Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paola Alexandria Pinto de Magalhães, Investigador – Facultad de Enfermería – Desarrollo Positivo de Niños y Adolescentes, Universidad de Navarra

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Pocos acontecimientos generan tanta expectación en la adolescencia como los viajes de fin de curso. Estar lejos de casa, compartir tiempo con amigos y disfrutar de una sensación inédita de libertad convierte estos viajes en experiencias especialmente intensas. Para muchos jóvenes representan una de las primeras oportunidades de desenvolverse con mayor autonomía, tomar decisiones propias y relacionarse con sus iguales fuera de los contextos habituales de supervisión.

Precisamente por ello, los viajes de fin de curso constituyen un escenario privilegiado para el desarrollo de la identidad, la autonomía y la responsabilidad. Sin embargo, no todos ofrecen las mismas oportunidades ni generan los mismos resultados. La clave no está únicamente en viajar, sino en cómo se organiza el tiempo durante esos viajes.

Tiempo libre, con y sin estructura

El tiempo libre desempeña un papel crucial en el desarrollo psicosocial de los adolescentes. Las actividades de ocio pueden clasificarse como estructuradas o no estructuradas.

Al primer grupo pertenecen los deportes de equipo o deportes individuales, el voluntariado, la participación en grupos juveniles de música, teatro u otras actividades culturales y religiosas, que se caracterizan por ser organizadas, supervisadas y orientadas a objetivos.

Por el contrario, las actividades no estructuradas incluyen tiempo sin supervisión y actividades menos organizadas, como pasar el rato con amigos o dedicar largas horas a actividades sin una finalidad concreta.

Estructura no es falta de libertad

La diferencia entre ambos tipos de ocio no radica en la cantidad de libertad que ofrecen, sino en el contexto en el que los adolescentes ejercen esa libertad. La estructura no implica controlar cada movimiento, sino proporcionar oportunidades para desarrollar progresivamente la autonomía y asumir responsabilidades en un entorno seguro.

En este contexto, los viajes de fin de curso concentran largos periodos de tiempo libre compartido entre iguales, frecuentemente con menor supervisión y menor estructura que en otros contextos cotidianos. Estas características los convierten en un escenario interesante para analizar cómo la organización del tiempo libre puede influir en el comportamiento adolescente.

Factores de riesgo y toma de decisiones

Cuando el tiempo libre carece de estructura, aumentan determinados factores de riesgo. Estar fuera de casa reduce las normas percibidas: aquello que los adolescentes no harían en su entorno habitual puede percibirse como más aceptable durante el viaje. Además, el incremento de horas de convivencia entre iguales intensifica la influencia del grupo, que se convierte en referencia constante para la toma de decisiones.

El viaje crea un contexto psicológico donde determinadas conductas pueden ser más aceptadas y esperadas. Aunque no todos los adolescentes participan en ellas, tanto la probabilidad como la intensidad de ciertos comportamientos de riesgo aumentan.

Convivencia con iguales y con redes sociales

A esta dinámica grupal se suma el papel de las redes sociales. Durante los viajes, los adolescentes suelen compartir imágenes, vídeos y experiencias, lo que puede incrementar la presión social, la necesidad de aprobación y fenómenos como el miedo a perderse algo (FOMO).




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La búsqueda de validación social, junto con la exposición constante a contenidos compartidos por los pares, puede favorecer conductas impulsivas o de mayor riesgo. Además, un mayor tiempo de pantalla durante estos periodos se ha asociado con consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo y comportamientos problemáticos en línea, como el sexting o el ciberacoso.

La evidencia muestra además que esas conductas rara vez aparecen de forma aislada. El consumo de alcohol y drogas, los comportamientos sexuales de riesgo y las actividades problemáticas en entornos digitales suelen agruparse y formar parte de un mismo patrón favorecido por la desinhibición, la influencia del grupo y una menor percepción del peligro.

Una oportunidad para crecer

Sin embargo, concluir que los viajes son negativos sería un error. De hecho, pueden constituir una extraordinaria oportunidad educativa. Permiten interactuar con nuevos entornos, favorecen la apertura a la diversidad, fomentan actitudes interculturales y contribuyen al desarrollo personal del adolescentes.

Algunos modelos, como el turismo educativo, suelen combinar experiencias atractivas para los jóvenes con actividades estructuradas y objetivos formativos. Este tipo de propuestas se asocia con oportunidades para desarrollar la autonomía, fortalecer la identidad y el bienestar y adquirir competencias personales y sociales. Sin embargo, este enfoque no es habitual en muchos de los viajes de adolescentes.

Cómo equilibrar diversión y aprendizaje

Es, pues, posible organizar la experiencia de un viaje de fin de curso de manera que, además de pasarlo bien, los jóvenes maduren y aprendan, incorporando actividades estructuradas, espacios de participación y responsabilidades adaptadas a la edad, y evitando los periodos excesivamente de ocio no estructurado, ya que aumentan la probabilidad de que aparezcan conductas impulsivas y dinámicas grupales negativas.




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Desde los centros educativos resulta importante planificar actividades significativas, reducir tiempos vacíos críticos y establecer normas claras; también que los propios interesados participen en el diseño de las actividades, para que respondan a sus intereses y necesidades: senderismo, acampada, debates guiados para reflexionar sobre las experiencias, además de los mencionados deportes y juegos de equipo, voluntariado o actividades culturales.

Desde la familia, es esencial educar en la toma de decisiones, fomentar fortalezas personales y preparar a los adolescentes para gestionar la presión del grupo y los riesgos asociados al entorno digital.

Intensificadores de lo bueno

Los viajes de fin de curso son contextos donde se intensifican muchas de las dinámicas propias de la adolescencia: la búsqueda de independencia, la construcción de la identidad, la influencia de los iguales y la toma de decisiones. Entender cómo funcionan estos entornos no busca alarmar, sino orientar y mejorar su diseño.

Porque los adolescentes no necesitan menos autonomía; necesitan contextos mejor pensados para aprender a ejercerla. Y cuando la libertad se acompaña de estructura, los viajes pueden convertirse en una auténtica oportunidad educativa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta? – https://theconversation.com/viajes-de-fin-de-curso-experiencia-educativa-o-solo-fiesta-284974

¿Qué les ocurre a los animales durante un eclipse solar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Isorna Alonso, Profesora de Fisiología Animal, Universidad Complutense de Madrid

“Las aves caían del cielo y dejaban de cantar”, reza la primera observación registrada de un animal respondiendo a un eclipse solar, que data de mediados del siglo XVI.

Observaciones más recientes realizadas en zoológicos y en entornos naturales describen cambios de comportamiento en distintos grupos de animales, desde invertebrados hasta primates. Sin embargo, el análisis científico de los posibles efectos de un eclipse solar en los seres vivos es una tarea muy compleja que requiere la utilización de avances tecnológicos más allá de las meras observaciones.

¿Qué les pasará a los animales el 12 de agosto de 2026, cuando durante unos minutos en pleno día, la oscuridad repentina alterará de forma breve pero intensa el paisaje, la temperatura, el viento o la humedad relativa?

Los relojes biológicos: cómo la luz organiza la vida

Todos los organismos estudiados hasta la fecha, desde algas unicelulares hasta mamíferos, muestran ritmos en su comportamiento y fisiología sincronizados con los ciclos geofísicos ambientales. El más importante es el ciclo diario de luz y oscuridad que regula procesos tan diversos como los ciclos de sueño y vigilia, la actividad locomotora, la alimentación, la temperatura corporal o la secreción hormonal.

Muchos de estos ritmos no son simples respuestas pasivas a los cambios del ambiente. Los organismos poseemos mecanismos internos capaces de medir el paso del tiempo, conocidos como relojes biológicos o circadianos, que forman el conocido sistema circadiano.

Su función principal es permitir la anticipación de los cambios cíclicos del entorno, de modo que la fisiología y el comportamiento puedan ajustarse antes de que dichos cambios ocurran. Esta capacidad de organizar temporalmente la actividad del organismo supone una importante ventaja adaptativa, ya que optimiza procesos como la búsqueda de alimento, el descanso, la reproducción o la evitación de depredadores.

El término circadiano procede del latín circa diem (“alrededor de un día”), ya que estos ritmos presentan periodos cercanos a las 24 horas. Durante décadas, se desconocía cómo funcionaban estos relojes, pero el descubrimiento de los primeros “genes reloj” –instrucciones genéticas que regulan estos ritmos– hace unos 40 años reveló su base molecular. La característica más sorprendente de estos osciladores es que pueden seguir funcionando incluso en ausencia de señales externas, lo que nos permite mantener una referencia temporal interna.

No obstante, los relojes circadianos no funcionan de forma aislada. Para mantenerse ajustados al tiempo real necesitan sincronizarse continuamente con el entorno. La principal señal para esta puesta en hora es la luz del amanecer, que modifica la actividad de los genes reloj y reajusta cada día los osciladores internos para que permanezcan sincronizados con el ciclo diario de luz y oscuridad. La noche, sin embargo, es menos relevante para esa “puesta en hora”.

Por ello, en el eclipse que observaremos en la península ibérica, al ser próximo al anochecer natural, la señal será menos discordante para el sistema circadiano que si ocurriera en pleno mediodía. Así, se espera que sus efectos sobre la organización temporal interna sean aún menores.

De nadar menos a volver a la colmena

Aunque la duración de un eclipse solar es demasiado breve para alterar los relojes biológicos y, además, probablemente, la mayoría de los animales experimentarán este fenómeno solo una vez en su vida, estudios publicados en las últimas décadas en grupos muy diversos de animales muestran que un eclipse solar total puede desencadenar en ellos respuestas inmediatas.

