Obesidad y envejecimiento prematuro: el caso de la rata obesa Zucker

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nuria María de Castro, Por especificar, Universidad Pontificia Comillas

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Acumular excesiva grasa corporal no es exclusivamente un problema estético. Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad constituye un importante factor de riesgo para diversas enfermedades crónicas, entre ellas las cardiovasculares, la diabetes y otros trastornos metabólicos, contribuyendo a una disminución de la calidad de vida de las personas, sobre todo, a edades avanzadas, en las que dispara el riesgo de mortalidad.

Y no solo eso: el exceso de tejido adiposo genera un estado de inflamación crónica y oxidación, lo que aumenta el riesgo de deterioro cognitivo. De hecho, hay evidencias suficientes para afirmar que la obesidad acelera el envejecimiento biológico.

Ratas que ayudan a entender la obesidad

No hay mejores aliadas para el estudio de la obesidad que las ratas, que comparten numerosas similitudes anatómicas, fisiológicas y genéticas con los seres humanos. Entre las cepas con tendencia a la obesidad se incluyen las ratas Wistar fatty; las ratas Koletsky, espontáneamente hipertensas y obesas; las ratas Dahl, obesas y sensibles a la sal; las ratas enanas deficientes en hormona del crecimiento (dw/dw); y las ratas Zucker, a la vez diabéticas y obesas (ZDF).

Estas últimas protagonizaron una investigación reciente en la que se comprobó que, junto al aumento del peso corporal, los ejemplares obesos presentaban anomalías en el peso de los órganos (bazo, timo e hígado, en particular), así como una respuesta inmunitaria y adaptativa deterioradas. En concreto, la obesidad se acompañaba de una capacidad limitada de producir linfocitos para defenderse ante las infecciones.

Además, la inflamación se veía favorecida por una regulación celular alterada. Concretamente, estaba reducida la secreción de moléculas que ayudan a coordinar la respuesta defensiva por parte de los linfocitos de los distintos órganos (interleuquinas 2 y 10), a la vez que se producía más cantidad de una molécula inflamatoria llamada factor de necrosis tumoral α. Paralelamente, estos roedores obesos mostraban un alto estrés oxidativo, debido a un desequilibrio entre moléculas oxidantes y antioxidantes celulares.

En suma, el experimento reveló que la obesidad genera en el organismo complejas interacciones que provocan alteraciones metabólicas estrechamente ligadas al envejecimiento de la respuesta inmunitaria, a la inflamación y a un desequilibrio oxidativo peligroso.

Aunque había estudios previos realizados en ratas Zucker fa/fa, se centraban en aspectos aislados de la disfunción asociada a la obesidad, abordando aisladamente funciones inmunitarias y mediadores inflamatorios. El nuevo trabajo ofrece una visión integral de las complejas interacciones que subyacen a la inmunosenescencia asociada a la obesidad, valorando simultáneamente múltiples funciones inmunitarias innatas y adaptativas, además de parámetros bioquímicos ligados a la oxidación en diversos tejidos relevantes, incluidos el bazo, el timo, el hígado y los leucocitos peritoneales.




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Una explicación al envejecimiento prematuro

La inmunosenescencia acelerada y el estrés oxidativo e inflamatorio observados en las ratas Zucker obesas fa/fa adultas son mecanismos propios del envejecimiento biológico. En el caso de los roedores del experimento, los valores de todos los parámetros analizados eran propios de animales de mayor edad. La obesidad les estaba provocando un envejecimiento prematuro.

En el futuro, sería importante seguir profundizando en los mecanismos de interconexión entre la alteración metabólica y la desregulación inmunitaria, además de confirmar la hipótesis de envejecimiento prematuro mediante nuevas investigaciones que aborden otros marcadores de senescencia.

En los últimos años, la obesidad se ha extendido de manera alarmante a nivel global, duplicándose el número de adultos que viven con obesidad: del 7 % hemos pasado al 16 % a nivel global. En España, más de la mitad los adultos españoles (más hombres que mujeres) están por encima de su peso recomendado, con una prevalencia de obesidad del 15,2 % y un 39,8 % que padece sobrepeso.

De forma similar, observamos que la obesidad y el sobrepeso constituyen uno de los principales problemas de salud pública en América Latina, con un porcentaje de sobrepeso y obesidad en adultos del 67,5 % en 2022, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. La OPS también señala que Chile se sitúa como uno de los países más afectados, con una prevalencia estimada de 78,8 % de adultos con sobrepeso u obesidad. México presenta cifras igualmente elevadas, con aproximadamente 73,4 % de adultos con exceso de peso, situándose entre los países con mayor prevalencia en la región.

Para colmo, la prevalencia de sedentarismo en tiempo de ocio es alta, tanto en hombres como en mujeres. Estos datos reflejan la necesidad de promover una mayor concienciación sobre la importancia de adoptar un estilo de vida saludable como estrategia de prevención.

Si queremos ser longevos y sumar años sin perder calidad de vida, deberíamos tener presente que la obesidad no solo compromete nuestra salud metabólica y deteriora el sistema inmunitario, sino que también acelera procesos asociados al envejecimiento.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Obesidad y envejecimiento prematuro: el caso de la rata obesa Zucker – https://theconversation.com/obesidad-y-envejecimiento-prematuro-el-caso-de-la-rata-obesa-zucker-286805

Perder orina al reír, estornudar o correr no es inevitable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Diarte Oliva, Docente e investigadora, Universidad San Jorge

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Una carcajada inesperada, un estornudo o los últimos metros de una carrera pueden acabar con unas gotas de orina en la ropa interior. Muchas mujeres no lo cuentan porque sienten vergüenza o creen que es el precio de haber tenido hijos o cumplir años. Y el miedo a que se repita les lleva a evitar actividades.

Sin embargo, las pérdidas urinarias tienen explicación y, en muchos casos, tratamiento desde la fisioterapia de suelo pélvico. Para entenderlas, conviene desmontar algunas ideas muy extendidas.

¿Qué sucede al toser o al correr?

Al toser, reír, correr o aterrizar tras un salto, aumenta la presión dentro del abdomen, que también se transmite a la vejiga. Para evitar que se escape la orina, la uretra, el conducto por el que sale al exterior, debe mantenerse cerrada.

Este mecanismo depende de varias estructuras que actúan conjuntamente. El esfínter uretral y los propios tejidos de la uretra contribuyen a su cierre, mientras que los músculos del suelo pélvico, los ligamentos y otros tejidos de sostén ayudan a mantenerla estable cuando aumenta la presión abdominal. No solo importa la fuerza de estos músculos, sino también su capacidad para responder en el momento adecuado. Una revisión sistemática con metaanálisis confirma que las alteraciones del cierre uretral, del soporte anatómico y de la función muscular están relacionadas con la incontinencia urinaria de esfuerzo.

El diafragma y la musculatura abdominal intervienen en la respiración, la estabilidad del tronco y los cambios de presión durante el movimiento, pero no son los responsables directos del cierre uretral. Cuando los mecanismos de cierre y soporte resultan insuficientes, pueden producirse pérdidas involuntarias de orina, conocidas como incontinencia urinaria de esfuerzo.

Esta no debe confundirse con la incontinencia de urgencia, en la que las pérdidas se acompañan de una necesidad repentina y difícil de posponer de orinar.

Si bien el embarazo, el parto y el envejecimiento aumentan el riesgo, la pérdida de orina puede ocurrir en mujeres jóvenes que nunca han estado embarazadas. También puede afectar a hombres; por ejemplo, después de una cirugía de próstata.

Una revisión científica publicada en Sports Medicine analizó datos de 4 649 deportistas adultas y estimó una prevalencia global de incontinencia urinaria del 39 %. Sin embargo, encontró grandes diferencias entre estudios y no demostró que practicar un deporte concreto, como correr, causara las pérdidas.

Abdominales y ejercicios de Kegel

Conviene aclarar que la musculatura abdominal y la del suelo pélvico son independientes. Ambas participan en tareas que implican cambios de presión y movimiento, pero hacer planchas o abdominales no garantiza por sí solo un cierre uretral eficaz, como explicamos anteriormente.

Por eso, cuando aparecen síntomas, conviene valorar el problema en lugar de asumir que basta con fortalecer el core. Para entender su función, podemos imaginar un cilindro muscular en el que el diafragma forma su parte superior, el suelo pélvico la inferior y los músculos abdominales, junto con los de la espalda, rodean sus paredes.

Durante la respiración y el movimiento, estos músculos participan en los cambios de presión dentro del abdomen y en la estabilidad del tronco. Por ejemplo, al levantar un peso o aterrizar tras un salto, la musculatura abdominal contribuye a estabilizar el cuerpo, mientras que el suelo pélvico debe responder a las exigencias del esfuerzo para ayudar a mantener la continencia.

Una revisión sistemática ha observado que los músculos abdominales y los del suelo pélvico pueden activarse conjuntamente. Por tanto, entrenar el core puede contribuir a mejorar la estabilidad y la capacidad funcional durante el ejercicio, pero esa coordinación no significa que fortalecer los abdominales mejore automáticamente el cierre de la uretra ni que sustituya al entrenamiento del suelo pélvico.

El entrenamiento específico de los músculos del suelo pélvico es, precisamente, uno de los tratamientos conservadores mejor respaldados para la incontinencia urinaria de esfuerzo. La evidencia científica encontró que las mujeres que lo realizaban tenían más probabilidades de mejorar o resolver sus síntomas que quienes no seguían ese tratamiento.

Para realizarlos correctamente, hay que aprender a contraer y relajar correctamente, ajustar la intensidad y progresar según las necesidades. Las guías NICE recomiendan un programa supervisado durante al menos tres meses como primera opción terapéutica.

Si pierdo orina corriendo, ¿debo dejarlo?

Abandonar automáticamente el deporte no es la única salida. Puede ser útil observar cuándo aparecen las pérdidas: al saltar, al acelerar, al final de la sesión o incluso antes de empezar. También es importante observar si se acompañan de urgencia urinaria.

