¿Y no podemos aprovechar el agua de tanta lluvia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Inundaciones causadas por las lluvias de las últimas semanas en España. RTVE

En estas últimas semanas, debido a una sucesión de borrascas, muchas regiones de España están sufriendo inundaciones extremas. Algunas de ellas se han producido en cuencas afectadas por una escasez crónica de agua durante gran parte del año, como ha ocurrido en Andalucía.

Viendo tal cantidad de agua inundando poblaciones y campos y desbordando ríos en esas áreas, podríamos preguntamos si además de mitigar esas crecidas, no sería posible aprovechar parte de esa agua excedentaria que finalmente vierte al mar.

Gráfico de barras que muestra el volumen de agua acumulado en los embalses de la España peninsular
Estado actual (al 10/02/2026) de los embalses en las demarcaciones hidrográficas de la España peninsular.
Javier Lillo a partir de datos del Boletín Hidrológico, MITECO, CC BY-SA

Un anómalo tren de intensas borrascas

Desde la borrasca Benjamín –precedida por la dana Alice– y hasta la última, Oriana, de la tercera semana de febrero, en España se han sucedido 14 borrascas concatenadas desde principios de 2026.

Este tren de intensas y prolongadas precipitaciones parece estar provocado por anomalías en la dinámica de la circulación atmosférica que podrían estar asociadas al acusado calentamiento en el Ártico.

Así, el desplazamiento hacia el sur del chorro polar pone en contacto masas de aire frío con masas de aire subtropical muy húmedas provocando la sucesión de intensas borrascas. Como resultado, la media de precipitaciones peninsulares del mes de enero ha superado notablemente las medias de los últimos cinco años.




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Gráfico de barras que muestra que el volumen de lluvias de enero de 2026 ha sido mayor que en años anteriores
Evolución de las precipitaciones en los últimos cinco años hidrológicos y tendencia del año actual.
Javier Lillo a partir de datos del Boletín Hidrológico, MITECO, CC BY-SA

Crecidas, escorrentía e infiltración

Las crecidas están causadas por un exceso de escorrentía, que depende fundamentalmente de dos factores: la infiltración del agua en el suelo y la intensidad de la lluvia. Cuando esta última supera a la primera, se produce la escorrentía: el agua empieza a correr por la superficie del terreno.

Pero la infiltración varía con la cantidad de agua en el suelo: es mayor cuando el suelo está seco y se estabiliza en los valores más bajos cuando el suelo está saturado, por lo que cuando llueve sobre un suelo ya saturado hay mayor escorrentía que cuando no lo está.

Gráfico que muestra cómo la escorrentía aumenta con la saturación del suelo por infiltración
Relación entre la infiltración (curva de infiltración) y la intensidad de precipitación (hietograma) en un evento de precipitación (aguacero). La escorrentía (exceso de lluvia) tiene lugar cuando la intensidad de precipitación supera la infiltración, que va siendo menor según se va saturando el suelo hasta estabilizarse cuando este alcanza su saturación.
Javier Lillo, CC BY-SA

En zonas urbanizadas donde la mayor parte del terreno está sellado, no hay infiltración y prácticamente toda la lluvia pasa a ser escorrentía. Si la precipitación se alarga en el tiempo y los sistemas de drenaje –sean cauces naturales o sean sistemas de alcantarillado– son insuficientes para la evacuar dicha escorrentía, entonces ocurre la inundación.

Si se quiere intervenir sobre los eventos de gran precipitación, tanto para la mitigación de crecidas como para el aprovechamiento del agua excedentaria, hay que actuar sobre la escorrentía (aguas superficiales) y sobre la infiltración (aguas subterráneas).

Ilustración que muestra que se produce mayor infiltración de agua en entornos naturales no urbanizados
Diferencias de escorrentía e infiltración entre entornos no urbanizados (rurales/naturales) y entornos urbanizados (urbanos/industriales).
Javier Lillo, CC BY-SA

Soluciones para aprovechar el agua en las ciudades

Dado que ambos procesos ocurren de manera diferente en entornos urbanos o industriales y en aquellos naturales o rurales, la gestión del agua excedentaria para su aprovechamiento será diferente.

En entornos urbanos e industriales, las soluciones hidropluviales consideran dos enfoques distintos. Uno se basa en la implantación de infraestructuras de captación y almacenamiento. El otro enfoque se centra en facilitar la infiltración natural en un conjunto de soluciones basadas en la naturaleza.

Como soluciones hidropluviales urbanas o industriales están los sistemas de drenaje urbano o SUDS –siglas de Sustainable Urban Drainage Systems–, que incluyen:

  • Pavimentos permeables, que pueden ser de infiltración directa o con sistema drenante.

  • Tejados ecológicos, de recogida de lluvia.

  • Áreas verdes y jardines de lluvia (parques inundables), en los que se facilita la infiltración directa.

  • Humedales artificiales, donde se facilita la infiltración directa.

  • Zanjas, túneles y pozos drenantes, que pueden ser de infiltración directa o con sistema drenante.

  • Tanques de tormenta, que almacenan las aguas pluviales recogidas en sistemas drenantes.




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Ilustración que muestra diferentes técnicas para aprovechar y almacenar el agua de lluvia
Soluciones hidropluviales en entornos urbanizados: (1) pavimento permeable con infiltración directa al terreno, (2) pavimento permeable con sistema drenante de captación, (3) área verde con infiltración directa, (4) humedal artificial con infiltración directa, (5) zanja de captación con sistema drenante y (6) tanque de tormenta.
Javier Lillo, CC BY-SA

Acciones en entornos naturales: cuidar ríos y vegetación

En los aguaceros en entornos naturales o rurales, el objetivo fundamental también es la regulación de cauces para mitigar desbordamientos e inundaciones, además del aprovechamiento del agua excedentaria, siendo ineludible el mantenimiento de los ecosistemas de los cauces.




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Así, sobre las infraestructuras de captación y regulación hidráulicas convencionales, como presas y embalses –que pueden provocar, entre otros impactos, la fragmentación de cauces–, adquieren relevancia las soluciones basadas en la naturaleza.

De esta forma, se pretende mejorar la infiltración con un doble objetivo: reducir la escorrentía y aumentar la recarga de los acuíferos, es decir, el almacenamiento como aguas subterráneas. La vegetación va a tener una gran importancia en la interceptación de la lluvia y la mejora de la infiltración. Las soluciones incluyen:

  • Remodelado y restauración geomorfológica (recuperación y creación de zonas de recarga: depresiones, cauces, lagunas, terrazas, etc.).

  • Revegetación, recuperación y mantenimiento de bosques (aforestación y reforestación) y de la cubierta vegetal autóctona.

  • Renaturalización de riberas.

  • Construcción, restauración y conservación de humedales.




