Lecciones logísticas del Mundial de fútbol: así se montó el espectáculo de Shakira, Madonna y los ‘muppets’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tomás García Martín, Decano de la Facultad de Tecnología y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

19 de julio de 2026, final del Mundial de Fútbol. The White House

La final del Mundial de Fútbol 2026, celebrada el domingo 19 de julio en el Estadio Nueva York Nueva Jersey (MetLife Stadium), no fue solo un hito en la historia del fútbol, sino también una lección de gestión logística en condiciones de incertidumbre extrema y alta visibilidad.

La transformación del césped en un macroescenario para un espectáculo de masas de casi 12 minutos de duración, con bailarines, músicos y la actuación de artistas como Madonna, BTS o Shakira, merece un análisis riguroso desde el punto de vista de la logística.

La estrategia tras el espectáculo

En la dirección de operaciones, el éxito no solo reside en la calidad del producto (en este caso, las actuaciones del tiempo de descanso de la final del Mundial 2026), sino en la arquitectura operativa que lo sustenta.

En términos de operaciones y logística, el show del descanso fue un proyecto altamente personalizado y con requisitos de difícil control, que tuvo que ser ejecutado con la precisión de una línea de montaje debido a las severas restricciones de tiempo.

De las fábricas de Toyota al MetLife Stadium

Los grandes espectáculos funcionan como proyectos logísticos que aplican principios del lean management, un método de trabajo instaurado por Toyota en sus fábricas para alcanzar tres objetivos básicos: gastar menos recursos, eliminar todo lo superfluo del proceso y dar el máximo valor al cliente, haciendo solo lo que este quiere y está dispuesto a pagar.

Así, en el Estadio de Nueva York Nueva Jersey se aplicaron procesos muy similares a los desarrollados a nivel manufacturero para mejorar los procesos de producción:

  1. SMED (Single Minute Exchange of Die): este proceso busca mejorar los tiempos de producción reduciendo los tiempos de cambio de herramientas a un solo dígito de minutos. La transición vertiginosa entre la apertura de Madonna y la sinfonía de Gustavo Dudamel fue posible gracias a esta técnica. Al estandarizar el montaje de módulos escénicos, el equipo técnico logró reducir los tiempos de cambio de minutos a escasos segundos, permitiendo que la banda coreana BTS tomara el escenario inmediatamente después de la orquesta.

  2. Jidoka y poka-yokes: para un evento transmitido a todo el planeta, el control de errores en tiempo real es vital. El término jidoka se refiere al exhaustivo control de la calidad en cada paso del proceso productivo para evitar la acumulación de errores, mientras que los poka-yokes son una técnica de control de calidad que garantiza que el proceso se realice sin errores (un ejemplo cotidiano es el hecho de que un microondas está diseñado para no funcionar si tiene la puerta abierta). En el espectáculo del tiempo de descanso, se aplicaron poka-yokes entre la actuación de Coldplay y la del coro PS22 Choir para que cualquier anomalía técnica de sonido o vídeo fuera corregida instantáneamente sin detener el flujo del espectáculo.

  3. Heijunka (en japonés, nivelación): se trata de igualar los niveles de la carga de trabajo en las distintas fases del proceso de producción para mejorar el flujo, ajustarse mejor a la demanda del cliente y reducir el desperdicio. En la final del Mundial 2026, la gestión de los equipos técnicos para mover la escenografía de Shakira y Burna Boy mientras se preparaba el set acústico de Justin Bieber refleja una nivelación de carga de trabajo meticulosa, evitando cuellos de botella que habrían retrasado el reinicio del partido de fútbol.

Gestión de la cadena de suministro y logística integral

El espectáculo del tiempo de descanso también es un ejemplo de gestión de una cadena global de suministros (Supply Chain Management, SCM), definida como:

“El manejo del flujo de bienes, datos y finanzas relacionados con un producto o servicio, desde la adquisición de las materias primas hasta la entrega del producto en su destino final”.

Coordinar a artistas de distintos continentes implica una gestión de proveedores y recursos que trasciende la simple logística de transporte.

Este evento aplicó un modelo de escalonamiento en el proceso logístico con un enfoque similar al que aplica Elon Musk en sus fábricas (step-function expansion o mejoras escalonadas), que consiste en crear infraestructuras que superan la demanda inicial (gigafactorías), con lo que la expansión se produce a grandes saltos de capacidad y no de manera lineal.

Los organizadores del show invirtieron en infraestructura masiva y redundancia estratégica (con sistemas de sonido e iluminación duplicados) para asegurar que la capacidad operativa no se viera desbordada por la complejidad del despliegue artístico.

La experiencia de los aficionados

Desde el punto de vista del diseño del servicio, el espectáculo del tiempo de descanso gestionó varios momentos de la verdad (moment of truth), un concepto de gestión de servicios desarrollado por Karl Albrecht, que define el instante preciso en que un cliente entra en contacto con una organización y se forma una impresión sobre la calidad del servicio.

En el Estadio Nueva York Nueva Jersey, el contraste entre la actuación más íntima de Justin Bieber y la explosión de energía de Shakira y Burna Boy puede analizarse bajo el modelo de Kano, una herramienta de gestión de productos que evalúa cómo las características de un servicio o producto influyen en la satisfacción del cliente.

Un ejemplo sacado del espectáculo: mientras que la calidad técnica es un factor básico esperado, la sorpresa de ver a leyendas del fútbol como Ronaldinho y Ronaldo conduciendo para Madonna constituye un factor de deleite (customer delight) que eleva la percepción de la marca del Mundial.

El primer espectáculo del tiempo de descanso de un Mundial de Fútbol no fue solo música y baile: fue una lección avanzada de preparación operativa (operational readiness). El trabajo de logística y operaciones convirtió el caos creativo de reunir a BTS, Dudamel y The Muppets en una ejecución impecable ante los ojos del mundo.

The Conversation

Tomás García Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La factura invisible del fuego: el coste económico de los incendios forestales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Ferrer Zubiate, Profesora Titular de Universidad. Departamento de Gestión de Empresas, Universidad Pública de Navarra, Universidad Pública de Navarra

Robert Jankovic/Shutterstock

En las últimas semanas, buena parte de la geografía española, desde Aragón a Andalucía, pasando por Comunidad Valenciana, Madrid y Castilla y León, se ha visto asolada por incendios forestales.

Los incendios forestales no son un problema nuevo, pero sí creciente. En mayo de 2026, el Gobierno de España presentaba su campaña contra los incendios, donde ya señalaba que “los datos registrados entre el 1 de enero y el 15 de mayo de 2026 muestran una evolución desfavorable, con 127 incendios comunicados frente a los 40 del mismo periodo de 2025, lo que supone un incremento del 218 %”.

En relación con los denominados “grandes incendios”, hasta el 19 de julio de 2026, España registró 21 fuegos que arrasaron un total de 65 753,71 hectáreas. Esta cifra supone más del doble de la superficie quemada en el mismo periodo de 2025, año en el que se habían contabilizado 11 grandes incendios y 29 817 hectáreas afectadas.

Además, España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea en número de incendios forestales, con 300 eventos registrados, por delante de Francia, que reporta 275.

No es el objeto de este artículo valorar las causas y agravantes de estos incendios. Los últimos datos aportados por el Ministerio para la Transición Ecológica, de 2016, señalan que ese año el 54,61 % de los incendios fueron intencionados, el 27,57 % se debieron a accidentes y neigligencias y un 10,44 % tuvieron una causa desconocida.

Nos centraremos en las consecuencias de los incendios y, en particular, en los costes asociados.

¿Cuánto cuesta un incendio?

