Inteligencia artificial: el nuevo asesor de compra de la generación Z

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

Ground Picture/Shutterstock

Comprar ya no empieza necesariamente en una tienda. Tampoco empieza siempre escribiendo unas palabras en Google. Ahora, cada vez más, se empieza con una pregunta: “¿Qué móvil me recomiendas si hago muchas fotos y no quiero gastar más de 400 euros?”, “¿qué zapatillas me aconsejas si quiero ir al gimnasio dos veces a la semana?”.

La inteligencia artificial está cambiando algo muy cotidiano: la forma en que se toman las decisiones de compra. Hasta ahora, buscábamos la información, comparábamos enlaces, leíamos reseñas y analizábamos las diferentes opciones. Ahora se puede pedir directamente una recomendación: la IA generativa empieza a funcionar como una asesora de compra.

La diferencia parece pequeña, pero no lo es. Si el buscador tradicional ofrece resultados, la IA conversa, resume, compara y aconseja sobre la intención de compra.

Redes sociales, reseñas e IA: el nuevo entorno de compra joven

Este cambio se ve con especial claridad en la generación Z. El 60 % de los jóvenes de esta generación usa habitualmente resúmenes generados por IA, frente al 29 % de los baby boomers. Lo que se combina, además, con el canal mas importante en la decisión de compra: las redes sociales.

No se trata solo de comprar por internet. Esto ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo novedoso es que una parte de la compra empieza a adoptar la forma de conversación.

Antes escribíamos: “Mejores auriculares inalámbricos” y recibíamos una lista de enlaces. Ahora precisamos: “Quiero unos auriculares para trabajar, hacer videollamadas, caminar por la ciudad, y no gastarme más de 80 euros”. Y obtenemos una respuesta adaptada y personalizada.

¿Qué es el consumo algorítmico conversacional?

A este patrón podemos denominarlo: consumo algorítmico conversacional. Es algorítmico porque depende de sistemas que ordenan, filtran y priorizan información. Y es conversacional porque la decisión se construye preguntando y afinando preferencias.

Lo más asombroso es que el algoritmo da una respuesta personalizada, guiada por nuestras interacciones. Al estar al tanto de nuestro historial de búsquedas, conoce nuestros gustos, nuestras preferencias y hasta nuestras dudas. Lo que le permite aconsejarnos el producto más adecuado (sin habérselo especificado).

Ya no se trata del influencer que recomienda, de la marca que persuade o de la reseña que tranquiliza. La inteligencia artificial devuelve una respuesta con apariencia de consejo razonado. Ahí está la clave, crear la sensación de credibilidad, calidad y personalización.

Para la generación Z, este cambio no aparece de repente. Es una generación que ya estaba acostumbrada a descubrir productos en redes sociales, mirar reseñas, seguir recomendaciones de creadores de contenido y contrastar opiniones en comunidades digitales.

Cuando una persona joven pregunta a una IA qué comprar puede estar pidiendo algo más que información técnica. Le está pidiendo que traduzca sus preferencias, presupuesto, estilo, aspiraciones y sus dudas en una recomendación concreta. La IA entra así en un momento muy sensible del proceso de compra: cuando el deseo todavía se está formando.

La recomendación parece consejo

Tanta comodidad y conveniencia tiene su contrapartida. La respuesta de la IA puede parecer neutral porque está escrita de forma clara, amable y personalizada. Sin embargo, no sabemos qué fuentes ha utilizado, qué marcas ha priorizado, qué criterios ha aplicado o qué opciones ha dejado fuera.

Hasta hace bien poco, el gran negocio digital fue captar la atención de los consumidores. Las plataformas competían por nuestros clics, nuestro tiempo y nuestra mirada. La IA conversacional abre otra fase: convertir nuestras intenciones de compra en un nuevo recurso económico.

Las conversaciones con modelos de IA pueden servir para recoger, moldear y comercializar nuestras intenciones de consumo. Todo aquello que estamos pensando hacer, comprar o decidir, incluso antes de que se convierta en una compra concreta.

La pregunta relevante no es si la generación Z compra usando la IA, sino qué ocurre cuando una generación aprende a desear, comparar y elegir conversando con sistemas que parecen aconsejar, pero también filtran, jerarquizan y orientan lo invisible.

La generación Z está mostrando antes que nadie un cambio que probablemente se extenderá a otros grupos de consumidores: pasar de buscar productos a consultar decisiones.

No se trata solo de compras

El paso del buscador al asesor algorítmico modifica el comercio digital, pero también la confianza, la autonomía y la forma en que los consumidores construyen sus gustos y preferencias.

Comprar, elegir y decidir empieza a parecerse cada vez más a una conversación (con una pantalla) que parece conocernos, que habla con cercanía y a la que empezamos a conceder una confianza antes reservada a las personas de nuestro entorno.

The Conversation

Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inteligencia artificial: el nuevo asesor de compra de la generación Z – https://theconversation.com/inteligencia-artificial-el-nuevo-asesor-de-compra-de-la-generacion-z-286994

¿Qué efecto tienen los colores en nuestro cerebro?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

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Asociamos el color rojo a las señales de peligro y el verde nos transmite tranquilidad. Pensamos en el azul para decorar una habitación en la que relajarnos y en el color amarillo si nos proponemos llamar la atención.

Y bien sabemos que las marcas comerciales eligen cuidadosamente los tonos de sus logotipos e incluso que hay colores a los que les atribuimos la capacidad de mejorar nuestra concentración. Sí, estamos rodeados de ideas sobre cómo los colores afectan a nuestro cerebro.

Pero ¿existe realmente una neurociencia del color? La respuesta corta es sí. Y la larga, mucho más interesante.

El color no está en la luz

Aunque suene raro, los colores no existen en la luz. La luz contiene diferentes longitudes de onda (el llamado espectro electromagnético) y es nuestro sistema nervioso el que, en la zona del espectro visible y comparando las señales que le llegan a la retina, construye la experiencia que llamamos color.

El cerebro no dispone simplemente de un detector para el rojo, otro para el verde y otro para el azul. La retina humana contiene cinco tipos de células sensibles a la luz: bastones; conos sensibles a longitudes de onda corta (S), medias (M) y largas (L); y un tipo de células ganglionares que expresan el fotopigmento melanopsina.

De modo general, podemos resumir que la percepción cromática surge de la comparación entre las señales de diferentes tipos de conos. En cierto modo podemos decir, pues, que el color es una interpretación cerebral de la luz.

Pero la historia se vuelve aún más interesante cuando descubrimos que nuestros ojos contienen células sensibles a la luz cuya función principal no es ayudarnos a formar imágenes.

Mucho más que ver

Las células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs) son neuronas que contienen melanopsina, un pigmento especialmente sensible a longitudes de onda cortas; con un máximo de sensibilidad próximo a los 480 nanómetros (nm, milmillonésimas partes de metro), el fotopigmento capta la región del espectro asociada al azul verdoso.

Las ipRGCs participan en lo que conocemos como la visión no visual. La expresión puede parecer contradictoria, pero lo que trata de describir es que nuestros ojos no solo envían al cerebro información para reconocer caras, leer estas palabras o distinguir una manzana roja de una verde. Estas células también informan sobre la cantidad y las características de la luz en el ambiente, con lo que contribuyen a regular el sueño, los ritmos circadianos, el estado de alerta y otros procesos fisiológicos.

Además, las ipRGCs no trabajan solas. Reciben información de los conos y de los bastones y participan en circuitos retinianos complejos capaces de integrar las señales relacionadas con el color.

Dicho de otro modo, cuando abrimos los ojos, la luz hace al menos dos cosas a la vez: nos permite ver el mundo y, además, informa a nuestro organismo sobre qué momento del día parece ser. Y lo digo así porque podría no serlo, porque podrían confundirse.

