Christopher Nolan, el cineasta que no deja de jugar con el espacio y el tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Robles Gutiérrez, Rafatal, Profesor Dr. de Comunicación Audiovisual y cineasta, Universidad de Málaga

Joseph Gordon-Levitt en una escena de _Inception_, la película de Christopher Nolan en la que el tiempo y el espacio literalmente pueden doblarse. Warner Bros

La narración de la Odisea, de Homero, empieza in media res, es decir, en mitad de la historia. Ulises, su protagonista, tarda varios capítulos en aparecer, y cuando lo hace sabemos de sus aventuras y desventuras gracias a unos flashback que él mismo relata. Es decir, la estructura del poema no es lineal y el tiempo y el espacio se mezclan a lo largo de todo el periplo.

Precisamente, el espacio y el tiempo son unas variables más que recurrentes en las películas de Christopher Nolan, encargado de la nueva adaptación del poema épico.

Desde el principio de su filmografía, Nolan se ha servido de aquello que, según Andréi Tarkovsky, definía más puramente al lenguaje cinematográfico: trozos de espacio y de tiempo. Según el cineasta ruso, estos son los elementos con los que el director debe esculpir la película. El británico ha utilizado estas variables muchas veces, no sólo para armar la estructura que sostiene la historia, sino como parte de la narrativa. Porque, en muchos casos de su carrera, el propio filme se desarrolla en esa representación bidimensional de los dos ejes.

Primero el futuro, después el presente

Las películas de Nolan desafían la linealidad cronológica. Así se puede ver en Memento, el filme que catapultó internacionalmente su carrera en el año 2000.

Memento cuenta la historia de Leonard quien, a causa de una lesión cerebral, pierde sus nuevos recuerdos cada quince minutos (aunque sigue sabiendo cómo realizar tareas cotidianas). A través de diferentes recursos, Leonard apunta, fotografía o se tatúa información para, en última instancia, alcanzar su objetivo: descubrir quién asesinó a su esposa y le dejó a él en ese estado.

La narración cinematográfica se presenta igual de caótica que los recuerdos del protagonista. En un ejercicio de desorden temporal, el espectador ve primero los resultados de lo ocurrido en la que será la secuencia siguiente, en vez de seguir el orden opuesto. En esta marcha atrás se implica emocionalmente al espectador, haciendo que el tiempo transforme su propia experiencia. Esa fragmentación y uso del tiempo, rasgos fundamentales de la puesta en escena, se relacionan estrechamente con cuestiones como la memoria, la percepción de la realidad y, especialmente, la identidad del ser humano. Es decir, quiénes somos depende de cómo organicemos temporalmente nuestra experiencia.

El tiempo que se estira espacialmente

En Inception, un aparente thriller de ladrones que también bebe de la ciencia ficción, los personajes se sumergen en diferentes niveles de sueño que no controlan. Si la teoría de la relatividad de Einstein dice que el espacio y el tiempo no son fijos ni absolutos, sino que se deforman, estiran y fusionan en un tejido dinámico de cuatro dimensiones llamado espacio-tiempo, Nolan la utiliza para desarrollar esos niveles de sueño. Así, cada vez que alguien baja una de estas capas, el tiempo se dilata proporcionalmente. Los sueños, que son tridimensionales, están directamente afectados por esa cuarta dimensión que es el tiempo.

Los personajes que diseñan la puesta en escena –el espacio– de los sueños se denominan arquitectos. Y a su vez, la propia arquitectura narrativa de la película se sostiene en esa suspensión del tiempo, alargándolo o estrechándolo. Esto afecta directamente a las emociones, y la identidad, de los personajes: Cobb, el protagonista, se culpabiliza de la muerte de su esposa (un hecho transmutado de Memento) y se regocija peligrosamente en la capacidad física y tangible del espacio, creado a través de los recuerdos, reconstruido en los sueños.

Del tiempo en el espacio a las horas en la guerra

Para ir un paso más allá y seguir el camino trazado por Albert Einstein, Nolan se asocia con el físico Kip Thorne para crear una sólida base científica en el guion de Interstellar, junto a su hermano Jonathan. En ella se cuenta la historia de Cooper y un grupo de astronautas que viajan a través del Universo para encontrar un planeta habitable para los humanos, ya que en la Tierra los recursos están al límite.

Además de narrar las peripecias de los personajes y conseguir una fiel representación de la cuarta dimensión de forma física –es decir, el tiempo plasmado en el espacio–, resulta memorable el momento en el que el protagonista regresa para reencontrarse con su octogenaria hija: mientras para él han pasado sólo dos años de viaje hacia las estrellas y agujeros negros, para ella han transcurrido décadas.

Dunkerque narra la historia real del rescate marítimo de soldados aliados rodeados por alemanes en una playa en 1940. Supone su primera recreación histórica y, aunque pensásemos que por ello debería respetar un tono alejado de la ciencia ficción, Nolan utiliza a su antojo el espacio y el tiempo en su estructura. Así, la película tiene tres puntos de vista que se desarrollan en tres líneas temporales diferentes: lo sucedido en la tierra se expande una semana, lo que pasa en el mar ocupa el espacio de un día y las luchas aéreas transcurren en una hora.

De forma magistral, Nolan une el desenlace de las tres tramas. Así, los hilos argumentales que se desarrollan en diferentes espacios y tiempos convergen. Todo sucede antes del clímax y aumenta progresivamente la tensión de la experiencia cinematográfica del espectador.

Vuelve Einstein

En 2020, con Tenet, el cineasta riza el rizo y desafía la propia relatividad dando, en esta ocasión, un paso hacia adelante y otro hacia atrás gracias al concepto de simetría (de nuevo Einstein). Si, según el científico, el espacio y el tiempo se dilatan y contraen dependiendo de la velocidad del observador, en Tenet el espectador actúa como dicho observador y es testigo de cómo los personajes y sus acciones transcurren en dos sentidos temporales opuestos.

Como el concepto analógico del rebobinado de cintas, los personajes van marcha atrás en una línea temporal en la que “el protagonista” se ve envuelto en una trama de espionaje que busca controlar un descubrimiento científico que invierte la entropía, es decir la magnitud física que mide el grado de desorden o caos dentro de un sistema, de ciertas personas y objetos. A pesar de lo asombroso del descubrimiento, resulta nefasto, ya que como habitualmente nos tiene acostumbrados el cine, traerá la Tercera Guerra Mundial si cae en manos inapropiadas.

Y de esas propias manos, las del físico J. Robert Oppenheimer, y del quebrantamiento de su propia identidad, asediado por las visiones de un holocausto nuclear futuro al pasar a la Historia como el padre de la bomba atómica, habla Oppenheimer. El cineasta, al rodar su primer biopic, nos regala la recreación de una probable conversación sobre la responsabilidad moral de la física cuántica entre Oppenheimer y Einstein. La escena es un claro homenaje al padre del relativismo y de las variables –en constante evolución– de forma y fondo de las que se nutre su obra.

Así pues, ante tanta atención puesta en el espacio y el tiempo, solo cabe preguntarse: ¿cómo será el regreso a Ítaca del propio Christopher Nolan?


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Rafael Robles Gutiérrez, Rafatal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Christopher Nolan, el cineasta que no deja de jugar con el espacio y el tiempo – https://theconversation.com/christopher-nolan-el-cineasta-que-no-deja-de-jugar-con-el-espacio-y-el-tiempo-287133

De hombres corrientes a perpetradores: los reclutas forzosos de la Guerra Civil española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Jorge Leira Castiñeira, Ramón y Cajal Fellow en Historia Contemporénea, Universidad Carlos III

“Una guerra es una guerra”. Esta frase la pronunció un antiguo combatiente a principios de siglo durante una charla que tuve con él. Recordaba que, durante algunas treguas, había hablado con soldados del otro bando. Podían conversar, reconocerse como personas, quizá compartir un cigarrillo o unas palabras. Pero cuando regresaba el combate, volvían a dispararse.

Aquella frase breve resume uno de los grandes problemas de la historia de la violencia: ¿cómo llega una persona corriente a matar? ¿Qué ocurre cuando un campesino, un obrero, un estudiante o un empleado que nunca había ejercido una violencia extrema recibe un fusil y la orden de combatir?

La Guerra Civil española permite observar este proceso. Entre 1936 y 1939, cientos de miles de hombres fueron movilizados de manera obligatoria. Muchos no eligieron estar allí. Algunos ni siquiera compartían la ideología del bando en el que terminaron luchando. Había conservadores, republicanos, socialistas, anarquistas, comunistas y personas sin una identidad política definida.

En el ejército sublevado, los reclutas forzosos constituyeron una parte fundamental de las tropas. Miles de jóvenes llamados a filas bajo amenaza de castigo. Muchos no habían disparado nunca contra nadie. Algunos procedían de familias de izquierda. Otros apenas se habían interesado por la política.

