Por qué he recomendado a mis estudiantes que vean ‘Torrente, presidente’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora especialista en estudios culturales franceses y análisis del discurso, Universidad de Valladolid

Carlos Areces y Santiago Segura en un fotograma de _Torrente, presidente_. Sony Pictures

Si alguien me hubiera dicho que recomendaría una película de Santiago Segura en mis asignaturas sobre análisis del discurso probablemente no me lo habría creído. Pero aquí estamos.

En clase estudiamos las estructuras discursivas de los políticos y, para examinar el discurso populista actual de forma rigurosa, recurrimos a las teorías del politólogo Pascal Perrineau, y los lingüistas Patrick Charaudeau y Teun A. Van Dijk.

He pedido a mis estudiantes que vean la película Torrente, presidente porque ilustra todo lo que explican estos expertos. El personaje de José Luis Torrente no es solo un tipo reprobable y cutre, sino también el ejemplo de cómo se construye un discurso populista. Al desglosar estos conceptos, se desvelarán por tanto momentos esenciales de la película (espóilers).

1. Populismo reaccionario

Torrente y el partido político NOX al que se adhiere encarnarían el populismo reaccionario explicado por Perrineau. Con ello se refiere a aquel que pretende expresar las preocupaciones de lo que se denomina “mayoría silenciosa”, que dice hablar en nombre de la gente común olvidada por los políticos tradicionales, aunque ello implique vehicular sentimientos de xenofobia, racismo y exclusión.

Con su discurso, Torrente anima a mirar a un pasado construido ideológicamente donde las fronteras son claras y la cultura, homogénea.

2. Líder carismático

Según Charaudeau, el líder populista se presenta como un representante del pueblo fuera de lo común, energético y carismático, con una imagen de salvador, mesías o héroe que resolverá todo.

Dos miembros del partido ficticio NOX descubren a Torrente mientras habla en un bar y les fascina su autenticidad, su aparente credibilidad y cómo capta la atención, a pesar de ser, según el propio Santiago Segura, “un compendio de todo lo reprobable, lo más ruin y miserable de nuestra sociedad”.

3. Lenguaje simple y vulgar

El discurso populista es emocional, sencillo, con frases cortas, directas y repetitivas. Simula cercanía y rompe las formas para sorprender y así captar la atención. Por eso se usan también palabras groseras e insultos.

Torrente habla igual en el bar que en un mitin: con tono maleducado, directo, zafio y simple. Utiliza hipérboles y metáforas vulgares y escatológicas. Dice que España es un “váter atascado” y usa expresiones como “la política es la polla”, sin contar con que, una vez que ya es presidente, invita al espectador a hacerse “unas pajillas” con él.

4. Situación de crisis exagerada

Charaudeau y Perrineau explican que el discurso populista se refleja o se construye en una situación de crisis (social, económica, política, etc.) de la que se nutre y que, por ello, se exagera. Se alimentan con arengas la incertidumbre, el miedo o la ira.

Un hombre desastrado en medio de un bar.
Santiago Segura en un fotograma de la película.
Sony Pictures

En este caso, Torrente piensa que España se encuentra al borde del colapso, por eso se autoproclama salvador. Ante esta situación crítica, pretende recuperar la grandeza del país y se compara con Donald Trump y su Make America Great Again (“Hagamos América grande otra vez”), un personaje que incluso le apoya apareciendo en uno de sus mítines.

5. Origen del mal y de la crisis

Se presentan culpables directos como enemigos que hay que vencer y se simplifican problemas complejos.

Para NOX, la crisis viene del presidente del Gobierno, Pedro Vilches, interpretado por el cantante Bertín Osborne. Para Torrente, en cambio, su chivo expiatorio es sobre todo la inmigración. Así, no hace diferenciaciones en el tema ni cuando se trata del personaje al que interpreta Omar Montes, El Moha, un hombre magrebí que tiene un establecimiento de venta de kebabs. Aunque incluso protege a Torrente en su casa cuando le están persiguiendo y muere por ello, los insultos de “moro de mierda” o “putos moros” no cesan.

6. Glorificación nacional

Consiste en la exaltación y representación positiva del propio país, sus principios, historia y tradiciones.

Torrente encarna un patriotismo nostálgico. Idealiza y ensalza una España autoritaria y uniforme. Su identidad nacional se ancla en la tauromaquia, el fútbol, la reina Isabel la Católica y la figura del cantante El Fary, que rechaza al “hombre blandengue” y defiende roles de género convencionales. Torrente sentencia: “¡El pueblo español quiere como representante a un hombre!”.

7. Polarización

Según Van Dijk, se crean dos grupos en un eje “nosotros” contra “ellos”, enfrentados y enemigos.

Aunque se parodia todo el espectro político, el conflicto central de la película enfrenta a NOX y al PSAE. Ambos partidos se presentan como adversarios acérrimos que se deslegitiman mutuamente, compartiendo una profunda ambición personal y falta de valores. Esta división se extiende al plano social, en el que Torrente defiende a la población española contra la inmigrante, especialmente la magrebí.

8. Sin medidas de solución concretas

El populismo plantea y exagera los problemas, pero no presenta propuestas de solución, o lo hace de forma muy general.

Un grupo de gente habla en un despacho.
El comité asesor de la campaña política da consejos a Torrente.
Sony Pictures

Torrente quiere ser el libertador del pueblo sin precisar cómo. Le asegura al taxista que se interesará por los asuntos de su sector cuando llegue al poder, sólo para que no le cobre la carrera. Les dice a unos albañiles que se ocupará de sus problemas si llega ser presidente, para poder llevarse unos restos de la obra.

No dice –ni sabe– qué hará para conseguirlo, pero promete que les salvará. La única medida que anuncia, en un mitin, es que eliminará todos los impuestos. Lo proclama sin calcular realmente la repercusión que ello pueda tener para recibir así el aplauso fácil del público.

9. Élites amenazantes y poderes fácticos

La idea de que existe una mano negra que maneja los hilos de la democracia y las teorías de la conspiración sobre grupos secretos que dominan el mundo son recurrentes en el discurso populista.

Aparecen al final de la película, cuando Torrente es secuestrado y descubre que su raptor es un personaje todopoderoso y sofisticado: el Chef, interpretado por Kevin Spacey. Es el que maneja el mundo y decide quién gobierna, y le lanza un ultimátum al protagonista: si no es presidente bajo sus órdenes, será asesinado inmediatamente.

En Torrente, presidente, la ficción muestra cómo un personaje marginal se convierte en líder mediante un discurso populista. Además de entretener, la película sirve de herramienta pedagógica para entender cómo operan estos discursos en la realidad.


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Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué he recomendado a mis estudiantes que vean ‘Torrente, presidente’ – https://theconversation.com/por-que-he-recomendado-a-mis-estudiantes-que-vean-torrente-presidente-280772

Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Suárez Álvarez, Profesora de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo

Bits And Splits/Shutterstock

Consultamos internet varias veces al día para trabajar, informarnos, hablar con amigos y entender qué pasa en el mundo. Pero ¿y si esa misma herramienta que nos conecta también alimenta nuestra preocupación por el cambio climático? ¿Puede internet mejorar nuestro bienestar y, al mismo tiempo, hacerlo más frágil?

Europa avanza hacia una transformación profunda marcada por dos grandes transiciones: la digital y la verde. La Unión Europea insiste en que ambas deben avanzar juntas para construir un futuro sostenible, competitivo y justo. Pero ¿cómo viven los ciudadanos estos cambios? ¿Hasta qué punto el uso de internet y la preocupación por el cambio climático influyen en su bienestar?

En nuestro reciente estudio hemos intentado arrojar luz sobre esta cuestión. Se basa en más de 76 000 entrevistas de la Encuesta Social Europea realizadas en 21 países. Analiza simultáneamente tres elementos que suelen estudiarse por separado: el uso de internet, la preocupación por el cambio climático y la satisfacción vital.

Los resultados revelan un panorama complejo. El uso de internet, la preocupación climática y el bienestar influyen entre sí.

Internet y cambio climático: una relación en dos direcciones

Uno de los hallazgos del estudio es que la relación entre el uso de internet y la preocupación por el cambio climático funciona en ambos sentidos.

Por un lado, las personas que usan internet cada día tienden a estar más preocupadas por el cambio climático. La exposición constante a noticias, informes y alertas ambientales parece aumentar la conciencia sobre los riesgos del calentamiento global.

A su vez, quienes ya están preocupados por el clima usan más internet. Probablemente para informarse, seguir debates y participar en iniciativas ambientales.

En conjunto, este círculo apoya la idea de que la digitalización puede ser una herramienta clave para acelerar la transición verde, aunque con efectos secundarios sobre el bienestar.

Cuando preocuparse por el clima reduce la satisfacción

El estudio también muestra que las personas más preocupadas por el cambio climático tienden a sentirse menos satisfechas con su vida. Este resultado no es sorprendente. Muchos europeos se sienten expuestos a un problema global que amenaza el bienestar presente y futuro.