La mejor pista de cuánto cuesta un incendio no la dan las llamas, sino lo que ocurre después. En Estados Unidos, un estudio en relación con los incendios de California del año 2018 ponía de relieve que “los daños causados por los incendios forestales en 2018 ascendieron a 148 500 millones de dólares, aproximadamente el 1,5 % del producto interno bruto anual de California, con pérdidas de capital por valor de 27 700 millones de dólares (19 %), costes sanitarios por valor de 32 200 millones de dólares (22 %) y pérdidas indirectas por valor de 88 600 millones de dólares (59 %)”.

Una investigación similar estimó que “las regiones del sur de Europa golpeadas por grandes incendios pierden entre un 0,11 % y un 0,18 % de su crecimiento anual del PIB. El empleo en transporte, alojamiento y restauración –el turismo– cae entre un 0,09 % y un 0,15 %”.

No cabe duda de que es algo prematuro intentar realizar una valoración económica de los incendios forestales que han ocurrido este año en España, pero haremos un pequeño ejercicio basado en los costes de oportunidad.

Un coste de oportunidad se define como aquello a lo que se renuncia como consecuencia de una acción o decisión. Pensemos ahora en un pequeño pueblo de cualquiera de las regiones afectadas. Durante los meses de invierno la población es de 600 habitantes, pero durante el verano en algunos momentos se llega incluso a cuadriplicar esta cifra. Un paisaje ennegrecido y una evacuación en plena temporada alta golpean justo donde más duele. A ello se suma el campo: cosechas paradas y ganado muerto o incomunicado. Son ingresos que no vuelven cuando el humo se disipa. Por tanto, un incendio deja así dos huellas: una inmediata, la de apagarlo, y otra persistente, la de recuperar lo perdido.




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Mientras el fuego arde

En España, los efectos a corto plazo están vinculados con la extinción de las llamas. Aunque es difícil encontrar fuentes fiables, la Agenda Forestal de Navarra presentada en el año 2019 señalaba que el coste de extinción de un incendio forestal declarado es muy variable, pero puede rondar los 10 000 euros por hectárea cuando intervienen medios aéreos, a los que habría que sumar el importe de las tareas posincendio.

No solamente son medios aéreos los que generan este coste. También brigadas, maquinaria, combustible y retardantes trabajando sin pausa durante días. Así, en un incendio de 16 000 hectáreas estos costes ascenderían a 160 millones de euros.

Después de apagar las llamas

Sin embargo, la realidad no termina aquí. La factura que vemos en televisión, con hidroaviones y bomberos, es solo el primer recibo. Es necesario tener en cuenta los efectos a largo plazo y, especialmente, aquellos que tienen carácter indirecto.

Siguiendo con el ejemplo del pequeño pueblo, pensemos qué ocurre con un camping situado en el municipio que ve reducidas sus reservas en 50 plazas como consecuencia del incendio. A un coste de 14 euros/día por autocaravana y en la temporada de verano de 90 días, una simple multiplicación arroja una cifra de 63 000 euros perdidos. Ahora pongamos ocho campings en la zona afectada, estaríamos hablando de una cifra superior al medio millón de euros.

Y falta trasladar el golpe a panaderías, comercios y bares. Un incendio, además, cambia el paisaje, empeora la calidad y la cantidad de agua, se pierde biodiversidad y deja un suelo que tardará años en volver a sostener el ecosistema que tenía.




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La moraleja económica es clara

Este ejercicio es solo una ilustración didáctica. A la factura real habría que sumar los costes de gestión forestal, ganadería extensiva y limpieza del monte durante todo el año. Todos son costes económicos reales, aunque nadie emita una factura por ellos, y los soporta en primer lugar quien vive del territorio. Así, cada incendio encarece la decisión de quedarse: se pierden ingresos, se destruyen infraestructuras y se erosiona la confianza en el futuro del lugar. El fuego no causa la despoblación, pero la empuja.




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Como repiten los expertos, “los incendios se apagan en invierno”. Invertir en el territorio antes del verano no es un capricho; es, sencillamente, la política económica más barata a largo plazo. Las estadísticas oficiales muestran, año tras año, que salimos más caros apagando que previniendo.

Por eso el verdadero coste de un incendio no se salda la semana en que arde el monte, sino durante los años que tardan en recuperarse el paisaje, la economía y la gente de cada pueblo. Lo que hoy no se invierte en prevención se paga mañana, con intereses, en extinción y en abandono. Ese es el auténtico coste de oportunidad del fuego.

The Conversation

Elena Ferrer Zubiate recibe fondos del proyecto de investigación de Fundación Ramón Areces (XXIII Concurso Nacional para la Adjudicación de Ayudas a la Investigación en Ciencias Sociales), es parte de la ayuda PID2025-175837NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por el FSE+ y del Grupo de Acción Iberus FinSoS.

Cristina del Río Solano recibe fondos del proyecto de investigación PID2025-175837NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por el FSE+ y del Grupo de Acción Iberus FinSoS. Además, cuenta con financiación proveniente del proyecto PJUPNA2025-11908 de la Universidad Pública de Navarra.

Francisco J. López Arceiz recibe fondos del proyecto de investigación de Fundación Ramón Areces (XXIII Concurso Nacional para la Adjudicación de Ayudas a la Investigación en Ciencias Sociales), es parte de la ayuda PID2025-175837NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por el FSE+ y del Grupo de Acción Iberus FinSoS. Además, cuenta con financiación proveniente del proyecto PJUPNA2025-11908 de la Universidad Pública de Navarra.

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Cuando lo que falla es el suministro de energía: enfermedades mitocondriales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Santos Ocaña, Profesor Titular de Biología Celular e Investigador, Universidad Pablo de Olavide

Microfilamentos, mitocondrias y núcleos Heiti Paves/Shutterstock

Muchas de las enfermedades raras de origen genético que aparecen en la infancia tienen un elemento en común: el origen del trastorno reside en la mitocondria, que metafóricamente se suele identificar como la central energética de la célula. Aunque quizás sería más apropiado equipararla con un polígono industrial.

La mitocondria demanda energía para fabricar sustancias que, posteriormente, son transportadas al resto de la célula. Además de las necesidades logísticas, como en cualquier industria, se generan residuos que es preciso recoger y eliminar. De ahí que la equipare con un polígono industrial.

En cada célula, alrededor de 1 300 proteínas trabajan a la vez para suministrar energía, garantizar que le llegan las materias primas que necesita y ofrecer una respuesta activa frente al estrés oxidativo.

Sin embargo, tal complejidad tiene una cara oscura: cualquier alteración de estos procesos es difícilmente aislable y afecta negativamente a la mitocondria, que en realidad es… ¡una célula dentro de otra célula!

“Te engullo porque me interesas”

Han leído bien, sí. La mitocondria es una célula dentro de otra célula. Esto tiene que ver con su origen endosimbionte: aunque la evolución de los organismos se produce normalmente mediante mutaciones en su ADN validadas por la selección natural, a veces un organismo obtiene ventajas al integrar a un segundo organismo en su interior. Es decir, llevando a cabo un secuestro celular en toda regla.

Imaginen una gran célula, incapaz de utilizar el letal oxígeno para obtener energía. Esta célula grande se come a otra célula que sí tiene esa capacidad, y consigue oxidar los nutrientes hasta obtener toda su energía. Ambas células llegan a una especie de acuerdo: la grande aporta nutrientes y protección física, y la pequeña, energía y protección antioxidante. Es lo que se conoce como endosimbiosis.

Posiblemente este acuerdo fue algo más violento de lo contado aquí, y es el origen de la tercera razón que hace especial a la mitocondria: como cualquier otra célula, tiene su propio ADN, el ADN mitocondrial. Y no hay 2 copias sino cientos por cada mitocondria (y cientos de mitocondrias).

