La Junta de Paz de Trump: legalidad dudosa, delirios empresariales y prepotencia masculina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Bustos García de Castro, Profesor e investigador, Universidad Complutense de Madrid

Donald Trump da un discurso durante la primera cumbre de la Junta de Paz, celebrada el 19 de febrero en Washington. Casa Blanca

Rodeada por cierta expectativa y confusión se produjo el pasado 19 de febrero de en Washington la inauguración de la Junta de Paz. El motivo de esta confusión: las dudas sobre su encaje legal con Naciones Unidas y los límites de sus competencias.

La Junta de Paz actúa a toda rapidez aprovechando la incertidumbre jurídica que rodea su creación y objetivos. Se trata de un órgano administrativo de carácter transitorio amparado por la Resolución 2803 del CS de Naciones Unidas aprobada el pasado 17 de noviembre de 2025. De hecho, tiene como fecha de caducidad el 31 de diciembre de 2027.

En enero de 2026, el texto de la Carta de la Junta de Paz fue enviada a 60 Estados, algunos de los cuales manifestaron en la última Cumbre de Davos (celebrada entre el 19 y 23 de enero) su intención de unirse a la nueva organización internacional.

Precisamente el motivo alegado por la mayoría de los países para no hacerlo es que la Carta entra en conflicto con las obligaciones asumidas por los Estados al crear las Naciones Unidas y con los poderes y competencias atribuidos a esta organización. Es más, si bien la autorización para crear la Junta de Paz estaba confinada estrictamente a la cuestión de Gaza, el nuevo organismo internacional asume competencias universales de consolidación de paz sin límite geográfico alguno.

Además, mientras que el Consejo de Seguridad fecha su terminación al acabar 2027, el estatuto de la Carta afirma que la Junta se disolverá cuando quiera su presidente.

Pago en metálico por membresía permanente

Una lectura atenta al tratado que crea la Carta deja entrever una extraña combinación de aspectos jurídicos vinculados a las organizaciones internacionales junto con otros que son típicos de la gobernanza de las empresas privadas.

Si por un lado se afirma que la Junta de Paz es una organización internacional con personalidad jurídica regida por el derecho internacional, por otro se otorgan poderes vitalicios a individuos, no a Estados miembros, que son exorbitantes –presidencia vitalicia, designación a dedo del sucesor, pago en metálico por la condición de miembro permanente, poder personal de arbitraje, veto y poder de disolución…– que solo pueden concebirse en el mundo mercantil privado.

Por si hubiera pocas dudas e incluso sospechas sobre la finalidad última de la Junta, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó durante el evento que aunque la ONU tiene un gran potencial, “la Junta de Paz supervisará seguramente a Naciones Unidas y se asegurará de que haga su trabajo correctamente”.

Obviamente, esto sería completamente ilegal, ya que la Carta de San Francisco (1945) es un tratado internacional especial que tiene preeminencia sobre cualquier otro y crea una organización única de tipo universal y fines generales que no admite subordinación.

Escenificación y mensaje performativo

Aprovechando esta confusión entre el mandato dado por Naciones Unidas y los fines declarados de la Junta de Paz, se reunieron en Washington 26 Estados miembros y dos decenas de países y la UE en calidad de observadores. Es evidente que muchos Estados no querían faltar porque se iba a tratar del futuro de Gaza y Palestina.

Además, asistieron el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el de la FIFA, Gianni Infantino; el general estadounidense Jasper Jeffers, a quien la Junta ha encargado dirigir la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF); y el embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Michael Waltz.

A título individual se dieron cita Tony Blair, como exrepresentante político, y Ali Saath, un exministro palestino elegido para liderar el órgano tecnocrático en Gaza bajo las órdenes de la Junta.

Completaban los empresarios y multimillonarios Marc Rowan y Yarik Gabay y Liran Tancman, así como los asesores presidenciales, también empresarios del sector inmobiliario, Steve Witkoff y Jared Kushner.

Ausentes estaban los Estados que han declinado participar en la Junta –como Francia o España– y otros que no han contestado y presumiblemente no participarán –Rusia y China–. No fueron invitados los representantes palestinos y, por supuesto, no había autoridades de Naciones Unidas.

Como habrá adivinado el lector o la lectora, este auditorio era abrumadoramente masculino, no habiendo ni una sola mujer en la zona de presidencia y muy pocas en el conjunto de la sala. La voz de una mujer, eso sí, se escuchaba para presentar a los invitados y cederles el turno de palabra.

La imagen de empresarios y representantes políticos actuando como en un consejo de administración, con intervenciones ordenadas y sin debate, con palabras caballerosas y apretones de manos, destilaba un olor rancio a masculinidad y una monotonía del lenguaje de los negocios que todos parecían compartir –prosperidad, oportunidades, inversiones, rentabilidad–.

De forma triunfalista se celebró el fin del conflicto en Gaza, como si ya estuviera resuelto, afirmando que es un éxito indiscutible de Trump, y dándose el dato de que el número de muertos se ha reducido al 1 % desde el alto el fuego de octubre. Se ocultaba así que Israel ha matado al menos unas 600 personas en Gaza desde entonces sin contar las víctimas cotidianas que dejan los ataques de colonos y militares en Cisjordania.

Un resort turístico difuso

El capital público (unos 10 000 millones de dólares anunciados por EE. UU y otros 7 000 millones por otros países de la Junta) más el capital privado movilizado a través del Banco Mundial convertirán a Gaza en un resort turístico, rentabilizando su “valiosísima costa de playa”. Ni una sola palabra sobre cómo se hará esto, cómo antes se tendrán que retirar las toneladas de escombros –lo que llevará años–, cómo se descontaminará el suelo agrícola o el agua subterránea, quiénes construirán esas viviendas y torres de apartamentos o cómo se conectará con el mundo exterior para la llegada de visitantes. De la soberanía de Gaza ninguna mención.

El discurso performativo logró en parte alejar de la mente del espectador la responsabilidad de Israel (cuestiones como quién debería pagar la reconstrucción de Gaza, qué ocurre con las ordenes de detención por crímenes de guerra y con la causa que tiene abierta por genocidio…) o la complicidad de EE. UU. en la destrucción de Gaza –primer suministrador de bombas y armamento–. Por un momento ofuscó, pero no derribó la idea más poderosa de que Gaza es parte irrenunciable de Palestina y que ningún resort conseguirá eliminar su identidad, ni sus derechos inalienables.

The Conversation

Rafael Bustos García de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Junta de Paz de Trump: legalidad dudosa, delirios empresariales y prepotencia masculina – https://theconversation.com/la-junta-de-paz-de-trump-legalidad-dudosa-delirios-empresariales-y-prepotencia-masculina-276560

La muerte de ‘El Mencho’ desata una ola violenta que revela el poder del narco y su capacidad para reconfigurarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Pérez Fernández, Profesor de Psicología Criminal, Psicología de la Delincuencia, Historia de la Psicología, Perfilación e investigador psicosocial. Experto en historia de la novela gráfica., Universidad Camilo José Cela

El ejército mexicano patrulla por una carretera tras el operativo que acabó con la vida de _El Mencho_. RTVE

El operativo que acabó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, ha desatado una ola de violencia sin precedentes en las calles de México. Esta respuesta, organizada y repartida por diferentes estados, revela que la hidra del crimen organizado está lejos de extinguirse. Más bien, la muerte de El Mencho encaja en un patrón ya conocido del crimen organizado mexicano: la eliminación del líder no destruye la estructura existente, muy consolidada sociocultural, económica y políticamente, sino que previsiblemente catalizará hacia transformaciones internas y reacomodos violentos.

Los orígenes del cártel más poderoso

El Cártel Jalisco Nueva generación (CJNG) surgió alrededor de 2009, cuando Nemesio Oseguera Cervantes (1966-2026), natural de la comunidad de Naranjo de Chila (Aguililla, Michoacán) y más conocido por su alias de El Mencho, consolidó en una única organización criminal a un grupo escindido del Cártel de Sinaloa y a las células de Los Matazetas que él mismo controlaba.

Con anterioridad, Oseguera había pertenecido al cartel del Milenio, encabezado por Nacho Coronel Villarreal (1954-2010) y dedicado al tráfico de metanfetamina. Esta organización trabajaba en los territorios de Jalisco, Michoacán y Colima y tuvo cierta relevancia a inicios de los 2000. Pero cayó en declive cuando Coronel murió en un operativo en Zapopan, Jalisco, en 2010, posiblemente traicionado por los hermanos Beltrán Leyva, del cartel de Sinaloa.