Entre 2020 y 2022, los resultados muestran que un 44 % de los europeos se declaraba “muy” o “extremadamente” preocupado por el clima. En 2016 esta cifra no llegaba al 29 %.

La preocupación climática puede ser un motor positivo para la acción colectiva, pero también una fuente de ansiedad y estrés, con efectos negativos sobre el bienestar.

¿Internet aumenta nuestro bienestar o lo reduce?

El debate sobre los efectos de internet en el bienestar lleva décadas abierto. Nuestro estudio ofrece una nueva pieza del puzle: usar internet a diario se asocia, en promedio, con una mayor satisfacción vital en Europa.

Este resultado contrasta con estudios previos en China, lo que sugiere que el impacto del mundo digital depende de factores culturales, sociales y de infraestructura.

Pero la relación no es tan simple. Por un lado, internet mejora el bienestar al facilitar la conexión social, el acceso a servicios, la información y la participación. Por otro, aumenta la preocupación climática, que a su vez reduce la satisfacción vital.

De este modo, el efecto total de la vida digital sobre el bienestar es una combinación de fuerzas en direcciones opuestas.

El puzle completo: tres piezas que no se pueden separar

La mayor contribución del estudio es mostrar que internet, la preocupación por el clima y el bienestar no pueden entenderse por separado. Si solo observamos el impacto directo del uso de internet en la satisfacción vital podríamos llegar a conclusiones engañosas. Una parte de ese impacto pasa por las percepciones ambientales y por cómo éstas influyen en nuestro bienestar emocional.

Esto ayuda a explicar por qué estudios anteriores ofrecen resultados contradictorios. El efecto real de internet depende de sus consecuencias en distintos ámbitos de nuestra vida.

Implicaciones para la política pública europea

Por todo ello, la doble transición digital y verde no debe centrarse solo en infraestructuras o tecnología, sino en cómo las personas viven y sienten esos cambios.

Algunas recomendaciones que podemos hacer son:

  1. Fomentar la alfabetización digital y ambiental. Un uso más crítico y responsable de internet puede mejorar tanto la comprensión del cambio climático como el bienestar.

  2. Promover comportamientos digitales sostenibles. Internet es clave en la sensibilización ambiental, pero también consume mucha energía y recursos. Formar a la ciudadanía en comportamientos digitales verdes será cada vez más importante.

  3. Acompañar las políticas climáticas con apoyo social. La ecoansiedad es real y creciente. Las políticas públicas deben reconocer esta dimensión para que la preocupación climática no erosione el bienestar.

  4. Reducir desigualdades digitales. La brecha en el acceso y en las habilidades digitales influye en la conciencia climática y el bienestar.

De esta forma podremos potenciar las facetas de internet que mejoran nuestra vida, mientras se minimizan los aspectos que nos vuelven infelices.

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ref. Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático – https://theconversation.com/internet-mejora-nuestro-bienestar-pero-a-la-vez-aumenta-la-preocupacion-por-el-cambio-climatico-280215

¿Qué hacer ante un “¡No quiero ir al cole!”?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carolina Gonzálvez Maciá, Profesora Titular de Universidad en el área de Didáctica y Organización Escolar, Universidad de Alicante

Ludmila Talmazan/Shutterstock

Claudia, de 4 años, se despierta cada mañana con la misma pregunta: “¿Hoy toca cole?”. Cuando la respuesta es sí, llegan las lágrimas. No quiere desayunar, ni vestirse, y se aferra a su madre. Cada despedida se convierte en una pequeña crisis. Lo que desde fuera puede parecer desobediencia es, en realidad, ansiedad por separarse de sus figuras de referencia.

En contraste, Mateo, de 9 años, llega al colegio, pero se queda callado en su pupitre. Evita relacionarse con compañeros y docentes y se muestra inquieto ante actividades que implican exposición o evaluación. Aunque no hay llanto ni protestas, su retraimiento refleja ansiedad social y miedo al juicio de los demás.

Hablamos de problemas de asistencia escolar cuando un estudiante se resiste a acudir o permanecer en clase, ya sea por dificultades emocionales o por otras razones. Es el caso de Martina, de 15 años, que pasó de faltas ocasionales a ausentarse días enteros en casa sin el consentimiento paterno.

Estos ejemplos muestran que tras un rechazo hacia la escuela puede haber múltiples causas, y que no siempre se manifiesta de la misma manera.

¿Por qué mi hijo no quiere ir a la escuela?

Las razones pueden ser muy diversas y cambian con la edad. En los más pequeños, como Claudia, el rechazo suele estar vinculado a la ansiedad por separación. La escuela representa un entorno nuevo, sin sus figuras de seguridad, y eso puede generar miedo y angustia.

En otros casos, como el de Mateo, el problema no es la separación, sino la exposición. El temor a equivocarse, a ser evaluado o a hablar delante de otros puede convertir el aula en un espacio amenazante. Su silencio no es falta de interés, sino una forma de protegerse.

En la adolescencia, el rechazo puede tener otras raíces. Algunos estudiantes, como Martina, encuentran fuera de la escuela estímulos más atractivos o manejables que las exigencias académicas. A veces se suman dificultades previas, conflictos familiares o una sensación de desconexión con el entorno escolar.

Por eso, no todas las ausencias son iguales ni pueden abordarse del mismo modo. Sin embargo, con frecuencia se tratan como si lo fueran, aplicando medidas generales que no siempre llegan al origen del problema.

Del control de faltas a la comprensión

Durante años, la respuesta habitual ante la inasistencia ha sido el control: avisos, sanciones o medidas dirigidas a las familias. Aunque estas acciones buscan garantizar la escolarización obligatoria, a menudo se quedan en la superficie.

Cuando un estudiante deja de ir a clase de forma continuada, rara vez es una simple cuestión de voluntad. Detrás suele haber malestar emocional, dificultades académicas, problemas familiares o experiencias negativas en el propio centro educativo.




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Por ello, cada vez más profesionales apuestan por un enfoque diferente: prevenir en lugar de reaccionar. Detectar a tiempo las señales de alerta, como cambios de comportamiento, quejas físicas antes de ir al colegio, retraimiento o ausencias parciales, permite intervenir antes de que el problema se cronifique.

En mi libro ¡No quiero ir al colegio! El niño que rechaza la escuela se recogen diversas estrategias de intervención que deben adaptarse a cada caso. En algunos niños será necesario trabajar la gestión de la ansiedad mediante técnicas de relajación o estrategias cognitivas para afrontar miedos concretos, como hablar en público. En otros, será fundamental reforzar cada pequeño avance con elogios o incluso aplicar un regreso progresivo al aula cuando la ausencia se haya prolongado.

¿Qué ‘pinto’ yo aquí?

Pero el cambio no depende solo del estudiante. La escuela juega un papel fundamental creando entornos seguros, inclusivos y motivadores, donde el alumnado se sienta parte de la comunidad. Y las familias, lejos de ser culpabilizadas, necesitan apoyo para acompañar el proceso, transmitir una visión positiva de la educación y mantener una comunicación fluida con el centro.




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En las primeras etapas educativas, algunos recursos específicos pueden facilitar la adaptación a la escuela. Cuentos sobre este tema y materiales como Guía: Mi primer día de cole + el cuento Miguel y su primer día de cole ayudan a preparar a los niños para ese momento, permitiéndoles anticipar lo que ocurrirá y reducir la ansiedad ante lo desconocido.




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Estrategias concretas

Algunas estrategias incluyen:

  • Fomentar climas escolares inclusivos y seguros.

  • Promover el sentido de pertenencia del alumnado.

  • Identificar de forma temprana señales de desenganche escolar.

  • Diseñar planes de reincorporación escolar progresivos cuando las ausencias ya se han consolidado.

  • Intervenir con especialistas psicopedagogos cuando existen dificultades emocionales significativas.




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En definitiva, se trata de construir escuelas donde los estudiantes no solo deban estar, sino donde realmente quieran estar.

No basta con estar en la escuela

Durante mucho tiempo, el principal indicador de éxito en asistencia escolar ha sido la presencia física en el aula. Pero esta visión resulta reduccionista.

Un estudiante puede estar sentado en su pupitre y, sin embargo, sentirse desconectado del aprendizaje, del profesorado o de sus compañeros. La asistencia, por tanto, no debería de entenderse únicamente como estar físicamente en la escuela, sino como participar activamente en la vida escolar: cognitiva, emocional y socialmente.

Sentirse parte de la comunidad educativa, percibir que es valorado y que su presencia importa, constituye uno de los factores más protectores frente al absentismo y la desvinculación escolar: no solo debemos asegurarnos que el alumnado acude a clase, sino si siente que merece la pena venir.


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Carolina Gonzálvez Maciá no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué hacer ante un “¡No quiero ir al cole!”? – https://theconversation.com/que-hacer-ante-un-no-quiero-ir-al-cole-275736

España, el primer laboratorio europeo para experimentar con agentes digitales que compran por nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Almudena Recio Román, Miembro del grupo de investigación SEJ324 “Nuevas Tendencias en Marketing”, Universidad de Almería

Koupei Studio/Shutterstock

La próxima vez que necesite adquirir algún producto, puede que no tenga que buscarlo en Google ni hacer clic en ningún enlace. Un algoritmo ya habrá decidido qué comprar, dónde y a qué precio, actuando como su representante comercial automatizado.

