Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ignacio Pulido Fernández, Catedrático de Economía Aplicada (Economía del Turismo), Universidad de Jaén

Señal de protesta contra Airbnb en Montreal, Canadá. BalkansCat/Shutterstock

En muchos destinos, cuando el turismo empieza a incomodar, el debate público encuentra enseguida un culpable reconocible: Airbnb. La plataforma (y, en general, el alquiler turístico de corta duración) concentra buena parte del malestar porque es visible, porque afecta a la vivienda y porque transforma barrios que antes no se sentían turísticos.

No se trata de una preocupación menor. Eurostat estima que, en 2025, se reservaron 951,6 millones de noches en la Unión Europea a través de grandes plataformas de corta estancia. Y hemos visto, además, cómo estos alojamientos pueden contribuir a la presión residencial, la subida de precios y la turistificación de los centros urbanos.

El debate ya no se circunscribe solo a Barcelona, Venecia o Ámsterdam. También aparece fuera de los grandes circuitos turísticos tradicionales. Algunos ejemplos: en Cuenca, ciudad patrimonial ecuatoriana, el crecimiento del alojamiento temporal ha tensionado el mercado inmobiliario de su centro histórico y puesto en evidencia la falta de datos, registro y capacidad de regulación turística de las autoridades locales. En Medellín (Colombia), el auge del turismo ha hecho crecer el mercado de viviendas turísticas, encarecido el alojamiento y generado conflictos de convivencia en algunos barrios. En Tirana y otros destinos urbanos albaneses, la rápida expansión del alquiler de corta estancia empieza a vincularse con la presión sobre el mercado residencial y la dificultad de acceso a alquileres asequibles para la población local.




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Parte del problema (pero no todo)

Que Airbnb forme parte del problema no significa que sea todo el problema. Culpar solo a las plataformas resulta políticamente cómodo, pero analíticamente pobre. Permite señalar un actor concreto, regularlo (a veces tarde, a veces mal) y transmitir la impresión de que se actúa. Sin embargo, muchos conflictos actuales en destinos consolidados y emergentes responden a una cuestión más profunda: durante años se ha gestionado el turismo como si fuera solo promoción, no como una política pública territorial.

El turismo no ocupa un espacio vacío. Utiliza patrimonio, vivienda, transporte, agua, residuos, recursos naturales, comercio, espacio público y tolerancia social. Cuando los flujos crecen más rápido que la capacidad institucional para ordenarlos, aparecen externalidades: congestión, ruido, encarecimiento de la vivienda, pérdida de comercio cotidiano, saturación patrimonial, precarización laboral o rechazo vecinal. La turismofobia rara vez nace del turismo en abstracto; suele nacer de la percepción de que los beneficios se privatizan y los costes se socializan.




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Crecimiento desmedido

El crecimiento turístico global refuerza este diagnóstico. UN Tourism cifró en 1 523 millones las llegadas internacionales de turistas en 2025, superando los niveles previos a la pandemia. La cuestión, por tanto, no es si el turismo crecerá, sino bajo qué reglas, con qué límites y para quién.

La OCDE señala que el sector necesita políticas coordinadas, prospectivas y basadas en evidencia para ser más resiliente, sostenible e inclusivo. Esa es la carencia de muchos destinos: mucha promoción, poca planificación; muchos actores vendiendo el destino, pocos gobernándolo.

El problema se agrava porque el turismo no funciona como una organización única sino como una red de actores con intereses, competencias y objetivos distintos. Hoteles, viviendas turísticas, guías, comercios, restaurantes, plataformas, administraciones, residentes, inversores inmobiliarios, operadores culturales y empresas de movilidad actúan con lógicas distintas. Si no existe una gobernanza clara, cada actor maximiza su interés particular. En economía esto no sorprende: cuando un recurso compartido (el atractivo, el espacio público, la vida en los barrios) se explota sin coordinación, el resultado puede ser ineficiente, aunque cada decisión individual parezca racional.

Esa fragmentación sobrepasa a empresas y residentes, también es frecuente entre las propias instituciones responsables del turismo. Especialmente en las primeras etapas de desarrollo de un destino, administraciones, organismos de promoción y otros actores suelen planificar, generar información e impulsar iniciativas de forma independiente, respondiendo a sus propios objetivos en lugar de a una estrategia compartida. El resultado son esfuerzos duplicados, recursos dispersos y decisiones que reducen la capacidad del destino para actuar de forma coordinada y generar valor colectivo.

Hacia un nuevo modelo

Por eso el debate no debería formularse como “Airbnb sí, Airbnb no”, sino como “qué modelo de destino queremos y con qué instrumentos lo hacemos viable”. Regular los alquileres turísticos puede ser necesario, especialmente en zonas tensionadas. La Unión Europea aprobó un reglamento para mejorar la recogida y el intercambio de datos sobre alquileres de corta duración.

Pero la regulación de una plataforma no sustituye a una política integral de destino. Hace falta zonificación turística, límites de capacidad cuando proceda, gestión de flujos, fiscalidad finalista, protección de la vivienda residencial, datos en tiempo real, escucha vecinal y coordinación entre turismo, urbanismo, movilidad, cultura, seguridad y medio ambiente.

También falta profesionalización. La gestión de destinos no puede depender solo de la intuición, el voluntarismo político o las campañas de comunicación. Requiere perfiles capaces de interpretar datos, negociar con actores privados, diseñar indicadores, evaluar impactos, anticipar conflictos y traducir la estrategia turística en decisiones urbanas. Las investigaciones sobre sobreexplotación turística (overtourism) llevan años señalando que no hay soluciones universales y que la gestión debe adaptarse a cada contexto. Sin equipos técnicos sólidos, los destinos reaccionan cuando el conflicto ya ha estallado.




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Medidores turísticos

Otro error es seguir midiendo el éxito del turismo por volumen: más visitantes, más pernoctaciones, más gasto agregado. Esos indicadores son útiles, pero insuficientes. Un destino puede crecer en llegadas y empobrecer su vida local. Puede aumentar la ocupación y deteriorar la convivencia.

El nuevo marco estadístico internacional para medir la sostenibilidad del turismo y los trabajos recientes sobre indicadores locales apuntan hacia la medición de impactos económicos, sociales y ambientales de forma integrada y a escala territorial, y proponen incorporar explícitamente el bienestar de los residentes en la mira de las políticas turísticas.

Turismo generador de valor

El gran cambio de fondo será pasar del turismo como recuento al turismo como generación de valor:

  • Valor territorial, porque mejora el patrimonio, diversifica la economía, fortalece identidad y distribuye oportunidades.

  • Valor social, porque crea empleo digno, respeta la vivienda, mejora servicios y no expulsa a quienes hacen habitable el lugar.

  • Valor público, porque los ingresos turísticos ayudan a financiar los costes que el propio turismo genera.

Las plataformas de alojamiento como Airbnb no son inocuas en los destinos donde se implantan, aunque tampoco son una explicación suficiente. Constituyen un acelerador de tensiones preexistentes: vivienda escasa, planificación débil, dependencia del crecimiento, falta de datos y gobernanza fragmentada.

Reducir el debate a una plataforma digital es tratar el síntoma pero dejando intacta la enfermedad. La pregunta seria no es cómo recibir más turistas, sino cuántos, dónde, cuándo, en qué condiciones y con qué retorno para la comunidad anfitriona. Ahí empieza la verdadera economía del turismo del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb? – https://theconversation.com/gentrificacion-sobreexplotacion-turistica-vivienda-escasa-y-si-no-todo-fuera-culpa-de-airbnb-287058

Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Palomo Díez, Profesora Permanente Laboral, Universidad Complutense de Madrid

CI Photos/Shutterstock

Imagine que un detective encuentra una gota de sangre en la escena de un crimen ocurrido en 1980. El asesino nunca fue fichado, por lo que su perfil de ADN no coincide con nadie en las bases de datos de la policía. Durante décadas, el caso acumula polvo en un sótano. El culpable sigue libre, convencido de que se ha salido con la suya.

Sin embargo, años después, la policía recibe un soplo inesperado. No viene de un testigo ocular, sino del árbol genealógico de una persona corriente que vive a miles de kilómetros y que decidió enviar una muestra de saliva a una empresa privada para saber si tenía antepasados vikingos o descubrir a un primo lejano.
Esto no es el guión de una serie de televisión: es un ejemplo de cómo opera la genealogía genética forense (GGF), una disciplina que está revolucionando la investigación criminal.

