Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo "Filosofía Social y Política" (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

RTVE

En el tablero de la geopolítica contemporánea, los migrantes han dejado de ser únicamente personas que buscan un futuro mejor para convertirse, en no pocas ocasiones, en instrumentos de presión utilizados no solo por actores estatales. La utilización de movimientos de población –propios o foráneos– como palanca estratégica revela una realidad incómoda: las crisis migratorias no son siempre fenómenos espontáneos. Detrás de los cruces masivos de fronteras hay decisiones políticas, cálculos diplomáticos y desigualdades globales que convierten el sufrimiento humano en moneda de cambio internacional.

En distintos puntos del mundo, ciertos movimientos de población, sobre todo cuando se producen de manera masiva y en un corto periodo de tiempo, han sido utilizados no tanto para conquistar territorio, sino para enviar mensajes políticos, forzar negociaciones o desestabilizar al vecino. Esta instrumentalización no es la única clave explicativa, pero ayuda a comprender por qué las fronteras, lejos de ser meras líneas de demarcación jurisdiccional, se transforman en escenarios de confrontación y negociación entre Estados.

Ceuta, un pulso local con relevancia global

En este contexto, Ceuta y Melilla ocupan un lugar singular. Son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y constituyen enclaves europeos en territorio marroquí sometidos a un régimen jurídico excepcional. Su particular configuración las convierte en espacios especialmente sensibles a las tensiones políticas y diplomáticas. Se trata de dos localidades rodeadas de algunos de los sistemas de vallados más sofisticados del mundo, con un control cotidiano de extrema dureza y fronteras físicamente muy cerradas.

También en el plano jurídico reina la confusión. Aunque en Marruecos circula la idea de que pisar suelo ceutí abre automáticamente la puerta a Europa, la normativa española y comunitaria es inequívoca. La entrada irregular en los enclaves no permite viajar a la Península sin controles documentales estrictos. Esta ambigüedad, alimentada a veces de manera interesada, facilita que los flujos migratorios se utilicen como mecanismo de presión en momentos de fricción bilateral.

Los episodios de mayo de 2021 y julio de 2026 ilustran esta dinámica con claridad. En 2021, unas 10 000 personas cruzaron la frontera en apenas 48 horas. Aquel ingreso masivo se produjo en un contexto de tensión diplomática por la acogida de Brahim Gali, líder del Frente Polisario, para ser atendido de coronavirus en un hospital de Logroño. El número de migrantes que entraron a Ceuta desde el 30 de julio de 2026 se eleva a 72 000. Desde esa fecha se han contabilizado 77 autopsias a cuerpos hallados en el mar. La ONG Caminando Fronteras cifra en 141 los fallecidos

Ambos casos muestran cómo la frontera puede convertirse en un instrumento de confrontación híbrida. No es un fenómeno aislado: Turquía lo hizo en 2015; Bielorrusia, en 2021; y Marruecos ha recurrido en varias ocasiones a estrategias similares.

El mal negocio de externalizar fronteras

El acuerdo UE–Turquía de 2016 es un ejemplo paradigmático de cómo la externalización del control fronterizo genera vulnerabilidades estratégicas. Ankara utilizó a los refugiados como palanca de negociación y logró generosas contrapartidas monetarias a cambio de frenar su flujo hacia la UE. Ese precedente ayudó a consolidar un sistema de extorsiones sistematizado. Los estados vecinos aprendieron que abrir o cerrar el grifo migratorio es una herramienta de negociación poderosa. Delegar el control crea puntos de presión que esos países saben explotar.

Detrás de estas maniobras geopolíticas se oculta un coste humano devastador, a menudo silenciado por los análisis geopolíticos. Las decisiones tomadas en despachos lejanos se traducen, en última instancia, en vidas perdidas. Los migrantes, aun cuando fueran conscientes de que son utilizados para intereses espurios, carecen de alternativas reales. La falta de oportunidades y de vías legales empuja a muchas personas migrantes a asumir riesgos extremos, convirtiéndolos en el eslabón más frágil de un sistema que los instrumentaliza.

La tragedia de este mismo verano revela la dimensión humana de estas estrategias y cuestiona que la cooperación económica sea suficiente para garantizar sólidas relaciones de apoyo entre estados.

España, atrapada en una bisagra geopolítica

Este escenario se inscribe en un marco europeo marcado por un giro sostenido hacia la securitización. Desde comienzos del siglo XXI, España ocupa una posición singular en la política migratoria de la Unión. Su condición de frontera exterior, ubicada además en la línea geopolítica y geoeconómica que separa el Norte y el Sur global, la sitúa en el punto de colisión de dos lógicas: la securitaria, que prioriza la vigilancia, la contención y la externalización; y la humanitaria, que insiste en que la migración es un fenómeno estructural que exige protección y derechos.

El fortalecimiento de Frontex (el organismo de la Unión Europea encargado de proteger sus fronteras exteriores) y la expansión de las políticas de externalización han desplazado el centro de gravedad de la acción comunitaria. La prioridad ya no es la solidaridad interna, sino evitar que los flujos lleguen a territorio europeo. Para España, esto implica una creciente dependencia operativa de las estructuras europeas y una presión política para alinearse con la narrativa del “control eficaz”, lo que reduce su margen de actuación autónoma.




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Ceuta y Melilla funcionan, en este sentido, como laboratorios a pequeña escala de la política fronteriza europea: allí se ensayan y se hacen visibles las tensiones entre control, externalización y derechos.

El posicionamiento de los socios europeos influye de manera decisiva en esta ecuación. Los Estados del norte y del este tienden a reforzar la securitización, mientras que los países del sur reclaman corresponsabilidad y mecanismos de reparto que reconozcan la carga diferencial que soportan las fronteras exteriores. España ocupa una posición bisagra: es frontera exterior y, por tanto, actor securitario; es país mediterráneo y, por tanto, actor solidario; es socio europeo y, por tanto, actor condicionado; y es potencia regional, lo que la convierte en actor negociador.

La tensión entre securitización y solidaridad no es un dilema pasajero, sino una estructura permanente de la política migratoria europea. En ella, España debe equilibrar la gestión de la frontera con la preservación de los principios democráticos y humanitarios que sustentan su acción exterior, consciente de que la forma en que responda a estos desafíos definirá no solo su relación con Marruecos, sino también la naturaleza del proyecto europeo en su conjunto.

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Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Ceuta, Europa y la geopolítica: cuando la frontera se convierte en arma y el migrante en munición – https://theconversation.com/ceuta-europa-y-la-geopolitica-cuando-la-frontera-se-convierte-en-arma-y-el-migrante-en-municion-289196

El problema de las partículas contaminantes en el aire de Andalucía, donde todavía se supera el límite europeo para 2030

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Pérez Vizcaíno, Investigador Predoctoral, Universidad de Huelva

Las personas nos preocupamos por aspectos como la calidad de los alimentos que consumimos o del agua que bebemos, pero ¿pensamos alguna vez en la calidad del aire que respiramos?

Además de gases, en el aire flotan numerosas partículas que inhalamos continuamente sin darnos cuenta. Debido a su pequeño tamaño, algunas son capaces de penetrar en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo, relacionándose con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Al conjunto de estas partículas se le conoce como material particulado atmosférico, comúnmente abreviado como APM o simplemente PM, por el término inglés atmospheric particulate matter.

Comparativa del diámetro de las fracciones PM10 y PM2.5 con el tamaño de un pelo humano y un grano de arena
Comparativa del diámetro de las fracciones PM10 y PM 2.5 (con diámetro igual o inferior a 10 y 2,5 micrómetros, respectivamente) del material particulado atmosférico con el de un cabello humano y un grano de arena fina de playa.
Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos

Europa endurece los límites de las PM10

El material particulado atmosférico es un indicador de la contaminación del aire, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la mayor amenaza ambiental para la salud humana.

La preocupación por sus efectos dañinos llevó a la Unión Europea a regular los niveles de las PM10 –partículas con un diámetro aerodinámico igual o inferior a 10 micrómetros (µm)– por primera vez en 1999. Así, el valor límite de concentración media anual establecido fue de 40 microgramos por metro cúbico (µg/m³), que fue reafirmado en una directiva posterior publicada en 2008. Sin embargo, tras una recomendación de la OMS, este límite será reducido a 20 µg/m³ a partir de 2030 tras la entrada en vigor de la nueva normativa europea.