Esa información orienta la valoración profesional y permite adaptar temporalmente las cargas, los impactos o la duración del ejercicio. El objetivo es abordar los síntomas y facilitar una vuelta progresiva a la actividad, no imponer prohibiciones generales.

Anticiparse al estornudo

Existe una estrategia denominada the knack que consiste en contraer voluntariamente el suelo pélvico justo antes de toser o estornudar y mantener la contracción durante el esfuerzo.

Una investigación sobre la eficacia de esta maniobra observó que reducía de forma inmediata las pérdidas de orina provocadas por la tos. Otra investigación mediante ecografía mostró una disminución del desplazamiento del cuello de la vejiga durante ese esfuerzo.

Para reconocer el movimiento, imaginemos que queremos evitar la salida de gases y, a la vez, cerrar y elevar suavemente la zona alrededor de la uretra. No se trata de empujar hacia abajo ni de aguantar la respiración. Tampoco conviene practicarlo habitualmente interrumpiendo el chorro de orina.

Aunque los resultados son prometedores, la evidencia sobre su eficacia como tratamiento aislado a largo plazo sigue siendo limitada. Por eso esta indicación orientativa no sustituye una valoración individual ni el entrenamiento supervisado.

Cuando las pérdidas afectan a la autoestima

El impacto de la incontinencia va mucho más allá de unas gotas de orina. La evidencia científica ha encontrado una asociación entre la incontinencia urinaria y una menor autoestima, así como mayores niveles de estrés y síntomas depresivos. Además, hay estudios que recogen experiencias de vergüenza, aislamiento social y dificultades para hablar del problema incluso con personas muy cercanas.

Romper el silencio también significa apostar el bienestar emocional. Si las pérdidas se repiten, afectan a la vida diaria o generan preocupación, merece la pena consultar a un profesional. Una valoración sanitaria puede identificar el tipo de incontinencia y las opciones de tratamiento, incluida la fisioterapia especializada cuando esté indicada. Hablar de ello permite recuperar algo más que la continencia: la libertad de moverse sin miedo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Perder orina al reír, estornudar o correr no es inevitable – https://theconversation.com/perder-orina-al-reir-estornudar-o-correr-no-es-inevitable-294833

Cuando Anne Carson recorrió (y describió) el Camino de Santiago

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen García Navarro, Profesora Titular de Universidad (Filología Inglesa), Universidad de Almería

Peregrinos en el Camino de Santiago. Formatoriginal/Shutterstock

Dice la poeta, ensayista, profesora y traductora Anne Carson (Toronto, 1950) –ahora también Premio Nobel de Literatura– que en el último disco de Rosalía, Lux, están presentes Cristo, el sacrificio y la redención.

También dice que sus conciertos –como el de Chicago, al cual asistió– serían el destino de un público entregado a un ritual no exento de mística. Música, letra, danza e imagen (en vivo y en vídeo) forman un todo donde se mezclan admiración, fervor y júbilo.

A Carson y a su acompañante les llevó un día entero llegar al lugar del concierto, como dos peregrinos enfocados en alcanzar su destino. Ella sabe de lo que habla: en Tipos de agua relató, en forma de diario, su experiencia del Camino de Santiago en 1983.

Sanar el dolor

Portada del libro de Anne Carson 'Tipos de agua'.

Vaso roto Ediciones

En este caso, no estamos ante otros trabajos de Carson en los que reescribe algunos textos clásicos. El relato refleja su búsqueda del sentido del dolor por distintas pérdidas vitales para ella (su hermano, su padre, un amante, el mismo Dios, como dice Carson). Ante esta necesidad, la escritora se pone en marcha: deja atrás un océano y dos continentes y en Saint-Jean-Pied-de-Port (Francia) inicia su Camino con la vista puesta en Santiago y, más tarde, en Fisterra. Hace el recorrido con otra persona, a quien llama “mi Cid”, figura decisiva durante el trayecto, ante la que no ocultará la fragilidad o el cansancio.

La peregrina necesita mantener una llama encendida hasta llegar a la ciudad de las mil campanas. Al leerla es también posible recordar el poema “Na Catedral” de Rosalía de Castro, dedicado al Pórtico da Gloria y publicado en su libro Follas Novas. Para Carson, Santiago es su punto de pensamiento hasta llegar al mar.

Para mitigar esa sed que tiene de conocimiento del sentido del dolor necesita ir hacia el agua, presente a lo largo del Camino en arroyos, ruido de grifos en los albergues, ríos y sus puentes, y en el océano a la llegada a Fisterra. El encuentro con ella la acerca a las posibilidades de transformación que vivirá durante su recorrido por el Camino Francés.

Carson escribe su diario sobre el Camino para el presente, aunque su duelo tiene su origen en una “herida entre nosotros y Dios”. Es un lamento que se traslada a la escritura, impregnada de preguntas sobre el amor, la culpa y la expiación. ¿Encontrará luz para ver más allá de lo evidente (esfuerzo físico, piedras en los senderos)?

El diario es guardián del recuerdo y testigo de los hechos que acontecen durante el caminar. Por eso la perspectiva no solo es doliente, pues registra sus impresiones –expresadas a menudo con matices líricos– como una sucesión de días y noches, con vivencias que forman un todo. Lo que Carson contempla y oye se refleja en el diario. Cada detalle da forma y significado a lo que se vive, como el sonido de la lluvia durante la noche, el frío a la salida de Burgos, la subida a la aldea de O Cebreiro –en la provincia de Lugo–.

Gente y compañía

Cada entrada del diario está encabezada por una cita de distintos poetas japoneses, como Basho o Zeami, entre otros. Encontramos también a Antonio Machado en dos ocasiones. Acompañan al texto matices poéticos, de erudición y, por momentos, una ligera ironía.

El diario es privado y también documento público. Sus páginas encierran una continuidad, nos hacen sentir que caminamos junto a Carson y su “Cid”. Asistimos a una experiencia que acontece en cada página. Es repetición necesaria para llegar a la última etapa: un día tras otro los pasos acercan el destino.

Mientras, se viven encuentros con otras personas, surgen espacios de silencio entre la peregrina y su acompañante. Apenas hay dulzura entre ellos. No en vano, Carson se compara a sí misma y a su “Cid” con seres que se fuerzan el uno a la otra a avanzar, enfrentándose, ya en tierras de León, al agotamiento, “dos pequeños animales atrapados aullando hacia Finisterre”.

Esto también es Camino

El Camino también proporciona oportunidades para abrirse al momento en el que transcurre el relato.

Carson reflexiona que todo cuanto ve y experimenta conduce hasta Eros, criatura poco manejable, presencia constante, según dice, en todas las formas de amor en los distintos órdenes de la vida. Por ello, lo vivido hasta ahora en el Camino da paso a otras maneras de leer algunas zonas dolorosas de la experiencia humana, abriéndose así a nuevas miradas y significados.

Eros se hace presente en los momentos más inesperados, como cuando una noche la peregrina oye a una mujer “gritar, suavemente” en el dormitorio de un albergue. La narradora siente que debe tomar partido por esa persona que llora en el espacio compartido. Así, comienza a recitar la letra de una canción de la guerra civil española que su madre le cantaba cuando Carson era niña:

“conforme pasan las horas, Miguel, amor mío,

te quiero más y más:

¿Es esa la razón por la que Miguel, amor mío,

no estás aquí?”.

El llanto cesa. La mediación ha venido con el reconocimiento del pesar de la otra persona. Eso también es Camino, expresa Carson, “tu amargura sana mi corazón”.

Como indica la escritora, el trayecto es una milenaria escuela de itinerancia, permite la legitimación de la tristeza íntima, pero también derriba la desconfianza, invitándonos a aligerarnos del peso de lo inservible.


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The Conversation

Carmen García Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando Anne Carson recorrió (y describió) el Camino de Santiago – https://theconversation.com/cuando-anne-carson-recorrio-y-describio-el-camino-de-santiago-294725

Cómo afecta el exceso de pantallas antes de los cinco años al desarrollo del lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge López Puga, Profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Granada

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Imaginemos esta escena cada vez más habitual: un padre lleva a su bebé en un carrito, mientras el niño mira vídeos en un teléfono móvil. Nadie se sorprende al verlo: las pantallas llevan décadas formando parte de la vida de los niños. Desde entonces, investigadores, educadores y familias se preguntan cómo influyen en su desarrollo. Hoy sabemos que limitar el tiempo de uso, elegir contenidos adecuados y compartir las pantallas con los menores puede favorecer experiencias más saludables.

En lo relativo al lenguaje, el papel que juegan las pantallas es básico porque las capacidades lingüísticas se desarrollan mediante la interacción. Cuando los niños hablan, preguntan, responden a preguntas o juegan, se crean oportunidades para que aprendan a comunicarse. Comprender cómo se relaciona el uso de dispositivos con este proceso es uno de los grandes desafíos para quienes estudian el desarrollo infantil.

El desarrollo del lenguaje y sus hitos

Por ello, realizamos un estudio que trata de responder precisamente a esa pregunta. A partir de una gran encuesta anual en Estados Unidos con datos de 16 914 niños y niñas de entre 1 y 5 años, hemos analizado la posible relación entre ciertas dificultades de comunicación y el tiempo de uso de pantallas.

El desarrollo del lenguaje comienza mucho antes de que los niños digan sus primeras palabras. Incluso antes de nacer, los bebés ya pueden percibir sonidos del entorno. Tras el nacimiento, cada mirada, cada gesto y cada conversación contribuyen a construir las bases de la comunicación.




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Después, con el paso de los años, los niños aprenden a reconocer sonidos, seguir instrucciones, señalar objetos y formar oraciones. Más tarde participan en conversaciones cada vez más ricas y complejas. Aunque este proceso es especialmente intenso durante la infancia, el lenguaje sigue transformándose durante toda la vida.

