De vender innovación a vender resultados: el nuevo modelo de negocio de los gigantes de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Pita Lozano, Profesor de Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Usar IA en la empresa no garantiza sin más un aumento de producción o mejores resultados. Compagnons / Unsplash, CC BY

Durante los dos últimos años, hemos hablado mucho de productividad. Productividad del programador, del abogado, del médico, del consultor, del financiero, del profesor e, incluso, del alumno. La promesa era sencilla: deme una herramienta de inteligencia artificial y haré más cosas en menos tiempo.

Es verdad que un empleado con acceso a un buen modelo generativo puede escribir más rápido, resumir mejor, programar con ayuda o preparar informes en menos tiempo. Sin embargo, muchas empresas están descubriendo una verdad incómoda: mejorar la productividad individual no siempre mejora la eficiencia de la organización.

Usar mucha IA no significa más beneficios para la empresa

Una compañía puede tener cientos de empleados usando IA todos los días y, aun así, no haber cambiado sus procesos. Puede pagar licencias, APIs –siglas de Interfaz de Programación de Aplicaciones: un conjunto de reglas que permite que diferentes aplicaciones de software se comuniquen entre sí– y proyectos piloto, y seguir sin saber qué gana con eso. Puede tener mucha actividad y muchas demostraciones… pero poco impacto en la cuenta de resultados.

Ahí empieza el cambio. Los grandes laboratorios de IA están entendiendo que el negocio no está solo en vender modelos, sino en conseguir que estos produzcan valor dentro de las empresas.

En este contexto, por otro lado, la IA generativa tiene una característica poderosa, pero desigual: amplifica las capacidades de quien sabe utilizarla. Sin embargo, para alguien sin criterio, método o contexto, puede convertirse en ruido, dependencia o falsa productividad.

Ese mismo efecto se traslada a las empresas. Tener una suscripción no transforma una organización. Tener un chatbot no mejora automáticamente la experiencia de usuario. Para que eso ocurra, hacen falta conocimiento del negocio, integración con procesos, rediseño organizativo, medición del impacto y capacidad de ejecución.

Por eso, el modelo de negocio de las grandes plataformas como OpenAI empieza a cambiar. La primera etapa de la IA generativa se basó en cobrar por acceso: una suscripción mensual, un precio por usuario, un coste por token –modelo de tarificación utilizado en inteligencia artificial y modelos de lenguaje (como GPT-4, Claude o Llama), donde se paga de forma exacta y variable por la cantidad de texto que se procesa–. Tenía sentido: la tecnología era nueva y las empresas querían experimentar. La pregunta era: “¿qué podemos hacer con esto?”.

Ahora la pregunta es distinta: “¿qué problema de negocio resuelve y cuánto valor genera?”. La empresa no quiere pagar simplemente por consumir tokens –componentes básicos del texto que procesan los modelos de lenguaje–. Quiere pagar por reducir costes, aumentar ingresos, acelerar procesos, mejorar el servicio o disminuir errores. No busca “un modelo lingüístico avanzado”, sino una solución de selección que reduzca el tiempo de cribado, un sistema de atención 24/7 o un asistente que prepare propuestas comerciales personalizadas.

La unidad económica ya no es el token, sino el resultado

En las oficinas actuales, la IA ha dejado de ser ocasional y se ha convertido en una capa cotidiana del trabajo. Aunque el coste por token baje, el coste total puede crecer con consultas más complejas y más automatizaciones. Por otro lado, muchas empresas quieren invertir en IA, pero no siempre saben convertir esa inversión en retorno. Encima, cada vez hay más modelos, herramientas y proveedores entre los que elegir. Lo que ayer parecía extraordinario, mañana puede ser una funcionalidad estándar.

En este escenario, los sistemas de IA generativa se están convirtiendo progresivamente en una commodity: una pieza imprescindible, pero cada vez menos diferenciadora por sí misma. Su valor añadido ya no está solo en la inteligencia del modelo, sino en su capacidad para insertarse en la realidad operativa de una organización: sus datos, procesos, restricciones legales, sistemas heredados, cultura y métricas.

El valor sale del laboratorio al mundo real

Por estas razones, el proveedor tecnológico está empezando a transformarse en partner operativo. El primero vende acceso a una herramienta. El segundo se compromete con un resultado: habla de tiempos de respuesta, costes de operación, satisfacción del cliente, reducción de errores, cumplimiento normativo y retorno de la inversión.

Este salto acerca a los gigantes tecnológicos al terreno de la consultoría de negocio, porque la adopción empresarial de la IA ya no es un problema puramente técnico, sino una cuestión de transformación organizativa. Exige identificar casos de uso, priorizarlos, integrarlos, medirlos, gobernarlos y escalarlos. Es necesario saber dónde la IA crea valor y dónde solo crea apariencia de modernidad.

Y eso no es sencillo. La IA en una demo suele ser limpia, pero en una empresa suele ser desordenada. Los datos no están donde deberían. Los sistemas no siempre se hablan entre sí. Los procesos tienen excepciones. La regulación impone límites. El éxito no depende solo de que el modelo responda bien, sino de que el sistema completo funcione.

También cambia la lógica de producto. Un producto de IA puede venderse a muchas empresas con pequeñas variaciones. Pero una solución que transforma un proceso necesita adaptarse al sector, al tamaño de la compañía, a su madurez digital, a sus datos y a sus objetivos. Cuanto más concreta sea la solución, mayor será el valor percibido.

Este cambio afecta, también, a los perfiles profesionales. Junto a los programadores, ganarán protagonismo quienes convierten modelos en soluciones reales: personas capaces de hablar con un equipo técnico y con un director de operaciones, de diseñar un flujo, medir un resultado y ajustar el sistema a la necesidad del cliente.

Soluciones tangibles para las empresas

La gran paradoja es que los laboratorios de IA han creado una tecnología horizontal, pero necesitan capturar valor vertical. Un modelo de aprendizaje automático puede servir para casi cualquier cosa. Pero una empresa paga de verdad cuando ese “casi cualquier cosa” se convierte en “esto concreto que mejora mi negocio”.

Si la inteligencia artificial generativa empezó vendiéndose como una herramienta para hacer más cosas más rápido, su madurez empresarial dependerá de una promesa mucho más exigente: hacer que las organizaciones funcionen mejor.

Quizá, por eso, el futuro de los laboratorios de IA no se parezca tanto al de una empresa de software tradicional, sino a una mezcla compleja de infraestructura, consultoría, integración y operación. OpenAI y Anthropic ya han comenzado esta transformación. En ese tránsito de proveedor tecnológico a partner operativo, puede estar naciendo el verdadero modelo de negocio de la inteligencia artificial.

The Conversation

Antonio Pita Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo "Filosofía Social y Política" (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

Tricani Alessio/Shutterstock

En espacios geopolíticos, como la Unión Europea, donde la flexibilización, la relativización e incluso el desmantelamiento de las fronteras estatales ha sido más rotundo, las fronteras interiores se han ido liberalizando en la misma proporción que se reforzaban y endurecían los bordes exteriores.

Las fronteras europeas ya no están solo en tierra

La llamada “fortaleza Europa” –una suerte de “balneario acorazado” en medio de un mundo inestable– es mucho más que un socorrido recurso retórico: se trata de una realidad tangible, diseñada para asegurar un área de prosperidad e intentar contener la propagación de la indigencia planetaria en su interior.

Apenas transcurridas tres décadas desde que se desmanteló el telón de acero, se vuelven a levantar nuevas barreras, no menos reales, en los mismos márgenes de la Unión: un telón de alambre de espino.

Este cambio de política tiene un protagonista central: la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, más conocida como Frontex. Creada en 2004 para coordinar las fronteras exteriores del espacio Schengen, su papel se ha ampliado de forma notable hasta convertirse en el actor más relevantes de la política migratoria europea.

Hoy no solo coordina operaciones de vigilancia y control, sino que también desempeña un papel clave en la proyección de las políticas migratorias de la Unión Europea hacia terceros países.

10 000 efectivos para 2027

Tras la ambiciosa reforma aprobada en 2019 –dirigida a superar su función meramente coordinadora y dotarla de capacidad operativa con un cuerpo propio de agentes uniformados y armados–, y con la previsión de alcanzar unos 10 000 efectivos en 2027, se están sentando los cimientos de un auténtico cuerpo policial para las fronteras exteriores de la Unión.

Su misión consiste, fundamentalmente, en vigilar e interceptar flujos migratorios irregulares en alta mar, lo que implica desplazar las fronteras aguas adentro, así como gestionar los procedimientos de retorno de las personas migrantes interceptadas.

Este proceso de transformación ha ido acompañado de un crecimiento muy significativo en presupuesto, funciones y capacidad operativa. Si en 2005 su presupuesto fue de algo más de seis millones de euros, en 2025 supera ya los 1 000 millones, lo que refleja la creciente centralidad del control fronterizo en la agenda europea.

Este desarrollo no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto global. En los últimos años, los desplazamientos forzados han aumentado de forma significativa. Según ACNUR, a finales de 2024 había más de 120 millones de personas desplazadas en el mundo.

Ante este escenario, la gestión de las migraciones se ha situado en el centro del debate político europeo. No obstante, la respuesta de la Unión Europea no ha priorizado el refuerzo de los mecanismos de acogida o protección, sino el endurecimiento del control de sus fronteras.

