Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nàdia Alonso López, Profesora e investigadora. Departamento de Comunicación Audiovisual, Documentación e Historia del Arte, Universitat Politècnica de València

En los últimos días hay un término que acapara la atención de la sociedad y de los medios de comunicación. Se trata de Blocus, una palabra francesa que significa “bloqueo” y la etiqueta bajo la que se han organizado las protestas estudiantiles en París y otras ciudades francesas y europeas.
Este movimiento también ha llegado a España, con las movilizaciones y disturbios registrados en Barcelona durante este mes de octubre.
Las convocatorias organizadas como Blocus continúan activas y se han anunciado nuevas citas para fechas próximas en ciudades como Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao, así como en otros países, entre ellos Francia, Alemania e Italia.
Al igual que las anteriores, estas convocatorias se difunden a través de las redes sociales. En un primer momento, se animaba a salir a la calle para defender una educación de calidad, pero el movimiento ha derivado en una incitación al vandalismo sin una reivindicación común. Según fuentes oficiales, la mayoría de los participantes en estas convocatorias son menores de edad.
Las dos fases de las convocatorias
El esquema de estas convocatorias es muy similar y se estructura, fundamentalmente, en dos fases.
La primera consiste en una difusión masiva a través de plataformas sociales, principalmente TikTok. En ellas se publican los carteles de las convocatorias, muy parecidos entre sí y aparentemente creados con inteligencia artificial. Predominan las letras blancas y rojas sobre un fondo que muestra la ciudad en la que se convoca la protesta, junto con imágenes de llamas.
Una estética llamativa y una etiqueta: #Blocus, seguida en algunos casos del nombre de la ciudad en la que se planean los actos violentos. Estos perfiles son anónimos y, tal y como se crean, se eliminan, dando paso a otros nuevos.
También se difunden las vías de acceso a grupos privados de WhatsApp y Telegram mediante códigos QR, mensajes directos e invitaciones. Es en esos canales donde se concretan los lugares, los horarios, la vestimenta y los objetos que deben llevarse a las convocatorias.
La viralización de estos contenidos está relacionada con diversos factores, como la propia lógica de las plataformas y el sesgo algorítmico, que condiciona la visibilidad de las publicaciones. Los algoritmos tienden a priorizar los contenidos que generan más interacciones y reacciones emocionales, favoreciendo determinados discursos y limitando la diversidad de perspectivas.
Como apuntan investigaciones recientes, los movimientos sociales han aprendido a adaptar sus mensajes a las reglas de Instagram, TikTok o X para maximizar su alcance. El uso de vídeos breves, imágenes impactantes y textos superpuestos multiplica las posibilidades de captar la atención del usuario. Si a esto le sumamos la publicación en el momento adecuado para aprovechar las tendencias, una convocatoria puede extenderse por miles de pantallas en cuestión de minutos.
El efecto amplificador
Las redes sociales, por sí mismas, no provocan violencia, pero pueden contribuir a intensificar los conflictos en momentos de tensión social y política. Otra investigación explica que las plataformas facilitan la participación ciudadana y aceleran la organización de las movilizaciones. Además, amplifican los mensajes que apelan a la identidad y al sentimiento de pertenencia a un grupo. Actúan como un altavoz muy potente.
A esto se suma que los discursos de odio se propagan por las redes sociales con mayor rapidez y llegan a un público más amplio que otro tipo de contenidos. Una de las claves de esta difusión es que los usuarios que publican mensajes de odio suelen estar más conectados entre sí. Esto favorece la circulación y la amplificación de estos discursos en el entorno digital. Así lo recoge un estudio basado en el análisis de la plataforma Gab. La investigación demuestra cómo las conexiones entre usuarios facilitan la propagación de los discursos de odio y multiplican su alcance.
Además, el papel de la tecnología tiene un claro impacto organizativo. Ya en 2018, otra investigación sobre protestas internacionales detallaba cómo la red facilita el flujo de información estratégica durante las propias manifestaciones y retroalimenta las reivindicaciones compartidas. La forma en que los usuarios están conectados también condiciona quién recibe la información y hasta dónde puede llegar una convocatoria.
¿Es posible frenar estos mensajes?
Ante esta situación, las propias plataformas están tomando medidas. Telegram ya ha bloqueado grupos relacionados con Blocus. Por su parte, TikTok ha comunicado la puesta en marcha de un equipo especializado para frenar la difusión de estos contenidos y ha retirado vídeos que promovían actividades delictivas. La plataforma también asegura que ha interrumpido emisiones en directo, suspendido cuentas, reforzado la moderación y limitado las búsquedas y recomendaciones relacionadas con estos mensajes.
A pesar de estos esfuerzos, controlar por completo su difusión es un reto casi imposible, ya que los mensajes se transforman y saltan a otras aplicaciones mediante capturas de pantalla o enlaces alternativos. Por tanto, como sociedad, la clave está en mantenernos alerta ante este tipo de contenidos, actuar con responsabilidad para no contribuir a su difusión y, cuando sea necesario, denunciarlos ante las plataformas y las autoridades.
Vivimos en un mundo hiperconectado y el fenómeno Blocus pone de manifiesto que una convocatoria puede traspasar fronteras y llegar a miles de usuarios en cuestión de minutos. Las redes sociales han ampliado las posibilidades de participación y movilización ciudadana, pero también pueden servir como vía de propagación de discursos de odio y llamamientos a la violencia.
El caso de Blocus nos invita a reflexionar sobre la necesidad de fomentar la alfabetización mediática y el pensamiento crítico entre los más jóvenes.
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Nàdia Alonso López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El fenómeno Blocus: de la movilización en redes a las protestas y los disturbios en la calle – https://theconversation.com/el-fenomeno-blocus-de-la-movilizacion-en-redes-a-las-protestas-y-los-disturbios-en-la-calle-295408