Todas estas características hacen que las enfermedades mitocondriales resulten difíciles de estudiar y obstaculicen especialmente la búsqueda de tratamientos para los pacientes. La complejidad de las funciones mitocondriales explica la gran diversidad de estas dolencias, tanto en sus síntomas y manifestaciones clínicas como en los órganos afectados, en la gravedad de los pacientes y en el momento de inicio de la enfermedad.

A ello se suma la coexistencia del ADN nuclear y del ADN mitocondrial. La mitocondria requiere 1 300 proteínas para funcionar y sólo 13 son sintetizadas por ella misma. El resto lo aporta el ADN nuclear, lo que supone una integración extrema y muchos problemas de coordinación. De hecho, las enfermedades mitocondriales se deben a mutaciones en ambos tipos de ADN.

Según diversos estudios, existen entre 300 y 400 tipos de enfermedades mitocondriales y afectan a 1 de cada 5 000 personas, unas 10 000 en total en España.

Una lucha amistosa entre dos genomas

Además de la coexistencia de genomas, nos queda el problema del ADN mitocondrial. Tenemos miles de copias de él, que heredamos al 100 % de nuestras madres y que no siempre son idénticas entre sí. Cuando en una persona todas sus copias del ADN mitocondrial son iguales y no presentan mutaciones, se dice que su ADN mitocondrial es homoplásmico. Sin embargo, la presencia de una mutación en el ADN mitocondrial produce heteroplasmia, es decir, una mezcla de moléculas sanas y mutadas. En estos casos, la enfermedad se genera sólo cuando el número de copias del ADN mitocondrial mutado supera un umbral determinado.

Para complicar la situación, cada célula, órgano, aparato o sistema puede presentar un grado diferente de heteroplasmia, lo que genera una gran diversidad en los síntomas de los pacientes. Las mutaciones en el ADN mitocondrial afectan directamente a la función más importante y crítica de la mitocondria: la producción de energía mediante la cadena respiratoria. Y por ello, suelen ser graves.

Pero existen algunas soluciones para las enfermedades mitocondriales. El diagnóstico se acelera al disponer de mejores herramientas analíticas y ya existen tratamientos efectivos reales para un 5 % de estas patologías (coenzima Q10, tiamina…). Queda el problema del ADN mitocondrial, pero se está abordando mediante una frenética actividad investigadora: técnicas de transferencia o trasplante de mitocondria, eliminación del ADN mitocondrial mutado, importación mitocondrial de genes corregidos y la edición directa del ADN mitocondrial.

Hay esperanza: lo que hoy es investigación, mañana será realidad.

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Carlos Santos Ocaña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando lo que falla es el suministro de energía: enfermedades mitocondriales – https://theconversation.com/cuando-lo-que-falla-es-el-suministro-de-energia-enfermedades-mitocondriales-280158

Necesitamos comunidades compasivas que ayuden a lograr una muerte tranquila

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rogelio Altisent Trota, Presidente del Consejo Científico de la Fundación Dignia. Cátedra Dignia Ecosistema Paliativo, Universidad de Zaragoza

En Alicia en el país de las maravillas, la protagonista le pregunta al Gato de Cheshire qué camino debe seguir para salir de donde se encuentra. Este le responde que todo depende de adónde quiera llegar. Alicia le contesta: “La verdad, no me importa mucho el lugar”, a lo que su interlocutor zanja: “Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes”. De la misma forma, cuando nos planteamos llevar al hospital a los enfermos avanzados y a los ancianos deberíamos preguntarnos qué esperamos y cuál es el objetivo del traslado.

Conviene refrescar que la meta debe ser prestar la mejor atención posible a cada persona. Es un imperativo moral analizar si ese cuidado se puede proporcionar en el hogar, que en ocasiones es una residencia, donde el paciente está rodeado de sus seres queridos. Esta cuestión interpela a nuestra sociedad y a nuestro sistema sanitario: ¿dónde debemos cuidar en el tramo final de la vida? ¿Estamos preparados para ello?

Hace 30 años, Daniel Callahan lideró un informe del prestigioso Hastings Center de Nueva York donde se planteaba una actualización de los fines de la medicina. Más allá de la curación y la prevención, defendía, era necesario incorporar el objetivo de lograr una muerte tranquila y en paz, todo ello con el mismo rango científico. Aquella propuesta fue muy celebrada y está cada vez más valorada ante el progresivo aumento de la esperanza de vida y el lógico incremento de las enfermedades crónicas avanzadas.

Esta perspectiva se está incorporando a los programas docentes de las profesiones sanitarias, aunque con mucha lentitud. Sería un contrasentido dedicar los grandes avances de las ciencias biomédicas a prolongar la vida a toda costa. Hay que adecuar las posibilidades diagnósticas y terapéuticas a una interpretación prudencial del momento biológico de cada paciente. Pensemos en la falta de lógica que tiene ante un paciente que está en una fase terminal de su enfermedad el uso del desfibrilador en una parada cardiaca o el ingreso en la unidad de cuidados intensivos.

Ante la pregunta sobre dónde cuidar al paciente incurable, la respuesta nos llevará a buscar la máxima calidad de vida y a respetar la voluntad de los pacientes.

Los cuidados paliativos, una medicina de rango científico

Desde hace unas décadas asistimos a la entrada en escena de la moderna atención paliativa ENLACE. Es una rama que se diferencia en sus objetivos de la clásica medicina curativa, donde la prioridad es la supervivencia.

Cuando estamos ante una enfermedad avanzada y sin curación, en la que incluimos la ancianidad, la medicina paliativa siempre debe respetar la vida, pero con la prioridad focalizada en el confort de las personas.

Se trata de prestar unos cuidados impregnados de humanidad sin renunciar al rigor científico. Es el momento de concentrar los esfuerzos en ensanchar la existencia, sin claudicar ante la tentación de la agresividad tecnológica sin sentido, que se ha dado en llamar obstinación o encarnizamiento, que la deontología médica ha censurado con rotundidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido los cuidados paliativos como “un enfoque que mejora la calidad de vida de los pacientes (adultos y niños) y de sus familias que afrontan problemas asociados a enfermedades potencialmente mortales. Previenen y alivian el sufrimiento mediante la identificación temprana, la evaluación adecuada y el tratamiento del dolor y otros problemas, ya sean físicos, psicosociales o espirituales”.

La aparición de las comunidades compasivas y su impacto

La mayoría de las personas con enfermedades avanzadas pasan el 5 % de su tiempo con los servicios sanitarios y el 95 % inmersos en su entorno social: familia, vecinos, cuidadores, acompañantes voluntarios, farmacias, comercios de proximidad, servicios sociales, escuelas, parroquia, etc. Es fácil razonar que si prescindimos de la comunidad será muy difícil prestar cuidados de calidad.

Esta visión impulsó a Allan Kellehear, hace ya dos décadas, a definir y promover las “comunidades compasivas” como una oportunidad para lograr la excelencia de la atención paliativa. En España, Silvia Librada lidera su estudio desde hace 10 años en el seno de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

Se trata de construir una cultura paliativa, fortaleciendo el tejido social con la implicación de personas e instituciones. Esto supone sensibilizar, formar –aclarando dudas– y capacitar. Estas experiencias de apoyo comunitario se están multiplicando con una amplia variedad de formas organizativas en barrios urbanos y pueblos, impulsadas por entidades sin ánimo de lucro que recaban el apoyo de asociaciones y municipios.