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Ilustración que muestra las soluciones para aprovechar y controlar el agua de escorrentía en el campo
Soluciones basadas en la naturaleza para el control y aprovechamiento de la escorrentía: (1) remodelado y restauración geomorfológica de cauces; (2) revegetación, recuperación y mantenimiento de bosques; (3) renaturalización de riberas; (4) creación y conservación de humedales y (5) creación y conservación de lagunas y lagos.
Javier Lillo, CC BY-SA

Evaluación de los impactos

Como ocurre con los sistemas de captación y almacenamiento convencionales, estas soluciones basadas en la naturaleza han de ser implementadas atendiendo a todos los posibles impactos en los diferentes procesos hidrológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, existen estrategias y herramientas que permiten el aprovechamiento del agua excedentaria en eventos de intensa precipitación, tanto convencionales –basadas en la construcción de infraestructuras hidráulicas– como no convencionales –soluciones basadas en la naturaleza–. Pero en ambos casos es imprescindible la evaluación de los impactos hidrológicos y ambientales que puede generar su implementación.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y no podemos aprovechar el agua de tanta lluvia? – https://theconversation.com/y-no-podemos-aprovechar-el-agua-de-tanta-lluvia-274892

Las heridas invisibles de la dana: los mayores sufren estrés postraumático y ansiedad climática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sacramento Pinazo-Hernandis, Profesora titular de Psicología Social en Universidad de Valencia, Universitat de València

Dimitrina Lavchieva/Shutterstock

El 29 de octubre de 2024, Valencia sufrió la mayor catástrofe climática de la historia de España. Fallecieron 238 personas y las cifras de daños materiales a causa del agua alcanzaron aproximadamente 17 000 millones de euros. Nosotros queremos poner el foco en algo devastador, pero que resulta menos visible. Nos referimos al impacto que todavía tiene la riada en la salud mental de las personas mayores.

Los datos sugieren que no solo se enfrentaron a un riesgo físico desproporcionado (representan casi dos de cada tres fallecimientos), sino que ahora lidian con secuelas psicológicas profundas. Por ejemplo, el conocido como “trastorno de estrés postraumático”.

El Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana ha ofrecido ayuda psicológica gratuita a 5 500 personas para aliviar el impacto emocional y prevenir que este y otros problemas mentales se cronifiquen.

Anatomía de un instante

La inundación fue un evento traumático colectivo. Interrumpió abruptamente la seguridad de muchos hogares sin que nadie lo esperara. Para centenares de personas el trauma se manifiesta meses después a través de recuerdos intrusivos o flashbacks, donde escenas de la inundación se reexperimentan con viveza aterradora al cerrar los ojos. Esto se ve alimentado por un entorno social y mediático que, debido a la magnitud de la tragedia, actúa como un recordatorio constante.

Desde una perspectiva clínica, la evidencia es reveladora. Los estudios indican que las personas mayores tienen más del doble de probabilidades de desarrollar síntomas de trastorno de estrés postraumático que los jóvenes tras desastres naturales de inicio repentino.

Esta vulnerabilidad no se refiere solo a la que pueda provocar la edad y la pérdida de funcionalidad y movilidad. También se relaciona con la intensidad de la exposición y la falta de avisos tempranos que impidió una evacuación efectiva.

Somatización: el cuerpo relata el desastre

A lo largo de nuestra investigación hemos realizado entrevistas a treinta personas de entre 60 y 84 años. De estas, el 80 % eran mujeres y el 40 % vivían solas. Uno de los hallazgos más significativos de nuestro trabajo (todavía pendiente de publicación) es la somatización del malestar emocional. En otras palabras, el trauma no solo reside en la mente: los testimonios recogidos tres y once meses después del desastre describen síntomas físicos claros: “Dolores punzantes en el pecho, tensión muscular extrema y fatiga crónica que no remite con el descanso”.

La ciencia explica que este estrés prolongado y no tratado se manifiesta con “una sensación de bloqueo físico y emocional que impide retomar las actividades cotidianas”. También con un patrón de insomnio reactivo, donde el miedo a que el desastre se repita durante la noche impide un sueño reparador. Algunos afectados “han optado por dormir en el sofá o permanecer vestidos durante la noche para estar listos ante una posible huida”, lo que evidencia un estado de alerta patológico.

Hipervigilancia y ansiedad climática

El trastorno de estrés postraumático tras la DANA ha generado un fenómeno de hipervigilancia ambiental. Para una persona mayor que vive en la zona cero el clima ha dejado de ser una conversación trivial para convertirse en fuente de pánico. Según nuestro trabajo, “el simple hecho de que el cielo se nuble desencadena respuestas de ansiedad climática y necesidad compulsiva de consultar las previsiones meteorológicas”.

La ansiedad anticipatoria es un síntoma clave del trastorno de estrés postraumático. El análisis de las fuentes bibliográficas destaca que esta ansiedad es particularmente aguda en mujeres que viven solas y personas con movilidad reducida, en viviendas en plantas bajas o atrapadas durante meses en pisos altos por [la avería de ascensores]. Un año después de la catástrofe, unos mil aún estaban fuera de servicio o con las obras paralizadas

La falta de confianza en las instituciones, debida a que la alerta oficial llegó cuando ya era tarde y el agua inundaba las viviendas, ha exacerbado este sentimiento de inseguridad. Al no sentirse protegidos por quien debería proteger se produce un estado de estrés permanente.

El sentimiento de haber sido olvidados por la Administración profundiza la herida traumática y dificulta la recuperación, ya que el apoyo social es el principal factor protector contra el trastorno de estrés postraumático.

El impacto psicológico del momento catastrófico se ve agravado por la pérdida de objetos con una carga emocional insustituible. Para una persona mayor la destrucción de fotografías y objetos personales “no es solo una pérdida material, es una erosión de su propia identidad e historia de vida”.

Una necesaria intervención psicológica

La comunidad científica advierte de que el trauma en las personas mayores tras una catástrofe climática suele ser silencioso. Esto sucede porque existe una tendencia (por su parte y por la de la sociedad) a normalizar el sufrimiento y a minimizar el dolor en comparación con el de otros grupos de edad. Como resultado, esto lleva a una autoexclusión de los servicios de salud mental.

Nuestros datos lo muestran con claridad. Ninguno de los participantes en nuestra investigación buscó apoyo psicológico formal de un modo proactivo, a pesar de presentar síntomas evidentes de trastorno de estrés postraumático.

Es imperativo que las políticas de recuperación tras el desastre vayan más allá de reconstruir infraestructuras. Urge un apoyo psicológico realizado por profesionales especializados para que las personas mayores puedan reconocer sus necesidades y recuperar el bienestar.

Solo a través de una intervención que sane la herida invisible del estrés postraumático se podrá garantizar que las personas mayores no solo sobrevivan a la catástrofe, sino que recuperen la capacidad de vivir sin miedo cuando el cielo se pone gris.

The Conversation

Sacramento Pinazo-Hernandis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las heridas invisibles de la dana: los mayores sufren estrés postraumático y ansiedad climática – https://theconversation.com/las-heridas-invisibles-de-la-dana-los-mayores-sufren-estres-postraumatico-y-ansiedad-climatica-275187

¿Es lo mismo estar triste que tener depresión?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adolfo J. Cangas, Catedrático de Psicología, Universidad de Almería

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por María, de 15 años. IES Miguel de Cervantes (Granada)


¿Quién no se ha sentido triste alguna vez? Es un sentimiento muy común y muy humano, pero conviene no confundirlo con la depresión, que sería un problema de salud mental. Reconocer en qué se diferencian es esencial para cuidarnos a nosotros mismos y saber cuándo solicitar ayuda profesional.

Hace falta estar triste (de vez en cuando)

La tristeza es una emoción natural, incluso necesaria. Aparece como respuesta a situaciones difíciles o frustrantes, como una discusión con un amigo, perder algo importante, suspender un examen, sentirse solo o recibir malas noticias. Nos avisa de que algo no va bien y nos invita a reflexionar o a pedir ayuda. A veces, tras un mal día, hablar con alguien de confianza o hacer algo que nos guste suele aliviarla.

