Lo que revelan los tatuajes de los jugadores del Mundial sobre sus seres queridos, su vida y sus creencias religiosas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Morello, Professor of Sociology, Boston College

Los tatuajes en las piernas del centrocampista argentino Leandro Paredes. Marcelo Endelli/Getty Images

Con la Copa Mundial de la FIFA 2026 en juego, los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales se han llenado de imágenes de los jugadores. Muchas de ellas muestran sus tatuajes.

El arte corporal se ha ido integrando cada vez más en el fútbol internacional, aunque su prevalencia puede variar según la región geográfica. Una investigación sobre los deportistas que participaron en la Copa del Mundo de 2018 reveló que los jugadores latinoamericanos eran los que más tatuajes tenían, seguidos por los de Oceanía y Europa. Los jugadores africanos y asiáticos son los menos tatuados.

Llevo estudiando los tatuajes y sus funciones espirituales y religiosas desde 2018. Suponen una inversión de tiempo y dinero; suelen simbolizar algo importante en la vida de la persona. Para los deportistas profesionales, sin embargo, adquieren otro nivel de significado.

Estos deportistas operan en entornos controlados en los que lo que hacen y expresan con sus cuerpos está muy regulado. Un deportista no puede esquiar, montar en bicicleta, entrenar o tomarse vacaciones libremente sin tener en cuenta las obligaciones contractuales con las empresas y otros inversores. La mayoría de los profesionales que compiten en la Copa del Mundo también han firmado acuerdos de patrocinio que regulan lo que pueden publicar en sus redes sociales.

En este contexto, los tatuajes siguen siendo uno de los pocos espacios de libertad personal. Como hemos descubierto en una nueva investigación, quienes se los hacen están eligiendo revelar lo que es importante y sagrado para ellos.

Descifrando el código

Los sociólogos Sam Belkin y Dale Sheptak sostienen que los tatuajes suelen ser una forma de que los deportistas expresen su humanidad en entornos en los que pueden ser objeto de expectativas irreales o ser tratados como un activo. Belkin y Sheptak escriben que los tatuajes visibles son un tipo de “comunicación no verbal” que permite a los jugadores ser sinceros sobre sus sentimientos personales y lo que les importa.

Mis colegas y yo analizamos los tatuajes de la selección masculina argentina que ganó la última Copa del Mundo en Catar en 2022. Examinamos unas 200 fotografías y descubrimos que 20 de los 26 jugadores de la plantilla tenían un total de 226 tatuajes.

Se aprecia un gran tatuaje de un tigre en la espalda desnuda de uno de los futbolistas, mientras que el tatuaje del brazo de otro jugador se ve cuando levantan la mano derecha tras la victoria.
El argentino Rodrigo De Paul, a la izquierda, y Lionel Messi en el estadio Lusail de la ciudad de Lusail, Catar, el 9 de diciembre de 2022, con sus tatuajes a la vista.
Simon Bruty/Anychance/Getty Images

Analizamos los datos demográficos del equipo y los diseños y la ubicación de los dibujos en los cuerpos de los jugadores. También tuvimos en cuenta las entrevistas en las que algunos de ellos habían hablado de sus vidas y, en algunos casos, de las historias detrás de sus tatuajes. Al situar estas imágenes en el contexto más amplio de sus trayectorias profesionales y de la cultura religiosa y popular, pudimos comprender mejor lo que el arte corporal significaba para ellos.

La mayoría de los jugadores expresaban sus creencias religiosas en su piel: el 75 % de ellos –15 de 20– lucían figuras religiosas relacionadas con el catolicismo, como la Virgen María, Jesús y los santos. Algunos también tenían tatuajes de palomas asociadas al Espíritu Santo y de iglesias.

También observamos diversidad religiosa. Había tatuajes de Buda, santos populares y objetos espirituales. Un jugador tenía un tatuaje de un atrapasueños –un aro de sauce hecho a mano con una red tejida que se asemeja a una telaraña, que suele colgarse sobre la cama para ofrecer protección–; otro mosttraba la palabra “energía”.

El 75 % de los jugadores tenía tatuajes que representaban lo que habían logrado en sus carreras. Algunos de los símbolos que utilizaban eran trofeos, camisetas y números. Por lo general, los números que se tatuaban se correspondían con los números de las camisetas que vestían.




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El 80 % –16 jugadores– lucía dibujos que representaban lo que amaban. Estos tatuajes incluyen diseños de números –normalmente las fechas de nacimiento de sus hijos–, nombres de seres queridos o los ojos o los labios de su pareja.

Algunos hacían referencia a su familia extensa, incluyendo a padres, abuelos, personas que les ayudaron a criarse e incluso mascotas.

La ubicación también era importante. Alrededor del 60 % de los tatuajes se encontraban en los brazos y la cabeza, lugares que eran fácilmente visibles cuando jugaban en el campo.

Pero el diseño también determinaba su ubicación: los símbolos religiosos solían colocarse en todo el hombro o el bíceps, o en la parte superior o inferior de la pierna. Los tatuajes relacionados con la carrera profesional solían situarse en la pierna dominante del jugador. Los de animales solían colocarse en la espalda, y no eran visibles durante los partidos.

No todos los tatuajes son iguales

Muchos estudiosos del fútbol han examinado su relación con la política y han explorado cómo se ha manifestado en este deporte. Diego Maradona, por ejemplo, se tatuó al revolucionario marxista y líder guerrillero argentino Che Guevara en el brazo derecho y al revolucionario cubano Fidel Castro en la pantorrilla, expresando así su visión política revolucionaria. Nuestro equipo de investigación no encontró tatuajes políticos entre los jugadores actuales.

El género también es importante en este ámbito. Las jugadoras suelen ser objeto de un mayor escrutinio que sus homólogos masculinos. Cuando la capitana de la selección femenina de Argentina, Yamila Rodríguez, reveló sus tatuajes de Cristiano Ronaldo, se enfrentó a intensas críticas por parte de los aficionados y los medios de comunicación por haber elegido a la superestrella portuguesa en lugar del argentino Lionel Messi para su tatuaje. La experiencia de Rodríguez pone de relieve que los cuerpos de las mujeres son objeto de juicios personales de una forma que no ocurre con los de los hombres.




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Las piernas de cuatro jugadores en un campo de fútbol, dos de ellas cubiertas de tatuajes.
Un tatuaje del jugador portugués Cristiano Ronaldo en la pierna de la capitana de la selección femenina de Argentina, Yamila Rodríguez, antes de un partido contra Uruguay en Montevideo, Uruguay, el 28 de octubre de 2025.
Eitan Abramovich/AFP vía Getty Images

Este Mundial, con su alcance global sin precedentes, ofrece una oportunidad única para observar los valores, las creencias y las relaciones que los jugadores eligen mostrar en sus cuerpos. En cierto modo, los tatuajes pueden verse como una pequeña ventana a su alma.

The Conversation

Gustavo Morello no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lo que revelan los tatuajes de los jugadores del Mundial sobre sus seres queridos, su vida y sus creencias religiosas – https://theconversation.com/lo-que-revelan-los-tatuajes-de-los-jugadores-del-mundial-sobre-sus-seres-queridos-su-vida-y-sus-creencias-religiosas-285304

Las barreras invisibles de la regularización de migrantes: el caso de las trabajadoras internas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Judith Muñoz Saavedra, Profesora Facultad Educación, Universitat de Barcelona

Pressmaster/Shutterstock

La regularización extraordinaria de personas migrantes ha sido promovida por organizaciones migrantes y colectivos feministas como una medida histórica de justicia social. Más allá del acceso a un permiso de residencia y trabajo, la iniciativa representa para muchas personas la posibilidad de salir de la invisibilidad administrativa y ejercer derechos básicos en condiciones de mayor seguridad.

Para las organizaciones feministas, además, esta regularización tiene una dimensión específica de justicia de género. Las mujeres migrantes se concentran en sectores especialmente precarizados, como el empleo doméstico y los cuidados. Según el informe Trabajo invisible y cuerpos rotos, este sector emplea a cerca de 565 000 personas en España, de las cuales el 87 % son mujeres y aproximadamente un 32 % trabaja en la economía informal.

En este contexto, la falta de documentación incrementa la dependencia económica, la exposición a abusos y las dificultades para acceder a la protección social.

Sin embargo, cuando faltan pocas semanas para el cierre del proceso de regularización, previsto para el 30 de junio, algunos datos invitan a preguntarse quiénes están logrando acceder y quiénes corren el riesgo de quedarse fuera. La asociación Mujeres Pa’lante, entidad de referencia en el acompañamiento a mujeres migrantes en Barcelona y L’Hospitalet, ha realizado hasta la fecha 6 185 atenciones vinculadas al proceso. De las personas atendidas, solo el 18,7 % corresponde a mujeres y apenas 70 son trabajadoras internas, una cifra que equivale a cerca del 1 % del total de atenciones.

