El poder transformador de la generosidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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Cada año, desde 1987, la revista Forbes publica la lista de las personas más ricas del mundo. Pero también ofrece un ranking de los principales filántropos globales: hombres y mujeres que donan a causas sociales, a la investigación de enfermedades, a la creación de becas educativas, a iniciativas para mejorar el medio ambiente y similares.

En sus informes más recientes, la revista ha incluido un interesante factor de ponderación que permite conocer qué multimillonarios donan un mayor porcentaje de su patrimonio neto. Es el Forbes Philanthropy Score.

Aunque informes como el de Forbes influyen en la opinión pública, muchos grandes filántropos no donan dinero en busca de reconocimiento o publicidad. Mi experiencia con algunos donantes es que prefieren el anonimato, independientemente de que puedan beneficiarse o no de ventajas fiscales por sus aportaciones. En cualquier caso, creo que deberíamos alegrarnos de que la filantropía parezca estar en aumento, aunque haya sectores de la sociedad que resten importancia a donaciones significativas por proceder del ámbito privado.

No solo los ricos

En cualquier caso, la generosidad no es una cualidad exclusiva de los ricos. Es una virtud que todos podemos cultivar para hacernos mejores y más felices. En este sentido, recordemos el relato bíblico de La ofrenda de la viuda: Marcos cuenta cómo, aunque solo dio dos pequeñas monedas de limosna, mucho menos en términos absolutos que otros donantes, Jesús reconoció su contribución como mucho más valiosa por el sacrificio personal que implicaba.

Posteriormente, los filósofos explicarían la generosidad de distintas maneras:.Descartes la consideraba “la llave de todas las virtudes y un remedio general contra todos los desórdenes de las pasiones”, mientras que Nietzsche la calificaba como “la virtud más elevada”.

La generosidad, frente a la codicia, suele entenderse como el hábito de dar o compartir con otros sin esperar nada a cambio. Es posible dar muchas cosas, no solo dinero, regalos u objetos. También se puede ser generoso con el tiempo, a veces el bien más preciado, algo especialmente pertinente en el ámbito académico.

Querer mucho

También se puede ser generoso con el afecto, por ejemplo, felicitando a conocidos en sus cumpleaños o celebraciones, elogiando a otra persona por un logro o mostrando empatía.

Existen, asimismo, actos que parecen generosos pero no lo son. El político estadounidense Lester H. Hunt (1892-1954) escribió que regalar una botella de vino a un vecino puede hacerse para establecer una relación, o que un obsequio a una persona necesitada, pero amenazante, puede ser simplemente una forma de evitar un conflicto.

Sin embargo, dada la dificultad de determinar o medir la intencionalidad, debemos conformarnos con juzgar lo que observamos. Tal vez muchos actos que consideramos generosos no cumplirían con la exigencia de desinterés que plantea Hunt. Dicho esto, podría sostenerse que cualquier forma de dar es mejor que ninguna.

Generosidad recíproca

Nos gusta pensar que la generosidad en el seno familiar es desinteresada y no transaccional. Sin embargo, puede existir una expectativa razonable de reciprocidad. Por ejemplo, los hijos cuidan de sus padres cuando estos envejecen, devolviendo el cuidado recibido en la infancia.

En la amistad también ocurre que las personas se reprochan no haber ayudado en momentos críticos. Aunque el factor decisivo es que no haya una expectativa de retorno a corto plazo, también se entiende que se puede contar con los amigos en tiempos difíciles. Como dice el refrán: “En la necesidad se conoce al amigo”.

Un artículo publicado en la revista Nature en 2017 mostró el vínculo neuronal entre generosidad y felicidad. Mediante una resonancia magnética, se midió la actividad de distintas áreas del cerebro de los participantes. A un grupo se le entregó una cantidad de dinero para destinarla a las necesidades de otras personas, al otro se le dio la misma cantidad para gastarla en sí mismos. En el primer caso, las imágenes mostraron una conectividad más intensa entre la función temporoparietal y el estriado ventral, la zona del cerebro que activa la sensación de felicidad.

Los científicos concluyeron que los seres humanos son generosos con familiares, amigos o desconocidos porque eso les hace sentirse mejor y no tanto por la búsqueda de una compensación.

Generosidad en el trabajo

También en el ámbito laboral se han analizado los efectos del comportamiento generoso entre colegas. Dicen los expertos: “Practicar la amabilidad resulta enormemente beneficioso para nuestros compañeros. Ser reconocido en el trabajo ayuda a reducir el agotamiento y el absentismo, y mejora el bienestar de los empleados”. Y recomiendan ser generosos en agradecimientos y reconocimientos dentro del entorno profesional. La generosidad en el agradecimiento mejora el clima, motiva a otros y, en línea con el estudio de Nature, hace más felices a quienes la practican.

Desde una perspectiva transaccional, podría pensarse que las personas generosas actúan de manera ingenua al no buscar abiertamente algo a cambio de sus buenas acciones. Esta visión es errónea, porque la generosidad, aunque no persiga compensación, siempre es reconocida, aunque sea a largo plazo, a través del respeto de los demás.

Sin embargo, en contextos donde triunfan los insistentes y oportunistas, uno de los riesgos de ser el único que practica sistemáticamente la generosidad es acabar sufriendo de “agotamiento por generosidad”.

Por lo general, en los equipos de trabajo los aprovechados son pronto identificados y excluidos. Pero si uno tiene la percepción personal, contrastada con la opinión de personas de confianza, de ser el único miembro generoso del equipo, conviene tomar medidas para equilibrar la situación.

Generosidad y mentorazgo

En el libro Dar y recibir (2013), el profesor e investigador estadounidense Adam Grant explica que en todas las organizaciones hay receptores, quienes suelen beneficiarse del trabajo de los demás, incluidos los jefes, equilibradores, que contribuyen y utilizan de manera compensada el trabajo común, y dadores: esa valiosa especie que contribuye al colectivo sin esperar necesariamente algo a cambio.

En una empresa, lo ideal es que haya más dadores que receptores porque, aritméticamente hablando, el valor añadido total será mayor y, además, se generará un entorno laboral más positivo.

Otra forma de ejercer la generosidad en el trabajo es el mentorazgo, práctica que ha demostrado mejorar el desempeño de los directivos jóvenes. Para que tenga éxito, esta relación debe basarse en el desinterés, la ausencia de agenda política, el respeto mutuo, la coherencia y el compromiso.

Generosidad vocacional

En el ámbito educativo, la generosidad es una cualidad fundamental del profesorado. El desinterés necesario para dedicar años a mejorar el aprendizaje de los jóvenes convierte esta profesión en una vocación, una llamada a servir al desarrollo de los estudiantes, que no se compensa únicamente con la remuneración.

En cierto modo, considero a los directivos y gestores como docentes, porque parte de su tarea consiste en motivar a sus colaboradores y subordinados para que trabajen eficazmente, se identifiquen con su organización y mejoren como profesionales y como personas. Sin duda, el ejercicio de cualquier forma de liderazgo debe sustentarse en la generosidad.

Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El poder transformador de la generosidad – https://theconversation.com/el-poder-transformador-de-la-generosidad-286530

Quiero ayudar tras una situación de emergencia humanitaria: ¿cuál es la mejor forma de hacerlo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Borja Santos Porras, Associate Dean and Professor – IE School of politics, economics and global affairs, IE University

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Cada vez que un terremoto, una inundación o un conflicto golpea a miles de personas, la reacción de la ciudadanía es inmediata: queremos ayudar. El problema no es la falta de generosidad, sino no saber canalizarla bien.

Aquí la buena intención no siempre coincide con la ayuda más eficaz. Repasamos las tres vías principales –donar bienes, aportar a organizaciones humanitarias reconocidas o financiar directamente a organizaciones locales– con sus ventajas, sus límites y qué dice la experiencia sobre cuál suele tener más impacto.

Recolección de insumos: la opción más visible, pero casi nunca la más útil

Enviar ropa, comida o medicamentos es el gesto más intuitivo: das algo tangible y sientes que ayudas de verdad. Sin embargo, es la opción que más advertencias recibe por parte de los organismos humanitarios. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) desaconseja las donaciones en especie en la fase inmediata de una emergencia porque pueden saturar la logística de quienes están gestionando el desastre sobre el terreno.

Las razones son prácticas: clasificar, embalar, transportar y almacenar bienes cuesta tiempo y dinero, recursos que en plena emergencia son extremadamente escasos. Además, lo que enviamos no siempre coincide con lo que realmente se necesita –por disparidad en las tallas, climas o cultura alimentaria– y en muchos casos termina acumulado en almacenes, o incluso desechado.

En 2008, cuando trabajaba en el equipo de Naciones Unidas para Emergencias en Ecuador, sufrimos los efectos de las inundaciones de El Niño y llegaron muchos aviones con ayuda proveniente de muchos países. Hicimos un recuento de lo enviado frente a lo que realmente se necesitaba: solo el 5 % de lo que llegaba era útil.