Pero ¿cómo funciona exactamente este “milagro” científico capaz de reabrir casos que parecían enterrados para siempre?

Del “código de barras” al mapa de carreteras

La policía lleva décadas usando el ADN para resolver casos, pero de una forma limitada. El sistema tradicional (conocido como CODIS) funciona como un “código de barras”. Analiza unas regiones muy concretas del ADN (llamadas STRs) para ver si la muestra hallada en la escena del crimen coincide al 100 % con un sospechoso ya fichado. Es la misma técnica que se emplea en casos de identificación de víctimas, o personas desaparecidas.

Se trata de unos marcadores genéticos ideales para esta finalidad porque están repartidos por todo el genoma, son muy pequeños –lo que garantiza mayor probabilidad de éxito si la muestra está degradada, algo habitual en contextos forenses– y varían considerablemente entre individuos, lo que posibilita que sean muy específicos de cada persona.

Sin embargo, cuando el “código de barras” del delincuente no se encuentra en la base de datos policial, o bien cuando la víctima es un soldado de la I Guerra Mundial del que ya no quedan familiares cercanos vivos que compartan cierto grado de ese material genético, nos enfrentamos a un importante problema para llevar a cabo las identificaciones.

La genealogía genética forense cambia las reglas del juego porque utiliza un análisis muchísimo más profundo basado en los llamados polimorfismos de nucleótido único (SNPs). En lugar de un simple código de barras, los científicos extraen un “mapa de carreteras” completo del genoma. No se trata de buscar una coincidencia exacta, sino de rastrear la herencia compartida con parientes muy lejanos (como primos terceros o cuartos) a través de todo nuestro árbol familiar.

Aquí entran en juego otro tipo de bases de datos, que no son de carácter policial, sino plataformas abiertas como GEDmatch o FamilyTreeDNA. En ellas, millones de personas normales suben voluntariamente sus datos genéticos con fines recreativos, como buscar sus orígenes o familiares lejanos. De este modo, sin saberlo, están creando una red de conexiones familiares gigantesca.

Rastreando el árbol genealógico

Cuando los investigadores introducen el perfil de SNPs de una muestra sin identificar en estas plataformas civiles, la ciencia no busca al culpable directo, sino a sus familiares. Sobre esta metodología de investigación trata nuestro artículo, publicado en la revista WIREs.

Pongamos un ejemplo real y famoso: el caso de Michelle Martinko, una estudiante asesinada en Iowa en 1979. Casi cuarenta años después, los genetistas subieron el ADN del asesino a una base de datos genealógica. El sistema no encontró al autor del crimen, pero localizó a una mujer que compartía el suficiente material genético con la muestra como para ser su prima hermana.

A partir de ese único hilo conductor, el trabajo de los genetistas y genealogistas se vuelve puramente detectivesco:

  1. Dibujan el árbol a la inversa: rastrean hacia atrás en el tiempo (usando registros de nacimiento, censos y bodas) hasta encontrar a los antepasados comunes de esa familia.

  2. Filtran las ramas: investigan a los descendientes directos de esos antepasados en el presente.

  3. Cruzan datos lógicos: buscan qué miembros masculinos de esa familia tenían la edad adecuada y estaban en el lugar idóneo cuando ocurrió el crimen.

En el caso de Michelle Martinko, este rastreo redujo el misterio a solo tres hermanos. Para el paso final, la policía solo tuvo que vigilar discretamente a uno de ellos (Jerry Burns), recoger una pajita que tiró en un restaurante y comprobar en el laboratorio tradicional si su ADN coincidía con el de la escena del crimen. Tras 39 años, el caso se cerró con una condena.

Esta misma técnica también permitió atrapar en 2018 al Asesino del Golden State, que violó a 50 mujeres y mató al menos a 12 personas en las décadas de los setenta y los ochenta. Desde entonces se usa también con fines humanitarios para identificar restos óseos degradados de soldados o personas desaparecidas.

Justicia frente a derecho a la intimidad

Sin embargo, la velocidad de la ciencia a menudo choca con las leyes. Mientras que en Estados Unidos y algunos países de Europa, como Suecia, se permite el uso de estas bases de datos civiles bajo estrictos criterios, en otros no es así. En España, por ejemplo, la legislación actual vela más por la privacidad y no permite cruzar los datos policiales con plataformas genéticas comerciales.

En casos españoles emblemáticos como el de Eva Blanco, asesinada en 1997, la policía tuvo que recurrir a estrategias alternativas, como analizar el ADN mitocondrial (la línea materna) para descubrir el origen geográfico del sospechoso y realizar cribados locales.

¿Por qué estas restricciones? Porque, aunque la genealogía genética forense no solo puede ser una herramienta maravillosa para el ámbito forense: también revela información privada sobre las personas y sus familiares. Entonces, ¿Debería primar el derecho a la intimidad o el deber de dar respuesta a una familia que lleva décadas esperando justicia? He ahí el dilema.


María Samino Gómez, graduada en Criminología por la Universidad Complutense de Madrid, ha colaborado en la elaboración de este artículo.


The Conversation

Sara Palomo Díez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal – https://theconversation.com/del-arbol-genealogico-al-banquillo-de-los-acusados-la-nueva-era-de-la-investigacion-criminal-282299

Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sánchez Romero, Investigadora postdoctoral. Especialista en arqueología espacial y formación de yacimientos, Universidad de Sevilla

Huesos de elefante en el yacimiento paleolítico de Torralba. 1963. F. Clark Howell

En 1888, Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, escuchó a unos trabajadores ferroviaros comentar que, al abrir una zanja para instalar una tubería de agua en la estación de Torralba (Soria), habían encontrado huesos del cráneo de un gran animal. Decidido a desvelar el misterio, organizó las primeras excavaciones en el lugar, entre 1909 y 1913.

Desde entonces, Torralba ha sido un yacimiento clave para la paleoantropología del Pleistoceno Medio –hace aproximadamente entre 781 000 y 126 000 años–. El descubrimiento de numerosos huesos de elefantes y herramientas líticas llevó a su primera interpretación como un sitio de caza.

Sin embargo, nuestro estudio reciente, que analiza la documentación sobre el lugar reunida por el paleoantropólogo estadounidense F. Clark Howell, ha permitido darle la vuelta a esas suposiciones iniciales. Hoy, todo apunta a que el papel de los humanos en Torralba habría sido más oportunista que protagonista.

Documentación exhaustiva

Entre 1961 y 1963, F. Clark Howell (en ese momento en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chicago), con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF), lideró la excavación de unos 1026 m², dentro del área estimada de 5 000 m² que ocupa Torralba. Los trabajos recuperaron cientos de huesos de elefantes, bóvidos y otros animales, así como herramientas paleolíticas.

Además, reunió una gran cantidad de documentación, incluyendo mapas, fotografías, secciones estratigráficas, diarios, dibujos y notas.

Vista general de las excavaciones de Torralba, 1963.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

¿Yacimientos gemelos?

El yacimiento de Torralba se encuentra situado en lo que se conoce como Polje de Conquezuela, aproximadamente a 2,5 km de distancia del yacimiento de Ambrona, que también guarda restos de elefantes y herramientas en piedra. Debido a la cercanía de ambos, F. Clark Howell y su equipo pensaron que podían estar relacionados.

Esta idea de “yacimientos gemelos” fue una gran losa a la hora de comprender la génesis de Torralba, ya que por mucho que se intentaran relacionar las estratigrafías de los dos yacimientos, no se conseguía entender por qué no cuadraban. Años más tarde, un equipo español estudió su geología y determinó que pertenecían a dos formaciones diferentes: Torralba era ligeramente más joven que Ambrona.

Carrera por descubrir el inicio de la caza

A pesar de la riqueza del material arqueopaleontológico, Torralba tiene una dificultad enorme: una geología muy compleja debido a las fallas que la recorren. Por aquel entonces, aunque se encontraron una gran cantidad de huesos de elefante y herramientas de piedra, su estratigrafía seguía sin conocerse con detalle.

La estratigrafía nos permite conocer la sucesión de las capas de sedimento que se han ido depositando a lo largo de los años. La composición y características de estas capas nos dan pistas acerca del medio donde se encuentra el sitio arqueológico: si se trataba de un entorno seco, fluvial, con mucha o poca vegetación, etc. Esta información es clave para conocer el entorno y, así, poder reconstruir el contexto en el que estos animales y grupos humanos vivieron.

