Université de Lorraine


L’essentiel

  • La désinformation en santé n’est pas un phénomène nouveau, mais les crises sanitaires successives, de l’affaire du sang contaminé à la pandémie de Covid-19, ont contribué à en accroître la visibilité.
  • Les réseaux sociaux ont amplifié la circulation de la désinformation en santé tandis que les IA conversationnelles redéfinissent les pratiques d’accès à l’information.
  • Le gouvernement français a émis des recommandations pour former les citoyens à démêler le vrai du faux dans ce nouvel écosystème informationnel complexe.

À l’heure où les fausses informations circulent plus vite que les savoirs établis, le dialogue entre science et société semble fragilisé. Méfiance envers les experts, controverses amplifiées par les réseaux sociaux, brouillage des repères… comment rétablir une discussion constructive fondée sur les faits, sans nier les doutes et les questionnements citoyens ?

Loin d’être cantonnée aux sphères politiques, la désinformation se répand largement dans le domaine de la santé. Informations erronées sur les vaccins, thérapies alternatives ou régimes miracles prolifèrent dans un espace numérique où les frontières entre savoirs légitimes et opinions infondées sont floues.




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Plusieurs facteurs s’entrecroisent pour expliquer cette vulnérabilité. À cet égard, nous pouvons rappeler :

Cette défiance s’inscrit dans les fractures sociales et politiques contemporaines où les divisions sociales, politiques et économiques sont prononcées. Dans une société fragmentée, la désinformation trouve un public particulièrement réceptif au sein de groupes déjà enclins à se méfier des institutions.

Défiance et information en santé à l’ère numérique

Les travaux de la Fondation Descartes montrent que les personnes qui s’informent surtout par l’intermédiaire d’Internet et des réseaux sociaux ont un niveau de connaissances en santé plus faible, une confiance moindre envers la science, la médecine et les institutions, et une sensibilité plus forte aux croyances, aux thérapies alternatives et à l’ésotérisme.

Ce contexte constitue un véritable écosystème informationnel de défiance, au sein duquel les fausses informations circulent plus facilement et peuvent encourager des comportements à risque. La désinformation en santé est même devenue récemment une démarche politique aux États-Unis dans le cadre du mouvement MAHA (pour Make America Healthy Again, en français « Que l’Amérique soit de nouveau en bonne santé ») qui bourgeonne également en Europe.

Ainsi, la désinformation en santé n’est pas seulement un problème de communication, mais aussi un enjeu de gouvernance démocratique. Une démocratie repose, en effet, sur la capacité des citoyens à prendre des décisions éclairées. Or, une information biaisée ou mensongère altère cette rationalité collective.

Une nouvelle étape dans la lutte contre la désinformation en santé

Le gouvernement français a fait de la lutte contre la désinformation médicale une priorité politique. Dans ce sens, la Stratégie nationale de lutte contre la désinformation en santé, présentée en janvier 2026 par la ministre de la santé, fixe quatre axes d’actions dans le prolongement du rapport Molimard.

Le premier concerne l’écoute et la participation citoyenne. Le rapport des assises citoyennes numériques en santé, tout juste publié, dresse le constat d’une mésinformation massive et rappelle que, en matière de santé, protéger l’information, c’est protéger les Français. Il recommande de rendre l’information visible, lisible, pertinente et accessible au bon moment pour les bonnes personnes, et de faire évoluer en conséquence le cadre réglementaire. À ce propos, des sanctions vis-à-vis des désinformateurs existent déjà. Mais leur application semble difficile.

Le deuxième axe concerne la création d’un observatoire de la désinformation en santé qui devra assurer veille, analyse et alerte en lien avec le troisième axe du dispositif, l’« info-vigilance ».

Le dernier axe du plan, « bâtir un socle de confiance propice à l’information en santé », vise à responsabiliser les plateformes numériques et à renforcer l’éducation critique à la santé dès l’école, notamment au moyen des kits pédagogiques conçus avec le Centre pour l’éducation aux médias et à l’information (Clemi).

Pour réussir, la stratégie devra sortir des formats institutionnels traditionnels et trouver des relais crédibles auprès des communautés sceptiques, sans tomber dans une posture moralisatrice qui aggraverait encore la fracture. Le succès du plan dépendra de sa capacité à restaurer la confiance et à toucher tous les publics. La stratégie française s’inscrit à la fois dans la perspective européenne, en continuité du rapport sur la santé publique à l’âge de la mésinformation, et dans le cadre des recommandations internationales.

Dans ce contexte l’Organisation mondiale de la santé (OMS) insiste d’ailleurs depuis plusieurs années sur la nécessité de développer la littératie en santé, c’est-à-dire la capacité des individus à comprendre, évaluer et utiliser l’information médicale pour faire des choix éclairés.

Un point tout aussi important concerne l’accès aux soins. La désinformation et le recours aux thérapies alternatives touchent davantage les « déserts médicaux », où il est difficile de consulter un médecin traitant – pourtant considéré parmi les sources les plus crédibles.




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Cette approche met en lumière une idée clé : lutter contre la désinformation, ce n’est pas seulement corriger les fausses nouvelles. Il s’agit aussi d’outiller intellectuellement les citoyens pour qu’ils puissent s’orienter dans un écosystème informationnel complexe.

L’angle mort : les IA conversationnelles et les usages citoyens

Le rapport du ministère mérite d’être salué, notamment pour sa volonté de renforcer la confiance collective. Mais une question se pose : quelle place accorder aux IA conversationnelles en santé, d’autant que les outils et les usages se multiplient à l’international comme en France ?

Le rapport prévoit des formations à l’IA générative pour les journalistes et son intégration sur Sante.fr, mais passe à côté des citoyens – pourtant les principaux concernés – et des professionnels de santé. Ce choix surprend d’autant plus que l’usage de ces outils et la confiance qu’ils suscitent semblent déjà bien ancrés.

Ainsi, 62 % des médecins généralistes auraient recours ponctuellement à ChatGPT dans leur pratique et 45 % des Français seraient en accord avec cet usage. Mais ces estimations sont à prendre avec prudence puisqu’elles émanent d’acteurs eux-mêmes investis dans l’IA.

Cette question est néanmoins pertinente dans un contexte où les IA dans le domaine de la santé ne cessent d’évoluer. ChatGPT Santé a été lancé aux États-unis, le 7 janvier 2026, rapidement suivi par Claude for Healthcare, l’IA d’Anthropic, qui peut se connecter à des données individuelles de santé via iOS et Android.

Le premier se concentre sur une assistance conversationnelle personnalisée pour accompagner les individus dans la compréhension de leurs données de santé, leurs résultats d’examen et la préparation de consultations. Anthropic mise, quant à lui, sur l’intégration des outils dans les écosystèmes professionnels et de recherche. Tous les géants du Web proposent déjà des solutions, sans oublier les licornes françaises, comme Mistral et Doctolib. Quelle sera leur acceptabilité respective dans l’avenir ?

L’usage de ces outils par le grand public apparaît en effet souvent désordonné, faute de comparaison claire des mécanismes de fonctionnement. Si les usages techniques en imagerie (radiologie, pathologie) sont prometteurs, les applications en diagnostic médical individuel sont plus problématiques.

Les risques à l’usage sont nombreux et les publications se multiplient. Pour ne citer que les plus récentes : erreurs d’interprétation des situations cliniques (en particulier en conditions d’urgence), biais vers des diagnostics rares, difficultés des patients à établir un dialogue performant avec les LLM actuels (les LLM ou grands modèles de langages sont les systèmes d’intelligence artificielle type ChatGPT, ndlr), problèmes éthiques concernant l’utilisation des données personnelles, ou encore risque de piratage des données de santé individuelles.




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Cette situation soulève donc plusieurs interrogations majeures vis-à-vis d’un accès responsable à l’information médicale et en santé : comment les utilisateurs vont-ils s’approprier les outils ? Jusqu’où un assistant conversationnel peut‑il accompagner les patients dans le diagnostic médical ? Quelles formations pour les médecins ?

Intégrer ce type de réflexion dans la stratégie nationale permettrait d’orienter les citoyens vers des usages plus responsables de ces outils.

The Conversation

Karen Nuvoli est membre du SFSIC (Société Française des Sciences de l’Information & de la Communication).

Gilbert Faure est fondateur et animateur du réseau HESIVAXs.

ref. Désinformation en santé : pourquoi les IA conversationnelles doivent entrer dans le débat – https://theconversation.com/desinformation-en-sante-pourquoi-les-ia-conversationnelles-doivent-entrer-dans-le-debat-285520

La démocratie en recul face à la poussée des autoritarismes

Source: The Conversation – in French – By Pierre-Yves Hénin, Professeur émérite en économie, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Alors que les relations internationales traversent une phase de turbulences et de redéfinitions, plusieurs grandes puissances semblent converger vers des modèles de gouvernance mêlant fermeture nationale, interventionnisme économique et concentration des pouvoirs. Dans Trump, Poutine et Xi Jinping. Le national capitalisme autoritaire, modèle pour un nouvel ordre mondial, Pierre-Yves Hénin, professeur émérite à l’Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, propose un cadre d’analyse pour penser ces évolutions et poursuit sa réflexion sur le concept de « national capitalisme autoritaire » (NaCA) déjà entamée dans un ouvrage précédent.


Joe Biden a révélé que, le soir de son élection à la Maison-Blanche en 2020, le président chinois, tout en le félicitant, lui a déclaré que « les démocraties ne peuvent perdurer au XXIᵉ siècle, ce sont les autocraties qui dirigeront le monde. Pourquoi ? Les choses changent si rapidement. Les démocraties exigent un consensus, et cela prend du temps, et vous n’avez pas le temps ».

Effectivement, les historiens de demain considéreront le mouvement quasi général de recul de la démocratie dans les décennies 2010 et 2020 comme le plus grand changement politique intervenu depuis le milieu du XXᵉ siècle, plus important même que l’effondrement du communisme au début des années 1990, un changement conforté par la réélection de Donald Trump en novembre 2024 avec un programme radicalisé.

L’affirmation de Xi Jinping apparaît en phase avec la montée des mouvements et des pays autoritaires dont la crise financière globale de 2007-2008 a été un accélérateur. Depuis cette crise, on constate un recul général de la démocratie dans le monde. L’autocratisation est devenue le nouveau défi planétaire.

