¿Y si el deporte fuera un arte? Lo que la neuroeducación nos enseña sobre aprender con el cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Bueno i Torrens, Profesor e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo. Director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, Universitat de Barcelona

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Antes de hablar, nos movemos. Antes de razonar, exploramos. Antes de conocer el mundo, lo tocamos, lo recorremos y lo habitamos con el cuerpo. ¿Por qué, entonces, pensamos casi siempre en el aprendizaje como algo que sucede en la cabeza exclusivamente? Aprender consiste ciertamente en escuchar, leer, memorizar y razonar, actividades cognitivas que realizamos con el cerebro. Sin embargo, la neurociencia nos ofrece una visión mucho más amplia del aprendizaje.

El conocimiento no surge únicamente del cerebro, sino de la interacción constante entre el cerebro, el cuerpo y el entorno. El movimiento no acompaña al aprendizaje, forma parte de él. Antes de convertirse en conceptos abstractos, muchos conocimientos son experiencias corporales.

Aprendemos la distancia caminándola, el peso levantándolo, la velocidad desplazándonos y el espacio habitándolo. El cerebro no construye estas nociones en aislamiento; las elabora a partir de la información que proporcionan el cuerpo en movimiento y el entorno con el que interactuamos.

Interacción cuerpo, entorno y cerebro

Pensemos, por ejemplo, en un niño pequeño que aprende qué significa “subir”. No adquiere este concepto porque alguien se lo explique. Lo construye al intentar subir un escalón, al sentir el esfuerzo de las piernas, al perder y recuperar el equilibrio, al percibir cómo cambia su perspectiva del entorno y al comprobar las posibilidades que le ofrece esa nueva posición.

El cerebro procesa la información, pero el conocimiento surge de la interacción entre la actividad neural, las acciones del cuerpo y las características del entorno. El concepto de “subir” no se aprende solo con la mente: se aprende moviéndose en el mundo.




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Esta idea invita a replantear nuestra manera de entender la actividad física. El deporte y la psicomotricidad no son solo una herramienta para mejorar la salud o la condición física. También son una forma de conocimiento, de creatividad y de construcción personal.

El cuerpo: nuestro primer lenguaje

Mucho antes de pronunciar una palabra, los bebés ya se comunican mediante movimientos. Sonríen, se agitan, extienden los brazos o se encogen cuando sienten miedo. A través de estas acciones comienzan a explorar el mundo y a construir las bases de su pensamiento.

La neuroeducación ha demostrado que el cerebro aprende en diálogo permanente con el cuerpo. Las emociones, la atención, la memoria y la creatividad se activan con mayor intensidad cuando se vinculan a experiencias corporales significativas. Cada salto, carrera, giro o equilibrio deja una huella física en la arquitectura cerebral gracias a los mecanismos de neuroplasticidad, la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse a partir de la experiencia. Desde esta perspectiva, moverse es una forma de pensar.




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Por ejemplo, cuando los alumnos aprenden las tablas de multiplicar acompañando cada resultado con una secuencia de palmas, pasos o movimientos corporales, no solo utilizan los circuitos cognitivos relacionados con el cálculo. También involucran sistemas motores y sensoriales que enriquecen la experiencia de aprendizaje. La asociación entre movimiento y contenido crea más rutas neuronales para recuperar posteriormente la información, facilitando la memorización y el recuerdo.

Del mismo modo, por citar otro ejemplo, un alumno puede comprender mejor el sistema solar si representa físicamente el movimiento de los planetas alrededor del Sol. Al caminar describiendo órbitas, variar velocidades o experimentar las distancias entre cuerpos celestes, transforma una explicación abstracta en una experiencia vivida, favoreciendo una comprensión más profunda y duradera.

Cuando el deporte se convierte en arte

Estamos acostumbrados a asociar el arte con la música, la pintura, la literatura o la danza. Pero el deporte comparte con todas ellas los mismos elementos esenciales que las cartacterizan: creatividad, expresión, interpretación y búsqueda de significado.

Un o una gimnasta que dibuja formas en el aire, un patinador o una patinadora que transforma el hielo en una narración o un o una futbolista que encuentra un espacio imposible entre varios rivales no están ejecutando únicamente movimientos eficientes. También están creando. El cuerpo se convierte en un lenguaje capaz de comunicar emociones, ideas y valores.




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La neurociencia ayuda a comprender esta dimensión artística. Durante la práctica deportiva se activan simultáneamente áreas cerebrales relacionadas con la percepción, la planificación, la toma de decisiones, la regulación emocional y la imaginación. [El cerebro actúa como un compositor que organiza movimientos complejos en secuencias armónicas y adaptadas al contexto](https://es.wikipedia.org/wiki/Flujo_(psicolog%C3%ADa). No se trata de una metáfora: el deporte puede ser una auténtica obra de creación corporal.

La creatividad también se entrena moviéndose

Existe una tendencia a pensar que la creatividad pertenece exclusivamente a las disciplinas artísticas. Sin embargo, crear consiste fundamentalmente en combinar ideas, encontrar soluciones nuevas y adaptarse a situaciones cambiantes. Y eso ocurre continuamente en el juego y en el deporte.

Cuando una persona juega, anticipa escenarios, improvisa respuestas y modifica estrategias de acuerdo con las circunstancias. Estas acciones estimulan la interacción entre regiones cerebrales vinculadas con las funciones ejecutivas, la flexibilidad cognitiva y la imaginación. Cuantas más conexiones se establecen entre distintas áreas del cerebro, mayores son las posibilidades de pensamiento creativo.

Por eso los entornos educativos que incorporan movimiento, juego y exploración corporal pueden favorecer no solo el desarrollo físico, sino también la innovación, la capacidad de resolver problemas y la adaptación a la incertidumbre.

Matemáticas e historia ‘corporales’

En educación primaria, esto puede traducirse por ejemplo en actividades en las que los alumnos representan con su cuerpo conceptos matemáticos, reconstruyen escenas históricas, exploran fenómenos científicos mediante juegos de simulación o trabajan el vocabulario desplazándose por distintos espacios del aula.

En educación secundaria, por citar otro ejemplo, el movimiento puede incorporarse a través de dinámicas de debate en las que los estudiantes cambian de posición según sus argumentos, representaciones de modelos científicos, actividades de aprendizaje basado en proyectos que exigen experimentar y manipular materiales, o recorridos de observación y recogida de datos dentro y fuera del centro.

No se trata de que los alumnos se muevan más mientras aprenden, sino de que aprendan también a través del movimiento. Cuando el cuerpo participa en la construcción del conocimiento, el aprendizaje se vuelve más significativo, más creativo y más fácil de transferir a situaciones nuevas. En todos estos casos, el cuerpo deja de ser un mero soporte para la mente y se convierte en una herramienta activa para comprender, crear y tomar decisiones.

Aprender quiénes somos

Pero es que, además, el valor educativo del movimiento va mucho más allá del rendimiento cognitivo. La actividad física ofrece una oportunidad excepcional para el autoconocimiento. Aprender a identificar la respiración acelerada, el cansancio, la tensión muscular o la relajación ayuda también a reconocer emociones como la alegría, la frustración, el miedo o la calma.

La neurociencia ha mostrado que algunas de las estructuras cerebrales involucradas en la percepción de las señales corporales participan igualmente en la regulación emocional. Por eso educar el cuerpo contribuye también a educar las emociones. La red neuronal que gestiona el equilibrio físico es la misma que gestiona el equilibrio emocional. Entrenar el equilibrio físico del cuerpo desde la primera infancia favorece el posterior equilibrio emocional.

Esta dimensión resulta especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa marcada por profundos cambios físicos, emocionales y sociales. Un deporte orientado al crecimiento personal y no exclusivamente al resultado competitivo puede fortalecer la autoestima, favorecer una identidad positiva y enseñar a convivir con el error, el esfuerzo y la superación.

Educar al ser humano al completo

Tal vez el principal mensaje de la neuroeducación en este campo sea que la tradicional separación entre cuerpo y mente resulta artificial. Aprendemos con todo nuestro organismo. Pensamos sintiendo y sentimos pensando. El movimiento puede mejorar la memoria, la atención o la creatividad, pero también puede enseñarnos a cooperar, a perseverar, a conocernos mejor y a encontrar sentido en lo que hacemos.

