La Guerra Civil en las aulas: ¿la estamos enseñando bien?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Néstor Banderas Navarro, Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales, Universitat de València

EF Stock/Shutterstock

La Guerra Civil es un episodio de la historia reciente de España que dio lugar a la implantación de un sistema dictatorial represivo de casi cuarenta años. A noventa años de su inicio, forma parte de la memoria colectiva como un hecho traumático y conflictivo, y aún está presente en los debates ideológicos y políticos.

Su enseñanza resulta fundamental no solo para entender el pasado más o menos cercano, sino como conocimiento básico sobre el que construir una educación cívica y democrática antes de abandonar el sistema educativo.

Pero ¿es así? ¿Salen los chicos y chicas de la educación obligatoria entendiendo y habiendo estudiado este episodio del pasado, sus orígenes y sus efectos?




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¿Una asignatura pendiente?

Las leyes educativas han cambiado a menudo en los últimos años en España, pero todas han coincidido en no dar a este contenido histórico el tiempo y peso académico que merece.

Si bien se han dado algunos pasos en la última ley educativa, la realidad es que se puede dedicar muy poco tiempo en el aula a enseñar qué fue, cómo se desarrolló y por qué sucedió la guerra civil.

Únicamente se toca en 4º de la ESO, el último curso de educación secundaria obligatoria, dentro de la asignatura de Historia, que tiene tres horas semanales. En ese tiempo el temario incluye no solo la Historia Contemporánea española, sino también la europea, incluyendo movimientos e hitos en el campo del arte. En algunas autonomías como Madrid, Murcia o Extremadura se reduce el contenido al siglo XX, permitiendo más tiempo para trabajar estos procesos.




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Los estudiantes que continúan con Bachillerato más allá de la secundaria obligatoria se encuentran en el segundo curso la materia de Historia de España. En este nivel se centra en los siglos XIX y XX, aunque algunas autonomías incluyen también contenidos previos (por ejemplo, desde la prehistoria, en el caso de Madrid, o Edad Antigua en Murcia).

En este contexto, es muy difícil tratar contenidos como el de la guerra y la dictadura con la debida atención y profundidad. De ahí las importantes carencias formativas del alumnado en torno a estos temas: confusiones sobre ubicación cronológica básica, desconexión de la Guerra Civil con el contexto europeo, equiparación moral de los contendientes, desconocimiento del significado profundo de la represión…

Esta falta de conocimientos se traduce en ocasiones en una interpretación benévola por parte de la población española hacia el franquismo.

Carencias clave más allá del tiempo de clase

Además de estas dificultades estructurales en el tratamiento de la Guerra Civil, existen también otro tipo de factores limitantes.

En primer lugar, los libros de texto, que son los recursos más utilizados en las aulas de historia. A pesar de los avances innegables en la calidad de sus textos y recursos, siguen sin introducir con amplitud cuestiones clave como la represión, la perspectiva de género o los efectos de la guerra a nivel social.

Por ejemplo, todavía falta un tratamiento más claro de la realidad local de la represión, con ejemplos vinculados al contexto del alumnado, así como de la represión específica de género o la existencia de resistencias y transgresiones cuando se incluye a mujeres en el relato histórico.

En segundo lugar, la formación del profesorado, fundamental para suplir las carencias de los manuales escolares, depende mucho de los planes de estudio de los grados universitarios. Por ejemplo, en los estudios universitarios de Historia, en muchos casos, reproducen problemas similares a los que se ven en 4º de la ESO: temarios inabarcables y atención insuficiente a la conflictiva historia reciente.

Es decir, tampoco los docentes de Historia han estudiado en profundidad este periodo histórico en su formación universitaria.

Narrativas acríticas

Además de enseñarse poco, cuando se enseña, el tratamiento que se hace en el aula, en ocasiones, presenta problemas de reproducción de narrativas acríticas: que el conflicto era inevitable, o que la II República, el régimen durante el que se produjo el levantamiento que dio lugar a la guerra, fue responsable en parte o en la misma medida que los sublevados. Unos relatos que fueron apuntalados por la dictadura franquista en aras de construir su legitimidad.

Por último, la reciente consolidación de las extremas derechas a nivel mundial y español supone también un desafío. Especialmente por las posturas ambiguas o de abierta simpatía hacia el franquismo y por el rechazo a las políticas de memoria. Ello ha contribuido a normalizar y a legitimar la aparición de actitudes de conflictividad y reactividad en las aulas, dando por buenos discursos presentes en redes sociales sobre la guerra que distan mucho de lo investigado durante décadas desde la academia.




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Posibilidades y buenas prácticas

Ante esta realidad, resulta fundamental atender a las buenas prácticas que el profesorado está llevando a cabo en las aulas, tal y como se recoge en la reciente obra publicada Franquismo enseñado. Historia reciente y memoria democráticas en las aulas.

Una parte del profesorado, especialmente el comprometido con el tratamiento de la memoria democrática y con una historia escolar que contribuya a una ciudadanía crítica, toma decisiones didácticas conscientes al abordar la guerra.

Por ejemplo, haciéndolo desde el plano internacional, desde la historia sociocultural, teniendo en cuenta la agencia individual y colectiva, incorporando la experiencia de soldados, mujeres, niños y niñas, exiliados o focalizando la atención en la represión.

Todo ello mediante la inclusión de fuentes históricas diversas que se alejen del canon bélico con que a menudo ha sido enseñada la guerra. Por ejemplo, a partir de la introducción de fuentes orales disponibles en multitud de repositorios, examinando fotografías históricas, realizando itinerarios educativos con el fin de rastrear vestigios en nuestros pueblos y ciudades de la guerra (trincheras, edificios…), utilizando novelas gráficas, etc.

En definitiva, estas buenas prácticas muestran la necesidad de una acción consciente del profesorado para suplir carencias estructurales e insertar la historia reciente de España como contenido, posiblemente conflictivo, pero imprescindible para dotar de herramientas democráticas al alumnado.

The Conversation

Néstor Banderas Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La Guerra Civil en las aulas: ¿la estamos enseñando bien? – https://theconversation.com/la-guerra-civil-en-las-aulas-la-estamos-ensenando-bien-285076

Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Requena Mullor, Docente e Investigador en el Área de Ecología, Universidad de Almería

Stokkete/Shutterstock

En invierno, el despertador nos obliga a abandonar el refugio de unas sábanas calientes. En verano ocurre lo contrario: retrasamos la hora de acostarnos porque la cama parece conservar el calor del día. Después de todo, en las noches tropicales, cada vez más frecuentes, la temperatura mínima no baja de 20 ºC.

Cuando las sábanas “queman”, encendemos el ventilador o el aire acondicionado. Pero dormir fresco consume energía. Para que nos hagamos una idea, un equipo que demande de media 1,2 kilovatios/h (3 000 frigorías) durante ocho horas consumiría 9,6 kilovatios: unos 1,54 euros por noche y 46,08 euros al mes, suponiendo un precio de 0,16 euros por kilovatio/h. Un ventilador de 50 vatios costaría unos 0,12 euros al mes, una reducción del coste considerable, pero no reduce realmente la temperatura de la estancia.

Son cifras orientativas, ya que el consumo real depende del equipo, la vivienda y la tarifa eléctrica.

Aire acondicionado y consumo energético

El impacto no acaba en la factura ni afecta igual a todos los hogares. Las noches tropicales son cada vez más habituales en el Mediterráneo y el mayor uso del aire acondicionado podría elevar el consumo energético global un 72 %. Si esa energía procede de combustibles fósiles, enfriar nuestras casas alimenta el mismo calentamiento que hace necesario refrigerarlas.

La buena noticia es que podemos recurrir a otras fuentes energéticas. En un nuevo estudio en Andalucía mostramos que estas noches se producen antes en zonas costeras densamente pobladas y los principales núcleos urbanos del interior y que, en muchos de esos lugares, existe un elevado potencial energético derivado de residuos de biomasa para cubrir la creciente demanda del aire acondicionado. Así, el problema y su posible solución coinciden en el espacio.

Dos realidades que se superponen

Nuestra investigación partió de una pregunta: ¿podemos identificar dónde llegará antes la presión energética asociada a las noches tropicales y comprobar si allí existe una fuente renovable capaz de ayudar a cubrirla?

