¿Hasta qué punto es útil una alerta meteorológica para evitar daños por inundaciones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Jato Espino, Investigador Sénior / Profesor en Ingeniería y Gestión Ambiental, Universidad Internacional de Valencia

RTVE

Cuando llega un aviso de inundación, la lluvia ya está en camino. Poco puede hacerse entonces para cambiar el territorio o evitar que el agua se desborde. Pero aún quedan decisiones capaces de salvar vidas: suspender las clases, cerrar una carretera, cancelar un evento o pedir a la población que permanezca en casa.

Los avisos permiten reducir el número de personas y bienes expuestos al agua. Sin embargo, tienen un límite. No pueden hacer que una vivienda sea más resistente ni cambiar en unas horas una carretera, un puente o una red de drenaje. Por eso, la prevención de las inundaciones empieza mucho antes de que llegue el aviso.

La alerta como última línea de defensa

Cuando faltan unas horas para una inundación, la prevención cambia de naturaleza. Ya no se trata de actuar sobre el territorio, sino de evitar que las personas y algunos bienes queden expuestos al agua.

Un aviso a tiempo permite tomar decisiones que todavía están al alcance: suspender una actividad, cerrar una carretera o evacuar una zona. Para que funcione, sin embargo, no basta con emitir un mensaje. La predicción debe ser suficientemente precisa, el aviso debe llegar a quienes están expuestos y debe ofrecer información que permita actuar. El tiempo disponible es una de las condiciones esenciales.

Ahí aparece el límite de la alerta. Cuanto más cerca está el agua, menos decisiones siguen siendo posibles. Con horas de margen todavía puede cambiarse dónde están las personas o determinados bienes. Con minutos, el margen se estrecha y la alerta pasa a cumplir sobre todo una función de protección de la población.

La alerta es, por tanto, una última línea de defensa. Puede reducir la exposición cuando la inundación es inminente, pero no puede cambiar en ese momento las condiciones que hacen vulnerable al territorio.

Un aviso de inundación en la pantalla de un móvil
Alerta de emergencia.
Tony Webster/Flickr, CC BY

Qué puede cambiar un aviso y qué ya no

Un aviso de inundación puede cambiar algo fundamental: la ubicación de las personas y de algunos bienes cuando llega el agua. Un vehículo puede sacarse de una zona inundable, una mercancía puede trasladarse a una planta superior y una actividad puede suspenderse. Sin embargo, una alerta no puede cambiar en unas horas la ubicación de una vivienda, elevar un transformador o aumentar la capacidad de una red de drenaje.

Esta diferencia es importante porque exposición y vulnerabilidad no son lo mismo. La primera indica qué personas y bienes se encuentran en el camino del agua. La segunda mide cuánto daño pueden sufrir cuando el agua los alcanza. Una alerta puede reducir la primera; para reducir la segunda hacen falta medidas de adaptación que normalmente requieren meses o años.

La evidencia disponible confirma que las medidas anticipadas pueden evitar parte de los daños, especialmente sobre bienes que pueden protegerse o trasladarse. Pero su efecto depende del tiempo disponible, de que el aviso llegue a tiempo y de que existan medidas que todavía puedan ejecutarse. La literatura científica señala que la cuantificación de los daños evitados sigue siendo limitada.

Por ello, una alerta no compensa una mala prevención. Puede corregir temporalmente una parte de la exposición, pero no puede eliminar la vulnerabilidad acumulada durante años de decisiones sobre dónde construir, cómo diseñar las infraestructuras o qué nivel de protección ofrecer.




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El margen de actuación se construye con años de antelación

La capacidad de reaccionar durante una inundación depende también de decisiones tomadas mucho antes. Dónde se permite construir, cómo se diseñan las infraestructuras o qué zonas se reservan para absorber agua condiciona los daños que podrá causar una inundación futura. La planificación territorial es, de hecho, una herramienta fundamental para reducir la exposición a largo plazo.

También existe un margen intermedio. Los planes de emergencia, los protocolos de evacuación, los sistemas de comunicación y los ejercicios de preparación permiten que una alerta se convierta en una respuesta rápida cuando llega el momento. No reducen necesariamente el peligro, pero sí pueden aumentar la capacidad de respuesta.




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La diferencia entre estos horizontes es fundamental. Con años de antelación se puede decidir cómo adaptar el territorio. Con meses o días se pueden preparar recursos y organizar la respuesta. Con horas se pueden cerrar actividades, evacuar personas o proteger algunos bienes. Con minutos, las opciones son mucho menores.

Por eso, un aviso no debe entenderse como una medida aislada. Es la última pieza de una cadena de prevención y preparación que empieza mucho antes. La gestión del riesgo de inundación combina precisamente planificación, prevención, protección, preparación y respuesta.

Los límites de las alertas

Un aviso puede salvar vidas y reducir daños cuando llega a tiempo. Cuando se recibe con suficiente antelación, permite reducir la exposición de las personas, suspender actividades, evacuar zonas y proteger determinados bienes.

Aunque estas actuaciones pueden evitar parte de los daños, su alcance está marcado por el reloj. Cuanto más cerca está la inundación, menos cosas pueden cambiarse. Y muchas de ellas solo podían haberse cambiado mucho antes de que llegara el aviso.

The Conversation

Daniel Jato Espino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Hasta qué punto es útil una alerta meteorológica para evitar daños por inundaciones? – https://theconversation.com/hasta-que-punto-es-util-una-alerta-meteorologica-para-evitar-danos-por-inundaciones-293447

Paradoxe d’abondance : l’Amazonie française manque d’eau potable

Source: The Conversation – in French – By Adrien Selles, Hydrogéologue BRGM Montpellier, BRGM

Dépôt sédimentaire au nord de Grand-Santi en 2021. L’eau chargée de matière organique prend cette couleur de cola et lessive le sable. Adrien Selles, Fourni par l’auteur

L’ESSENTIEL

  • L’Amazonie est un des territoires les plus arrosés de la planète, mais le nombre de jours de sécheresse y augmente et l’accès à l’eau potable est un réel problème.

  • Les raisons ne sont pas seulement hydrologiques : la manière d’habiter le territoire et de s’approvisionner en eau est très différente pour les communautés le long des fleuves et celles des zones urbanisées sur la côte.

  • Les ressources en eau souterraine, qui pourraient venir en complément de l’eau des fleuves, sont très mal connues en Guyane française, avec un réseau de capteurs environ 20 fois moins dense qu’en France hexagonale.


Alors que le phénomène El Niño de 2026 est en phase d’être potentiellement le plus fort jamais enregistré, les sécheresses en Amazonie se font de plus en plus fréquentes. En 2024, la préfecture de Guyane a déclenché le plan Orsec pour organiser des ponts aériens d’eau en bouteilles vers des villages du Haut-Maroni en manque d’eau potable.

Pourtant nous sommes en Amazonie, l’un des territoires les plus arrosés de la planète, avec 3 000 millimètres de pluie par an et 112 000 kilomètres de cours d’eau, soit un quart du réseau hydrographique national français. Ce paradoxe n’est ni une anomalie ni une malchance. Il révèle une double réalité du territoire guyanais encore insuffisamment intégrée dans les stratégies d’aménagement : un littoral urbanisé menacé par la salinité et un intérieur isolé, dont les ressources en eau demeurent, aujourd’hui encore, largement méconnues.

Pour comprendre cette crise, il faut revenir à la géographie humaine du territoire. Depuis des siècles, les peuples amérindiens (Wayana, Kalina, Arawak, Wayampi) ainsi que les communautés bushinengue, descendants des esclaves africains ayant fui les plantations coloniales, ont organisé leur vie entière autour des fleuves : source d’eau, garde-manger, voie de transport. À partir du XXᵉ siècle, l’urbanisation a construit un autre modèle, avec des captages sur les cours d’eau et des lacs artificiels, des usines de traitement et des réseaux de distribution à grande échelle sur tout le littoral. Deux approches fondamentalement différentes.

Après la pluie rafraîchissante dans le village d’Antecume Pata sur le Haut-Maroni en 2021.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

Sur le littoral, une eau abondante mais instable

Sur le littoral, où vit l’essentiel de la population, l’eau potable provient principalement des cours d’eau (fleuves et criques). Mais cette ressource est loin d’être stable. En période sèche (de juillet à novembre), le débit des cours d’eau diminue, laissant l’océan Atlantique avancer dans les estuaires sous l’effet des marées.

L’eau salée peut ainsi remonter sur plusieurs dizaines de kilomètres à l’intérieur des terres le long des fleuves et rendre l’eau impropre à la consommation.

Ce phénomène d’intrusion saline, accentué par la montée du niveau de la mer et des sécheresses de plus en plus longues (de 25 jours aujourd’hui [référence 1991-2020] à 33 jours en médiane dans un climat réchauffé de + 3,5 °C selon les projections), oblige à déplacer les zones de captage en amont. Cela nécessite également de renforcer les traitements de l’eau, d’augmenter et de sécuriser les capacités de stockage avec des coûts que les collectivités locales peinent à assumer.

Schéma du système d’alimentation en eau potable et les aléas des zones urbanisées du littoral.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

Des rapports de la Cour de compte de 2025 et du Sénat, publiés en 2025, l’ont chiffré sans ambiguïté : en Guyane, les financements consacrés à l’eau potable et à l’assainissement se sont révélés inférieurs de 73 % aux besoins identifiés. Dans aucune autre région de France hexagonale un tel écart ne serait toléré.

Les eaux souterraines sont parfois mobilisées en complément. Mais dans ces zones côtières, les nappes sont, elles aussi, exposées au risque de salinisation, surtout en cas de surexploitation ou de diminution de la recharge liée à une baisse de l’infiltration des eaux de pluie.

