Tener un propósito en la vida también ayuda a mantener la salud cerebral

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucrecia Moreno Royo, Catedrática de Universidad, Universidad CEU Cardenal Herrera

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Cuando buscamos cómo prevenir el deterioro cognitivo solemos pensar en leer, jugar al ajedrez o hacer sudokus. También en seguir una dieta sana, controlar el colesterol o mantener la tensión arterial en valores recomendados. Todos estos factores son conocidos protectores de demencia y respaldados por la evidencia científica. No son los únicos. Existen otros, mucho menos conocidos, que también parecen influir en la salud cerebral. Por ejemplo, tener un propósito en la vida.

No se trata de una idea filosófica ni de una actitud positiva con tintes de autoayuda y sin base científica: numerosos estudios han estudiado cómo se relaciona con la demencia. Sus resultados muestran que las personas que sienten que su vida tiene un sentido, tienen objetivos personales y conservan la ilusión por proyectos futuros presentan un menor riesgo de deterioro cognitivo, depresión e incluso mortalidad.

¿Qué entendemos por propósito en la vida?

En investigación, el concepto “propósito en la vida” (PIL, del inglés purpose in life) hace referencia a la percepción de que nuestra vida tiene un significado y una dirección.

Esto no depende necesariamente de la edad, la situación económica o el estado de salud. Tampoco implica estar siempre feliz (eso es imposible). Se acerca mucho al famoso ikigai japonés: encontrar aquello que da sentido a nuestra existencia y nos impulsa a vivir con ilusión cada día.

Una persona con un elevado propósito vital tiene razones para levantarse cada mañana, mantiene intereses, participa en actividades y percibe que sigue aportando algo a quienes la rodean. En otras palabras, se siente útil.

Y, como apuntábamos más arriba, esa actitud reduce el riesgo de demencia y es una prometedora vía para proteger la salud cognitiva.

Aunque todavía no conocemos todos los mecanismos implicados, se han propuesto varias hipótesis. Un mayor propósito podría reducir el estrés crónico, favorecer una mejor regulación hormonal, disminuir procesos inflamatorios y aumentar la reserva cognitiva –capacidad para compensar los cambios asociados al envejecimiento–.

¿Cómo se estudia científicamente?

Para investigarlo no basta con preguntar a una persona si se siente feliz. El significado se define como la capacidad de dotar de contenido a la propia vida. Este concepto ha evolucionado desde su primera propuesta y abarca tres dimensiones diferentes: cognitiva (coherencia); motivacional (propósito); y afectiva (compromiso).

Los investigadores utilizan cuestionarios validados, como el “test de propósito en la vida” (del inglés, purpose in life test), desarrollado a partir de la logoterapia del neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco Viktor Frankl. Se trata de una prueba que permite cuantificar hasta qué punto una persona percibe que su vida tiene sentido y mantiene objetivos personales.

Gracias a estas herramientas es posible analizar la relación entre el propósito vital y distintos indicadores de salud. Es lo que hicimos en un trabajo publicado en 2022.

Desde el equipo de la Cátedra DeCo para el Estudio del Deterioro Cognitivo estudiamos a personas que empezaban a notar fallos de memoria, sin tener diagnóstico de deterioro cognitivo. Esta es una etapa en la que la prevención aún puede marcar la diferencia. Observamos que quienes presentaban un mayor propósito vital obtenían mejores resultados cognitivos.

Nuestros resultados no demuestran que aumentar el propósito vital prevenga el deterioro cognitivo, pero sí apoyan la idea de que los factores psicológicos y los estilos de vida forman parte de un mismo entramado que influye en la salud cerebral.

¿Se puede cultivar el propósito?

La buena noticia es que el propósito vital no es una característica fija, sino que puede fortalecerse a cualquier edad. Mantener proyectos personales, participar en actividades de voluntariado, aprender nuevas habilidades, conservar relaciones sociales, cuidar de otros o sentirse útil en la comunidad son algunas de las experiencias que contribuyen a reforzarlo.

En este sentido, la jubilación no debería entenderse como el final de una etapa activa, sino como una oportunidad para iniciar nuevos proyectos.

Mover el cuerpo también fortalece el propósito de vivir

Las personas más activas son también quienes muestran un mayor sentido de propósito. Esto sugiere que mantenerse activo no solo beneficia al cuerpo, sino también a la motivación, el bienestar y las ganas de seguir disfrutando de la vida.

Así, en otro estudio observamos que, a medida que aumenta la actividad física, mejoran distintos recursos psicológicos. Según nuestros resultados, el propósito en la vida sobresale por encima del resto.

Por estos motivos, debería considerarse como uno de los pilares del envejecimiento saludable.

La evidencia científica empieza a señalar que conservar un propósito en la vida podría formar parte de ese conjunto de factores protectores. Quizá cuidar el cerebro no consista únicamente en añadir años a la vida, sino también en seguir encontrando motivos para vivirlos con ilusión.

The Conversation

Lucrecia Moreno Royo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Tener un propósito en la vida también ayuda a mantener la salud cerebral – https://theconversation.com/tener-un-proposito-en-la-vida-tambien-ayuda-a-mantener-la-salud-cerebral-289110

Con el gasóleo disparado, para qué puede servir que el BCE suba los tipos (y para qué no)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort (Alemania). nitpicker/Shutterstock

Cuando se incrementa el precio de la energía, los bancos centrales tienen un problema: subir los tipos enfría la economía pero no produce petróleo, gasóleo ni capacidad de refino. Si se espera que el encarecimiento sea transitorio, pueden aceptar el salto del IPC y esperar a que se disipe. El problema es que la capacidad de refino tarda años en reponerse.

El Consejo de Gobierno del BCE decide este jueves si sube los tipos para la eurozona, tras mantenerlos en el 2,25 % el pasado mes de julio. Los mercados dan casi por descontada una subida de 25 puntos básicos y el Brent vuelve a rondar los 100 dólares al mantenerse los ataques entre Estados Unidos e Irán, y con Ormuz todavía bloqueado.

La lectura automática es que un shock energético exige endurecer la política monetaria. Pero un detalle cambia el diagnóstico: pese al desplome del crudo de los últimos meses, el gasóleo no ha bajado por la subida de los márgenes de refino. Ese margen tampoco ha cedido ahora que el crudo vuelve a subir. Los inventarios de destilados cerraron agosto un 14 % por debajo de su media de cinco años. El cuello de botella ya no está solo en el pozo, sino en la capacidad de convertir crudo en gasóleo.




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Sobra petróleo en los mercados pero faltan refinerías, por eso no baja el precio del gasóleo


Una tormenta sobre un sistema sin colchón

Ante un shock energético transitorio, la teoría monetaria no prescribe necesariamente una subida de tipos. Puede ser óptimo aceptar un incremento en los precios en vez de provocar una caída en la actividad económica. El BCE lo formula con más matices: importan el origen, la magnitud y la persistencia de la presión inflacionaria, y un shock de oferta (un cambio repentino e inesperado que altera la capacidad de producción o los precios) exige, en principio, una respuesta más medida que uno de demanda.

Aunque la causa inmediata sí es bélica (hay plantas en Oriente Medio que siguen afectadas, las rusas encajan ataques ucranianos y Moscú llegó a suspender sus exportaciones de diésel), el golpe ha caído sobre un sistema con poca holgura porque, al verse afectado el refino, la corrección es más lenta. En Estados Unidos, dos cierres de refinerías en 2025 eliminaron alrededor de 400 000 barriles diarios y Europa lleva años cerrando y reconvirtiendo plantas. Sin colchón de refino, cada avería o parada se traslada con mucha más fuerza al precio.

Se siguen construyendo refinerías

Eso no significa que el mundo haya dejado de construir refinerías. La Agencia Internacional de la Energía prevé 4,2 millones de barriles diarios de nueva capacidad mundial hasta 2030, sobre todo en Asia y Oriente Medio. Europa, por su parte, tiene un problema geográfico y de calendario: una refinería tarda años en construirse y necesita décadas para amortizarse, mientras que con la transición energética se presupone una caída estructural de la demanda. Más que decir que la transición crea la escasez, conviene hablar de un riesgo de secuencia: la de retirar la capacidad antes de que desaparezca la demanda.