En los ecosistemas acuáticos, numerosos organismos utilizan la luz para regular su posición en la columna de agua. De forma particular, los microorganismos que constituyen el zooplancton realizan migraciones verticales diarias, para optimizar su alimentación y reducir el riesgo de depredación. Durante algunos eclipses, se han observado ascensos temporales de ciertos microrganismos marinos pelágicos –en aguas abiertas, sin contacto directo con el fondo marino–, aumentos de la bioluminiscencia, reducción del movimiento natatorio de ciertos peces, menos movilidad en la columna de agua e, incluso, cambios de la coloración de su superficie corporal.

Los insectos terrestres también muestran respuestas rápidas a la desaparición de la luz. En general, los diurnos, como las mariposas o las hormigas, suelen reducir su actividad, descienden al suelo o buscan refugio. Por el contrario, algunas especies nocturnas pueden comenzar a activarse: grillos que emiten sonidos característicos de la noche, polillas que emergen de sus escondites diurnos, escarabajos peloteros que detienen su actividad y se entierran o luciérnagas que emiten destellos de luz e inician sus rituales de apareamiento.

Las abejas son un grupo especialmente interesante, dada la relevancia que tiene la luz solar en su ciclo diario vital. Durante la oscuridad total de un eclipse, se han registrado caídas drásticas de su actividad recolectora de néctar, regresando a la colmena como si el día hubiese acabado. De forma muy interesante, los vuelos de las abejas obreras durante las fases parciales del eclipse duraron más tiempo que los habituales con luz solar, demostrando una extraordinaria plasticidad de comportamiento para ajustar su actividad de vuelo a los cambios en la intensidad de luz durante el eclipse.

La influencia en el vuelo y el canto de las aves

Por su parte, algunas aves reducen su actividad de vuelo durante el tiempo de oscuridad total de un eclipse, con una rápida recuperación cuando reaparece la luz solar.

Incluso, ciertas especies disminuyen o interrumpen el canto diurno, cesan la actividad de alimentación y, en algunos casos, regresan temporalmente a los lugares donde normalmente descansan por la noche. Además, estas reacciones son más pronunciadas si el eclipse ocurre durante su estación reproductora.

Se ha descrito que, una vez finalizado el eclipse, gorriones, mirlos, estorninos y otras aves urbanas vuelven a cantar como si estuviera amaneciendo de nuevo. No obstante, estas respuestas difieren mucho entre individuos de una misma especie (algunos aumentan sus patrones de vocalizaciones durante el eclipse) y entre especies distintas (algunas parecen ignorar el fenómeno, especialmente, si la oscuridad no alcanza niveles comparables a los del crepúsculo habitual).

Teniendo en cuenta que el máximo de oscurecimiento durante un eclipse apenas dura unos minutos y que el resto del tiempo la intensidad lumínica es similar a la que las aves podrían experimentar durante un día nublado, no debe sorprendernos esta falta de consistencia en la respuesta de las aves al evento. En este sentido, sabemos que en el control de sus vocalizaciones intervienen reguladores endógenos (niveles hormonales) y una amplia variedad de factores ambientales además de la intensidad lumínica, sin contar las interacciones con otras aves o animales (incluyendo los seres humanos). Por todo ello, no podemos determinar si es la ausencia de luz la que determina las respuestas observadas o una combinación de los distintos factores que intervienen.

De la indiferencia de tu perro a la ansiedad de algún primate

En el caso de los mamíferos, los estudios realizados describen respuestas muy variables y de difícil generalización.

Algunos mamíferos nocturnos, como los murciélagos, abandonan sus refugios durante eclipses totales y vuelven rápidamente a sus comportamientos habituales al regresar la luz solar.

También sabemos que los animales de granja (ganado vacuno y ovino) interrumpen el pastoreo y se desplazan hacia sus establos, interpretando el eclipse como una transición hacia la noche. Las mascotas (perros y gatos) suelen mostrar indiferencia general (están muy adaptados a la luz artificial humana), aunque algunos parecen percibir la alteración ambiental y permanecen atentos a los cambios de comportamiento de las personas que los rodean.

Las observaciones realizadas en zoológicos describen diversos cambios comportamentales en los primates: algunas especies parecen iniciar conductas asociadas al anochecer, aunque mayoritariamente responden con signos de ansiedad generalizada (agrupamiento defensivo, vocalizaciones de alerta), como si estuvieran ante una situación estresante. Posiblemente, esta respuesta de ansiedad durante el eclipse no sea atribuible al propio eclipse, sino a la reacción de los humanos que les contemplan durante el mismo.

Sin desajuste de relojes biológicos

Los eclipses son acontecimientos impredecibles y demasiado raros para haber favorecido mecanismos de adaptación en los animales. Si fuese ventajoso responder a los cambios instantáneos asociados a ese fenómeno, todos los individuos de una especie mostrarían la misma respuesta adaptativa, pero no es así.

Lo que observamos durante un eclipse no son animales con relojes biológicos desajustados, sino respuestas fisiológicas inmediatas para afrontar un cambio ambiental excepcional. En cronobiología, este fenómeno se conoce como masking: la luz o la oscuridad modifican directamente el comportamiento sin alterar necesariamente los relojes internos, que continúan marcando la hora correcta.

En cierto modo, un eclipse solar representa un experimento natural extraordinario, una breve “confusión” que, sin cambiar las reglas biológicas que gobiernan el comportamiento animal, nos permite observar los engranajes del tiempo biológico en funcionamiento de una forma tan espectacular como poco frecuente.

Esquema sobre cómo influye un eclipse en los seres vivos.
Esther Isorna, María Jesús Delgado.

Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

The Conversation

Esther Isorna Alonso recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación PID2022-136288OB-C32

(MCIN/AEI//https://doi.org/10.13039/501100011033)

María Jesús Delgado Saavedra recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación PID2022-136288OB-C32

(MCIN/AEI//https://doi.org/10.13039/501100011033)organización

– ref. ¿Qué les ocurre a los animales durante un eclipse solar? – https://theconversation.com/que-les-ocurre-a-los-animales-durante-un-eclipse-solar-285862

Guía sencilla para entender la sentencia del ‘caso Mascarillas’ y la condena a Ábalos, Koldo y Aldama

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Sánchez Benítez, Profesor ayudante doctor de Derecho penal, Universidad de Jaén

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El pasado 22 de junio de 2026, el Tribunal Supremo condenó por unanimidad al exministro español José Luis Ábalos como autor de varios delitos por el conocido como caso Mascarillas. En total, un delito de organización criminal, cuatro delitos de cohecho (soborno), tres delitos de tráfico de influencias y un delito de malversación de caudales públicos.

Los hechos probados

Organización criminal. José Luis Ábalos, su asesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama constituyeron una organización criminal en la que el primero ostentaba la jefatura, el segundo actuaba en su nombre y el tercero era el encargado de ofrecer ventajas a personas y empresas interesadas en realizar gestiones con la Administración a cambio de prestaciones económicas para los tres.

Cohecho continuado. Durante cerca de dos años, Aldama entregó mensualmente 10 000 euros para sufragar los gastos fijos de Ábalos, además de otras cantidades, como el importe del alquiler de una vivienda ocupada por Jessica Rodríguez, una pareja del ahora exministro.

Asimismo, para garantizar a Ábalos la percepción de comisiones ilícitas, en 2019 el expolítico y Aldama celebraron un contrato de arrendamiento con opción a compra de un piso propiedad del segundo. Ábalos nunca ocupó el inmueble ni satisfizo renta alguna.

Tráfico de influencias. A finales de 2019, Ábalos y Koldo intervinieron para que una sociedad mercantil estatal vinculada a Renfe contratara a Claudia Montes, quien mantenía una estrecha relación con el primero. La mujer dejó de acudir a su puesto de trabajo y Ábalos y Koldo intermediaron para evitar que fuera sancionada e incluso lograron una mejora de su contrato.

Tráfico de influencias y malversación. A principios de 2019, Ábalos y su asesor también intervinieron para que Jessica Rodríguez fuese contratada en otra sociedad estatal (Ineco) dependiente del Ministerio de Fomento. Posteriormente, en marzo de 2021, fue contratada por otra empresa pública (Tragsatec). La mujer no llegó a desempeñar trabajo alguno en ninguna de las empresas.

Cohecho y tráfico de influencias. En 2020, ante la necesidad de adquirir mascarillas por la crisis de la covid-19, la organización consiguió que una sociedad mercantil vinculada a Aldama resultara adjudicataria de dos contratos de suministro de mascarillas que habían sido licitados por entes dependientes del ministerio que dirigía Ábalos a cambio de que una parte del beneficio obtenido por Aldama fuera entregada al ministro y a Koldo.

Cohecho. En agosto de 2020, desde el Ministerio de Transportes se difundió una nota informativa a determinados medios que Aldama, asesor de Air Europa, había requerido para anticipar un rescate económico de la compañía con el propósito de tranquilizar a sus acreedores. En pago a las gestiones realizadas para lograr dicho rescate, que no se limitaron al comunicado, Aldama y Koldo arrendaron una vivienda en Marbella para que Ábalos y su familia disfrutaran de unos días de vacaciones a costa del empresario.

Cohecho. En 2021, Aldama, a través de otras personas, gestionó la compra de un chalé en La Línea de la Concepción (Cádiz) a nombre de una empresa para uso y disfrute de Ábalos, que tan solo abonó 7 500 euros, pese a disponer varios meses de la vivienda tras formalizar un arrendamiento con opción a compra. Ello se hizo con ocasión de la gestión que el ministro estaba realizando para la concesión de una licencia de mayorista en el sector de hidrocarburos a Villafuel S.L., concesión que no llegó a producirse.