Pensemos en alguien que mira el teléfono móvil en la cama a medianoche; o sea, yo mismo. El reloj marca las doce, pero la retina está recibiendo una señal luminosa que dista mucho de estar asociada con la oscuridad de esa hora. Para algunos circuitos de nuestro cerebro, el mensaje que llega desde los ojos es que, quizá, todavía no sea el momento de dormir.

La paradoja del azul

Y aquí aparece una curiosa contradicción. Solemos asociar el azul con la calma. Basta con pensar en el cielo o en la mar. Sin embargo, la luz rica en las longitudes de onda cortas (entre los 460 y los 480 nm) puede producir justo lo contrario, especialmente durante la noche.

Una revisión sistemática y de tipo metaanálisis ha mostrado que la luz comprendida en el rango antes indicado puede aumentar el estado de alerta y modular la actividad cerebral y ciertas funciones cognitivas. Y estos efectos son mucho más evidentes durante la noche que durante el día.

¿Dónde está la explicación? Pues, en buena medida, en la melanopsina. Cuando esas longitudes de onda activan el fotopigmento, las ipRGCs que lo contienen responden y ponen en marcha vías nerviosas que conectan la luz ambiental con la regulación de nuestros ritmos biológicos al interferir con la secreción de melatonina, la hormona que producimos durante la noche y que actúa como una señal biológica de oscuridad.

¿Y el rojo nos pone nerviosos?

Ya hemos visto que el color que creemos percibir y el efecto fisiológico de la luz no son exactamente la misma cosa. Y, en este sentido, hay estudios que han encontrado diferencias en la actividad cerebral (mediante electroencefalografía) cuando observamos distintos colores.

Por ejemplo, se ha asociado la percepción del rojo con cambios en la banda alfa-3, banda que los autores relacionan con una posible respuesta emocional negativa y un aumento de la ansiedad. En cuanto a los estímulos azules y verdes, produjeron diferencias en la banda beta-1, lo cual se considera compatible con una mayor atención.

Pero cuidado, que hablamos de asociaciones entre determinados patrones de actividad cerebral y de estados emocionales o cognitivos, lo que no significa que el estudio haya demostrado que el rojo provoque ansiedad ni que el verde nos haga más atentos. Es decir, que de estos experimentos no podemos concluir que pintar una oficina de verde vaya a convertirnos automáticamente en trabajadores más concentrados.

En definitiva, nunca procesamos un color aislado del mundo. Un semáforo rojo, una rosa roja y una mancha roja sobre una bata blanca pueden compartir color y provocar, obviamente, experiencias completamente diferentes.

La construcción inconsciente del color

Revisando todos estos artículos, y partiendo de que creemos que los colores afectan a nuestro cerebro porque los vemos, la conclusión más interesante que sacaría en claro es la siguiente: lo que la neurociencia está demostrando es que parte de los efectos de la luz comienzan antes de que el cerebro haya construido conscientemente el color.

Sí, vemos la luz, pero nuestro organismo también la mide sin que seamos conscientes de ello. Y mientras nuestro cerebro decide si algo es azul, verde o rojo, otros circuitos están intentando responder a una pregunta mucho más básica: ¿es de día o es de noche?

The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

ref. ¿Qué efecto tienen los colores en nuestro cerebro? – https://theconversation.com/que-efecto-tienen-los-colores-en-nuestro-cerebro-286447

Ni castigar ni ceder al miedo: cómo enfrentarse a la violencia de hijos contra padres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miriam Junco Guerrero, Personal Docente e Investigador Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Málaga

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Marcos, un adolescente de 14 años, vuelve a casa después de pasar todo el día fuera. Su madre le recuerda que había quedado en vaciar el lavavajillas y sacar la basura. Marcos responde con gritos y de mala manera, y cuando su madre insiste en que era lo acordado y que debe contribuir al orden en casa, la discusión va a más. Unos días después, ante una situación parecida, Marcos no se limita a gritar: insulta y pega un portazo. Poco a poco, su madre empieza a medir sus palabras, a evitar determinados temas y a preguntarse, antes de reclamarle que haga o deje de hacer alguna cosa, cómo va a reaccionar.

Un día, la madre de Marcos se da cuenta de algo terrible: tiene miedo de su propio hijo.

La mayoría de padres y madres no son capaces de imaginar una situación así. Sin embargo, este tipo de violencia de hijos a padres está más presente de lo que pensamos: en 2024, la Fiscalía General del Estado registró 4 425 procedimientos de menores por violencia doméstica hacia ascendientes y hermanos. Y esta cifra recoge únicamente los casos que llegan al sistema judicial. Puede aparecer en todo tipo de familias, sin que haya necesariamente situaciones previas de violencia o agresividad durante la infancia. Tampoco son únicamente resultado de una crianza autoritaria o violenta.

Reaccionar ante la violencia de un hijo

Cuando un hijo o hija grita, insulta o intimida, muchas familias acaban respondiendo de dos formas opuestas: aumentando los castigos o cediendo para evitar una nueva explosión. Ninguna de las dos opciones funciona.

En el primer caso, quedan atrapadas en un círculo que se retroalimenta: cuanto mayor es la violencia, mayor es la necesidad de reaccionar; y cuanto más se reacciona, más se intensifica el conflicto.

En el segundo, ceder puede reducir el conflicto a corto plazo, pero también puede hacer que el miedo a una nueva reacción termine condicionando las decisiones de los padres. Poco a poco, dejan de poner ciertos límites o de abordar determinados temas para evitar una nueva explosión.

De esta manera algunas familias acaban atrapadas en una convivencia marcada por el miedo, la angustia y la incertidumbre. Evidentemente, la convivencia se deteriora y se rompe la sensación de seguridad del hogar. Los padres sienten que, poco a poco, pierden el control de la situación.

La solución no pasa por imponer más autoridad, sino por recuperarla de otra manera: sin alimentar la escalada del conflicto.

Resistencia no violenta en el hogar

¿Qué alternativas existen? La Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP) propone la “resistencia no violenta”. Este enfoque, desarrollado por el profesor de psicología israelí Haim Omer, propone recuperar la autoridad sin luchar por el control. No se trata de renunciar a los límites, sino de ejercerlos desde la calma, evitando entrar en una dinámica de confrontación permanente. Porque poner límites y castigar son cosas diferentes.

El modelo parte de una idea sencilla pero profundamente transformadora: un hijo o una hija necesita saber que su comportamiento violento no será aceptado, pero también que su lugar dentro de la familia nunca estará en duda.




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Esto se puede lograr “pulsando el botón de pausa”: evitando responder impulsivamente a una agresión o provocación, y regulando primero las propias emociones para poder intervenir desde la serenidad.

Por ejemplo, si nuestro hijo empieza a insultarnos durante una discusión, en lugar de responder al insulto, levantar la voz o imponer un castigo en ese momento, podemos detener la conversación y decirle que hablaremos de lo ocurrido cuando ambos estemos más tranquilos. No se trata de ignorar lo sucedido ni de ceder, sino de posponer la respuesta para evitar que el conflicto siga escalando.

Cómo mantener la calma

Regular las propias emociones ante una agresión no significa ser permisivo, ni mirar hacia otro lado o dejar pasar la violencia. Significa evitar que el miedo, la rabia o la frustración tomen el control y conduzcan a una respuesta impulsiva. Se trata de recuperar la calma para elegir el momento y la forma adecuados de afrontar la situación. O, como resume uno de sus principios, actuar cuando “la plancha está fría”. Solo así es posible ejercer una autoridad firme, serena y coherente.