Algunas comunidades compasivas están incluyendo un modelo de evaluación del impacto generado tras la implantación de un ecosistema paliativo de estas características. El objetivo es generar evidencia científica de su utilidad y facilitar que sea replicable.

Un ejemplo lo encontramos en una residencia de mayores de la ciudad de Fraga (Huesca). Tras incorporarse al modelo ECOPAL se ha invertido el porcentaje de fallecimientos de sus residentes en el hospital, que ha pasado del 70 % al 30 %.

Un estudio publicado por comunidades compasivas australianas mostró una reducción significativa de ingresos hospitalarios, días de estancia hospitalaria y visitas al servicio de urgencias. Sus autores estimaron un ahorro económico de 500 000 dólares australianos (unos 300 000 euros) en la atención de 100 pacientes durante 6 meses.

Las comunidades compasivas ofrecen un horizonte esperanzador para mejorar el cuidado de los pacientes paliativos y sus familias. Pero, además, aunque no sea este su objetivo primario, pueden ser una fórmula revolucionaria para ayudar a un sistema sanitario sumido en la crisis.

The Conversation

Rogelio Altisent Trota no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Teea Gligan Gligan, Estudiante de Doctorado. Área de Psicología y Actividad Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Ground Picture/Shutterstock

Verano significa vacaciones y desconexión para muchos trabajadores: apagamos el ordenador, olvidamos el correo electrónico, desaparecen las reuniones, el jefe y, con un poco de suerte, hasta la voz que nos dice: “Deberías estar produciendo”. Ponemos el cuerpo en modo pausa y salimos a la caza de relax y diversión en dosis generosas.

El ritmo laboral, su coqueteo constante con el estrés y el riesgo de sobrecarga mental nos empujan a soñar con un verano sin pensar. Incluso a dejar el cerebro en modo “encefalograma plano”, porque nos parece que eso es descansar. Pero es un error.

Como nos demuestra la neurociencia, el cerebro no se “apaga” en estado de reposo. No hacer nada no implica no pensar en nada. Más bien al contrario: nuestro cerebro divaga, algo que no es precisamente relajante. Y así, nos podemos encontrar con que cuanto más queremos olvidarnos del trabajo o del estrés, tumbados bajo la sombrilla y con el relajante sonido del mar de fondo, más volvemos sobre determinadas ideas nada tranquilizadoras.




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Las funciones ejecutivas en vacaciones

Una manera de evitarlo y de lograr que nuestro cerebro verdaderamente descanse y recargue su energía es mantener bien encendidas las funciones ejecutivas. Son las que nos permiten controlar nuestro pensamiento y conducta, sin abandonarnos a la vida en piloto automático o al impulso inmediato y dependen sobre todo de la corteza prefrontal, esa área encargada de mantener activos nuestros objetivos, las reglas necesarias para alcanzarlos y focalizar el resto de nuestra actividad cognitiva en perseguirlos.

Las funciones ejecutivas se dividen en frías y calientes. Las primeras son esos procesos cognitivos que ponemos en marcha al razonar, planificar o cambiar de estrategia en situaciones abstractas y poco cargadas de emotividad. Las calientes, en cambio, entran en juego cuando hay emoción de por medio: una tentación, un riesgo, una victoria, una derrota. En este segundo caso, dependen de una red neuronal algo distinta, con más peso de zonas cerebrales conectadas a circuitos de emoción y motivación.

Y así, si a lo largo del curso la memoria de trabajo nos ayuda a sacar mejores notas o lograr mejores objetivos laborales; la flexibilidad cognitiva –que nos permite cambiar de una tarea a otra sin bloquearnos– predice cuánto riesgo asumimos en decisiones financieras; y la inhibición de la conducta –o el don de mordernos la lengua antes de meter la pata– nos permite tomar mejores decisiones y liderar bajo presión, durante el verano todas ellas necesitan ejercitarse de otras maneras para que la desconexión resulte verdaderamente reparadora.

Juegos de mesa y deportes

Un buen juego de mesa permite poner a punto las funciones ejecutivas: leer el reglamento ya reta a la memoria de trabajo. Las primeras partidas exigen flexibilidad e inhibición (funciones ejecutivas frías). Pero es la competición, querer ganar, ver cómo perdemos nuestra ficha estrella, gestionar el pique con nuestro cuñado, lo que enciende las funciones ejecutivas calientes. Tratar de controlar la frustración, tolerar la incertidumbre y decidir con la adrenalina disparada. Por eso, si sentimos que nos “pica” la competitividad en el Trivial, podemos estar tranquilos: son nuestras funciones ejecutivas dándolo todo, no un ataque de mal perder.

Con el deporte pasa algo parecido. No es lo mismo correr en solitario (funciones ejecutivas frías) que estrenarnos en un deporte con oponente, incertidumbre y adrenalina. Pádel, escalada, tenis de mesa, deportes de “habilidad abierta” son actividades en las hay que reaccionar en tiempo real a lo que hace el otro, y por lo tanto, entrenan más las funciones ejecutivas calientes que los deportes predecibles y en solitario.

Y de paso, aprender un deporte nuevo genera cambios estructurales en regiones cerebrales vinculadas a la función ejecutiva: es decir, se crean conexiones neuronales nuevas. Así que el golpe inicial con la raqueta en la cara se traduce, con suerte, en convertirnos en una persona más competente después de las vacaciones.

La fórmula ideal en verano

El verano regala una oportunidad relajada para hacer esta puesta a punto. Las actividades recreativas al aire libre, poco estresantes, son especialmente buenas para la atención, la inhibición de la conducta y la flexibilidad cognitiva. Romper con el sedentarismo también moviliza los circuitos prefrontales y su eficiencia neuronal.

Entonces, ¿a qué dedico el tiempo libre? La fórmula ideal es: con bajo estrés, el cuerpo en movimiento y afrontando un reto cognitivo con algo de picante emocional, una partida que queremos ganar o un deporte que aún no dominamos. Entrenamiento cerebral perfecto, funciones ejecutivas frías y calientes a la vez.

Incluso antes de irnos de vacaciones, podemos poner en marcha descansos activos (actividad física ligera entre horas de trabajo o estudio), añadiéndoles un pequeño reto cognitivo (sentadillas contando de tres en tres hacia atrás desde 50). La propia tarea de elegir el juego de mesa al que vamos a retar a alguien este verano también implica planificación y toma de decisiones.




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Un tiempo reparador

¿De qué sirve todo esto cuando nos toque volver al trabajo? Pues tiene un efecto importante. Las evidencias científicas más recientes apuntan a que, para recargar pilas (lo que en la investigación se llama “recuperación laboral”) necesitamos lograr cuatro cosas: desconectar psicológicamente, relajarnos, tener autonomía y capacidad de decisión sobre qué hacemos con nuestro tiempo libre y aprender algo nuevo o superar un reto, algo que disminuye la sensación de agotamiento y nos ayuda a sentirnos competentes.

Los beneficios de las vacaciones no son eternos y ya en las primeras semanas de vuelta a la rutina podemos dejar de sentir sus efectos. Por eso, el reto cognitivo con pinceladas emocionales marca la diferencia: no solo prolonga el efecto “buenas vacaciones”, sino que deja las funciones ejecutivas más entrenadas para encajar mejor ese primer lunes de vuelta.

The Conversation

Patricia Teea Gligan Gligan cuenta con el apoyo de un contrato de investigación predoctoral cofinanciado por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+) en el marco del Plan de Investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), convocatoria PREDOCTORALES 2024.