En nuestra investigación hemos analizado cómo se relacionan entre sí esas diferentes habilidades comunicativas y si tienden a aparecer aisladas o agrupadas. Este enfoque ya ha ayudado a comprender fenómenos complejos en psicología y medicina. Por ejemplo, ha permitido estudiar cómo ciertos síntomas se refuerzan mutuamente en trastornos como la depresión. Sin embargo, apenas se había utilizado para investigar el desarrollo del lenguaje infantil.

Aprender a hablar rodeados de pantallas

Comparamos niños que usaban pantallas durante menos de una hora al día, que es la recomendación actual para esa edad, con otros que superaban ese límite. Los resultados mostraron redes de dificultades del lenguaje más conectadas en los pequeños con mayor exposición a pantallas. Dicho con otras palabras, esas dificultades no solían aparecer de forma aislada. Cuando surgía una, era más probable que aparecieran otras relacionadas con ella.

La diferencia fue especialmente clara entre los 3 y los 5 años. En este grupo, los problemas con el lenguaje rara vez aparecían de forma aislada. Cuando un niño mostraba dificultades en una habilidad, era más probable que también las presentara en otras relacionadas con la comprensión, la expresión o el uso del lenguaje. Por ejemplo, a un niño le podía costar entender ciertas instrucciones y, al mismo tiempo, podía encontrar más complicado explicar lo que había hecho durante el día o contar una pequeña historia.

Nuestros resultados sugieren que la asociación entre este tipo de dificultades es más frecuente cuando el tiempo de pantalla supera el tiempo recomendado. Eso no demuestra que sea la causa de esos problemas, pero sí indica que existe una relación que debemos seguir analizando.

No basta con prohibir las pantallas

Sin embargo, no se trata de prohibir la tecnología ni de aceptarla sin más: se trata de crear condiciones que ayuden a los ñiños a desarrollarse mientras conviven con ella. Las oportunidades de interacción parecen ser una pieza clave. Los niños desarrollan el lenguaje cuando conversan, juegan, escuchan historias o comparten experiencias con otras personas. Por eso la pregunta no es solo cuánto tiempo pasan frente a las pantallas, sino también qué actividades dejan de realizar mientras las usan.




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Antonio Machado escribió en sus Proverbios y cantares: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Con el lenguaje ocurre algo parecido: se desarrolla usándolo. Aprendemos a hablar hablando, a escuchar escuchando y a comunicarnos comunicándonos.

Volvamos a la escena que describíamos al principio: un bebé va en su carrito mientras mira vídeos en un teléfono móvil. Este tiempo podría ser una oportunidad para conversar, nombrar objetos, hacer preguntas o contar qué ocurrió el día anterior. Por eso, merece la pena pararnos a reflexionar sobre cómo usamos las pantallas y qué oportunidades de interacción pueden estar sustituyendo en la vida cotidiana.

The Conversation

Jorge López Puga recibió fondos del Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada para realizar una estancia de investigación en el Nationoal Institute of Public Health (Southern Denmark University) donde se desarrolló el artículo científico al que hace referencia esta nota.

Ana María Ruiz-Ruano García recibió fondos del Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada para la realización de una estancia de investigación al National Institute of Public Health (Southern Denmark University) donde se desarrolló el artículo científico al que hace referencia esta noticia.

– ref. Cómo afecta el exceso de pantallas antes de los cinco años al desarrollo del lenguaje – https://theconversation.com/como-afecta-el-exceso-de-pantallas-antes-de-los-cinco-anos-al-desarrollo-del-lenguaje-294714

La France est-elle entrée en récession en 2026 ?

Source: The Conversation – in French – By Valérie Mignon, Professeure en économie, Chercheure à EconomiX-CNRS, Conseiller scientifique à l’IFE-CEPII, Université Paris Nanterre


L’ESSENTIEL

  • Au troisième trimestre 2026, le produit intérieur brut de la France s’est contracté de 0,1 %.

  • Cette baisse de la production signale-t-elle une entrée de l’économie en récession ? Comment cette dernière est-elle définie ?

  • Les données disponibles à ce jour ne permettent pas de caractériser une récession de l’économie française sur les trois premiers trimestres de 2026. Elles témoignent néanmoins d’une activité particulièrement peu dynamique, dont l’évolution appelle une attention soutenue.


Les derniers chiffres de l’Insee ont relancé le débat sur une possible récession de l’économie française. Après un recul de 0,2 % au premier trimestre 2026 et une stagnation au deuxième, le taux de croissance du produit intérieur brut (PIB) a de nouveau diminué de 0,1 % au troisième trimestre. Au total, l’activité s’est contractée d’environ 0,3 % depuis le quatrième trimestre 2025 (voir Graphique 1).

Graphique 1 : PIB de la France en niveau, depuis le premier trimestre 2000 (en milliards d’euros)
Fourni par l’auteur

Certains commentateurs évoquent ainsi une « récession technique ». Pourtant, la règle usuelle des deux trimestres consécutifs de croissance négative n’est pas strictement vérifiée, puisque le PIB a stagné au deuxième trimestre. Surtout, cette règle ne suffit pas à caractériser une récession. C’est ce qu’a rappelé, dans un communiqué du 30 octobre 2026, le Comité de datation des cycles de l’économie française (CDCEF) de l’Association française de science économique (AFSE). Selon le Comité, les éléments disponibles ne permettent pas, à ce stade, de conclure à une récession.

Des hauts et des bas

Rappelons que le cycle économique se définit comme la succession de phases de hausse du niveau d’activité (expansion) et de phases de baisse (récession). Ces périodes sont délimitées par des pics, qui marquent la fin des expansions, et des creux, qui correspondent à la fin des récessions. Leur datation historique est délicate, les cycles n’étant pas directement observables.




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Une règle souvent utilisée consiste à identifier une récession lorsque le PIB recule pendant deux trimestres consécutifs. Comme nous l’expliquions dans un précédent article publié dans The Conversation, cette règle présente toutefois des limites importantes. Par exemple, deux baisses trimestrielles très faibles ne signifient pas nécessairement que l’économie est en récession. À l’inverse, certains épisodes de contraction significative ne seraient pas identifiés avec cette règle simple : c’est le cas de la récession américaine de 2001, liée à l’éclatement de la bulle Internet.

Le CDCEF retient donc, comme les comités de datation du National Bureau of Economic Research (NBER) aux États-Unis et du Centre for Economic Policy Research (CEPR) pour la zone euro, une approche plus large, reposant sur trois dimensions : la durée, l’amplitude et la diffusion du recul de l’activité, soit la règle « DAD ».

Les trois dimensions de la récession

La durée renvoie à la persistance de la baisse, sans qu’une durée minimale constitue une condition absolue. L’amplitude mesure son importance et la diffusion indique si elle touche une part suffisamment large de l’économie. Ces trois critères sont appréciés conjointement : une baisse limitée pendant plusieurs trimestres n’est pas nécessairement une récession, tandis qu’une contraction très forte et généralisée peut l’être même si elle est brève, comme cela a été le cas en 2020 au cours de la pandémie de Covid-19.

Alors, qu’en est-il aujourd’hui ? Le premier élément marquant est la faible amplitude du recul du PIB français : 0,3 % depuis le quatrième trimestre 2025. Ce chiffre contraste avec les précédentes récessions : l’activité avait diminué d’environ 3 % lors de celle consécutive au premier choc pétrolier de 1973 et de 4 % lors de la récession de 2008-2009, engendrée par la crise financière.

Une contraction de l’activité très limitée

La comparaison est encore plus frappante avec la pandémie de Covid-19. Comme nous le rappelions dans notre article de novembre 2021, l’activité avait chuté de 18,4 % entre le pic du quatrième trimestre 2019 et le creux du deuxième trimestre 2020. Cette récession, la plus courte depuis les années 1970 avec seulement deux trimestres, fut aussi, de loin, la plus forte en amplitude.

Ces comparaisons ne suffisent évidemment pas à établir un diagnostic, mais elles permettent de situer la faiblesse actuelle de l’activité. Une contraction cumulée de 0,3 % évoque davantage, à ce stade, une phase de stagnation ou de ralentissement prolongé qu’une récession caractérisée.

L’autre dimension essentielle est celle de la diffusion. L’analyse ne peut se limiter au PIB : elle doit également prendre en compte l’emploi, l’investissement des entreprises, les heures travaillées ou encore le taux d’utilisation des capacités de production dans l’industrie. Une récession suppose en effet un recul suffisamment étendu de l’activité.

Un ralentissement très local

Or, les indicateurs examinés par le CDCEF ne témoignent pas d’une contraction généralisée. L’emploi total demeure globalement stable, autour de 30,5 millions de personnes. L’investissement des entreprises non financières évolue sur un plateau depuis le troisième trimestre 2023, malgré un léger repli récent, et le taux d’utilisation des capacités de production reste voisin de 81 %. Les heures travaillées ont, quant à elles, diminué de 0,6 % depuis leur point haut du troisième trimestre 2024.

Ces évolutions traduisent une économie peu dynamique, mais pas une baisse diffuse de l’activité. Une partie de la faiblesse récente s’explique d’ailleurs par un choc sectoriel : la sécheresse exceptionnelle de l’été 2026, qui a entraîné des pertes importantes de productions agricoles, notamment de maïs. Cette situation entraîne une conséquence particulière sur les comptes nationaux.

L’Insee comptabilise en effet la production agricole tout au long du cycle de production, et non uniquement au trimestre de la récolte. Les pertes constatées pendant l’été ont ainsi conduit à réviser a posteriori à la baisse les estimations des premier et deuxième trimestres 2026. Ce choc contribue donc au ralentissement du premier semestre, sans témoigner, à lui seul, d’une contraction généralisée de l’économie.

Urgent d’attendre

Une autre difficulté tient au caractère provisoire des premières estimations du PIB, révisées à mesure que de nouvelles informations deviennent disponibles. Lorsque la croissance est proche de zéro, comme en 2026, ces révisions peuvent modifier le diagnostic : un chiffre légèrement négatif peut devenir positif. Et inversement.