Durante las dos últimas décadas, se ha observado una tendencia sostenida a la disminución de las concentraciones medias anuales de las PM10 a nivel europeo. No obstante, se estima que, en distintas regiones del continente, como el sur de España, el norte de Italia o algunos países balcánicos, la probabilidad de incumplir el nuevo límite anual será alta.




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¿Dónde está el problema en Andalucía?

Con más de 8,7 millones de habitantes, Andalucía es la comunidad autónoma más poblada de España y la segunda con mayor superficie. Su gobierno autonómico cuenta con una extensa Red de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire formada por casi un centenar de estaciones de medición distribuidas por el territorio andaluz. Estas estaciones están ubicadas en distintos tipos de entornos: urbanos, industriales, puntos calientes de tráfico y rurales.

En un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Huelva y del IDAEA-CSIC seleccionamos 21 de esas estaciones y evaluamos las distintas fuentes naturales y antropogénicas de las PM10 entre 2021 y 2023. Los resultados mostraron que en Andalucía existen seis fuentes principales de PM10: crustal, marina, tráfico, regional, industrial y combustión. Cada una de ellas presentaba una composición química característica.

Mapa con la localización de las ocho capitales de provincia de Andalucía y de las 21 estaciones de medición
Mapa con la localización de las ocho capitales de provincia de Andalucía (círculos negros) y de las 21 estaciones de medición consideradas en el estudio. Las estaciones que superaron el límite anual de 20 µg/m3 se indican en rojo; aquellas próximas al límite, en amarillo; y aquellas claramente por debajo del límite, en verde.
Modificado de Pérez-Vizcaíno et al., 2026.

La fuente crustal se asocia a partículas generadas por la resuspensión de polvo y el transporte de material mineral (por ejemplo, calimas). La marina está relacionada con partículas originadas por la acción del viento y el oleaje. Y la fuente de tráfico está asociada a las emisiones del tubo de escape de los vehículos y el desgaste de frenos y neumáticos, y se caracteriza por contener elementos como el cromo, el cobre, el hierro, el cadmio, el zinc y el carbono elemental.




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La fuente regional se relaciona con la generación secundaria de partículas y el transporte desde larga distancia de diversos tipos de emisiones y la industrial está asociada a las emisiones de fundiciones, refinerías, centrales eléctricas y otras instalaciones. Los elementos que la caracterizan son el arsénico, el cadmio, el cobre, el níquel, el plomo y el zinc.

Finalmente, la fuente de combustión se relaciona con quemas agrícolas, calefacción doméstica y tráfico, y contiene principalmente potasio, rubidio, carbono orgánico y carbono elemental.

La principal fuente antropogénica fue la combustión, salvo en aquellas estaciones situadas en ciudades con una elevada densidad de tráfico rodado, donde este era el principal responsable de su emisión.

En nueve de las 21 estaciones, la suma de las concentraciones de las fuentes superó el límite de 20 µg/m³. Esto pone de manifiesto la necesidad de reducir las emisiones originadas por la actividad humana en las áreas donde se localizan.




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Propuestas de actuación de cara a 2030

Uno de los grandes desafíos para reducir la concentración de las PM10 es el tráfico, especialmente en ciudades con un importante volumen de vehículos como Sevilla y Granada. Las principales medidas para lograrlo pasan por fomentar el uso del transporte público, los desplazamientos a pie o en bicicleta, y la implementación de zonas de bajas emisiones eficaces.

La actividad industrial también desempeña un papel importante en algunas zonas andaluzas como la ría de Huelva o la bahía de Algeciras. La modernización de las instalaciones y el control de las emisiones a través de tecnologías de abatimiento permitirán reducir la concentración de esta fuente.

Otro foco importante son los procesos de combustión de biomasa y otros combustibles, tanto en el ámbito doméstico como industrial, en regiones de Andalucía como Jaén. La estrategia para reducir la generación de partículas pasa por utilizar sistemas de calefacción más eficientes y la imposición de mayores restricciones a determinadas quemas.

El siguiente paso para reducir los efectos perjudiciales de las PM10 será conocer su comportamiento durante las distintas horas del día. La instrumentación clásica no permite este análisis, ya que los datos proporcionados son de resolución diaria (un dato cada 24 horas). Por lo tanto, es necesario emplear equipos de alta resolución temporal que proporcionen medidas a nivel horario. Estudiar el material particulado atmosférico es importante porque, aunque no podamos verlo, forma parte del aire que respiramos continuamente.

The Conversation

Pablo Pérez Vizcaíno recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades-Agencia Estatal de Investigación (Referencia PRE2022-105241) asociados al proyecto de investigación para la formación durante el periodo predoctoral.

Ana María Sánchez de la Campa Verdona recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades-Agencia Estatal de Investigación asociados al proyecto PID2024-157355OB-I00 para apoyo financiero y técnico.

ref. El problema de las partículas contaminantes en el aire de Andalucía, donde todavía se supera el límite europeo para 2030 – https://theconversation.com/el-problema-de-las-particulas-contaminantes-en-el-aire-de-andalucia-donde-todavia-se-supera-el-limite-europeo-para-2030-283522

¿Prefiere una IA que le haga la pelota o una menos complaciente? Cuando los elogios son un problema

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Arroyo Gallardo, Profesor Titular de Universidad. Departamento de Ciencias de la Computación, Universidad de Alcalá, Universidad de Alcalá

Ksw Photographer/Shutterstock

“La pregunta fue brillante” o “Es una genial idea”, son el tipo de contestaciones que suele dar la IA cuando interaccionas con ella. Sin embargo, salvo que seamos el jefe o la jefa, no es normal recibir elogios tan frecuentemente. Además, no solamente los recibe usted, sino que los recibimos todos sus usuarios con independencia de la brillantez de nuestras ideas. Este comportamiento lisonjero de las inteligencias artificiales recibe el nombre técnico de sicofancia.

Los seres humanos preferimos tratar con personas que validan y refuerzan nuestras creencias. Por eso, las empresas de IA, que ante todo quieren fidelizarnos como usuarios, entrenan a sus chatbots para que busquen el acuerdo y minimicen la fricción durante la conversación. De esta manera, buscan convertir la interacción con la IA en una experiencia placentera para nosotros. Y dado que a nadie le amarga un dulce, ¿qué problema hay en que la IA nos dé siempre la razón o nos adule de más?

El problema del exceso de adulación

Una investigación liderada por Myra Cheng, de la Universidad de Standford, publicado en Science, analizó la interacción de usuarios con chatbots ante preguntas que reflejaban situaciones personales con algún tipo de conflicto interpersonal o ético. Como por ejemplo, dejar la basura colgada de una bolsa en un árbol porque no había papeleras en el parque o no decirle a tu pareja que vas a una exposición con tu ex. La investigación mostró que los chatbots tendían a reforzar las conductas cuestionables mucho más de lo que lo hacen los seres humanos. A su vez, este refuerzo reducía la disposición de los usuarios a disculparse y a asumir la responsabilidad de su conducta. Es decir, la investigación mostraba que esta complacencia artificial y artificiosa no es inocua porque condiciona nuestra manera de actuar en sociedad.

Dao que utilizamos estos chatbots para todo tipo de cuestiones, el efecto perverso de la sicofancia puede extenderse a cualquier ámbito. Además, su impacto será mayor cuanto mayor sea la trascendencia y el alcance de lo que confiamos en ella.

El problema va más allá de la clásica cámara de eco, que es el efecto que sufrimos al acudir a fuentes de información que refuerzan las ideas en las que ya creemos. Ahora nuestros errores y sesgos quedan validados por el prestigio que solemos atribuir a las máquinas, a las que creemos objetivas y libres de errores, y por nuestra propia pereza a la hora de cuestionar lo que ellas nos proponen.

Por qué no hacen modelos menos complacientes

Las propias empresas de IA hace tiempo que son conscientes de que la forma en que entrenan sus modelos favorece reforzar las creencias de los usuarios por encima de la veracidad de las respuestas. Y son también conscientes de que el exceso de adulación puede hacerles perder a los usuarios más exigentes que descubren que tanto piropo, en realidad, les dificulta hacer mejor sus tareas o tomar mejores decisiones. Por eso es habitual escuchar que sus nuevos modelos, ahora sí que sí, son menos complacientes.