Sixto González-Víllora recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Marta Torrijos-Muelas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo lograr unas vacaciones verdaderamente reparadoras para nuestro cerebro – https://theconversation.com/como-lograr-unas-vacaciones-verdaderamente-reparadoras-para-nuestro-cerebro-285627

Los riesgos de mantener una relación romántica con la IA: la privacidad, en juego

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rongjun Ma, Postdoctoral Researcher in Responsible AI, Usable Security, and Privacy, Universitat Politècnica de València

showcake/Shutterstock

Las relaciones románticas con la inteligencia artificial ya no son solo un escenario de ciencia ficción. A medida que los servicios basados en modelos de lenguaje (LLM) se vuelven más personalizables, más gente utiliza la IA no solo para la productividad o el entretenimiento, sino también para buscar compañía, intimidad emocional e incluso romance.

Esto plantea una cuestión difícil: ¿cómo deberíamos entender la privacidad en relaciones que se perciben como profundamente íntimas?

El romance evoluciona y no siempre es intencionado

En nuestra investigación, basada en entrevistas con 17 personas de distintas partes del mundo y en el análisis de las plataformas de IA que utilizaban, descubrimos que las relaciones románticas entre humanos e inteligencia artificial se parecen a las relaciones entre personas en cómo se desarrollan la confianza, la intimidad y la revelación de información.

Las personas no siempre empiezan buscando una relación romántica. Algunas comienzan utilizando la IA para trabajar, entretenerse o conversar, pero la interacción puede adquirir un significado emocional y evolucionar hacia un vínculo íntimo. Al principio, los usuarios suelen ser prudentes con lo que comparten. A medida que su relación con la IA se vuelve más familiar y significativa, se muestran más abiertos. Compartir información personal puede formar parte de la construcción de la intimidad, y es entonces cuando los límites de la privacidad empiezan a cambiar.

La privacidad no se negocia

La privacidad en las relaciones íntimas rara vez se reduce a un simple cálculo de riesgos. Lo que se sopesa no es solo la comodidad frente al riesgo, sino la privacidad frente a una relación que se percibe como significativa.

Como en las relaciones humanas, la intimidad implica abrirse, mostrarse vulnerable y confiar a otra persona aspectos sensibles de uno mismo. En las relaciones románticas entre humanos e IA, los usuarios pueden reconocer los riesgos para su privacidad y, aun así, considerar que el valor emocional de la relación hace que compartir información merezca la pena.

Esto diferencia el romance con la IA de otros usos de la tecnología, en los que la privacidad suele entenderse en un marco de usuario-herramienta. Cuando la IA se experimenta como pareja romántica, ese marco resulta insuficiente.

Cuando pensamos que la IA tiene capacidad de decisión

Otra complicación es que los usuarios pueden percibir que la IA tiene capacidad de decisión, y sus respuestas pueden influir en lo que las personas deciden compartir.
Algunos participantes dudaron antes de revelar algo personal, como una fotografía, pero se sintieron tranquilos cuando la IA respondió transmitiendo cuidado o protección. En otros casos, la inteligencia artificial desalentó la revelación de información; por ejemplo, convenciendo al usuario de que no enviara un selfie.

Esto significa que la IA no es un sistema pasivo. Sus respuestas pueden influir en los límites de privacidad de los usuarios.

Los riesgos no desaparecen tras una ruptura

Algunos participantes perdieron el acceso a sus parejas de IA debido a actualizaciones de las plataformas, la eliminación de personajes o decisiones personales de poner fin a la relación.

A diferencia de las rupturas humanas, estas personas no solían temer que una expareja de IA utilizara su información con intenciones perjudiciales, y mostraban el deseo de poder conservar el historial de conversaciones como recuerdo.

Sin embargo, el riesgo no desaparece, sino que se desplaza. La preocupación durante la ruptura tiene menos que ver con una posible venganza de la expareja, pero más con las plataformas, las empresas y otros actores con acceso a los datos de la relación.

Quiénes están detrás de la relación?

Aunque la relación parezca ocurrir entre una persona y un personaje de IA, detrás existe un sistema más amplio de plataformas, proveedores de modelos, creadores, moderadores y otros actores.

Sus intereses influyen en lo que la IA puede decir o recordar, en cómo se fomenta la intimidad, se establecen los límites y se recopilan y gestionan los datos.

Esto importa porque estas relaciones pueden implicar información extremadamente íntima. Sin embargo, muchas plataformas no explican claramente cómo gestionan dicha información ni en qué se diferencia la divulgación romántica o emocional de los datos habituales de una aplicación.

Romances con IA: el papel de la legislación

Algunas leyes ya regulan estas interacciones, como la SB 243 de California y las normas chinas sobre IA antropomórfica, que introducen medidas de transparencia, seguridad y protección de menores, además de buscar reducir riesgos como la dependencia excesiva y la adicción. Sin embargo, estos enfoques pueden dejar de lado las razones por las que las personas buscan estas relaciones y su significado emocional.

Al mismo tiempo, considerar un romance con la IA como algo inofensivo supondría ignorar riesgos reales relacionados con la recopilación de datos, el control de las plataformas y la vulnerabilidad emocional.

Puede que no exista una respuesta sencilla. Pero, a medida que más personas desarrollan vínculos emocionales con la inteligencia artificial, una pregunta se vuelve fundamental: ¿cómo podemos proteger su privacidad y seguridad sin dejar de tomar en serio esas experiencias emocionales?

The Conversation

Rongjun Ma recibe fondos de INCIBE’s strategic SPRINT (Seguridad y Privacidad en Sistemas con Inteligencia Artificial) C063/23 project with funds from the EU-NextGenerationEU through the Spanish government’s Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, by the Generalitat Valenciana under grant CIPROM/2023/23, and by the Spanish Government under grant PID2023-151536OB-I00.

ref. Los riesgos de mantener una relación romántica con la IA: la privacidad, en juego – https://theconversation.com/los-riesgos-de-mantener-una-relacion-romantica-con-la-ia-la-privacidad-en-juego-287420

El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kemel A. Ghotme, MD. PhD, Neurocirujano pediatra, profesor en neurociencia traslacional, Universidad de La Sabana

peterschreiber.media/Shutterstock

Hace apenas unos meses, Dong Hui volvió a escribir su nombre. Puede parecer un acto cotidiano. Para él significó recuperar una parte de su vida.

Seis años antes, este hombre de 39 años había sufrido un accidente que lo dejó completamente paralizado desde el cuello hacia abajo. La comunicación entre su cerebro y el resto de su cuerpo había quedado interrumpida. Perdió la capacidad de caminar, mover los dedos, sostener un bolígrafo o abotonarse una camisa.

Tras una cirugía para implantar un novedoso dispositivo cerebral y once meses de rehabilitación, volvió a tomar un bolígrafo. Escribió su nombre y luego añadió una palabra: “Gracias”. La historia fue relatada por la revista MIT Technology Review. Lo extraordinario no fue únicamente que volviera a escribir, sino la forma en que lo consiguió.

Un pequeño implante llamado NEO, desarrollado por la empresa china de tecnología médica Neuracle Technology en colaboración con investigadores de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, registraba la actividad de su corteza motora mientras algoritmos de inteligencia artificial aprendían a interpretar esas señales cada vez que intentaba mover la mano.

Cuando el cerebro encuentra una nueva vía

Una lesión medular no impide que el cerebro produzca la orden de mover una mano.
El problema es que esa orden nunca llega a su destino. Es como si una persona enviara cartas todos los días, pero el puente que conecta con el otro lado hubiera colapsado. Los mensajes existen pero no pueden cruzar.

Las interfaces cerebro-computadora, o BCI por sus siglas en inglés (Brain-Computer Interface), intentan recuperar esa comunicación. En lugar de esperar a que la señal viaje por la médula lesionada, registran directamente la actividad eléctrica de la corteza cerebral, la traducen mediante algoritmos y la convierten en instrucciones para un computador o un dispositivo robótico.

