¿Hasta qué punto nos podemos fiar de la IA para seguir una dieta saludable?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

No podemos negarlo: es una revolución. La llegada de la inteligencia artificial (IA) está suponiendo un cambio tan profundo que nos obliga a replantear, incluso, cómo cuidamos nuestra dieta. Pero ¿podemos confiar en ella como una aliada fiable en nutrición?

Las consultas a la IA son mucho más fáciles que las que podemos hacer a través de los buscadores en internet. Comprende lo que le preguntamos, maneja grandes volúmenes de información y presenta sus conclusiones de manera convincente.

Sin embargo, le otorgamos una credibilidad que aún no se ha ganado. Su naturaleza probabilística hace que sus respuestas no puedan considerarse información verificada, lo que en temas de salud entraña un riesgo considerable.

Atracón de aplicaciones

Un dato revelador: según datos de OpenAI, una de cada cuatro consultas semanales a ChatGPT es sobre salud. Aunque no existen cifras concretas para nutrición, la tecnología lleva años presente en este ámbito.

En 2022, las apps de nutrición contaban con 1 400 millones de usuarios en todo el mundo y nada menos que el 30 % de los propietarios de teléfonos móviles tienen ya este tipo de aplicaciones instaladas. La integración de la IA en ellas avanza rápido: se prevé que los datos de 2025 confirmen que la mitad de esas apps ya la incorporaban.

Fiabilidad, el gran reto

Los modelos de IA generativa ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot son los más usados en el mundo, y todos se nutren principalmente de internet. El problema es que la fiabilidad de la Red en ciertas materias es muy reducida.

Como ya discutimos en un artículo anterior, gran parte de la información que hay en internet sobre nutrición no es fiable. Por ejemplo, un estudio de 2022 analizó la información online sobre las declaraciones de salud que se hacían sobre yogur, kéfir, kombucha, fibra y prebióticos. El resultado de la evaluación fue una puntuación de apenas 3 sobre 10: un rotundo suspenso.

Como heredera aventajada de internet, la IA cuenta con nuestra confianza de manera implícita. En una encuesta realizada en Estados Unidos, solo uno de cada cuatro personas creía que la información sobre salud generada por IA no es muy fiable o nada fiable.

Pero si la analizamos, la IA tampoco aprueba. Un estudio que comparó las respuestas de dietistas y ChatGPT a 928 preguntas sobre dieta resultó en un coeficiente de concordancia de 0,42, por debajo del 0,5 considerado como mínimo aceptable.

Errores para personalizar la dieta

Si la IA general ya muestra estas limitaciones de fiabilidad, el reto se complica cuando intentamos aplicarla a la nutrición personalizada. Para que pueda actuar como un nutricionista de cabecera, sus recomendaciones deben haber sido validadas en estudios rigurosos que confirmen que son precisas, seguras y adecuadas para el perfil de cada usuario. Y hoy por hoy, esa validación es todavía inexistente.

El nutricionista basa su trabajo en una evaluación integral: qué y cuánto come el paciente, sus parámetros bioquímicos y físicos, su actividad física y si padece alguna patología.

Uno de los principales escollos que debe superar la IA es realizar un registro preciso de la ingesta. Esto incluye: identificar la comida que aparece en las imágenes, separar los alimentos en sus distintos componentes o partes, calcular el tamaño de las raciones y las sobras para estimar cuánto se ha comido realmente y estimar la ingesta de nutrientes.

Por el momento, los modelos generales de IA no realizan esta tarea con precisión. ChatGPT hace una buena valoración del peso en raciones pequeñas, mientras que en raciones medianas o grandes lo subestima hasta en un 50 %. Un estudio en adolescentes mostró, además, que los modelos de IA de uso general infravaloran la ingesta de nutrientes frente a la estimación de los dietistas.

Las apps de nutrición presentan limitaciones similares, especialmente en platos elaborados con varios ingredientes, como los guisos. Por otra parte, el uso de los dispositivos disponibles en el mercado para registrar la actividad física y calcular el gasto energético acumulan errores que no pueden ignorarse.

Cómo usar la IA de forma responsable

Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿podemos usar la IA en nutrición de forma responsable? La respuesta es sí, pero con dos condiciones imprescindibles.

La primera condición es desarrollar lo que se conoce como alfabetización digital en salud. La OMS la define como:

“la capacidad de buscar, hallar, comprender y evaluar información sobre la salud procedente de recursos electrónicos, así como de aplicar los conocimientos adquiridos para resolver problemas relacionados con la salud”.

Sin esta competencia, el usuario queda expuesto a seguir recomendaciones incorrectas, incompletas o directamente peligrosas. La brecha digital no es solo una cuestión de acceso a la tecnología, sino también de capacidad para usarla de forma crítica.

La segunda condición es no perder de vista el papel del profesional. La IA tiene un potencial enorme para apoyar la práctica de la nutrición: puede ayudar a procesar grandes volúmenes de datos, identificar patrones en la dieta o facilitar el acceso a información general. Sin embargo, no puede reemplazar la evaluación clínica individualizada que realiza un profesional. La nutrición es una disciplina que requiere contexto, criterio y empatía, cualidades que la IA aún no posee.

El camino más sensato es el de la complementariedad. Una IA bien validada, usada por una persona con suficiente alfabetización digital, al servicio de un profesional que interpreta sus resultados. Solo así el puente entre inteligencia artificial y nutrición podrá construirse sobre cimientos sólidos.

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Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Rosalía, la ópera y la física que se esconde en la acústica de los conciertos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Picó Vila, Catedràtic de Física Aplicada, Universitat Politècnica de València

Fotograma del videoclip de “Berghain”, de Rosalía. Rosalía/Youtube

En “Berghain”, una de las canciones del último álbum de Rosalía, hay fragmentos que pueden sorprender a quien lo escucha. La voz se aleja del registro pop habitual y se acerca a un estilo de canto que recuerda a la ópera: el fraseo es más amplio, el vibrato más sostenido y el sonido más uniforme y proyectado.

La clave no está solo en cómo se produce esta voz, sino en cómo llega al público.
En los conciertos de Rosalía, la voz se capta mediante micrófonos, se procesa electrónicamente y se reproduce a través de altavoces. En una representación operística tradicional, por el contrario, no se utiliza amplificación: la voz debe poderse oír claramente en todo el recinto por sí sola. Esta diferencia modifica por completo el papel de la acústica en la experiencia musical.

La acústica detrás de la frustración de los músicos

Muchos músicos han vivido una situación frustrante muy conocida: tras horas de ensayo y preparación, suben al escenario y el resultado no es el esperado. No porque toquen peor, sino porque no se oyen a sí mismos correctamente o porque el público no percibe con claridad lo que están interpretando. En muchos casos, el problema no es musical sino acústico.

Lo que llega al oyente es una combinación del sonido directo de la voz o del instrumento y de cómo este se refleja en las paredes, el techo y otras superficies. Esta interacción puede entenderse a partir de dos efectos fundamentales: el aumento del nivel sonoro y la persistencia del sonido en el tiempo.

Por un lado, las reflexiones del sonido hacen que este llegue con mayor intensidad y de forma más homogénea a diferentes puntos de la sala. No se trata solo del sonido emitido por el cantante o el instrumentista, sino de cómo el espacio redistribuye ese sonido.