C’est pourquoi les comités de datation attendent généralement plusieurs mois avant d’identifier officiellement les points de retournement. La méthodologie du CDCEF repose à cet égard sur deux piliers complémentaires. Le premier, quantitatif, mobilise différentes méthodes statistiques et économétriques pour repérer les épisodes susceptibles d’être des récessions. Le second, qualitatif, confronte ces résultats à une analyse économique et historique fondée sur l’avis des experts du Comité. Les résultats statistiques constituent ainsi une aide à la décision, mais ne se substituent pas à l’examen du contexte.

L’épisode du Covid-19 illustre l’intérêt de cette prudence. Malgré le fort rebond de l’activité au troisième trimestre 2020, les vagues épidémiques et les confinements successifs avaient entretenu l’incertitude sur la sortie de récession. Ce n’est qu’en octobre 2021 que le CDCEF a confirmé que le creux avait été atteint au deuxième trimestre 2020, en s’appuyant sur plusieurs indicateurs et sur la diffusion de la reprise entre secteurs.

Rappelons enfin que la mission du CDCEF n’est pas de prévoir les récessions, mais d’identifier et de dater les retournements du cycle afin d’établir une chronologie de référence de l’économie française.

Boursorama, octobre 2026.

Pas de récession caractérisée, mais une économie fragile

Au total, les informations disponibles à fin octobre 2026 ne permettent pas de caractériser une récession de l’économie française. Le recul du PIB reste limité et les principaux indicateurs ne montrent pas de contraction suffisamment généralisée.

L’absence de récession ne signifie pas pour autant que la situation soit satisfaisante. Plusieurs trimestres de croissance nulle ou légèrement négative témoignent d’une faiblesse persistante de l’activité. Il importe donc de distinguer un ralentissement prolongé, voire une stagnation, d’une véritable récession.

Le diagnostic devra être réexaminé si le recul de l’activité se prolonge, s’amplifie et se diffuse davantage. En l’état, la prudence s’impose : la croissance française est faible, mais les éléments disponibles ne suffisent pas à conclure que l’économie est entrée en récession.

The Conversation

Valérie Mignon est conseiller scientifique à l’IFE-CEPII, membre du Cercle des économistes, présidente de la section 05 (sciences économiques) du CNU, secrétaire générale de l’AFSE et membre du Comité de datation des cycles de l’économie française (CDCEF).

Laurent Ferrara est membre du comité directeur de l’Association Française de Science Economique et président du Comité de datation des cycles de l’économie française (CDCEF).

– ref. La France est-elle entrée en récession en 2026 ? – https://theconversation.com/la-france-est-elle-entree-en-recession-en-2026-295759

Cultiver des mélanges d’espèces végétales : pourquoi une pratique aux bénéfices prouvés reste-t-elle si marginale ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Lionel Alletto, Directeur de recherche en agronomie, Inrae

Mélange de blé et de trèfle incarnat, qui aide à capter l’azote de l’air, dans un même champ. Fourni par l’auteur

L’ESSENTIEL

  • Associer plusieurs cultures dans un même champ génère de nombreux bénéfices. Cela limite l’impact des ravageurs, cela permet d’utiliser moins d’engrais ou de pesticides de synthèse, de stabiliser les rendements dans des systèmes à bas niveau d’intrants ou en agriculture biologique.

  • Cette façon de faire a, pourtant, longtemps été la norme en France avant l’industrialisation de l’agriculture.

  • Pour que cela puisse le redevenir, il faut trouver comment surmonter des limites techniques et économiques.


Imaginez une parcelle de blé, mais où, entre les rangs de céréales, poussent aussi des pois ou des féveroles. Vue de loin, cette parcelle a un aspect un peu bigarré qui peut étonner : des épis blonds qui dominent, ponctués de gousses vertes et de fleurs blanches ou violettes. Mais sous terre, les racines des deux plantes ne puisent pas les mêmes ressources au même endroit ni au même moment. C’est ce qu’on appelle les cultures associées : faire pousser plusieurs espèces végétales, simultanément, sur la même parcelle.

De (très) nombreuses d’études, dont plusieurs méta-analyses, ont montré les bénéfices nombreux de ces associations. Ceux-ci sont particulièrement notables lorsque l’on allie céréales et légumineuses, comme on l’observe parfois dans des exploitations cherchant une utilisation minime d’engrais et de pesticides.

Des bénéfices nombreux et avérés

Les cultures associées peuvent par exemple réduire la pression des plantes qu’on considère comme des « mauvaises herbes » (également appelées « adventices »), car on laisse ainsi moins de place, de ressources et de lumière à leur prolifération grâce à une complémentarité de développement des espèces associées.

Mélange de blé, féverole et phacélie
Mélange de blé, de féverole et de phacélie.
Fourni par l’auteur

Elle améliore aussi le contrôle des maladies et des ravageurs qui sont souvent propres à chaque culture. En mettant, par exemple, entre les rangs de blé une autre culture, on va limiter la propagation des champignons qui attaquent le blé dans le champ.

Les cultures associées vont également stimuler l’activité biologique des sols, car différents types de plantes, et donc de racines, vont pouvoir enrichir le sol avec des nutriments différents et stimuler des microorganismes différents également.

En agriculture biologique, cette pratique permet ainsi de stabiliser les rendements d’une année sur l’autre. Tout cela se fait souvent sans perte de production par rapport à des cultures pures, voire même dans certains cas avec un surcroît de production.

Mais alors pourquoi ces pratiques ne sont-elles pas généralisées ?

Une pratique ancienne, devenue minoritaire en France et en Europe

Elles ont pourtant longtemps été la norme, avant que la mécanisation, la disponibilité d’engrais et de pesticides de synthèse à bas coût ainsi que la spécialisation des exploitations encouragée par les politiques agricoles européennes ne poussent vers des systèmes plus simples, dominés par la présence d’une seule espèce au sein des parcelles agricoles.

Cette simplification a rendu les fermes plus dépendantes des intrants extérieurs et moins résilientes face aux aléas climatiques ou économiques, un problème que les récentes flambées du prix des engrais ont rendu plus visible.

C’est ainsi que l’on se retrouve dans la situation actuelle où les mélanges céréales-légumineuses ne représentent que 0,16 % du territoire agricole national.

Ce que révèlent les données de terrain

Pour voir comment remédier à cela, et déployer les cultures associées, nous avons étudié les pratiques de 414 fermes du réseau DEPHY du plan Écophyto, qui réunit depuis 2010 des agriculteurs volontaires engagés dans la réduction des pesticides.

En suivant dans le temps (plus de dix ans) chacune de ces exploitations, nous avons pu observer celles qui pratiquaient déjà l’association de cultures et qui l’ont maintenue, celles qui l’ont adoptée, celles qui l’ont abandonnée.

Les résultats à l’échelle de la ferme, et non plus seulement de la parcelle expérimentale, montrent notamment que :

  • l’adoption d’associations augmente en moyenne de 52 % le nombre d’espèces cultivées, passant de 4,6 espèces en moyenne à 7 espèces ;

  • la diversité végétale cultivée (qui correspond à la fois au fait que les espèces sont différentes, mais aussi qu’elles sont plus ou moins abondantes) augmente pour sa part de 22 % ;

  • l’équité entre espèces (aucune ne dominant excessivement les autres) augmente de 9 %.

L’essentiel de ce gain s’explique par un élémént : l’arrivée massive des légumineuses, dont la proportion augmente de 96 %, tandis que celle des céréales recule de 19 %.

Ce détail a son importance. Les légumineuses (pois, féverole, vesce, trèfle, luzerne) ont la capacité de capter l’azote de l’air grâce à des bactéries associées à leurs racines, un processus appelé « fixation symbiotique ». Elles enrichissent ainsi le sol en azote, un élément essentiel à la croissance de toutes les plantes sans recourir aux engrais de synthèse, ce qui explique leur intérêt particulier en agriculture biologique.

Mais cultivées seules, elles posent des problèmes bien connus des agronomes : pour certaines, comme la lentille ou le pois, elles s’effondrent facilement sous leur propre poids (on parle de lodging en anglais) et sont sensibles à certains ravageurs et maladies. Associées à une céréale, qui leur sert de tuteur et limite la pression des ravageurs, elles deviennent beaucoup plus faciles à cultiver. L’association agit ainsi comme un véritable levier pour réintroduire les légumineuses dans des rotations de culture qui en manquent cruellement, alors même que leur culture en Europe recule depuis des décennies, faute de soutien public suffisant et concurrencée par le soja importé pour l’alimentation animale.

Nos résultats montrent aussi que les associations les plus courantes restent assez classiques : blé tendre, orge, seigle, triticale ou avoine associés à féverole, pois, lupin, trèfles, vesce commune ou luzerne. En système conventionnel, le colza associé à des « plantes compagnes » (vesce, trèfle, féverole, fenugrec) représente également un cas de figure bien établi. Ces compagnes, qui n’ont pas pour objectif d’être récoltées, protègent le colza contre certains insectes ravageurs comme la grosse altise (un coléoptère, ndlr).

L’angle mort : l’abandon

Malgré tous ses bénéfices, cependant, 40 % des exploitations étudiées ont, à un moment donné, arrêté l’association de cultures.

Les conséquences sont nettes : dans 92 % des cas d’abandon, au moins une des espèces associées disparaît complètement de l’exploitation, et il s’agit le plus souvent des légumineuses et des espèces mineures (seigle, épeautre, sarrasin, lentille, trèfles) que les agriculteurs avaient justement introduites par les cultures associées pour diversifier leurs assolements. Dès lors, les gains obtenus grâce à l’association ne sont pas durables : dès que la pratique cesse, le système retrouve rapidement sa composition antérieure, dominée par les céréales.

Pourquoi cet abandon ? Les données DEPHY ne permettent pas de connaître directement les raisons des désengagements des agriculteurs, mais plusieurs pistes se dégagent des travaux existants sur le sujet et de nos propres observations : les espèces mineures et les légumineuses en mélange restent difficiles à valoriser commercialement, faute de filières et de débouchés établis.