El guardián invisible de nuestras compras

Imagine un asistente que nunca duerme, que conoce sus preferencias mejor que usted mismo y que puede negociar precios en tiempo real con cientos de tiendas. Este “camarlengo digital” –término que evoca al discreto administrador vaticano– ya no es ciencia ficción. El mercado de comercio a través de agentes virtuales moverá entre 3 000 y 5 000 millones de dólares para 2030.

Los agentes autónomos de inteligencia artificial representan un salto cualitativo: de la IA como asistente a la IA como ejecutora independiente de transacciones. Operan en una curva de automatización de cinco niveles, desde la simple recomendación hasta la compra completamente autónoma, sin intervención humana.

El cambio es radical. Por primera vez en la historia del comercio, el “cliente” de una marca puede no ser una persona, sino un código que evalúa productos según algoritmos complejos y toma decisiones de compra en milisegundos.

La revolución del comercio agéntico en España, por Almudena Recio.

España, el laboratorio europeo

España se ha convertido en el laboratorio europeo de esta revolución. Visa ha elegido este país para lanzar su programa “Agentic Ready”, una iniciativa que prepara a bancos y comercios para transacciones gestionadas completamente por IA.

La elección no es casual. España combina una alta adopción de pagos digitales –donde el efectivo ha caído del 49 % al 21 % entre 2018 y 2024–, un ecosistema tecnológico dinámico y un marco regulatorio avanzado.

Banco Santander y Visa han demostrado, mediante una prueba piloto controlada, que los agentes de IA pueden gestionar transacciones reales, como la compra de un libro con una tarjeta Visa Santander España. Santander y Mastercard también completaron el primer pago real ejecutado de principio a fin por un agente de IA en Europa.

La respuesta pionera de la AEPD

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) se adelanta a Europa, al exigir transparencia en la “cadena de razonamiento” de estos algoritmos para evitar errores compuestos –cuando un fallo menor se amplifica en decisiones masivas de compra–.

Por ejemplo, si un agente interpreta mal tu preferencia por “productos orgánicos” y compra exclusivamente en tiendas premium, la normativa de la AEPD te permitiría detectar este sesgo consultando los registros auditables del agente, revertir las compras problemáticas y ajustar los criterios antes de que tu gasto mensual aumente un 40 %.

Con el 75 % de españoles preocupados por la privacidad en transacciones automatizadas, esta “supervisión humana significativa” que pide la AEPD se materializaría en paneles donde podamos visualizar en tiempo real las decisiones del agente virtual y corregir desviaciones inmediatamente.

Del SEO al AEO: el nuevo marketing para máquinas

Ante este panorama, las empresas españolas enfrentan ahora un desafío inédito: ser descubiertas no por humanos, sino por máquinas. Esto requiere la transición del tradicional SEO (optimización para motores de búsqueda) al AEO (Answer Engine Optimization), donde el éxito depende de que los catálogos sean “legibles” por inteligencias artificiales.

Este cambio obliga a las empresas a repensar completamente sus estrategias comerciales. Tradicionalmente, el marketing se dirigía exclusivamente a humanos: colores atractivos, emociones, storytelling. Ahora emerge lo que podríamos llamar marketing dual: las empresas deben optimizar simultáneamente para dos audiencias completamente diferentes.

Por un lado, deben mantener el atractivo humano tradicional. Por otro, deben organizar la información de forma que los algoritmos puedan procesarla: datos estructurados, descripciones precisas, categorías claras y métricas comparables. Es como diseñar un escaparate que sea visualmente atractivo para peatones y, simultáneamente, legible por robots.

Para que este diálogo entre máquinas sea posible, Google ya despliega protocolos clave: el Universal Commerce Protocol (UCP) unifica el lenguaje de carritos y pagos, mientras que el WebMCP (Web Model Control Protocol) permite que el agente “tome el control” de una web para ejecutar acciones directamente sobre el código.

En esta nueva situación, la conversación se convierte en la interfaz definitiva: ya no navegamos por menús, sino que “encargamos” tareas a nuestro propio agente con órdenes escritas o de viva voz.

Si una tienda online no es legible para estos protocolos, el camerlengo simplemente la ignorará. Ya no se trata de convencer al ojo humano mediante storytelling; sino de para que el administrador digital audite y apruebe nuestra oferta técnica en milisegundos.

El riesgo de la autonomía total

La autonomía de los agentes digitales plantea riesgos significativos. ¿Qué ocurre si un algoritmo desarrolla sesgos hacia ciertas marcas? ¿O si toma decisiones financieras perjudiciales basadas en datos incompletos?

La normativa española responde, como hemos visto, con la exigencia de “supervisión humana significativa”. Esto significa que, aunque el camarlengo digital pueda actuar con autonomía, debe existir siempre un mecanismo para que el usuario comprenda, cuestione y revierta sus decisiones.

Un futuro que ya comienza

Aunque el comercio con estos agentes digitales aún se encuentra en una fase incipiente, ya apunta a una transformación relevante del consumo digital. El fin de la era del clic no significa el fin del control humano, sino su evolución hacia la supervisión inteligente de algoritmos que actúan en nuestro nombre.

España lidera esta transición no solo al adoptar la tecnología, sino con la creación el marco ético que protege al ciudadano. El camarlengo digital promete eficiencia y conveniencia, pero su éxito dependerá de que mantengamos las riendas de nuestras decisiones económicas, mientras delegamos la ejecución.

Funcionamiento del comercio agéntico: desde la intención del usuario hasta la ejecución autónoma por IA, niveles de automatización y su impacto económico previsto para 2030.
Almudena Recio et al.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. España, el primer laboratorio europeo para experimentar con agentes digitales que compran por nosotros – https://theconversation.com/espana-el-primer-laboratorio-europeo-para-experimentar-con-agentes-digitales-que-compran-por-nosotros-279478

Por qué procesamos más rápido la palabra ‘amor’ que la palabra ‘pena’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Haro Rodríguez, Profesor Agregado del Área de Psicología Básica. Departamento de Psicología. Tarragona, Universitat Rovira i Virgili

KinoMasterskaya/Shutterstock

Las lenguas están llenas de palabras con carga emocional. No es de extrañar, ya que hablar y escribir consiste, en gran medida, en expresar lo que pensamos y sentimos. Pero ¿provocan nuestras palabras la misma emoción en todo el mundo?

Nuestros dos estudios recientes, realizados con casi mil participantes y 7 500 palabras en español, muestran que la forma en que comprendemos las palabras emocionales no solo depende de la palabra en sí. También influyen algunas de las características de quien la lee, como la personalidad, la edad y el género.

¿Qué ocurre en nuestra mente?

Una de las técnicas más utilizadas para estudiar cómo procesamos las palabras es la tarea de decisión léxica. En esta prueba, se presentan cadenas de letras que pueden ser palabras reales o secuencias de letras sin sentido (como “juropa”), y los participantes deben decidir lo más rápido posible si se trata de una palabra real o inventada.

El tiempo que tardamos en reconocer cada palabra nos permite entender cómo, a partir de un estímulo visual (una cadena de letras impresas), accedemos casi de forma instantánea al significado de una palabra almacenada en nuestro diccionario mental.

En estos estudios se presentaron palabras positivas, negativas y neutras. Además, muchas de ellas estaban relacionadas con emociones concretas, como miedo, tristeza, asco o alegría. También se recopiló información sobre la personalidad, la edad y el género de los participantes.

Las palabras positivas se reconocen antes

Los resultados confirman algo que ya sabíamos: la emoción influye en el reconocimiento de las palabras. Las palabras positivas, como “amor”, se reconocen más rápido que las neutras, como “mesa”. En cambio, las negativas, como “pena”, suelen tardar más en comprenderse. Aunque hablamos, por supuesto, de milésimas de segundos, es una diferencia estadísticamente significativa.

Una posible explicación es que las palabras negativas captan nuestra atención de manera intensa y automática. Las interpretamos como señales de posible amenaza, aunque aquello a lo que se refieren no esté realmente presente. Eso hace que retengan nuestra atención durante más tiempo, interfiriendo en la lectura y retrasando su reconocimiento.

Las palabras que evocan o indican emociones positivas, en cambio, podrían beneficiarse de una mayor riqueza semántica. Es decir, estarían más conectadas con otros conceptos y mejor integradas en nuestro léxico mental. Eso haría que, al procesarlas, se activase más información relacionada, facilitando así su reconocimiento. Curiosamente, en muchas lenguas parece predominar el léxico con connotaciones positivas, es decir, hay más palabras con connotaciones positivas que negativas entre las más utilizadas.




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No todos procesamos igual

El hallazgo más interesante de estos estudios es que el efecto emotivo no es igual en todo el mundo. Y no solo depende de si la palabra es positiva o negativa, sino también de la emoción concreta con la que está asociada.