Por otro lado, estas reflexiones también hacen que el sonido persista durante un cierto tiempo después de que la fuente haya dejado de emitirlo. Este fenómeno, conocido como reverberación, es una característica esencial de cualquier sala. Una cierta cantidad de reverberación añade continuidad y riqueza al sonido, especialmente en la voz operística, ya que refuerza la sensación de plenitud y favorece la proyección dentro del teatro.

Si la reverberación es excesiva, sus efectos se vuelven problemáticos: el sonido pierde definición, los detalles se difuminan y las líneas rápidas o articuladas se vuelven confusas. Además, se reduce la inteligibilidad, es decir, la facilidad para comprender el texto cantado. En estas condiciones, se pierde claridad tanto en la música como en la letra.

La voz y la sala: un único instrumento

En el caso de la ópera, todos estos factores son cruciales. La voz y la sala funcionan como un único instrumento que se extiende en el espacio más allá de la fuente sonora. De hecho, la técnica vocal lírica se ha desarrollado, en gran parte, para adaptarse a estas condiciones: para proyectar el sonido de manera eficiente, mantener la claridad del texto y aprovechar las características acústicas del teatro.

En cambio, en los conciertos amplificados, como los de Rosalía, el canal de transmisión es completamente diferente. El sistema electroacústico (compuesto por micrófonos, procesamiento digital y altavoces) permite controlar el nivel sonoro y modificar el timbre o la sensación de espacialidad, recreando cualidades que recuerdan a la ópera, pero en condiciones físicas muy diferentes.

Esto no significa que la acústica deje de ser relevante; lo que cambia es su función. En lugar de ser el principal medio de transmisión, pasa a formar parte de un sistema en el que el sonido puede ajustarse y modelarse tecnológicamente.

Para los músicos, esta realidad tiene una consecuencia clara: la interpretación musical no puede separarse del espacio en el que sucede. Un mismo repertorio puede sonar muy diferente dependiendo del lugar. Una iglesia con mucha reverberación puede favorecer la música coral, pero dificultar los pasajes rápidos. Una sala de conciertos moderna, con muy poca reverberación, puede ofrecer más precisión pero, en algunos casos, un sonido menos envolvente.

Por eso los músicos profesionales se toman su tiempo para familiarizarse con la acústica del lugar donde van a tocar. Probar el sonido, ajustar la dinámica o adaptar el tempo no es un detalle menor: es una parte esencial de la interpretación.

El lugar también forma parte de la música

La próxima vez que asista a un concierto o a una ópera, intente prestar atención no solo a los músicos, sino también al espacio: los materiales de las paredes, ya sean lisos o irregulares; la forma del techo; la presencia de cortinas, madera o superficies duras; cómo cambia el sonido dependiendo de dónde se encuentre.

Muchos de estos elementos forman parte del diseño acústico de la sala. Las superficies irregulares o inclinadas ayudan a dispersar el sonido y a evitar los molestos ecos, mientras que los materiales porosos o los tejidos gruesos absorben parte de la energía sonora y controlan la reverberación.

Algunas salas modernas también utilizan dispositivos ajustables y nuevos materiales acústicos inspirados en la física de las ondas (los llamados metamateriales acústicos) para adaptar la respuesta sonora según el tipo de música.

La música no solo se crea en el escenario: se moldea en el espacio que nos la hace llegar.


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Rubén Picó Vila no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Tienen sentimientos y pueden experimentar dolor las plantas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcial Escudero, Catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, Universidad de Sevilla

KDSTU/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Daniel Adán Panondo, de 13 años. Centro Educativo Santo Domingo, Granada.


Cuando nos preguntamos si una planta sufre al cortarla, la respuesta no empieza en la botánica, sino en nuestro propio cerebro. La culpa de que sintamos pena por un árbol talado o una flor marchita la tienen unas células fascinantes llamadas neuronas espejo.

Estas células son el motor de la empatía humana: nos permiten ponernos en el lugar de los demás. Gracias a ellas, si ves a un compañero caerse en el recreo, casi puedes sentir su golpe. Nuestro cerebro es tan social que, a menudo, nuestras neuronas espejo “se pasan de frenada” y nos hacen proyectar esos mismos sentimientos hacia los vegetales.

Pero para saber si esa planta está realmente triste o dolorida, primero tenemos que entender qué es exactamente el dolor.

El dolor es una alarma de incendios

Para los seres humanos y los animales, el dolor no es un castigo, sino una herramienta de supervivencia que nos ha dado la evolución. Imagina que tocas sin querer una sartén caliente. Inmediatamente, sientes un dolor agudo que hace que tu cerebro envíe una orden ultrarrápida a tus músculos: ¡quita la mano de ahí!

Aunque, a veces, nos gustaría no sufrir, vivir sin dolor es peligrosísimo. En medicina, se han documentado casos reales de familias que, por una mutación genética, nacen sin la capacidad de sentir daño físico. Aunque suene a superpoder de película, en la vida real es un problema gravísimo. Al no tener esa “alarma” interna que les avise de que se están quemando o de que se han roto un hueso, sufren accidentes constantes y, tristemente, muchos de los miembros de estas familias mueren muy jóvenes. La capacidad de sentir dolor es nuestra mejor garantía para sobrevivir.

Pero, para que esta alarma funcione y podamos experimentar dolor físico o emociones complejas como el miedo, un ser vivo necesita una especie de “ordenador central” y una red de cables que lo conecten con el resto del cuerpo. Es decir, necesita un cerebro y un sistema nervioso.

Las plantas carecen por completo de este equipamiento. No tienen cerebro, ni nervios, ni receptores de dolor. Por lo tanto, desde el punto de vista científico, la respuesta es rotunda: las plantas no tienen sentimientos ni experimentan dolor. Simplemente no tienen el hardware necesario para sufrir dolor.

Los superpoderes que derivan de vivir anclado al suelo

Llegados a este punto, es normal preguntarse por qué la evolución no les dio un cerebro y un sistema nervioso para protegerse y sobrevivir. La respuesta está en su forma de vivir.

A diferencia de los animales, que podemos correr, volar o escondernos cuando hay un incendio o un depredador, las plantas son lo que los biólogos denominamos organismos sésiles. Esto significa que viven ancladas al suelo durante toda su vida. Si se acerca una manada de cabras hambrientas, un trébol no puede salir corriendo.

La evolución es tremendamente práctica y no selecciona y fija rasgos inútiles. Si no puedes huir de una amenaza, tener un sistema nervioso que te haga sentir un dolor insoportable mientras un insecto te come las hojas sería una tortura innecesaria y, en definitiva, poco adaptativo.

Como las plantas no pueden escapar, la naturaleza no las ha dotado con la capacidad de sufrir dolor. En su lugar, han sustituido la capacidad de huir por un alucinante arsenal químico y fisiológico. Para sobrevivir sin moverse, utilizan sensores celulares repartidos por todo su cuerpo que detectan cualquier estímulo externo y responden adaptando su crecimiento, cerrando sus hojas o fabricando sus propios venenos defensivos.

Huelen, escuchan y avisan

Que no sientan dolor no significa que sean estatuas de madera que no se enteran de nada. Las plantas son seres vivos increíbles, capaces de detectar el daño y reaccionar ante él, aunque lo hagan sin emociones.

Seguro que te encanta el olor a hierba recién cortada cuando alguien pasa el cortacésped. Para nosotros, es un aroma que recuerda a los días de piscina en verano, pero para la planta, es una auténtica señal de emergencia. Cuando sufre un daño físico, la planta libera al aire unas sustancias químicas llamadas compuestos orgánicos volátiles.