Aunque estos datos son provisionales, resultan especialmente significativos porque proceden de una entidad especializada en acompañar mujeres migrantes. Según las profesionales de la asociación, estas cifras no reflejan una falta de interés por parte de las mujeres, y de las trabajadoras internas en particular, sino la existencia de barreras específicas que dificultan su acceso al proceso.

Falta de recursos para desplazarse e informarse

Las trabajadoras internas constituyen uno de los colectivos más invisibles dentro del mercado laboral español. Viven en el domicilio de la persona empleadora, disponen de escaso tiempo libre y, en muchos casos, carecen de recursos propios para informarse, desplazarse o realizar trámites administrativos. Su aislamiento dificulta el acceso a recursos comunitarios, servicios públicos y redes de apoyo.

Las investigaciones sobre migraciones y cuidados lleva décadas mostrando cómo las mujeres migrantes ocupan una posición central en las denominadas cadenas globales de cuidados. En España, una parte importante de la atención a personas mayores y dependientes descansa sobre su trabajo. Sin embargo, las trabajadoras internas continúan enfrentándose a condiciones laborales marcadas por la precariedad, la dependencia y un limitado reconocimiento social.

La situación resulta especialmente paradójica porque España ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar mediante la ratificación del Convenio 189 de la OIT, en vigor desde 2024. Este instrumento reconoce su derecho a condiciones laborales dignas, protección frente a abusos y acceso efectivo a derechos laborales y sociales.

La experiencia de las trabajadoras internas muestra, sin embargo, que el reconocimiento formal de derechos no siempre se traduce en posibilidades reales de ejercerlos. Tener derecho a regularizarse no significa necesariamente poder hacerlo. Cuando una persona depende del domicilio empleador para vivir, dispone de un único día libre a la semana o encuentra dificultades para empadronarse y desplazarse, cualquier trámite administrativo se convierte en un desafío adicional.

Adaptar mecanismos a sus condiciones de vida

Aquí emerge una paradoja que merece atención. Una medida diseñada para reducir la vulnerabilidad puede dejar fuera precisamente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad si no incorpora una perspectiva interseccional y mecanismos adaptados a sus condiciones de vida.

Por eso, la cuestión no es únicamente cuántas personas lograrán regularizar su situación. También debemos preguntarnos quiénes están quedando fuera y qué obstáculos están limitando su acceso.

Si queremos que la regularización tenga un verdadero impacto en términos de igualdad y justicia de género, resulta necesario que la administración adopte medidas urgentes. No basta con publicar información en páginas web o difundir campañas generales. Es necesario desplegar estrategias capaces de llegar a las trabajadoras internas allí donde se encuentran.

Esto implica reforzar la colaboración con entidades comunitarias, habilitar dispositivos de atención en fines de semana, facilitar el acompañamiento presencial y desarrollar campañas dirigidas también a los hogares empleadores. Significa, en definitiva, reconocer que no todas las personas parten de las mismas condiciones para ejercer sus derechos.

Las cifras de Mujeres Pa’lante constituyen una señal de alerta. Cuando un colectivo tan relevante como las trabajadoras internas apenas está presente en el proceso, conviene preguntarse si el problema reside en las personas o en las barreras que dificultan el acceso a sus derechos.

La regularización extraordinaria representa una oportunidad histórica para avanzar hacia una sociedad más inclusiva. Pero si estas mujeres continúan encontrando obstáculos para acceder a la medida, corremos el riesgo de seguir dejando atrás a quienes nos cuidan.

The Conversation

Beatriz Cantero Riveros es miembro de Mujeres Pa’lante.

Judith Muñoz Saavedra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las barreras invisibles de la regularización de migrantes: el caso de las trabajadoras internas – https://theconversation.com/las-barreras-invisibles-de-la-regularizacion-de-migrantes-el-caso-de-las-trabajadoras-internas-284794

¿Qué tipos de interacciones sociales nos hacen sentir menos solos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurelio Fernández, Investigador postdoctoral en el Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra

Dos amigas conversan frente a un bello atardecer. monshtein/Shutterstocl

La vida cotidiana está llena de interacciones sociales, pero no todas contribuyen por igual a nuestro bienestar. En lugar de centrarnos en aumentar su cantidad, hay pruebas que indican que es más importante mejorar su calidad y comprender en qué condiciones resultan más beneficiosas.

En un mundo hiperconectado, lo más importante no es estar siempre disponible, sino saber elegir cuándo, cómo y con quién interactuar. Muchas personas, especialmente entre los más jóvenes, dicen sentirse solas. Esta aparente contradicción refleja la paradoja de la soledad: estamos más conectados que nunca, pero los niveles de soledad van en aumento.

La clave para entender esta paradoja no está en fijarnos en cuántas veces interactuamos o en cómo interactuar más, sino en cómo son esas interacciones.

No es la cantidad, es la calidad

Tradicionalmente se ha asumido que socializar más siempre es mejor. Sin embargo, las investigaciones recientes sobre interacciones cotidianas, basadas en metodologías más precisas, muestran una realidad más matizada: no todas las interacciones tienen el mismo impacto en nuestro bienestar. Lo que realmente marca la diferencia es la calidad. Es decir, no solo importa que una interacción sea agradable, auténtica y significativa: también cuenta cómo valoramos a las personas con quienes interactuamos y si nos sentimos genuinamente valorados por ellas.

Los estudios basados en métodos de muestreo de experiencias, que analizan las interacciones cotidianas en tiempo real durante varios días, muestran que las interacciones de mayor calidad se asocian de manera consistente con un mayor bienestar momentáneo y menores índices de soledad. Incluso requieren menos esfuerzo y se relacionan con mayores niveles de energía. Esto sugiere que una conversación breve (incluso una charla de pasillo), pero genuina, puede aportar más que horas de intercambio superficial. De hecho, estas últimas pueden resultar agotadoras sin dejar apenas huella.

Entonces, ¿de qué depende la calidad de una interacción social? Por supuesto, un factor importante a tener en cuenta es la modalidad, es decir, si la interacción tiene lugar cara a cara o mediada por la tecnología. Pero no solo.

Junto con la modalidad, hay otros factores de peso como el propósito de la interacción (si se trata de una interacción “ligera”, de mantenimiento, o más bien de una interacción “pesada”, que supone un mayor desgaste), el lugar y las condiciones ambientales (¿dónde se produce la interacción, en un espacio cerrado o al aire libre?, ¿hay más gente alrededor?, ¿hay mucho ruido?, etc.) y el grado de familiaridad con el interlocutor.

De hecho, los estudios mencionados demuestran que hay determinadas circunstancias en las que puede ser más beneficioso para la calidad de la interacción el que esta se produzca mediada por alguna tecnología. Por ejemplo, cuando, dada la especial sensibilidad del propósito de la interacción, se requiere un mayor control sobre la comunicación: poder pensar lo que se dice, elegir cuándo responder y gestionar mejor la autoexpresión.

En particular, en el caso de las interacciones negativas, como los conflictos o las quejas, la evidencia indica que es mejor manejarlas a través de medios indirectos o tecnológicos. ¿Por qué? En las interacciones cara a cara percibimos los gestos, las expresiones faciales, el tono de voz, la postura, etc. Estas señales pueden intensificar los conflictos porque amplifican emociones como el enojo, la frustración o la ansiedad. En cambio, cuando nos relacionamos a través de la tecnología, las señales sociales están limitadas o ausentes, lo que ayuda a que el conflicto sea menos intenso emocionalmente y más fácil de gestionar.

No todos vivimos las interacciones de igual manera

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que las interacciones no afectan a todas las personas por igual. Factores individuales como la ansiedad social desempeñan un papel importante.

Las personas con mayor ansiedad social tienden a experimentar más dificultad en las situaciones sociales, pero esto no tiene por qué ser así en todos los casos. El contexto puede cambiar por completo la experiencia. Nuestra investigación demuestra que las personas con ansiedad social también pueden disfrutar de interacciones reconfortantes y beneficiosas, siempre y cuando estas se adapten a sus necesidades específicas. Por ejemplo, cuando socializan en grupos pequeños, interactúan con personas conocidas o se comunican a través de medios digitales. Estos contextos les ofrecen un mayor control y reducen la presión de la evaluación social, lo que facilita que las interacciones sean más positivas y menos agotadoras.

Todo esto indica que no existe una única forma “correcta” de socializar. Lo importante es encontrar el ajuste adecuado entre la persona y la situación.

Aprender a distinguir lo que nos hace bien

En un entorno saturado de estímulos sociales, desarrollar una mayor conciencia de nuestras interacciones diarias puede marcar la diferencia. Algunas preguntas útiles que podemos hacernos son: ¿he sido capaz de valorar a la otra persona durante esta interacción?, ¿me he sentido valorado por ella?, ¿realmente estoy conectando con alguien, o simplemente estoy ocupando el tiempo?