Sin embargo, como los huesos y las herramientas aparecían en un mismo sitio y parecían relacionadas, las hipótesis acerca de la funcionalidad de Torralba no tardaron en llegar.

A esto se suma que, en el siglo pasado, existía entre la comunidad científica una carrera frenética para ver quién podía demostrar las evidencias más antiguas de caza y, con ellas, la capacidad de los humanos para elaborar sus propias herramientas para capturar animales con los que alimentarse y abandonar el carroñeo.

Bifaces de caliza recuperados en Torralba durante las excavaciones de F. Clark Howell.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

La hipótesis del matadero

Varias publicaciones trataron, entonces, de explicar que Torralba había sido un sitio donde los grupos humanos habían cazado elefantes, relacionando la ubicación espacial de ciertas partes anatómicas de los animales con ciertas herramientas. Se llegó a interpretar el yacimiento como un área organizada de actividad centrada en el procesado de elefantes y otros animales, una especie de matadero primitivo.

Estas interpretaciones generaron un gran debate entre la comunidad científica, mientras varios paleontólogos destacados las ponían en duda. Lewis R. Binford concluyó que la mayoría de los huesos habían sido afectados de manera considerable por agentes naturales, como el pisoteo de elefantes, y que los conjuntos excavados no podían considerarse “suelos habitados”. Por su parte, Richard G. Klein apuntó que muchos de los huesos habían sido identificados incorrectamente. Y Paola Villa argumentó que las interpretaciones se basaban en un número muy bajo de piezas líticas y, por tanto, los análisis estadísticos podían producir resultados engañosos.

Documentación repatriada

Cuando, en el año 2007, F. Clark Howell murió de un cáncer de pulmón, todo el material que había producido sobre Torralba quedó en varios armarios del Human Evolution Research Center (HERC) de la Universidad de California en Berkeley. Fue su deseo que toda esta documentación fuera repatriada a España.

El trabajo para su repatriación comenzó en 2019, en el HERC. Cajas y cajas con anotaciones de campo, mapas, planos, secciones, diarios de campo y diapositivas que no se habían tocado en décadas. Se escanearon durante meses, incluso, con un pase especial de acceso al laboratorio durante la pandemia.

Los mapas con los dibujos de los huesos, las piedras y la ubicación de las herramientas líticas fueron procesados usando Sistemas de Información Geográfica (SIG). Mapa a mapa, se dibujaron y situaron espacialmente 1 541 huesos, 1 678 piedras y 428 herramientas de piedra.

Una vez se tuvo todo digitalizado, empezamos a trabajar en el análisis espacial: calculamos la concentración o dispersión de las distribuciones a través de mapas de densidad, las orientaciones de los huesos y las piedras y las relaciones espaciales estadísticas de todos estos elementos.

Además, estudiamos las secciones estratigráficas y las diapositivas escaneadas, cruzando los resultados obtenidos de los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras con lo que se observaba en la estratigrafía.

Hipótesis desmontada

Los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras, junto con la información obtenida de la estratigrafía, indican que Torralba muestra una sucesión de eventos que han dado como resultado un puzle muy difícil de descifrar.

El yacimiento se vio claramente afectado por fallas que probablemente influyeron en las primeras interpretaciones de la estratigrafía, lo que dio lugar a una descripción confusa de las unidades y subniveles. En la actualidad, estos solo se han podido esclarecer parcialmente gracias al control espacial basado en los conjuntos de datos originales.

En este contexto, los resultados obtenidos en nuestro nuevo estudio apuntan a que los homínidos no desempeñaron un papel protagonista en el escenario del Pleistoceno de Torralba. Al contrario, la acumulación de huesos y piedras parece responder a agentes naturales y todo indica que la acción de los humanos allí fue, como mucho, oportunista –de carroñeo de animales muertos–.

Esta investigación es un ejemplo de cómo la revisión de materiales y datos recabados en el pasado pueden recibir interpretaciones diferentes y más certeras gracias a técnicas innovadoras. Imaginar cómo eran los escenarios de hace miles de años en nuestro planeta precisa una buena recopilación de datos, su profundo análisis y una rigurosa investigación. Todo ello nos permite trasladarnos a aquellos paisajes y escenarios tan remotos donde nuestros antepasados convivían entre grandes animales, como los elefantes de Torralba.

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Este estudio formó parte de la beca postdoctoral Glynn Isaac otorgada a Laura Sánchez-Romero para trabajar en el Human Evolution Research Center (HERC), Universidad de California (Berkeley, California). Actualmente, Laura Sánchez-Romero es investigadora postdoctoral en la Universidad de Sevilla, con un contrato de la Estrategia de Investigación, Desarrollo en Innovación de Andalucía – EIDIA Horizonte 2027, financiado por la Junta de Andalucía/Consejería de Universidad, Investigación e Innovación (CUII) y la European Social Fund Plus (ESF+).

ref. Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos – https://theconversation.com/humanos-y-elefantes-en-el-yacimiento-paleolitico-de-torralba-en-soria-juntos-pero-no-revueltos-286817

Julian Barnes, el escritor que lleva décadas reflexionando sobre la vejez y la muerte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maricel Oró Piqueras, Profesora de literatura y cultura en inglés a la Univeristat de Lleida, Universitat de Lleida

Julian Barnes en el festival HeadRead, Tallin, Estonia, en 2019. Wandering Trad./Wikimedia Commons, CC BY-SA

Hace tan solo unas semanas Julian Barnes fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras de 2026, justo el año en que anunció la publicación de su último libro, convenientemente titulado Despedidas.

Escritor británico de reconocido prestigio que combina la narrativa experimental con humor e ironía, Barnes empezó su carrera literaria en el año 80, con la publicación de la novela Metrolandia. En ese momento contaba con treinta y cuatro años. Y sin embargo, a pesar de esa juventud, ya en sus primeras novelas –Metrolandia, Antes de conocernos y El loro de Flaubert– el amor, el sentido de la vida y la muerte, mezclados con la poca fiabilidad de la memoria individual –a la que nos solemos aferrar de forma enfermiza–, destacan como temas relevantes.

Una mujer centenaria

De hecho, Mirando al sol, publicada justo después de las tres novelas mencionadas anteriormente, cuando el escritor cumple sus cuarenta, se centra en una protagonista femenina de cien años de edad.

Portada de la novela Mirando al sol, de Julian Barnes.

Anagrama

Con un tono irónico a la vez que melancólico, Barnes nos adentra en la vida de Jean Serjeant, una mujer “ordinaria” a quien le pasan cosas “extraordinarias”, como el mero hecho de vivir hasta los cien años con buena salud. Jean Serjeant confiesa que al llegar a la vejez decidió comportarse como una mujer mayor; no porque ella se sintiera mayor, sino porque era lo que la gente esperaba de ella. A pesar de haber vivido un siglo, Jean llega a la conclusión que “las preguntas serias siempre se mantienen sin respuesta”.

Serjeant, de muy joven, fue testigo de la Segunda Guerra Mundial. Como muchos otros protagonistas de Barnes, se pregunta por el sentido de la vida y llega a la conclusión que este no existiría sin la muerte.

La vejez y el final

Otros dos personajes tienen esa cuestión muy presente también en sus narraciones. Uno es George Braithwaite, el protagonista de El loro de Flaubert, quien, a los sesenta y cinco años y después de su jubilación, se dispone a resolver el misterio del pájaro del título. Y otro es Tony Webster, de El sentido de un final, un hombre en su sesentena y jubilado que recibe una herencia inesperada de la madre de una novia de la universidad. A partir de ello se ve obligado a revisar sus años de juventud para darse cuenta de que su memoria había distorsionado algunas de sus decisiones de aquella época.

En ambos casos, la vejez no aparece como una época tranquila y sosegada, sino como un periodo en el que la poca fiabilidad de la memoria individual y colectiva aflora para presentar nuevos dilemas y corroborar que todo aquello que vivimos es una mera interpretación. Por lo tanto, convivimos con múltiples interpretaciones, tantas como personas existen.