¿Cuál es el máximo de cumplimiento efectivo de la condena?

De la suma de las penas de prisión a las que Ábalos fue condenado resulta un total de 24 años y 3 meses. No obstante, en la propia sentencia se indica que el máximo de cumplimiento efectivo de la condena será de 15 años y 18 meses (o lo que es lo mismo, 16 años y 6 meses), en aplicación de las normas del concurso real de delitos del artículo 76 del Código penal.

Este artículo determina, entre otros límites temporales aplicables para casos de acumulación de penas derivadas de distintos hechos delictivos, que dicho máximo no podrá ser superior al triple de la mayor de las penas de prisión impuestas. En el caso de Ábalos, la pena más alta de las impuestas se corresponde con la de 5 años y 6 meses por el delito de organización criminal. De dicho máximo de 16 años y 6 meses habrá que descontar los casi siete meses que el expolítico ha pasado en prisión provisional.

Otras penas no privativas de libertad a las que Ábalos ha sido condenado

El exdiputado también fue condenado a varias penas no privativas de libertad: varias inhabilitaciones para el derecho de sufragio pasivo (el derecho a ser candidato en unas elecciones); otras inhabilitaciones especiales para empleos o cargos públicos que impliquen el manejo de patrimonio público o la selección de personal; dos penas de multa de 20 y 14 meses, respectivamente, con cuota diaria de 50 euros (51 000 euros en total); tres penas de multa de 500 euros y dos penas de suspensión de empleo y cargo público, la última cuando ello implique el manejo de patrimonio público.

¿Qué ocurre con Koldo García?

El que fuera su asesor, Koldo García, fue condenado por los mismos delitos también a varias penas de prisión (19 años, 8 meses y 1 día en total), inhabilitaciones, multas y suspensión de empleo o cargo público. Al ser la mayor de las penas de prisión impuestas 5 años, también por el delito de organización criminal, el máximo de cumplimiento efectivo de su condena a prisión será de 15 años.

La controvertida colaboración con la justicia de Aldama

Mayor fortuna ha tenido el tercero de los implicados, el empresario Víctor de Aldama, que pese a haber sido condenado como autor de un delito de organización criminal y por cuatro delitos de cohecho, se librará de entrar en prisión por dos motivos.

  • Primero, porque el Tribunal ha apreciado una circunstancia atenuante: su colaboración con la justicia, la cual se integra en la atenuante analógica de confesión tardía o colaboración del artículo 21.7 del Código Penal.

    Según se indica en la resolución, iniciada la instrucción Aldama decidió colaborar en la investigación “proporcionando datos fácticos relevantes a la misma, que han permitido su estudio y confirmación por la instrucción judicial” y aportando a la causa documentación sobre viajes, ingresos económicos y contratos de arrendamiento, contextualizando y reforzando la prueba de cargo y agilizando el proceso.

    El órgano ha apreciado el carácter muy cualificado de dicha atenuación, en atención a la relevancia, plenitud y continuidad de la colaboración prestada. Además, ha tenido en cuenta que se trató de delitos graves de corrupción cometidos en el seno de una organización criminal integrada por un ministro, circunstancias que hacen muy necesaria la delación. Ello ha comportado una significativa disminución de sus penas (en uno y hasta en dos grados).

    El carácter muy cualificado de la atenuación, con la consiguiente rebaja de penas, había sido solicitado por la defensa de Aldama, pero también por las acusaciones populares unificadas. Estas acusaciones la han conformado, entre otras entidades, los partidos políticos PP y Vox, el sindicato Manos Limpias y la asociación HazteOir.org, aspecto que no debería pasar desapercibido.

  • En segundo lugar, aunque el empresario acumula cuatro años y seis meses en penas de prisión, ninguna de las penas individualmente consideradas supera los dos años (1 año; 1 año y 6 meses; 1 año y 6 meses; 3 meses, y 3 meses), lo que ha permitido al Tribunal activar el mecanismo extraordinario de suspensión previsto en el artículo 80.3 del Código penal. Este precepto habilita suspender la ejecución de las penas de prisión impuestas aunque conjuntamente superen los dos años, siempre que individualmente no lo hagan. Para el Tribunal, Aldama merece que se suspendan tales penas por “la aportación realizada al descubrimiento de los delitos”.

    A cambio, el empresario no podrá delinquir durante cinco años, deberá comparecer semestralmente ante el propio órgano jurisdiccional para informar de sus actividades laborales, mercantiles o empresariales y realizar trabajos en beneficio de la comunidad durante un año. Además, a diferencia de los restantes condenados, no tendrá que indemnizar ni a Ineco ni a Tragsatec en concepto de responsabilidad civil.

En cualquier caso, ni las penas de inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo ni para empleos o cargos públicos, ni las dos penas de multa con cuota diaria de 200 euros de 4 y 8 meses respectivamente (72 000 euros en total) a las que Aldama también fue condenado son objeto de la mencionada suspensión. Como tampoco lo son el decomiso (la incautación en favor del Estado de las ganancias provenientes del delito de cohecho) decretado en la sentencia respecto de los tres acusados por importe de 430 298 euros, ni el pago de “cinco veintiunavas” partes de las costas al que fue condenado el empresario.

¿Y los casi cuatro millones de multa que inicialmente se reclamó a los acusados?

El Ministerio Fiscal había solicitado para los tres acusados, entre otras penas, la pena de multa de 3 713 981 de euros por los delitos de uso y aprovechamiento de información privilegiada. El elevado importe se correspondería con la comisión obtenida por los contratos adjudicados a la sociedad de Aldama por el suministro de las mascarillas.

Sin embargo, como los tres fueron absueltos de dicho delito, no tendrán que afrontar el pago de dicha cantidad. Que ninguno de los condenados, y especialmente Aldama, tenga que devolver las comisiones provenientes del erario público con las que se enriquecieron en momentos de emergencia sanitaria es uno de los aspectos de la resolución que ha suscitado mayores críticas en un sector de la opinión pública.

El Tribunal Supremo, a través de su extensa sentencia de 224 páginas, castiga con rigurosidad a la corrupción pública protagonizada por cargos políticos, al tiempo que dispensa un trato especialmente beneficioso a los particulares corruptores que acaban colaborando con la justicia, incluso cuando la colaboración se produce mucho después de conocer que el procedimiento judicial se dirige contra aquellos.

Es una opción que se apoya en el carácter prácticamente indispensable de dicha colaboración para enfrentarse eficazmente a entramados de corrupción tan complejos como el enjuiciado, pero que se traduce en la imposición de consecuencias penales particularmente mitigadas para este tipo de delatores “tardíos” –que no arrepentidos– que algunos podrían considerar cercanas a la impunidad.

The Conversation

Cristian Sánchez Benítez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Guía sencilla para entender la sentencia del ‘caso Mascarillas’ y la condena a Ábalos, Koldo y Aldama – https://theconversation.com/guia-sencilla-para-entender-la-sentencia-del-caso-mascarillas-y-la-condena-a-abalos-koldo-y-aldama-285972

Dolores Albarracín, psicóloga: “Contradecir una teoría conspirativa suele reforzarla”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Comprender cómo se forma nuestra actitud ante las cosas, y si es posible cambiarla, resulta esencial en sociedades marcadas por la polarización, la desinformación y la incertidumbre. La psicóloga Dolores Albarracín, catedrática en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.), experta en actitudes, comportamiento y desinformación y referente mundial en persuasión, analiza los mecanismos que influyen en nuestras decisiones, el auge de las teorías conspirativas, el papel de los medios y los desafíos psicológicos y tecnológicos contemporáneos.

Nacida en Argentina, está centrada en comprender la teoría de las actitudes, en cómo los individuos evalúan su entorno y cómo las predisposiciones aprendidas influyen en su comportamiento.

Usted, que ha investigado profundamente el tema, ¿cuáles diría que son hoy sus aportaciones más relevantes para comprender fenómenos como la resistencia a los cambios?

Gran parte de la literatura científica se ha encargado de ver cómo cambia una actitud. Por ejemplo, si yo apruebo o desapruebo una política ambiental determinada, eso es una actitud. Pero hay una larga distancia entre que uno apruebe determinada política o que uno apruebe una determinada acción como puede ser reciclar o cambiar su coche de gasolina por uno eléctrico y dar el paso hacia la acción.

Es muy importante poder identificar a priori cuáles son las creencias que llevan al cambio de una acción. En esa misma dirección, uno de los abordajes de mi estudio ha sido ver que, por ejemplo, si bien cambiar la conducta es difícil, se hace más fácil cuando se le pide a la persona que haga más cambios, cosa que es un poco paradójica. Es decir, si yo le digo a una persona que haga más ejercicio, que salga a correr, que recicle, que se ponga sus vacunas… todas esas indicaciones son más efectivas que una sola porque la meta es más elevada. Eso tiene varias razones. Una de ellas es que a medida que la gente empieza a ejecutar un cambio se va sintiendo con más confianza con una primera conducta y avanza hacia otras.

En un contexto donde las actitudes parecen cada vez más rígidas y emocionales, y cada día hay más tensión social, ¿sigue siendo posible modificarlas a través de la persuasión racional?

Muy pocas cosas se pueden cambiar, y eso es algo que estoy estudiando en este momento, concretamente cuando se piensa que una determinada idea es de otra persona. Uno cambia realmente cuando piensa que la idea es suya. Así que uno de los secretos de que alguien cambie es que llegue a esa conclusión de manera que parezca bastante espontánea y no introducida desde afuera. Si eso ocurre, es cuando aparece una resistencia masiva. Cualquier intento de cambiar ideas obligatoriamente siempre encuentra resistencia. Por lo general, en el contexto de este hemisferio en el que vivimos, las personas quieren sentirse como individuos y no sentir que otros les manejan, y esa es la gran dificultad. Lo mejor es que las situaciones sean espontáneas y no forzadas.