Lo habitual es que la tristeza se vaya por sí sola y no paralice nuestra vida diaria. Aunque el ánimo decaiga, podemos continuar con nuestras tareas, relacionarnos y disfrutar de lo que nos gusta. Es parte del proceso de adaptación. En muchos casos, nos ayuda a reflexionar sobre situaciones difíciles, aprender de ellas y adaptarnos a los cambios.

Señales de alarma

La depresión, en cambio, es una emoción más intensa, dura más tiempo y tiene un impacto importante en la vida cotidiana. Las personas que la sufren pueden perder el interés o el placer en actividades que antes les llenaban; tienden a aislarse, a tener dificultades de concentración, a sentirse agotadas de forma persistente o a pasar largos periodos en la cama. También suelen llorar a menudo y experimentan cambios bruscos en el sueño y en el apetito.

A todo ello se suma un sentimiento de desesperanza: todo parece más pesado, difícil de afrontar y sin salida clara, lo que genera un bloqueo que interfiere con la vida cotidiana.

Por lo tanto, una diferencia clave es que la tristeza suele alternarse con momentos de bienestar y tiende a desaparecer por sí sola, mientras que la depresión permanece y resulta difícil superarla sin apoyo profesional o del entorno cercano (familia, amigos…). Sentirse triste forma parte de la experiencia humana; en cambio, vivir ese bloqueo emocional de manera constante es una señal de que podemos sufrir una depresión.

Y es importante darnos cuenta de que lo que estamos experimentando va más allá de un simple bajón, porque entonces necesitamos ayuda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que uno de cada siete adolescentes entre 10 a 19 años presenta algún problema de salud mental, y son justamente la depresión y los trastornos de ansiedad los más comunes.

Salir del pozo en buena compañía

Como decíamos antes, para gestionar la tristeza o evitar que derive en algo más serio, suele ser útil compartir lo que sentimos con personas de confianza, que puedan brindar comprensión y apoyo. Mantener una rutina diaria y cuidar el sueño, la alimentación y la actividad física también nos protegen. Además, dedicar tiempo a hobbies, a oír o interpretar música, a disfrutar del arte o hacer deporte ayuda a aliviar ese malestar y a mantener la conexión con los demás.

En algunos países incluso se han creado espacios donde es posible juntarse con otras personas para crear “un escudo” contra la depresión. Por ejemplo, el proyecto Area Abierta, en Montreal (Canadá), propone lugares de encuentro en los que los jóvenes pueden compartir experiencias, recibir acompañamiento emocional y participar en talleres creativos.

En Almería, la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (FAISEM) impulsa SM_Escucha, un espacio público para jóvenes menores de 25 años que buscan alivio a sus dificultades psicológicas en momentos difíciles. Apoyado por la Cátedra Universitaria Ciudadanía y Salud Mental FAISEM-UAL, esta iniciativa promueve la escucha activa desde el diálogo abierto: ofrece un lugar seguro para expresarse y poder conectar con otras personas. No hace falta pedir cita y cuenta con un equipo de “facilitadores” que organiza reuniones donde participa el joven que lo solicita junto a quienes este decida invitar.

Disponer de estas opciones no solo nos ayuda a cuidarnos a nosotros mismos, sino que también permite acompañar mejor a quienes nos rodean. Si notas que tú o alguien cercano experimenta un malestar que no desaparece, buscar ayuda a tiempo puede marcar la diferencia.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Adolfo J. Cangas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es lo mismo estar triste que tener depresión? – https://theconversation.com/es-lo-mismo-estar-triste-que-tener-depresion-270201

Las redes “sociales” están muertas: ahora son solo trampas de atención

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Checa García, Profesor y consultor de marketing digital. Director del Máster en Redes Sociales de UNIR, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Ilustración sobre la soledad impuesta por las mal llamadas “redes sociales”. Jamillah Knowles & Reset.Tech Australia / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

El término “redes sociales” ha quedado fosilizado en nuestro vocabulario, una inercia lingüística que oculta una realidad tecnológica y sociológica muy diferente. Sin embargo, las redes sociales, tal y como fueron concebidas, han muerto. Lo que hoy consumimos son plataformas comerciales de entretenimiento masivo, construidas sobre una arquitectura que ya no busca la conexión entre personas, sino la retención de la atención ante un espectáculo interminable y, en gran medida, amateur.

Para comprender esta defunción, es necesario mirar atrás, hacia la arqueología de internet. En sus inicios, plataformas como Six Degrees y, posteriormente, MySpace o el primer Facebook, tenían una misión clara: trasladar el grafo social del mundo físico al entorno virtual. El objetivo era establecer vínculos, ya fueran con conocidos o con extraños afines, y la interacción era fundamentalmente conversacional. El usuario construía su red de forma activa y el contenido que consumía era, estrictamente, el que esa red generaba. La publicación de una fotografía o un estado era una invitación al diálogo, un nodo de conexión que fortalecía la relación entre personas.

De la red de contactos al feed de intereses

En el paradigma actual, no obstante, la cercanía emocional o relacional con el creador del contenido es irrelevante. Lo que prima es la capacidad de ese contenido para retener al usuario durante microsegundos. El algoritmo de TikTok, por ejemplo, no premia la amistad: se centra en mostrar contenidos inferidos a partir de microseñales (tiempo de visualización, repeticiones, pausas).

Esto ha convertido a los usuarios en espectadores pasivos de un flujo incesante de vídeos cortos, memes y opiniones de personas con las que no tienen, ni tendrán, ningún vínculo real. Facebook e Instagram han ido pasando de organizarse en torno a “personas y cuentas que sigues” a mostrar “más contenido relevante recomendado por sistemas de IA”, es decir, un “motor de descubrimiento”. La metáfora ya no es la del club social, sino la del catálogo.

Cuando el objetivo es retener

Este cambio altera los incentivos. Publicar “para los tuyos” tiene menos sentido si la distribución depende de un sistema que premia la probabilidad de consumo, no la calidad del vínculo. En la práctica, lo relacional se desplaza hacia la mensajería privada, los grupos pequeños y los contenidos efímeros, mientras lo público se ha convertido en un mero escaparate.

En este escenario, la conversación existe, aunque deja de ser la unidad económica principal. Lo que se monetiza es la atención sostenida. Y ahí encaja la saturación publicitaria: cuantos más minutos dentro, más impresiones, más segmentación, más datos recabados del usuario.

Contenidos gratis, anuncios caros

La transformación tiene una lógica empresarial impecable. Las plataformas alojan y distribuyen una cantidad masiva de contenido producido por usuarios que, en su inmensa mayoría, no cobran nada. Ese contenido es abundante, renovable, personalizable y barato. La plataforma vende publicidad alrededor (y dentro) de esa producción ajena, sin asumir los costes propios de los grupos mediáticos tradicionales: redacciones, licencias, producción, derechos.

La monetización se expande, incluso, hacia territorios que antes parecían “puertos seguros” de lo social. Meta ya ha anunciado la introducción de publicidad y suscripciones en WhatsApp, aunque se concentre en la pestaña de “Novedades” y no en los chats. El movimiento es simbólico: la mensajería, donde todavía se conserva la intimidad del vínculo, también se integra en la lógica del producto comercial.

Incluso LinkedIn, el último bastión de la red social profesional pura, ha comenzado a contaminar su feed con contenido “inspiracional” y recomendaciones algorítmicas que poco tienen que ver con la red de contactos directa del profesional, buscando aumentar el tiempo de permanencia en la aplicación a costa de la relevancia laboral.