Adaptarse y matar

Sin embargo, una vez integrados en la maquinaria militar, tuvieron que adaptarse a una realidad completamente nueva. Esto obliga a mirar el conflicto más allá de los voluntarios falangistas, los requetés carlistas, los legionarios o los militares profesionales.

Y adaptarse significaba, muchas veces, matar. No hay una explicación única para esa transformación. La ideología importa, pero no basta. También influyen el miedo, la obediencia, la presión del grupo, la necesidad de sobrevivir, la defensa de los compañeros y la transformación de las normas morales en un contexto extremo. Surge una cuestión incómoda: la violencia extrema no siempre es obra de monstruos.

La mayoría de los soldados no eran fanáticos. La guerra había creado un mundo con reglas diferentes. En tiempos de paz, matar es un crimen. En una batalla se convierte en una obligación; y quien la perpetra, en héroe.

La guerra no borra necesariamente la moral. El enemigo puede estar a pocos metros. Puede verse su rostro, escuchar sus gritos y percibir su miedo. Algunos veteranos recordaron décadas después esa contradicción. Podían sentir compasión por prisioneros y, poco después, disparar contra otros hombres en combate. Uno de ellos explicó que había dado pan a unos prisioneros porque le daban pena, pero añadió que cuando comenzaba la batalla “había que matar”.

“No tenía elección”

Para soportar esa tensión aparecen explicaciones en muchas entrevistas realizada a excombatientes a lo largo de mi investigación: “era él o yo”, “no tenía elección”, “cumplía órdenes”, “si no disparaba, me mataban”. Estas frases pueden funcionar como mecanismos de supervivencia psicológica, ya que permiten reconstruir una imagen coherente de uno mismo después de haber atravesado una experiencia traumática.

El psicólogo Albert Bandura habló de “desconexión moral”. Se produce cuando una persona separa temporalmente sus principios. No necesita dejar de pensar que matar está mal. Puede convencerse de que, en aquella situación concreta, es necesario.

Para comprender cómo cambia el comportamiento dentro de un ejército resulta especialmente útil la teoría del psicólogo Herbert C. Kelman, uno de los grandes referentes en psicología de la paz. Kelman distinguió tres procesos: identificación, internalización y cumplimiento.

La identificación aparece cuando el individuo adopta comportamientos del grupo porque necesita pertenecer a él. En una unidad militar, los soldados comparten hambre, miedo, bombardeos, noches de guardia y la posibilidad constante de morir. Poco a poco, la compañía se convierte en el principal mundo social del combatiente. Surge un “nosotros” y, frente a él, un “ellos”. La lealtad hacia los compañeros puede ser incluso más fuerte que la ideología. Un soldado quizá no comparte las ideas de sus mandos, pero no quiere abandonar al hombre que duerme a su lado o que lo ha protegido durante un ataque.

La internalización se produce cuando las normas del grupo empiezan a parecer naturales. La disciplina, la jerarquía y determinadas formas de violencia se integran en la vida cotidiana. Un veterano relató cómo un desertor regresó a su unidad y fue ejecutado de inmediato por un sargento. Décadas después, su relato no estaba marcado por una condena tajante. Lo resumía como una de esas “cosas de la guerra”.

Cuando la responsabilidad se dispersa

La cadena de mando también dispersa la responsabilidad. Pensemos en un fusilamiento. Un superior toma la decisión. Otro transmite la orden. Un oficial organiza el pelotón. Un suboficial selecciona a los soldados. Finalmente, alguien dispara. Cada participante puede sentir que la responsabilidad principal pertenece a otro. “Yo no decidí”, “solo transmití la orden” o “cumplía mi función”.

El tercer proceso es el cumplimiento. Aquí la persona obedece porque existe una autoridad con capacidad real de castigo. Durante la guerra, el soldado no decide libremente dónde va, cuándo ataca o qué operaciones realiza. Puede ser encarcelado, enviado a un batallón disciplinario o incluso fusilado si desobedece.

La coerción podía extenderse a la familia. Desertar podía provocar interrogatorios o represalias contra padres, hermanos o esposas. Por eso resulta demasiado sencillo afirmar que un combatiente “podía haberse negado”. Sí, existían alternativas. Algunos huyeron o desertaron. Pero cada decisión tenía un coste enorme. Podían morir, podían castigar a su familia, podían represaliar a sus compañeros. La libertad existía, pero estaba profundamente limitada.

Los testimonios muestran hasta qué punto la guerra podía modificar los marcos de pensamiento. Un veterano reconoció que había soldados que mataban, violaban o cometían actos todavía peores. Cuando se le preguntó por qué nadie intervenía, respondió: “¿qué ibas a hacer?”. Era una frase de resignación que escondía una condena implícita.

Reclutas forzosos antifranquistas

La violencia aparece como una realidad inevitable. Sin embargo, combatir en un ejército no significa necesariamente compartir su ideología. Hubo reclutas forzosos procedentes de familias anarquistas o vinculados a organizaciones de izquierda que sirvieron durante años en el ejército sublevado y que después se incorporaron a la guerrilla antifranquista o se marcharon al exilio. Obedecer no equivale siempre a creer.

Tampoco todos soportaron la experiencia del mismo modo. Algunos quedaron marcados durante décadas. Otros guardaron silencio. Muchos relatos recuerdan con enorme precisión el hambre, las marchas, los uniformes o el paisaje, pero apenas mencionan la muerte. Esos silencios también forman parte de la historia.

No existe una respuesta única a la pregunta de por qué mata una persona corriente. Puede hacerlo por ideología, miedo, obediencia, supervivencia, compañerismo, presión o costumbre. Esas razones pueden mezclarse y cambiar durante el conflicto.

Comprender estos procesos no significa justificar la violencia: significa reconocer hasta qué punto la guerra transforma a quienes participan en ella.

Las personas no se dividen fácilmente entre héroes, víctimas y monstruos. Las situaciones extremas crean espacios ambiguos. Cambian las reglas, el lenguaje, las lealtades y los límites de lo aceptable.

La violencia extrema puede aparecer cuando una autoridad legitima el daño, cuando el grupo lo normaliza, cuando el miedo reduce las alternativas y cuando el enemigo deja de ser visto como una persona.

Por eso estudiar a los perpetradores no significa apartar la mirada de las víctimas. Tampoco juzgarlos. Significa intentar comprender cómo fue posible que se desarrollase esa violencia en España. Y esa pregunta no pertenece solo al pasado.

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Este artículo de Francisco Jorge Leira Castiñeira ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades a través de un contrato Ramón y Cajal (RYC2023-045639-I).

– ref. De hombres corrientes a perpetradores: los reclutas forzosos de la Guerra Civil española – https://theconversation.com/de-hombres-corrientes-a-perpetradores-los-reclutas-forzosos-de-la-guerra-civil-espanola-287137

Quiero ayudar tras una situación de emergencia humanitaria: ¿cuál es la mejor forma de hacerlo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Borja Santos Porras, Associate Dean and Professor – IE School of politics, economics and global affairs, IE University

Suphapong Eiamvorasombat/Shutterstock

Cada vez que un terremoto, una inundación o un conflicto golpea a miles de personas, la reacción de la ciudadanía es inmediata: queremos ayudar. El problema no es la falta de generosidad, sino no saber canalizarla bien.

Aquí la buena intención no siempre coincide con la ayuda más eficaz. Repasamos las tres vías principales –donar bienes, aportar a organizaciones humanitarias reconocidas o financiar directamente a organizaciones locales– con sus ventajas, sus límites y qué dice la experiencia sobre cuál suele tener más impacto.

Recolección de insumos: la opción más visible, pero casi nunca la más útil

Enviar ropa, comida o medicamentos es el gesto más intuitivo: das algo tangible y sientes que ayudas de verdad. Sin embargo, es la opción que más advertencias recibe por parte de los organismos humanitarios. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) desaconseja las donaciones en especie en la fase inmediata de una emergencia porque pueden saturar la logística de quienes están gestionando el desastre sobre el terreno.

Las razones son prácticas: clasificar, embalar, transportar y almacenar bienes cuesta tiempo y dinero, recursos que en plena emergencia son extremadamente escasos. Además, lo que enviamos no siempre coincide con lo que realmente se necesita –por disparidad en las tallas, climas o cultura alimentaria– y en muchos casos termina acumulado en almacenes, o incluso desechado.

En 2008, cuando trabajaba en el equipo de Naciones Unidas para Emergencias en Ecuador, sufrimos los efectos de las inundaciones de El Niño y llegaron muchos aviones con ayuda proveniente de muchos países. Hicimos un recuento de lo enviado frente a lo que realmente se necesitaba: solo el 5 % de lo que llegaba era útil.