Lo cierto es que el CJNG adquirió notoriedad rápidamente por su violencia extrema. Ejemplo de ello fue la macabra exhibición de 35 cadáveres –23 hombres y 12 mujeres– en Boca del Río (Veracruz) en 2011, acto que motivó que esta organización criminal se hiciera un hueco en el panorama nacional mexicano. El hecho es que, desde entonces, el grupo consolidó su presencia en al menos 25 estados del país, operando siempre mediante células regionales autónomas de alta capacidad paramilitar, con cadenas de comunicación funcionales y protocolos de respuesta rápida muy estructurados y eficientes que, por lo que parece, la muerte de El Mencho no ha desarticulado.

Estructura, capacidades y actividad

El CJNG se había venido empoderando a lo largo de la última década al no encontrar contrapesos, pues las guerras intestinas del Cartel de Sinaloa habían debilitado su capacidad de respuesta. Su crecimiento fue rápido y no tardó en contar con capacidad de violencia coordinada para la realización de narcobloqueos, quema de vehículos, cierres de carreteras y ataques simultáneos.

De la misma manera, su capacidad militar es alta. Posee y maneja armamento pesado, e incluso vehículos blindados. Ha venido sosteniendo una narrativa de desafío permanente al Estado mediante la difusión de imágenes de las maniobras de sus sicarios. Estas capacidades, así como su papel clave en el tráfico de drogas sintéticas, violencia transnacional y desestabilización regional, motivaron que Estados Unidos clasificara al CJNG como Organización Terrorista Extranjera (FTO) y Terrorista Global Especialmente Designado (SDGT).

La DEA (Drug Enforcement Administration), por su parte, había puesto a la cabeza de Oseguera un precio nada desdeñable de 15 millones de dólares.

El CJNG, debido a sus fuentes de financiación diversas, ha venido operando como una empresa criminal multifacética vinculada al narcotráfico (fentanilo, metanfetamina, cocaína y heroína) hacia Estados Unidos, siendo un actor central en la crisis de opioides estadounidense, que ha podido costar la vida ya a más de 500 000 personas y actualmente se encuentra en su tercera oleada.

Otros delitos asociados al CJNG son extorsión, robo y contrabando de combustible, tráfico de personas, lavado de dinero y control territorial mediante violencia extrema. Esto explica que la organización se hubiera convertido en un punto crítico en la agenda de seguridad de México y Estados Unidos. De manera muy especial en lo tocante al control del tráfico de fentanilo, la coordinación de operaciones militares binacionales y las políticas de seguridad del Gobierno mexicano.

Lo cierto es que desde que Donald Trump amenazara en marzo de 2025 con la imposición de aranceles a México, el gabinete presidido por Claudia Sheinbaum, en una política que claramente pretendía apaciguar al gobierno estadounidense y dirigirlo hacia una negociación económica sosegada, recrudeció su lucha contra el narco.

Sin embargo, pese a haber entregado a su vecino del norte a 29 de los narcos más buscados y establecido un control de fronteras mucho más riguroso, Sheinbaum no parece haber logrado avanzar de forma significativa en su objetivo. Consecuentemente, cabe enmarcar movimientos, como la presente operación contra el CJNG, en el mismo contexto de acercamiento y normalización de relaciones con el gabinete Trump.

La muerte de El Mencho: hechos y expectativas

El 23 de febrero de 2026, el ejército mexicano, en una operación informada y coordinada con la inteligencia estadounidense, que llevaba años realizando seguimientos satelitales y financieros, ha abatido a Nemesio Oseguera durante un operativo en Tapalpa, Jalisco. Este se saldó con 25 militares muertos y otros 12 componentes de la organización criminal fallecidos.

La reacción de los miembros del cártel ha sido extremadamente violenta, incluyendo bloqueos de vías públicas, incendio de vehículos, ataques indiscriminados y violencia coordinada en múltiples estados. Esto ha venido a confirmar, como ya se temía, su estructura celular autónoma y su alta capacidad para operar, incluso sin instrucciones procedentes de una autoridad central. La zona metropolitana de Guadalajara ha vivido alguna de las jornadas más violentas de los últimos años.

El hecho es que la muerte del líder Oseguera y la elevada capacidad operativa de las células que constituyen el CJNG abren escenarios inciertos con respecto a las posibles luchas internas por la sucesión. El Mencho no parece haber dejado una línea sucesoria establecida. Esto implica una reconfiguración territorial de la organización y una posible y previsible escalada de violencia en regiones donde el cártel mantiene presencia activa.

Dos precedentes: El Mayo y El Chapo

En términos de historia del crimen organizado, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes puede interpretarse como un acontecimiento central comparable a la caída del elusivo Ismael El Mayo Zambada (nacido en 1948), actualmente encerrado en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn a la espera de una sentencia firme de la justicia estadounidense, o de Joaquín El Chapo Guzmán (nacido en 1957), en la actualidad cumpliendo una cadena perpetua también en Estados Unidos.

Históricamente, ha venido ocurriendo que la caída de los grandes capos no ha significado el desmantelamiento de sus organizaciones, sino, a menudo, incluso su dispersión y complicación. La estructura celular del CJNG, alejada del modelo piramidal clásico, parece apuntar en esta dirección. Por su alto grado de penetración social y diversificación económica, el CJNG ha llegado a convertirse en una organización cuya presencia permea aspectos cotidianos, económicos y sociales de amplias regiones.

Tras el operativo que ha dado muerte a El Mencho, el cártel no solo ha reaccionado con rapidez, sino que lo ha hecho con una violencia coordinada y de alcance multimodal en varios estados del país. Una respuesta que revela la presencia de estructuras regionales autónomas capaces de operar sin instrucciones centrales, con protocolos de reacción preestablecidos que explican la simultaneidad de las acciones y, claro está, con cadenas de comunicación funcionales y eficaces incluso tras la muerte del líder.

Sin embargo, también parece cierto que las caídas sucesivas de El Chapo, El Mayo y ahora El Mencho podrían sugerir un avance coyuntural –posiblemente no decisivo– del Estado frente a las viejas estructuras del narcotráfico, quizá demasiado acomodadas a un estado de la cuestión que parece haber venido transformándose a lo largo de los últimos diez años.

Narcopoder de base con una raíz social

En efecto, la existencia de un nuevo modelo de cooperación en materia militar y de inteligencia entre México y Estados Unidos, centrado en golpes quirúrgicos más que en una guerra abierta y la implementación de una vigilancia reforzada, contrasta con épocas anteriores y da pie a una reevaluación de la situación por parte de los carteles. Con todo, y en tanto que estructuras psicosociales y culturales fuertemente ancladas entre las clases más desfavorecidas y marginales de la población mexicana, esta reconfiguración de las políticas criminales no eliminará el poder de base de las organizaciones criminales, sino que provocará, a buen seguro, su reconfiguración estructural.

Parece claro, de hecho, que la nueva cooperación abierta entre México y Estados Unidos ha motivado que los grandes capos ya no puedan refugiarse en las mismas formas de protección política o territorial de antaño. Pero, al mismo tiempo, el Estado captura o elimina a los líderes sin lograr desmontar las redes económicas, armadas y territoriales del crimen organizado, con lo cual se llega a una curiosa situación de empate estratégico.

Este hecho parece indicar que la violencia no tenderá a disminuir, sino que se transformará, se fragmentará y se redistribuirá. El caso del CJNG ilustra esto con claridad: la persistencia del cartel, incluso tras la desaparición de su líder histórico, pone en evidencia que la impunidad no ha desaparecido, sino que tiende a adoptar nuevas formas.

Muere el símbolo, vive el sistema

La historia de la criminalidad organizada y su implantación sociocultural muestran que la muerte de las figuras criminales descollantes, como El Mencho en este caso, no implica necesariamente el fin del poder y la capacidad de las organizaciones que estas dirigían.

Y ello porque dicho poder no depende exclusivamente de un individuo, sino que se cimenta en estructuras económicas sólidas –muchas de ellas insertas en mercados legales e ilegales globales–, se sostiene por la capacidad paramilitar y de control territorial de células o nodos regionales, y se legitima (o normaliza) socialmente en regiones donde el Estado, por los motivos que fuere, es débil, corrupto, inoperante o simplemente ausente. Así pues, lo que muere es la figura simbólica, el póster que idolatra el imaginario popular, pero no el sistema que la sostiene.

Cabe deducir de todo ello que más que hacia un final del narco mexicano tal y como lo conocemos, los indicios parecen apuntar hacia una atomización y diversificación del modelo.

