Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025: la escritura como memoria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dulce María Zúñiga Chávez, Profesora investigadora de literatura, Universidad de Guadalajara

Gonzalo Celorio impartiendo la conferencia ‘La literatura de la Ciudad de México’ en la 41a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en mayo de 2015.
Antonio Nava / Secretaria de Cultura, CC BY-SA

Que a Gonzalo Celorio (México, 1948) se le otorgue el Premio Cervantes 2025 no es sólo un reconocimiento a una trayectoria de autor y humanista, es la celebración de una manera de entender la literatura como destino y como arte de la memoria.

Gonzalo Celorio es un hombre de letras “integral”. Así lo califica el jurado del Cervantes. Y estamos de acuerdo. Es narrador, ensayista, hombre de teatro, filólogo y promotor cultural. Pero, sobre todo, es un gran lector y erudito: “nada humano le es ajeno”. Sus conocimientos van más allá de la literatura escrita en español. Sus intereses lo han llevado a conocer de historia, antropología y otras ciencias humanas.

Una obra que abarca géneros y culturas

Gonzalo Celorio ocupa un lugar importante en la literatura contemporánea no sólo por la amplitud y densidad de su obra, sino por la conciencia profunda con la que ha sabido entretejer su historia personal con la de una vasta geografía histórica y cultural que abarca países como España, México, Cuba y Nicaragua. En su escritura, la experiencia individual se dilata hasta volverse memoria compartida, y la memoria, a su vez, se vuelve una forma de conocimiento.

Estuche de tres libros.
Estuche de la trilogía ‘Una familia ejemplar’.
Planeta de libros

Es autor de las novelas Amor propio (1992), Y retiemble en sus centros la tierra (1999), así como de la trilogía titulada irónicamente “Una familia ejemplar”, integrada por Tres lindas cubanas (2006), El metal y la escoria (2014) y Los apóstatas (2020). En ella despliega una mirada crítica, a la vez lúcida y entrañable, sobre los vínculos familiares y las fisuras de la memoria. Construye una épica familiar que abarca varias épocas y territorios.

A esta obra narrativa se suma una producción ensayística fundamental: El viaje sedentario (1994), México, ciudad de papel (1997), Ensayo de contraconquista (2001), Cánones subversivos (2009), Del esplendor de la lengua española (2016), De la carrera de la edad (2018), Mentideros de la memoria (2022) o Ese montón de espejos rotos (2025).

Varios de sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, griego y chino, lo que da cuenta de su proyección internacional.

La lengua como memoria

La obra de Gonzalo Celorio se alza como un espacio donde el lenguaje deja de ser sólo un instrumento de comunicación y se convierte en sustancia viva. Su escritura no sólo narra: respira, recuerda, interroga. Hay en ella una convicción profunda de que las palabras no nombran el mundo desde fuera, sino que lo engendran desde dentro. Su conocimiento del idioma le valió ser elegido director de la Academia Mexicana de la Lengua. También tiene vínculos oficiales con la Real Academia Española y con las academias cubana y nicaragüense.

En sus escritos, el español encuentra una de sus modulaciones más sensibles. Su voz no sólo cuenta anécdotas, sino que recuerda por todos nosotros. Y en ese acto de recordar vuelve a fundar –con delicadeza y hondura– un mundo.

De hecho, una de las claves de su obra se encuentra en la tensión entre recordar y dejar atrás. El autor ganador del Premio Cervantes 2025 así lo dijo con sencillez cuando se encontró con la prensa tras el anuncio del galardón: “Escribo fundamentalmente para olvidar”. Y enseguida reconoció la paradoja: “mis novelas son memorísticas”.

Celorio posee una memoria prodigiosa, a la menor provocación recita poemas de decenas de autores clásicos, o páginas completas de novelas. Esto revela una relación íntima, física y corpórea con el idioma. Así se vio en 2004, durante el homenaje internacional al autor argentino Julio Cortázar, en la Universidad de Guadalajara. Allí, Celorio y el escritor Eduardo Casar maravillaron al público escenificando de memoria el capítulo 68 de la novela Rayuela, escrito en “gíglico” (lenguaje inventado). Fue una sesión inolvidable.




Leer más:
¿Por qué entendemos el capítulo 68 de ‘Rayuela’?


El ritmo del lenguaje

Para Gonzalo Celorio, la literatura no es sólo una manera de dar salida a sus recuerdos, sino también una forma de vida. Así, confesó también que escribía “por una necesidad apremiante”.

La escritura del ganador del Premio Cervantes 2025 puede entenderse como una poética de la narración: un modo de concebir el lenguaje como ritmo, como resonancia, como espacio de condensación simbólica donde se insinúa lo esencial. Cada palabra parece elegida no sólo por su significado, sino por su peso y su música.

En este cruce de memoria y lenguaje, de narración y poesía, la obra de Gonzalo Celorio se vuelve una interrogación constante sobre la posibilidad de decir el mundo sin agotarlo. Su voz narrativa no se impone: se despliega, se demora, escucha. Y en esa escucha encuentra su forma más honda de verdad.

¡Enhorabuena, Gonzalo Celorio!


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Dulce María Zúñiga Chávez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025: la escritura como memoria – https://theconversation.com/gonzalo-celorio-premio-cervantes-2025-la-escritura-como-memoria-279397

Luis García Montero: ‘En la historia de la cultura contemporánea no hay mejor metáfora del contrato social que la lectura’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Retrato de Luis García Montero. Instituto Cervantes

“Creo que quieres hablar de Lorca”, me dice Luis García Montero cuando nos conectamos para la entrevista. “De Lorca, de la importancia de la literatura y del español en el mundo”, contesto, brevemente, para introducir los temas que vamos a tratar. “Pues yo te cuento mi vida y a partir de ahí me vas diciendo, porque en mi caso se relaciona todo”, responde, sonriente.

Desde 2018, Montero es el director del Instituto Cervantes, el organismo público español que busca la promoción del idioma y de la cultura hispana en todo el mundo. Pero también es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ensayista, crítico y, sobre todo, poeta. Precisamente, ser esto último ha definido su vida y, sobre todo, su relación con el autor de Romancero gitano, de cuyo asesinato se cumplen 90 años este 2026.

En 2016, publicó el libro Un lector llamado Federico García Lorca en el que repasaba las lecturas del autor. En él, partía de la base de que “Todos nosotros somos, en esencia, aquello que leemos”. Hoy habla precisamente de eso, de aquello que leemos.

Portada del libro Un lector llamado Federico García Lorca de Luis García Montero.

Taurus

¿Cuál es su relación con Federico García Lorca?

Nací en 1958 en Granada y él fue el primer poeta al que leí. Mis padres tenían un salón de las visitas al que teníamos prohibida la entrada mis hermanos y yo. Pero me colé un día y encontré en la biblioteca las obras completas de Lorca. Tuve la suerte de abrirlo por un poema que se ajustaba a mis ojos y a mi edad: la canción de los lagartos. Y yo, niño de barrio, que me pasaba el día cazando lagartos y lagartijas a la orilla del río Genil, me quedé impresionado. Era la historia de dos lagartos que se enamoraban, que se casaban y que tenían su vida privad: ¿qué hacía yo matando lagartos si estas criaturas formaban familias?

Ayuda mucho la literatura para ponernos en la piel de personas con las que no interactuamos en el día a día. O lagartos, en este caso.

Poco después un profesor del colegio me regaló el libro que Ian Gibson había publicado sobre la guerra civil española en Granada y el asesinato de Lorca. Y me di cuenta de que cuando caminaba por la ciudad, iba pasando por lugares que tenían que ver con su vida. Entonces, de manera muy natural, se unió mi amor por la literatura a Federico García Lorca y a la toma de conciencia de los vínculos que hay entre la literatura y la vida. Cuando me matriculé en la Universidad, me enteré de que estaba organizando un homenaje a Federico a los 40 años de su muerte, en junio de 1976. Y decidí que iba a ir al homenaje, que se hacía en el edificio del rectorado de la Universidad y después en Fuente Vaqueros, el pueblo donde él había nacido.

Entiendo que era el primero que se hacía.

Sí, el primero que se hacía en público en Granada después de la muerte. Recuerdo que, en el trayecto en autobús hasta Fuente Vaqueros, se veían muchas furgonetas de la policía. El entonces ministro de Gobernación del final del franquismo, Fraga Iribarne, había intentado prohibirlo, pero era tanta la presión que había dicho: “Bueno, no se prohíbe pero solo se deja media hora”. Entonces, el 5 de junio de 1976, Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Federico García Lorca, salió ante toda la gente reunida y dijo: “Después de 40 años de silencio, nos dejan media hora de libertad”. Y así empezó un homenaje que para mí fue muy emocionante. Al acabar yo me acerqué al poeta Blas de Otero y le dije: “Don Blas, por gente como usted, yo estoy aquí”. “Estar aquí” significaba estoy en un acto político, en un homenaje a Lorca frente al poder de la dictadura y en un acto poético. Él me acarició la cabeza y me dijo: “Muchacho, espero que algún día puedas perdonarme”.