¿Qué diferencias fundamentales diría que existen entre el escepticismo saludable y el descreimiento radical que parece expandirse por la sociedad?

No sé si lo llamaría descreimiento radical, pero sí que es radical la rebelión contra lo que eran las fuentes aceptadas de información.

Una creció en un tiempo en el que los científicos y los expertos merecían cierto respeto. Pero en algunos sitios como Estados Unidos, que es donde yo trabajo, hay grupos que han decidido que esos expertos tienen demasiado poder, por eso están siendo atacados. Sin embargo, no creo que estemos ante un descreimiento total. Es como una especie de pasaje de la credibilidad que va desde las instituciones que tenían una base hasta los medios o cualquiera que presente teorías descabelladas.

¿La proliferación de bulos y desinformación responde más a un problema cognitivo individual o a una transformación colectiva de nuestra forma de pensar?

Creo que aquí hay varios aspectos diferentes a tener en cuenta. Hay sesgos individuales como, por ejemplo, la convicción de que, si una teoría tiene sentido, puede tener cierta credibilidad (hasta que empiezas a investigar y ves que no, claro). Como nuestro cerebro nos capacita para formar cualquier tipo de teoría coherente, esa puede ser tan buena como cualquier otra.

El tema social, por supuesto, es fundamental porque, lamentablemente, las teorías son compartidas masivamente en muchos casos, con lo cual nos pueden llegar a través de los medios o de familiares o amigos.

Otro factor es que estas teorías llenan un vacío de educación o de información. Cuando ambas son muy precarias, nos pueden introducir cualquier idea en la cabeza. Por ejemplo, si no sabes nada sobre cómo funciona el ARN mensajero, puedes pensar que si te ponen la vacuna de la covid-19 te van a alterar tu ADN, cosa que es absolutamente imposible. Si una persona no entiende ni cómo funciona una vacuna ni cómo funciona la transmisión viral, queda presa de la introducción de cualquiera de estas ideas. Entonces, son tres factores los que entran en juego en estas teorías: el individual, el social y la falta de base educativa o algo que la fortalezca.

En un entorno digital, saturado de información, ¿cómo explicaría desde la perspectiva de la psicología el auge de las teorías de la conspiración y qué papel juega la tecnología en ello?

Hay retazos de esas teorías que terminan siendo ciertas. Políticamente, las teorías conspirativas tienen una buena función, y es que mantienen a la población alerta sobre qué están haciendo las esferas de liderazgo. Por supuesto, muchas son totalmente disparatadas, y socialmente nefastas en algunos casos, especialmente las que van en contra de la vacunación o en contra de alimentos que mejoran la salud o que nos protegen.

¿Por qué se da credibilidad a estas teorías locas? ¿De dónde llegan?

Por lo general, tienen dos tipos de fuentes. Una es cierto nivel de miedo o ansiedad en la población y está alimentada por la vida en general y por el propio ser humano, que experimenta miedo. Y eso es normal. Lo que ocurre es que eso te predispone a darle una explicación coherente, si de repente aparece una posible fuente que explique todo ese miedo que sentimos.

Otra de las fuentes sería tener la misma idea que muchas personas. Es decir, si pienso algo malo sobre un vecino, por ejemplo, ya no se trata solo de un posible delirio psicótico mío, puesto que mi teoría es compartida con otros individuos que piensan igual que yo. Estas teorías tienen que ser introducidas por una fuente social. Y los medios de comunicación son, muchas veces, la fuente principal, al menos en los Estados Unidos, donde yo he hecho mis investigaciones. Ni siquiera son las redes sociales, como tendemos a creer.

Usted ha explorado métodos para desacreditar la desinformación y las teorías conspirativas. ¿Me puede explicar alguno?

He explorado métodos para desacreditar algunas teorías, pero lo cierto es que esas teorías conspirativas no son muy modificables. Las cosas que sí pueden funcionar consisten en no contradecirlas. Es decir, ir al debate con alguien que tiene una idea fijada no es muy efectivo, lo único que produce es distanciamiento. Lo podemos ver, por ejemplo, en algunos entornos familiares y en muchas relaciones entre personas. Pero si realmente queremos conseguir algún efecto, la idea de mi investigación es introducir ideas paralelas. Por ejemplo, si alguien dice que una vacuna limita la fertilidad, atacar eso no sirve para nada. Pero si uno tiene información de que esa vacuna protege, no solo para el sarampión, sino para diez enfermedades diferentes, o que te aumenta la inmunidad más globalmente, introducir esa idea secundaria es más efectivo que ir a contradecir la idea principal. A eso se le llama tomar un desvío, es decir, no ir a la confrontación, sino tomar caminos diferentes para no centrarnos en cambiar una idea. Hay que tener una cosa clara: lo importante, a veces, no es la idea, sino las consecuencias. Y hay que centrarnos en esas consecuencias. Contradecir esas ideas, al final, solo logra reforzarlas.

¿Podría decirse que el descreimiento generalizado es un síntoma de una conciencia social que se está reconfigurando o más bien se trata de un problema en nuestra alfabetización crítica?

Yo no diría que hay descreimiento en la sociedad. Puede haber descreimiento en las fuentes tradicionales, pero en realidad hay bastante creimiento (NO EXISTE) si piensas en la polarización de ideas y en la inserción de ideas que son rígidas y difíciles de cambiar. Lo que ha pasado es probablemente un desvío de creencias que pertenecían a las corrientes principales (mainstream) de la sociedad. Hay ideas fragmentarias de grupos previamente marginales que empiezan a tomar mucha fuerza, como ocurre con el tema antivacunas en Estados Unidos, que al principio era una cosa de algunos grupos hippies en California y ahora mismo son una fuente de brotes de sarampión y muertes de niños.

Desde su perspectiva, ¿existe una relación entre la velocidad del cambio tecnológico y la ansiedad social que se percibe en algunos sectores de la población?

Sí, sin ninguna duda. Cada vez que irrumpe una nueva tecnología o un nuevo medio de comunicación, la sociedad cree que va a llegar el fin del mundo. Pero ese fin del mundo no llegó con la introducción de la prensa, ni con la aparición de la televisión, de la radio o de la electricidad. Tiende a haber cierta sobrerreacción o miedo, pero, en general, no se producen cambios tan dramáticos. Sin embargo, es la rapidez de los cambios lo que aumenta la ansiedad. Pero no solo en la tecnología. Los cambios tecnológicos van asociados a otros sociales, de poder, de quién tiene acceso a distintos recursos y quién no. Y todo eso creo que trae a la sociedad más ansiedad que los propios medios de comunicación. Hay asuntos como la falta de trabajo o la inmigración que producen más ansiedad social que los cambios tecnológicos.

¿Qué herramientas cognitivas necesitan desarrollar las nuevas generaciones para adaptarse a un futuro cuya lógica y reglas aún no se han definido?

La inteligencia se define por la posibilidad de solucionar situaciones y problemas nuevos, aunque a eso también contribuye la propia educación. Por eso es tan importante mantener la inversión en educación y, sobre todo, en el entrenamiento de habilidades amplias como la capacidad de razonar y discutir o saber averiguar cuáles son las fuentes de un tema. Esas habilidades las debería tener cualquier ciudadano. Son las herramientas que nos preparan a todos para cualquier cambio.

Mirando hacia delante, ¿qué desafíos psicológicos serán los más críticos cuando enfrentemos avances disruptivos en la IA, la biotecnología o las realidades inmersivas? ¿Cómo podemos prepararnos mentalmente para afrontarlos?

Creo que con las mismas herramientas que necesitamos para un funcionamiento psicológico efectivo: poder manejar y regular las emociones para tener cierto control de nuestra situación y tener la capacidad de establecer metas que sean personalmente importantes. Al mismo tiempo, debemos manejar la fragmentación de la información y tener un entendimiento, por lo menos básico, para poder diferenciar lo que es cierto de lo que no lo es o cuál ha sido el método utilizado para que parezca que algunas cosas son reales, sobre todo ahora con los deepfakes. Debemos tener capacidad para discriminar fuentes. Creo que esa es una de las cosas más importantes, porque cada vez disponemos de más fuentes y todas parecen similares. Debemos aprender a identificar una fuente fiable.

¿Y cómo se identifica una fuente fiable?

Es una pregunta muy difícil porque para algunos pueden ir desde un gurú que dé vueltas por ahí hasta charlatanes de distintos tipos, pasando por tu amigo o un tío que cree en determinada teoría conspirativa. Por eso, una posibilidad sería hacer alguna formación, educar a los más jóvenes en el consumo de medios para que desde muy pequeños todos aprendamos que, por ejemplo, en el tema de salud, la autoridad tiene que ser el Ministerio de Sanidad y no un partido político o un gurú de internet. Creo que el momento de hacerlo sería en la infancia, para que todos tengamos automatizada cuál debe ser la fuente principal en cada caso. Y eso es importantísimo, por ejemplo, con la politización de los temas de ambientales y de salud, muy susceptibles de generar teorías e informaciones falsas. Lo ideal sería que pudiéramos penalizar y, al mismo tiempo, instruir.

_Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la física cuántica.