El sector del refino reacciona exprimiendo sus plantas, desviando la producción hacia los derivados más rentables o aplazando las labores de mantenimiento. También se pueden reincorporar plantas dañadas, aumentar las importaciones o hacer pequeñas ampliaciones. Pero reconstruir un sector local a medio desmantelar es lento, intensivo en capital y arriesgado económicamente hablando.

El riesgo de apretar demasiado

Frente a esas circunstancias, los tipos son un instrumento romo. La demanda de carburante es muy rígida: los estudios para España y la UE muestran que si el precio sube un 10 %, el consumo apenas cae entre medio punto y punto y medio. El margen de refino baja cuando aumenta la oferta efectiva de productos refinados respecto de la demanda. El tipo de interés actúa sobre todo sobre este último término: para abaratar el gasóleo mediante la política monetaria hay que destruir demanda (subiendo los tipos) hasta hacerla encajar con una oferta escasa.

Además, encarecer el crédito no es neutral para la oferta futura. Un modelo teórico muestra que ante una perturbación en la oferta, un endurecimiento que deprima la inversión puede reducir la productividad y prolongar parte de la presión en los costes.

Lo que sí está en su mano

Esto no significa que el BCE deba quedarse quieto: debe precisar para qué sirven sus medidas. La persistencia juega en dos sentidos: cuanto más dura el cuello de botella, menos pueden los tipos eliminar su causa física, pero más tiempo tiene el encarecimiento para propagarse. El problema monetario aparece cuando se produce el efecto contagio y el shock comienza a afectar a los salarios, la fijación general de precios y las expectativas de los consumidores.

Ahí sí puede actuar el BCE explicando que una subida en los precios provocada inicialmente por el encarecimiento del refino no demuestra por sí sola que haya inflación persistente. Así, evita que hogares y empresas extrapolen la situación al negociar salarios, márgenes y contratos. Christine Lagarde, presidenta del BCE, lo resumió en marzo al señalar que la política monetaria no puede bajar los precios de la energía, pero sí debe identificar cuándo empiezan a desbordarse hacia una inflación generalizada.

También puede reconocer lo que no le corresponde. Los instrumentos contra una escasez física están en otras manos: permisos, mantenimiento, decisiones sobre cierres y reconversiones, diversificación de suministros y una política de demanda que reduzca el consumo al ritmo al que se retira la oferta. Un banco central que subraya sus límites evita que se le exija lo imposible.

Subidas de precios

Los datos de agosto lo ilustran bien. La inflación de la eurozona saltó al 3,3 %, con la energía subiendo un 14,3 %. Pero la inflación subyacente (que no toma en cuenta los precios de la energía ni de los alimentos frescos) fue del 2,4 %, y la inflación solo sin considerar los precios de la energía se mantuvo en el 2,2 %.

En España, el IPC subió al 4,3 % empujado por los carburantes, mientras que la inflación subyacente fue del 2,9 %.

Un análisis del BCE publicado el 1 de septiembre concluye que, hasta mayo, el repunte de inflación de 2026 se explicaba casi enteramente por shocks adversos de oferta energética.

La distinción no es académica. El desacuerdo ya no consiste tanto en decidir si el shock es de oferta como en juzgar cuánto durará y hasta dónde se propagará. La mayoría de expertos esperan una subida en septiembre y después una pausa.

Un seguro, no un remedio

El BCE puede evitar que el problema se extienda pero no puede fabricar la capacidad de refino que falta.

Con los datos de agosto, una subida del 0,25 % puede defenderse como un seguro contra un contagio que aún parece limitado. Pero eso no justifica una secuencia automática de subidas mientras el IPC general siga alto: el remedio debe calibrarse contra la propagación del shock, no contra el precio del gasóleo que lo originó.

El precio del crudo volverá a bajar cuando la geopolítica y la oferta lo permitan, pero el margen de refino no tiene por qué ir al mismo ritmo. Ninguna decisión tomada en Fráncfort levanta una refinería: su función es impedir que un cuello de botella industrial termine reescribiendo los salarios, los precios y las expectativas de toda la economía europea.

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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Con el gasóleo disparado, para qué puede servir que el BCE suba los tipos (y para qué no) – https://theconversation.com/con-el-gasoleo-disparado-para-que-puede-servir-que-el-bce-suba-los-tipos-y-para-que-no-291518

Los resultados de PISA preocupan, pero ¿podemos culpar a la IA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Margarida Romero, Research associate, Universitat Internacional de Catalunya; Université Côte d’Azur; Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA – CSIC)

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Cuando los resultados PISA bajan en buena parte de los países europeos, la tendencia de las familias, los docentes y la sociedad es buscar un culpable. ¿Y si la caída fuera culpa de la inteligencia artificial?

Los datos de PISA 2025 son preocupantes. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de los países de la OCDE ha disminuido 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura, una caída considerable, del orden de un año de escolarización. Aún más preocupante es que el 20 % de los jóvenes de 15 años se sitúan actualmente por debajo del nivel básico en estas competencias, frente al 16 % en 2022.

Pero antes de señalar a la inteligencia artificial (IA) como culpable, hay que observar la cronología de la caída de los resultados.

La OCDE señala que este deterioro forma parte de una tendencia que ya era observable antes de la pandemia de covid-19 y, por tanto, mucho antes de la generalización de la IA generativa.

En comprensión lectora, la disminución de la lectura por placer ha coincidido con un empeoramiento de los resultados, y el último informe alerta de un aumento de los alumnos que responden a los textos de forma rápida pero incorrecta. De hecho, las dificultades son especialmente importantes ante textos largos y tareas que exigen una atención sostenida. Entre los factores que pueden contribuir a explicar esta tendencia, la OCDE señala una menor exposición a textos largos, unas prácticas de lectura digital más breves y fragmentadas y, en general, un entorno atencional menos favorable a la lectura profunda y sostenida.

La IA no explica las diferencias entre países

Las diferencias entre países son importantes. En 2025, la media de la OCDE se sitúa en 482 puntos en ciencias, 461 en lectura y 463 en matemáticas. España obtiene, respectivamente, 477, 451 y 457 puntos y, entre 2022 y 2025, pierde 7 puntos en ciencias, 23 en lectura y 16 en matemáticas. En cambio, sistemas como Singapur, Japón, Corea o Estonia se sitúan claramente por encima de la media de la OCDE en las tres áreas.

Entre los sistemas con mejores resultados encontramos estrategias de integración de la IA muy diferentes. Japón es el país donde una mayor proporción de alumnos declara no haber utilizado nunca o casi nunca chatbots de IA para las actividades escolares, y Estonia también presenta una frecuencia de uso relativamente baja. En cambio, el caso de Singapur muestra que un uso elevado de la IA es compatible con resultados educativos muy altos cuando se inscribe en un ecosistema educativo estructurado, con usos pedagógicos bien definidos.

Así, a pesar de seguir estrategias muy diferentes en cuanto a la integración de la IA, Japón, Estonia y Singapur obtienen resultados elevados.

La cuestión de la IA para el aprendizaje radica, sobre todo, en sus usos. Un indicador especialmente revelador es la distracción digital: mientras que el 28 % de los alumnos de la OCDE afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias, esta proporción es inferior al 10 % en Japón, Corea y diversas jurisdicciones chinas. Proteger los espacios de atención y de esfuerzo cognitivo es, por tanto, un reto fundamental para favorecer un uso educativo adecuado de la tecnología.

Entre el uso moderado y la dependencia de la IA

PISA 2025 muestra hasta qué punto la IA se ha incorporado rápidamente a las actividades de aprendizaje. Solo un 14 % de los alumnos de los países de la OCDE declara no haber utilizado nunca o casi nunca un chatbot de IA para ninguna de las cuatro actividades analizadas. El uso más frecuente es para “ayudarme a aprender”, seguido de la búsqueda preliminar de información, la redacción de textos y el resumen de lecturas.

Los alumnos que declaran no utilizar IA tienden a obtener mejores resultados que quienes la utilizan, pero la OCDE advierte que esta asociación no permite establecer una relación causal. Por ejemplo, algunos alumnos pueden recurrir más a la IA precisamente porque tienen mayores dificultades. Además, para resumir textos o realizar búsquedas preliminares, los usuarios moderados, que utilizan la IA entre una vez al mes y dos veces por semana, obtienen mejores resultados que tanto los usuarios muy ocasionales como quienes la utilizan casi a diario.