La lucha por el liderazgo traerá más violencia

La lucha por el liderazgo traerá más violencia. Primeramente, porque las luchas internas que se avecinan provocarán fracturas en el CJNG y disputas por el control de territorios estratégicos. En segundo lugar, porque es muy probable una escalada de violencia territorial mediante la cual las células autónomas podrían volverse más competitivas entre sí y más agresivas frente a rivales externos. En tercer lugar, porque el debilitamiento de la organización dominante puede observarse como una oportunidad para otros carteles, de suerte que la fragmentación del CJNG podría abrir espacios a grupos como el cartel de Sinaloa u otras organizaciones locales más pequeñas. Y en cuarto lugar, porque se producirá un reacomodo político y regional motivado por el hecho de que el CJNG mantiene relaciones y redes profundas en estados como Jalisco, Michoacán o Nayarit. Esto significa que su reconfiguración afectará también y de manera muy previsible a las dinámicas políticas y económicas locales.

La muerte de El Mencho, por lo tanto, no marca el fin de una forma de poder, sino que implica el cierre de un capítulo dentro de un fenómeno más amplio: la persistencia del crimen organizado como estructura social, cultural, económica y territorial en México. En todo caso, si algo revela la caída del líder es el agotamiento del viejo modelo del “gran capo”, pero no tanto de la estructura criminal-institucional en sí misma.

Lo que emerge, pues, es un escenario más fragmentado, impredecible y potencialmente más violento por disputado. No estamos ante un final, sino en un entreacto cuyo desenlace tendrá mucho que ver con la potencial capacidad adaptativa de los cárteles.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La muerte de ‘El Mencho’ desata una ola violenta que revela el poder del narco y su capacidad para reconfigurarse – https://theconversation.com/la-muerte-de-el-mencho-desata-una-ola-violenta-que-revela-el-poder-del-narco-y-su-capacidad-para-reconfigurarse-276724

Cameos in ‘Marty Supreme’ ask audiences to dig deeper

Source: The Conversation – Canada – By Joceline Andersen, Assistant Teaching Professor in Communication and English, Thompson Rivers University

In the lead-up to Oscar season, Josh Safdie, the director of Marty Supreme, has been elaborating on the many cameos in his film that build on real-world associations to create a rich cast of characters.

While usually cameo publicity is all about the director’s vision, Marty Supreme’s director of casting, Jennifer Venditti, has also made appearances in press for the film, amid increased recognition for the art of casting.

Marty Supreme is up for nine Oscars, including for casting, the first year this category will be awarded, and Venditti is nominated.

In Marty Supreme, Timothée Chalamet stars as an ambitious table tennis champion running away from his life as a shoe salesman in a largely Jewish slice of 1950s New York. Alongside this star are many other recognizable faces playing cameos.

Finding a famous face in an unexpected place is strangely thrilling. As some of my research has examined, this recognition is the allure behind cameos — small roles where famous and celebrated people play versions of themselves on screen. Cameos are full of contradictions: audiences are taken aback by famous people appearing in front of the camera. They proudly pick out celebrity faces in a crowd.




Read more:
A brief history of celebrity cameos, from ‘Sunset Boulevard’ to ‘Eurovision Song Contest’


Robert Pattinson, Pico Iyer

At a January screening, Safdie clued in London audiences to a Robert Pattinson voice cameo. In the film, Pattinson voices an announcer at the British Open for table tennis.

Pico Iyer, the travel writer Safdie knew from his 2019 TED Talk about ping pong, wrote in the New York Times in January about his own small role. This cameo began with a formulaic query email and Zoom call with Safdie and Venditti.

Writer Pico Iyer’s 2019 Ted Talk: What ping pong taught me about life.

While classic cameos like Jerry Lewis’s appearance in It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World (1963) were filmed as cutaways that made for a flexible shooting schedule and assembly-line production, Iyer’s role involved shooting on two continents.

Safdie includes Iyer as a fastidious table tennis official, even though Iyer’s talk argues that ping pong transcends competition as the ultimate model for good diplomacy. Iyer’s TED Talk also sketches out the source material for an unusual minor character arc in Marty Supreme. Between the cameo, the New York Times article and the TED Talk, Safdie creates a maze for the viewer to follow outside of the viewing experience.

Stunt casting

Safdie is no stranger to stunt casting. He and his brother’s 2019 drama Uncut Gems starred Adam Sandler as a jeweller, and featured cameos from non-actors such as musical star the Weeknd and former NBA player Kevin Garnett.

The Hollywood Reporter recently detailed allegations about inappropriate behaviour by a non-actor on the Safdie brothers’ 2017 film Good Time that neither brother has commented publicly on. These allegations in the lead-up to the Oscars may have dampened excitement for casting that blurs acting and reality.

In Marty Supreme, many cameos highlight local colour. John Catsimatidis, New York grocery tycoon and former mayoral candidate, plays a well-to-do speculator bankrolling a line of table tennis balls, the Marty Supreme, that gives the film its title.

Kevin O’Leary

Kevin O’Leary, the wealthy Canadian reality-TV investor angel of Dragon’s Den and Shark Tank fame, appears in a supporting role as the sadistic wealthy husband of a faded movie star played by Gwyneth Paltrow. Surrounded by an entourage of sycophants, he bribes Marty to throw a match to the reigning champion as part of a promotional event for his company.

As O’Leary expressed in Vanity Fair, Safdie was looking for an “asshole,” and he knows how to play that.

Drawing on his savage TV persona, and inviting comparison with
U.S. President Donald Trump’s own reality-TV stardom, O’Leary’s performance relies on the audience to do the heavy lifting of association. Canadian viewers may recall that O’Leary’s 2025 “asshole” moves include supporting Trump’s bid to make Canada the 51st state.

As a supporting actor who plays a pivotal plot role in Marty’s return to grace, O’Leary is hardly a cameoist. And yet, in his first acting role, O’Leary’s persona never fully disappears into the character of the cutthroat mid-century businessman.

Marty Supreme could be an episode of Dragon’s Den, with O’Leary sizing up another hopeful contestant for humiliation or a dream come true. The audience sketches out much of O’Leary’s performance from our own memories of similar viewing experiences, just like we do for other celebrities and movie stars.

Casting against type

After Kevin O’Leary’s appearance, the audience’s second cry of recognition at my local screen was for Marty’s mom: Fran Drescher, best known as the brash, colourful New Yorker from the 1990s sitcom The Nanny. During the filming of Marty Supreme, Drescher was the president of SAG-AFTRA, the union that represents screen actors in the U.S.

Spinning a familiar story of cameo happenstance and friendly connection that is as old as Bob Hope and Bing Crosby’s star-studded 1950s Road movies, Drescher told People that the union brought Safdie and Drescher together when he called her for regular updates during the 2023 actors’ strike.

Safdie’s cameos were to feature people with what Drescher called the right “background”: New Yorkers, many of them Jewish, with local accents. According to Drescher, Safdie intrigued her with a promise to showcase her depth demonstrated during calls explaining labour negotiations. Like Iyer, Drescher was cast in this cameo against the type of her superficial sitcom character.

Labour, cultural contexts also shape cameos

Many cameos of the 1920s and 1930s relied on labour conditions where stars and former stars signed to restrictive contracts could be pulled out of the studio canteen to appear as little more than extras.

This wasn’t because extras were in short supply: according to Kate Fortmueller, who has researched film and TV labour histories, almost three per cent of Los Angeles residents in the 1920s were registered as extras. The unionization of movie actors emerged from a desire to give order to the wannabe actors flooding Hollywood.

Comparable concerns were behind the 2023 SAG-AFTRA strike — a key issue was compensation for actors as streaming media changed where audiences watch screens and convenient AI technology threatens real performers.

Marty Supreme commits to depicting the real New York through cameos that recreate the accents, dialects and unfiltered faces of famous New York actors, and these resonances beyond the screen are part of the film’s allure.

The Conversation

Joceline Andersen does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Cameos in ‘Marty Supreme’ ask audiences to dig deeper – https://theconversation.com/cameos-in-marty-supreme-ask-audiences-to-dig-deeper-273762

Calls for a boycott of the 2026 FIFA World Cup are growing, but how realistic is one?

Source: The Conversation – Canada – By Noah Eliot Vanderhoeven, PhD Candidate, Political Science, Western University

The next major international sporting event, the 2026 FIFA Men’s World Cup hosted jointly by the United States, Canada and Mexico, is already garnering international scrutiny. There have been numerous calls to boycott it.

Calls for a boycott were amplified recently following U.S. President Donald Trump’s threats to annex Greenland from Denmark, prompting soccer officials in Germany and France to broach the possibility of both countries boycotting the tournament.