YouTube y la prueba evidente

En este debate conviene incluir una aclaración: YouTube se ha llamado mil veces red social sin haberlo sido nunca. Es, ante todo, una plataforma de entretenimiento con capa social. Puedes comentar, suscribirte, dar a “me gusta” o chatear en directo, pero el centro del sistema no es crear contactos, es consumir vídeo. Lo interesante es que muchas redes se han “youtubeado”: mantienen funciones sociales, pero su corazón es la recomendación algorítmica orientada a retención.

La paradoja es que las propias plataformas reconocen, de forma indirecta, que el cambio ha sido profundo. Meta ha empezado a probar funciones para reiniciar las recomendaciones de Instagram y recuerda que existen alternativas como el feed de “Seguidos” en orden cronológico. Si hace falta un botón para que seamos nosotros quienes gestionemos nuestra propia experiencia, es porque el algoritmo ya no es un asistente: es, por defecto, el director de programación.

¿Deberíamos dejar de llamarlas redes sociales?

En el contexto español, esta realidad se palpa con datos. El Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain arroja una luz muy clara sobre el cambio de paradigma: la principal motivación de los usuarios españoles para usar estas plataformas ya no es “estar en contacto con amigos”, sino “entretenerse”, un objetivo citado por más del 80 % de los encuestados.

Fenómenos como la Kings League o el auge de los streamers españoles no son más que la profesionalización de este entretenimiento dentro de plataformas que ya funcionan como las nuevas cadenas generalistas.

En definitiva, en un momento en el que se plantea vetar su acceso a menores de 16 años, debemos empezar a llamar a las cosas por su nombre. Seguir llamando redes sociales a Instagram, TikTok o X es un error categórico. Son plataformas de entretenimiento algorítmico donde la interacción humana ha quedado relegada a un segundo plano, supeditada siempre al imperativo comercial de mantenernos mirando la pantalla el mayor tiempo posible.

La red, entendida como tejido humano, se ha roto. Lo que queda es una audiencia global fragmentada, sola y perpetuamente entretenida.

The Conversation

Fernando Checa García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las redes “sociales” están muertas: ahora son solo trampas de atención – https://theconversation.com/las-redes-sociales-estan-muertas-ahora-son-solo-trampas-de-atencion-275118

‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amalia Pedrero González, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad CEU San Pablo

En medio de un buen _brunch_ es necesario hacerle una _update_ a las amigas. Roman Samborskyi/Shutterstock

Es común hoy en día estar rodeados de fake news, asistir a una conferencia en streaming o ver una sitcom en prime time. Si hablamos de moda, son continuas las referencias al look (incluso al lookazo), el outfit, el animal print y el dress code. En cuanto a la alimentación, ya sabemos que es mejor para la salud todo lo healthy, y que debemos evitar consumir demasiada fast food, como pueden ser los hot dogs.

Los extranjerismos están en todos lados de la conversación popular. Pero ¿está bien emplearlos? ¿Es cool o da cringe?

Préstamos entre idiomas

Para establecer la corrección o no de estos, en primer lugar, es necesario precisar qué entendemos por extranjerismo.

En sentido estricto, y referido al español, por extranjerismo se entiende toda aquella voz que no procede de la evolución directa del latín, origen de la lengua actual.

Desde este punto de vista, son extranjerismos palabras como guerra y yelmo (germanismos), almohada y alfiler (arabismos), crema y servilleta (galicismos), acuarela y ópera (italianismos) o líder y túnel (anglicismos).

Todos estos términos se perciben hoy día como propios del español. Y es lógico, porque la incorporación de voces de otras lenguas no es un fenómeno característico de los últimos tiempos: desde el origen de nuestro idioma se han ido integrando en él palabras de muy distinta procedencia.

No obstante, la aportación de unas lenguas u otras varía a lo largo de los siglos. La llegada de arabismos fue más frecuente en la Edad Media (naranja, azúcar); los italianismos, en el Renacimiento (novela, soneto) y los galicismos, especialmente en los siglos XVIII y XIX (botella, blusa). Actualmente, los anglicismos (tique, vip) son los que reciben el mayor protagonismo.

A lo largo del tiempo

Ya que no es un fenómeno reciente, ¿cuál es la postura académica con respecto al uso de palabras de origen extranjero?

Pues se ha producido una evolución en este sentido a lo largo del tiempo. Para conocer cuál ha sido este cambio, son muy esclarecedores los prólogos de las distintas ediciones del Diccionario, como el de 1843, donde se recoge lo siguiente:

“Este es el objetivo primordial del Diccionario, dar á conocer las palabras propias y adoptivas de la lengua castellana, sancionadas por el uso de los buenos escritores; pero muchos no lo entienden así; y cuando no encuentran en el Diccionario una voz que les es desconocida, en vez de inferir que no es legítima y de buena ley, lo que infieren es que el Diccionario está diminuto. Así hemos visto lamentarse algunos de no hallar en él las palabras comité (por comisión) o secundar (por cooperar), y otras muchas extranjeras que están infestando la mayor parte de los escritos que diariamente circulan”.

En este texto se aprecia claramente aversión hacia este tipo de voces. En los prólogos de los Diccionarios Manuales de la Real Academia, que intentan ser diccionarios de uso, también se percibe la misma idea de rechazo hacia la voz de origen foráneo, como se lee en el prólogo del Diccionario manual de 1927:

“Incluye [el Diccionario] también los vocablos incorrectos y los extranjerismos que con más frecuencia se usan (…), poniendo en su lugar la expresión propiamente española que debe sustituirlos”.

Si bien es verdad que se han ido aceptando voces cuyo uso ya era generalizado, a veces se ha mostrado excesiva reticencia a adoptar estos términos. Así sucedió con la voz sándwich, documentada desde 1881 en español, aunque su incorporación al Diccionario se produjo en la edición de 1992, ciento once años después.


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En la actualidad

Esta postura de oposición se ha modificado en los últimos tiempos. Por ello, en el actual Diccionario panhispánico de dudas se aclara que:

“Todos los idiomas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas procedentes de lenguas diversas. Los extranjerismos no son, pues, rechazables en sí mismos. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda en lo posible a nuevas necesidades expresivas y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y unitaria, acomodándolos al máximo a los rasgos gráficos y morfológicos propios del español”.

Al leerlo, se aprecia un aperturismo hacia el uso de voces de procedencia extranjera. Pero con matices: si existe una voz española para designar la realidad, es preferible usar esa (contraseña en vez de password; correo electrónico por e-mail; silenciar por mutear). En el caso de que no exista o no esté muy extendida, es admisible la voz extranjera (emoji, software), pero intentando adaptarla a la lengua (pódcast, selfi, tuit).

Así, podemos concluir que los extranjerismos empobrecen el lenguaje cuando la lengua receptora posee una voz para designar esa misma realidad. Por el contrario, la enriquecen cuando no existe el término para denominar la nueva entidad.

De todas formas, con el paso del tiempo, estas incluso pueden desplazar a la voz patrimonial: la palabra “calzón” fue sustituida por el galicismo pantalón, o “millo”, a su vez, reemplazada por el término de origen taíno maíz. En el caso del fútbol, donde la terminología procede del inglés, dependiendo del lugar se hablará de árbitro o de réferi, de penaltis o penales

En conclusión, no somos más elegantes al emplear extranjerismos. Pero tenemos que tener presente que la sociedad evoluciona y la lengua lo hace con ella, por lo que llegarán nuevas voces procedentes de distintos sitios: unas se consolidarán; otras, con el tiempo, desaparecerán.