En este contexto, conviene recordar que estar solo no es lo mismo que sentirse solo. La evidencia demuestra que el tiempo sin interacciones sociales puede cumplir funciones importantes: permite recuperar energía, reflexionar y regular las emociones. De hecho, el bienestar diario depende en buena parte de cómo equilibramos nuestra necesidad de interacción con los momentos de desconexión social.

Porque, en definitiva, no se trata de estar más conectados, sino de conectar mejor.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué tipos de interacciones sociales nos hacen sentir menos solos? – https://theconversation.com/que-tipos-de-interacciones-sociales-nos-hacen-sentir-menos-solos-282624

¿Son todos los dispositivos digitales igual de adictivos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Solano Altaba, Profesora de la Facultad de Humanidades y CC. Comunicación Universidad CEU San Pablo, Universidad CEU San Pablo

ilustracion telos son todos los dispositivos digitales igual de adictivos DEAGREEZ / ISTOCK, CC BY

Hace más de una década que se publicó el Manifiesto Onlife. Ser humano en una era hiperconectada. El documento, promovido por la Comisión Europea, analiza la penetración social de las tecnologías de la información y comunicación y su impacto en la vida de las personas.

Con la premisa de que la tecnología ha dejado de ser una herramienta externa que utilizamos en determinados momentos para ciertos fines, y se ha integrado en nuestras vidas como un elemento más de nuestra naturaleza humana (de ahí que hablemos de onlife una vida que transcurre entre lo offline y lo online simultáneamente), el manifiesto constata la transformación de los marcos de referencia tradicionales en estos cuatro aspectos:

  • El desvanecimiento de los límites entre lo real y lo virtual.

  • El desvanecimiento de los límites entre ser humano, máquina y naturaleza.

  • El paso de la escasez a la sobreabundancia informativa.

  • El paso de dar prioridad a las cosas a dar prioridad a la interacción.

Esta transformación se ha producido en tan poco tiempo y a tanta velocidad que carecemos de conceptos claros que nos permitan definir el nuevo mundo hiperconectado en el que vivimos. Ha desaparecido el mundo de las cosas, de las realidades sólidas, de los consensos. Extensas parcelas de nuestras vidas han escapado de nuestro control. Nuestros datos y muchas de nuestras pertenencias han dejado de estar aquí para ser codificadas y almacenadas en un búnker de algún desierto.

De Platón a Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset anticipó este “nuevo y gigantesco problema” en Meditación de la técnica, publicado por primera vez en 1933, al afirmar que “desde hace mucho tiempo, la técnica se ha insertado entre las condiciones ineludibles de la vida humana de suerte tal que el hombre actual no podría, aunque quisiera, vivir sin ella”. Ortega define la técnica como una “sobrenaturaleza” que el hombre ha creado y en la cual vive, sea consciente o no de ello.

Obviamente, el filósofo español no conoció la tecnología digital, pero sí la transformación vertiginosa de su tiempo provocada por los avances científicos de la segunda revolución industrial. Cuando, a causa de una revolución (industrial o digital) los marcos referenciales del mundo conocido se desvanecen, es comprensible que el ser humano se sienta perdido y desconfíe de un provenir que es incapaz de concretar.

En Platón contra las máquinas. La tecnología y sus enemigos desde la escritura hasta la inteligencia artificial (2026), Marcos Alonso, profesor de bioética en la Universidad Complutense e investigador en filosofía de la tecnología, busca la genealogía de una tecnofobia inherente al ser humano. Se pregunta el autor por qué el concepto de artificial o artificioso tiene una connotación negativa, si tantas creaciones (artificiales) han mejorado sustancial y objetivamente la vida de las personas. Su propósito es “desenterrar el prejuicio contra lo artificial”, prejuicio del que –para ser honestos– tampoco se libra este artículo.

Dispositivos ubicuos

Entre las realidades artificiosas que componen nuestra vida onlife sobresalen los dispositivos digitales. Los datos no dejan lugar para la discusión: solo hay un 0,6 % de hogares en España sin teléfono móvil. Poco menos de 100 000 en algo más de 17 millones. El 97,4 % de las viviendas dispone de acceso a internet. 78 de cada cien casas tienen un ordenador portátil o de sobremesa. Y en el 56,5 %, hay una tablet.

Esta tecnología ha irrumpido de tal manera en nuestras vidas que ya son menos de la mitad de los domicilios los que tienen teléfono fijo en su casa. Con internet es más que suficiente. Ya no hay prácticamente brechas por nivel de ingresos ni por lugar de población y la brecha de edad se estrecha cada año. Así que la tecnología llegó y se quedó sin que nos diéramos cuenta de cuáles eran los efectos no deseados que nos esperaban a la vuelta de la esquina.

Estas cifras nos pueden asustar en un entorno en el que, por fin, hemos tomado conciencia de que hay un grave problema de salud mental –no sólo en los jóvenes, sino en toda la sociedad– vinculado con el uso de las tecnologías. Los riesgos son enormes y, como sociedad, nos enfrentamos al reto de no dejar a toda una generación “huérfana” de alfabetización digital, que naufraga, más que navegar, por el descontrolado tsunami de contenido cargado de dopamina que tiene al alcance de un clic.




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Pero ¿son todas las tecnologías iguales? ¿Da igual usar una pantalla que otra? ¿Todos los dispositivos generan el mismo uso abusivo? ¿Es un problema exclusivo de niños, adolescentes y jóvenes? ¿Los adultos también sucumbimos a los riesgos de las nuevas tecnologías? Vamos dispositivo a dispositivo para comprender los riesgos y así ponerles límite.

Ordenadores (sobremesa y portátiles)

Fue nuestra primera aproximación a la tecnología. Los que llegamos del mundo analógico, tenemos los ordenadores asociados al trabajo porque fue la solución a las opciones no digitales, como la máquina de escribir y el cuaderno.

Sin embargo, las generaciones más jóvenes ya lo utilizaron mucho para los videojuegos y, en los primeros compases, antes de la aparición de los móviles, para navegar y acceder a las redes sociales. Aunque hay ligeras variaciones entre los llamados ordenadores de sobremesa y los portátiles (laptops), los riesgos que entrañan son muy similares.

Riesgos:

  • La multitarea. Fue una de las soluciones tecnológicas que irrumpieron como el gran reclamo del entorno digital. Con el mismo dispositivo, se podían hacer varias cosas, incluso a la vez. Se podía saltar de un programa a otro, trabajar en un tratamiento de textos, consultar internet, volver al documento, enviarlo por correo electrónico…

    Pero el fenómeno multitarea es más complejo de lo que en un primer momento nos vendieron. En realidad, ahora sabemos que el cerebro no puede saltar de una actividad a otra manteniendo todo el tiempo el mismo flujo de concentración. Tenemos la sensación de que somos capaces de hacerlo, pero la realidad es que el cerebro emplea un tiempo relevante, aunque sean milésimas de segundo, en retomar la concentración en la nueva actividad. La acumulación de pequeños cortes en el flujo de concentración perjudica a nuestra capacidad de actuación. Tenemos la sensación de haber trabajado mucho y a gran velocidad, pero sin haber concluido nada de la manera adecuada. Eso genera enorme frustración. Al mismo tiempo, nos hemos acostumbrado al nivel de estrés que provoca saltar de una aplicación a otra y nos cuesta retomar el foco.

  • El déficit de atención. La atención es difícil de conseguir. Muchas de las tareas que llevamos a cabo y de la información que recibimos casi no requieren nuestra atención porque utilizamos un sistema primario eficaz pero poco profundo. Sin embargo, cuando necesitamos completar una tarea con mayor foco, nos cuesta más poner el ritmo.

    Los equipos informáticos están preparados precisamente para hacer varias tareas a la vez y avisarnos cuando una tarea requiere nuestra atención, como por ejemplo la llegada de un correo electrónico o la urgencia por instalar una actualización de software. Esto rompe nuestro flujo de atención.

  • El atracón de series. Aunque los ordenadores no se usan tanto para el ocio como otros dispositivos, los jóvenes se han acostumbrado a ver series de televisión en la cama con su portátil. Eso provoca que se queden enganchados en lo que se llama un consumo abusivo de series, en forma de atracón o binge consumption, en su terminología en inglés. Si una persona está trabajando en el portátil y tiene la tentación de descansar con una serie, es difícil resistirse si la tiene al alcance de un clic.

  • La adicción a los juegos. Aunque en los últimos años las consolas son el soporte más habitual para los juegos por su alta definición de gráficos, aún hay algunos que se juegan en ordenador de sobremesa. El salto de una actividad a otra tiene características similares a las que se produce en el contexto del consumo de series.

‘Tablets’

Las tablets preocupan especialmente por la introducción de su uso a edades muy tempranas para el entretenimiento de los niños con vídeos, música y algunos juegos infantiles y la adopción de sistemas digitales en entornos escolares en los que se utilizan como herramienta de trabajo.