Cajas de medicamentos y ayuda humanitaria de UNICEF para Ucrania (2022).
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Otro ejemplo, este de 2011, cuando trabajaba con Naciones Unidas en Etiopía. Allí la base de la alimentación es la injera, un pan plano hecho con un cereal local llamado tef. Como parte de la respuesta a la crisis humanitaria de ese año, Estados Unidos envió toneladas de maíz, en gran parte, excedentes de su propia producción agrícola. El problema es que buena parte de la población etíope ni conocía ese alimento ni sabía cómo cocinarlo, y, sencillamente, no lo quería.

El Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) ha realizado guias prácticas para orientar a la ciudadanía sobre las donaciones en especie. ¿Cuándo tienen sentido este tipo de donaciones? Solo si hay un llamamiento específico de una organización que ya opera allí y que ha pedido ese material en concreto.

Donar a organizaciones reconocidas en España: seguridad, trazabilidad… y ventajas fiscales

Aportar dinero a una ONG española con experiencia humanitaria acreditada es, por consenso, la vía más recomendada por los especialistas en ayuda internacional. Estas entidades cuentan con personal profesional, mecanismos de coordinación con las autoridades locales y sistemas contrastados de rendición de cuentas.

Además, muchas de estas organizaciones trabajan con estándares humanitarios universales que guían la ayuda en desastres, como los estándares Esfera, que buscan proteger la dignidad humana en la respuesta a las personas afectadas: cuánta agua o comida mínima se debe dar y en qué condiciones, cómo deben ser los refugios, qué características debe tener la atención sanitaria, etc. Estos estándares fueron establecidos por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y numerosas organizaciones humanitarias tras las fallas detectadas en la asistencia a los refugiados del genocidio de Ruanda, en 1994.

Además de la profesionalidad y la rendición de cuentas, hay un incentivo añadido que algunos ciudadanos desconocen: si la entidad está acogida a la Ley 49/2002 de régimen fiscal de entidades sin fines lucrativos, la donación desgrava en el IRPF.

Aportar a instituciones u organizaciones locales: ayuda directa y sin intermediarios

Financiar directamente a una organización local tiene una ventaja muy clara: la financiación llega sin intermediarios y de forma más directa a quien ejecuta la ayuda sobre el terreno. Esto suele traducirse en mayor flexibilidad para adaptar los fondos a las necesidades reales y cambiantes, y menos costes de gestión intermedios.

No obstante, también tiene un inconveniente: resulta más difícil para el donante verificar la solvencia y trayectoria de la organización, y no siempre está claro que tenga la profesionalidad y el conocimiento necesarios para trabajar en contextos humanitarios. Además, estas donaciones normalmente no dan derecho a deducción fiscal en España, al no estar la entidad receptora acogida a la Ley 49/2002.

Esta vía es recomendable cuando existe una relación de confianza previa y contrastada con la entidad local, por ejemplo, a través de asociaciones en España de ciudadanos migrantes de los países en emergencia, que suelen tener conocimiento directo del terreno y de las organizaciones fiables que operan allí.

¿Por qué el dinero, en cualquier caso, es mejor que las donaciones en especie?

Más allá de por dónde se canalicen los recursos, el consenso del sector humanitario –recogido por la AECID, la CONGDE y organismos como CALP (Cash Learning Partnership)– es claro: el dinero es preferible a los bienes materiales.

Una donación económica permite comprar lo necesario en mercados locales o cercanos a la zona afectada, lo que, además de garantizar que la ayuda se ajusta a la necesidad real, reactiva la economía local justo cuando más lo necesita. Es decir, genera empleo, mantiene en marcha comercios y evita la dependencia total de la ayuda externa. Es lo que en el sector se llaman programas de transferencias monetarias, considerados, hoy por hoy, la forma de asistencia humanitaria más eficaz y respetuosa con la dignidad de las personas afectadas.

Es fundamental ayudar, si bien exige también informarse. La rapidez con la que se dona no debería ir por delante de la eficacia con la que esa ayuda llega a quien la necesita.

The Conversation

Borja Santos Porras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Quiero ayudar tras una situación de emergencia humanitaria: ¿cuál es la mejor forma de hacerlo? – https://theconversation.com/quiero-ayudar-tras-una-situacion-de-emergencia-humanitaria-cual-es-la-mejor-forma-de-hacerlo-286748

El planeta donde podríamos volar moviendo los brazos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

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La búsqueda de exoplanetas ha cambiado nuestra forma de entender el universo. Durante mucho tiempo, los astrónomos clasificaron los planetas utilizando como referencia los mundos del sistema solar. Sin embargo, los miles de exoplanetas descubiertos en las últimas décadas han revelado una diversidad mucho mayor de la esperada. Entre ellos destaca Kepler-138d, un planeta situado a unos 200 años luz de la Tierra que podría pertenecer a una categoría completamente distinta a cualquier cosa conocida en nuestro vecindario cósmico.

Un mundo oceánico

Kepler-138d ha despertado un gran interés porque, pese a tener un tamaño parecido al de la Tierra, parece poseer una densidad mucho menor. Los datos sugieren que podría contener enormes cantidades de agua y materiales ligeros, hasta el punto de que ha sido identificado como uno de los candidatos más prometedores a mundo oceánico. Si esta interpretación es correcta, estaríamos ante un planeta cuya estructura interna y condiciones ambientales podrían diferir radicalmente de las terrestres.




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Y eso conduce a una pregunta fascinante: si existen mundos tan distintos al nuestro, ¿podrían existir algunos donde los seres humanos fueran capaces de volar moviendo los brazos?

Representación artística de la estrella Kepler-9 y dos de sus exoplanetas, caracterizados por sus densidades excepcionalmente bajas.
NASA, Jet Propulsion Laboratory/California Institute of Technology, Ames Research Center

Cuando el entorno importa tanto como el cuerpo

La respuesta intuitiva es no. Los humanos no tenemos alas y nuestra anatomía no está diseñada para el vuelo. Sin embargo, esa conclusión depende en gran medida de las condiciones físicas de la Tierra.

Nuestro planeta combina una gravedad relativamente intensa con una atmósfera que, aunque suficiente para que vuelen aves y aviones, no proporciona el apoyo necesario para que una persona pueda sostenerse en el aire mediante la fuerza de sus propios brazos. Por eso necesitamos tecnologías que compensen esas limitaciones.

Pero la física del vuelo no depende únicamente del organismo. También depende del entorno.

Los dos ingredientes del vuelo humano asistido

Para imaginar un mundo donde una persona pudiera volar moviendo los brazos hacen falta dos ingredientes fundamentales.

El primero es una gravedad relativamente baja. Cuanto menor sea la atracción gravitatoria de un planeta, menor será también el peso de cualquier objeto situado sobre su superficie. Los saltos serán más altos, las caídas más lentas y permanecer en el aire resultará mucho más fácil.

El segundo ingrediente es una atmósfera densa. Cuando el aire contiene más materia, los movimientos generan fuerzas aerodinámicas más intensas. Cada superficie expuesta al flujo de aire produce más sustentación y puede permanecer suspendida con mayor facilidad.

La combinación de ambos factores cambia completamente las reglas del juego. En un planeta con gravedad moderada y una atmósfera especialmente espesa, una persona equipada con simples membranas de planeo podría desplazarse por el aire de forma sorprendentemente eficiente. Los movimientos de brazos y piernas ayudarían a mantener la altura, aprovechar las corrientes atmosféricas y prolongar el tiempo de vuelo.

No sería un vuelo como el de las aves, sino algo a medio camino entre saltar, planear y navegar por el aire.

Volar siempre ha sido el sueño de la humanidad.
Wikimedia Commons

Lo que Kepler-138d nos enseña

Kepler-138d resulta especialmente interesante porque demuestra que existen mundos con propiedades físicas muy distintas a las terrestres. Su baja densidad sugiere una composición rica en agua y materiales ligeros, algo que hasta hace pocos años apenas aparecía en los modelos planetarios más habituales.

Aunque todavía conocemos pocos detalles sobre su atmósfera, este planeta podría representar una de las primeras muestras de una familia de mundos donde las condiciones ambientales difieren profundamente de las que encontramos en la Tierra. Los llamados mundos oceánicos podrían poseer atmósferas extensas y entornos físicos muy diferentes a los que estamos acostumbrados a imaginar.

Precisamente por eso, Kepler-138d nos invita a pensar en posibilidades que antes parecían reservadas a la ciencia ficción. Si existen planetas con composiciones tan distintas, también podrían existir mundos donde la combinación de gravedad y atmósfera favorezca formas de movilidad imposibles en nuestro planeta.

En ese contexto, el vuelo humano asistido deja de ser una fantasía absurda para convertirse en una consecuencia plausible de determinadas condiciones físicas.

