Almaraz gana tiempo y seguirá abierta hasta 2030

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar Rubio Varas, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, (UPNA). Investigadora del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE), Universidad Pública de Navarra

Vista de la central de Almaraz (Cáceres). Angel L/Shutterstock

Se acaba de publicar en el Boletín Oficial del Estado la orden por la que el Ministerio para la Transición Ecológica de España renueva la autorización de explotación de los dos reactores de la central nuclear de Almaraz. En la práctica, esto significa que Almaraz I, que debía cerrar en noviembre de 2027, podrá seguir operando hasta el 8 de junio de 2030 (31 meses más), y que Almaraz II, con fecha de cierre prevista para octubre de 2028, recibe una prórroga de 19 meses, hasta esa misma fecha.

La decisión llega después de que el pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) emitiera, el pasado 16 de julio, un informe favorable “con condiciones”. Entre ellas, garantizar la dotación mínima de personal de seguridad entre 2028 y 2030.

Antes de entrar en lo que implica y lo que no implica esta prórroga, merece la pena pararse un momento en la propia central, porque Almaraz no es solo un dato en un calendario energético: es también una pieza clave de la historia energética y social de España.

Una central con historia propia

La construcción de Almaraz arrancó en 1973, promovida por CENUSA, la sociedad que en 1958 habían formado a partes iguales (33 % cada una) Hidroeléctrica Española, Unión Eléctrica Madrileña y Compañía Sevillana de Electricidad. Almaraz I se conectó por primera vez a la red el 1 de mayo de 1981 y Almaraz II lo hizo el 8 de octubre de 1983, aunque empezaron a vender electricidad regularmente más tarde: Almaraz I el 1 de septiembre de 1983, y Almaraz II el 1 de julio de 1984. En cualquier caso, todo ello en plena carrera de construcción del parque nuclear español.

Y aquí conviene recordar una cifra que suele sorprender y que recogimos en nuestro libro sobre la historia nuclear en España: entre finales de los años sesenta y mediados de los ochenta, las eléctricas españolas llegaron a solicitar permisos para más de 40 reactores. De ellos, 22 recibieron preautorización, 15 iniciaron obras y solo 10 acabaron conectados a la red. El resto quedó por el camino, víctima de la crisis del petróleo, la caída de la demanda eléctrica, los problemas de financiación y de la fortísima oposición social que se organizó en varios emplazamientos. El parque nuclear español que conocemos hoy es, en realidad, una versión muy reducida de lo que se planeó originalmente.

Extremadura fue protagonista en ambos sentidos: dio nombre a Almaraz, pero también fue uno de los escenarios donde se fraguó una parte importante del movimiento antinuclear español. El caso más recordado es el de la central de Valdecaballeros, en Badajoz, promovida también por Hidroeléctrica Española y Sevillana: construida casi por completo pero nunca puesta en marcha, fue paralizada en 1984 tras una fortísima oposición social y las dudas sobre su rentabilidad. Aquella lucha, junto con la de Lemóniz, en el País Vasco, marcó a toda una generación de activismo antinuclear en España.

Ninguna de las tres empresas que promovieron Almaraz existe ya con ese nombre. Hidroeléctrica Española se fusionó en 1992 con Iberduero para formar Iberdrola; Sevillana de Electricidad fue absorbida por Endesa entre 1991 y 1996, y Unión Eléctrica Madrileña acabó, tras varias fusiones sucesivas, integrada en lo que hoy es Naturgy. Así, la vieja CENUSA se ha transformado en la actual Centrales Nucleares Almaraz-Trillo (CNAT), con Iberdrola al frente (52,7 % de la propiedad), seguida de Endesa (36 %) y Naturgy (11,3 %).

Fueron precisamente estas tres compañías las que, en octubre de 2025, solicitaron formalmente al Ministerio la modificación del calendario de cierre, argumentando el papel de Almaraz como infraestructura esencial (llegó a suministrar más del 7 % de la electricidad del país) en un contexto marcado por la volatilidad de los precios del gas ligada a la crisis en Oriente Próximo

Vale la pena detenerse en cómo se llegó exactamente a esos 31 y 19 meses de prórroga, porque no fue un número que pusiera el Gobierno sobre la mesa: según reconstruye pv magazine España, Iberdrola y Endesa defendían inicialmente una prórroga de diez años, mientras que Naturgy se opuso a esa opción. Al ser CNAT una comunidad de bienes en la que las decisiones exigen unanimidad, la petición final que llegó al Ministerio quedó recortada a los tres años en los que sí coincidieron las tres socias. El propio informe del CSN, además, no salió por unanimidad: el pleno lo aprobó con la abstención de uno de los consejeros.

Una fuente que fue la primera y ya no lo es

Conviene recuperar la perspectiva de cuánto ha pesado la nuclear en el sistema eléctrico español. A mediados de los noventa, con el parque recién completado y antes del despegue renovable, llegó a cubrir en torno al 35 % de la demanda, siendo la primera fuente de energía eléctrica del país. Esa cuota fue descendiendo, pero no tanto por el cierre de Zorita y Garoña como por el crecimiento del sistema y el avance de las renovables.

En 2021, la energía eólica (23,3 %) superó por primera vez a la nuclear (20,6 %), un liderazgo que no ha vuelto a ceder. Desde entonces, la nuclear es la segunda fuente, oscilando entre el 19 % y el 21 % del mix, con una producción de 52 000-56 000 gigavatios-hora (GWh) anuales (frente a los más de 58 000 GWh de mediados de la pasada década). Es, por tanto, un descenso relativo, no de producción: el parque nuclear sigue operando casi a plena potencia, con disponibilidad por encima del 83 %.

Tener esto presente ayuda a matizar el debate: Almaraz y el resto reactores no son ya la columna vertebral del sistema que fueron hace treinta años, pero siguen aportando una base de generación estable, sin emisiones e independiente de Oriente Medio.

Lo que cambia y lo que no

Es importante ser precisos aquí, porque el propio comunicado del Gobierno insiste en un matiz relevante: esta prórroga afecta únicamente a Almaraz y no altera, formalmente, el calendario de cierre del resto del parque nuclear español, que sigue fijado para 2035 según el protocolo firmado en 2019 entre las eléctricas y la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa). Es decir, sobre el papel, Ascó, Cofrentes, Trillo y Vandellós mantienen sus fechas de cierre escalonado tal y como estaban previstas.

Dicho esto, sería ingenuo leer esta decisión de forma aislada. Un cambio de Gobierno podría perfectamente traer consigo una revisión de ese calendario, sobre todo si Almaraz demuestra en la práctica que una central puede operar con seguridad más allá de los 40 años inicialmente previstos. El precedente que se sienta ahora, más que el contenido literal de la orden, es probablemente lo más importante de la noticia.

Que hoy, cuatro décadas después, una parte de los extremeños (representados por plataformas como “Sí a Almaraz, Sí al futuro)”) celebren la prórroga con satisfacción, mientras que el movimiento antinuclear histórico la viva como una derrota dice mucho de cómo ha cambiado el debate energético, y también de lo distintas que pueden ser las prioridades. Ambas lecturas son legítimas. Lo que no podemos hacer es fingir que no hay tensión entre ellas, ni que el debate energético español está, ni mucho menos, cerrado.

The Conversation

Mar Rubio Varas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Almaraz gana tiempo y seguirá abierta hasta 2030 – https://theconversation.com/almaraz-gana-tiempo-y-seguira-abierta-hasta-2030-289854

¿Cambia el calendario de cierre de las centrales nucleares en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Sánchez León, Instituto Universitario de Física Fundamental y Matemáticas (IUFFyM), Universidad de Salamanca

Cartel indicador en la entrada a la central de Almaraz. Esteban Martinena Guerrer/Shutterstock

El Gobierno de España ha aprobado la ampliación de funcionamiento de la central nuclear de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030. La decisión afecta a sus dos reactores y sustituye las fechas de cierre anteriormente previstas: noviembre de 2027 para Almaraz I y octubre de 2028 para Almaraz II. La prórroga supone aproximadamente 31 meses adicionales de operación para Almaraz I y 19 meses para Almaraz II.

Aunque la decisión no modifica formalmente el calendario de cierre para el resto de las centrales, es difícil pensar que esta decisión no les afecte.

La justificación de la prórroga se relaciona con la incertidumbre del mercado energético internacional y con los problemas de suministro y precios del gas derivados de la guerra de Ucrania y de la situación en Oriente Próximo. Parece razonable pensar que también ha influido la experiencia del 28 de abril de 2025.

Ese día, el gran apagón de la península Ibérica puso de manifiesto que la transición hacia un sistema eléctrico con una elevada participación de fuentes renovables no consiste simplemente en sustituir generación convencional por generación fotovoltaica y eólica. Estas tecnologías presentan una producción variable y tienen características técnicas diferentes de las de los grandes generadores síncronos convencionales.