El género, por ejemplo, parece desempeñar un papel relevante. En las mujeres se observa un mayor efecto de la carga emocional en el procesamiento de palabras, tanto en positivas como en negativas. Esto concuerda con la observación de que las mujeres valoran las palabras positivas como más positivas y las negativas como más negativas, así como con cierta evidencia que indica que las mujeres son más sensibles a nivel afectivo.




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Ellos, en cambio, muestran una mayor rapidez al reconocer palabras asociadas al miedo, como “bomba” o “disparo”, una ventaja que no se observa en las mujeres. Una posible explicación es que el miedo activaría en los hombres respuestas más rápidas de afrontamiento, relacionadas con una mayor impulsividad o atracción por el riesgo.

Por el contrario, las palabras relacionadas con la tristeza, como “desamor” o “depresión”, resultan más lentas de procesar para los hombres que para las mujeres. Esto podría deberse, entre otras razones, a una menor familiaridad con este tipo de vocabulario. De hecho, algunos trabajos sugieren que los hombres utilizan, de media, menos palabras relacionadas con la tristeza que las mujeres.

El papel de la personalidad

Los rasgos de personalidad también parecen influir en el procesamiento de las palabras emocionales. Las personas más extrovertidas muestran una mayor facilidad para reconocer palabras positivas. Podría deberse a que, a lo largo de la vida, acumulan más experiencias agradables o desarrollan más asociaciones positivas, de modo que este tipo de palabras estaría más asentado e integrado en su léxico mental.

Quienes puntúan alto en responsabilidad tardan más en reconocer palabras negativas. Su menor familiaridad con este tipo de léxico o una mayor sensibilidad al desorden emocional podrían prolongar esa captura atencional.

A las personas con alta apertura a la experiencia, sin embargo, no les sucede. Este rasgo suele asociarse con mayor tendencia a la curiosidad y la innovación, mejor regulación emocional y menor tendencia a la evitación, lo que podría ayudarles a controlar mejor la atención ante estímulos emocionales.




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Por otro lado, tanto las personas altamente responsables como quienes puntúan bajo en amabilidad se muestran especialmente sensibles a las palabras relacionadas con el asco, como “peste” o “sudar”. En el caso de las personas altamente responsables, esta mayor sensibilidad al asco podría relacionarse con una mayor activación de mecanismos de control y precaución. Y en las personas poco amables, podría actuar como freno de la aproximación social en determinados contextos.

Cómo influye la edad

Como hemos explicado al principio, en general solemos procesar más deprisa las palabras que indican emociones positivas. Sin embargo, hay matices en función de la edad. Mientras en los jóvenes la atención hacia las palabras positivas aumenta, en las personas mayores este efecto desaparece.

Una posible interpretación es que, con el paso de los años, el vocabulario de palabras positivas se vuelve tan amplio y diverso que esta emoción deja de ser una característica distintiva dentro de nuestra red léxica.

Significados puros y relativos

En general estos resultados apuntan a una idea importante: el valor emocional de una palabra no reside únicamente en el propio término, sino en la interacción entre esa palabra y la persona que la procesa.

Cuando leemos o escuchamos una palabra cargada de emoción, no solo accedemos a su significado “puro”. También entran en juego nuestra historia personal, nuestra personalidad y nuestra manera de sentir. Por eso, la respuesta a la pregunta inicial (si logramos transmitir la misma emoción con nuestras palabras a todo el mundo) probablemente sea no.

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José Antonio Hinojosa Poveda recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Juan Haro Rodríguez y Pilar Ferré Romeu no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Por qué procesamos más rápido la palabra ‘amor’ que la palabra ‘pena’ – https://theconversation.com/por-que-procesamos-mas-rapido-la-palabra-amor-que-la-palabra-pena-278758

Refugios climáticos: España ya es un referente mundial frente al calor extremo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Terra Amorim-Maia, Investigadora postdoctoral en adaptación y justicia climática, BC3 – Basque Centre for Climate Change

El parque de La Muntanyeta forma parte de la red de refugios climáticos de Barcelona. Área Metropolitana de Barcelona, CC BY-SA

El verano de 2025 fue el más cálido registrado en España y el segundo con mayor mortalidad atribuible al calor: se estimaron 15 711 muertes relacionadas con las altas temperaturas. Ante esa realidad, una biblioteca fresca, un centro cívico con fuentes de agua o una escuela abierta pueden marcar la diferencia. Eso constituyen, en esencia, los refugios climáticos: espacios donde resguardarse del calor extremo sin tener que consumir, pagar una entrada ni justificar la necesidad.

Nuestro trabajo, recién publicado en Nature Climate Change, parte precisamente de esa idea: el calor no es solo una incomodidad estival, sino un desafío creciente que demanda respuestas climáticas, de salud pública y de gobernanza. Y España ha sido uno de los primeros países en convertir esa idea en una política urbana estable.

Barcelona a la cabeza del ejemplo

Barcelona fue la ciudad pionera: en lugar de pensar únicamente en grandes centros de refrigeración de emergencia, empezó a adaptar una red de espacios cotidianos ya existentes, como bibliotecas, centros cívicos, escuelas, mercados, polideportivos y parques, para que también funcionaran como lugares de confort térmico. Así, el refugio climático dejó de ser una respuesta improvisada para convertirse en una infraestructura pública de cuidado.

El resultado ha sido notable. La red barcelonesa pasó de 70 refugios en 2020 a 397 en 2025, o 451 si se incluyen los microrrefugios, espacios que pueden ocupar unos pocos metros cuadrados, como un jardín urbano denso que difiere del entorno de asfalto.

En ese tiempo, la cobertura territorial ha mejorado de forma muy significativa: la población con un refugio a menos de diez minutos a pie ha pasado del 61 % al 99 %, y la que lo tiene a menos de cinco minutos, del 20 % al 74 %. La combinación de una acción rápida y el uso de una infraestructura ya existente explica buena parte del éxito. Pero detrás de ese avance hay una lección importante: adaptar una ciudad al calor requiere voluntad política continua para tratar el calor como una cuestión de salud, proximidad y cuidados.

El modelo, además, está en constante evolución, aprendiendo y mejorando a partir de lo que no funciona como se esperaba. Con el tiempo, por ejemplo, se han detectado problemas de comunicación, de horarios insuficientes y de distribución desigual entre barrios.

La respuesta no ha sido abandonar la idea, sino corregirla: ampliar horarios en algunos equipamientos, mejorar la señalización, reforzar la información en distintos idiomas y abrir la puerta a microrefugios y a espacios gestionados por actores comunitarios o privados. Esa capacidad de aprendizaje es otra pieza clave de su éxito. Precisamente por eso, uno de los retos más importantes en España hoy no es solo ampliar redes de refugios climáticos, sino definir mejor qué puede considerarse realmente como tal.




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Refugios climáticos sí, pero ¿cómo deberían ser?


Un referente con muchos retos

Para funcionar de verdad, un refugio debe ofrecer unas condiciones mínimas de confort y dignidad: temperatura adecuada, agua potable, posibilidad de sentarse y descansar, accesibilidad y buena información pública. En 2025, la Red Española de Ciudades por el Clima publicó una guía de recomendaciones para ayudar a los municipios a diseñar redes locales, y la Comunitat Valenciana ya cuenta con un decreto específico para crear su propia red de espacios climáticos. Más que un modelo ya plenamente consolidado, el caso español muestra una tendencia cada vez más clara hacia la estandarización y la mejora de la calidad de estos espacios.

Pero conviene no idealizar. España es referente no porque lo tenga todo resuelto, sino porque ha avanzado más que otros lugares y, al mismo tiempo, ha hecho visibles sus carencias. El informe de Greenpeace Ciudades al rojo vivo recordó algo incómodo: en julio de 2025 solo 16 de las 52 capitales españolas contaban con una red de refugios climáticos públicos. Además, seguían pendientes cuestiones fundamentales como los horarios de apertura, la adecuación real de muchos espacios, las barreras de movilidad, la desigualdad territorial y los déficits de comunicación, especialmente para quienes viven solos, trabajan en horarios rígidos o no reciben la información en formatos y lenguas adecuados.

La evidencia también muestra que los espacios exteriores, incluso con sombra y vegetación, no siempre garantizan confort suficiente durante episodios de calor muy intenso. Llamar refugio climático a un lugar sin sombra suficiente, o a un espacio interior sin agua ni posibilidad real de descanso, vacía el concepto de contenido.




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Oasis térmicos para adaptar las ciudades al calor


España: modelo para el mundo

Aun así, la experiencia española ya está inspirando a otras ciudades. El intercambio internacional se acelera en redes como la Cool Cities Network de la red C40. París lleva años transformando patios escolares en oasis de bienestar urbano y Bristol está evaluando un programa piloto para consolidar una red de refugios climáticos como parte de su programa Keep Bristol Cool.