Un universo lleno de posibilidades

La imagen de una persona elevándose lentamente mientras mueve los brazos puede parecer propia de una novela fantástica. Sin embargo, no contradice ninguna ley de la naturaleza. Lo único que requiere es un entorno adecuado.

Kepler-138d no es importante porque sepamos exactamente cómo es, sino porque nos recuerda que la Tierra representa solo una de las muchas maneras posibles de construir un planeta. Cada nuevo exoplaneta descubierto amplía nuestra visión de lo que puede existir en el universo.

Quizá algunos de esos mundos posean atmósferas tan densas y condiciones gravitatorias tan favorables que volar resulte casi tan natural como caminar. Quizá los habitantes de esos planetas aprendan a planear desde niños y consideren el desplazamiento aéreo una habilidad cotidiana.

A medida que descubrimos más mundos como Kepler-138d, resulta cada vez más evidente que muchas de las limitaciones que damos por sentadas son simplemente consecuencia de vivir en un planeta concreto. En algún lugar de la galaxia podría existir un mundo donde el viejo sueño humano de volar no requiera motores ni alas artificiales. Bastaría con extender los brazos y dejar que el planeta hiciera el resto.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El planeta donde podríamos volar moviendo los brazos – https://theconversation.com/el-planeta-donde-podriamos-volar-moviendo-los-brazos-284669

Caro, inconsistente y aburrido: el VAR debía traer justicia pero ahora es el gran sospechoso del Mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bikesh Raj Upreti, Lecturer in Business Information Systems, The University of Queensland

El suizo Breel Embolo protesta ante el árbitro tras recibir una tarjeta roja tras la revisión del VAR. Anadolu/Getty Images

Muchas de las figuras más destacadas del fútbol mundial han saltado al terreno del juego en los últimos días con motivo de los cuartos de final y semifinales del Mundial masculino de la FIFA. Sin embargo, para muchos aficionados, las hazañas de jugadores como Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland quedaron eclipsadas por las actuaciones de un personaje inesperado: el árbitro.

Dos decisiones polémicas empañaron la victoria de Inglaterra por 2-1 sobre Noruega: una que anuló un gol noruego debido a una falta previa, y otra que validó un gol inglés a pesar de una aparente colisión previa entre el balón y un cable aéreo. Del mismo modo, la victoria de Argentina sobre Suiza nunca pareció ponerse en duda cuando el videoarbitraje acarreó una segunda tarjeta amarilla al delantero suizo Breel Embolo. Una intervención que revirtió la decisión inicial del árbrito y decantó el devenir del partido.

En el centro de estas tres decisiones polémicas se encontraban tecnologías diseñadas precisamente para acabar con las decisiones polémicas. La FIFA validó el gol inglés apoyándose en el dispositivo snicko, que detecta el contacto y que estaba acoplado al balón. Las otras dos decisiones se basaron en el poco apreciado videoasistente (VAR), un panel de colegiados fuera del terreno de juego capaz de ver repeticiones y asesorar al árbitro sobre el terreno de juego.

Estas fueron solo las últimas de una serie de intervenciones cuestionadas del VAR en esta Copa del Mundo. Entonces, ¿por qué un sistema de alta tecnología diseñado para reducir la injusticia y los errores arbitrales ha acabado provocando más de las mismas polémicas que se suponía que debía zanjar?

Los hechos son importantes, pero también lo es el criterio

El fútbol es un deporte rápido y complejo, cuyas reglas se han ido desarrollando a lo largo de más de 160 años.

La tecnología puede ayudar a los árbitros a resolver algunas cuestiones objetivas, como si el balón ha cruzado la línea de gol o qué jugador lo tocó por última vez antes de que saliera del terreno de juego.

Sin embargo, muchas decisiones relacionadas con faltas, penaltis y manos dependen de cuestiones de criterio y de cómo aplicar las reglas. A menudo, incluso los expertos mejor informados discrepan sobre cuál es la decisión correcta.

Algunas disputas se refieren a márgenes de milímetros revelados por las repeticiones; otras en las que incluso el VAR parece haber pasado por alto una falta clara; y otras en las que una decisión técnicamente correcta resulta, sin embargo, injusta.

El VAR puede reproducir las imágenes para volver a examinar las decisiones y revisarlas. En teoría, esto debería ayudar a reducir los errores.

Sin embargo, a pesar de que ahora las revisiones cuentan con más pruebas en las que basarse, muchos consideran que la toma de decisiones real es muy inconsistente.

En parte, esto se debe a que el árbitro sobre el terreno de juego tiene discrecionalidad a la hora de aplicar con mayor o menor rigor ciertas reglas, como por ejemplo, hasta qué punto el contacto entre jugadores puede considerarse una falta. Según Pierluigi Collina, responsable de árbitros de la FIFA, el VAR tiene que adaptarse a la forma en que se arbitra el partido. Si el árbitro permite un contacto fuerte en el terreno de juego, el VAR debería adaptarse en consecuencia, y encontrar el punto de equilibrio para mantener la coherencia es todo un reto.

Los problemas fundamentales persisten

No es probable que más tecnología y más intervención resuelvan algunos de los problemas fundamentales.

Un partido disputado en febrero entre la Juventus y el Inter de Milán en la Serie A italiana ilustra el problema. Un jugador de la Juventus tuvo un contacto mínimo con un jugador del Inter, quien exageró el contacto y se cayó.

El árbitro mostró una tarjeta amarilla –por una falta grave– al jugador de la Juventus. Era la segunda tarjeta amarilla del jugador, lo que significaba que debía abandonar el terreno de juego durante el resto del partido.

Se podría pensar que era la ocasión perfecta para que el VAR revisara la jugada y aclarara la situación. Sin embargo, las normas del VAR impedían su uso para intervenir en situaciones de segunda tarjeta amarilla.

Cuando posteriormente se modificó la norma, no todo el mundo quedó satisfecho, incluido el jefe de árbitros de la liga italiana, Gianluca Rocchi, quien advirtió contra el “mayor uso de la tecnología”. Al mismo tiempo, señaló que este tipo de incidentes no se producirían si “los jugadores se centran en jugar al fútbol y, por lo tanto, facilitan el trabajo al árbitro”.

Más tecnología, más exigencias

Incluso cuando el sistema funciona, puede que no aumente la confianza de los aficionados en él.

En un partido del Mundial celebrado en junio entre Catar y Suiza, una decisión crucial sobre un penalti pareció depender de una señal de fuera de juego, que es precisamente para lo que está pensado el VAR.

Normalmente, tras una revisión del VAR, se muestra una infografía que detalla el resultado, pero en este caso no se mostró nada y se procedió a lanzar el penalti.

Los aficionados y los comentaristas se mostraron descontentos con la falta de información, afirmando que generaba desconfianza en la tecnología. Posteriormente, la FIFA declaró que la revisión del VAR se había llevado a cabo con éxito, pero que un problema técnico había impedido que se mostrara la infografía.

Así pues, incluso cuando se hace justicia, también debe verse que se hace. Cuanto más avanzada sea la tecnología, más se reducirá el margen de error y más exigirá el público transparencia. Al mismo tiempo, las posibilidades de fallo no harán más que aumentar.

Incluso cuando la tecnología funciona, puede convertir el fútbol en un juego de milímetros en aquellos casos en los que la posición de las puntas de los pies de un jugador pueda determinar una decisión de fuera de juego que cambie el rumbo del partido.

Este método puede parecer objetivo y basado en hechos, pero corre el riesgo de eliminar precisamente la emoción que atrae a los aficionados al fútbol. Es más, presupone que las mediciones son perfectamente precisas y exactas, sin errores.

Problemas mucho más allá del terreno de juego

El sistema VAR también ha tenido problemas fuera del campo. Un árbitro del VAR fue sorprendido visitando páginas de apuestas mientras trabajaba durante un partido. Otro fue suspendido por amaño de partidos. Se ha investigado a un responsable arbitral por influir indebidamente en las revisiones del VAR.

Y, a un nivel muy por encima del terreno de juego, la propia FIFA ha sido criticada por suspender la sanción impuesta a un jugador estadounidense sin una explicación clara y tras la intervención del presidente de EE. UU., Donald Trump. Esto podría haber abierto la puerta a una injerencia política más amplia, y ya hemos visto cómo otros países han solicitado un trato similar.

Quizá fuera inútil esperar que un sistema técnico pudiera poner fin a disputas fundamentalmente humanas en torno a un deporte que siempre ha sido más arte que ciencia.

Mientras tanto, se han invertido millones de dólares en la tecnología y el funcionamiento del VAR. Ahora, los errores conllevan una factura enorme, lo que los hace menos aceptables. Y esa misma inversión significa que es muy probable que el VAR haya llegado para quedarse, nos guste o no.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Caro, inconsistente y aburrido: el VAR debía traer justicia pero ahora es el gran sospechoso del Mundial – https://theconversation.com/caro-inconsistente-y-aburrido-el-var-debia-traer-justicia-pero-ahora-es-el-gran-sospechoso-del-mundial-287517

¿Cuántas personas mueren realmente por el calor?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dominic Royé, Investigador Ramon y Cajal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

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Cada verano, con la llegada de las altas temperaturas, se publican distintas cifras sobre las muertes asociadas al calor… y no siempre coinciden. Unas hablan de “golpes de calor”; otras, de “muertes atribuibles al calor”. Pero ¿a qué se deben esas diferencias?