Tras el apagón, el porcentaje requerido de fuentes estables, como la nuclear, ha aumentado.




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La aportación de Almaraz

La central nuclear de Almaraz, situada en la provincia de Cáceres, está constituida por dos reactores: Almaraz I comenzó su actividad en mayo de 1981 y Almaraz II en octubre de 1983. Cada una tienen una potencia eléctrica neta superior a 1 000 megavatios (MW).

En 2025 produjeron conjuntamente unos 15 370 gigavatios-hora (GWh) de electricidad, cantidad equivalente aproximadamente al 7 % de la demanda eléctrica anual española. Esta producción representa una importante aportación de electricidad baja en emisiones y, si tuviera que ser sustituida por generación basada en combustibles fósiles, supondría unas emisiones adicionales de 5 millones de toneladas de CO₂.

La comparación con la energía fotovoltaica resulta también ilustrativa. Para producir anualmente una cantidad de electricidad semejante mediante instalaciones fotovoltaicas sería necesario instalar una potencia de alrededor cinco veces superior a la potencia de Almaraz. Aunque la potencia fotovoltaica instalada en estos momentos en España en horas con sol llega a cubrir toda la demanda, las razones técnicas que hemos comentado se siguen necesitando fuentes complementarias de energía. También hay que tomar en cuenta las horas con poco sol y las noches.

Además, Almaraz no es una instalación estática. Desde su inicio, se han realizado importantes inversiones y modificaciones destinadas a mejorar su seguridad, fiabilidad, potencia y disponibilidad. La cuestión que debería plantearse ahora es si tiene sentido desaprovechar esas inversiones cuando la instalación sigue siendo capaz de producir grandes cantidades de electricidad con bajas emisiones. En sus primeros años de operación producía alrededor de 11 000 MWh/año frente a los más de 15 000 MWh/año actuales.

Una decisión que plantea interrogantes

La solicitud de ampliación fue presentada en 2025 por las empresas propietarias de Almaraz: Iberdrola, Endesa y Naturgy. El Consejo de Seguridad Nuclear la evaluó técnicamente y emitió un informe favorable.

La nueva autorización tiene una peculiaridad llamativa: ambos reactores dejarán de funcionar el mismo día, el 8 de junio de 2030, aunque originalmente estaba previsto que cerrasen con casi un año de diferencia.

¿Hay razones técnicas y económicas para esa fecha coincidente de finalización? La cuestión merece ser estudiada porque los reactores nucleares realizan periódicamente paradas de recarga durante las cuales se sustituye una parte del combustible.

Cuando una central llega al final definitivo de su explotación, la planificación de la última recarga adquiere especial importancia. Una fecha de cierre rígida puede hacer que parte del combustible introducido en la última recarga no pueda aprovecharse completamente.

A ello hay que añadir, según sus propietarios, los altos impuestos que soportan las centrales nucleares, que las pueden hacer llegar a hacer inviables económicamente.

El problema de los cierres simultáneos

La cuestión adquiere mayor importancia si se mantiene el calendario previsto. Ascó I y Cofrentes tienen previsto finalizar su explotación en 2030. De mantenerse estas fechas, en un periodo relativamente corto se produciría el cierre de cuatro reactores: Almaraz I, Almaraz II, Ascó I y Cofrentes.

No se trata solamente de sustituir la electricidad que producen mediante nuevas instalaciones renovables. El sistema deberá sustituir también las características técnicas que aportan los grandes generadores convencionales y garantizar que la generación, el almacenamiento, las interconexiones y los servicios de red sean suficientes para mantener la seguridad del suministro.

Existe además un problema industrial: el desmantelamiento de varias grandes instalaciones nucleares requiere de personal experto, empresas especializadas y una considerable capacidad industrial. Si varias centrales entran simultáneamente en las distintas fases de desmantelamiento, habrá que preguntarse si se aprovechan realmente las economías de escala o si, por el contrario, se produce una concentración innecesaria de recursos y costes.




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Una oportunidad para revisar el calendario

Numerosos países están prolongando la explotación de reactores que se encuentran en condiciones adecuadas de seguridad. La autorización de Almaraz hasta 2030 debería ser una oportunidad para realizar una evaluación global del calendario nuclear español y del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 y su extensión mas allá de 2030 tomando en cuenta cuestiones como la seguridad del suministro, los costes del sistema eléctrico, las emisiones, la gestión de los residuos y la estabilidad de la red.

Una central nuclear que funciona con seguridad puede seguir produciendo electricidad durante muchos años. Si se decide sustituirla, la decisión debe basarse en una comparación rigurosa entre los costes y beneficios de mantenerla en funcionamiento y los de sustituir tanto su producción eléctrica como los servicios que proporciona al sistema. Esto es especialmente significativo en un momento como el actual, donde los propietarios de los grandes centros de inteligencia artificial buscan lugares que les garanticen un suministro eléctrico constante y estable a precios competitivos.




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Finalmente, hay una cuestión que trasciende a Almaraz. Las decisiones energéticas tienen consecuencias que se prolongan durante décadas. Por ello, sería deseable alcanzar acuerdos políticos suficientemente amplios sobre la política energética española, dejando las decisiones relativas a la seguridad y a la operación de las instalaciones en manos de los organismos técnicos competentes.

The Conversation

José Guillermo Sánchez León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cambia el calendario de cierre de las centrales nucleares en España? – https://theconversation.com/cambia-el-calendario-de-cierre-de-las-centrales-nucleares-en-espana-289830

Los jóvenes marroquíes: la generación olvidada de Mohamed VI

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

Un grupo de jóvenes en Marrakech. 108px/Shutterstock

La noche del 29 de julio, Mohamed VI pronunciaba el discurso del trono, en el que erigía la estabilidad como característica de su reinado y hacía de la economía el eje central de su intervención, exaltando los desarrollos industriales y las ambiciones tecnológicas de Marruecos.

Pocas horas después, se registraban hasta 80 000 entradas irregulares en Ceuta, dejando en las aguas mediterráneas, a los pies del paso fronterizo, al menos 83 fallecidos en el lado español y otros 11 confirmados del lado marroquí.

La narrativa oficial es que la estabilidad ha hecho de Marruecos un actor “creíble, respetado y escuchado” internacionalmente. Pero este modelo de Estado ha generado las condiciones de exclusión que expulsan a su juventud de sus fronteras.

La cuestión económica

El PIB per cápita español alcanzó en 2024 los 32 633 euros, mientras que el de Marruecos es de algo más de 4 000.

Sobre esa diferencia de ocho a uno sobreviven las familias de M’diq-Fnideq, la prefectura marroquí contigua a Ceuta. Antes había porteadoras que cruzaban con mercancías, pequeños comerciantes que compraban en la ciudad autónoma y revendían al otro lado, limpiadoras, cuidadoras y jornaleros que trabajaban en el enclave durante el día. En 2019, un informe del parlamento marroquí arrojaba luz sobre la “situación desastrosa” de estas porteadoras, cuyo número se estimaba en 3 500.

En octubre de ese mismo año, Rabat clausuró los pasos de Bab Sebta y Bab Melilia a esos tráficos.

El 22 de marzo de 2020, el BOE publicaba la decisión del cierre total de dichas fronteras. Con una tasa de paro cercana al 20 %, la zona de actividades económicas de Fnideq, habilitada como sustituto del comercio transfronterizo, apenas contaba en 2023 con 76 almacenes que generaban 1 100 empleos directos.

Según el Banco Mundial, desde 2020 la economía marroquí destruye de media 60 000 empleos netos al año, si bien el PIB creció casi un 5 % el pasado año.

El beneficio de ese crecimiento alcanza a quienes ya están incorporados a la economía formal, dejando al margen a tres millones de jóvenes marroquíes sin empleo ni formación.

La Constitución de 2011

Las primaveras árabes llegaron a Marruecos en 2011 de la mano del Movimiento 20 de Febrero (20-F), que impulsó movilizaciones para exigir reformas democráticas. Caídos Zine el Abidine Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto, Mohamed VI respondió preventivamente anunciando una reforma constitucional “profunda”.

Elaborada por una comisión de expertos designada por el soberano, pese a las protestas de amplios sectores de la población, la carta magna fue aprobada con un 98 % de votos el 1 de julio de 2011. Se ampliaron las prerrogativas parlamentarias, pero el rey mantiene el control exclusivo sobre defensa, justicia, religión y política exterior. Blandiendo la retórica del cambio, la monarquía neutralizó la contestación y salió reforzada.

Hasta 22 artículos recogen derechos y libertades, pero sin implementarse medidas para su aplicación. La igualdad entre hombres y mujeres queda supeditada a las reservas del derecho coránico. Los partidos no pueden asentarse sobre bases regionales y permanecen sujetos a la autorización del Ministerio del Interior. Desde la adopción de la Constitución de 2011, las brechas entre texto y práctica no han dejado de agrandarse.