Un parque soleado con personas en bici por un camino y sentadas en la hierba
Parque en Bristol.
Bristol City Council

En América Latina, varias ciudades también han mirado de cerca la experiencia española, aunque esa circulación de aprendizajes no siempre haya quedado documentada de forma sistemática. Por ejemplo, en Argentina, Rosario creó su red municipal en el verano de 2023/2024 con 20 espacios que amplió a 78 en 2024/2025, y hoy cuenta con 100 refugios climáticos distribuidos por toda la ciudad.

São Paulo, por su parte, avanza en una línea convergente. La iniciativa SampaAdapta está instalando sensores, cruzando datos de calor y salud y, a partir de ello, mapeando y proponiendo una futura red de espacios de confort térmico. Es una señal de que la conversación ya no gira solo en torno a reaccionar ante una ola de calor, sino también a planificar ciudades más habitables.




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La necesidad de políticas públicas comprometidas

España no solo ha respondido al calor, sino que también ha ayudado a dar forma a cómo otras ciudades empiezan a hacerlo. La principal lección del caso español es sencilla: los refugios climáticos pueden salvar vidas, pero solo si se hacen bien.

Son una medida relativamente rápida y asequible, especialmente comparada con otras transformaciones urbanas más lentas. Pero no sustituyen lo demás: rehabilitar viviendas, reducir la pobreza energética, crear más sombra en las calles, reverdecer los barrios y proteger a quienes están más expuestos.

El calor se ha convertido en un problema crónico. Frente a él, España ha demostrado algo importante: cuidar debe formar parte central en la política urbana. Solo a través de agendas políticas fuertes y duraderas, financiación continuada y mecanismos de participación y creación conjunta, los refugios climáticos podrán consolidarse como infraestructuras de protección, cuidado y resiliencia urbana a largo plazo.

Más allá del calor extremo, los refugios climáticos nos invitan a imaginar algo más ambicioso: el tipo de ciudad que queremos construir ante una realidad climática diversa en sus riesgos, impredecible en sus formas y permanente en su exigencia.

The Conversation

Ana Terra Amorim-Maia recibe fondos de la Unión Europea (ERC, adaptación IMAGINE, 101039429). Su investigación también esta apoyada por la Unidad de Excelencia María de Maeztu 2023-2027 (Ref. CEX2021-001201-M), financiada por el Gobierno español (MICIU/AEI/10.13039/501100011033), y del Gobierno Vasco a través del programa BERC 2022-2025. Ana también esta financiada por el programa Juan de la Cierva (JDC2023-051821-I), financiada por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y el FSE+.

Dominic Royé esta financiado por el programa Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I).

Marta Olazabal recibe fondos de la Unión Europea (ERC, adaptación IMAGINE, 101039429). Su investigación también esta apoyada por la Unidad de Excelencia María de Maeztu 2023-2027 (Ref. CEX2021-001201-M), financiada por el Gobierno español (MICIU/AEI/10.13039/501100011033), y del Gobierno Vasco a través del programa BERC 2022-2025. Marta también esta financiada por el programa Ramón y Cajal (RYC2022-037585-I), financiada por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y el FSE+.

ref. Refugios climáticos: España ya es un referente mundial frente al calor extremo – https://theconversation.com/refugios-climaticos-espana-ya-es-un-referente-mundial-frente-al-calor-extremo-279014

¿Quién cuida a quienes cuidan? Los riesgos invisibles del servicio de ayuda a domicilio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia Gil Otero, Profesora Ayudante Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidade de Santiago de Compostela

El asesinato de Teresa de Jesús González, trabajadora del servicio de ayuda a domicilio en O Porriño, el pasado mes de julio, nos sacudió y mostró algo que llevaba años señalándose desde el sector: quienes cuidan en las casas ajenas trabajan solas y están expuestas a riesgos laborales que el sistema no está sabiendo prevenir.

El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) es una prestación reconocida en la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia que permite a personas mayores o dependientes seguir viviendo en sus casas mientras son atendidas. El SAD incluye apoyo en actividades esenciales de la vida diaria: higiene, alimentación, movilización, acompañamiento y tareas domésticas básicas.

Corresponde a los ayuntamientos prestar este servicio, bien de forma directa, bien mediante empresas contratadas.

La mayoría de las personas que trabajan en el SAD son mujeres. Su labor permite que miles de personas puedan ser cuidadas en su entorno. Según el IMSERSO, en España, 552 603 personas dependientes recibieron el SAD en 2023, lo que representa el 5,7 % de la población mayor de 65 años. Sin embargo, por la propia naturaleza del servicio, estas personas trabajan en un espacio que es, al mismo tiempo, un centro de trabajo y una vivienda privada. Ello complica enormemente la prevención de riesgos laborales.

Antes de hablar de riesgos, entendamos el contexto

Cuando pensamos en el SAD, solemos imaginarnos a una mujer entrando en una casa para “echar una mano”. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: cada vivienda es distinta, cada persona usuaria tiene sus propias necesidades y cada intervención exige decisiones rápidas en contextos que no siempre son seguros.

Por eso, nuestra investigación se centra en entender bien a qué tipo de riesgos están expuestas las trabajadoras y cómo se combinan.

Un trabajo con riesgos físicos y emocionales constantes

  • Sobrecarga física diaria. Movilizar a personas dependientes en pisos pequeños, sin grúas ni ayudas mecánicas, con camas bajas o baños estrechos, pasa factura: lumbalgias, tendinitis, cervicalgias…

  • Casas difíciles de adaptar. A pesar que los domicilios son los centros de trabajo de estas personas, hay viviendas poco accesibles, muebles que estorban o animales que complican las intervenciones. Además, los domicilios son inviolables, lo que tiene dos efectos muy concretos en la prevención de riesgos laborales: primero, que la persona usuaria puede negarse a la evaluación de riesgos en su casa; y segundo, que no se le pueden exigir obras o reformas, ni siquiera pequeñas, para mejorar la seguridad.

  • Riesgos psicosociales invisibles. Trabajar aislada y gestionar el deterioro, la soledad y los conflictos familiares genera ansiedad y desgaste acumulado. Muchos insultos o desprecios ni siquiera se registran formalmente. A escala europea, la EU-OSHA –la agencia de información de la Unión Europea para la seguridad y la salud en el trabajo– sitúa la soledad, el estrés y la exposición a situaciones emocionalmente intensas como factores nucleares del malestar psicosocial del SAD.

  • Violencia y seguridad personal. No es lo habitual, pero existe. Hay agresiones, acoso y amenazas, así como exposición a agentes biológicos y químicos (fluidos, desinfectantes, fármacos…) y riesgo de caídas en espacios angostos.

Un sector que funciona con recursos justos

La mayoría de los ayuntamientos responsables del servicio lo externalizan a empresas privadas. Como los contratos entre las administraciones y las empresas atienden exclusivamente a las horas de servicio, existe presión por ajustarlo todo al minuto: tiempos de desplazamiento, número de visitas, duración de las intervenciones… Prevenir bien, con calma, se vuelve difícil.

En 2025, el Tribunal Supremo anuló la disposición final 1.ª del Real Decreto 893/2024, que obligaba a las empresas del SAD a evaluar riesgos dentro de todos los domicilios y a adoptar medidas preventivas. Tras ello, el Ministerio de Trabajo abrió una consulta pública para volver a aprobar la norma, pero mientras no llegue, el vacío de protección persiste.

Qué debería cambiar

Antes de entrar en medidas concretas, conviene recordar algo básico: la prevención de riesgos laborales en el SAD no puede improvisarse. Si no se parte de una planificación clara –qué se evalúa, cuándo se evalúa y quién decide si hay riesgos–, todo lo demás se queda en buenas intenciones. Por esa razón, es necesario un marco preventivo que sea realista, coordinado y aplicable en el día a día.

Algunas líneas de mejora son claras:

  1. Evaluación de cada domicilio con criterios claros y adaptados al hogar. Sin esa evaluación es muy difícil asegurar condiciones seguras tanto para la persona usuaria como para la trabajadora. Por esa razón, si las personas usuarias se niegan, las administraciones deben contar con un procedimiento claro para decidir si el servicio sigue prestándose o no. Es sentido común preventivo.

  2. Protocolos sencillos y firmes para riesgos físicos, psicosociales y violencia, con canales de alerta claros y acompañamiento cuando sea necesario.

  3. Dotación de ayudas mecánicas y organización realista, incluyendo tiempos de desplazamiento y pausas de recuperación que no empujen a trabajar “a la carrera”. La logística también es prevención.

  4. Contratos y convenios con mirada preventiva, no solo economicista. Algunos convenios colectivos ya se mueven en este sentido. El VIII Convenio Marco Estatal del sector del SAD refuerza la vigilancia de la salud, la formación preventiva y adaptación de la prevención. En clave territorial, por ejemplo, el Convenio Provincial de Sevilla (2021-2025) dedica un capítulo entero a la salud laboral e introduce pautas ante riesgos específicos del domicilio, como la violencia. Son pasos útiles que pueden extenderse.

