¿Inglés para todos? El sesgo urbano de la enseñanza bilingüe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Álvarez-Sotomayor, Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Filosofía, Geografía y Traducción e interpretación, Universidad de Córdoba

DenisProduction.com/Shutterstock

Durante las dos últimas décadas, los programas bilingües español-inglés se han expandido ampliamente en España. Uno de sus objetivos era democratizar el aprendizaje del inglés, haciéndolo más accesible a todo el alumnado, independientemente de su clase social o de su lugar de residencia. ¿Se está logrando este objetivo?

En el caso de Andalucía, hemos podido observar cómo en la inmensa mayoría de los municipios de más de 50 000 habitantes existen fuertes desigualdades de acceso, tanto socioeconómicas como en función del barrio de residencia de las familias. En una nueva investigación realizada sobre el conjunto de esta comunidad autónoma revelamos otra importante desigualdad territorial: los centros bilingües están mucho más presentes en las ciudades y grandes municipios que en las zonas rurales.

La brecha entre ciudad y campo

Cuando hablamos de desigualdades educativas solemos pensar, sobre todo, en las existentes entre estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos o en aquellas que afectan al alumnado con necesidades educativas especiales. Sin embargo, el tipo de hábitat (urbano/rural) condiciona también las oportunidades educativas.

Esto es especialmente relevante en el aprendizaje de idiomas. Aunque los datos disponibles en España son muy limitados, los que tenemos apuntan en este sentido. Por ejemplo, según la Encuesta sobre Educación de Adultos de 2022 de Eurostat, tanto el número de idiomas que conoce la población española como su nivel de inglés se ven muy positivamente influidos por el grado de urbanización de su lugar de residencia.




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Precisamente por ello se proclamaba que los programas bilingües podrían desempeñar un papel importante para reducir esa desventaja. Al desarrollarse en centros sostenidos públicamente supondrían, a priori, una oportunidad más transversal de acceder a un mayor aprendizaje del inglés. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que ocurre lo contrario. Al menos, en el caso andaluz.

Concentración en los municipios más grandes

En nuestro estudio analizamos todos los centros andaluces que imparten primaria (más de 2 500) o ESO (más de 1 600) en esta comunidad. Los datos muestran una pauta muy clara: cuanto mayor es el tamaño del municipio, mayor es la probabilidad de que los centros ofrezcan enseñanza bilingüe.

En primaria, aproximadamente la mitad de los centros situados en el 20 % de los municipios más poblados son bilingües. En cambio, en el 50 % de los municipios menos habitados esta proporción ni siquiera alcanza el 20 %. La situación es similar en la ESO: mientras que en las ciudades y grandes municipios la enseñanza bilingüe es mayoritaria, en la mayoría de los municipios pequeños continúa siendo una excepción.

Por tanto, en las zonas rurales la enseñanza de la lengua de Shakespeare en estas etapas se restringe, fundamentalmente, a la asignatura de inglés. Como consecuencia, el alumnado de estas zonas tiende a estar menos expuesto en clase a este idioma.

Las “zonas ciegas” del bilingüismo escolar

La expresión máxima de esta desventaja la constituyen las que hemos denominado “zonas ciegas” del programa bilingüe. Con este término nos referimos a áreas en las que esta política no llega o apenas lo hace. Los análisis geográficos nos han permitido detectarlas y comprobar que abarcan a menudo zonas muy extensas, comarcas enteras o gran parte de ellas.

Coinciden habitualmente con zonas rurales de interior: Los Vélez en Almería, la Sierra de Cádiz, Los Pedroches en Córdoba, el valle de Lecrín en Granada, la Cuenca Minera de Huelva, gran parte de la sierra de Segura y sierra Mágina en Jaén, la serranía de Ronda en Málaga, o la sierra Norte de Sevilla.

¿Por qué ocurre?

Aunque la explicación total a esta brecha es compleja y multifactorial y se escapa del ámbito de nuestro estudio, hemos podido contrastar varias hipótesis asociadas a factores de oferta y de demanda escolar.

En las zonas rurales, con menos alumnado potencial y una oferta educativa más limitada, los centros están expuestos a una menor presión competitiva. Esto deriva en menos incentivos para tener que diferenciarse y competir dentro de sus mercados escolares locales por medio, en este caso, de la participación en una iniciativa de la complejidad del programa bilingüe.




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En lo referente a la oferta escolar en estas zonas, especialmente importante para entender esta brecha urbana-rural es conocer la existencia de una segunda brecha: la público-concertada. En Andalucía, la red pública tiende a ofrecer la enseñanza bilingüe en mucha menos medida que la privada-concertada, la cual está ampliamente representada en las zonas urbanas y escasamente presente en las rurales.

Reducir o reproducir desigualdades

Este sesgo urbano del programa bilingüe supone un nuevo elemento de desigualdad educativa para el ámbito rural. Las familias que viven en él cuentan con muchas menos posibilidades (a veces nulas) de escolarizar a sus hijos e hijas en un centro bilingüe.

Al margen de otros debates sobre este modelo educativo, una distribución tan desigual de la oferta contribuiría a ampliar la brecha entre el mundo urbano y el rural en el aprendizaje del inglés. La relevancia de esta desigualdad no es menor, al ser el inglés una competencia cada vez más relevante laboral y socialmente.




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Esa desventaja se suma a la menor disponibilidad de otros recursos para aprender idiomas en las zonas rurales, como las academias especializadas o las derivadas de la brecha digital. Reconocer esta realidad es el primer paso. El siguiente, que las administraciones y la comunidad educativa puedan reflexionar sobre cómo corregir estas desigualdades.

The Conversation

El proyecto investigación bajo el que se ha realizado este estudio (PID2021-127801OA-I00) ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y por FEDER, UE

ref. ¿Inglés para todos? El sesgo urbano de la enseñanza bilingüe – https://theconversation.com/ingles-para-todos-el-sesgo-urbano-de-la-ensenanza-bilingue-285025

El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Àlex Giménez Romero, Postdoctoral fellow, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (UIB-CSIC)

Un parche de _Posidonia oceanica_ en el Mediterráneo. Esta planta marina endémica forma praderas submarinas que dan refugio a numerosas especies, estabilizan los sedimentos y ayudan a proteger la costa.
Alex Giménez Romero

Cuando pensamos en el Mediterráneo, imaginamos playas, acantilados o pueblos costeros. Pero una parte esencial de este paisaje está bajo el agua: las praderas de Posidonia oceanica. Aunque a menudo se confunde con un alga, la posidonia es una planta marina. Y solo vive en este mar.

Sus praderas dan refugio a peces e invertebrados, estabilizan el sedimento, ayudan a mantener el agua transparente, protegen la costa frente a la erosión y almacenan carbono durante largos periodos. Son, en pocas palabras, una infraestructura natural clave para nuestras costas.

Pero la posidonia está en retroceso. A los impactos locales, tales como fondeos, contaminación, dragados, obras costeras o aumento de la turbidez, se suma una presión cada vez más importante: el calentamiento del mar.

El calor que no mata de golpe

Cuando hablamos del efecto del calor sobre los ecosistemas marinos solemos pensar en olas de calor extremas: la temperatura sube mucho durante unos días y los organismos no lo resisten. Pero esta visión es incompleta.

A veces el daño no aparece por un episodio extremo y puntual, sino por una exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas. Un verano algo más cálido, seguido de otro verano cálido, y después otro, puede generar una carga de estrés que se acumula lentamente. No mata de golpe, pero debilita.

Con la posidonia puede ocurrir algo parecido. Una pradera no desaparece necesariamente de un día para otro. Puede empezar perdiendo densidad, abriendo claros, reduciendo su cobertura y fragmentándose en manchas cada vez más aisladas. Es un deterioro silencioso, pero importante.




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Medir el estrés acumulado

En nuestro estudio quisimos medir precisamente el estrés causado por el calor acumulado. Para ello desarrollamos un nuevo indicador llamado Stress Degree Days, que podríamos traducir como “grados-día de estrés”. La idea es sencilla: en lugar de fijarnos solo en el máximo térmico que soporta la planta, sumamos día a día el estrés térmico que experimenta.

Este indicador se basa en experimentos previos en los que se observó cómo responde la posidonia a distintas temperaturas. Después combinamos esa información con datos de temperatura del mar y con mapas de praderas obtenidos mediante imágenes de satélite e inteligencia artificial. Así pudimos comparar, a escala mediterránea, dónde se acumula más estrés térmico y cómo son las praderas en esas zonas.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado actual para la Posidonia oceanica. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. Las zonas con mayor estrés aparecen principalmente en el sur y el este del Mediterráne
Estrés térmico acumulado actual en el Mediterráneo: las zonas en verde presentan menor estrés térmico estimado para la Posidonia oceanica, mientras que las zonas en naranja y rojo indican una mayor acumulación de calor potencialmente perjudicial para las praderas.
Alex Giménez Romero, CC BY

El resultado principal es claro: las áreas con mayor estrés térmico acumulado tienden a presentar praderas con menor cobertura y mayor fragmentación. Es decir, donde el calor se acumula más, la posidonia aparece, en promedio, más deteriorada estructuralmente.

Una relación que hay que interpretar con prudencia

Esta relación debe interpretarse con prudencia. En el mar actúan muchos factores al mismo tiempo. Una pradera puede estar afectada por fondeos, contaminación, turbidez, impactos históricos o cambios locales en la dinámica del agua. Por eso seleccionamos zonas relativamente poco perturbadas y tratamos los resultados como una asociación entre estrés térmico y estructura de las praderas, no como una prueba definitiva de causa y efecto en cada localidad.

También comparamos nuestras estimaciones con observaciones de campo independientes. Estos datos no cubren todo el Mediterráneo por igual y muchas zonas están mucho mejor estudiadas que otras. Aun así, muestran tendencias compatibles con nuestros resultados.