Leur gestion technique, date et densité de semis adaptées à chaque espèce, récolte au bon stade, puis tri des grains après moisson pour séparer les espèces mélangées avant leur commercialisation, demande un savoir-faire spécifique que peu d’agriculteurs maîtrisent d’emblée, et pour lequel le conseil technique reste rare. À cela s’ajoutent des incertitudes économiques sur la rentabilité et la stabilité de rendement des mélanges par rapport aux cultures pures.

Lever les verrous, du champ à l’assiette

C’est précisément sur ces verrous que travaille le projet européen IntercropVALUES, notamment au travers de l’accompagnement de 13 cas d’étude travaillant de « la fourche à la fourchette » en rassemblant une diversité d’acteurs des filières autour des associations.

Dans le sud-ouest de la France, dans le Tarn et en Haute-Garonne précisément, le cas d’étude réunit une trentaine d’acteurs des filières : agriculteurs et agricultrices produisant des associations en bio (dont certains trient eux-mêmes leur récolte à la ferme), organismes de tri (du trieur mobile coopératif aux installations traitant de gros volumes), transformateurs de circuits courts et longs, associations de consommateurs, collectivités porteuses de projets alimentaires territoriaux et organismes d’accompagnement de la transition agroécologique.

Cette approche part d’un constat simple : les freins aux associations ne se situent pas uniquement au champ. Ils s’égrènent tout au long de la chaîne de valeur : quelles espèces et variétés associer ? À quelle densité et profondeur semer ? Quand et comment récolter un mélange ? Jusqu’où trier et séparer les grains ? Quelle qualité obtenir ? Quels débouchés possibles ? Jusqu’à des questions aussi concrètes que la compatibilité avec une filière sans gluten.

Le collectif a, ainsi, mis en place, depuis 2023, un réseau d’expérimentations à la ferme co-conçues avec les agriculteurs. Convaincus que la pratique leur apporte plus que les contraintes associées, ils ont testé plus d’une vingtaine d’associations très diversifiées : des essais variétaux adaptés à la fois aux performances au champ et aux exigences de tri et de valorisation, une formation spécifique à la récolte et au tri à la ferme ainsi que des expérimentations associant agriculteurs, meuniers, boulangers et consommateurs autour de la production de farines mixtes et de pains issus de mélanges riches en protéines et en fibres.

Une formation à la récolte.
Fourni par l’auteur

Cette manière de traiter le problème dans son ensemble, en pensant conjointement ses enjeux agronomique, technique et économique, rejoint directement ce que montrent les données nationales. L’association est une solution avérée pour diversifier les systèmes de culture et réintroduire des légumineuses dans les rotations, mais son bénéfice ne tiendra dans la durée qu’à condition d’accompagner les acteurs des filières bien au-delà du semis jusqu’au tri, à la transformation et à la commercialisation. Sans ce filet, la diversité gagnée au champ risque, comme le montre notre étude, de se perdre presque aussi vite qu’elle a été acquise.


Cet article s’appuie sur l’étude « Intercropping increases crop diversity – but do the effects persist after intercropping abandonment ? Insights from a national farmer network », publiée par Gaëtan Seimandi-Corda, Maé Guinet et Lionel Alletto dans la revue Agricultural Systems (2026) ainsi que sur les travaux du projet européen IntercropVALUES et de la démarche Occita’Mix, menée en Occitanie et financée par l’Agence de l’eau Adour-Garonne.

The Conversation

Lionel Alletto a reçu des financements de l’Union Européenne dans le cadre du projet Horizon Europe IntercropValuES et de l’Agence de l’Eau Adour-Garonne dans le cadre des projets Occita’Mix et Mixes.

Fanny RAOUX a reçu des financements de l’Union Européenne dans le cadre du projet IntercropVALUES, et l’Agence de l’eau Adour-Garonne avec le projet Occita’mix.

Gaetan Seimandi-Corda a reçu des financements de l’Union Européenne dans le cadre du projet InterCropValuES, et l’Agence de l’eau Adour-Garonne avec les projets Occita’mix et Mixes.

Maé Guinet a reçu des financements de l’ANR pour les projets SPECIFICS (ANR-20-PCPA-0008) et INSEREZ-LES (ANR-23-PLEG-0001)

– ref. Cultiver des mélanges d’espèces végétales : pourquoi une pratique aux bénéfices prouvés reste-t-elle si marginale ? – https://theconversation.com/cultiver-des-melanges-despeces-vegetales-pourquoi-une-pratique-aux-benefices-prouves-reste-t-elle-si-marginale-292905

Au lycée, la pénibilité du travail scolaire est source de colère et de souffrance

Source: The Conversation – France (in French) – By Nicolas Oppenchaim, Maître de conférences en sociologie, Université de Tours


L’ESSENTIEL

  • Dénoncée par les lycéens mobilisés, la dégradation des conditions d’enseignement pèse-t-elle sur leur santé ?

  • Une enquête auprès de 7 000 élèves apporte un éclairage sociologique sur les alertes au sujet de la santé mentale des jeunes.

  • Elle montre que la pression des notes et l’inquiétude face à l’avenir créent une souffrance collective.


Une grande partie des revendications portées par le mouvement lycéen relève d’une critique générale de leurs conditions d’études. Si l’expression « conditions de travail » est rarement employée par les élèves, les grilles d’analyses utilisées habituellement pour appréhender la pénibilité des tâches professionnelles sont également opérantes pour expliquer la détérioration de la santé des élèves du secondaire.

C’est ce que nous avons observé dans le cadre d’une enquête sociologique qui s’appuie sur 200 entretiens et sur 7 000 questionnaires représentatifs, collectés deux années de suite auprès de lycéennes et de lycéens de séries générales et technologiques dans la région Centre-Val de Loire et, de manière secondaire, à Paris.

Cette recherche avait pour objectif d’apporter un éclairage sociologique sur un certain nombre de constats alarmants concernant la santé mentale des publics scolaires établis par les principaux baromètres de santé (EnCLASS, 2022, Santé publique France, 2026) : augmentation des troubles dépressifs, des pensées suicidaires, des tentatives de suicide, de consommation de psychotropes.

Santé mentale : considérer le rôle du vécu scolaire

Ces problèmes de santé mentale progressent avec l’avancement dans la scolarité, entre la 6ᵉ et la terminale, et sont systématiquement plus accentués chez les filles, notamment chez les lycéennes. Ils sont généralement interprétés comme les manifestations d’une vulnérabilité propre à l’adolescence, renforcée par un contexte social et environnemental auquel les jeunes seraient particulièrement sensibles et par les effets des réseaux sociaux, du harcèlement en ligne ou encore l’exposition à des contenus inadaptés.

Le vécu scolaire apparaît dans ces analyses, mais de manière périphérique, comme un facteur secondaire, noyé parmi d’autres déterminants considérés comme plus structurants. Pourtant, si les facteurs principalement avancés sont difficilement contestables, les effets des conditions d’études sur la dégradation de leur santé sont peut-être sous-estimés.

Cette hypothèse de recherche s’est construite à partir des analyses menées dans le champ professionnel, qui ont établi des liens solides entre organisation du travail et santé. Sans assimiler les élèves à des salariés, mais en considérant que l’activité scolaire relève bien d’un travail, nous avons pu prendre la mesure de pénibilités scolaires et de leurs incidences sur la santé des lycéens et des lycéennes.

En moyenne, 39 heures de travail hebdomadaires

Notre recherche confirme leur mal-être : suivant l’indicateur de l’Organisation mondiale de la santé (OMS) que nous avons utilisé, 59,7 % des élèves ne présentent pas un bon niveau de bien-être mental, 67,4 % des lycéennes sont dans ce cas, contre 50,9 % des lycéens.

Mais elle montre aussi que ce mal-être est corrélé aux signes d’une surcharge effective ainsi qu’à la pression ressentie. Le mal-être croît ainsi avec le sentiment d’être débordé par le travail scolaire (84,2 % des élèves qui se disent très souvent débordés n’ont pas un bon niveau de bien-être mental) et avec l’augmentation du temps de travail déclaré.

Tract élaboré par des lycéens de Tours la semaine du 5 octobre 2026
Tract élaboré par des lycéens de Tours (Indre-et-Loire), la semaine du 5 octobre 2026.
Fourni par l’auteur

À rebours des représentations qui sont souvent véhiculées sur les élèves, ces derniers travaillent beaucoup. Le temps d’étude réglementaire en lycée général varie de 26 heures à 35 heures par semaine, selon les spécialités et les options, auquel s’ajoute environ 11 heures de travail personnel hebdomadaire en moyenne. Au total, le temps scolaire moyen consacré aux études s’élève à 39 heures, et dépasse 45 heures pour un quart des lycéens et des lycéennes.

Les élèves dont le temps de travail est le plus conséquent sont aussi ceux et surtout celles dont le bien-être est le plus dégradé. Ce constat s’accentue lorsque le travail réalisé n’est pas toujours ou suffisamment reconnu, en matière de résultats et d’appréciations, et que les élèves estiment ne pas bénéficier du soutien des adultes de l’établissement.

L’indicateur de bien-être mental est également corrélé avec le niveau de pression ressenti au sujet des notes comme de l’orientation : à peine 27 % de celles et ceux qui ressentent souvent ou très souvent une pression à cause de leurs notes et 21 % des élèves qui ressentent du stress au sujet de leur orientation déclarent avoir un bon niveau de bien-être mental.




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Orientation post-bac : l’inévitable stress de Parcoursup ?


Sans être une nouveauté, la pression des notes s’est amplifiée ces dernières années d’abord en raison de l’introduction du contrôle continu, qui intervient pour 40 % de la note finale du baccalauréat. Ceci a pour conséquence de conférer une plus grande importance à chaque évaluation. Désormais, « chaque note compte » pour reprendre la formule utilisée par les élèves.