Mohamed VI otorgó una nueva carta magna a los marroquíes, pero sigue interpretando la norma suprema a su antojo, maximizando sus prerrogativas y socavando la credibilidad de los partidos y las élites políticas. Además de fijar las grandes orientaciones políticas, escapan al control del Ejecutivo la nominación de gobernadores, embajadores y cónsules, dirigentes de empresas públicas y la composición parcial del Gabinete, en manos de una élite tecnocrática aupada por Palacio.

Invocando exigencias de estabilidad, amenaza terrorista, salvaguarda de la integridad territorial de injerencias externas, desarrollo y prosperidad, el rey se presenta como única alternativa.

La cuestión saharaui y la rivalidad con Argelia actúan como sustitutos del debate público. La posición marroquí sobre el Sáhara se ha convertido en la “causa nacional”, el principal mecanismo de cohesión dentro del espacio político. Cualquier cuestionamiento de la posición oficial al respecto roza el antipatriotismo.

La ruptura de relaciones diplomáticas con Argelia, en 2021, se instrumentalizó para movilizar apoyos internos y sancionar políticas controvertidas, canalizando las frustraciones hacia un enemigo exterior. Ambos mecanismos legitiman al sistema desde fuera y cierran el debate desde dentro.

Tradición contestataria y represión

Marruecos tiene una larga tradición de contestación. La trayectoria reciente abarca el desalojo violento de los campamentos saharauis en Gdeim Iziq (2010), el movimiento 20-F de 2011, la protesta y detención de jóvenes marroquíes descendientes de españoles reclamando la nacionalidad en Sidi Ifni (2016), las “revueltas de la sed” en Zagora (2017) o el movimiento de Jerada, tras la muerte de dos hermanos en un pozo clandestino de carbón, el 22 de diciembre de 2017.

El episodio más significativo fue el Hirak del Rif (Movimiento Popular del Rif), entre octubre de 2016 y mediados de 2018, con decenas de miles de personas movilizadas contra la marginación de Alhucemas. Su desencadenante fue la muerte de Mohcine Fikri, un vendedor de pescado que quedó atrapado en un camión de basura al intentar salvar su mercancía confiscada. Nasser Zefzafi, la figura más visible del movimiento, cumple veinte años de condena por “terrorismo”, “complot contra la seguridad interior” y “conspiración con actores extranjeros”.

El patrón se repite. A las demandas legítimas sigue una represión calibrada y concesiones simbólicas del Gobierno, que no ataja las causas estructurales, mientras el rey guarda silencio, presentándose como árbitro ecuánime.

La generación Z sale a la calle

El movimiento juvenil GenZ212, que arrancó en otoño de 2025, fue la última expresión y la más difícil de gestionar. Surgió de la muerte de hasta ocho mujeres por cesáreas mal practicadas en un hospital público de Agadir, y devino en una suerte de impugnación del modelo de desarrollo marroquí.

A diferencia del Movimiento Popular del Rif, careció de liderazgo identificable y de un programa concreto, lo que dificultó su pervivencia y complicó la represión convencional del Estado. Se organizó desde el servicio de mensajería instantánea Discord, donde el servidor pasó de 1 000 a 260 000 miembros en semanas. La consigna “Queremos hospitales, no solamente estadios” condensó la fractura entre el ingente gasto en infraestructuras deportivas (por ejemplo, el coste del estadio que se está construyendo en Casablanca se estima en casi 500 millones de dólares) y la precariedad de los servicios públicos.

Cerca de 2 480 personas fueron detenidas y 1 473 se enfrentan a causas penales. La judicialización alcanzó a artistas y comentaristas en redes sociales. El rapero Mehdi Black Wind fue detenido por una canción titulada “Pegasus”. El activista Souhaib Kabli fue condenado a ocho meses por criticar la normalización de las relaciones con Israel.

Además, una investigación de catorce medios internacionales acreditó en julio de 2026 que la DGST (inteligencia interior) utilizó el software espía israelí desde 2017 para vigilar a periodistas, activistas e incluso legisladores. El arresto del periodista Ali Lmrabet al aterrizar en Tánger se interpretó como un aviso a quienes escriben sobre Marruecos desde el extranjero.

Control de la narrativa pública

El régimen marroquí ha perfeccionado un mecanismo de control de la narrativa pública que activa en cada crisis. La Agence Marocaine de Presse (MAP), un organismo público, actúa como regulador del relato oficial.

Sus informaciones dictan la agenda de un sector audiovisual eminentemente estatal y una prensa privada propiedad de grupos económicos vinculados a la monarquía, dependiente de la publicidad institucional y de la renovación discrecional de sus licencias, por lo que impera la autocensura.

La avalancha migratoria sobre Ceuta reproduce ese patrón. La MAP cubrió el discurso y las actividades reales de la Fiesta del Trono, pero no difundió ninguna información sobre los cruces que se estaban produciendo. El ministerio de Interior marroquí no se pronunció hasta días después, atribuyendo lo ocurrido a la desinformación y a una acción coordinada en el ciberespacio.

Medios próximos al poder presentaron el episodio como “asalto teledirigido” con implicación argelina y difundieron el desmantelamiento por la Gendarmería Real de un grupo de WhatsApp por “incitar al cruce colectivo” del Tarajal. El drama se atribuyó a una manipulación en redes, no a causas estructurales.

Expulsar jóvenes como recurso geopolítico

El próximo 23 de septiembre Marruecos celebra elecciones legislativas. En 2021, la participación apenas alcanzó el 50 % de los inscritos y el partido que canalizó la esperanza reformista tras las primaveras árabes perdió más del 90 % de escaños. La desafección es el veredicto de quienes han comprendido que la disidencia tiene precio y la movilidad social es un privilegio inalcanzable.

La teoría de la privación relativa formulada por Ted Gurr explica lo ocurrido en el Tarajal mejor que cualquier cifra. La migración masiva no nace de la pobreza absoluta. Emerge del abismo percibido entre las expectativas de lo que los individuos consideran legítimo o posible y lo que el sistema les permite alcanzar.

Desde la ciudad de Fnideq, a escasos tres kilómetros de la frontera con Ceuta, esa brecha resulta más visible todavía, y las redes sociales la amplifican.

Las remesas como motor económico

En lo económico, las remesas de la emigración alcanzaron en 2024 un máximo histórico de 117 700 millones de dírhams (casi once mil millones de euros), convirtiendo a la diáspora en la primera fuente de divisas del reino.

El país que erige la estabilidad como un activo incorpora esas remesas a sus previsiones y gestiona la diáspora como palanca económica, diplomática y de presión. A diferencia del turismo o la industria, esa fuente de riqueza no requiere de infraestructuras.

Rabat ha demostrado que puede regular los flujos o dejarlos desbordarse cuando la negociación con Bruselas lo requiere. Lo que la crisis migratoria de Ceuta pone de relieve no es un fracaso de gestión. Es la puesta en escena de un modelo que ha convertido la exclusión de su juventud en un recurso geopolítico.

The Conversation

David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los jóvenes marroquíes: la generación olvidada de Mohamed VI – https://theconversation.com/los-jovenes-marroquies-la-generacion-olvidada-de-mohamed-vi-289121

El eclipse solar que nos hizo gritar de emoción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Santos Sanz, Investigador en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA/CSIC), Ciencias Planetarias, Pequeños Cuerpos del Sistema Solar., Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)

Eclipse total fotografiado el 12 de agosto en Herrera de Duero, España, con una Canon EOS 100D. Pablo Santos Sanz / IAA-CSIC.

Mi primer recuerdo de lo que supone un eclipse solar data de 1984, año en que se produjo un eclipse parcial visible desde España. Recuerdo verlo desde la ventana de la casa de mis padres armado de unas cuantas radiografías y otros tantos carretes velados. Se llevarán las manos a la cabeza, pero en aquella época no conocíamos qué era eso de las normas ISO ni existían las gafas homologadas para ver eclipses.

Años más tarde presencié el último del siglo XX, el eclipse total de 1999, que cruzaba parte de Europa. En esa ocasión, teniendo ya muy clara mi vocación de astrofísico, viajé a Francia con un grupo de aficionados de la Asociación Vallisoletana de Astronomía, de mi ciudad natal.

Pude ver la parcialidad justo antes de la totalidad, pero unos minutos antes de que la Luna cubriera totalmente el Sol, se nubló. Pese a ello, el espectáculo y las sensaciones fueron estremecedoras: la luz solar, detrás de las nubes, bajó dramáticamente de intensidad en unas décimas de segundo, como si alguien hubiera apagado súbitamente una lámpara. La gente gritaba, se abrazaba emocionada y daba saltos de alegría. Hasta yo mismo, buen conocedor de lo que iba a ver, sucumbí ante la irresistible atmósfera de vivir un eclipse total, aunque no pudiera contemplar la tan ansiada corona solar.