Si les enjeux du littoral sont historiquement beaucoup documentés sur le territoire, la situation de l’intérieur des terres, plus isolées et plus difficiles d’accès, reste comparativement peu étudiée. Pourtant, c’est là que se joue une partie décisive de l’avenir hydrique du territoire avec le paradoxe entre eau disponible et eau utilisable.

Dans l’intérieur des terres, une eau dégradée

Plus loin en amont sur le territoire, l’accès à l’eau potable est tout autre. Les populations isolées de Grand-Santi, de Maripasoula ou d’Antecume Pata dépendent encore largement de l’eau du fleuve, parfois traitée sommairement, parfois utilisée brute. Cette dépendance a un coût : l’eau de surface, souvent turbide et fortement contaminée sur le plan microbiologique, impose des filières de traitement complexes et onéreuses, difficiles à maintenir dans des villages isolés où l’approvisionnement en réactifs de désinfection est lui-même problématique.




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Déplacement en pirogue sur le Maroni en direction d’Apatou, en 2021.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

C’est dans ce contexte que les eaux souterraines, naturellement mieux protégées des pollutions de surface et nécessitant un traitement plus léger, sont apparues comme un moyen de limiter ces coûts, avant de devenir, au fil du temps, un axe de recherche stratégique pour sécuriser durablement l’accès à l’eau potable dans l’intérieur des terres.

Modes d’alimentation en eau des villages isolés et les menaces associés.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

Ainsi, les forages dans les alluvions en bordure des fleuves se sont multipliés avec des pompes automatiques ou à motricité humaine. Mais ces nappes souterraines sont directement tributaires de l’évolution des fleuves : en crue, l’eau se charge en sédiments et inonde les forages tandis que, en période estivale, l’eau se raréfie. Autrement dit, ce sont des nappes fragiles et vulnérables aux aléas hydrologiques et climatiques.




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Plus loin des fleuves, les roches cristallines du socle amazonien prennent le relais. Ces roches contenant de l’eau (des aquifères) sont dites « de socle » et sont massives, avec des fractures discontinues et profondément imprévisibles, comme en Bretagne armoricaine, où l’eau ne se cache que dans des failles difficiles à localiser depuis la surface.

Mais à la différence de la Bretagne, où soixante ans de forages et de recherche ont permis de cartographier progressivement ces ressources, le sous-sol guyanais reste largement une terra incognita hydrogéologique.

En 2007, le réseau de surveillance ne comptait que sept piézomètres (des forages mesurant le niveau des nappes souterraines), soit un piézomètre pour 12 000 kilomètres carrés contre un piézomètre pour 290 kilomètres carrés en Hexagone avec 1 900 points de suivi. En 2026, il y en a désormais 16. Les données manquent, les modèles numériques sont absents, et chaque forage est une tentative quasi à l’aveugle qui peut fournir plusieurs centaines de litres par seconde ou rien.

Dans un contexte où la logistique d’acheminement du matériel coûte déjà une fortune, un forage infructueux peut représenter des dizaines de milliers d’euros perdus pour une commune.

Zone protégée dite des « Abattis Cottica », sur le Maroni en aval de Grand-Santi, en 2021.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

Faute de ressources souterraines suffisamment connues et facilement utilisables, les populations de l’intérieur restent dépendantes des fleuves et des criques. Mais cette ressource est aussi sous pression.

L’orpaillage, omniprésent dans l’intérieur des terres, agit comme une véritable fabrique de boue : il détruit les berges, sature les cours d’eau en sédiment et contamine durablement les écosystèmes et les populations. L’orpaillage détruit 100 kilomètres de cours d’eau par an en Guyane. Là où les rivières étaient couleur soda (d’un brun caramel) mais limpides, l’eau se trouble en couleur chocolat tandis que la vie moderne dans les villages isolés (décharges, assainissement défaillant, forte utilisation et stockage de carburant) apporte son lot de bactéries et d’hydrocarbures. Et les conséquences de l’exploitation aurifère ne ralentissent pas avec le prix de l’or passé à plus de 150 $ le gramme début 2026, contre 20 $ le gramme dans les années 1980.

Une diversification dépendante de la recherche

Le changement climatique aggrave une situation déjà tendue sur les deux fronts. Les projections climatiques pour la Guyane indiquent des sécheresses plus longues et plus intenses, des crues plus brutales et une variabilité saisonnière accrue.




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Un paradoxe saisissant dans ce territoire que les Amérindiens appelaient autrefois Wayampi, la « Terre d’eaux abondantes ».

Dans ce contexte, la diversification des sources d’alimentation en eau potable permettrait de réduire le coût et la vulnérabilité des ressources pour la population. Le développement de la connaissance et de la recherche sur les eaux souterraines du socle devient un enjeu majeur pour apporter un complément solide aux captages d’eau de surface.

Les aquifères du socle granitique, s’ils étaient davantage étudiés, pourraient offrir une ressource plus stable, moins exposée aux pollutions de surface et aux variations hydrologiques. Améliorer leur identification, comprendre leur fonctionnement et mieux estimer leur potentiel représente une voie stratégique pour diversifier et sécuriser l’approvisionnement en eau potable.

C’est de plus un défi qui dépasse les frontières de l’Amazonie française et qui offre des opportunités de coopération avec nos voisins sud-américains. Avec ses institutions scientifiques, ses partenariats de recherche existants et l’appui de financements européens, la Guyane française dispose des atouts pour devenir un pôle de référence régional sur la gestion de l’eau en Amazonie, à condition que l’effort de connaissances engagé ces dernières années se poursuive dans la durée.

Un débarcadère au village de Taluen, sur le Maroni, en 2021.
Adrien Selles, Fourni par l’auteur

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Paradoxe d’abondance : l’Amazonie française manque d’eau potable – https://theconversation.com/paradoxe-dabondance-lamazonie-francaise-manque-deau-potable-292622

TDAH et alimentation : pourquoi certains cerveaux peinent à s’arrêter de manger

Source: The Conversation – in French – By Hanane Desruets Badouh, Psychologue psychothérapeute, laboratoire de recherche C2S, Université de Reims Champagne-Ardenne (URCA)


L’ESSENTIEL

  • Des liens se font jour entre le trouble du déficit de l’attention avec ou sans hyperactivité (TDAH) et l’alimentation.

  • Le fait de présenter un TDAH pourrait accroître la vulnérabilité à certains troubles de la conduite alimentaire, comme la boulimie.

  • Des travaux sont menés pour identifier les mécanismes à l’œuvre au niveau du cerveau, comme les situations à risque au quotidien.


Un paquet de biscuits entamé en début de soirée et vidé sans vraiment s’en rendre compte, une envie soudaine de manger déclenchée non pas à cause de la faim, mais à la suite d’une journée épuisante ou d’une émotion difficile à gérer… ces situations, bien connues dans les troubles des conduites alimentaires, concernent aussi des troubles neurodéveloppementaux tels que le trouble du déficit de l’attention avec ou sans hyperactivité (TDAH).

Le TDAH est un trouble complexe qui touche environ 5 % des enfants et 3 % des adultes dans le monde. En France, le TDAH concerne environ 3,5 % des enfants et 2,9 % des adultes, selon les données épidémiologiques retenues par la Haute Autorité de santé.

Il bénéficie d’une visibilité récente. Cela s’explique surtout par une meilleure connaissance et donc un repérage plus précis des personnes qui, auparavant, passaient sous les radars du dépistage clinique.

Explorer les liens entre TDAH et alimentation

Cette meilleure compréhension permet aussi de mettre en lumière des difficultés longtemps restées au second plan, notamment celles liées à l’alimentation. Faire ses courses, acheter les bons produits, préparer un repas équilibré peut demander un effort considérable pour une personne avec TDAH. Ainsi, beaucoup finissent par se tourner vers des solutions rapides, comme le grignotage ou la restauration rapide.

Mais, comment la nourriture peut-elle devenir une récompense immédiate ou une stratégie de régulation émotionnelle, jusqu’à favoriser chez certains profils des conduites proches des troubles du comportement alimentaire ? faisons le point.

Un cerveau attiré par le bénéfice immédiat ?

Le cerveau des personnes atteintes de TDAH fonctionne différemment dans la manière de traiter les récompenses. Sans entrer dans le détail des processus neurobiologiques, on peut dire que le cerveau TDAH a tendance à surévaluer ce qui est disponible immédiatement au détriment de ce qui sera bénéfique plus tard.

En d’autres termes, le cerveau TDAH préfère le « tout de suite » au « plus tard ». Les chercheurs parlent d’« impulsivité d’attente » qui correspond à la difficulté à attendre lorsqu’une gratification est immédiatement accessible.

La nourriture s’intègrerait parfaitement dans ce mécanisme. Elle est visible, concrète, accessible et procure rapidement du plaisir ou un soulagement. À l’inverse, les bénéfices d’une alimentation équilibrée restent trop éloignés dans le temps pour peser lourd dans la balance au moment où le paquet de biscuits est là, sur la table.

Certaines études montrent qu’en présence d’images d’aliments, les personnes ayant des symptômes élevés de TDAH et davantage de perte de contrôle alimentaire présentent une activation plus importante des régions cérébrales liées à la motivation et à la récompense. D’autres études, en revanche, ne trouvent pas de différence notable.

La nourriture ne serait donc pas automatiquement une « super-récompense » pour toutes les personnes avec un TDAH mais elle pourrait l’être dans certaines situations.

Quand l’inattention perturbe la gestion des repas

Les difficultés attentionnelles joueraient également un rôle perturbateur. En effet, une personne hyperfocalisée sur une tâche peut tout simplement oublier de manger ou ne pas percevoir les premiers signaux de faim. Lorsque la faim s’impose enfin, souvent de façon intense, les ressources de contrôle sont déjà épuisées par la fatigue ou la surcharge mentale liées à la tâche précédente.