En el caso de Dong Hui, esas instrucciones controlaban un guante robótico que le permitió volver a entrenar movimientos de la mano. Pero el objetivo no era únicamente mover un dispositivo externo. Los investigadores plantearon una hipótesis mucho más ambiciosa: sincronizar las señales descendentes del cerebro con las señales sensoriales que aún llegan desde la mano para estimular la capacidad natural del sistema nervioso de reorganizarse. Este mecanismo podría potenciar la rehabilitación, incluso sin recurrir a la estimulación eléctrica. El concepto, conocido como bridging neural repair, representa una de las aportaciones más novedosas del sistema.

El momento en que la innovación se convierte en medicina

En los últimos años, empresas como Neuralink han llevado las interfaces cerebro-computadora a los titulares. Por eso muchos interpretaron la aprobación de NEO como una carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Sin embargo, esa no es la noticia más importante.

Lo verdaderamente novedoso es que por primera vez una interfaz cerebro-computadora invasiva ha dejado de ser únicamente un experimento para convertirse en un dispositivo médico comercial.

Reuters informó que la autorización del organismo regulador chino permite su uso en personas con tetraplejia secundaria a lesión medular cervical que cumplen criterios clínicos específicos.

Puede parecer un detalle regulatorio, pero representa un cambio histórico. Una tecnología desarrollada durante décadas en laboratorios comienza a recorrer el mismo camino que siguieron los marcapasos, los implantes cocleares o los estimuladores cerebrales profundos: pasar de la investigación a la práctica clínica.

¿Por qué NEO llegó primero?

A diferencia de otros dispositivos, como Neuralink, cuyos microelectrodos penetran directamente el tejido cerebral, NEO registra la actividad cortical desde la superficie de la duramadre, la membrana que protege el cerebro. Aunque de todos modos requiere una operación (que dura alrededor de una hora y media), esta nueva estrategia es menos invasiva y reduce algunos riesgos quirúrgicos, como la hemorragia o la cicatrización del tejido cerebral, y puede facilitar el proceso regulatorio.

También influyó otro factor. China lleva varios años considerando las interfaces cerebro-computadora como una tecnología estratégica. NEO es fruto de esa política: una colaboración entre una empresa emergente y uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, respaldada por inversión pública y un entorno regulatorio que ha acelerado su llegada a la atención de pacientes en escenarios reales.

El verdadero debate apenas ha comenzado

Cada avance tecnológico abre nuevas posibilidades, pero también nuevas responsabilidades y riesgos. Cuando un dispositivo empieza a registrar la actividad cerebral de una persona aparecen preguntas que hasta hace poco pertenecían a la ciencia ficción.

¿Quién será el propietario de esos datos? ¿Cómo deberán protegerse frente a ciberataques? ¿Quién responderá si un algoritmo interpreta incorrectamente una intención motora? Y quizá la pregunta más importante desde la salud pública: ¿quién podrá acceder a esta tecnología?

La innovación suele llegar primero a quienes enfrentan menos barreras para acceder a ella. Sin políticas que promuevan un acceso equitativo, las interfaces cerebro-computadora podrían ampliar las inequidades globales en salud en lugar de reducirlas.

Dong Hui recuperó una forma de actuar sobre el mundo. Su historia nos recuerda que detrás de cada avance tecnológico hay un paciente que intenta recuperar funciones tan sencillas como escribir, comer o abrazar a su familia. Ese sigue siendo el propósito fundamental de las interfaces cerebro-computadora.

Ahora que estas tecnologías empiezan a salir del laboratorio para entrar en los hospitales, el desafío es demostrar que funcionan, pero también garantizar que sean seguras, equitativas y respetuosas de los derechos de quienes confiarán en ellas.

Durante décadas la neurocirugía buscó reparar las lesiones del sistema nervioso; hoy empieza a establecer un diálogo directo con el cerebro.

Estamos ante uno de los giros conceptuales más profundos de la medicina contemporánea. El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar esta tecnología, sino en asegurar que su enorme potencial se traduzca en una medicina más humana, sin comprometer aquello que precisamente busca proteger: nuestra autonomía, nuestra privacidad y nuestra dignidad.

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Kemel A. Ghotme, MD. PhD no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El implante cerebral chino, NEO, marca un cambio de era en la medicina y la sociedad – https://theconversation.com/el-implante-cerebral-chino-neo-marca-un-cambio-de-era-en-la-medicina-y-la-sociedad-285551

La desregulación ambiental supone un peligroso retroceso en los compromisos climáticos y de biodiversidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Javier Durá Alemañ, Investigador Ramón y Cajal. Derecho de la Biodiversidad., Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA – CSIC)

KhunkornStudio/Shutterstock

La política ambiental se ha convertido en un campo de batalla ideológico. Bajo el lema de la “simplificación administrativa” y la lucha contra el “fanatismo climático”, las opciones de ultraderecha tanto en España como en otros países europeos y en Estados Unidos proponen una desregulación significativa de la normativa ambiental vigente, orientada a favorecer sectores como el agrícola intensivo, la caza, la tauromaquia y la energía.

Sin embargo, estas propuestas de desregulación no se producen en un vacío jurídico. El derecho ambiental moderno está blindado por el principio de no regresión. Este principio fundamental establece que, una vez alcanzado un nivel de protección ambiental, no se puede retroceder, eliminando o debilitando las normas existentes, salvo justificaciones excepcionales y científicamente demostradas.

El principio de no regresión: un blindaje necesario

A nivel internacional y europeo, aunque no siempre está recogido en un solo tratado global, el principio de no regresión se fundamenta en resoluciones y directrices como la Declaración de Estocolmo (1972) y la Declaración de Río +20 (2012).

En el ámbito de la Unión Europea, su cumplimiento se deriva de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que exigen un alto nivel de protección medioambiental. Funciona como un mandato limitante para evitar que los poderes públicos reduzcan los estándares de protección ya alcanzados.

En España, este principio se deriva del artículo 45 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a velar por la utilización racional de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Se incluye de forma explícita en la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, que lo establece como uno de los principios rectores de las políticas públicas.

En la vía jurisprudencial, ha sido desarrollado y consolidado como un límite para el legislador y los planes urbanísticos por órganos como el Tribunal Supremo. Destacan sentencias clave como la sentencia de 22 de marzo de 2023, que fija la doctrina sobre la no regresión en la planificación territorial (abarcando el ámbito ambiental).

Los ejes de la desregulación

La propuesta de estos grupos políticos en materia ambiental se centra en eliminar lo que denominan “burocracia verde”. Esto se traduce en medidas concretas que implican una desprotección directa:

1. Flexibilización en la gestión del agua y regadíos

Proponen una gestión del agua basada en la disponibilidad inmediata para el sector agroindustrial, lo que a menudo implica la relajación de controles sobre pozos ilegales o la reducción de caudales ecológicos, el flujo mínimo de agua que debe circular por un río para mantener su biodiversidad. Esto vulnera directamente la Directiva Marco del Agua de la UE, que obliga a mantener el buen estado ecológico de las masas de agua. Reducir la protección de acuíferos ya regulados o suavizar los planes de cuenca es una regresión directa en la calidad y cantidad de agua protegida.




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2. Desprotección de espacios naturales y red natura 2000

Estas formaciones han abogado por la reducción de las protecciones en algunas áreas protegidas, incluyendo la Red Natura 2000, argumentando que impiden el desarrollo económico local. La Directiva Hábitats prohíbe la pérdida de protección de un espacio natural protegido a menos que la ciencia demuestre que los valores que motivaron su protección han desaparecido de forma natural. El objetivo de estas formaciones de descatalogar áreas para permitir usos industriales o agrícolas contraviene el núcleo de la no regresión, al debilitar la conservación del patrimonio natural.