Con este “olor”, la planta herida está avisando a sus vecinas. Al recibir el mensaje, las otras plantas empiezan a fabricar toxinas en sus hojas para que, si el insecto hambriento va a por ellas, le sepan fatal. ¡Incluso hay plantas capaces de liberar sustancias que atraen a avispas depredadoras para que vengan a comerse a las orugas que las están atacando! Es un sistema de defensa sofisticado y alucinante, pero puramente físico-químico.

Una ensalada libre de culpa

Por todo esto, aunque la biología nos demuestra que podemos comernos una ensalada con total tranquilidad porque la lechuga ni sufre ni guarda rencor, la preocupación que esconde la pregunta a la que respondemos en este artículo es maravillosa.

De hecho, desde la psicología, sabemos que la empatía es una cualidad humana preciosa que debemos cuidar y fomentar. Aunque la ciencia nos explique que las plantas son biológicamente ciegas a nuestras emociones, el hecho de que nosotros sí sintamos ese respeto y cariño hacia ellas nos convierte en los mejores guardianes posibles de la naturaleza.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Corazón de piedra: cuando una estrategia de supervivencia termina causando daño cardíaco

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ileana Bonilauri, Investigadora predoctoral en formación, Universidad de León

Cuando decimos que alguien tiene el “corazón de piedra” estamos usando una metáfora para describir un sistema de defensa psicológico: el endurecimiento de ese órgano, que se cierra a las emociones, a la empatía y al afecto para sobrevivir a un desequilibrio emocional profundo. Pero, sorprendentemente, el corazón posee un mecanismo fisiológico similar: la hipertrofia cardiaca. Se trata de una estrategia de adaptación fascinante que, si bien comienza como un salvavidas, puede transformarse en una condena silenciosa.

El corazón es el órgano responsable de bombear la sangre a todo el cuerpo. Se trata de una tarea continua y exigente que le obliga a adaptarse a las demandas del organismo, tanto en condiciones normales como en situaciones de estrés (es decir, cualquier situación que altera el equilibrio interno).

En circunstancias normales, el cuerpo tiende a buscar el equilibrio, lo que en biología se conoce como “homeostasis”. Sin embargo, determinados factores como la presión arterial alta (hipertensión), la obesidad y el sobrepeso, el sedentarismo, la diabetes y los hábitos tóxicos (consumo de tabaco y alcohol) incrementan de forma crónica la carga de trabajo del corazón.

Esto obliga al ventrículo izquierdo (la principal cavidad encargada de bombear la sangre al resto del cuerpo) a impulsar la sangre con más fuerza. Para compensar el mayor esfuerzo al que se ve sometido, el músculo cardíaco recurre a la hipertrofia cardiaca, un mecanismo compensatorio mediante el cual el corazón aumenta notablemente su tamaño. En otras palabras, crece para intentar bombear más sangre en cada latido y asegurar que todos los órganos reciben el oxígeno y los nutrientes que necesitan.

La diferencia entre el héroe y el verdugo

Existen dos tipos de hipertrofia:

  1. Fisiológica. Ocurre durante el crecimiento, el embarazo y la realización de ejercicio físico, situaciones en las que aumentan las demandas metabólicas.

  2. Patológica. Se desarrolla cuando el estrés se mantiene en el tiempo como consecuencia de diversos estímulos crónicos perjudiciales.

Ambos tipos aparecen inicialmente como respuestas adaptativas, pero difieren notablemente en cuanto a los mecanismos moleculares subyacentes, las modificaciones que provocan en el corazón y el pronóstico.

Mientras que la hipertrofia fisiológica preserva la función cardiaca a lo largo del tiempo, la patológica se asocia con eventos cardiovasculares adversos, como arritmias, insuficiencia cardiaca (incapacidad del corazón para cubrir las necesidades del organismo) e incluso la muerte.

Así, la primera –con excepción de la posnatal, es decir, el periodo inmediatamente posterior al nacimiento durante el cual el corazón crece hasta alcanzar su “dimensión adulta”– se caracteriza principalmente por la dilatación de las cavidades del corazón. Se trata de un proceso totalmente reversible que no progresa hasta el punto de causar insuficiencia cardiaca.

Por el contrario, la hipertrofia patológica comienza como una respuesta compensatoria en la que el ventrículo crece, su pared se engrosa y los cardiomiocitos (las células musculares del corazón) aumentan de tamaño. Presenta fibrosis (acumulación de colágeno, similar a una cicatriz, que vuelve al músculo cardiaco más rígido y menos eficiente) y muerte celular.

A largo plazo la hipertrofia patológica reduce la capacidad de contraerse del corazón. Esto conlleva, en última instancia, el desarrollo de insuficiencia cardiaca.

La hipertrofia cardiaca patólogica no es un fenómeno raro. De hecho, se estima que afecta a entre un 10 y un 20 % de la población adulta a nivel global. Su prevalencia es aún mayor en personas con hipertensión arterial, en las que alcanza el 40 %.

Desencadenantes y características de la hipertrofia cardiaca fisiológica y patológica.

El desencanto del músculo

El problema central de la hipertrofia cardiaca es que se trata de un arma de doble filo. Si bien inicialmente permite bombear una mayor cantidad de sangre para satisfacer el aumento de demanda del organismo, con el tiempo la rigidez del músculo hipertrofiado dificulta su relajación, un proceso esencial para que el corazón se llene de sangre de forma efectiva. A esta alteración de la fase de llenado del ventrículo se la conoce como disfunción diastólica.

Además, la estructura del tejido cardíaco se desorganiza y el tejido muscular es reemplazado por tejido cicatricial menos elástico. El corazón de piedra que se hizo fuerte para resistir al estrés termina volviéndose rígido e ineficaz. La hipertrofia crónica culmina en insuficiencia cardiaca. Entonces, la compensación inicial fracasa: lo que empieza como adaptación termina siendo daño.

Suavizando la piedra

La clave para revertir (o al menos frenar) este proceso no es más fuerza, sino aliviar la carga. Por eso el tratamiento debe centrarse en reducir el estrés al que está sometido el corazón, principalmente mediante el control de la presión arterial y el tratamiento de las causas subyacentes.

Sin embargo, a pesar de los avances, los tratamientos actuales presentan limitaciones importantes. Aunque ayudan a aliviar los síntomas y frenar la progresión de la enfermedad, no consiguen revertir las alteraciones estructurales desarrolladas en el corazón.

Esta realidad ha impulsado la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas. En los últimos años han surgido enfoques innovadores como las terapias basadas en ARN, las terapias con células madre y herramientas de alta precisión como la edición genética. Todas ellas abren nuevas posibilidades para intervenir de forma más específica sobre los mecanismos que causan la enfermedad.

Comprender la hipertrofia cardiaca no es solo entender una patología, sino un mecanismo fundamental de la biología: la adaptación es esencial para la supervivencia, pero su exceso puede ser destructivo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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¿Qué bilingüismo se valora en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

Ekaterina Pokrovsky/Shutterstock

En escuelas cuyo alumnado tiene distintos orígenes, muchos optan por restringir el uso de las lenguas maternas para acelerar el aprendizaje del idioma vehicular. Sin embargo, este gesto perpetúa la visión de la lengua como problema, tratando la diversidad lingüística como un déficit en lugar de aprovecharla como el potente recurso pedagógico que realmente es.