The Conversation

Amalia Pedrero González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos? – https://theconversation.com/streaming-selfie-o-look-es-correcto-emplear-extranjerismos-273985

Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

Gorodenkoff/Shutterstock

Las consejeras ejecutivas ganan menos que sus colegas hombres, incluso cuando ocupan el mismo cargo. Hemos analizado las diferencias salariales entre hombres y mujeres en los consejos de administración de las empresas españolas que cotizan en la Bolsa de Madrid entre 2013 y 2021, y hemos llegado a la conclusión de que aplicar correctamente las normas de buen gobierno corporativo puede reducir esa desigualdad.

La brecha existe… pero no siempre por lo mismo

Sabemos que, en España, la brecha salarial llega a ser muy elevada entre consejeros y consejeras ejecutivas. Pero no toda esa diferencia tiene el mismo origen.




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Cuando romper el techo de cristal no basta: las consejeras ejecutivas en España cobran hasta un 55 % menos que los hombres


En parte se explica por factores objetivos: el tamaño de la empresa, el puesto que se ocupa dentro del consejo, la participación en comisiones de trabajo o la trayectoria profesional. Todo eso influye en la retribución final de los consejeros y consejeras.

Sin embargo, incluso cuando se comparan perfiles equivalentes, la brecha no desaparece del todo. Una parte significativa no puede explicarse por características observables. Esto indica que también intervienen factores estructurales, organizativos o culturales.

Para entenderlo bien hay que mirar el sueldo con más detalle.

No todos los componentes del salario funcionan igual

El sueldo de un consejero ejecutivo tiene varias partes:

  1. Retribución fija: compuesta por una remuneración fija por pertenencia al consejo, un sueldo por la labor ejecutiva, otra remuneración por pertenencia a comisiones dentro del consejo y las dietas.

  2. Retribución variable: compuesta por retribuciones variables a corto y largo plazo en función de objetivos, retribuciones a través de acciones o similares, y retribuciones a través de sistemas de ahorro.

  3. Otras retribuciones: remuneraciones en especie e indemnizaciones por cese del consejo.

Cuando se analizan por separado, aparecen diferencias importantes.

Si en la retribución fija gran parte de la brecha se relaciona con características del puesto o de la empresa, en la remuneración variable la situación cambia: los incentivos concentran una parte muy relevante de la desigualdad que no puede explicarse por factores objetivos.

Esto es clave. La mayor parte de la diferencia aparece precisamente en la parte del salario donde hay más margen de decisión.

El papel del buen gobierno corporativo

Aquí entra en juego un elemento poco visible fuera del ámbito empresarial: las recomendaciones de buen gobierno sobre remuneraciones.

En España, estas directrices (soft law, no vinculantes pero que sirven de referente) son promovidas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores y establecen principios como:

  • Transparencia en las políticas salariales.

  • Coherencia entre remuneración y resultados.

  • Evaluación independiente de los salarios.

  • Control de la discrecionalidad en los incentivos.

No son simples formalidades. Su objetivo es que las decisiones salariales sean justificables y supervisables.

Qué ocurre cuando se cumplen las reglas

Las empresas que aplican mejor estas recomendaciones presentan una menor brecha salarial entre consejeros y consejeras ejecutivas.

La reducción se observa en todos los componentes de la remuneración. Esto es, tanto en la retribución fija como en la variable, incluso en los otros tipos de retribución menos frecuentes.

Por tanto, el cumplimiento con los estándares de buen gobierno en materia de remuneración no es simbólico: tiene efectos reales y medibles sobre la igualdad salarial.

Por qué el cumplimiento reduce la desigualdad

Las recomendaciones citadas obligan a las empresas a explicar y documentar sus decisiones salariales. Eso limita la arbitrariedad y reduce la influencia de sesgos o inercias históricas.

La transparencia introduce control, que reduce la discrecionalidad. Y menos discrecionalidad significa menos desigualdad.

Además, las empresas con sistemas de gobierno más sólidos suelen tener procesos de decisión más estructurados y culturas organizativas más inclusivas. La igualdad deja de depender de decisiones individuales y pasa a integrarse en el funcionamiento normal de la organización.

El gran punto crítico: los incentivos

Aun así, el principal foco de desigualdad sigue siendo la remuneración variable.

Los bonus y pagos ligados al desempeño son más difíciles de evaluar objetivamente y suelen depender de valoraciones más flexibles. Por eso son también más sensibles a sesgos, conscientes o inconscientes.

Pero no es el único factor. También influye cómo hombres y mujeres tienden, en promedio, a tomar decisiones ante la incertidumbre.

Numerosas investigaciones en economía y comportamiento organizativo muestran que, de media, las mujeres sienten más aversión al riesgo que los hombres. Esto no significa que todas se comporten igual ni que siempre eviten el riesgo, pero sí que, en términos agregados, tienden a preferir ingresos más seguros frente a ganancias potenciales inciertas.

Aplicado a la remuneración de los consejeros ejecutivos, esto puede traducirse en una mayor preferencia por salarios fijos –más estables y predecibles–, incluso si eso implica renunciar a incentivos variables que podrían ser más altos, pero también más inciertos.

En cambio, muchos sistemas de bonus premian la asunción de riesgo, la negociación agresiva o la apuesta por objetivos muy ambiciosos. Si unos profesionales están, en promedio, más dispuestos a aceptar esa incertidumbre que otros, el resultado puede ser una mayor diferencia en la remuneración variable, incluso sin discriminación directa en cada decisión individual.

Esto ayuda a explicar por qué la brecha salarial se concentra especialmente en los incentivos: son el componente donde confluyen tanto la discrecionalidad organizativa como las diferencias promedio en preferencias frente al riesgo.

Por eso, si se quiere reducir la brecha salarial de forma efectiva, no basta con revisar cuánto se paga, sino también cómo se diseñan los sistemas de incentivos y qué tipo de comportamientos se están premiando.

Más mujeres no basta

Aumentar la presencia femenina en los consejos es necesario, pero no suficiente. La igualdad real no consiste solo en acceder a los cargos, sino en recibir la misma compensación por funciones equivalentes. Si no ocurre así, el techo de cristal desaparece, pero la desigualdad permanece en el salario.

Las conclusiones apuntan a medidas concretas:

  • Auditorías de equidad salarial.

  • Transparencia en los criterios retributivos.

  • Evaluación objetiva del desempeño.

  • Comités de remuneraciones independientes.

  • Supervisión específica de los incentivos variables.

Promover el cumplimiento efectivo de las recomendaciones de buen gobierno no solo mejora la gestión empresarial. También reduce las desigualdades estructurales.

Sabemos que la brecha salarial existe, incluso en la cúspide empresarial. Ahora sabemos algo más importante: puede reducirse.

Cuando las reglas se aplican de verdad, la igualdad deja de ser una promesa y empieza a ser un resultado.

The Conversation

Álvaro Melón Izco recibe fondos de la Universidad de La Rioja (REGI22/55).

ref. Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha – https://theconversation.com/las-consejeras-ejecutivas-siguen-ganando-menos-que-sus-colegas-masculinos-como-reducir-la-brecha-275350

El secreto del bagazo de agave: no es residuo, es riqueza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Cosecha del agave en el estado de Jalisco (México). T photography/Shutterstock

Cada piña de agave (o magüey) azul que entra en las destilerías de Los Altos de Jalisco, en México, sale convertida en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40 % del peso de la planta.