El mayor problema que plantean estos dispositivos respecto a los ordenadores es que su uso está muy equilibrado entre el entretenimiento y la productividad ya sea en entornos escolares, ya en laborales. El gran desarrollo tecnológico de las tablets ha permitido que lleven a cabo funciones muy similares a un ordenador, pero aportan la facilidad para llevarlos, el poco peso y la comodidad de manejarlos en cualquier circunstancia.

Riesgos:

  • La multitarea. De hecho, la configuración de navegación de una tablet tiene por objetivo facilitar el salto de una aplicación a otra con sólo un movimiento de dedos. El fenómeno es aún más intenso que en los ordenadores. Además, está hecha para atraer y capturar nuestra atención siempre que sea posible, de modo que nos llena de avisos y notificaciones que rompen nuestro pensamiento de flujo. Eso nos genera una sensación de estrés tanto a adultos como a jóvenes y adolescentes.

  • Pérdida de la conexión mano/ojo/cerebro. Cada vez se utilizan más para tomar notas, ya sea en reuniones de trabajo, ya en las aulas de los estudiantes. Sin embargo, las últimas investigaciones demuestran que al escribir a mano se producen enlaces neuronales más relevantes que al escribir a máquina. De modo que si se usa la tablet en la toma de apuntes con lápiz digital no se perderá tanto enlace como si se usa con teclado.

  • Sensación falsa de digitalización. A los usuarios más jóvenes, la irrupción de las tablets les da una cierta sensación de conocer muy bien el entorno tecnológico de los adultos. Pero la realidad es que se desenvuelven sólo en un puñado de aplicaciones limitadas que no suelen ser las habituales en entornos profesionales. La alfabetización digital es menos adecuada en estos casos.

  • Consumo de series. De la misma manera que se ha descrito antes con el caso de los portátiles, las tablets son muy utilizadas para ver series, en especial por los jóvenes, de modo que se debilita la frontera entre trabajo y ocio en el mismo dispositivo y es más sencillo que se fomente la pérdida de atención.

Una persona de espaldas utilizado una tablet.
Las tablets pueden dar una falsa sensación de alfabetización digital, cuando en realidad su uso no requiere ningún conocimiento del entorno digital.
Pexels

Móviles

Llegamos al dispositivo que más controversias ha generado. Si bien en un origen, utilizado para llamar o escribir mensajes, tenía una funcionalidad eminentemente productiva o relacional, la aparición de los smartphones transformó por completo su naturaleza.

Demonizar un aparato que tiene una inserción cercana al 100 % de la población, tanto adulta como adolescente, sería prescindir de los muchos aspectos en los que las aplicaciones disponibles hacen más sencillo nuestro día a día. Desde conocer el pronóstico del tiempo y leer el periódico hasta contestar un correo electrónico y hacer la compra online.

Pero tampoco es adecuado obviar el hecho de que otra parte de las aplicaciones tiene su estrategia económica en el tiempo que pasamos en ellas, bien porque nos ofrecen publicidad, bien porque recaban datos de nosotros que les permiten obtener perfiles más completos de los consumidores y usuarios. Basta pensar en las redes sociales con sus vídeos cortos muy adictivos o en los juegos de pantalla infinita. De aquí que no podamos obviar la facilidad.

De hecho, las cifras muestran que el móvil es principalmente usado para ver vídeos por un 91,1 % de los usuarios; para redes sociales, un 88,1 %; para consumo “televisivo” (series, películas, programas), un 85,5 %. Sólo la lectura de la prensa, con un 81,2 %, se cuela entre las actividades que no son de entretenimiento.

Riesgos:

  • Uso preferencial para el entretenimiento. Si bien hay algunas aplicaciones de productividad en el móvil, se usa más para la comunicación y para el asueto, el descanso en el trabajo. Nuestro cerebro no lo percibe como una herramienta de trabajo, una obligación. Y eso provoca que estemos menos atentos ante el posible uso inadecuado que estemos haciendo de él. Y el problema radica en que buena parte de sus aplicaciones de entretenimiento están creadas precisamente para fomentar su uso y favorecer la permanencia cuanto más tiempo mejor.

  • Redes sociales creadas para el móvil. El fenómeno de las redes sociales es el que más problemas está generando dentro de los usos abusivos o adictivos de los móviles. No sólo por el número de horas que los usuarios pasan en redes, sino también por las consecuencias para su salud mental por el tipo de contenido que ven. Las redes sociales están creadas para generar un impulso de dopamina que lleva a repetir constantemente la acción de buscar nuevos contenidos.

  • Solucionismo tecnológico. Este término se refiere a supuestas soluciones que nos ofrece la tecnología, pero que ya estaban resueltas de otra manera y que, sin embargo, nos impulsan a hacer más uso de un dispositivo, de modo que propician nuestra adicción.

Este fenómeno se percibe de manera extraordinaria en los móviles, pues buena parte de las acciones que nos permiten llevar a cabo ya estaban resueltas antes, como despertarse, ver vídeos, escuchar música o leer libros. Pero la sencillez de manejo nos lleva a usarlo todo el tiempo, en particular en momentos en los que no tenemos plena atención y es más fácil caer en un uso abusivo.

Cualquier dispositivo digital es una puerta abierta a herramientas que ayudan a gestionar el día a día, ya sea en el entorno laboral, académico o de entretenimiento. Pero por esa misma puerta se cuelan algunos riesgos que nos pueden ocasionar no pocos problemas si no estamos alerta y aprendemos a gestionar adecuadamente nuestro tiempo.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica.

The Conversation

María Solano Altaba recibe fondos del proyecto AlgorLit Ref.:PID2022-140183OB-I00. Conocimientos, actitudes y opiniones de la población española sobre algoritmos de internet y diseño de alfabetizaciones algorítmicas críticas.

Ignacio Blanco-Alfonso recibe fondos de Comunidad de Madrid. Proyecto interdisciplinar de innovación tecnológica aplicada a la investigación, difusión y transferencia del legado de José Ortega y Gasset. Referencia: PHS-2024/PH-HUM-57.

ref. ¿Son todos los dispositivos digitales igual de adictivos? – https://theconversation.com/son-todos-los-dispositivos-digitales-igual-de-adictivos-269250

El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Marina Moreno, Chair professor, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

Virus bacteriófagos (en azul) infectando a una bacteria. Lightspring/Shutterstock

Durante mucho tiempo, los virus han sido vistos como entes simples y egoístas: partículas inertes que solo “despiertan” al invadir una célula, a la que convierten en una fábrica de copias de sí mismos antes de destruirla. Esta visión es tan influyente que, a día de hoy, el consenso mayoritario es que los virus no pueden considerarse realmente seres vivos. Sin embargo, ciertas observaciones sobre el comportamiento de bacteriófagos o fagos, los virus que infectan bacterias, hacen que esa imagen pueda quedarse obsoleta.

Investigaciones recientes han demostrado que estos virus no actúan siempre de forma individual ni automática, sino que pueden comunicarse entre sí y tomar decisiones colectivas. Lo más sorprendente es que, en algunos casos, esa comunicación ocurre incluso entre virus que infectan bacterias de especies distintas.

Este hallazgo no solo tiene profundas implicaciones para la ecología microbiana, la evolución de los virus y el desarrollo de nuevas estrategias para combatir bacterias resistentes a antibióticos, sino que confiere capacidades “sociales” a estos entes biológicos.

Grupo de bacteriófagos de cola infectando una bacteria.
Graham Beards / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Los organismos más abundantes del planeta

Aunque suelen pasar desapercibidos, los bacteriófagos son los organismos más abundantes de la Tierra. Se estima que existen alrededor de 10³¹ partículas virales en la biosfera, una cifra que supera en diez veces el número total de bacterias.

Cada día, infectan y destruyen enormes cantidades de bacterias en los océanos, los suelos y también en nuestro propio cuerpo. Cuando un fago infecta uno de estos microorganismos, puede seguir dos rutas principales: el ciclo lítico y el ciclo lisogénico.

En el ciclo lítico, el virus se replica rápidamente y acaba destruyendo la célula bacteriana, mientras libera nuevas partículas virales. En el ciclo lisogénico, en cambio, el genoma del fago se integra en el de la bacteria y permanece latente, replicándose discretamente junto con ella durante generaciones.

Durante décadas, se pensó que esta “elección” dependía únicamente del estado interno de la bacteria o del azar. Hoy sabemos que, al menos en algunos fagos, esa decisión puede ser influida por señales producidas por otros virus.

Un lenguaje químico entre virus

En 2017, un estudio mostró que algunos bacteriófagos utilizan un sistema de comunicación molecular para evaluar su entorno. Este sistema, denominado arbitrium (que en latín significa “decisión”), les permite saber cuántas infecciones han ocurrido recientemente en una población bacteriana.