Dans cet état, les signaux extérieurs prendraient facilement le dessus. Ainsi, une odeur ou un aliment visible, deviennent rapidement saillants. C’est ce que les chercheurs appellent la « réactivité alimentaire ». Elle désigne la tendance à consommer de la nourriture lorsqu’elle est disponible ou particulièrement attirante, même après un repas.

Dans une étude menée sur 548 enfants, dont 396 enfants porteurs d’un TDAH, cette réactivité était significativement plus élevée chez les enfants avec TDAH. De plus, le TDAH apparaissait comme l’hypothèse la plus probable pour expliquer une grande partie du lien observé entre inattention et masse grasse.

Cela ne signifie pas pour autant que le TDAH cause directement la prise de poids. Il suggère plutôt une réaction en chaîne : l’inattention désorganise les repas, la faim s’intensifie, les capacités de contrôle s’affaiblissent et l’environnement alimentaire devient plus difficile à ignorer.

Des travaux de recherche récents ont par ailleurs montré que les difficultés d’inhibition et de contrôle émotionnel étaient associées à davantage de comportements alimentaires qualifiés d’« addictifs » chez plus de 1 000 enfants et adolescents avec un TDAH, sachant que le concept d’« addiction à l’alimentation » est discuté dans la communauté scientifique.

Manger pour apaiser, stimuler ou récompenser

Au-delà du plaisir immédiat, la nourriture peut aussi remplir une fonction de régulation émotionnelle. Les personnes avec un TDAH vivent souvent les frustrations du quotidien plus intensément : le stress, l’ennui ou la surcharge mentale peuvent être plus difficiles à apaiser.

Dans ces moments, manger offre un réconfort rapide. Un aliment apprécié détourne momentanément l’attention de l’émotion négative et diminue ainsi la tension intérieure. Ce sentiment de soulagement, aussi bref soit-il, suffit souvent pour que le cerveau mémorise l’association entre émotion difficile et nourriture.

Ce mécanisme de régulation émotionnelle appelé « alimentation émotionnelle », transforme la nourriture en source d’apaisement face à l’adversité. Une revue systématique portant sur 41 publications a montré que les émotions négatives expliquent une partie importante du lien entre symptômes du TDAH et comportements alimentaires problématiques.




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L’alimentation émotionnelle peut être favorisée par une tendance à agir impulsivement sous l’effet d’émotions négatives, appelée urgence négative. Lorsqu’une émotion négative devient intense, certaines personnes peuvent être amenées à agir rapidement pour en diminuer l’inconfort. La nourriture peut alors constituer une réponse immédiatement accessible pour tenter d’apaiser cet état émotionnel. Le soulagement temporaire éventuellement ressenti après la prise alimentaire pourrait, par un mécanisme de renforcement négatif, favoriser la répétition de ce comportement lors de situations émotionnelles similaires.

Mais manger ne sert pas toujours à se calmer. Dans des travaux de recherche publiés en 2026, les adultes présentant un TDAH interrogés décrivent la nourriture comme une stimulation face à l’ennui, une récompense après un effort ou une façon de rechercher un goût ou une texture particulière. Ainsi, une même crise peut donc répondre à plusieurs besoins : apaiser, stimuler et récompenser.

Le TDAH, facteur de vulnérabilité des troubles de la conduite alimentaire

Ces mécanismes ne concernent pas toutes les personnes avec un TDAH de la même manière. Dans une étude menée auprès d’adultes consultant pour une obésité, 28,6 % de ceux ayant un TDAH répondaient aux critères d’« addiction à l’alimentation », contre 9,1 % des participants sans TDAH. Ces chiffres concernent une population clinique spécifique et ne peuvent donc pas être extrapolés à l’ensemble des personnes avec un TDAH.

Par ailleurs, on rappellera que le concept d’« addiction à l’alimentation » reste lui-même discuté : il ne constitue pas un diagnostic officiel, mais décrit une relation de dépendance d’un individu vis-à-vis de certains aliments riches en graisse ou en sucre.

Au-delà de ce concept, l’association entre le TDAH et les troubles des conduites alimentaires a été explorée par une métanalyse regroupant plus de 33 000 participants. Les résultats montrent que les personnes avec un TDAH avaient environ 3,8 fois plus de risques de présenter un trouble du comportement alimentaire.

Cette association concernait notamment la boulimie (définie comme une absorption d’une grande quantité de nourriture dans un temps restreint, associée à un sentiment de perte de contrôle, ndlr) et l’hyperphagie boulimique (qui se caractérise par des épisodes récurrents de crises de boulimie, mais sans le recours aux comportements compensatoires inappropriés caractéristiques de la boulimie, ndlr).

Ces résultats ne signifient pas que le TDAH conduit nécessairement à un trouble alimentaire, mais qu’il peut constituer un facteur de vulnérabilité.

Identifier les situations à risque pour activer les bons leviers

Dans ce contexte, dire à une personne qu’elle « manque de volonté » est non seulement faux, mais contre-productive. La honte et la culpabilité engendrées par cette réflexion risquent de renforcer le comportement alimentaire problématique.

Il serait plutôt utile d’identifier les situations à risque : repas sautés, périodes d’hyperfocalisation, fatigue, ennui, émotion difficile, présence immédiate d’un aliment attirant. À partir de là, des stratégies concrètes deviennent alors possibles : régulariser les repas, prévoir des options simples pour les moments où cuisiner paraît trop coûteux en énergie, éviter les états de faim extrême, aménager son environnement alimentaire et développer d’autres façons de réguler les émotions.

En résumé, le cerveau ne cherche pas mécaniquement du sucre pour « fabriquer de la dopamine ». Ce qu’il cherche avant tout, chez certaines personnes avec un TDAH, c’est une réponse rapide, accessible et efficace à un état intérieur. Comprendre cette fonction invite plutôt à se demander ce que cherche la personne à apaiser, à stimuler ou à réguler ? C’est souvent à partir de cette question qu’il devient possible de retrouver davantage de contrôle.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Hanane Desruets Badouh ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. TDAH et alimentation : pourquoi certains cerveaux peinent à s’arrêter de manger – https://theconversation.com/tdah-et-alimentation-pourquoi-certains-cerveaux-peinent-a-sarreter-de-manger-292036

Qui décide du menu dans nos assiettes ? Enquête sur l’influence discrète des lobbys agroalimentaires

Source: The Conversation – in French – By Joan Cortinas Munoz, Enseignant chercheur en sociologie, Sciences Po

Est-ce vraiment de votre faute si vous avez fini le paquet de chips ? Bermix Studio/Unsplash, CC BY

L’ESSENTIEL

  • L’industrie agroalimentaire mène une action politique organisée et largement invisible pour peser sur notre alimentation.

  • Une enquête reconstitue les coulisses de cette influence, de la recherche scientifique jusqu’à l’Assemblée nationale.

  • Mieux documenter des liens d’intérêts et favoriser la recherche et la prévention aiderait à rééquilibrer les rapports de force.


Familier des Français, le Nutri-Score a survécu à une bataille féroce, opposant pouvoirs publics et industrie agroalimentaire. Mis en place à partir de 2015, le logo coloré placé sur l’emballage des produits alimentaires rend d’un coup d’œil visible leur qualité nutritionnelle. Mais au-delà de cette avancée, un ensemble de mesures sur la qualité nutritionnelle a été abandonné sous la pression des industriels, comme la taxation des produits trop sucrés, l’encadrement de leur publicité ou le caractère obligatoire du logo. Au niveau européen, la Commission européenne s’était engagée en 2022 à proposer un logo nutritionnel harmonisé, qui n’a jamais vu le jour.

Comme l’a révélé notre enquête Des lobbys au menu. Les entreprises de l’agroalimentaire contre la santé publique (Raisons d’agir, 2022_), ces épisodes n’ont rien d’exceptionnel. Ils donnent à voir les activités politiques intenses et patiemment organisées à travers lesquelles l’industrie agroalimentaire pèse sur les décisions publiques, souvent bien avant qu’elles ne soient prises ou même conçues. Les acteurs économiques les plus actifs en la matière mobilisent organisations spécialisées, professionnels aguerris et budgets conséquents pour veiller au grain.

La variété des stratégies déployées dans les univers de la science, de la politique, des médias, de la philantropie ou de la justice dessinent un espace vaste et cohérent, où des structures financées par les entreprises orientent les institutions publiques et la perception du public.

Bien au-delà des seuls conflits d’intérêts

L’enjeu n’est pas seulement sanitaire et technique : il est aussi culturel et démocratique. L’influence s’exerce presque toujours hors de tout cadre transparent, et cette opacité alimente la défiance envers les décideurs comme envers les industriels.

Face à ces dynamiques, traiter au cas par cas les liens et les conflits d’intérêts, comme le fait la réglementation française actuelle, revient rarement à agir à la bonne échelle : on se borne à identifier, à gérer ou à sanctionner des situations individuelles sans que les sources de ces ambiguïtés soient mises au jour ou vraiment limitées. Une lecture d’ensemble, au contraire, donne la juste mesure des mécanismes collectifs qui produisent les conflits d’intérêts individuels. Elle plaide pour une régulation plus transversale, calibrée sur les stratégies de l’industrie.

Jouer sur le terrain des savoirs

Ces stratégies se déploient d’abord dans le domaine de la connaissance. En amont de toute politique publique, l’industrie cherche à façonner les connaissances disponibles. Elle finance de la recherche et tisse des liens avec des scientifiques, ce qui lui permet de favoriser certains savoirs au détriment d’autres, jugés moins avantageux. Lors de notre enquête, une responsable d’agence sanitaire le raconte à propos des édulcorants. Les études financées sur leurs bénéfices sont si abondantes qu’il ne subsiste presque aucune donnée disponible sur leurs risques.