Both countries’ soccer federations have pushed back against calls to boycott the World Cup for now, although recent events in Minneapolis have heightened concerns about the U.S.’ role in hosting the tournament and what that will mean for visitors.

Former FIFA President Sepp Blatter — who was suspended by FIFA in 2015 and replaced by current FIFA president Gianni Infantino amid a corruption scandal he was later acquitted of — recently voiced concerns over the marginalization of political opponents and violent crackdowns on immigration in the U.S.

The World Cup has historically been an event that brings together fans from across the world. Many fans rely on tourist visas, and ICE is expected to be responsible for security at the World Cup. ICE’s director has refused to commit to pausing the agency’s operations during the tournament.

Human rights groups have raised concerns over whether World Cup visitors will be detained and handed to ICE if they engage in actions deemed critical of the U.S. government.

Boycotts at international sporting events

In the history of international sporting events, boycotts have been far less common than bans.

Austria, Bulgaria, Germany, Hungary and the Ottoman Empire were not invited to attend the 1920 Olympic games after losing the First World War.

South Africa was invited to the 1964 Tokyo Games but saw their invitation rescinded due to apartheid, and only rejoined Olympic competition in 1992. Rhodesia saw its invitation to the 1972 Games rescinded due to its government enacting a white supremacist regime.

Notably, both instances of rescinded invitations to the Olympic Games came after other African nations threatened to boycott the Games if South Africa and Rhodesia were invited to participate.

There were also partial boycotts at the 2022 Beijing Winter Olympics. Several nations announced a diplomatic boycott of the 2022 Winter Olympics to protest China’s mistreatment of the Uyghur Muslims, prohibiting many government officials from attending in an official capacity, while still permitting athletes to compete. Russia has been banned from most major international sports competitions since it invaded Ukraine in 2022.

However, the most famous boycott of an international sporting event occurred in 1980 ahead of the Summer Olympics in Moscow following the Soviet invasion of Afghanistan. More than 60 countries boycotted those Games, led by the U.S. In turn, 19 countries boycotted the 1984 Summer Olympics in Los Angeles, led by the Soviet Union and other Eastern bloc countries.

Yet there has never been a World Cup boycott by qualified teams on political grounds. In 1934, Uruguay famously chose not to travel to the second-ever World Cup in Italy because several European teams, including Italy, declined to travel to Uruguay for the inaugural tournament in 1930.

Prior to the 1966 World Cup, all African teams withdrew from qualifying in protest because FIFA had only allocated all of the teams from Africa, Asia and Oceania one combined place at the tournament. There were calls for Norway to boycott the 2022 Men’s World Cup in Qatar, but they did not qualify for the tournament.

How likely is a boycott?

As of yet, no leaders of major soccer federations have endorsed calls for their country to boycott the tournament, despite pressure from some executives and politicians. It would likely take decisive action from a federation head, akin to the action President Jimmy Carter took prior to the 1980 Summer Olympics in Moscow, to arrive at a country boycotting.

Furthermore, given the relationship Trump has built up with FIFA president Gianni Infantino, the effect of a boycott, or any credible threats of one, on the United States’ immigration policy or hosting responsibilities would likely be rather limited, making a boycott an unpopular decision that may not achieve the desired goal of any boycotting nation.

Infantino attended Trump’s inauguration and controversially awarded Trump FIFA’s inaugural Peace Prize. More recently, he signed an agreement with Trumps’ Board of Peace on behalf of FIFA.

Infantino was also a staunch defender of Qatar’s building practices in the face of heavy human rights criticism and was willing to change FIFA’s policies at the last minute to acquiesce to Qatar’s demands for limited alcohol sales during the 2022 Men’s World Cup.

Trump could still escalate geopolitical tensions enough to spark further boycott discussions. But for now, a boycott remains unlikely, and even credible threats would likely do little to shift Infantino and Trump from the status quo.

The Conversation

Noah Eliot Vanderhoeven does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Calls for a boycott of the 2026 FIFA World Cup are growing, but how realistic is one? – https://theconversation.com/calls-for-a-boycott-of-the-2026-fifa-world-cup-are-growing-but-how-realistic-is-one-275785

Canada is a global leader in obesity care guidelines, so why are Canadians still waiting months for treatment at home?

Source: The Conversation – Canada – By Muhammad Ilyas Nadeem, PhD Candidate in Obesity & Diabetes | Public Scholar (2024-2025), Concordia University

Canada is recognized globally for its world-leading obesity care guidelines — yet Canadians continue to struggle to access the very treatment plans we’ve developed. Meanwhile, the same model of care is now the one the World Health Organization (WHO) is urging other countries to adopt.

The WHO recently released its first ever guideline on anti-obesity medications, reinforcing a chronic disease model of care that Canadian experts have championed for years.

WHO’s stance mirrors the Canadian framework laid out in 2020 clinical guidelines: obesity is a chronic, relapsing disease that requires comprehensive, lifelong care — the kind that includes timely diagnosis, trained providers, co-ordination among the various health professionals involved, mental-health support, and — when appropriate — pharmacotherapy and bariatric surgery.

Despite Canada’s leadership in shaping this global shift, progress at home remains slow and uneven. More than one in four adults now live with obesity and wait times for specialist care have soared to a record high of 30 weeks in Canada. What’s more, in high-income countries, obesity and related chronic diseases tend to disproportionately affect people facing social and economic disadvantage.

When will Canadians see this research put into practice?

Either directly or indirectly, all Canadians are affected by obesity. Obesity remains largely framed as a willpower problem solvable through lifestyle change alone, despite decades of evidence showing it is a complex chronic disease shaped both by biology and environment. It is linked to more than 200 health problems worldwide and contributes to more than 3.7 million deaths annually.

Most health-care systems, including Canada’s, still rely on fragmented, weight-centric guidelines rather than holistic, chronic disease approaches. Even clinicians and clinics that want to follow these evidence-based models often find themselves constrained by limited resources, training, inconsistent insurance coverage and a system that still doesn’t put comprehensive obesity care at the forefront.

Canada has invested millions of dollars in obesity research, leading to the development of forward-thinking, science-backed approaches to obesity care, but system-wide implementation remains painfully slow.

The Canadian paradox: world-class guidance, patchy access

Here’s the bright side: Canada has quietly become an unexpected leader in global obesity care guidelines. Over the past five years, Canadian clinicians, researchers and people with lived experience have helped rewrite the international rulebook for treating obesity.

The 2020 adult guideline was a turning point that reframed obesity. It moved beyond using BMI as the main compass, and reorganized care around what matters to patients: quality of life, function and reduction of related complications, not just kilograms lost. That patient-centred, stigma-free model, along with Canada’s guideline process itself, has since been adapted in Ireland using the ADAPTE framework and in Chile through an international pilot. Several other nations are also integrating elements of the Canadian approach into their own guidelines.

In 2025, two major updates pushed the model further. A pediatric guideline in Canadian Medical Association Journal emphasized multicomponent, family-centred support that addresses mental health, quality of life and cardiometabolic risk, while considering medications or surgery for selected adolescents through shared decision-making.

An adult pharmacotherapy update called for long-term, individualized use of modern anti-obesity medicines — including semaglutide and tirzepatide — and urged clinicians to focus on abdominal obesity and complications rather than BMI alone.

Access to care

Yet a paradox remains: while the world begins to follow Canada’s lead on paper, most Canadians living with obesity still cannot access the level of care these very guidelines envision. Public coverage for anti-obesity medications remains limited and inconsistent across provinces, and private coverage reaches only a minority.

Training gaps compound these access issues. Medical education in Canada has historically overlooked obesity care, leaving many clinicians unprepared to treat patients in line with the guidelines.

Bariatric surgery capacity has been sharply constrained, with reported wait times varying from 1.5 years to nearly nine years, and historic analyses documenting stark interprovincial inequalities. These bottlenecks make it almost impossible to deliver the very guidelines we’ve poured time and funds into.

So far, policy signals are mixed. In March 2025, Alberta became the first — and still only — province to formally recognize obesity as a chronic disease, a move that can unlock more comprehensive coverage and care options. The federal government is reviewing applications for generic GLP-1 drugs which could improve access down the road. But no pan-Canadian policy framework exists, leaving most patients navigating a patchwork system.

In Québec, more bariatric surgeries have been performed relative to need than most provinces but waits remain substantial and public drug coverage for anti-obesity medicines is limited.

Improving the system

Ultimately, before we can improve the lives of our people, we need to improve the system that is supposed to care for them.

The first crucial step would be for more provinces to follow suit with Alberta to recognize obesity as a chronic disease nationwide. Recognition is the gateway to coverage and comprehensive care.