De un reto humanitario a un problema de seguridad

En esta misma dirección, los recientes desarrollos normativos vinculados al nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo –aprobado en 2024 y cuya plena aplicación está prevista para 2026– refuerzan los procedimientos acelerados en frontera, amplían los supuestos de detención y consolidan las políticas de retorno y externalización del control migratorio. Lejos de atenuar o matizar la tendencia descrita, estas medidas la profundizan.

De este modo, se ha ido imponiendo una lógica claramente securitaria. Frontex opera desde este enfoque, que concibe las migraciones como un factor de riesgo, más que como una realidad con un componente humanitario. Como consecuencia, las personas migrantes pasan a ser presentadas como potenciales amenazas, lo que legitima el uso intensivo de herramientas policiales, militares y tecnológicas para gestionar su movilidad.

Es lo que puede denominarse un proceder securitario: una forma de actuación basada en la vigilancia, la anticipación y el control. En paralelo, han disminuido significativamente las operaciones de salvamento marítimo, especialmente en el Mediterráneo.

Frontex ocupa, pues, una posición central en este modelo. Su crecimiento ha ido acompañado de una mayor implicación en operaciones de vigilancia marítima, control fronterizo y cooperación con países externos a la Unión Europea. Sin embargo, este protagonismo también ha venido acompañado de polémicas.

En los últimos años, diversas investigaciones han señalado posibles vulneraciones de derechos humanos y delitos de denegación del deber de auxilio, lo que ha generado críticas tanto a la agencia como al enfoque general de la política migratoria europea.

Cómo define Europa quién merece protección

No está escrito que Unión Europea tenga que proceder siempre de este modo. De hecho, la respuesta europea a la guerra de Ucrania ha demostrado que es posible gestionar desplazamientos masivos de refugiados respetando los derechos humanos y guiándose por el principio de solidaridad, lo que pone en cuestión el funcionamiento habitual de Frontex y sugiere posibles sesgos en la aplicación de las políticas de acogida.

Por ello, cabe preguntarse si estos problemas son casos aislados o si responden a cuestiones más profundas. En particular, es relevante analizar hasta qué punto están relacionados con la propia lógica securitaria que guía la acción de Frontex en detrimento del enfoque humanitario, así como con desigualdades interestatales, relaciones de poder entre el norte y el sur globales y posibles sesgos institucionales en la gestión de la movilidad.




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Esto plantea, además, interrogantes sobre la idoneidad de tratar los movimientos migratorios con herramientas propias de la lucha contra el crimen transfronterizo o el terrorismo internacional, especialmente cuando se trata de personas en situación de vulnerabilidad, así como sobre los riesgos de su creciente colaboración con actores como la OTAN.

En este sentido, más que un actor neutral, Frontex aparece como una pieza clave de un modelo de gestión de fronteras que plantea importantes interrogantes sobre el equilibrio entre seguridad, soberanía y derechos humanos en la Europa actual.

The Conversation

Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE – https://theconversation.com/mas-control-menos-acogida-asi-ha-cambiado-la-politica-migratoria-de-la-ue-287143

¿Cómo hablar de pornografía con nuestros hijos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Vázquez Figueiredo, Profesora del área de Psicología Básica. Especializado en la prevención de la violencia, comportamientos antisociales y delictivos, Universidade de Vigo

Kleber Cordeiro/Shutterstock

Un día, en casa, escuchamos un comentario sobre sexo de nuestros hijos, todavía ni siquiera adolescentes, que nos sorprende. “En mi clase dicen que hay una página donde salen personas haciendo cosas de mayores. ¿Tú sabes cuál es?”. O quizá preguntan: “¿Qué es el porno?”. Pero lo pasamos por alto: al fin y al cabo no tiene importancia, aún son muy jóvenes para tener interés real o ni siquiera entenderlo.

Y así, el tema desaparece del escenario, trasladando el diálogo y las cuestiones que le causan curiosidad a nuestros hijos a otros contextos (los amigos, las redes sociales) que, con bastante probabilidad, no sean los más oportunos para ofrecerles la orientación que están buscando.

En cambio, si en ese momento, en lugar de pasarlo por alto, le respondemos de manera sincera y cercana, sin eludir las partes incómodas pero sin darle tampoco mayor importancia (“Es una buena pregunta. ¿Qué es lo que te genera curiosidad?” o “Si quieres, podemos hablar”), sus preguntas aparecerán sin miedo, y nos darán la posibilidad de crear, en nuestro hogar, un espacio seguro para hablar estos temas. Validaremos y normalizaremos así la búsqueda de información sobre la sexualidad: el sexo y todo lo que lo rodea habrá dejado de ser un tema tabú.

Crear el espacio de confianza

No siempre, ni para todos los padres o madres, es fácil sacar estos temas y acompañar y apoyar a los hijos e hijas. Por eso aprovechar una oportunidad que surge, de manera relajada, es tan importante. Estos son los momentos que crean la confianza: a partir de ahí, el espacio se va creando y aparece el diálogo: intermitente, en ocasiones aisladas y no necesariamente con un tratamiento exhaustivo. Es la oportunidad de cuestionar y dialogar de forma crítica sobre los contenidos falsos o sesgados, las imágenes violentas y la banalización de las conductas de riesgo a los que pueden estar expuestos sin que lo sepamos.

Cuidar y favorecer esta comunicación y nuestra relación con ellos es una de las pocas medidas con las que podemos contar para reducir su consumo de pornografía y lograr que su educación sexual sea saludable.




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¿Cómo hablar de sexo con nuestros hijos?

A continuación ofrecemos unas pautas para aquellos padres y madres que quieran aprovechar momentos, de manera orgánica y sin imponer, para hablar de temas de sexo y pornografía con los hijos e hijas:

  1. Prepararse para transmitir seguridad. Esto implica formarse y actualizarse recurriendo a guías y materiales elaborados por instituciones y organizaciones especializadas, como Save the Children o Pantallas Amigas que ofrecen orientaciones y explicaciones prácticas adaptadas a las distintas edades para abordar la sexualidad y la pornografía desde el diálogo, sin recurrir al miedo ni a la prohibición.

    No se trata de ser expertos en sexualidad, sino de ser una fuente de información fiable y un espacio seguro al que sepan que siempre pueden acudir.

  2. Mantener conversaciones sobre sexualidad antes de que se produzca la primera exposición a la pornografía, y no únicamente cuando ésta se haya producido. Los estudios señalan que el primer contacto con el porno se produce a edades cada vez más tempranas, habitualmente en torno a los 12 años, aunque algunas investigaciones describen exposiciones incluso entre los 8 y los 10 años. Casi la mitad han visto este tipo de contenidos antes de los 13 años.

    La sexualidad puede hablarse con naturalidad en la primera infancia. Por ejemplo, dialogando sobre cuentos y libros que abordan este tema, siempre acordes con la edad. Algunos cuentos y libros que tocan estos temas son Tu cuerpo es tuyo (editorial NubeOcho), desde los 5 años, El porno no mola (Montena), a partir de los 11, y Eso no es sexo (Crossbooks), a partir de los 13.

  3. Llevar a cabo una supervisión digital activa. No limitarse al control parental tecnológico, sino acompañar el uso de internet hablando con ellos sobre lo que ven e interesándonos por sus gustos, además de establecer normas de uso en familia. De lo que se trata no es de vigilar en secreto ni de controlar constantemente, sino de construir acuerdos con ellos sobre el uso de internet: hablar de lo que hacen en la red, establecer normas conjuntamente, interesarse por sus experiencias y generar confianza para que puedan transmitirnos si encuentran algo que les incomoda.

  4. Prevenir el consumo excesivo de pornografía. No siempre es necesario preguntar directamente si nuestros hijos o hijas ven porno. A menudo resulta más útil aprovechar conversaciones cotidianas, una noticia, una escena de una serie o un comentario que hagan, para preguntarles qué saben o qué han oído sobre este tema, favoreciendo un diálogo abierto y sin juicios. Cuando un menor reconoce haber visto pornografía, se recomienda evitar el castigo o la culpabilización. Se debe aprovechar la situación como una oportunidad educativa. Y abordar los contenidos sexuales explícitos desde una perspectiva educativa y de salud.




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Los temas clave

Cuando una conversación sobre sexo, sexualidad o pornografía surge espontáneamente, además de mostrarnos abiertos y sinceros, podemos aprovechar para introducir temas especialmente importantes:

  1. El consentimiento y el establecimiento de límites. El consentimiento está presente en distintas esferas de nuestra vida y, por tanto, no se debe enseñar exclusivamente aplicado al sexo. Si enseñamos a que aprendan a establecer límites y a mostrarse asertivos estaremos potenciando que también lo emplee en sus relaciones afectivas y sexuales. Reconocer el derecho a la privacidad, en su vida en general, es otra de las cuestiones que se deben potenciar, así como el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y a su forma de expresarse.

  2. Discernir entre la información real y la falsa. Desarrollar el pensamiento crítico para identificar las representaciones irreales de la pornografía, cuestionar los estereotipos y contrastar la información con fuentes fiables. La enorme distancia entre la realidad y las representaciones pornográficas puede generar insatisfacción corporal y sexual, afectando a la autoestima y a la calidad de las relaciones; por esta razón es muy importante incidir en la diversidad corporal, así como en el autocuidado y la aceptación de uno mismo y los demás.

  3. Ayudarles a identificar cuándo están viendo demasiada pornografía, describiéndoles señales de alerta: sentir que no pueden dejar de verla, que cada vez necesitan consumirla con más frecuencia o que está afectando a sus estudios, sus relaciones o su bienestar emocional. Es importante que conozcan a qué personas adultas o recursos pueden acudir para solicitar ayuda.




