La ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi defiende el feminismo indígena en su novela ‘La primera mujer’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lara Tortosa-Signes, Doctoranda en Lenguas, Culturas y Literaturas, Universitat de València

Mujeres embarazadas esperan para hacerse una ecografía en el hospital de Kolonyi, en Uganda. Dennis Wegewijs/Shutterstock

Jennifer Nansubuga Makumbi es una escritora ugandesa que ofrece una visión distinta del feminismo más allá de los eslóganes hegemónicos. Su libro The First Woman (2021) acaba de ser traducido al castellano con el nombre de La primera mujer.

La novela propone una revisión de los parámetros patriarcales para demostrar que la desigualdad de género se ha encontrado siempre con formas de resistencia, incluso mucho antes de que el feminismo occidental tuviese presencia en África.

La autora presentó el libro junto a Marta Sofía López, su traductora, en varias ciudades españolas durante el mes de marzo. Ambas consideran que, pese a ser una historia contextualizada en la Uganda de finales del siglo XX que visibiliza las mujeres rurales, trata temas que pueden apelar al público universal.

La importancia de las historias ancestrales

Las autoras africanas han subrayado siempre la influencia de las antepasadas en su visión del mundo. Muchas de ellas, como la nigeriana Buchi Emecheta o la ghanesa Ama Ata Aidoo, contaban cómo las historias que escucharon de sus abuelas y tías les ayudaron a entender su realidad y construir sus propias narrativas.

En La primera mujer, la joven protagonista, Kirabo, experimenta incomodidad al tener que obedecer los mandatos patriarcales. Kirabo se siente atrapada en su cuerpo y cada vez que es obligada a arrodillarse delante de un hombre –una práctica tradicional–, se tensa y siente dolor. Esta situación la lleva a desdoblarse: mientras su cuerpo sigue las normas, su “otra yo” vuela hacia el exterior para escapar de la realidad.

Como consecuencia, Kirabo decide hablar con la bruja de la aldea, Nsuuta, para entender qué le ocurre. Nsuuta, una anciana ciega que ha vivido una vida fuera de los rígidos estándares de la sociedad, le revela el mito de “la primera mujer”. Este afirma que las mujeres eran en realidad tan poderosas que los hombres tuvieron que encontrar la forma de minimizarlas y anularlas. Para poder hacerlo, inventaron que ellas eran seres acuáticos que no pertenecían a la tierra (y, por tanto, no podían poseerla). De esta manera, ellos se adueñaron de los espacios físicos, relegándolas a un segundo plano y considerándolas inestables, como el agua.

Aunque la novela describe mayoritariamente la situación de las habitantes de una región de Uganda, se pueden encontrar muchas similitudes con la vida de una mujer en cualquier parte del planeta. Se tratan cuestiones como el alargamiento de los labios menores, la disparidad social y económica, el abandono y la idealización de las figuras masculinas.

Al hacerlo la autora muestra cómo las historias y los conocimientos ancestrales pueden explicar nuestra condición y enseñarnos a combatir las desigualdades.

‘Mwenkanonkano’ o el feminismo indígena

A pesar de que la lucha contra la violencia patriarcal forma parte de la vida de las africanas desde tiempos inmemoriales, el término “feminismo” no ha sido muy popular. En Uganda especialmente, la palabra sonaba demasiado extranjera y no acababa de ser aceptada por las escritoras.

Portada de La primera mujer de Jennifer N Makumbi.

Deleste

En el caso de la novela, su feminismo se asemeja al propuesto por la académica Obioma Nnameka, quien defendía que la teoría feminista debía edificarse sobre lo indígena y ser lo suficientemente flexible como para adaptarse a diferentes cosmovisiones.

En La primera mujer, Makumbi utiliza la palabra “mwenkanonkano”, una forma de resistencia indígena encabezada por Nsuuta. De hecho, Nsuuta rechaza los discursos occidentales porque siente que no representan a todas las mujeres. La autora ofrece la perspectiva de estas mujeres criadas en el entorno rural de una nación poscolonial. También hace referencia a las luchas diarias y las formas en las que éstas tienen que resistir a la opresión masculina en su propio contexto. La elección del término “mwenkanonkano” no es casual; Makumbi ha afirmado que ninguna de sus antepasadas se hubiese llamado a sí misma “feminista”.

Además, La primera mujer denuncia marcados casos de violencia simbólica cuando otros personajes de la novela se oponen a la rigidez patriarcal. Este es el caso de la tía paterna de Kirabo, quien le habla de la sexualidad y la anima a encontrar un hombre que le proporcione placer. Otra de sus tías se ve obligada a dejar el hogar porque la gente del pueblo la acosa y su abuelo la relega a las habitaciones de los sirvientes tras enterarse de que está viéndose con un chico.

Una mujer habla con un micrófono.
Jennifer Nansubuga Makumbi en el Festival Atlantide 2021 en Nantes (Francia).
DeuxPlusQuatre/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Por otro lado, cuando Kirabo asiste a una escuela privada, se da cuenta de que los chicos no sufren repercusiones si tienen relaciones sexuales, mientras que las chicas son expulsadas sin posibilidad de volver si quedan embarazadas. De esta manera, Makumbi subraya las desigualdades y la falta de autonomía de las adolescentes.

Aunque Nsuuta no ha recibido una educación feminista, recurre a los cuentos orales para demostrar la importancia de la sororidad, la resilencia y la independencia. A través de ese personaje, Makumbi refleja cómo el conocimiento puede venir de las madres y abuelas y reivindica la importancia de las voces femeninas. Así, la narración se convierte no solo en una forma de arte y belleza sino en un ejercicio de supervivencia.


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El sector editorial se transforma para que los libros se sigan publicando, comprando y leyendo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Magadán-Díaz, Profesora Titular de Universidad de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Caseta del día de Sant Jordi (23 de abril) en Barcelona. Edugrafo/Shutterstock

Aparentemente, el mercado del libro en España vive un momento dulce: nunca ha habido tantos lectores por ocio –más de dos tercios de la población–, con especial intensidad entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la facturación del sector supera los 1 200 millones de euros anuales, mientras que el libro en papel sigue concentrando más del 90 % de las ventas.

No obstante, estas cifras no reflejan toda la realidad. Bajo esta aparente estabilidad se está produciendo una transformación profunda que afecta a toda la cadena de valor. Más que una crisis, el sector atraviesa un cambio de modelo.
La solidez económica convive con alteraciones estructurales que obligan a replantear el negocio. El verdadero desafío ya no es solo crecer, sino adaptarse a un entorno en el que la tecnología, la sobreoferta y los nuevos hábitos de consumo están redefiniendo qué significa leer, comprar y publicar libros.

Más libros, menos visibilidad

Uno de los rasgos más característicos del momento actual es el exceso de oferta. En España se publican cada año más de 89 000 novedades editoriales, lo que refleja un sector con una gran capacidad de producción y una amplia variedad de propuestas disponibles para el lector.