La misma cuestión del sentido de la vida revolotea también sobre La mesa limón, un volumen de cuentos en el que Barnes se centra en la vejez y la muerte. En los once relatos que lo componen, el autor nos deja entrever partes de la existencia de protagonistas masculinos y femeninos mayores y nos cuenta que, incluso cerca del final, los humanos nos comportamos de formas egoístas y excéntricas.

Como en el resto de su obra de ficción, Barnes reivindica reconectar con la muerte, hablar de ella para recordar que somos seres finitos y recordar que solo eso, junto al amor y el arte, es lo que da propósito a nuestra existencia.

Mirar a la cara

La muerte y el duelo son los elementos vertebradores de las dos memorias que Barnes publicó en 2008 y 2013 respectivamente: Nada que temer y Niveles de vida.

En la primera, Barnes mezcla concepciones filosóficas de la muerte, especialmente de Michel de Montaigne y Phillipe Ariès, con el fallecimiento de sus padres y el legado que su familia le deja en relación con el significado de la vida. Tal como confiesa el autor con ironía, el hecho de crecer en una familia agnóstica le lleva a buscar sentido y orden en la literatura. En ella, el autor reconoce haber encontrado más “verdades” que en el periodismo o la religión.

Barnes reivindica, igual que hace en su obra literaria, la necesidad de no ignorar la muerte o hacerla invisible. Cita a Montaigne cuando dice: “ya que no podemos vencer(la), el mejor contraataque es tenerla constantemente en la cabeza”.

En Niveles de vida, Barnes habla del intenso amor que siente y sintió por su esposa durante los treinta años que compartieron. También confiesa que el duelo es todavía más insoportable en una sociedad que no solo ignora y aborrece la muerte, sino que prácticamente la ignora y medicaliza todo aquello que nos recuerda a la pérdida y detalla que “el duelo es una condición humana, no médica”.

Todos estos temas que tratamos están presentes en Despedidas, la novela con la que Barnes dice adiós a su público. En ella, el autor reflexiona sobre todos ellos a partir del reencuentro de unos viejos amigos. Y lo hace con su particular narrativa, en la que destacan los recuerdos que vamos reconstruyendo a lo largo de la vida y, sobre todo, la poca fiabilidad que, en realidad, tiene nuestra memoria.


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The Conversation

Maricel Oró Piqueras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Julian Barnes, el escritor que lleva décadas reflexionando sobre la vejez y la muerte – https://theconversation.com/julian-barnes-el-escritor-que-lleva-decadas-reflexionando-sobre-la-vejez-y-la-muerte-287302

Cien años sin soledad: en la zona azul de la península de Nicoya, envejecer bien no es un plan individual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Antonio Rabadán Sánchez, Profesor de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Alicante

Durante estos últimos años he visitado a más de cincuenta personas centenarias en la zona azul de la península de Nicoya y a sus familias. He entrado en sus casas, me he sentado en sus corredores y he conversado largo con ellas. Lo que más llama la atención de esas vidas tan longevas no es lo que comen ni cómo se mueven, sino que siempre disponen de compañía y apoyo. En una mecedora, a la sombra del porche, suele haber un anciano rodeado, un hijo que vuelve del campo, un nieto al que vigilar, una vecina que se acerca al caer la tarde. A los cien años siguen siendo el centro de algo y de alguien.

Las zonas azules son regiones del mundo con una concentración insólita de personas muy longevas. El término, no exento de críticas, lo acuñaron los demógrafos Gianni Pes y Michel Poulain al cartografiar la longevidad de Cerdeña, y el divulgador Dan Buettner las popularizó al describir cinco en el planeta: Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Loma Linda (Estados Unidos) y la citada península de Nicoya.

En esta última, la longevidad masculina es excepcional. Los estudios demográficos muestran que un varón de sesenta años natural de esta región costarricense tiene siete veces más probabilidades de llegar a centenario que un japonés. Esa cualidad no aparece en quienes emigran, lo que sugiere que tiene más de entorno que de herencia.

El vínculo no se compra

El factor que se repite no se compra ni se hereda. Es la red de personas que rodea a cada anciano y que no se deshace con la edad.

Esa permanencia apunta a algo de fondo. En la península de Nicoya, la edad social y la cronológica se desacoplan. Una persona puede tener cien años y seguir siendo útil, activa y necesaria. En las sociedades desarrolladas perseguimos un desacople distinto: el de la edad biológica y la cronológica; queremos conservar el cuerpo joven aunque el calendario avance. Su expresión más extrema la encarna Bryan Johnson, el millonario estadounidense que invierte una fortuna en revertir su edad biológica y ha reconocido que su régimen le ha costado relaciones. Optimiza el organismo y descuida el vínculo.

La gerontología ofrece un marco para entender ese vínculo. La teoría del convoy, formulada por la psicóloga estadounidense Toni Antonucci, describe a cada persona avanzando por la vida dentro de un convoy de relaciones. Junto al individuo viajan familiares, amigos y vecinos que le acompañan y sostienen en cada etapa. En la mayoría de las sociedades, ese convoy se va vaciando por viudedad, distancia o mudanzas. En la zona azul de la península de Nicoya parece llegar lleno hasta el final. No es raro encontrar a un centenario rodeado de cuatro generaciones, todavía útil, cuidando a un bisnieto o atendiendo a un hijo dependiente. Ese anciano no envejece tan bien a pesar de su comunidad, sino, como todo apunta, gracias a ella.

El aislamiento puede matar

La importancia de esa compañía no es una intuición. Diversos estudios la respaldan. Hace casi cuatro décadas, un trabajo ya clásico en Science concluyó que el aislamiento social constituye un factor de riesgo de muerte de primer orden. Más tarde, un metaanálisis con más de 300 000 personas estimó que la falta de conexión social se asocia a una mortalidad comparable a la del tabaquismo. Los mecanismos son razonables. Quien tiene a alguien suele cuidarse más, detecta antes una caída o una enfermedad y encuentra un motivo para levantarse.

El problema es que las sociedades desarrolladas han ido desguazando pieza a pieza ese convoy. El sociólogo Zygmunt Bauman describió la modernidad líquida como un tiempo en el que los vínculos se atan sin fuerza para poder soltarlos pronto. La familia, durante siglos el principal sostén, se ha individualizado.

El demógrafo David Reher distinguió entre las sociedades de lazos familiares fuertes, incluidas
las mediterráneas, y las de lazos débiles. Estas últimas son características del norte de Europa y Estados Unidos, donde el individuo prima sobre el grupo. España, como otras sociedades occidentales, transita deprisa del primer modelo al segundo. En una generación, muchos hijos han dejado de envejecer junto a sus padres, y el cuidado de las personas mayores se ha trasladado a residencias e instituciones.

Las cifras lo reflejan. En España, cerca de dos millones de personas mayores viven solas. Entre ellas, 850 000 superan los 80 años y casi ocho de cada diez son mujeres. El número de hogares unipersonales se ha disparado en medio siglo. Una de cada cinco personas mayores de 75 años vive ya en soledad. Lo que era excepción se ha vuelto estructura, y no solo aquí.

Kodokushi o muerte en soledad

En su forma más dura, ese aislamiento termina en lo que en Japón llaman kodokushi: la muerte en soledad, el cuerpo que nadie descubre hasta pasadas semanas o meses. No es una rareza oriental. En las últimas semanas, sin ir más lejos, la prensa española ha recogido varios casos. En un pueblo de Zamora encontraron sin vida a un hombre que vivía solo, tras varios días sin dar señales. En Albacete hallaron los cuerpos de una madre y su hijo a los que nadie veía desde hacía semanas.

Conviene ser prudente con las cifras, porque en España no hay registro oficial de estas muertes. Solo trascienden cuando un vecino se alarma y la noticia llega a un periódico. En el futuro, si nada cambia, el barómetro de la soledad estará en los laboratorios forenses. Algunos, incluso, proponen medir la soledad de un país por el grado de descomposición de los cuerpos al llegar a la autopsia. Porque la corrupción orgánica delata cuánto se tardó en echarlos en falta. Cuesta imaginar una distopía más silenciosa.

Una realidad social, una respuesta comunitaria

Por eso, tratar la soledad como un asunto privado, que cada cual resuelve con voluntad o con una aplicación, resulta insuficiente. Un convoy no se reconstruye en solitario, requiere una comunidad que lo sostenga, y eso es una decisión colectiva.