Lorsque des connaissances désavantageuses sont produites vient ensuite la fabrication du doute, une méthode que l’industrie du tabac a théorisée dès les années 1950 et qui consiste à réclamer toujours plus de preuves, à souligner les incertitudes propres à toute science et à contester la validité des études gênantes. Lorsqu’un chercheur du CNRS avance, à partir de modèles animaux, que le sucre pourrait être addictif, l’organisation qui défend les producteurs de sucre lui oppose aussitôt que l’étude n’a été « réalisée que sur des rats », argument déjà employé en 2006 par le Comité des salines de France pour rabaisser les recommandations de réduction du sel à de « simples extrapolations ».

Et si un consensus se dégage, il est toujours possible de recadrer le débat afin de déplacer un problème abordé d’un point de vue scientifique vers d’autres enjeux, en produisant des arguments économiques, culturels, juridiques, éthiques ou politiques, qui relativisent la portée des résultats. La consommation de produits gras est mauvaise pour la santé, mais n’est-ce pas une affaire de plaisir ou de liberté ? Les souvenirs de notre enfance ou l’expression de notre culture ne valent-ils pas mieux que des risques établis dans d’obscurs laboratoires ?

Une technique éprouvée consiste à déplacer la responsabilité sur le consommateur, plutôt que sur le producteur. Face au Nutri-Score, l’industrie a promu une notion concurrente, la « diversité alimentaire », qui reporte l’attention sur les comportements du mangeur plutôt que sur la composition de ce qu’il achète. De tels glissements s’opèrent lorsque toute régulation de la nutrition est présentée comme un enjeu de liberté ou comme une défense du patrimoine gastronomique français. Les perceptions en sont modifiées, et les scientifiques apparaissent hors sujet.

Des arguments qui remontent jusqu’aux élus

Ces arguments ne valent toutefois que s’ils atteignent ceux qui décident, et une bonne part du travail consiste à les faire circuler au plus près des responsables publics. Dîners sur mesure, colloques au Parlement, rencontres ad hoc permettent aux uns de s’informer et aux autres de faire passer des messages.

Parmi mille autres exemples, en mars 2019, un « petit-déjeuner débat » réunit au cœur de Paris des parlementaires, des industriels et des professionnels de la communication, à l’invitation du Club de la table française, instance créée par une agence indiquant être spécialisée en « stratégie institutionnelle et affaires publiques », formulation feutrée pour indiquer des activités de lobbying. Avec le groupe d’études Gastronomie de l’Assemblée nationale, ces instances discrètes mettent en relation les représentants de la filière avec plus de 300 députés.

L’influence passe aussi par des alliances nouées loin des arènes politiques, du côté de l’opinion et des médias. Des voyages de presse tous frais payés emmènent des journalistes visiter une usine de production laitière près de Grenade en Espagne, et des publireportages vantent dans la presse régionale le rôle d’une filière dans l’emploi local. En mai 2018, la place de la République se transforme ainsi en pâturage, avec vaches, grillades et stands sur les races bovines, pour permettre à la filière élevage-viande de célébrer sa contribution à la « biodiversité ».

Il arrive enfin que les acteurs économiques se substituent au décideur, en rédigeant par exemple les textes à voter. Lors des débats sur la loi Agriculture et alimentation, un même amendement autorisant l’épandage de pesticides par drones a été déposé 12 fois, mot pour mot, par des députés de groupes opposés.

De manière plus radicale encore, et cette fois loin de l’Assemblée nationale, des acteurs économiques ne se contentent plus de peser sur la décision publique : ils en prennent la place. Ils assurent eux-mêmes la conception ou la mise en œuvre, totale ou partielle, de programmes d’action publique. Localement, des producteurs de sodas ou de friandises sucrées financent ainsi des équipements sportifs ou des programmes d’activité physique. L’opération est doublement rentable : elle les installe en partenaires de la lutte contre l’obésité, et elle fait porter la prévention sur la dépense d’énergie des consommateurs – le « Bouger » du slogan « Manger-Bouger » – plutôt que sur la composition des produits qu’ils vendent.

Le crédit et le discrédit comme armes

Un dernier registre d’activité politique des industriels joue sur l’image publique. Il s’agit de construire une économie du crédit et du discrédit. En s’associant à des causes valorisées, une marque bénéficie de leur respectabilité.

En 2026, la fondation Groupe Casino lance, en partenariat avec Ulule, la deuxième édition du programme « Retisser les liens du quotidien » pour soutenir les associations qui créent du lien social. L’opération n’a rien d’isolé : l’ensemble des entreprises de notre corpus d’enquête apparaissent liées à une centaine d’associations, le plus souvent dans le sport et la lutte contre la pauvreté. Le soutien est réel, mais le bénéfice l’est aussi : en s’affichant aux côtés de causes reconnues, ces entreprises en empruntent la respectabilité.

Le revers de la médaille consiste à faire taire les gêneurs. Dans les cas extrêmes, des chercheurs ou des militants sont poursuivis en justice, dans une stratégie de bâillonnement. Le chercheur Pierre Meneton a été attaqué pour avoir dénoncé le poids du « lobby du sel », la militante Valérie Murat a été condamnée à 125 000 euros pour « dénigrement » après avoir révélé la présence de pesticides dans des vins certifiés « Haute valeur environnementale », et l’application Yuka a été poursuivie par des industriels de la charcuterie. À chaque fois, le débat quitte le terrain de la santé pour celui du tribunal, et le critique est sommé de se défendre comme un fautif. Sans aller jusqu’aux poursuites, il suffit bien souvent d’en brandir la menace, ou de distiller plus insidieusement des rumeurs de conflit d’intérêts, voire de renvoyer la personne critique à de prétendues « obsessions » hostiles à l’alimentation ou à un extrémisme « hygiéniste », par exemple.

Rendre visible le travail d’influence

Ces activités politiques sont si variées et parfois si insidieuses qu’il paraît décourageant d’en réguler la portée. Leur caractère systémique rend cependant plusieurs options possibles. Nous en proposons deux, qui ne feront sans doute pas l’unanimité chez ceux qu’elles concernent.

Une première proposition serait de doter le secteur agroalimentaire d’un répertoire de transparence équivalent à celui qui existe pour le médicament. La base Transparence Santé, née après le scandale du Mediator, oblige les industriels à déclarer tous leurs liens avec les professionnels de santé ainsi que les montants associés. Elle peut être étendue au secteur agroalimentaire et concerner l’ensemble d’acteurs – chercheurs, décideurs, associations, etc. – qui interagissent avec lui.

La seconde proposition s’inspirerait du Fonds de lutte contre les addictions, alimenté notamment par les taxes sur le tabac. Un élargissement du dispositif ferait contribuer les industriels d’une alimentation qui participe à la mauvaise santé d’une partie des Français au financement de la recherche en nutrition et d’actions de prévention autonomes, indépendantes de l’industrie.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Qui décide du menu dans nos assiettes ? Enquête sur l’influence discrète des lobbys agroalimentaires – https://theconversation.com/qui-decide-du-menu-dans-nos-assiettes-enquete-sur-linfluence-discrete-des-lobbys-agroalimentaires-291634

Les nouveaux besoins (géopolitiques) de l’entreprise

Source: The Conversation – in French – By Florent Parmentier, Secrétaire général du CEVIPOF. Enseignant, Sciences Po

Les entreprises, à commencer bien sûr par les plus grandes et les mieux intégrées dans les divers mécanismes de la mondialisation, doivent évoluer en permanence pour que leurs responsables, à tous les niveaux, puissent prendre les décisions les plus appropriées et les mieux informées. Ces informations ne peuvent être simplement les réalités économiques du moment ; il est indispensable d’articuler processus économiques et grandes tendances géopolitiques, tant les secondes impactent les premiers. Mais comment identifier les informations pertinentes, comment les récolter, les classer par ordre d’importance, les interpréter ? Cette question centrale se trouve au cœur de Chief Geopolitical Officer. Agir en entrepreneur, penser en géopoliticien, de Cyrille Bret, Laurent Célérier et Florent Parmentier, qui vient de paraître aux éditions Valeurs ajoutées. Extrait.


La nouvelle donne exige un véritable examen de conscience business : les entreprises ont de nouveaux besoins, proprement géopolitiques, qui ne peuvent être satisfaits par les outils et pratiques traditionnels de veille stratégique ou de gestion des risques. Car tirer des conséquences efficaces du retour de la géopolitique est difficile tant que ces besoins ne sont pas identifiés et explicités. Ces besoins diffèrent radicalement de ceux des décennies précédentes : il ne s’agit plus simplement de « surveiller l’environnement politique » ou de « gérer les risques pays », mais de développer une véritable intelligence géopolitique opérationnelle, capable d’orienter les décisions stratégiques et de faire surgir des opportunités.

Quels sont à grands traits les nouveaux besoins des entreprises face à la géopolitisation de l’économie ?

Le premier d’entre eux est une sélection appropriée de l’information au sens large, des signaux faibles aux communiqués officiels, des réglementations en gestation aux discours programmatiques de candidats : dans l’océan informationnel géopolitique où des milliers d’événements se produisent quotidiennement à travers le monde, les entreprises ont besoin qu’on leur fournisse les éléments qui concernent directement leurs secteurs, leurs concurrents, leurs marchés et leurs réglementations.

Mais la sélection de l’information brute — y compris par des moteurs de recherche automatisés sophistiqués par l’IA — ne suffit pas. Les sociétés ont besoin de bien plus que de revues de presse spécialisées, de bases de données professionnelles ou de points d’actualité généralistes qui noient l’essentiel dans l’accessoire. Elles ont besoin de véritables briefs ciblés et actionnables sur les évolutions géopolitiques précises à court et moyen terme des conditions réelles d’opération et d’activité.