Por ejemplo, si nuestro hijo da un portazo o golpea un objeto durante una discusión, es posible que nuestra primera reacción sea seguirle, exigirle que vuelva inmediatamente o amenazarle con un castigo. En lugar de actuar desde esa rabia, podemos darnos unos minutos para recuperar la calma y retomar lo ocurrido más tarde. Esperar no significa dejar pasar la conducta: el límite sigue ahí, pero se aborda cuando la tensión ha disminuido.

Reparar y buscar apoyo

Esta técnica va más allá de la gestión del conflicto. También busca reparar la relación con los hijos. Por ello, propone aumentar la presencia parental mediante pequeños gestos cotidianos –un mensaje preguntando cómo ha ido el día o una actividad compartida– que recuerdan que siguen siendo queridos, aunque su comportamiento deba cambiar. Estos gestos no pretenden premiar la conducta violenta, sino reconstruir un vínculo que el conflicto suele haber deteriorado profundamente.

Otro de los pilares del modelo consiste en romper el silencio. El miedo, la culpa o la vergüenza aíslan a muchas familias. Frente a ello, ser capaz de reconocer el problema permite buscar y crear una red de apoyo formada por familiares, amigos o profesionales. Pedir ayuda no significa fracasar, sino dejar de afrontar la violencia en soledad.

Esta estrategia psicológica de respuesta se basa en esperar a que pase el momento de mayor carga emocional.
Cuatro pilares de la resistencia no violenta.
Miriam Junco

Un manual de referencia

Para facilitar el acceso en español a este enfoque hemos adaptado el Manual para Progenitores de Resistencia No Violenta con la colaboración de profesionales especializados. Este recurso permite a las familias conocer los principios y estrategias de la resistencia no violenta y puede servir de apoyo para comprender y afrontar estas situaciones, sin pretender sustituir el acompañamiento profesional.

Cuando la violencia es recurrente, existe miedo en el hogar o se producen amenazas o agresiones, es recomendable acudir a profesionales especializados que puedan valorar la situación y adaptar la intervención a las necesidades de cada familia.




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La violencia filio-parental no admite soluciones simples y, en muchos casos, requiere una intervención especializada. Pero modelos como la resistencia no violenta muestran que existe una alternativa al enfrentamiento permanente.

Ningún padre, ninguna madre ni ningún hijo deberían sentir que su hogar ha dejado de ser un lugar seguro. Recuperar la autoridad no consiste en ganar una batalla. Consiste en reconstruir una convivencia en la que, al abrir la puerta de casa, nadie tenga que preguntarse con temor qué ocurrirá hoy.

The Conversation

Shirley Jeannet Arias Rivera es miembro de La Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP) y la Asociación para el estudio y apoyo a las familias (ESAFAM).

David Cantón Cortés y Miriam Junco Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Ni castigar ni ceder al miedo: cómo enfrentarse a la violencia de hijos contra padres – https://theconversation.com/ni-castigar-ni-ceder-al-miedo-como-enfrentarse-a-la-violencia-de-hijos-contra-padres-287889

El eclipse total que verá España en 2027 será muy diferente del que acabamos de presenciar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Eclipse solar de 2026, desde Vitoria-Gasteiz, España. Mike Peel / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Hace apenas unos días, millones de personas pudieron contemplar cómo el día se convertía en noche sobre buena parte de España. El 12 de agosto de 2026, la Luna se interpuso entre nuestro planeta y el Sol, y su sombra atravesó la península ibérica de oeste a este.

Fue un eclipse total especialmente llamativo porque España se encontraba casi al final de la trayectoria de la sombra: la totalidad llegó al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte. En A Coruña, por ejemplo, nuestra estrella estaba a solo 12 grados de altura durante la totalidad, en Burgos a 8 grados y, en Palma, apenas alcanzaba los 2 grados.

Pero no será el último evento de estas características que cruzará nuestros cielos próximamente. El 2 de agosto de 2027 otro eclipse solar total atravesará España. Y, aunque ambos estarán separados por apenas 355 días, serán fenómenos muy diferentes, debido a la geometría de la sombra lunar.

La sombra de la Luna

Cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, bloquea la luz solar y proyecta hacia nuestro planeta una sombra formada por distintas regiones.

La penumbra es la zona exterior. Si alguien está dentro ella, verá cómo la Luna oculta solamente una parte del disco solar y se observa un eclipse parcial. En el interior, se encuentra la umbra, donde nuestro satélite consigue cubrir completamente el Sol. Quienes están dentro de esta zona pueden contemplar la totalidad, como sucederá en el eclipse de 2027 y como ocurrió hace unas semanas.

Umbra, penumbra y antumbra de la Tierra.
Wikimedia Commons

Existe además una tercera región, la antumbra, que se produce cuando el vértice de la umbra no llega a alcanzar la superficie terrestre. Desde allí, la Luna se ve ligeramente más pequeña que el Sol y se observa un eclipse anular, con el conocido “anillo de fuego”. Es lo que presenciaremos, también en España, el 26 de enero de 2028.

Así, la franja de totalidad que aparece sobre los mapas es la huella que deja esa pequeña sombra mientras recorre la superficie terrestre. Y su posición cambia de un eclipse a otro porque cambia la posición relativa de la Luna, la Tierra y el Sol.

De un extremo de España al otro

En 2026, la franja de totalidad recorrió prácticamente toda la mitad norte de la península ibérica. Como España se encontraba cerca del final del recorrido de la sombra, ocurrió al final de la tarde, con el Sol muy próximo al horizonte.

Animación del eclipse solar de agosto del 2027.
A.T. Sinclair

Pero, en 2027, sucederá justo lo contrario. La franja de totalidad se desplazará al extremo sur y atravesará el estrecho de Gibraltar. Incluirá Cádiz, parte de Málaga, las zonas más meridionales de Granada y Almería, Ceuta y Melilla. El eclipse será parcial en el resto del país.

Y habrá una diferencia decisiva: ocurrirá por la mañana. La totalidad tendrá lugar aproximadamente a las 10:50, con el Sol mucho más alto sobre el horizonte.

La matemática de la sombra

Pero ¿cómo podemos saber con tanta precisión dónde estará esa diminuta sombra?

Una de las herramientas fundamentales para calcularlo son los elementos de Bessel, desarrollados en el siglo XIX por el astrónomo Friedrich Bessel. En lugar de seguir directamente la compleja geometría tridimensional de Sol, Luna y Tierra, este método proyecta el eje de la sombra lunar sobre un plano perpendicular a él (conocido como plano de Bessel).

Umbra y penumbra (verde) proyectadas sobre la esfera terrestre durante un eclipse solar y plano fundamental de Bessel (rojo)
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Los elementos de Bessel describen cómo se mueve ese eje y cómo cambian con el tiempo los tamaños de la umbra y la penumbra. A partir de ellos, pueden determinarse las zonas de comienzo y final del eclipse, la trayectoria de la totalidad, su anchura y la duración del fenómeno en cada lugar. Los cálculos de la NASA sitúan la anchura máxima de la franja de totalidad en unos 258 kilómetros.

Un evento todavía más espectacular

La diferencia no será únicamente geográfica. También aumentará la duración de la totalidad. En 2027, dentro de España, alcanzará unos 4 minutos y 49 segundos en Ceuta. Melilla tendrá unos 4 minutos y 34 segundos, Cádiz, 2 minutos y 56 segundos y Málaga, alrededor de 2 minutos.

Durará más debido a una combinación favorable de factores geométricos. La Luna se encontrará lo suficientemente cerca de la Tierra como para presentar un diámetro aparente mayor que el del Sol y la geometría del encuentro hará que su sombra recorra la superficie terrestre de forma favorable.