Cajas de medicamentos y ayuda humanitaria de UNICEF para Ucrania (2022).
Sodel Vladyslav/Shutterstock

Otro ejemplo, este de 2011, cuando trabajaba con Naciones Unidas en Etiopía. Allí la base de la alimentación es la injera, un pan plano hecho con un cereal local llamado tef. Como parte de la respuesta a la crisis humanitaria de ese año, Estados Unidos envió toneladas de maíz, en gran parte, excedentes de su propia producción agrícola. El problema es que buena parte de la población etíope ni conocía ese alimento ni sabía cómo cocinarlo, y, sencillamente, no lo quería.

El Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) ha realizado guias prácticas para orientar a la ciudadanía sobre las donaciones en especie. ¿Cuándo tienen sentido este tipo de donaciones? Solo si hay un llamamiento específico de una organización que ya opera allí y que ha pedido ese material en concreto.

Donar a organizaciones reconocidas en España: seguridad, trazabilidad… y ventajas fiscales

Aportar dinero a una ONG española con experiencia humanitaria acreditada es, por consenso, la vía más recomendada por los especialistas en ayuda internacional. Estas entidades cuentan con personal profesional, mecanismos de coordinación con las autoridades locales y sistemas contrastados de rendición de cuentas.

Además, muchas de estas organizaciones trabajan con estándares humanitarios universales que guían la ayuda en desastres, como los estándares Esfera, que buscan proteger la dignidad humana en la respuesta a las personas afectadas: cuánta agua o comida mínima se debe dar y en qué condiciones, cómo deben ser los refugios, qué características debe tener la atención sanitaria, etc. Estos estándares fueron establecidos por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y numerosas organizaciones humanitarias tras las fallas detectadas en la asistencia a los refugiados del genocidio de Ruanda, en 1994.

Además de la profesionalidad y la rendición de cuentas, hay un incentivo añadido que algunos ciudadanos desconocen: si la entidad está acogida a la Ley 49/2002 de régimen fiscal de entidades sin fines lucrativos, la donación desgrava en el IRPF.

Aportar a instituciones u organizaciones locales: ayuda directa y sin intermediarios

Financiar directamente a una organización local tiene una ventaja muy clara: la financiación llega sin intermediarios y de forma más directa a quien ejecuta la ayuda sobre el terreno. Esto suele traducirse en mayor flexibilidad para adaptar los fondos a las necesidades reales y cambiantes, y menos costes de gestión intermedios.

No obstante, también tiene un inconveniente: resulta más difícil para el donante verificar la solvencia y trayectoria de la organización, y no siempre está claro que tenga la profesionalidad y el conocimiento necesarios para trabajar en contextos humanitarios. Además, estas donaciones normalmente no dan derecho a deducción fiscal en España, al no estar la entidad receptora acogida a la Ley 49/2002.

Esta vía es recomendable cuando existe una relación de confianza previa y contrastada con la entidad local, por ejemplo, a través de asociaciones en España de ciudadanos migrantes de los países en emergencia, que suelen tener conocimiento directo del terreno y de las organizaciones fiables que operan allí.

¿Por qué el dinero, en cualquier caso, es mejor que las donaciones en especie?

Más allá de por dónde se canalicen los recursos, el consenso del sector humanitario –recogido por la AECID, la CONGDE y organismos como CALP (Cash Learning Partnership)– es claro: el dinero es preferible a los bienes materiales.

Una donación económica permite comprar lo necesario en mercados locales o cercanos a la zona afectada, lo que, además de garantizar que la ayuda se ajusta a la necesidad real, reactiva la economía local justo cuando más lo necesita. Es decir, genera empleo, mantiene en marcha comercios y evita la dependencia total de la ayuda externa. Es lo que en el sector se llaman programas de transferencias monetarias, considerados, hoy por hoy, la forma de asistencia humanitaria más eficaz y respetuosa con la dignidad de las personas afectadas.

Es fundamental ayudar, si bien exige también informarse. La rapidez con la que se dona no debería ir por delante de la eficacia con la que esa ayuda llega a quien la necesita.

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Borja Santos Porras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Quiero ayudar tras una situación de emergencia humanitaria: ¿cuál es la mejor forma de hacerlo? – https://theconversation.com/quiero-ayudar-tras-una-situacion-de-emergencia-humanitaria-cual-es-la-mejor-forma-de-hacerlo-286748

El planeta donde podríamos volar moviendo los brazos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Zoteva/Shutterstock

La búsqueda de exoplanetas ha cambiado nuestra forma de entender el universo. Durante mucho tiempo, los astrónomos clasificaron los planetas utilizando como referencia los mundos del sistema solar. Sin embargo, los miles de exoplanetas descubiertos en las últimas décadas han revelado una diversidad mucho mayor de la esperada. Entre ellos destaca Kepler-138d, un planeta situado a unos 200 años luz de la Tierra que podría pertenecer a una categoría completamente distinta a cualquier cosa conocida en nuestro vecindario cósmico.

Un mundo oceánico

Kepler-138d ha despertado un gran interés porque, pese a tener un tamaño parecido al de la Tierra, parece poseer una densidad mucho menor. Los datos sugieren que podría contener enormes cantidades de agua y materiales ligeros, hasta el punto de que ha sido identificado como uno de los candidatos más prometedores a mundo oceánico. Si esta interpretación es correcta, estaríamos ante un planeta cuya estructura interna y condiciones ambientales podrían diferir radicalmente de las terrestres.




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Y eso conduce a una pregunta fascinante: si existen mundos tan distintos al nuestro, ¿podrían existir algunos donde los seres humanos fueran capaces de volar moviendo los brazos?

Representación artística de la estrella Kepler-9 y dos de sus exoplanetas, caracterizados por sus densidades excepcionalmente bajas.
NASA, Jet Propulsion Laboratory/California Institute of Technology, Ames Research Center

Cuando el entorno importa tanto como el cuerpo

La respuesta intuitiva es no. Los humanos no tenemos alas y nuestra anatomía no está diseñada para el vuelo. Sin embargo, esa conclusión depende en gran medida de las condiciones físicas de la Tierra.

Nuestro planeta combina una gravedad relativamente intensa con una atmósfera que, aunque suficiente para que vuelen aves y aviones, no proporciona el apoyo necesario para que una persona pueda sostenerse en el aire mediante la fuerza de sus propios brazos. Por eso necesitamos tecnologías que compensen esas limitaciones.

Pero la física del vuelo no depende únicamente del organismo. También depende del entorno.

Los dos ingredientes del vuelo humano asistido

Para imaginar un mundo donde una persona pudiera volar moviendo los brazos hacen falta dos ingredientes fundamentales.

El primero es una gravedad relativamente baja. Cuanto menor sea la atracción gravitatoria de un planeta, menor será también el peso de cualquier objeto situado sobre su superficie. Los saltos serán más altos, las caídas más lentas y permanecer en el aire resultará mucho más fácil.

El segundo ingrediente es una atmósfera densa. Cuando el aire contiene más materia, los movimientos generan fuerzas aerodinámicas más intensas. Cada superficie expuesta al flujo de aire produce más sustentación y puede permanecer suspendida con mayor facilidad.

La combinación de ambos factores cambia completamente las reglas del juego. En un planeta con gravedad moderada y una atmósfera especialmente espesa, una persona equipada con simples membranas de planeo podría desplazarse por el aire de forma sorprendentemente eficiente. Los movimientos de brazos y piernas ayudarían a mantener la altura, aprovechar las corrientes atmosféricas y prolongar el tiempo de vuelo.

No sería un vuelo como el de las aves, sino algo a medio camino entre saltar, planear y navegar por el aire.

Volar siempre ha sido el sueño de la humanidad.
Wikimedia Commons

Lo que Kepler-138d nos enseña

Kepler-138d resulta especialmente interesante porque demuestra que existen mundos con propiedades físicas muy distintas a las terrestres. Su baja densidad sugiere una composición rica en agua y materiales ligeros, algo que hasta hace pocos años apenas aparecía en los modelos planetarios más habituales.

Aunque todavía conocemos pocos detalles sobre su atmósfera, este planeta podría representar una de las primeras muestras de una familia de mundos donde las condiciones ambientales difieren profundamente de las que encontramos en la Tierra. Los llamados mundos oceánicos podrían poseer atmósferas extensas y entornos físicos muy diferentes a los que estamos acostumbrados a imaginar.

Precisamente por eso, Kepler-138d nos invita a pensar en posibilidades que antes parecían reservadas a la ciencia ficción. Si existen planetas con composiciones tan distintas, también podrían existir mundos donde la combinación de gravedad y atmósfera favorezca formas de movilidad imposibles en nuestro planeta.

En ese contexto, el vuelo humano asistido deja de ser una fantasía absurda para convertirse en una consecuencia plausible de determinadas condiciones físicas.

Un universo lleno de posibilidades

La imagen de una persona elevándose lentamente mientras mueve los brazos puede parecer propia de una novela fantástica. Sin embargo, no contradice ninguna ley de la naturaleza. Lo único que requiere es un entorno adecuado.