¿Le ha perdonado?

No solo le perdono, sino que le estoy muy agradecido. Hemos tenido la suerte de vivir un momento de España muy positivo y en medio de todas las dificultades no se nos puede olvidar nunca lo que se ha conseguido. Afortunadamente, la España de 2026 ya no es la España de 1976.

¿Qué le ha dado la poesía?

Me ha enseñado algunas cosas que son fundamentales. La primera, intentar ser dueño de la propia conciencia. Yo creo que un poema es un diálogo con la propia intimidad, hable de política, de amor o de cualquier cosa. Para mí, la poesía supuso comprender que luchar por la democracia no era votar cada cuatro años, sino participar en una transformación. Y eso lo aprendí en Antonio Machado, que modernizar la poesía no es buscar palabras raras, sino transformar la educación sentimental, porque a la educación responden las palabras. ¿Qué digo cuando digo “soy yo”? ¿Qué digo cuando digo “soy hombre”? ¿Qué digo cuando digo “te quiero” o cuando digo “libertad”? La libertad puede ser el respeto a la conciencia individual contra cualquier tipo de poder autoritario. Hoy, por desgracia, se utiliza mucho la palabra libertad como la ley del más fuerte, ya sea invadir un país, provocar un genocidio o poner en duda la justicia internacional. La poesía ayuda a pensar las palabras.

Ha dicho: “Considero que importa la defensa y la definición de un significado no mercantilista de la palabra utilidad”. ¿Para qué es útil la literatura?

La literatura me parece un buen remedio contra un momento que ha conseguido convertir al tiempo en una mercancía de usar y tirar. Y eso tiene para mí dos peligros graves. El tiempo de usar y tirar intenta borrar la memoria: lo importante es el presente. Pero yo soy escritor porque leí a Lorca, alguien que había vivido antes que yo, y heredé su manera de sentir. Quien cancela la memoria lo que acaba cancelando es la posibilidad de pensar un futuro distinto. Y la otra cosa que me ha enseñado la literatura es que hace falta tiempo para hacernos dueños de nuestra propia conciencia. Vivimos en un mundo que nos invita a decir lo que pensamos sin pensar lo que decimos. Y por eso existen el fanatismo, los bulos.

Un hombre y una mujer sentados tres una mesa ríen mientras miran a una audiencia.
Luis García Montero y Almudena Grandes en un acto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2017.
Diario de Madrid, CC BY

Hubo hace unos meses una discusión entre quienes decían que leer hacía mejor persona y quienes no. Me gusta mucho lo de que la literatura ayuda a intentar ser dueño de la propia conciencia.

Joan Margarit, un poeta estupendo, decía que si uno escribe, existe el poema, pero hasta que no llega un lector y no habita el poema, no existe el hecho poético. Si yo escribo un poema de amor, pues está muy bien, pero el hecho poético se da cuando el lector deja de pensar en mi novia para pensar en su propia vida. El que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que lea se sienta identificado con esa historia.

En la historia de la cultura contemporánea no hay mejor metáfora del contrato social que la lectura. El amor ya no es el amor del autor sino el mío. Y mi propio amor comprende que tiene mucho que ver con lo que siente el otro. Defiendo la lectura como un espacio de construcción de las experiencias individuales hacia las ilusiones colectivas y el reconocimiento de la propia libertad como una capacidad de reconocerse en el otro, de dialogar.

Tenemos proyectos políticos donde se defiende un nosotros que autoritariamente quiere borrar las experiencias privadas y, por otra parte, hay un predominio del individualismo que corta cualquier reconocimiento de cuáles son los valores colectivos que nos han podido hacer triunfar. Por eso me gusta tanto decir que la mejor metáfora que yo he sentido del contrato social es cuando aprendí a mirar a unos lagartos con los ojos de García Lorca.

Ha batallado contra el elitismo cultural. ¿Cómo podemos hacer para que no se asocie la cultura a una clase social concreta y que todo el mundo pueda acceder a ella y elegir a qué quiere dedicar su tiempo?

Ese debate se puede abordar desde distintas perspectivas. Yo soy partidario de la educación pública porque creo que una sociedad construye su sentimiento de comunidad en la igualdad de la educación y esta es fundamental para que cada uno sea dueño de su propia conciencia. En ese sentido, a mí el elitismo de lo privado que quiere establecer ofertas para unos pocos me parece un peligro para la democracia. Otra cuestión que me parece importante tener en cuenta es que vivimos en una sociedad que ha comprendido que la gente culta es más difícil de manipular. Por ello, hay toda una corriente de opinión que está intentando sustituir la cultura por el entretenimiento. Interesa generar ofertas que den risas, que diviertan, pero que no enseñen a pensar.

Pero estos peligros también generan trampas. Porque… ¿acaso no es tramposo cuando la gente que apuesta por la cultura dice que lo importante es lo que es elitista? ¿Cuando se dice que la gente que se divierte y entretiene es tonta? Entonces, ¿qué tengo que hacer yo? ¿Confundir la calidad con aquello que entendemos cuatro? Siempre recuerdo que cuando García Lorca leía el “Responso a Verlaine” de Rubén Darío, al llegar a un verso que decía “Que púberes canéforas te ofrenden el acanto” se reía y decía: “Qué maravilla, solo entiendo el que”. Del mismo modo que hay que estar atentos a un populismo que rebaja calidad a la cultura, hay también que huir de la trampa de creer que la calidad hay que unirla con la dificultad, con aquello que convierte a la poesía, por ejemplo, en un dialecto para que hablen los poetas, pero que no entienda ni dios.

Esta accesibilidad al conocimiento entronca con su labor al frente del Instituto Cervantes.

Como heredero de Lorca defiendo la cultura democrática representada en los libros e intento estar a la altura como director del Instituto. Cuando explicamos nuestro trabajo insistimos una y otra vez en que enseñar un idioma no es solo enseñar un vocabulario. Las líneas de trabajo que tenemos apoyan los valores del feminismo, la democracia, la defensa de la libertad ante las viejas dictaduras, los pensamientos reaccionarios y las nuevas formas de dictadura… Por ejemplo, nos emociona que, en algunos países islámicos, el Instituto Cervantes sea un centro de reunión donde las mujeres puedan quitarse el velo y tomarse un café mientras estudian español, o darle la mano a su novio. También nos emociona que en los centros de Estados Unidos se defienda el español como lengua de herencia mientras Donald Trump genera discursos de odio contra el mundo hispano. Creo que defender los valores de la igualdad tiene mucho que ver a la hora de conformar una imagen de una España democrática que quiere resistir frente al deterioro de los derechos humanos que está sufriendo el mundo.

Un hombre habla tras un atril con el logo del Instituto Cervantes.
Luis García Montero en un evento del Instituto Cervantes.
Instituto Cervantes

El español es un idioma en expansión.

En el último anuario del Instituto Cervantes se registraron más de 520 millones de hablantes de español como lengua materna y casi 630 millones si sumamos los que han aprendido español. Ese horizonte internacional es muy importante a la hora de defender el multiculturalismo. En un idioma con tantos millones de hablantes y con tanto territorio, a veces se ha tenido tentación de ser imperialista. En ese sentido, todos los trabajos del español desde el Instituto Cervantes parten de una premisa: en España somos el 9 % de los hablantes del idioma y participamos en la convivencia de una comunidad donde la diversidad es lo natural.

De hecho, actualmente en España importamos artistas musicales en español. ¿Hemos entendido que el idioma es la verdadera patria?

Esa idea, mi patria es mi idioma, culturalmente tiene ahora mucha importancia. En los anuarios del Instituto Cervantes comprobamos hasta qué punto la extensión de la cultura española tiene que ver con las dinámicas de la música hispana o de las telenovelas en español. Por ejemplo, todo lo que hizo Bad Bunny para reivindicar la presencia del español y lo hispano en la cultura internacional ha tenido mucha repercusión. Está muy bien tener un idioma mayoritario, pero la unidad se basa siempre en el respeto a la diversidad. La música latina y la narrativa latina han optado por un camino que me parece acertado. Nuestro idioma, que es muy fuerte y tiene muchos vínculos comunes, puede respetar la diversidad sin perder la unidad. De manera que es muy importante comprender la importancia que la cultura popular tiene a la hora de defender un idioma y de consolidar una comunidad no solo desde la barrera de lo académico sino también desde la cultura que está en la calle.

También ha dicho que el español tiene que ser una lengua de ciencia y tecnología.