A veces se hace con buena intención, pensando que así aprenderán antes el idioma de la escuela. Otras, por miedo a que el resto no entienda la conversación. Pero ¿qué sucede cuando la escuela ignora la lengua materna de un estudiante? ¿Estamos educando para la inclusión o levantando barreras invisibles?




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España es hoy un país profundamente diverso. Sin embargo, seguimos funcionando con una idea muy rígida de multilingüismo: para pertenecer, hay que dejar la lengua propia en la puerta del colegio.

En general, celebramos el bilingüismo inglés–español como un recurso simbólico clave dentro del sistema educativo, asociándolo a elitismo, prestigio y distinción social. Paradójicamente, cuando un estudiante llega al aula hablando otras lenguas suele percibirse como un reto, o incluso un osbtáculo. Muchas familias pagan academias para que sus hijos aprendan idiomas (en su mayoría, inglés), pero miles de alumnos llegan ya siendo bilingües o multilingües y el sistema educativo apenas reconoce ese capital.

El potencial de la lengua materna

Para muchos docentes, el alumnado inmigrante debe pasar por aulas de acogida o grupos específicos para acelerar el aprendizaje del español e “integrarse”. Sin embargo, cuando estas medidas se prolongan demasiado tiempo, pueden producir el efecto contrario, reforzando el estigma y ralentizando la integración.




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Estas creencias señalan diferencias en la preparación del profesorado. Mientras los docentes especialistas muestran una mayor sensibilidad lingüística hacia la lengua materna del alumnado, existe una falta de formación en el profesorado tutor sobre cómo funciona la adquisición de segundas lenguas, lo que termina convirtiendo estas medidas de apoyo en barreras involuntarias que invisibilizan el idioma familiar.

Cuantas más lenguas, mejor

La investigación científica lleva décadas demostrando que la lengua origen no es ningún estorbo. Es más, la hipótesis de la interdependencia lingüística de Jim Cummins sostiene que las competencias desarrolladas en una lengua ayudan a adquirir otras. Dicho de forma sencilla: el alumnado con una buena base en su lengua materna tiene más herramientas cognitivas para aprender español o inglés.




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Es cierto que los datos internacionales indican que usar principalmente la lengua de instrucción en casa se asocia con mejores puntuaciones en lectura, pero esto no significa que las familias deban renunciar a su idioma; al contrario, traslada la responsabilidad a las instituciones. Para equilibrar esta balanza, la escuela debería ayudar al estudiantado a afianzar su lengua de origen mediante clases específicas.

La UNESCO defiende desde hace años la educación multilingüe como herramienta de inclusión y equidad. Porque una lengua no es solo un instrumento de comunicación: también es memoria, afecto e identidad. Cuando el sistema transmite que una lengua estorba, el alumnado aprende algo más que gramática: identifica qué partes de sí mismo son aceptables y cuáles conviene ocultar.

Entre la inclusión y la vigilancia

En una investigación reciente sobre profesorado de Primaria y Secundaria hemos explorado esta tensión. Muchos docentes desean apoyar la diversidad lingüística, pero al mismo tiempo se ven presionados por normas, evaluaciones y culturas escolares que priorizan el monolingüismo.

Aquí aparece el fenómeno del gatekeeping lingüístico: una presión invisible que empuja al profesorado, muchas veces sin intención, a actuar como guardián de una única lengua legítima dentro de la escuela.




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La diferencia entre etapas educativas es especialmente significativa. En primaria suele existir más flexibilidad: estrategias de traducción, mediación entre compañeros o actividades donde las familias participan usando sus lenguas. El profesorado adopta con más frecuencia un papel de acompañamiento.

En secundaria, en cambio, el sistema se vuelve más rígido. El peso del currículo y las evaluaciones convierte la lengua en un filtro invisible. Las lenguas maternas desaparecen del espacio educativo justo cuando los adolescentes están construyendo su identidad.

Esa barrera ayuda a entender parte del abandono escolar temprano entre jóvenes de origen inmigrante. No se trata solo de dificultades lingüísticas, sino de estudiantes que sienten que para encajar deben dejar fuera una parte esencial de quienes son.

Integrarse sin renunciar a la identidad

Nadie cuestiona que aprender español sea fundamental para participar plenamente en la sociedad. El problema aparece cuando integrarse significa renunciar a la propia identidad. Las consecuencias son reales: menor participación, sensación de no pertenencia y desvinculación progresiva de la escuela.

Algunos centros ya están explorando caminos distintos: bibliotecas con libros multilingües, actividades en las que el alumnado comparte palabras de su idioma o proyectos en los que las familias participan contando historias en su lengua materna.

Son iniciativas pequeñas, pero poderosas, porque cambian el mensaje institucional: tu lengua también tiene valor aquí. La educación multilingüe, como recuerda Naciones Unidas, es clave para un aprendizaje inclusivo y de calidad.

El alumnado debe aprender la lengua vehicular de la enseñanza de cada país, sin duda. Pero la pregunta es cómo queremos que lo haga: sintiéndose menos o sintiéndose parte. Y esa decisión, aunque a veces pase desapercibida en un recreo cualquiera, puede cambiar por completo la experiencia escolar de miles de niños y niñas.

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Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Euclides Eslava, Profesor Asociado, director del Centro Ratzinger y de la Maestría en Teología, Universidad de La Sabana

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Al elegir el nombre de León XIV, el nuevo papa hacía una declaración de intenciones sobre su programa. Retomaba la estela de León XIII, pontífice entre 1878 y 1903 y autor de 86 encíclicas; entre ellas, la Rerum novarum. Se vinculaba así a un papado que enfrentó los desafíos sociales de la Revolución Industrial. Una adscripción al pasado que conecta con los retos actuales de la humanidad: dignidad de la persona, trabajo y justicia. Todo ello en el contexto de una nueva revolución industrial y tecnológica atravesada por el poder de la inteligencia artificial.

Ese programa tomó forma de encíclica. El 25 de mayo de 2026, aniversario de la Rerum novarum de León XIII –con la que nació la doctrina social de la Iglesia–, León XIV presentó su primera encíclica: la Magnifica humanitas.

Conviene aclarar desde el principio que no se trata solo de una encíclica sobre la inteligencia artificial, ni contra ese desarrollo tecnológico. Es una actualización de la doctrina social de la Iglesia para el siglo XXI.

Nehemías y la Torre de Babel

Como marco de esa apuesta, León XIV acude a dos imágenes bíblicas contrapuestas. Por un lado, la Torre de Babel, una empresa sin referencia a Dios, edificada sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma. Por otro, la figura de Nehemías, quien reconstruyó las murallas de Jerusalén. Esta gesta se interpreta desde la centralidad de Dios, pero con énfasis en la responsabilidad compartida de todo el pueblo.

“El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras”.

En palabras del propio León XIV, la Iglesia no pretende imponerse en el diálogo sobre la inteligencia artificial, pues reconoce su incompetencia técnica. Solo desea aportar su sabiduría acerca de la humanidad, que tanta falta hace hoy:

“Cada persona es única e irremplazable, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servirse mutuamente y de cuidar nuestra casa común”.

Por eso, León XIV formula un nuevo humanismo que propone el desarrollo humano integral como alternativa a la deshumanización tecnológica, y llama a custodiar al ser humano en medio de las actuales rivalidades geopolíticas y comerciales. El centro de ese humanismo es la dignidad de la persona, que debe presidir las discusiones sobre el poder y el progreso, tanto bélico como tecnológico.