El mecanismo es sorprendentemente sencillo. Cuando un fago infecta una bacteria, induce la producción de un pequeño péptido (proteína de entre 5 y 10 aminoácidos) que se libera al medio. A medida que más bacterias son infectadas, la concentración de ese péptido aumenta. Los fagos que llegan después “leen” esa señal química y, en función de su nivel, deciden si conviene seguir destruyendo bacterias o pasar a un estado latente.

En otras palabras, los fagos no actúan a ciegas: recogen información del entorno (más péptido implica que ha habido más infecciones y, por lo tanto, menos posibilidades de encontrar bacterias receptoras) y ajustan su comportamiento en consecuencia.

Virus con comportamientos colectivos

Lo que hace este fenómeno aún más fascinante es que la comunicación no siempre se limita a fagos idénticos como se propuso inicialmente. Investigaciones posteriores desarrolladas en nuestros laboratorios han mostrado que algunos péptidos de arbitrium pueden ser reconocidos por fagos emparentados, pero que infectan especies bacterianas distintas. Ello permite una forma de comunicación entre virus diferentes que comparten el mismo nicho ecológico.

Esto significa que un fago puede tomar decisiones basándose no solo en la presencia de sus propios “parientes”, sino también en la actividad de otros virus competidores o cooperadores. Así, en lugar de actuar como entidades aisladas, parecen formar parte de redes de comunicación viral que reflejan la presión global sobre una comunidad bacteriana.

Desde un punto de vista evolutivo, esta capacidad tiene todo el sentido. Si muchos virus (aunque no sean idénticos) están infectando bacterias cercanas, seguir destruyendo indiscriminadamente al huésped puede agotar el recurso disponible. Optar por la latencia puede ser, en ese contexto, una estrategia más eficiente de supervivencia a largo plazo.

Este tipo de comportamiento es idéntico a los sistemas de quorum sensing o –percepción de cuórum– que utilizan muchas bacterias y otros organismos para coordinar acciones en función de la densidad poblacional. Sin embargo, encontrar algo similar en virus resulta especialmente llamativo, ya que tradicionalmente se pensaba que carecían de la capacidad para “tomar decisiones”.

Una nueva mirada sobre los virus

Que los fagos intercambien información, incluso entre especies distintas, desafía la idea de los virus como simples programas genéticos que se ejecutan sin control. En su lugar, empezamos a verlos como agentes capaces de percibir su entorno, integrar señales y modular su estrategia replicativa más allá del individuo.

Es decir, lejos de ser meros actores pasivos, los bacteriófagos emergen como entidades con sorprendentes capacidades sociales que les permiten comunicarse, coordinarse y adaptarse colectivamente. Que puedan hacerlo incluso cruzando las fronteras entre especies añade una complejidad inesperada a nuestro entendimiento del mundo viral.

Este cambio de perspectiva nos recuerda algo fundamental: hasta en los sistemas aparentemente más simples de la biosfera, la comunicación importa. A veces, los organismos más silenciosos tienen las conversaciones más interesantes (y a veces, quienes menos esperamos que “hablen” tienen mucho que decir).

Implicaciones más allá del laboratorio

Estos descubrimientos no son solo una curiosidad científica. La comunicación entre fagos influye en la dinámica de las poblaciones bacterianas y, por tanto, en procesos ecológicos clave como los ciclos del carbono y del nitrógeno.

Además, tiene implicaciones importantes para la terapia con fagos, una alternativa prometedora frente a las bacterias resistentes a antibióticos. Comprender cómo y cuándo esos virus deciden destruir bacterias o permanecer latentes podría ayudar a diseñar tratamientos médicos o procesos biotecnológicos más predecibles y seguros.

Mientras, a los científicos nos obliga a replantearnos cómo entendemos la “inteligencia” y la toma de decisiones en sistemas biológicos aparentemente simples.

The Conversation

Alberto marina Moreno recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2022-137201NB-I00), Generalitat Valencia (CIPROM/2023/30) y Comunidad Económica Europea (TalkingPhages-101118890) a través de convocatorias publicas competitivas. El es miembro de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, de la Sociedad Española de Microbiología, la Red FAGOMA e INPEC.

ref. El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias – https://theconversation.com/el-idioma-virus-existe-como-se-comunican-entre-si-para-infectar-bacterias-284885

La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Acuarela de unas sardinas. Joan Rieradevall

El refranero gallego es muy prolífico para con la sardina y, de forma específica, con la sardina pequeña (denominada “xouba” o “parrocha” en gallego). Uno de los refranes más populares en Galicia ya apela a la calidad gastronómica de este pescado azul, señalando que las piezas de menor tamaño son más sabrosas y apreciadas: “A sardiña e a xouba, canto máis pequena, máis louba” (“la sardina y la sardinilla, cuanto más pequeña, más se alaba”.

No es casualidad que estas sardinas, tanto en fresco como en conserva, hayan sido ensalzadas por escritores (Julio Camba, Álvaro Cunqueiro, Emilia Pardo Bazán o Camilo José Cela), periodistas (Carlos Herrera o Pepe Domingo Castaño) y cocineros (Gordon Ramsay, José Andrés o Lucía Freitas).

Portada del cómic Asterix en lusitania.
Portada del cómic Asterix en Lusitania.
Asterix.com

Ya en el Imperio romano la captura de sardina fue una actividad pesquera fundamental, orientada principalmente a la elaboración del garum, una salsa de pescado fermentada muy apreciada por los patricios romanos.

A nivel divulgativo este hecho quedó bien reflejado en el cómic de Astérix en Lusitania, publicado en 2025. Para la captura de la sardina se utilizaban redes de enmalle, redes de cerco y nasas de mimbre en zonas costeras. Las sardinas saladas y las salsas derivadas se almacenaban y transportaban en ánforas selladas por todo el Mediterráneo.

La sardina pequeña: nutritiva y funcional

Existe actualmente una gran tendencia a buscar alimentos funcionales para su incorporación a las dietas; esto es, aquellos alimentos que además de su valor nutricional tradicional contienen componentes biológicamente activos que ofrecen beneficios específicos para la salud.

La sardina cumple todas estas características para entrar en el pódium
de los alimentos funcionales. Así, es una fuente portentosa del ácido graso omega-3, un compuesto clave por su actividad biológica, por ejemplo, a nivel estructural (es un componente de las membranas celulares), metabólica (reduce la formación de triglicéridos en el hígado) y cardiovascular (mejora la función de los vasos sanguíneos y disminuye la formación de coágulos). También es una fuente de minerales como el yodo y el hierro (actúan en la formación de hemoglobina y la regulación tiroidea), el calcio (es clave en la estructura ósea, o en su forma iónica, Ca⁺², participa en múltiples reacciones metabólicas como mensajero intracelular) y el selenio (con actividad antioxidante).




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Los numerosos beneficios para la salud que nos ofrece el pescado a un bajo coste climático


Un esquema con la composición nutricional de la sardina y su nombre en diferentes idiomas
La sardina es uno de los pescados azules claves en las dietas atlántica y mediterránea.
Gumersindo Feijoo a partir de datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, CC BY

El arte de pesca “xeito

El xeito es un arte de pesca tradicional gallego que consiste en un enmalle de deriva que está constituido por una red rectangular (dividida en “paños”) extendida entre dos cabos o trallas: uno superior, con boyas, que permite regular la profundidad de la red; y otro inferior, con plomos, que permite que los paños estén completamente extendidos.

Un elemento característico de este arte de pesca es que la red debe permanecer siempre atada al barco. La captura se produce cuando el pescado trata de cruzar la red, quedando atrapado en la malla.

Se trata de un método utilizado por los barcos pequeños –de entre 5 y 10 metros de eslora– que, en Galicia, trabajan fundamentalmente dentro de las rías. Es una técnica muy selectiva, tanto por la malla como por la baja resistencia mecánica de la red, por lo que solamente quedan atrapadas la sardina, el boquerón y el jurel. El resto escapa fácilmente atravesando la malla o rompiendo la red.

Hay que aclarar que se trata de sardinas pequeñas, pero que entran dentro del tamaño mínimo legal de este pescado (Sardina pilchardus) en España y el resto de la Unión Europea, que se sitúa en 11 centímetros. La pesca con el xeito es muy selectiva, por el tamaño de la malla, y no se coge nada de menor tamaño.

Además, la sardina pequeña capturada con el arte de xeito en Galicia tiene un límite de cuota que la Xunta revisa para garantizar el control del stock y evitar el agotamiento prematuro del caladero. Este 2026 está en un tope de 80 kilogramos por tripulante a bordo y 80 kilogramos adicionales por embarcación y día.




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Esquema que muestra un barco al que está unido una red que cae hasta el fondo del mar
Esquema del arte de pesca xeito.
Gumersindo Feijoo

Impacto ambiental

La técnica artesanal del xeito es tremendamente respetuosa con el medio ambiente: no tiene descartes, esto es, no se captura nada que se devuelva al mar, vivo o muerto, por no ser comercialmente viable o por regulaciones normativas.

