Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta, Investigador, Hacienda Pública: Federalismo fiscal, Universidad de Castilla-La Mancha

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En España, la despoblación rural se ha convertido en uno de los principales desafíos territoriales del siglo XXI. En amplias zonas del interior peninsular, la pérdida progresiva de habitantes está transformando el paisaje social, económico y demográfico. Municipios cada vez más pequeños, población envejecida y cierre de servicios básicos son algunas de sus consecuencias más visibles.
Ante esta situación, las políticas públicas están empezando a explorar nuevas herramientas. Entre ellas, una idea que hasta hace poco apenas formaba parte del debate público: utilizar la fiscalidad para atraer población y actividad económica al medio rural.
Ante esto, surge una pregunta inevitable: ¿pueden los incentivos fiscales ayudar realmente a revitalizar los pueblos?
Un problema estructural del territorio
La despoblación no es únicamente un fenómeno demográfico. También implica una profunda desigualdad territorial. Cuando un municipio pierde habitantes, mantener los servicios básicos –escuelas, centros sanitarios, transporte público o comercios– resulta cada vez más difícil.
En España, este fenómeno afecta especialmente a las regiones del interior. Castilla-La Mancha es un ejemplo claro. Aunque ocupa cerca del 16 % del territorio nacional, concentra apenas alrededor del 4,4 % de la población. Y más de la mitad de sus municipios tiene menos de 500 vecinos.
Además, en la última década, la región ha perdido más de 50 000 habitantes, una tendencia marcada por el envejecimiento de la población, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y la dificultad para acceder a determinados servicios.
Este proceso no solo tiene consecuencias económicas. También afecta al ejercicio efectivo de derechos fundamentales, como el acceso a servicios públicos, la igualdad de oportunidades o el desarrollo territorial equilibrado.
Una herramienta inesperada: la fiscalidad
Si, tradicionalmente, las políticas contra la despoblación se han centrado en mejorar infraestructuras, impulsar el desarrollo económico o reforzar los servicios públicos, ahora se plantea el uso del sistema fiscal como instrumento de política territorial. Las medidas fiscales por sí solas difícilmente revertirán décadas de pérdida de población. Sin embargo, pueden convertirse en una pieza relevante dentro de una estrategia más amplia.
En los últimos años, España ha comenzado a incorporar la despoblación como una prioridad en la agenda pública. A nivel estatal, se han impulsado iniciativas como la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que reconoce la necesidad de abordar los desequilibrios territoriales mediante políticas coordinadas en ámbitos como la digitalización, el empleo o los servicios públicos. Además, varias comunidades autónomas han empezado a utilizar sus competencias normativas para introducir incentivos fiscales vinculados al territorio, explorando el potencial de la fiscalidad como herramienta para atraer población y actividad económica en zonas rurales.
Otros países han experimentado con este tipo de medidas para afrontar desequilibrios territoriales. En Italia, por ejemplo, se han aplicado reducciones impositivas y programas de atracción de residentes en municipios del sur y zonas rurales en declive, incluyendo beneficios para nuevos habitantes y emprendedores.
En Portugal, algunos territorios del interior cuentan con ventajas fiscales y programas de apoyo a la residencia en áreas de baja densidad. Y en el ámbito nórdico, países como Suecia o Finlandia han utilizado deducciones vinculadas a la residencia en regiones remotas para compensar los mayores costes de vivir en estos territorios.
¿Puede la fiscalidad cambiar la tendencia demográfica?
En este contexto, Castilla-La Mancha ha promulgado la Ley 2/2021 de medidas frente a la despoblación, que introduce incentivos fiscales específicos para quienes residan o desarrollen su actividad económica en municipios con riesgo demográfico. Entre los incentivos más destacados se encuentran:
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Deducciones en el IRPF para quienes residan en municipios afectados por la despoblación.
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Beneficios fiscales para la compra o rehabilitación de vivienda en localidades de menos de 5 000 habitantes.
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Reducciones en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados para la adquisición de vivienda o la instalación de empresas en zonas rurales.
La lógica de estas medidas es sencilla: reducir el coste de vivir, emprender o invertir en el medio rural para hacerlo más atractivo.
Además, estos incentivos se integran en una estrategia regional frente a la despoblación que también incluye políticas de vivienda, digitalización, transporte, emprendimiento rural y mejora de los servicios públicos. El objetivo es crear condiciones que permitan no solo atraer nuevos residentes, sino también facilitar que quienes viven en el medio rural puedan desarrollar allí sus proyectos de vida.
Aunque los principales incentivos fiscales siguen siendo los aprobados en la legislación de 2021 –especialmente las deducciones en el IRPF y las bonificaciones en impuestos patrimoniales–, su eficacia depende en gran medida de que haya políticas complementarias que refuercen el desarrollo económico y social del medio rural.
Según datos recientes del gobierno castellanomanchego, las zonas afectadas por la despoblación han sumado 4 700 habitantes desde la aprobación de la ley en 2021. Aunque estos datos son incipientes, sugieren que las políticas adoptadas podrían estar contribuyendo a frenar –o incluso revertir– la tendencia demográfica negativa en algunas de sus áreas rurales.
Repensar las políticas territoriales
Estas iniciativas abren una reflexión amplia sobre cómo diseñar políticas que permitan equilibrar las oportunidades entre territorios urbanos y rurales. La cuestión no es solo si pagar menos impuestos puede ayudar a salvar los territorios que se vacían. También es qué tipo de políticas públicas se necesitan para garantizar que vivir en el medio rural siga siendo una opción real para millones de personas.
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José Guillermo Rodríguez Sánchez de la Nieta recibe fondos de un contrato investigador cofinanciado por la Universidad de Castilla -la Mancha y el Fondo Social Europeo.
Bárbara Marín-Cambronero y Juan José Rubio Guerrero no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
– ref. ¿Pagar menos impuestos ayudaría a recuperar los territorios vaciados? – https://theconversation.com/pagar-menos-impuestos-ayudaria-a-recuperar-los-territorios-vaciados-277874