Por qué importa que una pradera se fragmente

La fragmentación importa porque una pradera continua no funciona igual que una pradera rota en pequeños parches. Las praderas densas mantienen mejor el sedimento, amortiguan el oleaje, ofrecen más refugio a otras especies y conservan una mayor continuidad biológica. Cuando aparecen claros y los parches quedan aislados, el ecosistema puede volverse más vulnerable.

El Mediterráneo no se calienta de forma uniforme. Algunas zonas acumulan mucho más estrés que otras. En general, las regiones del sur y del este aparecen como áreas más expuestas, mientras que algunas zonas del norte y del oeste podrían actuar como refugios relativos.

Esto no significa que estén a salvo: los refugios dependen de procesos oceanográficos complejos, como corrientes, mezcla vertical del agua, vientos y estratificación. Si estos procesos cambian, también puede cambiar la protección térmica que ofrecen.




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Mirar al futuro

Nuestros resultados basados en proyecciones climáticas refuerzan este mensaje. Bajo escenarios de emisiones más altas, el estrés térmico acumulado aumenta de forma generalizada y se extiende hacia regiones que hoy presentan valores más moderados. Esto se asocia con pérdidas potenciales de cobertura y con una mayor fragmentación estructural.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado proyectado para finales de siglo bajo el escenario climático RCP4.5. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. En comparación con la situación actual, aumentan las zonas con e
Estrés térmico proyectado para finales de siglo. Bajo un escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés térmico acumulado aumenta y se extiende hacia regiones del Mediterráneo que actualmente presentan valores más bajos.
Alex Giménez Romero, CC BY

No son predicciones exactas del futuro de cada pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre estrés térmico y estructura de la posidonia. Pero ayudan a identificar áreas donde el riesgo podría aumentar y donde la monitorización y la gestión deberían ser prioritarias.

Proteger la posidonia exige reducir impactos directos: controlar fondeos, evitar daños físicos, mejorar la calidad del agua y limitar presiones costeras. Aunque todo eso sigue siendo imprescindible, el calentamiento añade una dificultad nueva: incluso praderas relativamente poco afectadas por impactos locales pueden estar acumulando estrés térmico.

La amenaza silenciosa

La crisis climática marina no siempre se manifiesta como una catástrofe repentina. A veces avanza como una presión lenta, acumulativa y difícil de ver desde la superficie.

La posidonia nos recuerda que no basta con contar olas de calor. También importa cuánto tiempo permanece caliente el mar, cuántos días se acumula el estrés y cuánta capacidad de recuperación pierde el ecosistema por el camino. ¿Seremos capaces de evitar más sufrimientos para el pulmón marino del Mediterráneo?

The Conversation

Àlex Giménez Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo – https://theconversation.com/el-calentamiento-del-mar-acorrala-a-la-posidonia-pulmon-del-mediterraneo-284029

Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Albitre Lamata, Profesora ayudante doctora, experta en lengua española, Universidad Complutense de Madrid

Unai Simón, portero de la Selección Española en el partido de Portugal contra España en la final de la Liga de Naciones de la UEFA 2025. Mikolaj Barbanell/Shutterstock

Vivimos en la era del fútbol moderno, un ecosistema dominado por los mapas de calor, las estadísticas de posesión y la precisión milimétrica del VAR. Sin embargo, cuando la pelota echa a rodar, toda esa frialdad tecnológica desaparece. De pronto, el estadio vuelve a ser un templo, los jugadores se transforman en héroes y la grada exige sangre, sudor y lágrimas.

¿Por qué ocurre esto? Porque el fútbol ha absorbido la función social que en la Antigüedad cumplían los mitos clásicos. Y, aunque no nos demos cuenta, el deporte está plagado de guiños directos a las leyendas de Grecia y Roma.

Héroes en el escudo: la identidad del club

La mitología clásica se pone las botas de tacos de diferentes formas. Una de ellas es a través de los nombres de clubes históricos europeos. No son elecciones casuales, son declaraciones de intenciones. Al elegir el nombre de un mito, los fundadores del club pretendían transferir las cualidades de ese héroe a sus once jugadores.

Pensemos en el Ajax de Ámsterdam, uno de los clubes más laureados de Europa. Su nombre rinde homenaje a Áyax el Grande, el heroico guerrero de la Ilíada que, junto a Aquiles, lideró el asedio a Troya. Áyax era famoso por su tamaño colosal, su valentía inquebrantable y por ser el único héroe que nunca necesitó la ayuda directa de los dioses para ganar sus batallas. ¿Qué mejor nombre para un equipo que ganó tres copas de Europa –antigua Liga de Campeones– seguidas? Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que otro equipo, el Real Madrid, repitiese esta gesta.

En los Países Bajos también encontramos al Sparta de Róterdam, un guiño directo a Esparta, la polis griega que hizo de la disciplina férrea, la austeridad y el sacrificio colectivo su seña de identidad; valores que cualquier entrenador firmaría para su línea defensiva.

Igual de poético es el caso de la Atalanta, el equipo de la ciudad italiana de Bérgamo. Toma su nombre de la heroína griega Atalanta, una cazadora infalible que juró mantenerse virgen y que desafiaba a sus pretendientes a una carrera: solo se casaría con quien lograra vencerla, mientras que los perdedores pagarían con su vida.

Según el mito, Atalanta y quien finalmente la venció y se convirtió en su esposo, Hipómenes, fueron castigados por la diosa Cibeles, quien los transformó en leones para que tiraran eternamente de su carro sin poder ni siquiera mirarse. Esos mismos leones son los que esculpió Ventura Rodríguez en la famosa fuente de Cibeles en Madrid. Así que cada vez que el Real Madrid celebra un título de fútbol en su icónica fuente lo hace alrededor de la mismísima Atalanta.

Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Carlos Delgado/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Esta conexión divina con el fútbol no termina ahí. La rivalidad de la capital española se traslada también al Olimpo, ya que el otro gran equipo de la ciudad, el Atlético de Madrid, organiza sus fiestas en otra fuente vinculada a la mitología: la de Neptuno. Así, el derbi madrileño deja de ser un simple partido para convertirse en un duelo cósmico entre la Madre Tierra (Cibeles) y el rey del mar (Neptuno).

La resistencia hispana: de Hércules a Numancia

El fútbol español tampoco se queda atrás en estos guiños hacia la Antigüedad Clásica. En Alicante juega el Hércules C. F., bautizado así para infundir respeto a sus rivales, invocando al semidiós romano (Heracles en la mitología griega) famoso por su fuerza sobrehumana y sus doce trabajos imposibles.

En Soria lo hace el C. D. Numancia. Al adoptar el nombre de la ciudad celtíbera que resistió heroicamente el asedio del Imperio Romano durante 20 años antes de suicidarse en masa, el club soriano reivindica con su nombre el mito de la rebeldía y la resistencia ante el poderoso: el mito de David contra Goliat. De hecho, en el periodismo deportivo actual es muy habitual hablar de una “defensa numantina” cuando un equipo se encierra en su área para resistir los ataques de un rival, muchas veces superior.

La obra representa el momento en que los últimos defensores de la ciudad hispana de Numancia se dieron muerte a sí mismos a fin de impedir que fueran capturados vivos por los romanos, que en esta obra aparecen entrando en la ciudad mientras los numantinos
Numancia de Alejo Vera y Estaca.
Museo del Prado/Wikimedia Commons

Unai Simón, Vozinha o Courtois: cuidadores de las puertas del inframundo

Más allá de los nombres propios de los equipos, el lenguaje que utiliza el periodismo deportivo cada partido conecta directamente en la Antigüedad. Las crónicas hablan de choque de titanes, de talones de Aquiles, de esfuerzos maratonianos y de tragedias en el minuto 93. Pero hay un término por encima de todos que demuestra esta pervivencia del mito: el cancerbero.

Estos días es muy común leer titulares como “Vozinha: el cancerbero que está siendo la sensación del Mundial” para referirse al portero de Cabo Verde. Esta metáfora nos transporta de nuevo a la mitología griega, donde Cerbero era el perro de tres cabezas y cola de serpiente que guardaba las puertas del Hades. Su misión era asegurar que los muertos no salieran y, sobre todo, que los vivos no pudieran entrar al infierno sin permiso. En un partido de fútbol, la portería es ese inframundo sagrado, y el guardameta es el perro fiero, solitario e infranqueable que debe evitar a toda costa que el balón cruce la línea y profane su territorio.

El Mundial de 2026 vuelve a recordar que el lenguaje no es inocente. Las palabras que elegimos moldean la forma en la que entendemos la realidad. Que sigamos utilizando a Hércules, a Atalanta, a la defensa numantina o al guardián del inframundo para describir un partido de fútbol demuestra algo maravilloso: los mitos clásicos no están muertos ni encerrados bajo llave en bibliotecas. Siguen vivos, latiendo partido a partido, explicándonos que, aunque pasen miles de años, seguimos necesitando héroes, relatos de resistencia y epopeyas colectivas para emocionarnos y dar sentido a nuestra comunidad.


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The Conversation

Paula Albitre Lamata trabaja para la Universidad Complutense de Madrid.
Financiación del proyecto de I+D IMCORDIS II (PR27/25-32466) de la Universidad Complutense de Madrid.

ref. Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié – https://theconversation.com/dioses-heroes-y-futbol-por-que-la-mitologia-clasica-sigue-jugando-al-balompie-285982

El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Guerrero-Calderón, Investigador predoctoral en Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de León

Francesco Scatena/Shutterstock

Que “la mentira tiene patas cortas” es una lección bien aprendida por las empresas que incurren en greenwashing (lavado verde o ecopostureo). Por eso, buscando beneficiarse de las ventajas financieras que reporta ser ambientalmente responsables y, al mismo tiempo, protegerse de los daños que el greenwashing produce cuando es detectado, estas han encontrado refugio en sus consejos de administración.