Kepler-138d no es importante porque sepamos exactamente cómo es, sino porque nos recuerda que la Tierra representa solo una de las muchas maneras posibles de construir un planeta. Cada nuevo exoplaneta descubierto amplía nuestra visión de lo que puede existir en el universo.

Quizá algunos de esos mundos posean atmósferas tan densas y condiciones gravitatorias tan favorables que volar resulte casi tan natural como caminar. Quizá los habitantes de esos planetas aprendan a planear desde niños y consideren el desplazamiento aéreo una habilidad cotidiana.

A medida que descubrimos más mundos como Kepler-138d, resulta cada vez más evidente que muchas de las limitaciones que damos por sentadas son simplemente consecuencia de vivir en un planeta concreto. En algún lugar de la galaxia podría existir un mundo donde el viejo sueño humano de volar no requiera motores ni alas artificiales. Bastaría con extender los brazos y dejar que el planeta hiciera el resto.

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Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Más allá del porno: ¿cómo afectan los contenidos explícitos en cine y series al desarrollo sexual de los adolescentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Antonio De la Rosa Fernández-Pacheco, Researcher, Universidad de Navarra

Cottonbro studio/Pexels , CC BY

Los guiones que orientan nuestras trayectorias vitales se van modelando, en parte, a través de las historias y los comportamientos que vemos reflejados en los medios y la cultura popular. Esta influencia es especialmente profunda durante la adolescencia, etapa del desarrollo formativo en que los jóvenes exploran las normas y los roles sociales y van construyendo lo que más tarde será su identidad adulta.

Una de las dimensiones clave de este período, que puede verse muy afectada por los medios y el entretenimiento de masas, es lo que en el ámbito académico se conoce como “guiones sexuales” (sexual scripts). Se trata de las pautas y expectativas aprendidas que, una vez interiorizadas, guían la manera en que las personas, principalmente los adolescentes, entienden y viven la sexualidad en su día a día.

Antes en la pantalla que en la vida

En la sociedad actual, gran parte de lo que los adolescentes saben sobre las relaciones afectivas les llega filtrado a través de las pantallas, a menudo mucho antes de tener sus primeras experiencias románticas o sexuales. En este contexto, una de las preocupaciones centrales es cómo la pornografía puede influir en la experiencia cotidiana de la intimidad y la sexualidad.

A medida que la tecnología se cuela en cada rincón de nuestras vidas, niños y niñas tienen acceso a teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales a edades cada vez más tempranas. Esto se traduce en un acceso prematuro a la pornografía, que hoy en día puede empezar tan pronto como a los 12 años.




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El impacto del consumo precoz de porno

Diversas investigaciones han demostrado que el consumo de pornografía está asociado a ciertos rasgos individuales, como la búsqueda de sensaciones o la apertura a la experiencia. También se ha analizado cómo el acceso temprano a dichos contenidos puede moldear las actitudes y conductas sexuales.

Los resultados son ambiguos. Mientras que algunos estudios apuntan que la pornografía refuerza expectativas poco realistas o estereotipos de género, otros sugieren que, en determinados contextos, puede ser una fuente válida de información, exploración o autoconocimiento sexual.

Nuestro estudio reciente aporta un nuevo matiz a este debate al plantear que el contenido sexual presente en los medios audiovisuales convencionales (no pornográficos) puede servir como un paso intermedio hacia el consumo posterior de pornografía.

El sexo en la pantalla

Nuestra investigación se basa en los datos de una encuesta representativa realizada a jóvenes adultos españoles de entre 18 y 25 años. Tras analizar las respuestas de 1 000 cuestionarios, examinamos si la exposición a medios convencionales sexualizados durante la adolescencia está relacionada con el consumo de pornografía entre los 18 y los 29 años, el período que en psicología se denomina “adultez emergente” (emerging adulthood).

Se pidió a los participantes que recordaran la película y la serie de televisión que más les hubieran marcado entre los 12 y los 17 años. Después, los títulos fueron clasificados utilizando la guía parental del sitio web IMDb en la categoría de “sexo y desnudez”, cuyos niveles van desde la ausencia de contenido explícito hasta el contenido explícito severo.

El impacto emocional de las escenas intensas

Este método basado en el recuerdo se apoya en la teoría de la “transportación narrativa” (narrative transportation), la idea de que las historias nos calan más hondo cuando nos absorben emocionalmente. Según esta teoría, es más probable que una serie o película que impacte, fascine o conmueva a un adolescente se quede grabada con nitidez en su memoria años después.

Al analizar la muestra global, el factor que mejor predijo el consumo de pornografía en la edad adulta fue, como era de esperar, su consumo previo durante la adolescencia.




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Sin embargo, entre los participantes que no habían visto pornografía antes de los 18 años, aquellos que recordaron películas y series de televisión clasificados con un contenido explícito “moderado” o “severo” mostraron una probabilidad significativamente mayor de consumirla de adultos. Esto confirmó una de las hipótesis centrales de nuestro estudio.

Curiosidad, normalización y desensibilización

Existen varias explicaciones posibles para este vínculo. La primera es la normalización: la exposición repetida a contenidos sexuales en el cine y la televisión puede moldear sutilmente lo que los adolescentes consideran un comportamiento normal, aceptable o deseable.

Otra posibilidad es la curiosidad. La adolescencia es ya de por sí una etapa de exploración y de gran sensibilidad hacia las nuevas experiencias. El contenido sexual enmarcado en historias que atrapan emocionalmente puede despertar un interés que, más adelante, lleve a algunos espectadores a buscar material más explícito en internet.

El artículo también plantea el factor de la desensibilización: escenas que al principio resultan provocadoras o transgresoras pueden volverse familiares con el tiempo. A medida que aumenta esa familiaridad, hay quienes buscan contenidos que les provoquen una respuesta emocional o fisiológica más intensa para mantener el mismo nivel de estímulo, lo que ayudaría a explicar el paso de los medios convencionales con carga sexual a la pornografía.

La pornografía no existe en un vacío

El estudio, no obstante, presenta ciertas limitaciones.

En primer lugar, lo que hemos detectado es una asociación, no una prueba de que exista una relación causa-efecto. Los resultados no demuestran de forma categórica que ver contenidos convencionales sexualizados empuje a los adolescentes a consumir pornografía. Sin embargo, sí señalan una posible vía de acceso hacia el material pornográfico en jóvenes que no habían sido expuestos a él previamente.

En segundo lugar, los participantes tuvieron que recordar experiencias de años atrás, lo que introduce la posibilidad del sesgo retrospectivo.

Un entorno mediático global

A pesar de estas limitaciones, el estudio enriquece nuestra comprensión de cómo influyen los contenidos audiovisuales en el desarrollo sexual. El valor principal de nuestro artículo radica en que amplía el foco, al dejar de analizar la pornografía de forma aislada para entender su relación con el entorno mediático en que crecen los adolescentes.

Otra implicación más práctica del estudio, útil tanto para padres como para educadores y organismos reguladores, es que respalda la validez de los sistemas públicos de calificación, como la guía parental de IMDb. Así, ponemos de relieve el papel que pueden jugar estas herramientas, al alcance de cualquiera, a la hora de tomar decisiones de visionado informadas y adecuadas para cada edad.

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Pedro Antonio de la Rosa Fernández-Pacheco recibió fondos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) para la elaboración de este proyecto de investigación

Javier García-Manglano y Álvaro Villagrán Sánchez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Más allá del porno: ¿cómo afectan los contenidos explícitos en cine y series al desarrollo sexual de los adolescentes? – https://theconversation.com/mas-alla-del-porno-como-afectan-los-contenidos-explicitos-en-cine-y-series-al-desarrollo-sexual-de-los-adolescentes-286269

El poder transformador de la generosidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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Cada año, desde 1987, la revista Forbes publica la lista de las personas más ricas del mundo. Pero también ofrece un ranking de los principales filántropos globales: hombres y mujeres que donan a causas sociales, a la investigación de enfermedades, a la creación de becas educativas, a iniciativas para mejorar el medio ambiente y similares.

En sus informes más recientes, la revista ha incluido un interesante factor de ponderación que permite conocer qué multimillonarios donan un mayor porcentaje de su patrimonio neto. Es el Forbes Philanthropy Score.

Aunque informes como el de Forbes influyen en la opinión pública, muchos grandes filántropos no donan dinero en busca de reconocimiento o publicidad. Mi experiencia con algunos donantes es que prefieren el anonimato, independientemente de que puedan beneficiarse o no de ventajas fiscales por sus aportaciones. En cualquier caso, creo que deberíamos alegrarnos de que la filantropía parezca estar en aumento, aunque haya sectores de la sociedad que resten importancia a donaciones significativas por proceder del ámbito privado.