Por eso el deporte, entendido como arte del movimiento, deja de ser una actividad complementaria para convertirse en una herramienta educativa de primer orden. En una época marcada por el sedentarismo y la hiperconexión digital, quizá una de las decisiones más innovadoras que puede tomar la escuela sea también una de las más antiguas: permitir que los niños, las niñas y los adolescentes aprendan también moviéndose, a través del deporte, el juego y la psicomotricidad. Porque, después de todo, el movimiento es nuestro primer lenguaje.

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David Bueno i Torrens no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si el deporte fuera un arte? Lo que la neuroeducación nos enseña sobre aprender con el cuerpo – https://theconversation.com/y-si-el-deporte-fuera-un-arte-lo-que-la-neuroeducacion-nos-ensena-sobre-aprender-con-el-cuerpo-286612

Si la UE logra armonizar la tributación de las empresas, ¿acabará la competencia fiscal entre Estados europeos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Robles Álvarez, Abogado fiscalista, Universidad Pontificia Comillas

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La Unión Europea lleva más de una década buscando armonizar cómo se calcula y reparte la base imponible (el importe sobre el que se calculan los impuestos) de las multinacionales en el impuesto sobre sociedades.

El proyecto se llama Business in Europe: Framework for Income Taxation (BEFIT) y fue presentado en 2023 por la Comisión Europea. La idea base es que si las empresas que operan en varios países de la Unión calculan sus beneficios siguiendo reglas comunes, resultará más difícil trasladar beneficios artificialmente de un país a otro.

Durante un tiempo el debate fue más bien técnico, pero ahora empieza a entrar en terreno político. El Parlamento Europeo ha debatido el proyecto y ha propuesto enmiendas, mientras los Estados miembros discuten el texto en el Consejo. Es decir: empieza a tomarse en serio.

BEFIT se presenta, sobre todo, como una respuesta al fenómeno BEPS (siglas de base erosion and profit shifting); es decir, las estrategias utilizadas por algunas multinacionales para trasladar beneficios hacia jurisdicciones con menor tributación.

Pero antes habría que preguntarse: ¿quién causa realmente este fenómeno?

El papel de los Estados

Durante años se ha tendido a presentar el problema como el resultado de la creatividad fiscal de las multinacionales. Sin embargo, muchos de los ejemplos más conocidos cuentan una historia distinta. La planificación fiscal internacional de las empresas ha sido posible, en muchos casos, porque los propios Estados han sido colaboradores necesarios.

Un ejemplo paradigmático fue el Double irish (Doble irlandés) utilizado durante años por grandes empresas tecnológicas y farmacéuticas. La normativa irlandesa sobre la residencia fiscal de las compañías permitía localizar los beneficios derivados de la propiedad intelectual (software, patentes o fórmulas farmacéuticas) en jurisdicciones de baja o nula tributación, normalmente Bermudas o Islas Caimán. Irlanda, además, confirmaba el tratamiento fiscal aplicable mediante resoluciones (rulings) secretas.

La estructura funcionó sorprendentemente bien hasta que, en 2020, Irlanda dejó de permitir su utilización, tras las presiones de sus países vecinos. Un triunfo de la cooperación. O eso parecía, porque la estructura terminó influyendo en la propia política fiscal europea.

De ‘Double Irish’ a ‘patent box’

Hoy, prácticamente todos los países de la Unión Europea cuentan con algún tipo de incentivo fiscal que permite tributar a tipos reducidos los beneficios derivados de patentes, software o investigación (los llamados patent box).

Este auge de los patent box parece menos una ruptura con el pasado que una adaptación al éxito de aquellas estructuras en las que los países compiten por atraer los ingresos derivados de la propiedad intelectual, a cambio de una menor tributación.

Este es solo uno de los muchos ejemplos en los que los países no solo no cooperan para acabar con la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios, sino que son parte necesaria para que se produzca. El escenario europeo no es tanto de colaboración como de competencia. Y ese contexto resulta clave para entender los desafíos del proyecto BEFIT.

La contabilidad como punto de partida

Para calcular la base sobre la que la multinacional pagará impuestos, la propuesta europea parte del resultado contable de las empresas y, a partir de ahí, introduce ajustes fiscales comunes. A primera vista parece una solución bastante práctica: la contabilidad es el instrumento habitual para cuantificar los beneficios empresariales. Pero ese método de cálculo puede provocar efectos indeseados.

Europa no tiene un único estándar contable. Las empresas pueden utilizar las normas nacionales o las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), lo que influye directamente en la base fiscal. Cuando ocurre algo así, las multinacionales buscan el estándar más favorable (mientras que los Estados los ofrecen). Pero la contabilidad no es el único punto delicado del sistema.

El problema de los factores de reparto

El propio diseño de BEFIT prevé que, una vez calculada la base imponible, y tras un periodo transitorio prolongado, los beneficios se repartan entre los países mediante factores como activos, trabajo y ventas. La idea es atribuir beneficios allí donde se genera la actividad económica. El problema es que esos factores no son igual de estables.

Los activos y los trabajadores pueden trasladarse a otras empresas del grupo, situadas en Estados con menor tributación. En cambio, el factor ventas suele ser más difícil de manipular. Normalmente, los clientes están donde están.

Sin embargo, por el propio funcionamiento del cálculo que propone BEFIT, el factor ventas podría quedar infraponderado frente a los activos y el trabajo, que son más sensibles a la planificación.

Aunque la fórmula permanente de reparto, prevista para la fase final del sistema, aún no está definida y la Comisión podría proponer una más equilibrada, persistirá el riesgo mientras la competencia entre Estados se siga produciendo.

Un problema de gobernanza

Quizás el verdadero desafío del proyecto BEFIT no sea técnico sino de gobernanza: mientras los Estados miembros sigan compitiendo entre sí, la competencia fiscal no desaparecerá sino que cambiará de forma. De los impuestos visibles (los que el contribuyente identifica de manera clara, como el IVA en el ticket de compra o el IRPF en la nómina) al uso de la mejor norma contable y los factores de reparto, se estarían dando herramientas a los Estados para seguir compitiendo y en terrenos distintos del estrictamente fiscal.

Además, el proyecto BEFIT no prevé mecanismos suficientemente sólidos para lidiar con ellos. Serían necesarios procedimientos de consulta, instancias supranacionales capaces de resolverlos cuando se produzcan y cláusulas de indemnidad para el contribuyente, para que no sea este quien soporte las consecuencias de una mala armonización fiscal.

En este contexto, es inevitable que surjan conflictos entre Estados. En ese caso, sería preferible mantener un escenario de sistemas fiscales independientes como el actual.

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Pablo Robles Álvarez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si la UE logra armonizar la tributación de las empresas, ¿acabará la competencia fiscal entre Estados europeos? – https://theconversation.com/si-la-ue-logra-armonizar-la-tributacion-de-las-empresas-acabara-la-competencia-fiscal-entre-estados-europeos-266938

¿Noticias locales? Cuando los chatbots solo reproducen el contenido de los grandes medios nacionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Barbara Sarrionandia Uriguen, Investigadora, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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Pregúntele a un chatbot qué ha pasado hoy en su ciudad. Con toda probabilidad, la respuesta no mencionará al periódico que cubre el barrio donde vive, sino a las grandes cabeceras de ámbito estatal. Eso es lo que ha comprobado una investigación de la Universidad del País Vasco (EHU), que ha analizado cómo cinco de los modelos de inteligencia artificial (IA) más usados –ChatGPT, Claude, Gemini, Copilot y Perplexity– responden a preguntas sobre la actualidad vasca. La conclusión es clara: cuanto más de cerca ocurre una noticia, peor la conoce la IA.

El fenómeno tiene nombre: centralismo algorítmico. Y no responde a ninguna intención deliberada de las empresas que fabrican estos sistemas, sino a cómo están construidos. Cuando alguien recurre a una IA generativa buscando información local, en realidad está preguntando a una herramienta entrenada, sobre todo, con los contenidos que más circulan en internet. Y ahí, los grandes medios ganan por goleada.