Sin embargo, esta abundancia plantea un desafío creciente: la visibilidad. En un mercado saturado, publicar ya no basta. El verdadero reto es lograr que los libros sean descubiertos y lleguen a sus lectores.

Como consecuencia, una gran parte de los títulos apenas encuentra público. El éxito tiende a concentrarse en unos pocos, mientras muchos otros pasan desapercibidos. Así, la competencia ha dejado de centrarse en la producción y se ha desplazado hacia la capacidad de destacar en medio del exceso de oferta.

La redistribución del mercado

El cambio también se percibe con claridad en los canales de venta. Históricamente fundamentales para la difusión cultural, las librerías independientes, al operar ahora en un entorno con márgenes ajustados y una fuerte dependencia de un volumen de ventas difícil de sostener, retroceden en número: si en 2022 había 2 977, en 2024 la cifra había bajado hasta las 2 754.

En paralelo, la venta online se ha consolidado como un canal clave. Impulsada durante la pandemia –cuando en algunos momentos llegó a concentrar cerca del 40 % de las ventas–, hoy sigue siendo un pilar del sector y ha reducido la dependencia de la distribución física.

Al mismo tiempo, las grandes cadenas y las plataformas digitales han reforzado su posición. Este contexto no supone la desaparición de las librerías, pero sí una redefinición de su papel: más que simples puntos de venta, tienden a consolidarse como espacios de recomendación, experiencia y mediación cultural.

Nuevos formatos, nuevos hábitos

El libro en papel sigue siendo el formato dominante, aunque su centralidad ya no es absoluta. Paralelamente está creciendo la producción en otros formatos, como el libro digital y el audiolibro, que amplían las formas de acceso y consumo de contenidos editoriales.

Además, el sector ha incorporado otros modelos de negocio –suscripción digital, venta directa al lector, autopublicación– que conviven con el sistema tradicional y configuran un ecosistema híbrido en plena transición.

El libro digital representa en torno al 5 %–6 % de la facturación total en España, según la Federación de Gremios de Editores. Pese a su crecimiento sostenido, su peso se mantiene limitado y relativamente estable.
En paralelo, el audiolibro duplicó sus ingresos entre 2023 y 2024 pero todavía no representa ni un 1 % de la facturación total.

Esta expansión viene impulsada por cambios en los hábitos de consumo: el audiolibro permite leer mientras se realizan otras actividades y se adapta a un uso más flexible del tiempo. A esto se suman los modelos de suscripción, que sustituyen la compra de un número limitado de títulos por el acceso a amplios catálogos e introducen una lógica distinta, donde el valor se mide más por el uso que por la propiedad.

Tecnología e industria editorial

La digitalización está transformando profundamente la forma en que se producen los libros. Las herramientas de inteligencia artificial permiten automatizar tareas como la redacción, la corrección o la narración en audio, lo que reduce costes y facilita los procesos de publicación. Esto, a su vez, amplía el número de actores capaces de participar en el mercado.

El resultado es un incremento aún mayor de la oferta. En este contexto, los mecanismos de selección adquieren una relevancia creciente: los algoritmos de recomendación, presentes en las plataformas digitales, influyen cada vez más en qué libros se descubren y cuáles permanecen fuera del radar.

A esta transformación se suma el papel cada vez más relevante de las grandes plataformas digitales como intermediarios en la distribución del libro. Sus sistemas de recomendación condicionan en gran medida qué se compra y qué se lee, desplazando parcialmente la función tradicional de libreros y otros prescriptores culturales.

Elegir en la era de la abundancia

Para los lectores, este escenario tiene implicaciones ambivalentes. El acceso a los libros nunca ha sido tan amplio: es posible leer o escuchar contenidos en múltiples formatos, en cualquier momento y desde prácticamente cualquier lugar.
Sin embargo, esta abundancia también complica la elección.

Nunca ha sido tan difícil decidir entre tantas opciones disponibles. En este contexto, la recomendación se vuelve un elemento central de la experiencia de lectura, ya provenga de libreros, medios especializados, bookfluencers o sistemas algorítmicos.

El reto, en definitiva, ya no es encontrar libros, sino discernir cuáles merecen realmente atención.

Un cambio de modelo

El libro no está desapareciendo ni perdiendo relevancia como objeto cultural, lo que está cambiando es el sistema que lo sostiene.

El negocio del libro en España no atraviesa una crisis, sino una transformación. La estabilidad de las cifras económicas convive con cambios estructurales que afectan a toda la cadena de valor. El reto del sector no reside únicamente en crecer, sino en ajustarse a un contexto donde la tecnología, la abundancia de títulos y los cambios en los hábitos de consumo están transformando la forma de entender la lectura, la compra y la publicación.

El sector editorial se desenvuelve hoy en un contexto más complejo, marcado por la diversificación de formatos y la evolución de los canales de distribución. En este proceso, la clave no es únicamente crecer, sino adaptarse a nuevas dinámicas.
Como en otros ámbitos culturales, la transición combina continuidad y cambio: el libro en papel mantiene su centralidad, pero convive con nuevas formas de acceso y consumo.

Más que una crisis, el sector vive una reconfiguración profunda. Su futuro dependerá de la capacidad para integrar la innovación tecnológica sin renunciar a su función esencial: ofrecer conocimiento, ideas e historias significativas en un entorno cada vez más saturado de información.

The Conversation

Marta Magadán-Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Regeneración, metamorfosis, diversidad y adaptación: el secreto de los equinodermos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Pepino de mar de la especie _Stichopus herrmanni_. Frederic Ducarme. , CC BY-SA
Dos erizos de arrecife: Tripneustes ventricosus y Echinometra viridis (abajo).
Nick Hobgood / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Los erizos parecen alfileteros vivientes con armadura de carbonato cálcico; los pepinos de mar se asemejan a gusanos gigantes; las estrellas extienden sus brazos como flores marinas; las ofiuras se mueven con gracia serpentina, y los crinoideos, conocidos como lirios o estrellas pluma, despliegan brazos finos y ramificados que recuerdan a delicados abanicos vegetales.

A primera vista, clasificar juntos a estos animales parece un error taxonómico. Sin embargo, bajo esa diversidad de formas se esconde una de las historias evolutivas más sorprendentes de la naturaleza: la de los equinodermos, un filo que ha sobrevivido durante más de 500 millones de años en casi todos los rincones del océano.

Pepino de mar listo para la reproducción.
Noah Photo Library., CC BY-SA

El material secreto

Todos los equinodermos poseen un esqueleto interno, un armazón calcáreo con una microestructura única llamada estereoma.

Un conjunto de genes controlan el desarrollo de ese esqueleto, que consiste en osículos –huesecillos pequeños– de carbonato cálcico que pueden estar libres o fusionados, formando una estructura tridimensional porosa exclusiva de este filo.