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La base de una sexualidad sana

Cuando en el hogar existe una cultura abierta y una comunicación sincera y fluida en torno a estos temas, los menores desarrollan más herramientas para afrontar su sexualidad de forma saludable.

La comunicación familiar y la educación afectivo-sexual de calidad son las dos vías más importantes de alfabetización pornográfica con que cuentan los niños y adolescentes para desarrollar la capacidad de analizar críticamente los contenidos sexuales y pornográficos que encuentran fácilmente en redes sociales e internet y afrontar con mayor seguridad la presión del grupo. Todo ello contribuye a que puedan tomar decisiones más informadas y responsables sobre su sexualidad.

Sobre todo si en el ámbito escolar también existe un apoyo a la labor familiar, tanto a través de las asociaciones de padres y madres como de la propia organización del centro, con la implantación de programas y espacios seguros para abordar una necesidad básica de todo ser humano: su sexualidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cómo hablar de pornografía con nuestros hijos? – https://theconversation.com/como-hablar-de-pornografia-con-nuestros-hijos-286784

¿Quién debe pagar por eliminar los microcontaminantes del agua?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Instalaciones de depuración de aguas. dongfang/Shutterstock

Durante las últimas décadas, la depuración de aguas residuales ha sido una de las grandes historias de éxito ambiental en España. La Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas de 1991 supuso la construcción de miles de kilómetros de redes de saneamiento y cientos de estaciones depuradoras, lo que mejoró notablemente la calidad del agua en ríos, lagos y aguas costeras. Actualmente, alrededor del 95 % de la población española dispone de esos servicios.

Las depuradoras que transformaron la calidad de las aguas del continente europeo fueron diseñadas para resolver los problemas ambientales que preocupaban a finales del siglo XX. Entre ellos, la contaminación orgánica, los sólidos en suspensión o el exceso de nutrientes. Sin embargo, hoy el desafío es diferente.

Los avances científicos de las últimas décadas han permitido detectar sustancias presentes en el agua en concentraciones extremadamente bajas pero que pueden afectar a los ecosistemas acuáticos. Se conocen como microcontaminantes y entre ellos se encuentran restos de medicamentos, productos cosméticos, pesticidas y otros compuestos químicos de uso cotidiano.

Aunque su concentración suele medirse en microgramos (millonésimas partes de un gramo) o nanogramos (milmillonésimas partes de un gramo) por litro, estos compuestos han despertado una creciente preocupación científica. El motivo no es solo su toxicidad potencial. También preocupa su persistencia en el medio ambiente, así como su capacidad para acumularse. La exposición prolongada puede provocar efectos sobre los organismos acuáticos.




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Las depuradoras actuales ya no son suficientes

La nueva Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, aprobada en 2024, responde precisamente a este reto, incorporando por primera vez la eliminación de microcontaminantes entre sus objetivos regulatorios. Además, prevé la implantación progresiva de tratamientos avanzados en las depuradoras de mayor tamaño.

Pero estas tecnologías tienen un coste elevado. Adaptar las infraestructuras existentes requerirá inversiones millonarias y un incremento de los costes de explotación de las plantas. La pregunta, por tanto, ya no es si debemos eliminar estos contaminantes, sino quién debe pagar por hacerlo. En este punto entra en juego una de las medidas más novedosas y controvertidas de la nueva directiva: la responsabilidad ampliada del productor. Se trata de un mecanismo que trasladará una parte importante de estos costes a los fabricantes de medicamentos y productos cosméticos.

El problema invisible: los microcontaminantes

Muchos de los microcontaminantes que hoy preocupan a científicos y reguladores proceden de actividades cotidianas. Un ejemplo son los medicamentos. Cuando consumimos un fármaco, nuestro organismo solo metaboliza una parte. El resto es excretado y acaba llegando al sistema de saneamiento. Y lo mismo ocurre con numerosos compuestos presentes en productos de higiene personal o limpieza doméstica.

El problema es que estas sustancias presentan características muy distintas de las de los contaminantes para los que fueron diseñadas las depuradoras actuales. Son compuestos químicos muy estables y están presentes en concentraciones extremadamente bajas. Además, en muchos casos resisten los procesos biológicos convencionales.

Las estaciones depuradoras construidas durante las últimas décadas han sido muy eficaces para eliminar contaminantes convencionales. Sin embargo, no fueron concebidas para retener estas moléculas complejas.

Por este motivo, la eliminación de microcontaminantes exige nuevas etapas de tratamiento basadas en tecnologías avanzadas, como la ozonización o la adsorción con carbón activo, entre otras. La buena noticia es que estas soluciones ya existen y han demostrado su eficacia. El desafío no es tecnológico, sino económico: ¿cómo financiar la transformación de unas infraestructuras diseñadas para resolver los problemas ambientales del siglo XX y adaptarlas a las exigencias del siglo XXI?




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La solución técnica tiene un precio

La eliminación de microcontaminantes en las aguas residuales es técnicamente posible. Durante los últimos años se han desarrollado tratamientos avanzados capaces de reducir significativamente la presencia de estas sustancias en las aguas residuales.

El desafío es que estas tecnologías son considerablemente más complejas y costosas que los tratamientos convencionales utilizados en las depuradoras. Su implantación exige nuevas infraestructuras, un mayor consumo energético y personal especializado. También requiere programas analíticos capaces de detectar compuestos presentes en concentraciones extremadamente bajas.

Además, la eliminación de microcontaminantes rara vez depende de una única tecnología. Con frecuencia es necesario combinar varios procesos para alcanzar los niveles exigidos por la nueva normativa. Todo ello incrementa los costes de inversión, operación y mantenimiento.

La nueva apuesta europea: la responsabilidad ampliada del productor

Para financiar esta nueva generación de tratamientos, la Unión Europea ha recurrido a un instrumento que ya se aplica en otros ámbitos ambientales. Se trata de la responsabilidad ampliada de productor (RAP).

Este principio parte de una idea sencilla. Si un producto genera impactos ambientales a lo largo de su ciclo de vida, quienes lo fabrican o comercializan deben asumir parte de los costes de su gestión. Este modelo no es nuevo. Desde hace años se aplica a ámbitos como los envases, las baterías o los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

La novedad es que, por primera vez, este enfoque se traslada al ámbito de las aguas residuales urbanas. La directiva impone nuevas obligaciones a los productores de medicamentos de uso humano y productos cosméticos. En concreto, deberán financiar hasta el 80 % de los costes asociados a la eliminación de microcontaminantes en las estaciones depuradoras.

La lógica de la medida es doble. Por un lado, aplica el principio de “quien contamina paga”, evitando que la totalidad de los costes recaiga sobre los municipios, los operadores del agua y, en última instancia, los ciudadanos. Por otro, pretende generar incentivos para que la industria desarrolle productos más sostenibles y reduzca, cuando sea posible, la presencia de sustancias problemáticas para el medio ambiente.

Sin embargo, trasladar este principio al ciclo urbano del agua también abre un debate complejo sobre cómo repartir de forma justa y eficiente los costes de la protección ambiental.




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¿Es la responsabilidad ampliada del productor la mejor solución?

La incorporación de la responsabilidad ampliada del productor al ciclo urbano del agua representa un cambio de paradigma en la gestión de la contaminación. Por primera vez, se trasladan, al menos en parte, a quienes ponen en el mercado los productos que contribuyen a su presencia en el medio ambiente.

A pesar de las ventajas de este modelo, su aplicación práctica plantea algunos interrogantes. La contaminación por microcontaminantes es un fenómeno complejo y difuso, en el que intervienen múltiples fuentes y millones de usuarios. Determinar qué sectores deben asumir los costes, en qué proporción y con qué criterios resulta especialmente complejo. Además, parte de estos costes podría trasladarse al precio final de los productos y repercutir indirectamente sobre los consumidores.

También existe el debate sobre si la financiación de los tratamientos avanzados debe recaer únicamente sobre determinados sectores productivos. Al fin y al cabo, toda la sociedad se beneficia de una mejor calidad de las aguas. Por ello, algunos sostienen que una parte de los costes debería seguir siendo asumida de forma colectiva.

Más allá de estas cuestiones, la nueva directiva evidencia que proteger los ecosistemas acuáticos frente a los microcontaminantes tiene un coste. La verdadera discusión ya no gira en torno a la necesidad de actuar, sino sobre cómo repartir de forma justa y eficiente la responsabilidad de hacerlo.

Una nueva etapa para la depuración del agua

Durante las últimas décadas, Europa ha realizado un enorme esfuerzo para reducir la contaminación visible de ríos, lagos y zonas costeras. La nueva directiva de aguas residuales urbanas abre una nueva etapa. Pone el foco en los microcontaminantes, uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI.

La responsabilidad ampliada del productor no resolverá por sí sola este problema. Sin embargo, ha abierto un debate necesario sobre quién debe financiar la protección de nuestros recursos hídricos en un contexto de crecientes exigencias ambientales. Y esa discusión, probablemente, será tan importante como las propias tecnologías que permitirán eliminar estos contaminantes.