Además, el astro rey estará mucho más alto en el cielo que durante el eclipse de 2026. Esto facilitará la observación y la fotografía: no habrá que luchar contra la atmósfera cercana al horizonte, que puede distorsionar y atenuar su imagen. También será más sencillo encontrar un lugar con el horizonte despejado.

Durante esos minutos, la Luna ocultará completamente la fotosfera solar y podremos observar la tenue corona, normalmente invisible por el intenso brillo de la superficie del Sol. La corona no es estática: sus formas dependen de la actividad magnética de nuestra estrella y, durante un eclipse, pueden distinguirse sus estructuras alrededor del disco lunar. Es precisamente esta visión de la atmósfera solar la que convierte la totalidad en una experiencia completamente diferente de un eclipse parcial.

Único en su estilo

Así que el eclipse de 2027 no será simplemente la repetición del que acabamos de vivir. El pasado 12 de agosto, vimos una totalidad vespertina, con el Sol rozando el horizonte y la sombra atravesando el norte peninsular. El año que viene, observaremos una totalidad matutina, con el Sol mucho más alto, una trayectoria concentrada en el sur y casi cinco minutos de oscuridad en los lugares más favorables.

La geometría celeste habrá cambiado ligeramente. Para nosotros, sin embargo, experiencia será completamente distinta.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Por qué seguimos comprando libros que no leemos… y por qué nos hace tanta ilusión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Michelle Spear, Professor of Anatomy, University of Bristol

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En las épocas de mucho ajetreo, me doy cuenta de que, sencillamente, no puedo leer tanto como me gustaría. La vida tiene la costumbre de llenar cada hora libre con trabajo, reuniones, correos electrónicos, tareas domésticas, recados y plazos. Cuando estoy en uno de mis hábitats naturales –una librería–, resulta frustrante ver tantas cosas que me gustaría leer sabiendo que no tengo tiempo.

Mi consuelo habitual es comprar el libro de todos modos y dejar que se vaya acumulando en un pequeño montón, con la esperanza de que llegue un tiempo más tranquilo en el que por fin pueda abrirlos. Es extrañamente satisfactorio. Algunos podrían llamarlo desorden. Los japoneses tienen una palabra mucho más elegante para ello: tsundoku.

El término describe el hábito de adquirir libros y dejar que se acumulen sin leer. Combina la idea de apilar cosas (tsunde), dejar algo para más tarde (oku) y leer (doku). El resultado es un concepto que captura el optimismo silencioso de una pila de libros.

Lejos de ser un signo de falta de tiempo o de disciplina, el tsundoku puede revelar algo sorprendentemente importante sobre cómo responde el cerebro a la anticipación.

La dopamina de las expectativas

Cuando nos encontramos con algo que promete disfrute o descubrimiento, el sistema de recompensa del cerebro se pone en marcha. Una de sus vías recorre el área tegmental ventral –una región del mesencéfalo, el cerebro medio, que produce dopamina y está implicada en la motivación– hasta el núcleo accumbens, una estructura que ayuda a generar sensaciones de recompensa.

La dopamina se describe a menudo como la sustancia química del placer, pero eso es demasiado simplista. Una de sus funciones clave es ayudar al cerebro a identificar oportunidades que merezca la pena perseguir. En lugar de recompensarnos solo después de que haya ocurrido algo beneficioso, el cerebro a menudo nos recompensa por adelantado, fomentando comportamientos que probablemente resulten valiosos.

Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene sentido. Nuestros antepasados se beneficiaban de buscar comida antes de tener hambre, refugio antes de que llegara una tormenta y conocimientos útiles antes de necesitarlos. Un cerebro capaz de anticipar recompensas futuras tenía una clara ventaja sobre uno que solo respondía a las necesidades inmediatas.

Esto significa que la dopamina responde no solo a las recompensas en sí mismas, sino también a su expectativa. La anticipación de una experiencia placentera puede activar las vías de recompensa mucho antes de que esta tenga lugar.

El disfrute futuro

Un libro sin leer es un buen ejemplo. Puede permanecer cerrado durante semanas o meses, pero el cerebro ya ha reconocido su valor potencial, disfrutando de la perspectiva antes incluso de haber pasado de la primera página.

El hipocampo, una estructura situada en lo más profundo del cerebro y conocida sobre todo por su papel en la memoria, también desempeña un papel importante. Aunque a menudo pensamos que el hipocampo nos ayuda a recordar, es igualmente importante para imaginar. El mismo mecanismo neuronal que nos permite reconstruir experiencias pasadas nos ayuda a construir las futuras.

Cuando nos visualizamos leyendo por fin ese libro durante unas vacaciones de verano, en un largo viaje en tren o acurrucados en el sofá en una tarde lluviosa, el hipocampo comienza a armar esa experiencia futura. Une fragmentos de experiencias anteriores almacenadas en todo el cerebro –el calor de los rayos del sol, el olor a café, el sonido de las páginas al pasar, la comodidad de nuestro sillón favorito– para crear una escena mental coherente.

En efecto, el cerebro utiliza los recuerdos del pasado para ensayar placeres que aún están por llegar.

Una mujer leyendo un libro en la playa.
Imaginándonos en el futuro.
Jacek Chabraszewski/Shutterstock.com

Contribuir al bienestar

Esta capacidad puede ser más importante de lo que creemos. Los psicólogos reconocen cada vez más que la anticipación positiva contribuye al bienestar. Esperar con ilusión experiencias agradables puede mejorar el estado de ánimo, aumentar la motivación y servir de amortiguador frente al estrés cotidiano. En algunas circunstancias, la anticipación de un acontecimiento puede ser casi tan gratificante como el propio acontecimiento.

Esto puede explicar por qué una pila de libros sin leer se percibe de forma tan diferente a una pila de correos electrónicos sin responder. Ambos representan cosas que esperan ser hechas, pero la diferencia radica en cómo los interpreta el cerebro. Los correos electrónicos sin responder son obligaciones futuras, mientras que los libros sin leer son recompensas futuras.

Quizá no sea una coincidencia que este comportamiento se perciba con mayor intensidad en las librerías que en internet. Hojear los libros en persona involucra al cerebro de forma más completa, recurriendo a los sistemas sensoriales, espaciales y de recompensa que hacen que el descubrimiento resulte más enriquecedor y memorable. Por ejemplo, el aroma característico y ligeramente dulce del papel y la tinta es detectado por el sistema olfativo y se transmite directamente a las regiones implicadas en la memoria y las emociones, como el hipocampo y la amígdala.

Mucho antes de que se lea un libro, la experiencia de encontrarlo ya se asocia con el placer. Así que quizá el tsundoku refleje una de las capacidades más notables del cerebro: la de disfrutar con experiencias que aún no han tenido lugar.


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The Conversation

Michelle Spear no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué seguimos comprando libros que no leemos… y por qué nos hace tanta ilusión – https://theconversation.com/por-que-seguimos-comprando-libros-que-no-leemos-y-por-que-nos-hace-tanta-ilusion-288112

Arqueología del Danubio: el descenso de las aguas revela más datos sobre su pasado romano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Aragón Núñez, Profesor de Historia Antigua, Universidad de Cádiz

Las grandes rutas que estructuran el mundo no siempre aparecen en los mapas como líneas visibles. A menudo discurren por el agua. Ríos, mares y estrechos han sido, durante milenios, ejes del comercio, la movilidad y el poder.

En el caso del Danubio, esta dimensión resulta especialmente clara: su tramo final (desde el límite entre Serbia y Rumanía hasta su desembocadura) no fue solo una frontera del Imperio romano, sino también un corredor estratégico que conectaba el interior de Europa con el mar Negro y los circuitos marítimos del Mediterráneo.

