Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paola Alexandria Pinto de Magalhães, Investigador – Facultad de Enfermería – Desarrollo Positivo de Niños y Adolescentes, Universidad de Navarra

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Pocos acontecimientos generan tanta expectación en la adolescencia como los viajes de fin de curso. Estar lejos de casa, compartir tiempo con amigos y disfrutar de una sensación inédita de libertad convierte estos viajes en experiencias especialmente intensas. Para muchos jóvenes representan una de las primeras oportunidades de desenvolverse con mayor autonomía, tomar decisiones propias y relacionarse con sus iguales fuera de los contextos habituales de supervisión.

Precisamente por ello, los viajes de fin de curso constituyen un escenario privilegiado para el desarrollo de la identidad, la autonomía y la responsabilidad. Sin embargo, no todos ofrecen las mismas oportunidades ni generan los mismos resultados. La clave no está únicamente en viajar, sino en cómo se organiza el tiempo durante esos viajes.

Tiempo libre, con y sin estructura

El tiempo libre desempeña un papel crucial en el desarrollo psicosocial de los adolescentes. Las actividades de ocio pueden clasificarse como estructuradas o no estructuradas.

Al primer grupo pertenecen los deportes de equipo o deportes individuales, el voluntariado, la participación en grupos juveniles de música, teatro u otras actividades culturales y religiosas, que se caracterizan por ser organizadas, supervisadas y orientadas a objetivos.

Por el contrario, las actividades no estructuradas incluyen tiempo sin supervisión y actividades menos organizadas, como pasar el rato con amigos o dedicar largas horas a actividades sin una finalidad concreta.

Estructura no es falta de libertad

La diferencia entre ambos tipos de ocio no radica en la cantidad de libertad que ofrecen, sino en el contexto en el que los adolescentes ejercen esa libertad. La estructura no implica controlar cada movimiento, sino proporcionar oportunidades para desarrollar progresivamente la autonomía y asumir responsabilidades en un entorno seguro.

En este contexto, los viajes de fin de curso concentran largos periodos de tiempo libre compartido entre iguales, frecuentemente con menor supervisión y menor estructura que en otros contextos cotidianos. Estas características los convierten en un escenario interesante para analizar cómo la organización del tiempo libre puede influir en el comportamiento adolescente.

Factores de riesgo y toma de decisiones

Cuando el tiempo libre carece de estructura, aumentan determinados factores de riesgo. Estar fuera de casa reduce las normas percibidas: aquello que los adolescentes no harían en su entorno habitual puede percibirse como más aceptable durante el viaje. Además, el incremento de horas de convivencia entre iguales intensifica la influencia del grupo, que se convierte en referencia constante para la toma de decisiones.

El viaje crea un contexto psicológico donde determinadas conductas pueden ser más aceptadas y esperadas. Aunque no todos los adolescentes participan en ellas, tanto la probabilidad como la intensidad de ciertos comportamientos de riesgo aumentan.

Convivencia con iguales y con redes sociales

A esta dinámica grupal se suma el papel de las redes sociales. Durante los viajes, los adolescentes suelen compartir imágenes, vídeos y experiencias, lo que puede incrementar la presión social, la necesidad de aprobación y fenómenos como el miedo a perderse algo (FOMO).




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La búsqueda de validación social, junto con la exposición constante a contenidos compartidos por los pares, puede favorecer conductas impulsivas o de mayor riesgo. Además, un mayor tiempo de pantalla durante estos periodos se ha asociado con consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo y comportamientos problemáticos en línea, como el sexting o el ciberacoso.

La evidencia muestra además que esas conductas rara vez aparecen de forma aislada. El consumo de alcohol y drogas, los comportamientos sexuales de riesgo y las actividades problemáticas en entornos digitales suelen agruparse y formar parte de un mismo patrón favorecido por la desinhibición, la influencia del grupo y una menor percepción del peligro.

Una oportunidad para crecer

Sin embargo, concluir que los viajes son negativos sería un error. De hecho, pueden constituir una extraordinaria oportunidad educativa. Permiten interactuar con nuevos entornos, favorecen la apertura a la diversidad, fomentan actitudes interculturales y contribuyen al desarrollo personal del adolescentes.

Algunos modelos, como el turismo educativo, suelen combinar experiencias atractivas para los jóvenes con actividades estructuradas y objetivos formativos. Este tipo de propuestas se asocia con oportunidades para desarrollar la autonomía, fortalecer la identidad y el bienestar y adquirir competencias personales y sociales. Sin embargo, este enfoque no es habitual en muchos de los viajes de adolescentes.

Cómo equilibrar diversión y aprendizaje

Es, pues, posible organizar la experiencia de un viaje de fin de curso de manera que, además de pasarlo bien, los jóvenes maduren y aprendan, incorporando actividades estructuradas, espacios de participación y responsabilidades adaptadas a la edad, y evitando los periodos excesivamente de ocio no estructurado, ya que aumentan la probabilidad de que aparezcan conductas impulsivas y dinámicas grupales negativas.




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Desde los centros educativos resulta importante planificar actividades significativas, reducir tiempos vacíos críticos y establecer normas claras; también que los propios interesados participen en el diseño de las actividades, para que respondan a sus intereses y necesidades: senderismo, acampada, debates guiados para reflexionar sobre las experiencias, además de los mencionados deportes y juegos de equipo, voluntariado o actividades culturales.

Desde la familia, es esencial educar en la toma de decisiones, fomentar fortalezas personales y preparar a los adolescentes para gestionar la presión del grupo y los riesgos asociados al entorno digital.

Intensificadores de lo bueno

Los viajes de fin de curso son contextos donde se intensifican muchas de las dinámicas propias de la adolescencia: la búsqueda de independencia, la construcción de la identidad, la influencia de los iguales y la toma de decisiones. Entender cómo funcionan estos entornos no busca alarmar, sino orientar y mejorar su diseño.

Porque los adolescentes no necesitan menos autonomía; necesitan contextos mejor pensados para aprender a ejercerla. Y cuando la libertad se acompaña de estructura, los viajes pueden convertirse en una auténtica oportunidad educativa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta? – https://theconversation.com/viajes-de-fin-de-curso-experiencia-educativa-o-solo-fiesta-284974