The Conversation

Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos de para el desarrollo de proyectos de investigación sobre el desarrollo de procesos de tratamiento de aguas a través de la Agencia Estatal de Investigación.

ref. ¿Quién debe pagar por eliminar los microcontaminantes del agua? – https://theconversation.com/quien-debe-pagar-por-eliminar-los-microcontaminantes-del-agua-286104

La sensación de soledad pone en riesgo el bienestar de los trabajadores (y las organizaciones todavía la subestiman)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

Golubovy / Shutterstock

Tecnológicamente hablando, hoy estamos más conectados que nunca y, sin embargo, ha crecido la desconexión emocional en el entorno laboral. Aunque este fenómeno está cada vez más presente, todavía está poco visibilizado y es poco comprendido.

Cuestiones como la digitalización o la normalización del teletrabajo han transformado las relaciones laborales, haciendo que la conexión humana dentro de los equipos sea un desafío organizacional relevante. Sin embargo, la soledad laboral sigue siendo abordada con menor atención que otros riesgos psicosociales como el estrés o el burnout.

No hablamos simplemente de ‘trabajar solo’

La soledad laboral es una experiencia psicológica subjetiva que aparece cuando las relaciones en el entorno de trabajo no satisfacen las necesidades sociales y emocionales de la persona. Uno puede estar rodeado de compañeros, participar en reuniones constantes y, aun así, sentirse profundamente desconectado.

Este fenómeno tiene consecuencias relevantes tanto para los trabajadores como para las organizaciones ya que la persona suele tener menos compromiso con la empresa, más agotamiento emocional, peor salud mental, menos creatividad y mayor intención de abandono laboral.

Hiperconectados pero desconectados

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para la comunicación en el trabajo: correo electrónico, aplicaciones de mensajería, plataformas de comunicación y colaboración en el entorno laboral, plataformas para videoconferencias y reuniones virtuales. Aun así, muchas personas dicen sentirse aisladas dentro de sus equipos.

En muchos contextos organizacionales, especialmente tras la expansión del teletrabajo, las interacciones se han vuelto más funcionales y transaccionales. Se habla para coordinar tareas pero cada vez menos para generar vínculos.

Además, la cultura de la productividad constante ha reducido los espacios informales donde históricamente surgía la conexión social, las conversaciones espontáneas, las pausas compartidas o los momentos de apoyo emocional.




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No toda la soledad es igual

La investigación en psicología organizacional distingue al menos dos grandes dimensiones de la soledad laboral:

  1. Privación emocional, que hace referencia a la calidad emocional de las relaciones en el trabajo. Cuando se da la privación emocional la persona percibe que no dispone de un espacio psicológicamente seguro donde expresarse, pedir ayuda o mostrarse vulnerable. Esto no quiere decir que la persona se lleve mal con sus compañeros. Se trata simplemente de que no tiene un espacio psicológico seguro dentro de la organización. Esta sensación aparece a menudo en culturas organizacionales excesivamente competitivas, en entornos muy jerárquicos o en equipos donde predominan las relaciones superficiales. Algunas de las señales más frecuentes son: sensación de aislamiento (incluso trabajando en equipo), dificultad para pedir apoyo, sensación de invisibilidad o agotamiento emocional tras interacciones sociales laborales.

  2. Compañerismo social: esta dimensión está relacionada con el sentido de pertenencia. La persona puede tener relaciones cordiales y funcionales pero no percibir que forma parte del grupo. Es decir, no participa en dinámicas sociales, no se siente incluida o experimenta distancia respecto al equipo. Aquí influyen especialmente las dinámicas de exclusión dentro de los grupos de trabajo, el teletrabajo mal gestionado, los procesos deficientes de integración de nuevos trabajadores o el liderazgo distante.




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El papel del liderazgo: la conexión también se gestiona

Uno de los factores que más influyen en la soledad laboral es el liderazgo. Un líder no solo organiza el trabajo, también regula la calidad emocional de las relaciones dentro del equipo.

Existen pequeños comportamientos cotidianos que pueden ayudar a que los trabajadores no se sientan solos en su entorno laboral:

  • Interesarse de manera genuina por la persona trabajadora ayuda a que se sienta escuchada, valorada y emocionalmente acompañada.

  • Facilitar espacios informales favorece la creación de vínculos cercanos y de sentido de pertenencia dentro del equipo.

  • Fomentar la ayuda mutua ayuda a mejorar la percepción de apoyo social y fortalece la colaboración entre compañeros.

  • Reconocer las contribuciones al trabajo refuerza la autoestima profesional y la sensación de que el trabajo realizado tiene valor.

  • Integrar socialmente a las nuevas incorporaciones facilita su adaptación y previene sentimientos de aislamiento o exclusión desde el inicio.

La buena noticia es que la soledad laboral es evitable. Las organizaciones pueden intervenir de manera preventiva sobre muchos de los factores que la favorecen.




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¿Qué hacer para evitar la soledad laboral?

Las relaciones sociales son uno de los principales mecanismos para sostener la confianza, la cooperación y el aprendizaje colectivo dentro de las organizaciones. Por ello, fortalecer la conexión humana en el trabajo no debería entenderse como un aspecto secundario, sino como una estrategia clave para prevenir la soledad laboral y promover el bienestar organizacional.

Las organizaciones pueden actuar de manera preventiva a través de diferentes iniciativas. Entre ellas, destacan:

  • La formación en habilidades relacionales y comunicación interpersonal.

  • La generación de espacios de interacción informal que favorezcan vínculos más cercanos entre compañeros.

  • El refuerzo de los procesos de integración de los nuevos trabajadores para evitar sentimientos tempranos de aislamiento.

En los entornos híbridos o de teletrabajo, las organizaciones deben prestar especial atención a posibles dinámicas de desconexión social y promover las redes de apoyo, las mentorías y la colaboración entre iguales.




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No es soledad, es el síntoma de vivir sin comunidad


La necesidad de pertenecer

Cuando las personas dejan de sentirse conectadas, escuchadas o parte de algo, las organizaciones empiezan a perder uno de sus recursos más valiosos: el vínculo humano que sostiene la colaboración, la confianza y el aprendizaje colectivo.

Quizás uno de los grandes desafíos del futuro del trabajo no sea incorporar más tecnología, sino evitar que las personas se sientan solas mientras trabajan junto a otras.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La sensación de soledad pone en riesgo el bienestar de los trabajadores (y las organizaciones todavía la subestiman) – https://theconversation.com/la-sensacion-de-soledad-pone-en-riesgo-el-bienestar-de-los-trabajadores-y-las-organizaciones-todavia-la-subestiman-282686

La interpretación de Sam Neill en ‘Parque Jurásico’ inspiró a toda una generación de paleontólogos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nic Rawlence, Associate Professor in Ancient DNA, University of Otago

Universal/Getty Images

La repentina muerte del actor Sam Neill ha provocado homenajes por parte de colegas y admiradores de todo el mundo. Pero la noticia también ha tenido un gran impacto entre muchos paleontólogos, para quienes el personaje de Neill en Parque Jurásico, el Dr. Alan Grant, fue una inspiración fundamental a la hora de elegir su carrera.

“Me estaba preparando para una charla sobre fósiles el día que me enteré de que el Dr. Grant nos había dejado”, cuenta la paleontóloga de la Universidad de Montana (Estados Unidos) Kallie Moore. “Cuando dediqué la charla a Sam –conteniendo las lágrimas–, muchos padres asintieron con tristeza. Es increíble el impacto que tuvo un personaje de ficción en la paleontología, porque para nosotros, los niños de los 90, el Dr. Grant no era solo un personaje: se convirtió en un colega”.

Moore es solo una de las muchas paleontólogas de todo el mundo que respondieron a nuestra llamada cuando les preguntamos cómo les había influido Neill –y su famoso personaje–. La colega ficticia de Alan Grant, la Dra. Ellie Sattler, interpretada en la película por Laura Dern, también tenía un hueco en sus recuerdos.

Las paleontólogas Sally Hurst y Adele Pentland vestidas como la Dra. Ellie Sattler y el Dr. Alan Grant de Parque Jurásico durante la excavación anual ‘Dinosaur Dreaming’ en Victoria, Australia.
Sally Hurst

La paleontóloga y divulgadora científica australiana Sally Hurst contestó así: “En todas las excavaciones de dinosaurios en las que he participado, desde las rocas del Cretácico de Inverloch (Australia) hasta las Badlands de Canadá o los desiertos de Mongolia, siempre hay un día en el que yo misma u otra persona encarnamos a la paleobotánica Ellie Sattler y al Dr. Alan Grant. Para muchos de los que ahora nos dedicamos a esta profesión, fueron ellos quienes nos mostraron por primera vez que ser paleontólogo era un trabajo de verdad”.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿puede una película inspirar realmente carreras científicas? Contar con dinosaurios con efectos especiales de última generación siempre ayuda. Pero en este caso, creemos que va más allá de eso.

Un científico con el que es fácil identificarse

Cuando el Dr. Grant llegó a los cines en 1993, era diferente a los científicos de ficción que habían llegado antes o aparecerían después. No se le retrataba como un genio excéntrico, un académico socialmente torpe o alguien cuya brillantez se lograba a costa de su humanidad.

El Dr. Grant de Sam Neill era auténtico, normal y resultaba fácil identificarse con él. Era curioso, paciente y poseía un profundo conocimiento, pero también era accesible. Era humano. Su entusiasmo por los dinosaurios parecía genuino.

Incluso cuando el ficticio Parque Jurásico se sume en el caos, Grant sigue siendo reconocible como un paleontólogo que intenta comprender a esos animales extraordinarios.