Una oportunidad para actuar

La situación del SAD requiere un modelo preventivo realista que pase de las intenciones a las condiciones. Quienes cuidan en casa lo hacen con una vocación enorme, pero con una protección que todavía no está a la altura. Las trabajadoras del SAD cuidan a toda la sociedad; ahora toca que la sociedad –instituciones, empresas y familias– las cuide también a ellas.

The Conversation

Lidia Gil Otero ha recibido fondos del Consello Galego de Relacións Laborais para la elaboración, junto con el resto del equipo autor, del informe “O Servizo de Axuda no Fogar na Comunidade Autónoma de Galicia”.

ref. ¿Quién cuida a quienes cuidan? Los riesgos invisibles del servicio de ayuda a domicilio – https://theconversation.com/quien-cuida-a-quienes-cuidan-los-riesgos-invisibles-del-servicio-de-ayuda-a-domicilio-275510

En el sector turístico no solo faltan trabajadores, también faltan condiciones para retenerlos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Pellejero, Profesor investigador en Organización de Empresas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

shutterstock fizkes/Shutterstock

España sigue batiendo cifras turísticas. En enero de 2026 recibió 5,1 millones de turistas internacionales y el gasto de esos visitantes fue de 7 805 millones de euros. Al mismo tiempo, el empleo turístico cerró el último trimestre de 2025 con más de 3 millones de ocupados.

Sobre el papel, todo apunta a un sector fuerte, dinámico y con capacidad para generar oportunidades. Sin embargo, detrás de esos buenos datos persiste una queja recurrente: cuesta cubrir puestos, consolidar equipos y evitar la rotación constante. La paradoja es evidente: el turismo crea empleo, pero no siempre consigue que quienes entran quieran quedarse.

El problema no es solo atraer, sino retener

Durante mucho tiempo, este debate se ha contado casi siempre en términos de captación: cómo atraer personal, cómo cubrir temporadas altas o cómo responder a los picos de demanda. Pero esa mirada se queda corta. En realidad, la cuestión no es solo por qué cuesta contratar, sino por qué cuesta tanto retener. De hecho, la Comisión Europea advierte de la escasez de personal cualificado en el sector turístico y señala que muchas pequeñas y medianas empresas tienen serias dificultades para encontrar perfiles adecuados.

La investigación académica va en la misma dirección. Un metaanálisis sobre la intención de abandono en hostelería mostró que los factores con mayor peso no son solo la falta de vocación o de candidatos. También hay variables ligadas a la experiencia laboral: las actitudes hacia el trabajo, la tensión laboral y los conflictos de rol.

En esa misma línea, una revisión sistemática sobre la intención de dejar el empleo en turismo y hostelería concluye que se trata de un fenómeno complejo, condicionado por múltiples antecedentes y procesos intermedios. Dicho de forma sencilla: no basta con abrir vacantes si las condiciones de permanencia siguen siendo frágiles.

Mucho empleo no significa empleo atractivo

Que un sector genere mucho empleo no implica, automáticamente, que resulte atractivo a medio y largo plazo. Hay actividades con una enorme capacidad de contratación que, sin embargo, siguen teniendo problemas para fidelizar a sus plantillas.

En turismo y hostelería, las investigaciones llevan tiempo señalando factores como la intensidad del trabajo, la imprevisibilidad de los horarios, la dificultad para conciliar, la estacionalidad o la escasa sensación de progreso profesional como elementos que erosionan la permanencia de los trabajadores.

Esto enlaza con una cuestión cada vez más relevante: la calidad del empleo. Una revisión sobre el concepto de “trabajo decente” en turismo y hostelería insiste en que el debate no debería girar solo en torno al número de empleos, sino también a aspectos como el ingreso justo, la estabilidad, la seguridad y el equilibrio entre vida personal y laboral. No se trata únicamente de crear puestos de trabajo, sino de crear puestos en los que merezca la pena permanecer.

Algo parecido sugiere una revisión reciente sobre el bienestar de los trabajadores de hostelería, que muestra que el malestar laboral no depende de una sola causa, sino de la combinación de factores individuales, grupales y organizativos. No hablamos solo de cansancio o de carga de trabajo. También importan el clima del equipo, la forma de supervisar, el apoyo recibido, la percepción de justicia y las prácticas concretas de la empresa. Cuando esas variables fallan de forma repetida, la salida deja de verse como una excepción y empieza a parecer una solución lógica.

La rotación se gesta en lo cotidiano

La intención de abandonar rara vez nace de un único gran motivo. A menudo se construye poco a poco, a partir de pequeñas experiencias acumuladas: una jornada mal organizada, una supervisión deficiente, una sensación persistente de desgaste o la impresión de que el esfuerzo no compensa. En sectores de servicios intensivos en interacción humana, esas fricciones pesan todavía más porque el trabajo no solo exige rendimiento operativo, sino también regulación emocional, flexibilidad y disponibilidad constante.

En este sentido, un estudio con empleados de hotel mostró que la intención de marcharse puede fluctuar de un día a otro y relacionarse con el bienestar cotidiano y con la disonancia emocional. Por otra parte, distintas investigaciones sobre estrés laboral y burnout en el entorno hotelero han encontrado que el agotamiento incrementa la probabilidad de querer dejar el puesto. Otro trabajo sobre burnout e intención de abandono halló igualmente una relación positiva y significativa entre ambas variables.

La idea de fondo es importante: el abandono no siempre refleja una falta de compromiso del trabajador; muchas veces expresa un problema de sostenibilidad del propio empleo.

El apoyo importa más de lo que parece

Si algo muestra con claridad la investigación, es que la permanencia no depende solo del contrato o del salario. También cuenta, y mucho, la experiencia cotidiana de respaldo. Un estudio con empleados de primera línea en hoteles encontró que el estrés laboral aumenta la intención de abandono, mientras que el apoyo del supervisor y de los compañeros ayuda a amortiguarla.

Del mismo modo, trabajos sobre apoyo organizativo y supervisión en hostelería muestran que cuando las personas perciben que la empresa les respalda, su deseo de marcharse disminuye y su intención de quedarse aumenta.

Esto obliga a replantear cómo entendemos la fidelización del talento. Retener no consiste solo en cubrir turnos ni en resolver urgencias operativas. Retener implica diseñar trabajos que no se vivan como una estación de paso. Implica reconocer, formar, ordenar mejor los tiempos, reducir fricciones innecesarias y ofrecer una experiencia laboral que no desgaste más de lo que devuelve.

En sectores donde la calidad del servicio depende directamente de las personas, esto deja de ser un detalle y se convierte en una cuestión estratégica.

Cuando alguien se va, la empresa pierde más que una persona

Cuando una persona abandona su puesto de trabajo la empresa pierde conocimiento acumulado. En turismo y hostelería, buena parte del valor se sostiene en saberes que no siempre están escritos en un manual: cómo resolver una incidencia, cómo anticiparse a una necesidad del cliente, cómo coordinarse con otros departamentos o cómo sostener la calidad del servicio en momentos de presión.

Las teorías sobre gestión del conocimiento en hoteles llevan años insistiendo en el valor organizativo de ese aprendizaje interno, y los estudios sobre intercambio de conocimiento e innovación en gestión hotelera lo vinculan, además, con la capacidad competitiva de las empresas. Por eso, cuando la rotación se vuelve estructural, el problema deja de ser solo laboral: afecta también al servicio, a la coordinación y a la propia posibilidad de mejorar.

El debate laboral del turismo está mal planteado

Limitar esta conversación a la pregunta de por qué cuesta encontrar trabajadores es quedarse en la superficie. La pregunta más útil es otra: por qué cuesta tanto que quieran quedarse.

Si el turismo quiere consolidar su fortaleza, no bastará con seguir generando actividad ni con mantener buenos datos de empleo. Hará falta mirar de frente a las condiciones cotidianas del trabajo: la carga, los horarios, el apoyo, la estabilidad, el desarrollo profesional y el reconocimiento.

Porque el futuro laboral del sector no dependerá solo de cuántos puestos sea capaz de crear, sino de cuántos de esos puestos ofrezcan razones reales para permanecer.

The Conversation

Mónica Pellejero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En el sector turístico no solo faltan trabajadores, también faltan condiciones para retenerlos – https://theconversation.com/en-el-sector-turistico-no-solo-faltan-trabajadores-tambien-faltan-condiciones-para-retenerlos-279638

En el sector turístico no solo faltan trabajadores: faltan condiciones para retenerlos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Pellejero, Profesor investigador en Organización de Empresas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

shutterstock fizkes/Shutterstock

España sigue batiendo cifras turísticas. En enero de 2026 recibió 5,1 millones de turistas internacionales y el gasto de esos visitantes fue de 7 805 millones de euros. Al mismo tiempo, el empleo turístico cerró el último trimestre de 2025 con más de 3 millones de ocupados.

Sobre el papel, todo apunta a un sector fuerte, dinámico y con capacidad para generar oportunidades. Sin embargo, detrás de esos buenos datos persiste una queja recurrente: cuesta cubrir puestos, consolidar equipos y evitar la rotación constante. La paradoja es evidente: el turismo crea empleo, pero no siempre consigue que quienes entran quieran quedarse.