Analizamos 3 194 localizaciones pobladas de Andalucía y calculamos cuándo se produjo la primera noche tropical de 2023. Que esta llegue antes puede alargar la temporada de noches tropicales y, con ella, la necesidad de refrigeración. Combinamos esa información con imágenes térmicas nocturnas satelitales y con estimaciones municipales del potencial energético de la biomasa residual.

La primera noche tropical llegó antes a las zonas costeras y, entre las grandes ciudades del interior, a Sevilla y Córdoba. Los espacios urbanos con vegetación y agua se asociaron a un retraso de su aparición.

El resultado más impactante fue que las zonas con mayor potencial energético de biomasa tendían también a experimentar antes su primera noche tropical, con una tasa de ocurrencia temprana estimada 2,4 veces mayor. Es decir, lugares con mayor necesidad potencial de refrigeración coinciden con áreas de elevado potencial energético a partir de residuos.




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Residuos para generar frío y calor

Poda de olivo, hueso de aceituna o cáscaras de frutos secos son ejemplos de biomasa generada como residuo en Andalucía. Su energía puede transformarse en electricidad para alimentar equipos de refrigeración o aprovecharse térmicamente en sistemas de climatización de frío y calor. La idea no es puramente teórica. En la Universidad de Minnesota Morris (EE UU ), residuos del cultivo de maíz alimentan un sistema de biomasa que produce calefacción y refrigeración.

Andalucía parte de una posición destacada. Los últimos datos de la Agencia Andaluza de la Energía muestran que cuenta con 17 instalaciones de generación eléctrica a partir de biomasa que suman 274 megavatios de potencia. Sin embargo, esta cifra permanece estancada desde 2019, mientras que la potencia fotovoltaica ha pasado de 1 808,2 MW en 2019 a 11 695,6 MW en 2025.

La biomasa mantiene, además, una fuerte tradición ligada a la industria oleícola, la calefacción y el agua caliente. La pregunta es: ¿estamos planificando su uso pensando en la creciente demanda de refrigeración durante las noches tropicales?




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Antes de ocupar más suelo, optimicemos el uso de la biomasa

La transición energética no puede recurrir solo a unas pocas tecnologías, como la fotovoltaica. Andalucía dispone también de un elevado potencial energético en sus residuos agrícolas, forestales, ganaderos, industriales y urbanos.

Nuestro estudio muestra que parte de ese potencial se concentra donde las noches tropicales llegan antes y la demanda de refrigeración puede prolongarse. Esto convierte a la biomasa residual en un actor primario de la transición energética.

Aprovechar residuos que ya generamos para producir electricidad permitiría diversificar la oferta de renovables, reduciendo la actual presión de ocupación del territorio con infraestructuras fotovoltaicas. Además, frente a la solar o la eólica, la biomasa puede almacenarse y gestionarse con mayor flexibilidad. La clave está en planificar su aprovechamiento según la disponibilidad del recurso, la logística, la sostenibilidad y la capacidad de la red.

Producir energía es solo una mitad de la respuesta. Nuestro estudio también mostró que la presencia de vegetación y agua se asociaba con una reducción del 17 % en la tasa diaria de aparición de la primera noche tropical. Necesitamos producir energía de otra manera, pero también diseñar ciudades que necesiten menos energía para enfriarse.

Si durante las noches tropicales las sábanas “queman”, podemos encontrar parte de la energía que necesitamos para dormir más frescos en los residuos que ya generamos. Solo falta aprovechar más su potencial.

The Conversation

Juan Miguel Requena Mullor está financiado por la Universidad de Almería y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

– ref. Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno – https://theconversation.com/como-aprovechar-nuestros-residuos-para-combatir-el-calor-nocturno-286601

De los baños de mar al turismo de masas: cómo han cambiado las vacaciones en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángel Rodríguez-Pallas, Assistant Professor of Tourism, Universidade da Coruña

Baños de ola en la playa de Santander, Sardinero, en entre 1911 y 1913. Wikimedia Commons

Cada verano, millones de ciudadanos cargan su vehículo o toman un tren o un avión para pasar unos días fuera. La época estival se asocia a un viaje, una marcha. Sin embargo, el veraneo y las vacaciones no aparecieron en el mismo momento.

En España, muchas personas ya disfrutaban del estío lejos de su residencia habitual antes de la existencia de las vacaciones pagadas. De hecho, estas fueron reconocidas por la legislación antes de que la mayoría de los españoles pudiera permitirse el lujo de viajar.

El veraneo de élite: salud y prestigio

Durante una buena parte del siglo XIX, los viajes estivales guardaban una estrecha relación con el termalismo. Balnearios como los de Archena, Panticosa o Mondariz ofrecían tratamientos empleando aguas mineromedicinales, pero también alojamiento, paseos y una selecta vida social. Estos complejos se posicionaron como espacios de ocio para la corte, la aristocracia y la burguesía acomodada.

Postal en la que aparece dibujado un balneario entre montañas.
Postal promocionando el balneario de Panticosa (Huesca) a principios del siglo XX.
Wikimedia Commons

Con posterioridad, los baños de mar ganaron prestigio. En 1845, la reina Isabel II se desplazó a San Sebastián para tomarlos. La playa, en ese momento, todavía no se asociaba con el bronceado: se acudía a ella por prescripción médica y respetando unas rigurosas normas de decoro. Santander y San Sebastián se consolidaron como los destinos de aquel veraneo elegante, reservado solo a unos cuantos privilegiados.

El nacimiento del “turista”

En el año 1836, Thomas Roscoe publicaba en el Reino Unido la obra The Tourist in Spain. El libro empleaba el término tourist para describir a las personas que recorrían el país. Sin embargo, no fue hasta el año 1925 cuando el diccionario de la Real Academia Española incluyó las palabras “turista” y “turismo”.

Fotografía en blanco y negro de unos niños jugando en el agua del mar a principios de los años 30.
Niños en la playa de San Sebastián en 1932. Archivo Fotográfico del Patronato Nacional de Turismo (II República 1931-1939) Fotógrafo: Ilse Steinhoff.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública (Universidad de Zaragoza), CC BY-SA

Para entonces, en España ya existían casas de baño, hoteles, agencias de viajes y transportes orientados al visitante. Del mismo modo, la política turística comenzó a organizarse: la Comisión Nacional se creó en 1905, la Comisión Regia en 1911 y el Patronato Nacional de Turismo nació en 1928.

Entre 1931 y 1934, los viajes realizados por los españoles dentro del país representaban entre el 60 % y el 70 % de la actividad turística. Aun así, el fenómeno era marginal: probablemente solo entre un 3,5 % y un 6,2 % de la población total hacía turismo.

El descanso se convierte en ley

La Ley de Contrato de Trabajo de 1931, durante la Segunda República, reconoció al menos siete días de vacaciones anuales remuneradas. El descanso comenzaba a dejar de ser un privilegio.

Pero una semana libre no pagaba el medio de transporte ni los gastos de la estancia. Poco después, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial truncaron la tendencia. En España, la pobreza de la posguerra, el deterioro de las infraestructuras y la escasez de combustible mantuvieron la movilidad en niveles verdaderamente bajos.

El motor europeo de la posguerra

El fin de la Segunda Guerra Mundial cambió el escenario. Europa Occidental comenzó un largo período de reconstrucción, crecimiento económico y relativa estabilidad. El empleo, los salarios y el tiempo libre aumentaron. Se extendieron las vacaciones remuneradas, el automóvil pasó a ser accesible y la aviación comercial, junto a los vuelos chárter, logró abaratar los viajes.

España se sumó a esta realidad europea más tarde. La dictadura franquista quedó aislada tras la derrota de las potencias fascistas. Fue excluida del Plan Marshall y no se incorporó a la ONU hasta 1955, aunque la Guerra Fría favoreció su posterior integración en el bloque occidental.

Sol, playa y divisas para la dictadura

El régimen comprendió muy pronto que el turismo podía aportar las apreciadas divisas y, al mismo tiempo, contribuir a mejorar su imagen exterior. Esta doble función se vio reflejada en 1951 con la creación del Ministerio de Información y Turismo.