Eso es muy importante porque se trata de contextualizar el idioma. El idioma está en movimiento. Y aunque cada vez hay mayor número de hablantes de español, no se puede confundir el orgullo con la autocomplacencia. No nos basta ser el idioma de Mario Vargas Llosa o de Cervantes, ahora es muy importante participar en toda la investigación científica y la transformación tecnológica. En ese sentido, potenciar el acuerdo entre universidades para favorecer la investigación del uso del español en la ciencia es fundamental. De hecho, una de nuestras colaboraciones en la próxima Cumbre Iberoamericana va a ser una reunión de universidades donde se analice el español como lengua de ciencia.

Pero, además, es fundamental en todo lo que significa la inteligencia artificial. Primero, porque la IA supone ahora un ámbito de comunicación donde, si no está bien cuidado, el idioma se deteriora. Está muy bien que las máquinas hablen español, pero siempre que se hable un español cuidado y que no suponga una degradación. Y en segundo lugar, esa degradación tiene muchos matices, porque no es simplemente que yo haga una pregunta y me conteste una máquina en un español torpe. Es que las máquinas están programadas y en sus respuestas pueden generar sesgos. Y a lo mejor se extiende la idea de que el mal español es el español que no se habla como se habla en Madrid o en Bogotá. Nosotros hemos hecho un decálogo ético del español y la IA porque queremos trabajar para que el lenguaje de la tecnología defienda los valores democráticos que queremos preservar en el idioma.

En Un velero bergantín escribió que por cada novela contemporánea deberíamos leer cuatro clásicos. En honor al Día del libro, ¿qué novela contemporánea recomienda en español y qué cuatro clásicos?

Pues acabo de leer Coloquio de invierno, de Luis Landero. En medio del invierno, hay una serie de personas que se guarecen en un refugio rural para escapar de la tormenta Filomena, y empiezan a contarse su vida. Yo me acordé, claro, de Boccaccio, y de cómo se reúnen y se cuentan la vida en el Decamerón. También me acordé de El coloquio de los perros de Cervantes, de cómo los seres humanos aprenden a reconocerse cuando son capaces de escuchar al otro.

Y, aunque solo sean tres, voy a citar al poeta por el que hemos empezado. La gente debería leer Poeta en Nueva York, el libro que escribió García Lorca en 1929 en Nueva York, en medio de la crisis de Wall Street, cuando comprendió que el capitalismo norteamericano iba a provocar la Segunda Guerra Mundial y se subió al edificio Chrysler, y desde allí gritó hacia Roma para protestar contra el papa, que había llegado a un acuerdo con Benito Mussolini y estaba empezando a colaborar con el fascismo. ¿Y qué es lo que reivindicó Lorca? El amor, la capacidad de amar. Es una buena manera de pensar en lo que está ocurriendo ahora en el mundo.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

ref. Luis García Montero: ‘En la historia de la cultura contemporánea no hay mejor metáfora del contrato social que la lectura’ – https://theconversation.com/luis-garcia-montero-en-la-historia-de-la-cultura-contemporanea-no-hay-mejor-metafora-del-contrato-social-que-la-lectura-281187

Leer es un pasatiempo… ¿o mucho más?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía B Palmero Jara, Profesora Ayudante Doctora de Psicología Básica, Universitat de València

ArtCreationsDesignPhoto/Shutterstock

Hay quienes disfrutan leyendo y quienes prefieren ver series o jugar a videojuegos. Pero ¿es realmente la lectura una alternativa de ocio como otra cualquiera, especialmente cuando pensamos en el ocio juvenil y adolescente? Desde la perspectiva de la neurociencia, la respuesta es clara: leer es mucho más.

No se trata solo de entretenimiento. La lectura destaca por activar procesos cognitivos específicos que, especialmente cuando el cerebro se está desarrollando, pueden marcar diferencias importantes en la edad adulta.

Leer: un reto para el cerebro en construcción

Una de las claves para entender la importancia de la lectura durante la adolescencia es que el cerebro aún está en pleno desarrollo. A lo largo de esta etapa se produce una intensa reorganización de las redes neuronales destinadas a fortalecer el razonamiento, la planificación y el control de la conducta. Una de las estructuras cerebrales clave en este proceso es la corteza prefrontal, una región asociada a las llamadas funciones ejecutivas, responsables de mantener la atención, inhibir las distracciones y controlar el procesamiento de la información. Algunas experiencias durante esta etapa pueden actuar como un catalizador del desarrollo cognitivo, favoreciendo la consolidación de estas capacidades.




Leer más:
De Harry Potter a Teseo: cómo los arquetipos pueden conectar al público adolescente con la literatura clásica


Comprender un texto largo exige poner en marcha muchos de los procesos mentales que el cerebro adolescente está afinando: mantener la atención durante un tiempo prolongado, recordar información previa, establecer relaciones entre ideas, realizar predicciones, detectar inconsistencias y construir activamente el significado de la historia. Lejos de ser una actividad pasiva, la lectura implica un esfuerzo cognitivo considerable.

Precisamente por esta exigencia cognitiva, leer no siempre genera un enganche inmediato comparable al de otras actividades más pasivas. Muchas actividades de ocio digital ofrecen recompensas rápidas y cambios constantes de estímulo, mientras que la lectura exige un periodo inicial de concentración e implicación antes de que aparezca la recompensa narrativa.

Lograr el ‘flow’ en la lectura

Sin embargo, cuando la práctica lectora se consolida, ocurre algo interesante: leer empieza a fluir. A medida que se automatizan los procesos de decodificación de palabras, el acceso a su significado y la integración de información necesaria para comprender el texto, disminuye el esfuerzo cognitivo y aumenta la inmersión en la historia. La atención deja entonces de centrarse en descifrar frases y se dirige a la comprensión del mundo narrativo y de los personajes. Es en ese momento cuando aparece lo que muchos lectores describen como el placer de la lectura.

Cuando la lectura es una actividad frecuente, no solo aporta disfrute: también impulsa el desarrollo cognitivo. De hecho, su asociación con el progreso en la adolescencia es especialmente relevante, ya que supera incluso a factores como el nivel educativo de los padres.

Además somos más capaces de comprender los pensamientos y los estados emocionales ajenos y de entender y analizar nuestros propios procesos mentales, evaluar la información y distinguir, por ejemplo, entre argumentos sólidos y débiles. Nuestra capacidad crítica se fortalece, algo que nos protege ante bulos y desinformación.

No todas las formas de ocio activan estos procesos con la misma profundidad.




Leer más:
Cómo crear miniclubs de lectura para el aula en cualquier asignatura


¿Vale leer cualquier cosa?

La ficción literaria, como las novelas u otros relatos con personajes poco predecibles y situaciones ambiguas, favorece especialmente la comprensión de los estados mentales y emocionales de los demás, al implicar al lector en mundos sociales complejos. Otros textos informativos o de divulgación contribuyen más al desarrollo del razonamiento.

Lo ideal es leer lo que a uno más le guste, aunque cuanta mayor sea la variedad y calidad de los textos, más habilidades diferentes estaremos desarrollando.

Qué hacer si no nos gusta leer

Aun así, la lectura no es algo que resulte igual de apetecible o atractivo a todo el mundo. La investigación en psicología sugiere que, en actividades exigentes, la práctica temprana y frecuente puede ser clave para que termine siendo gratificante. La lectura no es una excepción. Si hemos tenido contacto con la lectura a edades tempranas, es probable que experimentemos sentimientos positivos hacia los libros, mientras que si las experiencias tempranas han sido negativas (hemos leído por obligación cosas que no nos interesaban, o hemos sufrido y nos hemos aburrido leyendo) nuestra motivación será mucho menor.

Por eso es tan importante que en los centros educativos, en las aulas y en los hogares tengamos acceso a todo tipo de libros y podamos elegir qué leer, compartir momentos de lectura o encontrar historias que conecten con nuestros intereses y preocupaciones.

Para quienes sienten que “leer no es lo suyo”, es importante tener en cuenta que la dificultad inicial no indica falta de capacidad, sino que forma parte del proceso. Con la experiencia, la comprensión se vuelve más ágil y la lectura menos exigente, por lo que conviene no abandonar antes de que empiece a resultar atractiva. De hecho, incluso quienes presentan más dificultades lectoras pueden beneficiarse de la lectura.

¿Y si no leemos, no pasa nada?

En última instancia, las trayectorias lectoras, como las propias trayectorias vitales, son diversas, y las habilidades pueden desarrollarse de múltiples formas con el tiempo. Pero no conviene perder de vista lo que está en juego.

Especialmente en la adolescencia, leer no es solo una práctica cultural necesaria, sino también una forma de ejercitar la atención, la imaginación, el razonamiento y el pensamiento complejo en una etapa en la que el cerebro está en plena construcción.

Si no leemos, no solo perdemos un pasatiempo: renunciamos también a una poderosa herramienta para el desarrollo cognitivo y para una formación cultural, crítica y ciudadana plenas.

The Conversation

Javier Roca recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, la Generalitat Valenciana y la Universitat de València para financiar su actividad investigadora.

Pilar Tejero Gimeno recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, la Generalitat Valenciana, y la Universitat de València para financiar su investigación.