Su huella de carbono es muy baja, con valores aproximados de 105 g de CO₂ equivalente para una ración de 125 g de xouba. Es aproximadamente lo que emite un solo coche de gasolina o diésel de bajas emisiones al recorrer 1 km. El impacto se debe fundamentalmente al consumo de combustible del barco en el trayecto puerto-caladero-puerto.

Por otro lado, su huella hídrica es insignificante: el consumo directo o indirecto de agua es prácticamente nulo.

La xouba capturada mediante el xeito es un manjar sostenible al alcance de todos, que ayuda a una armonía saludable entre el hombre y el océano, fruto de una tradición y soberanía alimentaria de los pueblos costeros.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible – https://theconversation.com/la-sardinilla-capturada-de-forma-artesanal-un-manjar-tan-saludable-como-sostenible-285390

Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Alrededor del 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado mundial circulan por el estrecho de Ormuz. Somkanae sawatdinak/Shutterstock

El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento que promete despejar el estrecho de Ormuz. Los mercados lo celebraron de inmediato: el precio del petróleo cayó, el gas licuado se abarató y los titulares anunciaron alivio para las facturas. Todo parecen buenas noticias. El problema es que, en política energética, las buenas noticias a corto plazo son con frecuencia malas noticias a largo plazo.

Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial y alrededor del 20 % del comercio global de gas natural licuado (GNL). Cuando las tensiones con Irán escalaron a partir de marzo de 2026 y el tráfico se contrajo de forma severa, ese dato dejó de ser una abstracción estadística y se convirtió en precios de la energía disparados, y, por ende, en costes industriales más altos y en facturas domésticas que apretaron los presupuestos familiares de Cádiz a Tallin.

Las consecuencias para España fueron relativamente limitadas: apenas el 2 % de su gas transita por ese estrecho, y su suministro descansa sobre Argelia –que sostuvo el 33 % del total en 2026– y sobre Estados Unidos, por vía marítima.

En el suministro físico, España hizo los deberes; en la transición estructural, queda trabajo pendiente: el gas y el petróleo cotizan en mercados globales: cuando Ormuz tose, el recibo de la luz estornuda en Parla, en Sevilla y en Bruselas por igual.

La UE sigue recurriendo al gas natural licuado

Durante los meses de tensión, la Unión Europea reaccionó con una velocidad sorprendente. Las aprobaciones de parques solares se aceleraron, las licitaciones eólicas aumentaron y varios Estados miembros adelantaron compromisos de electrificación industrial. Eso es real y merece reconocimiento.

Sin embargo, si se mira dónde fue la mayor parte del gasto energético de emergencia, la foto es menos alentadora. El paquete AccelerateEU – Energy Union, presentado por la Comisión Europea en abril de este año, reconoció un gasto adicional de 24 000 millones de euros en combustibles fósiles desde el inicio de la crisis.

Según estimaciones derivadas del informe, la gran mayoría de ese gasto se destinó a sustituir el GNL del golfo Pérsico por GNL de otros orígenes –Estados Unidos, Catar, Australia– y no a electrificación estructural. Europa pagó una enorme cantidad de dinero para seguir dependiendo del gas, solo que de otros vendedores y a precios de mercado elevados por la escasez global. Cambiar de proveedor no es lo mismo que cambiar de modelo.




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Si el petróleo es barato, la transición energética se ralentiza

La presión política para acelerar la transición energética no viene de los discursos climáticos ni de los acuerdos internacionales. Viene, principalmente, del precio de la energía en el momento en que el ciudadano paga su factura. Cuando la energía duele en el bolsillo, los gobiernos actúan. Cuando resulta barata, la urgencia se evapora.

Los incentivos políticos para invertir en renovables, reformar los mercados eléctricos o aislar térmicamente los edificios son mucho más débiles cuando el barril cotiza a 70 dólares que cuando lo hace a 110. La reapertura de Ormuz no elimina el riesgo geopolítico estructural –Irán seguirá siendo Irán, el estrecho seguirá existiendo–, pero sí elimina la percepción inmediata de ese riesgo, que es exactamente lo que mueve las decisiones presupuestarias y legislativas.

La historia respalda esta lógica. Tras el shock petrolero de 1973, los países industrializados lanzaron ambiciosos programas de eficiencia energética y diversificación. Cuando los precios cayeron en los años ochenta, la mayor parte de esos programas se abandonó silenciosamente. Europa llegó a 2022 con una dependencia del gas ruso que ningún análisis de riesgo serio habría aceptado.




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La literatura académica documenta este patrón de forma sistemática: las políticas energéticas se desmantelan más fácilmente cuando desaparece la relevancia del problema para el ciudadano. El ciclo amenaza con repetirse.

La ventana de oportunidad no se abre cuando la energía es cara. Se abre cuando todavía duele el recuerdo de que lo fue y la presión política sigue activa. Ese es exactamente el momento en que nos encontramos hoy.

El destino está claro, pero la velocidad es variable

Hay un punto de partida jurídico sólido: en diciembre de 2025, el Parlamento Europeo y el Consejo alcanzaron un acuerdo sobre la Ley Europea del Clima, que fija legalmente el objetivo de reducir las emisiones netas en un 90 % para 2040.

Ese objetivo final es vinculante y no está en discusión. Lo que sí depende de la voluntad política de cada ciclo presupuestario es todo lo que hay entre hoy y ese horizonte: la velocidad de transposición de la Directiva de Energías Renovables, los fondos asignados cada año a electrificación industrial, la agilidad en la concesión de permisos para renovables, el ritmo de reforma de las redes de distribución. Son instrumentos de ejecución discrecionales, y es precisamente ahí donde la caída del precio del petróleo hace daño: no borra el objetivo, pero sí enfría la urgencia de los pasos intermedios que permiten alcanzarlo.




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Tres medidas concretas podrían reforzar ese blindaje:

  • La primera medida es respetar y ejecutar los plazos legales de la Ley Europea del Clima y la Directiva de Energías Renovables (RED III), cuya transposición completa sigue pendiente en varios Estados miembros, entre ellos España: un objetivo legalmente vinculante no puede quedar supeditado a la voluntad política del momento.

  • La segunda es crear mecanismos de financiación anticíclicos –fondos que se nutren cuando los precios fósiles son altos e invierten en transición precisamente cuando bajan–, un papel que el Pacto de Industria Limpia podría asumir si se eleva de comunicación política a reglamento vinculante.

  • La tercera es anclar la narrativa pública de la transición energética al riesgo estructural de largo plazo –no al precio del barril de cada temporada–, de modo que la visibilidad política del problema no desaparezca con cada alivio coyuntural.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea – https://theconversation.com/por-que-la-reapertura-del-estrecho-de-ormuz-amenaza-la-transicion-energetica-europea-285386

El efecto mariposa o por qué la geopolítica puede encarecer su cesta de la compra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nadia Natasha Reus González, Docente universitaria de matemáticas-estadística, Universidad de Guadalajara

FOTOGRIN/Shutterstock

Las tensiones geopolíticas globales no solo llenan los titulares de prensa: también determinan cuánto se paga por la leche o la gasolina. Entender cómo funciona esta conexión es el primer paso para proteger los ahorros.

Cuando escuchamos noticias sobre conflictos geopolíticos solemos pensar en términos de diplomacia o estrategia militar y consideramos que este tipo de eventos no nos afectan por su lejanía. Sin embargo, tienen un efecto mariposa que termina golpeando directamente la economía de los hogares.

No se trata solo de política, también se trata del valor real del dinero.

El peligro silencioso: La pérdida de poder adquisitivo

En tiempos de conflicto, el mayor riesgo para las familias no suelen ser las caídas en los mercados financieros o la volatilidad en el precio del oro, sino la inflación.

Imagine que tiene 50 euros guardados en una alcancía (hucha). Si el precio de las cosas sube, esos mismos 50 euros comprarán menos productos el mes que viene que hoy. Esto es lo que llamamos pérdida de poder adquisitivo, o inflación.

En entornos de guerra o inestabilidad, dejar el dinero quieto (es decir, sin que genere ningún interés) puede ser un error, ya que su valor real se reduce a medida que los precios suben.




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¿Por qué el petróleo es la pieza clave?

Gran parte de este fenómeno tiene que ver con el suministro energético. Oriente Medio concentra una gran parte de la producción mundial de petróleo y gas. Además, cuenta con rutas estratégicas como la del estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del combustible que mueve al mundo.

Ante la inestabilidad en el suministro de energía provocada por la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán, los mercados han reaccionado con miedo, disparando los precios del petróleo y el gas.