La mayor parte de estos restos se consideran un estorbo, un problema ambiental, un costo de disposición. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro repleto de moléculas que valen su peso en oro.

Bagazo de agave: usos históricos

A partir de las fibras maceradas de los agaves o magüeyes los aztecas elaboraban un papel muy similar al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinía (1482-1569), cronista de la Nueva España, contaba: “Hácese del methl (magüey) buen papel; el pliego es tan grande como dos pliegos del nuestro…”.

Durante generaciones, una parte de ese bagazo se ha empleado para el compostaje, la fabricación de ladrillos, papel, alimento de ganado y relleno de colchones. Pero estos usos no son suficientes para la gran cantidad de restos que se generan en la fabricación de tequila.

Fuente de energía y material de vanguardia

En primer lugar, del bagazo de agave se obtienen pélets de biomasa, pequeños cilindros compactos con un enorme poder calorífico. Su uso para la generación de energía representa un ahorro para las empresas tequileras de alrededor del 50 % respecto al coste del fuel. Con respecto a la huella de carbono, las emisiones se reducen en un 37 % en toda la cadena del tequila.

Además, el uso de pélets de agave permite un modelo circular: las cenizas provenientes de su quema se utilizan como abono orgánico.

Otra peculiaridad del bagazo es que sus fibras contienen nanocristales de celulosa, un biomaterial altamente resistente, flexible y ligero. ¿El resultado? Ya se produce PolyAgave, un bioplástico de fibra de agave con el que se fabrican productos biodegradables que se descomponen en meses sin dejar rastros tóxicos.

Y en 2022, una estudiante de Biotecnología de la Universidad Autónoma de Guadalajara se planteó, si el bagazo pudiera servir para limpiar agua contaminada. Sus experimentos demostraron que, procesado, funciona como una esponja molecular que atrapa contaminantes. En sus pruebas, obtuvo un material bioabsorbente altamente eficiente para la depuración del agua contaminada con colorantes.

De la tierra al botiquín

En el ámbito de la salud, el bagazo contiene sapogeninas, materia prima para la producción de corticosteroides y hormonas esteroideas que se utilizan para tratar inflamaciones, asma y desórdenes hormonales. Además, está cargado de flavonoides y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.

Y por si fuera poco, el grupo de investigación de bioproductos sostenibles del Instituto Tecnológico de Monterrey descubrió que el bagazo contiene prebióticos que alimentan la microbiota intestinal, reducen el azúcar en sangre, generan saciedad y fortalecen el sistema inmune.

Por tanto, lo que antes se tiraba podría servir para prevenir y curar enfermedades.

La promesa de aprovechamiento

En los campos de agave azul que pintan el paisaje en Los Altos de Jalisco (México) como un océano de espadas plateadas, el bagazo se acumula en cantidades que desafían la imaginación: más 750 000 toneladas al año. Durante décadas, la mayoría terminaba quemado, tirado o pudriéndose en los campos. Hasta ahora.

Los residuos agroindustriales deben ser considerados materia prima para otros procesos. Aprovechar el bagazo de agave implicaría convertirlo en combustible sustentable, nanomateriales, compuestos farmacéuticos, prebióticos, bioplásticos y bioetanol, y dejaría de ser desecho orgánico para convertirse en nuevos materiales y fuente de riqueza para los productores.

The Conversation

Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El secreto del bagazo de agave: no es residuo, es riqueza – https://theconversation.com/el-secreto-del-bagazo-de-agave-no-es-residuo-es-riqueza-271187

El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel González Hernández, Profesora sustituta en el área de Didáctica y Organización Escolar. Departamento de Didáctica e Investigación educativa ULL, Universidad de La Laguna

Zoteva/Shutterstock

Lucía, de dos años, suele preferir estar sola en la escuela infantil. Cuando se organizan actividades (canciones, bailes o rodar una pelota en grupo), se queda al margen, sentada en un rincón mirando fijamente al suelo o un objeto propio, o se tapa los oídos y gira sobre sí misma repetidamente.

Sus maestras la animan a unirse al círculo diciendo “¡Vamos, Lucía, tienes que participar con todas!”, insistiendo hasta que consiguen convencerla; a veces incluso la toman en brazos para colocarla en medio del grupo. Pero esto aumenta la irritabilidad de la niña, provocando mayor retraimiento.

Los niños y niñas con autismo presentan un funcionamiento neurológico diverso que influye en cómo perciben el entorno, procesan la información sensorial, regulan sus emociones y se relacionan con los demás.

Esto, en la etapa infantil (entre los 0 y los 6 años) afecta a cómo conectan sus emociones con su expresión corporal, y se traduce a menudo en una mayor tendencia al juego solitario, en dificultades para compartir intereses con otras personas y en formas atípicas de mostrar afecto o malestar, como evitar la mirada, buscar los mismos objetos o recurrir a movimientos repetitivos para autorregularse.

Emoción, expresión, cuerpo y juego

En estas edades tan tempranas, es el cuerpo la principal vía de relación con el entorno, y el juego su principal vía de expresión. A través del juego se desarrolla el pensamiento, la creatividad, la autonomía y la socialización.

Una de las metodologías que utilizan el juego como principal herramienta de acompañamiento a niños y niñas con autismo es la psicomotricidad relacional. A continuación explicaremos en qué consiste y cómo se puede aplicar.

Escuchar, comprender y conectar

Las manifestaciones corporales, tanto en la dimensión motriz, como en la cognitiva y la afectivo‑social, proporcionan información valiosa sobre el desarrollo del niño, su bienestar emocional y posibles alteraciones.

En la dimensión motriz se observan, por ejemplo, la coordinación de los movimientos, el equilibrio o la presencia de torpeza y rigidez corporal; en la dimensión cognitiva, la forma en que explora el espacio, mantiene la atención en una actividad o planifica una acción; y en la dimensión afectivo‑social, gestos como acercarse o evitar el contacto, buscar el abrazo del adulto, compartir o no el juego con otros niños y niñas, así como posturas que transmiten seguridad, timidez o malestar.




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Los y las docentes y cuidadoras pueden aprender mucho simplemente observando estos comportamientos: les permite identificar signos de alarma, comprender y acompañar en el desarrollo infantil desde una perspectiva integral.

La psicomotricidad relacional y autismo

La psicomotricidad relacional busca, a través del análisis de la expresividad de cada niño y niña, conectar con sus emociones, ajustando la intervención a sus vivencias corporales. Toma como punto de partida sus competencias y trata de acompañar en la manifestación y transformación de sus necesidades, ayudándole a evolucionar.

A diferencia de enfoques directivos que usan objetivos fijos y muchas palabras e indicaciones para guiar al niño, aquí el psicomotricista se acerca jugando, usa su propio cuerpo para mediar, se fija en lo que hace sin invadirle, y le ofrece opciones que le ayuden a relacionarse mejor con lo que le rodea.

Un entorno que estimule

Así, le da herramientas útiles y con sentido para que su cuerpo sirva para conectar con otros, expresarse y entender el mundo, todo partiendo de su interés y de su propia actividad.

A partir de la observación de cómo el niño usa el espacio, juega con los materiales y se relaciona con otros/as, el psicomotricista crea un entorno que estimula el deseo de comunicarse, compartir y explorar, ampliando las posibilidades de juego y expresión. Esto implica respetar su ritmo, ofrecer materiales que se ajusten a sus intereses sensoriales, participar en el juego de manera respetuosa y ayudarle a tomar conciencia de sí mismo y de las demás personas.