Actualisé d’année en année, l’état des lieux dressé par l’institut V-Dem, parmi d’autres organismes spécialisés, documente la marée montante des autoritarismes. Faisant suite à des constats déjà alarmants pour 2023 et 2024, le rapport du V-Dem pour l’année 2025, publié en mars 2026, s’ouvre sur une interrogation préoccupante : « L’ère démocratique touche-t-elle à sa fin ? », tandis que le rapport de Freedom House s’ouvre sur le constat de « l’ombre grandissante de l’autocratie ».

Le monde comporte plus d’autocraties (92) que de démocraties (87). 74 % de la population mondiale vit dans des régimes autoritaires et le poids économique des démocraties est à son plus bas niveau depuis cinquante ans. Le basculement engagé aux États-Unis aggravera encore ce bilan.

Une vague mondiale d’autocratisation

La montée des autoritarismes se manifeste par un recul des libertés fondamentales. En 2025, ces libertés avaient décliné pour la vingtième année consécutive dans le monde.

La promotion de la non-démocratie n’est pas maintenant le fait de dictateurs marginaux mais bien de Xi Jinping, le dirigeant de la deuxième puissance économique de la planète avant que Donald Trump, dirigeant de la première, ne lui emboîte le pas. Le constat selon lequel authoritarianism goes global s’est maintenant imposé.

Dans nombre de pays, l’exercice du pouvoir politique devient plus arbitraire et répressif. L’espace de contestation publique plus restreint réduit ainsi les possibilités d’une alternance même si les élections relativement libres sont formellement maintenues. La remise en cause des acquis de la démocratie par des interventions militaires, par la manipulation du processus électoral, par la mise sous tutelle de la justice et des médias s’accompagne aussi du recul de l’attractivité et de l’effectivité du modèle de capitalisme libéral, fragilisé par ses propres dérapages. Ce recul, qui est manifeste au niveau international, est aussi présent dans la sphère occidentale où l’on constate dans la plupart des pays la montée des mouvements politiques autoritaires ou populistes nationalistes, certains d’entre eux accédant au pouvoir ou sur le point d’y accéder.

L’attaque de l’Ukraine par la Russie et la guerre entre Israël et Hamas dans la bande de Gaza ont accéléré cet affaiblissement, dans une grande partie du monde, du tropisme du modèle occidental et des valeurs universelles dont il est le promoteur. Par ailleurs, la vague de démocratisation des années 1990 s’accompagnait de l’idée selon laquelle les principales caractéristiques institutionnelles des pays développés pouvaient être reproduites à l’échelle mondiale dans un avenir proche.

Thomas Carothers diagnostiquait pourtant la fin du paradigme de transition et remettait en cause l’approche de democracy-promotion community parce que ce type d’approche, trop dépendant d’un tropisme occidental, se focalisait principalement sur le processus et les institutions politiques en méconnaissant l’importance des questions socioculturelles et économiques dans le processus de démocratisation. Cette croyance dans la capacité de promouvoir, voire d’imposer, la démocratie devait servir de prétexte, à côté d’autres facteurs politico-économiques, à la guerre menée en 2003 par les États-Unis contre l’Irak de Saddam Hussein, aux effets particulièrement destructeurs, favorisant une nouvelle vague d’autocratisation.

Fukuyama et la fin d’un monde unipolaire

Faut-il en conclure à un échec complet de la prophétie de Fukuyama annonçant la fin de l’histoire par la victoire définitive de la démocratie et du capitalisme ? Pas totalement. Si l’annonce de la victoire définitive et universelle de la démocratie s’est avérée fausse, en revanche le capitalisme n’a pas connu sur le plan international une remise en cause significative, bien au contraire.

À la différence de la période de la Guerre froide où s’opposaient le bloc capitaliste démocratique et un bloc communiste à économie planifiée, le nouvel affrontement oppose deux capitalismes qui sont parties prenantes d’un capitalisme global. Ainsi, tandis que l’affrontement géopolitique et systémique des années 1945-1991 divisait le monde en deux pôles respectifs, capitaliste et communiste, le capitalisme global de la nouvelle guerre froide tend à se structurer en un monde multipolaire, mettant fin au « long moment unipolaire ».

Cet extrait est issu de Trump, Poutine et Xi Jinping. Le national capitalisme autoritaire, modèle pour un nouvel ordre mondial, de Pierre-Yves Hénin, qui vient de paraître aux éditions L’Harmattan.

Ce recul de la démocratie et du système occidental a fait l’objet de multiples travaux. Le projet de ce livre n’est pas d’y ajouter un nième ouvrage. Il est plutôt de caractériser le modèle alternatif qui bénéficie de ce recul. La confrontation en cours ne se poursuit pas seulement entre les démocraties et les autocraties, elle se manifeste aussi par une crise du « capitalisme démocratique », largement vécue comme telle dans le monde occidental. À partir de ce constat, notre objectif est de proposer les moyens de compréhension d’un monde bouleversé, d’identifier les principaux sujets de tensions et les régimes alternatifs qui surgissent ou se renforcent face au déclin que connaît le modèle de capitalisme qualifié de démocratique et libéral.

Ceci exige nécessairement une approche pluridisciplinaire, associant la science politique et l’économie, et sollicitant les regards historiques ou géopolitiques. L’idée défendue dans ce livre est que le modèle de démocratie occidentale, au-delà des divergences et des rivalités géopolitiques, économiques et culturelles qui le traversent, se trouve confronté à un système combinant autoritarisme et nationalisme avec un capitalisme adapté à ce contexte sociopolitique. La Chine et la Russie représentent aujourd’hui, chacune sous des modalités différentes, les formes paradigmatiques de ce modèle.

The Conversation

Pierre-Yves Hénin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La démocratie en recul face à la poussée des autoritarismes – https://theconversation.com/la-democratie-en-recul-face-a-la-poussee-des-autoritarismes-285091

Coupe du monde de football 2026 : faut-il craindre une hausse des violences envers les femmes ?

Source: The Conversation – in French – By Allane Madanamoothoo, Associate Professor of Law, EDC Paris Business School

Visuel de la campagne « No more Injury Time » de l’ONG britannique Solace Women’s Aid à l’occasion de l’Euro 2024. Le slogan est un jeu de mots, « Injury time » signifiant « temps additionnel » dans un match de football, mais aussi « le moment des blessures » en traduction littérale.
Solace Women’s Aid

Plusieurs études montrent que les grands événements sportifs internationaux s’accompagnent souvent d’une hausse des violences conjugales. Le format élargi du Mondial 2026 – qui concerne plus d’équipes nationales et génère plus de matchs, donc plus de retransmissions susceptibles de provoquer des consommations d’alcool excessives, propices aux violences domestiques – pourrait accentuer ce phénomène. Face à ce risque, associations et autorités de plusieurs pays ont multiplié les campagnes de sensibilisation et les dispositifs d’aide aux victimes de violences conjugales et, au-delà, aux supportrices de football.


Depuis le coup d’envoi donné le 11 juin, le monde vit au rythme de l’effervescence autour de la Coupe du monde masculine de football, organisée jusqu’au 19 juillet dans trois pays hôtes : au Canada, au Mexique et – principalement – aux États-Unis. L’engouement collectif autour de cet événement, organisé une fois tous les quatre ans, est colossal.

L’édition 2026 suscite aussi régulièrement des polémiques : le degré de démocratie des pays hôtes, le coût économique et environnemental, les problèmes liés à la chaleur ou à l’altitude à laquelle se tiendront certains matchs, la marchandisation des fan-zones… Un autre sujet, toutefois, est assez rarement abordé : les violences faites aux femmes.

Le taux de violences envers les femmes pourrait-il augmenter lors de la Coupe du monde de football 2026 ? Indépendamment de ce risque, quelles sont les mesures qui ont été prises pour protéger les femmes durant le Mondial 2026 ?

Un phénomène international

Plusieurs études montrent que, dans de nombreux pays, les grandes compétitions de football sont associées à une augmentation du nombre de violences conjugales, appelées également « violences domestiques ».

L’une de ces études, menée dans plus de 700 villes et comtés aux États-Unis en 2011, révèle que les appels signalant des violences domestiques sont plus nombreux pendant la saison de la National Football League (NFL), avec des pics en cas de défaite de l’équipe soutenue. D’après cette même étude, la violence domestique, principalement envers les femmes et au sein des foyers, augmente de 10 % les jours où se déroulent les matchs de la NFL.




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Une autre étude, publiée dans le Journal of Research in Crime and Delinquency en 2014, rapporte que, dans le nord-ouest de l’Angleterre (lieu de collecte des données), chaque soir de match de la sélection anglaise durant les Coupes du monde de 2002, 2006 et 2010, le taux de violences conjugales augmentait de 38 % en cas de défaite et de 26 % en cas de victoire ou après un match nul… et encore de 11 % le lendemain. Les auteurs indiquent aussi que le taux des violences domestiques était beaucoup plus élevé lorsque les Three Lions jouaient le week-end.

Un article du National Centre for Domestic Violence (Royaume-Uni) fait également état d’une hausse de 25 % des violences conjugales les jours de match de l’équipe d’Angleterre lors de la Coupe du monde 2018.




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Le constat est le même à l’échelle internationale. Selon une publication conjointe de l’Unesco et d’ONU Femmes :

« Partout dans le monde, le nombre de signalements de violences conjugales à la police augmente avec une prévisibilité déprimante lors de grands événements sportifs, tels que la Coupe du monde – dans certaines communautés, cette hausse dépasse même un tiers. »

Quelques facteurs aggravants

Soulignons d’abord que ni le football ni le Mondial en soi ne sont responsables des violences faites aux femmes. L’alcool non plus. En revanche, le lien entre le football, l’alcool et la violence est très fort chez certains supporters. Durant la Coupe du monde 2018, par exemple, le taux de violences conjugales commises par les supporters « alcoolisés » en Angleterre augmentait de 47 % les jours où l’équipe nationale remportait ses matchs.

Dona Jones, commissaire de police dans le Hampshire, rappelle d’ailleurs que « sous l’effet de l’alcool et de l’intensification des émotions, ces tournois peuvent créer un climat propice à la commission d’actes de violence conjugale ».

À côté de l’alcool, deux autres facteurs pourraient conduire à une augmentation du taux de violences envers les femmes lors de la Coupe du monde 2026.