Sin embargo, el trabajo de Cheng también mostraba que los usuarios manifestaban una mayor intención de volver a utilizar los chatbots que refuerzan sus ideas frente a aquellos que no lo hacen. Por lo que en el fondo, como dice el estudio, el incentivo que tienen estas empresas para hacer que sus chatbots sean menos sicofánticos es muy bajo en realidad.

Elijamos preguntas

Entonces, ¿qué podemos hacer los usuarios para no ser confundidos por estas IA zalameras?

El reciente trabajo de liderado por Magda Dubois, de AI Security Institute, arroja luz sobre ello. Esta investigación ha medido cómo varía la sicofancia de los chatbots en función de cómo planteamos nuestra interacción con ellos.

La investigación muestra que, si en nuestras interacciones con los chatbots escribimos afirmaciones y mostramos seguridad, la respuesta de los chatbots tenderá a alinearse con nuestra postura, incluso en casos donde sería conveniente que la corrigieran o la matizaran. Por el contrario, si interactuamos con ellos haciendo explícitas nuestras dudas y les planteamos preguntas abiertas, los chatbots reducen su tendencia a darnos la razón cuando no es conveniente. El consejo es, por tanto, preguntar en lugar de afirmar.

Aunque la IA puede ser de gran ayuda, no debemos delegar en ella de manera ciega el análisis crítico de nuestras decisiones. En última instancia, la responsabilidad de nuestros actos es solamente nuestra. O dicho de otra manera, si esperamos que la IA tome mejores decisiones que nosotros, el problema no está en la IA.

The Conversation

Javier Arroyo Gallardo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Prefiere una IA que le haga la pelota o una menos complaciente? Cuando los elogios son un problema – https://theconversation.com/prefiere-una-ia-que-le-haga-la-pelota-o-una-menos-complaciente-cuando-los-elogios-son-un-problema-287091

Los ojos de Copito de Nieve

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Copito de Nieve, en el zoo de Barcelona en 2003. aTarom/Wikimedia Commons

Ser prácticamente coetáneo de un animal singular imprime carácter. O al menos, yo lo he vivido así. Me estoy refiriendo a Copito de Nieve, el primer y único gorila albino conocido, que probablemente influyó en que eligiera el tema de investigación al que he dedicado más de 30 años de mi profesión: el albinismo.

Copito de Nieve fue descubierto por unos cazadores en Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) en 1966 y vendido a un primatólogo autodidacta que trabajaba en una plantación en Guinea: Jordi Sabaté Pi. Fue él quien decidió trasladarlo al Parque Zoológico de Barcelona, recinto que pisó por primera vez en noviembre de 1966, hace ahora 60 años.

¿Le miraba o me miraba él a mí?

La fecha de nacimiento de Copito se desconoce, porque nació en libertad, pero se calcula que debió venir al mundo en 1963 o 1964. Yo nací a finales de 1963 en Barcelona y recuerdo sucesivas visitas al zoo de mi ciudad natal, acompañado de mis padres, viendo cómo este gorila albino crecía y se convertía en un animal adulto, como yo. Y siempre tuve la misma sensación cuando me acercaba al cristal para verlo: esa inquietante percepción de no saber si tú estabas mirando al gorila, o más bien era el gorila quien te estaba mirando a ti. De no saber quién estaba en una jaula, si él o tú. Mirar a los ojos a un gran simio, como un gorila, es percatarte de que somos familia. Somos primates, nos parecemos mucho.

Lo llamábamos floquet de neu, en catalán, aunque su nombre original, en la lengua fang, era Nfumu Ngui, que quiere decir “gorila blanco”. El nombre por el que conocemos a este animal singular se lo pusieron unos periodistas norteamericanos de la revista National Geographic: Snowflake, que significa en inglés “copo de nieve”. Copito apareció en su portada en marzo de 1967.

Aunque mi memoria flaquea con las fechas, seguramente una de las últimas veces que lo vi en el zoo fue a finales de los 80. Tras terminar mi tesis doctoral en 1990 me fui a Alemania cinco años y poco tiempo después de mi regreso concursé y obtuve plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid, en el Centro Nacional de Biotecnología, donde inauguré mi laboratorio en 1997, hasta hoy.

¿Por qué tenía los ojos azules?

El albinismo en mamíferos no solamente cursa con una aparente falta total o parcial de pigmentación, sino que conlleva un déficit visual importante. Por ello, raramente los mamíferos con albinismo logran sobrevivir en la naturaleza. De no haber sido rescatado, Copito seguramente habría muerto tras poco tiempo en la selva.

En noviembre de 2003, los veterinarios del zoo de Barcelona decidieron poner fin a su sufrimiento y dolor producido por un cáncer de piel con metástasis que había desarrollado precisamente por carecer de pigmentación protectora en la piel y pelaje. Murió con unos 40 años de edad.

Yo me enteré de la muerte de Copito de Nieve en un avión, regresando de un congreso en Ámsterdam, al leer la noticia en un periódico, cuando se repartían gratuitamente entre el pasaje. Y, al poco de aterrizar, me faltó tiempo para contactar con el banco de tejidos animales de la Universidad Autònoma de Barcelona, el BTAC, que era donde acababan los restos de animales que fallecían o eran sacrificados en el zoo de Barcelona.

Mi intención era obtener los ojos de Copito para poder analizarlos. Porque los ojos del gorila no eran rojos (como quizá cabría esperar de su albinismo), sino azules. Y yo ya sabía que ese color era síntoma de la presencia de una cantidad limitada de pigmentación.

Los ojos azules son producto de un efecto óptico, una interferencia física llamada “efecto Tyndall” mediante la cual todos los colores del espectro lumínico atraviesan el iris poco pigmentado excepto las longitudes de onda más cortas. Estas corresponden al rango del azul, que son las que se reflejan y las que dan ese color virtual azulado. Curiosamente, el efecto Tyndall también explica por qué el cielo es azul.

En busca de la mutación

¿Por qué quería yo obtener a toda costa los ojos de Copito en 2003? Porque no sabíamos qué clase de albinismo tenía este gorila. No hay uno sino muchos tipos de albinismo (22 subtipos actualmente). La modalidad más común en las personas es el oculocutáneo de tipo 1 (OCA1), causado por mutaciones en el gen de la tirosinasa, la enzima que inicia la producción de melanina. Por eso se había asumido históricamente que Copito debía ser también OCA1. Sin embargo, cuando los expertos del laboratorio de Jaume Bertranpetit (Universitat Pompeu Fabra, UPF) secuenciaron el gen de la tirosinasa de Copito, no consiguieron encontrar mutación alguna en el gen.

Nosotros pensábamos que la mutación que debía afectar al gorila albino del zoo de Barcelona debía estar en alguna zona colindante del genoma, con una función reguladora que determina cómo debe expresarse el gen de la tirosinasa. Ya habíamos observado que, pese a estar alejadas del gen, este tipo de alteraciones afectaban a la pigmentación de ratones con albinismo. En esos casos aparecían señales de pigmentación limitada en los ojos de los animales, que era lo que intuíamos podía pasarle a Copito.

Tras el pertinente papeleo administrativo, recibimos los bloques de parafina con los ojos de Copito fijados que procedimos a analizar histológicamente. El ojo de un gorila tiene un tamaño (22 mm) similar al de un ojo humano (24 mm). Son tan grandes que apenas nos cabían las secciones completas en un solo cristal portaobjetos. Tuvimos que usar cristales de mayor tamaño.

Y, efectivamente, descubrimos pigmentación en la retina de los ojos de Copito, tanto en el coroides –la capa de tejido con células pigmentarias (melanocitos) que rodea la retina– como en la monocapa de células del epitelio pigmentario que conforma la base de la retina.

No había lugar a dudas: Copito tenía pigmentación en la retina de los ojos, lo cual explicaba su color azul. No podía ser un animal OCA1A clásico, sin rastro de pigmento. Si acaso debería ser del subtipo OCA1B, con algo de pigmento. Para ratificarlo había que encontrar la mutación responsable en la zona reguladora del gen de la tirosinasa.

Sin embargo, por más que lo intentamos, nunca conseguimos encontrar una mutación en zona reguladora que pudiera explicar esa pigmentación limitada. Tras algún tiempo y muchos intentos, devolvimos los bloques de ojos del gorila albino al BTAC. No siempre salen los proyectos científicos.