Como casi todo lo que consumimos necesita energía para ser fabricado y luego ser transportado (por camiones, barcos o aviones), el aumento del petróleo acaba generando una reacción en cadena: si el combustible sube, el transporte se encarece y ese costo extra se traslada al precio final de los alimentos, la ropa o la tecnología. Y las familias tienen que asumir ese aumento en los precios.




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Cae la oferta y las estanterías sufren

En economía, esta situación se denomina shock de oferta. Es un cambio repentino e inesperado que reduce la cantidad de bienes o servicios que las empresas pueden ofrecer.

Si hay menos fuentes de energía disponibles, o es mucho más caro conseguirlas, las fábricas producen menos o a mayor costo. Al haber menos oferta para la misma demanda, los precios tienden a subir de forma generalizada. Este es el inicio de la inflación que vemos en el supermercado y al que nos enfrentamos al realizar las compras.

Resiliencia financiera: ¿Qué podemos hacer?

La resiliencia financiera es la capacidad de afrontar estos cambios económicos. Para un hogar promedio, esto implica entender dos lecciones básicas:

  1. La planificación es un factor clave. Las crisis geopolíticas nos recuerdan que la economía es global y lo que sucede a miles de kilómetros afecta a nuestra capacidad de compra diaria.

  2. En contextos de una alta inflación provocada por crisis externas, el dinero quieto pierde valor y el ahorro tradicional, bajo el colchón o en cuentas sin rendimientos, se vuelve muy vulnerable.

¿Qué podemos hacer para que el aumento de los precios no afecte nuestros ahorros? No existen fórmulas mágicas, sino dos conceptos clave: diversificación y educación financiera.

¿Cómo protegernos?: Estrategias para fortalecer su economía

Una regla de oro es la creación de un fondo de emergencia. Se trata de una reserva de dinero destinada exclusivamente a imprevistos. Esto evita tener que recurrir a préstamos con intereses altos cuando los productos básicos se encarecen. Además, en momentos de incertidumbre internacional, el consumo responsable se vuelve nuestra mejor defensa. Debemos aprender a distinguir entre necesidades reales y deseos momentáneos para a proteger el presupuesto familiar.

Otra estrategia recomendable es no dejar todo el dinero en una alcancía o en una cuenta bancaria que no genera beneficios. Cuando suben los precios, la tendencia de los bancos centrales es a subir los tipos de interés. De este modo el ahorro se vuelve más atractivo. Lo mejor es buscar opciones sencillas y relativamente seguras (como los depósitos bancarios a plazo fijo, las cuentas de ahorro remuneradas y la deuda pública) que ayuden a que el dinero conserve su valor real.

Paz y estabilidad

Las crisis internacionales no son solo eventos lejanos, sino fenómenos que pueden redefinir nuestra realidad cotidiana. En momentos de incertidumbre, la mejor herramienta de resiliencia económica no es hacer inversiones complejas o arriesgadas, sino estar informados sobre los acontecimientos que hacen subir los precios. Así pueden tomarse mejores decisiones financieras.




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Otra pandemia global: el analfabetismo financiero


En un mundo globalizado, además de un ideal humano, la paz es la base de la estabilidad económica.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El efecto mariposa o por qué la geopolítica puede encarecer su cesta de la compra – https://theconversation.com/el-efecto-mariposa-o-por-que-la-geopolitica-puede-encarecer-su-cesta-de-la-compra-278643

¿Tiene sentido pedirle a la ‘Odisea’ de Nolan que sea históricamente rigurosa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oskar Aguado-Cantabrana, Profesor Ayudante Doctor en el área de Historia Antigua del Departamento de Estudios Clásicos, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Fotograma de la próxima adaptación de la _Odisea_, de Christopher Nolan. Universal Pictures

“En la ‘Odisea’, Ulises habla con acento de Boston, a pesar de ser de Ítaca, que está en Nueva York”.

Este comentario, entiendo que sarcástico, hace referencia al origen bostoniano de Matt Damon y al hecho de que en el estado de Nueva York hay, efectivamente, una ciudad llamada Ithaca. Me parece una de las reacciones más sagaces de la plétora de críticas y bromas que han asolado la esfera digital desde el 5 de mayo, día del lanzamiento del segundo tráiler de la Odisea de Christopher Nolan.

Es una reacción recurrente cada vez que se anuncia el estreno de una película ambientada en el pasado, ya sea histórica o mitológica. Pero una superproducción sobre el texto homérico, de la mano de un director tan reconocido, son palabras mayores.

Así que durante mayo y junio sí que ha ardido Troya.

La Antigüedad (mítica) en pantalla

Ciertamente sería difícil recoger en pocas palabras la diversidad de reacciones que ha suscitado el tráiler. Algunas de las líneas maestras han sido las siguiente: es un escándalo que Helena de Troya esté interpretada por una actriz negra; cómo va a ser Menelao calvo; Aquiles no puede ser un actor trans; la ambientación es de todo menos clásico/mediterránea, el atrezzo y la vestimenta no se ajustan al contexto histórico; el acento de los actores no se parece mucho a cómo sonaría el de los héroes míticos; los diálogos son presentistas; etc.

Ninguna de las críticas expuestas es novedosa. Cuestiones similares se plantean cada vez que se estrenan películas situadas en períodos como la Antigüedad o la Edad Media. Aunque de base hay una diferencia importante en este caso: estamos ante la adaptación de un poema épico. Una epopeya con contenido mitológico que difícilmente se presta a una crítica en los términos en los que se suele aplicar al cine de ambientación histórica.

Ciertamente, sería de agradecer que los directores admitiesen sin complejos que sus adaptaciones son creaciones artísticas localizadas en un pasado remoto, pero sin ninguna pretensión de veracidad histórica. Asumamos que no son historiadores, filólogos, arqueólogos, ni divulgadores, son artistas tratando de promocionar y defender sus decisiones.

El cine difícilmente puede ajustarse a las exigencias metodológicas y teóricas de un ensayo historiográfico. No es necesario, tiene otros objetivos y condicionantes, económicos, lúdicos, técnicos e ideológicos; el análisis de la recepción audiovisual de la Antigüedad ayuda a resituar toda esta polémica.

El ‘espíritu homérico’

Papiro con un fragmento de la _Odisea_ (cantos IX y X), del siglo III a.e.c. hallado en Ghurab (Egipto). Es el manuscrito más antiguo conservado de la _Odisea_.
Papiro con un fragmento de la Odisea (cantos IX y X), del siglo III a.e.c. hallado en Ghurab (Egipto). Es el manuscrito más antiguo conservado de la obra.
Zunkir/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En este sentido, se podría decir mucho sobre la denominada “cuestión homérica”. La Odisea fusiona en su narración diversos periodos históricos (época micénica, Edad oscura e inicios de la época arcaica), con toda una serie de elementos mitológicos y ficciones literarias que, por otro lado, son una fuente histórica fundamental para conocer la sociedad del siglo VIII a.e.c. y, en menor medida, los siglos previos.

Hasta algún traductor reciente de la Odisea, filólogo de profesión, se ha preguntado, respecto a la fidelidad al texto original, “a qué debemos jurar dicha fidelidad: ¿a un supuesto ‘espíritu homérico’ acaso? Estaríamos de enhorabuena si lográsemos saber en qué consiste tal espíritu”.

La realidad es que la obra de Homero se reescribe y actualiza de forma ininterrumpida desde la propia Antigüedad. Ahí reside precisamente su naturaleza de obra clásica. Nolan solo ha elegido su propio estilo.

El cine de Nolan y otras referencias visuales

El despliegue de medios técnicos, la elección del reparto, la gama de colores, las referencias al género de superhéroes, Batman incluido, y muchos elementos más que el tráiler no permite adelantar, llevan la firma de Nolan. Es su Odisea, suya y de su equipo de producción, y, faltaría más, disponen de toda la libertad artística para que sea única y novedosa.

Por supuesto, somos libres de denostarla cuanto queramos, pero pienso que es más interesante analizarla críticamente. Está rodada, entre otros lugares, en diferentes enclaves del Mediterráneo, pero si no luce igual que unas vacaciones en una playa de Mykonos, quizá se deba a que los juegos cromáticos de la película también pretenden representar algo sobre la historia que cuenta: un hombre traumatizado por la guerra y obsesionado con regresar al hogar.

Un grupo de soldados con armaduras en medio de un bosque.
Fotograma de la nueva adaptación de la Odisea de Christopher Nolan.
Universal Pictures

Tampoco podemos olvidar que esta estética puede responder a una tendencia muy familiar en el cine histórico/fantástico más reciente. Algo que con cierta ironía se ha llamado “filtro medieval”, pero que buena parte de las producciones recientes sobre la Antigüedad también aplican y que podría resumirse en un pasado sucio, oscuro y con mucho cuero.

La fórmula visual y la estética “neomedieval” se ha popularizado a través de producciones como Vikingos, Juego de tronos y sus precuelas. Y funciona. A mi parecer, la caracterización de los lestrigones o de los barcos (vikingos) no es casual.