Mais cette pression est aussi et surtout liée aux enjeux d’orientation et aux plus grandes difficultés d’accès à l’enseignement supérieur. Elle se concentre dans les inquiétudes relatives à Parcoursup, une plateforme devenue un outil central de gestion des admissions dans l’enseignement supérieur. Plus largement, la hausse démographique des années 2010 associée à l’allongement progressif des scolarités a entraîné une augmentation du nombre de bacheliers, que le nombre de places disponibles ne permet pas d’absorber.

Aussi, les lycéennes et les lycéens ne sont pas assurés d’obtenir une place dans l’enseignement supérieur public, notamment dans les filières en tension, qui, sans être définies comme sélectives, disposent d’un nombre de places limitées.

Objectifs intenables et sentiment d’insécurité

Dans ce contexte très concurrentiel, l’enjeu autour des notes, mais également de la qualité de l’apprentissage, s’est intensifié. Les élèves sont de fait dans une situation d’incertitude face à l’avenir, source de maux de ventre, de tête, d’un sentiment de tristesse et d’anxiété, de crises de larmes répétées, de l’impossibilité parfois de venir au lycée, et d’épuisement.

À peine 28 % des élèves disent dormir suffisamment et, parmi les 72 % qui ne dorment pas assez, « l’anxiété et le stress » (66 %) arrivent en tête des raisons mentionnées, devant la « charge de travail » (64 %) et – dans une moindre mesure – les écrans (40 %), pourtant largement avancées par les adultes comme une des principales explications de la fatigue des élèves.

Charge de travail, objectifs intenables, pression, sentiment d’insécurité, manque de reconnaissance et de soutien relèvent de risques psychosociaux mis en évidence dans les univers salariés. Les élèves en lycée y sont, eux aussi, massivement exposés. Montrer, comme nous l’avons fait, que leurs conditions de travail peuvent participer des difficultés qu’ils et elles rencontrent permet de compléter les approches essentiellement psychologiques qui dominent le débat public.

L’école peine à offrir des conditions d’études qui ne soient pas marquées par une pénibilité problématique. Alors que les souffrances s’exprimaient ces dernières années le plus souvent individuellement dans une colère sourde et résignée, les mobilisations collectives actuelles contribuent à les rendre visibles et à les politiser.

The Conversation

La recherche ENTRAVES dont est tiré cet article a reçu des financements de la région Centre-Val-de-Loire.

La recherche ENTRAVES dont est tiré cet article a reçu des financements de la région Centre-Val-de-Loire.

– ref. Au lycée, la pénibilité du travail scolaire est source de colère et de souffrance – https://theconversation.com/au-lycee-la-penibilite-du-travail-scolaire-est-source-de-colere-et-de-souffrance-294544

Du steamer au trimaran : comment la saga des « Gitana » illustre un siècle et demi d’innovations navales

Source: The Conversation – France (in French) – By Clément Recher, Doctorant contractuel en histoire contemporaine, Université Le Havre Normandie


L’ESSENTIEL

  • Tandis que les skippers se sont lancés sur la Route du rhum le 1ᵉʳ novembre depuis Saint-Malo, en Ille-et-Vilaine, le public a les yeux rivés sur les « Ultim », des multicoques capables de « voler » au-dessus des vagues » grâce à leurs foils.

  • Parmi eux figure le Gitana 18, qui sera piloté par le skipper Charles Caudrelier. Près de huit mois après son lancement, le Gitana 18 est vu comme un bijou de technologie.

  • Pourtant, cette quête permanente de vitesse et de performance s’inscrit dans une lignée française bien plus ancienne, née il y a un siècle et demi.


La saga des Gitana commence en 1876, lorsque la baronne Julie-Caroline de Rothschild commande au constructeur britannique Thornycroft le Gitana 1, un steamer à hélice de 24,45 mètres destiné à naviguer sur le lac Léman. Le navire est construit en Angleterre, démonté, transporté par rail et réassemblé en Suisse.

Le Gitana 1 dans le port privé baptisé Port-Gitana, Bellevue (Genève).
Collection de la commune de Bellevue, Fourni par l’auteur

Vingt ans plus tard, la baronne se tourne cette fois vers un chantier français : les chantiers Augustin-Normand du Havre, pour la construction du Gitana 2, dont les archives privées de cette famille conservent aujourd’hui de nombreuses traces.

Le marché, signé le 6 avril 1897, prévoit la construction d’un yacht à vapeur de 37 mètres de long et 4,60 mètres de large, pour la somme de 380 000 francs, et sa livraison sur le lac de Genève. À titre de comparaison, certains torpilleurs de l’époque commandés au même chantier se négocient à des montants voisins ou légèrement supérieurs.

Ainsi, le torpilleur Cyclone est vendu à la Marine nationale en 1898 pour 850 000 francs. Avec une puissance de 1 400 chevaux, le Gitana 2 surpasse certains navires de commerce contemporains. Il incarne une époque où le prestige privé peut rivaliser, en coût comme en performance technique, avec les commandes de l’État.

Esquisse du Gitana 1 dans le périodique anglais Engineering du 1ᵉʳ décembre 1876.
Fourni par l’auteur

La prouesse ne s’arrête pas à la conception. Ce yacht est également construit et testé sur le littoral normand. Il doit ensuite être démantelé, chargé sur rail et acheminé à travers la France jusqu’au lac Léman, où il est réassemblé. Comme son prédécesseur, le Gitana 2 traverse le pays en pièces détachées.

Luxe et technicité

C’est surtout dans la vitesse de leurs machines que les chantiers havrais ont surpassé leur homologue anglais. Dès sa première année de navigation en 1898, le Gitana 2 établit un record de vitesse sur le lac Léman, entre Coppet et Saint-Prex (canton de Vaud, Suisse) à plus de 26 nœuds (48 km/h) en 34 minutes et 12 secondes ! Ses capacités surpassent donc celles de son prédécesseur, qui n’atteignait que 20 nœuds (37 km/h) en 1876. Ces deux navires valent à la baronne le surnom de « Yachting Lady la plus rapide sur l’eau ».

Le Gitana 2 sur le lac Léman en 1898.
Collection Gitana Team, Fourni par l’auteur

Derrière ses boiseries, son grand roof-salon et ses ornements, ce yacht de luxe cache en réalité une machine complexe, issue de l’ingénierie militaire, qui lui permet d’atteindre ces records. Le navire est propulsé par une machine alternative à triple expansion – un système ingénieux qui réutilise la vapeur résiduelle d’un cylindre à l’autre, augmentant sa puissance en économisant du charbon – et par la chaudière à tubes d’eau très fins, brevetée par les chantiers Augustin-Normand. Cette innovation permet une montée en haute pression ultrarapide tout en ayant un poids deux fois plus léger que des chaudières classiques, le tout entraînant une unique hélice.

Cette configuration est optimisée par une forme de coque unique dessinée par Jacques-Augustin Normand, le directeur des chantiers, conçue pour empêcher l’enfoncement de l’arrière à haute vitesse. Les matériaux légers, les machines sophistiquées et enfin la rigidité d’une coque en fer, permettent au yacht de la baronne de tenir la vitesse, et surtout, de durer dans le temps.

Les coulisses du « Gitana 2 »

Les lettres conservées dans les archives privées de la famille Augustin-Normand apportent un éclairage inédit sur les coulisses de cette livraison. Dans une lettre datée du 19 septembre 1898, Marguerite Normand, épouse du directeur des chantiers, confie à son fils aîné Marie-Augustin :

« La Baronne a accepté son yacht, sans pénalité, mais elle rogne la prime. »

Cette formule évoque les pratiques commerciales de l’époque, où les contrats prévoyaient souvent des pénalités en cas de retard ou de performances insuffisantes, et des primes en cas de réussite. Sans que l’on sache si le Gitana 2 a été livré en retard, la remarque indique clairement que la baronne a accepté le navire tout en réduisant la rémunération supplémentaire initialement prévue pour le chantier.

La même lettre révèle un lien tragique avec l’actualité : l’impératrice Elisabeth d’Autriche, plus connue sous le nom de Sissi, se trouve alors à Genève. Selon Marguerite Normand, l’impératrice qui était venue admirer le navire de la baronne de Rothschild devait embarquer le jour même pour une sortie inaugurale. Elle est assassinée le 10 septembre 1898, quelques heures avant ce qui aurait dû être sa première navigation à bord du Gitana 2.

Cette version est toutefois contestée. Les faits historiques indiquent qu’après avoir déjeuné avec la baronne, le 9 septembre, au château de Pregny, l’impératrice a décliné son offre d’emprunter son nouveau yacht, préférant rentrer à Caux (deux lieux situés en Suisse) en empruntant plutôt Le Genève, vapeur de la Compagnie générale de navigation, sur le lac Léman. La suite, elle, fait partie de l’Histoire : Sissi a passé la nuit à l’hôtel Beau-Rivage de Genève et a été assassinée le lendemain avant de pouvoir embarquer sur le paquebot.

Ce yacht d’exception n’est pas seulement un caprice aristocratique : il incarne cette époque charnière des yachts privés où la recherche de performance s’unit avec le luxe de la plaisance. C’est un ouvrage de transition dans l’histoire de l’architecture navale des yachts : sa construction métallique, sa machine puissante de 1 400 chevaux, le défi logistique que représente son transport, font du Gitana 2 un navire novateur, qui ouvre la voie à une nouvelle série de yachts.

Les chantiers Augustin-Normand, déjà réputés pour leurs torpilleurs et leurs innovations en matière de chaudières et de propulsion par hélice, démontrent ici leur capacité à répondre aux exigences les plus élevées de la clientèle privée.

Le « Gitana 18 », héritier de la lignée

Un siècle et demi plus tard, le Gitana 18 perpétue cette recherche d’innovation. Des ingénieurs havrais du XIXᵉ siècle aux concepteurs contemporains d’Ultim, l’esprit reste celui d’une recherche permanente des limites techniques. La Route du rhum 2026 offrira peut-être au dernier-né de la lignée l’occasion de confirmer, une fois encore, que la performance navale française s’écrit sur le long terme.