Eva Mª Rosa Martínez, Lucía B Palmero Jara y Marina Pi-Ruano no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Leer es un pasatiempo… ¿o mucho más? – https://theconversation.com/leer-es-un-pasatiempo-o-mucho-mas-277790

Litio para la bipolaridad: la antigüedad de un fármaco no implica que ya no sea útil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julia E. Marquez Arrico, Professora Lectora, Universitat de Barcelona


Fahroni/Shutterstock

Según datos recientes de la Global Bipolar Cohort, solo un 29 % de las personas con bipolaridad reciben litio, el “patrón oro” para tratar este trastorno mental. La pregunta es clara: ¿estamos dejando de lado el mejor recurso que tenemos por una cuestión de percepción más que de realidad científica?

Un elemento natural con una historia insuperable

El litio no es una molécula compleja sintetizada en un laboratorio de última generación: es el tercer elemento de la tabla periódica. Desde que el psiquiatra australiano John Cade descubrió sus propiedades terapéuticas en 1949, ha mantenido una vigencia que ningún otro psicofármaco ha podido igualar. Esta longevidad no es un vestigio del pasado, sino un reflejo de su solidez clínica: a pesar de décadas de investigación y de la aparición constante de nuevos fármacos, ninguna alternativa ha demostrado una eficacia comparable en la prevención a largo plazo de los episodios maníacos y depresivos en el trastorno bipolar.

Según una revisión publicada en 2024, el litio sigue siendo “la piedra angular” del tratamiento. También es la referencia con la que se comparan todas las demás opciones terapéuticas, tanto para estabilizar el estado de ánimo como para reducir el riesgo de recaída.

Una de las razones de esta singularidad es que es el único estabilizador del estado de ánimo con eficacia demostrada de manera simultánea en la manía, la depresión y la prevención de recurrencias. Además, estudios recientes confirman que su acción puede extenderse al ámbito neuroprotector: desde la modulación de vías celulares implicadas en la plasticidad neuronal hasta posibles efectos en la prevención del deterioro cognitivo leve y la demencia.

Este conjunto de propiedades explica por qué las guías internacionales continúan situándolo como la primera opción en el tratamiento de mantenimiento del trastorno bipolar. Un consenso publicado en 2025 subrayaba que debería prescribirse con mayor frecuencia, a pesar de las reticencias infundadas que aún persisten en la práctica clínica.

Capacidad de reducción del suicidio

Y, sobre todo, hay un aspecto que lo diferencia radicalmente del resto de psicofármacos: su capacidad para reducir el riesgo de suicidio. Ningún otro medicamento ha demostrado de forma tan consistente un efecto protector.

Una revisión de 2024 destaca que, a pesar de las dificultades metodológicas para estudiar ese evento estadísticamente infrecuente, la acumulación de evidencia procedente de ensayos clínicos, estudios observacionales y metaanálisis apunta en una misma dirección: el litio reduce la mortalidad y los intentos de suicidio. Probablemente, esto se deba a su capacidad para disminuir la impulsividad, estabilizar las fluctuaciones extremas del estado de ánimo y prevenir recaídas depresivas, que son el momento de mayor riesgo.

Más allá de los episodios: la neuroprotección como clave

Otro de los aspectos más interesantes de la investigación actual es la capacidad del litio para modificar el curso de la enfermedad. No solo detiene las crisis, sino que protege el cerebro. La evidencia indica que, a diferencia de algunos antipsicóticos, mejora la conectividad cerebral y preserva la fluidez verbal. De hecho, hay datos fascinantes que sugieren que podría reducir el riesgo de demencia hasta en un 50 %. Incluso niveles residuales en el agua potable parecen tener un efecto protector a nivel poblacional. Estamos hablando de una molécula con un potencial neuroprotector excepcional.

Pero la neuroprotección no se detiene ahí: estudios recientes apuntan a que el litio estimula la producción del factor neurotrófico del cerebro (BDNF), una proteína esencial para la supervivencia y el crecimiento neuronal que a menudo se encuentra reducida en pacientes con trastorno bipolar.

Dicho de otro modo: no se trata únicamente de evitar que el cerebro empeore, sino de promover activamente su reparación.

El monitorizado: seguridad, no peligro

A menudo se escucha que la necesidad de analíticas para controlar los niveles de litio (el rango terapéutico óptimo es de 0,6–0,8 milimoles por litro) es un inconveniente. Sin embargo, desde una perspectiva clínica rigurosa, este seguimiento no es un riesgo, sino una garantía. Es lo que permite ajustar la dosis a la biología exacta de cada paciente, una “medicina de precisión” que ya practicábamos antes de que el término se pusiera de moda.

Cabe recordar, además, que muchos fármacos de uso cotidiano –desde anticoagulantes hasta inmunosupresores– requieren el mismo tipo de control analítico sin que por ello se consideren “peligrosos”.

Lo que exige el seguimiento del litio no es miedo, sino rigor. Entonces, ¿por qué se prescribe menos? La respuesta es compleja. Por un lado, la presión de la industria para promover nuevas moléculas patentables –el litio, al ser un elemento natural, no lo es– y, por otro, cierta “reticencia” clínica ante su estrecha ventana terapéutica. Sin embargo, las guías internacionales son claras: el litio debe ser la primera opción. Ignorarlo en favor de alternativas menos eficaces solo porque parecen “más modernas” es un error que no debería condicionar la práctica clínica.

Adecuación ante de la novedad

La buena psicofarmacología no consiste en buscar siempre el último lanzamiento, sino en utilizar la herramienta más precisa para cada persona y en cada momento de su enfermedad.

El litio ofrece resultados positivos documentados durante décadas, y lo hace en dimensiones que ningún otro estabilizador del estado de ánimo abarca simultáneamente: control de los episodios maníacos y depresivos, prevención del suicidio y neuroprotección activa. Tres frentes, un solo fármaco.

Esto no significa que sea la respuesta para todo el mundo –la psicofarmacología de calidad rechaza por igual los dogmas y las modas–, pero descartar su uso sin haberlo considerado seriamente es privar al paciente de una opción que la evidencia sitúa en la cima de la jerarquía terapéutica.

La conclusión es clara: el reto no es inventar la rueda, sino saber utilizar la mejor herramienta terapéutica ya disponible. Un fármaco no envejece por el simple paso del tiempo; envejece cuando la evidencia lo supera. Y en el caso del litio, la evidencia no deja de reafirmarlo.

The Conversation

Julia E. Marquez Arrico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Litio para la bipolaridad: la antigüedad de un fármaco no implica que ya no sea útil – https://theconversation.com/litio-para-la-bipolaridad-la-antiguedad-de-un-farmaco-no-implica-que-ya-no-sea-util-281169

Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana Cuevas Domínguez, Investigadora predoctoral en enfermedades emergentes de mamíferos marinos, Universidad Complutense de Madrid

Delfín varado en una playa. Eric Schipper/Shutterstock

Un delfín nada desorientado, incapaz de flotar o dando vueltas en círculos, hasta quedar varado en la arena. Esta escena, que se repite en las costas del Mediterráneo cada año, parece a simple vista un problema puntual. Pero, en realidad, es un mensaje sobre la salud del océano y los riesgos a los que nos enfrentamos todos, humanos y animales, dentro de un mismo ecosistema.

Las causas tras los varamientos de delfines

Para quienes trabajan en su rescate o estudio, los varamientos de delfines en las costas del Mediterráneo constituyen un fenómeno desgraciadamente común.

Puede tener múltiples causas, como choques con barcos o enfermedades. Entre estas últimas, las infecciones son frecuentes: virus, bacterias y parásitos pueden causar patologías graves, sobre todo si afectan al sistema nervioso.

Una bacteria marina que causa enfermedad en animales y personas

Una de esas infecciones, poco conocida fuera del ámbito científico pero con un impacto considerable, es causada por Brucella ceti, bacteria perteneciente al mismo género que causa la brucelosis en animales terrestres y humanos. En el mar, afecta principalmente a delfines y ballenas, y se ha detectado con especial frecuencia en el Mediterráneo, lo que sugiere que esta región podría actuar como un área endémica para el patógeno.

Como otras bacterias del género Brucella, puede causar zoonosis, es decir, una infección susceptible de transmitirse de animales a humanos, aunque en especies marinas es poco frecuente. En la mayoría de los casos, la brucelosis en personas no está relacionada con el contacto con delfines, sino con el consumo de productos marinos crudos o poco cocinados.

Para la población general, el riesgo es bajo, pero se recomienda mantener la precaución. El contacto directo con animales o con sus restos, especialmente sin protección, es una potencial vía de infección. Por este motivo, se recomienda no tocarlos si los vemos varados en las playas y avisar siempre a los servicios especializados.

Brucella ceti en la costa mediterránea española

Un estudio reciente llevado a cabo por investigadores españoles, principalmente del ámbito veterinario, analizó cetáceos varados en el Mediterráneo occidental durante una década. Los resultados mostraron que casi la mitad de los animales sospechosos estaban infectados.