¿Qué es el ‘greenwashing’?

Seguro que ha visto decenas de campañas publicitarias que muestran las iniciativas ambientales de algunas empresas: árboles plantados, máximo uso de energías renovables, emisiones reducidas al mínimo…

Sin embargo, muchas veces se exageran estas buenas prácticas o se seleccionan en exclusiva mientras otras no tan responsables permanecen ocultas (cherry picking). Así, existe una diferencia entre lo que las empresas dicen hacer por el medioambiente y lo que realmente hacen. Esto es el greenwashing.

¿Por qué es importante?

La sociedad demanda a las empresas cada vez más transparencia en lo que se refiere a su comportamiento ambiental. Sin embargo, no todos los agentes económicos reaccionan igual ante este comportamiento. Esta es una de las principales contribuciones de nuestro estudio: la distinción entre la respuesta de los acreedores (los bancos) y los inversores, que son los principales aportadores de fondos para las empresas.

Mientras que los acreedores tienen acceso a una información empresarial más amplia, los inversores se ven obligados a fiarse de lo que las compañías divulgan. Pese a estas diferencias, parece que tanto los acreedores como los inversores valoran en gran medida el buen rendimiento ambiental de las compañías y, en consecuencia, lo premian. Ante esto, muchas empresas se ven tentadas a exaltar sus acciones de forma exagerada.

La Unión Europea se ha percatado de la magnitud de este problema, y en los últimos años ha lanzado directivas, como la Directiva sobre Alegaciones Ecológicas y la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que han revolucionado los requerimientos de divulgación empresarial. El objetivo de estas regulaciones es asegurar que tanto las entidades de crédito como los inversores puedan realizar evaluaciones precisas de las empresas a las que aportan fondos.

¿En qué se benefician las empresas?

En una época en que las acciones empresariales son miradas con lupa, ser ambientalmente responsable es un valor en alza. Las organizaciones que realizan buenas prácticas en este ámbito poseen un alto grado de legitimidad social, lo que las lleva a disfrutar de las amplias ventajas derivadas de una excelente reputación.

Esta buena imagen corporativa genera respuestas positivas, aunque diferentes, de los mencionados aportadores de fondos. Por un lado, los bancos (acreedores) están dispuestos a fijar precios más bajos, es decir, menores tipos de interés, en sus préstamos. Por otra parte, la confianza de los inversores aumenta, lo que resulta en mejores niveles de solvencia empresarial y, por tanto, en menor riesgo de quiebra para las empresas.

¿Qué pasa cuando se descubre el engaño?

Cuando el se detecta el ecopostureo la legitimidad se sustituye por la desconfianza. Ante el riesgo percibido, la decepción se extiende entre los agentes: los bancos fijan precios más elevados para sus préstamos y los inversores retiran sus apuestas, lo que hace tambalear la fortaleza financiera de estas empresas.

En estas circunstancias, la capacidad de financiación de las compañías se ve dramáticamente comprometida. Lo que parecía un seguro para la obtención de fondos es, en realidad, un arma de doble filo, y, si hay engaño medioambiental, el precipicio de la quiebra se encuentra peligrosamente cerca. ¿Compensa realmente incurrir en esta práctica?

¿Qué tienen que ver los consejos de administración en todo esto?

Como principal organismo decisor dentro de la empresa, el consejo de administración tiene una responsabilidad ineludible en las prácticas de greenwashing. Investigaciones previas han demostrado que una “orientación medioambiental” del consejo se relaciona con un mejor desempeño en materia de sostenibilidad.

Las características que determinan esta orientación son la independencia, la existencia de un comité de Responsabilidad Social Corporativa, la presencia de los consejeros en más de una empresa, la diversidad de género, la existencia de incentivos por objetivos de sostenibilidad y la experiencia del comité de auditoría. Resulta que, además, cada uno de estos atributos se relaciona individualmente con el acceso a préstamos más baratos y la mayor atracción de inversores.

¿Y si un consejo de administración sensible hacia las cuestiones medioambientales es la clave para combatir las amenazas del greenwashing?

¿Y si al final solo es un disfraz?

Nuestra investigación revela que las empresas se han percatado de las ventajas de poseer un consejo de administración orientado hacia el medio ambiente. Este mecanismo las permite protegerse de los daños financieros del greenwashing, conservando el acceso a préstamos baratos y manteniendo unos niveles de solvencia elevados.

Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿significa esto que las empresas con un consejo “orientado hacia el medio ambiente” mejoran realmente su desempeño ambiental? La respuesta es no. Estas compañías han encontrado una forma para seguir explotando las ventajas financieras del greenwashing sin mejorar realmente su comportamiento ambiental. Así, acreedores e inversores –y la sociedad en general– se rinden ante la belleza de una máscara tras la que se esconde el rostro de la mentira.

The Conversation

Juan Guerrero-Calderón recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).
Consejería de Educación, Junta de Castilla y León y Fondo Social Europeo + (EDU/48/2026. BDNS: 820456)

Borja Amor Tapia recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

Cristina Gutiérrez López recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00)

Paula Castro Castro recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

ref. El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración – https://theconversation.com/el-ecopostureo-de-las-empresas-y-el-papel-de-sus-consejos-de-administracion-283716

Peut-on faire du sport en été quand il fait chaud ? Oui, mais pas n’importe comment

Source: The Conversation – in French – By Alejandro J. Almenar Arasanz, Profesor área de Fisioterapia, Universidad San Jorge

En cas de vertiges, de maux de tête intenses, de nausées, de faiblesse inhabituelle, de perte de coordination, de confusion ou de sensation d’évanouissement pendant une activité physique alors qu’il faut chaud, arrêtez-vous, trouvez un endroit frais et rafraîchissez votre corps. Somkid Thongdee/Shutterstock (no reuse)

Il est possible de s’entraîner par temps chaud en prenant certaines précautions. L’essentiel n’est pas de prouver ce dont on est capable, mais de progresser, d’être à l’écoute de son corps et d’adapter son programme.


Quand l’été arrive, les mêmes recommandations se répètent : éviter les heures les plus chaudes de la journée, rechercher l’ombre et boire de l’eau. Ce sont des conseils judicieux, surtout en période de canicule, mais ils ne correspondent pas toujours à la réalité. Certaines personnes aiment s’entraîner, transpirer, courir ou faire du vélo en plein air.

(En France, pendant les fortes chaleurs, le ministère de la santé invite à limiter au maximum l’activité physique et à privilégier les activités douces. Des gestes simples permettent d’éviter les accidents, insistent ses services. Retrouver ses conseils consacrés à la pratique sportive au moment des pics de chaleur, ndlr.)

Est-ce possible ? Oui, mais la chaleur ajoute une charge supplémentaire et oblige à adapter l’effort. Ce n’est pas la même chose de sortir pour marcher une demi-heure que de faire des séries de course à pied, un long parcours à vélo ou une séance de musculation intense. Le risque et les adaptations nécessaires dépendent de la personne, du type d’exercice pratiqué et de la durée d’exposition à la chaleur.

Un même entraînement n’est plus tout à fait le même

Pendant l’exercice, les muscles génèrent de la chaleur. Pour la dissiper, l’organisme envoie davantage de sang vers la peau et active la transpiration, tout en continuant à alimenter les muscles. C’est pourquoi un rythme habituel peut s’avérer plus exigeant en été : la perception de l’effort augmente, la fatigue survient plus tôt et les performances peuvent diminuer.

Adapter son entraînement ne signifie pas être moins en forme. Courir plus lentement, réduire le nombre de séries ou allonger les temps de repos peut demander un effort similaire à celui d’une séance plus intense par temps frais. Lors des journées de forte chaleur, le chronomètre ou la charge d’entraînement ne reflètent pas toujours tout : il convient également de prêter attention à ses sensations, à sa respiration, à sa fréquence cardiaque et à sa capacité à récupérer entre les efforts.

Transpirer aide, mais ce n’est pas une fin en soi

La transpiration est l’un des principaux mécanismes utilisés par le corps pour évacuer la chaleur, mais ce qui nous rafraîchit réellement, c’est l’évaporation de la sueur sur la peau. Lorsque l’humidité est élevée, on peut se retrouver trempé et, malgré cela, moins bien se rafraîchir.

De plus, transpirer davantage ne signifie pas s’entraîner mieux, brûler plus de graisses, ni éliminer davantage de « toxines ». Cela dépend de la température, de l’humidité, des vêtements que l’on porte, de l’intensité et de l’adaptation individuelle. C’est pourquoi il n’est pas très pertinent d’évaluer une séance en fonction du degré d’humidité du t-shirt à la fin de l’exercice : cela peut être un indicateur de l’effort fourni, mais aussi simplement de la chaleur, de l’humidité ou d’un mauvais choix de vêtements.

Un autre aspect à prendre en compte est que la tolérance à la chaleur s’acquiert à l’entraînement : une exposition progressive améliore la capacité à transpirer et à réguler la température corporelle. Un débutant ou une débutante devra donc privilégier des séances plus courtes, à intensité modérée, et les moments où il fait moins chaud. Une personne entraînée et acclimatée, en revanche, dispose d’une plus grande marge de manœuvre, mais elle n’est pas pour autant invulnérable : elle peut réduire le rythme lors des exercices d’endurance et diminuer le volume ou allonger les temps de repos lors des séances de musculation.

Manger et boire de manière raisonnable

Faire de l’exercice intense immédiatement après un repas copieux peut favoriser l’apparition d’une sensation de lourdeur, de nausées ou de troubles digestifs. Il est conseillé de laisser un délai suffisant ou, si le temps est compté, d’opter pour des aliments légers et faciles à digérer, comme un fruit, une tartine au miel ou à la confiture, un yaourt ou un petit sandwich simple. La quantité et le moment doivent être adaptés au type d’entraînement et à la tolérance de chacun.