En los erizos, los osículos se sueldan creando caparazones rígidos; en las estrellas se articulan, permitiendo flexibilidad; y en los pepinos se reducen a espículas dispersas en el tejido blando. El resultado es una enorme variedad de soluciones constructivas que parten siempre del mismo “ladrillo” básico.

Esa versatilidad es lo que ha permitido a los equinodermos conquistar desde arrecifes tropicales hasta fondos fangosos a miles de metros de profundidad.

Sorprendente ingeniería hidráulica

Otra innovación compartida es el sistema vascular acuífero, un mecanismo hidráulico único en el reino animal. Sus pies ambulacrales funcionan como pistones microscópicos que pueden extenderse, retraerse y adherirse con gran precisión.

Las estrellas de mar los utilizan para sujetarse firmemente y abrir bivalvos, un proceso lento pero eficaz que puede durar horas hasta que la concha cede. Los erizos emplean sus pies para caminar, anclarse en el sustrato e, incluso, ventilar el cuerpo, mientras que los crinoideos los convierten en abanicos vivientes capaces de filtrar diminutas partículas de plancton.

Estos pies se adhieren gracias a sustancias pegajosas secretadas por glándulas especiales, que les permiten fijarse y soltarse de forma controlada. El mecanismo combina presión hidráulica y adhesión bioquímica, lo que les confiere una fuerza y flexibilidad notables.

Este sistema descentralizado, sin un cerebro que lo coordine, logra mover miles de estructuras al unísono con gran precisión.

Estrella de mar de la especie Protoreaster linckii, nativa del océano Índico.
Adrian Pingstone / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Un truco de metamorfosis

Todos los equinodermos comienzan su vida como larvas bilateralmente simétricas que nadan libremente en la columna de agua. Estas diminutas formas planctónicas se alimentan de microalgas y constituyen un eslabón importante en las redes tróficas marinas.

Pero, durante la metamorfosis, sucede algo único: el lado izquierdo del cuerpo origina el rudimento juvenil y reorganiza la simetría en un plan pentarradial –cinco partes iguales alrededor de la boca–, mientras que partes del lado derecho se reducen o desaparecen. Es como si la arquitectura del cuerpo se derrumbara y se reconstruyera desde cero, cambiando de plano de simetría en pleno desarrollo.

Ningún otro filo animal realiza semejante proeza de transformación.

¿”Todo cabeza”?

Los estudios genómicos más recientes han añadido otra capa de asombro. Según un estudio de 2023, los genes que en otros animales forman la cabeza se expresan en casi todo el cuerpo de los equinodermos, como si fueran en gran parte “cabeza”.

Esta reorganización de los programas genéticos explica por qué su anatomía parece tan extraña comparada con otros deuteróstomos –filo de animales en cuyo desarrollo se forma primero el ano y luego la boca–, el grupo que incluye también a vertebrados como nosotros.

No es que los equinodermos carezcan de “tronco”, sino que la evolución ha reutilizado de forma insólita los planos de desarrollo que en otros animales definen la parte anterior del cuerpo.

Superpoderes regenerativos

A estas rarezas se suma un don que roza la ciencia ficción: la regeneración. Las estrellas de mar pueden reconstruir brazos completos y, en algunas especies, un solo brazo puede regenerar un cuerpo entero. Los pepinos de mar expulsan parte de sus órganos internos como estrategia defensiva y luego los regeneran por completo. Los erizos reemplazan sus espinas continuamente y reparan estructuras dañadas.

Estos procesos implican tanto células madre como desdiferenciación de tejidos adultos, lo que convierte a los equinodermos en verdaderos laboratorios vivientes de biología regenerativa. Para los científicos, estudiar estos mecanismos es una ventana hacia posibles aplicaciones en medicina regenerativa humana.

Ofiura de la especie Ophiopteris antipodum.
Wikimedia Commons., CC BY

Su papel en el ciclo del carbono

Además de su importancia ecológica, los equinodermos desempeñan un papel relevante en la química del océano. Al formar carbonato cálcico en su esqueleto, contribuyen al ciclo global del carbono.

Se estima que generan alrededor de 0,1 petagramos –100 millones de toneladas– de carbono inorgánico al año, una cantidad suficiente para influir en los balances de carbonatos en los fondos oceánicos. Sin embargo, esto no implica necesariamente un secuestro neto de CO₂, ya que parte del material puede disolverse antes de enterrarse en los sedimentos.

Crinoideos o lirios de mar.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Una lección evolutiva

Los equinodermos representan una de las lecciones más profundas sobre la evolución: tener un ancestro común no limita la diversidad, sino que proporciona las herramientas para una capacidad adaptativa extraordinaria. El estereoma, el sistema hidráulico y el desarrollo asimétrico funcionaron como un kit de construcción evolutivo tan versátil que permitió colonizar desde pozas intermareales hasta las profundidades abisales.

Cada grupo tomó estas innovaciones fundamentales y las moldeó según sus necesidades: los erizos perfeccionaron la defensa y el ramoneo; las estrellas dominaron la depredación activa; los pepinos se especializaron en el procesamiento de sedimentos; las ofiuras desarrollaron locomoción rápida, y los crinoideos regresaron al filtrado suspensivo con elegancia renovada.

La próxima vez que observen un erizo espinoso en una poza de marea, recuerden que están contemplando el resultado de 500 millones de años de experimentación evolutiva. Su vinculación con la grácil estrella pluma reside en los secretos moleculares, genéticos y de desarrollo que la ciencia moderna ha desvelado: un lenguaje común que une a las criaturas más extraordinarias del océano.

Los equinodermos nos enseñan que, en biología, lo imposible es solo cuestión de tiempo evolutivo, y que la verdadera belleza de la vida reside no en las similitudes superficiales, sino en la capacidad infinita de transformación, manteniendo siempre la firma de un origen compartido.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Regeneración, metamorfosis, diversidad y adaptación: el secreto de los equinodermos – https://theconversation.com/regeneracion-metamorfosis-diversidad-y-adaptacion-el-secreto-de-los-equinodermos-263099

Cuando la IA hace ciencia, ¿quién formula las grandes preguntas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

SergeiShimanovich/Shutterstock

No solo responden preguntas o redactan textos. Modelos de lenguaje como GPT, Claude o Gemini ejecutan código, analizan datos e, incluso, llevan a cabo experimentos en laboratorios robotizados. Google ha bautizado esta idea como co-scientist: un asistente virtual capaz de diseñar, planificar y ejecutar experimentos completos a partir de simples instrucciones en lenguaje natural.