D’abord, le nouveau format XXL du tournoi. Pour la première fois de l’histoire, 48 nations sont en lice (contre 32 depuis 1998) pour un total de 104 matchs (contre 64 lors des sept éditions précédentes) qui s’étalent sur cinq semaines et non plus sur un mois. Plus de matchs égale plus de diffusions télévisées, ce qui représente plus de risque de violences envers les femmes.

Ensuite, le coût exorbitant des billets pour assister aux matchs, sans compter les dépenses pour le voyage et le logement que doivent régler les supporters étrangers, limite la capacité de milliers de fans fidèles à se déplacer pour soutenir leur équipe. Par conséquent, l’exclusion de la ferveur du Mondial pourrait engendrer une certaine frustration chez certains supporters, laquelle pourrait se traduire par une augmentation des violences envers les femmes lors de cette 23ᵉ édition.

Les mesures prises

En amont du Mondial 2026, les trois pays hôtes ont coordonné leurs campagnes de sensibilisation, sous le slogan général « La violence à l’égard des femmes n’est pas un jeu ». En outre, leurs entités nationales respectives en charge de la lutte contre les violences faites aux femmes (le Réseau national des refuges du Mexique, l’organisation Refuges pour femmes du Canada et le Réseau national pour mettre fin à la violence domestique des États-Unis) ont pris des mesures visant à protéger et à accompagner les femmes tout au long de la compétition, notamment avec des lignes téléphoniques disponibles 24 heures sur 24 et 7 jours sur 7 en cas de besoin.

En Angleterre, comme durant les deux précédentes Coupe du monde (2018 et 2022), les autorités et les associations ont lancé des campagnes de sensibilisation choc, dont celle du Hampshire Domestic Abuse Partnership avec le slogan « When is kick-off at your place ? », que nous pouvons traduire par « C’est quand, le coup d’envoi chez vous ? » (le terme « Kick-off » a une autre signification pour les femmes victimes de violences conjugales durant les compétitions sportives : il représente les coups qu’elles subissent, généralement à la fin des matchs).

En parallèle, l’association Women Aid a lancé une autre campagne de sensibilisation, tout aussi poignante, avec le slogan « 11.37 pm, Kick off », diffusée sur différents supports (panneaux numériques, camionnettes mobiles, affiches) et dans différents lieux (centres-villes, gares, près des fan-zones…). L’heure indiquée dans la campagne n’est pas anodine. Cette heure (23 h 37), calculée à partir des données relatives aux matchs et aux habitudes des supporters, représente l’heure moyenne à laquelle les supporters rentrent chez eux après le coup de sifflet final en Angleterre. Cette campagne vise ainsi à sensibiliser la société à la réalité des femmes victimes de violences domestiques lors des grands tournois de football dans le pays, d’autant que, durant cette édition 2026, les matchs diffusés en direct le sont relativement tard en heure locale anglaise.

En France, la branche française de l’association Her Game Too a déployé un dispositif « de sensibilisation et de signalement des violences sexistes et sexuelles » dans les bars diffusant les matchs de la Coupe du monde. Après tout, les femmes sont, elles aussi, des fans de football ! Certes, longtemps considérées comme peu authentiques ou ignorantes des règles du football, ou perçues sous le prisme des rôles familiaux (la sœur, la petite amie, l’épouse du « vrai supporter » masculin), les supportrices de football ont aujourd’hui toute leur place dans l’univers footballistique, et leur nombre ne cesse d’augmenter dans le monde. Il est donc essentiel de protéger les supportrices, et ce, quel que soit leur nombre, dans les bars ou dans tout autre lieu qui retransmet ou diffuse des matchs en direct.

Dans cette optique, une « Fan-zone sans alcool », portée par la marque Lego, a été installée à Paris pour permettre aux familles de suivre quelques diffusions de matchs sans crainte de violences sous l’emprise de l’alcool.

Il est important de continuer à informer et à sensibiliser le public aux violences faites aux femmes, y compris celles commises lors de grands événements sportifs comme la Coupe du monde de football, ainsi que de rappeler quelques numéros nationaux de référence pour l’écoute et l’assistance des femmes victimes de violences, durant et après le Mondial 2026.

The Conversation

Allane Madanamoothoo ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Coupe du monde de football 2026 : faut-il craindre une hausse des violences envers les femmes ? – https://theconversation.com/coupe-du-monde-de-football-2026-faut-il-craindre-une-hausse-des-violences-envers-les-femmes-285265

Microbiotes : le lien invisible entre agriculture, alimentation et santé

Source: The Conversation – in French – By Michel Duru, Directeur de recherche honoraire, UMR AGIR (Agroécologie, innovations et territoires), Inrae

Notre santé dépend autant de ce que nous mangeons que de la manière dont nos aliments sont produits. De récentes recherches montrent ainsi combien les microbes du sol, des plantes et de notre intestin sont étroitement liés. Une réalité qui invite à repenser en profondeur nos systèmes agricole et alimentaire.


Plus de 2 milliards d’humains sont touchés par des maladies chroniques liées à l’alimentation : diabète, maladies cardiovasculaires, cancers ou maladies neurodégénératives. En France, 14,2 millions de personnes étaient prises en charge au titre d’une affection de longue durée, soit environ 21 % de la population française en 2022.

Une santé dégradée, des crises liées

En outre, ces pathologies progressent, y compris chez les moins de 45 ans. Contrairement à une idée répandue, la génétique n’explique qu’environ 20 % de ces maladies. L’environnement, et en particulier l’alimentation, joue en revanche souvent un rôle déterminant.

Dans le même temps, notre alimentation exerce une pression considérable sur l’environnement. Elle est responsable d’environ 22 % des émissions de gaz à effet de serre, d’une grande partie des émissions d’azote réactif, notamment les nitrates et l’ammoniac, et elle constitue la première cause de perte de biodiversité terrestre. Les sols agricoles, quant à eux, sont souvent dégradés, appauvris en matière organique et en vie biologique.


Fourni par l’auteur

Ces crises, sanitaire et écologique, sont généralement traitées séparément. Mais si elles étaient en réalité les différentes facettes d’un même problème ? C’est précisément l’idée portée par l’approche « One Health » (« Une seule santé »), qui repose sur un principe simple : la santé humaine dépend de celle des animaux et des écosystèmes. Au cœur de cette approche se trouvent les microbiotes, ces communautés de microorganismes, bactéries, champignons, virus, qui vivent dans tous les milieux.




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Le microbiote, un acteur clé dans notre intestin

Notre intestin abrite des milliards de microorganismes. Ce microbiote joue un rôle essentiel dans la digestion, la production de vitamines, la régulation du système immunitaire et le contrôle de l’inflammation. Lorsqu’il est déséquilibré (on parle de « dysbiose »), le risque de maladies augmente.

De nombreuses études établissent aujourd’hui des liens entre microbiote déséquilibré et maladies chroniques : obésité, diabète, maladies inflammatoires, voire troubles neurologiques. Ce microbiote est fortement influencé par notre environnement, et notamment par notre alimentation. Ce que nous mangeons façonne sa composition et ses fonctions.

Du sol à l’intestin : une continuité du vivant au travers des microbiotes

Dans les sols agricoles, le vivant comprend la macrofaune (les vers de terre), la mésofaune (les acariens), la microfaune (les nématodes, des minuscules vers ronds) et les microorganismes, comme les champignons et les bactéries qui constituent le microbiote. Tous jouent un rôle fondamental. Un gramme de sol peut contenir jusqu’à 10 milliards de microorganismes. Cette biodiversité invisible assure des fonctions essentielles : fertilité des sols, nutrition et régulation des maladies des plantes.

Les plantes interagissent en permanence avec les microbes, notamment au niveau des racines. Ces interactions influencent la composition nutritionnelle des aliments, mais aussi leur richesse microbienne. Des aliments issus de systèmes agricoles favorisant la biodiversité microbienne présentent une plus grande diversité bactérienne et une meilleure densité nutritionnelle. Autrement dit, la santé humaine commence dans le sol, bien avant l’assiette.

Des sols pauvres en biodiversité

Mais au cours de la seconde moitié du XXᵉ siècle, la santé des sols s’est dégradée du fait de la diminution des apports de matières organiques et de labours profonds. De manière concomitante, la forte réduction du nombre d’espèces et de variétés cultivées ainsi que la simplification des paysages agricoles ont nécessité une utilisation élevée en engrais et pesticides de synthèse rendant la santé des plantes dépendante de ces intrants.

En effet, ces pratiques ont entrainé la perte des régulations biologiques qui permettaient de lutter contre les bioagresseurs, autrement dit les « nuisibles » des cultures, et ont perturbé les microbiotes du sol, réduisant leur diversité et affaiblissant leur capacité à réguler naturellement les maladies et à fournir des nutriments.

Une alimentation qui appauvrit le microbiote

À l’autre bout de la chaine agroalimentaire, on constate également que dans les pays occidentaux, les produits ultratransformés représentent aujourd’hui environ 35 % des apports caloriques, voire davantage chez les jeunes. Ces aliments sont souvent pauvres en fibres, riches en sucres, graisses et additifs, et appauvris en micronutriments.

Or, les fibres alimentaires sont essentielles pour nourrir le microbiote intestinal. En France, la consommation moyenne est d’environ 20 grammes par jour, contre 30 grammes recommandés. À cela s’ajoute un déficit en nutriments clés : près de 90 % de la population manque d’oméga-3, pourtant essentiels pour réguler l’inflammation.

Une alimentation qui perturbe le microbiote

Au-delà des carences, certains composants de notre alimentation peuvent perturber directement le microbiote.

L’exposition aux pesticides, notamment à travers l’alimentation, peut altérer la composition des bactéries intestinales. Les additifs alimentaires, en particulier les émulsifiants et certains édulcorants, peuvent aussi réduire la diversité bactérienne, fragiliser la barrière intestinale et favoriser l’inflammation chronique.

Par ailleurs, une consommation excessive de viande issue d’élevages intensifs peut accentuer ces déséquilibres. Ces produits sont souvent plus riches en acides gras pro-inflammatoires (oméga-6) et plus pauvres en oméga-3. Une alimentation trop riche en protéines animales et pauvre en fibres favorise le développement de bactéries produisant des métabolites potentiellement délétères, au détriment de celles qui génèrent des composés protecteurs, comme les acides gras à chaîne courte.

L’effet combiné de ces facteurs contribue à appauvrir le microbiote intestinal et à altérer ses fonctions, renforçant le lien entre alimentation moderne et maladies chroniques.