Il est également utile de commencer la séance en étant bien hydraté. Pour une séance courte, l’eau suffit généralement, mais si l’effort se prolonge ou si la transpiration est abondante, il peut être utile de reconstituer également ses réserves en sels minéraux et en glucides.

Dans tous les cas, boire en excès (« au cas où ») n’est pas une bonne idée : l’hydratation doit être adaptée à la durée et à l’intensité de l’effort, ainsi qu’aux pertes individuelles. Une bonne règle pratique consiste à arriver à l’entraînement sans avoir très soif et à observer comment le corps réagit après : une fatigue excessive, un mal de tête ou une récupération anormalement lente peuvent être des signes indiquant que la séance, la chaleur ou l’hydratation n’ont pas été bien gérées.

S’entraîner en plein soleil ajoute une contrainte supplémentaire

Certaines personnes aiment sentir le soleil pendant leur entraînement. Il ne faut pas diaboliser cette préférence, mais il faut comprendre que le rayonnement solaire augmente la charge thermique et entraîne une exposition supplémentaire aux rayons ultraviolets.

Si vous choisissez de vous entraîner sous les rayons du soleil, il est conseillé de protéger votre peau, de porter des vêtements légers, d’avoir de l’eau à portée de main et d’accepter que certains jours, il faille réduire la durée ou l’intensité de l’exercice. L’Organisation mondiale de la santé (OMS) recommande de limiter l’exposition pendant les heures où le rayonnement est le plus intense et de recourir à l’ombre, à des vêtements protecteurs et à une protection solaire.

Certains symptômes ne doivent pas être ignorés : en cas de vertiges, de maux de tête intenses, de nausées, de faiblesse inhabituelle, de perte de coordination, de confusion ou de sensation d’évanouissement, il faudra s’arrêter, trouver un endroit frais et rafraîchir son corps.

Il est donc possible de s’entraîner par temps chaud. L’essentiel n’est pas de prouver ce dont on est capable, mais de progresser, d’être à l’écoute de son corps et d’adapter son programme. Commençons par la colline ; ensuite, si tout se passe bien, l’Everest viendra tout seul.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Peut-on faire du sport en été quand il fait chaud ? Oui, mais pas n’importe comment – https://theconversation.com/peut-on-faire-du-sport-en-ete-quand-il-fait-chaud-oui-mais-pas-nimporte-comment-285649

Sahel : pourquoi les massacres de civils par les forces officielles sont en recul

Source: The Conversation – in French – By Marc-Antoine Pérouse de Montclos, directeur de recherches, Institut de recherche pour le développement (IRD)

Dans les trois pays de l’Alliance des États du Sahel (Mali, Niger, Burkina Faso) et au Nigeria voisin, les armées sont depuis longtemps en butte à des rébellions djihadistes – rébellions qu’elles alimentent régulièrement en massacrant des civils soupçonnés de déloyauté, ou simplement en commettant des « bavures » sanglantes. Ces derniers temps, toutefois, on semble constater une légère amélioration en la matière : apparemment, les armées tuent moins de civils qu’auparavant. Il convient toutefois de bien comprendre que les chiffres dont on dispose ne sont que des estimations et, surtout, que cette amélioration s’explique par le fait que les populations ont souvent fui les zones des combats…


On sait depuis longtemps que les massacres de civils sont contreproductifs pour les stratégies de guerre contre-insurrectionnelle qui visent à isoler les éléments rebelles en gagnant les esprits et les cœurs de la population.

Au Sahel, l’une des raisons de la résilience des groupes djihadistes tient justement aux nombreuses violations des droits de l’homme commises par les forces de défense et de sécurité. Ces brutalités n’ont pas seulement poussé des jeunes à chercher refuge dans les bras des insurgés pour échapper à l’arrestation arbitraire, à l’exécution extra-judiciaire ou à la torture en prison. En pratique, elles ont aussi légitimé le discours de djihadistes se présentant comme les défenseurs de la communauté des musulmans face à des pouvoirs impies et prédateurs.

Des abus multiples

Du Burkina Faso au Nigeria en passant par le Mali et le Niger, on ne compte plus les massacres perpétrés par des militaires, leurs supplétifs miliciens et, dans certains cas, leurs partenaires russes. Un rapport de Human Rights Watch, rendu public le 2 avril dernier, a ainsi montré que, entre janvier 2023 et août 2025, les troupes de Ouagadougou et de Bamako avaient tué trois à quatre fois plus de civils que les groupes djihadistes qu’elles étaient censées combattre : sur cette période, 1 800 personnes ont été tuées au total, dont 1 200 par les forces gouvernementales.

Ce n’est pas nouveau : en 2023, le Sénat français avait fini par reconnaître que, sur les années 2020-2021, du temps où les soldats de l’opération Barkhane (2014-2022) étaient encore déployés sur le terrain, les militaires et miliciens maliens, burkinabè et nigériens avaient éliminé autant de civils que les djihadistes.

Au Nigeria, des bases de données ont également révélé que les forces gouvernementales étaient à l’origine de la mort de plus de 55 % des victimes des affrontements recensés avec Boko Haram entre 2007 et 2019.

Il est évidemment difficile de tenir un décompte précis des hostilités. Mais la tendance générale est confirmée par les témoignages recueillis sur place. À Bama, dans le nord-est du Nigeria, un paysan se plaignait par exemple des exactions de la mouvance Boko Haram tout comme de celles de l’armée. « Mais les soldats sont pires », concluait-il après la mort de deux de ses enfants abattus par des militaires alors qu’ils étaient partis travailler aux champs. Un réfugié de Baga Kawa, un petit port de pêche du côté nigérian du lac Tchad, estimait de son côté que « la plus grande menace pour les populations, c’est l’armée, car c’est elle qui nous tue ».

Les abus contre des civils prennent diverses formes, de l’exécution extra-judiciaire au viol en passant par l’extorsion, les mauvais traitements ou la détention illégale. Au Nigeria, c’est aujourd’hui l’armée de l’air qui est à la manœuvre en bombardant des marchés et des villages entiers. Officiellement, l’objectif est de s’en prendre à des camps de Boko Haram. Chaque fois, la hiérarchie parle d’erreurs qui, en l’occurrence, tuent des dizaines de paysans ayant eu pour tort de se trouver au mauvais endroit au mauvais moment.

Au Burkina Faso, ces bavures sont plutôt le fait des escortes qui tirent à vue sur tout ce qui bouge lorsqu’elles encadrent les convois chargés de ravitailler les villes de province assiégées par des djihadistes. À l’occasion, les bataillons d’intervention rapide, créés fin 2022 par le capitaine Ibrahim Traoré quelques mois après son arrivée au pouvoir à l’issue d’un putsch militaire, opèrent aussi des raids meurtriers dans les campagnes, sans même prévenir les troupes régulières stationnées à proximité.

Le rôle des milices

Assurément, l’arrivée au pouvoir de juntes militaires et la « milicianisation » de la réponse à la menace djihadiste ont beaucoup joué contre le respect des droits de l’homme en temps de guerre. Dans la région, les autorités ont en effet cherché à pallier le manque d’effectifs de leurs troupes en confiant à des supplétifs le soin d’assumer les tâches les plus sales de la lutte contre le terrorisme. Selon le rapport précité de Human Rights Watch à propos du Burkina Faso, les pires abus ont ainsi été enregistrés quand l’armée est intervenue aux côtés des miliciens koglweogo, les VDP (Volontaires pour la défense de la patrie).

Le Niger pourrait à présent connaître le même sort : la junte y a formalisé en mars 2026 des organisations territoriales d’autodéfense appelées à être équipées en armes pour repérer, dénoncer et arrêter les suspects. En pratique, ces milices peuvent tuer des civils en toute impunité car elles rendent peu de comptes à des militaires qui bénéficient eux-mêmes de l’immunité du secret-défense.

Ces dernières années, cependant, les forces gouvernementales de pays comme le Burkina Faso (depuis 2025) ou le Nigeria (depuis 2020) semblent moins directement impliquées dans des massacres à grande échelle. Faut-il y voir une professionnalisation des pratiques militaires ? Se pourrait-il donc que les officiers nigérians et burkinabè soient davantage conscients des effets pervers de ces tueries qui légitiment et renforcent les groupes djihadistes ?

Des militaires et des djihadistes plus « aimables » ?

L’hypothèse selon laquelle les militaires auraient amélioré leur comportement est évidemment avancée par les premiers intéressés. Elle est également favorisée par certains coopérants occidentaux qui, au Nigeria, veulent continuer de croire aux mérites de formations censées apprendre le respect des droits de l’homme aux soldats africains. Dans le cas de la France, par exemple, une telle perspective correspond bien à la volonté de faire oublier les échecs de l’opération Barkhane au Sahel en se repositionnant vers les pays du golfe de Guinée et en renouant le dialogue avec le Tchad, dont le président Mahamat Idriss Déby a officiellement été reçu à l’Élysée en janvier 2026.

D’ordre tactique et non humanitaire, le souci d’épargner des vies humaines pourrait aussi répondre à l’évolution de certains groupes djihadistes, qui ont dû apprendre à composer avec la population à mesure qu’ils s’enracinaient dans les campagnes. Au Nigeria, la branche ralliée à l’organisation État islamique, ISWAP (Islamic State West Africa Province), a ainsi la réputation d’être plus respectueuse des civils que les autres factions de la mouvance Boko Haram.