El propio Gobierno lo ha asumido. Al aprobar en febrero de este año el Marco Estratégico Estatal de Soledades, reconoce que la soledad no es un problema individual, sino una realidad social que exige respuesta comunitaria, con entornos de proximidad, iniciativas intergeneracionales y un urbanismo que acerque. El Reino Unido creó un ministerio de la soledad en 2018, y Japón aprobó en 2024 una ley para combatirla. Cuando varios países desarrollados legislan sobre lo mismo, el problema ha dejado de ser individual.

No conocí en la zona azul de la península de Nicoya a nadie con un plan para llegar a los cien. Conocí a gente con gallinas que alimentar, nietos que educar y vecinos con los que conversar. Ninguno llevaba la cuenta de sus años, solo de sus amistades. En aquellas casas de madera, lejos de Macondo, se puede vivir cien años sin soledad.

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José Antonio Rabadán Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cien años sin soledad: en la zona azul de la península de Nicoya, envejecer bien no es un plan individual – https://theconversation.com/cien-anos-sin-soledad-en-la-zona-azul-de-la-peninsula-de-nicoya-envejecer-bien-no-es-un-plan-individual-285219

Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Rodríguez-Virgili, Profesor de Comunicación Política, Universidad de Navarra

En junio de 2016, una mujer colombiana con doble nacionalidad apareció en un vídeo grabado con el móvil durante un acto del Partido Popular. Se llamaba Martha Inés y pedía el voto en nombre de “los latinos”. Ella no lo sabía, pero ese vídeo –visto por unos cientos de personas– sería uno de los dos únicos momentos en ocho años de campañas nacionales en que un partido español le hablaría directamente al electorado latinoamericano. El otro llegaría en 2023, el último día de campaña, también del PP: un anuncio de mayor calidad, pero de escasa difusión. Entre medias, cinco elecciones generales, 11 389 piezas de comunicación y un silencio casi total.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 4,6 millones de personas residentes en España nacieron en América Latina. De ellas, dos millones ya tienen nacionalidad española y, por tanto, derecho a voto en las elecciones generales: el 5,3 % del censo electoral. Su peso demográfico es relevante; su peso político en campaña, casi nulo.

Una paradoja incómoda

En los últimos años, los partidos han demostrado una capacidad creciente para segmentar su mensaje y dirigirse a públicos muy concretos: celíacos, aficionados a la tauromaquia o a la caza, usuarios del aeropuerto de Sevilla o vecinos de una provincia con un escaño en juego recibieron mensajes a medida, sobre todo desde que Meta Ads y Google Ads permiten segmentar audiencias con precisión casi quirúrgica.

Si los partidos pueden segmentar con tanta precisión a nichos mucho más pequeños que el electorado latinoamericano (los celíacos son, según los propios anuncios del PP, el 1 % de la población), su omisión no se explica por falta de medios técnicos. Apunta, más bien, a lo que la filósofa Nancy Fraser describe como exclusión simbólica: un grupo no es perseguido ni discriminado abiertamente, pero tampoco se le reconoce como interlocutor político legítimo, lo que lo relega a una posición de “subordinación de estatus” en la esfera pública.

El vídeo de Martha Inés es modesto, casi casero. Apenas dura un minuto. Habla directamente a cámara y destaca medidas concretas: la supresión de visados para colombianos y peruanos, la promesa de extenderlo a ecuatorianos. Termina con una frase simple: “Yo voto al PP porque mi voto también cuenta”. Se difundió desde las cuentas del partido y de Mariano Rajoy, pero su alcance fue mínimo: menos de 2 000 visualizaciones.

Siete años después, ya con Alberto Núñez Feijóo como candidato, el PP vuelve con un segundo anuncio, protagonizado por una mujer dominicana que narra en primera persona su llegada a España. La producción es de mayor calidad, pero se difundió solo por Meta Ads durante las últimas 24 horas de campaña y segmentado en las comunidades con más población latinoamericana, como Madrid, Andalucía o Cataluña.

Ninguno de los dos anuncios contó con el candidato a la presidencia en persona: fueron gestos puntuales y tácticos, no una estrategia sostenida.

¿Y el PSOE? Tampoco articuló nada parecido. Su acercamiento más explícito fue un vídeo de poco más de 1 000 visualizaciones donde, dentro de un mosaico de minorías y en 20 segundos, la coordinadora del Grupo Latino Socialista prometía eliminar trabas para que “los latinos” votaran con facilidad en las elecciones municipales, no en las generales.

Es uno de los pocos momentos en que un partido reconoce al voto latino como colectivo político diferenciado, aunque no llega a ser una apelación de campaña.
El balance es claro: tras analizar 11 389 piezas (tuits, anuncios en Meta, vídeos en YouTube, TikToks, espacios publicitarios en TVE) en nuestro estudio titulado La exclusión simbólica del voto latino en España: las campañas electorales del PP y PSOE, solo se detectan dos anuncios marginales del PP y un reconocimiento fugaz del PSOE. Ninguno convirtió al voto latino en un destinatario real de su comunicación electoral.

Sin embargo, cuando América Latina aparece en el discurso de los partidos, lo hace de forma instrumental: Venezuela, el chavismo o Bolsonaro se usan como armas en disputas ideológicas internas o espejos donde reflejar miedos, nunca no como puente para movilizar el voto latino.

¿Por qué importa el silencio?

El reconocimiento institucional no es un detalle simbólico. Estudios muestran que la participación depende de sentir que el sistema responde a las propias demandas. Si un colectivo no se siente interpelado, difícilmente percibirá que su voto influye: la invisibilidad alimenta la desmovilización, y esta refuerza, a su vez, la invisibilidad.

Investigaciones de varios autores sobre la representación política de latinoamericanos en España ya apuntaban en esta dirección: sin apelaciones explícitas ni liderazgos visibles de origen latino, el colectivo permanece fragmentado en nacionalidades de origen –colombianos, ecuatorianos, dominicanos…– sin conciencia de grupo compartida.

¿Por qué evitan los partidos nombrar a este electorado en las campañas de las generales? Quizá asuman que ya está integrado y vota como el resto o teman que dirigirse a él de forma explícita se interprete como clientelismo. La pregunta de fondo es más profunda: ¿existe en España una comunidad latina con identidad política propia, como en Estados Unidos, o es una categoría fragmentada sin conciencia compartida? Responderlo exigirá escuchar a los protagonistas: a los votantes de origen latinoamericano y a quienes diseñan las campañas electorales.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino – https://theconversation.com/dos-millones-de-votantes-cinco-elecciones-y-solo-dos-anuncios-asi-ignoran-los-partidos-al-electorado-latino-285195

Gibraltar, 2026: el Brexit ha abierto la frontera que prometió cerrar en 2016

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Framalicious/Shutterstock

La apertura del paso terrestre entre Gibraltar y La Línea de la Concepción en la medianoche del 15 de julio inicia la aplicación provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido respecto de Gibraltar, que reorganiza la movilidad, los controles y la cooperación en torno al Peñón.

Con frontera pero sin verja

La frontera no desaparece, solo cambia de forma y de efectos cotidianos. Según el Consejo de la Unión Europea, los controles físicos sistemáticos se extinguen en el paso terrestre mientras los controles exteriores se concentran en el puerto y el aeropuerto de Gibraltar, con controles gibraltareños o británicos y controles Schengen españoles.

La paradoja política es evidente: el Brexit prometía recuperar los controles fronterizos para las autoridades británicas, pero en Gibraltar el resultado visible es una circulación más fluida con España. El Peñón salió de la UE junto con el Reino Unido pese a que el 95,9 % de los votantes gibraltareños apoyó en 2016 permanecer en la Unión. Diez años después, el nuevo régimen busca corregir esos efectos.

En el plano jurídico, el acuerdo no resuelve la disputa de soberanía. España mantiene su reclamación histórica y el Reino Unido su posición, como recuerda la Cámara de los Comunes. La novedad reside en la gestión funcional –movilidad, aduanas, cooperación policial y vida cotidiana–, que el Parlamento Europeo describe como un régimen complejo de gobernanza entre la UE, el Reino Unido, España y Gibraltar. Una disputa territorial puede seguir abierta mientras se pactan soluciones útiles para ambos lados.

Una frontera vigilada, pero abierta

No conviene imaginar una frontera sin vigilancia. Gibraltar ha anunciado nuevas medidas de seguridad –más cámaras, reconocimiento facial, lectura automática de matrículas y nuevo vallado en zonas sensibles–, dejando abierta solo una franja de unos 150 metros en el paso peatonal habitual.