Un sesgo de fábrica

Los modelos de lenguaje aprenden de textos que rastrean toda la red. Cuantas más veces aparece una fuente citada, enlazada o repetida en la web, más peso adquiere en las respuestas del sistema. Los grandes conglomerados mediáticos, con más recursos y más presencia digital, ocupan ese espacio casi por defecto. Los medios locales, en cambio, arrastran años de infrafinanciación y menor proyección online, así que parten en desventaja antes incluso de que nadie les haga una pregunta.

Nuestra investigación, que forma parte de una tesis doctoral publicada en la revista científica Hipertext.net, lo demuestra con datos. Tras someter a los cinco modelos conversacionales a preguntas sobre sucesos políticos e institucionales del País Vasco, de todas las fuentes que citaron los sistemas, el 67,4 % correspondían a medios de alcance nacional. Solo el 15,5% remitía a periódicos vascos.

Cuando la pregunta bajaba de escala –de lo estatal a lo local–, algunos modelos, como Gemini, directamente perdían pie: ofrecían respuestas vagas o admitían no saber de qué se les hablaba. Otros, en cambio, no reconocían su desconocimiento y rellenaban el hueco con datos inventados, el problema que en el sector se conoce como “alucinación” de la inteligencia artificial.

Periodistas con el freno puesto

Mientras tanto, ¿qué hacen los periodistas con estas herramientas? Una encuesta a 501 profesionales de medios vascos, incluida en la misma investigación, revela que casi la mitad –el 45,91 %– no usa nunca IA en su trabajo diario. Solo un 7,19 % la utiliza cada jornada, y ese uso se concentra en los medios nativos digitales.

No es tecnofobia. Es más bien prudencia o “cautela informativa”. Los periodistas recurren a la IA para tareas mecánicas –traducir, transcribir una entrevista, corregir erratas– pero mantienen fuera de su alcance la tarea de decidir qué se cuenta y cómo.

Detrás de esa cautela hay también un problema de formación. Solo el 14,1 % de los periodistas encuestados ha recibido algún tipo de capacitación específica en IA; el resto ha aprendido por su cuenta, a base de prueba y error. En este sentido, el 63,91 % de quienes evitan usar estas herramientas señala como motivo principal la desconfianza hacia sistemas que no entienden bien y que temen que erosionen la credibilidad de su medio ante los lectores.

El idioma también pesa

Hay una capa más en este problema, que afecta directamente al euskera. Los grandes modelos se entrenan mayoritariamente en inglés y en las lenguas con más presencia digital. El euskera, con menos textos disponibles en la red que el castellano o el inglés, queda en desventaja: las respuestas son menos precisas, las traducciones fallan más y la información local en euskera es más difícil de recuperar.

Por eso, varios medios vascos han empezado a impulsar sus propios proyectos de traducción automática y síntesis de voz, conscientes de que nadie más va a resolverles este reto.

A esa brecha lingüística se suma otra, más silenciosa: la de género. La investigación apunta a que los sistemas de IA tienden a reproducir patrones ya conocidos en el periodismo tradicional: las fuentes femeninas aparecen menos en temas de peso político o económico y más en contenidos relacionados con cuidados o entretenimiento. La máquina, en este caso, no inventa nada nuevo. Simplemente hereda lo que ya había.

Qué hacemos con todo esto

Si la IA se convierte en la puerta de entrada habitual a la actualidad –y todo apunta a que así será–, el riesgo es que la conversación pública se concentre cada vez más en unas pocas voces, mientras lo local y lo minoritario pierden espacio. No se trata de rechazar estas herramientas, sino de exigirles reglas claras.

Nuestra investigación plantea dos vías concretas. La primera, formar a los periodistas para que sepan auditar estas herramientas: entender de dónde sacan sus respuestas y detectar cuándo se equivocan. La segunda, exigir a las empresas tecnológicas que incorporen criterios de diversidad territorial, lingüística y de género en el diseño de sus sistemas, algo que empieza a tener respaldo legal con el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial, en vigor progresivamente desde 2024.

Al final, la pregunta de fondo no es técnica, sino qué tipo de información pública queremos. Una IA que solo sabe hablar de lo que ya es grande corre el riesgo de hacer todavía más pequeño lo que ya lo es: el periodismo que cubre lo que pasa a pie de calle.

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Barbara Sarrionandia Uriguen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Noticias locales? Cuando los chatbots solo reproducen el contenido de los grandes medios nacionales – https://theconversation.com/noticias-locales-cuando-los-chatbots-solo-reproducen-el-contenido-de-los-grandes-medios-nacionales-286887

Mónico Sánchez, el manchego que democratizó los rayos X

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Camarillo Blas, Catedrático de Ingeniería Química. Fac. CC. Ambientales y Bioquímica, Universidad de Castilla-La Mancha

Hay vidas que se resumen en una imagen. La de nuestro personaje es la foto en blanco y negro de un joven de 29 años manejando un aparato con un arco eléctrico. A su izquierda puede verse el estand de la General Electric de Edison, y justo detrás, el de la Westinghouse de Tesla. La instantánea está tomada en el Madison Square Garden de Nueva York.

Podría ser otra foto anodina de principios del siglo XX, pero si supiéramos que nuestro protagonista había nacido en Piedrabuena (Ciudad Real) en 1880 y que llevaba en Nueva York menos de cinco años, su argumento se volvería mucho más interesante.

De Piedrabuena a Nueva York

Mónico Sánchez Moreno era el menor de los cuatro hijos de un humilde matrimonio formado por un fabricante de tejas y una lavandera. En la escuela, su profesor ya se dio cuenta de sus dotes intelectuales. Parecía que todo se iba a quedar ahí, porque una vez terminados los estudios básicos, Mónico se puso a trabajar en diferentes comercios de la comarca. Sin embargo, al cumplir los 21 años retomó su vocación y se fue a Madrid para formarse en el nuevo campo de la electricidad. Como no había cursado el bachillerato elemental, se inscribió en una academia para preparar el ingreso en Ingeniería Industrial.

Al mismo tiempo, empieza a realizar un curso de electrotecnia a distancia impartido desde Londres. A pesar de su desconocimiento del inglés, consigue seguir el curso con un diccionario comprado en el Rastro e incluso destacar. Tanto que su profesor Joseph Wetzler le anima a irse a Nueva York.

Con 24 años y 60 dólares en el bolsillo, Mónico toma en Cádiz un vapor transatlántico que le llevará a la “tierra de las oportunidades”. Sólo sabe inglés escrito, por lo que utiliza un pizarrín para comunicarse. Aunque encuentra un trabajo de delineante, sigue formándose en el Instituto de Ingenieros Electricistas (Nueva York), donde consigue el título tres años más tarde.

Inmediatamente después entró a trabajar en la Foote, Pierson & Co., que fabricaba equipos telegráficos. En esta época registró su primera patente, el puente Wheatstone-Sánchez, un instrumento de laboratorio que servía para medir resistencias y que adaptó para localizar averías en líneas eléctricas o telefónicas.

En mayo de 1908 empezó a trabajar para la Van Houten & Ten Broeck Co., una empresa dedicada a la aplicación de la electricidad en hospitales. Es allí donde tuvo lugar su “momento eureka”. Utilizando conceptos expuestos por Tesla, como que un transformador puede ser más pequeño si opera a mayor frecuencia, desarrolló un aparato portátil de rayos X hasta 40 veces más pequeño que los usados hasta la fecha y que funcionaba tanto con corriente continua como alterna.

Un año después fue contratado por la compañía Collins Wireless Telephone Co., que ya trataba de comercializar la telefonía inalámbrica. Esta empresa comenzó a fabricar en serie su invento, permaneciendo la patente a nombre del propio inventor. La foto descrita anteriormente se toma precisamente durante la campaña publicitaria de este aparato en la III Exhibición de la Electricidad.




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El científico que llevó el progreso a su tierra

La idea de Mónico había sido siempre volver a España. Por eso, en 1910 rescindió el contrato con la Collins y regresó a su país para asistir a una serie de congresos y exposiciones. En estos encuentros sus aparatos fueron muy bien recibidos por la comunidad médica. Entre los sueños de este inventor destacaba el deseo de que su tecnología se pudiera extender por la que ahora llamamos “España vacía”. Por ello, procuró que las condiciones de adquisición de sus aparatos por parte de los sanitarios fueran muy asequibles.