Au Burkina Faso, le JNIM (Jamāʿat nuṣrat al-islām wal-muslimīn) d’Iyad ag-Ghali et la Katiba Macina d’Amadou Kouffa ont également adouci leur position. Depuis 2021, ils ne communiquent plus de vidéos d’exécutions de femmes adultères. En 2025, l’adjoint d’Amadou Kouffa, Mahmoud Barry, dit « Abou Yehiya », a pour sa part commencé à diffuser des prêches invitant ses combattants à éviter les bavures et à épargner les civils. L’objectif est, tout à la fois, d’obtenir le soutien de la population et de recruter des jeunes en les conviant à participer à la protection de leurs communautés contre les exactions des forces burkinabè et des katibas rivales de l’État islamique au Sahel.

De l’invisibilisation des massacres

Plusieurs éléments invitent cependant à relativiser l’éventualité d’une « humanisation » des belligérants de la zone. Tout d’abord, il semble peu probable que les armées de la région aient pu soudainement améliorer leur comportement quand on connaît leurs fragilités structurelles, la faiblesse de leurs chaînes de commandement, la récurrence de leurs mutineries, leur indiscipline notoire, la rapidité de leurs recrutements, la réduction des temps de formation et le temps long que requiert un véritable reformatage des appareils sécuritaires.

L’hypothèse d’un adoucissement des stratégies de répression ne correspond pas non plus au durcissement des juntes au pouvoir dans les trois pays qui composent l’Alliance des États du Sahel, à savoir le Burkina Faso, le Mali et le Niger, qui se sont tous retirés de la Cour pénale internationale.

En réalité, les abus sont moins visibles parce que les médias ont été verrouillés par les dictatures en place. Les journalistes occidentaux comme africains n’ont quasiment plus accès aux zones de conflit, ou bien doivent être « embarqués » dans des unités militaires, comme au Nigeria. La tendance est d’autant plus marquée que les forces gouvernementales ont elles-mêmes perdu du terrain. Dans la région nigériane du Borno, par exemple, l’armée s’est retranchée à l’intérieur de grosses casernes, les supercamps, qui laissent le champ libre aux insurgés dans les campagnes. Dans le nord et l’est du Burkina Faso, les soldats se sont repliés dans les villes et sont avérés incapables de protéger les VDP actifs dans les campagnes, qui ont commencé à déserter et qui sont en conséquence moins à même de commettre des atrocités contre les villageois suspectés de sympathies djihadistes.

La politique de la terre brûlée, à cet égard, explique pour beaucoup la réduction des massacres. Dans les zones de conflit, les populations rurales ont, en effet, été évacuées manu militari vers des camps de déplacés, ou bien sont parties d’elles-mêmes vers les villes. Dans les campagnes, il y a tout simplement moins de gens à tuer pour les belligérants. Mais une telle situation ne laisse guère présager une sortie de crise.

The Conversation

Marc-Antoine Pérouse de Montclos ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Sahel : pourquoi les massacres de civils par les forces officielles sont en recul – https://theconversation.com/sahel-pourquoi-les-massacres-de-civils-par-les-forces-officielles-sont-en-recul-285449

Loi de finances 2026 : quels risques autour des prévisions de dette publique ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Fabien Tripier, Professeur d’économie, Université Paris Dauphine – PSL

Le programme d’ajustement budgétaire pour 2026 repose sur des hypothèses économiques fortes. Que se passera-t-il si la réalité s’en écarte défavorablement ? L’objectif étant de réduire la dette, que risque-t-il alors de se passer ? La question est d’autant plus importante que la discussion parlementaire sur le budget 2027, qui commencera en septembre, sera sans doute d’autant plus difficile que l’élection présidentielle approche.


La loi de finances pour 2026 présente un programme d’ajustement budgétaire pour stabiliser la dette à 118 % du PIB en 2029. Un quart de cet ajustement repose sur un scénario conjoncturel plutôt favorable. S’il ne se réalisait pas, il y aurait plus d’une chance sur deux que la dette publique ne soit pas stabilisée, même si le programme était appliqué.

À l’inverse, si ce programme n’était pas mis en place alors que le scénario conjoncturel favorable se réalisait, la dette publique augmenterait de plus de 11 points de PIB en quatre années, soulignant ainsi le risque de dérive de la dette en cas de statu quo budgétaire.




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Une procédure de déficit excessif

La trajectoire de la dette publique française est au cœur du débat budgétaire depuis plusieurs décennies. Le ratio dette/PIB a augmenté régulièrement sous l’impulsion d’un déficit budgétaire persistant qui ne se résorbe pas spontanément en période de croissance (voir la figure ci-dessous). En outre, la remontée des taux d’intérêt depuis 2022 a renchéri le coût de l’endettement public, alourdissant la charge de la dette. Cette situation a conduit la France à être sous procédure de déficit excessif. Cela l’engage vis-à-vis de ses partenaires européens à présenter une trajectoire crédible de réduction de sa dette publique.

Figure. Ratio dette sur PIB réalisé et prévisions gouvernementales.
Fourni par l’auteur

Dans ce contexte budgétaire, la loi de finances pour 2026 présente un nouveau programme d’ajustement, avec pour objectif de stabiliser la dette à 118 % du PIB en 2029. La note de l’i-MIP 2026-12 (« Loi de finances 2026 : quels risques autour des prévisions de dette publique ? ») présente une évaluation des risques autour de cette prévision. Annoncer un niveau de dette publique ne suffit pas, mieux vaut connaître la probabilité de dépasser cette cible, ou encore identifier le niveau de la dette qui ne sera pas dépassée avec une certaine probabilité. Cette approche probabiliste répond à une demande d’informations sur les risques de dérapages budgétaires, aujourd’hui manquantes dans le débat public.

Comment évaluer le risque ?

La nouvelle loi de finances repose sur deux piliers :

  • d’une part, la trajectoire budgétaire annoncée par le gouvernement sur la période 2026-2029,

  • d’autre part, une prévision de conjoncture macroéconomique avec laquelle ce programme budgétaire interagira.

Évaluer ce programme consiste donc à identifier séparément le scénario conjoncturel et le scénario budgétaire qui lui sont sous-jacents. Comme la réalisation simultanée de ces deux scénarios n’est pas certaine, la prévision du gouvernement est risquée. Pour quantifier ce risque, nous comparons les prévisions du gouvernement, conditionnées par la réalisation des scénarios budgétaire et conjoncturel particuliers qu’il propose, à celles qui résulteraient de scénarios tirés au sort dans les distributions historiques des chocs conjoncturels et budgétaires estimées sur les données observées sur la période 2003–2025.

Cet exercice permet de révéler où se situent dans les distributions des probabilités historiques les scénarios du gouvernement, et ainsi le risque associé à son programme de stabilisation de la dette. Cette évaluation des risques considère que la distribution des scénarios conjoncturels passés est la référence pertinente parce que les estimations de ces scénarios ne sont pas affectées par le programme budgétaire grâce à l’utilisation de notre modélisation structurelle.

Un risque conjoncturel

Avant d’évaluer ces risques, il est utile de décomposer les sources de réduction de la dette dans le scénario du gouvernement. Cette décomposition permet d’isoler ce qui relève de la politique budgétaire et ce qui relève du contexte conjoncturel. Sur une réduction totale de 192 milliards d’euros de dette publique entre 2025 et 2029, nous estimons que 142 milliards – soit 74 % – sont attribuables au scénario budgétaire, c’est-à-dire à la consolidation annoncée dans le projet de loi de finances (PLF) 2026. Les 49 milliards restants – soit 26 % – proviennent du scénario conjoncturel tel que projeté par le scénario du gouvernement.

Comme près d’un quart de la baisse de la dette repose sur le scénario conjoncturel envisagé, il est important d’évaluer où se situe ce scénario dans la distribution des réalisations historiques, c’est-à-dire mesurer le risque conjoncturel.

Une prévision probablement dépassée ?

Ce risque est mesuré par la probabilité que la cible de dette soit dépassée si le scénario conjoncturel retenu par le gouvernement est remplacé par la conjoncture « médiane » de ce qui a été observé dans le passé, alors que le programme budgétaire est intégralement mis en œuvre (l’incertitude venant donc uniquement de la conjoncture). Cette mesure du risque conjoncturel répond à la question : que devient la dette si le budget est appliqué, mais que l’environnement macroéconomique n’est pas celui retenu dans la prévision gouvernementale ?

Le tableau 1 donne la réponse à cette question. En 2029, la médiane de la distribution simulée s’établit à 119,5 % du PIB, soit 1,5 point au-dessus de la cible officielle de 118 %. Cela signifie que la prévision du gouvernement se situe en dessous de la médiane des scénarios basés sur une conjoncture à l’image de l’historique : il y a 55 % de chances que la dette dépasse 118 % du PIB, même si le programme budgétaire est pleinement appliqué. La probabilité de dépasser 125 % est de 30 % et celle de dépasser 126,2 % est de 25 %.

Tableau 1. Risque conjoncturel – Distribution simulée du ratio de dette (en  % du PIB)
Fourni par l’auteur

L’autre risque

Symétriquement, le risque budgétaire mesure la probabilité que la cible de dette soit dépassée si le scénario budgétaire du gouvernement n’est pas exécuté, alors que son scénario conjoncturel se réalise. Ce risque semble, à première vue, davantage sous le contrôle du gouvernement, puisque l’implémentation de sa politique dépend a priori de sa volonté. Mais ce serait une lecture trop optimiste, voire naïve.

L’expérience passée montre que les plans d’ajustement budgétaire sont très rarement mis en œuvre comme prévu. Ainsi, la figure 1 montre qu’il existe un décalage systématique entre les politiques annoncées et celles effectivement implémentées. Le risque budgétaire ne doit donc pas être interprété comme une hypothèse extrême ou secondaire, mais comme un risque central d’exécution de la trajectoire annoncée.