Después de este eclipse total “fallido”, pude disfrutar de varios eclipses parciales y de uno anular en 2005. Los años pasaron, pero me quedó clavada una espinita por aquel eclipse del 99, cuya totalidad me fue robada por unas nubes traicioneras. Así que fijé mis esperanzas en el eclipse del 12 de agosto de 2026 que, en una carambola del destino, sería total desde Valladolid, donde suelo pasar mis períodos vacacionales.

Cincuenta gafas homologadas y un telescopio inteligente

Más de un año antes empecé a prepararlo con mucha ilusión. Me hice con gafas –esta vez sí, homologadas– para mí, mi familia, y amigos: llegué a juntar 50 de todo tipo, todas probadas por mí antes del eclipse. Hice pruebas con varios telescopios y cámaras. Finalmente, me decanté por un pequeño telescopio inteligente, fácil de transportar y programar, que me permitiría disfrutar al máximo de la totalidad a ojo desnudo mientras él grababa.

Añadí al equipo una cámara digital con teleobjetivo de 300 mm, un proyector solar de cartón para los más pequeños, unos prismáticos con filtros solares, una pantalla blanca para intentar ver las esquivas franjas de sombra y hasta una espumadera para proyectar la imagen del Sol. Llevé también dos teléfonos móviles: uno para controlar el telescopio y otro, con una aplicación que daba la hora con gran precisión, para cronometrar los momentos clave. Todo ello completaba mi particular “set de eclipses”.

Set utilizado por Pablo Santos para ver (y fotografiar) el eclipse del 12 de agosto.

La noche antes del eclipse, justo después de cenar, expliqué a mi familia lo que podríamos ver al día siguiente: franjas de sombra, el efecto anillo de diamantes, las perlas de Baily y, la reina de la totalidad, la corona solar. También les dije que estaba seguro de que iban a gritar de emoción durante la totalidad. Por supuesto, no me creyeron.

El sobrecogedor momento de la totalidad

Y llegó el 12 de agosto. Pese a que sabía perfectamente lo que iba a pasar en cada momento, mi mente de astrofísico fue vencida por la emoción y los nervios. Llegué casi una hora antes del inicio de la parcialidad para preparar y probar todo y, aun así, empecé un poco tarde a grabar con el telescopio por un problema técnico.

Recuerdo haber tomado alguna foto con la cámara y el teleobjetivo, recuerdo haber gritado: “¡Cinco minutos para la totalidad!”. Y haber visto las franjas de sombra correr tenuemente en la pantalla blanca un poco antes de la oscuridad. Recuerdo también que grité: “¡Ya os podéis quitar las gafas!” justo cuando empezaba la totalidad y apareció un precioso anillo de diamante seguido de múltiples perlas de Baily.

Secuencia del eclipse visto desde Herrera de Duero.

El resto de la totalidad aún sigue pareciéndome un sueño irreal y sobrecogedor. Ese agujero negro, negrísimo, en el cielo. Y esa corona plateada rodeando el astro rey. Recuerdo haber gritado en mitad de la totalidad: “¡Mirad, ahí está Venus, a la izquierda del Sol!”. Y tras un minuto y 24 segundos bajo la sombra lunar, de pronto la luz volvió, tan brutalmente como se había ido. Otro anillo de diamante por el lado opuesto. “¡A ponerse de nuevo las gafas!”, grité.

La totalidad la viví y la sentí como un instante mágico e irreal, que trasciende totalmente mis conocimientos astrofísicos. ¡Por fin me vengué de esas nubes que me impidieron ver la corona en Francia!

Estar bajo la sombra de la Luna engancha. Ya estoy contando los días para el próximo eclipse del 2 de agosto de 2027, que podremos disfrutar desde el sur de la Península y el norte de África. Estoy seguro de que no será mi último eclipse total.

Y, por cierto, mi familia y mis amigos gritaron todos de emoción… por si había quedado alguna duda.

The Conversation

Pablo Santos Sanz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El eclipse solar que nos hizo gritar de emoción – https://theconversation.com/el-eclipse-solar-que-nos-hizo-gritar-de-emocion-289736

¿Cómo hemos llegado a esta situación con los incendios forestales en España? Echamos la vista atrás para buscar las causas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eduardo Rojas Briales, Profesor permanente laboral; ciencia e ingeniería forestal (selvicultura, repoblaciones, infraestructuras verdes, gobernanza, cooperación, recursos forestales globales, incendios). ETSIAMN, Universitat Politècnica de València

Vecino de Los Gallardos (Almería) intentando extinguir las llamas de un incendio, 11 de julio de 2026. Ataurrahmanstudio/Shutterstock

Los incendios de este verano, tanto por su intensidad como por su afectación a zonas habitadas, han generado una gran preocupación social y una búsqueda inmediata de culpables y soluciones rápidas. No obstante, hablamos de un reto tremendamente complejo debido, entre otras razones, a su excepcional escala espacial.

España ha pasado de ser un país altamente deforestado a principios del siglo XX –en 1930 tenía apenas ocho millones de hectáreas de bosque (16 % de la superficie española)– a disponer hoy de 19,1 millones (38 %).

La actual cobertura forestal española está muy por delante de Italia (31 %), Francia (32 %) o Alemania (33 %). Cabe destacar que ese avance del bosque no se explica solo por las repoblaciones, sino que responde mayoritariamente a la recuperación espontánea de los bosques quemados además de su expansión natural, sobre todo en montaña.

Los incendios no constituyen un hecho novedoso. Ya en 1968 el Ministerio de Agricultura creó el Servicio contra Incendios Forestales, incluyendo una compleja estadística en aquel momento única en Europa. Décadas antes, entre 1920 y la Guerra Civil, se produjo un creciente número de incendios como consecuencia del abandono de los viñedos debido al insecto filoxera.

Desvinculados de la naturaleza

España “se acostó” a principios de los 50 como un país eminentemente rural y subdesarrollado y se despertó en 1970 como un país urbano relativamente desarrollado. Había olvidado sus raíces y su extenso territorio rural, restringiéndolo a una cada vez más marginal fuente de mano de obra, lugar para el suministro de agua, energía y alimentos y ubicación de infraestructuras de conexión entre conurbaciones.

Como consecuencia de la pérdida de vínculo con lo natural de un medio urbano muy hostil para gran parte de la sociedad y las series de Félix Rodríguez de la Fuente, surgió el primer ansia de recuperar lo natural. Esta coincidió en el tiempo con la primera cumbre ambiental de Naciones Unidas en Estocolmo y el cambio en la denominación de la aún única administración forestal en España de Dirección General de Montes a Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza.

Con la Transición, como ocurriera en otros países de la cuenca mediterránea que salían de una dictadura, los incendios se multiplicaron en la medida en que la autoridad de los cuerpos de seguridad se debilitaba. Galicia y la costa mediterránea fueron los territorios que más sufrieron, especialmente entre finales de los 70 y mediados de los 90.

Consolidada la democracia y el sistema autonómico, las comunidades más afectadas –especialmente Cataluña, Andalucía, Galicia, Valencia, Castilla-La Mancha, Castilla y León o Canarias– se dotaron de sofisticados medios, especialmente aéreos, para mejorar la actuación inmediata en los primeros minutos de una potencial ignición. A la vez se mejoró la observación meteorológica y el análisis de la causa de ignición comenzando con la determinación exacta del arranque del fuego.

También se abordó el problema de los basureros incontrolados y las líneas eléctricas, ambos generadores de incendios, gracias a alguna sentencia contundente en lo referente a la responsabilidad civil.

Todo ello llevó a una bajada a la mitad del número de incendios y su extensión comparados con hace 30 años. Hay que recordar que el noroeste, con solo el 15 % de la superficie, acaparaba dos tercios del número de incendios en aquellos años. Pero también hay avances en esta zona: por ejemplo, Galicia ha reducido el número de igniciones en un 66,67 % desde entonces.

Las consecuencias de apostar solo por la extinción

Ya entonces los especialistas advirtieron que una apuesta basada exclusivamente en la extinción se acabaría agotando, como ya había ocurrido en Estados Unidos. De hecho, el proyecto de investigación europeo FIREPARADOX analizó esta cuestión y alertó del breve recorrido que el alivio que supusieron las fuertes inversiones en extinción comportaría.

Al reducirse las zonas quemadas, pero no actuar en el estado del monte, los contados incendios que no se consiguiesen atajar en el primer momento devendrían en megaincendios, compensando con creces lo ganado en los anteriores 10-15 años. Desde el principio de esta década hemos llegado exactamente a este punto.




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Actuaciones necesarias para prevenir incendios

El cambio climático y la alta carga de combustible fino disponible para arder en el monte ofrecen al fuego unas condiciones favorables que no hemos conocido en los últimos siglos. De ahí que sea necesario mitigar el primero y gestionar el segundo a la hora de afrontar el reto de los incendios.