Cuando existe menos integración corporal

Algunos niños y niñas tienen muchas dificultades para relacionarse porque les cuesta sentir y organizar su propio cuerpo. Es decir, no logran percibir bien cómo es su cuerpo ni cómo se mueve. En el caso de niños y niñas con autismo, esto dificulta que puedan iniciar o mantener relaciones, ya que su cuerpo no acompaña su deseo de comunicarse ni les permite percibir o comprender la respuesta de la otra persona.

En estas situaciones, el psicomotricista puede ayudarles a construir una mejor conciencia de su cuerpo. Lo hace acompañándolos en la acción y proponiendo juegos que representen experiencias corporales. Estos juegos les permiten organizarse, reconocer sus límites corporales y, poco a poco, lograr momentos de encuentro con el otro que faciliten la relación y la comunicación.




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Por ejemplo, en un juego de cucú–tras–tras, el psicomotricista acompaña al niño o la niña en la acción, ayudándole a anticipar lo que va a pasar y a reconocer dónde empieza su propio cuerpo y el del otro.

Aislados en sus propias fantasías

Otros niños con autismo, aunque acceden al simbolismo, pueden mostrar una fantasía desbordante que les aísla. El desafío consiste en ofrecer un espacio seguro que les permita organizar y compartir su mundo, conectándolo con la realidad social y emocional que les rodea.

Esto se puede lograr ofreciendo materiales y juegos que vinculen la imaginación con la acción concreta, acompañando sus propuestas sin imponerlas, nombrando y reflejando sus emociones, y favoreciendo interacciones graduales con otros niños y niñas para que la fantasía se conecte con experiencias compartidas.

Por ejemplo, el caso de un niño con autismo que juega solo dentro de una fantasía repetitiva del superhéroe, el psicomotricista le invita a utilizar una tela a modo de capa y, poco a poco, introduce pequeñas interacciones con otros niños y niñas, como pedir ayuda al superhéroe para rescatar a un muñeco o invitar a otro/a niño/a a participar en una misión sencilla, de modo que la fantasía se transforme en una experiencia compartida.

Comenzar por grupos pequeños

La psicomotricidad relacional no solo favorece el desarrollo individual, sino que también proporciona un espacio social rico y significativo donde se promueve la interacción, la cooperación y la empatía.

Las actividades se pueden organizar en parejas o tríos donde resulte posible para el niño con autismo desarrollar un juego compartido y la construcción conjunta de significados, adquiriendo herramientas básicas para la relación. En ocasiones, es posible la ampliación de sus relaciones, accediendo al contexto social que supone jugar en un grupo diverso más numeroso.

Se genera un entorno inclusivo, donde se acoge a la persona tal como es, reconociendo y validando sus características, capacidades y estilos expresivos propios. En definitiva, se crean contextos vivos donde cada niño y niña puede participar, convivir y sentirse parte activa del grupo, construyendo una experiencia de pertenencia, identificación, colaboración y crecimiento mutuo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo – https://theconversation.com/el-juego-como-herramienta-de-socializacion-de-ninos-y-ninas-con-autismo-269570

Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Miozzo, Investigador postdoctoral en neurociencias, Universidad Miguel Hernández

Un experimento con ratones explica el mecanismo por el que los ambientes enriquecidos ayudan a aprender mejor. Andy Luo / Unsplash., CC BY

Desde hace décadas, sabemos que crecer en un entorno rico en estímulos sensoriales, sociales y físicos favorece el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje. Aunque estos beneficios son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, no se limitan a las primeras etapas de la vida. También en la vejez, un entorno estimulante contribuye a retrasar el deterioro cognitivo y a mantener la mente activa.

A pesar de esta evidencia conductual, todavía conocemos muy poco sobre los mecanismos neuronales y moleculares subyacentes. ¿Cómo convierte el cerebro la experiencia ambiental en cambios duraderos en las habilidades de aprendizaje y en la memoria?

Ratones jugando con un modelo de ADN. Los roedores son modelos clave para entender cómo el ambiente dialoga con los genes y moldea la memoria.
Laboratorio de Neurociencias, Universidad Miguel Hernández.

Desde el Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, hemos publicado recientemente en Nature Communications un estudio hecho en ratones que aporta nuevas claves fundamentales sobre este proceso.

En concreto, muestra que el impacto del entorno no es igual en todas las poblaciones neuronales del cerebro. Además, identifica uno de sus componentes, el complejo proteico AP-1, como un mediador central entre el ambiente y la cognición.

Tres entornos, tres cerebros distintos

Para estudiar cómo el entorno modula la cognición, nuestro equipo, liderado por el doctor Ángel Barco, crió ratones hembra jóvenes durante tres meses en tres condiciones ambientales bien definidas.

El primer grupo vivió en un entorno enriquecido. Los animales compartían grandes cajas que facilitaban la exploración e interactuaban en grupos de 15 a 20 individuos. Además, disponían de ruedas para hacer ejercicio y de juguetes que se cambiaban regularmente para mantener la novedad. Un segundo grupo vivió en un entorno estándar, en grupos pequeños de 4-5 ratones, con material básico para la nidificación como único recurso. El tercer grupo fue criado en un entorno empobrecido, caracterizado por el aislamiento social y la ausencia total de estímulos.

Tras este periodo, los animales fueron sometidos a pruebas de aprendizaje y memoria. Los ratones del entorno enriquecido mostraron un rendimiento cognitivo claramente superior. Esta mejora se observó, por ejemplo, en el test de condicionamiento del miedo, una versión en roedores del clásico condicionamiento de Pavlov.

En cambio, los ratones criados en condiciones empobrecidas presentaron dificultades de memoria. Los déficits de detectaron en pruebas de reconocimiento de objetos, que evalúan la capacidad del animal para distinguir entre un objeto previamente explorado y uno nuevo.

Desentrañar la complejidad celular del cerebro

Comprender qué ocurre a nivel molecular en el cerebro es especialmente complejo, porque hay decenas de tipos neuronales y no neuronales que conviven e interactúan. Los análisis globales tienden a mezclar señales de distintas células, dificultando la interpretación de los resultados. Para superar esta limitación, decidimos centrar nuestro estudio en dos poblaciones neuronales del hipocampo esenciales para la memoria: las neuronas piramidales y las neuronas granulares.

Neurona piramidal humana observada mediante el método de Golgi. Nótese que la dendrita apical se extiende verticalmente por encima del soma y que hay numerosas dendritas basales que surgen de forma lateral desde su base.
Wikimedia Commons., CC BY

Por un lado, separamos cuidadosamente subregiones específicas del hipocampo mediante una disección fina. Por otro, aplicamos una técnica genética para marcar con fluorescencia las neuronas de interés. La combinación de ambos métodos nos permitió aislar las neuronas piramidales y granulares de manera muy precisa. Así, pudimos aplicar técnicas avanzadas de genómica para ver cómo se activan o apagan los genes en cada tipo de neurona.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los distintos entornos no actuaban de la misma manera en ambas poblaciones neuronales. El entorno enriquecido produjo cambios moleculares más pronunciados en las neuronas granulares, mientras que el entorno empobrecido afectó más a las neuronas piramidales.