A co-ordinated federal-provincial-territorial framework implementing our guidelines on behavioural/psychological support, pharmacotherapy and surgery should be applied for obesity care in Canada. Make quality of life, mental health, functional capacity and obesity-related complication reduction core performance indicators.

Finally, similar to diabetes care, public and private plans should cover anti-obesity medications where clinically indicated. The absence of coverage continues to hinder access as international guidance embraces modern, chronic-care models for obesity management.

Canada’s impact on modern obesity care is commendable, with countries like Ireland and Chile adapting our model. WHO now supports this same chronic-care approach with its stance on GLP-1 medicines. But if Canada’s own guidelines are not practically applied within our health-care systems, many lives will continue to be at stake, and obesity numbers will continue to climb, as they have for the last several decades.

The Conversation

Muhammad Ilyas Nadeem receives funding from Fonds de recherche du Québec (FRQ)-Santé.

Jessica Murphy has received funding from Fonds de recherche du Québec (FRQ)-Santé.

Sylvia Santosa receives funding from CIHR, NSERC, MITACS, CFDR.

Cristina Sanza does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Canada is a global leader in obesity care guidelines, so why are Canadians still waiting months for treatment at home? – https://theconversation.com/canada-is-a-global-leader-in-obesity-care-guidelines-so-why-are-canadians-still-waiting-months-for-treatment-at-home-273361

Countries in the Americas can act to protect the environment without the United States

Source: The Conversation – Canada – By Alexandra R Harrington, Visiting Scholar, McGill University Faculty of Law, Centre for Human Rights and Legal Pluralism, McGill University

The United States federal government recently revoked a landmark scientific ruling by the Environmental Protection Agency that stated greenhouse gases are a threat to public health. U.S. President Donald Trump said the ruling was a “disasterous” policy that “severely damaged the American auto industry and massively drove up prices for American consumers.”

The revocation is the latest move by a U.S. administration that has framed action to tackle climate change as hampering the U.S. economy. In this context, trade has become a buzzword over the past year. With the focus on tariffs, it is easy to overlook the impacts of U.S. trade policies on the environment and the organizations tasked with bridging the two.

My areas of research focus on international law, specifically environmental law and the intersections between trade and international organizations.

In January, Trump indicated that the U.S. will withdraw from the NAFTA/CUSMA-linked Commission on Environmental Cooperation and the process for dealing with claims that Canada, Mexico or the United States are shirking their environmental commitments — the submission on enforcement matters (SEM) process.

The U.S. withdrawal highlights the importance of these issues at the regional level. It also provides an opportunity for other countries in the Americas to take action on climate change without the United States.




Read more:
Three ways Canada can navigate an increasingly erratic and belligerent United States


What are SEMs?

In 1994, Canada, Mexico and the U.S. adopted the North American Free Trade Agreement (NAFTA) along with two side agreements. One of these was the North American Agreement on Environmental Cooperation (NAAEC), establishing the Commission on Environmental Cooperation and the SEM process.

When NAFTA was renegotiated in 2018, the SEM process was incorporated into the Canada-United States-Mexico Agreement (CUSMA), and the NAAEC was replaced by the Agreement on Environmental Cooperation.

The Commission on Environmental Cooperation is charged with overseeing this agreement, while SEM is the process for dealing with claims that Canada, Mexico or the U.S. are not living up to their environmental commitments.

That process can lead to the creation of a “factual record”; an investigative report detailing the commission’s findings. Although not a legal decision, the factual record is a powerful evidentiary and fact-finding tool to generate reforms.

Reporting on derelict environmental commitments through the SEM process remains a vital tool. It has provided important factual records on leakage from Alberta tailings ponds and failures to protect species such as the loggerhead turtle, North Atlantic right whale and vaquita porpoise, among other issues.

The SEM model was replicated in U.S. trade agreements with Central American states, Colombia, Panama and Peru. In each of these agreements, however, the U.S. was exempted from SEM jurisdiction because it was already under the jurisdiction of CUSMA.

Given the U.S. decision not to provide the core funding needed for these entities to function, it would be possible for the Central American states, as well as Colombia, Panama and Peru, to enter into a separate agreement regarding SEMs. The same would be true for Canada and Mexico under CUSMA.

A new generation of environmental accountability

The U.S. was a driving influence in the creation of the SEM process. And the U.S. retreat could be accepted as a way to end systems that have brought significant issues in national enforcement of environment law to light.

Examples include the failure to properly monitor implementation of environmental laws and standards, ranging from those intended to protect communities living near pollution discharge points to those intended to protect species on the edge of extinction.

Other countries in the Americas now have an opportunity to create a larger environmental oversight mechanism. This would demonstrate their ability to step into the governance gap left by the U.S. and generate stronger regional alliances. This would not only benefit the Americas. It would also provide a model for other international organizations as they face the loss of a powerful member state.

This alternative would entail creating a new SEM process, along with an equivalent to the Commission on Environmental Cooperation to oversee it, linking all members of the impacted agreements and any other interested countries in the Americas. The most comprehensive way to do this would be to negotiate a new multilateral agreement similar to current regional agreements but without the emphasis being on trade.

Similar to the current SEM process, individuals and groups could make submissions claiming that a member state is failing to fulfill its environmental obligations. Once a submission is received, the SEM unit would determine whether it meets basic requirements. If so, the submission would move on and, ultimately, a factual record could be developed.

This alternative framework would demonstrate the collective commitment of countries across the Americas to environmental protection. It would reflect the reality that the Americas face significant shared environmental threats that are also increasingly threats to national security and economic interests.

Such an agreement could mainstream the SEM process, building on provisions established in NAFTA, NAAEC and CUSMA. Existing regional offices could be maintained to ensure strong connections on the ground, and the procedures used could largely be unchanged.

At a time when many countries seem to be focusing on narrow self-interest and military spending rather than the environment, this is a challenging proposition.

However, integrating the SEM process into a new, broader, collective effort would allow American countries to assert hemispheric leadership without having to reinvent the wheel. It would also allow citizens the continued ability to bring claims and to have some accountability.

As the U.S. government withdraws from its international obligations, reconceiving international organizations that are under existential threat is now a necessity. Reconfiguring SEMs throughout the Americas would serve as a model for other organizations and as a way of shifting international organizations to be less dependent on any one state.

The Conversation

Alexandra R Harrington does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Countries in the Americas can act to protect the environment without the United States – https://theconversation.com/countries-in-the-americas-can-act-to-protect-the-environment-without-the-united-states-275994

Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arce Domingo Relloso, Profesora en Ciencia de Datos en Biotecnología, IE University

Rasel 1174/Shutterstock

En una colaboración sin precedentes, la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), el Colegio Americano de Cardiología (ACC), la Asociación Americana del Corazón (AHA) y la Federación Mundial del Corazón (WHF) han emitido una declaración conjunta exigiendo medidas inmediatas contra los estresores ambientales –contaminación, ruido, estrés climático…– para reducir la mortalidad cardiovascular.

El artículo, publicado simultáneamente en el European Heart Journal y otras revistas líderes en el área, advierte que es necesario abordar el cambio climático y la contaminación para luchar contra la que continúa siendo la primera causa de mortalidad a nivel mundial. El texto propone actuar localmente para lograr impacto global y llama a integrar contaminación, ruido, compuestos químicos y estrés climático en la prevención cardiovascular, del mismo modo que hoy integramos colesterol, hipertensión o tabaco.

Más de 13 millones de muertes al año

Durante décadas, la cardiología ha desarrollado tratamientos y medidas de prevención primaria y secundaria centradas únicamente en la persona: controlar la presión arterial, reducir el colesterol o dejar de fumar. Pero existe un punto ciego persistente: la exposición al entorno es un determinante clave del riesgo cardiovascular. Se estima que los factores de riesgo ambientales contribuyen a más de 13 millones de muertes anuales, superando la carga de muchos desencadenantes tradicionales.

Como apuntábamos más arriba, no se trata solo de contaminación del aire: el ruido crónico, la luz nocturna, los contaminantes químicos, la calidad del agua y del suelo y los impactos del cambio climático cada vez más frecuentes, como olas de calor o incendios, también juegan un papel fundamental.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi toda la población mundial (el 99 %) respira aire que supera los límites recomendados por sus guías de calidad. La combinación de diferentes factores ambientales se acumula con los años y va afectando a nuestra salud cardiovascular. El artículo conjunto de las sociedades de cardiología recalca que estos condicionantes no actúan aislados, sino que interactúan a través de vías biológicas compartidas como la inflamación y el estrés oxidativo.