En 1913 compró una parcela de 3500 m² en su pueblo para construir el que sería el Laboratorio Eléctrico Sánchez, la obra de su vida. En él llegarían a trabajar a la vez 60 personas, muchas de ellas mujeres.

También contrató a un soplador de vidrio alemán, discípulo del artesano que fabricó los tubos de vacío a Wilhelm Conrad Röntgen, el descubridor de los rayos X. Para que la fábrica pudiera funcionar tuvo que construir una central eléctrica de carbón y sistemas de distribución de agua potable, de los que se aprovechó su municipio natal.
Entre algunos datos fascinantes que cuentan sus memorias, durante la I Guerra Mundial (1914-1918) el ejército francés adquirió 60 unidades del aparato portátil de rayos X que llegaron al frente a bordo de las ambulancias de campaña coordinadas por Marie Curie.

Profeta en su tierra, en 1914 fue declarado hijo predilecto de Piedrabuena, donde le dedicaron una calle. Fuera de su país recibió además numerosos premios en congresos y exposiciones, y llegó a ser nombrado doctor honoris causa en Brasil.

El freno a su carrera meteórica llegó con la Guerra Civil (1936-1939). Su laboratorio fue incautado por el Gobierno de la República y tuvo que huir a Valencia hasta el final de la contienda. A su regreso a Piedrabuena también estuvo a punto de ser procesado por el bando sublevado. La inestabilidad política y el aislamiento internacional consiguientes provocaron grandes problemas para importar material y repuestos.

En lo personal, perdió a su mujer y a cinco de sus hijos, entre ellos el que estaba destinado a ser su heredero. Poco antes de fallecer a los 81 años, había vendido el edificio del laboratorio al ayuntamiento, que lo utilizó como colegio. Actualmente, una parte de la fachada original se conserva en el centro de salud de la localidad.

Piedrabuena no le ha olvidado. En 1995 se inauguró su busto y el Instituto de Enseñanza Secundaria lleva orgulloso su nombre. En 2013 se instaló una placa recordando el centenario de la inauguración del laboratorio. Y, desde hace cinco años, se está construyendo un museo en la casa en la que residió.

Se calcula que durante el tiempo que estuvo abierta la fábrica se produjeron más de 3000 aparatos. Algunos de ellos todavía se conservan como reliquias en centros educativos y en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.

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Rafael Camarillo Blas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mónico Sánchez, el manchego que democratizó los rayos X – https://theconversation.com/monico-sanchez-el-manchego-que-democratizo-los-rayos-x-285321

¿Cuándo empezaremos a tener en cuenta qué siente la IA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Gaitán Torres, Profesor Titular en el Departamento de Humanidades, Universidad Carlos III

En la película _Her_, de Spike Jonze, el personaje interpretado por Joaquin Phoenix se enamora de una inteligencia artificial. Annapurna Pictures

Cada vez más personas hablan con sistemas de inteligencia artificial (IA) como si fueran amigos, consejeros o confidentes. Algunos usuarios recurren a chatbots para pedir ayuda psicológica y muchos confían en asistentes conversacionales para tareas que antes se reservaban al consejo de expertos humanos.

Hace tiempo que dejamos de considerar estas conductas como rarezas. Sin embargo, tal vez no nos hemos planteado con suficiente atención que lo que está al otro lado de esa interacción merezca reconocimiento o estatus moral.

¿Quién importa moralmente?

Tener estatus moral se refiere al grado de consideración moral que se otorga a los seres. Si se lo reconocemos, tenemos que tener en cuenta su bienestar a la hora de tomar decisiones.

Una forma muy influyente de responder a la pregunta de quién importa moralmente es determinar que algo merece consideración moral únicamente si posee una determinada propiedad. La racionalidad, la conciencia, la autonomía o la capacidad de sentir dolor nos ayudan a definir quién pertenece a nuestro círculo moral.

Desde esta perspectiva, responder a la pregunta sobre el estatus moral de la IA parece relativamente sencillo. Los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT o Gemini generan textos sofisticados y simulan conversaciones humanas complejas, pero no hay evidencia sólida de que lo hagan con una intención o de que sean conscientes de ello. Tampoco existen pruebas de que sean conscientes o capaces de sufrir. En consecuencia, estas nuevas tecnologías no merecen ningún tipo de consideración moral. Son herramientas muy avanzadas de las que quizás nos encaprichamos con demasiada facilidad.

Esta posición tiene fuerza intuitiva. Sin embargo, cuando atendemos a cómo se ha ido ampliando nuestro círculo moral a lo largo de la historia, resulta menos ajustada. En la práctica, los avances rara vez han comenzado con el descubrimiento de propiedades “ocultas” en las entidades que no merecían consideración moral.

De las propiedades a las relaciones

Pensemos en dos grandes ejemplos históricos en los que se amplió el círculo moral: la abolición de la esclavitud y la inclusión de los animales en nuestra esfera moral.

En los dos casos el reconocimiento no surgió de golpe. Nadie “descubrió” que ciertos seres poseían propiedades moralmente importantes. Los seres humanos sabían que las personas esclavizadas siempre habían sido racionales y conscientes. Su sufrimiento era además muy evidente para mucha gente. También sabíamos que los animales eran capaces de sufrir. Sin embargo, durante siglos ese conocimiento fue de la mano de formas extremas de exclusión moral hacia esos colectivos.

Un cambio fundamental tuvo que ver con las relaciones en las que se incluyeron estos dos grupos oprimidos. Las personas esclavizadas, por ejemplo, se fueron integrando progresivamente en espacios laborales, religiosos y domésticos. Esto sucedió antes de la revolución moral que precipitó la abolición de la esclavitud. Aunque seguían excluidas jurídicamente, y aunque el tratamiento en casi cualquier contexto era inhumano, comenzaron a ocupar roles con carga moral dentro de un tejido social. Y así las relaciones se empezaron a reconfigurar hacia una mayor igualdad.

Aunque hay divergencias importantes, podemos rastrear dinámicas similares en el caso de los animales. La diferencia en la consideración moral que asignamos a un perro doméstico y un cerdo criado industrialmente no puede explicarse por sus “propiedades”. Ambos poseen capacidades cognitivas y sensitivas comparables. Lo que cambia es el tipo de “relación” que mantenemos con ellos. Los perros forman parte de los hogares, están en el centro de fuertes vínculos afectivos y de prácticas de cuidado. Los cerdos, en cambio, suelen quedar insertos en estructuras industriales impersonales. De nuevo son las relaciones las que parecen explicar cómo se articula y reparte la consideración moral.

La IA ya está relacionalmente integrada

En un artículo que acabamos de publicar, describimos este fenómeno general apelando al concepto de “inserción relacional”. La inserción relacional describe cómo ciertas entidades comienzan a ocupar posiciones moralmente significativas dentro de prácticas, instituciones y relaciones humanas sin que se les asigne estatus moral pleno. Cuando atendemos a este fenómeno, nuestras interacciones con la inteligencia artificial se vuelven especialmente interesantes. Los sistemas actuales de IA no son simples herramientas invisibles funcionando en segundo plano; participan y se insertan en espacios en los que nos relacionamos, como los hogares, escuelas u hospitales.

Los robots sociales utilizados para el cuidado de personas mayores ofrecen otro ejemplo claro. Aunque no poseen emociones reales, muchas personas desarrollan emociones genuinas hacia estas tecnologías. Y algo parecido ocurre con los chats conversacionales. Hay usuarios que se relacionan con ChatGPT como si fuera su consejero, su asistente personal o incluso su pareja o amigo. Otros les confían problemas personales, buscan apoyo psicológico o les atribuyen el papel de “expertos” dentro de su vida cotidiana.




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Por supuesto, que estas dos tecnologías estén ya insertas en numerosas relaciones y contextos institucionales no implica que debamos atribuirles derechos o estatus moral. Pero sí indica que empiezan a emerger formas parciales, localizadas y tentativas de reconocimiento moral. Y estas formas tentativas de reconocimiento son similares a las que hemos observado en otros episodios históricos en los que hemos ampliado nuestro círculo moral.