“La interpretación que hizo Sam Neill del Dr. Alan Grant resultó bastante satisfactoria para aquellos de nosotros que conocíamos lo que se sabía sobre los dinosaurios en aquel momento”, afirma el paleozoólogo y autor británico Darren Naish. “El Dr. Grant estaba claramente al tanto de todo lo que sucedía en el mundo de los dinosaurios, y Sam lo interpretó muy bien. Es sabio y paciente, pero también apasionado”.

De hecho, el propio Neill escribió sobre el atractivo de Grant en sus memorias:

“En los treinta años transcurridos desde la primera película de Parque Jurásico, Alan Grant se ha convertido en un personaje muy querido. No es un superhéroe, no tiene poderes mágicos. Un hombre que se desmaya al ver por primera vez a un braquiosaurio no es más que un hombre. Un tipo corriente, que hace lo mejor que puede en circunstancias extremas”.

Para los muchos millones de niños que vieron en el cine Parque jurásico, era la primera vez que contemplaban a un científico cuyo trabajo parecía emocionante. En lugar de pasarse todo el día en un laboratorio, Grant estaba al aire libre, sobre el terreno, observando dinosaurios vivos. Para un número significativo de paleontólogos actuales, esto fue importante.

“Antes de Parque Jurásico, los dinosaurios se representaban en el cine como bestias torpes”, afirma la canadiense Kathryn Abbot, productora ejecutiva del documental ¿Por qué los dinosaurios?. “Alan Grant nos enseñó que eran animales dinámicos e inteligentes, con comportamientos reales y funciones ecológicas”.

Los niños son extraordinariamente buenos a la hora de detectar cuándo los adultos se preocupan de verdad por algo. Neill nunca daba la impresión de estar fingiendo ser un científico. Parecía alguien que amaba su trabajo.

No hay duda de que Parque Jurásico inspiró un extraordinario aumento del interés por los dinosaurios, los museos y el mundo natural en general. Y para muchos, Alan Grant demostró que ser paleontólogo podía ser una profesión de verdad.

“La interpretación de Sam Neill marcó el rumbo de mi vida”, afirma Jake Kotevski, paleontólogo de la Universidad Monash de Melbourne. “Desde que tengo uso de razón, quise ser paleontólogo, ser Alan Grant. Pero también quería compartir sus valores: inteligencia serena, capacidad de asombro, sangre fría y ser un padre (o una figura paterna) protector. Parque Jurásico me ha acompañado siempre, en los buenos y en los malos momentos. No habría ningún Dr. Kotevski sin el Dr. Grant”.

Inspirando a generaciones de niños

Los paleontólogos que reflexionan sobre la vida de Sam Neill recuerdan algo más que su película favorita. Recuerdan el momento en que se dieron cuenta de que la ciencia era algo a lo que podían dedicarse.

“Crecí viendo Parque Jurásico una y otra vez”, afirma el paleontólogo, autor y presentador de televisión británico Dean Lomax. “No sabría decirte cuántas veces le he citado en los últimos 30 años, incluso hasta el día de hoy. Ahora esas citas tendrán más significado. Creo que una de las dificultades para asimilar la pérdida de Sam es darse cuenta de que uno de los héroes de tu infancia ha fallecido. Sin duda, el Alan Grant de Sam influyó en mi decisión de dedicarme a la paleontología, al igual que lo hizo para muchos otros. Y por eso, le doy las gracias. En mi opinión, el Dr. Grant podría considerarse el paleontólogo más influyente de la historia”.

Pocos actores pueden afirmar haber influido en toda una profesión. Sam Neill lo hizo, sin lugar a dudas, y seguirá haciéndolo, dado el estatus que tiene la película. No porque Alan Grant corriera más rápido que los dinosaurios, sino porque hizo que la búsqueda del conocimiento pareciera emocionante, significativa y real.

“Si consigues que un niño se interese por los dinosaurios, puedes hacer que se interese por la ciencia, las disciplinas STEM, por usar su cerebro y por ser creativo”, afirma Kathryn Abbot.

Mucho después de que Parque Jurásico revolucionara el cine, las generaciones de paleontólogos que realizan nuevos descubrimientos para dar forma a nuestra comprensión del mundo prehistórico pueden acabar siendo su legado más duradero.

Las últimas palabras son de la paleontóloga estadounidense y autora de libros infantiles Ashley Hall.

“La brillante interpretación de Sam Neill avivó mi pasión por la paleontología como carrera profesional, pero también me llevó a conocer a mi actual marido, también paleontólogo, quien me pidió matrimonio vestido como Alan Grant –con el anillo de compromiso en la garra de un raptor y todo–. Echaremos mucho de menos a Sam Neill, y mi más sentido pésame va dirigido a su familia, amigos y a todas las personas cuyas vidas tocó. Gracias, Sam”.


El autor agradece la contribución del paleontólogo, escritor, productor y divulgador científico Michael Mills, director creativo de Heaps Good Productions y Heaps Good Music, por su investigación y la coautoría de este artículo.


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Nic Rawlence recibe financiación del Fondo Marsden de la Real Sociedad de Nueva Zelanda.

ref. La interpretación de Sam Neill en ‘Parque Jurásico’ inspiró a toda una generación de paleontólogos – https://theconversation.com/la-interpretacion-de-sam-neill-en-parque-jurasico-inspiro-a-toda-una-generacion-de-paleontologos-288000

Embarazo y deporte: necesitamos una conversación diferente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Morencos Martínez, Profesora/Investigadora de Ciencias de la Actividad Física y del deporte, Universidad Francisco de Vitoria

Sven Hansche/Shutterstock

Una deportista puede tener durante años un equipo técnico que ajuste su rendimiento. Sin embargo, al quedarse embarazada muchas veces el sistema deja de saber qué hacer con ella. Aparecen dos respuestas, ambas insuficientes. Una es el miedo: “No fuerces, ahora toca descansar”. La otra es la épica, que celebra a quien sigue entrenando como si el embarazo fuera otra prueba de fortaleza. Pero ninguna de las dos cuida bien de estas mujeres.

El embarazo es un proceso fisiológico normal y, al mismo tiempo, extraordinariamente demandante. Por eso necesitamos tener una conversación diferente. Plantearnos qué necesita una deportista para seguir entrenando sin miedo y sin sentirse sola.

No necesita permiso: necesita acompañamiento

¿Puede entrenar una embarazada? La pregunta se formula mal. Así planteada, obliga a elegir entre permitir o prohibir.

La cuestión es otra: qué mujer, con qué embarazo, con qué historial deportivo, síntomas y apoyos puede entrenar. No es lo mismo una mujer sedentaria que empieza a caminar que una jugadora de fútbol profesional. Tampoco es igual un embarazo sin complicaciones que uno con anemia, riesgo de parto prematuro, placenta previa o preeclampsia.

Aquí la palabra clave es “estratificación”. Es decir, identificar contraindicaciones, valorar síntomas, revisar antecedentes, conocer el nivel de entrenamiento previo y ajustar la actividad a la evolución de la gestación. Las guías internacionales recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada en embarazos sin contraindicaciones.

Es una referencia útil para la población general, no un techo para mujeres con hábitos deportivos previos o muy entrenadas.

El cuerpo no se debilita: se reorganiza

El embarazo activa una reorganización biológica sofisticada: el corazón trabaja más, aumenta el volumen sanguíneo, cambian la ventilación y el metabolismo, se desplaza el centro de gravedad y los tejidos se preparan para sostener el crecimiento fetal.

Estos cambios no implican fragilidad, sino adaptación. Explican por qué el entrenamiento debe ajustarse a cada momento: la frecuencia cardiaca responde distinto, la ventilación cambia al reducirse el espacio disponible, la hidratación y la energía pesan más, y el impacto debe gestionarse con control.

El cuerpo gestante no se vuelve incapaz: sencillamente es distinto. La fisiología no debería usarse para prohibir por sistema, sino para decidir mejor.

Hablar sin tabúes también es cuidar

Muchas deportistas se preguntan en silencio, especialmente durante el primer trimestre: ¿y si entreno y pierdo mi bebé?

El aborto espontáneo es frecuente (ocurre en entre el 10 y el 20 % de los embarazos clínicamente reconocidos), doloroso y todavía rodeado de culpa. La mayoría de pérdidas tempranas se relacionan con alteraciones cromosómicas del embrión, no con haber entrenado. Además, la evidencia disponible no muestra que el ejercicio prenatal, en condiciones adecuadas y sin contraindicaciones, aumente ese riesgo.

Decir esto no minimiza el dolor de una pérdida, pero ayuda a retirar una culpa injusta con la que muchas mujeres cargan. Una conversación diferente sobre embarazo activo también debe hablar de los miedos incómodos. No para empujar a nadie a entrenar, sino para que la decisión no se base en mitos infundados.

El autocuidado no empieza con el test positivo

Si el embarazo exige tanto al cuerpo, el acompañamiento no debería empezar tarde. La consulta previa permite revisar salud, déficits nutricionales, hábitos deportivos, suplementación básica y preparación para la gestación. En mujeres deportistas o muy activas también debería incluir historia deportiva, salud menstrual, disponibilidad energética y distribución de macro y micronutrientes.

Esta mirada hacia atrás importa. Un estudio internacional con 1025 mujeres que ya habían dado a luz observó que el 6 % mostraba deficiencias energéticas (RED) y el 20 % amenorrea secundaria. Quienes tenían antecedentes presentaron más partos antes de la semana 37 y bebés con menor peso medio al nacer. La salud hormonal no debería ser un precio a pagar por practicar deporte, aun sin deseo gestacional, por sus implicaciones para la salud de la mujer.