No solo los ricos

En cualquier caso, la generosidad no es una cualidad exclusiva de los ricos. Es una virtud que todos podemos cultivar para hacernos mejores y más felices. En este sentido, recordemos el relato bíblico de La ofrenda de la viuda: Marcos cuenta cómo, aunque solo dio dos pequeñas monedas de limosna, mucho menos en términos absolutos que otros donantes, Jesús reconoció su contribución como mucho más valiosa por el sacrificio personal que implicaba.

Posteriormente, los filósofos explicarían la generosidad de distintas maneras:.Descartes la consideraba “la llave de todas las virtudes y un remedio general contra todos los desórdenes de las pasiones”, mientras que Nietzsche la calificaba como “la virtud más elevada”.

La generosidad, frente a la codicia, suele entenderse como el hábito de dar o compartir con otros sin esperar nada a cambio. Es posible dar muchas cosas, no solo dinero, regalos u objetos. También se puede ser generoso con el tiempo, a veces el bien más preciado, algo especialmente pertinente en el ámbito académico.

Querer mucho

También se puede ser generoso con el afecto, por ejemplo, felicitando a conocidos en sus cumpleaños o celebraciones, elogiando a otra persona por un logro o mostrando empatía.

Existen, asimismo, actos que parecen generosos pero no lo son. El político estadounidense Lester H. Hunt (1892-1954) escribió que regalar una botella de vino a un vecino puede hacerse para establecer una relación, o que un obsequio a una persona necesitada, pero amenazante, puede ser simplemente una forma de evitar un conflicto.

Sin embargo, dada la dificultad de determinar o medir la intencionalidad, debemos conformarnos con juzgar lo que observamos. Tal vez muchos actos que consideramos generosos no cumplirían con la exigencia de desinterés que plantea Hunt. Dicho esto, podría sostenerse que cualquier forma de dar es mejor que ninguna.

Generosidad recíproca

Nos gusta pensar que la generosidad en el seno familiar es desinteresada y no transaccional. Sin embargo, puede existir una expectativa razonable de reciprocidad. Por ejemplo, los hijos cuidan de sus padres cuando estos envejecen, devolviendo el cuidado recibido en la infancia.

En la amistad también ocurre que las personas se reprochan no haber ayudado en momentos críticos. Aunque el factor decisivo es que no haya una expectativa de retorno a corto plazo, también se entiende que se puede contar con los amigos en tiempos difíciles. Como dice el refrán: “En la necesidad se conoce al amigo”.

Un artículo publicado en la revista Nature en 2017 mostró el vínculo neuronal entre generosidad y felicidad. Mediante una resonancia magnética, se midió la actividad de distintas áreas del cerebro de los participantes. A un grupo se le entregó una cantidad de dinero para destinarla a las necesidades de otras personas, al otro se le dio la misma cantidad para gastarla en sí mismos. En el primer caso, las imágenes mostraron una conectividad más intensa entre la función temporoparietal y el estriado ventral, la zona del cerebro que activa la sensación de felicidad.

Los científicos concluyeron que los seres humanos son generosos con familiares, amigos o desconocidos porque eso les hace sentirse mejor y no tanto por la búsqueda de una compensación.

Generosidad en el trabajo

También en el ámbito laboral se han analizado los efectos del comportamiento generoso entre colegas. Dicen los expertos: “Practicar la amabilidad resulta enormemente beneficioso para nuestros compañeros. Ser reconocido en el trabajo ayuda a reducir el agotamiento y el absentismo, y mejora el bienestar de los empleados”. Y recomiendan ser generosos en agradecimientos y reconocimientos dentro del entorno profesional. La generosidad en el agradecimiento mejora el clima, motiva a otros y, en línea con el estudio de Nature, hace más felices a quienes la practican.

Desde una perspectiva transaccional, podría pensarse que las personas generosas actúan de manera ingenua al no buscar abiertamente algo a cambio de sus buenas acciones. Esta visión es errónea, porque la generosidad, aunque no persiga compensación, siempre es reconocida, aunque sea a largo plazo, a través del respeto de los demás.

Sin embargo, en contextos donde triunfan los insistentes y oportunistas, uno de los riesgos de ser el único que practica sistemáticamente la generosidad es acabar sufriendo de “agotamiento por generosidad”.

Por lo general, en los equipos de trabajo los aprovechados son pronto identificados y excluidos. Pero si uno tiene la percepción personal, contrastada con la opinión de personas de confianza, de ser el único miembro generoso del equipo, conviene tomar medidas para equilibrar la situación.

Generosidad y mentorazgo

En el libro Dar y recibir (2013), el profesor e investigador estadounidense Adam Grant explica que en todas las organizaciones hay receptores, quienes suelen beneficiarse del trabajo de los demás, incluidos los jefes, equilibradores, que contribuyen y utilizan de manera compensada el trabajo común, y dadores: esa valiosa especie que contribuye al colectivo sin esperar necesariamente algo a cambio.

En una empresa, lo ideal es que haya más dadores que receptores porque, aritméticamente hablando, el valor añadido total será mayor y, además, se generará un entorno laboral más positivo.

Otra forma de ejercer la generosidad en el trabajo es el mentorazgo, práctica que ha demostrado mejorar el desempeño de los directivos jóvenes. Para que tenga éxito, esta relación debe basarse en el desinterés, la ausencia de agenda política, el respeto mutuo, la coherencia y el compromiso.

Generosidad vocacional

En el ámbito educativo, la generosidad es una cualidad fundamental del profesorado. El desinterés necesario para dedicar años a mejorar el aprendizaje de los jóvenes convierte esta profesión en una vocación, una llamada a servir al desarrollo de los estudiantes, que no se compensa únicamente con la remuneración.

En cierto modo, considero a los directivos y gestores como docentes, porque parte de su tarea consiste en motivar a sus colaboradores y subordinados para que trabajen eficazmente, se identifiquen con su organización y mejoren como profesionales y como personas. Sin duda, el ejercicio de cualquier forma de liderazgo debe sustentarse en la generosidad.

Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El poder transformador de la generosidad – https://theconversation.com/el-poder-transformador-de-la-generosidad-286530

Caro, inconsistente y aburrido: el VAR debía traer justicia pero ahora es el gran sospechoso del Mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bikesh Raj Upreti, Lecturer in Business Information Systems, The University of Queensland

El suizo Breel Embolo protesta ante el árbitro tras recibir una tarjeta roja tras la revisión del VAR. Anadolu/Getty Images

Muchas de las figuras más destacadas del fútbol mundial han saltado al terreno del juego en los últimos días con motivo de los cuartos de final y semifinales del Mundial masculino de la FIFA. Sin embargo, para muchos aficionados, las hazañas de jugadores como Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland quedaron eclipsadas por las actuaciones de un personaje inesperado: el árbitro.

Dos decisiones polémicas empañaron la victoria de Inglaterra por 2-1 sobre Noruega: una que anuló un gol noruego debido a una falta previa, y otra que validó un gol inglés a pesar de una aparente colisión previa entre el balón y un cable aéreo. Del mismo modo, la victoria de Argentina sobre Suiza nunca pareció ponerse en duda cuando el videoarbitraje acarreó una segunda tarjeta amarilla al delantero suizo Breel Embolo. Una intervención que revirtió la decisión inicial del árbrito y decantó el devenir del partido.

En el centro de estas tres decisiones polémicas se encontraban tecnologías diseñadas precisamente para acabar con las decisiones polémicas. La FIFA validó el gol inglés apoyándose en el dispositivo snicko, que detecta el contacto y que estaba acoplado al balón. Las otras dos decisiones se basaron en el poco apreciado videoasistente (VAR), un panel de colegiados fuera del terreno de juego capaz de ver repeticiones y asesorar al árbitro sobre el terreno de juego.

Estas fueron solo las últimas de una serie de intervenciones cuestionadas del VAR en esta Copa del Mundo. Entonces, ¿por qué un sistema de alta tecnología diseñado para reducir la injusticia y los errores arbitrales ha acabado provocando más de las mismas polémicas que se suponía que debía zanjar?

Los hechos son importantes, pero también lo es el criterio

El fútbol es un deporte rápido y complejo, cuyas reglas se han ido desarrollando a lo largo de más de 160 años.

La tecnología puede ayudar a los árbitros a resolver algunas cuestiones objetivas, como si el balón ha cruzado la línea de gol o qué jugador lo tocó por última vez antes de que saliera del terreno de juego.

Sin embargo, muchas decisiones relacionadas con faltas, penaltis y manos dependen de cuestiones de criterio y de cómo aplicar las reglas. A menudo, incluso los expertos mejor informados discrepan sobre cuál es la decisión correcta.

Algunas disputas se refieren a márgenes de milímetros revelados por las repeticiones; otras en las que incluso el VAR parece haber pasado por alto una falta clara; y otras en las que una decisión técnicamente correcta resulta, sin embargo, injusta.

El VAR puede reproducir las imágenes para volver a examinar las decisiones y revisarlas. En teoría, esto debería ayudar a reducir los errores.