La respuesta breve es que no todas las cifras miden lo mismo. En muchos casos, se trata de estimaciones, ya que el calor no siempre aparece como causa inmediata del fallecimiento. Comprender cómo se estima la mortalidad atribuible al calor es, por tanto, fundamental para interpretar correctamente estas cifras.

El golpe de calor es solo la punta del iceberg

El golpe de calor se produce cuando la temperatura corporal aumenta de forma extrema, generalmente por encima de 40 °C, porque el organismo deja de regular adecuadamente el calor. Puede provocar confusión, convulsiones, coma y fallo multiorgánico.

Sin embargo, las muertes certificadas como golpe de calor representan solo una pequeña parte de la mortalidad causada por las altas temperaturas. En un estudio internacional con datos de 34 países, mostramos que estas defunciones suponen alrededor del 1 % del total de muertes atribuibles al calor en la mayoría de los países europeos, incluida España. En Japón, donde existe una mayor concienciación social y una vigilancia más estandarizada, la proporción alcanza hasta el 54 % durante los episodios de calor más extremos.

Esta proporción es baja porque el calor rara vez aparece como causa directa de muerte. Con mayor frecuencia, desencadena o agrava enfermedades preexistentes y aumenta el riesgo de fallecer por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales. En estos casos, el certificado registra la enfermedad que causó el fallecimiento, sin identificar necesariamente la contribución de la temperatura.

¿Cómo estimamos las muertes por calor?

Para conocer el impacto real del calor no basta con contar los golpes de calor. Es necesario estimar cuántas muertes adicionales se producen cuando aumenta la temperatura.

El primer paso consiste en analizar, para cada ciudad, varios años de datos diarios de temperatura y mortalidad. Con ellos se estima una curva de exposición-respuesta que describe cómo cambia el riesgo de morir con la temperatura. Esta relación suele tener forma de U o de J. Su punto más bajo corresponde a la temperatura de mínima mortalidad (TMM), es decir, aquella en la que el riesgo es menor.

A continuación, se compara el riesgo relativo (RR) observado a una temperatura determinada con el correspondiente a la temperatura de mínima mortalidad. En la figura de ejemplo, una temperatura de 30 °C se asocia con un riesgo relativo de 1,5 en comparación con 20 °C. Esto significa que, a 30 °C, el riesgo de morir es un 50 % mayor que a 20 °C.

A partir de este riesgo, se calcula la fracción atribuible (FA), que indica qué proporción de las muertes observadas a 30 °C se debe al calor, y el número correspondiente de muertes atribuibles (NA). En el ejemplo, de las 75 muertes esperadas a 30 °C, 50 se habrían producido igualmente a la temperatura de mínima mortalidad y las 25 restantes corresponden al exceso asociado al calor.

Este procedimiento se repite para cada día del periodo estudiado. El resultado no es una cifra exacta, sino una estimación acompañada de un margen de incertidumbre, que expresa de forma transparente lo que los datos permiten conocer.

¿Qué causas de muerte están más relacionadas con el calor?

La misma metodología puede utilizarse para estimar la mortalidad atribuible por causas específicas. En un estudio reciente en España con datos oficiales de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al periodo 1999-2018, observamos que las enfermedades circulatorias y respiratorias concentraban la mayor parte de las muertes atribuibles al calor. También encontramos una contribución relevante de los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso.




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Los datos oficiales de mortalidad permiten analizar qué enfermedades se ven más afectadas, pero suelen publicarse con más de un año de retraso, lo que impide evaluar de inmediato el impacto de un episodio de calor.

Las altas temperaturas no afectan igual en todas partes

La temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad no es igual en todos los lugares. Cada ciudad tiene su propia temperatura de mínima mortalidad, determinada en parte por el clima local y por la adaptación de la población.

En un estudio internacional con datos de 43 países, encontramos que esta temperatura oscilaba, en promedio, entre 13 °C en las zonas alpinas y 26,5 °C en las tropicales. Además, por cada grado de aumento de la temperatura media anual de una ciudad, la temperatura de mínima mortalidad aumentaba 0,8 °C.

Esto indica que las poblaciones se adaptan parcialmente a su clima. Por ello, una misma temperatura puede suponer un riesgo en una ciudad y no en otra.




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El calor moderado también mata

El impacto no se limita a los días más extremos. El riesgo empieza a aumentar en cuanto se supera la temperatura de mínima mortalidad. Por eso, una parte importante de las muertes se acumula durante numerosos días moderadamente calurosos.

Durante el verano de 2025, el más cálido registrado hasta ahora según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), se estimaron 10 831 muertes atribuibles al calor moderado –definido como las temperaturas comprendidas entre la temperatura de mínima mortalidad y el 5 % de las temperaturas más altas– y 4 880 al calor extremo, correspondiente a ese 5 % de temperaturas más altas.

En conjunto, estos datos muestran que la acumulación de muchos días moderadamente calurosos puede producir una carga mayor que la de los episodios extremos.

Hacia la alerta temprana

España cuenta con un sistema de monitorización de mortalidad diaria coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Sus datos están disponibles con rapidez, aunque recogen la mortalidad por todas las causas y no permiten identificar de inmediato las enfermedades responsables.

Combinando estos datos con las temperaturas registradas por AEMET, la aplicación MACE monitoriza desde 2023, casi en tiempo real y por provincias, la mortalidad atribuible al calor en verano España. En Europa, iniciativas como Forecaster.health utilizan previsiones meteorológicas para anticipar el impacto sanitario por regiones y grupos de población.

Estas herramientas permiten seguir y prever la carga de mortalidad con varios días de antelación. Sin embargo, su integración generalizada en los sistemas oficiales de alerta sigue siendo una asignatura pendiente.

El calor constituye ya uno de los principales riesgos ambientales para la salud. Comprender cómo se calculan y qué representan las cifras de mortalidad atribuible es esencial para valorar su impacto real y mejorar la prevención en un contexto de cambio climático, con veranos cada vez más calurosos.

The Conversation

Dominic Royé esta financiado por el programa Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I) y la GAIN-Xunta de Galicia.

Aurelio Tobias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuántas personas mueren realmente por el calor? – https://theconversation.com/cuantas-personas-mueren-realmente-por-el-calor-286973

Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

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Los grandes pasos marítimos del petróleo ya no se dividen entre importantes y secundarios, sino entre los que están bajo asedio, los que tienen dueño, los que están naciendo y los que sostienen todo el sistema.

Cuando los mercados temen un cierre en el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se dispara en cuestión de horas. Lo hemos visto muy de cerca en todo 2026 La razón es bien conocida: por ese angosto paso del golfo Pérsico transita cerca del 20 % del crudo y el 25 % del gas natural licuado (GNL) que consume el mundo, según la Agencia Internacional de Energía. Pero fijarse sólo en Ormuz es leer solo una página del atlas y creer que se ha entendido el mundo.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que el 76 % del petróleo mundial viaja por mar. Ese océano de crudo y gas no fluye libremente: se estrangula en una docena de pasos que concentran los flujos en espacios de pocos kilómetros, a veces de pocos cientos de metros. Lo interesante no es catalogarlos, sino entender que se dividen en cuatro familias con lógicas de riesgo muy distintas: los pasos clásicos que están bajo asedio, los que tienen dueño con nombre y apellidos, los que están naciendo ante nuestros ojos y los que sostienen silenciosamente todo el edificio.

Los principales cuellos de botella energéticos globales (el tamaño del círculo es proporcional al tráfico de barriles de petróleo).
Fuente: elaboración propia con datos de la EIA (1H2025)., CC BY

Bajo el asedio de los drones y las lanchas rápidas

Durante medio siglo, la seguridad de los cuatro grandes pasos del petróleo –el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el Índico; el canal de Suez, que sirve de paso entre el Mediterráneo y el mar Rojo; el de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el Índico, y el paso de Malaca, que conecta el Índico con el Pacífico– descansó sobre una premisa simple: ningún actor racional se atrevería a desafiar a la marina estadounidense. Esa premisa ha muerto entre 2023 y 2026, y su certificado de defunción se firmó en el mar Rojo.

En 2023, los hutíes atacaron desde la costa yemení los buques comerciales estadounidenses y británicos en tránsito por Bab el-Mandeb, como una declaración de apoyo a Hamás en la guerra contra Israel. Entonces, las milicias demostraron que un arsenal de drones y misiles baratos bastan para desviar el comercio mundial. No necesitaron hundir ninguna flota: la mera amenaza disparó los seguros marítimos y obligó a las navieras a rodear África, elevando los fletes entre un 200 y un 300 %, y alargando cada viaje entre 10 y 15 días.