La clave está en los trabajadores transfronterizos. Según Reuters, hay unos 15 000 cruzan a diario entre España y Gibraltar, para los que la frontera significa colas, retrasos e incertidumbre laboral y familiar. El Gobierno español sostiene que el acuerdo favorecerá a unos 300 000 habitantes del Campo de Gibraltar mediante más conectividad e inversión, expectativas aún pendientes de verificación práctica.

Además de los efectos presentes, también la memoria histórica explica la emoción de la jornada. Durante años, la Verja fue sinónimo de separación familiar, obstáculo laboral y símbolo de presión política. La frontera fue cerrada totalmente por el franquismo en 1969, reabierta para peatones en 1982 y plenamente para el tráfico en 1985.

Un laboratorio de integración

Gibraltar puede leerse así como un pequeño laboratorio de integración fronteriza. Las investigaciones sobre los efectos de las fronteras, muestra que las dificultades de paso (burocráticas y administrativas) reducen el comercio y la movilidad pese a la cercanía territorial. John McCallum formuló esta idea en National Borders Matter, James Anderson y Eric van Wincoop la desarrollaron en Gravity with Gravitas, y John Helliwell en How Much Do National Borders Matter?. Aplicada al Campo de Gibraltar, la conclusión es: una frontera más previsible reduce los costes de coordinación.

La dimensión económica será decisiva: la nueva fluidez fronteriza presumiblemente reducirá costes invisibles pero reales, como colas, retrasos e incertidumbre para las empresas. La OCDE identifica los obstáculos administrativos como una limitación clave para el desarrollo de las zonas fronterizas, sobre todo en cuestiones como el empleo, la seguridad social y el transporte.

Para el Gobierno británico este acuerdo es una garantía del futuro económico de Gibraltar.

Un reto de lado y lado

El reto será convertir esa ventaja en desarrollo equilibrado. El Gobierno español presenta el tratado como oportunidad para los andaluces. El Gobierno británico lo vincula con estabilidad y empleo, y el Consejo de la Unión Europea lo sitúa en la protección del mercado único, Schengen y la unión aduanera. Esa convergencia no elimina las asimetrías. De hecho, Gibraltar parte de una posición económica comparativamente más fuerte que La Línea y buena parte de Andalucía.

Por eso, la apertura terrestre debe acompañarse de políticas que atraigan inversión, mejoren infraestructuras y protejan a los trabajadores transfronterizos, evitando tensiones en vivienda y fiscalidad. La visión británica destaca un modelo aduanero específico, y esa complejidad deberá traducirse en reglas comprensibles.

La verdadera prueba económica no estará en la foto histórica de la Verja, sino en indicadores concretos: menos tiempo de cruce, más empleo estable, mayor actividad empresarial y una capacidad real del Campo de Gibraltar para capturar parte del valor generado por su proximidad al Peñón.

¿Tendrán los gobiernos implicados la voluntad política de convertir esa fluidez en mejoras reales para el pueblo que vive y trabaja a ambos lados de la Verja?

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Gibraltar, 2026: el Brexit ha abierto la frontera que prometió cerrar en 2016 – https://theconversation.com/gibraltar-2026-el-brexit-ha-abierto-la-frontera-que-prometio-cerrar-en-2016-287597

Cómo proteger nuestra privacidad cuando jugamos a videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Beltrán, Jefa del Área Científica de la Agencia Española de Protección de Datos; profesora titular de Universidad en excedencia, Universidad Rey Juan Carlos

shutterstock Zoran Zeremski/Shutterstock

Miles de millones de personas se entretienen jugando a videojuegos, entre ellos millones de niños, niñas y adolescentes. Pero, detrás de cada partida, cada logro desbloqueado o cada compra dentro del juego, hay algo más: nuestros datos personales.

Los creadores y distribuidores de videojuegos recogen, analizan y comparten con otras empresas información sobre los jugadores: el nombre de usuario, el comportamiento en el juego, la ubicación o los hábitos de consumo (cuántas horas, qué horas, y a qué juegos prefieren jugar cada uno de estos usuarios).

¿Cuáles de estos datos se pueden utilizar y para qué? ¿Cómo puede llegar a afectarnos a los jugadores? ¿Qué podemos hacer los usuarios para protegernos?

¿Quiénes forman esta industria?

Cuando hablamos de la industria de los videojuegos nos estamos refiriendo a distintos tipos de empresas, desde los fabricantes de consolas, mandos, etc., hasta las plataformas desde las que jugamos, pasando quienes diseñan la tecnología o las que comercializan, distribuyen y, en ocasiones, “producen” los juegos.

Aunque no todos los videojuegos usan la misma cantidad de datos ni de la misma manera. Los juegos de un solo jugador offline solo tienen acceso al progreso en la partida y el dato se almacena en el dispositivo. Pero los juegos en línea, sobre todo con jugadores múltiples, especialmente aquellos que ganan dinero a través de las microtransacciones o la publicidad recogen muchos más datos y se controla peor lo que pasa con ellos.

En los países de la Unión Europea, hay un Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), pero no es fácil perseguir su cumplimiento.




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¿Cómo se recolectan los datos?

Hay tres maneras básicas de utilizar los datos privados de los jugadores.

  • A través de la creación y mantenimiento de cuentas. El correo electrónico, el nombre de usuario o, en algunos casos, información de pago se utiliza para identificar al usuario, gestionar su perfil y permitirle acceder a sus progresos desde diferentes dispositivos. No todos los juegos son transparentes sobre qué datos recogen durante el registro y con qué finalidad. Algunos solicitan permisos excesivos, como el acceso a la lista de contactos del teléfono o a la ubicación.

  • Recolectando los datos en tiempo real sobre el uso del juego, lo que se llama telemetría: son datos sobre el rendimiento del dispositivo, los errores del software, el comportamiento del jugador (sus acciones, el tiempo de juego o las interacciones sociales), en principio para equilibrar la dificultad, diseñar niveles más atractivos, ofrecer recompensas y misiones adaptadas a las preferencias de cada jugador. Pero a veces el tratamiento de datos va más lejos o no se informa claramente al usuario sobre ello, como cuando se recogen datos biométricos (como el ritmo cardíaco o neurodatos a través de wearables).

    Por ejemplo, en los modelos free-to-play, la telemetría puede ayudar a identificar a los jugadores con mayor probabilidad de realizar compras dentro del juego (se les conoce como “ballenas” o “whales”). Esto permite dirigirles ofertas específicas e, incluso, explotar sus vulnerabilidades o sesgos.

  • La tercera manera de recopilar datos es la que sirve para hacer inferencias (o deducciones) de comportamiento. Mediante técnicas de análisis predictivo, muchas veces basadas en inteligencia artificial, se clasifica a los jugadores en función de su habilidad, personalidad o su estado emocional. Esos perfiles se pueden vender a terceros.

    Para hacernos una idea, se puede suponer que un usuario es menor de edad basándose en su patrón de juego o en las compras que realiza, incluso si este ha proporcionado una fecha de nacimiento falsa. O se puede detectar que alguien tiene tendencias adictivas y, en lugar de alertarle, utilizar esta información para mantenerle enganchado al videojuego con recompensas variables (un mecanismo similar al de las máquinas tragaperras).




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Las amenazas: lo que puede salir mal

En primer lugar, un ciberatacante puede robar a estas empresas los datos que almacenan sobre los usuarios: contraseñas, direcciones de correo electrónico, datos de pago o datos biométricos.

Pero es que además, es posible seguir a un jugador específico en distintos juegos o plataformas. Combinando los datos de sesiones, cuentas y transacciones que se realizan, por ejemplo, desde una misma IP –la dirección de red de cada dispositivo– se puede rastrear o vigilar nuestra actividad digital en general. A esta manera de “singularizar” a un jugador se le llama vinculación. Incluso se podría averiguar la identidad real del jugador aunque no haya dado su nombre real en el juego.

Otro riesgo es el doxing (o “doxeo”), que ocurre cuando alguien comparte públicamente información privada de un jugador, como su nombre real, el colegio al que va o su dirección, sin su permiso.

¿Qué se puede hacer?