Un cercle vicieux entre alimentation et agriculture

Un cercle vicieux s’installe ainsi entre systèmes agricoles simplifiés, aliments appauvris et dégradation des microbiotes. D’un côté, l’agro-industrie, du fait de sa logique économique fondée sur la réduction des coûts à travers les économies d’échelle, tend à soutenir une agriculture spécialisée intensive pour fabriquer des aliments ultratransformés. Elle reste ainsi peu réceptive aux pratiques agricoles durables comme la diversification des cultures, l’introduction de légumineuses ou les associations culturales, pourtant bénéfiques pour la vie des sols. D’un autre côté, ces produits, largement promus par un marketing agressif, orientent les choix alimentaires et encouragent leur consommation.

D’autre part, les élevages intensifs, sans lien au sol car dépendant beaucoup de soja importé, contribuent fortement à la déforestation, aux déséquilibres des cycles de l’azote et à l’appauvrissement de la biodiversité en France et aux Amériques.

Face à ces constats, des alternatives existent.

Restaurer des sols vivants

Du côté de l’agriculture, il s’agit de restaurer des sols vivants, capables de fonctionner comme des écosystèmes. Cela passe par la diversification des cultures, la réduction des intrants chimiques, l’apport de matière organique ainsi que la réduction du travail du sol.

Ces pratiques, souvent regroupées sous le terme d’« agroécologie », s’appuient sur les processus naturels plutôt que de les remplacer. On parle aussi d’« agriculture régénératrice » où le travail du sol ainsi que les pesticides tendent de plus en plus à n’être utilisés qu’en dernier recours.

Repenser l’élevage

En élevage, l’enjeu est de reconnecter les animaux aux territoires. Les systèmes herbagers permettent de valoriser les prairies, de stocker du carbone et de produire des aliments plus riches en oméga-3. Pour les élevages de porcs et de volailles, une meilleure intégration avec les cultures et l’utilisation de ressources locales, comme le lin, permettent de réduire les impacts environnementaux et d’améliorer la qualité nutritionnelle des produits.

La question n’est donc pas seulement « quelle quantité de viande consommer ? » (environ 400 grammes par semaine au lieu de près de 900 en France), mais « quelle viande, et issue de quels systèmes ? ».

Vers une vision intégrée de la santé

Ces évolutions invitent à repenser la santé comme un enjeu systémique. L’approche « One Health » propose de considérer la santé comme une propriété émergente d’un système global reliant humains, animaux et écosystèmes.

Certaines pistes illustrent cette convergence. Le développement des légumineuses, par exemple, permet de réduire les émissions de gaz à effet de serre et la dépendance aux engrais azotés, tout en apportant des fibres bénéfiques pour la santé. De même, des produits animaux issus de systèmes herbagers ou enrichis en oméga-3 peuvent contribuer à moduler l’inflammation chronique à bas bruit. Par ailleurs, certains composants alimentaires, comme les fibres ou certaines algues, peuvent limiter l’absorption de certains toxiques et favoriser leur élimination. Le microbiote intestinal joue un rôle central dans ces processus : certaines bactéries peuvent transformer des composés indésirables, moduler leur absorption et renforcer la barrière intestinale.

Longtemps, la santé a été envisagée comme une affaire strictement individuelle. Les avancées scientifiques récentes montrent, au contraire, qu’elle dépend étroitement du vivant qui nous entoure – et de celui qui vit en nous. Prendre soin de notre santé implique donc aussi de prendre soin des sols, des plantes et des écosystèmes.

The Conversation

Michel Duru du conseil scientifique PADV (Pour une Agriculture Du Vivant).

ref. Microbiotes : le lien invisible entre agriculture, alimentation et santé – https://theconversation.com/microbiotes-le-lien-invisible-entre-agriculture-alimentation-et-sante-284859

« Heated Rivalry », la romance gay qui réenchante l’imaginaire érotique des femmes hétérosexuelles

Source: The Conversation – in French – By Mathilde Plard, Chercheuse CNRS – UMR ESO, Université d’Angers

Mettant en scène une romance gay dans le milieu du hockey, la série, dont Connor Storrie (à gauche) et Hudson Williams (à droite) interprètent les rôles principaux, rencontre un succès vertigineux. HBO MAX

La série canadienne, devenue en quatre mois le plus grand succès de fiction jamais diffusé par HBO Max, a un public aux deux tiers féminin. Comment expliquer cet engouement pour une romance entre deux joueurs de hockey ?


Heated Rivalry raconte l’histoire d’amour secrète de deux joueurs de hockey, l’un canadien, l’autre russe, étalée sur dix ans. Diffusée d’abord par Crave puis intégrée au catalogue HBO Max, la série a atteint, fin janvier 2026, 10,6 millions de spectateurs par épisode aux États-Unis selon le magazine Variety.

Surprise : selon les données de la plateforme, son audience est passée de 53 % de femmes au 22 décembre 2025 à environ deux tiers à la fin de la première saison. Ce paradoxe en dit long sur l’état du désir contemporain – et sur la place que prennent les imaginations queer dans nos vies intimes.

Un succès mondial inattendu

Les chiffres sont vertigineux. La série passe de 30 à 324 millions de minutes streamées entre la première semaine et la finale. La firme Parrot Analytics enregistre, au Canada, une demande 49 fois supérieure à la moyenne des séries. Les ventes papier du roman original de Rachel Reid bondissent de 8 000 % entre novembre 2025 et janvier 2026. Sur le site Reddit, le sous-forum r/HeatedRivalryTV compte 137 000 membres en avril 2026 ; le hashtag #TheCottage circule sur TikTok comme un mot de passe affectif.

En Russie, la série est piratée massivement malgré la loi anti-LGBTQIA+. À New York, le maire Mamdani en conseille la lecture en pleine tempête de neige ; à Ottawa, le premier ministre Mark Carney enfile son fleece (veste en laine polaire) sur le tapis rouge.

L’hétéropessimisme : nommer une fatigue

Le théoricien Asa Seresin a forgé en 2019 un concept qui éclaire ce moment : l’« hétéropessimisme ». Ni rejet militant ni transformation effective : il s’agit d’une lassitude diffuse, d’une désaffiliation performative avec un régime intime jugé décevant. On reste hétéro, mais on s’en plaint, en ligne, entre ami·es, dans les fictions qu’on consomme.

Billy Holzberg et Aura Lehtonen, dans Feminist Media Studies, ont montré à partir de la série télévisée britannique Fleabag que l’hétéropessimisme constitue « la dernière étape de la sensibilité postféministe ». L’héroïne éponyme passe la série à dénoncer, face caméra, la médiocrité des hommes et l’inconfort du sexe hétérosexuel – mais l’horizon qu’elle s’autorise reste strictement hétéro. Sa grande liaison, en saison 2, est un prêtre catholique qui choisit Dieu : un objet de désir « déjà inaccessible », ce qui permet justement à la fantaisie romantique de rester intacte. Et quand des possibles queer surgissent – Fleabag cherche à séduire des femmes, et c’est avec son amie Boo qu’elle connaît l’intimité la plus vraie –, ils sont aussitôt désamorcés, traités avec le même détachement cynique. La série « critique les contraintes de l’hétérosexualité tout en les épousant » : elle réinvestit l’hétéronormativité en répudiant les attachements queer qui pourraient en sortir ; exemple frappant d’hétéropessimisme.

Cette fatigue est documentée. La sociologue Jane Ward parle d’une « tragédie de l’hétérosexualité » (2020) : asymétrie persistante du plaisir, charge mentale épuisante. Elle se traduit en pratiques massives. Sur Archive of Our Own, principale plateforme mondiale de fans de fiction, la romance entre hommes (M/M) est devenue la catégorie la plus populaire. Comme le souligne, en 2015, le chercheur spécialiste de littérature gay et lesbienne Guy Mark Foster dans Journal of Bisexuality : il s’agit moins de voyeurisme que d’une « identification croisée » mobilisant chez la lectrice une bisexualité psychique souvent inavouée.

L’attachement de millions de spectatrices à Shane et Ilya de Heated Rivalry n’est donc pas l’exotisation passive d’un désir qui ne les concerne pas – c’est la mobilisation, par le détour, de désirs propres qu’elles n’ont pas appris à reconnaître.

Les marges queer comme horizon utopique

C’est ici que la philosophie queer offre un outil précieux. José Esteban Muñoz, chercheur américain travaillant sur l’étude des performances, la culture visuelle, et la théorie queer, défendait une idée forte dans son essai Cruising Utopia (2009) : la culture queer est un atelier de l’imagination, un laboratoire où s’invente un autre rapport au désir, au temps, au plaisir.

« Le queer est essentiellement l’horizon de la possibilité. »

Autrement dit, une promesse de mondes plus habitables qui n’appartient pas aux seules personnes LGBTQIA+ : elle rayonne, elle déborde, elle inspire au-delà de ses inventeurs.

Heated Rivalry rend ce rayonnement visible. Les femmes qui plébiscitent la série y trouvent un répertoire concret de gestes que la culture hétérosexuelle dominante leur refuse : le consentement enthousiaste explicité à l’écran (porté par le travail de la coordinatrice d’intimité Chala Hunter, qui parle d’une « tendresse délibérée », la vulnérabilité partagée, la tendresse sans condescendance, le désir réciproque, la disponibilité émotionnelle.

Un réenchantement en temps d’hétéropessimisme, en somme : la fiction queer ne libère pas ses spectatrices de l’hétérosexualité. Elle leur ouvre une fenêtre. Elle réenchante leur capacité d’attendre mieux !

Quatre mécanismes au travail

L’analyse fait apparaître quatre rouages convergents.

D’abord, la suspension du regard masculin. En l’absence de corps féminin dans le cadre érotique, le circuit visuel qui transforme les spectatrices en spectatrices-de-soi-comme-objet – ce que Laura Mulvey appelait le male gaze (1975) – est désactivé. Sur Reddit, le mot qui revient le plus pour décrire l’expérience est « safe ».

Ensuite, la caméra caressante : la mise en scène prend son temps, dans ce que la critique du Monde décrit comme « une délicatesse qui rappelle celle de Normal People, mêlée à un grand respect mutuel et une douceur qui n’empêchent pas la crudité » (Fournier, 2026).