Diversidad en la calidad de los usos de la IA en educación

Si bien la IA permite delegar esfuerzos cognitivos necesarios para el aprendizaje, como resumir, escribir, argumentar o resolver problemas, también puede actuar como andamiaje cuando ofrece una pista, una explicación o una retroalimentación que permite seguir pensando. Por tanto, es necesario diferenciar los usos que sustituyen el esfuerzo cognitivo de aquellos que contribuyen a sostenerlo y favorecen un aprendizaje más personalizado. El modelo #ppAI6 permite distinguir estos diferentes niveles de uso, desde la delegación excesiva a la IA hasta usos creativos y transformadores.

Los datos PISA no permiten atribuir a la IA la caída de los resultados, ya que esta tendencia había comenzado antes de su generalización, pero sí refuerzan una idea importante: la manera en que se utiliza la IA importa.

En un mundo en el que obtener una respuesta es cada vez más fácil gracias a la inteligencia artificial, aprender sigue exigiendo pensar, mantener el esfuerzo cognitivo y regularlo ante tareas complejas. Entre los múltiples retos actuales del sistema educativo, es necesario ayudar a los alumnos a regular el uso que hacen de la IA, tanto dentro como fuera del aula, para que esta tecnología acompañe el esfuerzo de aprender en lugar de sustituirlo. Esto requiere también construir una cultura compartida del esfuerzo entre la escuela, las familias y los propios alumnos.

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Margarida Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los resultados de PISA preocupan, pero ¿podemos culpar a la IA? – https://theconversation.com/los-resultados-de-pisa-preocupan-pero-podemos-culpar-a-la-ia-291585

¿Por qué se desploma la comprensión lectora en el informe PISA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

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Los resultados de PISA suelen concentrar la atención en una cifra y en la posición que ocupa cada país en una clasificación internacional. Sin embargo, para analizar la evolución de la comprensión lectora, resulta más relevante observar la tendencia que un resultado aislado.

Y la tendencia de España merece atención. En 2025, el alumnado español de 15 años ha obtenido 451 puntos en comprensión lectora, frente a los 474 puntos de 2022. Son 23 puntos menos en solo tres años y 45 puntos menos que en 2015, cuando España alcanzó los 496. Se trata, además, del resultado más bajo de toda la serie histórica española.

Hay, adicionalmente, una cautela metodológica que conviene tener en cuenta al interpretar estos resultados. En Cataluña, la proporción de alumnado excluido dentro de los centros pasó del 5,6 % en 2022 al 23,2 % en 2025, un porcentaje muy superior al estándar establecido por PISA. Por este motivo, la OCDE no presenta resultados específicos para Cataluña y advierte de que los elevados niveles de exclusión probablemente introducen un sesgo al alza en sus resultados.

La perspectiva temporal permite observar la tendencia a la baja. España obtuvo 493 puntos en lectura en el primer estudio PISA, realizado en el año 2000. Desde entonces, los resultados han experimentado diferentes oscilaciones: 481 puntos en 2003, 461 en 2006, una recuperación progresiva hasta los 496 puntos de 2015 y, posteriormente, un descenso que sitúa el resultado actual en 451 puntos.

No estamos, por tanto, ante un descenso puntual. Los datos apuntan a una tendencia de deterioro del rendimiento lector, especialmente clara durante la última década.

Un descenso de la comprensión lectora en toda Europa

Ahora bien, sería un error interpretar este fenómeno como exclusivamente español.

La comprensión lectora también ha empeorado de manera significativa en numerosos países de la OCDE. La puntuación media de los países de la organización ha pasado de 489 puntos en 2015 a 461 en 2025, lo que supone una disminución de 28 puntos. Además, entre 2018 y 2025, 56 de los 74 países y economías con datos comparables experimentaron un descenso significativo en lectura.

España presenta un resultado especialmente preocupante —451 puntos, por debajo de la media de la OCDE—, pero forma parte de una tendencia más amplia que afecta a sistemas educativos muy diferentes entre sí.

No se trata únicamente de preguntarnos qué está ocurriendo en el sistema educativo español, sino también de intentar comprender los cambios en la relación de los adolescentes con la lectura, la información y el aprendizaje.

¿Qué mide realmente PISA cuando habla de comprensión lectora?

Para PISA, la competencia lectora implica comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre los textos para alcanzar objetivos, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad. Sus tareas no se limitan a localizar información: también exigen relacionar diferentes elementos, realizar inferencias, interpretar información y valorar tanto el contenido como la credibilidad de las fuentes.

Los resultados de 2025 muestran, además, que no todos los niveles de comprensión presentan la misma dificultad. En España, el 68 % del alumnado alcanza al menos el nivel 2, considerado el nivel básico de competencia lectora, mientras que solo el 2 % alcanza los niveles 5 o 6, frente al 6 % de media de la OCDE.

La diferencia entre ambos extremos es importante: comprender un texto y localizar información explícita no requiere los mismos procesos que integrar información dispersa, realizar inferencias o evaluar críticamente aquello que se lee.

Por tanto, cuando hablamos de un descenso en comprensión lectora, no deberíamos interpretar simplemente que los adolescentes “no saben leer”. La dificultad puede encontrarse en niveles más complejos de la comprensión: mantener información relevante, relacionarla, inferir, evaluar y reflexionar sobre lo leído.

No solo comprenden menos: también parece que leen de otra manera

Además de disminuir el rendimiento, parece estar cambiando la manera en que algunos estudiantes afrontan las tareas de lectura. La OCDE identifica, a partir del comportamiento durante la prueba, diferentes perfiles de lectores. Entre ellos están los lectores precisos y fluidos y los que leen de forma rápida pero cometen más respuestas incorrectas (hasty readers). Entre 2018 y 2025, estos últimos aumentaron en el conjunto de la OCDE del 6,6 % al 11,4 %, mientras que disminuyó la proporción de lectores precisos y fluidos.

Para PISA, una lectura competente implica localizar información cuando es suficiente con hacerlo, pero también detenerse, relacionar ideas, realizar inferencias, revisar la propia interpretación y evaluar la información cuando la tarea lo requiere.

Atención, persistencia y profundidad

Explicar el descenso de la comprensión lectora exige poner en relación los resultados PISA con la investigación disponible sobre hábitos lectores, atención, uso de dispositivos, condiciones sociales y procesos de aprendizaje.

En primer lugar, los hábitos lectores están cambiando. Los adolescentes continúan leyendo, pero cada vez lo hacen más en entornos digitales y con finalidades diferentes. La lectura de textos breves, funcionales y fragmentados convive con otras formas de lectura más sostenida y de lectura por placer. De hecho, los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España contradicen la idea de que los jóvenes no leen: en 2025, el 76,9 % de las personas de entre 14 y 24 años declaró leer libros por ocio, lo que convierte a este grupo en el más lector de España.

En segundo lugar, aparece la cuestión de la atención sostenida. Comprender un texto complejo requiere mantener información, relacionarla, volver atrás cuando es necesario y dedicar tiempo a construir una interpretación. El aumento de respuestas rápidas e incorrectas observado por PISA plantea la posibilidad de que una parte del problema tenga que ver con la dificultad para mantener ese esfuerzo cognitivo.

En tercer lugar, están las pantallas y la lectura digital. La evidencia no permite afirmar que las pantallas sean, por sí mismas, perjudiciales. El efecto depende del uso: PISA 2025 encuentra diferencias importantes entre un uso moderado y orientado al aprendizaje y un uso recreativo o excesivo durante el tiempo escolar.

En cuarto lugar, las desigualdades socioeconómicas siguen teniendo un peso importante. El entorno familiar y social condiciona las oportunidades de acceso a experiencias lingüísticas, culturales y lectoras enriquecedoras, aunque no determina por sí solo el rendimiento.

En quinto lugar, la pandemia forma parte del contexto y pudo intensificar las dificultades de aprendizaje, pero no explica por sí sola una tendencia que la propia OCDE detecta que comenzó antes de la pandemia en numerosos países.

Y, finalmente, hay que considerar la motivación, el disfrute de la lectura y la disposición a realizar un esfuerzo sostenido. Leer textos complejos no siempre resulta inmediato ni sencillo; requiere perseverancia y una relación positiva con la lectura.