Sin embargo, a pesar de que ahora las revisiones cuentan con más pruebas en las que basarse, muchos consideran que la toma de decisiones real es muy inconsistente.

En parte, esto se debe a que el árbitro sobre el terreno de juego tiene discrecionalidad a la hora de aplicar con mayor o menor rigor ciertas reglas, como por ejemplo, hasta qué punto el contacto entre jugadores puede considerarse una falta. Según Pierluigi Collina, responsable de árbitros de la FIFA, el VAR tiene que adaptarse a la forma en que se arbitra el partido. Si el árbitro permite un contacto fuerte en el terreno de juego, el VAR debería adaptarse en consecuencia, y encontrar el punto de equilibrio para mantener la coherencia es todo un reto.

Los problemas fundamentales persisten

No es probable que más tecnología y más intervención resuelvan algunos de los problemas fundamentales.

Un partido disputado en febrero entre la Juventus y el Inter de Milán en la Serie A italiana ilustra el problema. Un jugador de la Juventus tuvo un contacto mínimo con un jugador del Inter, quien exageró el contacto y se cayó.

El árbitro mostró una tarjeta amarilla –por una falta grave– al jugador de la Juventus. Era la segunda tarjeta amarilla del jugador, lo que significaba que debía abandonar el terreno de juego durante el resto del partido.

Se podría pensar que era la ocasión perfecta para que el VAR revisara la jugada y aclarara la situación. Sin embargo, las normas del VAR impedían su uso para intervenir en situaciones de segunda tarjeta amarilla.

Cuando posteriormente se modificó la norma, no todo el mundo quedó satisfecho, incluido el jefe de árbitros de la liga italiana, Gianluca Rocchi, quien advirtió contra el “mayor uso de la tecnología”. Al mismo tiempo, señaló que este tipo de incidentes no se producirían si “los jugadores se centran en jugar al fútbol y, por lo tanto, facilitan el trabajo al árbitro”.

Más tecnología, más exigencias

Incluso cuando el sistema funciona, puede que no aumente la confianza de los aficionados en él.

En un partido del Mundial celebrado en junio entre Catar y Suiza, una decisión crucial sobre un penalti pareció depender de una señal de fuera de juego, que es precisamente para lo que está pensado el VAR.

Normalmente, tras una revisión del VAR, se muestra una infografía que detalla el resultado, pero en este caso no se mostró nada y se procedió a lanzar el penalti.

Los aficionados y los comentaristas se mostraron descontentos con la falta de información, afirmando que generaba desconfianza en la tecnología. Posteriormente, la FIFA declaró que la revisión del VAR se había llevado a cabo con éxito, pero que un problema técnico había impedido que se mostrara la infografía.

Así pues, incluso cuando se hace justicia, también debe verse que se hace. Cuanto más avanzada sea la tecnología, más se reducirá el margen de error y más exigirá el público transparencia. Al mismo tiempo, las posibilidades de fallo no harán más que aumentar.

Incluso cuando la tecnología funciona, puede convertir el fútbol en un juego de milímetros en aquellos casos en los que la posición de las puntas de los pies de un jugador pueda determinar una decisión de fuera de juego que cambie el rumbo del partido.

Este método puede parecer objetivo y basado en hechos, pero corre el riesgo de eliminar precisamente la emoción que atrae a los aficionados al fútbol. Es más, presupone que las mediciones son perfectamente precisas y exactas, sin errores.

Problemas mucho más allá del terreno de juego

El sistema VAR también ha tenido problemas fuera del campo. Un árbitro del VAR fue sorprendido visitando páginas de apuestas mientras trabajaba durante un partido. Otro fue suspendido por amaño de partidos. Se ha investigado a un responsable arbitral por influir indebidamente en las revisiones del VAR.

Y, a un nivel muy por encima del terreno de juego, la propia FIFA ha sido criticada por suspender la sanción impuesta a un jugador estadounidense sin una explicación clara y tras la intervención del presidente de EE. UU., Donald Trump. Esto podría haber abierto la puerta a una injerencia política más amplia, y ya hemos visto cómo otros países han solicitado un trato similar.

Quizá fuera inútil esperar que un sistema técnico pudiera poner fin a disputas fundamentalmente humanas en torno a un deporte que siempre ha sido más arte que ciencia.

Mientras tanto, se han invertido millones de dólares en la tecnología y el funcionamiento del VAR. Ahora, los errores conllevan una factura enorme, lo que los hace menos aceptables. Y esa misma inversión significa que es muy probable que el VAR haya llegado para quedarse, nos guste o no.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Caro, inconsistente y aburrido: el VAR debía traer justicia pero ahora es el gran sospechoso del Mundial – https://theconversation.com/caro-inconsistente-y-aburrido-el-var-debia-traer-justicia-pero-ahora-es-el-gran-sospechoso-del-mundial-287517

¿Cuántas personas mueren realmente por el calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dominic Royé, Investigador Ramon y Cajal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

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Cada verano, con la llegada de las altas temperaturas, se publican distintas cifras sobre las muertes asociadas al calor… y no siempre coinciden. Unas hablan de “golpes de calor”; otras, de “muertes atribuibles al calor”. Pero ¿a qué se deben esas diferencias?

La respuesta breve es que no todas las cifras miden lo mismo. En muchos casos, se trata de estimaciones, ya que el calor no siempre aparece como causa inmediata del fallecimiento. Comprender cómo se estima la mortalidad atribuible al calor es, por tanto, fundamental para interpretar correctamente estas cifras.

El golpe de calor es solo la punta del iceberg

El golpe de calor se produce cuando la temperatura corporal aumenta de forma extrema, generalmente por encima de 40 °C, porque el organismo deja de regular adecuadamente el calor. Puede provocar confusión, convulsiones, coma y fallo multiorgánico.

Sin embargo, las muertes certificadas como golpe de calor representan solo una pequeña parte de la mortalidad causada por las altas temperaturas. En un estudio internacional con datos de 34 países, mostramos que estas defunciones suponen alrededor del 1 % del total de muertes atribuibles al calor en la mayoría de los países europeos, incluida España. En Japón, donde existe una mayor concienciación social y una vigilancia más estandarizada, la proporción alcanza hasta el 54 % durante los episodios de calor más extremos.

Esta proporción es baja porque el calor rara vez aparece como causa directa de muerte. Con mayor frecuencia, desencadena o agrava enfermedades preexistentes y aumenta el riesgo de fallecer por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales. En estos casos, el certificado registra la enfermedad que causó el fallecimiento, sin identificar necesariamente la contribución de la temperatura.

¿Cómo estimamos las muertes por calor?

Para conocer el impacto real del calor no basta con contar los golpes de calor. Es necesario estimar cuántas muertes adicionales se producen cuando aumenta la temperatura.

El primer paso consiste en analizar, para cada ciudad, varios años de datos diarios de temperatura y mortalidad. Con ellos se estima una curva de exposición-respuesta que describe cómo cambia el riesgo de morir con la temperatura. Esta relación suele tener forma de U o de J. Su punto más bajo corresponde a la temperatura de mínima mortalidad (TMM), es decir, aquella en la que el riesgo es menor.

A continuación, se compara el riesgo relativo (RR) observado a una temperatura determinada con el correspondiente a la temperatura de mínima mortalidad. En la figura de ejemplo, una temperatura de 30 °C se asocia con un riesgo relativo de 1,5 en comparación con 20 °C. Esto significa que, a 30 °C, el riesgo de morir es un 50 % mayor que a 20 °C.

A partir de este riesgo, se calcula la fracción atribuible (FA), que indica qué proporción de las muertes observadas a 30 °C se debe al calor, y el número correspondiente de muertes atribuibles (NA). En el ejemplo, de las 75 muertes esperadas a 30 °C, 50 se habrían producido igualmente a la temperatura de mínima mortalidad y las 25 restantes corresponden al exceso asociado al calor.

Este procedimiento se repite para cada día del periodo estudiado. El resultado no es una cifra exacta, sino una estimación acompañada de un margen de incertidumbre, que expresa de forma transparente lo que los datos permiten conocer.

¿Qué causas de muerte están más relacionadas con el calor?

La misma metodología puede utilizarse para estimar la mortalidad atribuible por causas específicas. En un estudio reciente en España con datos oficiales de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al periodo 1999-2018, observamos que las enfermedades circulatorias y respiratorias concentraban la mayor parte de las muertes atribuibles al calor. También encontramos una contribución relevante de los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso.




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Los datos oficiales de mortalidad permiten analizar qué enfermedades se ven más afectadas, pero suelen publicarse con más de un año de retraso, lo que impide evaluar de inmediato el impacto de un episodio de calor.

Las altas temperaturas no afectan igual en todas partes

La temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad no es igual en todos los lugares. Cada ciudad tiene su propia temperatura de mínima mortalidad, determinada en parte por el clima local y por la adaptación de la población.