El gran punto de inflexión llegó en 1959 con el Plan de Estabilización. La devaluación de la peseta, la apertura económica y las facilidades concedidas a la inversión exterior contribuyeron a que España resultase especialmente barata para los europeos.

Imagen en blanco y negro de una playa abarrotada de gente.
Playa de Illetes en Mallorca, alrededor de 1960. Fotografía de Antonio Verdugo.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública, Universidad de Zaragoza, CC BY-SA

Las cifras históricas de este boom deben ser tratadas con cautela, puesto que las distintas series de la época contabilizaban a los turistas, visitantes y entradas por frontera de forma diferente. De acuerdo con los datos manejados por Rafael Vallejo, catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universidade de Vigo, España pasó de recibir 430 000 turistas extranjeros en 1950 a 4,3 millones en 1960, 11,1 millones en 1965 y 31,6 millones en 1973.

Entre 1961 y 1970, Europa originó alrededor del 80 % de las entradas extranjeras. Francia se consolidó como el principal mercado emisor, acaparando casi la mitad del flujo europeo. La cercanía geográfica y la generalización del uso del automóvil explican el temprano protagonismo de las costas catalanas.

Así, una dictadura políticamente cerrada abría sus playas a ciudadanos de democracias europeas. El turismo no trajo por sí mismo la democracia al país, pero acercó a muchos españoles a otros modos de vivir.

Turoperadores y dependencia exterior

El boom turístico no fue únicamente obra del Estado ni de la masa empresarial nacional. Los grandes turoperadores europeos organizaban paquetes con transporte y alojamiento, negociando precios muy bajos con los establecimientos locales.

Fotografía en blanco y negro de cuatro chicas jóvenes en bañador paseando por una playa.
Jóvenes en la playa de Fuengirola (Málaga) en 1957. Fotografía de Roberto Arranz.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública (Universidad de Zaragoza), CC BY-SA

El capital extranjero también llegó a hoteles, apartamentos y desarrollos inmobiliarios, especialmente en las islas Baleares y Canarias, así como en la Costa del Sol y el litoral mediterráneo. De este modo, buena parte del gasto generado por los turistas retornaba a sus países de origen, desde los que operaban las grandes agencias de viajes. El turismo impulsó la economía española, pero también generó nuevas formas de dependencia.

Democratización: vacaciones para la mayoría

Los extranjeros se convirtieron en el icono del boom, pero no fueron los únicos protagonistas. El aumento de la renta, la mayor estabilidad en el empleo urbano, el acceso al coche propio y las vacaciones pagadas permitieron que cada vez más españoles pudiesen viajar.

Unos se alojaban en hoteles, apartamentos o campings. Otros regresaban a la casa familiar del pueblo, una práctica con escasa visibilidad en las estadísticas pero esencial para entender el veraneo español.

Fotografía difuminada de una plaza del pueblo decorada con banderines para las fiestas.
El pueblo y sus fiestas de verano son un clásico de las vacaciones españolas.
Goyo de Parla/Wikimedia Commons, CC BY-SA

España no aprendió a veranear en los años sesenta. Lo que cambió fue la escala. El veraneo pasó de ser un signo de estatus social a convertirse, primero, en un derecho y, con posterioridad, en un consumo de masas.

Sin embargo, disponer de vacaciones continúa sin garantizar el viaje. La renta, el empleo y el precio del transporte o del alojamiento siguen condicionando hoy en día quién sale de vacaciones y durante cuánto tiempo.

La sombrilla actual es heredera de los balnearios y de los baños de mar, pero también de la paz en Europa, las conquistas laborales, la apertura económica de la dictadura, el coche, el avión y el capital procedente del exterior.


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The Conversation

Ángel Rodríguez-Pallas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De los baños de mar al turismo de masas: cómo han cambiado las vacaciones en España – https://theconversation.com/de-los-banos-de-mar-al-turismo-de-masas-como-han-cambiado-las-vacaciones-en-espana-286091

La polémica de Rajoy revela un viejo debate: ¿quién tiene derecho a representar a un país?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Martínez-Corcuera, Lecturer in Communication Studies. Researcher on hate speech: racism, sexism, LGTBIphobia… in the news media, sports, advertising…, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Eduardo Camavinga (de la selección francesa), Nico Williams (de la española) y Jules Koundé (de la francesa) se disputan un balón en las semifinales de la Eurocopa 2024. Vitalii Vitleo/Shutterstock

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy (PP) ha generado una intensa polémica al afirmar que la selección masculina de Francia juega “a un gran nivel”, pero “sin franceses”.

La respuesta del ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, fue inmediata: “Francia no tiene color de piel. Cualquier afirmación en sentido contrario es una estupidez, racismo o una combinación de ambas cosas”.

Este episodio se enmarca en relatos que acompañan el deporte internacional desde hace décadas. Reaparece cuando las selecciones nacionales reflejan la creciente diversidad de las sociedades contemporáneas.

El deporte del más alto nivel se utiliza para establecer fronteras simbólicas: ¿quién puede ser considerado verdaderamente francés, español, alemán o italiano?

Las selecciones y la comunidad imaginada

El profesor de ciencias sociales en la Loughborough University (Reino Unido) Michael Billig acuñó el concepto “nacionalismo banal”. La nación se construye mediante grandes discursos patrióticos, pero también con pequeños gestos simbólicos y rituales cotidianos, como el uso de banderas, el canto de himnos, ceremonias públicas o competiciones deportivas.

Por su parte, el experto en política internacional Benedict Anderson definía las naciones como comunidades imaginadas. Supone colectivos cuyos miembros se perciben como parte de una misma comunidad política pese a no conocerse personalmente.

Las selecciones nacionales son un escenario privilegiado de esa comunidad imaginada representada por sus mejores futbolistas. En consecuencia, cuando cambia la composición social de una selección, también cambian los debates sobre la propia nación.

Francia como escenario de la realidad diversa

La profesora de Estudios Europeos y de Sociología de la Universidad de Harvard Michèle Lamont desarrolló el concepto de fronteras simbólicas. Determinan quién es reconocido como “auténtico” miembro de la comunidad nacional y quién, con la misma ciudadania, permanece bajo sospecha. Y estas fronteras de la identidad nacional evolucionan.

La victoria en el Mundial de fútbol masculino de 1998 convirtió a la selección francesa en símbolo de una república diversa y plural, más allá del modelo blanco y de cultura cristiana. La expresión black-blanc-beur resumía la celebración de una Francia negra, blanca y de origen magrebí representada por Zidane, Thuram, Desailly o Karembeu.

También aparecieron voces discrepantes. Para el líder del xenófobo Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, no representaban a la auténtica Francia. Eran jugadores negros y de origen inmigrante. También criticó a Zidane por no cantar el himno nacional.

Racismo y clasismo

Para el lingüista, Teun A. van Dijk, las formas contemporáneas de exclusión rara vez utilizan un lenguaje biológico explícito. No afirman la superioridad racial, pero construyen diferencias culturales aparentemente legítimas.

No se considera inferior la alteridad, pero se cuestiona si representan realmente al país. Se afirma que no comparten sus valores, que no sienten el himno, que no respetan las tradiciones nacionales, se pone en cuestión la sinceridad de sus sentimientos hacia el país. Sencillamente, se piensa que no son verdaderamente franceses.

Las derrotas en la Eurocopa 2000 o el Mundial 2010 desplazaron estas fronteras simbólicas. Eran la demostración del fracaso de la integración social francesa. Los discursos transformaron a los internacionales franceses en “raperos, cabecillas de las banlieues –barriadas–” o jóvenes incapaces de compartir los valores republicanos. Esta perspectiva intersecciona el racismo y el clasismo. El origen familiar devino en rasgo principal de la identidad pública y afirmación de la no pertenencia.

Las declaraciones de Rajoy reproducen esta lógica. Al afirmar que Francia juega “sin franceses”, la condición jurídica de ciudadanía deja de ser suficiente. Definir quién puede ser francés o español supone una idea etnocéntrica y racista de la nación.

En este punto, cabe mencionar que esas palabras fueron interpretades por dirigentes del Partido Popular como una expresión “sarcástica” y “sin mala intención”. Debe apuntarse que son estrategias de negación o atenuación del racismo y pretenden cuestionar la legitimidad de interpretarlas como excluyentes y racistas.