En ese paisaje fluvial se situaba Noviodunum, en la actual Rumanía. Noviodunum fue un destacado complejo militar, portuario y urbano fundado probablemente en el siglo I. Posteriormente, alcanzó la categoría de municipio y, por ello, una vez el campamento pasó su fase inicial empezó a tener una población asociada. Este enclave estratégico estuvo ocupado hasta la época bizantina.

Integrado en la provincia romana de Moesia Inferior, Noviodunum albergó una importante base de la flota imperial romana, la Classics Flavia Moesica, y controló la navegación y el transporte de tropas y mercancías. También fue uno de los principales lugares de paso entre el territorio romano y el llamado Limes barbaricum, un mundo fronterizo habitado por comunidades diversas y marcado tanto por los intercambios como por los conflictos.

Aunque se conoce su relevancia histórica, todavía quedan por esclarecer la configuración del puerto y de sus accesos y su relación con el asentamiento. Asimismo, nos preguntábamos de qué modo Noviodunum había articulado las comunicaciones entre el interior del Imperio, la frontera danubiana y el mar Negro.

Mucho más que un punto de atraque

De ahí nace el proyecto Noviodunum, que dirijo en colaboración con Alexandra Bivolaru (CEPAM-CNRS-Université de Nice Côte d’Azur). A través de él queremos reconstruir la evolución de un paisaje portuario complejo, en el que la ocupación humana y la dinámica fluvial se influyeron mutuamente durante siglos.

Para ello, combinamos excavación arqueológica, prospección geofísica y análisis geoarqueológicos. Los resultados obtenidos hasta el momento muestran que el puerto de Noviodunum fue mucho más que un punto de atraque. Los depósitos documentados, de gran potencia y ricos en materiales arqueológicos, indican una ocupación prolongada y una intensa modificación del entorno fluvial.

Adentrándose en el río se han identificado estructuras romanas de relevancia, fechadas entre los siglos I y III, con abundantes restos que sugieren actividades de gestión y circulación de mercancías. Por ejemplo, una gran estructura tradicionalmente interpretada como basílica podría corresponder a un horreum, es decir, un almacén de grano. Esta hipótesis es relevante porque el abastecimiento de cereales fue uno de los pilares de la logística militar romana en el Danubio.

Los datos que nos proporciona Noviodunum permiten comprender mejor cómo Roma concebía sus fronteras. El limes danubiano, la frontera que proporcionaba el río, no fue una línea inmóvil, sino un sistema flexible de control, circulación y adaptación. La presencia en el enclave de la Classis Flavia Moesica, encargada de vigilar el bajo Danubio, demuestra la importancia de este corredor fluvial para la defensa, el comercio y el abastecimiento.

La actualidad

Además, los recientes episodios de sequía han dado una nueva actualidad a este yacimiento.

Normalmente, en Noviodunum son visibles las estructuras terrestres de la fortaleza y parte del asentamiento. Sin embargo, el notable descenso del nivel del río ha dejado al descubierto sectores que hasta ahora permanecían sumergidos o cubiertos por sedimentos o que resultaban de difícil acceso. Esta situación excepcional ha abierto una oportunidad científica poco frecuente: observar directamente áreas vinculadas al puerto militar romano y a las fortificaciones tardorromanas y bizantinas.

Al extender la excavación hacia la orilla, se documentaron nuevas estructuras correspondientes a un edificio de notable entidad. La solidez de sus muros evidencia la relevancia de la construcción y su utilización durante el siglo II ha quedado bien establecida. Pero será necesario esperar a futuras campañas para determinar su función concreta. No obstante, su ubicación permite interpretarlo provisionalmente como parte del complejo portuario.

El excepcional descenso del Danubio ha hecho posible ampliar los objetivos inicialmente planteados y mejorar la comprensión del área investigada. Sin embargo, la oportunidad tiene una lectura ambivalente: aquello que permite investigar mejor el pasado es también un síntoma de las transformaciones climáticas y ambientales que afectan al paisaje danubiano.

Pasado y presente

El río actuaba como vía de comunicación, como límite político y como infraestructura natural que exigía respuestas técnicas constantes. Embarcaderos, almacenes, fortificaciones y vías de acceso formaban parte de un mismo dispositivo territorial. En este sentido, Noviodunum muestra la capacidad romana para intervenir en paisajes dinámicos y responder a sus riesgos.

Al mismo tiempo, el caso plantea una advertencia para el presente. La sequía ha convertido en visibles estructuras que durante siglos estuvieron protegidas por el agua o por los sedimentos. Pero esa exposición también las vuelve más frágiles frente a la erosión, los cambios bruscos de humedad y la presión ambiental. Las fronteras líquidas, ayer como hoy, son espacios en movimiento: lugares donde la naturaleza, la infraestructura y el poder se encuentran y se transforman mutuamente.

Investigar Noviodunum significa, por tanto, leer el pasado y actuar ante el futuro.

The Conversation

Enrique Aragón Núñez es investigador de la Universidad de Cádiz y recibe fondos de Ministerio de Cultura Español a través del Programa de Ayudas para Proyectos Arqueológicos en el Exterior del Ministerio de Cultura de España.

ref. Arqueología del Danubio: el descenso de las aguas revela más datos sobre su pasado romano – https://theconversation.com/arqueologia-del-danubio-el-descenso-de-las-aguas-revela-mas-datos-sobre-su-pasado-romano-289655

La huella de la muerte: el duelo prolongado de la Guerra Civil y el franquismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Jorge Leira Castiñeira, Ramón y Cajal Fellow en Historia Contemporánea, Universidad Carlos III

Durante décadas, la guerra civil española se ha estudiado a través de los hechos: los combates, la represión, las desapariciones forzadas, las fosas comunes o el exilio. Gracias a ese enorme esfuerzo historiográfico conocemos con bastante precisión cómo se ejerció la violencia y cuáles fueron sus consecuencias políticas y sociales.

Sin embargo, una pregunta permanecía casi intacta: ¿qué ocurre psicológicamente con las familias cuando una pérdida nunca puede cerrarse? Responder a esta cuestión exige mirar el pasado desde un lugar diferente.

Siguiendo el camino abierto por las aportaciones de las investigadoras Teresa Morandi y Anna Miñarro, se trata de explorar perspectivas que permitan comprender no solo el impacto del trauma y el duelo, sino también sus efectos en las relaciones familiares, la transmisión intergeneracional, la construcción de la memoria y las formas en que los acontecimientos no elaborados continúan actuando sobre las generaciones posteriores.

Esa ha sido la finalidad de nuestra investigación, que ha combinado herramientas de la historia y la psicología para analizar la experiencia de duelo prolongado, los síntomas de naturaleza traumática, las estrategias de afrontamiento y otras variables cognitivas presentes entre familiares de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Heridas que permanecen abiertas y se transmiten a las siguientes generaciones

Los resultados confirman una idea fundamental: el paso del tiempo no basta para resolver una pérdida cuando esta nunca ha podido elaborarse. En miles de familias españolas no hubo un cuerpo que enterrar, un funeral que celebrar ni un lugar donde recordar a los muertos. Esa ausencia convirtió el duelo en un proceso suspendido, marcado por la incertidumbre y por la imposibilidad de integrar plenamente la pérdida en la historia familiar.

Nuestros trabajos revelan que la intensidad del duelo se sigue relacionando estrechamente con síntomas de estrés postraumático incluso varias generaciones después.

Pero quizá el hallazgo más relevante no reside en demostrar que ese sufrimiento persiste, sino en comprender cómo se organiza. Nuestro más reciente estudio adopta una perspectiva distinta mediante el análisis de redes, una técnica de estadística orientada a modelizar y representar las relaciones entre un conjunto de variables. Es decir, en lugar de preguntar cuánto pesa cada síntoma por separado, analiza cómo se relacionan entre sí y cuáles actúan como ejes que organizan toda la experiencia emocional compleja.