L’espoir suscité par les outils d’IA est important : rapidité, sélectivité, pertinence et faibles coûts sont espérés. Mais la production d’une information pertinente, qualifiée et contextualisée demande à la fois des outils de recherche automatisés et des analyses humaines. La division du travail est assez claire : aujourd’hui l’IA peut collecter, sélectionner, vérifier et synthétiser des données géopolitiques. Mais il revient aux analystes géopolitiques de l’entreprise de transformer ces données en informations, puis en recommandations.

Prenons un exemple : les acteurs des marchés réglementés (pharmacies, assurances, etc.) surveillent les évolutions juridiques des États qui abritent leurs principaux marchés. Jusqu’à une date récente, ils se fiaient à des agences spécialisées qui produisaient des briefs thématiques à partir de revues de presse, de contacts avec les parlementaires et les diplomates, de publications officielles et de communiqués officiels. L’espoir est aujourd’hui d’automatiser largement la recherche des textes, messages, posts et discours pertinents pour déceler les évolutions réglementaires en fonction du rapport de force international.

Mais qui prétendra qu’un post de Donald Trump sur Truth Social donne, à lui seul, une indication sur le calendrier, les orientations et les contenus des évolutions réglementaires ? La collecte et la sélection de l’information géopolitique pertinente sont l’affaire de ces moteurs de recherche, des rédactions, des cabinets… mais leur application stricte et personnalisée aux entreprises concernées relève de la direction d’entreprise. Pour passer à l’information opérationnelle, les entreprises ont assurément besoin de nouveaux talents, de savoir-faire extérieurs et de personnels entraînés.

Face aux tempêtes géopolitiques, les entreprises ont aussi besoin de conseils opérationnels géopolitiques. Le flux d’informations, aussi sélectif et pertinent soit-il, ne peut pas suffire, car il reste descriptif et non pas prescriptif. Les entreprises ont besoin de suggestions multiples et concrètes pour se protéger de chocs géopolitiques, pour faire évoluer des produits et pour exploiter certains événements géopolitiques comme opportunités stratégiques.

Ce besoin d’analyse opérationnelle dépasse les capacités des directions de la stratégie ou des risques. Les personnels de ces divisions sont formés à évaluer des probabilités d’événements isolés (coup d’État, catastrophe naturelle, défaut de paiement), mais rarement capables de relier ces risques entre eux ou de les traduire en décisions business. Là encore, l’IA peut accélérer le repérage des précédents, mais elle ne peut pas encore émettre une prévision qualifiée et une recommandation innovante : c’est de la responsabilité des managers de l’entreprise.

Par exemple, de plus en plus d’États sont engagés dans l’élaboration et les déploiements d’arsenaux de sanctions internationales : contre la Russie, contre l’Iran, contre Cuba, contre le Myanmar, etc. Ces outils visent à créer un rapport de force politique par des canaux économiques. Les entreprises ont d’abord besoin de savoir à l’avance les types de sanction envisagés, les cibles et les secteurs. Mais elles ont aussi besoin de suggestions pour orienter les sanctions avant leur adoption, pour réagir à leur mise en vigueur, pour atténuer leur impact et pour prospérer malgré elles. À cela s’ajoute un besoin croissant de formation stratégique : développer en interne une culture géopolitique, capable d’anticiper les risques, de lire les signaux faibles et de préparer les équipes à naviguer dans un environnement international instable.

Enfin, ce dont les entreprises ont besoin aujourd’hui est une capacité de prévision afin de favoriser le développement à moyen terme de l’entreprise. La géopolitique contemporaine n’apparaît chaotique que parce qu’elle est envisagée en profane ou analysée rétrospectivement sans méthode prédictive. La scénarisation géopolitique est, elle, de nature à aider à la décision stratégique en construisant des futurs possibles cohérents plutôt qu’en prédisant un futur unique improbable. Les entreprises ont besoin de prospective géopolitique structurée, pas de futurologie intuitive. Il ne s’agit pas de prédire ce qui va se passer, exercice vain dans un monde complexe, mais de cartographier les futurs plausibles et leurs implications différenciées pour l’entreprise.

En définitive, reconnaître ces trois besoins et admettre que les solutions traditionnelles ne peuvent les satisfaire constitue le préalable indispensable à toute entreprise « géopolitiquement lucide ».

Agir en entrepreneur, mais penser aussi en géopoliticien

Pour le moment, la plupart des entreprises se sont contentées, sauf exception, d’une géopolitique de comptoir, non documentée, non centrée sur le secteur de l’entreprise et éloignée des conditions réelles de fonctionnement des entreprises.

Cet extrait est issu de Chief Geopolitical Officer. Agir en entrepreneur, penser en géopoliticien, de Cyrille Bret, Laurent Célérier et Florent Parmentier, qui vient de paraître à Valeurs ajoutées éditions.
VA éditions

En somme, les entreprises ont vécu dans une logique exclusivement économique de la fin de la guerre froide à la décennie 1990. Elles ont désormais besoin d’un aggiornamento car elles ne peuvent plus se contenter d’une culture géopolitique de base, extérieure et approximative. Elles ont un besoin de professionnalisation de l’expertise géopolitique. Cela ne signifie surtout pas que les dirigeants d’entreprises doivent se faire géopoliticiens et que toute entreprise doit se prendre pour un centre de recherche. Le développement endogène de l’entreprise est le premier objectif et la première responsabilité de ses salariés et de ses actionnaires.

Cela ne signifie pas non plus que les responsables des risques dans les entreprises ne sont aujourd’hui pas pertinents : ils ont seulement d’autres professions. Professionnaliser la géopolitique d’entreprise, cela veut tout simplement dire qu’il faut l’opérationnaliser : réaliser des analyses géopolitiques rigoureuses et centrées sur l’activité, le secteur et la nature de l’entreprise ; puis lancer des actions d’entrepreneur sans naïveté sur l’environnement géopolitique d’activité. Penser (aussi) en politique pour agir (avant tout) en entrepreneur.

Les entreprises ne vivent pas la fin de la mondialisation. Elles entrent plutôt dans une nouvelle phase de la mondialisation, beaucoup plus politique qu’économique. Les entreprises ne doivent pas se résigner à ce constat, elles doivent en tirer les conséquences. Il en va de leur (sur) vie. Et de leur prospérité !

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Les nouveaux besoins (géopolitiques) de l’entreprise – https://theconversation.com/les-nouveaux-besoins-geopolitiques-de-lentreprise-291889

Quel est l’impact des décisions de la BCE sur les ménages modestes ?

Source: The Conversation – in French – By Matthieu Picault, Professeur de Finance , LEM-CNRS 9221, IÉSEG School of Management


L’ESSENTIEL

  • La nouvelle hausse de l’inflation a poussé la Banque centrale européenne (BCE) à augmenter ses taux directeurs – 2,5 % pour le taux de dépôt.

  • Entre lutte contre l’inflation, baisse des crédits et réduction de l’activité, les hausses de ces taux ont des conséquences pour les ménages modestes.

  • En luttant contre l’inflation, la BCE peut contribuer à ralentir l’économie française et d’augmenter le chômage.


Entre août 2025 et août 2026, les prix payés par les ménages ont progressé de 2,4 % sur le territoire national. Ce regain d’inflation contraste avec le repli observé depuis le pic de 2022, année où l’invasion de l’Ukraine par la Russie avait porté l’inflation annuelle à un niveau record de 5,2 %.

Cette inflation vient affecter le pouvoir d’achat des ménages les plus modestes, disposant d’un niveau d’épargne plus faible et avec un niveau de vie relativement faible – appartenant aux 20 % des ménages les plus faibles pour l’Insee et 40 % pour la Drees.

Pour contrôler cette inflation et remplir son objectif premier de maintenir la stabilité des prix, la Banque centrale européenne (BCE) relève son taux directeur pour le refinancement des banques à 2,65 % et le taux de dépôt à 2,5 % en septembre 2026.

Mais quels sont les enjeux réels d’une telle décision pour les ménages modestes, plus exposés dans leur vie quotidienne à une hausse des prix ?

Si notre étude souligne que les décisions prises par la BCE concernent en premier lieu les banques, principaux vecteurs de transmission de la politique monétaire, elles exercent également une influence sur la consommation des ménages par le canal du crédit bancaire.

Faciliter ou limiter les crédits

Afin de maintenir la stabilité des prix, la BCE dispose de différents outils. Le principal : le taux de refinancement des banques.

Concrètement, quand une banque souhaite prêter de l’argent à un ménage avec un projet d’investissement, elle doit disposer des fonds nécessaires. Si ce n’est pas le cas, une option est d’emprunter auprès de la banque centrale. Le taux appliqué à cet emprunt est le taux de refinancement – actuellement de 2,65 %. Les ménages empruntent ensuite à un taux plus élevé, incluant une prime de risque destinée à couvrir le risque de non-remboursement et une marge permettant à la banque de couvrir ses coûts et générer un bénéfice.

Quand l’inflation est faible, la BCE instaure une politique monétaire expansive, ou accommodante. Le taux de refinancement est plus faible, facilitant l’octroi de crédit par les banques. À l’inverse, pour lutter contre une inflation importante, ce taux est plus élevé. Il restreint à dessein la capacité des banques à obtenir des liquidités et de facto à prêter aux ménages. C’est ce qu’on appelle une politique monétaire restrictive.

Perte de pouvoir d’achat

Dans un contexte inflationniste accompagné d’une hausse des taux d’intérêt, les ménages perdent simultanément deux leviers pour maintenir leur consommation : la capacité d’emprunt, rendue plus coûteuse, et le pouvoir d’achat, rogné par la hausse des prix.

Ce second levier pourrait être préservé si les revenus progressaient au même rythme que les prix. Or, en France, les revenus progressent moins vite que les prix. La conséquence ? Une perte réelle de pouvoir d’achat. En 2023, les 10 % des Français les plus pauvres subissent une contraction de leur niveau de vie de -1 %. Pour ces ménages les plus modestes, qui ne peuvent ni emprunter ni puiser dans une épargne insuffisante, ce décrochage entre revenus et prix est particulièrement brutal.