Esta tecnología ya empieza a dar resultados. En colaboración con universidades como Stanford o Imperial College, el co-scientist ha planteado mecanismos biológicos desconocidos, ha sugerido tratamientos potenciales para enfermedades como la fibrosis hepática y ha automatizado parte del proceso de descubrimiento científico. Otros proyectos como Future House siguen una línea similar, llevando la automatización de la ciencia a un nivel que hace solo cinco años habría parecido ciencia ficción.

A esta revolución se suma un cambio en los hábitos de los propios investigadores. Una encuesta reciente en Nature reveló que el 81 % de los científicos ya utiliza herramientas como ChatGPT en alguna fase de su trabajo: desde escribir artículos hasta generar hipótesis o redactar propuestas de financiación. La integración de la inteligencia artificial (IA) en la ciencia avanza a una velocidad sin precedentes, pero nuestra reflexión crítica sobre su impacto no lo está haciendo al mismo ritmo.

Ventajas evidentes, riesgos claros

La IA puede ayudarnos a escribir mejor, superar barreras idiomáticas y explorar datos complejos. Pero también introduce riesgos importantes.

En primer lugar, está el problema de la creatividad perdida. Un análisis de más de 45 millones de artículos y casi 4 millones de patentes mostró que, desde mediados del siglo XX, la proporción de trabajos realmente disruptivos ha caído de manera sostenida.

La ciencia avanza, sí, pero cada vez lo hace más por pasos pequeños que por saltos transformadores. Si empezamos a usar modelos de lenguaje para redactar propuestas o generar ideas, es probable que reforcemos esta tendencia: al estar entrenados en investigaciones pasadas, tienden a reproducir los enfoques dominantes y a evitar lo radicalmente nuevo.

Un modelo de IA puede llevar las leyes de Newton hasta sus límites, pero no inventaría la teoría de la relatividad. Puede escribir miles de variantes de un artículo sobre mecánica clásica, pero no preguntaría si el gato de Schrödinger está vivo o muerto porque nunca habría inventado la mecánica cuántica.

Una máquina no puede imaginar nuevas ideas

La innovación profunda requiere intuición, imaginación y la capacidad de desafiar paradigmas, atributos que hoy siguen siendo profundamente humanos.

Existen también riesgos éticos. La IA puede fabricar datos, exagerar resultados, o proponer experimentos basados en premisas falsas, sin que el usuario lo detecte.

Incluso, puede influir en la opinión pública y en la producción científica de forma masiva, como ya ocurrió con la industria del azúcar en los años 1960, cuando promovió investigaciones que desviaban la atención de sus efectos sobre la salud para culpar a las grasas.

Con herramientas capaces de generar texto persuasivo a escala industrial, la manipulación podría ser mucho más efectiva. Además, si las plataformas avanzadas quedan concentradas en pocas empresas o países, la capacidad de descubrimiento científico podría quedar monopolizada y generar nuevas formas de desigualdad científica y tecnológica.

¿Y si una máquina es el autor y el revisor a la vez?

Un escenario aún más inquietante es la delegación simultánea de la escritura y la evaluación de propuestas a modelos de lenguaje. No es ciencia ficción: un estudio reciente muestra que uno de cada cinco investigadores ya utiliza IA en la revisión por pares, y entre el 7 % y el 17 % de las revisiones en congresos científicos sobre IA han sido modificadas significativamente con estas herramientas.

Si una IA genera una propuesta y otra IA la evalúa, entramos en un sistema autorreferencial donde los modelos reproducen sus propios sesgos y donde la creatividad humana queda relegada. Esto podría atrapar a la ciencia en una espiral, anulando el tipo de descubrimiento transformador que ha caracterizado los grandes saltos de la historia científica.

Un marco ético para proteger la ciencia

Para evitar estos riesgos, proponemos una serie de principios éticos que permitan integrar los grandes modelos de lenguaje sin comprometer la integridad científica:

  • Abordar los sesgos de manera sistemática. La IA no es neutral. Necesita auditorías continuas, equipos interdisciplinares y mecanismos externos que detecten sesgos invisibles para los propios expertos.

  • Exigir transparencia total. Los investigadores deben documentar datos, parámetros y decisiones tomadas por los modelos, además de usar técnicas de explicabilidad que permitan entender cómo se llegó a una conclusión.

  • Aclarar la atribución y la propiedad intelectual. La frontera entre ayuda y autoría se difumina. Necesitamos normas claras sobre qué parte del contenido es humana y cuál generada por IA.

  • Garantizar responsabilidad humana. Todo lo producido por IA debe ser verificado por científicos. No puede haber decisiones automáticas sin supervisión.

  • Proteger la investigación transformadora. Hay que evitar que la IA empuje a la ciencia hacia lo cómodo. Las agencias deben apoyar proyectos arriesgados, interdisciplinarios y radicales.

  • Redefinir el papel del científico. Debemos reforzar la intuición, el pensamiento crítico, la ética y la visión a largo plazo.

  • Crear sistemas de gobernanza adaptativos. La tecnología evoluciona demasiado rápido para regulaciones estáticas. Necesitamos supervisión continua y flexible.

  • Reducir la dependencia de modelos privativos. La ciencia no puede depender de unas pocas plataformas comerciales. Debemos promover ecosistemas abiertos, diversos y resilientes.

La IA puede acelerar la ciencia de forma extraordinaria. Pero, si no actuamos con cuidado, podría también empobrecerla, hacerla menos creativa, más desigual y menos confiable. En un momento en el que el planeta enfrenta desafíos urgentes, necesitamos herramientas poderosas, sí, pero también rigurosas, transparentes y profundamente humanas.

The Conversation

Sergio Hoyas Calvo es evaluador de proyectos de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación y miembro de las comisiones para acreditación de profesores funcionarios de ANECA

Ricardo Vinuesa recibe fondos del European Research Council

Javier Garcia Martinez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la IA hace ciencia, ¿quién formula las grandes preguntas? – https://theconversation.com/cuando-la-ia-hace-ciencia-quien-formula-las-grandes-preguntas-270907

La selección: la aventura de divulgar ciencia repite en la UIMP

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

Luis Martínez Otero, Elena Sanz en el centro, y Conchi Lillo durante la conversación que tenía como título ‘Las locuras del cerebro’ en el curso de la UIMP de 2023. The Conversation, CC BY

Quien lo probó lo sabe… Pedimos prestado un verso a Lope de Vega para invitarles a la nueva edición, la quinta, del curso de verano “La aventura de divulgar la ciencia en español con éxito”, que impartimos desde The Conversation en ese palacio en una colina junto al mar, sede de los cursos de verano de la UIMP: el Palacio de la Magdalena, en Santander.

No es fácil que un curso se consolide, pero ya podemos decir que el nuestro lo ha hecho: nos acompaña un alumnado con una alta media de repetidores. Noventa asistentes ha sido el récord, por el momento. Para hacerlo posible, contamos con el apoyo de instituciones amigas: la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la UCC+I de la Universidad de Navarra.