Troisième rouage, la temporalité longue de la narration : la relation entre Shane et Ilya se déploie sur dix ans. Sam McBean, spécialiste britannique de la sexualité dans la culture contemporaine et des théories queer, montrait en 2018 que cette « temporalité de la longue durée » est précisément ce qui offre une alternative à la « temporalité de l’événement » à laquelle les sexualités minoritaires sont habituellement confinées.

Enfin, la réciprocité radicale : les deux personnages sont également vulnérables, également amoureux, sans le « trope hétérosexuel familier, où l’un des partenaires arrache la vulnérabilité à l’autre ».

Le sociologue du sport australien Matthew Klugman a documenté, en 2015, combien cette charge homoérotique travaille déjà silencieusement la culture sportive masculine réelle – les supporters déclarant aimer leurs héros « in an absolutely gay way ».

Une fenêtre, non une libération

Heated Rivalry ne renverse pas l’ordre patriarcal. La série montre des hommes beaux, blancs, riches, sportifs : un répertoire encore étroit du désirable. Les médias queer rappellent à juste titre que la précarité des vies LGBTQIA+ réelles y est largement effacée.

Une précision empirique s’impose : sur Archive of Our Own, où la romance entre hommes domine, le public est massivement queer. L’enquête démographique de référence montre que, en 2024, seul·es 12 % des utilisateur·ices s’y déclarent hétérosexuel·les (contre 38 % dix ans plus tôt) et à peine 57 % s’identifient comme femmes.

L’audience télévisée majoritairement féminine n’équivaut donc pas à une audience exclusivement hétérosexuelle. Mais l’essentiel se joue bien là : une œuvre issue des marges queer rencontre un public féminin que ces marges n’avaient pas explicitement visé. L’horizon que dessine Muñoz est universel par destination. Il appartient à celles et à ceux qui s’en saisissent – à condition de ne pas oublier d’où vient cet horizon.

Que faire de ce signal ?

L’engouement pour Heated Rivalry est à la fois un symptôme et une promesse.

Symptôme, parce qu’il dit la fatigue d’une moitié de l’humanité face à la culture intime hétéronormée. Promesse, parce qu’il indique où les imaginations se tournent quand on leur ouvre une porte.

La tâche politique consiste à transformer cette ouverture imaginaire en pratiques concrètes : éducation au consentement, partage de la charge affective, soutien aux droits queer. La fiction ne suffira pas. Mais elle indique le cap.

The Conversation

Mathilde Plard prépare un article académique sur la réception de Heated Rivalry par le public féminin hétérosexuel pour le Journal of Fandom Studies (numéro spécial coordonné par Y. Gonzales et K. Crowe, USC Annenberg, à paraître en 2027). Elle ne reçoit aucun financement, n’a aucun lien capitalistique ni consultatif avec les diffuseurs (Crave, HBO Max) ou l’éditeur (Harlequin/Carina Press) des œuvres analysées.

ref. « Heated Rivalry », la romance gay qui réenchante l’imaginaire érotique des femmes hétérosexuelles – https://theconversation.com/heated-rivalry-la-romance-gay-qui-reenchante-limaginaire-erotique-des-femmes-heterosexuelles-284246

Le boycott académique contre Israël est minoritaire et traduit l’émergence de nouvelles normes académiques

Source: The Conversation – France in French (3) – By Éric Muraille, Biologiste, Immunologiste. Directeur de recherches au FNRS, Université Libre de Bruxelles (ULB)

En rompant leurs liens avec les universités israéliennes, plusieurs universités européennes revendiquent une responsabilité morale face à la guerre à Gaza. Une évolution qui interroge les principes traditionnels de liberté académique et de neutralité institutionnelle.


À la suite de l’intensification du conflit israélo-palestinien, les militants propalestiniens ont organisé en 2024 de vastes manifestations dans les universités américaines. Ils dénonçaient un génocide commis à Gaza et exigeaient que les institutions académiques rompent leurs liens avec Israël.

Ce mouvement a gagné l’Europe. En réponse, les autorités académiques de certaines universités ont imposé un boycott institutionnel des universités israéliennes. Cet article tente de mettre en évidence l’ampleur de ce boycott en Europe ainsi que les arguments avancés par les autorités académiques pour le justifier.

Histoire des boycotts académique

L’appel au boycott d’universités d’un pays pour les punir ou exercer une pression sur leur gouvernement n’est pas nouveau. Après la Première Guerre mondiale, les scientifiques allemands et autrichiens furent interdits de participer aux conférences et aux agences scientifiques internationales. Ce boycott punitif ne prit fin qu’en 1926, lorsque l’Allemagne fut invitée à rejoindre la Société des Nations.

Selon l’historien Michael D. Gordin, ce boycott, comme ceux contre l’Allemagne nazie ou contre l’URSS en représailles à l’invasion de l’Afghanistan, étaient partiels et se sont avérés inefficaces. Le seul boycott réputé pour avoir eu un impact sur une communauté scientifique et un régime politique serait le boycott contre le régime d’apartheid en Afrique du Sud entre 1960 et 1990.

L’efficacité de ce boycott peut s’expliquer par sa longue durée, par le consensus sur sa nécessité en raison du racisme du régime politique de l’Afrique du Sud et par la petite taille de la communauté scientifique sud-africaine. Toutefois, conclure qu’il aurait joué un rôle décisif dans la chute du régime d’apartheid semble exagéré. En effet, ce boycott était associé à de sévères sanctions économiques américaines ainsi qu’à une profonde crise structurelle interne du système socioéconomique de l’Afrique du Sud.

Au début des années 2000, des figures scientifiques défendant la cause palestinienne ont appelé à un boycott académique d’Israël. Cette demande s’est intensifiée lorsque des associations palestiniennes se sont unies dans le mouvement « Boycott, Désinvestissement et Sanctions » (BDS). En réaction, l’American Association of University Professors (AAUP) a exprimé son opposition à tout boycott systématique d’une institution universitaire. Ce refus a également été défendu par certains journaux scientifiques, comme le British Medical Journal.

Le principe du boycott académique viole les normes académiques traditionnelles et les droits fondamentaux

La liberté académique, telle que formulée par l’AAUP en 1915, protège les activités d’enseignement et de recherche des professeurs. La neutralité institutionnelle de l’université, le fait qu’elle s’abstienne de prendre position sur des sujets controversés ou qu’elle s’érige en acteur politique, est considérée comme une condition nécessaire à la liberté académique. Cette dernière est elle-même vue comme indispensable à la progression des connaissances scientifiques.

La liberté académique ne protège pas explicitement le droit des chercheurs à choisir librement leurs collaborateurs. Toutefois, la recherche scientifique repose sur un niveau d’organisation autonome impliquant des réseaux de collaboration universitaires internationaux. Il est également documenté qu’une réduction de la coopération scientifique internationale peut entraîner un déclin de la production scientifique. Ainsi, l’International Science Council, qui compte 135 organisations scientifiques, défend l’universalité de la science et « s’oppose à la discrimination fondée sur des facteurs tels que le sexe, l’origine ethnique, la citoyenneté, et l’opinion politique ». Du point de vue du droit international, le principe du boycott des scientifiques d’un pays contredit également le « droit à la science » garanti par la Déclaration universelle des droits de l’homme de 1948.

Sur ces bases, les chercheurs Blakemore, Dawkins, Noble et Yudkin considèrent qu’un boycott académique ne devrait être utilisé qu’en tout dernier recours et uniquement si les conditions suivantes sont remplies :

  • il existe de bonnes raisons de croire qu’un boycott aiderait à changer le comportement inacceptable d’un régime ;

  • la répulsion envers le régime doit être largement partagée …

  • le boycott fait partie d’un programme plus large de mesures, qui inclut des mesures diplomatiques, des sanctions économiques et culturelles.

Le boycott académique institutionnel contre Israël est minoritaire

Ces conditions n’étant pas remplies, il n’est pas surprenant de constater que, en août 2025, seuls 48 établissements d’enseignement supérieur en Europe avaient officiellement adopté un boycott partiel ou total des institutions israéliennes. Ce qui représente moins de 6 % des quelque 900 établissements reconnus par l’Association européenne des universités.

Ce graphique illustre le pourcentage d’universités de chaque pays ayant adopté un boycott académique partiel ou total d’Israël en juillet 2025. Les chiffres indiquent le nombre total d’universités concernées dans chaque pays.
Fourni par l’auteur

Les pays avec la plus forte proportion d’universités ayant déclaré un boycott académique officiel d’Israël sont la Belgique (100 %), les Pays-Bas (50 %), la Norvège (36,3 %) et l’Espagne (23,6 %). L’exceptionnalité belge est confirmée par le rapport du Samuel Neaman Institute qui classe la Belgique comme le pays européen présentant le plus haut taux d’incident de boycott en 2024.

Il est à noter qu’un « boycott caché » envers les chercheurs israéliens a également été documenté. Celui-ci, de par sa nature, est difficilement quantifiable.

L’émergence de nouvelles normes académiques inspirée par les luttes du Sud global

Dans leur communication commune, les recteurs des universités belges affirment que le choix de boycotter Israël est un « choix moralement responsable » et que « tenir Israël responsable des violations persistantes des droits de l’homme n’est pas une position idéologique, mais un impératif moral et juridique ». La rhétorique des recteurs belges reflète donc clairement un appel à la « responsabilité morale », qu’ils placent au-dessus des normes académiques traditionnelles proscrivant les boycotts.

Ce positionnement traduit l’influence en Europe de la Campagne palestinienne pour le boycott académique et culturel d’Israël (PACBI) reprise par le mouvement BDS. Dans son appel, PACBI affirme qu’Israël exerce une domination coloniale sur les Palestiniens et soutient que les universités participent activement au maintien de ce système. Dès lors, la communauté scientifique internationale aurait une responsabilité morale de boycotter les institutions académiques israéliennes. Cet argumentaire entre en tension avec la conception traditionnelle de la liberté académique où les chercheurs sont supposés être autonomes vis-à-vis des gouvernements et ne peuvent être tenus responsables des politiques étatiques.

Le positionnement des recteurs belges s’inscrit également dans l’ordre international construit après 1945 autour des droits humains universels. Le principe de la « responsabilité de protéger » (R2P), approuvé par l’Assemblée générale des Nations unies en 2005, a renforcé l’idée qu’il existe une obligation collective de s’opposer aux formes graves d’oppression et aux crimes contre l’humanité. Cette obligation légale est cependant celle des États et non celle des individus ou des universités.