Le Gitana 18 lors de sa première sortie en mer.
Gitana Team. Yann Riou et Éloi Stichelbaut, mars 2026, Fourni par l’auteur

Ce qui est certain, c’est que le Gitana 2 a contribué à faire évoluer le yacht de luxe vers un objet de performance, que les chantiers Augustin-Normand ont garanti en dotant ce navire de leurs innovations issues de la construction militaire.

Photographie prise à Saint-Malo, le 25 octobre 2026.
Carole Christen, Fourni par l’auteur

The Conversation

Clément Recher ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Du steamer au trimaran : comment la saga des « Gitana » illustre un siècle et demi d’innovations navales – https://theconversation.com/du-steamer-au-trimaran-comment-la-saga-des-gitana-illustre-un-siecle-et-demi-dinnovations-navales-295361

Attentat de Trappes : Pengo Bossio Wangi, l’âme d’un guerrier. Une histoire au cœur de l’antiracisme français

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jérôme Beauchez, Sociologue et anthropologue, Université de Strasbourg


L’ESSENTIEL

  • Survenu le 23 octobre 2026 lors de l’attentat raciste de Trappes et La Verrière, dans les Yvelines, l’assassinat de Pengo Bossio Wangi n’est pas un acte isolé.

  • Il s’inscrit dans l’histoire des crimes racistes perpétrés en France par des membres de groupuscules néonazis depuis les années 1980.

  • Des gangs noirs, comme les Black Dragons, les ont affrontés au cours des années 1980 et 1990. Le père de Pengo Bossio Wangi, Boléma, appartenait à ce groupe.


« L’âme d’un guerrier » : cette formule peut surprendre pour évoquer un homme de 26 ans, Pengo Bossio Wangi, assassiné à Trappes (Yvelines), le 23 octobre 2026, par Kevin T., 39 ans. Ce dernier, après avoir tiré 128 cartouches au pistolet-mitrailleur sur des personnes visées parce qu’identifiées comme noires, arabes ou musulmanes, a été arrêté puis mis en examen pour assassinat et tentative d’assassinat terroriste à caractère raciste.

Son escapade meurtrière a fait un mort et sept blessés, dont une fillette de 12 ans. Elle a de surcroît traumatisé les villes de Trappes et de La Verrière, où le tireur a sévi, ainsi que la nation tout entière ; c’est du moins ce qu’a voulu dire le chef de l’État lors d’une déclaration controversée, où il a semblé découvrir qu’en France le racisme tue.

Pourquoi invoquer l’âme d’un guerrier ? Pas seulement parce que Pengo Bossio Wangi était un combattant passionné d’arts martiaux mixtes (MMA), mais parce que son meurtre constitue le dernier acte en date d’une guerre moins silencieuse que silenciée : celle que certains groupes héritiers des immigrations africaines et antillaises ont menée par nécessité contre l’extrême droite et le racisme. Les proches de Pengo Bossio Wangi en font partie ; son père, Boléma, est un vétéran des Black Dragons : une famille de rue parfois assimilée à un gang, formée au milieu des années 1980 par de jeunes hommes noirs réunis dans le but de chasser les skinheads néonazis de Paris.

En souvenir des soldats perdus

Cet article lance un appel à cette mémoire combattante qui ne traverse que trop rarement la frontière de l’oubli : celui que l’histoire officielle impose aux luttes de celles et ceux dont elle minorise l’importance, comme le statut. Leurs témoignages restent rares. En France comme ailleurs, le racisme tue, oui, mais pas depuis le 23 octobre 2026 et pas qu’une seule fois.

Se souvenir de Pengo Bossio Wangi comme l’héritier direct des luttes antiracistes menées dans notre pays est une réponse à l’ignorance : celle de la fierté opposée au mépris, celle de l’affirmation de soi contre le déni. Son assassinat n’en reste pas moins tragique. Il frappe au cœur d’une famille qui s’est affrontée à la haine raciale et ne cesse d’en payer le prix.

Une sociologie au plus près de la rue

Je n’écris pas ce texte en sociologue distant de ces réalités ; elles m’ont traversé, moi comme beaucoup d’autres, en dépit du fait d’être un homme blanc de 52 ans. Dans les mondes de la rue qui ont aussi fait de moi le sociologue que je suis devenu, les Black Dragons étaient une référence. Les récits de leurs combats ont tissé une légende parisienne : celle de la lutte antifa.

Au tournant des années 1990, les squats étaient mon quotidien. J’évoluais aux confluences du punk et d’une culture skinhead authentique : aussi antiraciste que proche des redskins et de l’anarchisme libertaire ; un texte intitulé « L’ethnographe dans le sous-terrain » livre quelques fragments de cette histoire.

Pour les différencier des véritables skinheads, nous appelions « boneheads » (« crânes d’os ») les néonazis qui sévissaient dans nos rues. Nous étions persuadés qu’ils n’étaient plus que les incarnations crépusculaires d’un monde finissant ; le prochain serait métis et jetterait dans les oubliettes de l’histoire ces adeptes d’un monochrome violent. Nous ne savions pas à quel point l’avenir nous donnerait tort.

« La jeunesse emmerde le Front national ! » Lancé en 1989 par Bérurier noir à la suite des succès électoraux remportés par le parti lepéniste, ce slogan n’a pas endigué la banalisation de la droite extrême, dont les idées ont largement gagné en atomisant l’espoir, formulé par les Bérus, d’une « solidarité entre jeunesses françaises et immigrées ». Nous vivons aujourd’hui dans la « porcherie » que les punks dénonçaient hier, ensevelis par la violence déversée quotidiennement par les médias et les politiques acquis au populisme le plus réactionnaire.

La défaite est cuisante. Comme à la fin du siècle dernier, des groupuscules néofascistes arpentent les rues. Le 24 octobre 2026, au lendemain du meurtre de Pengo Bossio Wangi par l’un des leurs, ces factieux d’extrême droite s’en sont pris aux manifestants. Chauffés à blanc et arborant un brassard de la même couleur que celle de leur haine suprématiste, ils ont bénéficié dans de nombreux cas de la mansuétude, sinon de la bienveillance des forces de police].

Les cadres sociaux d’une mémoire ensanglantée

L’histoire bégaie. Il y a plus de quarante ans, c’est le même type d’agression raciste et la même absence de protection policière pour les jeunes hommes noirs issus des quartiers populaires qui ont suscité la formation des Black Dragons]. Suivant l’inspiration des Black Panthers, il s’agissait d’assurer l’autodéfense des leurs, régulièrement menacés et pris à partie par des néonazis. Certains repentis ont témoigné des blessures, comme des traumatismes infligés à leurs victimes].

Le racisme tue. Au Havre en 1990, James Dindoyal, un Mauricien de 24 ans, est torturé par des boneheads membres des Jeunesses nationalistes révolutionnaires. Ils rouent de coups le jeune homme avant de le forcer à ingurgiter un mélange mortel de bière et de détergent ; à la suite de quoi ils le jettent à la mer du haut d’une digue. Hospitalisé, il agonise pendant une semaine avant de mourir. Ses meurtriers seront jugés dix ans après les faits.

En 1995, c’était au tour d’Imad Bouhoud, 19 ans, de croiser la route des néonazis havrais. Ils le passent à tabac au sortir d’un meeting du Front national, avant de l’achever par noyade dans les eaux du port ; une flambée de colère s’ensuit]. La même année, un sort similaire est réservé à Brahim Bouarram, 30 ans, noyé dans la Seine en marge du traditionnel défilé frontiste, le 1er mai. Ces atrocités, et les rares repentances qu’elles ont suscitées constituent la toile de fond du film de Diastème, Un Français].

Mais au-delà de l’addition des faits, qu’avons-nous retenu de cette mémoire ensanglantée ? Quels peuvent être les cadres sociaux d’une mémoire collective du racisme et de l’antiracisme français ? Force est de le constater : la mémoire des luttes menées en France par les minorités racisées continue de briller par son absence de l’histoire officielle, tout comme elle reste rare dans nos universités, pourtant censées « faire profession de la vérité » (selon l’expression de Jacques Derrida. Les études noires, celle de la race en tant que construction culturelle et sociale, tout comme les études post ou décoloniales participent à n’en pas douter de cette vérité à laquelle le philosophe appelait, sans exclusion ni condition.

Des pans entiers de l’université française restent cependant rétifs à ces savoirs toujours minoritaires, lorsqu’ils ne font pas l’objet d’une méfiance qui cède parfois à la défiance. La dignité du « juste » est dès lors mesurée au gradient du prétendu « universalisme républicain » face aux dangers du « tournant identitaire » en direction des groupes minorisés. Les questions de la race ou des violences de l’universalisme et de l’islamophobie constituent pourtant des enjeux sociaux majeurs ; et c’est à ce titre qu’ils ont toute leur place à l’université.

Pour que la race cesse de tuer

Avant de faire l’objet d’une excellente série documentaire sur la chaîne Brut, les Black Dragons ont rempli eux-mêmes leur devoir de mémoire en réalisant un film autobiographique en 2007. D’autres ont suivi, comme Antifa : chasseurs de skins en 2008 et Gang Story en 2012. Ce documentaire en deux parties – « Les années rock » précédant « Les années rap » – est le fruit d’une initiative portée par Kizo. Cet ancien membre de la Mafia Z (un gang de Grigny, dans l’Essonne) s’est engagé avec le photographe Yan Morvan (premier portraitiste des Black Dragons) dans un travail de documentation historique des marges, dont il a vécu les solidarités comme les blessures. D’abord agrégées contre les violences racistes, les forces des gangs de banlieue se sont ensuite peu à peu retournées contre ceux qui les ont perdues dans des guerres intestines où soi-même et l’autre se confondaient. Une fois la menace néonazie éliminée, les gangs noirs se sont affrontés dans une guerre aussi fratricide qu’insensée – de l’aveu même de ceux qui l’ont livrée.