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Abordar el estado del territorio es igualmente necesario en todos los casos. Las medidas requeridas corresponden en buena medida a adaptación al cambio climático e incluso mitigación, si gestionamos más activamente los bosques. Recordemos que en los países secos –como España en gran parte– la prioridad principal es la adaptación.

Otro aspecto clave es la necesidad de buscar sinergias que aprovechen óptimamente los limitados recursos públicos y respondan a las necesidades de diferentes colectivos sociales.

Recuperar la agricultura y ganadería extensiva en montaña como aliados en la lucha contra los incendios es clave también respecto a la despoblación rural. Además, estas actividades proporcionan alimentos de mayor calidad nutricional y diversificados.




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Por otro lado, aprovechar la madera, el corcho, la resina y la biomasa que producen los bosques –de la que solo aprovechamos un 60 %– permitiría reforzar la bioeconomía y avanzar más deprisa en una transición energética más diversificada, flexible en el tiempo y presente en todo el territorio, además de reforzar las pymes y acelerar la construcción con madera, clave en la reducción de emisiones de un sector estratégico como la construcción.

The Conversation

Eduardo Rojas Briales no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo hemos llegado a esta situación con los incendios forestales en España? Echamos la vista atrás para buscar las causas – https://theconversation.com/como-hemos-llegado-a-esta-situacion-con-los-incendios-forestales-en-espana-echamos-la-vista-atras-para-buscar-las-causas-289172

La tapa del eclipse, con sandía y salsa de grillos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Sanz, Directora editorial, The Conversation

Juanma Serrano/UIMP CC BY-NC-ND

Los amantes de la gastronomía conocen (y disfrutan) de la enciclopedia culinaria Modernist Cuisine. Su autor no es un cocinero sino un físico llamado Nathan Myhrvold que, mientras trabajaba para Bill Gates como director de tecnología de Microsoft, se las ingenió para matricularse en La Varenne, una escuela de cocina profesional de Francia. Y se enamoró tanto de la gastronomía que acabó cambiando su rumbo profesional para dedicar toda su atención a los procesos culinarios.

Viene a cuento porque para Myhrvold la cocina es la unión perfecta entre la ciencia, la técnica y la creatividad artística. Una definición que suscribe completamente Yasser Ríos, profesor y experto en tecnología y diseño de alimentos del Basque Culinary Center, que en la última edición del curso de verano “La aventura de divulgar ciencia en español con éxito”, celebrado en la UIMP, formuló en voz alta y respondió la pregunta: ¿qué aporta la ciencia a la creación de un plato?

“Ambas nacen de la curiosidad, la observación y la experimentación para entender cómo funciona el mundo”, explicaba Yasser, que puso sobre la mesa, con ejemplos concretos desarrollados por alumnado del Basque Culinary Center, el papel que juegan el conocimiento, la investigación y la sostenibilidad a la hora de crear nuevas experiencias culinarias que tengan no solo sabor sino, también, sentido.

Miedo, curiosidad, asombro y luz

Pudimos comprobar cómo se diseña un plato teniendo en cuenta la técnica, el sabor, la emoción y el storytelling a través de un ejemplo práctico: la creación (y degustación) de nuestra “tapa del eclipse”. Un plato creado ad hoc para el curso y que solo existió de forma efímera durante unas horas en el Palacio de la Magdalena de Santander.

“Hay dos partes en cada plato: una tangible, comestible; y otra intangible, como el storytelling y el diseño de las emociones”, explicaba Yasser.

Por eso, antes de decidir ingredientes, formatos y técnicas, analizamos junto a Yasser las emociones que puede generar un eclipse (y que, idealmente, debía trasladar a la tapa). Hace siglos, cuando se desconocía el origen del eclipse, dominaban el desconcierto, el miedo, la inquietud (¡se acaba el mundo!) y la sorpresa. Hoy el cuarteto sería más bien: asombro, fascinación, curiosidad, efecto wow.

Con esta idea en mente –y una lista de atributos ya más o menos definida–, unida al concepto astronómico de lo que es un eclipse de Sol –ese instante en que la Luna se colocará entre el Sol y la Tierra, y lo dejará todo a oscuras–, se sumaron otros conceptos a la ecuación: luz, oscuridad, temporalidad, momento efímero, círculo, transparencia… Y, por supuesto, verano.

De la sandía, hasta los andares

Yasser concibió, a partir de ahí, un original tartar de sandía (fruta estival por excelencia), de la que lo aprovechó todo: el endocarpio (la pulpa roja), el mesocarpio (blanco) y el exocarpo (la corteza externa verde). Congeló la pulpa roja y luego la descongeló para que perdiera el agua sin necesidad de calentarla. De esta manera, obtuvo una especie de carne que pudo salar y ahumar para cambiar su sabor. El mesocarpio le sirvió para hacer un delicioso encurtido, aderezado con el jugo que soltó la pulpa al descongelar, que aportó el toque ácido de la tapa. Además, tostó la parte verde de la sandía para secarla, cual si fuera un té, y preparar una infusión junto con la melaza.

La base del tartar, elegido por ser un formato reconocible que se podía comer en uno o dos bocados, era un pan de cristal totalmente transparente que contenía jugo de sandía, kuzu, almidón de patata, vinagre de sandía, ácido málico y ácido ascórbico.

Finalmente, elaboró una salsa umami con un insecto nocturno y crujiente, en alusión a esa noche momentánea que irrumpe en mitad del día cuando se produce un eclipse solar total. Seguro que lo ha adivinado: usó grillos.

En el emplatado, remató la tapa con flores de sauco, el equivalente a la alcaparra que suele aderezar el tartar.

El resultado: un exótico, misterioso y efímero bocado, con mucha ciencia detrás, que nos dejó con un buen sabor de boca en los preliminares del auténtico eclipse.

The Conversation

ref. La tapa del eclipse, con sandía y salsa de grillos – https://theconversation.com/la-tapa-del-eclipse-con-sandia-y-salsa-de-grillos-289544

Cómo hablar de inmigración en el aula

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Osorio García de Oteyza, Profesor área Geografía Humana (Humanidades y ciencias sociales), Universidad Francisco de Vitoria

koldo_studio/Shutterstock

Las migraciones son un hecho natural y constante en la historia. Cambiar el lugar de residencia, de manera individual o colectivamente, ha sido el comportamiento natural de las sociedades humanas: los hombres prehistóricos se desplazaban buscando alimento y climas templados; hoy se migra para buscar trabajo o para huir de una guerra o de la violencia.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) (creada por las Naciones Unidas en 1951 para orientar las políticas de una migración más humana y ordenada) cifró en 281 millones las personas habían migrado a otros países en 2024. Este numero es sólo un 3 % del total de la población mundial, un porcentaje más o menos estable.

Cambio en los países de acogida

Lo que sí cambia a lo largo de la historia es de qué países salen personas y a qué países se dirigen. Hay lugares, como Estados Unidos, que han sido siempre receptores de migrantes. Otros, como España, que en otras épocas fue un país de emigrantes, son hoy sobre todo puntos de destino. Por otro lado hay países como Argentina que fueron especialmente receptores y hoy son emisores.

España ha pasado de un millón de personas con nacionalidad extranjera en el año 2000 a siete millones en 2026, entre los que hay una mayoría procedentes de América, en segundo lugar de Europa y en tercer lugar de África. Estas cifras suponen que uno de cada cinco residentes en España es originario de otra cultura, lo que implica un reto para la convivencia.

Cuando los políticos o los medios de comunicación tratan este tema, hay una serie de palabras que se suelen oír o leer con frecuencia. A continuación, explicamos su origen y significado objetivo, así como la intención y connotaciones con que suelen utilizarse.

Xenofobia y racismo

La xenofobia es el rechazo o el odio a la persona de origen extranjero. Se traduce en actitudes, prejuicios o conductas que rechazan, excluyen y, muchas veces, desprecian a esas personas. En distintos contextos, tanto en la vida real como en las redes sociales, se utilizan términos racistas que discriminan a las personas por su origen o raza.

De esta manera se etiqueta de forma negativa a los grupos humanos como si todos se comportasen de la misma manera, discriminando por su color de piel, su lengua, sus costumbres o nacionalidades; así, si una persona de un país ha robado, a veces se dice que todos los que son de ese país son unos ladrones.




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¿Cómo contamos la realidad?

Cuando las personas y los medios de comunicación transmiten información y noticias, a menudo utilizan una “narrativa” (también llamado “marco narrativo” o “relato”) determinada. Es el hilo conductor que crea una historia, con unos personajes, y conecta los datos y los hechos con las emociones.