Tras los ataques, el canal de Suez –con apenas 313 metros de ancho en sus tramos críticos y por el que transitan unos 12 millones de barriles diarios– vio evaporarse buena parte de su tráfico sin que nadie lo bloqueara físicamente. Las flotillas navales multinacionales desplegadas en la zona, analizadas en detalle por la propia EIA, no lograron restaurar la confianza: la disuasión clásica no funciona contra quien no tiene nada que perder.

La misma lección se proyecta sobre los dos gigantes asiáticos del mapa. Ormuz mueve unos 20 millones de barriles diarios pero Malaca lo supera: 23,2 millones de barriles diarios en el primer semestre de 2025, el 29 % de todo el comercio marítimo mundial de petróleo, apretados en un pasaje de 2,5 kilómetros entre Malasia e Indonesia.

China importa por esa vía cerca del 80 % de su crudo y esa enorme dependencia genera el llamado “dilema de Malaca”.

Los pasos con dueño: donde el riesgo no es un misil, sino una firma

Otro tipo de riesgo está en los pasos controlados por un Estado concreto que puede –legalmente o de facto– condicionar el tránsito de terceros. Esta presión es menos espectacular que un ataque con drones, pero sus efectos pueden ser igual de profundos.

Un caso de manual son los estrechos turcos. La convención de Montreux de 1936 dio a Turquía las llaves del Bósforo y los Dardanelos, únicos accesos al mar Negro, por donde sale el crudo kazajo y ruso hacia el Mediterráneo.

Tras la invasión de Ucrania, Ankara aplicó Montreux con un doble rasero: cerró el paso a los buques de guerra pero lo mantuvo abierto a los petroleros rusos con crudo barato. El estrecho se convirtió en moneda de cambio de la política exterior turca y Europa descubrió que una de sus arterias de importación dependía de la buena voluntad de un socio indispensable e imprevisible.

Menos conocidos son los estrechos daneses –Gran Belt, Pequeño Belt y Øresund–, única salida del Báltico al Atlántico. Por ellos salía alrededor de un tercio de las exportaciones marítimas rusas de crudo, antes de las sanciones económicas a Rusia por la guerra de Ucrania. Aquí no hay Montreux: Dinamarca no puede negar el paso inocente que estipula el derecho marítimo, por el que los barcos de todos los Estados pueden navegar por el mar territorial de otro, siempre que se trate de un paso rápido y sin detenciones. Pero la geografía impone su propio peaje: el Øresund apenas alcanza 8 metros de calado en algunos puntos, lo que veta a los superpetroleros y obliga a Rusia a usar buques más pequeños y costosos.

A esta familia también pertenecen Gibraltar, 14 kilómetros entre Europa y África, y puerta del GNL atlántico hacia el Mediterráneo, y el canal de Panamá, que conecta las costas atlánticas y pacíficas del continente americano y da salida al GNL texano hacia Asia. Panamá añade una vuelta de tuerca: el clima se está convirtiendo en su dueño efectivo. La sequía de 2023-24 en la cuenca del lago Gatún redujo el calado, impuso colas de semanas y demostró que la infraestructura más sofisticada puede ser rehén del ciclo hidrológico. La retórica de la administración Trump sobre “recuperar el canal” hizo el resto: hasta los pasos más institucionalizados vuelven a estar en el mercado de la geopolítica.

El tablero que viene: deshielo, semiconductores y gas africano

La tercera familia no aparece en los manuales clásicos de seguridad energética porque está naciendo ahora mismo. Son los corredores que el cambio climático, la transición energética y la rivalidad entre China y EE. UU. están dibujando sobre el mapa.

El más literal es el Ártico. El deshielo está convirtiendo la Ruta del Mar del Norte, a lo largo de la costa siberiana, en una autopista estacional que podría operar todo el año hacia mediados de siglo, recortando 7 000 kilómetros entre Rotterdam y Shanghai. Rusia lleva una década preparándose con rompehielos nucleares, nuevos puertos y bases militares en la zona, mientras que en su flanco occidental está Groenlandia, con sus tierras raras y su posición dominante, lo que explica el insistente interés de Washington por la isla.Justo debajo, el GIUK Gap (el pasillo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido), que fue la línea antisubmarina de la Guerra Fría, se prepara para una segunda vida como corredor logístico vigilado.

En el otro extremo térmico del planeta, el canal de Mozambique se perfila como la arteria del gas africano: los yacimientos de Mozambique y Tanzania, entre los diez mayores del mundo, empezarán a exportar GNL a gran escala en la segunda mitad de la década, y sus metaneros tendrán que pasar entre la costa africana y Madagascar.

El corredor emergente más inestable no es nuevo en el mapa, sino en su significado: el estrecho de Taiwán. Por sus aguas transitan los petroleros y metaneros que abastecen a Japón, Corea del Sur y el norte de China. Pero también los semiconductores que alimentan la industria mundial y los cables submarinos que sostienen internet. Un conflicto en Taiwán no sería solo un shock energético sino también industrial y digital simultáneo, sin precedente histórico con el que compararlo. Es el único paso del mapa cuyo cierre no admite ruta alternativa que valga.

La garantía de fondo: lo que sostiene el sistema cuando todo falla

Queda una última familia, la menos visible: las piezas que no mueven barriles pero hacen posible que los demás los muevan. Son el seguro del sistema, y como todo seguro, sólo se aprecia cuando hay siniestro:

  1. La pieza militar: Diego García, un atolón de 44 kilómetros cuadrados en mitad del océano Índico, que alberga desde los años setenta una base militar anglo-estadounidense desde la que se puede proyectar poder sobre los pasos de Ormuz, Bab el-Mandeb y Malaca a la vez. La lección es incómoda pero clara: el flujo energético global descansa, en última instancia, sobre infraestructura militar de proyección de poder.

  2. La pieza geográfica: el cabo de Buena Esperanza, que no puede cerrarse al ser mar abierto y que absorbe el tráfico cuando Suez o Bab el-Mandeb fallan. No obstante, cada activación añade dos semanas de travesía y millones de dólares por viaje que acaban en la factura del consumidor.

  3. La pieza industrial: los oleoductos que rodean los estrechos –como el Petroline saudí hacia el mar Rojo (con hasta 7 millones de barriles diarios de capacidad ampliada), el Habshan-Fujairah emiratí que esquiva Ormuz, el Bakú-Tiflis-Ceyhan que evita el Bósforo– son la redundancia planificada del sistema. Pero el sabotaje del Nord Stream, en 2022, mostró que los tubos también se atacan y ninguno puede absorber el volumen completo de los pasos que complementan. La redundancia atenúa la vulnerabilidad; no la elimina.

Leído así, el mapa de los cuellos de botella (chokepoints) es un mapa de poder.
Para los importadores netos de combustibles fósiles, la lección es que diversificar fuentes sin diversificar rutas es hacer la mitad del trabajo: depender de un único corredor equivale a firmar un pagaré geopolítico con vencimiento impreciso.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares – https://theconversation.com/mas-alla-del-estrecho-de-ormuz-los-cuellos-de-botella-que-pueden-hacer-tambalear-el-control-de-los-mares-287394

¿Por qué se pasea el segundo animal más grande del planeta por la costa mediterránea?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victor Gallego Albiach, Investigador Postdoctoral en Fauna Acúatica, Universitat Politècnica de València

Proyecto MysticMED. Imágenes de DRON obtenidas previa autorización del MITECO (SGBTM/BDM/AUTSPP/32/2025)

El mar Mediterráneo alberga algunas de las especies marinas más emblemáticas y de mayor tamaño del planeta. De entre las nueve especies de cetáceos que podemos encontrar en sus costas occidentales, la más grande es el rorcual común (Balaenoptera physalus). Concretamente, es el segundo animal más grande del mundo, solo por detrás de la ballena azul. Puede alcanzar entre 20 y 24 metros de longitud y llegar a pesar alrededor de 70 toneladas de peso.

Durante las últimas semanas, es posible que hayan leído muchas noticias de que se han avistado ballenas (o incluso hayan estado entre los privilegiados que las han visto) cerca de la costa de la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía.

¿Por qué se producen tantos avistamientos por esta época?

Viaje en busca de comida

El rorcual común es una especie pelágica distribuida por todos los océanos, especialmente en aguas templadas y frías con alta productividad biológica. En el Mediterráneo es el único misticeto que se encuentra presente de forma regular, y constituye una población genéticamente diferenciada de las del Atlántico Norte.

Su alimentación se basa principalmente en pequeños organismos planctónicos, especialmente eufausiáceos (krill), que captura mediante alimentación por filtración o lunge feeding.