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C’est précisément pourquoi l’objectif de stabilité des prix poursuivi par la BCE revêt une importance sociale. En cherchant à contenir l’inflation, elle limite la dégradation du pouvoir d’achat de ceux qui n’ont aucun autre filet de protection.

Moins d’emplois et moindres salaires

Si la politique monétaire de la BCE influence directement le pouvoir d’achat des ménages par le canal du crédit aux particuliers, elle affecte indirectement leur quotidien via le marché du travail. Comment ? En facilitant ou en restreignant l’accès au crédit pour les entreprises.

Une entreprise qui évolue dans un contexte où l’obtention d’un crédit est aisée pourra plus facilement investir, embaucher ou mieux rémunérer ses salariés. A contrario une politique monétaire restrictive, dans un contexte inflationniste, augmente dans un premier temps les coûts du crédit aux entreprises.

Entre juillet 2021 et juillet 2023, alors que le taux directeur de la BCE passe de 0 à 4 %, le taux d’emprunt des entreprises françaises augmente de 1,08 % à 4,42 %. Une entreprise n’empruntant plus investit moins. À cette baisse d’investissements s’ajoutent des coûts de production élevés, une demande pour les biens et services en baisse due à la diminution du pouvoir d’achat, le tout contribuant à une chute du chiffre d’affaires menant à des destructions d’emplois.

Les ménages les plus modestes sont les plus exposés aux fluctuations du marché du travail, notamment au chômage.

Par exemple, les jeunes sont les premiers à subir les changements de cycle économique induits par la politique monétaire.

Les chiffres l’attestent en France : entre le dernier trimestre 2024 et le deuxième trimestre 2026 (dernière donnée disponible), le taux de chômage des jeunes entre 15 et 24 ans (selon la mesure du BIT) a augmenté de 5 points, passant de 16,6 % à 21,6 %. Sur la même période, le taux de chômage de l’ensemble des actifs, indépendamment de leur âge, ne progresse que de 0,8 %.

Augmentation des inégalités de patrimoine

En plus de leurs revenus et de leurs emplois, la politique monétaire influence le patrimoine des ménages.

Ainsi, la compression des taux de crédit, tombés à 1,06 % en décembre 2021, favorise la demande de biens immobiliers, poussant les prix à la hausse. Au troisième trimestre 2022, le prix des logements anciens progresse de + 6,4 % sur un an.

Or, 30 % des ménages les moins dotés possèdent moins de 40  000 euros de patrimoine, composé quasi exclusivement de livrets d’épargne réglementée et sans exposition à l’immobilier. Ils ne bénéficient pas de cette hausse des prix immobiliers, et la valeur de leur patrimoine n’en est pas accrue.

Compte tenu de ces disparités, les effets de la politique monétaire de la BCE peuvent détériorer la situation des ménages modestes en creusant les inégalités de patrimoine existantes.

En définitive, l’inflation n’affecte pas le pouvoir d’achat des ménages modestes de manière isolée ; elle interagit avec la réponse de la politique monétaire pour produire un effet cumulatif. La politique monétaire agit moins comme un simple correctif que comme un amplificateur des dynamiques de prix, avec des répercussions particulièrement marquées pour les ménages les plus modestes.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Quel est l’impact des décisions de la BCE sur les ménages modestes ? – https://theconversation.com/quel-est-limpact-des-decisions-de-la-bce-sur-les-menages-modestes-284478

Face à l’imprévu permanent, une autre logique d’entreprise émerge

Source: The Conversation – in French – By Isaac Getz, Professeur de Leadership de Trasformation, ESCP Business School


L’ESSENTIEL

  • La crise est devenue permanente. Les situations critiques s’enchaînent quand elles ne se superposent pas.

  • Dans ce contexte, les logiques pour diriger l’entreprise ne peuvent plus être les mêmes. Certaines entreprises ont déjà commencé à en changer avec des résultats positifs.

  • Avoir une boussole et être robuste sont deux principes de cette nouvelle logique. Pour y parvenir, il faut prendre soin inconditionnellement des membres de son écosystème.


Nous ne traversons plus une succession de crises temporaires suivies d’un retour à l’équilibre. Nous sommes entrés dans une incertitude structurelle. Comment diriger face à cette nouvelle donne ?

Pendant des décennies, la direction d’entreprise s’est construite sur une hypothèse implicite : un environnement suffisamment stable pour prévoir, optimiser et contrôler. Une crise constituait alors une parenthèse. Pour absorber le choc, il fallait se replier, en attendant le retour à la prévisibilité et ajuster ses plans. Cette hypothèse ne tient plus dans un monde où les secousses se succèdent, quand elles ne se superposent pas.

Depuis des mois, des dirigeants rapportent combien les secousses autour d’Ormuz, avec leur impact sur les prix de l’énergie ravivent leurs inquiétudes et suspendent leurs décisions. Cette crise iranienne n’est qu’un épisode parmi d’autres crises militaires, politiques, économiques, financières, technologiques, sanitaires, climatiques, démographiques, voire sociales. L’imprévu est devenu la norme. Les entreprises le subissent, mais peu l’ont intériorisé. Elles continuent de considérer l’incertitude comme un accident, et non comme leur nouvel environnement. Elles poursuivent encore une logique conçue pour un monde stable reposant sur la prévision et l’optimisation.

Pourtant, d’autres entreprises ont pris acte du changement. Elles font place à la boussole et à la robustesse.

Handelsbanken, l’exception bancaire suédoise

Quand le secteur bancaire suédois a traversé, en 1991, l’éclatement d’une bulle immobilière, puis, en 2008, la crise des subprimes, le pays a nationalisé toutes ses banques, sauf une : Handelsbanken, laquelle n’a même pas sollicité ses actionnaires. Actrice majeure en Suède, Handelsbanken est également présente au Royaume-Uni, en Norvège et dans d’autres pays en Europe. Au Royaume-Uni, lors de la crise du Covid, avec seulement 1 % du marché de la banque de détail, elle a accordé 50 % des prêts aux petites et moyennes entreprises (PME).




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Comment expliquer cette capacité à traverser les crises là où d’autres vacillent ? La réponse est double : une boussole inspirante et une robustesse fondamentale.

Un proverbe rappelle que, « Si vous ne savez pas où vous allez, tous les chemins vous y mènent », et plus grave encore, vous y êtes déjà. Vouloir la maximisation du profit ne constitue pas une boussole. Cela entraîne une oscillation permanente entre conquête de marchés et réduction des coûts, entre décentralisation et reprise de contrôle, et, en période de crise, cela conduit souvent à la paralysie.

À l’inverse, la boussole de Handelsbanken consiste en un soin inconditionnel de la santé financière de ses clients. Mais c’est sa robustesse qui lui permet de la suivre dans la durée. Cette robustesse repose moins sur l’optimisation que sur des relations de caring (au sens où l’entreprise prend soin) profondément différentes avec ses collaborateurs, ses clients et ses fournisseurs.

Suivre la boussole exige la robustesse

Ainsi, la banque accorde une réelle confiance à ses agences : celles-ci disposent de leur propre compte d’exploitation et décident localement de près de 75 % des prêts. Le directeur de l’agence concernée donne aussi son aval pour les grands prêts à des entreprises comme Volvo. Ces opérations figurent dans le compte d’exploitation de son agence.

Quant aux conseillers, ils ne privilégient pas des transactions opportunistes, mais le bien de leurs clients. Comme l’exprimait Jan Wallander, le PDG qui a transformé cette banque :

« La situation financière des personnes est presque aussi importante que leur santé. Un bon banquier devrait posséder les mêmes qualités qu’un bon médecin généraliste. »

Quand la vertu paie

Cette logique fonctionne-t-elle ? Handelsbanken affiche parmi les plus faibles ratios de pertes sur crédits au monde, moins de 0,1 %, et, depuis plus de cinquante ans, elle surpasse ses concurrents, si on prend comme indicateur le rendement des capitaux propres. Mais ces performances ne sont pas l’objectif poursuivi. Ils sont la conséquence du suivi de la boussole en étant robustes : au final, l’entreprise comme ses actionnaires en bénéficient, grâce à des rendements sains et durables.

France 24, 2021.

Handelsbanken n’est pas un cas isolé. Avec Laurent Marbacher nous décrivons dans notre dernier ouvrage The Caring Company de nombreuses entreprises qui ont adopté cette double logique, comme le laboratoire pharmaceutique japonais Eisai ou encore la laiterie française LSDH.

Dans un monde où l’imprévu est permanent, elles ne cherchent plus à anticiper un équilibre, tout en optimisant l’existant : elles suivent leur boussole en étant robustes pour encaisser les chocs, et même en sortir renforcées.

Xerfi Canal, 2025.

Deux principes pour une transformation

C’est cette transformation que de plus en plus de dirigeants explorent aujourd’hui. Encore faut-il savoir l’engager concrètement. Cette transformation ne se décrète pas et ne se déploie pas selon une méthode toute faite. Chaque entreprise doit co-construire son propre mode de fonctionnement autour des deux principes déjà évoqués :

  • le premier est une boussole : définir ensemble, avec ses collaborateurs, le bien – la valeur sociale – que l’entreprise entend durablement apporter à ceux dont elle prend soin, qu’il s’agisse de ses clients, ses fournisseurs sans oublier sa communauté locale. Cette boussole lui permet de dépasser les relations purement transactionnelles avec les membres de son écosystème.

  • le second est la robustesse nécessaire pour suivre cette boussole, y compris dans la tempête. Pour cela, il faut donner aux collaborateurs une réelle autonomie d’action et remplacer progressivement le contrôle par la confiance. Il ne s’agit donc pas d’ajouter un programme de plus, mais de revoir en profondeur la logique même selon laquelle l’entreprise fonctionne et ses dirigeants agissent.