Misterio resuelto

La solución al problema vino de la mano del laboratorio de Tomás Marquès Bonet (Institut de Biologia Evolutiva-UPF/CSIC), quien aprovechó la fortaleza y el desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva para obtener la secuencia completa del genoma de Copito. Al compararla con la de otros gorilas, no albinos, descubrió una mutación en el gen SLC45A2, causante del albinismo oculocutáneo de tipo 4 (OCA4). Por eso nosotros no encontrábamos la mutación de Copito en el gen de la tirosinasa.

Ese mismo gen es el que está mutado en los tigres albinos y en personas con albinismo OCA4, como la actriz y presentadora española Patty Bonet, que también tiene los ojos azules.

Esta historia la he relatado en alguno de mis libros, cuando he hablado de albinismo en animales. Existe mucha información adicional sobre el icónico Copito de Nieve, tanto en el Zoo de Barcelona, como en la biografía de Jordi Sabaté Pi que ha escrito Toni Pou.

Por cierto, el paradero y destino de los restos de Copito también han sido motivo de polémica, como descubrió el periodista Antonio Martínez Ron.

The Conversation

Lluis Montoliu ha investigado con tejidos de Copito de nieve. Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Los ojos de Copito de Nieve – https://theconversation.com/los-ojos-de-copito-de-nieve-289076

Las empresas con propósito favorecen el bienestar de sus trabajadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Paula Flórez Jiménez, Assistant professor, School of Economics & Business, Universidad de Navarra

Prostock-studio/Shutterstock

Hace ya seis años que la pandemia transformó profundamente y a nivel mundial la forma de trabajar de muchas personas. Con la expansión del teletrabajo y los entornos híbridos, las dinámicas sociales dentro de las organizaciones cambiaron y las relaciones interpersonales se debilitaron.

Si sabemos que la conexión social y el sentido de pertenencia en los equipos de trabajo son una fuente de bienestar social para las personas, inevitablemente surge la pregunta: ¿cómo fortalecer el bienestar de los equipos pese a este nuevo modelo de trabajo?

Investigadores de la Universidad de Navarra, la Universidad de La Sabana, la Universidad de Harvard y la Universidad de Castilla-La Mancha proponemos una respuesta clara: un propósito organizativo fuerte puede ser un motor para el bienestar social en el trabajo.




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Una fuerza viva

El propósito organizativo es la herramienta de cohesión generada por las organizaciones a partir de su identidad y de aquellos valores que considera significativos.

Un propósito organizativo fuerte es una guía para las acciones diarias de los miembros de la organización. Se caracteriza por tener tres rasgos esenciales:

  1. Se entiende: los empleados comprenden el propósito y pueden explicarlo con sus propias palabras. Por ejemplo, cuando se les pregunta cuál es el propósito de la organización, lo describen de forma clara y coherente, sin depender de frases memorizadas.

  2. Se interioriza: el propósito adquiere sentido para los empleados. Por ejemplo, estos manifiestan que éste conecta con sus valores y aspiraciones personales.

  3. Se vive: las personas perciben que su trabajo diario contribuye al propósito. Por ejemplo, al priorizar tareas y planificar proyectos, los empleados buscan que sus acciones reflejen el propósito de la organización y generen un impacto real.

Cuando estos tres elementos se alinean, el propósito deja de ser un discurso abstracto y se convierte en una palanca de cohesión capaz de unir equipos, incluso en entornos híbridos o remotos.

Cada vez más organizaciones están trabajando para trasladar su propósito a su cultura y prácticas diarias. Por ejemplo, ISS una de las empresas líderes de facility management define su propósito como “conectar personas y lugares para contribuir a un mundo mejor” y lo refleja en una cultura organizativa centrada en el trabajo inclusivo.

Del propósito al bienestar social como resultado

Los equipos en los que el propósito está más arraigado tienden a mostrar niveles más altos de colaboración y sentido de pertenencia, dos pilares básicos del bienestar de las personas. De hecho, el sentido de pertenencia fortalece los lazos interpersonales y el compromiso colectivo, y hace de puente entre el propósito de la organización y la colaboración de los trabajadores.

Además, el propósito se vuelve especialmente relevante en contextos donde otros mecanismos de cohesión social, como las interacciones interpersonales, son más difíciles. Por ejemplo, en grupos grandes o con distintas ubicaciones físicas.

Esta relación se hace más importante en el entorno laboral actual, donde el vínculo tradicional del espacio físico se ha debilitado. Así, el propósito ofrece una nueva forma de conexión. Más allá de “trabajar juntos”, se trata de “trabajar por algo (el propósito) que nos une”.




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Autonomía, competencia y relaciones interpersonales

La existencia de un propósito organizativo promueve el sentido de pertenencia porque satisface tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación.

  1. Autonomía: cuando el propósito es claro permite que los empleados puedan conectarlo con sus propias experiencias, lo que fortalece su sentido de pertenencia a la organización.

  2. Competencia: cuando los empleados comprenden el propósito de la organización y sienten que su trabajo diario ayuda a desarrollarlo, se perciben como capaces, competentes y valiosos. Esa sensación refuerza su vínculo y su identificación con la organización.

  3. Relación: la autonomía y la sensación de capacidad generadas por un propósito fuerte fomentan la participación activa de los empleados y crean interacciones más significativas, lo que refuerza el sentido de comunidad dentro de la organización.

Si los valores personales coinciden con los de la organización, el propósito se percibe como verdaderamente significativo, alimentando el “nosotros” y reforzando la identificación con la empresa.




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Generar bienestar a través del propósito

Traducir el propósito de la organización en bienestar para las personas exige que haya:

  1. Claridad sobre el propósito organizativo. Los líderes deben comprender el propósito para poder comunicarlo. Además, las acciones de la empresa deben basarse en el propósito y explicarse a partir de él. Así, los empleados lo perciben en acciones concretas, no solo en palabras.

  2. Conexión personal con los valores. Las organizaciones deben formar a sus líderes para que sea capaces de comunicar a sus empleados el propósito de la organización, y de ayudarles a encontrar la conexión entre este y sus valores personales. También es útil crear espacios de diálogo (talleres, reuniones o cafés) para fortalecer la confianza mutua y reflexionar sobre lo que da sentido al trabajo.

  3. Contribución significativa al propósito. Las organizaciones deben ayudar a los empleados a identificar cómo contribuye su trabajo a los objetivos comunes. También es importante fomentar la autonomía, la iniciativa y la participación, para que los empleados puedan proponer nuevas formas de alinear sus tareas con el propósito corporativo. Además, las políticas de recursos humanos y los sistemas de evaluación deberían reconocer y premiar contribuciones alineadas con el propósito.

  4. Medición para la mejora. Evaluar la fuerza del propósito y el bienestar de los empleados asegura que estos aspectos reciban atención constante y se traduzcan en mejoras concretas para los equipos.




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Humanizar la productividad

El bienestar de los trabajadores, una responsabilidad ética de las organizaciones, fortalece la cultura organizativa y la hace más sólida y resiliente.

Un propósito organizativo fuerte no solo impulsa el rendimiento, sino que humaniza la productividad. Los equipos que lo viven experimentan sentido de pertenencia, colaboración y bienestar social, transformando su trabajo en un espacio donde las personas realmente quieren estar, crecer y aportar.

The Conversation

María Paula, además de ser profesora asistente en la Universidad de Navarra, es investigadora afiliada de EICEA, Universidad de la Sabana y SHINE Harvard.

Álvaro Lleó es Profesor Titular de la Universidad de Navarra, director del Purpose Strength Project e investigador asociado a SHINE Havard. Recibe fondos para esta investigación de la Cátedra ISS sobre desarrollo de organizaciones sostenibles de la Universidad de Navarra

Pablo Ruiz Palomino recibe fondos del Ministerio a través del proyecto PID2023-148301NB-I00 (MICIU/AEI/10.13039/501100011033) y de un proyecto de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (SBPLY/23/180225/000152, Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-LaMancha).

ref. Las empresas con propósito favorecen el bienestar de sus trabajadores – https://theconversation.com/las-empresas-con-proposito-favorecen-el-bienestar-de-sus-trabajadores-266951

El día se hace noche: cómo disfrutar del eclipse aprendiendo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Ballesta Claver, Profesor Titular de didáctica de las ciencias experimentales, Universidad de Granada

El 12 de agosto de 2026, sobre las 20:30 horas, en muchos puntos de España y durante apenas un minuto y pico, ocurrirá un “apagón” natural. Se hará de golpe de noche. El Sol quedará perfectamente tapado: podremos observar un eclipse solar total.