AP-1 como pieza clave de la plasticidad inducida por el entorno

Además, los autores identificamos un patrón molecular que conectaba estos cambios en las neuronas con el comportamiento: las dos condiciones ambientales inducían efectos opuestos sobre el complejo proteico AP-1, encargado de regular genes claves para la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas de modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia. Mientras que el entorno enriquecido activaba AP-1, el entorno empobrecido lo reprimía. Esta correlación estrecha entre la actividad de AP-1 y el rendimiento cognitivo sugería que el complejo actúa como traductor molecular de la experiencia ambiental.

A continuación, nos propusimos comprobar si AP-1 era necesario para los cambios en la memoria inducidos por el entorno. Para ello, inactivamos el gen Fos, que codifica una subunidad esencial del complejo AP-1. Al hacerlo, los beneficios cognitivos del entorno enriquecido se atenuaron significativamente. Este experimento demostró que, sin la activación de AP-1, incluso un entorno rico en estímulos pierde gran parte de su capacidad para potenciar la cognición.

AP-1 funciona, así, como un traductor molecular clave de los efectos del entorno en el cerebro. Activa genes que modifican las sinapsis y remodelan los circuitos, procesos fundamentales para el aprendizaje y la memoria.

Convertir la experiencia en una herramienta clínica

Estos resultados refuerzan la idea de que la estimulación física, social e intelectual durante la infancia y la adolescencia es crucial para el desarrollo cognitivo. Más allá de confirmar una intuición ampliamente aceptada, este estudio identifica un mecanismo molecular concreto que conecta el entorno con la plasticidad cerebral.

Reconocer a AP-1 como un regulador central de este proceso abre la puerta a terapias que imiten o potencien los beneficios de un entorno enriquecido. Modular farmacológicamente esta vía de señalización tiene el potencial de abrir nuevas oportunidades terapéuticas en el futuro. Su aplicación podría ayudar a tratar trastornos de desarrollo del cerebro, la pérdida de memoria relacionada con la edad o situaciones con acceso limitado a entornos estimulantes.

Comprender cómo el entorno “habla” con nuestros genes es un paso esencial para para mejorar la salud del cerebro.

The Conversation

Federico Miozzo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro – https://theconversation.com/vivir-en-entornos-ricos-en-estimulos-aumenta-la-plasticidad-del-cerebro-273142

¿A qué llamamos evidencia científica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Roman Samborskyi/Shutterstock

En tiempos de desinformación viral y certezas instantáneas, pocas expresiones se usan con tanta autoridad y, a menudo, con tan poca precisión, como “evidencia científica”. Se invoca en debates políticos, campañas de salud pública, discusiones familiares y hasta anuncios comerciales, como si fuera un sello de verdad absoluta. Pero ¿qué significa realmente este concepto que parece tan evidente y, al mismo tiempo, tan escurridizo?

A simple vista, podríamos decir que la evidencia científica es aquello que “demuestra” algo con base en la ciencia. Sin embargo, basta examinarla para descubrir que no es un objeto estable, sino un proceso complejo, lleno de matices, incertidumbres y revisiones constantes.

Lejos de ser un bloque monolítico, la evidencia científica se construye, se cuestiona y, a veces, se contradice. Comprender su naturaleza es fundamental para navegar debates sobre temas tan diversos como vacunas, inteligencia artificial, cambio climático o nutrición.

¿Quién puede generar evidencia científica?

Existe la creencia de que la ciencia es un territorio exclusivo de profesionales en laboratorios. Pero, en esencia, la ciencia no es un título; es un método. Si una persona formula una pregunta clara, plantea una hipótesis, recoge datos con rigor, controla sesgos y expone sus conclusiones al escrutinio público, está utilizando el método científico, y por ende, está haciendo ciencia.

Lo que determina la validez de un resultado no es quién lo produce, sino cómo se generan y evalúan los datos. Aun así, la ciencia moderna se ha vuelto tan técnica que algunos experimentos requieren equipamiento, financiación o conocimientos especializados. Esta barrera es práctica, no filosófica.

¿Cuánta evidencia es suficiente? La evidencia como gradiente

Una de las ideas más importantes y más difíciles de comunicar es que no toda evidencia pesa igual. Ningún estudio aislado, por sólido que sea, puede cargar por sí solo con el peso de la verdad. La evidencia se acumula y se evalúa como un gradiente.

La jerarquía clásica de evidencia científica –ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales, series de casos– es una guía útil, pero imperfecta. En la vida real, la “mejor evidencia disponible” depende de la pregunta, del contexto y de la factibilidad de los estudios.

Por ejemplo, no sería ético aleatorizar a personas a fumar o no fumar para estudiar el cáncer de pulmón; por eso, los estudios observacionales cuidadosamente diseñados se convierten en la forma más robusta de evidencia posible para ese tipo de problemas.

Además, la reproducibilidad es clave. Un resultado aislado puede ser interesante; un resultado reproducido por distintos equipos, en distintos lugares y con distintos métodos se vuelve convincente.

Cuando las evidencias se contradicen

Las contradicciones entre estudios pueden parecer desconcertantes para el público, pero son una parte esencial del progreso científico. Diferentes grupos pueden estudiar poblaciones distintas, usar métodos con niveles de precisión variables o analizar los datos con supuestos estadísticos divergentes.

En ocasiones, lo que parece contradicción es simplemente evidencia incompleta. Si cinco estudios pequeños sugieren un efecto y un gran ensayo clínico lo contradice, el peso de la evidencia recae en el estudio más riguroso, no en la suma aritmética de publicaciones.

¿Existe un protocolo único para producir evidencia científica?

Aunque solemos hablar del “método científico” como si fuera una receta única, la realidad es mucho más diversa. La biología, la física, la sociología, la medicina o la astronomía utilizan aproximaciones metodológicas distintas, adaptadas a sus objetos de estudio.

En medicina, los ensayos clínicos aleatorizados son la herramienta más robusta para evaluar intervenciones. En cambio, el estudio del clima depende de modelos matemáticos de enorme complejidad. En ciencias sociales, los métodos cualitativos (entrevistas, etnografías, análisis de discurso) generan evidencia distinta, pero complementaria a la cuantitativa.

Lo que todas estas aproximaciones comparten es la transparencia: describir qué se hizo, cómo se hizo, con qué datos, bajo qué supuestos y con qué limitaciones. La evidencia científica se legitima, en buena medida, por su capacidad de ser revisada y puesta a prueba.

La evidencia científica: provisional por diseño

Sin embargo, quizá la característica más fascinante de la evidencia científica es su carácter provisional. Una afirmación científica es fuerte no porque sea eterna, sino porque está sujeta a revisión, cuando aparezcan datos o métodos mejores. Esta flexibilidad, a veces percibida como debilidad, es, en realidad, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a la acción. Significa actuar con la mejor evidencia disponible, mientras se sigue investigando.

En salud pública, durante pandemias o ante avances tecnológicos disruptivos, la evidencia es necesariamente imperfecta y evoluciona rápidamente. Entender esto ayuda a evitar frustraciones, conspiraciones y falsas dicotomías.

La clave: evidencia como punto de partida

Por tanto, la evidencia científica no es un veredicto final, sino un proceso continuo, colectivo y perfectible. Su fuerza radica en su capacidad de autocorregirse, reconocer sus limitaciones y mejorar con el tiempo.

En un mundo saturado de datos, opiniones y pseudocertezas, comprender su naturaleza dinámica resulta esencial. La evidencia científica no cierra debates: los abre. Es, más que una respuesta, una invitación permanente a seguir preguntando.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿A qué llamamos evidencia científica? – https://theconversation.com/a-que-llamamos-evidencia-cientifica-269831