La performance économique hors pair, dans les périodes fastes comme dans ce nouvel environnement de crises, n’est pas le but de cette logique : elle en découle.

The Conversation

Isaac Getz ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Face à l’imprévu permanent, une autre logique d’entreprise émerge – https://theconversation.com/face-a-limprevu-permanent-une-autre-logique-dentreprise-emerge-292484

À l’école, les arts peuvent-ils libérer la parole des enfants sur les violences ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Christine Sanchez, Chercheuse associée, Université Paul Valéry – Montpellier III

La médiation artistique peut aider à représenter ce qui n’arrive pas à se dire. Vladimir Srajber/Pexels, CC BY

L’ESSENTIEL

  • La pratique artistique permettrait aux enfants de réguler leurs émotions.

  • Mais est-elle pour autant un outil pertinent pour prévenir les violences et libérer la parole des enfants ?

  • Une revue de littérature invite à explorer de nouvelles pistes de médiation.


Les grandes organisations internationales telles que l’Organisation mondiale de la santé (OMS), l’Unesco et l’Unicef invitent à mobiliser les arts dans les programmes de prévention des violences à l’école, et les nouveaux livrets d’éducation à la vie affective et relationnelle en France s’appuient sur les médiations culturelles (albums de jeunesse, théâtre, œuvres d’art) pour travailler les émotions, le consentement et le repérage des violences. Est-ce pertinent et sait-on si cela fonctionne ?

Vingt-cinq ans de recherche sur cette question ont donc été passés en revue : seules quatorze études évaluent un programme artistique de prévention auprès d’élèves du primaire ou du collège, dont deux essais randomisés. La pratique artistique apaise la colère, aide les enfants à réguler leurs émotions, mais en l’état, la science ne peut encore affirmer qu’elle permet de faire reculer la violence.

Dans cette revue critique, publiée en 2026 dans la revue Future, nous proposons pourtant un modèle qui décrit, étape par étape, comment une œuvre ou une histoire pourrait bien aider un enfant à reconnaître la violence et à en parler. Ce modèle est conçu pour être éprouvé scientifiquement.

En quoi ce résultat est-il important ?

Il faut trouver le moyen de s’adresser à tous les élèves, pour les sensibiliser sans exception et tendre la main à ceux qui, déjà exposés à la violence, ont parfois le plus de difficulté à l’identifier, avant même de songer à la dénoncer.

Les obstacles au dévoilement chez l’enfant sont documentés et convergents : la honte et l’auto-attribution de la faute, l’attachement à l’auteur quand il s’agit d’un proche, la peur des conséquences, pour soi comme pour sa famille, que l’enfant peut vouloir protéger. Et en amont de tout cela, chez les plus jeunes, l’absence de mots et de catégories pour nommer ce qu’ils ont subi et reconnaître que ce n’est pas normal.

Une séance qui demande de parler de la violence place alors l’enfant devant un choix difficile : se taire ou se désigner devant ses pairs. C’est là que réside la spécificité de la médiation artistique et narrative, utilisée non plus seulement comme une activité créative, mais comme un détour symbolique : représenter ce qui ne peut pas encore se dire, le transformer dans un cadre sécurisant, à distance de soi.

Notre modèle décompose ce détour en cinq maillons. Au départ, un support : une œuvre, une histoire. En rompant avec le quotidien de la classe, l’œuvre ouvre un espace protégé où l’enfant s’identifie sans avoir à se raconter ; il y bute sur une dissonance, la résout en créant ou en s’immergeant dans le récit, et de là naissent l’émerveillement, l’empathie, la fierté.

Ces émotions se traduisent dans la classe en régulation émotionnelle, en décentration, en normes de coopération. Et au bout de la chaîne, elles modifient l’image que l’enfant se fait de lui-même face à la violence : il sort du rôle passif de victime ou de témoin pour se projeter en « soi possible » prosocial, capable de reconnaître la violence, de trouver la force de briser le silence, pour lui ou pour autrui.

Comment avons-nous procédé ?

Nous avons interrogé cinq bases de données (ERIC, PsycINFO, Scopus, Web of Science, Google Scholar) sur la période 2000-2025 et retenu 14 études réunissant quatre critères (primaire ou collège, composante artistique substantielle, objectif de prévention explicite, évaluation empirique).

Le corpus révèle une dichotomie. L’art seul agit sur les précurseurs de l’agressivité (colère, défaut de régulation émotionnelle) avec des effets robustes. Mais la baisse des comportements violents n’est établie que par de vastes programmes multimodaux (l’un d’eux, auprès de plus de 10 000 élèves, montre un recul des sanctions disciplinaires), où la part de l’art ne peut être spécifiquement isolée.

Quelles perspectives cela ouvre-t-il ?

Nous butons sur un double angle mort. La littérature est quasi muette sur les arts comme outil de prévention des violences sexuelles, et il n’existe aucun outil validé pour mesurer, chez un jeune enfant, ses croyances sur la violence ni sa capacité à se projeter face au danger : de tels instruments n’existent que pour les adolescents. Les études se concentrent en outre dans six pays : rien ne garantit que les mécanismes se transposent en outre d’une culture à l’autre.

C’est le sens du projet PREVIOS que nous sommes en train de développer : un protocole multicentrique (France, Italie, Pérou à ce stade, mais ouvert à d’autres équipes), avec un suivi d’au moins six mois, pour comparer différents dispositifs de médiation (par la littérature jeunesse et par la pratique artistique plastique) et créer de nouveaux outils d’évaluation de l’efficacité de la prévention des violences : vignettes illustrées, scénarios graphiques où l’enfant est invité à se positionner en témoin, en victime ou en agresseur.

L’enjeu n’est plus seulement de savoir si les arts font baisser la violence en soi. Il est de déterminer si la médiation des arts peut faciliter la transmission du message de sensibilisation ou de prévention, en rendant un enfant capable de reconnaître la violence, d’imaginer une autre issue et d’agir quand la violence est identifiée.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui ont menées ces dernières, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. À l’école, les arts peuvent-ils libérer la parole des enfants sur les violences ? – https://theconversation.com/a-lecole-les-arts-peuvent-ils-liberer-la-parole-des-enfants-sur-les-violences-291525

Non, le stoïcisme n’est pas ce « truc de mecs » revendiqué par les masculinistes

Source: The Conversation – France (in French) – By John Sellars, Reader in Philosophy, Royal Holloway, University of London


L’ESSENTIEL

  • Le stoïcisme est une philosophie de l’éthique personnelle de la Grèce antique, qui enseigne la maîtrise de soi et l’acceptation sereine du destin.

  • Sénèque, Épictète et Marc Aurèle comptent parmi les philosophes stoïciens les plus connus.

  • Ces dernières années, sur les réseaux sociaux, la « manosphère » se revendique beaucoup du stoïcisme, en interprétant et en dévoyant des concepts philosophiques qui n’ont pourtant rien de viriliste.

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Dans son ouvrage de 2018 Not All Dead White Men (non traduit en français, NdT) consacré aux classiques, à la misogynie et à l’ère numérique, la classiciste américaine Donna Zuckerberg a noté avec une certaine inquiétude que « les hommes de la manosphère éprouvent une profonde fascination pour la philosophie stoïcienne ».

Elle explique clairement comment ces espaces en ligne utilisent des extraits d’œuvres stoïciennes pour affirmer que les femmes sont psychologiquement inaptes au stoïcisme. Par exemple, la « manosphère » s’appuie sur l’éloge de la logique prôné par le stoïcisme pour prétendre que les hommes possèdent une « rationalité supérieure », tandis que les femmes seraient guidées par leurs émotions. En réalité, ils considèrent le stoïcisme comme une arme résolument virile contre la nature manipulatrice et trompeuse des femmes et contre leur influence. Pour ces raisons et bien d’autres encore, la « manosphère » soutient que les femmes ne pourront jamais être stoïciennes.

La prévalence des idées stoïciennes dans notre monde a conduit certains, dont Zuckerberg, à se demander s’il s’agit simplement d’une malheureuse déformation des textes antiques ou s’il y a quelque chose de troublant qui se cache sous la surface d’ouvrages tels que les Méditations de Marc Aurèle.

L’image du stoïcien

Une partie du problème réside dans l’image profondément ancrée du stoïcien comme d’une personne dénuée d’émotions et indifférente. Les stoïciens sont courageux et résilients, mais ne se soucient peut-être de personne d’autre qu’eux-mêmes. Le stoïcisme correspond-il vraiment à un état d’esprit macho, froid et indifférent ? Est-il vraiment réservé aux hommes ?




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Comme je l’explique dans mon nouveau livre Stoicism Is Not What You Think (non traduit en français, NdT), la réponse courte est bien sûr « Non ». Les stoïciens considéraient la rationalité comme la caractéristique déterminante des êtres humains, et c’est notre rationalité qui fait de nous les membres d’une seule et même communauté humaine. Toutes les autres caractéristiques, telles que l’origine ethnique, la nationalité et le genre, sont sans importance par rapport à la raison commune que possèdent tous les êtres humains. Les stoïciens n’ont donc aucune raison d’établir une distinction stricte entre les hommes et les femmes.

Le philosophe stoïcien romain Gaius Musonius Rufus, actif au Ier siècle de notre ère, s’est directement exprimé sur ce sujet précis. En réponse à la question de savoir si les femmes devaient étudier la philosophie, il a fait valoir que les femmes et les hommes possèdent les mêmes sens qui leur fournissent des informations sur le monde et les mêmes capacités rationnelles. Ils sont tous deux également capables d’agir avec vertu.