The Conversation

– ref. Dolores Albarracín, psicóloga: “Contradecir una teoría conspirativa suele reforzarla” – https://theconversation.com/dolores-albarracin-psicologa-contradecir-una-teoria-conspirativa-suele-reforzarla-282898

“¿Y si no me invitan a salir?” El miedo paralizante de muchos adolescentes a ser excluidos del grupo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Rocío Gómez-Juncal, Profesora e investigadora en el Área de Psicología, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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“¿Y si no me invitan?” “¿Y si me dejan en visto y no me responden?” “Subieron la foto y yo ni siquiera sabía que había plan”… Para muchos niños, niñas y adolescentes estas preguntas no son simples temores, son emociones profundas que marcan su día a día. Pertenecer al grupo, ser aceptado y sentirse parte de algo es tan importante como el aire que respiran. Sentirse “diferente” o excluido puede provocar tristeza, ansiedad y una sensación de no valer lo suficiente.

Estas experiencias también impactan a madres, padres y cuidadores, que muchas veces no saben cómo ayudar. Pero lo que a simple vista parece una herida social, también puede convertirse en una valiosa oportunidad para fortalecer la autoestima, cultivar habilidades sociales y aprender a gestionar las emociones.

¿Por qué duele tanto la exclusión?

El grupo de iguales en la adolescencia se convierte en el centro y la clave para la socialización emocional y cognitiva. Si antes los padres y madres eran sus referentes, ahora quedan en un segundo plano en favor de los grupos de pertenencia donde quieren encajar y hacerse visibles y relevantes.

Los grupos de pares en la adolescencia influyen directamente en la motivación, el compromiso escolar y la percepción de eficacia personal y modelan sus actitudes y conductas en función de las normas que marca el grupo, lo que puede fortalecer o debilitar su autoestima según el nivel de aceptación que experimenten.

Cuando un joven se siente excluido, lo que se pone en juego no es solo su lugar en el grupo, sino su valía personal, el cuestionamiento de su propia identidad. Esto se siente más grave si el entorno familiar o escolar no valida su experiencia y dolor y no ofrece un apoyo emocional adecuado.

Varios estudios nos ofrecen evidencias de que los adolescentes tienden a alinearse con sus pares para evitar el rechazo, pero esto puede tener costes personales cuando sienten que deben renunciar a quienes son para ser aceptados. Además, la presión por ajustarse a las normas del grupo puede llevar a conductas de conformismo que limitan la autenticidad personal.

¿Estamos seguros de cómo nos ven los demás?

El miedo a sentirse excluido pasa por creer saber cómo nos perciben los demás. Pero ¿y si estamos equivocados? La autopercepción social –es decir, la imagen que creemos proyectar en los demás– influye profundamente en nuestra autoestima, nuestras relaciones y en la forma en que nos desenvolvemos socialmente.

Muchas veces, un adolescente puede sentirse ignorado o rechazado sin que realmente lo esté, puede estar interpretando señales ambiguas a través del filtro de su propia inseguridad, y esto puede alimentar miedos, generar ansiedad social e incluso aislamiento.

Según algunos autores, los adolescentes con una percepción inexacta sobre cómo los valoran sus compañeros tienden a sufrir más rechazo, aislamiento y problemas emocionales. En especial, los que tienen un estatus social rechazado o negligido –aquellos que son sistemáticamente ignorados o excluidos por sus compañeros– suelen mostrar una menor precisión a la hora de interpretar si realmente son aceptados o rechazados.

Esta tendencia a interpretar el mundo social desde unas “gafas” negativas de rechazo alimenta un círculo vicioso: como se sienten ninguneados, actúan con inseguridad o evitación, lo que a su vez dificulta aún más que puedan integrarse en el grupo.

## Sentirse fuera… desde dentro de casa

A todo esto tenemos que añadir que hoy sentirse excluido no es algo que tenga que ocurrir en persona. El uso de redes sociales puede amplificar esa percepción al exponer al adolescente constantemente a eventos sociales a los que no ha sido invitado, aumentando la comparación social y el impacto emocional. Esta sobreexposición alimenta la comparación, la inseguridad y la idea de no “pertenecer”. El escenario digital multiplica las oportunidades para sentirse “fuera”, incluso desde casa.

Pero la simple demonización de las redes sociales no nos ayudará a comprender un fenómeno tan complejo. Además de la identidad personal analógica debemos comprender el lenguaje y reglas de la identidad digital: supervisar el uso, establecer límites y fomentar un consumo crítico de redes puede prevenir impactos negativos en la autoestima.

También necesitamos ofrecer espacios de encuentro cara a cara donde puedan relacionarse sin la presión de mostrarse perfectos ni compararse todo el tiempo. Pero aquí debemos hacer algo de autocrítica: ¿estamos creando entornos seguros donde puedan desconectarse de las redes y conectarse de verdad con otros? Tal vez, como adultos, aún tenemos ese reto pendiente.

Así podemos ayudarles

El impulso natural es querer proteger, evitar el dolor, dar soluciones rápidas. Pero en lugar de borrar la dificultad, el verdadero desafío es enseñarles a enfrentarla con herramientas emocionales y sociales sólidas. No se trata solo de hacer que se sientan bien, sino de ayudarles a construir una base interna que los sostenga, incluso cuando las cosas no salgan como esperaban. ¿Pero cómo hacerlo? He aquí algunas pistas:

  • Frases como “no es para tanto” o “ya se te pasará” pueden invalidar su dolor. En su lugar, hay que reconocer que lo que sienten es legítimo para fortalecer la confianza emocional. Los jóvenes requieren de figuras adultas disponibles emocionalmente y capaces de contener y acompañar sus emociones.

  • Ayudar a niños y adolescentes a descubrir y valorar sus talentos, intereses y cualidades personales les permite sostener su identidad incluso en contextos de rechazo. Activar los recursos internos permite afrontar la adversidad de forma constructiva.

  • Es esencial ofrecer y crear espacios donde los jóvenes puedan practicar habilidades como iniciar una conversación, compartir, pedir ayuda o resolver conflictos sin sentirse juzgados, poniendo en práctica sus identidades de una forma libre.

  • Un paso clave es ayudarles a comprender que no encajar en un grupo específico no significa no encajar en ningún grupo. La presión por encajar y parecerse en los grupos de adolescentes puede ser muy fuerte, pero el desarrollo de una identidad autónoma protege frente a esta presión.

Las relaciones familiares cálidas y empáticas son el amortiguador más potente frente al impacto del rechazo social. Una niña o un niño que se siente querido y respetado en casa será más resistente al rechazo externo. Como subraya el psicólogo José Cantón Duarte y sus colaboradores (2011), el autoconcepto positivo y la seguridad emocional se forjan primero en el vínculo con los adultos significativos. Pero ¡ojo! Eso no implica sobreprotegerlos, sino demostrar aceptación incondicional como forma de tratar al otro.

Ahí que estar ahí

Ser excluido duele. Duele mucho. Pero ese dolor no tiene por qué definir el futuro de un menor. Con el acompañamiento adecuado, ese momento difícil puede convertirse en una experiencia transformadora de autoconocimiento y autoaceptación.

No se trata de evitar que sufran, sino de estar ahí, presentes, con escucha real, paciencia y herramientas que les permitan entender que no están solos, que su valor no depende de un grupo, una invitación o una pantalla.

Porque cuando los adultos educan con empatía, información y presencia afectiva, ayudan a formar jóvenes más seguros, empáticos y capaces de construir relaciones sanas y duraderas.

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María Rocío Gómez-Juncal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. “¿Y si no me invitan a salir?” El miedo paralizante de muchos adolescentes a ser excluidos del grupo – https://theconversation.com/y-si-no-me-invitan-a-salir-el-miedo-paralizante-de-muchos-adolescentes-a-ser-excluidos-del-grupo-268068

De Los Álamos a Silicon Valley: el punto ciego del cerebro humano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Saúl Sal Sarria, Investigador Postdoctoral en Neurociencias, Universidad de Oviedo

Lia Koltyrina/Shutterstock

QUIEN NO CONOCE SU HISTORIA…

Agosto, 1939. Leo Szilard convence a Einstein de firmar una carta dirigida al presidente Frankiln D. Roosevelt advirtiendo del peligro de que la Alemania nazi desarrolle una bomba atómica. La carta funciona: nace el Proyecto Manhattan, que congrega a algunos de los científicos más brillantes de la historia en el desierto de Nuevo México para crear el artefacto más destructivo jamás construido.

Julio, 1945. El mismo Szilard redacta una petición con 70 firmas de científicos del Proyecto pidiendo que no se use la bomba contra Japón. Esta vez fracasa: la petición nunca llega a manos del presidente Harry S. Truman. El 6 de agosto de 1945, Little Boy cae sobre Hiroshima. Antes de que termine el año, más de 140 000 personas habrán muerto por el impacto y la radiación residual.

Entre esas dos cartas hay seis años, la misma mente, y una de las paradojas más reveladoras de la historia de la ciencia. Szilard no ignoraba el riesgo: lo había anticipado, articulado y firmado. Y aun así no pudo detener lo que había contribuido a crear.

El patrón se repite

Marzo, 2023. Más de 1 000 investigadores en inteligencia artificial –entre ellos, algunos de los arquitectos de los sistemas más potentes del mundo, como Yoshua Bengio o Geoffrey Hinton– firman una carta abierta pidiendo una pausa en el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial. El argumento: estamos ante una “carrera fuera de control” para desarrollar mentes digitales que “nadie, ni siquiera sus creadores, puede entender, predecir o controlar de forma fiable”.

La carta se publica, pero el desarrollo continúa. La estructura recuerda a la de 1939-1945: los mismos agentes que construyen la tecnología identifican el riesgo, lo articulan públicamente y no son capaces detenerla. ¿Por qué?