En esta edición, la temática general es “Lo humano, primero”. Y, siguiendo la línea del curso, durante las mañanas expertas y expertos en ciencia y divulgación de primer nivel ofrecerán charlas, debates y propuestas que siempre incluyen rigor y audacia. Por las tardes, talleres prácticos.

Para destacar lo humano en la sociedad de la IA, hemos elegido, para empezar, la ética. Y de ello tratará, en la charla inaugural, el experto en cuántica e IA José Ignacio Latorre, director del Center for Quantum Technologies (CQT) en Singapur y autor, entre otros, del imperdible libro Ética para máquinas.

Continuamos con la mentira: “¿Mentimos más que ChatGPT?”. Lo tratarán la antropóloga Candela Antón, el catedrático de periodismo en la Universidad de Navarra Ramón Salaverría y el también catedrático de Periodismo y experto en geopolítica de la Universidad de Castilla-La Mancha Juan Luis Manfredi, que conoce a fondo los entresijos de la diplomacia.

Quizá sea la creatividad lo que nos define. Para tratarlo, plantearemos este debate: en un escenario en el que hubiera que elegir entre un mundo sin arte o sin ciencia, ¿con qué nos quedaríamos? Lo defenderán el catedrático de Microbiología Ignacio López-Goñi y el profesor de Estética Ricardo Piñero Moral. ¿Cuál será el resultado de la votación?

Dedicaremos una jornada a hablar de los invisibles y de ese rasgo humano que tanto nos importa: el cuidado. El investigador del CSIC Lluís Montoliu tratará las enfermedades raras; la profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, Clara Grima, le pondrá luz a las matemáticas invisibles; ofreceremos herramientas para divulgar atendiendo a personas con discapacidad y terminaremos (spoiler) con un aperitivo gastronómico del eclipse que se avecina.

Hay mucho más. Entre otras cosas, volaremos cometas en la playa con el ecólogo del CSIC Fernando Valladares, destacando el juego como una actividad de primera necesidad, el pan social. Y así, a lo largo de tres jornadas, un total de 16 expertas y expertos ocuparán el aula de La Magdalena, en la que nos arrojaremos a “La aventura de divulgar ciencia en español”.

Si aún no lo han probado, este es el momento.


Del 15 al 17 de julio

Inscripciones y programa completo en este enlace.

El periodo de solicitud de becas estará abierto hasta el 4 de mayo en este enlace.


The Conversation

ref. La selección: la aventura de divulgar ciencia repite en la UIMP – https://theconversation.com/la-seleccion-la-aventura-de-divulgar-ciencia-repite-en-la-uimp-280881

Proponen una nueva terapia para el síndrome de Down: ¿funcionará?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

AnnaStills/Shutterstock

Hace poco más de un año, unos investigadores japoneses propusieron el uso de las herramientas CRISPR-Cas9 de edición genética para eliminar la copia extra del cromosoma 21 que identifica a las personas con síndrome de Down, las cuales tienen tres copias en lugar de las dos que deberían tener. Sugerían cortar en más de 50 sitios específicos de una de esas tres copias en células derivadas de personas con el síndrome, para así resolver experimentalmente la trisomía que define esta condición genética. El cromosoma troceado en más de 50 fragmentos sería incapaz de restaurarse y acabaría desapareciendo.

Aquella propuesta terapéutica, evaluada solamente en ciertos tipos de células cultivadas en laboratorio –células inducibles pluripotentes (iPS) y fibroblastos derivados de personas con síndrome de Down–, no estaba exenta de riesgos. Entre otros motivos porque esas “tijeras” CRISPR-Cas9 podían también realizar cortes en otros cromosomas accidentalmente, con consecuencias imprevisibles.

Por otro lado, la propuesta planteaba focalizarse en células de un tejido u órgano determinado, como el cerebro, para promover la desaparición del cromosoma 21 extra en algún grupo de neuronas. En el supuesto de que todo funcionara bien y se pudiera aplicar el tratamiento, eso podría detener, en parte, el deterioro cognitivo asociado al síndrome de Down.

¡Silencio, cromosomas!

Ahora, otros investigadores, estadounidenses esta vez, han puesto sobre la mesa otra nueva posible terapia para personas con el síndrome de Down que pretende usar las herramientas CRISPR de otra manera. No para cortar un cromosoma 21, sino para silenciarlo.

La nueva propuesta es elegante e innovadora. Utiliza el gen XIST, que es uno de los encargados de promover la inactivación de uno de los dos cromosomas X (al azar) en las hembras de mamífero y en las personas de sexo femenino (XX). Esta inactivación se produce de forma natural durante el desarrollo embrionario. Pero ¿y si lo usamos para inactivar, de manera dirigida, una de las copias extras del cromosoma 21 que provoca el síndrome de Down –la trisomía, total o parcial, del cromosoma 21–?

El resultado seguiría siendo una célula trisómica con tres copias del cromosoma 21; no habría “cortes”. Pero una de esas copias estaría totalmente silenciada. De esta manera, la célula se comportaría funcionalmente como diploide, es decir, utilizaría solo las dos copias del cromosoma 21 que tenemos la mayoría de las personas.

El gen XIST

Conseguir que el gen XIST se inserte en una (y solo una) de las tres copias del cromosoma 21, dejando intactos las otros dos, no es en absoluto sencillo. La persona con síndrome de Down tiene dos copias de un progenitor y una tercera del otro. E, idealmente, deberían quedar activas una de cada progenitor exclusivamente.

Para ello, los investigadores han combinado una serie de modificaciones tecnológicas, en las que también participan las herramientas CRISPR, encaminadas a lograr la inserción del gen XIST en el cromosoma 21.

Pero ojo porque la expresión de este gen, que promueve la inactivación del cromosoma en el que reside, debe ser cuidadosamente regulada. Porque si se expresa de forma excesiva puede ser problemático y tóxico. Para ello, los investigadores insertaron este gen de forma inducible, es decir, con capacidad de ser activado a voluntad, usando un sistema de control de la expresión bien conocido por los biólogos moleculares. Con ello consiguieron “encender” el gen XIST y activar voluntariamente su expresión en células en cultivo derivadas de una persona con síndrome de Down.

Lejos de una terapia para tratar a personas con síndrome de Down

La estrategia, así contada, todavía está lejos de convertirse en algún tipo de terapia experimental para tratar a personas con síndrome de Down, en las que todas sus células son trisómicas.

Para empezar, los investigadores han visto que hay diferencias a la hora de trasladar este experimento a distintas células: no todas se modifican con la misma eficacia. También hay que tener en cuenta los efectos secundarios derivados del uso de CRISPR-Cas9, que puede acabar promoviendo cortes y/o la integración del gen XIST en otros cromosomas. Además, la estrategia actual usa muchos reactivos (muchas moléculas diferentes), lo cual complica su aplicación. Habría que simplificarla si queremos insertar el gen XIST en una cantidad significativa de células.