El racismo en el deporte trasciende el caso francés. Brasil, en el Mundial 1950, responsabilizó del “maracanazo” a los futbolistas negros. Sin embargo, cuando Brasil ganó los Mundiales de 1958, 1962 y 1970, la diversidad multicultural se celebró como símbolo del éxito nacional.

Décadas después, el futbolista alemán de ascendencia turca Mesut Özil resumía esa misma experiencia: “Soy alemán cuando ganamos, pero inmigrante cuando perdemos”. En esta línea, la voleibolista italiana Paola Egonu confesó estar cansada de tener que justificar continuamente por qué era italiana. Nacida en Italia, representaba a la selección nacional y era una de las mejores jugadoras del mundo. Sin embargo, seguía siendo tratada por algunos sectores como una extranjera.

Reflejan un mismo patrón. La pertenencia nacional deja de ser incondicional y está constantemente sometida a examen.

¿Y “nuestros” deportistas?

Estos discursos sobre la selección francesa proyectan una interpretación excluyente de la nación. Aplicada de forma coherente, alcanza inevitablemente a la propia selección española.

Lamine Yamal, Nico Williams, Dean Huijsen, Aymeric Laporte o Robin Le Normand representan trayectorias familiares, culturales o religiosas diferentes.
Hemos escuchado gritos de “musulmán el que no bote” en un partido de la selección. En plazas públicas y redes sociales se escuchan también insultos contra Lamine Yamal cuando se anuncia la alineación de la selección. Numerosos mensajes afirman que “no representa” a España. La opinión de Rajoy incide en esta perspectiva.

Más que un debate futbolístico

Cada megaevento deportivo reactiva preguntas que trascienden el deporte. ¿Quién puede representar al país? ¿Quién es miembro legítimo del “nosotros”? La camiseta de una selección simboliza el rendimiento deportivo, pero también el reconocimiento de una pertenencia colectiva, de una identidad imaginada.

En este contexto, las palabras de Mariano Rajoy trascienden una puntual polémica política. No son ocurrencias aisladas. Suponen un nuevo episodio de una larga tradición de discursos que cuestionan la pertenencia nacional de ciudadanía racializada, especialmente cuando ocupan espacios de máxima visibilidad pública.

El problema nunca ha sido el deporte. Está en juego definir quién tiene derecho a ser reconocido como parte de la nación y quién decide quien puede pertenecer a ella.

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Raúl Martínez-Corcuera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La polémica de Rajoy revela un viejo debate: ¿quién tiene derecho a representar a un país? – https://theconversation.com/la-polemica-de-rajoy-revela-un-viejo-debate-quien-tiene-derecho-a-representar-a-un-pais-287505

El cerebro no recuerda mejor las tareas inconclusas que las terminadas, pero sí les da más vueltas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana González Prizzio, Profesor de Psicología, Universidad Francisco de Vitoria

Marcarnos un plan para terminar tareas ayuda a disminuir pensamientos rumiativos. Glenn Carstens Peters / Unsplash, CC BY-SA

Durante casi un siglo, la psicología ha dado por buena una idea intuitiva: el cerebro recuerda mejor aquello que dejamos a medias. El fenómeno se conoce como efecto Zeigarnik y su origen suele situarse en una observación del psicólogo alemán Kurt Lewin en el Berlín de los años 1920. Lewin advirtió que los camareros recordaban con precisión los pedidos pendientes de pago, pero los olvidaban en cuanto la cuenta quedaba saldada. La interpretación fue que una tarea sin concluir genera una tensión psicológica que mantiene su contenido accesible en la memoria; al completarla, la tensión se libera y el recuerdo se desvanece.

Inspirada por esa observación, la psicóloga y psiquiatra soviética Bluma Zeigarnik trasladó la cuestión al laboratorio. En su trabajo de 1927 encargó a los participantes diversas tareas, interrumpiendo algunas a mitad de ejecución y permitiendo terminar otras. Al pedirles después que recordaran en qué habían trabajado, comprobó que las tareas interrumpidas se recordaban con mayor frecuencia que las completadas, aproximadamente el doble.

El efecto Zeigarnik fue descrito por la psicóloga Bluma Zeigarnik en 1927, después de que ella y otros notaron que los camareros recordaban los pedidos antes de servirlos, pero luego los olvidaban.
Wikimedia Commons., CC BY

Resultados no concluyentes

El problema es que, cuando otros investigadores intentaron reproducir el resultado, la ventaja de memoria se mostró inconsistente: en unos estudios aparecía y en otros no, sin un patrón claro.

En 2025, investigadores de la Universidad de Berna abordaron este tema y, tras una exhaustiva revisión, concluyeron que no existe una ventaja de memoria para las tareas inacabadas. Al analizar los estudios hasta la fecha, concluyeron las tareas interrumpidas representaban en torno al 49 % de lo recordado, una proporción casi equivalente a la de las tareas completadas. En sus propias palabras, el efecto “carece de validez”.

¿Cómo se explica entonces el resultado original? Los autores señalan las condiciones particulares de los laboratorios: la autoridad del experimentador, la presión de sentirse evaluado y la implicación personal en la tarea. Cuando esas circunstancias se atenúan, el efecto desaparece. No se trataría, por tanto, de un mecanismo de la memoria, sino de un fenómeno dependiente de un contexto concreto y poco replicable en el día a día.

Dificultad para desconectar

El estudio, sin embargo, evidenció un sesgo más: el efecto Ovsiankina. Descrito por la psicóloga María Ovsiankina en 1928, es la tendencia a reanudar de forma espontánea una tarea interrumpida en cuanto surge la oportunidad. Aquí las cifras sí que se sostienen, con una tasa de reanudación cercana al 67 %, por encima de lo esperable por azar. Lo inacabado no nos hace recordar más, pero sí nos empuja a terminar lo que dejamos a media.

La investigación reciente documenta efectos similares, especialmente en el contexto laboral. Otro estudio, realizado este año, resaltó que las tareas que quedan sin concluir al final de la jornada se asocian con pensamientos intrusivos sobre el trabajo durante el tiempo de descanso y, de manera particular, con la rumiación. Los investigadores concluyeron que no influye tanto el recuerdo, sino la dificultad para desconectar.

Un mecanismo afín opera al alternar entre tareas sin cerrar la anterior. La psicóloga organizacional Sophie Leroy lo describió como “residuo de atención”: parte de los recursos cognitivos permanece implicada en la tarea previa, en detrimento de la actual. En sus experimentos, la presión por finalizar una tarea facilitaba, soltarla por completo antes de pasar a la siguiente.

Propósitos por cumplir

Conviene precisar que la evidencia en neuroimagen es limitada; no hay identificadas áreas, regiones ni redes cerebrales específicas relacionadas con el efecto Zeigarnik, ni confirmación tampoco de la noción de “tensión” cuando una tarea está incompleta. Sí están documentados otros fenómenos: las intenciones pendientes permanecen más accesibles en la memoria, la corteza prefrontal participa en el mantenimiento de los propósitos por cumplir y la rumiación se vincula a determinadas redes cerebrales.

Así, del efecto Zeigarnik pueden extrapolarse dos conclusiones. Por un lado, ilustra cómo un hallazgo intuitivo y repetido durante décadas puede no superar el escrutinio metodológico: la supuesta ventaja de memoria es, en el mejor de los casos, frágil y dependiente del contexto.

Por otro, muestra que el núcleo del fenómeno es conductual y no mnésico –relacionado con la memoria–: lo inacabado no se recuerda mejor, pero impulsa a la acción y puede interferir en el descanso.

De ahí se desprende una orientación práctica. Algunos investigadores sugieren que, aunque una meta sin cumplir genera pensamientos intrusivos que dificultan concentrarse en otras tareas, formular un plan concreto –es decir, decidir cuándo, dónde y cómo se retomará– basta para disolver esa interferencia, sin necesidad de completar la tarea.

El cierre, en definitiva, no parece imprescindible para descansar: lo es, más bien, el compromiso creíble de que ese cierre llegará.