La respuesta está en el cerebro

La neurociencia de la toma de decisiones ofrece dos mecanismos que explican este patrón con precisión:

  • Sesgo de disponibilidad. El cerebro humano genera predicciones continuas sobre el entorno a partir de la experiencia previa. Este sistema predictivo –anclado en el córtex prefrontal y el sistema límbico– es extraordinariamente eficiente para amenazas conocidas: un depredador, una enfermedad, un conflicto armado convencional. Pero ante amenazas sin precedente histórico, falla de forma estrepitosa: sin experiencia previa que sirva de referencia, el sistema no genera una señal de alarma proporcional a la magnitud real del riesgo.

    Esto no es negación voluntaria ni falta de intelecto, es un límite neuro-arquitectónico. Una bomba capaz de destruir una ciudad entera era, en 1939, literalmente inconcebible para cualquier cerebro humano, incluido el de Szilard. Que él pudiera anticiparla intelectualmente no significa que su sistema de valoración emocional del riesgo respondiera con la intensidad correspondiente: la disociación entre comprensión intelectual y respuesta afectiva ante el riesgo es uno de los hallazgos más robustos de la neurociencia de la decisión.

    Hoy, con la inteligencia artificial general (AGI), operamos bajo el mismo límite: podemos describir el riesgo con precisión milimétrica y seguir sin asimilar sus posibles consecuencias.

  • Descuento temporal hiperbólico. El segundo mecanismo es más insidioso. El córtex prefrontal valora las consecuencias futuras de forma no lineal: una amenaza a veinte años se descuenta hasta casi desaparecer frente a la recompensa inmediata. En contextos de alta motivación intrínseca –y pocos contextos generan mayor motivación que resolver un problema científico en tiempos de guerra, o construir la herramienta cognitiva más poderosa de la historia–, este descuento se descontrola. El proyecto se convierte en un fin en sí mismo.

    El propio J. Robert Oppenheimer, eje vertebral del Proyecto Manhattan, lo formuló con una claridad que ningún neurocientífico ha superado: “Cuando ves algo técnicamente fascinante, lo llevas a cabo, y solo después de lograr el éxito te preguntas qué hacer con ello”. La recompensa del problema inmediato –su elegancia matemática, su complejidad técnica– superaba el peso de consecuencias que, aunque descriptibles numéricamente, eran abstractas y demasiado lejanas.

Los firmantes de ambas cartas –1945 y 2023– son, según cualquier métrica, mentes excepcionales. Sin embargo, el problema es algo más profundo: partimos de un hardware biológico diseñado para otro tipo de mundo, uno en el que las amenazas eran inmediatas, concretas, uno en el que sin precedente era sinónimo de inexistente.

La implicación es incómoda: no podemos abordar críticamente este problema con el mismo cerebro que lo está creando.

Ingeniería institucional para un cerebro limitado

Cuando la memoria individual se volvió insuficiente, externalizamos el conocimiento en libros e instituciones. El problema actual no es de capacidad de almacenamiento, es de arquitectura de valoración del riesgo. Por eso necesitamos una externalización de un tipo distinto: no de memoria, sino de juicio. No porque los científicos sean irresponsables, sino porque ningún cerebro humano, por brillante que sea, está equipado para razonar de forma fiable sobre lo que nunca ha ocurrido.

Diseñar planes sobre tecnologías de riesgo existencial exige compensar activamente estos sesgos: instituciones con horizontes temporales largos, mecanismos de disidencia estructurada, separación entre quienes desarrollan y quienes evalúan el riesgo. No es una cuestión de voluntad individual, sino ingeniería institucional para suplir lo que la arquitectura cognitiva humana no puede dar.

Szilard lo intentó desde dentro del sistema que él mismo había contribuido a construir. Redactó la petición, recogió las firmas, buscó los canales. No fue suficiente. La pregunta relevante no es si Szilard hizo todo lo que podía, es si el sistema en el que operaba estaba diseñado para contrarrestar los sesgos que él, como cualquier ser humano, no podía superar solo.

…ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA

Szilard murió en 1964 sin ver una guerra nuclear. Quizás el sistema funcionó. O quizás tuvimos suerte. La diferencia entre ambas explicaciones importa más de lo que parece: si fue suerte, ¿confiaría a la suerte el futuro de nuestro planeta?

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Saúl Sal Sarria no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De Los Álamos a Silicon Valley: el punto ciego del cerebro humano – https://theconversation.com/de-los-alamos-a-silicon-valley-el-punto-ciego-del-cerebro-humano-285720

Esta diminuta araña usa una potente catapulta de seda con más aceleración que un avión de combate

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ajay Narendra, Associate Professor of Insect Neuroethology, Macquarie University

Ajay Narendra, Pranav Joshi, Daniele Liprandi, Gregory J Anderson, Jonas Wolff, CC BY

Hay más de una forma en que una araña puede tejer su tela: mientras que algunas construyen grandes estructuras circulares y verticales, otras crean telas horizontales a base de láminas o telarañas enmarañadas que atrapan insectos rastreros.

Las arañas también pueden capturar su cena de diferentes maneras. Las lanzadoras arrojan pequeñas redes de seda sobre presas desprevenidas, mientras que las arañas tirachinas utilizan sus telas cónicas como catapultas, lanzándose a sí mismas e incluso la propia tela hacia presas cercanas.

En las selvas tropicales de la península del cabo York, en Queensland (Australia), descubrimos una araña con una nueva estrategia de caza. Es un diminuto animal nocturno del género Propostira al que llamamos araña ballesta.

Como describimos en el artículo publicado en Current Biology, construye una trampa accionada por resorte que solo se activa para atrapar una única presa: la agresiva y altamente territorial hormiga tejedora u hormiga verde (Oecophylla smaragdina).

Cómo captura hormigas la araña ballesta

Una araña fijando hebras de seda a una hoja.
La araña ballesta construye pacientemente su trampa cónica.
Ajay Narendra, Pranav Joshi, Daniele Liprandi, Gregory J Anderson, Jonas Wolff, CC BY

Durante el día, esta araña descansa dentro de un refugio de seda en la parte inferior de las hojas. A medida que avanza la noche, desciende lentamente por un hilo de seda hasta encontrar una estructura adecuada donde establecer un punto de anclaje.

Después regresa a la tela principal, dejando tras de sí una “línea de tensión”, y repite el proceso con una precisión increíble para construir una red de líneas de tensión de seda con forma de abanico. Esto culmina gradualmente en la formación de un pequeño armazón cónico que la araña envuelve después con un tipo más fino de seda antes de retirarse a la tela principal.

La seda más fina parece atraer a las hormigas y provocar la respuesta de ataque, posiblemente mediante feromonas. Una vez que han colocado la seda más fina, las hormigas tejedoras obreras aparecen al instante, reaccionan agresivamente y muerden el cono.

La mordedura desprende el cono de la superficie, y esto genera el efecto catapulta: la hormiga es arrastrada hacia arriba y proyectada a la tela principal en una fracción de segundo. El lanzamiento tiene aceleraciones de hasta 1 367 metros por segundo al cuadrado; eso equivale aproximadamente a 140 veces la aceleración de la gravedad, o 15 veces las fuerzas g más extremas experimentadas por los pilotos de aviones de combate.

La araña espera a que la hormiga quede completamente enredada en su tela. Cuando es seguro acercarse, la envuelve en seda hasta que está lista para comérsela.

Un sistema superior

La trampa biológica de la araña ballesta es la más eficiente y potente del mundo en términos de almacenamiento y liberación de energía acumulada en seda.

Gramo por gramo, las telas almacenan más energía y ejercen más potencia que cualquier catapulta biológica conocida. Un kilogramo de esta tela llega a almacenar 78,17 kilojulios de energía cinética y ejercer brevemente una potencia de 11,73 megavatios.

La potencia excepcionalmente alta de la trampa de la araña ballesta probablemente ha evolucionado para arrancar rápidamente a las hormigas de las proximidades de sus nidos y senderos, donde otras hormigas podrían acudir en su defensa.

Hormiga modiendo una telaraña.
Una hormiga desprevenida ataca la trampa de la araña ballesta.
Ajay Narendra, Pranav Joshi, Daniele Liprandi, Gregory J Anderson, Jonas Wolff, CC BY

Especialización extrema

Hay otros dos aspectos inusuales de la araña ballesta.

El primero es su extrema especialización en una única especie de presa. Esto sugiere que podrían añadir feromonas específicas a la fina seda envolvente de sus trampas para atraer a las hormigas verdes arborícolas.

El segundo es que la trampa la activa la propia presa, en lugar de la situación más común en la que el depredador detecta a la presa y activa la trampa.

La araña ballesta demuestra cómo una especialización extrema en una presa puede impulsar la evolución de un rendimiento biomecánico excepcional.

The Conversation

Ajay Narendra recibe financiación del Consejo Australiano de Investigación y de la Fundación Herman Slade.

– ref. Esta diminuta araña usa una potente catapulta de seda con más aceleración que un avión de combate – https://theconversation.com/esta-diminuta-arana-usa-una-potente-catapulta-de-seda-con-mas-aceleracion-que-un-avion-de-combate-286058

Implantar la sostenibilidad en las empresas pasa por involucrar a las personas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Ramos-Camacho, Investigadora en Dirección de Recursos Humanos, Universidad de Cádiz

Una empresa mediana instala contenedores de reciclaje en cada planta de su sede, lanza una campaña interna con carteles y correos electrónicos y pide a sus empleados que cambien sus hábitos. Tres meses después, los contenedores están mal utilizados, nadie recuerda la campaña y todo ha vuelto a ser como antes.