En estos momentos resulta impensable trasladar todos estos múltiples elementos de forma eficiente a todas o a la mayoría de células de una persona con síndrome de Down. Los vectores virales habituales no permiten introducir fácilmente tantas secuencias de ADN. Habría que acudir a estrategias que no impliquen a virus –por ejemplo, a nanopartículas lipídicas como las que se usaron en la vacuna contra la covid-19– para acarrear tantas construcciones génicas como son necesarias.

Ojalá podamos transformar esta idea interesante e innovadora, probada de momento solo en algunas células en el laboratorio, en una futura terapia que resulte segura y eficaz.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog GenÉtica.

The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Proponen una nueva terapia para el síndrome de Down: ¿funcionará? – https://theconversation.com/proponen-una-nueva-terapia-para-el-sindrome-de-down-funcionara-280921

Una investigación española estrecha el cerco a la nueva física: 150 modelos descartados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Llorente Merino, Investigador en Física de Partículas, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Todo lo que podemos imaginar, desde el cuerpo humano hasta las estrellas, los océanos o los planetas, está formado por unas pocas partículas elementales que interactúan entre sí a través de cuatro fuerzas fundamentales. La física ha desarrollado una teoría que describe todas las partículas elementales y todas esas interacciones. Es lo que llamamos Modelo Estándar, y trata de describir cómo se organiza un pequeño puñado de ingredientes para estructurar todo lo que nos rodea.

El modelo explica muy bien prácticamente todos los fenómenos observados en el universo, pero hay preguntas sin respuesta, lagunas, agujeros negros. Por eso decimos que el Modelo Estándar es una teoría incompleta.

Científicos de todo el mundo buscamos señales de lo que sería una “nueva física”.

Cómo buscamos respuestas

Numerosos experimentos buscan nuevas partículas que puedan dar una solución a los problemas abiertos. Algunos de esos experimentos se llevan a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el mayor acelerador de partículas jamás construido.

Situado en el CERN, fue en su interior donde se descubrió la última partícula incorporada al Modelo Estándar, el bosón de Higgs. Con él se rellenó una de las lagunas del modelo. El hallazgo se hizo gracias a la colaboración entre ATLAS y CMS, dos de los cuatro grandes experimentos del CERN, que analizan enormes cantidades de datos del LHC siguiendo pistas que indican el camino a seguir en la búsqueda de la nueva física.

La interacción fuerte como puerta hacia lo desconocido

En la naturaleza existen cuatro interacciones fundamentales: la interacción fuerte, la interacción débil, la fuerza electromagnética y la gravedad. Cada una de estas fuerzas puede describirse mediante un marco teórico en el que se introduce un parámetro que nos indica cómo de intensa es la interacción.

La fuerza más intensa es la interacción fuerte. Se encarga de mantener unidos entre sí a los quarks, un tipo de partícula fundamental, contenida en el interior de los protones y los neutrones.

La teoría que describe la interacción fuerte recibe el nombre la Cromodinámica Cuántica (QCD). Y el parámetro que cuantifica la intensidad de la fuerza es la constante de acoplo fuerte αₛ. Curiosamente, el valor de αₛ varía en función de la energía a la que se mide, lo que es clave en los estudios modernos de física de partículas.

Los grandes experimentos

Los experimentos ATLAS y CMS son capaces de realizar medidas de gran precisión de variables que dependen directamente del valor de la constante de acoplo fuerte. Si se detectase una desviación de la medida con respecto a la predicción del Modelo Estándar, podríamos estar ante una señal indirecta de la existencia de una nueva partícula no conocida hasta la fecha.

En el pasado, todas las observaciones realizadas en el LHC encajaban con la teoría. Sin embargo, a medida que los detectores y aceleradores se perfeccionan, la energía que se alcanza en los aceleradores crece, abriendo la puerta a regiones de la física antes inaccesibles.

En el LHC se alcanzan energías sin precedentes, del orden de 13 teraelectronvoltios, de modo que merece la pena preguntarse si el Modelo Estándar sigue funcionando cuando lo ponemos a prueba en este régimen energético.

¿Cómo interaccionaría la nueva partícula? ¿Cuál sería su masa?

Muchos físicos teóricos han tratado de definir, a través de la Cromodinámica Cuántica, extensiones del Modelo Estándar que introducen nuevas partículas. Algunas teorías sugieren la existencia de quarks adicionales mucho más masivos que los ya conocidos. Otras apuestan por la existencia de nuevos tipos de partículas sensibles a la interacción fuerte.

La idea que respalda estos modelos es sencilla: si estas partículas son los suficientemente masivas, u obedecen a ciertas reglas matemáticas en el contexto de la Cromodinámica Cuántica, podrían haber pasado desapercibidas hasta ahora. Sin embargo, al movernos a energías más altas, podríamos empezar a detectar señales de su existencia.

Un resultado que descarta más de 150 modelos

En enero de 2026 analizamos datos del experimento de ATLAS para poner límites a modelos de nueva física en los que se introducen partículas que interaccionan a través de la fuerza fuerte. Comparando las medidas realizadas en ATLAS de cantidades que dependen directamente de la constante de acoplo fuerte con las predicciones teóricas de 400 extensiones del Modelo Estándar, conseguimos excluir más de 150 modelos teóricos.

Para llegar a este resultado no realizamos apenas suposiciones específicas sobre los modelos, más allá de la masa de la nueva partícula y una cantidad relacionada con la transformación de la partícula en teoría de grupos. Entre otros modelos, en el estudio se descarta la existencia de un cuarto quark con masa inferior a 1700 GeV (unas diez veces mayor que la masa del quark más pesado conocido, el quark top).

Acotando el terreno de nueva física

Por el momento no sabemos qué forma tiene la nueva física. Pero este tipo de estudios nos permite acotar el terreno, porque nos indica qué condiciones no pueden cumplirse en cualquier modelo que se proponga como “el definitivo”.

Entretanto, la ciencia sigue avanzando, los experimentos continúan mejorando y, poco a poco, se estrecha el abanico de teorías posibles, acercándonos a una comprensión más completa de nuestro universo.

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Javier Llorente Merino recibe fondos de la Comunidad Autónoma de Madrid

Eva Sánchez Berenguer recibe fondos de la Comunidad Autónoma de Madrid

ref. Una investigación española estrecha el cerco a la nueva física: 150 modelos descartados – https://theconversation.com/una-investigacion-espanola-estrecha-el-cerco-a-la-nueva-fisica-150-modelos-descartados-277417

Más allá de las rampas: las 5 claves que convierten una vivienda en inclusiva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Ángeles Quesada Cubo, Investigadora predoctoral FPU, Universidad Pablo de Olavide

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Cuando pensamos en viviendas accesibles para personas con discapacidad, solemos imaginar rampas, ascensores o baños adaptados. Pero la accesibilidad física es solo una parte de la cuestión. Las personas con discapacidad intelectual necesitan viviendas con otro tipo de apoyos que contribuyan a su bienestar, su autonomía y su participación en la comunidad.