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Adriana González Prizzio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cerebro no recuerda mejor las tareas inconclusas que las terminadas, pero sí les da más vueltas – https://theconversation.com/el-cerebro-no-recuerda-mejor-las-tareas-inconclusas-que-las-terminadas-pero-si-les-da-mas-vueltas-284274

Las matemáticas del Mundial de fútbol 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel Villacampa Gutiérrez, Doctora y profesora de Geometría y Topología, Universidad de Zaragoza

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¿Por qué éste Mundial tiene 48 equipos? ¿Por qué en unas ediciones pasan terceros de grupo a las rondas eliminatorias y en otras no? Aunque pueda parecer una decisión puramente deportiva, la respuesta depende de unas reglas matemáticas muy concretas. Detrás del mayor torneo de fútbol del mundo se esconden múltiplos de cuatro, potencias de dos y algunos problemas clásicos de combinatoria.

Las matemáticas están en todas partes y en el deporte son fundamentales tanto en su diseño como en las estadísticas o estrategias que idean los entrenadores para ganar. En el caso del Mundial de fútbol, hay unos números muy concretos que rigen su desarrollo.

Puntos al ganador

Desde 1986, los equipos seleccionados juegan en primer lugar la llamada fase de grupos, en la que se constituyen grupos formados por 4 equipos. Estos juegan todos contra todos y tras acabar los 6 partidos posibles se ordenan según puntuación.

Cada partido (desde el mundial de EE UU de 1994) suma 3 puntos al ganador y 0 al perdedor, o bien 1 punto a cada equipo en caso de empate. Con estos criterios, cada grupo finaliza esta fase con una ordenación de sus 4 equipos, colocando en primera posición a aquel que ha obtenido mayor puntuación, y así sucesivamente.

Una vez finalizada la fase de grupos, los 2 o 3 equipos mejores de cada grupo entran en las rondas eliminatorias en las que se disputan varios partidos simultáneamente, cada uno de los cuales enfrenta a dos equipos en un único partido.

El ganador de cada uno de estos partidos pasa a la ronda siguiente, que se rige por el mismo procedimiento que la anterior, pero con la peculiaridad de que ahora solo participan la mitad de los equipos que había en la ronda anterior.

Cuando solo quedan 4 equipos, se juegan 2 semifinales: los ganadores de las mismas disputan la final (y de allí se obtienen el campeón y el subcampeón del mundial) y los perdedores se disputan el tercer puesto.

A partir de esta base, las matemáticas obligan a determinados sucesos.

¿Cuántos equipos participan en un mundial?

Este número no es fijo y ha ido modificándose a lo largo de los años. Si nos fijamos en los mundiales que tienen la misma estructura que el actual, se ha pasado de 24 (EE UU 1994) a 32 (Francia 1998 – Catar 2022) hasta alcanzar los 48 equipos en el mundial actual. Nos podemos preguntar qué tienen en común estos números, 24, 32 y 48, o porqué se han elegido precisamente esos y no otros.

La respuesta la encontramos en la fase de grupos: el número inicial de participantes debe ser múltiplo de 4 para que sea posible formar grupos de 4 equipos. De este modo, con 24 equipos se forman 6 grupos; con 32 se forman 8 grupos; y con 48 aparecen 12 grupos.

Como vemos, podría haber mundiales con 28 equipos, 36, 40… siempre y cuando se mantengan los grupos de 4 participantes en la fase de grupos. No parece que vaya a haber cambios en esto: la estructura de grupos de 4 equipos se mantiene desde 1950, aunque el desarrollo tras la fase de grupos se ha visto modificado.

¿Cuántos terceros de grupo pasan a las fases eliminatorias tras la fase de grupos?

En el mundial de 1994, además de los 2 primeros de cada grupo, pasaron los 4 mejores terceros de los 6 grupos.

Entre los años 1998 y 2022 no pasó ningún tercero de grupo a la siguiente fase, mientras que este año han sido 8 terceros quienes han pasado a las rondas eliminatorias. ¿Por qué este número va cambiando?

En este caso la clave no está en el número 4, sino en el 2.

Para entenderlo hagamos el recorrido inverso: desde la final del mundial hasta la fase de grupos, recordando que en cada ronda hay el doble de equipos que en la ronda anterior.

La final se la disputan 2 equipos; en las semifinales participan 4; en los cuartos de final hay 8 y en los octavos de final hay 16.

Recordamos que el mundial de 2026 es el primero de la historia en el que se han jugado los dieciseisavos de final, con 32 equipos. Los números 2, 4, 8, 16 y 32 son potencias de 2 pues se consiguen como 2¹ , 2² , 2³ , 2⁴ y 2⁵ respectivamente, siendo cada número doble que el anterior.

Es decir, para entrar en las rondas eliminatorias necesitamos tener un número de equipos clasificados que sea potencia de 2. Si solo se permite que pasen 2 equipos por grupo, puede que no consigamos estos números, ya que va a depender del número de grupos que tengamos. Esto es lo que pasó en 1994, cuando había 6 grupos. Al clasificar 2 equipos por grupo (los 2 primeros), se tienen 12 equipos para las rondas eliminatorias. Como el número 12 no es potencia de 2 fue necesario añadir 4 equipos más (los mejores terceros) para alcanzar el número 16 y poder así iniciar los octavos de final.

Entre 1998 y 2022, con 32 equipos en el mundial no hubo necesidad de elegir a ningún tercero pues directamente con 2 seleccionados por grupo se llegó a los 16 equipos que jugaron los octavos de final.

Este año, se han jugado los dieciseisavos de final, por lo que fue necesario seleccionar 32 equipos tras la fase de grupos. Para alcanzar este número, partiendo de los 48 equipos iniciales repartidos en 12 grupos, se han tenido que seleccionar 8 terceros, que junto a los 24 que vienen de los primeros y segundos de cada grupo hacen los 32 necesarios para los dieciseisavos de final.

Un mundial con 64 equipos (2⁶ ) no necesitaría recurrir a los terceros de cada grupo. ¿Lo veremos dentro de unos años?

Como dato adicional, los 4 torneos del Gram Slam de tenis (Roland Garros, Wimbledon, Abierto de Australia y Abierto de Estados Unidos) se rigen únicamente por rondas eliminatorias y participan 128 (2⁷ ) tenistas en cada cuadro (masculino y femenino).

¿Cuántos puntos puede sumar un equipo en la fase de grupos?

Debemos recordar que cada equipo juega 3 partidos y en cada uno de ellos puede sumar 3 puntos si gana (G), 1 punto si empata (E) o 0 puntos si pierde (P). Por tanto, para responder a esta pregunta debemos averiguar cuántos partidos podemos ganar, empatar o perder si jugamos 3 y luego sumar los puntos asociados a cada posibilidad encontrada. En esta situación no es importante el orden en el que suceden las victorias o derrotas, tan solo importa cuál ha sido el resultado final de los 3 partidos.

El conteo de opciones posibles en un determinado problema es algo habitual en la investigación matemática. La disciplina que lo analiza es la combinatoria y es en general difícil de abordar. Para los problemas combinatorios, como es este que nos ocupa, es importante disponer de una estrategia para asegurarnos de no perder ningún caso ni de repetir ninguno en el conteo. En nuestro problema, contaremos cuántos partidos se pueden ganar (tres, dos, uno y cero) y para cada caso, qué sucede con aquellos que no ganamos, comenzando siempre con el empate. Así, obtenemos la siguiente secuencia de opciones ordenadas de mayor a menor, entendiendo por mayor ganar el partido y por menor perder el partido.

Los puntos asociados a cada posibilidad son: 9, 7, 6, 5, 4, 3, 3, 2, 1, 0.

El resultado más bajo posible

Ningún equipo puede obtener nunca 8 puntos en la fase de grupos y 3 puntos se pueden obtener de dos formas distintas: ganando 1 partido y perdiendo 2 o empatando los 3 partidos.

Una pregunta bastante más difícil es averiguar cuáles pueden ser las puntuaciones finales posibles de los 4 equipos al finalizar la fase de grupos, es decir, cómo se pueden agrupar, siguiendo las reglas de puntuación, los números 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 9 en grupos de 4.

No todas las posibilidades son válidas ya que hay que tener en cuenta, por ejemplo, que si un equipo ha ganado un partido es porque otro equipo lo ha perdido.