El problema no es solo atraer, sino retener

Durante mucho tiempo, este debate se ha contado casi siempre en términos de captación: cómo atraer personal, cómo cubrir temporadas altas o cómo responder a los picos de demanda. Pero esa mirada se queda corta. En realidad, la cuestión no es solo por qué cuesta contratar, sino por qué cuesta tanto retener. De hecho, la Comisión Europea advierte de la escasez de personal cualificado en el sector turístico y señala que muchas pequeñas y medianas empresas tienen serias dificultades para encontrar perfiles adecuados.

La investigación académica va en la misma dirección. Un metaanálisis sobre la intención de abandono en hostelería mostró que los factores con mayor peso no son solo la falta de vocación o de candidatos. También hay variables ligadas a la experiencia laboral: las actitudes hacia el trabajo, la tensión laboral y los conflictos de rol.

En esa misma línea, una revisión sistemática sobre la intención de dejar el empleo en turismo y hostelería concluye que se trata de un fenómeno complejo, condicionado por múltiples antecedentes y procesos intermedios. Dicho de forma sencilla: no basta con abrir vacantes si las condiciones de permanencia siguen siendo frágiles.

Mucho empleo no significa empleo atractivo

Que un sector genere mucho empleo no implica, automáticamente, que resulte atractivo a medio y largo plazo. Hay actividades con una enorme capacidad de contratación que, sin embargo, siguen teniendo problemas para fidelizar a sus plantillas.

En turismo y hostelería, las investigaciones llevan tiempo señalando factores como la intensidad del trabajo, la imprevisibilidad de los horarios, la dificultad para conciliar, la estacionalidad o la escasa sensación de progreso profesional como elementos que erosionan la permanencia de los trabajadores.

Esto enlaza con una cuestión cada vez más relevante: la calidad del empleo. Una revisión sobre el concepto de “trabajo decente” en turismo y hostelería insiste en que el debate no debería girar solo en torno al número de empleos, sino también a aspectos como el ingreso justo, la estabilidad, la seguridad y el equilibrio entre vida personal y laboral. No se trata únicamente de crear puestos de trabajo, sino de crear puestos en los que merezca la pena permanecer.

Algo parecido sugiere una revisión reciente sobre el bienestar de los trabajadores de hostelería, que muestra que el malestar laboral no depende de una sola causa, sino de la combinación de factores individuales, grupales y organizativos. No hablamos solo de cansancio o de carga de trabajo. También importan el clima del equipo, la forma de supervisar, el apoyo recibido, la percepción de justicia y las prácticas concretas de la empresa. Cuando esas variables fallan de forma repetida, la salida deja de verse como una excepción y empieza a parecer una solución lógica.

La rotación se gesta en lo cotidiano

La intención de abandonar rara vez nace de un único gran motivo. A menudo se construye poco a poco, a partir de pequeñas experiencias acumuladas: una jornada mal organizada, una supervisión deficiente, una sensación persistente de desgaste o la impresión de que el esfuerzo no compensa. En sectores de servicios intensivos en interacción humana, esas fricciones pesan todavía más porque el trabajo no solo exige rendimiento operativo, sino también regulación emocional, flexibilidad y disponibilidad constante.

En este sentido, un estudio con empleados de hotel mostró que la intención de marcharse puede fluctuar de un día a otro y relacionarse con el bienestar cotidiano y con la disonancia emocional. Por otra parte, distintas investigaciones sobre estrés laboral y burnout en el entorno hotelero han encontrado que el agotamiento incrementa la probabilidad de querer dejar el puesto. Otro trabajo sobre burnout e intención de abandono halló igualmente una relación positiva y significativa entre ambas variables.

La idea de fondo es importante: el abandono no siempre refleja una falta de compromiso del trabajador; muchas veces expresa un problema de sostenibilidad del propio empleo.

El apoyo importa más de lo que parece

Si algo muestra con claridad la investigación, es que la permanencia no depende solo del contrato o del salario. También cuenta, y mucho, la experiencia cotidiana de respaldo. Un estudio con empleados de primera línea en hoteles encontró que el estrés laboral aumenta la intención de abandono, mientras que el apoyo del supervisor y de los compañeros ayuda a amortiguarla.

Del mismo modo, trabajos sobre apoyo organizativo y supervisión en hostelería muestran que cuando las personas perciben que la empresa les respalda, su deseo de marcharse disminuye y su intención de quedarse aumenta.

Esto obliga a replantear cómo entendemos la fidelización del talento. Retener no consiste solo en cubrir turnos ni en resolver urgencias operativas. Retener implica diseñar trabajos que no se vivan como una estación de paso. Implica reconocer, formar, ordenar mejor los tiempos, reducir fricciones innecesarias y ofrecer una experiencia laboral que no desgaste más de lo que devuelve.

En sectores donde la calidad del servicio depende directamente de las personas, esto deja de ser un detalle y se convierte en una cuestión estratégica.

Cuando alguien se va, la empresa pierde más que una persona

Cuando una persona abandona su puesto de trabajo la empresa pierde conocimiento acumulado. En turismo y hostelería, buena parte del valor se sostiene en saberes que no siempre están escritos en un manual: cómo resolver una incidencia, cómo anticiparse a una necesidad del cliente, cómo coordinarse con otros departamentos o cómo sostener la calidad del servicio en momentos de presión.

Las teorías sobre gestión del conocimiento en hoteles llevan años insistiendo en el valor organizativo de ese aprendizaje interno, y los estudios sobre intercambio de conocimiento e innovación en gestión hotelera lo vinculan, además, con la capacidad competitiva de las empresas. Por eso, cuando la rotación se vuelve estructural, el problema deja de ser solo laboral: afecta también al servicio, a la coordinación y a la propia posibilidad de mejorar.

El debate laboral del turismo está mal planteado

Limitar esta conversación a la pregunta de por qué cuesta encontrar trabajadores es quedarse en la superficie. La pregunta más útil es otra: por qué cuesta tanto que quieran quedarse.

Si el turismo quiere consolidar su fortaleza, no bastará con seguir generando actividad ni con mantener buenos datos de empleo. Hará falta mirar de frente a las condiciones cotidianas del trabajo: la carga, los horarios, el apoyo, la estabilidad, el desarrollo profesional y el reconocimiento.

Porque el futuro laboral del sector no dependerá solo de cuántos puestos sea capaz de crear, sino de cuántos de esos puestos ofrezcan razones reales para permanecer.

The Conversation

Mónica Pellejero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En el sector turístico no solo faltan trabajadores: faltan condiciones para retenerlos – https://theconversation.com/en-el-sector-turistico-no-solo-faltan-trabajadores-faltan-condiciones-para-retenerlos-279638

‘Los intocables de los Pirineos’, ‘la raza maldita’… ¿Quiénes eran realmente los agotes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Duteil, Doctorante en histoire, Aix-Marseille Université (AMU)

Artículo de prensa que pretende presentar a los “últimos _cagots_” (así se llamaba a los agotes en Francia) de los Pirineos. Points de vue, 1962, Fourni par l’auteur

En la década de 1960, en la localidad francesa de Luz (departamento de Altos Pirineos), se invitaba a los turistas que visitaban los Pirineos a conocer a la última familia de “agotes” (cagots en francés) de la región. A estos hombres y mujeres de baja estatura se les presentaba como los últimos descendientes de una “raza maldita”, discriminados desde hacía más de mil años en la zona.

En los folletos turísticos de la región aún hoy se hace mención a los agotes, a quienes se presenta a veces como “los intocables de los Pirineos”, como “descendientes de los visigodos” o incluso como “individuos pequeños y deformes con el lóbulo de la oreja pegado”. Pero ¿quiénes eran realmente estos hombres y mujeres discriminados? Intentemos aclararlo considerando las fantasías, las fuentes históricas disponibles y las incógnitas que aún persisten.

Postal que muestra las 'manos de los agotes'
Postal que muestra las ‘manos de los agotes’.
Henri-Marcel Fay, CC BY

En los Pirineos franceses y españoles, las personas llamadas agotes, cagots, capots o incluso gahets están envueltas en un velo de misterio. Su identidad, su origen y su destino han dado mucho que hablar durante cinco siglos, tanto en la literatura científica como en el discurso popular. En cualquier caso, se trata de una población discriminada entre el siglo XIV y principios del XIX, aunque las lógicas de exclusión han evolucionado con el paso de los tiempos.

Entre los elementos distintivos más frecuentes, se observa que los agotes están obligados a casarse entre ellos, que tienen un lugar aparte en el cementerio, que no pueden participar en las asambleas del pueblo y que deben permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios religiosos. Pero ¿qué más se puede saber sobre este grupo, y a quién se puede llamar realmente “agote”?

Mitos y fantasías

Ya en el siglo XVI, diversos autores se preguntaban por el origen de los agotes, con el fin de explicar su exclusión. Se les consideraba entonces descendientes de leprosos, visigodos, cátaros o sarracenos, sin que se pudiera llegar a una conclusión definitiva.