Que deviendrait la dette si la conjoncture prévue se réalise, mais que le budget annoncé n’est pas mis en œuvre ? Le tableau 2 donne la réponse à cette question. En 2029, la médiane de la distribution atteint 129,5 % du PIB, soit 11,5 points au-dessus de la cible. La probabilité de dépasser 118 % est de 99 % et celle de dépasser 125 % est de 89 %. Cette situation correspond à un statu quo budgétaire complet : le gouvernement et le parlement ne modifient pas leurs comportements par rapport à ceux observés dans le passé.

Un programme trop peu ambitieux ?

Elle constitue donc une borne haute du risque budgétaire, qui mesure à quel point la trajectoire de dette dépend de la réalisation effective du programme de consolidation budgétaire. Sans elle, la dette serait orientée structurellement à la hausse, avec un accroissement de 3,5 points en moyenne par an (de 115,6 % en 2025 à 129,5 % en 2029).

Tableau 2. Risque budgétaire – Distribution simulée du ratio de dette (en  % du PIB)
Fourni par l’auteur

Ces résultats soulignent, une fois de plus, l’importance d’implémenter le programme budgétaire annoncé. Ils indiquent également que, même avec ces restrictions budgétaires, la probabilité de stabiliser la dette à 118 % du PIB en 2029 est d’un peu moins d’une chance sur deux. Jouer à pile ou face sur la stabilisation de la dette dans un contexte de finances publiques dégradées et d’environnement international incertain est un pari risqué qui soulève deux questions.

France 24, décembre 2025.

La première est celle de l’intensité de la consolidation. Un objectif plus ambitieux de réduction du déficit permettrait, à risque conjoncturel donné, de réduire le niveau de dette médian et reviendrait alors à se fixer l’objectif que 70 % des simulations permettraient d’être en dessous de 118 %. La seconde est celle de la mise en place de règles budgétaires pluriannuelles prévoyant des ajustements automatiques des dépenses et/ou des recettes tant que la dette publique reste au-dessus d’une certaine cible.

Ces deux orientations ne sont pas exclusives. Elles invitent à ouvrir un débat plus large sur la crédibilité et la robustesse de la stratégie budgétaire française, qui dépasse le seul horizon de la loi de finances 2026.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Loi de finances 2026 : quels risques autour des prévisions de dette publique ? – https://theconversation.com/loi-de-finances-2026-quels-risques-autour-des-previsions-de-dette-publique-286283

Maximiser les bénéfices ou minimiser le gaspillage ? Le vrai casse-tête de vos commerçants pendant les soldes

Source: The Conversation – France (in French) – By Arvind Sainathan, Associate Professor of Operations Management, Neoma Business School

Casser les prix ou jeter des produits invendus ? Tel est le dilemme des commerçants tandis que débutent les soldes d’été. Pour inciter à consommer davantage, les vendeurs mobilisent différents types de promotion. Notre étude se penche sur ces mécanismes commerciaux et offre des pistes pour réconcilier recherche de rentabilité et durabilité.


Des soldes d’été aux offres exceptionnelles du Black Friday, les promotions sont devenues incontournables dans le paysage commercial. Les consommateurs considèrent souvent qu’une remise n’est qu’une remise, qu’il s’agisse d’une baisse de prix ou d’offres de produits gratuits, telles qu’« un acheté, un offert » (une pratique aussi appelée BOGOF pour « Buy One Get One Free »).

Pourtant, de nouvelles recherches suggèrent que les promotions peuvent remplir des objectifs différents, avec des conséquences importantes non seulement pour les acheteurs, mais aussi pour les vendeurs confrontés à une augmentation des déchets et à une compression des marges.

Notre étude récente propose une approche plus claire pour appréhender les promotions dans le commerce de détail. Nous expliquons pourquoi les baisses de prix et les offres fondées sur la quantité peuvent générer des résultats étonnamment différents en distinguant deux objectifs chez les enseignes : la maximisation des bénéfices et la minimisation du gaspillage.

Ces travaux font écho à des préoccupations plus larges concernant la surproduction dans le secteur de la mode, le gaspillage alimentaire et l’empreinte environnementale des chaînes d’approvisionnement du commerce de détail au niveau mondial.




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Psychologie de l’achat devant les promotions

De nombreux consommateurs estiment qu’une remise de 50 % et une offre BOGOF reviennent pratiquement au même. Certes, les deux réduisent le prix unitaire effectif. Cependant, les recherches montrent que chaque méthode de promotion a un impact distinct sur les choix des acheteurs.

Une remise sur le prix réduit le coût de chaque unité. À l’inverse, une promotion de type BxGy, « achetez x, obtenez y gratuit », introduit un seuil, les consommateurs doivent acheter une quantité minimale pour obtenir la récompense. Ce seuil modifie la psychologie de l’achat, car la valeur que les consommateurs attribuent à un article diminue à chaque unité supplémentaire qu’ils achètent, selon le principe de l’utilité marginale décroissante.

Des consommateurs tentés d’acheter plus

Derrière ces promotions, deux mécanismes sont à l’œuvre. Lorsque les stocks sont élevés, les offres telles que « un acheté, un offert » exploitent un effet de regroupement pour encourager les consommateurs à acheter en plus grande quantité.

Cela concorde avec des études antérieures qui montrent comment les détaillants utilisent des incitations comportementales pour augmenter les dépenses des consommateurs, en particulier dans des contextes hautement concurrentiels comme les soldes de fin d’année.

L’effet de différenciation, quant à lui, apparaît lorsque les consommateurs accordent une valeur différente aux unités supplémentaires, comme c’est le cas pour la mode, les accessoires et les cadeaux. Dans le cas de promotions fondées sur des seuils, cet effet permet aux détaillants d’attirer à la fois des acheteurs ayant une forte disposition à payer et des chasseurs de bonnes affaires. Cette tendance fait écho à des études sur la manière dont les consommateurs de mode utilisent les promotions pour tester des articles qu’ils n’achèteraient peut-être pas au prix fort.

Ces mécanismes aident à expliquer pourquoi les promotions du Black Friday incitent souvent les consommateurs à opter pour des lots de plusieurs articles plutôt que pour de simples remises.




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Profit ou planète ? Le dilemme derrière le déstockage

Les soldes saisonniers (Cyber Monday, soldes de janvier, soldes de fin de saison dans la mode…) mettent en évidence un dilemme persistant chez les commerçants : soit maximiser leur bénéfice restant, soit écouler les stocks pour éviter le gaspillage. Notre étude définit deux politiques de promotion optimales (OPP) distinctes : l’une maximise le bénéfice attendu, quitte à ce qu’il reste des invendus ; l’autre est axée sur l’écoulement des stocks.

Nos recherches montrent que ces deux objectifs – maximiser les bénéfices et minimiser le gaspillage – sont souvent contradictoires. Une baisse de prix modérée peut, par exemple, préserver les marges, mais laisser des marchandises invendues. De la même manière, les offres promotionnelles plus importantes de type « deux achetés, un offert » (« Buy Two Get One [Free] », BTGO) peuvent vider les rayons, mais réduire la rentabilité.

Cette tension se retrouve dans des rapports documentant les conséquences des stocks invendus. Parmi ces conséquences : les déchets textiles, lorsque les détaillants jettent ou détruisent les produits de fast-fashion invendus. Ce difficile équilibre entre profits et durabilité apparaît également de façon évidente avec le gaspillage alimentaire, lié à des cycles de fraîcheur stricts et à des erreurs de prévision. Devant ces phénomènes, les autorités européennes renforcent les obligations environnementales, les consommateurs s’interrogeant de plus en plus sur le coût de la surproduction induite par les démarques.

Juillet 2025.

Nos recherches montrent que trouver des moyens d’optimiser la politique promotionnelle aide à atténuer les tensions entre ces deux objectifs. Dans de nombreux scénarios, les OPP axées sur le profit permettent d’atteindre un profit maximal avec un gaspillage limité, tandis que les OPP axées sur la liquidation aident à écouler les stocks avec un sacrifice limité en matière de profit.

Ce que les détaillants et les consommateurs peuvent en retenir

Notre étude met en évidence deux facteurs qui déterminent quelle promotion fonctionne le mieux.

Le premier est le niveau des stocks. Lorsque les stocks sont bas, des remises de prix modestes maximisent les bénéfices sans encourager les achats excessifs. Lorsque les stocks sont élevés, les promotions « un acheté, un offert » ou « deux achetés, un offert » accélèrent la rotation des stocks en tirant parti de l’effet de regroupement. Cela explique pourquoi les soldes du lendemain de Noël s’appuient souvent sur des offres d’achat multiple : les détaillants tentent de réduire les coûts de stockage et le gaspillage.

Le deuxième facteur est le type de produit. Les produits de base, tels que le pain, le dentifrice et les boissons gazeuses – qui ont à l’unité une valeur similaire –, réagissent bien aux promotions « un acheté, un offert ». En parallèle, les produits à valeur hétérogène, tels que les accessoires de mode et les cadeaux de Noël, tirent plutôt profit des promotions « deux achetés, un offert », qui correspondent mieux aux diverses perceptions de valeur des consommateurs.

Pour les consommateurs, cela signifie que les promotions sont rarement arbitraires. Elles révèlent la façon dont les détaillants appréhendent la valeur de leurs articles et comment ils gèrent la pression sur les stocks.

Vers des promotions plus intelligentes et plus durables

Les promotions dans le commerce de détail influencent les choix des consommateurs et le volume des consommations. Comprendre les mécanismes de ces offres peut aider les détaillants à réduire les démarques inutiles et à diminuer le gaspillage, pour concevoir des promotions qui profitent à la fois à l’entreprise et à l’environnement.

Quant aux consommateurs, ils se soucient de plus en plus de la durabilité, de la réparabilité et de la réduction des déchets. Comprendre le fonctionnement des promotions, que ce soit pendant la frénésie du Black Friday ou lors d’une vente discrète en milieu de saison, peut les aider à faire des choix plus éclairés.

