Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

En pleno juicio contra Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más conocidos de Estados Unidos, muchas mujeres comenzaron a enviarle cartas de contenido romántico. Eran los años 70. Décadas después, en plena era de las redes sociales, en TikTok circulan vídeos que muestran a criminales violentos como si fueran estrellas de cine.
Este fenómeno tiene nombre: hibristofilia. Se trata de la atracción romántica o sexual hacia delincuentes peligrosos, y parece que es más frecuente en mujeres, aunque el fenómeno no está estudiado profundamente.
El término viene del griego y significa algo así como “afinidad por quien comete un ultraje”. También se conoce como el “síndrome de Bonnie y Clyde”. No figura como enfermedad en los manuales de psiquiatría, pero puede provocar malestar y daño en la persona. Es de dos tipos: pasivo –cuando alguien admira desde lejos, escribe cartas o fantasea con “cambiar al otro con su amor”– o activo/agresivo –cuando la persona colabora con su pareja para cometer el delito–.
Por tanto, la hibristofilia no siempre se queda en la fantasía. Algunos delincuentes explotan y manipulan a sus admiradores para conseguir cómplices, apoyo logístico o incluso para fugarse. Esto obliga a prever redes de apoyo romántico, incluso dentro de las prisiones (como ocurrió con Joyce Mitchell en 2015, una funcionaria de una prisión del estado de Nueva York que ayudó a dos convinctos a huir). Desde la victimología, los “enamorados” pueden convertirse en víctimas secundarias, expuestos a daño emocional, financiero o físico.
La fascinación por los “chicos malos”
¿Por qué ocurre? El concepto fue descrito en 1986 por el psicólogo neozelandés John Money, aunque la fascinación por los “chicos malos” es mucho más antigua. Algunas explicaciones hablan de la búsqueda de emociones fuertes (un incremento de la adrenalina). Otras, de la confusión entre la dominancia que muestran muchos agresores, con fortaleza y protección. Tambien el deseo de “salvar” a alguien herido. A veces influyen la baja autoestima, la ausencia de la figura paterna, la soledad o incluso un trauma infantil. Sin embargo, también se han visto casos en mujeres exitosas y sin antecedentes de maltrato. Por tanto, no hay una única causa e influyen factores personales, culturales y sociales.
La evidencia científica sobre la hibristofilia es escasa. Gran parte de lo publicado es teórico o anecdótico. Sin embargo, algunos trabajos empiezan a ofrecer datos. Un grupo de investigadores analizaron vídeos de TikTok y descubrieron que en la mayoría, los delincuentes eran sexualmente objetivados o romantizados. El hallazgo más claro fue lo que llamaron “trivialización del trauma”: la minimización, a menudo lúdica, de los crímenes y del sufrimiento de las víctimas.
Y es que, los medios de comunicación y la cultura popular refuerzan este fenómeno. Películas y series suelen mostrar a criminales como carismáticos o incomprendidos. Cuando Ted Bundy fue interpretado en cine por Zac Efron, el atractivo del actor hizo que muchos olvidaran la gravedad de sus delitos. El auge de las historias reales de crímenes y la difusión en redes sociales amplifican el efecto. Aumentan los vídeos que presentan a delincuentes como ídolos sexuales, justificando sus actos y convirtiendo la violencia en un chiste.
La hibristofilia se alimenta así de un entorno que convierte a criminales en celebridades. Ciclos informativos permanentes, documentales y comunidades digitales proyectan un aura de intriga. En foros de crímenes reales se comparten fotos, se justifican delitos y hasta se compite por escribir más cartas a un preso.
Este interés no es nuevo. A lo largo de la historia, delincuentes convictos, incluso asesinos en serie, se convirtieron en objeto de deseo. Algunos recibieron cartas con fotos íntimas y contenido sexual explícito. Richard Ramirez, conocido como el “Night Stalker”, se casó en prisión con una admiradora. Charles Manson, Jeffrey Dahmer y hasta terroristas y autores de tiroteos en colegios recibieron cartas, regalos y propuestas de matrimonio. Lo que tienen en común es la fama que les dieron los medios y el aura oscura que los convirtió en figuras de culto.
No solo es cosa de mujeres
Aunque suele pensarse que es algo femenino, también hay casos de hombres. En el Reino Unido, tres varones se sintieron atraídos por la asesina Joanne Dennehy. Su obsesión fue tan grande que terminaron ayudándola a ocultar cadáveres, engañar a la policía y planear más ataques. Ninguno tenía antecedentes. Los jueces lo llamaron “hibristofilia agresiva en hombres”. Este ejemplo muestra que la atracción por un criminal puede arrastrar a personas comunes a una vida delictiva.
Generación Z y vídeos de TikTok
Hoy en día, algunos miembros de la generación Z muestra un patrón preocupante en lo referente a la hibristofilia. Un estudio reciente analizó miles de vídeos en TikTok sobre el tema y detectó siete ideas frecuentes: perdonar más a un criminal si es atractivo, confundir al actor con el asesino real, justificar sus actos por una infancia difícil, idealizar al “chico malo”, fantasear con que proteja a la pareja, creer que el amor puede cambiarlo y bromear con la violencia como si fuera erótica. En todos los casos, se embellece al infractor y se desplaza la empatía hacia él.
¿Qué podemos hacer como sociedad y como usuarios? Primero, cuestionar la forma en que consumimos estas historias. Preguntarnos quién gana con cada tendencia y quién pierde. Dar más espacio a las víctimas y a la prevención que al brillo del criminal. Si un contenido nos provoca fascinación por alguien peligroso, parar y pensar por qué. En redes, no premiar con un “me gusta” estos comportamientos ni compartir material que idealice la violencia.
La hibristofilia es poco frecuente, pero la forma de contar estas historias puede alimentar esa fascinación. Cuando convertimos a un criminal en personaje de culto, aunque sea sin querer, corremos el riesgo de trivializar su violencia y eclipsar a quienes la sufrieron. Contar estos casos sin adornos ni romanticismo ayuda a que la violencia no se confunda con algo atractivo.
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Dolores Fernández Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Por qué algunas personas se enamoran de asesinos? La ciencia empieza a encontrar respuestas – https://theconversation.com/por-que-algunas-personas-se-enamoran-de-asesinos-la-ciencia-empieza-a-encontrar-respuestas-264654