Además, la investigación permitió caracterizar las lesiones asociadas a la infección y comprender mejor su impacto sobre la salud de los cetáceos, algo importante en la vigilancia sanitaria en el medio marino. En conjunto, los resultados muestran que es un problema relevante, con implicaciones para la conservación y la salud de los ecosistemas.

Una infección que afecta principalmente al cerebro

Lo más llamativo de la brucelosis marina es su afinidad por el sistema nervioso central. En los animales incluidos en el estudio, las lesiones se localizaron casi exclusivamente en el cerebro, con inflamación grave (meningoencefalitis). Este daño neurológico explica muchos de los signos previos al varamiento: pérdida de coordinación, desorientación, convulsiones o comportamiento anómalo.

Este patrón permite diferenciar la brucelosis de otras enfermedades infecciosas descritas en delfines, como las causadas por herpesvirus o morbillivirus. Estas también pueden afectar al sistema nervioso, pero suelen producir lesiones distintas.

Impacto en la conservación

La afectación neurológica puede causar la muerte del animal, ya sea por el propio daño cerebral o como consecuencia del varamiento.

Además, en otras regiones del mundo, la infección por Brucella en cetáceos se ha asociado a abortos, infertilidad y otros problemas reproductivos. Esto plantea dudas sobre su posible impacto a largo plazo en poblaciones vulnerables.

Es un aspecto especialmente relevante en especies con tasas reproductivas bajas como los delfines, donde cualquier impacto negativo puede ser decisivo para su supervivencia. Así, para entender y reducir estos efectos, es crucial poder diagnosticar la infección de forma fiable.

¿Cómo se diagnostica una enfermedad en un delfín?

El estudio de animales varados es clave para analizar enfermedades en delfines y ballenas. Técnicas como el cultivo o la PCR permiten detectar la bacteria con fiabilidad. Sin embargo, la identificación de anticuerpos específicos plantea más desafíos. A diferencia de lo que ocurre en animales domésticos, no existen pruebas serológicas plenamente validadas para delfines.

En el trabajo mencionado, los investigadores adaptaron y evaluaron un test comercial para su uso en delfines. Por primera vez lograron validarlo, mejorando la detección y evitando errores.

Este avance no solo mejora el diagnóstico, sino que también permite aplicar programas de vigilancia sanitaria, más allá del estudio de animales varados.

La genética ayuda a seguir la pista de la bacteria

El análisis genético de las bacterias aisladas permitió identificar distintos linajes de Brucella ceti en el Mediterráneo. Como una huella dactilar molecular, este análisis permite comparar cepas y establecer relaciones entre ellas. Algunas eran muy similares, incluso, en animales varados en distintos años. Esto sugiere que ciertos linajes podrían persistir a lo largo del tiempo.

Esta información es clave para entender cómo se mantiene y se dispersa la infección en el medio marino, así como para detectar posibles conexiones entre casos.

Delfines como centinelas del mar

Los delfines actúan como auténticos centinelas de la salud del océano. Comprender las enfermedades que los afectan es fundamental para evaluar riesgos que, a largo plazo, podrían tener consecuencias para su conservación.

El Mediterráneo es uno de los mares más dañados por la actividad humana y el cambio climático. Tales factores podrían debilitar su sistema inmunitario y aumentar su vulnerabilidad frente a infecciones como las causadas por Brucella ceti.

Los hallazgos muestran que estos animales ya se enfrentan a un riesgo sanitario relevante. Aunque los casos humanos asociados son raros, ilustran cómo los ecosistemas alterados pueden favorecer la aparición o propagación de enfermedades zoonóticas, con potencial impacto en la salud pública.

Por ello, es imprescindible adoptar un enfoque integral que aúne distintos factores medioambientales. Solo así se podrá comprender el panorama completo, anticipar posibles brotes y proteger tanto a los cetáceos como a los ecosistemas y a las comunidades humanas que dependen del mar.

En definitiva, escuchar lo que nos dicen los delfines varados no es solo proteger animales emblemáticos. También nos alertan sobre la salud del mar y sus riesgos.

The Conversation

Ignacio Vargas Castro es Profesor Ayudante en la Universidad Complutense de Madrid, y durante su etapa predoctoral fue beneficiario de una Beca FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

Jose Angel Barasona García-Arévalo es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal (RYC2022-038060-I) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN/AEI) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+).

Adriana Cuevas Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana – https://theconversation.com/una-bacteria-marina-conecta-la-conservacion-de-los-delfines-con-la-salud-humana-279806

¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta, Investigador, Hacienda Pública: Federalismo fiscal, Universidad de Castilla-La Mancha

Vistas de Alcalá del Júcar, población albaceteña que, según datos del INE (2023), ha sufrido un proceso de “intensa despoblación”.
Maria Albi/Shutterstock

En España, la despoblación rural se ha convertido en uno de los principales desafíos territoriales del siglo XXI. En amplias zonas del interior peninsular, la pérdida progresiva de habitantes está transformando el paisaje social, económico y demográfico. Municipios cada vez más pequeños, población envejecida y cierre de servicios básicos son algunas de sus consecuencias más visibles.

Ante esta situación, las políticas públicas están empezando a explorar nuevas herramientas. Entre ellas, una idea que hasta hace poco apenas formaba parte del debate público: utilizar la fiscalidad para atraer población y actividad económica al medio rural.

Ante esto, surge una pregunta inevitable: ¿pueden los incentivos fiscales ayudar realmente a revitalizar los pueblos?

Un problema estructural del territorio

La despoblación no es únicamente un fenómeno demográfico. También implica una profunda desigualdad territorial. Cuando un municipio pierde habitantes, mantener los servicios básicos –escuelas, centros sanitarios, transporte público o comercios– resulta cada vez más difícil.

En España, este fenómeno afecta especialmente a las regiones del interior. Castilla-La Mancha es un ejemplo claro. Aunque ocupa cerca del 16 % del territorio nacional, concentra apenas alrededor del 4,4 % de la población. Y más de la mitad de sus municipios tiene menos de 500 vecinos.

Además, en la última década, la región ha perdido más de 50 000 habitantes, una tendencia marcada por el envejecimiento de la población, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y la dificultad para acceder a determinados servicios.

Este proceso no solo tiene consecuencias económicas. También afecta al ejercicio efectivo de derechos fundamentales, como el acceso a servicios públicos, la igualdad de oportunidades o el desarrollo territorial equilibrado.

Una herramienta inesperada: la fiscalidad

Si, tradicionalmente, las políticas contra la despoblación se han centrado en mejorar infraestructuras, impulsar el desarrollo económico o reforzar los servicios públicos, ahora se plantea el uso del sistema fiscal como instrumento de política territorial. Las medidas fiscales por sí solas difícilmente revertirán décadas de pérdida de población. Sin embargo, pueden convertirse en una pieza relevante dentro de una estrategia más amplia.

En los últimos años, España ha comenzado a incorporar la despoblación como una prioridad en la agenda pública. A nivel estatal, se han impulsado iniciativas como la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que reconoce la necesidad de abordar los desequilibrios territoriales mediante políticas coordinadas en ámbitos como la digitalización, el empleo o los servicios públicos. Además, varias comunidades autónomas han empezado a utilizar sus competencias normativas para introducir incentivos fiscales vinculados al territorio, explorando el potencial de la fiscalidad como herramienta para atraer población y actividad económica en zonas rurales.

Otros países han experimentado con este tipo de medidas para afrontar desequilibrios territoriales. En Italia, por ejemplo, se han aplicado reducciones impositivas y programas de atracción de residentes en municipios del sur y zonas rurales en declive, incluyendo beneficios para nuevos habitantes y emprendedores.
En Portugal, algunos territorios del interior cuentan con ventajas fiscales y programas de apoyo a la residencia en áreas de baja densidad. Y en el ámbito nórdico, países como Suecia o Finlandia han utilizado deducciones vinculadas a la residencia en regiones remotas para compensar los mayores costes de vivir en estos territorios.

¿Puede la fiscalidad cambiar la tendencia demográfica?

En este contexto, Castilla-La Mancha ha promulgado la Ley 2/2021 de medidas frente a la despoblación, que introduce incentivos fiscales específicos para quienes residan o desarrollen su actividad económica en municipios con riesgo demográfico. Entre los incentivos más destacados se encuentran:

  • Deducciones en el IRPF para quienes residan en municipios afectados por la despoblación.

  • Beneficios fiscales para la compra o rehabilitación de vivienda en localidades de menos de 5 000 habitantes.

  • Reducciones en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados para la adquisición de vivienda o la instalación de empresas en zonas rurales.

La lógica de estas medidas es sencilla: reducir el coste de vivir, emprender o invertir en el medio rural para hacerlo más atractivo.