The Conversation

Fang Liu a reçu des financements de Major Program of National Natural Science Foundation of China (72192843).

Arvind Sainathan ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Maximiser les bénéfices ou minimiser le gaspillage ? Le vrai casse-tête de vos commerçants pendant les soldes – https://theconversation.com/maximiser-les-benefices-ou-minimiser-le-gaspillage-le-vrai-casse-tete-de-vos-commercants-pendant-les-soldes-271892

Produire de grandes cultures en agroécologie de manière rentable, c’est possible

Source: The Conversation – France (in French) – By Lucie Zgainski, Ingénieur de recherche, Inrae

Site de La Cage dans les Yvelines, mis en place en 1998 par l’Inrae pour mener diverses expérimentations grandeur nature, sur une étendue de huit hectares. Michel Bertrand, Fourni par l’auteur

Depuis vingt-cinq ans, l’Inrae teste en conditions réelles des alternatives à l’agriculture conventionnelle sur huit hectares à Versailles, dans les Yvelines. Une expérience riche en enseignements.


Peut-on nourrir la France en réduisant notre utilisation de pesticides et d’engrais azotés ? Pour répondre à cette question, les chercheurs peuvent utiliser plusieurs méthodes. L’une d’entre elles consiste à tester différentes techniques agricoles en conditions réelles sur de grandes cultures et à étudier leurs évolutions sur le temps long.

C’est ce qu’il se passe dans l’une des stations expérimentales de l’Inrae depuis vingt-cinq ans, et les résultats agronomiques et économiques de cette expérimentation donnent de nombreuses raisons de se réjouir.

Un essai système d’une durée de vingt-cinq ans

Le dispositif expérimental La Cage, mis en place en 1998 à Versailles (Yvelines) sur une parcelle de huit hectares, compare ainsi sur le long terme quatre systèmes de culture cohérents et représentatifs des grandes cultures sans élevage :

  • un système productif conduit en agriculture conventionnelle ;

  • un système à bas niveau d’intrants (faible utilisation de produits phytosanitaires et d’engrais azotés) ;

  • un système en agriculture biologique ;

  • un système sous couvert végétal.

Dans ce dernier cas de figure, des plantes sont semées entre deux cultures afin de protéger le sol lorsqu’il resterait nu. Ces couverts végétaux sont utilisés pour tâcher de limiter l’érosion, d’améliorer la fertilité et la structure des sols, de favoriser la biodiversité et de réduire le développement des mauvaises herbes.

Cette façon de faire de l’agriculture implique une réduction du travail du sol notamment des opérations mécaniques réalisées pour préparer la terre avant les cultures. Cette réduction permettrait notamment de préserver la structure et la biodiversité des sols, de limiter l’érosion, de diminuer les émissions liées à l’usage des machines agricoles et de favoriser la séquestration du carbone dans les sols.

Conçu pour anticiper des enjeux comme la réduction des pesticides ou l’amélioration du bilan carbone, ce dispositif de La Cage permet de tester et d’ajuster des pratiques innovantes en fonction des objectifs et de l’évolution des connaissances.

Chaque système combine différents leviers techniques (rotation des cultures, travail du sol, fertilisation, etc.) qui interagissent entre eux : par exemple, la stratégie de fertilisation dépend de la densité de semis choisie, car une densité plus élevée entraîne une compétition accrue entre plantes et modifie leurs besoins en nutriments.

L’agriculture biologique mise, elle, sur les légumineuses pour compenser l’absence d’engrais azotés, car celles-ci (pois, trèfle, luzerne, féverole, etc.) fixent naturellement l’azote de l’air ce qui permet d’enrichir les sols en azote pour les cultures suivantes.

Quelles performances agronomiques des systèmes expérimentaux de La Cage ?

Les rendements des principales espèces cultivées, notamment blé, maïs, colza et pois, ont ainsi été mesurés chaque année, offrant une série temporelle robuste pour comparer la productivité des systèmes contrastés.

Dans les systèmes avec bas niveau d’intrants, sous couvert végétal et en agriculture biologique, les séries de rendements montrent généralement une variabilité plus élevée et des niveaux moyens de rendement inférieurs au système productif (Cf. Figure 1). Par contre, les marges peuvent être importantes et surpasser nettement le système productif. C’est notamment le cas avec l’agriculture biologique, car le prix de vente du blé bio est en règle générale nettement plus élevé que le conventionnel.

Dans le système sous couvert végétal, la restitution au sol des résidus de culture (tiges, feuilles mortes, racines) et des couverts végétaux contribue à la fertilité des sols. Cependant, ces restitutions influencent également la disponibilité des éléments nutritifs pour les cultures suivantes, ce qui peut entraîner des variations interannuelles des rendements.

Dans les systèmes biologiques et sous couvert végétal, l’introduction de légumineuses permet de capter l’azote atmosphérique, un élément essentiel à la croissance des plantes, modérant ainsi partiellement les déficits d’apport d’engrais azotés.

Par ailleurs, les systèmes sous couvert permanent sans travail du sol montrent des effets positifs sur la structure du sol, notamment par l’amélioration de la stabilité des agrégats et l’augmentation de la porosité, favorisant ainsi l’infiltration de l’eau et l’activité biologique du sol. Ces bénéfices doivent être mis en balance avec des défis techniques comme la gestion des couverts, qui sont en compétition pour l’eau et les nutriments avec les cultures principales et le défaut de maîtrise des mauvaises herbes.

Globalement, l’analyse agronomique et économique de La Cage confirme que certains systèmes de culture diversifiés peuvent atteindre des niveaux de rentabilité équivalents au système productif, sur la culture du blé et à l’échelle de la rotation, tout en améliorant certains aspects de durabilité. Ces résultats illustrent aussi l’importance de considérer des séries longues de données pour intégrer la variabilité climatique et les effets cumulatifs des pratiques de gestion, la restitution des résidus de culture au sol et la dynamique des cultures successives.

Mais qu’en est-il de ces maladies qui peuvent ravager les cultures et qui restent encore souvent les bêtes noires des agriculteurs ? Considérant, par exemple, la septoriose du blé, nos résultats montrent les limites des systèmes productifs très vulnérables dès que l’on n’utilise plus de pesticides.

La gestion des maladies

La septoriose du blé est une maladie fréquente qui dépend fortement du climat. Sa gestion repose sur différents leviers (choix variétal, pratiques culturales, fongicides). Les systèmes productifs très dépendants des traitements sont les plus touchés lorsque l’on retire l’usage des pesticides. Des systèmes, comme le semis sous couvert, limitent mieux la maladie, car il permet aux microorganismes (bactéries, champignons, faune du sol) de rentrer en compétition avec les agents pathogènes ou de limiter leur développement. Ainsi, réduire les pesticides n’entraîne pas forcément plus de maladies, à condition d’adapter les pratiques. Globalement, c’est la cohérence du système agricole dans son ensemble qui permet une gestion durable des maladies.

Notre étude confirme également d’autres bénéfices aux pratiques agroécologiques. Le premier concerne le carbone qui est stocké dans les sols agricoles et qui représente aujourd’hui un enjeu majeur pour l’atténuation du changement climatique.

Quel bilan carbone ?

De fait, une partie non négligeable du carbone séquestré par les plantes lors de la photosynthèse finit dans le sol par l’intermédiaire des racines. Les résidus de culture aériens (tiges, feuilles mortes…) constituent un autre apport en carbone dans les sols. Mais selon les techniques agricoles utilisées, la pérennité de ce stock de carbone peut fluctuer.

Le carbone stocké dans le sol est un des déterminants majeurs de sa fertilité, qu’elle soit physique (maintien de la structure), chimique (fourniture de nutriments) ou biologique (ressource pour les organismes vivants).

En l’absence d’apports d’effluents organiques issus de l’élevage, le bilan carbone d’un système de culture découle seulement du niveau des entrées et des pertes à l’échelle de la parcelle. Les entrées correspondent donc aux résidus (aériens et souterrains) des cultures et des couverts végétaux. Les pertes correspondent à la minéralisation des matières organiques du sol sous l’action des microorganismes qui peuplent la terre, la décomposent et la transforment en éléments minéraux.

Les systèmes de culture de La Cage présentent des dynamiques contrastées d’apports de carbone au sol, étroitement liées à la productivité des cultures, à la place des légumineuses et des couverts végétaux.

Plus les rendements sont élevés, plus il y a des résidus de culture restitués au sol. C’est donc le système productif qui produit le plus de résidus riches en carbone. Toutefois, cette réalité est compensée dans les systèmes ayant des couverts végétaux. Dans le système sous couvert, les apports totaux de carbone sont au final estimés à un niveau supérieur à celui des autres systèmes, grâce à l’apport de ces couverts. Au final, le stock de carbone augmente dans le temps dans le système en agriculture biologique et encore plus dans le système sous couvert végétal, alors qu’il reste stable dans les deux autres systèmes.

Quels effets sur la biodiversité du sol ?

Au-delà de la gestion des maladies et de l’apport en carbone des sols, notre étude met également en évidence un autre bénéfice majeur des pratiques agroécologiques : leur effet positif sur la biodiversité du sol.

La biodiversité du sol comprend une multitude de taxons de taille extrêmement variable et qui remplisse des fonctions diverses. Les vers de terre qui constituent l’essentiel de la macrofaune du sol sont les plus souvent étudiés et sont considérés comme des acteurs majeurs du fonctionnement du sol compte tenu de leur rôle de fouisseur et transformateur de la matière organique. Les pratiques agricoles, en particulier le travail du sol, l’apport de matière organique et l’usage de pesticides, sont de longue date reconnues comme ayant un impact majeur dans le maintien de ces populations.