3. Relajación de evaluaciones de impacto ambiental

Se propone eliminar o “simplificar” los procesos de evaluación de impacto ambiental para proyectos de infraestructura, energía o agricultura intensiva. Las evaluaciones de impacto son herramientas preventivas. Su eliminación o debilitamiento impediría la evaluación de riesgos, permitiendo proyectos que degraden el medio ambiente.

4. Ataque a las políticas de cambio climático

Estas fuerzas políticas rechazan la Agenda 2030, promoviendo la anulación de leyes de transición energética.

El principio de no regresión también se aplica a los objetivos de reducción de emisiones. Revocar normativas autonómicas o nacionales de cambio climático, una vez asumidos los compromisos internacionales (Acuerdo de París), constituye un retroceso en el nivel de protección de la atmósfera y la salud pública.




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3. Consecuencias jurídicas y ambientales

En el caso de España, la aplicación de este esquema supone riesgos jurídicos y ambientales severos:

  • Incompatibilidad con el Derecho de la Unión Europea: las reformas impulsadas por estos partidos pueden vulnerar directivas europeas como las expuestas anteriormente. Esto conlleva el riesgo de sanciones económicas millonarias por parte de la Comisión Europea.

  • Daños irreversibles: el principio de no regresión busca evitar daños que no puedan ser reparados. La desecación de humedales, la contaminación de acuíferos o la pérdida de biodiversidad en áreas protegidas son, a menudo, irreversibles.

  • Conflictos de competencias y prejudiciales: Las medidas de desregulación autonómica pueden acabar siendo paralizadas por el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional o mediante cuestiones prejudiciales ante el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

El “sentido común” contra el derecho ambiental

La narrativa de estos discursos contrapone la protección ambiental con el desarrollo rural y el bienestar económico, etiquetando las normas ambientales como “terrorismo climático”. Sin embargo, la ciencia y la jurisprudencia demuestran que la degradación ambiental (incendios, sequías, pérdida de suelo) afecta directamente a la productividad agraria a largo plazo.

El enfoque de desregulación no es una “simplificación”, sino una desprotección. Al intentar eliminar normas de protección de suelos, aire, agua y biodiversidad, se ignora que la normativa ambiental no es un “lujo”, sino una necesidad para la habitabilidad del territorio. El principio de no regresión está ahí para garantizar que el interés económico a corto plazo no destruya los recursos naturales que sostienen la vida y la economía a largo plazo.

La protección del medio ambiente es un derecho

En el caso específico de la UE, la falta de cumplimiento de la normativa medioambiental descrita resulta difícil de conciliar con la Estrategia Europea de Conservación de la Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es reforzar el marco jurídico de la UE para la recuperación de la naturaleza y aumentar el cumplimiento de la legislación medioambiental europea. Lo mismo sucede con el Tratado de la Unión Europea relativo al compromiso de proteger y mejorar el medio ambiente.

Al pretender reducir los estándares de protección del agua, la biodiversidad y el clima, las políticas de desregulación constituyen una regresión estructural del derecho ambiental. En España, la protección del medio ambiente es un mandato constitucional y un derecho de los ciudadanos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La desregulación ambiental supone un peligroso retroceso en los compromisos climáticos y de biodiversidad – https://theconversation.com/la-desregulacion-ambiental-supone-un-peligroso-retroceso-en-los-compromisos-climaticos-y-de-biodiversidad-288130

¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua y Director del Diploma en Arqueología, Universidad de Navarra

Dos filósofos observando un eclipse, en un grabado de Pierre Brébiette. Metropolitan Museum of Art

El próximo mes de agosto en España miraremos al cielo para contemplar un histórico eclipse de Sol. Sabemos cuándo comenzará, cuánto durará y qué parte del disco solar quedará oculto por la Luna. Aplicaciones móviles permiten calcular el instante exacto del máximo oscurecimiento y recomiendan lugares concretos desde los que poder contemplarlo.

Sin embargo, durante buena parte de la historia de la humanidad, gracias a la fascinación que, como astro rey, generaba el Sol, estos fenómenos fueron mucho más que una curiosidad astronómica: eran acontecimientos capaces de alterar el orden del mundo.

Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
Medallón escultórico situado en el Arco de Constantino en Roma que representa al dios romano Sol ascendiendo a los cielos en su cuadriga.
bradhostetler/Wikimedia Commons, CC BY

La antigua Roma no fue una excepción. Con un notable protagonismo del Sol en su primitiva religiosidad, aunque las élites conocían las explicaciones científicas heredadas de la astronomía griega, los eclipses –etimológicamente, en griego, “desaparición del sol”– siguieron interpretándose como señales de los dioses a las que convenía estar atento dado el carácter religioso de la cultura romana.

Ambas formas de entender el fenómeno –la científica y empírica y la prodigiosa y supersticiosa– convivieron durante siglos y nos permiten comprender cómo concebían los romanos la relación entre naturaleza, religión y poder. Esta relación estaba sintetizada en la voz latina omen, presagio que acompañaba a un personaje o a un acontecimiento, definiéndolo.

Tenebrae facta sunt: mucho más que una sombra sobre el Sol

Ya los astrónomos babilonios habían descubierto que los eclipses eran cíclicos y podían ser previstos con métodos que posteriormente heredaron los griegos y, a través de ellos, también Roma. Sobre ellos teorizaron, en la Historia Natural y en Tiestes, los escritores e intelectuales Plinio el Viejo y Séneca. El conocimiento astronómico romano, por tanto, estaba lejos de ser rudimentario y bebía de una tradición que, para el mundo clásico, arranca en la literatura homérica.

Un ejemplo significativo lo ofrece el emperador Claudio. El historiador romano Dion Casio cuenta que, antes de un eclipse ocurrido el 1 de agosto del año 45, el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia hizo anunciar públicamente el fenómeno para evitar que la población cayera presa del pánico. El poder imperial era, pues, consciente tanto de la posibilidad de predecir el eclipse como del temor que, por su carácter tenebroso, este provocaba en la población.

Prodigia et metum: ciencia y religión no eran incompatibles

Pero conocer la explicación astronómica no significaba renunciar a una interpretación religiosa. Para un romano, el universo estaba gobernado por los dioses y un fenómeno natural podía tener una causa física y, a la vez, transmitir un mensaje divino.

El historiador Plutarco, en la Vida de Rómulo, cuenta como en junio del 708 a. C., la muerte del primer rey de Roma fue acompañada de la conversión del día en noche. Acaso por eso, los eclipses pertenecían con frecuencia al ámbito de los prodigia, anuncios de la ruptura del equilibrio entre dioses y hombres que requerían una respuesta de la religión estatal. Las obras del también historiador Tito Livio están repletas de ejemplos. En el año 340 a. C., un eclipse coincidió con una lluvia de piedras y el Senado decretó rituales para restaurar la paz con los dioses. Otro eclipse, el 17 de julio de 188 a. C., oscureció Roma durante cerca de dos horas. Livio cuenta que el fenómeno provocó tal inquietud que se decretaron tres días de purificación en el sagrado monte Aventino.