En el gráfico se muestran todos los resultados obtenidos por los 74 grupos desde 1994 junto a su frecuencia. El grupo que obtuvo el resultado más bajo fue el grupo E (México, Irlanda, Italia y Noruega) en el mundial de 1994: sus cuatro integrantes obtuvieron 4 puntos, correspondiente a ganar 1 partido y empatar otro, y solo ha ocurrido una única vez.

Dejamos como pregunta abierta: ¿existe alguna combinación de puntos inferior a la (4,4,4,4) con el sistema de puntuaciones actual? ¡Hagamos matemáticas!

The Conversation

Raquel Villacampa Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las matemáticas del Mundial de fútbol 2026 – https://theconversation.com/las-matematicas-del-mundial-de-futbol-2026-287194

Dormir bien para envejecer mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Núñez, Profesora de Fisiología, Universidad de Oviedo

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.

En un estudio reciente con 151 personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.

En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar, gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en todas las pruebas físicas y cognitivas.

En los test de movilidad, sus medias se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad envidiable. De igual forma, en los test cognitivos sus resultados rozaron el máximo de la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.

Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de ellos.

¿Alondras o búhos?

Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los “búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.

Es muy común que, con el paso de los años, las personas experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de forma natural de madrugada.

Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de estabilidad.

Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.

El sueño no es igual para todos

Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas.

Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados, por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes enemigos del descanso:

  1. La luz nocturna. Dormir con claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos descansado.

  2. Los fármacos para dormir. El uso de esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.

Claves para un envejecimiento activo

Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos mantener una “higiene de luz” un par de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y facilita el descanso.

En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen la raíz del insomnio sin generar dependencia.

Sin duda, para valernos por nosotros mismos -incluso a edades avanzadas- no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.

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Paula Núñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Dormir bien para envejecer mejor – https://theconversation.com/dormir-bien-para-envejecer-mejor-280217

Algoritmos y precios dinámicos en vuelos, entradas de conciertos y hoteles: ¿por qué compramos lo mismo a diferente precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Matosas López, Profesor e Investigador Tecnología Aplicada a la Empresa, Universidad Rey Juan Carlos

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Con la gira de conciertos del cantante puertorriqueño Bad Bunny en España, muchos criticaron el sistema de fijación de precios de las entradas: los interesados podían ver cómo el importe aumentaba mientras esperaban para hacer su compra. Algo similar ocurre con vuelos, hoteles, y otros servicios de transporte. La sensación es siempre la misma: alguien decidió subir el precio justo cuando queríamos comprar.

Sin embargo, en la mayoría de estos casos no es una persona quien altera el precio. Generalmente, este tipo de fluctuaciones responde a los dictados de un algoritmo que, dependiendo del caso, podrán actuar de manera automatizada, o bajo supervisión humana.

Oferta, demanda y precios

Las estrategias de precios dinámicos forman parte, cada vez más, de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, todavía generan dudas. ¿Cómo funcionan? ¿Qué información utilizan? ¿Y quién decide realmente cuánto pagamos?

Estas estrategias modifican los precios de productos y servicios según cambian las condiciones del mercado. Así, los precios dejan de ser fijos, pudiendo cambiar varias veces al día. Incluso pueden fluctuar en cuestión de minutos.

La idea no es nueva. Por ejemplo, las compañías aéreas llevan décadas utilizando estas estrategias de precios. La diferencia es que, ahora, los algoritmos son capaces de analizar enormes cantidades de información. Y, lo más importante, lo hacen casi en tiempo real. Además, la inteligencia artificial permite detectar patrones cada vez más complejos en esos conjuntos de datos.

En estas estrategias, el factor más importante suele ser la demanda. Cuando muchas personas quieren comprar al mismo tiempo los precios suben. Por el contrario, cuando la demanda disminuye, los precios bajan.

No obstante, también pueden influir otros elementos. La hora del día, la época del año o la proximidad de una fecha señalada pueden modificar el importe. Lo mismo sucede cuando quedan pocas unidades disponibles. En algunos sectores, los algoritmos también hacen un seguimiento de la competencia. Si otras empresas cambian sus precios, el sistema reacciona casi de inmediato.

¿Por qué las estrategias de precios dinámicos son atractivas para la empresa?

Muchas personas creen que las empresas suben el precio porque saben quiénes somos. Piensan que el sistema detecta que hemos visitado varias veces una página o que utilizamos un determinado dispositivo.

Aunque esto es técnicamente posible, esa explicación no siempre es esta. En muchos casos, los cambios tan solo reflejan que la demanda ha aumentado. Así, dos personas pueden ver precios diferentes simplemente porque consultan un sitio web en momentos distintos. No necesariamente porque el algoritmo haya identificado a cada una de ellas.

De manera general, estas estrategias son enormemente atractivas para muchas empresas porque permiten ajustar el precio a las realidades cambiantes del mercado. Pero, sobre todo, porque posibilitan que esto se produzca de manera automatizada. Si un producto tiene mucha demanda, un precio más alto aumenta los ingresos. Si la demanda es baja, una rebaja puede estimular las ventas.

En muchos sectores, además, existe otro motivo. Algunos productos no pueden almacenarse para venderse más tarde. Un asiento vacío en un avión o una habitación sin ocupar representan ingresos perdidos para siempre. Ajustar continuamente los precios reduce estos riesgos.

Pero los consumidores también pueden beneficiarse de este fenómeno. Comprar con antelación o elegir momentos de menor demanda suele permitir acceder a mejores precios. Muchas ofertas existen, precisamente, porque los algoritmos detectan que la demanda será inferior a la prevista.

Límites a la utilización de estas estrategias

A pesar del atractivo que tiene para una empresa recurrir a estas estrategias, su aplicación también plantea retos éticos y legales. Algunas de las preocupaciones del consumidor están relacionadas con la concepción de lo que puede considerarse justo o injusto. Una de las consecuencias de la aplicación de estrategias de precios dinámicos es que una persona pague más que otra por el mismo producto y se genere una sensación de injusticia que, además, aumenta cuando nada explica el porqué de ese cambio. Esto acaba generando recelo y desconfianza en los consumidores.

Más allá de lo anterior, existen reservas de tipo legal. Las estrategias de precios dinámicos pueden perturbar los mecanismos naturales de la competencia. Si varias empresas utilizan algoritmos similares para ajustar sus precios podrían terminar elevándolos al mismo tiempo y alterando las condiciones de libre competencia (una práctica muy vigilada por los organismos encargados de supervisar los mercados). Pero lo más importante es que esto ocurriría sin que fuera necesario un acuerdo explícito entre compañías.

Por consiguiente, la aplicación de este tipo de estrategias abre la puerta a que varias empresas puedan manipular los mecanismos de fijación de precios a espaldas (y en perjuicio) del consumidor. Y que esto ocurra, además, sin que los organismos reguladores encargados de perseguir y penalizar estas prácticas (ilegales) puedan demostrarlo.

Alguien manda sobre el algoritmo

Sea como sea, los algoritmos no deciden por sí solos qué quieren conseguir. Alguien les dice cuál es el objetivo. Pueden programarse para maximizar beneficios, aumentar las ventas, fidelizar clientes o combinar varios objetivos al mismo tiempo. El algoritmo simplemente busca la mejor forma de alcanzarlos.




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¿Podemos juzgar a un algoritmo?


Por eso, la pregunta importante no debería ser si los algoritmos fijan nuestros precios. La cuestión es quién decide los criterios que siguen y qué límites deben respetar. La inteligencia artificial hará estos sistemas cada vez más rápidos y sofisticados. Por eso, el reto no será únicamente desarrollar mejores algoritmos. También será necesario establecer reglas que garanticen la transparencia, la competencia orgánica, y la protección del consumidor.

Al final, el problema, rara vez, es el algoritmo. Lo verdaderamente importante es decidir para quién trabaja, qué intereses persigue y bajo qué normas debe hacerlo.