Además, estos incentivos se integran en una estrategia regional frente a la despoblación que también incluye políticas de vivienda, digitalización, transporte, emprendimiento rural y mejora de los servicios públicos. El objetivo es crear condiciones que permitan no solo atraer nuevos residentes, sino también facilitar que quienes viven en el medio rural puedan desarrollar allí sus proyectos de vida.

Aunque los principales incentivos fiscales siguen siendo los aprobados en la legislación de 2021 –especialmente las deducciones en el IRPF y las bonificaciones en impuestos patrimoniales–, su eficacia depende en gran medida de que haya políticas complementarias que refuercen el desarrollo económico y social del medio rural.

Según datos recientes del gobierno castellanomanchego, las zonas afectadas por la despoblación han sumado 4 700 habitantes desde la aprobación de la ley en 2021. Aunque estos datos son incipientes, sugieren que las políticas adoptadas podrían estar contribuyendo a frenar –o incluso revertir– la tendencia demográfica negativa en algunas de sus áreas rurales.

Repensar las políticas territoriales

Estas iniciativas abren una reflexión amplia sobre cómo diseñar políticas que permitan equilibrar las oportunidades entre territorios urbanos y rurales. La cuestión no es solo si pagar menos impuestos puede ayudar a salvar los territorios que se vacían. También es qué tipo de políticas públicas se necesitan para garantizar que vivir en el medio rural siga siendo una opción real para millones de personas.

The Conversation

José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta recibe fondos de un contrato investigador cofinanciado por la Universidad de Castilla -la Mancha y el Fondo Social Europeo.

Bárbara Marín-Cambronero y Juan José Rubio Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados? – https://theconversation.com/pagar-menos-impuestos-ayudaria-a-recuperar-los-territorios-vaciados-277874

¿Cuál es el valor de la literatura?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Gallego Cuiñas, Catedrática de literatura latinoamericana, Universidad de Granada

Gente revisando libros en los puestos de segunda mano en la Cuesta de Moyano de Madrid. rui vale sousa/Shutterstock

Nadie habla ya del valor de la literatura. O, cuando se hace, se confunde con otra cosa: precio, ventas, listas, premios, traducciones, número de seguidores. Es decir, se confunde valor con circulación. Pero ¿lo más visible es lo que más vale?

Hoy lo literario circula en el mercado como cualquier otro producto: un libro compite con una serie, un pódcast o un videojuego. Ya no organiza nuestra educación sentimental ni ciudadana, como lo hiciera desde el siglo XIX; es una pieza más en la economía de la atención. Y, como tal, obedece a sus reglas. No las del campo cultural –como pensaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu–, sino las del mercado.

El valor es visibilidad

Durante décadas, el valor literario estuvo en manos de una élite: instituciones, academia, crítica, suplementos, premios. Ese ecosistema –nunca neutral, sino atravesado por lógicas mesocráticas, patriarcales y coloniales– dictaba qué valía y qué no, qué era “bueno” y qué quedaba fuera. Su legitimidad descansaba en una noción relativamente estable de “valor estético”: el uso del lenguaje, la complejidad formal. Hoy ese régimen no ha desaparecido, pero ha perdido el monopolio.

La cultura digital ha introducido una lógica distinta: la de la visibilidad, la circulación y la recomendación distribuida. En plataformas como X, TikTok o Instagram, un libro puede convertirse en fenómeno global en días. El caso de Romper el círculo, de Colleen Hoover, es elocuente: tras la atención de la comunidad #BookTok en TikTok el texto no cambió, cambió su circulación. Y con ella, su valor. O, mejor dicho, su visibilidad convertida en valor. Ya no importa solo cómo se escribe un libro: importa quién lo mueve. Ignorar estos nuevos parámetros no es defender la literatura: es renunciar a comprenderla.

Dos mujeres sobre un escenario.
Momento de los TikTok Book Awards durante la 77.ª Feria del Libro de Frankfurt en octubre de 2025.
Markus Wissmann/Shutterstock

No podemos obviar que el capital social, la juventud y lo nuevo han desplazado al valor estético en el capitalismo de plataformas. Importa menos la obra que quien la firma. El escritor ya no es solo autor: es marca, es relato, es cuerpo. Se convierte en lo que podríamos llamar un “sujeto-obra”: algo que se escribe tanto como se exhibe.

Pensemos en la centralidad de figuras como Mariana Enriquez, Sally Rooney u Ocean Vuong: su imagen, sus entrevistas, sus posts forman parte inseparable de la recepción de sus textos. La literatura entra así de lleno en la lógica del espectáculo –de la que siempre ha participado–, pero ahora la celebridad se intensifica y se vuelve radicalmente contingente. La “gran promesa” de hace diez años desaparece con la misma rapidez con la que fue consagrada. En este contexto, el valor ya no se consolida: circula y se agota.

Leer más o mejor

Este desplazamiento no solo afecta al presente: coloniza también el futuro. La literatura contemporánea aparece atravesada por un proceso de festivalización que pone en el centro la figura autoral. El valor no se produce únicamente en el texto, sino en el conjunto de dispositivos que lo rodean: editoriales, ferias, entrevistas, redes sociales. Es lo que el escritor y filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi llama “futurabilidad”: no leer el valor, sino producirlo por adelantado.

El canon no se construye: se programa. Ya no se trata de reconocer el valor, sino de anticiparlo. Las listas, premios o festivales prescriben el canon, transforman la posibilidad en probabilidad y la probabilidad en mandato. En este régimen, lo que importa no es solo qué se escribe, sino lo que puede llegar a ser visible. El futuro de la literatura se fabrica en tiempo real.

Por otro lado, asistimos a una superproducción literaria sin precedentes: se publican más libros que nunca, todo el mundo quiere ser escritor, y, sin embargo, cada vez se lee menos literatura subversiva, en favor de formatos más evasivos.

En este contexto, leer literatura de vanguardia se ha vuelto un acto de resistencia. No porque sea minoritario, sino porque exige algo que el capitalismo neoliberal desincentiva: tiempo, atención, fricción. Leer literatura no es solo consumir historias, es aprender a percibir. Es detectar lo no dicho, sostener la ambigüedad, desconfiar de lo evidente. Es, en suma, una práctica crítica en un mundo que premia justo lo contrario.

Cómo leemos importa en un momento en que lo literario ya no se limita al libro, sino que se despliega en una cultura narrativa expandida –series, videojuegos, redes, oralidad– que consumimos sin descanso. Pero esa expansión no simplifica la lectura: la vuelve más compleja, más ineludible. Por eso siguen siendo imprescindibles espacios –aulas, librerías, bibliotecas– donde esa cultura se interrogue. Donde no solo consumamos relatos, sino que aprendamos a desmontarlos: a entender que una atmósfera puede ser un dispositivo de poder, que una voz narrativa construye ideología, que ninguna historia es inocente.

Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Biblioteca del Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid.
Fotokon/Shutterstock

El futuro de la literatura

En un ecosistema saturado de relatos rápidos, transparentes y diseñados para la identificación inmediata, la literatura introduce una anomalía: ralentiza, opacifica, incomoda.

Y ahí reside su valor de uso. Frente al valor de cambio –ventas, métricas, atención–, la literatura sigue siendo una tecnología de la conciencia: entrena la duda, desactiva automatismos, ensaya otras formas de vida. No confirma lo que somos: lo desarma. Por eso importa. No como refugio, sino como herramienta. En un mundo gobernado por algoritmos que refuerzan nuestras certezas, la literatura sigue siendo uno de los pocos dispositivos capaces de desprogramarnos.

Y tal vez ahí, en esa resistencia a volverse transparente, se juegue hoy su potencia más urgente: la de abrir grietas en el sentido común. La de devolvernos la posibilidad de pensar y, con ella, la de desobedecer.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Ana Gallego Cuiñas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál es el valor de la literatura? – https://theconversation.com/cual-es-el-valor-de-la-literatura-279819

Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José-Vidal Pelaz López, Catedrático de Historia Contemporánea, Universidad de Valladolid

Leopoldo Calvo-Sotelo (izquierda) y el secretario general del PSOE, Felipe González, reunidos durante el traspaso de poderes el 3 de noviembre de 1982, tras las elecciones generales del 28 de octubre, en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta. Presidencia del Gobierno de España/Wikimedia Commons, CC BY

Nadie cuestiona que el carisma de Adolfo Suárez fuera determinante para poner en marcha la transición a la democracia en España, del mismo modo que tampoco se plantea la importancia del liderazgo de Felipe González para acometer la modernización del país en los años siguientes.

Sin embargo, la duda surge cuando nos preguntamos por la aportación de Leopoldo Calvo-Sotelo, el presidente casi desconocido que ocupó el Palacio de la Moncloa entre aquellos dos grandes líderes.

Hasta hace poco la historiografía tendía a considerar la etapa de Calvo-Sotelo como un apéndice de los últimos gobiernos centristas o el prólogo de los socialistas que vinieron a continuación, pero últimas investigaciones avalan la idea de que se trata de un momento histórico con perfiles bien definidos e identidad propia.