Homero y la cultura universal

La de Nolan es hija de su tiempo, como todas las odiseas. Claro que destila ideología; la de Homero también: la de las élites aristocráticas griegas del siglo VIII a.e.c. La Odisea es una obra inmortal precisamente porque ha sido reinventada de forma ininterrumpida en todo tipo de formatos artísticos y también por culturas diversas a las occidentales, desde el islam medieval, al manga japonés de los 80.

Por supuesto, las culturas europea y estadounidense han sido las más prolijas en este sentido. Más allá de toda la pintura –desde la cerámica ateniense y los frescos romanos hasta la Nausicaa del pintor William McGregor Paxton– o la escultura, hay obras cumbre que no presentan precisamente una adaptación apegada al relato clásico, como el poema de Kostantínos Kafavis, Ulises de James Joyce, la Odisea de Nikos Kazantzakis u O Brother, Where Art Thou?, la película de los hermanos Coen.

Retrato de una mujer desnuda rodeada de otras mujeres desnudas en un paisaje costero bajo un cielo azul.
Nausicaa, personaje de la Odisea visto por William McGregor Paxton.
Wikimedia Commons

La obra homérica se ha llevado a la pantalla en diversas ocasiones, si bien el personaje de Ulises está presente en otras tantas adaptaciones de la Ilíada o el ciclo troyano. Troya (2004) es sin duda la que más ha marcado el imaginario colectivo del siglo XXI. Una película también muy criticada en su momento, que ahora ciertos sectores de las extremas derechas han recuperada como supuesto emblema de la masculinidad y la épica perdida. Ahí sí que estarían bien representados Aquiles y Helena de Troya, dicen, no mediante un actor trans y una actriz negra.

Si lo que buscan son antecedentes culturales, la primera actriz negra, que sepamos, que interpretó a Helena, lo hizo junto a Orson Welles en el París de 1950 y el muy recomendable cómic La Cólera (2020) presenta un Aquiles que experimenta una transición de género.

¿A quién pertenece la Odisea? A la humanidad, yo diría.

¿Qué Antigüedad para el siglo XXI?

De la diversidad de reacciones al tráiler podemos extraer una conclusión incuestionable: la importancia que aún damos a las figuras históricas y míticas de la Antigüedad para conformar nuestros propios imaginarios e identidades en el siglo XXI.

Tweets de Elon Musk en los que alega que Nolan
Tweets de Elon Musk quejándose de la nueva adaptación de Nolan.
X.com

No es un tema baladí. Elon Musk y las ultraderechas internacionales lo entienden como un elemento más de su “guerra cultural”, en su defensa de una “civilización occidentalinventada y supremacista blanca.

Por su parte, una Helena negra apela a la identidad cultural afroamericana, aferrándose a una supuesta verosimilitud racial con argumentos historiográficos que fueron un revulsivo importante en su momento, pero que se han superado.

Las versiones (eco)feministas, pacifistas, o proLGTBIQ+ del mito proliferan, frente a lecturas reaccionarias que nunca dejan de resurgir. Se trata de un eterno diálogo con un pasado mítico que no pierde utilidad para repensar el presente.

Las y los profesionales de las Ciencias de la Antigüedad bien lo saben. El inminente estreno ya estimula la divulgación y la investigación sobre Homero y su recepción. Los ecos y viajes de la Odisea siempre resuenan. Estamos, sin duda, ante el regreso de Ulises. Buen momento, por tanto, para unirse al evento de nuestro proyecto y reflexionar sobre qué Antigüedad queremos para el siglo XXI.


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The Conversation

Oskar Aguado-Cantabrana es miembro del proyecto de Investigación ANIHO (PID2023-150635NB-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE. Se trata de un proyecto de investigación internacional, con sede en la EHU, dedicado a analizar la recepción de la Antigüedad en el mundo contemporáneo.

ref. ¿Tiene sentido pedirle a la ‘Odisea’ de Nolan que sea históricamente rigurosa? – https://theconversation.com/tiene-sentido-pedirle-a-la-odisea-de-nolan-que-sea-historicamente-rigurosa-283103

¿Por qué nos crecen las orejas cuando nos hacemos mayores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Usue Ariz López de Castro, Profesora de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Krakenimages.com/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


¿Es verdad que las orejas se van haciendo más grandes según cumplimos años? ¿O es uno de esos mitos que circulan por las redes? Para responder, primero tendríamos que comprobar si hay artículos científicos que hayan estudiado el tema. Y sí, en efecto, algunos expertos se han dedicado a investigarlo.

Tras medírselas a muchas personas adultas de distintas edades, han llegado a la misma conclusión: aunque poquito, las orejas aumentan de tamaño a lo largo de nuestra vida. Según sus resultados, pueden ser hasta un centímetro más grandes en personas mayores que en adultos jóvenes; sobre todo, debido al aumento del lóbulo de la oreja.

A pesar de ello, el que sean más grandes no nos sirve para mucho, ya que sabemos que con la edad vamos perdiendo audición. ¿Por qué crecen entonces? Comprendiendo su estructura interna y lo que le sucede a ese tejido con el paso del tiempo quizá encontremos la respuesta que buscamos.

Los secretos del cartílago

Si nos tocamos las orejas podemos sentir que no son tan duras como si fuera hueso, pero notamos que hay “algo” dentro. Las podemos doblar y luego recuperan la forma original.

Ese “algo” es el cartílago, un tejido parecido al hueso, pero más blandito y del que existen distintos tipos en nuestro cuerpo. En concreto, el pabellón auricular contiene cartílago elástico, que está compuesto principalmente por cuatro elementos clave: unas células llamadas condrocitos, que a su vez secretan las proteínas colágeno y elastina, y otras moléculas que conocemos como proteoglicanos.

La característica principal del colágeno, una proteína que se encuentra en muchos tejidos, es la rigidez y la resistencia, lo que le permite mantener la estructura. En cambio, la elastina es flexible y elástica, por lo que puede estirarse y recuperar su forma sin sufrir daños. Por último, los proteoglicanos se encargan de atrapar agua, formando una especie de gelatina que permite que el tejido esté hidratado.

En conjunto, gracias a las dos proteínas con propiedades opuestas y a los proteoglicanos, si nos doblamos las orejas o si reciben un golpe, pueden recuperar su forma original.

Como un calcetín gastado

Una vez conocida la estructura del cartílago de la oreja, ahora nos queda entender cómo aumenta de tamaño.

La mayoría de los tejidos del organismo solo crecen durante la infancia y la pubertad, aunque eso no impide que sigan renovándose. Es decir, el tejido envejecido se va sustituyendo por otro nuevo. Al cartílago de la oreja le sucede lo mismo: su crecimiento se detiene en la edad adulta. Pero además, como está poco vascularizado –o sea, le llega poca sangre– se renueva escasamente a largo de la vida. Entonces, si no crecen, ¿por qué las orejas son cada vez más grandes?

La clave está en qué le sucede a su cartílago con el paso del tiempo. Según cumplimos años, todos los tejidos pierden elasticidad. Esto quiere decir que o bien se estiran menos, o bien, si se estiran, no recuperan tan fácilmente su tamaño original. De jóvenes somos como un calcetín nuevo: si lo estiramos para ponérnoslo, rápidamente se ajusta a nuestro tobillo y se mantiene en esa posición. Pero con el tiempo, el elástico va cediendo: ya no ajusta y, finalmente, el calcetín se cae.

Y no solo empeora la función de la elastina, sino que en muchos casos la producción del colágeno también disminuye y se debilita, por lo que no es capaz de mantener la estructura de los tejidos como antes.

Alargadas por la fuerza de la gravedad

Concretamente, lo que le ocurre al cartílago –sobre todo por la disminución de elastina– es que no consigue contrarrestar la fuerza de gravedad por completo. Poco a poco, las orejas van “cediendo” y cayendo, por lo que visualmente aumentan de tamaño. Además, la exposición al sol, el frío, el viento, los golpes, etc. las hace todavía más sensibles a este fenómeno.

El “efecto caída” también afecta a otros tejidos ricos en colágeno y elastina. En mujeres es más patente en el pecho y los antebrazos, que cuando cuelgan incluso reciben el nombre de “alas de murciélago”. Los hombres sufren una consecuencia menos visible: los testículos se les descuelgan con la edad. Y de la papada no se libra nadie.

Resumiendo, con la edad las orejas no crecen en sentido estricto, sino que sufren unas modificaciones en su estructura interna que le impiden mantener la forma como antes y provoca que, debido a la gravedad, se vayan alargando poco a poco. Aunque estéticamente no nos guste mucho, no nos queda más que asumirlo, ya que poco podemos hacer para evitarlo.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Usue Ariz López de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos crecen las orejas cuando nos hacemos mayores? – https://theconversation.com/por-que-nos-crecen-las-orejas-cuando-nos-hacemos-mayores-283185