Ainsi, le débat autour des boycotts académiques oppose deux conceptions très différentes de la liberté académique et ne peut se réduire à une simple opposition entre partisans et opposants à Israël.

Les dangers d’une transformation des universités en acteurs politiques

Les nouvelles normes académiques incluant une responsabilité morale pourraient encourager les autorités académiques à adopter des positions officielles sur chaque conflit international. Dans un monde de plus en plus marqué par des différends territoriaux, les boycotts académiques pourraient se banaliser et entraîner la résurgence de mouvements scientifiques nationalistes là où ils avaient disparu, un résultat qui représenterait une profonde régression.

Les boycotts ont un coût direct pour les universités. Par exemple, la Floride a inscrit des universités belges sur une liste noire pour avoir boycotté Israël. La rectrice de l’Université de Gent Petra De Sutter a admis que son université a perdu de nombreux partenariats et évoque la diminution du nombre de projets de recherche, des financements alloués à la recherche et du nombre de doctorats.

La politisation croissante des universités pourrait changer la perception publique et gouvernementale des institutions et de l’expertise académiques. Les universités pourraient devenir des cibles politiques, ce qui affecterait leur financement. La confiance envers les diplômés pourrait s’éroder, alimentant le ressentiment populaire envers les élites et contribuant à la montée du populisme.

Plus important, si l’expertise académique et scientifique devenait perçue comme politiquement orientée, sa crédibilité en tant que fondement objectif des délibérations publiques serait gravement compromise. Les conséquences à long terme de l’abandon de la neutralité institutionnelle par les universités au profit de l’activisme politique justifient donc un examen approfondi et soutenu.

Face à ces menaces, plus de 160 universités américaines, dont Columbia, Cornell, Harvard, Princeton et Stanford, ont officiellement adopté en 2024 et en 2025 des politiques de neutralité ou de retenue institutionnelle. En France, Luis Vassy, directeur de Sciences Po Paris, a imposé en 2025 un principe de « réserve institutionnelle » afin de préserver la pluralité d’opinion et l’organisation de débats pluralistes sur le campus. Certains auteurs dénoncent ces choix comme étant une « stratégie fondée sur la peur » servant un agenda politique conservateur et un « mécanisme pour échapper à la responsabilité, masquer le pouvoir et perpétuer l’inégalité ».

Les débats sur la neutralité institutionnelle et les boycotts académiques sont donc loin d’être clos. Ils dépassent le cadre du conflit israélo-palestinien et ont pour enjeu la redéfinition des missions des universités.

The Conversation

Eric Muraille a reçu des financements de FRS-FNRS (Belgium)

Joël Kotek ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le boycott académique contre Israël est minoritaire et traduit l’émergence de nouvelles normes académiques – https://theconversation.com/le-boycott-academique-contre-israel-est-minoritaire-et-traduit-lemergence-de-nouvelles-normes-academiques-284203

Le commerce mondial devient une arme : comment les économies africaines peuvent-elles se protéger ?

Source: The Conversation – in French – By Jonathan Munemo, Professor of Economics, Salisbury University

« Aujourd’hui, tout le monde reconnaît que le commerce est autant une question de sécurité qu’une question économique. »

C’est ce qu’a déclaré Christine Lagarde, présidente de la Banque centrale européenne, en février 2026, lors d’un discours prononcé à la Conférence de Munich sur la sécurité.

Même si elle parlait de l’Europe, ses propos résonnent fortement en Afrique.

Les 54 économies du continent sont confrontées à une triple tension à laquelle il n’existe pas de solution facile.

Premièrement, elles doivent rester suffisamment intégrées à l’économie mondiale pour se développer. Deuxièmement, elles doivent prendre suffisamment de recul pour se protéger économiquement contre l’instrumentalisation délibérée des dépendances extérieures. On parle alors de “l’intrumentalisation de l’interdépendance”. Elle consiste à exploiter la position d’un pays au sein des réseaux économiques et technologiques mondiaux pour exercer une influence politique ou faire pression sur d’autres pays. Et troisièmement, elles doivent rester suffisamment ouvertes pour se diversifier au-delà des matières premières — qui représentent plus de 60 % du total des exportations de marchandises dans 45 pays africains — s’ils veulent bâtir une prospérité durable et réduire leur vulnérabilité aux chocs liés aux prix des matières premières.

En tant qu’économiste qui étudie le commerce et le développement en Afrique, je ne pense pas que la réponse à cette interdépendance instrumentalisée soit le repli sur soi ou de l’économie mondiale. Le véritable défi pour l’Afrique consiste à trouver un équilibre entre interdépendance, sécurité économique et diversification. Il ne s’agit pas de choisir un objectif au détriment des autres. Ce sera l’un des défis politiques les plus importants du continent dans les années à venir.

Comment l’interdépendance est-elle devenue une arme ?

Pour comprendre pourquoi cet équilbre est si difficile à gérer, il est utile de saisir ce qui a changé. Lorsque l’économie mondiale était régie par des règles et des normes communes, des années 1990 aux années 2010, une intégration économique plus poussée présentait certains avantages. Les pays qui s’intégraient aux chaînes d’approvisionnement mondiales et attiraient des capitaux étrangers connaissaient une croissance plus rapide. L’interdépendance était un atout.

Ce n’est plus le cas aujourd’hui. Nous sommes entrés dans une nouvelle ère marquée par l’utilisation délibérée des « goulots d’étranglement » — ces espaces économiques et géographiques essentiels au fonctionnement d’une économie mondiale interdépendante — comme instruments de coercition. En 2025, la Chine a imposé de vastes contrôles à l’exportation des terres rares, portant un coup dur aux pays importateurs profondément intégrés à ses chaînes d’approvisionnement en minerais.

Les États-Unis ont à maintes reprises utilisé le dollar et les technologies de pointe en matière de semi-conducteurs comme armes contre leurs adversaires.

Les conséquences peuvent être brutales et graves. Début 2026, l’Iran a perturbé le trafic des pétroliers dans le détroit d’Ormuz – le plus important goulet d’étranglement géographique au monde, qui achemine chaque jour environ 20 % du pétrole et du gaz naturel liquéfié mondiaux chaque jour, sans qu’il n’existe d’itinéraires alternatifs.

Les pays africains, notamment l’Éthiopie, le Kenya, le Mozambique, l’Afrique du Sud, la Tanzanie et l’Ouganda — qui tirent chacun plus de la moitié de leurs importations de pétrole du Moyen-Orient — ont été confrontés à une flambée immédiate et inattendue des coûts énergétiques. Leur situation budgétaire n’était pas en mesure d’absorber ce choc.

Les prix des engrais et des denrées alimentaires ont suivi la même tendance. Les marchés financiers ont été secoués et les transferts de fonds des travailleurs de la diaspora de la région du Golfe vers des économies fortement dépendantes, telles que les Comores, la Gambie, le Lesotho et le Libéria, ont chuté brutalement.

Le moment était particulièrement mal choisi. L’Afrique venait d’enregistrer sa croissance la plus rapide depuis une décennie — 4,5 % en 2025, selon le FMI. La Banque mondiale a revu ses prévisions à la baisse, tablant désormais sur une croissance régionale de 4,1 % en 2026.

Aujourd’hui, le monde qui rendait l’intégration si attrayante est désormais un espace vulnérable où des acteurs extérieurs peuvent exploiter les dépendances à des fins géopolitiques.

Dcrypter le dilemme à trois dimensions

Face à cette situation, la réponse la plus tentante consiste à réduire les interdépendances. Pourtant, l’histoire montre que le repli économique peut coûter cher. La vague protectionniste des années 1930 — lorsque les pays ont érigé des barrières commerciales et se sont repliés sur eux-mêmes — a contribué à l’effondrement du commerce mondial et a aggravé la Grande Dépression.

L’intégration n’est pas seulement un risque. C’est une source de prospérité qui justifie, en premier lieu, le renforcement de la résilience.

La Banque mondiale prévoit que d’ici 2026, les pays africains non riches en ressources naturelles afficheront un revenu par habitant supérieur de près de 20 % à leur niveau de 2014.

Renoncer à l’ouverture économique pour réduire sa vulnérabilité reviendrait à sacrifier la croissance nécessaire à la stabilité et à la sécurité économiques à long terme. Pire encore, si chaque pays africain cherche à réduire sa dépendance à l’égard des marchés mondiaux, cela diminue la valeur de ces marchés pour ceux qui continuent d’y participer. Cela pousse alors d’autres pays à s’en retirer à leur tour, créant ainsi un cercle vicieux.

Cette dynamique est déjà à l’œuvre dans d’autres pays. Les politiques américaines « Buy American » ont incité l’UE à mettre en place des mesures similaires « Buy European ». Les économistes appellent cela le « cercle vicieux de la fragmentation ».

De plus, la mise en place de chaînes d’approvisionnement alternatives au niveau national est coûteuse pour les pays qui se retirent. Le remplacement des réseaux de production internationaux bien établis nécessite des investissements importants et peut entraîner une hausse des coûts pour les entreprises et les consommateurs. Le FMI a alerté sur les conséquences d’une fragmentation : baisse des revenus pour tout le monde.

La diversification et la sécurité économique peuvent aussi entrer en conflit. La diversification économique impliquerait de réorienter les économies africaines, en les éloignant de l’extraction des matières premières pour se tourner vers un secteur privé plus large, et de répartir les relations commerciales entre plusieurs partenaires. Elle est essentielle tant pour la prospérité à long terme que pour réduire l’exposition aux chocs liés aux prix des matières premières.

Par exemple, le Rwanda et la Côte d’Ivoire, qui se sont diversifiés pour réduire leur dépendance vis-à-vis des matières premières, devraient afficher d’ici 2026 des revenus par habitant supérieurs de plus de 45 % à leurs niveaux de 2014.

À l’inverse, l’Angola et la République du Congo, qui sont restés fortement dépendants des exportations de pétrole, devraient afficher des revenus par habitant inférieurs de plus de 25 % à leurs niveaux de 2014. Une décennie après l’effondrement des cours du pétrole, ils ne se sont toujours pas remis de cette crise.

Les ressources naturelles génèrent à elles seules environ 62 % du PIB africain, selon la Banque africaine de développement. Pour dépasser cette concentration, il faut à la fois une diversification et une intégration plus poussée, qui permette l’accès aux investissements étrangers, aux transferts de technologie et à des marchés plus vastes.