Un monárquico convencido

Calvo-Sotelo nació hace cien años en Madrid (el 14 de abril de 1926), aunque su infancia transcurrió en Galicia. Ingeniero de caminos y empresario, católico convencido, fue un monárquico seguidor de Juan de Borbón, el abuelo de Felipe VI, que se incorporó al mundo de la política en el primer gobierno de Juan Carlos I en 1975.

Desde entonces ocupó los ministerios de Comercio, de Obras Públicas, de Relaciones con Europa y la vicepresidencia para Asuntos Económicos. Fue también uno de los creadores de Unión de Centro Democrático (UCD), y finalmente presidió el gobierno durante 644 días, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982.

Por biografía, por talante, por convicción y por sus hechos pertenece a la generación que lideró el proceso de transición desde la dictadura franquista a la democracia sobre la base del consenso, la moderación y la reconciliación nacional.

El reto: consolidar la democracia

Calvo-Sotelo llegó al poder seguramente en el peor momento tras la muerte del dictador Francisco Franco. Adolfo Suárez había dimitido, él había sido designado su sucesor por UCD y en medio de la sesión de investidura se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

La entrada del teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero en el Congreso extendió la impresión de que la democracia española estaba en el alambre y condicionó de una u otra manera todo lo que ocurrió después.

Así pues, frente a la magia de Suárez, capaz de remodelar el edificio y que los grifos siguieran funcionando (según definió su labor en un conocido discurso), la misión del ingeniero Calvo-Sotelo sería conseguir que las nuevas estructuras aguantaran la tensión y se mantuvieran en pie, incluyendo la sacudida de un terremoto golpista.

De este modo, consolidar la democracia se convirtió en el eje de su mandato. Para ello tenía que afrontar problemas no resueltos de la etapa anterior y buscar soluciones para los nuevos.

Con este objetivo de fondo se adoptaron numerosas iniciativas políticas, algunas de las cuales pueden ser consideradas esenciales para la configuración de España tal y como hoy la conocemos. Todo ello se afrontó buscando el acuerdo, cuando fue posible, con el PSOE, principal partido de la oposición.

Las medidas: luces y sombras

En aquellos meses se avanzó decisivamente en nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea, cerrando capítulos importantes de la negociación, y se produjo en 1982 la incorporación de España a la OTAN, la organización militar que agrupa a las democracias occidentales, a pesar de la existencia de una fuerte movilización de la izquierda en su contra. De esta manera se acababa con el secular aislamiento de España durante la Edad Contemporánea.

En política interior se aprobó la ley del divorcio, con lo que se avanzó definitivamente en la secularización de la sociedad española. Calvo-Sotelo racionalizó y ordenó el proceso autonómico generalizando el modelo (se aprobaron nada menos que 12 Estatutos de Autonomía) y homogeneizando las competencias y la arquitectura institucional de las distintas comunidades.

España pasaba a ser un Estado fuertemente descentralizado en la que resultó ser la mayor operación de distribución territorial de poder desde la creación de las provincias en el siglo XIX por los liberales.

También se combatió el golpismo y se asentó la preeminencia del poder civil sobre el militar con el recurso al Tribunal Supremo de la sentencia del 23-F, cerrando la intervención de los militares en política tan característica de nuestra historia.

En otros terrenos los logros fueron menos decisivos. Se intentó combatir la crisis económica a través de un acuerdo entre empresarios y sindicatos (ANE) y se pusieron las bases para la reconversión industrial, si bien el paro siguió aumentando y no se consiguió controlar la inflación.

Los constantes atentados de la organización terrorista ETA continuaron siendo la mayor amenaza de desestabilización del nuevo régimen. El Gobierno luchó contra el terrorismo mejorando las dotaciones policiales, facilitando la disolución de ETA político-militar, deslegitimando el discurso nacionalista violento e intentando conseguir la colaboración internacional.

Hubo también proyectos fallidos. Así, por ejemplo, se intentó aprobar una Ley de Autonomía Universitaria (LAU) que modernizara la enseñanza superior pero, por diversas razones, no se consiguió. Tras una ardua negociación con el Reino Unido estuvo a punto de abrirse la verja de Gibraltar, pero el estallido de la guerra de las Malvinas frustró aquella iniciativa.

La derrota de 1982

El final de la presidencia de Calvo-Sotelo vino determinado por la crisis interna de UCD, minada por los personalismos y las deserciones. El fracaso a la hora de crear un partido sólido y coherente había sido ya decisivo en la salida de Adolfo Suárez, y Calvo-Sotelo no consiguió tampoco mejorar la situación.

Tras varias derrotas en elecciones autonómicas y después de conocer que Suárez creaba otro partido,el Centro Democrático y Social, Calvo-Sotelo decidió anticipar las elecciones generales. El resultado fue una histórica mayoría absoluta del PSOE y la práctica desaparición del partido centrista que había liderado la Transición.

En octubre de 1982 la democracia estaba ya lo suficientemente asentada como para que se produjera la alternancia política con plena normalidad. En último término ese sería el mayor legado de los 644 días de Leopoldo Calvo-Sotelo.

The Conversation

Investigador principal del proyecto La presidencia de gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982), Referencia HAR2010-20762 (subprograma HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación desde 1-1-2011 hasta 31-12-2014.

Investigador principal del proyecto Perfiles del centro político : proyectos y realizaciones (1976-1986), Referencia HAR2016-75600-C2-2-P2., financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad desde el 30-12- 2016 hasta 29-12-2019.

Colaborador de la Fundación Transición Española

ref. Leopoldo Calvo-Sotelo: los 644 días de gobierno del presidente desconocido – https://theconversation.com/leopoldo-calvo-sotelo-los-644-dias-de-gobierno-del-presidente-desconocido-280689

¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mª Rodríguez Pasandín, Catedrática del área de Ingeniería e Infraestructura de los Transportes, Universidade da Coruña

Mayy Contributor/shutterstock

El betún asfáltico forma parte de nuestra vida cotidiana más de lo que imaginamos. Este derivado del petróleo es el ingrediente fundamental del asfalto por el que circulamos cada día.

No obstante, su utilización plantea varios inconvenientes. Por un lado, para poder trabajar con él se necesitan temperaturas muy altas, lo que deja una huella significativa. Se estima que la producción y puesta en obra del asfalto es responsable de aproximadamente el 0,35 % de todas las emisiones de CO₂ equivalente. Es decir, el 0.35 % de todos los gases de efecto invernadero que genera Europa convertidos a su impacto en CO₂.

Puede parecer una cifra pequeña, pero no es desdeñable. Y menos en un escenario como el actual en el que urge frenar la crisis climática y avanzar hacia modelos energéticos más limpios.

Por otro lado, nos encontramos en un entorno global cada vez más incierto. Las reservas de petróleo que se agotan, y las tensiones geopolíticas amenazan tanto su suministro como su calidad. En ese contexto, surge una pregunta inevitable: ¿seremos capaces de construir carreteras sin depender del petróleo? La ciencia empieza a apuntar que sí.

Concretamente, la investigación en bioligantes abre una vía prometedora. Estos materiales podrían reducir nuestra dependencia de los recursos fósiles y ayudarnos a avanzar hacia una economía más circular. Con ellos, las carreteras del futuro podrían ser más respetuosas con el medio ambiente, sin renunciar a la calidad.




Leer más:
La revolución de las carreteras que se autorreparan para hacer más sostenible el sector transporte


¿Qué son los bioligantes?

El betún asfáltico consiste en un material negruzco que actúa como adhesivo e impermeabilizante en el asfalto, lo que ayuda a soportar el tráfico. Aunque es prácticamente sólido a temperatura ambiente, se vuelve casi líquido a altas temperaturas (160 ºC). Por eso hay que calentarlo tanto para trabajar con él.

Si bien el betún asfáltico se utiliza desde hace más de cien años en múltiples aplicaciones como impermeabilizaciones, aislamientos y materiales para cubiertas, su principal destino es la pavimentación de carreteras. En concreto, de los 120 millones de toneladas de betún producidas el año 2022 en todo el mundo, el 85 % se destinó a la pavimentación de carreteras.

Entre las alternativas al betún despuntan los bioligantes, que pueden considerarse su versión más sostenible. Se elaboran a partir de resinas naturales y de bioaceites de biomasa, de frutos y de semillas.

La proporción de bioligante a emplear junto con el betún varía en función de la aplicación. Existen formulaciones que lo sustituyen por completo, en un 100 %. Y otras en las que se emplean porcentajes muy bajos, inferiores al 10 %, destinados a modificar y mejorar el comportamiento del betún.

Ejemplos y proyectos en marcha

Aunque la utilización de bioligantes no está todavía lo bastante extendida, existen diversas investigaciones y tramos de prueba. Por ejemplo, en tres tramos construidos recientemente en los Países Bajos, en la carretera N-375, el 30 % del betún se sustituyó por un bioligante.