¿Qué relaciones queremos establecer con la IA?

Las discusiones sobre el estatus moral de la IA no pueden resolverse cuestionando las propiedades de estas nuevas tecnologías. La historia del progreso moral nos muestra que el reconocimiento ético no surge de ese tipo de preguntas abstractas. Surge a partir de numerosos cambios en la manera en que convivimos con ciertas “entidades”.

Nuestro círculo moral nunca ha sido fijo. Se ha transformado continuamente a medida que nuevas formas de relación, dependencia y convivencia alteraban las instituciones y sensibilidades colectivas. La inteligencia artificial podría convertirse en el próximo escenario en el que esa transformación vuelva a ponerse en juego.

Al final, el debate sobre el estatus moral de la IA no trata únicamente sobre máquinas. Trata también sobre nosotros mismos: sobre qué tipo de relaciones pueden hacer posible que sigamos abriendo nuestro círculo moral.


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Antonio Gaitán Torres recibe fondos de Agencia Estatal de Investigación.

ref. ¿Cuándo empezaremos a tener en cuenta qué siente la IA? – https://theconversation.com/cuando-empezaremos-a-tener-en-cuenta-que-siente-la-ia-283633

Por qué debemos tener especial cuidado con las intoxicaciones alimentarias durante las olas de calor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Soledad Ascaso Sánchez, Técnico Especializado de Investigación, Instituto de Salud Carlos III

Natalia Deriabina/Shutterstock

Especialmente durante el verano solemos consumir alimentos al aire libre, bien sea realizando pícnics, en terrazas de establecimientos de restauración o lugares de ocio, incluso en el exterior de nuestras viviendas. En estas circunstancias, los alimentos permanecen expuestos durante un tiempo a la temperatura ambiente, normalmente elevada en esta época del año, lo que incrementa la posibilidad de que podamos sufrir una intoxicación alimentaria.

Las enfermedades de transmisión alimentaria son un problema de salud importante en Europa. España se encuentra entre los países con mayor número de casos registrados, ocupando el sexto lugar.

En la época de altas temperaturas ambientales, este tipo de enfermedades aumenta, especialmente las causadas por bacterias como Salmonella, Campylobacter y Escherichia coli. Esto se debe, en gran parte, a que factores como el calor, la humedad, la lluvia o el viento favorecen la proliferación de estos microorganismos.

Además, el cambio climático está empeorando esta situación. El aumento de fenómenos extremos, como las olas de calor –cada vez más frecuentes e intensas en Europa, sobre todo en la zona mediterránea–, crea condiciones ideales para que estas bacterias se multipliquen más rápido.

Ingresos hospitalarios por infecciones alimentarias

Ante este escenario, hemos analizado si las altas temperaturas, y en particular las olas de calor, influyen en el número de ingresos hospitalarios urgentes por estas infecciones. Nuestro estudio ha sido publicado recientemente en la revista Science of The Total Environment.

Como primer paso, calculamos que la temperatura máxima umbral a partir de la cual aumentaban los ingresos hospitalarios por enfermedades de transmisión alimentaria era de 12 ºC.

Para establecer el efecto de las olas de calor, se utilizó el umbral determinado por el Ministerio de Sanidad (2022) para la definición de ola de calor. Para la serie de años analizada (2013-2018), se estableció en una temperatura máxima diaria de 34 ºC.

Durante los seis años, a partir de los datos de hospitalizaciones procedentes del Registro de Actividad de Atención Especializada. RAE-CMBD en la Comunidad de Madrid, se contabilizaron 5 091 ingresos por las principales enfermedades bacterianas de transmisión alimentaria. De estos, 3 160 correspondieron a salmonelosis, 1 769 a campylobacteriosis y 182 a infección por Escherichia coli.

Mayor riesgo de intoxicaciones

Así, detectamos que para cada grado de aumento de la temperatura máxima diaria a partir del umbral de 12 ºC, el riesgo de ingreso hospitalario por una enfermedad de trasmisión alimentaria de origen bacteriano aumentó un 3,59 %

En el caso de los días de olas de calor durante el verano, encontramos que por cada grado de aumento de la temperatura máxima superior a 34 ºC, el incremento del riesgo de sufrir un ingreso hospitalario por enfermedades de transmisión alimentaria fue de 12,21 %.

Esto supone que se pueden atribuir 208 ingresos por esta causa debidos a las altas temperaturas durante las olas de calor. Es decir, el 9,3 % del total de ingresos por intoxicaciones alimentarias dados en los meses de verano en la región de Madrid entre 2013 y 2018 podría atribuirse al efecto de la temperatura en olas de calor.

La importancia de la refrigeración

La temperatura ambiente elevada es un factor de riesgo que favorece el incremento de los ingresos hospitalarios atribuibles a las principales infecciones de transmisión alimentaria de origen bacteriano. Según nuestras estimaciones, el mayor impacto se produce durante las olas de calor.

Los resultados ofrecidos por nuestro estudio pueden servir de base para implementar estrategias preventivas. Es importante mantener los alimentos a la temperatura adecuada desde la producción hasta el momento del consumo, en el conjunto de la cadena alimentaria. Sin embargo, resulta fundamental promover la concienciación de la población sobre las medidas de conservación en la última etapa, manteniendo los alimentos refrigerados hasta el momento inmediatamente anterior al consumo, especialmente en los días de ola de calor.

The Conversation

Cristina Linares Gil recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III

Julio Díaz recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III

José Antonio López Bueno, María Soledad Ascaso Sánchez y Miguel Ángel Navas Martín no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Por qué debemos tener especial cuidado con las intoxicaciones alimentarias durante las olas de calor – https://theconversation.com/por-que-debemos-tener-especial-cuidado-con-las-intoxicaciones-alimentarias-durante-las-olas-de-calor-286970

‘Crumbs’: un rastro de migas que conecta una mutación en los genes de una mosca con las enfermedades de la retina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ramón Martínez Morales, Profesor de Investigación del CSIC. Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CSIC/UPO/JA), Universidad Pablo de Olavide

Kamphol Phorangabpai/Shutterstock

La sensación de que todo está interconectado nos sobrevuela a diario. Desde lo más insignificante y subjetivo hasta lo trascendente y colectivo, todo parece unido por hilos de interdependencia casi siempre invisibles. Como en el cuento de los hermanos Grimm, el rastro de miguitas de pan que conecta un punto con el siguiente es devorado por los pájaros de lo cotidiano y tragado por el tiempo en este mundo convulso. Así, como Hansel y Gretel en el bosque, extraviamos el rastro y quedamos, la mayoría de las veces, abandonados a nuestro destino.

Sin embargo, muy de vez en cuando, el sitio adecuado y el momento justo coinciden, brindándonos el raro privilegio de ser testigos, a menudo involuntarios, del pequeño milagro que desvela ese rastro de migas. Así me ocurrió hace unas semanas en un auditorio de la Universidad de Potsdam, Alemania. Pero, para contar esta historia con orden, tenemos que retroceder casi 50 años.

El origen: buscando mutantes en Heidelberg

A finales de los años 70, dos jóvenes científicos, Christiane Nüsslein-Volhard y Erik Wieschaus, comparten un pequeño laboratorio en el recientemente fundado Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en las colinas que rodean Heidelberg. El lugar se esconde en mitad de una densa arboleda. Lo conozco bien: allí pasé seis años formativos, haciendo ciencia en el departamento de Biología de Desarrollo.

En ese mismo entorno, entre 1978 y 1981, Christiane y Erik llevaron a cabo un escrutinio genético usando como modelo la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) que transformaría radicalmente nuestra comprensión del desarrollo embrionario. Los científicos identificaron 120 genes esenciales para la formación de los ejes principales del embrión de esta mosca. Su estudio, cuyas conclusiones centrales se publicaron en Nature en 1980, tendría repercusiones mucho más allá del campo del desarrollo y culminaría en un Premio Nobel en 1995.

Tras la publicación inicial, y una vez establecidos sus laboratorios independientes, la descripción de los mutantes continuó con un reguero de pequeñas publicaciones, como ondas en un estanque. En una de ellas, se describe por primera vez y someramente una mutación a la que denominaron crumbs (“migas” en inglés), cuyo nombre deriva de la apariencia fragmentada de la cutícula embrionaria de las larvas mutantes. El aislamiento y caracterización del gen mutado tendría que esperar seis años más.