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El papa advierte que ese poder de innovación, que antes se encontraba en manos de los Estados, ahora se concentra en actores privados, a menudo transnacionales, con recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. Lo cual convierte a la pregunta sobre quién controla la inteligencia artificial en un interrogante político y moral.

De ahí que la encíclica articule su discurso en torno a varios imperativos: redescubrir la verdad en la vida pública y en la educación como bien común; proteger la dignidad del trabajo y la fragilidad de las familias en el entorno digital; y salvaguardar la libertad frente a las nuevas formas de esclavitud.

Entre esas formas de esclavitud, León XIV señala una que considera “particularmente insidiosa”: la ideología que obliga a cada persona a ganarse o justificar su propio valor, atribuyendo mayor valía a quien es más eficiente y productivo. En esa lógica, la persona queda reducida a medio para obtener resultados y deja de ser reconocida como un fin en sí misma. Un riesgo que la IA agudiza.

Superación de la guerra justa

En esa misma línea, renueva doctrinas como la de la guerra justa, que considera superada:

“La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón”.

En diálogo con autores tan variados como Platón, Hannah Arendt y J.R.R. Tolkien, y con referencias a figuras como Martin Luther King, Nelson Mandela, san Óscar Romero y santa Laura Montoya, la Magnifica humanitas recuerda el valor del trabajo, la familia y la educación. La primera encíclica de León XIV invita a aplicar los criterios que permiten que el desarrollo sirva a la humanidad: la dignidad de la persona, el bien común y el destino universal de los bienes, entre los cuales incluye “patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos”. También la subsidiariedad, que ya no concierne solo al Estado sino también a empresas y plataformas digitales, la solidaridad y la justicia.

El subtítulo de la encíclica cifra su esperanza: “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Para alcanzarla, León XIV apuesta por la formación y la ética como brújula. Solo así la humanidad podrá construir, en medio de los nuevos desafíos tecnológicos y culturales, lo que él mismo llama “una nueva civilización del amor”.

Anthropic como símbolo

El acto de lanzamiento fue en sí mismo un símbolo, pues contó con la participación de Chris Olah, cofundador de la compañía de desarrollo de IA Anthropic. Este resaltó la necesidad de que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos, gobiernos y, de hecho, todas las personas de buena voluntad– hagan lo que Su Santidad ha hecho aquí: tomarse esto en serio, analizarlo con detenimiento e impulsar los acontecimientos hacia una dirección mejor (…). Que sea también un primer paso decisivo hacia un futuro esperanzador para la magnífica humanidad”.




Leer más:
‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV


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Euclides Eslava no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué es la ‘magnífica humanidad’ que promueve el papa y cómo afronta el futuro tecnológico? – https://theconversation.com/que-es-la-magnifica-humanidad-que-promueve-el-papa-y-como-afronta-el-futuro-tecnologico-283875

Cambios drásticos en Google: la IA toma el mando

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Google es el buscador más utilizado del mundo. Durante más de un cuarto de siglo, la acción de buscar en internet ha seguido el ritual de introducir una pregunta o palabras clave en una caja en blanco para que un algoritmo nos devolviera una lista ordenada de enlaces azules relacionados. Nosotros, como usuarios, asumíamos el esfuerzo de hacer clic, saltar de una página a otra, contrastar la información y construir nuestra propia conclusión con base en las fuentes que considerábamos más apropiadas.

Hoy, este proceso se encuentra ante su mayor transformación histórica, tal y como la compañía acaba de anunciar. La transición tecnológica impulsada por la inteligencia artificial generativa, especialmente tras la integración total del modelo de asistente virtual Gemini dentro de la plataforma, ha redefinido las reglas del juego.

El buscador ya no quiere ser un simple intermediario, sino que aspira a convertirse en el protagonista y destino final para cualquier requerimiento que tengamos.

De indexar la web a sintetizar la información

El cambio más visible y disruptivo que se propone es el despliegue generalizado de las respuestas generativas en la parte superior de la página de resultados. Cuando un usuario realiza una consulta compleja, la IA lee en milisegundos una ingente cantidad de fuentes indexadas, de las que extrae los puntos clave y redacta un texto de síntesis personalizado.

Esto ya venía ocurriendo con el llamado “modo IA” desplegado en algunos países de forma experimental. Ahora pasa a convertirse en la norma.

Pero el proceso ya no se limita a ofrecer un párrafo plano de texto. El motor de búsqueda es capaz de estructurar la información sobre la marcha, generar tablas comparativas de productos o diseñar diagramas explicativos o esquemas de los pros y contras de una decisión médica o financiera, de forma visual e interactiva.

El usuario obtiene una respuesta inmediata sin necesidad de salir del ecosistema del buscador ni visitar los sitios web que originalmente produjeron esos datos, aunque el buscador sí que referencia el origen de dicha información, como ya ha venido haciendo.

De esta manera, la IA generativa invierte el rol del usuario, quien pasa de contrastar de forma activa múltiples fuentes web a consumir de forma pasiva resúmenes predigeridos por el algoritmo.

Búsqueda conversacional y agentes en segundo plano

Otro cambio importante radica en la desaparición de la rigidez en las consultas. Tradicionalmente, debíamos aprender a hablar el idioma buscador, seleccionando palabras clave inconexas y utilizando las comillas u otros signos para procurar resultados más precisos.

Las actualizaciones recientes consolidan una interfaz completamente conversacional y multimodal, que da importancia al contexto que proporciona el usuario sobre el requerimiento que tiene. Es decir, ahora la búsqueda estará más orientada a prompts contextuales, tal como ocurre en interacciones directas con chatbots –ChatGPT, Gemini, Claude o similares–.

Así, podemos encadenar preguntas de forma fluida, pidiendo aclaraciones, simplificaciones o un cambio de tono sobre el resultado anterior. Además, no hace falta introducir lo que queremos solo en texto escrito: será habitual cruzar modalidades, subir fotografías, documentos de texto, pestañas de Google Chrome o fragmentos de vídeos.

De esta manera, podemos pedirle al buscador que analice un problema o que ubique el precio más bajo de un producto. O, incluso, que localice el minuto exacto donde se explica un concepto en un tutorial de YouTube.

Dicho esto, es posible afirmar que el sistema ha dejado de ser reactivo para volverse proactivo mediante el uso de los llamados “agentes de búsqueda”.

Estos programas especializados o bots operan en segundo plano de manera autónoma para resolver tareas complejas delegadas por el usuario, como monitorizar la fluctuación de tarifas o la aparición de determinados productos –como ediciones limitadas de zapatillas, por ejemplo–; evaluar la compatibilidad de componentes técnicos de diferentes marcas; o trazar un itinerario de viaje completo, coordinando horarios, presupuestos y preferencias personales.

Es decir, la búsqueda ya no se limita a un momento determinado, sino que trasciende en el tiempo, lo que ofrece al usuario una actualización constante sobre aquello que necesita, si lo amerita.

Una experiencia hiperpersonalizada

Este nuevo paradigma implica un impacto sociológico y técnico trascendental, relacionado con la fragmentación de la experiencia de búsqueda. Bajo el algoritmo tradicional, una consulta idéntica realizada por dos personas diferentes arrojaba resultados muy similares. Existía una suerte de consenso digital, similar a la idea de una plaza pública de información compartida.