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Luis Matosas López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Algoritmos y precios dinámicos en vuelos, entradas de conciertos y hoteles: ¿por qué compramos lo mismo a diferente precio? – https://theconversation.com/algoritmos-y-precios-dinamicos-en-vuelos-entradas-de-conciertos-y-hoteles-por-que-compramos-lo-mismo-a-diferente-precio-286540

‘Twistrónica’: el ángulo mágico del grafeno y la antipiedra filosofal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Vista de una estructura de nanotecnología molecular de grafeno. Production Perig/Shutterstock

Posiblemente estemos ante una de las historias más fascinantes de los últimos y provechosos años de investigación en física cuántica y desarrollo de materiales avanzados: la rotación (un mínimo twist) en láminas de grafeno del espesor de un átomo generó un ángulo mágico (así lo llaman en física) que nos coloca ante la posibilidad de dar forma a materiales inverosímiles.

La ciencia no es nunca magia, pero a veces lo parece.

Lluvia de premios

El premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, en la categoría de Ciencias Básicas, ha recaído este año en dos físicos, el canadiense Allan McDonald y el español Pablo Jarillo-Herrero (catedrático del MIT), por sus contribuciones en el campo de la llamada “twistrónica”. También en este año 2026, el galardón más importante de Física (después del Nobel), el Premio Kavli de Nanociencia, se ha concedido a estos mismos científicos junto con la física Eva Y. Andrei (rumana) “por su trabajo fundacional en el establecimiento de “twistrónica”.

Pero esta historia empieza en 2009, cuando en el grupo de investigación de Andrei descubren un fenómeno interesante mientras exploraban con grafeno. Las primeras aplicaciones prácticas que se desarrollaron con este nanomaterial ya merecieron un Nobel en 2010.

Compuesto por una sola capa de átomos de carbono dispuestos en un patrón hexagonal (como un panal de abejas), es el primer material bidimensional conocido, increíblemente resistente y ligero.

El hallazgo de un substrato de niquel que generó el twist

Según la receta más extendida en aquel momento para producirlo, los científicos conseguían monocapas haciéndolo crecer sobre un substrato de cobre. Pero necesitaban más cantidad para poder experimentar más cosas. Tras utilizar como substrato el niquel, observaron que se generaron dos capas, pero con un ligero desacople (“twisted”) entre las estructuras de carbono de ambas. Apenas poco más de un grado.

Cuando llevaron la muestra al microscopio de efecto túnel, observaron un “enorme patrón de Moiré” creado por las láminas de grafeno desplazadas entre sí. Un patrón de Moiré (o efecto muaré) es casi una ilusión óptica, un patrón de interferencia geométrica. Se produce cuando dos patrones de líneas, puntos o tramas similares se superponen, pero ligeramente desplazados. El resultado genera formas onduladas, ondas o bandas extrañas.

Pero lo más sorprendente fue que comprobaron que ese pequeño ángulo de desplazamiento que creaba los patrones modificaba de forma sustancial el comportamiento de los electrones en el material, dando lugar a propiedades inesperadas. Aquel descubrimiento totalmente casual fue directo a una publicación de Nature.

Las matemáticas del ángulo mágico

El físico teórico Allan McDonald leyó este paper, y se puso a trabajar en el desarrollo de una teoría matemática que pudiera explicar el fenómeno. Así se determinó que, efectivamente, ese angulo (que bautizaron como “ángulo mágico”) determinaba los periodos de los patrones de Moiré y, por tanto, posibles propiedades distintas (en función del ángulo).

Con un giro de aproximadamente 1,1 grados, el material podría ser superconductor. Pero con distintos ángulos podrían esperarse distintas propiedades (un material totalmente aislante o con propiedades magnéticas). El hallazgo se publicó en el 2011 en la revista PNAS, pero pasó muy desapercibido unos cuantos años, más allá del interés científico, porque parecía imposible fabricar experimentalmente esas capas “desacopladas” de grafeno.

Y llegó la “twistrónica”

El término “twistrónica” (twistronics) se acuñó en 2016, apareciendo por primera vez en un artículo científico (también teórico) en Physical Review B. En él se ampliaban los modelos matemáticos a estructuras distintas a la del grafeno y otros materiales. La nueva palabra combina “twist” (rotar/girar) y “electronics” (electrónica).

Pero el espaldarazo definitivo a la tecnología se lo han dado el español Pablo Jarillo-Herrero y su grupo de investigación del MIT. Jarillo-Herrero ha sido capaz de pasar de las musas al teatro.

El ‘twist’ se hizo materia

En marzo de 2018, publican de forma simultánea dos artículos en Nature donde muestran que son capaces de fabricar grafeno multicapa, con distintas condiciones de rotación y de contorno. Pudieron obtener un material totalmente aislante o superconductor, en función del ángulo de rotación. Así demostraron que todas las predicciones teóricas eran perfectamente demostrables a escala de laboratorio.

Esto viralizó la twistrónica en el mundo de la física, los nanomateriales y, en general, el mundo de la ciencia de materiales.

Una vez más, un acontecimiento vinculado a ciencia fundamental ha abierto las puertas a importantes consecuencias para nuestra sociedad.

La anti piedra filosofal

En la entrega de premios de la Fundación BBVA, Jarillo-Herrero introdujo el concepto de “antipiedra filosofal” refiriéndose a la twistrónica:

“En la Edad Media, los alquimistas buscaban la piedra filosofal, que convirtiera en oro todo lo que tocara. El grafeno de ángulo mágico se parece un poco a eso, salvo que es como una piedra filosofal a la inversa. Con el grafeno de ángulo mágico, cogemos un solo material y hacemos que se comporte como muchos otros materiales”.

Con la twistrónica, al igual que con los metamateriales, cambiando la configuración de un mismo material, cambiamos de forma drástica sus propiedades.

Tras el pistoletazo de salida que supusieron esos dos artículos en Nature, la twistrónica empezó a crecer en diferentes direcciones: primero hacia tres capas de grafeno, luego hacia multicapas, materiales tridimensionales… Por supuesto, el fenómeno ya se estudia en otros materiales distintos al grafeno: dicogenuros de metales de transición (TMD) para aplicaciones en dispositivos optoelectrónicos avanzados o láseres cuánticos de baja energía; el nitruro de boro hexagonal (h-BN) para fabricar memorias de acceso aleatorio ferroeléctricas (FeRAM) ultradelgadas; óxidos complejos de estructura perovskita de capa delgada y otras perovskitas superconductoras para aplicaciones en computación cuántica.

Los materiales prioritarios de la UE

Los materiales desarrollados por twistrónica tienen potencial para cubrir muchas tecnologías que hoy se consideran de gran importancia para nuestro desarrollo como sociedad: la ya mencionada computación cuántica, optoelectrónica y fotónica, la electrónica de bajo consumo y los sensores magnéticos de alta precisión. Todos estos materiales entran dentro de la clasificación de “nanomateriales y materiales 1D y 2D” incluidos como materiales prioritarios a desarrollar en las futuras transiciones de la Unión Europea.

El principal problema para desarrollar todas estas tecnologías es su escalado a la industria. Se necesitarán años para poder fabricar este tipo de materiales a gran escala. Pero quién sabe si la irrupción de la IA en este campo permitirá acercar estos avances a nuestro día día.

The Conversation

José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Twistrónica’: el ángulo mágico del grafeno y la antipiedra filosofal – https://theconversation.com/twistronica-el-angulo-magico-del-grafeno-y-la-antipiedra-filosofal-285825

Manual de supervivencia visual para el eclipse: qué hacer y qué no para mirar al sol

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Conchi Lillo, Profesora titular de la Facultad de Biología, investigadora de patologías visuales, Universidad de Salamanca

El próximo 12 de agosto de 2026, entre las siete y las nueve de la tarde, España será testigo de un evento astronómico histórico. La Luna ocultará el Sol en una franja que cruzará media península generando un eclipse total, mientras que en el resto del país se vivirá un eclipse parcial muy profundo. Pero ojo porque, si no tenemos cuidado, más de uno se va a llevar un “recuerdo” permanente en la retina, en sentido literal.

Aunque somos conscientes de que mirar el sol directamente es peligroso, al producirse el eclipse al atardecer, cuando ya está muy bajo en el horizonte, a punto de ocultarse, podríamos pensar que, como ya “casi no calienta”, que no es peligroso, y experimentar así una falsa sensación de seguridad que nos tiente a observarlo de forma directa sin protección, poniendo en riesgo nuestra salud visual.

¿Por qué es peligroso mirar directamente al sol?