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El aislamiento de una proteína de polaridad celular

Los avances en biología molecular y la determinación de otra bióloga del desarrollo, Elisabeth Knust hicieron posible el aislamiento del gen mutado en crumbs en 1990.

Tres décadas más tarde, el pasado 12 de marzo, en reconocimiento a su brillante trayectoria, la científica recibió el premio “Klaus Sander” en el auditorio de Potsdam, donde se celebraba el congreso conjunto de las sociedades de biología del desarrollo de Alemania, Países Bajos y España al que asistí.

La bióloga, ya jubilada, desgranó en un emotivo discurso toda una vida de descubrimientos ante un publico atento compuesto por varias generaciones de biólogos del desarrollo. En su conferencia, dedicó un capítulo muy especial a relatar cómo su equipo llevó a cabo, con cierta serendipia, el aislamiento del gen crumbs y a descubrir su papel clave para garantizar la integridad de este tipo de tejidos, los epitelios, esenciales para la organización de la mayoría de los órganos del cuerpo.

Aunque se conocía desde hacía décadas que las células epiteliales presentaban regiones apicales y basales muy diferenciadas a nivel estructural y funcional (estaban polarizadas), a principios de los noventa había pocas evidencias sobre cómo se regulaba esta arquitectura celular a nivel molecular. Este estudio fue pionero al identificar la proteína Crumbs como reguladora de la polaridad, conectando control genético, arquitectura celular y desarrollo embrionario.

De la mosca al humano

La tercera pieza de este rompecabezas la desveló la propia Eli Knust, en Potsdam, al mencionar a un colaborador neerlandés de la Universidad de Radboud, Frans Cremers, experto en genética humana.

En ese momento, soy testigo de una maravillosa coincidencia. Tan sólo unos meses antes, el 12 de septiembre de 2025, había tenido la enorme suerte de asistir en la ciudad de Nimega (Paises Bajos) al simposio de despedida que dio Frans antes de jubilarse. Se celebraban 40 años de dedicación al estudio de las enfermedades hereditarias de la retina, aquellas que causan ceguera progresiva. El impacto del trabajo de Frans, con más de 30 genes identificados, puede dimensionarse a través de las palabras de profundo agradecimiento de los pacientes presentes en el acto. La conexión entre ambos discursos, entre dos vidas dedicadas a la ciencia, es precisamente nuestro gen Crumbs.

En 1999, el equipo de Frans identificó mutaciones en CRB1, el equivalente en humanos de Crumbs, en familias afectadas por una forma severa de retinitis pigmentosa. El trabajo fue clave no sólo para la carrera del científico, sino para comprender los mecanismos que conducen a las distrofias hereditarias de retina. Hasta entonces, las pocas mutaciones identificadas afectaban sobre todo a genes implicados en la fototransducción, el proceso biológico mediante el cual los fotorreceptores de la retina (conos y bastones) convierten la energía lumínica en señales eléctricas. CRB1, en cambio, apuntaba a defectos estructurales en la arquitectura de los fotorreceptores.




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La voz de los pacientes

La última pieza del puzzle flotaba en mi mente mientras escuchaba a Eli Knust el pasado marzo en el auditorio de Potsdam. Entonces pensé en Miguel Ruiz, el presidente de la Asociación de pacientes afectados de mutaciones precisamente en CRB1, fundada en 2019, y en el impacto recíproco entre la investigación científica y su divulgación a la sociedad.

Miguel viene de una familia de afectados por una mutación en CRB1 que el mismo porta en su genoma. Quizás por esto, su compromiso y dedicación como portavoz de los pacientes trasciende fronteras. Es un divulgador incansable de los avances genéticos y las nuevas terapias, no sólo en distrofias hereditarias de la retina, sino en el conjunto de las enfermedades raras. Miguel es una inspiración para los científicos en activo, un recordatorio de que nuestro trabajo impacta en la vida de las personas.

El camino que conecta la curiosidad de Christiane Nüsslein-Volhard con la tenacidad de Miguel Ruiz es largo y difícil de rastrear. Es, sin embargo, un relato muy elocuente de como las preguntas aparentemente básicas –por ejemplo, ¿cómo se forma un embrión?– acaban por impactar en nuestra vida cotidiana y ayudan a entender, por ejemplo, por qué perdemos la vista.

Cada pista acerca de cómo el gen CRB1 y sus homólogos contribuyen a la progresión de la enfermedad es un nuevo rastro de migas de pan. Ojalá que esta vez no las devoren los pájaros, como en el cuento, y podamos la completar con éxito esta aventura que comenzó hace ya medio siglo, observando con asombro las larvas de una humilde mosca.

The Conversation

Juan Ramón Martínez Morales recibe fondos de la UE, a través del proyecto ProgRet: European Training Program to Understand, Diagnose and Treat Autosomal Dominant Retinal Diseases. H2020-MSCA-ITN-2022 (ID:101120562).
Los objetivos de este proyecto se relacionan indirectamente con el presente artículo de divulgación.

ref. ‘Crumbs’: un rastro de migas que conecta una mutación en los genes de una mosca con las enfermedades de la retina – https://theconversation.com/crumbs-un-rastro-de-migas-que-conecta-una-mutacion-en-los-genes-de-una-mosca-con-las-enfermedades-de-la-retina-281208

Suplemento cultural: del cine al Mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Imagen de la última adaptación de la _Odisea_, dirigida por Christopher Nolan. Universal Pictures

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Hace tres años (¡tres años ya!) el fenómeno conocido como Barbenheimer le dio esperanza y alegría a las taquillas cinematográficas, después de una larga temporada de sequía desde la pandemia. Que se estrenasen el mismo fin de semana dos superproducciones como Barbie, de Greta Gerwig, y Oppenheimer, de Christopher Nolan, tan diferentes en sus planteamientos pero con una clara voluntad generalista, no jugó en contra de ninguna de ellas. Al contrario. La audiencia decidió combinar ambas (y eso que combinar algo con las tres horas de Oppenheimer era complicado) y consiguió que, al acabar su ciclo en salas, entre las dos la recaudación ascendiese a más de dos mil millones de dólares.

Hablamos de dinero y no de calidad porque, aunque aquel año Oppenheimer finalmente le dio a Nolan los premios Óscar tanto tiempo ansiados por él y sus seguidores, con el estreno de La Odisea los analistas no han prestado atención (al menos de momento) a la recepción crítica sino al efecto recaudatorio del filme. Nolan siempre ha sido la gran esperanza para las salas y este fin de semana ha firmado su mejor estreno en la taquilla internacional de la historia.

En este caso, no solo nos hemos encomendado a un cineasta británico que ha conseguido aunar sus obsesiones (muchas de ellas relacionadas con el espacio y el tiempo) con el interés popular. También acudimos a quien, hace tres mil años, relató las aventuras de Ulises. La narración de Homero ha estado con nuestra especie milenios y todos, habiéndola leído o no, nos vemos influidos por ella. No solo la vida del héroe del poema es épica, también nuestra existencia en este mundo responde al patrón de la Odisea.

90 años

Si el viernes fue el día de la épica, el sábado se conmemoraron en España los 90 años del inicio de la guerra civil española, un conflicto que ha marcado profundamente la historia del país.

Recibimos la fecha con el tráiler de La bola negra, la última obra de Javier Ambrossi y Javier Calvo, “los Javis”, y premiada en Cannes. Una película sobre la guerra civil. ¿Otra más? Pero… ¿de verdad se han hecho tantas como dicen algunos? ¿Se han hecho suficientes? ¿Comparamos con otros eventos del siglo XX?

Todavía nos queda mucho por explorar del conflicto, como escribe Jaume Claret. Y no solo historiográficamente. Necesitamos saber más sobre la gente de a pie, por ejemplo sobre todos aquellos exiliados. El Archivo Nacional está haciendo una gran labor de recopilación de cartas y documentos de algunos de los grandes personajes de esa emigración, como cuenta Elena Lázaro.