Cuando ocurra, el Sol estará muy bajo en el cielo (se estará poniendo). Tendremos que mirar al oeste (usa la brújula de tu móvil) y buscar un lugar abierto que no haya edificios, árboles ni montañas delante. Pero habrá algo raro. Si nos ponemos a buscar en el cielo, no podremos encontrar la Luna.

¿Dónde se ha metido la Luna?

La Luna estará justo ante nuestros ojos. Su silueta oscura será la que cubra o “eclipse” totalmente al Sol, porque ella se colocará en medio, entre el Sol y la Tierra, y lo dejará todo a oscuras.

Pero ¿cómo puede la pequeña Luna tapar una estrella tan enorme en comparación? El Sol es unas 400 veces mayor que la Luna (en diámetro), pero la distancia entre la Tierra y el Sol también es unas 400 veces mayor que la distancia entre nuestro planeta y su satélite (al estar el Sol tan lejos, se ve pequeño). Por eso, vistos desde aquí, ambos ocupan el mismo tamaño en el cielo, estas diferencias se compensan y… ¡Ya tenemos eclipse! ¿Qué casualidad, no?

Podemos comprobarlo intentando cubrir una farola lejana por la noche con nuestro pulgar. El dedo es mucho más pequeño, pero, al encontrarse cerca de los ojos, puede ocultarla.

Algo que no pudieron ver nuestros abuelos

¿Por qué es tan especial este eclipse? Porque desde 1905 (¡¡más de 120 años!!) no hemos podido ver un oscurecimiento total del Sol en España.

En cambio, sí hemos visto eclipses parciales, aquellos en los que solo se oculta una parte (como si alguien le hubiera dado un “bocado” al Sol). Pero el 12 de agosto seremos espectadores de algo que no pudieron contemplar nuestros padres ni nuestros abuelos en España.

¿Quién se ha comido el Sol?

Imaginemos los hombres de la antigüedad, cuando apenas entendíamos cómo funcionaba el universo, encontrándose con esta situación. Al ver que el Sol desaparecía en pleno día, muchas culturas del pasado imaginaban que un animal gigantesco devoraba nuestra estrella. En relatos chinos era un dragón; en la mitología nórdica, un lobo; y en algunos pueblos andinos, un puma. La gente gritaba o golpeaba tambores para ahuyentarlo y aquello parecía funcionar porque, al rato, el Sol reaparecía.




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Más adelante, un matemático griego famoso, Tales de Mileto, se dio cuenta de que los eclipses podían predecirse: él calculó que se produciría uno en su tierra natal en algún día del año 585 antes de Jesucristo. Efectivamente llegó el día, justo en mitad de una batalla, en que el cielo se oscureció y de repente, los soldados, dejaron de luchar. Tales se dio cuenta de algo: el cielo cambia, pero no lo hace de forma caprichosa.

¿Cómo se predice un eclipse?

Hoy sabemos que la Luna tarda aproximadamente un mes en dar una vuelta alrededor de la Tierra. Entonces, cuando lo haga, ¿volverá a tapar el Sol? Según lo dicho sería que sí, porque vuelve, pero eso no ocurre. ¿La razón? Su órbita está un poco inclinada, unos 5° respecto al plano orbital en el que la Tierra gira alrededor del Sol. Por eso, casi siempre la Luna pasa un poco por encima o por debajo de ese plano que une el Sol y la Tierra, de manera que la sombra no llega hasta nosotros.

Pero hay dos momentos al año en que el Sol, la Luna y la Tierra quedan totalmente alineados en ese plano y ahí sí se produce un eclipse (como se ve en la siguiente imagen).

Entonces, ¿por qué esos dos eclipses al año no los vemos siempre en España? Porque esta alineación nunca sucede en el mismo sitio en la Tierra: va cambiando. Por eso, debemos aprovechar lo que va a pasar.

¿Cómo lo veremos en España?

Podemos jugar a ser astrónomos y predecir cuánto del Sol quedará cubierto por la Luna según donde nos encontremos a partir de la siguiente imagen del Instituto Geográfico Nacional. Veamos cómo funciona: supongamos que estamos en Almería. ¿Qué veremos allí, un eclipse total o parcial?

En el mapa, la línea blanca que pasa por Almería marca un 96 %. Eso significa que la Luna tapará el 96 % del disco solar, por lo que se observará un eclipse parcial. Aunque suene a “casi total”, no lo parecerá: ese 4 % de Sol que queda libre sigue dando mucha luz, así que el cielo se verá como un día nublado, no como un anochecer repentino.

¿Y si estamos en Teruel? ¡Estaremos de suerte! Allí veremos un eclipse total, el cual durará un minuto y treinta segundos. Las líneas amarillas del mapa indican ese tipo de eclipse y su duración.

¿Cuál es la mejor forma de verlo?

Mirar al Sol es un riesgo muy grande (no se debe hacer sin protección). Lo mejor es usar gafas o visores homologados, que cumplan la norma ISO 12312-2. Con ellos sólo veremos el eclipse: un círculo amarillo que se irá tapando (no veremos el cielo ni nada mas: son superoscuras). No se deben usar gafas de sol normales, radiografías o cristales oscuros porque no están preparados para ello.

Otra manera de verlo es utilizando unos prismáticos como proyector (atención, NUNCA mirando por ellos). La manera de hacerlo es la siguiente: tapando una de las lentes grandes con un tapón, y orientando la otra hacia el Sol. Si proyectamos hacia una cartulina blanca detrás del ocular (la lente pequeña, por donde normalmente miramos), veremos la imagen del Sol sobre la cartulina. ¡Y repetimos! Nunca hay que mirar directamente por los prismáticos hacia el Sol: concentran tanto la luz que pueden dañar la vista en pocos segundos.

¿Qué más pasará durante el eclipse de Sol?

Durante el eclipse, podremos fijarnos en:

  • ¿Qué pasará con la temperatura? Bajará varios grados de golpe, aunque, como este eclipse ocurre al atardecer, el cambio se notará menos que si pasara a mediodía.

  • Si estamos cerca de árboles, ¿que forma tienen las sombras de las hojas? Puede que veas medias lunas: los huecos entre las hojas actúan como miles de agujeritos y proyectan el Sol tal y como se ve en ese momento. ¡Una pasada! Este efecto solo ocurre cuando hay eclipse parcial y desaparece durante el tiempo del eclipse total.

  • ¿Qué ocurrirá con los animales? Muchos pájaros dejan de cantar y algunos animales se comportan como si fuera de noche, aunque el fenómeno dure solo unos minutos.

  • ¿Qué le pasará al viento? ¿Seguirá igual? No exactamente: el aire puede volverse algo más flojo y cambiar de dirección, un fenómeno real llamado “viento de eclipse”, causado por el enfriamiento repentino del suelo. Pero al ocurrir al atardecer se notará menos que en un eclipse a mediodía.

  • Y lo más curioso: ¿qué pasará con los colores del cielo? Si va todo bien, conforme avance veremos que se tiñe de naranjas y rojizos por los cuatro costados, dando un atardecer eclipsado. Pero muchísimo cuidado: no hay que mirar al Sol sin las gafas especiales aunque sea al atardecer, porque seguirá dañando a la vista.




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¿Y si se nos pasa el verlo?

El año que viene tendremos otro el 2 de agosto de 2027, el cual se podrá ver desde el extremo sur del país (Cádiz, Málaga, Ceuta y Melilla), pero en mucho menos territorio que ahora. ¡Mejor no perderse este!

Y si después de verlo nos quedamos con ganas de más, solo hay que esperar dos semanas para disfrutar de un eclipse de Luna: la noche del 27 al 28 de agosto. Este será visible en toda España y sin ningún peligro para la vista, pero eso será otra historia.