La investigación reciente respalda la relación entre comprensión lectora y distintas funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo, la inhibición, la flexibilidad cognitiva y el control atencional. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que analiza 60 estudios y 275 tamaños de efecto, encuentra una asociación significativa entre el funcionamiento ejecutivo y el rendimiento lector.
Comprender un texto complejo exige coordinar varias de estas funciones: mantener y actualizar información relevante, inhibir aquella que no lo es, cambiar de estrategia cuando resulta necesario, sostener la atención y supervisar continuamente si estamos comprendiendo. Por ello, una hipótesis que merece ser explorada es si parte de las dificultades actuales en comprensión lectora tienen que ver con el esfuerzo cognitivo que requiere sostener y coordinar todas estas operaciones.

Probablemente no haya una respuesta única. La cuestión es cómo se combinan estos factores y hasta qué punto están transformando nuestra manera de leer y de aprender. Los patrones observados no apuntan a un único grupo ni a una única explicación; la caída es tan generalizada que ninguna hipótesis sencilla parece suficiente.

Quizá el reto sea garantizar que los jóvenes sigan disponiendo de las condiciones necesarias para leer con atención, sostener la información, relacionarla, cuestionarla y construir significado a partir de ella.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué se desploma la comprensión lectora en el informe PISA? – https://theconversation.com/por-que-se-desploma-la-comprension-lectora-en-el-informe-pisa-291496

Chips neuromórficos, neuronas digitales que procesan y guardan información

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

El chip NeuRRAM, un circuito neuromórfico diseñado en la Universidad de California en San Diego. CC BY-SA

Muchos de los sistemas asociados a las inteligencias artificiales actuales calculan, mueven datos y consumen energía de forma casi permanente. Los grandes modelos necesitan centros de datos, procesadores especializados, memoria de alto rendimiento, refrigeración y enormes cantidades de electricidad –se calcula que gastarán 945 TWh, en 2030 (para ponerlo en contexto, España consumió 256 TWh de energía en 2025)–.

La pregunta ya no es solo cómo construir una IA más potente. El reto, especialmente en tiempos de crisis energética, es cómo construir una IA que no tenga que gastar tanto para parecer inteligente. Aquí entran en escena los chips neuromórficos, circuitos inspirados en el cerebro que no intentan calcularlo todo todo el tiempo; solo se activan ante señales relevantes.

El cerebro no calcula como un portátil

Un chip neuromórfico es un circuito diseñado para imitar algunos principios básicos del sistema nervioso. No es un cerebro en miniatura; no siente, no piensa ni va a despertar un día preguntándose quién lo ha fabricado. Lo que hace es tomar prestadas ciertas estrategias biológicas: neuronas que se activan cuando reciben suficiente señal, conexiones parecidas a sinapsis –zona de conexión y comunicación entre dos neuronas–, comunicación mediante impulsos y procesamiento distribuido –utiliza un gran número de ordenadores organizados en una infraestructura de telecomunicaciones distribuida–.

Hay una gran diferencia con un ordenador convencional. En la arquitectura clásica, memoria y procesador están separados. Los datos se guardan en un lugar y se calculan en otro, por eso, cada operación obliga a mover información de ida y vuelta. Ese tráfico consume energía, genera calor y limita la velocidad.

Sin embargo, el cerebro trabaja de otra manera. En una red neuronal biológica, memoria, procesamiento y comunicación están mucho más entrelazados y las neuronas no están todas activas todo el tiempo; muchas permanecen en silencio hasta que reciben una señal significativa.

IA que actúa solo si es necesario

Una de las aportaciones centrales de esta tecnología son las redes neuronales de impulsos. En lugar de transmitir información de forma continua, estas redes envían señales discretas: el chip se activa cuando ocurre algo relevante y permanece inactivo cuando no hay nada importante que procesar.

Imagine aplicar esto en una cámara de seguridad. Un sistema convencional puede analizar fotograma a fotograma, aunque la escena apenas cambie. Una cámara neuromórfica, en cambio, podría centrarse en eventos: un movimiento, una sombra, una variación de luz. No necesita “mirarlo todo” con la misma intensidad todo el tiempo. Solo procesa el cambio.

Por eso, esta tecnología es atractiva para sensores, robots, dispositivos médicos, audífonos, drones, vehículos autónomos o sistemas industriales, ya que puede ser muy eficaz en tareas donde importan la autonomía, la baja latencia y el consumo reducido.

Sinapsis electrónicas

En este contexto, los memristores son dispositivos capaces de “recordar” su estado eléctrico anterior que se utilizan para imitar, de forma muy simplificada, el comportamiento de una sinapsis.

En una sinapsis biológica, la conexión entre neuronas transmite señales y participa en el aprendizaje y la memoria. Los memristores intentan trasladar esa lógica al mundo electrónico. En vez de separar radicalmente almacenamiento y procesamiento, son componentes que hacen ambas cosas en el mismo lugar.

Esto, además, tiene una ventaja añadida: la privacidad. Si un dispositivo puede interpretar ciertos patrones sin mandar continuamente información a servidores externos, se reduce la exposición de datos sensibles.

Primeros pasos en la industria y los centros de investigación

La computación neuromórfica no es una fantasía aislada en laboratorios. Intel lleva años investigando esta vía con Loihi 2, un chip neuromórfico de investigación. También, ha desarrollado Lava, un marco abierto para programar aplicaciones neuromórficas. Por su parte, IBM, con NorthPole, explora otra ruta: integrar memoria y cálculo dentro del propio chip para mejorar la eficiencia en tareas de inferencia –que extraen información implícita a partir de patrones, textos o imágenes–.

Estos chips no necesariamente usarán obleas de silicio tradicionales. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Cambridge han trabajado hace poco con materiales basados en óxido de hafnio para crear memristores estables y de bajo consumo.

¿Sustituirán a la tecnología actual?

Esta tecnología no va a sustituir en el corto plazo a los procesadores GPU que entrenan grandes modelos de lenguaje, ni formará parte de cerebros artificiales en los móviles que compremos las próximas navidades. Esos escenarios aún están lejos.

Su potencial inmediato está en la IA en el borde o edge AI, que funciona en el propio dispositivo del usuario, sin enviar todos los datos a la nube. Las aplicaciones donde tiene más sentido son aquellas que necesitan responder rápido, consumir poco y procesar datos localmente. Por ejemplo, en un parche médico que monitoriza señales corporales, un audífono que filtra sonidos, un robot que se mueve por un hospital o un sensor industrial que detecta fallos.

La eterna promesa con límites muy acotados

Durante años, la computación neuromórfica fue una promesa elegante, pero difícil de llevar al mercado. Hoy hay prototipos y artículos científicos, aunque programar estos sistemas no es sencillo. Faltan estándares y pasar del laboratorio a la fabricación masiva puede llevar años.

En el futuro, probablemente, serán una pieza más dentro de un ecosistema de hardware que cada vez es más diverso: GPU, aceleradores especializados, chips de memoria, sensores inteligentes y memristores.

La pregunta más interesante no es si reemplazarán a todo lo demás, sino en qué tareas serán mejores.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI.

– ref. Chips neuromórficos, neuronas digitales que procesan y guardan información – https://theconversation.com/chips-neuromorficos-neuronas-digitales-que-procesan-y-guardan-informacion-282691

¿Frustrado con su banco? Por qué la IA es mejor que las encuestas para entender las quejas de los clientes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Segovia Vargas, Profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Complutense de Madrid

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Todos nos hemos visto en la misma situación: tras una llamada telefónica con nuestro banco para solventar un problema, una voz automatizada nos pide que respondamos a una breve encuesta (por ejemplo: “¿Recomendaría nuestro servicio a un familiar o conocido? Responda del 1 al 10”).

Esta aparente simple pregunta es en realidad una métrica, el Net Promoter Score o índice de promotores neto (NPS). Junto con los cuestionarios tradicionales, es el modo más habitual en que los bancos miden la satisfacción de sus usuarios.

Sin embargo, es un procedimiento muy limitado para reflejar la experiencia real del cliente. No capta las emociones, los matices ni los verdaderos motivos de frustración o satisfacción que espontáneamente surgen en las llamadas.