Los datos de carga global de enfermedades nos muestran que no se trata de un impacto marginal. Ya en 2019, el análisis del estudio Global Burden of Disease situó la hipertensión como el principal factor de riesgo de mortalidad, seguida del tabaco, y ubicó a la contaminación del aire como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad (en el 4.º puesto). La temperatura no óptima es otro de los más relevantes (11.º).

Por eso, reducir la contaminación, el ruido o el calor urbano no es solo ecología: es prevención cardiovascular. Y también es prevención más justa, ya que estas exposiciones tienden a afectar de forma desproporcionada a poblaciones vulnerables, concentrándose en barrios con más tráfico, peor infraestructura de vivienda y menor capacidad de protección.

Plan de acción

Ante la previsión de que el 70 % de la población mundial vivirá en ciudades en 2050, el documento propone diseñar urbes cardiosaludables con transporte activo y espacios verdes. Las cuatro organizaciones presentan un plan de acción basado en:

  • 1. Abogacía política: alinear las políticas climáticas con la salud cardiovascular y buscar financiación para los países más afectados. Implementar normas urbanas más ambiciosas, ciudades con menos combustión y más transporte activo, así como zonas verdes.

  • 2. Educación: integrar la salud ambiental en los planes de estudio de medicina al mismo nivel que factores de riesgo tradicionales como el colesterol o el tabaquismo. Registrar esta información en consulta mediante herramientas simples, como preguntar por exposiciones (tráfico, calor, humo, ruido), enseñar medidas de protección realistas y usar alertas ambientales en la toma de decisiones en pacientes vulnerables.

  • 3. Investigación: crear observatorios globales para monitorizar la relación entre contaminación y enfermedades en tiempo real (calidad del aire, temperaturas, incendios, ruido…), permitiendo así cuantificar el impacto, identificar desigualdades y evaluar qué políticas funcionan.

  • 4. Nuevas guías: desarrollar recomendaciones armonizadas y aplicables para partículas en suspensión, calor extremo, ruido, ozono y exposiciones químicas. Además, convertirlas en indicadores operativos que permitan una actuación temprana, tanto en salud pública como en clínica.

Retroceso legislativo

El artículo pone de manifiesto la brecha existente entre el conocimiento científico sobre los riesgos ambientales y su traducción en herramientas comprensibles, personalizadas y operativas para la población y los profesionales sanitarios. A estas alturas, el principal freno no es la incertidumbre científica: es el choque entre proteger la salud y sostener determinados modelos de movilidad, producción y consumo. En ocasiones, no solo se trata de inacción, sino de retroceso.

Hace tan solo unos días, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) revocó el endangerment finding de 2009, la determinación que consideraba a los gases de efecto invernadero una amenaza para la salud pública, y que sustentaba la regulación de emisiones bajo la ley Clean Air Act. La consecuencia es clara: se debilita el soporte legal para normas sobre emisiones, empezando por las de vehículos, y se abre la puerta a un desmantelamiento regulatorio más amplio.

El hecho de que estas normas se reviertan y las emisiones aumenten en las próximas décadas tendrá impactos sobre el clima, la calidad del aire y la salud cardiovascular.

El papel de organizaciones científicas como la Sociedad Española de Epidemiología, a la que pertenecemos los autores de este artículo, no puede limitarse a generar consensos técnicos. La prevención cardiovascular del siglo XXI exige ampliar el foco desde el individuo al sistema, desde el paciente al entorno en el que vive. Reducir la contaminación no es solo una medida ambiental, es una intervención preventiva de primer orden, con beneficios rápidos, medibles y equitativos.

La epidemiología cardiovascular ha demostrado sobradamente su capacidad para cuantificar riesgos, muertes atribuibles y años de vida perdidos. El reto que tenemos por delante es convertir ese conocimiento en un relato comprensible, movilizador y políticamente relevante.

La pregunta ya no es si la contaminación causa enfermedades cardiovasculares, sino cuánto daño adicional estamos dispuestos a aceptar sabiendo que es, en gran medida, evitable.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular – https://theconversation.com/contaminacion-ruido-estres-climatico-debemos-actuar-contra-los-factores-ambientales-que-ponen-en-riesgo-la-salud-cardiovascular-275596

Madrugar no le hará más rico y puede perjudicar su salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

En redes sociales y libros de autoayuda se repite una idea seductora. Pertenecer al llamado “club de las 5 de la mañana”, levantándose a esa hora, es el primer paso hacia el éxito. Con este hábito se promete más productividad, más autocontrol y, casi por extensión, una vida mejor. Tim Cook, CEO de Apple, es conocido por empezar su jornada de madrugada, y el actor Mark Wahlberg llegó a popularizar rutinas extremas en las que afirmaba levantarse a las 2:30 para entrenar. La conclusión implícita parece clara: si quiere triunfar, tiene que ganarle horas al sol.

Sin embargo, cuando miramos qué dice la investigación sobre sueño y rendimiento, el mensaje es mucho menos épico. Para muchas personas forzar el madrugón no es una receta para el éxito, sino para rendir peor, tomar decisiones más impulsivas y acumular una deuda de salud que tarde o temprano se paga.

No todos tenemos el mismo reloj interno

Existen diferencias individuales estables en los llamados cronotipos. Algunas personas son más “alondras” y se activan temprano, mientras que otras son más “búhos” y rinden mejor por la tarde o la noche. Estas diferencias no son un capricho ni una cuestión de disciplina, sino en parte biológicas y genéticas.

Además, el cronotipo no es completamente fijo: a lo largo de la vida tendemos, de forma gradual, a volvernos algo más matutinos. La adolescencia suele ser la etapa más vespertina, mientras que en la edad adulta el reloj interno se desplaza lentamente hacia horarios más tempranos. Pero ese cambio es progresivo, no voluntario, y no se puede acelerar simplemente con fuerza de voluntad.

Sin embargo, intentar convertir a un búho en una alondra de un día para otro es, en el mejor de los casos, ineficiente, y en el peor, un choque frontal con nuestra fisiología: el cuerpo puede estar fuera de la cama, pero el cerebro sigue funcionando en “modo noche”.

Cuando forzamos nuestra agenda para que colisione con nuestro reloj interno, entramos en un estado de jet lag social. Este fenómeno no es simplemente estar cansado: es vivir en un desfase crónico donde la biología interna y las exigencias externas operan en zonas horarias distintas. Este desajuste estresa nuestra fisiología de forma constante. Como resultado, altera la regulación metabólica, dispara la resistencia a la insulina y eleva el riesgo cardiovascular.

La trampa real: recortar sueño

El segundo gran riesgo del club de las 5 no es madrugar en sí, sino lo que suele implicar: recortar horas de sueño. La mayoría de adultos necesita entre siete y nueve horas de descanso para un funcionamiento óptimo. Sin embargo, muchas personas adoptan rutinas extremas sin acostarse antes; simplemente duermen menos. En el ecosistema de gurús de la productividad incluso se han popularizado frases tan reveladoras como que “dormir es de pobres”, como si el descanso fuera un defecto moral y no una necesidad biológica.

El sueño, en realidad, no es un tiempo improductivo, sino un proceso activo de recuperación. Durante la noche el cerebro consolida la memoria, regula las emociones, restaura el sistema inmunitario y mantiene el equilibrio metabólico. Cuando el descanso se recorta de forma crónica aumentan la fatiga, la irritabilidad y el riesgo de problemas de salud mental. También se deterioran la atención y el rendimiento cognitivo.

Además, dormir menos no significa solo dormir un poco peor. La arquitectura del sueño funciona en ciclos, y las fases finales cumplen una función crítica: integrar experiencias, procesar la carga emocional y afinar el juicio. Cuando adelantamos sistemáticamente el despertador no solo reducimos el descanso total: sacrificamos el tramo que más contribuye a la lucidez.

Aquí aparece uno de los mitos más persistentes: confundir más horas despierto con más productividad. Un cerebro privado de sueño puede responder correos a primera hora, sí, pero funciona con menos control ejecutivo, más impulsividad y peor capacidad para planificar, evaluar riesgos y liderar con empatía.

Dormir menos para trabajar más es como conducir un coche cada vez más rápido después de haberle quitado los frenos. Quizá se avance, pero el coste llega en la siguiente curva.

La cultura del cansancio no es una medalla

El fenómeno del madrugón extremo encaja en algo más amplio: la glorificación del agotamiento como símbolo de compromiso. Durante años en muchas organizaciones se ha premiado implícitamente a quien presume de dormir poco o de estar siempre disponible.

La evidencia es clara: los líderes fatigados no son héroes estoicos. Suelen ser percibidos como más irritables, menos carismáticos y menos capaces de conectar emocionalmente con sus equipos.