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Julio Ballesta Claver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El día se hace noche: cómo disfrutar del eclipse aprendiendo – https://theconversation.com/el-dia-se-hace-noche-como-disfrutar-del-eclipse-aprendiendo-288974

De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Bermejo Gregorio, Profesor de literatura y teatro, Universitat Internacional de Catalunya

_Eclipse total de Sol_ (suele datarse en 1897) del artista y astrónomo alemán Wilhelm Kranz. Wilhelm Kranz

Imagine que es mediodía y el día empieza a apagarse: el aire se enfría, los pájaros callan, las estrellas asoman donde no deberían. Hoy sabemos que es la Luna cruzándose ante el Sol. Pero durante casi toda la historia ese instante fue una grieta en el orden del mundo, y los escritores llevan casi tres mil años intentando ponerle palabras.

Lo fascinante es que cada época ha visto en el mismo fenómeno una cosa distinta. Seguir ese rastro literario, del terror antiguo a la maravilla moderna, es una forma de asomarse a cómo en Occidente hemos ido cambiando de mirada.

De presagio a milagro

El punto de partida es Homero. En el canto XX de la Odisea, el adivino Teoclímeno anuncia la matanza de los pretendientes con unos versos escalofriantes:

“el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas

que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo

se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.

¿Describía Homero un eclipse real? Ya lo creyeron Plutarco y otros antiguos, y el debate sigue vivo: en 2008 se propuso datarlo el 16 de abril de 1178 a. e. c., aunque algunos filólogos lo dudan. Dejando a un lado la discusión, para el mundo antiguo el Sol que se apagaba era anunciador de muerte. Será esa ecuación la que aparecerá en la literatura durante siglos.

La Edad Media convirtió ese miedo en teología. El eclipse más comentado en el Medievo no procede de un poema, sino de los Evangelios. Se trata de la oscuridad que, según san Lucas, cubrió la tierra al morir Cristo.

A inicios del siglo XIV, Dante lo abordó de forma sorprendente en el Paraíso (XXIX) de la Divina comedia: en vez de describirlo, hace que el personaje de Beatriz –símbolo de la salvación– se burle de los predicadores que fabulan sobre él, y zanja que la luz “por sí misma se ocultó”.

Además de utilizar el eclipse como cambio asombroso y divino en Beatriz, el florentino sabía que un eclipse solar es imposible en luna llena –cuando cae la Pascua–, así que hizo del prodigio una lección sobre la verdad. En Dante, leer el cielo es siempre un ejercicio moral. Con él, el eclipse ya no solo asustaba, sino que también obligaba a pensar.

El desorden del mundo sobre las tablas y la herida íntima

Durante los siglos XVI y XVII, el presagio saltó al escenario, y nadie lo usó con más malicia que Shakespeare.

En El rey Lear (1608), el viejo Gloucester se lamenta de que “Estos recientes eclipses del Sol y Luna no nos presagian nada bueno”. Pero su hijo bastardo, el villano Edmund, sabe muy bien que puede aprovechar esas supersticiones para manipular a todos. A Shakespeare, que pensaba probablemente en el eclipse real de 1605, no le interesaba decir quién acertaba, sino que convirtió ese presagio en espejo de nuestra propia credulidad.

Pintura de un hombre y una mujer en una terraza abrazados mientras en el exterior sucede un eclipse.
Un eclipse de Sol de fondo en una escena de Isaac y Rebeca, espiados por Abimelec.
Logias vaticanas/Wikimedia Commons

De su mismo siglo rescatamos una voz insólita y largo tiempo silenciada. En el XVII, la poeta inglesa Hester Pulter escribió un poema titulado The Eclipse que permaneció inédito hasta 1996. Como han señalado sus editoras, los versos de Pulter corresponden a un caso rarísimo, ya que describen a la vez un eclipse de Sol y uno de Luna con el objetivo de meditar sobre la muerte y la fe. Encerrada por su condición femenina, esta mujer encontró en el Sol eclipsado y en el nuevo conocimiento astronómico de su tiempo un símbolo de su alma buscando la luz divina.

Por otro lado, su contemporáneo John Milton llevó el símbolo del eclipse a dos extremos opuestos. En El paraíso perdido (1667), el fenómeno astronómico se yergue como emblema del poder que caerá. En este poema, un Satanás derrotado aún resplandece como el Sol que, “en un sombrío eclipse, esparce un crepúsculo funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes”.

Pero Milton, ya ciego, escribió también el lamento del héroe en Sansón agonista (1671): “¡Oh, oscuridad en pleno resplandor del mediodía, irremediablemente oscura, eclipse total, sin esperanza alguna de día!”. El eclipse ya no procedía del cielo, sino del interior del ser humano.

De la ciencia y el juego literario a la experiencia de mirar

Entrado el siglo XIX, la ciencia expulsó al fantasma. El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), tras ver un eclipse en Italia en 1820, lo escenificó como un duelo entre la Ciencia, que “aguardaba la hora”, y la Superstición, que lo combatía “con ritos impuros”.

Pintura en la que se ve un eclipse solar al fondo de un paisaje mientras diferentes personas lo observan desde una montaña.
Pintura del eclipse solar del 8 de julio de 1842 realizada por Jakob Alt.
Wikimedia Commons

Ya sin miedo, el eclipse se volvió juego en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). Mark Twain hizo que su protagonista, condenado a la hoguera, amenace con apagar el sol cuando sabe que llega un eclipse, y la corte aterrada lo libera.

Setenta años después, el guatemalteco Augusto Monterroso invirtió esa escena en El eclipse: fray Bartolomé intenta el truco con los mayas, pero estos recitan “las infinitas fechas en que se producirían eclipses… sin la valiosa ayuda de Aristóteles” y lo sacrifican igual. El engaño del conquistador fracasa ante el saber del conquistado: pocas veces el eclipse ha servido para una ironía tan afilada.

Y es que la llegada del siglo XX había traído algo nuevo: se dejó de interpretar el eclipse para sentirlo. Virginia Woolf viajó de noche para verlo en 1927 y escribió: “Esta era la derrota del sol. El asombro destroza el sentido”. Su ensayo El sol y el pez (1928) lo transformó en una experiencia casi cinematográfica y colectiva.

Volverá sobre ello la estadounidense Annie Dillard, quien en 1982 firmó lo que muchos consideran una de las mejores páginas escritas sobre el tema: “Lo que ves en un eclipse total es completamente diferente de lo que sabes”.

Coda: agosto de 2026

A lo largo de los siglos, el eclipse ha sido una pantalla donde cada época ha proyectado sus miedos y su sabiduría. Todo este recorrido, por cierto, tiene hoy un marco académico de primer nivel en Eclipse and Revelation, un volumen que reúne a especialistas para leer el eclipse desde la ciencia, la historia y la literatura.

Este verano será un buen momento para consultarlo, porque el 12 de agosto de 2026 la sombra de la Luna cruzará el cielo de España por primera vez en más de un siglo. No veremos solo un espectáculo astronómico, veremos el mismo prodigio que hizo temblar a Teoclímeno, pensar a Dante y enmudecer a Woolf. Quizá comprendamos, como Dillard, que lo que estamos a punto de ver no se parece en nada a lo que ya creíamos saber.

Lo seguro es que, en pleno siglo XXI, del mismo cielo que el de los antiguos experimentaremos ese mismo asombro. Esto nos recordará que seguimos siendo igual de humanos que ellos.


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Jordi Bermejo Gregorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura – https://theconversation.com/de-homero-a-virginia-woolf-un-recorrido-por-los-eclipses-presagios-y-simbolos-en-la-literatura-285981

La fuerza muscular: el indicador de salud del que casi nadie habla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Jorge Marcos-Pardo, Catedrático de Universidad, Universidad de Almería

SeventyFour/Shutterstock

Levantarse cinco veces seguidas de una silla sin apoyarse en los brazos parece un gesto sencillo. Sin embargo, hacerlo con mayor o menor facilidad o no poder completarlo puede revelar mucho sobre la fuerza muscular y la capacidad funcional.
En apenas 30 segundos, esta prueba muestra algo que no aparece en un análisis de sangre: la capacidad real del organismo para responder a las exigencias cotidianas.

En consulta se mide la tensión y se valoran analíticas que registran los niveles de glucosa, hematíes o colesterol. La fuerza muscular, en cambio, rara vez se evalúa, aunque la evidencia lleva décadas mostrando que se asocia de forma consistente con la mortalidad por todas las causas y aporta información pronóstica independiente de otros indicadores de salud.