En la región mediterránea, el rorcual común realiza desplazamientos estacionales relacionados con la disponibilidad de alimento, un fenómeno normalmente conocido como migración. En el Mediterráneo occidental destaca su presencia en zonas como el Mar de Liguria, el Mar Balear y el Santuario Pelagos.

Rorcual común frente a las costas de Dénia (Alicante). Imágenes de dron obtenidas previa autorización del MITECO (SGBTM/BDM/AUTSPP/32/2025).
Victor Gallego (UPV)

Las costas levantinas y el canal de Ibiza constituyen importantes áreas de paso, donde se observan frecuentemente frente a la costa de la Marina Alta durante la primavera y principios del verano.

Todos esos rorcuales migrantes acaban atravesando el estrecho de Gibraltar para salir en búsqueda de comida a aguas atlánticas. En este sentido, las costas atlánticas de la península ibérica, particularmente Galicia, representan áreas relevantes de avistamiento por su elevada productividad marina.




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Cómo se estudia un animal de 20 metros ¡y en el agua!

El rorcual común presenta una madurez sexual tardía (6-10 años), baja tasa reproductiva (1 cría cada 2-3 años) y elevada longevidad (75-90 años). Estas características limitan la recuperación de sus poblaciones, mermadas por su caza durante el s. XX.

Entre las principales amenazas actuales del rorcual común destacan las colisiones con embarcaciones, la contaminación acústica generada por actividades humanas, y los efectos del cambio climático sobre la distribución de sus presas.

Aunque pueda parecer sencillo, el estudio de las ballenas es un reto para los científicos: son animales que viven en el océano y, a pesar de su gran tamaño, pasan la mayor parte del tiempo sumergidos (no se ven), por lo que detectarlos supone, la mayoría de las veces, un reto extraordinario. Sin embargo, las costas de la Marina Alta (Dénia y Xàbia) nos brindan a los investigadores una oportunidad excelente para estudiar estos animales, ya que es posible detectarlos desde tierra.

El estudio sobre rorcuales en el Proyecto MysticMED combina equipos de observación desde tierra y desde el mar, y la colaboración de estos equipos de trabajo es fundamental para obtener datos de las ballenas en migración.

Desde tierra, un equipo de observadores se sitúa en puntos elevados de la costa. En nuestro caso, lo hacemos desde los acantilados del cabo de San Antonio. Utilizando prismáticos de largo alcance y telescopios terrestres, los llamados spotters (localizadores) registran la presencia de cetáceos, su dirección de desplazamiento, velocidad, comportamiento y distancia aproximada a la costa.

Estas observaciones permiten detectar animales a grandes distancias y coordinar el trabajo con el equipo acuático, que se encuentra en las embarcaciones. Aunque parezca mentira, los spotters son fundamentales para la detección y posterior estudio de estos misticetos. ¡Un 90 % de las ballenas que estudiamos son detectadas por el equipo de tierra! Esto es debido a su posición privilegiada en lo alto de los acantilados.

Desde el mar, un segundo equipo trabaja desde una embarcación de investigación de pequeño tamaño. Una vez localizados los rorcuales, se aproxima siguiendo protocolos que minimizan las molestias a los animales. Desde el barco se realizan fotografías de alta resolución de la aleta dorsal, pero especialmente de la zona dorsal del animal.

Además, para conseguir imágenes aéreas del animal utilizamos drones que, durante las últimas décadas, se han convertido en una herramienta muy valiosa para el estudio de cetáceos. Su uso permite obtener información de alta calidad de forma no invasiva, superando algunas de las limitaciones de las observaciones realizadas desde embarcaciones o desde tierra.




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Alta tecnología aplicada a la conservación de la biodiversidad

En el caso del rorcual común, los drones han permitido observar con precisión los patrones de pigmentación de la cabeza y la región dorsal, especialmente los denominados blaze y chevron. Estas marcas naturales son fundamentales para diferenciar individuos y han permitido elaborar catálogos fotográficos, documentar recapturas y mejorar el conocimiento sobre sus movimientos, uso del hábitat y dinámica poblacional en el Mediterráneo occidental.

Además, el uso de drones permite contabilizar el número exacto de ejemplares si se encuentran migrando en grupo, observar la presencia de madres con crías (que desde embarcaciones son muy difíciles de detectar), e incluso recolectar muestras de soplo simplemente colocando un pequeño recipiente en el dron y acercándolo con precisión a ese soplo, que presenta entre 3 y 4 metros de altura.

Por último, una de las técnicas más avanzadas utilizadas en el estudio de los rorcuales comunes es el marcaje satelital. Esta metodología consiste en la colocación temporal de dispositivos de seguimiento sobre los animales, los cuales transmiten información sobre su posición y movimientos a través de satélites en tiempo real.

Gracias a esta tecnología, es posible conocer con gran precisión las rutas migratorias, las áreas de alimentación y los patrones de uso del hábitat a escalas espaciales y temporales difíciles de estudiar mediante observación directa.

Estos datos contribuyen a identificar áreas de especial importancia para la conservación de la especie, evaluar posibles amenazas derivadas del tráfico marítimo y mejorar la gestión de espacios marinos donde la presencia de rorcuales es frecuente.

¿Qué sabemos hasta el momento… y qué nos falta por saber?

La población mediterránea de rorcual común está genéticamente diferenciada de las poblaciones atlánticas y utiliza de forma habitual áreas de alta productividad del Mediterráneo occidental, como el mar Balear, el Santuario Pelagos o las costas del Garraf. Gracias a técnicas mencionadas, sabemos que hay una población de entre 1 300 y 1 700 individuos, conocemos sus rutas de desplazamiento y la fidelidad de algunos a determinadas zonas.

Sin embargo, todavía se desconocen aspectos fundamentales, como la localización exacta de sus posibles áreas de reproducción, las diferencias migratorias entre sexos y edades, y el grado de intercambio de individuos entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Además, es necesario comprender mejor cómo afectarán el cambio climático, el tráfico marítimo, el ruido submarino y otras amenazas a sus movimientos y conservación. Por ello, resulta imprescindible continuar los programas de seguimiento a largo plazo mediante fotoidentificación, drones y marcaje satelital.

The Conversation

El proyecto MysticMED cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), a través de la cofinanciación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Maria Giovanna Gavin recibe fondos de el proyecto MysticMED, cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), a través de la cofinanciación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

ref. ¿Por qué se pasea el segundo animal más grande del planeta por la costa mediterránea? – https://theconversation.com/por-que-se-pasea-el-segundo-animal-mas-grande-del-planeta-por-la-costa-mediterranea-286783

La Guerra Civil en las aulas: ¿la estamos enseñando bien?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Néstor Banderas Navarro, Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales, Universitat de València

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La Guerra Civil es un episodio de la historia reciente de España que dio lugar a la implantación de un sistema dictatorial represivo de casi cuarenta años. A noventa años de su inicio, forma parte de la memoria colectiva como un hecho traumático y conflictivo, y aún está presente en los debates ideológicos y políticos.

Su enseñanza resulta fundamental no solo para entender el pasado más o menos cercano, sino como conocimiento básico sobre el que construir una educación cívica y democrática antes de abandonar el sistema educativo.

Pero ¿es así? ¿Salen los chicos y chicas de la educación obligatoria entendiendo y habiendo estudiado este episodio del pasado, sus orígenes y sus efectos?




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¿Una asignatura pendiente?

Las leyes educativas han cambiado a menudo en los últimos años en España, pero todas han coincidido en no dar a este contenido histórico el tiempo y peso académico que merece.

Si bien se han dado algunos pasos en la última ley educativa, la realidad es que se puede dedicar muy poco tiempo en el aula a enseñar qué fue, cómo se desarrolló y por qué sucedió la guerra civil.

Únicamente se toca en 4º de la ESO, el último curso de educación secundaria obligatoria, dentro de la asignatura de Historia, que tiene tres horas semanales. En ese tiempo el temario incluye no solo la Historia Contemporánea española, sino también la europea, incluyendo movimientos e hitos en el campo del arte. En algunas autonomías como Madrid, Murcia o Extremadura se reduce el contenido al siglo XX, permitiendo más tiempo para trabajar estos procesos.




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Los estudiantes que continúan con Bachillerato más allá de la secundaria obligatoria se encuentran en el segundo curso la materia de Historia de España. En este nivel se centra en los siglos XIX y XX, aunque algunas autonomías incluyen también contenidos previos (por ejemplo, desde la prehistoria, en el caso de Madrid, o Edad Antigua en Murcia).

En este contexto, es muy difícil tratar contenidos como el de la guerra y la dictadura con la debida atención y profundidad. De ahí las importantes carencias formativas del alumnado en torno a estos temas: confusiones sobre ubicación cronológica básica, desconexión de la Guerra Civil con el contexto europeo, equiparación moral de los contendientes, desconocimiento del significado profundo de la represión…

Esta falta de conocimientos se traduce en ocasiones en una interpretación benévola por parte de la población española hacia el franquismo.