Aunque la obligación recae en los responsables de los diferentes tratamientos de datos personales, las personas que juegan también pueden tomar medidas para proteger sus derechos:

  • Leer las políticas de privacidad y la información que se proporciona. Si algo no nos convence, consideremos no utilizar ese servicio. Seamos críticos: ¿de verdad tenemos que conectar el juego con nuestras redes sociales? ¿O activar ese chat de voz?

  • Ajustar la configuración de privacidad. Muchos juegos y plataformas permiten limitar la recolección de datos o desactivar ciertas funciones de telemetría e inferencia.

  • Usar contraseñas seguras y autenticación en dos pasos. Esto reducirá el riesgo de que nuestra cuenta sea “secuestrada” y de que suplanten nuestra identidad.

  • Tener cautela con los datos que compartimos. Es mejor no proporcionar información sensible (como dirección física, datos de pago, biometría), a menos que sea absolutamente necesario.

  • Informarnos y concienciarnos (y concienciar a otros). También es útil leer las recomendaciones de las autoridades de protección de datos personales o de otras instituciones de confianza (educativas, del sector de la salud, comunidades profesionales de juego, etc.).

Solo siendo conscientes de nuestros derechos y tomando estas medidas podremos proteger nuestra privacidad: es el momento de revisar qué datos recoge nuestro juego favorito.


Este artículo es una versión resumida y simplificada del original.

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Marta Beltrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo proteger nuestra privacidad cuando jugamos a videojuegos – https://theconversation.com/como-proteger-nuestra-privacidad-cuando-jugamos-a-videojuegos-287033

Duelo de pronombres en la final del Mundial: ¿por qué en Argentina se usa ‘vos’ y en España ‘tú’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Albitre Lamata, Profesora ayudante doctora, experta en lengua española, Universidad Complutense de Madrid

Una aficionada argentina y una española celebran las victorias de sus respectivos equipos durante el Mundial 2026. Carolina Jaramillo y Eugerrigo/Shutterstock

La del domingo será la primera final de habla hispana del campeonato mundial de fútbol desde la que disputaron Argentina y Uruguay en 1930. En esta ocasión, entre ambas selecciones mediará un océano y, a través de la distancia, también dos variedades del español diferentes, especialmente a la hora de expresar el trato de confianza. Porque justo antes del encuentro, un español le gritará a Lamine Yamal “¡tú puedes!” mientras que un argentino apelará a Messi diciendo “¡vos podés!”.

¿Por qué? ¿Cuál es la razón de que en Argentina usen vos y en España ? Lejos de ser un mero capricho geográfico, la utilización de estos pronombres es el resultado de un largo y complejo proceso de evolución histórica, gramatical y social.

El origen del duelo vs. vos: del latín al Siglo de Oro

Para comprender la distribución actual, es imprescindible remontarse a las raíces latinas de nuestro idioma. El latín contaba con el pronombre para dirigirse a un solo individuo y vos para referirse a la pluralidad. Sin embargo, la cortesía pronominal se transformó cuando, como respuesta al nos mayestático –empleado tradicionalmente en documentos papales y del discurso de las altas dignidades civiles y eclesiásticas, como reyes o emperadores–, el pronombre vos adquirió un valor de “pluralidad ficticia” dirigido a un único interlocutor al que se le debía reverencia.

Durante la Edad Media y gran parte del Siglo de Oro español, el pronombre vos se empleaba de manera generalizada para dirigirse tanto a un individuo como a varios. En el trato en singular, se utilizaba entre nobles o personas de igual rango, mientras que el quedaba reservado para dirigirse a inferiores (como los sirvientes) o para situaciones de extrema intimidad y familiaridad.

Con el tiempo, el uso del vos se extendió tanto en la escala social que se devaluó: perdió su prestigio y dejó de ser una forma distintiva para el trato de respeto hacia y entre las altas esferas sociales. Precisamente para llenar ese vacío de deferencia, a partir del siglo XVI se crearon nuevas formas de tratamiento compuestas, entre las que destacó vuestra merced. Debido a su uso frecuente, se fue desgastando fonéticamente a través de los siglos (vuesarced, vuasted, vusted) hasta convertirse en el actual pronombre usted.

El español peninsular: el triunfo de

A partir de los siglos XVI y XVII, los sistemas de tratamiento de nuestra lengua se reorganizaron. En la España peninsular, el pronombre vos terminó por desaparecer casi por completo del habla cotidiana. De esta forma, el sistema europeo se simplificó dejando como la forma habitual para el trato de confianza, en clara oposición al usted, que asumió el rol de respeto.

Asimismo, para eliminar la ambigüedad etimológica del plural, se consolidó el pronombre vosotros, empleado exclusivamente en la confianza plural, en oposición a ustedes. Sin embargo, esta distinción entre confianza y respeto en el plural no se aplica en todo el territorio español; en las islas Canarias y en la Andalucía occidental se suprimió esta oposición al emplearse únicamente la forma ustedes para designar a la segunda persona del plural.

Hoy en día, el único vestigio del vos en el español peninsular es el denominado “voseo reverencial”. Este uso queda muy restringido a actos ceremoniales, contextos litúrgicos o documentos oficiales dirigidos a altas dignidades. Además, gramaticalmente, el voseo reverencial difiere del americano: presenta formas verbales diptongadas (por ejemplo, vos sabéis, vos tenéis) y concuerda con los pronombres átonos de segunda persona del plural (os) y el posesivo “vuestro”.

El español rioplatense: el triunfo de vos

La historia tomó un rumbo muy distinto en el continente americano. Las corrientes colonizadoras y las posteriores divisiones sociopolíticas forjaron un mapa dialectal donde el vos pervivió con vitalidad como trato de familiaridad en la región del Río de la Plata.

Esta distribución no fue casual: las áreas americanas que hoy son mayoritariamente tuteantes, como México y Perú, coinciden con las regiones donde se asentaron los virreinatos y mantuvieron un contacto más estrecho con la metrópoli. En estas zonas se impuso la norma peninsular que acabó desplazando al vos en favor del .

Por el contrario, la región rioplatense se caracterizó por un menor trato con la administración central. Esta lejanía permitió que el voseo, libre de la presión normativa de los centros virreinales, sobreviviera y evolucionara hasta convertirse en el pilar de la identidad lingüística que hoy define a los hablantes de esta región.

Sin embargo, esto no siempre fue así. Durante mucho tiempo, el voseo rioplatense estuvo estigmatizado. Gramáticos ilustres del siglo XIX y XX, como Andrés Bello o Rufino José Cuervo, lo consideraron un vulgarismo o un “rígido arcaísmo”, y las instituciones educativas intentaron erradicarlo en favor del tuteo. No obstante, el arraigo social del voseo fue más fuerte. En la actualidad, es la única forma de tratamiento de confianza en la Argentina, empleada por todas las clases sociales y en todos los registros, un hecho que fue refrendado oficialmente por la Academia Argentina de Letras en 1982.

Desde el punto de vista morfológico, el voseo rioplatense presenta una serie de rasgos distintivos. En el ámbito pronominal, vos funciona como sujeto (vos sabés) y como término de preposición (con vos, para vos), pero toma prestado del paradigma del tú el pronombre átono (te) y el posesivo (tu, tuyo).

En lo verbal, se caracteriza por las llamadas desinencias monoptongadas en el presente de indicativo (cantás, tenés, partís), que surgieron por la contracción de las antiguas desinencias de segunda persona del plural (-ádes > –áes > –ás y –édes > –ées > –és), aunque en el español europeo se perdieron hacia mediados del siglo XVI. Además tuvo lugar la omisión de la –d final en el imperativo (cantá, tené, partí).

A esto se suma que, en gran parte del continente americano, el pronombre vosotros se perdió y se conservó ustedes como la única forma para el plural, tanto para el trato de confianza como de respeto.

En resumen, la camiseta roja y la albiceleste no serán el único rasgo identitario que se reflejará en la final del domingo: el uso de los pronombres de segunda persona también diferenciará a argentinos y españoles, como viene siendo habitual desde hace siglos.

The Conversation

Paula Albitre Lamata recibe financiación del proyecto de I+D IMCORDIS II (PR27/25-32466) de la Universidad Complutense de Madrid.