Este escenario se repite en miles de organizaciones. Y lo más desconcertante es que el problema casi nunca es la falta de interés. La mayoría de las personas afirma preocuparse por la sostenibilidad y el medioambiente. Entonces, ¿por qué cuesta tanto transformar esas intenciones en comportamientos estables dentro de las empresas?

La respuesta no está en los empleados. Está en cómo se diseña el cambio.
La presión regulatoria europea, con la Directiva CSRD y las exigencias ESG, está acelerando la incorporación de la sostenibilidad en empresas de todos los tamaños. Sin embargo, muchas organizaciones están descubriendo que adoptar políticas sostenibles es mucho más sencillo que conseguir que formen parte de la rutina laboral de las personas.

El error más común: confundir sostenibilidad con cumplimiento

Muchas empresas abordan la sostenibilidad como un problema técnico: nuevos protocolos, campañas internas o normas que los empleados deben seguir. El mensaje implícito suele ser claro: “Esto es lo que hay que hacer a partir de ahora”.

Pero cambiar comportamientos humanos es mucho más complejo que enviar instrucciones. La sostenibilidad organizativa no es solo una cuestión técnica. Es, sobre todo, una cuestión social.

No es lo mismo recibir un correo diciendo “a partir de ahora reciclamos” que participar en cómo reducir residuos en el propio puesto de trabajo. En el primer caso, los empleados obedecen. En el segundo, construyen. Y lo que se construye suele durar más que lo que se impone.

Por qué las personas se implican

La psicología lleva años mostrando que las personas se implican más cuando sienten que participan en las decisiones, perciben resultados concretos y forman parte de un grupo con objetivos compartidos. Es lo que defiende la teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos estadounidenses Edward L. Deci y Richard Ryan y respaldada por décadas de investigación en contextos organizativos. Cuando estas condiciones no existen, la motivación se desgasta y los cambios se diluyen. También ocurre con la sostenibilidad.

Pero nuestras investigaciones sobre sostenibilidad y gestión de personas en empresas europeas añaden un elemento que muchas organizaciones pasan por alto: no basta con que los empleados estén motivados. Para que la sostenibilidad se convierta en parte real del funcionamiento de una empresa, alguien tiene que tener capacidad real para traducirla en prácticas cotidianas.

La persona clave para incorporar la sostenibilidad

Esa persona suele ser quien lidera la gestión de personas en la organización. Nuestra investigación muestra que uno de los factores más importantes, además de la propia estrategia que diseña la dirección general, es el margen de actuación real que tienen los responsables de recursos humanos para incorporar la sostenibilidad en la gestión diaria: en la selección, la formación, la evaluación o el reconocimiento de las personas.

La diferencia es más concreta de lo que parece. No es lo mismo un responsable de recursos humanos que puede rediseñar cómo se evalúa y reconoce el trabajo sostenible, que uno que solo puede colgar carteles en la sala de descanso. En el primer caso, la sostenibilidad entra en la vida laboral de las personas. En el segundo, se queda en la pared.

Cuando ese margen existe, la sostenibilidad deja de ser un discurso corporativo y empieza a convertirse en algo que los empleados experimentan cada día. Cuando no existe, incluso las iniciativas mejor intencionadas se quedan en la superficie.

Las personas que tienen voz en cómo se implantan los cambios sostenibles se implican de forma muy distinta que quienes simplemente reciben instrucciones. Porque las personas no sostienen durante mucho tiempo aquello que sienten impuesto desde fuera.

El problema de no ver resultados

Otro obstáculo frecuente aparece cuando los empleados no perciben el impacto real de lo que hacen. Muchas empresas impulsan iniciativas sostenibles pero no muestran resultados concretos. Los empleados separan residuos o reducen impresiones sin saber realmente si eso sirve para algo. Y cuando el esfuerzo no tiene un impacto visible, la motivación se erosiona rápidamente.

La solución no requiere grandes sistemas de medición. A veces basta con hacer visibles los avances: cuánto se ha reducido el consumo energético, qué cambios ha propuesto un equipo, qué mejoras concretas se han conseguido. Los pequeños resultados, cuando se comunican, ayudan a consolidar los comportamientos sostenibles en el tiempo.

La sostenibilidad también se contagia

En equipos pequeños, las conductas no solo se enseñan: también se observan, se imitan y se normalizan. Cuando las prácticas sostenibles forman parte de la dinámica habitual del grupo, dejan de percibirse como una exigencia externa y pasan a convertirse en “la forma en que aquí se hacen las cosas”.

Además, el reconocimiento dentro del equipo (agradecer una iniciativa, compartir logros colectivos o visibilizar propuestas útiles) fortalece el sentimiento de pertenencia y aumenta la disposición a colaborar. La sostenibilidad no se construye solo con normas. También se construye a través de las relaciones cotidianas.

Una oportunidad real para las pymes

Las pymes representan el 99 % de las empresas europeas y generan dos de cada tres empleos en la UE. Sin embargo, afrontan la transición hacia la sostenibilidad con recursos mucho más limitados que las grandes corporaciones.

Sin embargo, tienen una ventaja que a menudo infravaloran: su cercanía. La relación directa entre dirección y empleados, la flexibilidad para adaptar procesos y la rapidez para tomar decisiones crean condiciones muy favorables para impulsar cambios culturales reales. Lo que en una gran organización puede requerir meses de planificación, en una pyme puede surgir de una conversación de equipo.

La clave está en no tratar la sostenibilidad como un trámite, sino como una forma distinta de trabajar. Y en asegurarse de que quien gestiona personas tenga el margen real para hacerlo posible. Porque la falta de implicación de los empleados en las iniciativas sostenibles no suele ser un problema de actitud. Es, sobre todo, un problema de diseño.

Los cambios no se decretan desde arriba. Se construyen desde dentro. Y la sostenibilidad que no llega a las personas no es sostenibilidad. Es solo una campaña.

The Conversation

Los autores han recibido financiación del proyecto PID2023-148080NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y FEDER, Unión Europea. Este trabajo también ha sido financiado por el Proyecto de Excelencia ProyExcel_01003 de la Junta de Andalucía.

Los autores están afiliados al Instituto Europeo de Sostenibilidad en Gestión (iESG), centro de investigación especializado en sostenibilidad y gestión empresarial.

Pedro M. Romero Fernández ha recibido han recibido financiación del proyecto PID2023-148080NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y FEDER, Unión Europea. Este trabajo también ha sido financiado por el Proyecto de Excelencia ProyExcel_01003 de la Junta de Andalucía. Los autores están afiliados al Instituto Europeo de Sostenibilidad en Gestión (iESG), centro de investigación especializado en sostenibilidad y gestión empresarial

Marta Ramos-Camacho y Teresa Jiménez-García no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Implantar la sostenibilidad en las empresas pasa por involucrar a las personas – https://theconversation.com/implantar-la-sostenibilidad-en-las-empresas-pasa-por-involucrar-a-las-personas-284200

Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Pastor Comín, Catedrático de Universidad. Área: Música. Investigación: Relaciones entre Música y Literatura. CIDoM (UCLM-CSIC). Premio de Investigación e Innovación en Arte y Humanidades (Gobierno de Castilla-La Mancha), Universidad de Castilla-La Mancha

Edificios semiderruidos por la guerra civil española. Otto Wunderlich. Archivo Wunderlich, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

David Uclés se define en su página web como escritor, músico y dibujante, y allí aloja sus propias composiciones. Pertenece a esa nómina de talentos que cultivaron la música y la literatura, desde Juan del Encina a Julio Cortázar, pasando por Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Galdós, Gerardo Diego o Federico García Lorca, una escritura renovada que busca un apoyo constante en la participación de las artes.

Así, por su última novela, La ciudad de las luces muertas, desfilan, en espacios emblemáticos como el Palau de la Música, Pau Casals, Montserrat Caballé o Jordi Savall, al tiempo que el joven escritor selecciona quince piezas musicales para acompañar su lectura.

¿Qué sentido tienen estos referentes musicales recurrentes integrados en sus novelas? Más allá del realismo mágico –o realismo uclesiano– que define su estilo, ¿no será, quizá, una de sus propuestas más innovadoras hacernos ver que la música trasciende y da sentido al espacio silencioso de la lectura?

‘La península de las casas vacías’, un tapiz sonoro elocuente

La península de las casas vacías refiere la descomposición y desaparición de una familia durante los años de la Guerra Civil española. En ella la música tiene un papel vertebrador.

Sus cuatro partes diferenciadas bien podrían ser cuatro movimientos sinfónicos en los que Odisto –imagen de Odiseo–, el personaje principal, sentirá las voces de la guerra que arrastra el viento. Él deberá evitar estas voces aniquiladoras, que recuerdan a las de las sirenas que Ulises escucha atado al mástil en la Odisea. A pesar de que los cantos representan la tentación del conocimiento absoluto y el olvido del hogar, ambos héroes, Odisto y Ulises, cruzarán esa experiencia musical y lograrán regresar a su patria.

En este largo viaje el lector contemplará el paisaje sonoro cotidiano de los años 1920 y 1930. En él se encuentran las coplillas que se hicieron a raíz del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906:

“En la Plaza Mayor

ha caído una bomba

ha ido a parar a la reina Victoria.

Victoria está mala

y el rey no la quiere,

por eso Victoria

de pena se muere”.

También las parodias y las nuevas letras para el Himno de Riego que se cantaban en la España republicana:

“Si los curas y Franco supieran

la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando

¡libertad, libertad, libertad!”

Igualmente, Uclés incluye la versión popular de Los cuatro muleros titulada Los cuatro generales, que hacía referencia a Franco, Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano. Todas ellas presentan un auténtico tapiz sonoro de la realidad del momento que recuerda al lector que en una guerra civil nada, y mucho menos la música, es inocente.