Pintura en la que un hombre señala al cielo, donde la Luna está cubriendo el Sol.
Dionisio el Areopagita convierte a los filósofos paganos, de Antoine Caron (siglo XVI).
Getty Museum

La coincidencia entre eclipses y momentos de crisis política reforzó su carácter ominoso. En los años de la expansión romana en Macedonia un eclipse se interpretó como antecedente de la derrota de los griegos en la batalla de Pidna del año 168 a. C. En el 49 a. C., Dion Casio menciona un eclipse total de Sol entre una serie de prodigios que anunciaban desgracias para Roma. El impacto fue tal que algunos magistrados llegaron a retrasar la toma de posesión de sus cargos por considerar desfavorable el momento. El político y filósofo Cicerón interpretó como mal augurio para su consulado del 63 a. C. el eclipse parcial de Sol vivido el 18 de mayo de ese año. Y la tradición evangélica alude al eclipse posterior a la muerte de Jesús en época tiberiana como expresión máxima de los prodigia que siguieron a la crucifixión.

En Roma el interés por los eclipses no residía únicamente en que oscurecieran el cielo durante unos minutos sino en el significado que se atribuía a aquella oscuridad. El cosmos y la historia formaban parte de un mismo orden, y cualquier alteración en el firmamento debía ser adecuadamente interpretada. De hacerlo mejor o peor dependían, en buena medida –o esa era la creencia–, el futuro y la salus del pueblo y, sobre todo, del estado.

Mentes hominum: lo que sabía el pueblo

La inmensa mayoría de la población romana nunca había leído a Aristóteles o a Posidonio, ni tenía acceso a los textos de Séneca o Plinio. Su experiencia del eclipse era muy distinta. Garante de la luz, el calendario y el orden cotidiano, el Sol desaparecía inesperadamente en pleno día y era lógico interpretar aquella oscuridad como una temible alteración cósmica.

Constan supersticiosas reacciones populares que Roma heredó de otros pueblos, que también las emplearon: hacer ruido golpeando calderos para ayudar al Sol a recuperar su luz o ahuyentar las fuerzas que parecían amenazarlo haciéndolo desaparecer del cielo. De ese modo, la población creía contribuir a espantar un fenómeno que alteraba el orden cotidiano y que, por tanto, como todo lo desconocido, generaba incertidumbre.

Ante el eclipse de agosto nuestra reacción no será de temor o de desazón. Sin embargo, como acontecimiento histórico que sin duda viviremos, cuando el próximo día 12 el eclipse nos lleve de nuevo a mirar al cielo podremos pensar que también miraron a él los romanos. Y que, al hacerlo, se preguntaban algo a lo que la astronomía no podía responder: ¿qué querían decir los dioses con aquella repentina desaparición del Sol?


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Javier Andreu Pintado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál era el significado de los eclipses en la antigua Roma? – https://theconversation.com/cual-era-el-significado-de-los-eclipses-en-la-antigua-roma-287638

¿Por qué nos mareamos en los barcos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Koldo Lopez Guridi, Médico. Programas de Cribado de Osakidetza. Profesor de la EHU en la Escuela Naútica., Osakidetza – Servicio Vasco de Salud

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


Es verano, estás de vacaciones en Mallorca y, además, es tu cumpleaños. Para celebrarlo, tu padre ha tenido una idea que parece de anuncio: alquilar un barco y salir a navegar para descubrir esas calas de agua turquesa a las que solo se llega desde el mar. Planazo, ¿no? Sol, mar, fotos espectaculares y cero deberes. ¿Qué podría salir mal?

Al principio todo va de maravilla. El sol brilla, el motor hace “brrrr” suavemente y la costa se va quedando atrás. Pero, al cabo de un rato, empiezas a notar algo extraño. Te sudan las manos, te pones pálido, el estómago se te revuelve y solo piensas en una cosa: que el barco se detenga cuanto antes. Te has mareado. Y lo peor es que todavía no habéis llegado ni a la primera cala.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que un plan tan bonito acabe con ganas de bajarte del barco y besar el suelo? La respuesta está dentro de tu cabeza, en un lugar diminuto pero importantísimo: el oído interno.

Un GPS escondido en tus oídos

Dentro de cada oído, mucho más adentro de lo que llega un bastoncillo, tienes un órgano increíble llamado sistema vestibular. Está formado por unos conductos minúsculos llenos de líquido y cubiertos por miles de pelitos microscópicos. Cuando mueves la cabeza, el líquido se desplaza, los pelitos lo detectan y mandan un mensaje al cerebro: “nos movemos hacia delante”, “estamos girando”, “vamos hacia arriba”.

Es como un GPS o un nivel de burbuja escondido en tu cabeza. Gracias a él sabes en todo momento si estás de pie, tumbado o dando una voltereta, aunque tengas los ojos cerrados. Es el sistema que evita que vayas por la vida cayéndote como un personaje de videojuego sin control.

Cuando los sentidos discuten

El problema es que en el barco tu cuerpo recibe información contradictoria. Por un lado, el oído interno nota perfectamente el balanceo: arriba, abajo, a un lado, al otro… Por otro lado, tus ojos, si están mirando el suelo de la cubierta, el móvil o el interior del barco, ven cosas que parecen quietas respecto a ti.

Entonces ocurre algo curioso: los oídos le gritan al cerebro “¡nos movemos un montón!”, mientras los ojos le dicen, tan tranquilos, “aquí no se mueve nada”. El cerebro recibe dos mensajes que se contradicen y no sabe a quién creer. Los científicos llaman a esto conflicto sensorial, y es la causa principal del mareo, que en lenguaje técnico se llama cinetosis.

¿Y por qué entran ganas de vomitar?

Aquí viene la parte más sorprendente: ¿qué tiene que ver una discusión entre los ojos y los oídos con las ganas de vomitar?

Hay una explicación que convence a muchos científicos. Durante miles de años de evolución, casi la única situación en la que el cerebro recibía señales tan confusas era cuando el cuerpo había comido algo en mal estado o venenoso que afectaba al sistema nervioso. Por eso, ante esa confusión, el cerebro toma una decisión de emergencia: “puede que nos hayamos intoxicado, mejor vaciamos el estómago por si acaso”. Y provoca náuseas y vómitos.

En realidad, en el barco no hay ningún veneno: es una falsa alarma. Pero tu cerebro reacciona como si fuera de verdad, y por eso te sientes fatal.

Trucos para engañar al cerebro

La buena noticia es que, una vez entiendes qué está pasando, puedes ayudar a tu cuerpo a calmarse. El mejor truco es mirar al horizonte: esa línea lejana donde el mar se junta con el cielo. Al hacerlo, tus ojos también perciben el movimiento y dejan de contradecir a tus oídos. De pronto, todos los sentidos se ponen de acuerdo y el cerebro se relaja.

Otros consejos que funcionan: salir a la cubierta para tomar aire fresco, no leer ni mirar la pantalla del móvil, sentarte mirando hacia delante y no llenarte demasiado el estómago antes de salir. Incluso existen unas pulseras especiales que aprietan suavemente un punto de la muñeca y que a algunas personas les ayudan a sentirse mejor, además de medicamentos que el médico o el farmacéutico pueden recomendar.

Final feliz: tierra firme, por favor

Así que tranquilo: marearse en barco no significa que el mar no sea para ti. Le pasa a muchísima gente, incluso a marineros con años de experiencia, y casi siempre se puede prevenir.

Eso sí, después de la aventura de hoy, seguro que mañana lo tienes clarísimo: nada de barcos. La única pulsera que pensáis usar es la del todo incluido, esa que te pone en la muñeca al llegar al hotel y que da derecho a tumbona, piscina y buffet sin moverte de tierra firme. Y, oye, también es una forma estupenda de celebrar un cumpleaños. Menos épica marinera, sí, pero mucho menos vómito también. Y eso también cuenta.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos mareamos en los barcos? – https://theconversation.com/por-que-nos-mareamos-en-los-barcos-286310