Además, el discurso de las mañanas milagrosas suele ignorar las condiciones reales de vida. No todo el mundo puede permitirse levantarse temprano para meditar, leer o entrenar en silencio. Para muchas personas madrugar significa simplemente añadir una hora más de cansancio a jornadas ya largas, con trabajos exigentes y responsabilidades de cuidado.

Nada de esto significa que madrugar sea negativo para todo el mundo. Hay personas que se sienten bien levantándose temprano y duermen lo suficiente haciéndolo. El problema aparece cuando se vende como receta universal y se ignora la diversidad biológica.

La ciencia del sueño es menos épica que los gurús de la productividad, pero mucho más útil. Lo que importa no es levantarse antes que los demás, sino dormir lo necesario y de forma regular.

Quizá la verdadera ventaja competitiva no sea ganarle horas al sol, sino inaugurar el día con un cerebro realmente descansado. Porque el éxito no empieza a las cinco de la mañana. Empieza cuando dejamos de vivir permanentemente cansados.

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Madrugar no le hará más rico y puede perjudicar su salud – https://theconversation.com/madrugar-no-le-hara-mas-rico-y-puede-perjudicar-su-salud-275181

Crece el talento sénior en un país envejecido, pero las empresas españolas siguen sin saber utilizarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Puyol, Catedrático de Geografía Humana. Presidente de UNIR, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Hananeko_Studio/Shutterstock

En los últimos cinco años, la situación laboral de los trabajadores sénior en España ha experimentado una mejora clara y sostenida. Hay más personas mayores de 55 años activas, más empleo y, en términos relativos, menos desempleo. Sin embargo, estos avances conviven con una realidad menos alentadora: España continúa desaprovechando una parte relevante de su talento más experimentado, justo cuando el envejecimiento demográfico convierte esta cuestión en un reto económico y social de primer orden.

Los datos más recientes sobre este sector del mercado laboral, analizados en el V Mapa de Talento Senior del centro de investigación Ageingnomics de la Fundación Mapfre, permiten observar ese cambio con perspectiva. Entre 2019 y 2024, la evolución ha sido positiva en la mayoría de los indicadores, pero el análisis agregado revela una paradoja persistente: el sistema mejora, aunque no lo suficiente para responder a la magnitud del desafío demográfico que afronta el país. Esta paradoja ya había sido identificada en ediciones anteriores y en otros informes institucionales sobre la situación de los trabajadores de más edad en España y Europa.

El sénior quiere alargar su vida laboral

La población sénior –de entre 55 y 69 años– ha crecido en más de un millón de personas en los últimos cinco años. Lo relevante no es solo ese incremento, sino que también han aumentado en más de un millón los séniores en activo. Esto indica que si antes una parte importante de la población dejaba de estar en activo al alcanzar esas edades, quienes ahora superan los 55 años siguen dispuestos a trabajar.

Evolución de la actividad de los séniores entre 2019 y 2024 (población en miles y % sobre el total de población activa).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Las tasas de actividad y de empleo han aumentado en todos los subgrupos del colectivo hasta superar, por primera vez, el 50 % de actividad total de este sector demográfico. Recordemos que la tasa de actividad se refiere a la población activa –aquella en edad de trabajar (estadísticamente, los mayores de 16 años) que puede estar empleada o en paro, pero buscando trabajo activamente– sobre el total de la población. No es lo mismo que la tasa de empleo, que se refiere a las personas empleadas sobre el total de la población activa.

Tasas de actividad de los séniores entre 2019 y 2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

También se ha incrementado de forma significativa el número de ocupados sénior, con avances especialmente intensos en los tramos de 60 a 64 y de 65 a 69 años.

Evolución del empleo de los séniores entre 2019 y 2024 (en miles).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Trabajar más allá de los 55 años se ha convertido en una realidad estructural del mercado laboral español, como muestran de forma consistente los sucesivos mapas de talento sénior, publicados entre 2019 y 2025.

España envejece y trabaja más años

Este cambio se produce en un contexto demográfico muy concreto. España envejece con rapidez y lo hace, además, de manera progresivamente feminizada. El crecimiento de la actividad se produce en todas las cohortes sénior, pero especialmente en el colectivo de las mujeres.

Hombres y mujeres sénior activos entre 2019 y 2024 (en miles).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.
Hombres y mujeres sénior ocupados entre 2019 y 2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Este proceso obliga a replantear la relación entre edad y trabajo. No se trata únicamente de alargar la vida laboral, sino de adaptar organizaciones, puestos y trayectorias profesionales a carreras más largas y menos lineales. El envejecimiento no es una anomalía del sistema productivo, sino el nuevo marco en el que este tiene que operar.

Más séniores ocupados que jóvenes

Uno de los datos más llamativos del panorama actual es que hoy hay más séniores ocupados que jóvenes ocupados. La diferencia supera ampliamente el medio millón de personas y se ha ampliado de forma notable en apenas un lustro.

Activos jóvenes y séniores (en miles). Análisis comparativo 2019-2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Este hecho suele alimentar interpretaciones simplistas basadas en una supuesta competencia entre generaciones. Sin embargo, el problema no es que trabajen más los mayores, sino que el mercado laboral español sigue mostrando dificultades estructurales para integrar a los jóvenes.

El reto no es redistribuir un número fijo de empleos por edad, sino mejorar la eficiencia del sistema para incorporar talento a lo largo de todo el ciclo vital.

España avanza, pero sigue lejos de los líderes europeos

Aunque España ha reducido la brecha en tasas de actividad sénior con algunos países de su entorno, continúa lejos de las cifras de economías como Suecia o Alemania, donde la participación laboral en edades avanzadas es claramente superior.

El principal punto débil sigue siendo el desempleo sénior. En términos absolutos, España presenta uno de los mayores volúmenes de personas mayores de 55 años en paro a pesar de contar con una población activa menor que otros países europeos.

Tasas de desempleo de los séniores europeos (2019-2023).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.
Población de 65 años y más en diferentes países europeos (2019-2023).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Perder el empleo a edades avanzadas continúa siendo una antesala de la exclusión prolongada, y muchas veces sin vuelta atrás, del mercado de trabajo, una situación identificada como uno de los principales riesgos sociales asociados al envejecimiento laboral.

El autoempleo sénior: refugio y oportunidad

Otra de las grandes transformaciones del periodo analizado es el trabajo autónomo de los séniores. Más de un tercio de los autónomos en España ya están en ese grupo demográfico y existen casi cinco veces más autónomos mayores que jóvenes.

Peso de las modalidades de trabajadores sénior en función de diferentes tramos de edad.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Para muchos profesionales, el autoempleo se ha convertido en una vía de continuidad laboral cuando el empleo asalariado deja de ser una opción viable. Además, el emprendimiento sénior presenta tasas de supervivencia superiores a las de otros tramos de edad gracias al valor acumulado de la experiencia, las redes profesionales y el conocimiento del mercado. En este sentido, la idea de tener una “segunda carrera” resulta clave para entender el potencial económico y social de estas trayectorias profesionales más largas.

Sin embargo, esta solución tiene límites evidentes. La mayoría de los autónomos sénior son autoempleados sin asalariados, lo que reduce su impacto en términos de productividad, crecimiento empresarial y generación de empleo. El autoempleo sénior es, al mismo tiempo, una oportunidad de inclusión y un síntoma de las carencias del mercado laboral. En esta línea, se deberían establecer políticas públicas que incentiven este emprendimiento.

Adaptación y planificación

El discurso empresarial en torno al talento sénior ha evolucionado de forma notable. Una amplia mayoría de responsables de recursos humanos afirma que la edad ya no es un impedimento para contratar. Sin embargo, una proporción significativa de empresas reconoce que no se plantea incorporar profesionales séniores en sus procesos de selección.

Las proyecciones para los próximos cinco años anticipan un nuevo aumento de la población mayor de 55 años. De ahí la paradoja de disponer de un volumen creciente de talento experimentado y, al mismo tiempo, no integrarlo plenamente en el sistema productivo. Este escenario plantea retos claros en tres niveles:

  1. Para las propias personas, que deben asumir que una vida más larga exige, en muchos casos, trayectorias laborales también más extensas para garantizarse los recursos que sostengan su bienestar a lo largo de todo el ciclo vital.

  2. Para las empresas, que están llamadas a replantear sus políticas de gestión de personas y a adaptar los modelos de carrera, la formación y la organización del trabajo a plantillas cada vez más diversas en edad.