No es una omisión accidental. Históricamente, la medicina ha priorizado lo que puede medirse fácilmente con una analítica o una imagen. La fuerza muscular no deja rastro en una radiografía ni en una muestra de sangre. Sin embargo, su declive es uno de los cambios más tempranos y más silenciosos del envejecimiento, y empieza mucho antes de que sus consecuencias resulten evidentes.




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El diagnóstico que cambia cómo entendemos el músculo

Durante años, el foco se puso en la cantidad de músculo. Hoy el consenso europeo sobre sarcopenia (EWGSOP2) ha invertido ese orden: la fuerza baja es el primer criterio de alarma; la masa muscular reducida, solo el confirmatorio.

Dos personas con aspecto físico similar pueden diferir radicalmente en cómo suben una rampa o se levantan del suelo. La fuerza refleja la coordinación entre cerebro, nervios y tejido muscular. Cuando esa coordinación comienza a deteriorarse, aumenta el riesgo de caídas, fragilidad, hospitalización y muerte prematura, incluso en personas que se sienten bien y no tienen diagnóstico formal. No es una condena: es una señal de alerta que puede y debe responderse con tiempo.

Lo que descubrimos en más de 8 000 adultos

En un estudio de nuestro equipo con más de 8 000 adultos de entre 50 y 105 años, una fuerza de prensión baja se asoció con mayor prevalencia de caídas incluso en personas de 50 a 79 años, de forma independiente a otros factores de riesgo.

El estudio no permite afirmar que la debilidad muscular cause directamente las caídas, pero funciona como señal de riesgo real ya desde la mediana edad, no desde la vejez avanzada. El efecto era visible antes de que aparecieran diagnósticos formales de fragilidad o sarcopenia, enfermedad caracterizada por la pérdida progresiva de la masa, la fuerza y la función muscular.

En términos de salud pública, esto señala una ventana de intervención amplia y habitualmente desaprovechada entre los 30 y los 65 años, cuando el deterioro funcional todavía puede revertirse o frenarse con eficacia. Esperar a que cueste levantarse de una silla para comenzar a trabajar la fuerza es, sencillamente, esperar demasiado.

Las señales que ignoramos cada día

La fuerza de prensión medida con un dinamómetro es una prueba rápida, barata y de alto valor clínico: algo que podría incluirse en cualquier revisión médica rutinaria. Levantarse cinco veces de una silla sin apoyar los brazos es otro indicador sencillo y reproducible sin equipamiento especializado.

Pero hay señales aún más cotidianas: apoyarse en los reposabrazos para ponerse en pie, evitar escaleras, llevar menos bolsas que antes, caminar con cierta inseguridad. A menudo se atribuyen a “la edad”, pero en muchos casos, ocultan una capacidad funcional disminuida que todavía puede recuperarse y que no debería perderse en silencio.

A esto se suma un efecto poco comentado: cuando el cuerpo genera inseguridad, la persona tiende a evitar situaciones de esfuerzo. Y ese sedentarismo reactivo acelera precisamente el deterioro que intentaba esquivar. Un círculo vicioso que, con la intervención adecuada, puede romperse.

Caminar está bien pero no es suficiente

Caminar mejora la salud cardiovascular y contribuye a mantenerse activo. Pero no siempre genera el estímulo necesario para mantener o desarrollar fuerza muscular, que requiere algo más: oposición, resistencia, esfuerzo deliberado.

Además de preservar la masa y la función muscular, el entrenamiento de fuerza mejora la densidad mineral ósea, reduce el riesgo de diabetes tipo 2 y tiene efectos positivos documentados sobre el bienestar cognitivo y el estado de ánimo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda trabajar los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

No hace falta un gimnasio, podemos hacer ejercicios de fuerza en casa o en un parque: mancuernas, bandas elásticas, el propio peso corporal o movimientos integrados en la vida cotidiana, levantarse y sentarse, empujar, tirar, ponerse de puntillas son herramientas válidas y accesibles para la mayoría.

Lo que importa es que el ejercicio suponga un esfuerzo real, se realice con buena técnica y progrese de forma gradual. La evidencia acumulada en los últimos años respalda distintas modalidades: el programa no tiene por qué ser complejo para ser eficaz.




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Una dosis que hay que ajustar a cada persona

No existe una rutina universal. La intensidad, el volumen y la progresión deben adaptarse a la experiencia previa, el estado de salud y los objetivos de cada persona. En casos de sedentarismo prolongado, enfermedades crónicas, dolor o historial de caídas, la prescripción y planificación del programa de entrenamiento debería estar supervisada por un profesional en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte colegiado, en coordinación con el equipo sanitario cuando sea necesario.

La buena noticia es que el músculo es un tejido con una notable capacidad de respuesta al estímulo, incluso en edades avanzadas. Los beneficios del entrenamiento de fuerza se observan en personas de 60, 70, 80 e incluso 90 años. La biología no cierra esa puerta: la cerramos nosotros cuando dejamos de llamar.

La población vive más años que las generaciones anteriores. El reto ya no es solo añadir tiempo a la vida, sino conservar la capacidad funcional y la autonomía para decidir cómo emplear ese tiempo. La fuerza muscular no sirve únicamente para levantar peso. Sirve para seguir levantándonos nosotros.

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Pablo Jorge Marcos-Pardo recibe financiación de la Agencia Estatal de Investigación para proyectos sobre ejercicio físico y envejecimiento saludable.

ref. La fuerza muscular: el indicador de salud del que casi nadie habla – https://theconversation.com/la-fuerza-muscular-el-indicador-de-salud-del-que-casi-nadie-habla-288865

Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca

New Africa/Shutterstock

Un chico de 15 años no quiere ir a la comida familiar del domingo porque “no encaja en sus macros”. Dedica más tiempo a TikTok y el gimnasio que a los deberes. Quizá presente una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado, una situación cada vez menos excepcional.

La confluencia del bum del mercado de suplementos deportivos, la presión estética algorítmica en redes sociales y el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes está generando una crisis de salud mental. Esta pasa desapercibida porque, a ojos de padres y docentes, estos chicos simplemente cuidan su alimentación y van al gimnasio.

En Europa, el mercado de los suplementos nutricionales vale más de 6 600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85 % anual, con millones de adolescentes como público objetivo.

El problema no es el mercado en sí, sino quién lo consume y bajo qué condiciones. En España, entre el 20 y el 40 % de los adolescentes que practican deporte consume algún tipo de suplemento. La cifra sube entre quienes compiten a nivel federado.

Las redes sociales actúan como catalizador directo de la compra. La confianza en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los más jóvenes. Aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción médica, según una revisión sistemática de 2024. No son deportistas de élite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteínas en cualquier supermercado, herbolario o desde el móvil.

Del batido de proteínas a la vigorexia

La proteína en polvo, la proteína whey y la creatina son, en adultos sanos y en dosis adecuadas y pautadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente bien establecido, siempre bajo la supervisión de un nutricionista.

Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos están en pleno desarrollo y sus hígados y riñones aún están madurando. Además, un estudio sugiere que el uso de suplementos en entornos no controlados se asocia con peores resultados de salud en adolescentes.

Otro estudio publicado en 2025, realizado con 2 731 adolescentes y jóvenes adultos canadienses, encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales (incluidos la proteína whey y la creatina) se asociaba con mayores síntomas de dismorfia muscular. Los síntomas se agravaban a medida que aumentaba el número de productos consumidos.

En España, entre un 11 y un 27 % de los adolescentes presentan conductas de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La edad media de inicio se sitúa hoy en los 12 años y medio. Según datos de la Asociación TCA Aragón, en nuestro país 400 000 personas padecen alguno de estos trastornos, de las cuales 300 000 son jóvenes de entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.

La dismorfia muscular es la preocupación patológica por no ser suficientemente musculado. Conlleva el aislamiento social, el control obsesivo de la ingesta y, en casos graves, el consumo de esteroides. Se estima que afecta al 2,2 % de los chicos adolescentes y al 1,4 % de las chicas en Estados Unidos, aunque el infradiagnóstico en varones hace pensar que la cifra real es mayor.

Queda claro en la literatura científica la asociación entre consumo de suplementos musculares y síntomas de trastorno dismórfico corporal. La pregunta de si los suplementos causan la dismorfia o si las personas con rasgos de dismorfia tienden a consumir más suplementos no está resuelta. La evidencia de que los síntomas se incrementan a medida que aumenta el número de suplementos consumidos sugiere, al menos, que existe un efecto bidireccional.