En el siglo XIX, científicos y folcloristas de todo tipo siguieron interesándose por ellos, justo en el momento en que la clasificación de las razas imperaba en los escritos científicos de la época. Se multiplicaron entonces aún más las ideas preconcebidas en torno a los agotes, considerados como una “raza maldita” que constituiría un grupo étnico particular. Los cagots también se asocian erróneamente con los “cretinos de los Alpes” y los “enfermos de bocio”, afección que provoca una deformación del cuello.

Cabe recordar que, en aquella época, los Pirineos se convirtieron en un importante destino de turismo termal: la existencia de los agotes permitió entonces crear una cultura folclórica local y hacer que la región resultara atractiva. Prueba de ello es la difusión de postales que supuestamente mostraban casas de agotes, o a los propios agotes. Viajeros franceses e ingleses intentaban encontrarlos durante sus paseos, sin conocer bien los criterios para identificarlos.

Las postales que representan los barrios, puentes y manantiales de los agotes se difundían en el siglo XIX. Aquí, dos mujeres posan junto a una casa pirenaica en el 'barrio de los agotes' de Saint-Savin
Las postales que representan ‘los barrios, los puentes y las fuentes de los agotes’ se difundieron en el siglo XIX. Aquí, dos mujeres se encuentran junto a una casa pirenaica en el ‘barrio de los agotes’ de Saint-Savin (departamento francés de Altos Pirineos).
Daniel Trallero, Fourni par l’auteur

Todas las personas miserables, pobres o cojas que residían en las montañas se convertían entonces en potenciales agotes. Sin embargo, en aquella época, la discriminación había desaparecido casi por todas partes, y los agotes se mezclaban con el resto de la población. Solo quedaban los topónimos para perpetuar su recuerdo: los visitantes del siglo XIX encontraban así una “fuente de los agotes”, un “puente de los agotes”…

Pero cuando se examinan más de cerca las fuentes escritas de los siglos de discriminación (siglos XV-XIX), se constata que los agotes nunca tuvieron ninguna particularidad física. Los archivos judiciales, notariales, municipales y provinciales abundan en este sentido: estas personas gozaban de buena salud, vivían como los demás, tenían la misma lengua, los mismos nombres, la misma religión y, en ocasiones, eran incluso ricos.

Sentencia del Parlamento de Toulouse de 1627, que declara que los cagots están ‘exentos de toda clase de lepra, sarna y otras enfermedades contagiosas similares y, al hacerlo, no se pretende impedir que puedan relacionarse, frecuentar y conversar con todo tipo de personas y en todos los lugares’.
Archivos Departamentales de Haute-Garonne (1B477), Fourni par l’auteur

Una exclusión ante todo social

La exclusión de los agotes tiene, por tanto, una explicación más bien social y política. Dado que la marginación de los leprosos era habitual en la Edad Media, este es un primer elemento que podría explicar el alejamiento de esta población, considerada descendiente de leprosos, impura y mancillada “desde el interior”.

Pero una hipótesis más reciente en la historiografía postula que los agotes llegaron por primera vez a las aldeas en la Edad Media, instalados por los señores en sus propias tierras, y posteriormente fueron marginados por las poblaciones campesinas locales que reivindicaban su autonomía respecto a esas tierras sometidas a un señor.

Así, el insulto en francés cagotdel latín vulgar cacare, relativo a los excrementos y a la suciedad– pudo permitir, en un pueblo, establecer jerarquías dentro del vecindario entre individuos establecidos y marginales. Por lo tanto, es necesario estudiar este fenómeno saliendo del marco racial heredado del siglo XIX para observar las lógicas de exclusión social que se ejercen en un lugar determinado. Los distintos trabajos dedicados a los agotes se han centrado durante mucho tiempo en su supuesta distinción física, en detrimento de un análisis de las relaciones de poder y las dominaciones que se ejercen a través de esta categoría.

La pila de agua bendita de los agotes de Saint-Savin
La ‘pila de agua bendita de los agotes’ de Saint-Savin.
Archivos departamentales de los Altos Pirineos, 5 Fi 396/24, CC BY

Sin embargo, los agotes no estaban sujetos a las mismas prohibiciones ni provocaban el mismo revuelo en todos los pueblos. En muchas parroquias donde existían agotes no hay ningún rastro arqueológico de segregación en las sepulturas, y el término desaparece rápidamente sin que haya indicios de un conflicto importante.

En Biarritz (departamento de Pirineos Atlánticos), por el contrario, los habitantes se dedicaron a desenterrar sus cuerpos, se produjeron actos de violencia y el conflicto con los agotes fue objeto de múltiples juicios que llegaron hasta el rey. Esa población se encontraba entonces en declive económico, y las familias denominadas “agotes” acumulaban tierras y adquirían casas. Por otra parte, poco después empezó a circular un refrán popular: “Si le debes a un agote, págale enseguida”. El hecho de relegar a estas personas a un estatus inferior y mancillado permitía marginar a quienes se enriquecían.

La denominación de agote o cagot oculta, por tanto, cuestiones materiales, económicas y comunitarias propias de cada localidad. De forma similar, trabajos recientes han puesto de manifiesto la diversidad de personas incluidas bajo el término “cátaros”, una categoría peyorativa que no remite, como se pensaba, a un movimiento unificado y organizado, sino que abarcaría un abanico de personas muy diferentes, cuya estigmatización se basaría también en fundamentos económicos y sociales.

Postal que representa una procesión de agotes, los 'parias de los Pirineos'
Postal que representa una procesión de agotes, los ‘parias de los Pirineos’.
Archivos departamentales de los Altos Pirineos, 48 Fi 53/18., CC BY

Ser o dejar de ser un agote

Sin embargo, ¿se puede saber quién es agote?

Si bien las instituciones a partir del Renacimiento hablan de “cagots” en los textos, solo mencionan las prohibiciones que les afectan. Según las normas del siglo XVII en la región francesa de Bearne, se prohibía a los agotes mezclarse con otras personas, portar armas o vender alimentos en los mercados.

Pero el término “cagots” fue posteriormente prohibido por el poder real en 1683, ya que se consideraba discriminatorio y difamatorio, “sin que se pueda saber con precisión el motivo de esta distinción”, según las palabras del intendente de Bearne de la época. La palabra pasó a estar castigada por la ley, y los registros de bautismo y los contratos de venta hicieron desaparecer la denominación de sus columnas. Cabe imaginar que los hijos de quienes eran llamados “cagots” en los siglos XV y XVI siguieran siéndolo, pero no siempre hay pruebas de que la discriminación continuara para ellos. Para encontrar rastros de los agotes en los siglos XVII y XVIII, hay que recurrir a las fuentes judiciales: es en los juicios y los momentos conflictivos donde se comprende que siguen existiendo.

Archivo notarial que menciona el juicio iniciado por un grupo de personas de Saint-Jean-Pied-de-Port (hoy en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos) en 1701: se sabe que fueron tratados de agotes, se les impidió participar en el oficio divino y ‘fueron agarrados por el pelo y tratados a patadas y puñetazos y con otros insultos ’.
Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos, 3E8329, Fourni par l’auteur

Durante estos conflictos, se observa que la discriminación hacia esas personas se prolongó hasta el siglo XIX. En definitiva, es agote quien es designado como tal, quien es considerado impuro por sus pares y quien sufre marginaciones cotidianas.
Las personas no son llamadas así por sí mismas, ni en todas partes; no son reconocibles por un rostro, un apellido genérico o una lengua. Aquellos señalados como agotes en los juicios tienen nombres vascos y gascones comunes en la región: Oyhamboure en el País Vasco francés, Sanchotena en España, Nogué en el Bearne…

Por lo tanto, son conocidos localmente, en el seno mismo de los pueblos, gracias a fenómenos de interconocimiento y reputación: se les identifica por un nombre de casa o por el lugar donde viven. El historiador, por su parte, puede localizarlos a través de las violencias que sufren: son agotes aquellos que siempre se ven obligados a casarse entre ellos, a tener un lugar aparte en el cementerio, a ser excluidos de los cargos de alcalde, a permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios.

El término “agote” siempre se les atribuye desde fuera y, por otra parte, nunca es reivindicado por ellos mismos. Cuando acuden a los tribunales, entre los siglos XVII y XIX, es para castigar a quienes los han llamado así, obtener una indemnización y hacer desaparecer esta denominación, lo cual será un éxito.

En resumen, el término es, en la época moderna, un receptáculo para excluir a una parte de la población y un insulto que permite reintroducir la diferencia cuando esta desaparece.

The Conversation

Emma Duteil es historiadora, doctoranda becaria en la Universidad de Aix-Marsella y en la Casa de Velázquez (Madrid), y miembro del laboratorio TELEMME (UMR 7303 AMU-CNRS).

ref. ‘Los intocables de los Pirineos’, ‘la raza maldita’… ¿Quiénes eran realmente los agotes? – https://theconversation.com/los-intocables-de-los-pirineos-la-raza-maldita-quienes-eran-realmente-los-agotes-280672