Le système sous couvert végétal, sans travail du sol, se distingue par des abondances et biomasses nettement plus élevées de vers de terre anéciques et épigés, de trois à sept fois supérieures à celles observées dans les systèmes productif et biologique avec du travail du sol, et ce, seulement une dizaine d’années après l’implantation de l’essai. Cette augmentation s’accompagne également d’une diversité en espèces de vers de terre.

En agriculture biologique, l’augmentation des populations de vers de terre est plus lente. Mais après plus de quinze ans de conduite, ce système peut héberger entre 1,5 et 2,3 fois plus de vers de terre que le système productif, selon les variations interannuelles liées au climat.

Par ailleurs, les changements de pratiques agricoles mettent souvent plusieurs années à se traduire par des modifications significatives des communautés de vers de terre. Ces résultats soulignent l’importance des dispositifs expérimentaux de long terme pour évaluer de manière robuste l’impact des systèmes de culture sur la biodiversité des sols.

Que retenir ?

Les essais systèmes sont des outils clés pour tester et évaluer des solutions agroécologiques. Sur le long terme, ils montrent qu’il est possible de produire avec moins de pesticides, d’azote et d’énergie, tout en assurant une marge économique pour l’agriculteur, un stockage de carbone et l’accroissement de la biodiversité dans les sols.

Le dispositif évolue pour répondre à ces enjeux qui se posent aujourd’hui à l’agriculture et en lien avec la demande sociétale : produire sans apport d’azote, sans travail du sol, aller vers une agriculture sans pesticides, concilier production et biodiversité. Des nouveaux systèmes abordant ces thématiques sont en cours de conception avec la profession agricole.

The Conversation

Lucie Zgainski a reçu des financements de l’ANR.

Michel Bertrand a reçu des financements de l’ANR

Muriel Valantin Morison a reçu des financements de l’ANR et du programme Ecophyto pour réaliser ses recherches

Marie-Noël Mistou ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Produire de grandes cultures en agroécologie de manière rentable, c’est possible – https://theconversation.com/produire-de-grandes-cultures-en-agroecologie-de-maniere-rentable-cest-possible-283921

Petits-enfants d’immigrés : du diplôme à l’emploi, le modèle républicain tient-il ses promesses ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Mathieu Ichou, Chargé de recherche à l’Ined, co-responsable de l’unité Migrations Internationales et Minorités (MIM), Ined (Institut national d’études démographiques)

Si, dans les familles immigrées, l’ascension scolaire est réelle, la génération des petits-enfants se heurte sur le terrain de l’emploi à des inégalités persistantes et à certaines formes de déclassement. C’est ce que montrent les résultats d’un projet de recherche inédit, mené à l’Institut national d’études démographiques.


En France, environ une personne de moins de 60 ans sur trois a un lien généalogique avec la migration : soit parce qu’elle est elle-même immigrée (« première génération »), soit parce qu’elle est l’enfant d’un ou de deux parents immigrés (« deuxième génération »), soit parce qu’elle est le petit-enfant d’au moins un grand-parent immigré (« troisième génération »).

Cette troisième génération reste méconnue, car les enquêtes de la statistique publique ne permettent pas de l’identifier. Les recherches sur les enfants d’immigrés ont déjà montré que leurs trajectoires scolaires et professionnelles sont très diverses : certains groupes atteignent des positions proches de celles de la population majoritaire sans ascendance migratoire, tandis que d’autres – notamment au sein des minorités racisées – restent plus exposés au chômage, à la ségrégation résidentielle ou aux discriminations.

Mais l’étude de cette deuxième génération ne permet pas toujours de savoir si ces écarts tiennent surtout à l’expérience migratoire des parents ou à des mécanismes plus durables, produits dans la société française elle-même. Les petits-enfants d’immigrés, nés en France de parents eux-mêmes nés en France, permettent de trancher : si des écarts subsistent encore à cette génération, ils signalent des mécanismes d’exclusion durables (ségrégation, discrimination, racisme), et non les seuls effets de la migration initiale.

Que deviennent ces petits-enfants d’immigrés en matière de diplômes et d’emploi ? Le modèle républicain tient-il ses promesses d’égalité, quelle que soit l’origine ?

Ce sont précisément les questions que nous nous sommes posées à travers le projet 3GEN, mené à l’Institut national d’études démographiques (Ined) et financé par l’ANR. Grâce à l’enquête Trajectoires et Origines 2 (TeO2), qui permet pour la première fois d’identifier directement les petits-enfants d’immigrés à grande échelle, les chercheurs et chercheuses impliqués dans le projet ont pu comparer les parcours de trois générations : les immigrés eux-mêmes, leurs enfants, et leurs petits-enfants.

Les analyses, que nous avons publiées avec Milan Bouchet-Valat, Louise Caron, Lucas Drouhot, Mathieu Ferry, Ognjen Obućina, Ariane Pailhé, Paul Siarry et Rosa Weber dans plusieurs revues scientifiques de premier plan (Revue française de sociologie, European Sociological Review, Demography et American Sociological Review) apportent des résultats inédits.

L’ascension scolaire sur trois générations

Le premier constat est celui d’une progression éducative importante. Les grands-parents immigrés arrivés en France dans l’après-guerre étaient, pour la grande majorité, sans diplôme : 72 % des grands-parents d’origine nord-africaine (Algérie, Maroc, Tunisie) et 55 % des grands-parents d’Europe du Sud (Portugal, Espagne, Italie) n’avaient aucun titre scolaire, contre 23 % pour les grands-parents nés en France de parents eux-mêmes français.

Leurs enfants et petits-enfants ont bénéficié de l’expansion du système scolaire français. Entre grands-parents et parents, la mobilité ascendante est frappante dans les familles immigrées : 67 % des trajectoires intergénérationnelles sont ascendantes dans les familles d’origine nord-africaine, et même 72 % dans les familles d’Europe du Sud, contre 54 % dans les familles de la population majoritaire.

Au final, les petits-enfants d’immigrés, pris dans leur ensemble, ont des trajectoires scolaires très proches de celles des personnes sans ascendance migratoire, notamment pour les petits-enfants d’immigrés sud européens.

Des inégalités qui persistent pour les descendants d’Afrique du Nord

La réalité est plus contrastée pour les petits-enfants d’immigrés nord-africains. Certes, ils progressent eux aussi nettement par rapport à leurs grands-parents et leurs parents. Mais des pénalités demeurent, tant dans l’accès à l’enseignement supérieur que dans la sortie du système scolaire sans aucun diplôme.

La situation n’est pas la même pour les filles et les garçons. Les petites-filles d’immigrés nord-africains connaissent des trajectoires scolaires favorables : elles sont même surreprésentées en haut de la distribution des diplômes. Ce sont principalement les petits-fils d’immigrés maghrébins qui concentrent les difficultés. Ils sont nettement plus représentés parmi les sortants sans diplôme, et nettement moins dans les classes préparatoires aux grandes écoles.

Ce contraste entre hommes et femmes au sein d’un même groupe d’origine n’est pas nouveau, mais il ne s’estompe pas à la troisième génération. Il suggère que les mécanismes à l’œuvre vont au-delà du simple héritage social familial, d’autant que les petits-enfants d’immigrés ont souvent grandi dans des milieux sociaux assez proches de ceux de la population majoritaire.

Le diplôme ne suffit pas : le déclassement professionnel subsiste

Une autre dimension, moins souvent examinée, est celle du déclassement : le fait d’exercer un emploi qui ne correspond pas à la formation obtenue. Le déclassement vertical désigne la situation où l’on est plus diplômé que les autres personnes occupant le même type de poste. Le déclassement horizontal renvoie au fait de travailler dans un secteur sans rapport avec son domaine d’études.

Le déclassement vertical touche surtout les immigrés à la première génération et s’explique essentiellement par la non-reconnaissance des diplômes obtenus à l’étranger. Dès la deuxième génération, formée en France, ce problème disparaît presque entièrement.

En revanche, le déclassement horizontal persiste de façon significative pour les hommes d’origine non européenne, et ce, jusqu’à la troisième génération. Davantage orientés vers des filières généralistes ou peu professionnalisantes, ils se retrouvent plus souvent dans des emplois sans lien avec leurs études.

L’intégration républicaine : entre promesses tenues et inégalités persistantes

Que conclure de l’ensemble de ces travaux ? La situation de la troisième génération nous renseigne moins sur l’immigration que sur le fonctionnement de la société française elle-même. Elle montre à la fois la force des processus d’égalisation au fil des générations et la persistance de certaines inégalités liées à l’origine.

D’un côté, une dynamique puissante de rattrapage scolaire est à l’œuvre sur trois générations. La mobilité sociale ascendante des familles immigrées est réelle quelle que soit l’origine, et les petits-enfants d’immigrés européens connaissent une véritable égalisation avec la population majoritaire. Ce résultat donne du crédit à l’idée d’une intégration progressive permise par les institutions françaises, notamment par l’école publique.

De l’autre côté, des frontières ethnoraciales persistent dans la durée. Les petits-fils d’immigrés nord-africains font face à des désavantages scolaires durables que l’origine sociale de leurs parents n’explique pas complètement. Les données de l’enquête TeO2 montrent d’ailleurs que ces petits-enfants déclarent plus souvent que leurs camarades sans ascendance migratoire avoir subi au moins un traitement injuste dans le cadre scolaire.

La persistance des inégalités à la troisième génération ne peut pas être rapportée seulement aux origines sociales modestes des grands-parents immigrés. Elles renvoient aussi à des processus de ségrégation et de discrimination qui continuent d’affecter les trajectoires scolaires et professionnelles. La promesse républicaine d’égalité des chances semble donc largement tenue pour les familles originaires d’Europe du Sud, mais reste inachevée pour les familles originaires d’Afrique du Nord.


Le projet 3GEN est soutenu par l’Agence nationale de la recherche (ANR), qui finance en France la recherche sur projets. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

The Conversation

Mathieu Ichou a reçu des financements de l’ANR.

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