El algoritmo como espejo distorsionante

Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de redes sociales como TikTok es extraordinariamente preciso. Los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo.

Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe más imágenes de cuerpos cada vez más perfectos como referencia. Un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a contenido proanorexia tiene consecuencias inmediatas sobre la internalización de ideales corporales y la insatisfacción con el propio cuerpo. También que los usuarios más intensivos de TikTok mostraban mayores niveles de desórdenes alimentarios.

Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un círculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los “me gusta”.

Un vacío regulatorio que importa

Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estándares nacionales divergen. El control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente.

En la práctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Además, los estudios advierten de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides. Esto triplica el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes, potencialmente con consecuencias graves.

Hay precedentes de una regulación más firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado más que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.

¿Qué podemos hacer?

Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteínas y nutrientes a través de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobretodo, prestar atención a los signos de alerta que van más allá de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento.

Para los centros educativos, la educación mediática crítica es tan necesaria como la educación nutricional. Un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene más recursos para resistir sus efectos. La educación nutricional empodera para cuidar el cuerpo con decisiones que realmente impulsan su bienestar y su rendimiento.

Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales.

Lo que no sale en los vídeos de TikTok

Hay algo contradictorio hoy: nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema.

Los adolescentes manejan vocabulario técnico –macros, déficit calórico, periodización– que hace una década era casi exclusivo de nutricionistas deportivos. Pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vídeo de 30 segundos.

El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo. Sí lo es que en un entorno de presión estética algorítmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe castigándolo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio – https://theconversation.com/proteinas-en-polvo-tiktok-y-trastornos-alimentarios-lo-que-hacen-algunos-adolescentes-tras-el-gimnasio-284352

Pourquoi le fait de naître sans défense pourrait être l’une des plus grandes forces de l’humanité

Source: The Conversation – in French – By Stuart I. Hammond, Full Professor in Developmental Psychology, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

Les bébés naissent sans défense et le restent pendant longtemps. Ils ne peuvent ni marcher, ni se nourrir seuls, ni survivre sans les soins constants d’un adulte. La durée de cette dépendance n’a pas d’équivalent clair dans le reste du règne animal.


Contrairement à la plupart des mammifères, dont les petits atteignent une autonomie de base en quelques semaines ou quelques mois, les humains restent dépendants pendant des années. Cette impuissance est peut-être essentielle pour comprendre l’humanité.

Et pourtant, dans les sociétés qui valorisent l’indépendance et l’autosuffisance, la dépendance est souvent considérée comme quelque chose de négatif à surmonter.

En tant que chercheur en psychologie du développement, je soutiens qu’il est grand temps de repenser cette conception.

Où se situent les humains sur ce spectre ?

Les nouveau-nés animaux sont classés selon un spectre comportant deux pôles : les espèces « altricielles » et « précociales ». Les espèces altricielles, comme les rats, naissent en grandes portées, les yeux et les oreilles encore fermés. Elles ont besoin de soins parentaux intensifs.

Les espèces précociales, comme les chevaux, naissent seules, se tiennent debout et marchent peu après la naissance. Il existe même des espèces « superprécociales », telles que les oiseaux de la famille des mégapodidés, qui vivent et survivent par eux-mêmes dès leur éclosion.

Il est difficile de classer les êtres humains comme étant soit altriciels, soit précociaux.

Dans l’ensemble, nous sommes une espèce précociale, nés les yeux et les oreilles ouverts. Mais, à d’autres égards, les humains ont évolué pour devenir plus altriciels, notamment en ce qui concerne notre développement moteur. À titre de comparaison, par exemple, les chimpanzés franchissent des étapes motrices bien avant les bébés humains.

Les êtres humains restent dépendants pendant une période exceptionnellement longue et conservent des traits juvéniles bien au-delà de l’enfance, jusque dans l’âge adulte. L’alignement de notre colonne vertébrale et de notre tête, par exemple, ressemble davantage à celui d’un jeune chimpanzé qu’à celui d’un adulte.

Ce type d’impuissance prolongée nous est propre et remet en question une hypothèse courante concernant l’évolution : celle selon laquelle elle progresserait en ligne droite vers une plus grande indépendance et de meilleures capacités.




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Pourquoi les psychologues s’y intéressent

Les biologistes évolutionnistes et les anthropologues se sont demandé si la dépendance évolutive des bébés expliquait en partie notre collaboration sociale et notre innovation culturelle. Ce n’est que récemment que les psychologues de l’enfant ont commencé à examiner l’impuissance elle-même comme une caractéristique du développement plutôt que comme une limitation.

L’impuissance des nourrissons humains a souvent été expliquée par le « dilemme obstétrique », l’idée selon laquelle les humains sont confrontés à un compromis évolutif : la marche debout a entraîné un rétrécissement du bassin, tandis que notre gros cerveau nécessite que les bébés aient une grosse tête. Cette théorie postule que, par conséquent, les humains auraient évolué pour donner naissance plus tôt. Mais en matière d’évolution, même un trait apparu pour une raison donnée peut finir par avoir de nouvelles conséquences.

Les psychologues de l’enfant étudient aujourd’hui le sentiment d’impuissance afin de comprendre, entre autres, comment l’évolution façonne l’enfance et le rôle que ce trait joue dans l’apprentissage social.

Il existe même des débats pour savoir si l’impuissance aide les bébés à acquérir des connaissances fondamentales, à l’instar de la manière dont les données d’entraînement façonnent un système d’IA.


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Dans mes propres recherches, je m’appuie sur ces idées pour élaborer une feuille de route visant à intégrer l’impuissance dans les recherches futures. Je considère les nourrissons humains comme particulièrement actifs – nous disposons de systèmes sensoriels puissants associés à des systèmes moteurs faibles, ce qui signifie que nous nous orientons plus facilement vers les stimuli sociaux – et plus largement relationnels, dans la mesure où nous dépendons des relations sociales pour survivre.

Je considère également que l’impuissance est un phénomène durable, ce qui signifie que nous ne devrions pas juger un bébé uniquement en tant que futur adulte, mais plutôt examiner comment les adultes conservent des traits de leur enfance.

Cette feuille de route peut ensuite servir à comprendre la moralité. Mes travaux sur l’impuissance sont issus de recherches sur les comportements prosociaux. En étudiant comment les comportements d’entraide se développent dès la petite enfance, je me suis demandé si le rôle de l’impuissance, qui fait que les nourrissons sont les bénéficiaires de soins, pouvait expliquer certains aspects de la manière dont ils apprennent à faire preuve de bienveillance.

Si les soins sont d’abord quelque chose que les nourrissons reçoivent plutôt que donnent, alors peut-être que la capacité d’empathie n’apparaît pas en dépit de l’impuissance, mais grâce à elle.




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L’impuissance et la dépendance considérées comme des faiblesses

Lorsque le psychiatre et psychanalyste britannique John Bowlby a inventé le terme « attachement » pour désigner la théorie de l’attachement, il avait envisagé d’utiliser le mot « dépendance ». Il ne l’a pas fait, car il s’inquiétait des connotations négatives associées à ce terme.

Le mot « impuissance » partage ces associations. Mais y a-t-il quelque chose de mal à dépendre des autres ?

Les visions du monde féministes et autochtones ont mis beaucoup plus l’accent sur l’importance de la dépendance et de l’interdépendance. La plupart des apprentissages sociaux et linguistiques ne se font pas de manière isolée, mais au sein d’une communauté.

Vue sous cet angle, la dépendance n’est pas un déficit à corriger, mais une structure qui rend possibles l’apprentissage, la culture et la bienveillance. Ce qui importe, c’est la qualité du soutien dont bénéficie un nourrisson ou un enfant dans les relations dont il dépend, plutôt que la rapidité avec laquelle il devient indépendant.

L’indépendance n’est pas l’histoire de l’humanité. La vérité, c’est que les êtres humains ont évolué et se sont développés pour dépendre les uns des autres.

La Conversation Canada

Stuart I. Hammond ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi le fait de naître sans défense pourrait être l’une des plus grandes forces de l’humanité – https://theconversation.com/pourquoi-le-fait-de-naitre-sans-defense-pourrait-etre-lune-des-plus-grandes-forces-de-lhumanite-289254