El suelo pélvico también debe formar parte del seguimiento antes, durante y después del embarazo. En deportistas es especialmente relevante: la incontinencia urinaria afecta a una de cada cuatro atletas, con cifras mayores en disciplinas de impacto y salto. Y no basta con preguntar si hay pérdidas de orina. La fisioterapeuta especializada debe hacer una valoración más profunda.

En deportistas de élite, calendarios, contratos, selecciones, becas y ciclos olímpicos condicionan cuándo y cómo se plantea la maternidad. Por eso hablar de embarazo activo no es solo hablar de fisiología: también es hablar de preparación, derechos, planificación y cultura deportiva.

Entrenar es reorganizar estímulos

Entrenar durante el embarazo significa reorganizar estímulos. Por ejemplo, una corredora puede reducir kilómetros y mantener el estímulo cardiovascular con otras alternativas. El objetivo no es hacer menos, sino preservar estímulos por vías más seguras.

La carrera y el impacto no tienen por qué desaparecer automáticamente. Con buen control de síntomas y valoración del suelo pélvico, pueden mantenerse en buena parte del embarazo, incluso en fases avanzadas.

Con la fuerza ocurre algo parecido. Aunque sentadillas, trabajo en supino, Valsalva o levantamientos olímpicos se han desaconsejado durante años, un estudio con 679 mujeres que entrenaron con cargas altas durante el embarazo no encontró peores resultados perinatales ni de suelo pélvico. No se trata de empezar a levantar pesas sin experiencia, sino de entender que, en mujeres entrenadas y sin complicaciones, la fuerza puede y debe formar parte del plan.

Los datos en corredoras de élite lo muestran bien: en un estudio con 42 atletas, el volumen de carrera bajó de unos 63 km semanales en el primer trimestre a unos 30 km en el tercero. Disminuyó, pero no desapareció.

Algo parecido se observó en Marit Bjørgen, que acumuló 555 horas de entrenamiento durante el embarazo, reduciendo la carga al final. Ajustaban impacto, intensidad y medios, pero seguían conservando estímulos muy por encima de las recomendaciones generales.

Eso sí, con controles adecuados. El bienestar maternofetal requiere seguimiento y evaluación frecuente del riesgo. Las banderas rojas deben estar claras: cualquier síntoma nuevo, persistente o desproporcionado durante el ejercicio debe comentarse con el equipo médico para adaptar en consecuencia.

Nuevas necesidades energéticas

Uno de los riesgos menos visibles en mujeres embarazadas activas es quedarse cortas de energía. El cuerpo necesita más para sostener el crecimiento fetal, la placenta, el aumento del volumen sanguíneo y el propio coste metabólico de la gestación. Si además sigue entrenando, ese gasto se suma.

No significa “comer por dos”, pero sí adaptar la ingesta, evitar ayunos prolongados, ajustar las comidas alrededor del entrenamiento y atender náuseas, reflujo y síntomas digestivos.

El proceso de adaptación no termina con el parto. Si hay lactancia materna y retorno al entrenamiento las necesidades energéticas aumentan también. La nutrición no es una cuestión estética, sino una herramienta de salud, recuperación y rendimiento.

Un ecosistema que conversa

Las cifras no dicen que todas las embarazadas deban entrenar como atletas. Dicen algo más importante: entre prohibir por miedo y celebrar la épica hay un espacio enorme.

La élite no debe mostrar una maternidad invencible, sino hacer visibles las lagunas del sistema. Muchas mujeres no profesionales también entrenan muchos días por semana, compiten o han construido parte de su bienestar alrededor del movimiento. Ellas tampoco necesitan mensajes paternalistas ni heroicos. Necesitan evaluación, criterio, coordinación entre profesionales, acompañamiento y recursos.

Esa es la conversación diferente. Y necesaria.


_En este artículo ha colaborado la Dra. Anna Carceller.


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Esther Morencos Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Embarazo y deporte: necesitamos una conversación diferente – https://theconversation.com/embarazo-y-deporte-necesitamos-una-conversacion-diferente-282302

La ansiedad antes de un viaje: por qué aeropuertos y estaciones nos ponen tan nerviosos y cómo evitarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Son las 7:42 y el tren sale a las 8:10. La pantalla anuncia un cambio de andén, pero la megafonía apenas se entiende. Una persona arrastra dos maletas, busca el billete en el móvil y comprueba por tercera vez que está en la estación correcta. En un aeropuerto, otro viajero mira la puerta de embarque, el reloj y la fila del control de seguridad.

El viaje aún no ha empezado y el cuerpo ya se comporta como si hubiera una amenaza. Solemos asociar esta inquietud con el miedo a volar, pero la ansiedad previa al viaje es más amplia. También aparece en estaciones y afecta a personas que no temen ni a los aviones ni a los trenes. El problema no siempre es el transporte, sino lo que debemos hacer antes de subirnos a él.

En pocos lugares cotidianos se acumulan tantas exigencias al mismo tiempo: llegar puntuales, orientarnos en un espacio desconocido, interpretar mensajes que pueden cambiar, proteger el equipaje y tomar decisiones rápidas entre cientos de estímulos. El margen para equivocarse parece mínimo y muchas de las variables importantes escapan a nuestro control.

Esa combinación de incertidumbre, presión temporal y sobrecarga convierte aeropuertos y estaciones en escenarios especialmente propicios para que aparezca la ansiedad.

Viajar significa dejar de controlar

La ansiedad anticipatoria se activa cuando creemos que puede ocurrir algo negativo y no sabemos si podremos evitarlo. Los grandes espacios de tránsito reúnen todas esas condiciones. Debemos llegar a una hora concreta, seguir instrucciones, localizar una salida y adaptarnos a decisiones tomadas por otros.

En psicología, la intolerancia a la incertidumbre describe la dificultad para soportar que no podamos conocer o controlar lo que sucederá. Durante un viaje, las preguntas se multiplican: ¿habrá tráfico?, ¿cambiarán el andén?, ¿perderé la conexión? Su acumulación mantiene al cerebro en vigilancia.

Una cadena de pequeñas amenazas

Para muchas personas, el estrés no procede de imaginar una catástrofe, sino de encadenar contratiempos posibles. Equivocarse de terminal, no entender una indicación o descubrir que el tren sale desde otro nivel puede parecer trivial desde casa.

Un estudio sobre ansiedad relacionada con los viajes en avión encontró que los retrasos podían generar más inquietud que algunas fases del vuelo. También resultaban estresantes el equipaje y los trámites.

Algo semejante ocurre en el ferrocarril. Las investigaciones sobre retrasos e información al pasajero muestran que la espera se vuelve especialmente negativa cuando la información es imprecisa. No saber cuánto durará una demora suele ser más difícil que conocer su duración.

El cerebro bajo presión

En aeropuertos y estaciones vigilamos el equipaje, interpretamos señales, escuchamos avisos, miramos la hora y decidimos por dónde continuar. Esa combinación consume recursos atencionales.

Cuando sentimos que queda poco tiempo, la atención se estrecha. Procesamos la información con mayor rapidez, pero no necesariamente mejor. Estudios sobre toma de decisiones bajo presión temporal indican que disponer de menos tiempo modifica la exploración visual y la valoración de las opciones.

De ahí una paradoja: cuanto más miedo tenemos a equivocarnos, más difícil puede resultarnos encontrar la señal correcta. Miramos mucho, comprendemos menos y volvemos a comprobar lo ya comprobado.

Ruido, multitudes y desorientación

Megafonía, conversaciones, ruedas de maletas, luces, comercios y personas moviéndose en direcciones distintas forman un paisaje sensorial exigente.
La evidencia vincula el ruido del transporte con una mayor ansiedad, aunque sus efectos dependen de la intensidad y la sensibilidad individual. Por otro lado, una revisión sobre hacinamiento y estrés en el transporte ferroviario señaló que la falta percibida de espacio y control puede aumentar el malestar.

Orientarse tampoco es una tarea puramente racional. La investigación sobre orientación en terminales aeroportuarias destaca la importancia de la visibilidad, los puntos de decisión y los cambios de planta. Los pasajeros también describen emociones más negativas en las zonas de transbordo, según un estudio sobre los desplazamientos en estaciones.

Cuando el espacio ayuda a recuperar la calma

El aeropuerto de Changi, en Singapur, ha incorporado esta idea a su diseño. Además de jardines y áreas de descanso, su Terminal 2 dispone de una Calm Room –habitación de la calma– con iluminación regulable y zonas acolchadas para viajeros con sobrecarga sensorial.

No todos los aeropuertos o estaciones pueden instalar una cascada o un jardín tropical. La investigación sobre el entorno físico de los aeropuertos indica que la organización funcional, la iluminación y la calidad ambiental influyen en la ansiedad.

Quizá las medidas más eficaces sean menos espectaculares: carteles comprensibles, información actualizada, recorridos intuitivos, personal visible, espacios silenciosos y lugares donde sentarse sin consumir.

Qué puede hacer el viajero

La responsabilidad no debe recaer únicamente en la persona, pero algunas estrategias reducen la activación. La primera es disminuir la incertidumbre: revisar el recorrido, identificar la terminal o estación correcta y conocer los pasos principales. No se trata de comprobarlo todo compulsivamente, sino de transformar una amenaza difusa en una secuencia manejable.