Históricamente, la respuesta habitacional para estas personas ha sido la vida en instituciones, en centros de grandes dimensiones, con atención especializada y, en la mayoría de los casos, orientados en modelos de atención médica. El último cuarto del siglo XX el principio de normalización inicia un proceso de desistitucionalización que, con suerte, por la falta de recursos, programas y servicios de apoyo adecuados, ha quedado en que las personas con discapacidad vivan con sus familias.

Hoy se reconoce con más claridad el derecho de las personas con discapacidad a vivir de forma independiente. Es más, la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), en su artículo 19, reconoce el derecho a elegir dónde vivir y con quién hacerlo. También defiende la participación plena en la vida de la comunidad.

Gracias a este marco, muchos países han impulsado políticas y proyectos para transicionar los espacios convivenciales desde las residencias tradicionales hacia modelos de apoyo personalizados y comunitarios. Pero vivir en la comunidad no garantiza por sí solo una vida mejor. Las investigaciones muestran que el tipo de vivienda, el barrio, las relaciones sociales o los apoyos disponibles influyen en el bienestar y la salud.

En un estudio reciente publicado en Journal of Applied Research in Intellectual Disabilities analizamos qué características del lugar donde viven influyen en la vida de las personas con discapacidad intelectual.

Para ello realizamos una revisión de estudios científicos. En total analizamos 73 estudios de distintos países publicados entre 1994 y 2024. El objetivo era claro: reunir y organizar lo que ya sabemos gracias a los estudios previos.

Los resultados muestran que para que una vivienda sea inclusiva hace falta mucho más que hacerla accesible.

A partir de estos estudios, y siguiendo este modelo, se describen y explican cinco aspectos de la vivienda y su entorno que influyen en la calidad de vida, siendo todos importantes y complementarios.

  1. El entorno físico. Incluye el diseño de la vivienda y sus características, tanto dentro como fuera del hogar. Pero no se trata solo de accesibilidad. También ayuda que sean viviendas pequeñas y con ambiente hogareño, que combinen espacios privados con zonas comunes y la cercanía a servicios básicos (salud, alimentación, ocio…), transporte público y actividades comunitarias. Estos elementos, unidos a tecnologías fáciles de usar que faciliten la autonomía, pueden marcar la diferencia.

  2. El entorno social. Las relaciones sociales dentro y fuera del hogar son fundamentales. La convivencia con otras personas, las amistades o el contacto con el vecindario ayudan a sentirse parte del barrio y de la comunidad. Los estudios muestran que estos vínculos reducen el aislamiento y la soledad y mejoran el bienestar emocional.

  3. El entorno natural. El contacto con la naturaleza también importa. Aunque suele recibir poca atención, cada vez más estudios destacan su importancia. La luz natural, los espacios verdes o los animales tienen efectos positivos en la salud mental y el bienestar.

  4. El entorno de apoyos. Los apoyos profesionales y familiares son otro elemento clave. Aquí influyen distintos factores. Por ejemplo, la formación del personal, equipos estables o los apoyos adaptados según las necesidades de cada persona. Sin estos apoyos, incluso una vivienda bien diseñada puede no funcionar como se espera.

  5. El entorno simbólico. La vivienda no es solo un espacio físico. También tiene un significado personal. Poder decorar la casa, tomar decisiones sobre la vida diaria o elegir cómo organizar el hogar es muy importante. Todo esto influye en la identidad, la autoestima y el sentido de pertenencia. En otras palabras, una vivienda inclusiva debe permitir que las personas sientan que ese lugar es realmente su hogar.

Un cambio de perspectiva necesario

En conjunto, esta propuesta apunta hacia una idea clara. La vivienda influye directamente en la salud física, mental y social de las personas. No es solo una cuestión de arquitectura sino de tener en cuenta muchos factores así como distintos aspectos del diseño y cuestiones sociales, organizativas y personales. Se trata de incluir en la agenda de investigación, el análisis de las características que hacen que una vivienda sea viable y amable para las personas con discapacidad intelectual.

Este conocimiento puede ayudar a orientar políticas públicas, tipos de vivienda y proyectos de diseño. La verdadera inclusión aparece cuando las viviendas permiten a las personas vivir con autonomía, participar en la comunidad y construir su propio proyecto de vida.

Y esto solo es posible si tienen la libertad de decidir dónde vivir, cómo hacerlo y con quién compartir su hogar.

The Conversation

Este trabajo forma parte del proyecto de investigación FRI-HOUSING (“Entornos inclusivos y sostenibles para personas con discapacidad intelectual. Diagnóstico y evaluación de elementos para la identificación de viviendas amigables”), (PID2022-140619OB-I00). Está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España.

ref. Más allá de las rampas: las 5 claves que convierten una vivienda en inclusiva – https://theconversation.com/mas-alla-de-las-rampas-las-5-claves-que-convierten-una-vivienda-en-inclusiva-277937

Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Suárez Álvarez, Profesora de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo

Bits And Splits/Shutterstock

Consultamos internet varias veces al día para trabajar, informarnos, hablar con amigos y entender qué pasa en el mundo. Pero ¿y si esa misma herramienta que nos conecta también alimenta nuestra preocupación por el cambio climático? ¿Puede internet mejorar nuestro bienestar y, al mismo tiempo, hacerlo más frágil?

Europa avanza hacia una transformación profunda marcada por dos grandes transiciones: la digital y la verde. La Unión Europea insiste en que ambas deben avanzar juntas para construir un futuro sostenible, competitivo y justo. Pero ¿cómo viven los ciudadanos estos cambios? ¿Hasta qué punto el uso de internet y la preocupación por el cambio climático influyen en su bienestar?

En nuestro reciente estudio hemos intentado arrojar luz sobre esta cuestión. Se basa en más de 76 000 entrevistas de la Encuesta Social Europea realizadas en 21 países. Analiza simultáneamente tres elementos que suelen estudiarse por separado: el uso de internet, la preocupación por el cambio climático y la satisfacción vital.

Los resultados revelan un panorama complejo. El uso de internet, la preocupación climática y el bienestar influyen entre sí.

Internet y cambio climático: una relación en dos direcciones

Uno de los hallazgos del estudio es que la relación entre el uso de internet y la preocupación por el cambio climático funciona en ambos sentidos.

Por un lado, las personas que usan internet cada día tienden a estar más preocupadas por el cambio climático. La exposición constante a noticias, informes y alertas ambientales parece aumentar la conciencia sobre los riesgos del calentamiento global.

A su vez, quienes ya están preocupados por el clima usan más internet. Probablemente para informarse, seguir debates y participar en iniciativas ambientales.