Imaginemos un hecho muy reciente: la llegada a Ceuta de más de 50 000 personas procedentes de Marruecos el pasado 30 de julio de 2026. Cuando algunos medios utilizan, para referirse a este hecho, la palabra “invasión” están creando en nuestra mente un marco narrativo bélico y de ataque. Si en cambio se habla de “entrada” de inmigrantes, nuestra percepción de un hecho similar es totalmente distinta.

Es decir, cada narrativa tiene un impacto en quienes la leen o la escuchan: configuran nuestra imaginación y nuestra forma de entender las cosas.

Narrativa antimigratoria

Con las cuestiones migratorias abundan narrativas, muchas veces falsas, exageradas o tergiversadas, que nos llegan en forma de noticia.

A menudo deshumanizan al inmigrante (hablando, por ejemplo, en lugar de personas de “flujos migratorios”) o equiparan la inmigración con problemas de seguridad o de pobreza. Así se distancian de los que llegan, que son “otros”, diferentes. “Ellos” frente a “nosotros”.

Estos relatos suelen construirse entorno a cinco ejes: la securitización, que asocia migración y delincuencia; la retórica identitaria, que presenta la diversidad como amenaza cultural; el rechazo al extranjero, con islamofobia y aporofobia; la condena de la movilidad humana; y la instrumentalización electoral.

De la narrativa antimigratoria al odio

Uno de los efectos obvios de las narrativas antimigratorias es la generación de rechazo, miedo o incluso odio hacia los migrantes. Aunque España es uno de los países de Europa que mejor valora la integración social de los migrantes, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia notificó 2 655 casos de contenidos de odio racista en redes sociales en 2023. La plataforma con más incidencias fue X/Twitter (30,4 %), seguida de Instagram (21,4 %) y Facebook (20,5 %). Las plataformas solo retiraron el 49,4 % de los contenidos notificados.

Los menores migrantes no acompañados fueron en 2023 el colectivo más victimizado: en el 45,5 % del discurso de odio dirigido a ellos se les vincula con inseguridad ciudadana usando lenguaje agresivo explícito.




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Aplicación de nuevas narrativas migratorias

Usar un lenguaje respetuoso es el primer paso para tratar con dignidad a todas las personas. He aquí algunas herramientas a tener en cuenta:

  1. Prescindir de comparaciones que enfatizan un sentimiento de enfrentamiento entre nosotros y ellos, los de aquí y los de allí. Escapar de dicotomías que presentan a esos supuestos “otros” como enemigos irreconciliables.

  2. Evitar los estereotipos y las generalizaciones. Cada persona tiene su propia historia que la hace única.

  3. Desprenderse de los prejuicios. No reducir a una persona a su lugar de nacimiento.

  4. Analizar las palabras y los mensajes que se usan para detectar cuándo se está usando un discurso sesgado por la narrativa antimigratoria.

  5. Utilizar la empatía y respetar la dignidad inherente a todas las personas.

  6. Verificar antes de compartir. Ante imágenes o vídeos impactantes sobre migración, contrastar siempre la fuente.

The Conversation

Miguel Osorio García de Oteyza recibe fondos de FECYT entonces perteneciente al Ministerio de Ciencia e Innovación.

ref. Cómo hablar de inmigración en el aula – https://theconversation.com/como-hablar-de-inmigracion-en-el-aula-284141

Qué ocurre después del ‘match’: citas, sexo y relaciones en las aplicaciones de citas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Mañas Acero, Profesora de Intervención Integral en Violencia de Género, Universidad Pontificia Comillas

Drazen Zigic/Shutterstock

La curiosidad, la búsqueda de validación o el amor. Esas son algunas de las razones que nos impulsan a usar una aplicación de citas. Pero ¿qué sucede cuando la pantalla nos devuelve un match?

En los últimos años, las aplicaciones de citas se han posicionado como una de las principales vías para conocer gente y buscar pareja/s. Hoy navegamos entre multitud de opciones: Meetic, Grindr, Adopta un Tío, OkCupid o Tinder. Esta última destaca por su alcance internacional, con presencia en más de 185 países y disponible en más de 60 idiomas.

La expansión de estas aplicaciones y sus cifras de uso evidencian un nuevo escenario de relaciones en el que las interacciones digitales y presenciales se entrelazan de forma constante.

El inicio del vínculo digital

En el juego de las apps de citas, el match es solo el comienzo. Si ambas personas coinciden en gustarse o en mostrar interés, la plataforma habilita la posibilidad de entablar una conversación privada.

Sin embargo, no todo match se traduce en una conversación, ni toda conversación en un encuentro. Fenómenos como el ghosting –una forma de terminar o interrumpir una relación en la que una persona corta toda comunicación de manera repentina y sin dar explicaciones– o la pérdida de interés pueden hacer que muchas interacciones se queden en el camino.

En este artículo compartimos los resultados de un estudio basado en el análisis de las experiencias de 667 personas usuarias de apps de citas. El objetivo era conocer qué interacciones se producen tras el primer contacto.

De la pantalla a la cita presencial: ¿y después?

El paso de lo digital a lo presencial parece, en muchas ocasiones, una progresión natural cuando la interacción inicial funciona. De este modo, el resultado más frecuente después de la interacción virtual fue conocer a personas cara a cara. La mayor parte de participantes había tenido al menos una cita presencial, y por término medio habían quedado con 11 personas.

Ahora bien, no todas esas citas derivan en una interacción más estrecha. Alrededor de la mitad generaron cierta conexión, dando lugar a contactos más íntimos, como los besos. Esto podría indicar que el “salto” a la cita es relativamente común, pero que la química y la continuidad se juegan, sobre todo, en el encuentro presencial.

Sexo e intimidad en las citas

Las relaciones sexuales suelen ser una de las principales motivaciones en el uso de apps de citas, y también aparecen con frecuencia en las trayectorias que se inician en estas plataformas. En nuestro estudio, la mayoría de los contactos afectivos establecidos acabó en relaciones sexuales. Sin embargo, la continuidad sexual con una misma persona se reduce considerablemente: de media, esas relaciones se mantuvieron con unas tres personas.

El patrón parece bastante claro. El encuentro sexual puede ocurrir, pero mantenerlo en el tiempo depende de algo más que la atracción inicial: entran en juego factores como la compatibilidad, el interés mutuo o el momento vital.

Cuando surge el vínculo estable

¿Cuántas veces un match termina en vínculo estable? Pues menos de las que podríamos esperar. En nuestro estudio, las relaciones de pareja surgidas a través de apps fueron menos frecuentes: de media, las personas participantes reportaron unas dos.

Este contraste entre contactos y relaciones estables sugiere que solo una parte pequeña de las interacciones iniciadas en estas plataformas termina en pareja. Como sucede con los ligues fuera de la pantalla, vincularse de forma estable requiere algo más que una atracción inicial: necesita tiempo, compromiso y expectativas compartidas, elementos menos inmediatos que el match.

Género, orientación y edad importan

Las experiencias en apps de citas no son homogéneas. En nuestro estudio, factores como el género, la orientación sexual o la edad se asocian con diferencias en cómo y cuánto se interactúa.

Al examinar los resultados desde una perspectiva de género, aparece una brecha clara: los hombres reportan el doble de citas presenciales que las mujeres. Además, declaran el doble de interacciones en el resto de resultados analizados, incluyendo besos y relaciones sexuales. Estas diferencias pueden tener varias lecturas.

Por un lado, muchas mujeres adoptan estrategias de autoprotección cuando quedan con hombres desconocidos, como quedar en lugares públicos o informar a su entorno. Por otro, algunas teorías apuntan a diferencias en las motivaciones: los hombres podrían priorizar el sexo a corto plazo, mientras que las mujeres pondrían más énfasis en la seguridad o la conexión emocional.

En todo caso, es mejor no hacer lecturas rígidas o estereotipadas, ya que estas tendencias conviven hoy con procesos de cambio como el empoderamiento femenino y la transformación de las normas sexuales.

En los datos también aparecen diferencias según la orientación sexual. Los hombres homosexuales reportan un mayor número de interacciones. Esto sugiere que las apps de citas pueden funcionar como espacios de exploración con mayor anonimato y menor estigma social en la expresión de la identidad sexual.

Por último, la edad también introduce diferencias. Las personas adultas (31-50 años) y las mayores de 50 años reconocen haber tenido más citas y relaciones afectivo-sexuales que las jóvenes.

Quizás las personas adultas y mayores tienden a tener expectativas más claras y definidas –como la búsqueda de estabilidad o una vida sexual activa–, mientras que las más jóvenes pueden utilizar estas apps de forma más exploratoria y encontrar otros espacios de socialización en los que establecer nuevas relaciones.

Nuevas formas de relacionarnos

El match inicial es el comienzo de un recorrido incierto. A partir de ahí, muchas interacciones se quedan en mensajes que no avanzan. Otras pasan a una cita. Algunas terminan en besos o en sexo. Y solo en una pequeña parte de los casos aparecen vínculos que se consolidan.