También ayuda añadir un margen de tiempo realista y externalizar información: guardar billetes y documentos en un lugar accesible, anotar la puerta o el andén y no depender solo de la memoria bajo presión.

Cuando aparece la sobrecarga, conviene reducir estímulos, respirar lentamente y concentrarse en una sola tarea. Si surge un cambio, ayuda formular un plan: localizar la nueva salida, calcular el tiempo y pedir ayuda si es necesario.

La ansiedad no reside solo en el viajero

Estas estrategias son útiles, pero no deberían ocultar una cuestión esencial: los entornos también pueden confundir o tranquilizar. Si una infraestructura exige vigilancia constante, ofrece información contradictoria y apenas permite descansar, no debería sorprendernos que produzca ansiedad.

Diseñar estaciones y aeropuertos más predecibles, legibles e inclusivos no elimina los imprevistos, pero sí puede evitar que cada viaje comience como una prueba psicológica antes de subir al avión o al tren.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ansiedad antes de un viaje: por qué aeropuertos y estaciones nos ponen tan nerviosos y cómo evitarlo – https://theconversation.com/la-ansiedad-antes-de-un-viaje-por-que-aeropuertos-y-estaciones-nos-ponen-tan-nerviosos-y-como-evitarlo-287513

Los nuevos casos humanos de fiebre del Nilo Occidental en España activan la alerta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

El mosquito común (_Culex pipiens_) es uno de los principales transmisores del virus del Nilo Occidental. Nikul6533/Shutterstock

Ya están aquí los primeros casos de la temporada en España de fiebre del Nilo Occidental en humanos. Los afectados son un hombre de la provincia de Alicante, que requirió hospitalización, y una mujer residente en Sevilla, con síntomas leves, que pasa temporadas en el municipio sevillano de Palomares del Río. Es probable que no sean los últimos.

La fiebre del Nilo Occidental es una enfermedad zoonótica de gran relevancia para la salud pública y la medicina veterinaria causada por el virus del Nilo Occidental (VNO), un arbovirus perteneciente a la familia Flaviviridae. Aislado por primera vez en 1937 de un paciente febril en Uganda, es uno de los muchos virus que causan encefalitis (inflamación del cerebro).

De las aves a los mosquitos y, accidentalmente, a los mamíferos

Debido a su origen animal, el agente patógeno se mantiene en un ciclo de transmisión en la naturaleza que involucra principalmente a aves (sus hospedadores naturales) y mosquitos (sus vectores), pero que puede propagarse de forma accidental a mamíferos.

Los caballos representan el 96,9 % de todos los casos notificados de enfermedad por virus del Nilo Occidental en mamíferos no humanos, y en ellos la tasa de mortalidad con síntomas clínicos alcanza el 33 %. La detección previa en caballos tiene un gran valor epidemiológico y permite poner en marcha los posibles protocolos de actuación, principalmente en aquellas zonas alejadas de humedales.

Ciertas especies de aves, especialmente las rapaces y los córvidos, tienden a ser más sensibles a la infección y con frecuencia desarrollan signos clínicos que resultan fatales. En los eventos de mortalidad masiva de aves influyen factores geográficos y ambientales, así como las diferencias genéticas de las cepas del virus.

Desde la perspectiva veterinaria, se han notificado cinco brotes en Europa en 2026, uno en équidos y cuatro en aves. En lo que llevamos de 2026, los casos en humanos en Europa ascienden a 34, distribuidos en 28 áreas de cinco países: Italia, Grecia, Macedonia del Norte, Rumanía y España. La mayoría de las personas se infectan durante las estaciones cálidas o húmedas, cuando los mosquitos se reproducen.

El VNO se introduce en Europa principalmente a través de aves migratorias procedentes del África subsahariana, el norte de África y Oriente Medio. Aunque el patógeno logra persistir durante los meses fríos mediante la hibernación en mosquitos vectores, no se descarta que ciertas especies de aves silvestres locales actúen también como reservorios invernales en el continente europeo.

Una vez establecido, la transmisión biológica del virus del Nilo Occidental en Europa recae fundamentalmente en los mosquitos Culex pipiens y Culex modestus, considerados los vectores primarios. Otras especies como Aedes albopictus (mosquito tigre) y Aedes (Ochlerotatus) detritus también han demostrado su potencial de transmisión en condiciones de laboratorio, pero su relevancia epidemiológica en condiciones naturales es marginal. Esto se debe a su marcada preferencia por los mamíferos, lo que reduce drásticamente la probabilidad de que piquen a las aves hospedadoras y estas adquieran el virus para perpetuar el ciclo de transmisión.

Por otra parte, trabajos recientes han demostrado que los mosquitos inmaduros pueden infectarse con heces infecciosas, lo que demuestra que también existe un modo de transmisión mediado por excrementos.

Cuadros clínicos graves

Cuando el virus se propaga en una región, es común que las infecciones en humanos y los equinos ocurran de manera simultánea. Aunque un gran porcentaje de los casos cursa de forma asintomática o con síntomas leves (similares a los de una gripe), el patógeno tiene un marcado potencial neurotropo. Esto significa que es capaz de invadir el sistema nervioso central, manifestándose a través de tres cuadros clínicos graves: la encefalitis del Nilo Occidental, la meningitis del Nilo Occidental y la poliomielitis del Nilo Occidental. Esta última puede desencadenar parálisis flácida aguda, caracterizada por una pérdida repentina de la fuerza muscular que puede comprometer la respiración.

Alrededor del 80 % de los humanos infectados por el VNO permanecen asintomáticos, mientras que el 20 % restante desarrolla el síndrome febril del virus, y menos del 1 % presenta manifestaciones neurológicas graves o fatales o alguna combinación de estas.

Aunque los caballos son, junto con los humanos, los organismos más propensos a desarrollar la enfermedad clínica grave, la infección afecta ocasionalmente a otros mamíferos domésticos, como los perros. Una vez que un mosquito portador transmite el virus, el período de incubación antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos suele oscilar de manera general entre los 2 y 15 días.

Presente en Europa desde mediados de los 90

Hasta principios de la década de 1990, el incidencia del virus se limitaba en gran medida a África, Europa y Asia. En la actualidad, es endémico de África, Oriente Medio, Asia Occidental y partes de Australia. También está ampliamente establecido en América del Norte y Central, desde Canadá hasta Venezuela, y circula estacionalmente en partes de Europa, incluyendo, como ya apuntamos más arriba, Italia, España, Rumania y Grecia.

El VNO se ha detectado en Europa desde mediados de la década de 1990 con dos linajes circulantes (1 y 2) que causan brotes esporádicos, afectando a aves, caballos y humanos. A partir de 1996 se convirtió en una causa reconocida de meningoencefalitis en el continente, con una circulación creciente en el sur, principalmente del linaje 2.

En España, los vectores más frecuentes del virus del Nilo Occidental son las especies de mosquitos Culex pipiens y Culex perexiguus. La primera, conocida como mosquito común en muchas zonas, es una especie cosmopolita y muy habitual en la península ibérica.

En aves y mamíferos, el riesgo de exposición al virus en el territorio español aumentó entre un 17  % y un 19 %, respectivamente, en los últimos 20 años, y el riesgo para los humanos se incrementó un 38 %. 2020 registró un crecimiento sin precedentes de infecciones: se detectaron 77 casos en personas, siete de las cuales fallecieron.

Cómo protegerse frente al virus

Actualmente no existe una vacuna contra el VNO para humanos. Por lo tanto, prevenir la transmisión del virus requiere un control sostenido del vector y el uso de medidas de protección personal.




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La principal es evitar las picaduras de mosquitos. Para ello, es prudente utilizar ropa de manga larga y colores claros y aplicar repelentes, especialmente durante el amanecer y el anochecer. Asimismo, resulta fundamental reducir los criaderos de estos insectos en el hogar eliminando cualquier acumulación de agua estancada en objetos exteriores, limpiando los canalones e instalando mosquiteras en puertas y ventanas.

Por último, es aconsejable evitar el contacto directo con animales o aves silvestres muertas, utilizando siempre guantes de protección y cubriendo heridas abiertas con el fin de impedir la transmisión del virus por vía sanguínea.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los nuevos casos humanos de fiebre del Nilo Occidental en España activan la alerta – https://theconversation.com/los-nuevos-casos-humanos-de-fiebre-del-nilo-occidental-en-espana-activan-la-alerta-287911

Pourquoi l’algue « Ostreopsis » envahit-elle la côte basque chaque été ?

Source: The Conversation – in French – By Eva Ternon, Chercheur en écologie chimique marine, Institut de la Mer de Villefranche, Sorbonne Université

Vue sous-marine d’un amas de mucus et de cellules d’Ostreopsis à la surface de l’eau. Rodolphe Lemée et Eva Ternon, Fourni par l’auteur

Les proliférations de la microalgue Ostreopsis, fréquentes depuis une vingtaine d’années sur le pourtour méditerranéen, ont émergé sur les côtes du Pays basque depuis 2021. Les eaux prennent alors une teinte brunâtre, tandis que les cas d’irritations respiratoires à proximité se multiplient. Que sait-on de la toxicité de cette algue ? Un projet de recherche est en cours pour répondre aux questions qui restent encore en suspens.


Par temps calme, les eaux du littoral basque sont peu turbides et pour ainsi dire, transparentes. Mais depuis plus de cinq ans, chaque été, cette eau transparente peut prendre une couleur brune sur des périodes de quelques jours, sans qu’il y ait eu de tempête pour troubler l’eau.