Sin embargo, hay voces que todavía no han llegado tan lejos como deberían. Entre ellas, las de los niños exiliados, una generación en medio de ninguna parte, criada en el extranjero pero con añoranza de la madre patria. Conocer sus obras, su visión del mundo y sus experiencias probablemente ayudaría a muchos otros chavales que hoy en día se ven obligados a huir de su patria sin que nadie les haya preguntado si quieren hacerlo.

España y Argentina

Y el domingo, el verdadero rival de Christopher Nolan en la taquilla fue la final del Mundial de fútbol masculino.

Cuando escuché, el martes 14 de julio, al comentarista del partido decir “y aquí llega la sinfonía de España” en un momento en el que los jugadores españoles se acercaban a la portería francesa, me dio la risa. Justo el día anterior habíamos publicado este tema de Rubén Conde Rubio en el que proponía, precisamente, dejar de utilizar metáforas bélicas en las narraciones del fútbol y cambiarlas a metáforas musicales. ¿Se leyeron en TVE el artículo de The Conversation antes de que empezase el encuentro?

Tal vez leyesen también el nuevo artículo de Conde Rubio y Paula Albitre Lamata, en el que diseccionan, aprovechando que el Hudson pasa por allí, las diferencias en el trato de confianza entre el español de Argentina y el de España. Es decir, ¿por qué yo digo “tú” y mis amigas argentinas me dicen “vos”? Es un recorrido lingüístico apasionante que desemboca en lo de siempre: las diferencias están llenas de curiosidades que nos enriquecen.

En los palcos de encuentros anteriores hemos visto cómo las cámaras apuntaban a grandes futbolistas, actores y actrices, cantantes, banqueros y empresarios, y todos ellos disfrutan del privilegio que el común de los mortales no tiene. Pero esto tampoco lo ha inventado el siglo XX. Ya los antiguos romanos intentaron hacerlo y… digamos que los ciudadanos tuvieron algo que decir.

Con un pie en la arena…

El Suplemento todavía no se va de vacaciones, aunque poco le queda. Antes de eso, dejamos un texto que repasa la historia del veraneo en España, desde aquel momento en el que solo se podían permitir las vacaciones unos pocos (por tiempo y dinero) hasta los logros sociales que hicieron posible descansar del trabajo y, tal vez, hacerlo lejos de casa (aunque fuese en el pueblo).

Y si están buscando libro para llevarse a la playa o a la montaña, las obras de la arqueóloga Marga Sánchez Romero siempre son una lectura apasionante. Mi compañera Lorena Sánchez la entrevistó para analizar esa manía que tenemos de basar el estudio de la historia en los acontecimientos violentos en vez de las resoluciones de conflictos pacíficas que, aviso, han sido muchas más.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: del cine al Mundial – https://theconversation.com/suplemento-cultural-del-cine-al-mundial-287788

¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier José Pérez Flores, Profesor del área de Psicobiología de la Universidad de La Laguna, Universidad de La Laguna

Andrii Iemelianenko/Shutterstock

Solemos valorar la inteligencia porque la asociamos con la expectativa de que quien es muy inteligente podrá aprender mejor, tomar buenas decisiones y obtener mayores logros.

Pero ¿hasta qué punto está justificada esa creencia?

Qué es la inteligencia y cómo se mide

La inteligencia no es fácil de definir. En general, se refiere a la capacidad para aprender, razonar, resolver problemas, comprender relaciones y adaptarse a situaciones nuevas.

Las pruebas de inteligencia intentan medir una parte de esas capacidades. Una de ellas es el razonamiento verbal, que se refiere a entender palabras, explicar conceptos y usar el lenguaje para pensar. En la vida diaria, esta capacidad se usa al comprender una noticia, explicar una idea o interpretar bien una instrucción.

Otra es el razonamiento perceptivo o visual. Se refiere a la capacidad para detectar patrones, organizar información visual y resolver problemas sin depender tanto del lenguaje. La usamos, por ejemplo, al montar un mueble siguiendo un esquema, orientarnos en un plano o encontrar la lógica de una imagen.

También se evalúa la memoria de trabajo. Esta permite mantener información en la mente y manipularla. La usamos al calcular mentalmente, recordar una dirección mientras caminamos hacia ella o seguir varios pasos de una receta sin mirar continuamente el papel.

Otra capacidad habitual es la velocidad de procesamiento. Se refiere a la rapidez con la que una persona puede percibir información sencilla, compararla y responder con precisión. En la vida cotidiana interviene al buscar un dato en una tabla, revisar documentos o realizar tareas repetitivas con rapidez y pocos errores.

¿Qué predice la inteligencia?

Sabemos que las puntuaciones en estas pruebas se relacionan directamente con el rendimiento académico, el nivel educativo alcanzado, el tipo de trabajo, el rendimiento laboral y los ingresos.

La relación con la escuela es fácil de entender. Muchas tareas académicas exigen comprender textos, resolver problemas y manejar información compleja. Son habilidades cercanas a las que evalúan muchas pruebas de inteligencia.

Por ejemplo, una estudiante con facilidad para entender instrucciones, relacionar ideas y resolver problemas abstractos parte con ventaja en varias asignaturas. Esa ventaja puede ayudarle a aprender más rápido y a rendir mejor en los exámenes.

No es una ventaja para toda la vida

Sin embargo, para que la inteligencia se convierta en buenos resultados también importan otras cosas, como ser constante, organizarse bien, confiar en las propias posibilidades, tener motivación, cuidar la salud mental, saber relacionarse con otras personas y contar con oportunidades reales.

Dos alumnos con capacidades parecidas pueden tener trayectorias muy distintas. Uno puede contar con apoyo familiar, expectativas altas, buenos hábitos y una escuela que detecta sus necesidades. Otro puede vivir inestabilidad, dificultades económicas, baja motivación o problemas emocionales.




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En ambos casos, la capacidad intelectual puede ser similar. Lo que cambia es el contexto en el que esa capacidad se desarrolla.

Los estudios longitudinales muestran bien esta complejidad. En los llamados estudios de Varsovia, la inteligencia medida en la infancia y la adolescencia predijo años después algunos logros objetivos, como el nivel educativo alcanzado, la ocupación y el bienestar material. Sin embargo, no explicó igual de bien el éxito entendido de forma subjetiva. Además, no se pudo separar completamente el efecto de la inteligencia del efecto del entorno de los participantes.

¿Cuanto más listos, más nivel de estudios?

La idea de que la inteligencia siempre “se abre camino” tampoco se sostiene bien cuando miramos la vida adulta.

Un estudio longitudinal realizado en Suecia evaluó a adolescentes con una alta inteligencia hasta la adultez. Los resultados fueron interesantes y contundentes. Por ejemplo, obtener al menos un máster era casi diez veces más frecuente en el grupo de alta inteligencia que en el grupo de inteligencia media. Sin embargo, la proporción de personas con un coeficiente intelectual elevado que consiguieron este título no era alta: el 13 % de las chicas y el 34 % de los chicos.

¿Qué pasaba con el resto de los adolescentes con una inteligencia alta, los que no estudiaron un máster? ¿Y por qué un 20 % no terminó la educación secundaria superior?

Qué ocurre en la vida adulta

En el mundo laboral, la inteligencia se relaciona con algunos indicadores profesionales, pero su efecto no es igual en todas las personas ni en todos los contextos. En general, las capacidades cognitivas predicen mejor el rendimiento en el puesto, el éxito en procesos de formación y, de forma más indirecta, el nivel de ingresos. Sin embargo, su relación con otros aspectos de la trayectoria profesional, como la satisfacción laboral, la permanencia en una empresa, la promoción interna o la calidad de las relaciones en el trabajo, es más débil.

También es necesario preguntarse qué llamamos “éxito”, y si tener cargos directivos o sueldos elevados es la única manera de medirlo. Sobre todo porque el éxito profesional no siempre se traduce en felicidad. Una persona puede tener éxito profesional y sentirse insatisfecha. Otra puede no destacar académicamente y construir una vida estable, útil y valiosa.




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Los modelos de bienestar subjetivo en la vida adulta señalan factores como la salud física y mental (la autonomía, las relaciones, la salud, el propósito y la participación en la comunidad) como mucho más determinantes de una vida exitosa.