Más allá de estas músicas contextuales, Uclés introduce otras obras que interfieren como anacronías en la ficción. Al igual que hace Miguel de Unamuno en Niebla, el autor rompe la “cuarta pared” narrativa, establece un diálogo con sus personajes y, gracias a esta capacidad de interacción, les concede en momentos esenciales músicas a las que el lector deberá acudir si quiere participar en una experiencia interartística inmersiva.

Un ejemplo claro es el regreso de Odisto a su pueblo:

“Hice que, algo lejana, sonara en sus oídos una melodía que lo iba a acompañar en aquella última estación del viacrucis de vuelta. Para quien desee escucharla al mismo tiempo, se trata del ”Himno de los querubines“ de Piotr Ilich Tchaikovsky”.

Esto mismo sucede en la descripción de la toma de Badajoz por el coronel Yagüe, donde advierte “os dejo antes el nombre de una pista de audio, por si queréis finalizar el capítulo con la misma música con la que estoy escribiendo yo: Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri”, marcando así la matriz emocional del episodio.

Este recurso evocando el patrimonio histórico musical se repite en distintas ocasiones. En la batalla del Jarama, el corneta Camilo “decidió improvisar un aire parecido al Tuba mirum de Verdi, pero el doble de lento y de largo”, acentuando la dimensión fúnebre de la guerra fratricida.

Otras veces el narrador introduce músicas más próximas a los personajes para consolar por la pérdida de los fallecidos: “Antes de seguir con la lectura, os animo a que pongáis el Andante festivo de Sibelius que fue reorquestado en 1938 y lo escuchéis mientras leéis el siguiente capítulo”.

Las músicas del futuro

Pero también, y de una forma audaz, Uclés hace que sus personajes escuchen obras que fueron compuestas mucho tiempo después de la Guerra Civil. Sucede así, por ejemplo, cuando decide suspender el relato sobre la masacre en la carretera de Málaga-Almería para hacer que los soviéticos de las Brigadas Internacionales canten Sacred Love, de Georgui Svirídov, compuesto en 1973.

Estas referencias extemporáneas transforman hechos históricos puntuales en universales. De este modo los personajes de 1936 pueden ver en Madrid la escultura de Agustín Lara realizada por Humberto Peraza en 1975 frente a las Escuelas Pías. La pieza alude a la canción “Solamente una vez”, y en su pedestal se puede leer la letra del famoso chotis de 1948: “Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací… en México se piensa mucho en ti”. En la novela no se menciona esta canción, pero es extraordinariamente elocuente en su recuerdo del exilio.

En el relato de la evacuación de los niños vascos en 1937 se intensifica el dolor de las madres, haciéndoles llegar como consuelo “una melodía balcánica llamada Ederlezi, hoy día bellamente interpretada por Nigel Kennedy y Goran Bregovic”.

La dulzura de esta obra se contrapone con la brutalidad y densidad sonora del Requiem II. Kyrie de Ligeti, que enmarca la cuarta parte de la novela y el estallido del volcán que fractura la península. A estas músicas imposibles hay que añadir el bálsamo que concede el narrador a uno de los personajes tras matar a un miliciano: “Hice que sonara muy tibiamente una pieza en su cabeza: la melancólica interpretación que Miles Davis haría tiempo después del adagio del Concierto de Aranjuez”.

Las piezas empleadas por Uclés no solo ayudan a comprender una época: expanden el mundo de los lectores. La península de las casas vacías es así un lugar donde la experiencia musical –las obras clásicas, coetáneas y futuras que aparecen en la particular odisea de Odisto– transforma la vivencia del tiempo.

El sentido se desplaza más allá del reino de la palabra y solo parece encontrarse donde la música, vivida en primera persona, se expresa poderosamente e invade el terreno silencioso de la novela.


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The Conversation

Juan José Pastor Comín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’ – https://theconversation.com/todas-las-musicas-que-se-esconden-en-la-peninsula-de-las-casas-vacias-281090

Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Garrido López, Investigadora predoctoral en Tecnologías y Sistemas de Comunicaciones, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Master1305/Shutterstock

En las facultades de medicina se enseña un mantra de prudencia: “Si oyes galopar, piensa en caballos, no en cebras”. Es una invitación a buscar lo común antes que lo exótico. Si un paciente llega con fiebre y tos, la lógica dicta pensar en una gripe y no en una patología tropical de un valle perdido. Sin embargo, el problema es que las cebras existen.

Aunque cada una de estas patologías afecta a menos de 5 por cada 10 000 habitantes, su impacto global es masivo. Se estima que existen más de 7 000 enfermedades raras –con 6 147 identificadas en el registro Orphanet– que afectan a más de 300 millones de personas en el mundo. Esta paradoja es el corazón del problema: los pacientes son muchos, pero están tan dispersos que el conocimiento sobre ellos permanece fragmentado. Las enfermedades poco frecuentes cargan con una “triple conDena” que bloquea el progreso médico:

  • Diagnóstico: el 57 % de los pacientes sufre una demora diagnóstica superior al año. En España, la media ronda los seis años de incertidumbre, un tiempo en el que el impacto psicosocial sobre el paciente y su familia se agrava profundamente ante la falta de respuestas.

  • Dinero: los llamados “medicamentos huérfanos” rara vez son rentables para el mercado farmacéutico tradicional. Al haber pocos pacientes, la inversión es difícil de recuperar, dejando a miles de patologías sin investigación activa.

  • Datos: el conocimiento médico está encerrado en silos. Un hospital en Madrid ha visto dos casos; otro en Tokio, tres. Cada centro posee una pieza vital del puzle, pero ninguna es suficiente por sí sola para entrenar a una inteligencia artificial.
    Hasta ahora, la solución lógica era “juntar los datos”. Pero un historial clínico es la información más íntima que poseemos. Por razones éticas y legales, los datos no pueden (ni deben) circular libremente. El resultado es que el conocimiento se queda aislado.

Aprendizaje federado: los datos no viajan, viaja el algoritmo

La respuesta pasa por invertir la lógica tradicional: en lugar de llevar los datos al algoritmo, llevamos el algoritmo a los datos. Esta técnica, denominada “aprendizaje federado”, permite que un modelo de IA “viaje” a cada hospital, aprenda localmente de sus historiales y regrese a una sede central llevando consigo únicamente parámetros matemáticos. Son patrones, no nombres; tendencias, no fechas.

Es como si cien investigadores estudiaran en bibliotecas distintas de todo el mundo: ninguno saca un solo libro, pero todos comparten sus notas finales
para escribir un manual común. Esta arquitectura ya no es teórica. Modelos federados han demostrado alcanzar hasta el 99 % de la eficacia de aquellos entrenados con datos centralizados.

En España, la lucha contra el aislamiento de estos datos tiene un rostro real: Julián Isla. Ingeniero y padre de un niño con una enfermedad rara, Isla vivió la “odisea del diagnóstico” y entendió que la informática debía ser el aliado perfecto, ya que el diagnóstico de estas patologías requiere analizar cantidades masivas de síntomas que superan la capacidad humana.

De esa urgencia nació la Fundación 29 y herramientas como DxGPT, que ya utilizan más de 6 000 médicos en Madrid para navegar por la complejidad de lo desconocido. Como afirma Isla al reflexionar sobre este avance: “Hemos transformado un problema personal en algo que puede ayudar a los demás”. Si iniciativas como la suya abrieron el camino al demostrar el potencial de la IA en la nube, el aprendizaje federado propone ahora la infraestructura definitiva para el sistema sanitario; la evolución necesaria para que la IA se convierta, siempre con respeto a la privacidad, en ese copiloto que guía al médico cuando los síntomas no encajan en ningún manual conocido.

Contra la ceguera algorítmica

Aquí reside la verdadera justicia social de esta tecnología. La IA no sabe medicina de forma innata; aprende exclusivamente de los datos que le enseñamos. Si un algoritmo se entrena únicamente con historiales de grandes centros urbanos, desarrollará una ceguera algorítmica ante el paciente rural o aquel con una mutación poco frecuente.

El aprendizaje federado actúa como un democratizador de la inteligencia médica: permite que un hospital comarcal aporte sus escasos casos a un modelo global sin ceder la soberanía sobre sus datos y, a cambio, recibe una herramienta enriquecida con la experiencia de instituciones de élite de todo el mundo. Así, la excelencia clínica deja de ser un privilegio geográfico.

Que el médico no esté solo

La meta final es que, cuando un médico se enfrente a una “cebra” clínica, no tenga que recurrir a una búsqueda desesperada en navegadores genéricos.

Imaginemos el escenario: un pediatra detecta un síntoma inusual, introduce su caso en un modelo federado y el sistema lanza un aviso: “He detectado patrones clínicos similares en la red global. Considera analizar este marcador genético”. No es ciencia ficción: herramientas como DxGPT ya permiten a más de 6 000 médicos en Madrid navegar por la complejidad de lo desconocido.

La IA no llega para sustituir al médico, sino para dotarlo de una memoria global compartida. Porque si bien la privacidad es un derecho, el acceso al conocimiento es una cuestión de supervivencia. Los datos se quedan en casa para proteger al paciente; el conocimiento viaja por el mundo para salvarlo.

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Alba Garrido López recibe fondos para su investigación a través de proyectos gestionados por la Universidad Politécnica de Madrid. No es asalariada, ni consultora, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de otros vínculos relevantes más allá de su cargo académico.

– ref. Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras – https://theconversation.com/algoritmos-nomadas-el-fin-del-aislamiento-de-las-enfermedades-raras-285713