Con la IA generativa, las respuestas ahora se adaptan dinámicamente al contexto, al historial y al perfil conversacional de cada individuo. Dicho de otra manera, ahora la experiencia de búsqueda estará afinada y condicionada, a medida de cada usuario.

¿Cómo afecta todo esto al usuario?

En este contexto, no todo son beneficios. Dos usuarios que pregunten lo mismo pueden recibir resúmenes redactados de manera distinta o con enfoques radicalmente dispares. Si bien esto optimiza la relevancia, también abre interrogantes éticos sobre la creación de cámaras de eco informativas aún más cerradas y los llamados sesgos de programación de estas tecnologías y cómo actúan ante determinados perfiles.

Si ya existía poca transparencia al respecto, no cabe duda de que los nuevos cambios no van a hacer más que añadir opacidad al sistema.

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Pavel Sidorenko Bautista no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cambios drásticos en Google: la IA toma el mando – https://theconversation.com/cambios-drasticos-en-google-la-ia-toma-el-mando-283781

Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-José Varela Salinas, Profesora Titular de Universidad en Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga

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Que un papa publique una encíclica sobre IA puede parecer llamativo, pero no es extraño. Desde el siglo XIX, la Iglesia católica se ha pronunciado en diversas encíclicas sobre las grandes transformaciones sociales cuando afectaban a la persona y a su dignidad.

De la Revolución Industrial a la inteligencia artificial

La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, tiene un valor simbólico especial. Se firmó el 15 de mayo (aunque se presentó el 25), justo 135 años después de Rerum novarum, con la que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial.

Si entonces la cuestión central era la dignidad del trabajador ante los cambios de la era industrial, hoy el reto es proteger la dignidad de la persona ante el creciente poder de la IA.

León XIV ya la había presentado como la nueva “revolución industrial” en su primer discurso al Colegio Cardenalicio, el 10 de mayo de 2025, dejando claro que sería una de las grandes preocupaciones de su pontificado.

En Magnifica humanitas, esa preocupación se concreta en una idea central: la IA no es neutral. Puede ampliar capacidades humanas, pero también concentrar poder, volver opacas algunas decisiones y perjudicar especialmente a quienes tienen menos recursos para defenderse.

Ningún papa antes había presentado personalmente una encíclica. Pero es que, además, León XIV compartió el acto de presentación con Christopher Olah, cofundador de Anthropic y experto en interpretabilidad, es decir, en cómo funcionan los modelos de IA por dentro. Su elección no es casual: tanto el trabajo de Olah como la posición pública de la empresa conectan con varios puntos de la encíclica.

Abrir la caja negra

En primer lugar, el criterio de no usar indiscriminadamente lo que no se comprende. La IA generativa no es una herramienta más, sino un punto de inflexión. Hace décadas que usamos sistemas algorítmicos –buscadores, asistentes de voz, GPS–, pero ahora existen máquinas que parecen reflexionar o responder con empatía, y podemos olvidar que estamos ante dichos algoritmos. Sin embargo, las respuestas lógicas que recibimos no significan que la máquina comprenda y pueda comunicarse con nosotros de verdad.

Por otro lado, Olah advierte de que el funcionamiento interno de la IA muestra fenómenos difíciles de interpretar, lo que exige prudencia y discernimiento antes de usarlos masivamente. El cofundador de Anthropic dirige precisamente el área de investigación que intenta abrir la “caja negra” de los modelos para entender cómo producen respuestas.

¿Quién es el responsable?

Si se delega en un sistema, la decisión sobre quién recibe un crédito, qué paciente se opera antes o qué solicitante de asilo pasa el primer filtro, y ni sus creadores saben explicar exactamente por qué el sistema toma una decisión concreta, ¿quién es el responsable de esa decisión? No es una preocupación abstracta: en los Países Bajos, el escándalo de las ayudas para el cuidado infantil mostró cómo un sistema de detección de fraude basado en perfiles de riesgo podía señalar injustamente a miles de familias, con efectos devastadores sobre personas vulnerables.

La encíclica recoge, precisamente, esa preocupación: que la IA perjudique los derechos de las personas, especialmente de las más vulnerables. Que Olah comparte esa preocupación lo mostró recordando en su exposición que el debate sobre la IA debe tener en cuenta en primer lugar nuestra responsabilidad hacia los más pobres del mundo.

Negativa a usar la IA para desarrollo de armas autónomas

Otro punto de conexión puede ser la decisión de Anthropic de negarse a que sus modelos se usen para armas totalmente autónomas o vigilancia doméstica masiva. Olah reconoció que los principales laboratorios de IA compiten en un entorno en el que puede haber conflictos éticos. Por eso, pidió que haya críticos competentes y voces morales independientes que puedan señalar los errores. La decisión de Anthropic conecta con Magnifica humanitas, que, aparte de oponerse a la guerra como un mal, reclama límites éticos estrictos para la IA militar y exige que la responsabilidad humana se pueda identificar siempre.

En definitiva, la presencia de Olah reforzó una idea central de la encíclica: no todo lo técnicamente posible está moralmente permitido.

En el acto fue moderado por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, e intervinieron además los cardenales Víctor Manuel Fernández (prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe) y Michael Czerny (prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral) y las teólogas Anna Rowlands (catedrática de Pensamiento Social Católico en la Universidad de Durham) y Leocadie Lushombo (profesora de Ética Teológica en Santa Clara University). Con esta composición, el Vaticano quiso tratar la IA desde enfoques diversos y dar voz no solo a los que la diseñan o regulan, sino también a quienes reflexionan sobre sus consecuencias éticas y sociales.

Según Olah, las preguntas que plantea la IA superan a los científicos y no pueden solucionarlas ellos solos o las empresas tecnológicas. Y ahí es donde una voz como la de León XIV adquiere un peso particular, pues tiene una proyección moral que va más allá de la Iglesia. Cuando se pronuncia sobre temas clave como la IA, se le presta atención en foros internacionales muy diversos.

Gobernar la IA, no someterse a ella

La nueva encíclica puede leerse como una actualización de la cuestión social. Rerum novarum respondió al riesgo de una deshumanización provocada por la lógica industrial, mientras que Magnifica humanitas responde al riesgo de que la persona quede sometida a una lógica tecnocrática. Es decir, que la tecnología deje de estar al servicio del ser humano y empiece a exigir que sea el ser humano quien se adapte a ella. No se trata, sin embargo, de rechazar la IA, cuya utilidad en muchos campos reconoce León XIV. La cuestión es diseñarla y gobernarla con principios morales que beneficien al ser humano y a la sociedad.

La encíclica no aparece aislada. El 18 de mayo, el Vaticano presentó un Observatorio sobre IA y medio ambiente que estudiará las consecuencias de la IA sobre el medioambiente. Mayo de 2026 deja así una señal clara: para el Vaticano, la inteligencia artificial no es un asunto secundario, sino uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo.