Carencias clave más allá del tiempo de clase

Además de estas dificultades estructurales en el tratamiento de la Guerra Civil, existen también otro tipo de factores limitantes.

En primer lugar, los libros de texto, que son los recursos más utilizados en las aulas de historia. A pesar de los avances innegables en la calidad de sus textos y recursos, siguen sin introducir con amplitud cuestiones clave como la represión, la perspectiva de género o los efectos de la guerra a nivel social.

Por ejemplo, todavía falta un tratamiento más claro de la realidad local de la represión, con ejemplos vinculados al contexto del alumnado, así como de la represión específica de género o la existencia de resistencias y transgresiones cuando se incluye a mujeres en el relato histórico.

En segundo lugar, la formación del profesorado, fundamental para suplir las carencias de los manuales escolares, depende mucho de los planes de estudio de los grados universitarios. Por ejemplo, en los estudios universitarios de Historia, en muchos casos, reproducen problemas similares a los que se ven en 4º de la ESO: temarios inabarcables y atención insuficiente a la conflictiva historia reciente.

Es decir, tampoco los docentes de Historia han estudiado en profundidad este periodo histórico en su formación universitaria.

Narrativas acríticas

Además de enseñarse poco, cuando se enseña, el tratamiento que se hace en el aula, en ocasiones, presenta problemas de reproducción de narrativas acríticas: que el conflicto era inevitable, o que la II República, el régimen durante el que se produjo el levantamiento que dio lugar a la guerra, fue responsable en parte o en la misma medida que los sublevados. Unos relatos que fueron apuntalados por la dictadura franquista en aras de construir su legitimidad.

Por último, la reciente consolidación de las extremas derechas a nivel mundial y español supone también un desafío. Especialmente por las posturas ambiguas o de abierta simpatía hacia el franquismo y por el rechazo a las políticas de memoria. Ello ha contribuido a normalizar y a legitimar la aparición de actitudes de conflictividad y reactividad en las aulas, dando por buenos discursos presentes en redes sociales sobre la guerra que distan mucho de lo investigado durante décadas desde la academia.




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Posibilidades y buenas prácticas

Ante esta realidad, resulta fundamental atender a las buenas prácticas que el profesorado está llevando a cabo en las aulas, tal y como se recoge en la reciente obra publicada Franquismo enseñado. Historia reciente y memoria democráticas en las aulas.

Una parte del profesorado, especialmente el comprometido con el tratamiento de la memoria democrática y con una historia escolar que contribuya a una ciudadanía crítica, toma decisiones didácticas conscientes al abordar la guerra.

Por ejemplo, haciéndolo desde el plano internacional, desde la historia sociocultural, teniendo en cuenta la agencia individual y colectiva, incorporando la experiencia de soldados, mujeres, niños y niñas, exiliados o focalizando la atención en la represión.

Todo ello mediante la inclusión de fuentes históricas diversas que se alejen del canon bélico con que a menudo ha sido enseñada la guerra. Por ejemplo, a partir de la introducción de fuentes orales disponibles en multitud de repositorios, examinando fotografías históricas, realizando itinerarios educativos con el fin de rastrear vestigios en nuestros pueblos y ciudades de la guerra (trincheras, edificios…), utilizando novelas gráficas, etc.

En definitiva, estas buenas prácticas muestran la necesidad de una acción consciente del profesorado para suplir carencias estructurales e insertar la historia reciente de España como contenido, posiblemente conflictivo, pero imprescindible para dotar de herramientas democráticas al alumnado.

The Conversation

Néstor Banderas Navarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Guerra Civil en las aulas: ¿la estamos enseñando bien? – https://theconversation.com/la-guerra-civil-en-las-aulas-la-estamos-ensenando-bien-285076

Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Requena Mullor, Docente e Investigador en el Área de Ecología, Universidad de Almería

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En invierno, el despertador nos obliga a abandonar el refugio de unas sábanas calientes. En verano ocurre lo contrario: retrasamos la hora de acostarnos porque la cama parece conservar el calor del día. Después de todo, en las noches tropicales, cada vez más frecuentes, la temperatura mínima no baja de 20 ºC.

Cuando las sábanas “queman”, encendemos el ventilador o el aire acondicionado. Pero dormir fresco consume energía. Para que nos hagamos una idea, un equipo que demande de media 1,2 kilovatios/h (3 000 frigorías) durante ocho horas consumiría 9,6 kilovatios: unos 1,54 euros por noche y 46,08 euros al mes, suponiendo un precio de 0,16 euros por kilovatio/h. Un ventilador de 50 vatios costaría unos 0,12 euros al mes, una reducción del coste considerable, pero no reduce realmente la temperatura de la estancia.

Son cifras orientativas, ya que el consumo real depende del equipo, la vivienda y la tarifa eléctrica.

Aire acondicionado y consumo energético

El impacto no acaba en la factura ni afecta igual a todos los hogares. Las noches tropicales son cada vez más habituales en el Mediterráneo y el mayor uso del aire acondicionado podría elevar el consumo energético global un 72 %. Si esa energía procede de combustibles fósiles, enfriar nuestras casas alimenta el mismo calentamiento que hace necesario refrigerarlas.

La buena noticia es que podemos recurrir a otras fuentes energéticas. En un nuevo estudio en Andalucía mostramos que estas noches se producen antes en zonas costeras densamente pobladas y los principales núcleos urbanos del interior y que, en muchos de esos lugares, existe un elevado potencial energético derivado de residuos de biomasa para cubrir la creciente demanda del aire acondicionado. Así, el problema y su posible solución coinciden en el espacio.

Dos realidades que se superponen

Nuestra investigación partió de una pregunta: ¿podemos identificar dónde llegará antes la presión energética asociada a las noches tropicales y comprobar si allí existe una fuente renovable capaz de ayudar a cubrirla?

Analizamos 3 194 localizaciones pobladas de Andalucía y calculamos cuándo se produjo la primera noche tropical de 2023. Que esta llegue antes puede alargar la temporada de noches tropicales y, con ella, la necesidad de refrigeración. Combinamos esa información con imágenes térmicas nocturnas satelitales y con estimaciones municipales del potencial energético de la biomasa residual.

La primera noche tropical llegó antes a las zonas costeras y, entre las grandes ciudades del interior, a Sevilla y Córdoba. Los espacios urbanos con vegetación y agua se asociaron a un retraso de su aparición.

El resultado más impactante fue que las zonas con mayor potencial energético de biomasa tendían también a experimentar antes su primera noche tropical, con una tasa de ocurrencia temprana estimada 2,4 veces mayor. Es decir, lugares con mayor necesidad potencial de refrigeración coinciden con áreas de elevado potencial energético a partir de residuos.




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Residuos para generar frío y calor

Poda de olivo, hueso de aceituna o cáscaras de frutos secos son ejemplos de biomasa generada como residuo en Andalucía. Su energía puede transformarse en electricidad para alimentar equipos de refrigeración o aprovecharse térmicamente en sistemas de climatización de frío y calor. La idea no es puramente teórica. En la Universidad de Minnesota Morris (EE UU ), residuos del cultivo de maíz alimentan un sistema de biomasa que produce calefacción y refrigeración.

Andalucía parte de una posición destacada. Los últimos datos de la Agencia Andaluza de la Energía muestran que cuenta con 17 instalaciones de generación eléctrica a partir de biomasa que suman 274 megavatios de potencia. Sin embargo, esta cifra permanece estancada desde 2019, mientras que la potencia fotovoltaica ha pasado de 1 808,2 MW en 2019 a 11 695,6 MW en 2025.

La biomasa mantiene, además, una fuerte tradición ligada a la industria oleícola, la calefacción y el agua caliente. La pregunta es: ¿estamos planificando su uso pensando en la creciente demanda de refrigeración durante las noches tropicales?




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Antes de ocupar más suelo, optimicemos el uso de la biomasa

La transición energética no puede recurrir solo a unas pocas tecnologías, como la fotovoltaica. Andalucía dispone también de un elevado potencial energético en sus residuos agrícolas, forestales, ganaderos, industriales y urbanos.

Nuestro estudio muestra que parte de ese potencial se concentra donde las noches tropicales llegan antes y la demanda de refrigeración puede prolongarse. Esto convierte a la biomasa residual en un actor primario de la transición energética.

Aprovechar residuos que ya generamos para producir electricidad permitiría diversificar la oferta de renovables, reduciendo la actual presión de ocupación del territorio con infraestructuras fotovoltaicas. Además, frente a la solar o la eólica, la biomasa puede almacenarse y gestionarse con mayor flexibilidad. La clave está en planificar su aprovechamiento según la disponibilidad del recurso, la logística, la sostenibilidad y la capacidad de la red.

Producir energía es solo una mitad de la respuesta. Nuestro estudio también mostró que la presencia de vegetación y agua se asociaba con una reducción del 17 % en la tasa diaria de aparición de la primera noche tropical. Necesitamos producir energía de otra manera, pero también diseñar ciudades que necesiten menos energía para enfriarse.