También hay casos en España. En Tarragona, en la T-240, se llevó a cabo un tramo de prueba de unos 300 metros. En este caso, el asfalto contaba con un 40 % de árido reciclado procedente del fresado de asfalto. El 100 % del ligante que se añadió era de base vegetal.

¿Se pueden emulsionar los bioligantes?

En nuestro grupo de investigación de Carreteras, Geotecnia y Materiales (CGM) hemos podido corroborar que los bioligantes se pueden emulsionar, entendiendo por emulsionar mezclar dos líquidos que no se juntan naturalmente, como el aceite y el agua.

En concreto trabajamos con un bioligante 100 % natural, renovable, elaborado por una empresa externa a partir de resinas de pino. Su color ámbar, en lugar de negro, lo hace especialmente adecuado para utilizarlo en pavimentos de colores. Con él se fabricó un producto equivalente a una emulsión bituminosa, es decir, una emulsión compuesta por diminutas gotas de betún dispersas en agua. Al no hacer falta calentarla para su puesta en obra, es más respetuosa con el medio ambiente.

Destacan tres grandes logros en este trabajo: poder fabricar una emulsión de bioligante –pequeñas gotitas del material dispersas en agua–, la total sustitución de betún por bioligante en la emulsión y demostrar que podían obtenerse emulsiones estables con un 60 % e incluso un 70 % de bioligante (y el resto, agua). Este último porcentaje, algo que suele ser difícil de alcanzar con betunes convencionales.

Retos y limitaciones

Hasta la fecha, la adopción de los bioligantes es limitada. Su variabilidad, la falta de un marco normativo y el hecho de que todavía no se tenga un gran conocimiento sobre su comportamiento y durabilidad son algunas de las posibles causas de que no hayan reemplazado aún al betún asfáltico. Además, que aún no exista una producción a gran escala de los bioligantes, también podría constituir otro inconveniente.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el asfalto es un material 100 % reciclable. ¿Lo seguiría siendo si en lugar de utilizar betún se utilizasen bioligantes en su fabricación? Es una de las preguntas a responder si pretendemos que, en un futuro no muy lejano, las carreteras puedan construirse con mucho menos petróleo (o incluso sin él). Para que los bioligantes lleguen a convertirse en la alternativa real al betún se necesita más investigación, realizar nuevos tramos de prueba y una normativa que respalde su uso.

Los autores dan las gracias a Marc Serra Queralt, de la empresa Engiquia, por el desarrollo y suministro del bioligante a partir de resinas, así como por su participación en la caracterización del mismo. Y a Sabas Corraliza Tejeda, de la empresa Ecoasfalt, autor de la tesis doctoral vinculada a la investigación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es posible construir carreteras sin petróleo? La respuesta está en los bioligantes – https://theconversation.com/es-posible-construir-carreteras-sin-petroleo-la-respuesta-esta-en-los-bioligantes-273437

Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Alexis Alonso Sánchez, Profesor en el Área de Didáctica y Organización Escolar, Departamento de Educación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Frame Stock Footage/Shutterstock

En muchas escuelas se repite una escena conocida: reuniones de tutoría con varias sillas vacías o actividades organizadas por el centro a las que acuden pocas familias. Ante esto, suele aparecer una explicación rápida: “Las familias no se implican lo suficiente en la educación de sus hijos”. Pero ¿es realmente así?

Cuando hablamos de participación familiar en la escuela, muchas personas piensan únicamente en asistir a reuniones o tutorías. Sin embargo, la implicación de las familias es mucho más amplia. Incluye, por ejemplo, comunicarse con el profesorado, seguir el proceso educativo de los hijos, apoyar el aprendizaje en casa, colaborar en actividades del centro o participar en la gestión del centro.

Numerosas investigaciones han mostrado que cuando las familias se implican en la educación de sus hijos, los beneficios son claros: mejora el rendimiento académico, aumenta el bienestar del alumnado y se fortalece el clima escolar.

En España, la participación familiar no es solo una recomendación pedagógica, sino un derecho dentro del sistema educativo. Aun así, la participación real sigue siendo desigual. Estas son las principales conclusiones que hemos alcanzado tras nuestro reciente estudio entre 1 433 familias españolas con hijos escolarizados desde Educación Infantil hasta Bachillerato.

Tres perfiles de familias

Para comprender mejor cómo participan las familias, el estudio analizó diferentes dimensiones de la relación entre familia y escuela: comunicación, apoyo pedagógico, implicación en la vida escolar y necesidades formativas.

A partir de estos datos se identificaron tres perfiles principales de participación familiar.

  • Familias con hijos en primaria: con progenitores de entre 36 y 45 años, con dos hijos. Muestran los mayores niveles de participación en diferentes aspectos: comunicación con el centro, implicación en actividades escolares y seguimiento educativo. La etapa de primaria parece ser un momento especialmente activo en la relación entre familias y escuela, especialmente en las dimensiones de la comunicación y de la implicación en la vida escolar.

  • Familias con hijos en infantil, muchas veces con un solo hijo. Aunque no siempre presentan los niveles más altos de participación, sí muestran una implicación más constante en distintos ámbitos. Destacan especialmente en aspectos relacionados con la formación y orientación educativa, algo comprensible en los primeros años de escolarización.

  • El tercer perfil es el más numeroso. Está formado principalmente por padres y madres de 46 a 55 años con hijos en educación secundaria. En este grupo los niveles de participación suelen ser más bajos, especialmente en la implicación directa en la vida del centro.

Este patrón no es exclusivo de España. Diversos estudios han mostrado que la participación familiar tiende a disminuir a medida que los hijos crecen, en parte porque los adolescentes buscan mayor autonomía y las dinámicas educativas cambian.




Leer más:
La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían


Maneras de implicarse en secundaria

Con frecuencia se asume que en Educación Secundaria la implicación de las familias no solo disminuye, sino que incluso resulta poco deseada, tanto por los propios adolescentes –que buscan mayor autonomía– como por algunos profesores. Sin embargo, más que desaparecer, la participación familiar se transforma.

En lugar de una presencia constante en el centro, adopta formas más discretas pero igualmente relevantes, como el acompañamiento académico, la orientación en la toma de decisiones o la comunicación puntual con el profesorado. Es decir: es deseable que en la adolescencia los estudiantes adquieran mayor autonomía y capacidad de gestionar sus problemas académicos directamente, pero esto no quiere decir que las familias no sean igualmente fundamentales, de manera más indirecta, aconsejando, supervisando desde casa o hablando directamente con los docentes si es necesario.

Revisar con los docentes los informes de evaluación para acordar pautas de mejora, asistir a tutorías individuales y grupales, asistir a charlas sobre itinerarios académicos, participar en el Consejo Escolar, colaborar en grupos de trabajo del centro, e incluso ofrecerse para dar charlas en relación a experiencia profesional relevante son algunas de las muchas maneras en las que las familias se pueden sentir implicadas en esta etapa.




Leer más:
Resiliencia en casa: cómo ayudar a los niños a crecer fuertes día a día


Las madres participan más

Nuestro estudio también confirma algo que muchos docentes observan en su experiencia cotidiana: las madres siguen participando más que los padres. En promedio, las madres obtienen puntuaciones ligeramente superiores en todas las dimensiones analizadas, especialmente en la relación con el centro y en la implicación en la vida escolar.

Este resultado abre un debate relevante sobre la corresponsabilidad educativa y sobre cómo siguen influyendo ciertos roles de género en el seguimiento escolar de los hijos.

Un equilibrio necesario

En definitiva, nuestra investigación apunta a que a medida que los hijos se hacen mayores la implicación de los padres en la vida escolar disminuye. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así, y de hecho, incluso en la adolescencia la participación de las familias en los centros escolares es beneficiosa para los estudiantes. Sin caer en la sobreprotección, y dejando espacio para el desarrollo de la autonomía, las madres y sobre todo los padres del alumnado de secundaria podrían y deberían, implicarse más.

Esto puede fomentarse mediante la puesta en marcha de estrategias sencillas pero efectivas por parte de los centros educativos, como facilitar canales de comunicación más flexibles y accesibles (por ejemplo, a través de plataformas digitales, tutorías en línea o en horarios adaptados, y sistemas de mensajería), ofrecer orientaciones claras sobre cómo acompañar el aprendizaje desde casa o compartir información comprensible y periódica sobre el progreso del alumnado.

También resulta clave implicar activamente a los padres, tradicionalmente menos presentes, y generar una cultura de colaboración en la que la participación no se limite a acudir al centro, sino que se entienda como un proceso compartido de apoyo al desarrollo académico y personal del alumnado.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes – https://theconversation.com/por-que-las-familias-dejan-de-implicarse-en-la-vida-academica-de-sus-hijos-cuando-estos-se-hacen-adolescentes-276451