Mais c’est précisément cette intégration plus poussée qui crée les vulnérabilités que les grandes puissances ont appris à exploiter. La rivalité entre les États-Unis et la Chine ainsi que la crise iranienne l’ont clairement démontré. L’objectif de diversification ne peut être poursuivi sans l’ouverture qui engendre des risques pour la sécurité. Il s’agit là d’une véritable tension structurelle que les décideurs politiques doivent savoir gérer.

Stratégies pour gérer cette triple tension

La solution ne consiste pas à choisir un objectif au détriment des autres. Trois stratégies, mises en œuvre de manière combinée, peuvent faire progresser ces trois objectifs simultanément.

Poursuivre la sécurité de manière collective, et non unilatérale. La Zone de libre-échange continentale africaine (ZLECA) est l’instrument le plus important du continent pour éviter le cercle vicieux de la fragmentation. Un marché continental intégré de 1,4 milliard de personnes :

  • crée la masse critique nécessaire pour attirer des investissements étrangers diversifiés

  • confère aux pays africains le pouvoir de négociation collectif leur permettant de traiter avec les grandes puissances en position de force

  • favorise le développement de chaînes d’approvisionnement intra-africaines qui réduisent la dépendance vis-à-vis des acteurs extérieurs, sans pour autant sacrifier les acquis de l’intégration.

Dans le contexte actuel, la ZlECAF (zone de libre-échange continental africaine) n’est pas seulement un projet de libéralisation des échanges. Il s’agit d’une stratégie de sécurité.

Cibler la diversification des partenaires. Toutes les relations commerciales ne présentent pas le même niveau de risque. L’objectif est de s’ouvrir de manière plus stratégique à l’économie mondiale en élargissant les liens commerciaux et d’investissement avec une grande palette de partenaires, en particulier dans les secteurs où il existe plusieurs fournisseurs et marchés. Cela réduit la dépendance vis-à-vis d’un seul pays et limite la capacité d’un partenaire à utiliser les liens économiques comme moyen de pression.

Devenir indispensable dans les chaînes d’approvisionnement critiques. La forme la plus durable de sécurité économique ne consiste pas à réduire sa dépendance vis-à-vis des autres, mais à faire en sorte que les autres dépendent de vous. L’Afrique occupe de véritables positions stratégiques dans plusieurs minerais essentiels aux technologies d’énergie propre. En voici quelques exemples.

La République démocratique du Congo représente environ 65 % de la production mondiale de cobalt. L’Afrique du Sud domine le marché des métaux du groupe du platine. La Guinée détient les plus grandes réserves mondiales de bauxite. La Zambie est un important producteur de cuivre et le Zimbabwe est l’un des plus grands producteurs mondiaux de lithium.

La stratégie d’indispensabilité consiste à tirer parti de ces atouts : transformer le cobalt en RDC plutôt que d’exporter le minerai brut, développer l’enrichissement du platine en Afrique du Sud et mettre en place une infrastructure de chaîne d’approvisionnement en batteries autour des richesses minérales existantes.

Bien menée, cette stratégie favorise à la fois la diversification (en remontant la chaîne de valeur, loin des exportations de matières premières brutes), renforce la sécurité (en créant des dépendances qui dissuadent la coercition) et approfondit l’intégration selon les propres conditions de l’Afrique.

La perturbation du détroit d’Ormuz au début de l’année 2026 a été un signal d’alarme. Elle a démontré que les vulnérabilités créées par des décennies d’intégration ouverte sont bien réelles, que des acteurs extérieurs sont prêts à les exploiter et que les conséquences pour les économies africaines peuvent être rapides et graves. Mais la réponse n’est pas le repli sur soi. La croissance de l’Afrique s’est construite, en partie, sur son engagement dans l’économie mondiale. Le défi, désormais, est rendre cette ouverture plus résiliente.

The Conversation

Jonathan Munemo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Le commerce mondial devient une arme : comment les économies africaines peuvent-elles se protéger ? – https://theconversation.com/le-commerce-mondial-devient-une-arme-comment-les-economies-africaines-peuvent-elles-se-proteger-285730

Vous perdez vos mots ? C’est tout à fait normal !

Source: The Conversation – France in French (2) – By Monica Baciu, Professeur Neurosciences Cognitives, Université Grenoble Alpes (UGA)

« Comment ça s’appelle déjà ? » Le mot est là. On le sent à notre portée, presque accessible, « sur le bout de la langue », mais impossible de le prononcer immédiatement. Alors on contourne, on reformule, on attend quelques secondes. Puis, souvent, le mot revient. Ce phénomène, très courant à partir du milieu de la vie, est généralement perçu comme un signe inquiétant du vieillissement. Pourtant, nos recherches en neurosciences cognitives racontent une histoire bien plus nuancée, et surtout bien moins pessimiste.


Depuis plusieurs années, nos travaux étudient la manière dont le cerveau vieillit et réorganise ses fonctions de langage. Les résultats obtenus depuis 2021 montrent que les difficultés à retrouver ses mots ne traduisent pas nécessairement un déclin global de la mémoire ou de l’intelligence. Elles reflètent surtout une transformation progressive des stratégies utilisées par le cerveau pour accéder au langage.

Contrairement aux idées reçues, les mots ne disparaissent pas de notre mémoire avec l’âge. Les connaissances restent globalement très solides, et le vocabulaire continue même souvent de s’enrichir grâce à l’expérience accumulée au fil des années. Ce qui change davantage, c’est la rapidité avec laquelle le cerveau accède à ces connaissances.

Parler est une action extrêmement sophistiquée

Pour comprendre ce phénomène, il faut rappeler que parler est une opération extrêmement sophistiquée. Lorsque nous produisons un mot, le cerveau doit d’abord activer son sens, par exemple l’idée d’un objet, d’une personne ou d’une action, puis retrouver sa forme sonore avant de préparer son articulation.

Dans nos travaux récents sur le vieillissement du langage, nous distinguons notamment deux dimensions essentielles.
La première est la dimension sémantique, c’est-à-dire le sens des mots, les connaissances et les associations construites par l’expérience. La seconde est la dimension phonologique, qui correspond aux sons permettant de prononcer les mots. Par exemple, lorsque vous prononcez le mot « chat », vous récupérez d’abord sa représentation mentale en mémoire, puis vous transformez cette représentation en une série de sons qui rend possible son articulation.

Avec l’âge, les systèmes liés au sens restent particulièrement robustes. En revanche, l’accès à la forme sonore exacte des mots devient parfois moins fluide, car plus vulnérable aux effets de l’âge. En somme, le cerveau retrouve bien l’idée du mot, mais sa récupération phonologique nécessite une mobilisation accrue des ressources cognitives. C’est précisément ce qui produit l’impression du « mot sur le bout de la langue ».

De nouvelles stratégies

Nos recherches menées depuis 2021 montrent cependant que le cerveau ne subit pas passivement ces changements. Il développe au contraire de nouvelles stratégies d’adaptation.

À mesure que les traitements rapides fondés sur les sons des mots deviennent moins efficaces, le cerveau s’appuie davantage sur les connaissances sémantiques, le contexte et l’expérience accumulée. Les mécanismes phonologiques et sémantiques ne sont pas mutuellement exclusifs et continuent de fonctionner en interaction. Toutefois, les modifications cérébrales associées au vieillissement sain semblent progressivement accroître la contribution des systèmes sémantiques, qui participent alors à la compensation des fragilités phonologiques.

Autrement dit, lorsque l’accès direct à un mot devient plus difficile, le cerveau compense en mobilisant davantage le sens et les associations d’idées. Cette réorganisation s’accompagne également d’une implication plus importante de systèmes liés à l’attention et aux organes de sens qui aident à sélectionner l’information pertinente.

Nos travaux plus récents montrent que ces adaptations ne concernent pas uniquement le langage lui-même. Elles reflètent une réorganisation plus interactive du fonctionnement cérébral au cours du vieillissement qui impacte notamment la mémoire et l’attention.

À partir d’environ 55 ans, nous observons des modifications progressives dans les réseaux cérébraux impliqués dans le langage et la communication. Cette réorganisation se manifeste également à l’échelle des réseaux cérébraux. Des travaux récents en magnétoencéphalographie (MEG) suggèrent notamment qu’il tend à regrouper davantage les représentations sémantiques en unités plus larges et plus stables en les associant à des représentations visuelles ou motrices. Pour reprendre notre exemple, le traitement du mot « chat », de sa récupération en mémoire à son articulation, serait davantage médié par l’image, le son ou le mouvement, pour faciliter le langage.

Nos recherches, menées ces trois dernières années, suggèrent également que ces changements répondent à une logique énergétique plus générale du cerveau. Avec le vieillissement, certaines connexions cérébrales longues et coûteuses, comme celles du système phonologique, deviennent plus vulnérables. En réponse, le cerveau tend à privilégier des circuits plus locaux, plus économes en énergie, des critères auxquels semblent répondre les systèmes liés au sens et à l’expérience.

Le vieillissement cérébral apparaît ainsi moins comme une dégradation brutale que comme une recherche permanente d’équilibre entre efficacité de traitement et économie d’énergie.

La réserve cognitive

Il est également important de souligner que cette évolution varie fortement d’un individu à l’autre. Certaines personnes conservent une grande fluidité verbale très tard dans la vie, tandis que d’autres présentent des difficultés plus précoces. Une partie de ces différences est liée à ce que les neurosciences appellent la réserve cognitive.

La réserve cognitive correspond à la capacité du cerveau à s’adapter aux changements et à mobiliser des stratégies alternatives. Elle est influencée par de nombreux facteurs comme le niveau d’éducation, les activités intellectuelles, les interactions sociales, l’activité physique ou encore le multilinguisme. Plus cette réserve est importante, plus le cerveau semble capable de compenser les effets du vieillissement.

C’est précisément cette diversité de trajectoires individuelles que nous étudions aujourd’hui afin de mieux comprendre pourquoi certains cerveaux restent particulièrement adaptatifs avec l’âge et d’identifier plus précocement les trajectoires de vulnérabilité grâce à l’intelligence artificielle et à l’analyse des réseaux cérébraux.