Las apps de citas dibujan un mapa complejo de relaciones contemporáneas. Tener esta información puede ayudarnos a ajustar expectativas. Las aplicaciones pueden ampliar oportunidades de contacto y acelerar el inicio de la interacción, pero no eliminan los requisitos habituales para sostener una relación. Entender ese recorrido –y saber en qué punto se quedan la mayoría de interacciones– permite leer con más realismo qué pueden aportar estas plataformas y hasta dónde llegan.

En el fondo, comprender qué ocurre después del match no solo nos permite conocer mejor cómo nos relacionamos hoy, también nos permite entender cómo estamos construyendo y negociando la intimidad en el siglo XXI.

Estos datos provienen de un cuestionario online de carácter nacional y recogen la experiencia de quienes participaron de forma voluntaria. Por tanto, no equivalen a una fotografía representativa de la población. Aun así, nos permiten conocer, de una forma más aproximada, los resultados y las experiencias de las personas usuarias tras el uso de apps de citas y qué evidencian dichas experiencias sobre las formas contemporáneas de relacionarnos social, afectiva y sexualmente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Qué ocurre después del ‘match’: citas, sexo y relaciones en las aplicaciones de citas – https://theconversation.com/que-ocurre-despues-del-match-citas-sexo-y-relaciones-en-las-aplicaciones-de-citas-281092

La falacia del ‘Just Do It’: por qué el cerebro prefiere el sofá al gimnasio (y no es culpa nuestra)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Rodríguez, Investigador predoctoral en las bases evolutivas y neuropsicológicas de la (in)actividad física humana, Universidad de Oviedo

New Africa/Shutterstock

“Nunca evolucionamos para hacer ejercicio”, afirma el biólogo evolutivo Daniel Lieberman. Y tiene razón. El ser humano ha evolucionado para ser físicamente activo por pura necesidad de supervivencia: cazar, recolectar y explorar.

Sin embargo, el ejercicio –entendido como actividad planificada y estructurada para mejorar la forma física– es un concepto mucho más reciente. Hoy, aunque la tecnología ha reducido drásticamente la necesidad de movernos, la actividad física sigue siendo esencial para conservar nuestra salud física y mental.

Las estadísticas son alarmantes. A nivel global, 1 de cada 3 adultos y 8 de cada 10 adolescentes no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud. El 90 % elige el ascensor frente a las escaleras, y solo la mitad de quienes se proponen hacer ejercicio logra cumplir su objetivo.

Estos datos nos invitan a reflexionar: ¿por qué ciertas personas disfrutan corriendo un ultramaratón bajo el sol abrasador del desierto, mientras que otras sudan en frío con solo pensar en salir a dar una vuelta a la manzana?

Más allá de la fuerza de voluntad

En 1988, la compañía Nike lanzó un spot publicitario protagonizado por un octogenario sonriente llamado Walt Stack que aparecía corriendo por el Golden Gate de San Francisco mientras explicaba cuál era su motivación para hacerlo a diario. El anuncio terminaba con tres palabras escritas en blanco sobre fondo negro: Just Do It.

Sencillo, ¿verdad? Pero ¿será solo cuestión de fuerza de voluntad lo que distingue a quienes hacen ejercicio de quienes no lo hacen? Parece que no todos partimos de la misma casilla de salida, pues diversos estudios en gemelos han revelado que aproximadamente el 60 % de nuestra capacidad de autocontrol está condicionada genéticamente.

Nuestra disposición a movernos está influida por procesos inconscientes. Así, las decisiones sobre realizar o no ejercicio pueden estar determinadas por predisposiciones biológicas que moldean la percepción del esfuerzo, el placer o la incomodidad.

Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky propusieron un modelo que ayuda a entender este conflicto entre el comportamiento automático y el deliberado. Según ellos, nuestras decisiones están determinadas por el “sistema 1”, rápido e intuitivo (por ejemplo, apartar la mano del fuego), y el “sistema 2”, lento y analítico (mantener hábitos como el ejercicio). Pues bien, las decisiones racionales del sistema 2 reciben la influencia de mecanismos inconscientes, lo que plantea una idea fascinante: nuestras elecciones, como levantarse del sofá, podrían estar determinadas por procesos cerebrales que escapan al control consciente.

Como explica el psicólogo y escritor canadiense Steven Pinker, no somos una hoja en blanco, sino organismos evolutivos diseñados para responder al mundo. Comportamientos como elegir las escaleras mecánicas frente a las convencionales responden a mecanismos ancestrales destinados a ahorrar energía en entornos de escasez.

En una sociedad dominada por la búsqueda del placer inmediato, donde pasar la tarde deslizando el dedo por una pantalla resulta más sugerente que atarse las zapatillas, someter al cuerpo a esfuerzos “innecesarios” supone un desafío directo a nuestra programación biológica más primitiva. Y es que, salvo que exista una recompensa suficientemente valiosa, el cerebro tiende a favorecer las conductas de menor coste energético. Por ello, iniciar y mantener la actividad física suele requerir más recursos cognitivos que dejarse llevar por la inactividad.

La dopamina y otros factores que escapan a nuestro control

Aquí entra en juego la dopamina, el neurotransmisor que regula el placer y la tolerancia al esfuerzo. Las variaciones individuales en el sistema dopaminérgico e, incluso, la composición de la microbiota intestinal modulan nuestra motivación para hacer ejercicio. Lo que es evidente es que estos factores no dependen de nosotros, como tampoco la actividad física que nuestra madre realizó durante el embarazo, que predice nuestros niveles de actividad física en la etapa adulta.

No obstante, la biología no basta para explicar el comportamiento humano, y aspectos como la experiencia y el contexto social alteran la autoeficacia y la motivación con el ejercicio. Así, gemelos idénticos, que comparten un mismo ADN, divergen en su respuesta a la actividad física en función de malas experiencias o inseguridades corporales. Estas vivencias modulan la relación emocional con el movimiento y pueden generar trayectorias opuestas.

De la culpa individual a la responsabilidad colectiva

Reconocer estos condicionamientos no significa ser fatalistas. Una vez comprendemos la influencia de los factores biológicos y ambientales, eliminamos el componente moral de la inactividad. Así, aceptar que el esfuerzo físico no tiene el mismo coste para todos nos obliga a mirar menos al individuo y más a las situaciones en las que vive.

El diseño urbano amplifica las desigualdades biológicas. Según el estudio PASOS, que incluyó a más de 4 000 menores de edad, aquellos que viven en barrios de bajo estatus socioeconómico y escasa accesibilidad peatonal registran menos minutos de juego al aire libre y menor participación en actividades deportivas.

Las políticas actuales buscan actuar desde las primeras etapas de la vida. La promoción del ejercicio físico durante el embarazo, el impulso de la educación física y el acceso universal a espacios recreativos son estrategias que pretenden compensar desventajas biológicas o contextuales antes de que se consoliden.

Los contextos socioeconómicos, los marcos normativos, los modelos educativos y el diseño de los espacios comunes deben operar como aliados de la motivación. Por ejemplo, en Cluj-Napoca (Rumanía), puedes obtener un billete de bus a cambio de hacer 20 sentadillas. Con más de 200 000 billetes emitidos, esta iniciativa demuestra que es posible transformar un esfuerzo biológicamente costoso en un juego de recompensa inmediata.

En última instancia, debemos entender la libertad como una construcción colectiva. Como escribió el filósofo Arthur Schopenhauer: “El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer [elegir] lo que quiere”. El verdadero acto de voluntad colectiva no reside en exigir un simplista Just Do It, sino en diseñar entornos que inviten al movimiento.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. La falacia del ‘Just Do It’: por qué el cerebro prefiere el sofá al gimnasio (y no es culpa nuestra) – https://theconversation.com/la-falacia-del-just-do-it-por-que-el-cerebro-prefiere-el-sofa-al-gimnasio-y-no-es-culpa-nuestra-288546

John Galliano en el Met: ¿puede el talento sobrevivir al juicio moral?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

John Galliano en un fotograma del documental _Auge y caída de John Galliano_. Nicholas Matthews/StudioTF1, FAL

El Metropolitan Museum of Art de Nueva York anunció el pasado 31 de julio que la gran exposición de primavera de 2027 de su Costume Institute estará dedicada a John Galliano. John Galliano: Horizons recorrerá cuatro décadas de trayectoria, desde sus años de estudiante en Central Saint Martins de Londres hasta su trabajo para su propia firma, Givenchy, Christian Dior y Maison Margiela. Será la primera gran retrospectiva museística centrada exclusivamente en el diseñador, a quien el propio Met define como uno de los creadores más inventivos e influyentes de la moda contemporánea.

La elección tiene además un carácter excepcional: Galliano será solo el tercer diseñador vivo al que el Costume Institute dedica una exposición monográfica, después de Yves Saint Laurent, en 1983, y Rei Kawakubo, en 2017.