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María-José Varela Salinas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la caja negra de la IA preocupa al Vaticano – https://theconversation.com/por-que-la-caja-negra-de-la-ia-preocupa-al-vaticano-283629

¿Necesitamos narrativas de la esperanza o solo sirven para manipularnos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina M. Gámez-Fernández, Profesora Titular de Universidad especializada en literaturas y culturas en lengua inglesa, Universidad de Córdoba

Solemos auparnos en la esperanza a veces para justificar situaciones complejas. Rois AM/Shutterstock

¿Quién no se ha visto alguna vez haciendo listas para el año nuevo, imaginándose una mejor versión de su vida en la que todo funciona a la perfección? ¿Quién no se ha suscrito a cualquier pódcast, cuenta de Instagram o TikTok que le ayude a aprender “esas estrategias infalibles” para lograr sus metas? ¿O quién no ha dudado de su estado físico al percatarse de que va a pilates solo un par de veces a la semana mientras su compañera de trabajo tiene un entrenador personal y se suplementa con creatina?

En todos estos ejemplos queda patente que las historias de superación personal y los autodenominados especialistas, coaches y demás personajes mediáticos están más de moda que nunca. ¿Qué motiva este fenómeno?

A la búsqueda de una solución

Ante la aceleración por estar “en forma”, cuidar de la salud mental, acompañar a los mayores, supervisar a los hijos, destacar en el trabajo y ser buena persona, el agotamiento no tarda en asomar.

Aun así, el motor sigue estando ahí: mantengo la ilusión de que puedo convertirme en mi mejor versión, poner mi granito de arena para frenar el cambio climático o dejar un mundo más decente del que me encontré. Sin embargo, ante la avalancha de retos, el agotamiento regresa de nuevo. Y es normal, porque el discurso que he ido interiorizando a lo largo de los años se desmorona cuando la exigencia se hace cada vez mayor.

Entonces, en ese momento, busco urgentemente una nueva narrativa de esperanza que me ayude a mantener este ritmo frenético.

Virtud, emoción… faro

Hoy en día podemos encontrar la palabra “esperanza” en cualquier conversación, ya sea en la cola del supermercado o en un eslogan rotulado en una taza y un llavero.

Pero… ¿qué es realmente la esperanza? Comúnmente se define como un horizonte remoto de posibilidad de cambio que nos orienta en momentos de adversidad como si fuera un faro. El ejemplo más cercano que todos compartimos, en el que buscamos esperanza, es la pandemia, todavía fresca en nuestras retinas como una experiencia que nos puso a prueba individual y colectivamente.

El concepto se aborda desde múltiples campos académicos, e incluso en estudios inter- o transdisciplinares. Por ejemplo, se clasifica como una virtud en el ámbito de la teología y los estudios sobre las religiones; como una emoción en la psicología, la neurociencia o la filosofía moral y política, e incluso como un mecanismo afectivo en la crítica literaria y teórica.

Este enorme interés de la ciencia, así como en el día a día de las redes sociales, los medios de comunicación y la cultura, responde a la necesidad creciente en nuestras sociedades de encontrar esos faros. Pero ¿qué efectos tiene en quienes la consumimos? Y, más interesante aún, ¿son solo efectos positivos?

No siempre es un buen motor

En nuestra experiencia personal normalmente revestimos estos relatos de un halo positivo. Como ejemplo nos sirve el título de la Bula del Jubileo ordinario del año 2025 del papa Francisco que era “Spes non confundit”: la esperanza no defrauda.

Por lo general, se relaciona la pérdida de la esperanza con la depresión y, en última instancia, con la muerte. De ahí las famosas frases “la esperanza es lo último que se pierde” o “mientras hay vida, hay esperanza”.

Pero nada más lejos de la realidad. El término no remite necesariamente a lo positivo. Pensemos en la esperanza de crear un “mundo mejor” que tenían tanto Nelson Mandela como… Adolf Hitler. La visión de un futuro diferente subyace al discurso esperanzador de ambos. Los diferencia radicalmente que, mientras Mandela buscaba acoger a diferentes grupos sociales, para el genocida cualquier pueblo que no fuese el ario debía desaparecer de su territorio.

Dibujo de una mujer que sujeta un recipiente del que salen luces.
Según el mito griego de ‘la caja de Pandora’, todos los males se repartieron por el mundo y solo quedó la esperanza. El dibujo es de James Gillray.
National Portrait Gallery

Aunque pueda sorprender, esta ambigüedad de las narrativas de esperanza no es nueva. La tradición cultural occidental integra una interpretación negativa de la esperanza junto con la vertiente optimista más conocida. El poeta griego Hesíodo ya decía que la esperanza era la única desgracia que no consiguió liberarse de la caja de Pandora y Eurípides advertía de su maldad, que se representaba con la diosa Elpis.

Desde Platón, pasando por Nietzsche, hasta críticos contemporáneos como Lauren Berlant, Mark Fisher y Franco “Bifo” Berardi, muchos son los autores que exploran el perjuicio de las narrativas de esperanza. La pregunta entonces es otra: ¿cómo contribuyen estas a manipularnos?

Un mensaje dañino

Tener esperanza no es negativo en sí mismo, por supuesto. Los problemas comienzan en los momentos difíciles, cuando nos sentimos vulnerables, perdidos y abrumados por las muchas tareas pendientes. Entonces, empezamos a prestar demasiada atención a todo ese ejército mediático de narrativas. Y necesitamos creer en ellas desesperadamente.

En este caldo de cultivo, es más fácil convencernos del mensaje que transmiten: “tú puedes, pero solo si haces el sacrificio personal incondicional para alcanzar tu ideal”. Por ejemplo, hazme creer a pies juntillas que el trabajo duro me garantizará la independencia económica que tanto necesito a mis ya 30 años, y estaré más dispuesta a trabajar 10 horas con un contrato a media jornada.

Ojo, que este fenómeno se puede complicar todavía más. La tormenta perfecta combina las narrativas de la esperanza con los discursos del miedo. Estos últimos normalizan ideologías claramente discriminatorias para que aceptemos políticas que justifican la injusticia y la violencia. Pero las narrativas de la esperanza son más insidiosas, porque se aseguran de controlar a las personas a través de sus propios deseos sin tener que vigilarlas.

¿Podemos escapar de este fenómeno? No existe una solución simple ni rápida dada la complejidad del problema. Pero la literatura y el arte son herramientas muy útiles para desmantelar esas narrativas cómplices con nuestra forma de vida neoliberal. Sus reflexiones nos permiten visibilizar la brecha que existe entre qué poseemos y lo que creemos que deberíamos tener, cómo nos sentimos y cómo deberíamos hacerlo o quiénes somos y quiénes deberíamos ser. Nos ayudan a darnos cuenta de que quizás no merezca la pena perseguir esas aspiraciones a toda costa e, incluso algunas, ni siquiera perseguirlas.

Porque… ¿cuáles son las que siguen operando en su propio horizonte sin que se dé cuenta?


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Cristina M. Gámez-Fernández es la Investigadora Principal del proyecto de investigación “Resistencias ante el Capitaloceno: Narrativas de esperanza en el siglo XXI” (referencia PID2023-147494NB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y por el FEDER.

ref. ¿Necesitamos narrativas de la esperanza o solo sirven para manipularnos? – https://theconversation.com/necesitamos-narrativas-de-la-esperanza-o-solo-sirven-para-manipularnos-280675

Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Andrés Morales-Barreto, Coordinador académico y profesor del Departamento de Teoría Jurídica y de la Constitución de la Facultad de Estudios jurídicos, políticos e internacionales, Universidad de La Sabana

Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia, durante La Marcha del Silencio en Bogotá por la recuperación del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay (15 de junio de 2025), quien sufrió un atentado y falleció posteriormente. Anamaria Mejia/Shutterstock

Existe un patrón que recorre América Latina de izquierda a derecha, desde gobiernos que prometen seguridad hasta gobiernos que alientan la transformación social. No se trata solamente de lo que dicen. Es cómo entienden el poder.