El peligro radica en que, además de la luz visible, la radiación solar incluye componentes como la luz ultravioleta (UV) y la infrarroja, que, aunque son invisibles para el ojo humano, dañan nuestro órgano visual de formas muy distintas.

En concreto, el Sol genera 3 tipos de radiación ultravioleta: A, B y C. Mientras que la UV-C, más energética y dañina, es bloqueada completamente por la atmósfera, las otras dos sí alcanzan la superficie terrestre. La radiación UV-B es absorbida mayoritariamente por la córnea y la conjuntiva del ojo, pudiendo causar, entre otras complicaciones, fotoqueratitis, una inflamación dolorosa similar a tener “arena en los ojos”.

La UV-A es menos energética pero más penetrante, por lo que llega al cristalino y a la retina. Se sabe que en el cristalino provoca cambios irreversibles en sus proteínas y por eso es uno de los desencadenantes del desarrollo temprano de las catarata. En la retina, constituye un factor de riesgo para una patología visual muy severa: la degeneración macular asociada a la edad (DMAE).

Radiación infrarroja: cuando el ojo se recalienta

La radiación infrarroja alcanza también el fondo del ojo, la retina, provocando un aumento de su temperatura. Al sobrecalentar los tejidos y las células fotorreceptoras, conduce a lo que se conoce como retinopatía solar.

El problema es que la retina no tiene receptores de dolor. Podemos estar sufriendo una quemadura solar en la mácula y no darnos cuenta hasta horas después, cuando descubrimos un borrón negro permanente en el centro de la visión. Lo peor es que, si llegamos a ese punto, el daño ya es irreparable.

La oscuridad engaña

Mirar al sol durante el eclipse no es más peligroso per se que hacerlo en un día normal, pero hay una diferencia clave: durante un día soleado, mirar al astro rey directamente nos molesta (fotofobia) y apartamos la mirada. Además, ante esa alta intensidad luminosa nuestra pupila se cierra, como si fuera el diafragma de una cámara de fotos, reduciendo así la cantidad de luz que llega a nuestra retina.

Durante el eclipse, sin embargo, la intensidad luminosa es mucho menor –sobre todo si es total y se produce al atardecer–, por lo que nuestro cerebro ordena a nuestra pupila dilatarse para ver mejor. El problema es que la radiación infrarroja y los rayos UV-A siguen muy presentes en ese momento. Y al estar la pupila abierta, estas radiaciones no encuentran ningún impedimento para llegar hasta nuestra retina, entran “a chorro” y se concentran en la mácula, el punto de máxima agudeza visual.

Los rojos del atardecer

¿Se ha preguntado alguna vez por qué el cielo se tiñe de tonos rojizos al atardecer? La luz blanca del sol es una mezcla de todos los colores de nuestro espectro visible (y de las radiaciones ultravioletas e infrarroja ya mencionadas). Al entrar en la atmósfera terrestre, esta luz choca con las moléculas de nitrógeno y oxígeno, y se genera un fenómeno conocido como dispersión de Rayleigh.

Durante el día, cuando el sol está alto, la luz recorre una distancia corta y se dispersan principalmente las longitudes de onda más cortas, las más energéticas, que son las azules y violetas, convirtiéndolas en las más abundantes en el cielo. Por eso en días soleados vemos el cielo de color azul.

Al atardecer, sin embargo, la luz atraviesa un espesor de atmósfera mucho mayor para llegar a nuestros ojos. En este trayecto tan largo, la luz azul se dispersa casi por completo antes de alcanzarnos, de manera que, al final del trayecto, solo sobreviven las ondas más largas: los tonos amarillos, naranjas y rojos. Y aunque la intensidad de los rayos UV-B disminuye cuando el sol está bajo, los UV-A –que constituyen el 95 % de la radiación UV que llega a la Tierra– siguen penetrando la atmósfera.

Gafas ISO 12312-2:2015 para una protección total

Para observar este fenómeno de forma segura, las gafas de sol con protección UV convencionales no sirven, por muy buenas que sean, ya que están diseñadas para la luz reflejada, la que rebota, y no para el impacto directo de la radiación solar. Tampoco son útiles las radiografías, los cristales ahumados, los CDs, los negativos fotográficos o el papel de aluminio: ninguno de ellos filtra el infrarrojo.

Por eso necesitamos recurrir a visores que cumplan la norma ISO 12312-2, los únicos que están homologados y garantizados para protegernos de todas las radiaciones peligrosas. Se fabrican con polímero negro, una resina de polietileno infusionada con partículas de carbono que absorbe el 99,99 % de la energía solar. Es común ver que estas gafas incluyen el número 2015 detrás (ISO 12312-2:2015), que hace referencia al año en que se actualizó la versión vigente de la norma.

Técnicamente, estas gafas tienen una densidad óptica 5 (OD 5). Esto significa que su factor de atenuación es tan alto que solo permiten el paso de una parte de cada 100 000 de la luz incidente (en la jerga, se habla una transmitancia del 0,001 %). Para hacernos una idea, son gafas 30 000 veces más oscuras que unas gafas de sol normales.

Existe una única y breve excepción a la regla de protección: la fase de totalidad. Solo cuando la luna cubra por completo el disco solar y aparezca la corona será 100 % seguro retirar las gafas para observar a simple vista el eclipse. Pero ojo porque esta fase dura poco, por lo que hay que extremar la precaución y volver a colocarnos las gafas en el instante en que reaparezca el primer punto de luz.

Que no nos timen con las gafas

Para verificar que las gafas que tenemos son adecuadas, no solo hay que localizar la norma ISO 12312-2:2015 y el marcado CE en la patilla. También deben aparecer el nombre y la dirección del fabricante, para evitar falsificaciones.

Es importante comprobar las gafas antes de usarlas: si al ponérnoslas podemos ver algo con ellas que no sea el sol (los muebles de casa, los árboles de la calle, etc.), son falsas. Con unas homologadas solo deberíamos ver el sol o una bombilla muy potente.

Usar gafas de más de 15 años no es aconsejable, ya que los materiales se degradan con el tiempo y perderían su efectividad. Si el filtro tiene un arañazo o agujero, también es desaconsejable utilizarlas, ya que ese pequeño impacto actuará como un láser que se dirigirá directamente a la retina.

Por otro lado, es esencial guardar las gafas en un estuche protector. Y evitar limpiarlas con líquidos o productos abrasivos que degraden el polímero.

Y en ningún caso se puede mirar a través de telescopios o prismáticos con gafas de eclipse puestas: las lentes de estos equipos actuarían como una lupa gigante para la luz, quemando el filtro en milisegundos y dejando pasar la luz directa al ojo. Si usamos estos equipos, que sea instalando en sus objetivos frontales unos filtros solares especiales.

Un colador, una cámara estenopeica y los cinco sentidos

Si no contamos con gafas que cumplan la norma, se pueden usar métodos de proyección indirecta. Por ejemplo, con un colador de la mano, nos ponemos de espaldas al sol y dejamos que la luz pase por los agujeros, proyectando la sombra hacia el suelo o una pared. Podremos ver cómo cada agujero proyecta un pequeño eclipse. Otra opción es usar una cámara estenopeica, en la que los rayos de luz atraviesan un pequeño agujero para formar la imagen dentro de una caja.

La NASA ha difundido un vídeo explicando cómo fabricar de forma casera una cámara estenopeica usando una caja de cereales, un trozo de papel, tijeras, cinta adhesiva y papel de aluminio. Los métodos de proyección son 100 % seguros y muy divertidos de fabricar con niños.

En cualquier caso, lo mejor es vivir el eclipse al completo, sintiendo cómo se refresca el aire cuando se esconde el sol, escuchando cómo los pájaros quedan en silencio y mirando cómo cambian los colores de repente alrededor de nosotros. En definitiva, disfrutar de la experiencia con todo el cuerpo, pero protegiendo los ojos para que sigan intactos para disfrutar, entre otras cosas, de muchos otros eclipses que están aún por llegar.

The Conversation

Conchi Lillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Manual de supervivencia visual para el eclipse: qué hacer y qué no para mirar al sol – https://theconversation.com/manual-de-supervivencia-visual-para-el-eclipse-que-hacer-y-que-no-para-mirar-al-sol-283403