Cette coloration des eaux côtières est très localisée, prenant la forme de « nappes » qui se déplacent au gré des courants et qui se distinguent très nettement à l’œil nu. Simultanément, des irritations respiratoires sont expérimentées par certains usagers du littoral, ayant pour conséquence la fermeture de plages par les autorités locales. Au moment de l’écriture de cet article, début juillet 2026, plusieurs plages au Pays basque ont de nouveau été fermées de façon préventive.

Ces deux phénomènes sont-ils liés et comment ? Des recherches, auxquelles nous participons, sont en cours pour mieux comprendre ce qui se joue entre coloration de l’eau et irritations respiratoires. État des lieux.

Des microalgues qui en font voir de toutes les couleurs

Un litre d’eau de mer contient de très nombreuses espèces microbiennes invisibles à l’œil nu. On peut y retrouver des milliards de virus, des millions de bactéries et des milliers de microalgues.

Les microalgues sont des organismes unicellulaires microscopiques végétaux capables de réaliser la photosynthèse. Quand les conditions environnementales optimales à leur croissance sont atteintes, les microalgues peuvent former des « efflorescences » (ou blooms) qui se traduisent par une importante concentration en cellules dans l’eau par rapport à la moyenne.

Or, pour effectuer la photosynthèse, les microalgues possèdent de nombreux pigments, notamment de la chlorophylle et des caroténoïdes, qui leur donnent, en fonction de la microalgue, une couleur verte, rouge, orangée, brune, voire rose.

Quand la concentration en cellules d’une espèce de microalgues dans l’eau dépasse plusieurs centaines de milliers de cellules par litres, l’eau prend donc la couleur de ses principaux pigments, et ces organismes microscopiques, d’ordinaire invisibles, se révèlent à nos yeux.

Efflorescences de 5 espèces de dinoflagellés différentes, colorant les eaux avec différentes teintes. (1) couleur brune due à Lingulaulax polyedra en Californie, gauche, (2) couleur rouge due à Karenia brevis en Floride, haut (3) couleur verte due à Lepidodinium chlorophorum en Bretagne, bas, (4) couleur orange – Noctiluca scintillans en Bretagne, bas droite, (5) couleur brune – Ostreopsis spp. au Pays Basque, droite.
Fourni par l’auteur

Les eaux brunes observées au Pays basque résultent ainsi de la production majoritaire de peridinine par l’espèce de microalgue qui prolifère.

Un rôle essentiel pour les équilibres marins et planétaires… mais des effets sanitaires délétères

Ces efflorescences microalgales sont communes en milieu marin. Elles peuvent parfois couvrir des centaines de kilomètres carrés, et sont même visibles depuis l’espace, comme le montre l’image ci-dessous.

Exemple d’efflorescence algale dans le lac Erié en Amérique du Nord, en 2015.
NASA Earth Observatory

Ces efflorescences sont essentielles au fonctionnement de la pompe biologique océanique et à notre climat planétaire, car elles fixent le dioxyde de carbone atmosphérique via la photosynthèse et le stockent sous forme de carbone organique. Elles soutiennent également toute la chaîne alimentaire marine et sont donc indispensables au développement de la vie sous-marine.

Mais le développement de certaines espèces en milieu côtier est associé à des effets délétères sur la santé humaine. C’est le cas notamment des microalgues du groupe des dinoflagellés, qui possèdent une toxicité importante sur le fonctionnement cellulaire chez les mammifères. La toxicité des dinoflagellés est le plus souvent liée à la consommation de produits de la mer, du fait de leur bioaccumulation dans la chair animale.

Mais plus récemment, l’émergence de nouvelles formes de toxicité associées à ce groupe de microalgues est observée. Des dermatites au Sénégal et dans les Caraïbes, ainsi que des irritations respiratoires dans de nombreuses régions du monde, dont le Pays basque, sont documentées.

Pourquoi Ostreopsis s’est-elle installée au Pays basque ?

Depuis 2019, deux microalgues du genre Ostreopsis ont nouvellement colonisé le littoral basque : Ostreopsis sp.9 (encore non nommée), puis Ostreopsis cf. ovata. Ces deux espèces ont la particularité d’être principalement benthiques, c’est-à-dire qu’elles se développent au fond de l’eau. Néanmoins, au cours de la journée, une partie de ces cellules fixées se détache du fond, atteignant la surface de l’eau pour former des amas de cellules incorporées au mucus qu’elles produisent.

Ostreopsis étant une microalgue brune, les fortes concentrations cellulaires atteintes en été (jusqu’à 600 000 cellules par litre, selon les mesures réalisées dans la Communauté d’agglomération du Pays basque) donnent une coloration brune à l’eau de mer de manière localisée, aux endroits où les amas se forment. Ces amas peuvent s’accumuler le long du littoral, formant de larges nappes brunes qui dérivent vers le large au gré des courants.

Exemple d’une petite nappe d’Ostreopsis au bord de l’eau sur la plage d’Erromardie (Saint Jean de Luz, crédits : Rodolphe Lemée et Eva Ternon).
Fourni par l’auteur

Grâce aux nombreuses études déjà menées en Méditerranée, où les espèces du genre Ostreopsis prolifèrent depuis 20 ans, les conditions de croissance optimales pour leur développement sont assez bien connues.

  • une température supérieure à 21 °C,

  • des eaux calmes et peu profondes,

  • ou encore la présence d’un substrat rocheux ou macroalgal (c’est-à-dire, des algues plus grandes) qui leur permet de se développer.

Ainsi, la topographie rocheuse du plancher sous-marin d’une grande majorité des plages basques, qui forment à marée basse des zones calmes peu profondes, joue un rôle clé. Ces zones rocheuses à fort couvert macroalgal constituent des zones propices au développement d’Ostreopsis. Ce territoire connaît ainsi deux à trois efflorescences par été depuis cinq ans.

Plusieurs hypothèses, pour l’heure non vérifiées, pourraient expliquer l’installation d’Ostreopsis au Pays basque, la plus plausible étant un transport de cellules par les courants depuis des régions plus au Sud, voire de Méditerranée.

La durée moyenne d’une efflorescence est de 20 jours, avec une phase exponentielle de croissance d’une à deux semaines pendant laquelle les cellules prolifèrent, suivie d’une phase stationnaire qui dure en général quelques jours et pendant laquelle de fortes concentrations en cellules se maintiennent dans le milieu. Elle est enfin suivie d’une phase de déclin, qui se caractérise par la sénescence des cellules (mort cellulaire, prédation, attaques virales ou parasitaire), pouvant être accélérée par des phénomènes de vent, de vagues et de courant.

Comprendre l’impact sanitaire d’Ostreopsis

À l’été 2025, de nombreuses plages du Pays basque ont successivement fait l’objet d’efflorescences d’Ostreopsis. La plage d’Erromardie a été la première à accueillir une efflorescence dès le début du mois de juillet, mais c’est à la plage du Port vieux à Biarritz que les plus fortes concentrations ont été enregistrées (600 000 cellules par litre au 15 juillet 2025). À l’heure où cet article est rédigé (juillet 2026), le Pays basque voit les premières fermetures de plages de la saison.

Au même moment, des cas d’irritations de la sphère ORL ont été enregistrés au sein de la population côtière. Bien que la relation exacte entre cellules microalgales dans l’eau et occurrence des symptômes soit encore mal connue, de fortes concentrations cellulaires sont concomitantes avec l’apparition de toux, rhinite, de symptômes grippaux, ou encore gastriques chez les personnes exposées aux embruns marins.

Ainsi, en 2023, l’Anses recommandait une fermeture de plage au-delà d’un seuil de 100 000 cellules par litre d’eau de mer, nécessitant un suivi régulier des concentrations par les autorités locales.

Les mécanismes envisagés pour faire le lien entre proliférations d’algues et toxicité des embruns

Le lien entre les proliférations d’Ostreopsis et la toxicité des embruns marins n’est pas encore compris, et constitue l’un des objectifs du projet INTERREG Ostreobila.

Plusieurs hypothèses sont en cours d’étude pour rattacher les symptômes observés aux épisodes d’efflorescence d’Ostreopsis, impliquant toutes un transfert mer-air de molécules produites par ces efflorescences :

  • des phycotoxines (les ovatoxines) expulsées par Ostreopsis via les embruns,

  • des protéines inflammatoires constitutives de la cellule de la microalgue expulsées, là encore via les embruns,

  • des gaz non identifiés émis à des concentrations importantes et qui se volatilisent depuis l’eau de mer.

À ce stade des recherches, il n’est pas exclu qu’une combinaison de tous ces composés, ou que d’autres produits issus de réactions atmosphériques secondaires complexes non anticipées, soient à l’origine des irritations de la sphère ORL. La microalgue Ostreopsis n’a pas encore fini de révéler ses secrets et de nouveaux projets de recherche ont fait l’objet de financements afin de déterminer les mécanismes à l’origine des effets de ces microalgues sur la santé humaine.

The Conversation

Eva Ternon a reçu des financements de l’Union Européenne, via le projet INTERREG POCTEFA Ostreobila

Rodolphe Lemée a reçu des financements de l’Union Européenne, via le projet INTERREG POCTEFA Ostreobila

ref. Pourquoi l’algue « Ostreopsis » envahit-elle la côte basque chaque été ? – https://theconversation.com/pourquoi-lalgue-ostreopsis-envahit-elle-la-cote-basque-chaque-ete-269751