En un estudio internacional con datos de 43 países, encontramos que esta temperatura oscilaba, en promedio, entre 13 °C en las zonas alpinas y 26,5 °C en las tropicales. Además, por cada grado de aumento de la temperatura media anual de una ciudad, la temperatura de mínima mortalidad aumentaba 0,8 °C.

Esto indica que las poblaciones se adaptan parcialmente a su clima. Por ello, una misma temperatura puede suponer un riesgo en una ciudad y no en otra.




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El calor moderado también mata

El impacto no se limita a los días más extremos. El riesgo empieza a aumentar en cuanto se supera la temperatura de mínima mortalidad. Por eso, una parte importante de las muertes se acumula durante numerosos días moderadamente calurosos.

Durante el verano de 2025, el más cálido registrado hasta ahora según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), se estimaron 10 831 muertes atribuibles al calor moderado –definido como las temperaturas comprendidas entre la temperatura de mínima mortalidad y el 5 % de las temperaturas más altas– y 4 880 al calor extremo, correspondiente a ese 5 % de temperaturas más altas.

En conjunto, estos datos muestran que la acumulación de muchos días moderadamente calurosos puede producir una carga mayor que la de los episodios extremos.

Hacia la alerta temprana

España cuenta con un sistema de monitorización de mortalidad diaria coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Sus datos están disponibles con rapidez, aunque recogen la mortalidad por todas las causas y no permiten identificar de inmediato las enfermedades responsables.

Combinando estos datos con las temperaturas registradas por AEMET, la aplicación MACE monitoriza desde 2023, casi en tiempo real y por provincias, la mortalidad atribuible al calor en verano España. En Europa, iniciativas como Forecaster.health utilizan previsiones meteorológicas para anticipar el impacto sanitario por regiones y grupos de población.

Estas herramientas permiten seguir y prever la carga de mortalidad con varios días de antelación. Sin embargo, su integración generalizada en los sistemas oficiales de alerta sigue siendo una asignatura pendiente.

El calor constituye ya uno de los principales riesgos ambientales para la salud. Comprender cómo se calculan y qué representan las cifras de mortalidad atribuible es esencial para valorar su impacto real y mejorar la prevención en un contexto de cambio climático, con veranos cada vez más calurosos.

The Conversation

Dominic Royé esta financiado por el programa Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I) y la GAIN-Xunta de Galicia.

Aurelio Tobias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cuántas personas mueren realmente por el calor? – https://theconversation.com/cuantas-personas-mueren-realmente-por-el-calor-286973

Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Requena Mullor, Docente e Investigador en el Área de Ecología, Universidad de Almería

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En invierno, el despertador nos obliga a abandonar el refugio de unas sábanas calientes. En verano ocurre lo contrario: retrasamos la hora de acostarnos porque la cama parece conservar el calor del día. Después de todo, en las noches tropicales, cada vez más frecuentes, la temperatura mínima no baja de 20 ºC.

Cuando las sábanas “queman”, encendemos el ventilador o el aire acondicionado. Pero dormir fresco consume energía. Para que nos hagamos una idea, un equipo que demande de media 1,2 kilovatios/h (3 000 frigorías) durante ocho horas consumiría 9,6 kilovatios: unos 1,54 euros por noche y 46,08 euros al mes, suponiendo un precio de 0,16 euros por kilovatio/h. Un ventilador de 50 vatios costaría unos 0,12 euros al mes, una reducción del coste considerable, pero no reduce realmente la temperatura de la estancia.

Son cifras orientativas, ya que el consumo real depende del equipo, la vivienda y la tarifa eléctrica.

Aire acondicionado y consumo energético

El impacto no acaba en la factura ni afecta igual a todos los hogares. Las noches tropicales son cada vez más habituales en el Mediterráneo y el mayor uso del aire acondicionado podría elevar el consumo energético global un 72 %. Si esa energía procede de combustibles fósiles, enfriar nuestras casas alimenta el mismo calentamiento que hace necesario refrigerarlas.

La buena noticia es que podemos recurrir a otras fuentes energéticas. En un nuevo estudio en Andalucía mostramos que estas noches se producen antes en zonas costeras densamente pobladas y los principales núcleos urbanos del interior y que, en muchos de esos lugares, existe un elevado potencial energético derivado de residuos de biomasa para cubrir la creciente demanda del aire acondicionado. Así, el problema y su posible solución coinciden en el espacio.

Dos realidades que se superponen

Nuestra investigación partió de una pregunta: ¿podemos identificar dónde llegará antes la presión energética asociada a las noches tropicales y comprobar si allí existe una fuente renovable capaz de ayudar a cubrirla?

Analizamos 3 194 localizaciones pobladas de Andalucía y calculamos cuándo se produjo la primera noche tropical de 2023. Que esta llegue antes puede alargar la temporada de noches tropicales y, con ella, la necesidad de refrigeración. Combinamos esa información con imágenes térmicas nocturnas satelitales y con estimaciones municipales del potencial energético de la biomasa residual.

La primera noche tropical llegó antes a las zonas costeras y, entre las grandes ciudades del interior, a Sevilla y Córdoba. Los espacios urbanos con vegetación y agua se asociaron a un retraso de su aparición.

El resultado más impactante fue que las zonas con mayor potencial energético de biomasa tendían también a experimentar antes su primera noche tropical, con una tasa de ocurrencia temprana estimada 2,4 veces mayor. Es decir, lugares con mayor necesidad potencial de refrigeración coinciden con áreas de elevado potencial energético a partir de residuos.




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Residuos para generar frío y calor

Poda de olivo, hueso de aceituna o cáscaras de frutos secos son ejemplos de biomasa generada como residuo en Andalucía. Su energía puede transformarse en electricidad para alimentar equipos de refrigeración o aprovecharse térmicamente en sistemas de climatización de frío y calor. La idea no es puramente teórica. En la Universidad de Minnesota Morris (EE UU ), residuos del cultivo de maíz alimentan un sistema de biomasa que produce calefacción y refrigeración.

Andalucía parte de una posición destacada. Los últimos datos de la Agencia Andaluza de la Energía muestran que cuenta con 17 instalaciones de generación eléctrica a partir de biomasa que suman 274 megavatios de potencia. Sin embargo, esta cifra permanece estancada desde 2019, mientras que la potencia fotovoltaica ha pasado de 1 808,2 MW en 2019 a 11 695,6 MW en 2025.

La biomasa mantiene, además, una fuerte tradición ligada a la industria oleícola, la calefacción y el agua caliente. La pregunta es: ¿estamos planificando su uso pensando en la creciente demanda de refrigeración durante las noches tropicales?




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Antes de ocupar más suelo, optimicemos el uso de la biomasa

La transición energética no puede recurrir solo a unas pocas tecnologías, como la fotovoltaica. Andalucía dispone también de un elevado potencial energético en sus residuos agrícolas, forestales, ganaderos, industriales y urbanos.

Nuestro estudio muestra que parte de ese potencial se concentra donde las noches tropicales llegan antes y la demanda de refrigeración puede prolongarse. Esto convierte a la biomasa residual en un actor primario de la transición energética.

Aprovechar residuos que ya generamos para producir electricidad permitiría diversificar la oferta de renovables, reduciendo la actual presión de ocupación del territorio con infraestructuras fotovoltaicas. Además, frente a la solar o la eólica, la biomasa puede almacenarse y gestionarse con mayor flexibilidad. La clave está en planificar su aprovechamiento según la disponibilidad del recurso, la logística, la sostenibilidad y la capacidad de la red.

Producir energía es solo una mitad de la respuesta. Nuestro estudio también mostró que la presencia de vegetación y agua se asociaba con una reducción del 17 % en la tasa diaria de aparición de la primera noche tropical. Necesitamos producir energía de otra manera, pero también diseñar ciudades que necesiten menos energía para enfriarse.

Si durante las noches tropicales las sábanas “queman”, podemos encontrar parte de la energía que necesitamos para dormir más frescos en los residuos que ya generamos. Solo falta aprovechar más su potencial.

The Conversation

Juan Miguel Requena Mullor está financiado por la Universidad de Almería y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

– ref. Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno – https://theconversation.com/como-aprovechar-nuestros-residuos-para-combatir-el-calor-nocturno-286601

Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

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Los grandes pasos marítimos del petróleo ya no se dividen entre importantes y secundarios, sino entre los que están bajo asedio, los que tienen dueño, los que están naciendo y los que sostienen todo el sistema.