Sous peine de les voir se répéter, aucune de ces violences ne doit plus être ignorée. Retraçant trente ans d’histoire des crimes racistes en France, les travaux de la sociologue Rachida Brahim nous apprennent que la race tue deux fois : une première fois au moment de l’agression et une seconde fois par le mépris institutionnel avec lequel les victimes et leur mémoire sont traités. Ne laissons pas Pengo Bossio Wangi mourir une seconde fois. Rendons-le plutôt immortel en faisant de son âme cette force collective dont parlait W.E.B. Du Bois lorsqu’il décrivait celle d’un « peuple noir » façonné par ses luttes. Du Bois les concevait comme une puissance aussi partagée que formatrice de cette « âme » qui donne la force de résister et de se maintenir face à l’adversité – celle-là même qui frappe aujourd’hui la famille Bossio Wangi.

The Conversation

Jérôme Beauchez a reçu des financements de l’Agence nationale de la recherche (2013-2016) et de l’Institut d’études avancées de l’Université de Strasbourg (2019-2022).

– ref. Attentat de Trappes : Pengo Bossio Wangi, l’âme d’un guerrier. Une histoire au cœur de l’antiracisme français – https://theconversation.com/attentat-de-trappes-pengo-bossio-wangi-lame-dun-guerrier-une-histoire-au-coeur-de-lantiracisme-francais-295637

Il y a 70 ans, le fiasco franco-britannique de Suez : une leçon pour Washington face à l’Iran

Source: The Conversation – France in French (3) – By Eoin McLaughlin, Professor in Economics, University College Cork

Comme le détroit d’Ormuz, le canal de Suez est une voie d’eau vitale pour le commerce mondial.
Viktor Hladchenko/Shutterstock

L’ESSENTIEL

  • En novembre 1956, Paris et Londres, alliés à Israël, ont renoncé à reprendre le canal de Suez sous la pression américaine.

  • Sa livre sterling affaiblie et sa dépendance envers Washington ont empêché le Royaume-Uni d’agir seul, malgré sa puissance militaire.

  • Ormuz fermé, frappes sur Qeshm, munitions épuisées : les États-Unis pourraient buter à leur tour sur les limites de leur puissance.


Des mois après le lancement par les États-Unis et Israël de l’opération Epic Fury contre l’Iran (nom de l’offensive déclenchée le 28 février 2026, NdT), le détroit d’Ormuz reste en grande partie fermé. Le Royaume-Uni a choisi de ne pas s’impliquer directement dans le conflit. Il n’en a pas moins été exposé à la crise, avec des prix du gazole record et une flambée de l’inflation.

Cela fait écho à une crise plus ancienne au Moyen-Orient, comme le montrent mes travaux récents.

Il y a soixante-dix ans, le gouvernement égyptien nationalisait le canal de Suez, déclenchant la crise de Suez. Le canal, qui traverse l’Égypte de la mer Rouge à la Méditerranée, était un lien vital pour les navires circulant entre l’Europe et l’Asie.

Après l’achèvement du canal en 1869 par une compagnie à direction française (la Compagnie universelle du canal maritime de Suez, fondée par Ferdinand de Lesseps, NdT), le gouvernement égyptien en détenait 44 %. Mais des difficultés financières ont contraint l’Égypte à vendre ses parts au gouvernement britannique en 1875, laissant au Royaume-Uni et à la France d’importants intérêts financiers dans le canal.

Après la nationalisation égyptienne du canal, la France et le Royaume-Uni, avec Israël, ont envahi l’Égypte pour tenter de reprendre le contrôle de cette voie d’eau vitale. Mais l’invasion a été un échec spectaculaire, condamné par la communauté internationale. La crise en est venue à symboliser la perte par le Royaume-Uni de son statut de superpuissance.

Aujourd’hui, les élections de mi-mandat américaines (qui se tiennent le 3 novembre 2026, NdT) accentuent la pression sur l’administration Trump à propos du conflit en cours. Les élections en Israël ont aussi eu une incidence sur le conflit : selon de récentes informations, le premier ministre Benyamin Nétanyahou aurait poussé à de nouvelles frappes avant le scrutin. D’autres informations laissent penser que les États-Unis et Israël ont élaboré des plans pour reprendre les frappes après les élections.

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En 1956, l’élection présidentielle américaine (qui s’est tenue le 6 novembre, le jour même du débarquement à Port-Saïd, NdT) pesait aussi lourd dans les calculs. Mais à l’époque, le Royaume-Uni et la France avaient supposé que l’élection détournerait l’attention des États-Unis de leurs actions. C’était une erreur de calcul. Dans un message adressé au premier ministre britannique Anthony Eden au lendemain du scrutin, le président américain Dwight D. Eisenhower a clairement fait savoir que son administration ne tolérerait pas la poursuite des actions du Royaume-Uni, de la France et d’Israël. Il a exigé un règlement négocié dans le cadre de l’ONU.

Les parallèles entre Suez et Ormuz vont au-delà de la fermeture de ces deux voies d’eau vitales. Les deux crises posent la même question : la puissance géopolitique peut-elle dépasser la puissance économique ?

Des superpuissances en déclin

En 1944, le professeur américain de politique étrangère William T. R. Fox a forgé le terme de « superpuissance ». Il la définissait comme la conséquence d’« une grande richesse, une population nombreuse et une position géographique favorable ». C’est assez proche de la manière dont l’historien Phillips O’Brien définit aujourd’hui la grande puissance. Fox voyait alors trois superpuissances : les États-Unis, le Royaume-Uni et l’Union soviétique. Il a ensuite reconnu qu’inclure le Royaume-Uni avait été une erreur, principalement en raison de son déclin relatif face aux États-Unis, puis face au reste de l’Europe.

On peut soutenir qu’un basculement comparable est en cours aujourd’hui.

On débat de la meilleure façon de mesurer une économie, mais si l’on raisonne en parité de pouvoir d’achat, le basculement est frappant. L’économie chinoise, qui ne pesait en 1990 qu’une fraction de l’économie américaine, la devance aujourd’hui largement.

Au XIXᵉ siècle, le Royaume-Uni était la puissance mondiale dominante et bénéficiait de ce que les économistes appellent le « privilège exorbitant » (l’expression est attribuée à Valéry Giscard d’Estaing, alors ministre des Finances, qui l’appliquait au dollar dans les années 1960, NdT). Il s’agissait de la capacité à financer facilement sa dette à des taux d’intérêt avantageux, grâce au rôle central de la livre sterling dans le système monétaire international. Londres était aussi la première place financière du monde.

Mais à mesure que le Royaume-Uni déclinait, ce privilège a peu à peu glissé vers les États-Unis. Sa perte est devenue particulièrement pressante pendant la crise de Suez, lorsque la livre a subi une pression intense. De la même manière, on observe aujourd’hui des signes de tension dans le système financier qui sous-tend la puissance américaine.

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Pendant la crise de Suez, la faiblesse de la monnaie britannique et la dépendance du pays envers le soutien financier américain ont limité sa capacité à agir de manière indépendante, malgré sa puissance militaire considérable.

La crise s’inscrivait aussi dans la géopolitique plus large de la guerre froide. Un contrat d’armement signé en 1955 entre l’Égypte et l’Union soviétique (conclu formellement avec la Tchécoslovaquie, NdT) avait bouleversé l’équilibre régional des forces et contribué à la décision d’Israël de s’engager dans une guerre préventive.

En réponse à ce contrat d’armement, les États-Unis ont retiré leur financement du barrage d’Assouan, un grand projet d’infrastructure sur le Nil. Puis, en 1956, l’Égypte a nationalisé le canal de Suez, déclenchant la crise. Les dirigeants britanniques ont cherché à dépeindre le président égyptien Gamal Abdel Nasser comme un dictateur des années 1930.

L’intervention américaine en Iran a des connotations similaires. Le secrétaire américain à la Guerre, Pete Hegseth, a présenté l’assassinat des dirigeants iraniens comme nécessaire pour prévenir une menace existentielle venant de « l’ennemi mortel de l’Amérique ».

La géoéconomie, c’est-à-dire la relation entre économie et géopolitique, a également joué un rôle central dans la crise de Suez. Le canal était une artère majeure pour le pétrole du Moyen-Orient, et l’on craignait que sa nationalisation ne perturbe l’approvisionnement pétrolier du Royaume-Uni. Mais, ironie de l’histoire, c’est la décision d’envahir l’Égypte qui a entraîné une pénurie de pétrole et un rationnement du carburant au Royaume-Uni (la France a elle aussi rationné l’essence à partir de la fin novembre 1956, NdT).

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Le contexte plus large de la guerre froide a été un facteur clé de la position américaine. Les États-Unis ne voulaient pas donner l’impression de cautionner des actions impériales en Égypte tout en condamnant l’impérialisme russe en Hongrie. De même que la crise de Suez doit être comprise dans le contexte de la guerre froide, le conflit actuel doit aussi être lu à travers le prisme de la géopolitique d’une « seconde guerre froide ». Les relations entre les États-Unis et la Chine ne se sont pas réchauffées, tandis que les guerres par procuration présentent des similitudes avec la première guerre froide.

Aujourd’hui, les États-Unis sont de plus en plus sollicités, ce qui se voit le plus nettement dans l’épuisement de leurs stocks de munitions. Ceux-ci étaient déjà sous pression (en partie à cause du soutien à l’Ukraine) et ont été encore réduits par la guerre contre l’Iran.

La crise de Suez montre combien les dirigeants politiques peuvent tarder à mesurer les contraintes économiques qui pèsent sur leurs ambitions géopolitiques. Les États-Unis d’aujourd’hui ne sont pas le Royaume-Uni de 1956, mais le conflit en Iran a suscité des interrogations sur les limites de la puissance américaine. Alors que leur domination économique relative est contestée, les États-Unis devront-ils eux aussi revoir l’étendue de leurs engagements militaires dans le monde ?

The Conversation

Eoin McLaughlin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Il y a 70 ans, le fiasco franco-britannique de Suez : une leçon pour Washington face à l’Iran – https://theconversation.com/il-y-a-70-ans-le-fiasco-franco-britannique-de-suez-une-lecon-pour-washington-face-a-liran-295809