Rubén Conde Rubio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Duelo de pronombres en la final del Mundial: ¿por qué en Argentina se usa ‘vos’ y en España ‘tú’? – https://theconversation.com/duelo-de-pronombres-en-la-final-del-mundial-por-que-en-argentina-se-usa-vos-y-en-espana-tu-287715

Los niños de la guerra: una historia desconocida del exilio literario republicano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maravillas Moreno Amor, Investigadora colaboradora del Grupo ESPLIN: Escrituras Plurales: Intertextualidad e Interdisciplinariedad, Universidad de Murcia

Recopilación de fotos de niños españoles que se exiliaron en México durante la guerra civil. MaríaJoséFelgueresPlanells/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Sobre el escenario del teatro, un policía golpea a un estudiante. Lo muele a palos hasta que, al final, acaba tirándolo por una ventana. Un personaje lee cómo las autoridades dirán después que fue un accidente, que el joven se arrojó por propia voluntad.

Aunque la narración parece evocar el asesinato a manos de la Brigada Político-Social franquista del estudiante de Derecho Enrique Ruano, en realidad se trata de una escena ficticia de la obra de teatro Esta noche juntos, amándonos tanto, de Maruxa Vilalta. En esta pieza de 1970, la autora aprovecha para denunciar la represión de los estudiantes, un asunto que interpelaba tanto al país en el que vivía, México, como a su nación de origen, España, y que transcurría en un contexto mundial marcado por el Mayo del 68 francés y la Masacre de Tlatelolco.

Vilalta, como muchos otros compañeros de generación, escribió sobre España sin especificar que hablaba de ella.

La segunda generación

Se cumplen 90 años del golpe de Estado que desencadenó la guerra civil española. El aniversario invita a recordar uno de los efectos más dramáticos del conflicto bélico: el inicio del éxodo de medio millón de ciudadanos, muchos de los cuales permanecieron ya para siempre en su país de acogida. Las campañas de depuración política y represión contra los opositores se extendieron más allá de aquellos que tuvieron una clara implicación en el conflicto. Todos los miembros de una misma familia terminaban pagando un precio altísimo, aunque solo uno hubiera tenido militancia política.

Ante la amenaza, muchas personas optaron por huir para salvar la vida, preservar la libertad y escapar del ostracismo. La salida de España se produjo en un principio por vía terrestre, hacia Francia, y más tarde a través de los llamados “barcos del exilio”, como el Ipanema o el Sinaia, con destino al continente americano y, muy frecuentemente, a México.

Imagen de la cubierta del buque 'Sinaia' repleta de exiliados republicanos españoles a su llegada a México en 1939. Destaca la pancarta
Imagen de la cubierta del buque ‘Sinaia’ repleta de exiliados republicanos españoles a su llegada a México en 1939.
Wikimedia Commons, CC BY

En esos barcos convivían dos generaciones. Por un lado, viajaban personas reconocidas en sus respectivos campos profesionales y con un vínculo identitario profundo con España. Entre ellos figuran nombres como Juan Ramón Jiménez, María Teresa León, Luis Cernuda, María Zambrano o Max Aub, que siguieron ocupando posiciones relevantes en el ámbito cultural a ambos lados del Atlántico. Pero también viajaban niños, demasiado pequeños para guardar un recuerdo nítido del país que dejaban atrás.

A pesar de ello, el exilio los acompañó toda la vida: en los rituales de memoria familiar, en los distintos espacios de socialización, en los relatos compartidos y también como una condición que definiría su identidad a medio camino entre dos mundos. En ellos nació la inevitable idealización de un pasado y una patria que solo podían reconstruir a partir de la imaginación y los recuerdos prestados de sus mayores.

Además, pervivía entre ellos cierto deber ético de denunciar lo que en la España de Franco seguía ocurriendo, aunque no siempre con una referencia explícita.

No ser de ningún sitio del todo

Sin embargo, en España el interés por estudiar a esos niños de la guerra ha sido escaso y hoy siguen siendo prácticamente unos desconocidos en el país de sus padres. Incluso los estudios culturales de la memoria han obviado a aquellos que después se dedicaron a profesiones creativas, específicamente a la literatura.

Este olvido se explica, en parte, por la duda acerca de hasta qué punto el exilio influyó realmente en sus expresiones artísticas, dado que se produjo en una etapa tan temprana de la vida. Porque… ¿es posible construir una memoria sin recuerdo propio, es decir, reconstruir y apropiarse de un trauma que ha sido heredado o transmitido?

Precisamente volver la mirada hacia los niños de la guerra abre un debate más amplio: cómo la huella de un trauma histórico puede atravesar generaciones, persistir en el tiempo e incluso volverse más intensa entre quienes sufren un doble desarraigo y no logran sentirse del todo parte de ningún lugar por ser una mezcla de todos ellos.

En este sentido, la segunda generación es, como escribió el ensayista José Ramón Marra-López en 1965, el grupo “más exiliado de todos, sin encontrarse en parte alguna, ni siquiera en la región de los recuerdos”. Y lo es por varias razones.

Por un lado, estos niños de la guerra desarrollaron una identidad doble que generó un no-lugar. Su ambiente cultural y familiar contrastaba con los entornos en los que crecieron y se relacionaron fuera del hogar.

Además, muchos de quienes se dedicaron después a la escritura dirigieron sus obras a lectores que no eran españoles. Sin embargo, al mismo tiempo se sentían atraídos por la búsqueda de sus raíces, por ese país que les habían dicho que era el suyo. Debían encontrar una forma de expresión que interpelara a su entorno inmediato y, a la vez, articulara la memoria de una España que para ellos era más imaginada que real.

Fotografía de varios hombres y una mujer en una sala con un cuadro grande en la pared.
Algunos miembros de la segunda generación del exilio en un homenaje organizado por Ateneo Español de México en 1994.
Archivo Histórico Ateneo Español en México, CC BY-SA

Esta condición fronteriza derivó con frecuencia en lo que podríamos llamar una memoria multidireccional. En la obra de muchos escritores de esta generación, como Maruxa Vilalta, Angelina Muñiz-Huberman, Ramón Xirau o Teresa Gracia, se percibe un lenguaje universal que les permite tratar temas ligados a un compromiso ético surgido de la experiencia en el exilio (como guerras, dictaduras o violencia política).

Lo hacen, sin embargo, sin localismos ni referencias históricas que exijan conocer en detalle los sucesos españoles. Es habitual, además, que recuperen episodios de su tiempo para activar el recuerdo de otras épocas y otros conflictos. En definitiva, hacen memoria desde la abstracción o desde la actualización del símbolo, no tanto desde la referencia expresa.

Lo resume con claridad Angelina Muñiz-Huberman en estos versos de “Éxodo”, dentro del poemario Vilano al viento. Poemas del amor y del exilio, que vio la luz en 1982, justo cuando en España la Transición se daba por terminada:

“Y cuando quisimos,

por lo menos,

tener un recuerdo,

solo recordamos

que no habíamos traído

ni un solo recuerdo”.

Recuperar sus voces

Estas estrategias artísticas han dificultado que la segunda generación encontrara su lugar en los cánones literarios. A pesar de los esfuerzos de algunos investigadores, en España la historiografía hegemónica ha sido poco proclive a incorporar estas voces. No les ha considerado propiamente españoles por una cuestión biológica (se fueron siendo niños o incluso nacieron ya en el exilio) y, además, en muchos de sus textos resulta difícil encontrar una referencia explícita a la patria perdida.

Pero tampoco los sistemas literarios de los países de acogida los han integrado con facilidad. Sus preocupaciones éticas, heredadas del proyecto político de sus mayores, se suman a su compleja identidad nacional para expulsarlos, una vez más, del canon. Esta frase de uno de ellos, el escritor Luis Rius, resume bien su posición:

“Era demasiado temprano para que, al llegar a México, fuéramos ya, como nuestros padres, españoles; y demasiado tarde para poder ser mexicanos”.

Por eso, a 90 años del comienzo del exilio, España tiene una deuda pendiente con los niños de la guerra. Reconocerla implica aceptar que no siempre hace falta tener un recuerdo explícito para hacer un ejercicio de memoria sobre el trauma. La forma en la que estos creadores expresaron su condición de exiliados se asienta, necesariamente, en la superación de una identidad única y en la consolidación de una memoria que dialoga con otras heridas, otros tiempos y otros lenguajes.


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The Conversation

Maravillas Moreno Amor no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los niños de la guerra: una historia desconocida del exilio literario republicano – https://theconversation.com/los-ninos-de-la-guerra-una-historia-desconocida-del-exilio-literario-republicano-282113