Le courage viril des femmes

Si la philosophie est l’étude de la manière de mener une vie bonne, il serait alors absurde de suggérer qu’elle ne convient qu’à une partie de l’humanité. Musonius cite de nombreux exemples où les femmes font preuve de la vertu « virile » qu’est le courage, notamment lorsqu’elles protègent leur progéniture. Si jamais vous souhaitez voir ce qu’est le véritable courage, rendez-vous simplement à la maternité la plus proche.

Musonius soutient également que les filles devraient recevoir la même éducation que les garçons – une idée radicale à son époque. Les vertus les plus importantes que sont le courage, la modération, l’équité et la capacité à prendre de bonnes décisions sont tout aussi essentielles pour les filles que pour les garçons ; elles doivent donc, bien sûr, être enseignées aux unes comme aux autres. Musonius était un enfant de son époque et évoluait largement dans les limites de sa culture ; il partait du principe que la plupart des femmes finiraient par s’occuper d’un foyer. Mais au Ier siècle de notre ère, c’était une hypothèse tout à fait raisonnable. Bien qu’il ne soit pas parfait, ce philosophe stoïcien est probablement ce qui se rapproche le plus d’un théoricien féministe dans l’Antiquité.




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« Être un homme », le grand malentendu

On nous dit que de nombreux membres de la manosphère sont des lecteurs assidus de Marc Aurèle. Ses Méditations comportent plusieurs passages où il semble dire qu’il faut « être un homme » et, à un moment donné, il critique quelqu’un pour son « manque de virilité ». Mais il convient de rappeler que Marc Aurèle n’écrivait pas un ouvrage de maximes de développement personnel destiné à être lu par d’autres ; il s’adressait à lui-même dans un journal intime.

Lorsque Marc Aurèle se dit qu’il doit être un homme, il veut dire qu’il doit incarner les qualités propres à ce qu’il est en tant qu’homme adulte dans le monde où il vit. On peut s’interroger sur ce que signifie « être un homme », mais il est assez clair que ce que Marc Aurèle a à l’esprit, c’est d’être rationnel, calme et d’agir pour le bien-être de toute l’humanité.

Il est possible que Marc Aurèle oppose implicitement cela à une image négative des femmes, présentées comme irrationnelles et excessivement émotionnelles, mais je pense qu’il est plus probable qu’il l’oppose à l’état d’adolescent immature et irrationnel.

Lorsque Marc Aurèle se dit « sois un homme », ce qu’il veut très probablement dire, c’est « sois un adulte ». De plus, dans ces passages, il ne se contente pas de dire « sois un homme », mais généralement « sois un homme bon », et c’est l’adjectif « bon » qui importe. Le mot « homme » fait simplement référence à Marc Aurèle lui-même. Qu’est-ce qu’un homme bon ? C’est quelqu’un qui agit dans l’intérêt de toute l’humanité. Une femme bonne, c’est exactement la même chose.

The Conversation

John Sellars est affilié à l’association à but non lucratif « Modern Stoicism ».

– ref. Non, le stoïcisme n’est pas ce « truc de mecs » revendiqué par les masculinistes – https://theconversation.com/non-le-sto-cisme-nest-pas-ce-truc-de-mecs-revendique-par-les-masculinistes-293412

Apprendre à bien manger : comment penser l’éducation à l’alimentation ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Kim Hyeongyeong, ATER en Sciences de l’éducation, Université de Corse Pascal-Paoli


L’ESSENTIEL

  • L’éducation à l’alimentation est un enjeu essentiel à tous les âges de la vie.

  • Pour bien manger, il faut un minimum de connaissances en santé. Mais il s’agit aussi de comprendre comment les aliments arrivent dans notre assiette.

  • S’il y a un certain nombre de paramètres à respecter, y a-t-il pour autant une seule recette ?


L’éducation à l’alimentation est l’un des objectifs définis par la Stratégie nationale pour l’alimentation, la nutrition et le climat (Snanc) 2025-2030, publiée en février dernier. Elle doit se faire à tous les âges de la vie, pour permettre à chacun d’être autonome et de se construire une vision globale de l’alimentation de manière continue.

Que veut dire précisément « être autonome » et « se construire une vision globale de l’alimentation » ? Et comment l’éducation peut-elle y contribuer ?

L’autonomie comme finalité éducative

L’autonomie se pense au regard de ce qu’on appelle l’« altricialité ». C’est une caractéristique propre à l’être humain : contrairement à de nombreuses autres espèces, l’être humain naît immature et dépendant, tant sur le plan biologique que psychique et social. L’éducation est un long processus, nécessaire pour progressivement construire son autonomie.

En ce qui concerne l’alimentation, l’éducation repose sur trois approches. Tout d’abord, l’approche informative consiste à transmettre des informations et des injonctions. Cette approche se traduit le plus souvent par des campagnes d’information (« Manger cinq fruits et légumes par jour », « Manger-Bouger », etc.).

L’approche suggestive cherche à modifier ou orienter le comportement sans qu’on le sache. En ce sens, nombre de techniques inspirées du nudge sont mises en place pour induire un comportement favorable à la santé ou à l’environnement.

Enfin, l’approche éducative idéale vise au contraire à faire du sujet un acteur conscient et capable d’un comportement volontaire et adapté à chacun. Selon cette approche, l’éducation à l’alimentation accompagne la personne dans le développement de son autonomie en la matière.

Comprendre dans quel système agroalimentaire on se trouve

Mais cette autonomie repose sur deux conditions nécessaires qui participent à la construction d’une vision globale de l’alimentation. La première est de comprendre comment on fonctionne. Plusieurs mécanismes influencent nos comportements alimentaires : le comportement alimentaire résulte à la fois de processus biologiques (régulation de la faim et de la satiété, circuit de récompense au niveau cérébral, etc.), psychologiques (cognition, émotions, etc.) et sociaux (normes, espaces, etc.). C’est pourquoi l’alimentation est caractérisée comme un phénomène « bio-psycho-socio-culturel ».

De plus, la plupart des mécanismes, dus à leur caractère habituel, nous échappent souvent. Ces mécanismes sont en outre en interaction avec le milieu dans lequel on vit. Selon l’approche écologique, nos choix alimentaires sont cadrés par de multiples déterminants de notre environnement matériel, socioéconomique et politico-culturel – ce qu’on appelle l’environnement alimentaire.

La seconde condition est de comprendre la complexité du système alimentaire dans lequel nous vivons. Il s’agit de réaliser le chemin que parcourt un aliment avant d’arriver dans notre assiette, de la production jusqu’à la consommation, en passant par le transport et la distribution.

Si on croise ces différents niveaux de lecture sur l’alimentation, on arrive à comprendre la diversité des enjeux qu’elle engage : enjeux sanitaires, liés à la prévalence des maladies dites « modernes » (obésité, maladies cardiovasculaires, etc.) ; environnementaux dans les modes de production et de consommation ; sociaux, autour des inégalités d’accès à une alimentation de qualité ; mais aussi identitaires puisque l’alimentation est porteuse de valeurs et de symboles.

Comprendre ces deux conditions, c’est donc prendre conscience du fait que l’on n’est ni totalement libre ni totalement déterminé, mais que l’on dispose d’une marge de manœuvre dans un monde complexe dont on fait partie.

La motivation, condition de réussite essentielle

Cependant, cette prise de conscience ne suffit pas à elle seule à agir, ce qui explique les limites d’une approche purement informative. Il faut aussi travailler la motivation, car c’est elle qui permet de transformer les connaissances en pouvoir d’agir.

La motivation d’un comportement alimentaire se situe entre deux pôles : l’un pousse vers la recherche de sécurité et de dépendance dans ce qui est familier et habituel, l’autre tend au contraire vers la confrontation avec le nouveau et l’autre, et permet de gagner en maturité.

L’éducation à l’alimentation doit donc permettre au sujet de développer une motivation qui soutient son autonomie, en lui offrant par exemple des occasions d’essayer un nouvel aliment, de découvrir une pratique alimentaire différente, ou de s’ouvrir sur la complexité du monde alimentaire à laquelle il n’était pas sensibilisé auparavant.

La littératie alimentaire comme modèle éducatif

Pour mener une action d’éducation à l’alimentation, on peut s’appuyer sur le concept de littératie alimentaire. Si elle est davantage mobilisée dans le domaine de la nutrition-santé, en tant qu’outil de mesure, elle comprend en effet une dimension plus globale et critique qui permet d’aborder la complexité de l’alimentation.

Elle se définit comme la capacité d’une personne à comprendre l’alimentation de manière à développer une relation positive avec celle-ci. Cela comprend les techniques culinaires et les pratiques alimentaires, acquises tout au long de la vie afin de naviguer, de s’engager dans et de participer à un système alimentaire complexe. Une personne qui a cette capacité peut prendre des décisions favorables tant pour sa santé que pour un système alimentaire durable, compte tenu des composantes environnementale, sociale, économique, culturelle et politique de l’alimentation.

Cette définition peut se décliner en trois niveaux de littératie pour être opérationnelle : le niveau fonctionnel correspond à des connaissances déclaratives et procédurales en nutrition et en techniques culinaires ; le niveau interactif à des compétences pour intégrer ces connaissances dans des pratiques quotidiennes ; enfin, le niveau critique consiste en une analyse critique sur les déterminants sous-jacents de notre alimentation (sociopolitiques, environnementaux) et les conséquences de celle-ci sur notre santé, notre société et la nature.

L’éducation à l’alimentation ne repose pas sur une seule recette magique, mais elle suppose des conditions de possibilité à réunir.


Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Kim Hyeongyeong a reçu des financements de l’Université de Montpellier et la Chaire UNESCO complexité Edgar Morin pour réaliser sa thèse.

– ref. Apprendre à bien manger : comment penser l’éducation à l’alimentation ? – https://theconversation.com/apprendre-a-bien-manger-comment-penser-leducation-a-lalimentation-288550