Si durante las noches tropicales las sábanas “queman”, podemos encontrar parte de la energía que necesitamos para dormir más frescos en los residuos que ya generamos. Solo falta aprovechar más su potencial.

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Juan Miguel Requena Mullor está financiado por la Universidad de Almería y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Cómo aprovechar nuestros residuos para combatir el calor nocturno – https://theconversation.com/como-aprovechar-nuestros-residuos-para-combatir-el-calor-nocturno-286601

De los baños de mar al turismo de masas: cómo han cambiado las vacaciones en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángel Rodríguez-Pallas, Assistant Professor of Tourism, Universidade da Coruña

Baños de ola en la playa de Santander, Sardinero, en entre 1911 y 1913. Wikimedia Commons

Cada verano, millones de ciudadanos cargan su vehículo o toman un tren o un avión para pasar unos días fuera. La época estival se asocia a un viaje, una marcha. Sin embargo, el veraneo y las vacaciones no aparecieron en el mismo momento.

En España, muchas personas ya disfrutaban del estío lejos de su residencia habitual antes de la existencia de las vacaciones pagadas. De hecho, estas fueron reconocidas por la legislación antes de que la mayoría de los españoles pudiera permitirse el lujo de viajar.

El veraneo de élite: salud y prestigio

Durante una buena parte del siglo XIX, los viajes estivales guardaban una estrecha relación con el termalismo. Balnearios como los de Archena, Panticosa o Mondariz ofrecían tratamientos empleando aguas mineromedicinales, pero también alojamiento, paseos y una selecta vida social. Estos complejos se posicionaron como espacios de ocio para la corte, la aristocracia y la burguesía acomodada.

Postal en la que aparece dibujado un balneario entre montañas.
Postal promocionando el balneario de Panticosa (Huesca) a principios del siglo XX.
Wikimedia Commons

Con posterioridad, los baños de mar ganaron prestigio. En 1845, la reina Isabel II se desplazó a San Sebastián para tomarlos. La playa, en ese momento, todavía no se asociaba con el bronceado: se acudía a ella por prescripción médica y respetando unas rigurosas normas de decoro. Santander y San Sebastián se consolidaron como los destinos de aquel veraneo elegante, reservado solo a unos cuantos privilegiados.

El nacimiento del “turista”

En el año 1836, Thomas Roscoe publicaba en el Reino Unido la obra The Tourist in Spain. El libro empleaba el término tourist para describir a las personas que recorrían el país. Sin embargo, no fue hasta el año 1925 cuando el diccionario de la Real Academia Española incluyó las palabras “turista” y “turismo”.

Fotografía en blanco y negro de unos niños jugando en el agua del mar a principios de los años 30.
Niños en la playa de San Sebastián en 1932. Archivo Fotográfico del Patronato Nacional de Turismo (II República 1931-1939) Fotógrafo: Ilse Steinhoff.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública (Universidad de Zaragoza), CC BY-SA

Para entonces, en España ya existían casas de baño, hoteles, agencias de viajes y transportes orientados al visitante. Del mismo modo, la política turística comenzó a organizarse: la Comisión Nacional se creó en 1905, la Comisión Regia en 1911 y el Patronato Nacional de Turismo nació en 1928.

Entre 1931 y 1934, los viajes realizados por los españoles dentro del país representaban entre el 60 % y el 70 % de la actividad turística. Aun así, el fenómeno era marginal: probablemente solo entre un 3,5 % y un 6,2 % de la población total hacía turismo.

El descanso se convierte en ley

La Ley de Contrato de Trabajo de 1931, durante la Segunda República, reconoció al menos siete días de vacaciones anuales remuneradas. El descanso comenzaba a dejar de ser un privilegio.

Pero una semana libre no pagaba el medio de transporte ni los gastos de la estancia. Poco después, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial truncaron la tendencia. En España, la pobreza de la posguerra, el deterioro de las infraestructuras y la escasez de combustible mantuvieron la movilidad en niveles verdaderamente bajos.

El motor europeo de la posguerra

El fin de la Segunda Guerra Mundial cambió el escenario. Europa Occidental comenzó un largo período de reconstrucción, crecimiento económico y relativa estabilidad. El empleo, los salarios y el tiempo libre aumentaron. Se extendieron las vacaciones remuneradas, el automóvil pasó a ser accesible y la aviación comercial, junto a los vuelos chárter, logró abaratar los viajes.

España se sumó a esta realidad europea más tarde. La dictadura franquista quedó aislada tras la derrota de las potencias fascistas. Fue excluida del Plan Marshall y no se incorporó a la ONU hasta 1955, aunque la Guerra Fría favoreció su posterior integración en el bloque occidental.

Sol, playa y divisas para la dictadura

El régimen comprendió muy pronto que el turismo podía aportar las apreciadas divisas y, al mismo tiempo, contribuir a mejorar su imagen exterior. Esta doble función se vio reflejada en 1951 con la creación del Ministerio de Información y Turismo.

El gran punto de inflexión llegó en 1959 con el Plan de Estabilización. La devaluación de la peseta, la apertura económica y las facilidades concedidas a la inversión exterior contribuyeron a que España resultase especialmente barata para los europeos.

Imagen en blanco y negro de una playa abarrotada de gente.
Playa de Illetes en Mallorca, alrededor de 1960. Fotografía de Antonio Verdugo.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública, Universidad de Zaragoza, CC BY-SA

Las cifras históricas de este boom deben ser tratadas con cautela, puesto que las distintas series de la época contabilizaban a los turistas, visitantes y entradas por frontera de forma diferente. De acuerdo con los datos manejados por Rafael Vallejo, catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universidade de Vigo, España pasó de recibir 430 000 turistas extranjeros en 1950 a 4,3 millones en 1960, 11,1 millones en 1965 y 31,6 millones en 1973.

Entre 1961 y 1970, Europa originó alrededor del 80 % de las entradas extranjeras. Francia se consolidó como el principal mercado emisor, acaparando casi la mitad del flujo europeo. La cercanía geográfica y la generalización del uso del automóvil explican el temprano protagonismo de las costas catalanas.

Así, una dictadura políticamente cerrada abría sus playas a ciudadanos de democracias europeas. El turismo no trajo por sí mismo la democracia al país, pero acercó a muchos españoles a otros modos de vivir.

Turoperadores y dependencia exterior

El boom turístico no fue únicamente obra del Estado ni de la masa empresarial nacional. Los grandes turoperadores europeos organizaban paquetes con transporte y alojamiento, negociando precios muy bajos con los establecimientos locales.

Fotografía en blanco y negro de cuatro chicas jóvenes en bañador paseando por una playa.
Jóvenes en la playa de Fuengirola (Málaga) en 1957. Fotografía de Roberto Arranz.
Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública (Universidad de Zaragoza), CC BY-SA

El capital extranjero también llegó a hoteles, apartamentos y desarrollos inmobiliarios, especialmente en las islas Baleares y Canarias, así como en la Costa del Sol y el litoral mediterráneo. De este modo, buena parte del gasto generado por los turistas retornaba a sus países de origen, desde los que operaban las grandes agencias de viajes. El turismo impulsó la economía española, pero también generó nuevas formas de dependencia.

Democratización: vacaciones para la mayoría

Los extranjeros se convirtieron en el icono del boom, pero no fueron los únicos protagonistas. El aumento de la renta, la mayor estabilidad en el empleo urbano, el acceso al coche propio y las vacaciones pagadas permitieron que cada vez más españoles pudiesen viajar.

Unos se alojaban en hoteles, apartamentos o campings. Otros regresaban a la casa familiar del pueblo, una práctica con escasa visibilidad en las estadísticas pero esencial para entender el veraneo español.

Fotografía difuminada de una plaza del pueblo decorada con banderines para las fiestas.
El pueblo y sus fiestas de verano son un clásico de las vacaciones españolas.
Goyo de Parla/Wikimedia Commons, CC BY-SA

España no aprendió a veranear en los años sesenta. Lo que cambió fue la escala. El veraneo pasó de ser un signo de estatus social a convertirse, primero, en un derecho y, con posterioridad, en un consumo de masas.

Sin embargo, disponer de vacaciones continúa sin garantizar el viaje. La renta, el empleo y el precio del transporte o del alojamiento siguen condicionando hoy en día quién sale de vacaciones y durante cuánto tiempo.

La sombrilla actual es heredera de los balnearios y de los baños de mar, pero también de la paz en Europa, las conquistas laborales, la apertura económica de la dictadura, el coche, el avión y el capital procedente del exterior.


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The Conversation

Ángel Rodríguez-Pallas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De los baños de mar al turismo de masas: cómo han cambiado las vacaciones en España – https://theconversation.com/de-los-banos-de-mar-al-turismo-de-masas-como-han-cambiado-las-vacaciones-en-espana-286091