Los resultados muestran que la experiencia traumática y de duelo prolongado presenta un patrón de organización diferente según la disponibilidad de los restos mortales.

Entre los síntomas psicológicos más presentes destacan los pensamientos intrusivos –recuerdos persistentes que irrumpen de forma involuntaria– y la hiperactivación fisiológica, ese estado de vigilancia constante característico de quienes han vivido o heredado una experiencia traumática. Son estos elementos, más que la propia intensidad del duelo, los que estructuran el sufrimiento cuando la pérdida permanece abierta.

Distintas maneras de vivir el trauma

Entre quienes desconocen por completo dónde se encuentran los restos de sus familiares, el malestar psicológico aparece organizado alrededor de la intrusión y la hiperactivación. La incertidumbre permanente mantiene activo el trauma y dificulta que el duelo pueda transformarse en un recuerdo integrado. La pérdida sigue siendo una experiencia abierta, incapaz de encontrar un cierre emocional.

Más llamativo todavía es el caso de quienes creen conocer el lugar donde se encuentra su familiar, pero no pueden recuperarlo. En este grupo prácticamente desaparecen las conexiones entre las distintas variables psicológicas.

Eso no significa que sufran menos. Al contrario: los datos sugieren que el estrés termina fragmentando la experiencia emocional hasta hacer que el padecimiento pierda una organización reconocible. Los síntomas dejan de relacionarse entre sí de manera coherente, un patrón que los autores interpretamos como compatible con procesos de tipo disociativo provocados por la paradoja de saber dónde está el ser querido sin poder hacer nada para recuperarlo.

El panorama cambia entre quienes sí han podido recuperar los restos. El dolor no desaparece, pero su estructura psicológica es diferente. El estrés pierde protagonismo y variables cognitivas relacionadas con la elaboración del duelo adquieren mayor relevancia. La red emocional aparece más cohesionada, lo que sugiere que la posibilidad de identificar, enterrar y despedir al familiar favorece una reorganización del sufrimiento.

No significa olvidar ni dejar de sentir la pérdida. Significa que esa pérdida deja de construirse exclusivamente alrededor de la incertidumbre para empezar a integrarse en una narrativa familiar donde existe un nombre, un lugar y un ritual de despedida.

Entrevistas a víctimas y familiares de ambos bandos

Esta conclusión introduce una perspectiva nueva en el debate sobre las exhumaciones. Hasta ahora las hemos entendido, sobre todo, como una cuestión de verdad, justicia y memoria democrática. Nuestros resultados no sustituyen esa interpretación, pero añaden otra dimensión igualmente relevante: la psicológica.

Finalmente, cabe señalar que la investigación incorporó a víctimas y familiares con independencia del bando al que hubieran pertenecido. Este criterio responde al propósito de estudiar el fenómeno colectivo de manera rigurosa, objetiva e inclusiva, sin adscripción a ninguna ideología o posicionamiento político.

En este marco, y siguiendo la concepción de la ciudadanía democrática planteada por el historiador y sociólogo francés Pierre Rosanvallon, el proyecto aspira a poner el conocimiento científico al servicio de una ciudadanía informada, abordando estas experiencias desde una perspectiva rigurosa que contribuya a una comprensión colectiva basada en la evidencia, el respeto y la dignidad de todas las personas afectadas.

The Conversation

Francisco Jorge Leira Castiñeira recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades a través de un contrato Ramón y Cajal (RYC2023-045639-I).

Raquel Martín Ríos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La huella de la muerte: el duelo prolongado de la Guerra Civil y el franquismo – https://theconversation.com/la-huella-de-la-muerte-el-duelo-prolongado-de-la-guerra-civil-y-el-franquismo-289251

¿Una vacuna contra el melanoma? Qué hay realmente detrás del anuncio de Merck y Moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Penas Lago, Dra. en Investigación Biomédica, Investigadora Postdoctoral. Cancer and Traslational Medicine Group, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

New Africa/Shutterstock

“Una vacuna contra el melanoma supera con éxito un ensayo clínico en fase III”

Enunciado así, el avance que hicieron público las compañías Merck y Moderna el pasado miércoles suena revolucionario. Podríamos pensar en una vacuna que nos protegerá del cáncer como otras nos evitan contraer enfermedades infecciosas, pero no funciona así. Veamos en qué consiste exactamente y cuál es el alcance del nuevo ensayo.

Una vacuna que no previene, sino que trata

Intismeran autogene (así se llama la nueva tecnología que se ha puesto a prueba) no se administra a personas sanas para reducir su riesgo de melanoma, sino que se trata de una vacuna terapéutica.

En el ensayo del que se han hecho eco los medios –y que disparó la cotización en bolsa de Merck y Moderna– participaron 1 137 personas con melanoma cutáneo de alto riesgo. Es decir, tenían una probabilidad elevada de que la enfermedad reapareciera o se extendiera a otras partes del cuerpo. A todas ellas se les había extirpado el tumor por completo mediante cirugía. Esto puede sonar extraño: si el tumor ya no está, ¿qué queda por tratar?

Una cirugía exitosa no garantiza que no queden células tumorales sueltas. Pueden ser demasiado escasas para detectarlas, pero capaces de causar una recaída con el tiempo. Por eso existen los tratamientos adyuvantes: se administran después del tratamiento principal —en este caso, la cirugía— para reducir ese riesgo.

Así que en este ensayo la pregunta no era “¿podemos evitar el melanoma?”, sino “¿podemos ayudar al sistema inmunitario de alguien que ya lo ha tenido a eliminar las células que puedan haber quedado?”.

¿Por qué la llamamos vacuna?

Lo que define a una vacuna no es que se administre antes de enfermar, sino su estrategia. Se trata de enseñar al sistema inmunitario a reconocer y atacar algo concreto. En las vacunas frente a virus, ese “algo” son piezas del virus, mientras que aquí son piezas de las propias células tumorales.

La tecnología Intismeran autogene tiene una particularidad: cada vacuna se fabrica específicamente para cada paciente a partir de su propio tumor. Primero se analizan las mutaciones de sus células tumorales, y después se identifican las que podrían activar mejor al sistema inmunitario contra ellas. Son los llamados neoantígenos, que la vacuna lleva codificados en forma de ARN mensajero (ARNm).

Por tanto, no se trata exactamente de “una vacuna contra el melanoma”; es más bien una vacuna contra las características moleculares del melanoma de cada paciente. No obstante, enseñarle al sistema inmunitario qué debe reconocer es solo una parte del problema.

Encontrar a Wally… y poder actuar

Podemos imaginarlo como un enorme Buscando a Wally. El sistema inmunitario tiene que reconocer células tumorales entre millones de células sanas.

Sin embargo, los tumores pueden aprovechar mecanismos naturales que frenan la respuesta inmunitaria. Por eso, incluso un linfocito capaz de reconocer una célula tumoral puede tener dificultades para actuar contra ella.

Aquí entra en escena el medicamento llamado pembrolizumab, un tipo de inmunoterapia que ya se utiliza en melanoma y que bloquea uno de esos frenos. La pregunta entonces parece evidente: si combinamos la vacuna, que facilita el reconocimiento, con una inmunoterapia que libera la respuesta inmune, ¿obtendremos mejores resultados?

Para comprobarlo, los participantes del ensayo se dividieron en dos grupos: unos recibieron inmunoterapia más la vacuna personalizada y a los otros se les administró únicamente inmunoterapia.

¿Ha funcionado?

El estudio analizó principalmente cuánto tiempo permanecían los pacientes sin que el melanoma reapareciera. Es lo que se denomina “supervivencia libre de recurrencia”. Adicionalmente, los investigadores analizaron cuánto tiempo permanecían sin desarrollar metástasis a distancia; es decir, sin que el melanoma apareciera en lugares alejados del tumor original.