Ces travaux participent à une transformation plus large de la manière d’aborder la santé cérébrale. Aujourd’hui, les recherches visent de plus en plus à détecter les premiers signes de fragilité avant l’apparition de troubles cognitifs plus importants. Par exemple, l’augmentation des sensations de « mot sur le bout de la langue » précède des difficultés cognitives mesurables dans d’autres domaines cognitifs. C’est dans ce contexte qu’émergent les centres de santé du cerveau, qui développent des approches de prévention fondées sur l’identification précoce des individus qui pourraient ressentir des ralentissements de leurs compétences cognitives, mais sans que les mesures objectives montrent de déficit de ces fonctions.

En conclusion, lors du vieillissement cognitif sain, le mot finit presque toujours par revenir. Et lorsqu’il tarde un peu, cela ne signifie pas forcément que le cerveau perd ses capacités. Cela peut simplement indiquer qu’il est en train de modifier ses stratégies pour continuer à fonctionner autrement.

The Conversation

Monica Baciu a reçu des financements de l’ANR et du CNRS (programmes Défi 80|PRIME 2022).

Clément Guichet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Vous perdez vos mots ? C’est tout à fait normal ! – https://theconversation.com/vous-perdez-vos-mots-cest-tout-a-fait-normal-284255

La Chine, épicentre industriel et scientifique de l’énergie solaire

Source: The Conversation – France in French (2) – By Laëtitia Guilhot, Maître de conférences HDR en sciences économiques, Université Grenoble Alpes (UGA)

Il n’y a pas si longtemps, la Chine était vue comme l’« usine du monde », le pays où les industries européennes étaient délocalisées. Petit à petit, son statut change. Un des secteurs emblématiques est celui de l’énergie solaire photovoltaïque, où l’étape du rattrapage industriel est révolue. Aujourd’hui, la Chine est aussi une usine à innovations.


En 2024, la Chine s’est imposée comme le premier investisseur mondial en recherche et développement (R&D), avec 27,4 % des dépenses totales contre seulement 4 % en 2000. Cette dynamique lui permet de consolider sa position de leader mondial dans un nombre croissant de « technologies critiques », en particulier dans le secteur des panneaux solaires photovoltaïques, où elle atteint 80 % de la production mondiale.

Grâce à une stratégie évolutive et une implication forte et efficace de l’État, la Chine a largement dépassé le stade d’« usine du monde » pour devenir à la fois le leader industriel, technologique et scientifique dans le secteur du solaire photovoltaïque (PV).




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L’enjeu pour l’Europe et les États-Unis est dorénavant de ne pas accumuler un retard irrattrapable dans la course à l’innovation, dans ce secteur clé pour la décarbonation de nos économies.

Une domination mondiale de la production

Il n’a pas fallu plus de dix ans à la Chine pour littéralement évincer du marché des panneaux solaires les trois puissances de la fin du XXᵉ siècle : Europe, États-Unis, Japon. En 2002, les parts de marché globales de ces trois puissances étaient d’environ 80 % et celle de la Chine marginale. En 2012, la tendance était déjà inversée, avec 70 % pour la Chine et moins de 10 % pour les trois anciennes puissances solaires.

Depuis, les positions chinoises se sont encore renforcées dans l’ensemble des segments de la chaîne de valeur.

Dotée d’un savoir-faire indiscutable en matière de production de masse, elle s’est concentrée durant la décennie 2000 sur le développement de ses capacités industrielles dans les segments à fort potentiel (wafer, cellules et modules) ; puis, dans les années 2010, sur celui du silicium où sa dépendance extérieure était initialement la plus forte, en facilitant les transferts de technologies étrangères et en recourant à un soutien public massif.

Ainsi, la percée des entreprises chinoises se manifeste aujourd’hui sur les cinq segments de la chaîne de valeur : silicium, lingot, wafer, cellules et panneaux.

schéma
Les étapes de la chaîne de valeur du photovoltaïque à base de silicium.
Elsa Couderc, avec des images Wikipédia, CC BY-SA

Cette position industrielle lui a permis de cibler d’abord la demande occidentale, mais la baisse des subventions sur ces marchés après 2010 a poussé le gouvernement chinois à renforcer la croissance de la demande intérieure, en s’appuyant sur des interventions publiques fortes et ciblées notamment à travers son système de planification et, à partir de 2015, une réforme du marché de l’électricité très favorable aux énergies renouvelables.

Au milieu des années 2010, cependant, des surcapacités de production importantes amènent les autorités publiques chinoises à inciter les firmes nationales à élargir leurs débouchés internationaux en direction des pays en développement, en particulier vers les marchés émergents, notamment le continent africain. Il faut bien noter que cette nouvelle stratégie s’est avérée pertinente grâce à une baisse drastique des coûts du kilowatt-heure photovoltaïque.

En rendant accessible cette énergie aux pays en développement pour répondre à leurs immenses besoins en énergie, la Chine a renforcé son image de puissance responsable.

Par sa capacité à satisfaire la demande nationale et mondiale de panneaux solaires, la Chine contribue ainsi à la transition énergétique et à la décarbonation de l’électricité. En 2024, la puissance du parc installé en Chine a atteint 1 048,5 gigawatts-crête, soit 46,7 % de l’ensemble des capacités installées dans le monde (le watt-crête désigne la puissance nominale d’une installation photovoltaïque dans des conditions optimales d’ensoleillement et de température).




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Cependant, on peut toujours s’interroger sur la capacité de la Chine à devenir leader sur des technologies de pointe. Est-elle encore l’atelier du monde dans le photovoltaïque comme ailleurs ou bien a-t-elle, aujourd’hui, généré une capacité à se placer à l’avant-garde de la recherche et de l’innovation ?

La Chine a acquis le leadership technologique

Quatre catégories de technologies solaires photovoltaïques se distinguent, suivant les matériaux utilisés :

  • le silicium cristallin, qui compte à lui seul pour plus de 97 % du marché total en 2024, avec un rendement de conversion énergétique dépassant les 20 % pour les modules solaires industriels ;

  • les couches minces – principalement à base de tellurure de cadmium (CdTe), de cuivre, indium, gallium et sélénium (CIGS) ou de silicium amorphe –, qui couvrent 2,2 % du marché total en 2024, avec un rendement plus faible et des usages plus spécifiques ouvrant la voie vers des modules solaires flexibles, légers et performants sous faible éclairement ;

  • les cellules « émergentes » à colorants, à base de pérovskite hybride et les cellules organiques : aucune n’est encore présente en masse sur le marché ; mais elles sont néanmoins porteuses de promesses en matière de réduction de l’impact environnemental de la production solaire ;

  • les multijonctions, très performantes, mais encore très coûteuses sont souvent réservées aux applications militaires et spatiales.

Pour ces quatre catégories, la Chine domine quantitativement et qualitativement sur les dépôts de demandes de brevets. Ainsi, entre 1990 et 2022, 40 % des inventions brevetées sont chinoises, sur 57 000 au total. L’effort d’innovation se concentre, en Chine comme ailleurs, sur les cellules émergentes (un peu plus de 28 000 brevets, dont environ 40 % pour la Chine), puis sur la cellule solaire conventionnelle en silicium cristallin de première génération, ou c-Si (près de 20 000, dont environ 50 % pour la Chine).

De plus, la Chine est en tête des citations de brevets pour les cellules c-Si et émergentes : à la fois dans le top 10 % (le seuil caractérisant des inventions « majeures ») et dans le top 1 % (seuil des innovations « de rupture »).

Cette progression rapide et durable de la Chine sur les brevets touchant aux technologies déjà exploitées industriellement permet de conclure que le learning by doing a été le principal moteur de la construction de la prééminence chinoise.

Le photovoltaïque est en effet un secteur où le taux d’apprentissage (baisse du coût pour chaque doublement de la capacité à technologie donnée) est reconnu parmi les plus élevés (de 20 à 30 %, selon une estimation de l’Agence internationale de l’énergie, 2020) et donc parmi les plus propices aux gains d’échelle et de compétitivité pour les firmes et les pays se positionnant sur des technologies bien maîtrisées.

La domination de la Chine se confirme aussi pour les technologies émergentes

La Chine s’impose ainsi comme le premier pôle scientifique mondial dans la recherche sur le solaire de prochaine génération.

Une analyse bibliométrique de la production scientifique dans des revues à comité de lecture sur les segments les plus en pointe – à savoir les cellules solaires émergentes – offre un aperçu de l’effectivité et de la pérennité de la puissance scientifique chinoise. En effet, ces technologies ont le potentiel de briser le quasi-monopole actuel du silicium cristallin, en raison de leurs promesses d’efficacité énergétique, de coûts de production et d’impacts environnementaux plus faibles grâce à des procédés de dépôts peu énergivores et par impression grande surface.

Ainsi, la Chine a réalisé en 2023 plus de 50 % de la production scientifique sur les pérovskites hybrides (la technologie émergente la plus dynamique depuis 2012) et 55 % pour le photovoltaïque organique. Les cellules solaires à colorant connaissent un déclin relatif depuis 2014. La Chine y avait atteint un pic de publications, avant d’être dépassée par l’Inde en 2021 – un recul qui s’explique principalement par le report des efforts de recherche vers les pérovskites hybrides.

Dans le domaine du photovoltaïque, comme dans d’autres, il n’est pas incongru de parler d’un « choc chinois ».

En 2018, l’administration américaine a adopté la China Initiative, dont l’objectif affiché était de lutter contre l’espionnage scientifique et industriel en restreignant les collaborations scientifiques avec des chercheurs chinois. Mais l’effet principal de cette tentative d’isolement de la recherche chinoise a été un redéploiement des collaborations vers les partenaires alternatifs aux Américains, en particulier la Corée du Sud et l’Allemagne permettant la croissance continue de la production scientifique chinoise contrairement à celle des États-Unis, qui décline depuis cette date.

Qui plus est, une proportion croissante des publications les plus citées dans les journaux les plus prestigieux est désormais réalisée par des équipes uniquement chinoises, hors collaborations internationales, ce qui confirme son autonomie scientifique grandissante.


Le projet Transition énergétique en Chine : Nouvelles orientations économiques et politiques – TEChNOPE (ANR-18-CE05-0011) est soutenu par l’Agence nationale de la recherche (ANR), qui finance en France la recherche sur projets. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

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Laëtitia Guilhot a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR)

Guillaume Wantz a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR).

Pierre Berthaud a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche

André Meunié et Marina Flamand ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. La Chine, épicentre industriel et scientifique de l’énergie solaire – https://theconversation.com/la-chine-epicentre-industriel-et-scientifique-de-lenergie-solaire-283717