Ahora, en un contexto en el que la inteligencia artificial está en todo su apogeo, es posible mejorar las estrategias de marketing mediante el análisis masivo de conversaciones telefónicas reales.

‘Valore del 1 al 10’: un modelo agotado

Los productos bancarios están cada vez más estandarizados y son más accesibles digitalmente. Por tanto, la ventaja competitiva de una entidad ya no depende tanto de sus productos sino de la calidad de su servicio. Se estima que las malas experiencias en la atención explican aproximadamente el 20 % del abandono de clientes en este sector.

El carácter estático de las métricas limita el proceso de medición de la satisfacción de los clientes, pues se pierde la interacción entre el usuario y el banco. Además, hay un sesgo de auto-selección, pues estas encuestas suelen reflejar las percepciones de una pequeña proporción de clientes (los muy satisfechos o los extremadamente enfadados).

Los primeros modelos de análisis de texto (que procesan y extraen información de valor de grandes volúmenes de datos lingüísticos no estructurados) tampoco han resuelto el problema, ya que se pierde la riqueza lingüística de las personas, reduciéndola a etiquetas cerradas como “Satisfecho” o “Insatisfecho”, y no captan el contexto de la queja.




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‘Escucha’ a gran escala: aprendizaje automático e IA generativa

Hemos creado un modelo de análisis de la experiencia de clientes bancarios combinando el aprendizaje competitivo con la inteligencia artificial generativa cuyo funcionamiento se divide en tres etapas:

  1. Las transcripciones de texto de las llamadas telefónicas se limpian de ruidos (como muletillas o risas) y anonimizan para cumplir con la normativa de privacidad de datos del sector bancario.

  2. El sistema organiza las conversaciones en grupos temáticos de forma automatizada y transparente mediante un algoritmo de aprendizaje competitivo.

  3. Se aplica un modelo de IA generativa de generación aumentada por recuperación (que le permite buscar información actualizada, reduciendo errores y aportando datos precisos) y reordenación semántica (que le permite entender el contexto y la intención del lenguaje humano).

Estas herramientas permiten que los analistas interroguen al sistema haciendo preguntas en lenguaje natural. Por ejemplo: “¿Cuáles fueron los principales motivos de insatisfacción este mes?”. También, pueden recibir al instante respuestas detalladas basadas directamente en la evidencia de las llamadas reales.

Aplicamos nuestra herramienta a 10 062 406 de conversaciones telefónicas entre clientes y agentes, recogidas mensualmente por una institución financiera durante dos años.

Menos quejas, más autonomía y más eficiencia

¿Qué mejora nuestro modelo cuando analiza millones de horas de conversación? Básicamente, la capacidad de extraer las necesidades explícitas de los usuarios. No solo diagnostica el descontento, sino que proporciona el conocimiento para erradicarlo.

Detecta con precisión los problemas reales que llevan al cliente a llamar a la entidad. Así, los analistas bancarios pueden rediseñar las aplicaciones móviles y los canales digitales para poder reducir las quejas.

A continuación, exponemos de manera gráfica un ejemplo de la interfaz sobre cómo se pregunta y se genera la respuesta:

Se puede observar su gran capacidad de detectar aquellos problemas que provocarían llamadas recurrentes a los centros de atención al cliente. Esto permite rediseñar más eficientemente los servicios digitales y las funcionalidades de autoservicio. De este modo, se fomenta la autosuficiencia del cliente al permitirle resolver sus gestiones de forma independiente y sencilla. Al reducir su esfuerzo, aumenta drásticamente la lealtad y confianza del usuario hacia su entidad.

Además, la retroalimentación continua del sistema permite que los bancos identifiquen nuevos problemas, se anticipen a la insatisfacción y diseñen y rediseñen intervenciones específicas. Así, se mejora tanto la eficiencia operativa como la calidad de la relación. Todo esto provoca nuevamente una reducción significativa de llamadas telefónicas asistidas. Como resultado, se disminuye sensiblemente tanto la carga de trabajo de los agentes como los costes operativos para la empresa.

Más de diez millones de llamadas

La efectividad de la herramienta se demostró con una doble auditoría. Primero, por analistas expertos que otorgaron al sistema puntuaciones sobresalientes (alrededor de 5 sobre un máximo de 5). Por otro lado, hicimos una validación cruzada para comparar las respuestas del modelo con las de otros sistemas de inteligencia artificial como Gemini y DeepSeek. Los niveles de coincidencia semántica fueron superiores al 90 % y 85 % respectivamente.

Además de los buenos resultados en términos de análisis de las respuestas de los clientes, nuestro sistema demostró una mejor eficiencia computacional, al reducir los tiempos de ejecución y los costes en la nube, alineándose con los objetivos de sostenibilidad energética de las organizaciones.

Con la integración del aprendizaje automático y los modelos lingüísticos, el futuro de la experiencia bancaria ya no se decidirá rellenando casillas del 1 al 10, sino escuchando con inteligencia lo que los clientes dicen.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Frustrado con su banco? Por qué la IA es mejor que las encuestas para entender las quejas de los clientes – https://theconversation.com/frustrado-con-su-banco-por-que-la-ia-es-mejor-que-las-encuestas-para-entender-las-quejas-de-los-clientes-287057

Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Nóblega Carriquiry, Profesora Asociada. Facultad de Economía y Empresa. UOC – Universitat Oberta de Catalunya, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Un patio escolar como a refugio climático naturalizado. Isabel Ruiz Mallén.

Las olas de calor han dejado de ser eventos puntuales del verano; ahora también se extienden a los meses de primavera y otoño, afectando a la vida en nuestras ciudades. Las superficies grises de asfalto y hormigón retienen y acentúan el calor, aumentando la incomodidad térmica de la población, aunque no afecta a todo el mundo por igual.

El Observatorio del Clima Europeo señala a la población infantil de barrios socioeconómicamente desfavorecidos como uno de los colectivos más vulnerables al aumento de las temperaturas. Es aquí donde hay que concentrar los esfuerzos para crear ciudades más equitativas y resilientes al calor.

Los niños y niñas son más vulnerables

La vulnerabilidad de la población infantil al calor extremo es mayor que la de los adultos. Principalmente, por dos razones.

De un lado, como señala el informe de UNICEF (2023) y corrobora el pediatra Ferran Campillo, el sistema termorregulador de los niños y niñas todavía es demasiado inmaduro para adaptarse de manera eficaz al calor extremo. Su tasa de sudoración es menor que la de los adultos y, por tanto, tienen menos capacidad para reducir la temperatura de su cuerpo. También producen más calor por kilogramo de peso, con una relación entre su superficie y su masa corporal más elevada. El riesgo de deshidratación en la infancia es, en consecuencia, mucho mayor.

Por otro lado, la infancia todavía no ha desarrollado plenamente las habilidades ni adquirido los conocimientos necesarios para protegerse del calor, y a menudo tampoco tiene la capacidad de disponer de los recursos necesarios para hacerlo. Un grupo de niños y niñas puede estar jugando a pleno sol sin pensar en beber agua o descansar a la sombra; o pueden tener la intención de hacerlo, pero no encontrar una fuente de agua potable o un árbol que les dé cobijo. Esta situación es, desgraciadamente, cotidiana en los patios escolares y en muchas zonas de juego del espacio público que no están adaptadas como refugios climáticos.

Cuando el calor no da tregua

En los barrios socioeconómicamente más desfavorecidos, esta vulnerabilidad adquiere una dimensión acumulativa, que se conoce como el ciclo de estrés térmico: sienten calor durante todo el día. Muchos niños y niñas de estos entornos sufren las altas temperaturas durante la noche en viviendas mal aisladas o climatizadas de forma deficiente, lo que dificulta su descanso. Durante el día, acuden a escuelas poco acondicionadas, donde los patios pavimentados actúan como auténticos hornos urbanos, superando los 35 °C. Por la tarde, la falta de zonas verdes en sus barrios les impide encontrar refugios climáticos exteriores.

Este ciclo no solo genera malestar físico. La evidencia demuestra que la fatiga cognitiva derivada de la exposición continuada al calor afecta al bienestar emocional, la atención y el rendimiento académico: a más días de calor intenso, menor ritmo de aprendizaje.