Y aquí llega la noticia: según Merck y Moderna, añadir la vacuna a pembrolizumab mejoró significativamente ambos resultados frente a utilizar solo pembrolizumab. Las compañías califican además esas diferencias como clínicamente relevantes.

Hasta aquí, suena muy bien. El siguiente interrogante es: ¿cuánto mejor? Aquí hay un matiz importante. Las empresas farmacéuticas han anunciado que el ensayo ha alcanzado esos objetivos, pero todavía no han publicado los resultados completos de la fase III. Es decir, sabemos que los pacientes tratados con la combinación permanecieron más tiempo sin recurrencia y sin metástasis a distancia, pero no cuánto más.

Merck y Moderna presentarán esos datos en un próximo congreso médico internacional. Además, el ensayo continúa para estudiar otros resultados, entre ellos la supervivencia global.

Entonces, ¿de dónde salen los porcentajes de 49 % y 59 % de éxito que se han difundido en algunas noticias? Las cifras son reales, pero no pertenecen al nuevo ensayo. Proceden de uno Fase IIb, anterior y mucho más pequeño, con 157 pacientes. En él ya se había hecho la misma comparación con resultados prometedores.

Así, tras cinco años de seguimiento, añadir la vacuna se asoció con una reducción del 49 % en el riesgo de recurrencia o muerte y con una disminución de un 59 % en las probabilidades de metástasis a distancia o muerte. A continuación había que comprobar si aquella señal se mantenía en un ensayo mucho más grande, que es del que estamos hablando ahora.

Aunque sabemos que también ha dado un resultado positivo, la incógnita es cuánto beneficio ha supuesto realmente añadir la vacuna. Para despejarla tendremos que esperar a que se presenten los datos completos.

¿Estamos ante un hito en las vacunas contra el cáncer?

La idea de utilizar vacunas para tratar el cáncer no es nueva, ni tampoco lo es fabricar vacunas personalizadas contra las mutaciones de cada tumor. De hecho, este tipo de vacunas de ARN ya se probaba en pacientes de melanoma hace casi una década.

Lo que cambia ahora es la escala: por primera vez, una vacuna personalizada de ARN mensajero dirigida contra los neoantígenos de cada paciente ha alcanzado resultados positivos en un ensayo de fase III con más de mil participantes.

Si los datos completos confirman un beneficio clínicamente relevante, sería un paso importante para este tipo de tratamientos. No porque hayamos descubierto que podemos enseñar al sistema inmunitario a reconocer un tumor, sino porque una estrategia que llevaba años mostrando resultados prometedores en estudios más pequeños habría probado que puede funcionar también en un gran ensayo clínico.

The Conversation

Cristina Penas Lago no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Una vacuna contra el melanoma? Qué hay realmente detrás del anuncio de Merck y Moderna – https://theconversation.com/una-vacuna-contra-el-melanoma-que-hay-realmente-detras-del-anuncio-de-merck-y-moderna-290184

Voici la différence entre l’épuisement par la chaleur et le coup de chaleur

Source: The Conversation – in French – By Alison Purvis, Associate Dean, Sheffield Hallam University

Au-delà de l’inconfort qu’elles peuvent causer, les périodes de chaleur extrême peuvent représenter un risque sérieux pour la santé. Il importe, dans ce contexte, de savoir distinguer l’épuisement dû à la chaleur du coup de chaleur, et de savoir quand il faut agir d’urgence.


Le corps humain maintient normalement sa température centrale aux environs de 37 °C, et lorsque l’air ambiant se réchauffe, il doit redoubler d’efforts pour conserver ce niveau. Le stress thermique survient lorsque le corps emmagasine de la chaleur plus rapidement qu’il ne peut en évacuer.

Sa principale défense consiste à transpirer et à acheminer davantage de sang vers la peau, où la chaleur peut être évacuée dans l’environnement, mais ce système a ses limites. Lorsque la chaleur devient trop intense, que l’air chaud et humide empêche la transpiration de s’évaporer, ou que la déshydratation laisse trop peu de liquide pour que le corps puisse transpirer et faire circuler le sang correctement, ces mécanismes de refroidissement commencent à défaillir.

C’est ce qui mène à l’épuisement dû à la chaleur et, dans les cas plus graves, au coup de chaleur. Ces deux affections sont souvent mentionnées de manière interchangeable, mais la différence entre elles est importante. Savoir laquelle vous avez devant vous pourrait sauver une vie.




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Certaines personnes sont plus vulnérables

Tout le monde peut souffrir d’un trouble lié à la chaleur, mais certaines personnes y sont beaucoup plus exposées que d’autres.

Les personnes âgées et les jeunes enfants ont plus de difficulté à réguler leur température corporelle, et cette vulnérabilité peut être aggravée par des problèmes de santé sous-jacents : les maladies cardiaques, rénales et respiratoires réduisent toutes la capacité de l’organisme à s’adapter à la chaleur, tout comme les médicaments qui affectent la transpiration, l’hydratation ou la circulation sanguine.

Les espaces clos, comme les voitures stationnées et les pièces mal ventilées, peuvent se réchauffer rapidement, ce qui entraîne une hausse rapide de la température corporelle, particulièrement chez les enfants, les personnes âgées et celles qui souffrent de problèmes de santé sous-jacents.

Les personnes qui travaillent ou font de l’exercice à l’extérieur courent des risques accrus. L’activité physique génère davantage de chaleur corporelle, ce qui, combiné à la chaleur et à l’humidité ambiantes, entraîne une augmentation supplémentaire de la température centrale.




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Épuisement dû à la chaleur

L’épuisement dû à la chaleur survient lorsque le corps a du mal à s’adapter, mais réussit encore à maintenir sa température centrale en dessous des seuils dangereux – vous pourriez alors constater une transpiration abondante, des étourdissements, des maux de tête, des nausées, de la fatigue, des crampes ou simplement une sensation d’épuisement intense.

L’épuisement dû à la chaleur s’accompagne souvent de déshydratation, car la transpiration entraîne une perte importante de liquides et de sels minéraux.


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Rester hydraté aide à réduire les risques, mais boire uniquement de l’eau ne suffit pas toujours. Même une personne bien hydratée peut souffrir d’un trouble lié à la chaleur si les températures sont très élevées, si l’humidité empêche la transpiration de s’évaporer ou si l’activité se poursuit sans refroidissement ni repos adéquats.

Cependant, l’épuisement dû à la chaleur ne débouche pas inévitablement sur un coup de chaleur. La plupart des gens se rétablissent complètement s’ils sont rapidement refroidis et réhydratés.




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Coup de chaleur

Le coup de chaleur survient lorsque le système de régulation de la température corporelle commence à défaillir et que la température centrale atteint des niveaux dangereux, généralement supérieurs à 40 °C. La principale différence entre l’épuisement dû à la chaleur et le coup de chaleur réside dans l’effet sur le système nerveux.

Le coup de chaleur se manifeste différemment : confusion, désorientation, comportement étrange, évanouissement, convulsions – c’est le système nerveux lui-même qui commence à défaillir.

Le coup de chaleur peut causer des lésions au cerveau et à d’autres organes et peut être mortel s’il n’est pas traité d’urgence. Il peut survenir lors de vagues de chaleur ou lors d’une activité physique intense, lorsque le corps génère plus de chaleur qu’il ne peut en évacuer.

Les mesures de température peuvent être utiles, mais il ne faut pas s’y fier uniquement. Les températures mesurées à la surface de la peau, sur le front ou dans l’oreille peuvent ne pas refléter avec précision la véritable température centrale. Il faut considérer la situation dans son ensemble plutôt que de se fier uniquement à une mesure de température.