Cuando los mercados temen un cierre en el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se dispara en cuestión de horas. Lo hemos visto muy de cerca en todo 2026 La razón es bien conocida: por ese angosto paso del golfo Pérsico transita cerca del 20 % del crudo y el 25 % del gas natural licuado (GNL) que consume el mundo, según la Agencia Internacional de Energía. Pero fijarse sólo en Ormuz es leer solo una página del atlas y creer que se ha entendido el mundo.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que el 76 % del petróleo mundial viaja por mar. Ese océano de crudo y gas no fluye libremente: se estrangula en una docena de pasos que concentran los flujos en espacios de pocos kilómetros, a veces de pocos cientos de metros. Lo interesante no es catalogarlos, sino entender que se dividen en cuatro familias con lógicas de riesgo muy distintas: los pasos clásicos que están bajo asedio, los que tienen dueño con nombre y apellidos, los que están naciendo ante nuestros ojos y los que sostienen silenciosamente todo el edificio.

Los principales cuellos de botella energéticos globales (el tamaño del círculo es proporcional al tráfico de barriles de petróleo).
Fuente: elaboración propia con datos de la EIA (1H2025)., CC BY

Bajo el asedio de los drones y las lanchas rápidas

Durante medio siglo, la seguridad de los cuatro grandes pasos del petróleo –el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el Índico; el canal de Suez, que sirve de paso entre el Mediterráneo y el mar Rojo; el de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el Índico, y el paso de Malaca, que conecta el Índico con el Pacífico– descansó sobre una premisa simple: ningún actor racional se atrevería a desafiar a la marina estadounidense. Esa premisa ha muerto entre 2023 y 2026, y su certificado de defunción se firmó en el mar Rojo.

En 2023, los hutíes atacaron desde la costa yemení los buques comerciales estadounidenses y británicos en tránsito por Bab el-Mandeb, como una declaración de apoyo a Hamás en la guerra contra Israel. Entonces, las milicias demostraron que un arsenal de drones y misiles baratos bastan para desviar el comercio mundial. No necesitaron hundir ninguna flota: la mera amenaza disparó los seguros marítimos y obligó a las navieras a rodear África, elevando los fletes entre un 200 y un 300 %, y alargando cada viaje entre 10 y 15 días.

Tras los ataques, el canal de Suez –con apenas 313 metros de ancho en sus tramos críticos y por el que transitan unos 12 millones de barriles diarios– vio evaporarse buena parte de su tráfico sin que nadie lo bloqueara físicamente. Las flotillas navales multinacionales desplegadas en la zona, analizadas en detalle por la propia EIA, no lograron restaurar la confianza: la disuasión clásica no funciona contra quien no tiene nada que perder.

La misma lección se proyecta sobre los dos gigantes asiáticos del mapa. Ormuz mueve unos 20 millones de barriles diarios pero Malaca lo supera: 23,2 millones de barriles diarios en el primer semestre de 2025, el 29 % de todo el comercio marítimo mundial de petróleo, apretados en un pasaje de 2,5 kilómetros entre Malasia e Indonesia.

China importa por esa vía cerca del 80 % de su crudo y esa enorme dependencia genera el llamado “dilema de Malaca”.

Los pasos con dueño: donde el riesgo no es un misil, sino una firma

Otro tipo de riesgo está en los pasos controlados por un Estado concreto que puede –legalmente o de facto– condicionar el tránsito de terceros. Esta presión es menos espectacular que un ataque con drones, pero sus efectos pueden ser igual de profundos.

Un caso de manual son los estrechos turcos. La convención de Montreux de 1936 dio a Turquía las llaves del Bósforo y los Dardanelos, únicos accesos al mar Negro, por donde sale el crudo kazajo y ruso hacia el Mediterráneo.

Tras la invasión de Ucrania, Ankara aplicó Montreux con un doble rasero: cerró el paso a los buques de guerra pero lo mantuvo abierto a los petroleros rusos con crudo barato. El estrecho se convirtió en moneda de cambio de la política exterior turca y Europa descubrió que una de sus arterias de importación dependía de la buena voluntad de un socio indispensable e imprevisible.

Menos conocidos son los estrechos daneses –Gran Belt, Pequeño Belt y Øresund–, única salida del Báltico al Atlántico. Por ellos salía alrededor de un tercio de las exportaciones marítimas rusas de crudo, antes de las sanciones económicas a Rusia por la guerra de Ucrania. Aquí no hay Montreux: Dinamarca no puede negar el paso inocente que estipula el derecho marítimo, por el que los barcos de todos los Estados pueden navegar por el mar territorial de otro, siempre que se trate de un paso rápido y sin detenciones. Pero la geografía impone su propio peaje: el Øresund apenas alcanza 8 metros de calado en algunos puntos, lo que veta a los superpetroleros y obliga a Rusia a usar buques más pequeños y costosos.

A esta familia también pertenecen Gibraltar, 14 kilómetros entre Europa y África, y puerta del GNL atlántico hacia el Mediterráneo, y el canal de Panamá, que conecta las costas atlánticas y pacíficas del continente americano y da salida al GNL texano hacia Asia. Panamá añade una vuelta de tuerca: el clima se está convirtiendo en su dueño efectivo. La sequía de 2023-24 en la cuenca del lago Gatún redujo el calado, impuso colas de semanas y demostró que la infraestructura más sofisticada puede ser rehén del ciclo hidrológico. La retórica de la administración Trump sobre “recuperar el canal” hizo el resto: hasta los pasos más institucionalizados vuelven a estar en el mercado de la geopolítica.

El tablero que viene: deshielo, semiconductores y gas africano

La tercera familia no aparece en los manuales clásicos de seguridad energética porque está naciendo ahora mismo. Son los corredores que el cambio climático, la transición energética y la rivalidad entre China y EE. UU. están dibujando sobre el mapa.

El más literal es el Ártico. El deshielo está convirtiendo la Ruta del Mar del Norte, a lo largo de la costa siberiana, en una autopista estacional que podría operar todo el año hacia mediados de siglo, recortando 7 000 kilómetros entre Rotterdam y Shanghai. Rusia lleva una década preparándose con rompehielos nucleares, nuevos puertos y bases militares en la zona, mientras que en su flanco occidental está Groenlandia, con sus tierras raras y su posición dominante, lo que explica el insistente interés de Washington por la isla.Justo debajo, el GIUK Gap (el pasillo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido), que fue la línea antisubmarina de la Guerra Fría, se prepara para una segunda vida como corredor logístico vigilado.

En el otro extremo térmico del planeta, el canal de Mozambique se perfila como la arteria del gas africano: los yacimientos de Mozambique y Tanzania, entre los diez mayores del mundo, empezarán a exportar GNL a gran escala en la segunda mitad de la década, y sus metaneros tendrán que pasar entre la costa africana y Madagascar.

El corredor emergente más inestable no es nuevo en el mapa, sino en su significado: el estrecho de Taiwán. Por sus aguas transitan los petroleros y metaneros que abastecen a Japón, Corea del Sur y el norte de China. Pero también los semiconductores que alimentan la industria mundial y los cables submarinos que sostienen internet. Un conflicto en Taiwán no sería solo un shock energético sino también industrial y digital simultáneo, sin precedente histórico con el que compararlo. Es el único paso del mapa cuyo cierre no admite ruta alternativa que valga.

La garantía de fondo: lo que sostiene el sistema cuando todo falla

Queda una última familia, la menos visible: las piezas que no mueven barriles pero hacen posible que los demás los muevan. Son el seguro del sistema, y como todo seguro, sólo se aprecia cuando hay siniestro:

  1. La pieza militar: Diego García, un atolón de 44 kilómetros cuadrados en mitad del océano Índico, que alberga desde los años setenta una base militar anglo-estadounidense desde la que se puede proyectar poder sobre los pasos de Ormuz, Bab el-Mandeb y Malaca a la vez. La lección es incómoda pero clara: el flujo energético global descansa, en última instancia, sobre infraestructura militar de proyección de poder.

  2. La pieza geográfica: el cabo de Buena Esperanza, que no puede cerrarse al ser mar abierto y que absorbe el tráfico cuando Suez o Bab el-Mandeb fallan. No obstante, cada activación añade dos semanas de travesía y millones de dólares por viaje que acaban en la factura del consumidor.

  3. La pieza industrial: los oleoductos que rodean los estrechos –como el Petroline saudí hacia el mar Rojo (con hasta 7 millones de barriles diarios de capacidad ampliada), el Habshan-Fujairah emiratí que esquiva Ormuz, el Bakú-Tiflis-Ceyhan que evita el Bósforo– son la redundancia planificada del sistema. Pero el sabotaje del Nord Stream, en 2022, mostró que los tubos también se atacan y ninguno puede absorber el volumen completo de los pasos que complementan. La redundancia atenúa la vulnerabilidad; no la elimina.

Leído así, el mapa de los cuellos de botella (chokepoints) es un mapa de poder.
Para los importadores netos de combustibles fósiles, la lección es que diversificar fuentes sin diversificar rutas es hacer la mitad del trabajo: depender de un único corredor equivale a firmar un pagaré geopolítico con vencimiento impreciso.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares – https://theconversation.com/mas-alla-del-estrecho-de-ormuz-los-cuellos-de-botella-que-pueden-hacer-tambalear-el-control-de-los-mares-287394