Hacia una adaptación climática basada en la naturaleza

Ante este escenario, las medidas tradicionales suelen ser reactivas e incrementales, como instalar sistemas de aire acondicionado que aumentan el consumo energético y generan más calor hacia el exterior. Al aire libre, se utilizan toldos o cubiertas temporales de plástico u otros materiales que a menudo acaban actuando como invernaderos en lugar de reducir la temperatura.

Para conseguir una verdadera adaptación transformadora, hay que reconfigurar los espacios y las infraestructuras urbanas desde la raíz de la vulnerabilidad. Aquí es donde entran en juego las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), entendidas como acciones que protegen los ecosistemas y amortiguan los impactos climáticos a la vez que generan beneficios sociales y medioambientales: más vegetación, sombra natural, suelo permeable o fuentes de agua.

Transformar los patios de hormigón en “patios vivos” o refugios climáticos y pacificar los entornos escolares con elementos naturales como las SbN permite reducir las temperaturas locales y crear entornos saludables y lúdicos.

Escuchar a los barrios, el profesorado y la infancia

Sin embargo, plantar vegetación o renaturalizar patios son soluciones que no garantizan por sí mismas resultados justos. Las SbN solo alcanzan su verdadero potencial transformador cuando incorporan explícitamente tres dimensiones clave de la equidad social:

  1. La distribución de espacios verdes en la ciudad o “equidad distributiva”, entendiendo que los beneficios deben llegar allí donde más se necesitan. Normalmente, las zonas verdes se concentran en los barrios de mayor renta (luxury effect). Una planificación justa debe priorizar la renaturalización de entornos y espacios escolares situados en los distritos con mayores índices de vulnerabilidad socioeconómica y menor cobertura vegetal.
¿Cómo adaptamos las ciudades al calor extremo? Tres proyectos de la UOC que van en esta dirección.
  1. Una gobernanza inclusiva del verde urbano o “equidad procedimental”, entendiendo que la toma de decisiones no debe ser un proceso exclusivamente tecnocrático. Diseñar y transformar un entorno o patio escolar requiere una gobernanza participativa e inclusiva, que involucre a la comunidad educativa en todas las fases del proyecto.

  2. El reconocimiento y la incorporación de la voz de la infancia en el diseño del verde urbano o “equidad de reconocimiento”, asumiendo que la infancia no debe ser vista simplemente como un sujeto pasivo al que proteger del calor, sino como un actor social con vivencias, necesidades y saberes propios. Reconocer cómo experimentan el calor implica integrar activamente sus perspectivas en la cocreación de los nuevos entornos renaturalizados.

Los colegios como motor de equidad urbana

Renaturalizar los patios de los centros educativos públicos transciende la mera regulación térmica y los límites físicos de los colegios. Los patios vivos se convierten en extensiones del aula donde realizar actividades educativas al aire libre y fomentar el juego libre e inclusivo durante y después del horario escolar. Cuando estos espacios se abren a la ciudadanía los fines de semana, refuerzan la cohesión comunitaria, ejerciendo como refugios climáticos para el barrio.

Transformar la ciudad a través de sus colegios no es una opción estética ni un lujo, sino una urgencia de salud pública y de justicia ambiental que garantiza el derecho a la ciudad y al bien común desde la infancia.

The Conversation

Isabel Ruiz Mallén ha recibido fondos del programa Horizon 2020 de la Unión Europea (101003758) y la Agencia Española de Investigación (PCI2022-132958, MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

Andrea Nóblega Carriquiry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios – https://theconversation.com/septiembre-infancia-y-calor-los-colegios-como-refugios-climaticos-de-los-barrios-291311

El laberinto burocrático de las devoluciones de migrantes: por qué España no puede expulsar sin más a quienes entran

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Regí Rodríguez, Profesor de Derecho Internacional Publico y de la Unión Europea, Universidad Francisco de Vitoria

Efectivos de la Guardia Civil desplegados en el puerto de Ceuta el pasado 31 de julio de 2026. Colinmthompson/Shutterstock

Los días 30 y 31 de julio entraron en Ceuta decenas de miles de personas. Unas llegaron a nado y otras cruzaron por accesos terrestres cuando los controles se vinieron abajo. La Guardia Civil ha confirmado 82 muertos y una ONG eleva el balance por encima de 140, contando los cuerpos recuperados en Marruecos. Muchos de los migrantes regresaron al país vecino en pocos días, pero varios miles siguen aún en Ceuta.

De ahí surge la pregunta: si entraron sin permiso, ¿por qué no se les devuelve sin más? Pues porque devolver no es un gesto policial. Es un procedimiento administrativo, con expediente y garantías. Y exige algo que no depende solo de España: que el Estado de destino acepte el retorno de la persona. En la frontera conviven, además, tres figuras jurídicas que el debate suele confundir.

Tres figuras fundamentales

  1. El rechazo en frontera es lo que se llama “devolución en caliente”. Existe desde 2015, y solo para Ceuta y Melilla, en la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería. Permite rechazar de inmediato a quien intenta superar los elementos de contención, sin abrir expediente –esto es, sin el procedimiento escrito en el que se identifica a la persona, se la escucha y se dicta una resolución que puede recurrirse–. El Tribunal Constitucional lo declaró conforme a la Constitución en su sentencia 172/2020, pero impuso condiciones: aplicación individualizada, control judicial, respeto de las obligaciones internacionales y atención reforzada a las personas vulnerables, en particular a los menores.

    El caso N. D. y N. T. contra España se invoca a menudo como si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo hubiera dado la razón a España, pero conviene precisar qué dijo.

    En 2014, dos migrantes que habían saltado la valla de Melilla junto a un grupo numeroso fueron devueltos inmediatamente a Marruecos, sin identificación ni examen individual. En 2017 una sala del citado tribunal condenó a España por expulsión colectiva, pero en 2020 la Gran Sala la absolvió: consideró que existían vías legales y efectivas para entrar y pedir protección, como el puesto fronterizo de Beni Enzar, y que los demandantes no las utilizaron, sino que optaron por saltar la valla en grupo y por un lugar no autorizado.

    Esa doctrina tiene un límite importante: solo funciona si tales vías existen y son realmente accesibles.

  2. La devolución es otra cosa. El artículo 58.3 de la Ley de Extranjería se aplica a quien pretende entrar ilegalmente. No exige expediente de expulsión, pero sí identificación, abogado, intérprete, audiencia, posibilidad de pedir protección internacional y resolución motivada y recurrible. Si no se ejecuta en 72 horas, mantener a la persona privada de libertad exige autorización judicial.

  3. La expulsión es una sanción por estancia irregular, con su propio expediente.

Cuál corresponde no puede decidirse en bloque: depende de cómo entró la persona y de cuándo y dónde fue localizada. De ese examen puede resultar una devolución, una expulsión, una solicitud de asilo, la protección de un menor o la detección de trata.

La sentencia que cambió el cálculo

El 29 de junio de 2026, el Tribunal Supremo resolvió el caso de un ciudadano argelino interceptado en el mar mientras nadaba hacia Ceuta y entregado a Marruecos. La resolución hizo una lectura literal de la norma: el rechazo en frontera se aplica a quien intenta entrar superando elementos de contención fronterizos. Como aquel hombre no había superado ninguno, correspondía la devolución con sus garantías, no el rechazo.

El Supremo añadió, sin embargo, que la norma podría aplicarse también en el mar si existieran elementos de contención marítimos y fueran superados.

Un mes después, la frontera se desbordó y ambos gobiernos señalaron a ese fallo. Aunque cuánto influyó es discutible, su efecto administrativo no: sin un elemento de contención que pueda ser superado, hay que tramitar la devolución individualmente.

Interior reaccionó deprisa. El 1 de agosto comenzó a instalar una barrera neumática y boyas de contención en el espigón del Tarajal. Con ellas crea precisamente el presupuesto físico que faltaba en el caso resuelto por el Supremo. Queda por ver qué ocurre con quien las rodee.

Plazos según los casos

Cuando todo encaja, un adulto interceptado al entrar ilegalmente en España puede estar de vuelta el mismo día. Basta que falle una pieza para que el calendario se alargue. La detención no puede superar 72 horas y, a partir de ahí, el internamiento requiere autorización judicial y puede llegar a 60 días.