  3. Para las administraciones públicas, que deben ajustar sus políticas públicas a esta nueva realidad demográfica y laboral, dificultando la salida anticipada del mercado de trabajo, alineando los incentivos con la prolongación de la vida activa y avanzando en marcos regulatorios coherentes con los que ya aplican otros países europeos con mayores tasas de participación laboral en edades avanzadas.

Un reto menos demográfico de lo que parece

El principal mensaje que deja este análisis es claro. El problema del talento sénior en España no es solo demográfico, sino empresarial, social y político. No faltan personas con capacidad y experiencia, faltan estructuras que sepan mantener a ese capital humano de forma eficaz y sostenible.

Pasar de la aceptación retórica del talento sénior a su incorporación real en el mercado de trabajo es una de las claves para la competitividad y la sostenibilidad del Estado del bienestar, y la cohesión social en los próximos años.

The Conversation

Iñaki Ortega Cachón es consejero asesor del centro de investigación ageingnomics de la Fundación Mapfre

Alfonso Jiménez y Rafael Puyol no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Crece el talento sénior en un país envejecido, pero las empresas españolas siguen sin saber utilizarlo – https://theconversation.com/crece-el-talento-senior-en-un-pais-envejecido-pero-las-empresas-espanolas-siguen-sin-saber-utilizarlo-273888

En lugar de una pantalla, una ‘cesta de los tesoros’: Elinor Goldschmied y su propuesta para el desarrollo infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Díaz Cobos, Profesor del departamento de didácticas aplicadas, sección Educación Física: movimiento, motricidad, actividad física, cognición y aprendizaje, Universitat de Barcelona

Un niño de once meses explora los objetos de una ‘cesta de los tesoros’. Gabriel Díaz Cobos.

Un bebé de entre seis y doce meses se sienta, se inclina, alcanza un objeto, lo gira, lo golpea, lo sacude, lo observa, lo lleva a la boca y, sin que nadie se lo pida, vuelve a empezar. A simple vista, podría parecer que “solo juega”. En realidad, está haciendo algo mucho más relevante: está construyendo las bases neuromotoras y cognitivas sobre las que se sostendrá su aprendizaje futuro.

La pregunta no es menor: ¿de qué es capaz un niño en esta etapa… y qué le estamos ofreciendo para que pueda desplegarlo?

Foto en blanco y negro de una mujer y un niño.
Elinor Goldschmied con su hijo Marco.
Dariopadovani/Wikimedia Commons, CC BY

Un principio básico del desarrollo infantil es que el cerebro temprano no se organiza a partir de información abstracta, sino a partir de la experiencia corporal. El esquema sería: experiencia → sinapsis → pensamiento → aprendizaje.

Este encadenamiento es especialmente sensible en la primera infancia, entre los 0 y los 3 años. Y es aquí donde la obra de la pedagoga británica Elinor Goldschmied (1910-2009) resulta hoy más actual que nunca.

Qué hace un niño pequeño cuando nadie le “enseña” a jugar

Para entender por qué Goldschmied sigue siendo relevante, basta con observar con atención al niño pequeño. Un bebé no “consume” estímulos: actúa. Explora, prueba, toca, sacude, golpea… y decide. Decide qué objeto tomar, cuánto tiempo sostenerlo, qué ocurre si lo deja caer, si pesa, si suena, si es frío o cálido.

En el fondo, se activa una pregunta tan simple como estructurante: ¿qué es esto? Y, de manera implícita, otras igual de importantes: ¿qué hace?, ¿qué busca?, ¿qué le interesa?, ¿qué aprende?, ¿qué piensa?

Objetos con peso, textura y volumen

El desarrollo no avanza por instrucciones externas, sino por una exploración interna sostenida. Y esa exploración necesita un mundo que responda: objetos con resistencia, con peso, con textura, con volumen y con variaciones reales. Cuando la experiencia se empobrece, cuando el niño pasa demasiado tiempo inmóvil frente a estímulos visuales rápidos, no solo se pierde movimiento. Se pierden oportunidades de atención profunda, de coordinación y de autorregulación.

La investigación reciente respalda esta idea. Se ha mostrado cómo una mayor exposición temprana a pantallas se asocia con peores resultados en funciones ejecutivas como la atención sostenida y el control inhibitorio, procesos estrechamente vinculados al aprendizaje posterior. Desde una perspectiva neuroeducativa, no se trata de un efecto directo de la tecnología, sino del desplazamiento de experiencias corporales activas necesarias para el desarrollo cognitivo.




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Una propuesta pedagógica simple y precisa

Goldschmied formuló una idea que, leída hoy, parece pensada para la era digital: si queremos proteger el desarrollo temprano, debemos ofrecer situaciones en las que el niño pueda explorar con el cuerpo entero, con libertad y con materiales bien elegidos. Su propuesta más conocida, la cesta de los tesoros, responde exactamente a este principio.

No es una actividad vistosa ni una manualidad. Es una situación pedagógica cuidadosamente preparada. Un cesto bajo, estable y sin asas, presentado como propuesta única, sin competir con otros estímulos, sin interferencias constantes.

En su interior, una selección deliberada de objetos, no juguetes cerrados ni electrónicos, que ofrecen múltiples posibilidades de acción. Goldschmied fue especialmente precisa en la selección de materiales. La cesta funciona si los objetos han sido elegidos con criterio. No vale cualquier cosa.

Materiales cuidadosamente elegidos

El adulto no dirige el juego, pero sí diseña las condiciones: escoge materiales y cualidades que permitan una exploración rica, segura y variada. Los materiales cotidianos y naturales (madera, metal, tela, cuero, vidrio, cerámica o papel) ofrecen lo que una pantalla no puede ofrecer: peso, temperatura, rugosidad, elasticidad, olor y sonidos reales. Esta diversidad no es decorativa; es el mecanismo que obliga al sistema sensorial y motor a ajustarse, a afinar y a comparar.

Los objetos no están ahí para entretener, sino para responder. Para abrir experiencias. Para permitir que el niño descubra, por sí mismo, qué puede hacer con el mundo. Esta propuesta se inscribe dentro del enfoque conocido como juego heurístico, centrado en la exploración autónoma de materiales cotidianos y naturales en la primera infancia.

Experiencias motrices y funciones ejecutivas

Desde el punto de vista cognitivo, estas experiencias activan procesos de resolución de problemas, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. Estudios recientes indican que las experiencias motrices ricas y variadas en edades tempranas se asocian con un mejor desarrollo de las funciones ejecutivas, especialmente cuando implican toma de decisiones y variabilidad motriz.




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Experimentar vs ‘entretener’

Cuando para que un niño no se “aburra” le ofrecemos un vídeo en una pantalla, este estímulo intenso no le exige ajuste postural, coordinación corporal o regulación del propio movimiento. Por esta razón organizaciones como la Organización Mundial de la Salud insisten en limitar estrictamente el uso de pantallas en los primeros años de vida y priorizar el juego activo, el sueño y la interacción con el entorno físico.

La propuesta de Goldschmied no se sostiene solo por los objetos, sino por el rol del adulto. Este selecciona materiales, prepara el entorno y garantiza seguridad, pero no dirige la acción. Observa, registra e interpreta.

Esta presencia estable y poco intrusiva favorece la autonomía y la autorregulación. Cuando el adulto interviene constantemente, el niño depende de la regulación externa. Por eso, si el adulto de pronto no está accesible, el niño lo reclama y se “aburre” solo. Pero cuando el entorno es rico y la intervención es ajustada, el niño sostiene la atención, explora con mayor profundidad y construye conocimiento propio.

La arquitectura corporal del pensamiento

Un niño que pasa largos periodos inmóvil frente a un dispositivo no solo pierde movimiento. Pierde contacto con aquello que estructura el pensamiento temprano: la exploración manual y oral, la coordinación corporal, la gravedad, el desequilibrio, la repetición y la creación. En términos funcionales, pierde parte de la arquitectura corporal del pensamiento.

Por eso, la pedagogía de Elinor Goldschmied no es una mirada al pasado, sino una respuesta profundamente contemporánea. La primera infancia no se construye con píxeles. Se construye con manos ocupadas, objetos reales, movimiento libre y vínculos humanos estables.

Goldschmied lo formuló con claridad. La ciencia actual lo demuestra. La decisión, ahora, es educativa.

The Conversation

Gabriel Díaz Cobos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En lugar de una pantalla, una ‘cesta de los tesoros’: Elinor Goldschmied y su propuesta para el desarrollo infantil – https://theconversation.com/en-lugar-de-una-pantalla-una-cesta-de-los-tesoros-elinor-goldschmied-y-su-propuesta-para-el-desarrollo-infantil-275859