La inteligencia no garantiza nada

La conclusión no debería ser que la inteligencia no importa. Tampoco que lo explica todo.

Una trayectoria vital no depende solo de una capacidad. Depende también del contexto, de las oportunidades, de la educación, de la salud, de la personalidad, de las expectativas y de lo que cada sociedad decide premiar.

Ser inteligente puede abrir puertas, pero no decide cuántas puertas hay, quién puede cruzarlas ni qué apoyos recibe para hacerlo. La inteligencia es una ventaja, no un destino.

The Conversation

Javier José Pérez Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida? – https://theconversation.com/las-personas-inteligentes-tienen-mas-exito-en-la-vida-284399

Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ignacio Pulido Fernández, Catedrático de Economía Aplicada (Economía del Turismo), Universidad de Jaén

Señal de protesta contra Airbnb en Montreal, Canadá. BalkansCat/Shutterstock

En muchos destinos, cuando el turismo empieza a incomodar, el debate público encuentra enseguida un culpable reconocible: Airbnb. La plataforma (y, en general, el alquiler turístico de corta duración) concentra buena parte del malestar porque es visible, porque afecta a la vivienda y porque transforma barrios que antes no se sentían turísticos.

No se trata de una preocupación menor. Eurostat estima que, en 2025, se reservaron 951,6 millones de noches en la Unión Europea a través de grandes plataformas de corta estancia. Y hemos visto, además, cómo estos alojamientos pueden contribuir a la presión residencial, la subida de precios y la turistificación de los centros urbanos.

El debate ya no se circunscribe solo a Barcelona, Venecia o Ámsterdam. También aparece fuera de los grandes circuitos turísticos tradicionales. Algunos ejemplos: en Cuenca, ciudad patrimonial ecuatoriana, el crecimiento del alojamiento temporal ha tensionado el mercado inmobiliario de su centro histórico y puesto en evidencia la falta de datos, registro y capacidad de regulación turística de las autoridades locales. En Medellín (Colombia), el auge del turismo ha hecho crecer el mercado de viviendas turísticas, encarecido el alojamiento y generado conflictos de convivencia en algunos barrios. En Tirana y otros destinos urbanos albaneses, la rápida expansión del alquiler de corta estancia empieza a vincularse con la presión sobre el mercado residencial y la dificultad de acceso a alquileres asequibles para la población local.




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Parte del problema (pero no todo)

Que Airbnb forme parte del problema no significa que sea todo el problema. Culpar solo a las plataformas resulta políticamente cómodo, pero analíticamente pobre. Permite señalar un actor concreto, regularlo (a veces tarde, a veces mal) y transmitir la impresión de que se actúa. Sin embargo, muchos conflictos actuales en destinos consolidados y emergentes responden a una cuestión más profunda: durante años se ha gestionado el turismo como si fuera solo promoción, no como una política pública territorial.

El turismo no ocupa un espacio vacío. Utiliza patrimonio, vivienda, transporte, agua, residuos, recursos naturales, comercio, espacio público y tolerancia social. Cuando los flujos crecen más rápido que la capacidad institucional para ordenarlos, aparecen externalidades: congestión, ruido, encarecimiento de la vivienda, pérdida de comercio cotidiano, saturación patrimonial, precarización laboral o rechazo vecinal. La turismofobia rara vez nace del turismo en abstracto; suele nacer de la percepción de que los beneficios se privatizan y los costes se socializan.




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Crecimiento desmedido

El crecimiento turístico global refuerza este diagnóstico. UN Tourism cifró en 1 523 millones las llegadas internacionales de turistas en 2025, superando los niveles previos a la pandemia. La cuestión, por tanto, no es si el turismo crecerá, sino bajo qué reglas, con qué límites y para quién.

La OCDE señala que el sector necesita políticas coordinadas, prospectivas y basadas en evidencia para ser más resiliente, sostenible e inclusivo. Esa es la carencia de muchos destinos: mucha promoción, poca planificación; muchos actores vendiendo el destino, pocos gobernándolo.

El problema se agrava porque el turismo no funciona como una organización única sino como una red de actores con intereses, competencias y objetivos distintos. Hoteles, viviendas turísticas, guías, comercios, restaurantes, plataformas, administraciones, residentes, inversores inmobiliarios, operadores culturales y empresas de movilidad actúan con lógicas distintas. Si no existe una gobernanza clara, cada actor maximiza su interés particular. En economía esto no sorprende: cuando un recurso compartido (el atractivo, el espacio público, la vida en los barrios) se explota sin coordinación, el resultado puede ser ineficiente, aunque cada decisión individual parezca racional.

Esa fragmentación sobrepasa a empresas y residentes, también es frecuente entre las propias instituciones responsables del turismo. Especialmente en las primeras etapas de desarrollo de un destino, administraciones, organismos de promoción y otros actores suelen planificar, generar información e impulsar iniciativas de forma independiente, respondiendo a sus propios objetivos en lugar de a una estrategia compartida. El resultado son esfuerzos duplicados, recursos dispersos y decisiones que reducen la capacidad del destino para actuar de forma coordinada y generar valor colectivo.

Hacia un nuevo modelo

Por eso el debate no debería formularse como “Airbnb sí, Airbnb no”, sino como “qué modelo de destino queremos y con qué instrumentos lo hacemos viable”. Regular los alquileres turísticos puede ser necesario, especialmente en zonas tensionadas. La Unión Europea aprobó un reglamento para mejorar la recogida y el intercambio de datos sobre alquileres de corta duración.

Pero la regulación de una plataforma no sustituye a una política integral de destino. Hace falta zonificación turística, límites de capacidad cuando proceda, gestión de flujos, fiscalidad finalista, protección de la vivienda residencial, datos en tiempo real, escucha vecinal y coordinación entre turismo, urbanismo, movilidad, cultura, seguridad y medio ambiente.

También falta profesionalización. La gestión de destinos no puede depender solo de la intuición, el voluntarismo político o las campañas de comunicación. Requiere perfiles capaces de interpretar datos, negociar con actores privados, diseñar indicadores, evaluar impactos, anticipar conflictos y traducir la estrategia turística en decisiones urbanas. Las investigaciones sobre sobreexplotación turística (overtourism) llevan años señalando que no hay soluciones universales y que la gestión debe adaptarse a cada contexto. Sin equipos técnicos sólidos, los destinos reaccionan cuando el conflicto ya ha estallado.




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Medidores turísticos

Otro error es seguir midiendo el éxito del turismo por volumen: más visitantes, más pernoctaciones, más gasto agregado. Esos indicadores son útiles, pero insuficientes. Un destino puede crecer en llegadas y empobrecer su vida local. Puede aumentar la ocupación y deteriorar la convivencia.

El nuevo marco estadístico internacional para medir la sostenibilidad del turismo y los trabajos recientes sobre indicadores locales apuntan hacia la medición de impactos económicos, sociales y ambientales de forma integrada y a escala territorial, y proponen incorporar explícitamente el bienestar de los residentes en la mira de las políticas turísticas.

Turismo generador de valor

El gran cambio de fondo será pasar del turismo como recuento al turismo como generación de valor:

  • Valor territorial, porque mejora el patrimonio, diversifica la economía, fortalece identidad y distribuye oportunidades.

  • Valor social, porque crea empleo digno, respeta la vivienda, mejora servicios y no expulsa a quienes hacen habitable el lugar.

  • Valor público, porque los ingresos turísticos ayudan a financiar los costes que el propio turismo genera.

Las plataformas de alojamiento como Airbnb no son inocuas en los destinos donde se implantan, aunque tampoco son una explicación suficiente. Constituyen un acelerador de tensiones preexistentes: vivienda escasa, planificación débil, dependencia del crecimiento, falta de datos y gobernanza fragmentada.

Reducir el debate a una plataforma digital es tratar el síntoma pero dejando intacta la enfermedad. La pregunta seria no es cómo recibir más turistas, sino cuántos, dónde, cuándo, en qué condiciones y con qué retorno para la comunidad anfitriona. Ahí empieza la verdadera economía del turismo del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb? – https://theconversation.com/gentrificacion-sobreexplotacion-turistica-vivienda-escasa-y-si-no-todo-fuera-culpa-de-airbnb-287058