El acuerdo bilateral de 1992 permite solicitar a Marruecos la readmisión de nacionales de terceros Estados llegados desde su territorio si la petición se cursa en diez días y se acredita esa procedencia. Sin identificación o documentación suficientes, el retorno se vuelve muy difícil. Si la persona pide protección internacional, la devolución se suspende. Y si es un menor, el acuerdo de 2007 da a España un mes para pedir el informe familiar y a Marruecos tres meses para identificarlo.

En 2025 la Unión Europea dictó 491 950 órdenes de salida y ejecutó 135 460 retornos a terceros países: menos del 28 % de las órdenes de salida dictadas.

Dónde se atasca

El primer cuello de botella es de la plantilla. Individualizar obliga a repetir por cada persona la identificación, el abogado de oficio, el intérprete, la audiencia y la resolución. Ceuta no llega a 90 000 habitantes y su colegio de abogados es pequeño. Multiplicar eso por miles desborda la estructura ordinaria.

El segundo es el reloj. Ceuta carece de centro de internamiento, y ni el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ni las instalaciones de acogida de urgencia cumplen esa función. Si el expediente no puede cerrarse a tiempo, la persona permanece en la ciudad mientras se tramita.

El tercero son los menores. A un menor no acompañado no se le expulsa ni se le devuelve como a un adulto. Queda bajo tutela, interviene el Ministerio Fiscal, debe ser escuchado y solo cabe repatriarlo cuando su interés superior quede garantizado mediante reunificación familiar o servicios de protección adecuados en origen.

En 2024 el Supremo declaró ilegales las devoluciones de menores desde Ceuta en 2021 por haberse prescindido del procedimiento, y habló de expulsión colectiva prohibida por el Convenio Europeo.

Qué cabe hacer

La primera tarea corresponde al legislador: aclarar el alcance del régimen especial en el perímetro marítimo e incorporar expresamente, en su caso, las garantías fijadas por el Constitucional. Una instrucción interna y unas boyas pueden resolver el problema operativo inmediato, pero no eliminan las dudas sobre el alcance de la norma.

Hay después un frente operativo. Un protocolo para llegadas masivas acordado con el Poder Judicial, la Fiscalía y la abogacía permitiría desplazar letrados e intérpretes en cuestión de horas. Individualizar no está reñido con ir deprisa cuando existen medios.

Queda por decidir qué capacidad de retención conforme a derecho necesita Ceuta. Sin ella, las 72 horas convierten cualquier plan de retorno masivo en una carrera contra el reloj. La nueva regulación europea sobre retorno, acordada provisionalmente este año por el Consejo y el Parlamento, tampoco elimina esas exigencias.

Nada de esto es un alegato contra el control de la frontera. Saltarse las garantías no resuelve nada: puede generar anulaciones, condenas y años de litigios, y deja intacta la dificultad operativa. La frontera no es un espacio sin derecho.

The Conversation

Jordi Regí Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El laberinto burocrático de las devoluciones de migrantes: por qué España no puede expulsar sin más a quienes entran – https://theconversation.com/el-laberinto-burocratico-de-las-devoluciones-de-migrantes-por-que-espana-no-puede-expulsar-sin-mas-a-quienes-entran-291396

‘Así aprenderás’: lo que la serie coreana revela sobre la crisis del profesorado en América Latina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, Doctor en Educación y Maestro en Enseñanza de la Ciencia; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Fotograma de la serie _Así aprenderás_. Netflix

Las aulas de educación básica y media superior enfrentan una crisis silenciosa. El auge de las series coreanas sobre el mundo educativo refleja esta dolorosa realidad. Producciones como Así aprenderás no solo atrapan por su drama. Estas historias conectan con una profunda herida social que golpea con fuerza a América Latina.

El aula ya no es un espacio seguro de aprendizaje. Hoy las primarias y secundarias parecen zonas de conflicto permanente. En ellas, los maestros han perdido la autoridad que históricamente les convertía en figuras referenciales.

El reflejo coreano en las escuelas mexicanas

Así aprenderás ocupa el sexto lugar entre lo más visto en Netflix a escala global durante la primera mitad de 2026, con 48 millones de visualizaciones. Lidera, además, los listados semanales de habla no inglesa.

Trailer oficial de la serie “Así aprenderás”

En las pantallas vemos a estudiantes que desafían cualquier regla sin temor a las consecuencias. El acoso escolar o bullying se retrata con una crudeza que incomoda al espectador. Esta violencia de ficción no es ajena para las familias de México.

En el pasado inmediato, el maestro mexicano era un pilar respetado en la comunidad. Su palabra tenía un peso moral indiscutible para padres y alumnos. Hoy, esa figura de respeto se ha desmoronado casi por completo.

Las nuevas realidades sociales han transformado la dinámica dentro de los planteles. Los docentes ahora enfrentan amenazas, hostigamiento y agresiones físicas constantes. El aula se ha convertido en un territorio de alta vulnerabilidad emocional.

Un síntoma regional de norte a sur

La fantasía de intervención que plantea la serie responde a realidades que se viven en México y en otros países a diferentes niveles. Es el caso de la salud mental de los estudiantes. La realidad imita a la ficción de manera trágica y este ámbito se ha vuelto objeto de preocupación por parte de las instituciones.

Según un informe de la UNESCO sobre América Latina y el Caribe, alrededor del 20 % de los alumnos de educación superior sufren depresión, y hasta la mitad presentan algunos de sus síntomas. Además, el 15 % de los estudiantes ha tenido pensamientos suicidas y entre el 2 % y 3 % ha intentado suicidarse.

En Chile, el debate sobre el agobio y la violencia contra profesores ha escalado tras suicidios de docentes acosados por los adultos legalmente responsables de los jóvenes.

En Colombia, sindicatos de educadores reportan constantes amenazas y extorsiones dentro de planteles ubicados en zonas vulnerables.

En Argentina, el síndrome del desgaste profesional docente avanza debido a la hostilidad de entornos escolares cada vez más judicializados.

El origen del colapso: redes sociales, desigualdades y violencia estructural

Esta erosión de la autoridad no ocurrió de la noche a la mañana. La violencia que daña a los estudiantes surge de causas complejas: desigualdad económica, familias fragmentadas y redes sociales fuera de control.

Existen innumerables ejemplos trágicos de episodios traumáticos. Algunos tienen que ver con acusaciones hacia docentes y entre estudiantes que no pudieron ser acreditadas. Factores como el linchamiento digital desmedido, que afecta a los diversos agentes educativos, inciden en el nivel de volatilidad al que se está llegando en las aulas.

Estudiantes objeto de bullying extremo se convierten en víctimas de un ambiente escolar que acepta y legitima las conductas violentas. Ello debido a la huella de las agresiones que se producen a otros niveles de la sociedad y a la falta de una cultura sobre respeto a los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes.

La falta de protocolos preventivos claros lleva a directivos y autoridades educativas a aislar al maestro o ignorar al alumno acosado. La burocracia actual prefiere evitar el escándalo público antes que garantizar la protección física y emocional del personal docente.

Un escudo legal frente a las falsas denuncias

En México, la Ley General de Educación establece lineamientos para la cultura de paz y la convivencia escolar. Sin embargo, en la práctica, estos protocolos suelen sobrecargar al docente con burocracia sin brindarle protección legal efectiva.

Frente a este vacío, la respuesta organizada de los profesores a través de sindicatos y asociaciones profesionales ha comenzado a exigir cambios de fondo. La propuesta institucional busca evolucionar hacia marcos normativos nacionales de la mano del sindicato magisterial.

El objetivo es crear defensorías jurídicas especializadas y protocolos de presunción de inocencia para el personal educativo.

Un avance concreto en esta dirección es lo ocurrido en el estado mexicano de Aguascalientes. El Congreso local aprobó reformas para sancionar penalmente las acusaciones falsas contra el magisterio.

Esta iniciativa local, que se espera tenga eco a nivel federal en México, nos lleva a reflexionar si la ley debe equilibrar la balanza para que proteger a la infancia no signifique desamparar a quienes educan en las aulas. Como dice el personaje de Na Hwa Jin en la serie Así aprenderás: “el mundo se derrumbará si los adultos le tienen miedo a los niños”.

El peligro “tomarse la justicia por su mano”

La producción televisiva propone una solución extrema ante el caos escolar: un grupo de inspectores utiliza la fuerza física para someter a los estudiantes rebeldes. Esta respuesta violenta genera una peligrosa simpatía en el público de nuestra región.