Repasamos algunos ejemplos con nombre propio de esta tendencia. Además de a gobernantes en ejercicio, el análisis atañe también a los tres principales candidatos de las elecciones presidenciales colombianas del 31 de mayo: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.

Instituciones y contrapesos se presentan como estorbos

Cuando líderes electos presentan a los tribunales como obstáculos, al Congreso como bloqueo, a la prensa como enemiga, a los órganos de control como sabotaje y a la oposición como un impedimento para gobernar, la democracia constitucional comienza a mutar. Milei, Bukele y Petro, con ideologías opuestas y promesas contradictorias, comparten una misma tentación peligrosa, concebir las instituciones democráticas como estorbos para realizar su idea auténtica de nación.

La comparación relevante no es ideológica sino institucional. La pregunta importante es si los líderes consideran que los límites son condiciones necesarias de la democracia o simples trabas que deben superarse.

La erosión explícita desde la derecha

Javier Milei en Argentina llegó denunciando a la “casta política” y prometiendo desmontar el Estado. Su lógica de confrontación permanente con el Congreso, sectores judiciales y universidades públicas parte de una idea. Según esta, las instituciones tradicionales son responsables del fracaso argentino y deben ser neutralizadas. La nación productiva justifica la batalla frontal contra los supuestos obstáculos institucionales.

En El Salvador, Nayib Bukele encarna una versión más intensa y popular. Su éxito en reducir drásticamente la violencia es innegable: El Salvador pasó de ser uno de los países más peligrosos del mundo a registrar índices mínimos de homicidios. Sin embargo, lo logró mediante un régimen de excepción prolongado, detenciones masivas con garantías judiciales suspendidas e informes constantes sobre abusos y torturas. Para millones de salvadoreños, la seguridad justifica subordinar los controles democráticos. La nación segura termina imponiéndose sobre las mediaciones institucionales.

El candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella representa otra expresión contemporánea de esta lógica. A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, su propuesta de “Patriotismo Constitucional” defiende formalmente la Constitución de 1991, la independencia judicial y la prensa. Rechaza una reforma constituyente, pero al mismo tiempo propone elevar a rango constitucional la prohibición de la combinación de todas las formas de lucha. Eso implicaría declarar inconstitucionales ciertas huelgas, bloqueos y formas de movilización social, utilizando la ley para restringir expresiones de conflicto político que considera amenazas al orden. No destruye la Constitución abiertamente: busca reescribirla para limitar el disenso.

La derecha autoritaria erosiona la democracia de forma frontal, mediante estados de excepción permanentes, liderazgo personalista, controles ejecutivos directos y restricciones abiertas al conflicto democrático.

La erosión gradual desde la izquierda

La izquierda latinoamericana tampoco escapa a esta deriva. Maduro en Venezuela constituyó el caso extremo de concentración progresiva de poder, persecución de opositores y destrucción de la competencia electoral. El chavismo convirtió las instituciones en herramientas del proyecto revolucionario hasta vaciarlas de pluralismo.

En Brasil, Lula da Silva continúa siendo una figura de la izquierda democrática, y el país mantiene elecciones competitivas. Sin embargo, el Partido de los Trabajadores ha cultivado una narrativa según la cual sectores judiciales, empresariales y mediáticos representan enemigos estructurales del pueblo brasileño.

Después de los excesos del caso Lava Jato (la mayor investigación sobre corrupción en Brasil y Latinoamérica), parte del lulismo comenzó a justificar una creciente politización institucional. Esta tendencia se amparaba en la necesidad de corregir desequilibrios históricos. El riesgo que entraña no es una ruptura inmediata de la democracia, sino la normalización de la idea de que ciertas instituciones independientes son obstáculos frente a proyectos considerados superiores.

En México ocurre algo similar. La presidenta, Claudia Sheinbaum, heredó el proyecto político de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, aunque ya ha anunciado una revisión de la reforma judicial de este. Su partido, Morena, que opera dentro de marcos democráticos formales, ha impulsado reformas que generan preocupación por la autonomía judicial, la concentración de poder y el debilitamiento progresivo de contrapesos. La apelación constante al pueblo verdadero y a la legitimidad popular comienza a sustituir la lógica clásica de limitación constitucional.

En Colombia, el presidente, Gustavo Petro, y el candidato oficialista, Iván Cepeda, representan esta versión institucional de erosión democrática. Petro ha impulsado una transformación estructural del modelo político, mientras que Cepeda mantiene una posición ambigua frente a una eventual Asamblea Constituyente.

Semanas atrás, el candidato del Pacto Histórico parecía distanciarse de esta propuesta. Sin embargo, recientemente dejó abierta la posibilidad si existiera consenso entre sectores políticos y económicos. La incertidumbre sobre los compromisos de ambos candidatos frente a los límites constitucionales revela una pauta común: la disposición a cambiar las reglas del juego cuando se considere necesario.

Una Asamblea Constituyente no es un trámite ordinario. Supone reescribir normas fundamentales, fortalecer el Ejecutivo y alterar los mecanismos de alternancia. Formalmente, tiende a presentarse como una opción democrática. Estructuralmente, puede convertirse en un mecanismo de concentración irreversible de poder.

La izquierda autoritaria suele erosionar la democracia de manera más gradual, mediante reformas constitucionales, expansión permanente del Ejecutivo y debilitamiento progresivo de los órganos de control, todo presentado como profundización democrática y soberanía popular.

Dos caminos hacia el mismo riesgo

La derecha y la izquierda autoritarias utilizan métodos distintos, pero terminan compartiendo una misma sospecha frente al pluralismo liberal. Para unos, los controles constitucionales impiden combatir el crimen, garantizar el orden o liberar la economía. Para otros, evitan transformar estructuras consideradas injustas y realizar cambios históricos. En ambos casos aparece la misma conclusión: existe una voluntad popular auténtica que no debería estar limitada por demasiadas mediaciones institucionales. Y precisamente ahí reside el verdadero peligro.

Colombia conoce bien las consecuencias de subordinar las instituciones a proyectos absolutos de nación. Las guerrillas justificaron la violencia armada en nombre de una revolución. Los paramilitares, que han sido en ocasiones vinculados a partidos como el Centro Democrático (fundado por el expresidente Álvaro Uribe y liderado por la candidata Paloma Valencia), han justificado masacres y persecuciones en nombre del orden y la seguridad. Unos y otros creyeron representar una versión superior de la patria.

La democracia constitucional no fue diseñada para producir gobiernos rápidos, homogéneos o plenamente eficientes. Fue diseñada para impedir que una mayoría o un líder concentren todo el poder sin límites.

La lección incómoda de la historia latinoamericana es clara: las democracias rara vez mueren únicamente mediante golpes militares. Se erosionan lentamente desde dentro, cuando los líderes elegidos democráticamente descubren que es más fácil desmontar los límites constitucionales que respetarlos.

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Sergio Andrés Morales-Barreto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Elecciones colombianas: otro capítulo del manual para concentrar el poder sin importar la ideología – https://theconversation.com/elecciones-colombianas-otro-capitulo-del-manual-para-concentrar-el-poder-sin-importar-la-ideologia-283043