Si une personne présente ces symptômes, agissez rapidement : amenez-la dans un endroit frais, desserrez ses vêtements, encouragez-la à boire des liquides frais et rafraîchissez-la avec tout ce qui est à portée de main – un ventilateur, des serviettes humides, voire une douche froide. La plupart des personnes devraient se sentir mieux au bout d’environ 30 minutes.

Si la personne devient désorientée, se comporte de façon inhabituelle, s’effondre, a une crise convulsive ou perd connaissance, présumez qu’elle souffre d’un coup de chaleur et n’attendez pas pour appeler les services d’urgence.

La Conversation Canada

Alison Purvis ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Voici la différence entre l’épuisement par la chaleur et le coup de chaleur – https://theconversation.com/voici-la-difference-entre-lepuisement-par-la-chaleur-et-le-coup-de-chaleur-290126

Deuxième mandat de la CAQ : des résultats en demi-teinte en éducation

Source: The Conversation – in French – By Olivier Lemieux, Professeur en administration et politiques de l’éducation, Université du Québec à Rimouski (UQAR); Université Laval

Promesses, changements de cap, intentions fluctuantes, hausses budgétaires suivies de compressions et, surtout, centralisation… La CAQ termine son deuxième mandat au pouvoir avec des résultats en demi-teinte dans le secteur de l’Éducation, ministère porté par Bernard Drainville, puis par Sonia LeBel, depuis 2025.


Qui dit « temps des élections » dit « temps des bilans ». Le terme « bilan » provient de l’italien bilancio (XVIe siècle), qui signifie « peser » ou « balancer ».

Cette image de la balance, symbole de la justice, est très révélatrice, puisqu’un bilan se doit d’être juste, honnête, exact et rigoureux. C’est à cet exercice que nous nous livrons à propos des changements apportés au secteur de l’éducation par la Coalition avenir Québec (CAQ) au cours de son second mandat.

Nous appuyant sur l’ouvrage Bilan du gouvernement de la CAQ (2022-2026) ainsi que sur le site Web du Polimètre, trois constats s’imposent selon nous en matière de la réalisation des promesses du gouvernement Legault-Fréchette :

1) les promesses sont surtout « partiellement réalisées » et « rompues » ;

2) le mandat a été marqué par des changements de cap successifs ;

3) la CAQ a centralisé le milieu de l’éducation de manière substantielle.

Des promesses « partiellement réalisées »

Parmi les 17 promesses en éducation qu’elle avait formulées lors de l’élection de 2022, la CAQ a rompu sept promesses, en a pleinement réalisé quatre et a partiellement réalisé les six autres.

Numériquement, ce bilan est bien inférieur à celui du mandat précédent, où pas moins de 13 promesses sur 22 avaient été pleinement réalisées, et seulement trois rompues. Les promesses en enseignement supérieur et recherche — au nombre de cinq — ne font pas partie de ce décompte.

La promesse d’améliorer les services professionnels pour les jeunes en difficulté est partiellement réalisée, avec une augmentation marquée du nombre de professionnels dans toutes les catégories, mais un nombre de bris de services de plus en plus grand.

La CAQ s’était aussi engagée à décerner davantage de diplômes en formation professionnelle dans les secteurs stratégiques, un engagement rompu. Des programmes de formations accélérées en construction ont notamment été annulés par le gouvernement.

Quant au fameux chantier de rénovation et de construction d’écoles promis, il a plutôt fait place à des compressions de 570 millions de dollars notamment dans les dépenses d’infrastructures du réseau.

Des changements de cap

Les intentions du gouvernement ont souvent fluctué au gré des évènements et de la conjoncture politique.

Des hausses budgétaires massives en éducation, initiées dès 2018, se sont poursuivies jusqu’en 2024, soit 57 % en six ans, bien au-delà de l’inflation. À partir de 2024, cependant, une approche de compressions budgétaires a été priorisée par le gouvernement.

L’une des dépenses ayant le plus augmenté depuis l’arrivée au pouvoir de la CAQ est sans aucun doute les salaires des enseignantes et des professionnels du réseau. Toutefois, l’essentiel de ces hausses de salaire a été obtenu après des confrontations importantes avec les syndicats, où le gouvernement a reculé sur sa proposition d’augmentations de salaire en deçà de l’inflation.

Autre exemple, l’interdiction des cellulaires en classe, puis à l’école en général, ne figurait pas vraiment dans le programme politique de la CAQ. Cette décision a cependant été reçue positivement par le milieu et au sein de la population.




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De la centralisation du réseau

Sous la CAQ, le réseau de l’éducation s’est centralisé et hiérarchisé de manière substantielle.

La pièce maîtresse de cette centralisation et de cette hiérarchisation a été sans aucun doute le projet de loi n° 23 qui a été ardemment contesté de la part de nombreuses personnes chercheuses en sciences de l’éducation.




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Ce projet de loi, qui faisait suite au projet de loi n° 40 abolissant les commissions scolaires, donne notamment au ministre de l’Éducation le pouvoir de nommer et de démettre de leurs fonctions les directeurs généraux des centres de services scolaires et d’annuler les décisions de ces mêmes directeurs généraux et des conseils d’administration des centres de services scolaires.




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Il met aussi à mal des instances de démocratie participative, comme le Conseil supérieur de l’éducation qui se voit amputer de sa mission à l’égard de l’enseignement obligatoire (primaire et secondaire), et égratigne l’autonomie professionnelle des enseignantes et des enseignants en permettant au ministre de l’Éducation d’orienter leur formation continue. Celle-ci avait été rendue obligatoire à concurrence de 30 heures aux deux ans par la CAQ lors de son premier mandat.


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Cette concentration graduelle des pouvoirs entre les mains du ministre de l’Éducation et l’affaiblissement des espaces de participation à la prise de décision est ce qui a le plus marqué le second mandat de la CAQ en éducation, bien davantage que l’achèvement de certaines de ses promesses.

L’affaire de l’École Bedford illustre très bien cette dynamique : les problèmes révélés dans cet établissement (un climat de peur et d’intimidation instauré par onze enseignants auprès d’élèves et de collègues) soulevaient d’abord et avant tout des enjeux de mauvaise gestion locale. Ceux-ci ont entraîné une réponse gouvernementale qui a principalement pris la forme du projet de loi n° 94.

Au-delà de la défense d’une certaine vision de la laïcité, le projet de loi octroie aux équipes de gestion, et surtout au ministre de l’Éducation, de nouveaux pouvoirs importants. Il instaure une évaluation du personnel enseignant par la direction d’établissement tous les deux ans, portant entre autres sur sa planification pédagogique. Il s’agit d’un travail colossal demandé aux directions d’établissement déjà largement débordées par leurs multiples tâches. Par ailleurs, la loi accentue les contrôles sur les pratiques du personnel.

À l’approche du scrutin de 2026, le bilan de la CAQ nous amène donc à nous interroger sur le modèle de gouvernance scolaire qui s’est progressivement imposé au Québec sans faire l’objet de vastes débats ou consultations. Ce modèle est centralisé, hiérarchisé et de plus en plus univoque.

La Conversation Canada

Olivier Lemieux a reçu des financements des FRQ et du CRSH. Il est membre notamment du CRIDAQ et du CRIFPE. Il a été à l’emploi du Conseil supérieur de l’éducation de 2019 à 2020.

Alexandre Fortier-Chouinard est en partie financé par le Conseil de recherches en sciences humaines du Canada (CRSH).

ref. Deuxième mandat de la CAQ : des résultats en demi-teinte en éducation – https://theconversation.com/deuxieme-mandat-de-la-caq-des-resultats-en-demi-teinte-en-education-286719