La audiencia celebra que alguien ponga límites con mano dura. Este aplauso colectivo revela el hartazgo social ante la impunidad en las escuelas. Sin embargo, la violencia institucionalizada nunca será la respuesta educativa correcta. El deseo de ver castigos físicos muestra el fracaso de los protocolos actuales.

En cualquier caso, las normas de convivencia vigentes resultan insuficientes para frenar el acoso cotidiano. Los maestros se sienten atados de manos frente a conductas delictivas de menores.

Sobreprotección de los hijos

El problema educativo actual tiene raíces profundas en la estructura familiar moderna. Muchos padres de familia adoptan posturas defensivas y sobreprotectoras con sus hijos. Ante cualquier llamado de atención, prefieren confrontar y denunciar al docente.

Esta actitud impide que el alumno asuma la responsabilidad de sus actos. El límite entre la disciplina justa y el maltrato se ha vuelto difuso, y los profesores prefieren omitir sanciones antes de enfrentar una demanda legal o un despido.

La falta de consecuencias fomenta la repetición de conductas hostiles entre los jóvenes. Así, el acoso escala sin que las escuelas tengan herramientas eficaces de contención. La pedagogía del diálogo parece perder la batalla frente a la indiferencia general.

Una pregunta incómoda sobre el futuro

El éxito de las serie coreana no es un simple entretenimiento de fin de semana: es el síntoma de una sociedad que ha comenzado a normalizar el desamparo de sus guías. Cuando el espectador aplaude la violencia del inspector coreano, está confesando, en realidad, su propia impotencia.

El aula es el primer ensayo de la vida en democracia. Si permitimos que el salón de clases sea un espacio donde gobierna la ley del más fuerte, ¿qué tipo de ciudadanos estamos formando para el mañana? ¿Es el miedo el único lenguaje que nos queda para sostener el orden?

Dignificar al maestro no es un asunto laboral o gremial; es un acto de supervivencia colectiva. La próxima vez que veamos a un docente dudar antes de corregir a un alumno o a un padre exigir inmunidad para su hijo, hagamos esta pregunta: cuando el maestro finalmente guarde silencio para siempre, ¿quién se encargará de educar a nuestros hijos?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ‘Así aprenderás’: lo que la serie coreana revela sobre la crisis del profesorado en América Latina – https://theconversation.com/asi-aprenderas-lo-que-la-serie-coreana-revela-sobre-la-crisis-del-profesorado-en-america-latina-287745

Un nuevo mapa para un viejo problema: cómo representamos el hambre mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Rui Elena/Shutterstock

Durante siglos hemos aprendido cómo es el mundo mirando mapas que, en realidad, nunca han mostrado el planeta exactamente tal cual es. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas abordó esta cuestión al considerar la iniciativa “Correct the Map”, destinada a promover una representación cartográfica más equilibrada del planeta, especialmente de África. La propuesta cuestiona el predominio de la proyección de Mercator y favorece alternativas que respetan mejor la superficie relativa de los continentes, como “Equal Earth”.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección Equal Earth, recomendada por la ONU.
Equal Earth, CC BY

Puede parecer una discusión exclusivamente cartográfica, pero cambiar el mapa también invita a preguntarnos: ¿influye el modo de dibujar el mundo en la manera en que percibimos problemas globales como el hambre?

África nunca fue tan pequeña

La proyección de Mercator nació en el siglo XVI y resultó extraordinariamente útil para la navegación. El problema aparece cuando la utilizamos como representación general del planeta.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección de Mercator.
Wikimedia Commons, CC BY

Al trasladar una esfera a una superficie plana necesariamente tenemos que distorsionar alguna propiedad. Mercator conserva especialmente bien los ángulos y las direcciones, pero deforma las superficies cuanto más nos alejamos del ecuador. Como consecuencia, territorios situados en latitudes septentrionales parecen gigantescos, mientras que las regiones próximas al ecuador aparecen proporcionalmente menores. África es uno de los ejemplos más evidentes.

Esto no significa que los mapas hayan provocado las desigualdades internacionales ni que cambiar de proyección vaya a modificar las relaciones de poder, pero sin duda estas representaciones son instrumentos de comunicación. Y aquello que ocupa más espacio ante nuestros ojos puede adquirir, consciente o inconscientemente, mayor presencia en nuestra representación mental del mundo.

Aquí entra en escena el hambre.

El mapa mundial del hambre es muy diferente

Según la edición de 2026 de The State of Food Security and Nutrition in the World, en 2025 aproximadamente 645 millones de personas padecieron hambre, lo que representaba el 7,8 % de la población mundial. La cifra descendió por tercer año consecutivo, aunque esta mejora global esconde enormes diferencias regionales y la persistencia de numerosos puntos críticos de inseguridad alimentaria, especialmente en contextos marcados por conflictos, desplazamientos, crisis económicas y fenómenos climáticos extremos.

En África, alrededor de 309 millones de personas estaban subalimentadas, aproximadamente el 20 % de sus habitantes, frente a unos 292 millones en Asia. Además, el 56,6 % de la población africana experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave. Las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apuntan, además, a que en 2030 África podría concentrar alrededor del 56 % de todas las personas que padezcan hambre en el mundo.

Por eso resulta interesante preguntarnos qué ocurre cuando estos datos se representan sobre un mapa. Si coloreamos los países según su prevalencia de hambre utilizando el atlas de Mercator, los números siguen siendo absolutamente correctos. Pero la superficie visual sobre la que aparecen esos números no es neutral: África queda reducida respecto a regiones septentrionales. Usar una proyección de área equivalente corregiría buena parte de esa desproporción.

Pero entonces surge otra paradoja.

Ni siquiera un mapa territorialmente correcto muestra necesariamente bien el hambre

Equal Earth puede representar mucho mejor el tamaño relativo de los continentes, pero el hambre no afecta a kilómetros cuadrados. Afecta a personas.

Imaginemos dos países. Uno es enorme y tiene diez millones de habitantes, y el otro es pequeño y alberga cien millones. Aunque ambos presentasen idéntica prevalencia de inseguridad alimentaria, un mapa basado exclusivamente en superficie territorial otorgaría mucho más espacio visual al primero.

Mapa de Europa
Cartograma elaborado para representar comparativamente la densidad de población en los países de la Unión Europea.
Wikimedia Commons, CC BY

Por tanto, para comprender realmente la geografía del hambre necesitamos distinguir al menos tres mapas del mundo. Mientras que el primero representa el territorio y el segundo la población, el tercero debería reflejar el número de personas que padecen hambre o inseguridad alimentaria. Los tres podrían tener formas sorprendentemente diferentes.

Existen para ello los llamados cartogramas, mapas temáticos en los que el tamaño de las regiones geográficas aumenta o disminuye en función de una variable estadística determinada, como la población, la renta o cualquier otra magnitud de interés.

Quizá sea ese el verdadero “mapa del hambre”.

¿Puede un mapa influir incluso en nuestras decisiones?

La ciencia ha mostrado que la forma de presentar una misma información cartográfica puede influir en nuestra percepción e incluso inclinar la balanza en determinadas decisiones.

Podríamos comprobar si algo similar ocurre con el hambre mostrando a distintos grupos los mismos datos de inseguridad alimentaria mediante tres representaciones: Mercator, Equal Earth y un cartograma ponderado por el número de personas afectadas. Después se les podría preguntar qué regiones consideran prioritarias o cómo distribuirían recursos destinados a combatir el hambre. Si las respuestas cambiasen únicamente por la representación utilizada, podríamos estar ante un sesgo cartográfico en la percepción de la seguridad alimentaria mundial. Aún no sabemos si ese efecto existe específicamente en este contexto y habría que demostrarlo experimentalmente.

Los mapas son potentes instrumentos de comunicación, pero no fotografías neutrales del planeta: toda proyección implica decidir qué propiedades conservar y cuáles distorsionar.

El nuevo mapa no cambia dónde está el hambre, pero quizá sí cómo somos capaces de verla.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Un nuevo mapa para un viejo problema: cómo representamos el hambre mundial – https://theconversation.com/un-nuevo-mapa-para-un-viejo-problema-como-representamos-el-hambre-mundial-291380