Pero su trayectoria quedó marcada en 2011 por varios episodios de insultos antisemitas y racistas que provocaron su despido de Dior y una posterior condena de la justicia francesa. De ahí que el anuncio haya recuperado una discusión que excede ampliamente la moda: ¿merece Galliano semejante reconocimiento?

Quizá la pregunta esté mal planteada. Una exposición no es exactamente un premio y un museo no es un salón de la fama para figuras moralmente ejemplares. Según el Consejo Internacional de Museos, su función incluye investigar, conservar, interpretar y exhibir patrimonio, pero también favorecer la educación y la reflexión.

El caso Galliano obliga, así, a preguntarse algo más complejo: cómo reconocer una aportación cultural extraordinaria sin transformar ese reconocimiento en la absolución de quien la produjo.

Antes de Dior ya estaba Galliano

Para entender la polémica hay que comprender primero por qué Galliano importa.

En 1984 presentó en Saint Martins Les Incroyables, una colección de graduación inspirada en la Francia posrevolucionaria y atravesada por la cultura del Londres de los ochenta. Aparecían ya allí los elementos que definirían su lenguaje: historicismo, romanticismo, dramatización de la silueta y, especialmente, la utilización de la ropa para construir personajes.

Su singularidad no residió simplemente en recurrir al pasado. Galliano podía partir del siglo XVIII, del corte al bies de la diseñadora francesa Madeleine Vionnet, del cine o de un personaje literario y recombinar todas esas referencias hasta convertirlas en algo reconociblemente suyo. La historia no era un archivo que reproducir, sino una materia que desmontar y volver a ensamblar.

Detrás de la teatralidad existía además una enorme competencia técnica: dominio del corte, atención a la construcción del cuerpo y una capacidad extraordinaria para conseguir movimiento y ligereza en prendas de gran complejidad.

Por eso Dior no inventó a Galliano. Cuando llegó a la casa francesa en 1996 el británico llevaba más de una década desarrollando su lenguaje y había pasado ya por Givenchy. Dior le dio algo diferente: escala. El archivo, la alta costura, los artesanos, los recursos económicos y el alcance global permitieron proyectar aquella imaginación sobre una de las grandes instituciones de la moda.

El desfile como mundo

Galliano tampoco se limitó a hacer vestidos espectaculares. Contribuyó a transformar el desfile en una experiencia narrativa en la que prendas, música, maquillaje, escenografía, casting y movimiento construían un mismo universo.

Él, Alexander McQueen y otros diseñadores de los años noventa desplazaron el desfile hacia territorios próximos al teatro y la performance, convirtiéndolo en un espacio desde el que articular fantasías, identidades y ansiedades contemporáneas.

Galliano entendió antes de que el storytelling se convirtiera en lenguaje habitual del marketing que una colección podía contar una historia completa. Las modelos no llevaban simplemente ropa: encarnaban personajes. Sus desfiles podían funcionar como acontecimientos culturales y no únicamente como presentaciones comerciales.

En ese proceso contribuyó también a consolidar la figura contemporánea del director creativo como autor total: alguien capaz de diseñar prendas, interpretar un archivo, construir imágenes y producir un universo simbólico alrededor de una marca.

Ahí reside buena parte de su excepcionalidad. En Galliano convergen conocimiento histórico, virtuosismo técnico, intuición visual y una capacidad narrativa poco habitual. Calificarlo de “genio” resulta problemático precisamente porque la propia noción arrastra una larga mitología cultural. Pero ignorar la excepcionalidad de su talento impediría comprender por qué su caso resulta tan incómodo. Si Galliano hubiera sido un diseñador menor, probablemente este debate no tendría la misma intensidad.

La decisión del Metropolitan de dedicarle esta retrospectiva también puede leerse en relación con el momento que atraviesa la propia moda. En un sistema cada vez más condicionado por la velocidad, la producción continua de novedad y la circulación inmediata de imágenes, la dimensión artística y cultural de la disciplina corre el riesgo de quedar subordinada a su lógica industrial y comunicativa. Volver sobre Galliano permite precisamente recordar otra tradición de la moda: la que investiga, cita, construye lenguaje, produce memoria y dialoga con la historia del arte, el cine, la literatura o la cultura visual.

En ese sentido, no resulta extraño que sea un museo quien vuelva a situarlo en el centro. Si una institución cultural no reivindica la moda como objeto de conocimiento, creación y patrimonio, difícilmente lo hará una industria sometida a la urgencia de la siguiente temporada. Y si se busca una figura capaz de condensar esa dimensión artística de la moda contemporánea, Galliano resulta difícil de sustituir.

Cuando la biografía cambia nuestra mirada

Su caída en 2011 alteró inevitablemente la lectura de todo lo anterior. Tras ser despedido de Dior, regresó a la industria como director creativo de Maison Margiela.

Se puede estudiar el contexto de adicciones, presión profesional y deterioro personal que acompañó aquel periodo, pero contextualizar no equivale a justificar.
La cuestión es qué ocurre cuando lo que conocemos del autor modifica nuestra experiencia de su obra.

Un vestido de Galliano de 1997 no cambió materialmente en 2011. Cambió el contexto desde el que lo mirábamos.

Vestido rojo de estilo flamenca de alta costura de John Galliano exhibido en París en la Galería Dior. Hay una reproducción grande al fondo de una fotografía de una modelo vistiendo la prenda.
Vestido de alta costura de John Galliano exhibido en París en la Galería Dior. La fotografía que está de fondo es de Peter Lindbergh, en 1997.
Lila Louisa/Shutterstock

Qué exposición merece Galliano

Ahí entra el museo. Las instituciones culturales no solo conservan objetos: producen contextos y participan en su legitimación. Desde la sociología de la cultura sabemos que el canon no depende únicamente del valor intrínseco de las obras, sino también de museos, críticos, conservadores y otras instituciones capaces de otorgarles reconocimiento.

Por eso situar a Galliano junto a Saint Laurent y Kawakubo entre los escasísimos diseñadores vivos que han recibido una monográfica del Costume Institute supone una afirmación sobre su posición en la historia de la moda.

La pregunta deja entonces de ser si Galliano merece una exposición para convertirse en otra: qué exposición merece Galliano.

El Metropolitan ha adelantado que Horizons abordará tanto su producción creativa como sus comportamientos antisemitas, racistas y anti-asiáticos de 2010 y 2011, sus consecuencias y el modo en que han modificado la recepción posterior de su trabajo. Una retrospectiva que recurriera al viejo relato romántico del “genio atormentado” correría el riesgo de blanquear su biografía. Pero eliminarlo de la historia produciría también un relato incompleto.

Admirar sin mitificar

El debate conecta con una vieja cuestión de la filosofía del arte: si la valoración estética puede mantenerse completamente separada de la moral. El filósofo americano Noël Carroll ha defendido un “moralismo moderado” según el cual, en determinadas circunstancias, los aspectos éticos pueden formar legítimamente parte de nuestra valoración artística.

Un hombre y una mujer, ambos con vestidos de gala, posan en una alfombra roja.
John Galliano y Charlize Theron, con un modelo de Dior Haute Couture diseñado por Galliano, en la gala inaugural de la exposición AngloMania: Tradición y transgresión en la moda británica, en el Museo Metropolitano, el 1 de mayo de 2006.
Everett Colletion/Shutterstock

Esta posición permite evitar dos extremos: ni la conducta de un creador vuelve automáticamente irrelevante toda su obra, ni la excelencia artística convierte en irrelevante su responsabilidad moral.

Ese podría ser precisamente el reto del Metropolitan: permitir al público apreciar la innovación de Galliano sin necesidad de mitificar al hombre. Enseñar, en definitiva, no qué debe admirarse, sino cómo mirar críticamente aquello que admiramos.

Ahí reside probablemente el verdadero interés de John Galliano: Horizons. Más que resolver la vieja cuestión de si es posible separar la obra de su autor, la exposición obliga a pensar cómo se incorpora al patrimonio cultural una figura cuya importancia histórica convive con una biografía difícil de neutralizar.

Porque los museos no solo conservan el pasado: también producen los marcos desde los que ese pasado será interpretado. Decidir qué se exhibe, cómo se contextualiza y qué lugar ocupa dentro del relato institucional forma parte de la construcción misma del canon.

El caso Galliano plantea así una cuestión que excede ampliamente a la moda: cómo reconoce una sociedad el valor de aquello que considera culturalmente relevante sin convertir ese reconocimiento en indulgencia.

Quizá ese sea uno de los desafíos contemporáneos de la cultura: aprender a preservar la complejidad sin convertirla ni en absolución ni en borrado.


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The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. John Galliano en el Met: ¿puede el talento sobrevivir al juicio moral? – https://theconversation.com/john-galliano-en-el-met-puede-el-talento-sobrevivir-al-juicio-moral-289734