En conjunto, este círculo apoya la idea de que la digitalización puede ser una herramienta clave para acelerar la transición verde, aunque con efectos secundarios sobre el bienestar.

Cuando preocuparse por el clima reduce la satisfacción

El estudio también muestra que las personas más preocupadas por el cambio climático tienden a sentirse menos satisfechas con su vida. Este resultado no es sorprendente. Muchos europeos se sienten expuestos a un problema global que amenaza el bienestar presente y futuro.

Entre 2020 y 2022, los resultados muestran que un 44 % de los europeos se declaraba “muy” o “extremadamente” preocupado por el clima. En 2016 esta cifra no llegaba al 29 %.

La preocupación climática puede ser un motor positivo para la acción colectiva, pero también una fuente de ansiedad y estrés, con efectos negativos sobre el bienestar.

¿Internet aumenta nuestro bienestar o lo reduce?

El debate sobre los efectos de internet en el bienestar lleva décadas abierto. Nuestro estudio ofrece una nueva pieza del puzle: usar internet a diario se asocia, en promedio, con una mayor satisfacción vital en Europa.

Este resultado contrasta con estudios previos en China, lo que sugiere que el impacto del mundo digital depende de factores culturales, sociales y de infraestructura.

Pero la relación no es tan simple. Por un lado, internet mejora el bienestar al facilitar la conexión social, el acceso a servicios, la información y la participación. Por otro, aumenta la preocupación climática, que a su vez reduce la satisfacción vital.

De este modo, el efecto total de la vida digital sobre el bienestar es una combinación de fuerzas en direcciones opuestas.

El puzle completo: tres piezas que no se pueden separar

La mayor contribución del estudio es mostrar que internet, la preocupación por el clima y el bienestar no pueden entenderse por separado. Si solo observamos el impacto directo del uso de internet en la satisfacción vital podríamos llegar a conclusiones engañosas. Una parte de ese impacto pasa por las percepciones ambientales y por cómo éstas influyen en nuestro bienestar emocional.

Esto ayuda a explicar por qué estudios anteriores ofrecen resultados contradictorios. El efecto real de internet depende de sus consecuencias en distintos ámbitos de nuestra vida.

Implicaciones para la política pública europea

Por todo ello, la doble transición digital y verde no debe centrarse solo en infraestructuras o tecnología, sino en cómo las personas viven y sienten esos cambios.

Algunas recomendaciones que podemos hacer son:

  1. Fomentar la alfabetización digital y ambiental. Un uso más crítico y responsable de internet puede mejorar tanto la comprensión del cambio climático como el bienestar.

  2. Promover comportamientos digitales sostenibles. Internet es clave en la sensibilización ambiental, pero también consume mucha energía y recursos. Formar a la ciudadanía en comportamientos digitales verdes será cada vez más importante.

  3. Acompañar las políticas climáticas con apoyo social. La ecoansiedad es real y creciente. Las políticas públicas deben reconocer esta dimensión para que la preocupación climática no erosione el bienestar.

  4. Reducir desigualdades digitales. La brecha en el acceso y en las habilidades digitales influye en la conciencia climática y el bienestar.

De esta forma podremos potenciar las facetas de internet que mejoran nuestra vida, mientras se minimizan los aspectos que nos vuelven infelices.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático – https://theconversation.com/internet-mejora-nuestro-bienestar-pero-a-la-vez-aumenta-la-preocupacion-por-el-cambio-climatico-280215

Salirse de la norma para ejercer un liderazgo diferente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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Cuando solicité plaza para mi programa de doctorado, hace ya más de treinta años, pedí a un colega muy respetado que me escribiera una carta de recomendación. Esto fue lo que escribió: «Estoy seguro de que Santiago encajará en su programa; no será un outlier». La intención, supongo, era tranquilizar al comité de admisiones asegurando que me adaptaría, seguiría el mismo patrón y asumiría sin problemas la cultura del programa. Pero, incluso entonces, esa carta me dejó pensativo. ¿Mi principal mérito era no ser un outlier? ¿No es acaso el propósito de los estudios avanzados aportar algo distinto, cuestionar los marcos aceptados, explorar lo inexplorado?

En estadística, un outlier (un valor atípico) es un dato que se aleja de la media. Los analistas suelen mirarlos con recelo, a veces como errores que conviene corregir. Pero un outlier también puede ser una señal de que el modelo está incompleto, de que algo importante ocurre fuera del patrón que creemos conocer. En la vida, como en los datos, lo que queda fuera de la curva es, a menudo, lo que cambia el juego.

Organismos cambiantes y dinámicos

El problema empieza cuando asumimos que el pensamiento estadístico, tan potente en ciertos contextos, se puede aplicar de forma universal. Ahí caemos en lo que yo llamo metodolatría: la adoración del método por el método mismo, la creencia de que la mera presencia de métricas hace más sólido un juicio o más verdadera una idea.

En las ciencias naturales, los modelos estadísticos suelen funcionar bien porque los sistemas que describen están regidos por leyes estables. Pero en las ciencias sociales la cosa es distinta. Las organizaciones humanas son organismos cambiantes, dinámicos, adaptativos e impredecibles, moldeados por valores, cultura, relaciones y poder. Las cifras pueden capturar parte de esa realidad, pero siempre se les escapará su esencia. Y cuando se abusa de ellas, se corre el riesgo de caer en la trampa de la profecía autocumplida, que no solo describe la realidad sino que la moldea, reforzando a veces los mismos patrones que se cuestionan.

A veces, las teorías empresariales confunden patrones con principios. Un análisis de regresión puede mostrar que ciertos rasgos de liderazgo se asocian a un mejor rendimiento en un conjunto de datos, pero, en otro contexto, esos mismos rasgos pueden ser irrelevantes o incluso contraproducentes.

Los sistemas humanos son reflexivos: cuando les aplicamos un modelo, las personas se adaptan, el sistema cambia y las predicciones de la teoría se alteran. Es decir, las organizaciones aprenden y eso es precisamente lo que las hace tan difíciles de modelizar y tan peligrosas de sobremedir.

‘Outliers’ en educación y emprendimiento

Algo similar ocurre en la educación. Los datos pueden ser útiles: podemos seguir la evolución del alumnado, detectar desigualdades sistémicas y evaluar el impacto de distintas intervenciones. Pero educar no es simplemente acumular conocimientos medibles; también se trata de desbloquear el potencial único de cada individuo, y eso no se consigue solo con exámenes estandarizados y normas estadísticas.

Es cierto que los algoritmos pueden analizar grandes bases de datos y señalar resultados probables, pero la trayectoria real de un estudiante depende de cualidades como la curiosidad, la resiliencia o la imaginación, que ningún modelo de regresión puede predecir. La paradoja es que cuanto más nos centramos en desarrollar el potencial singular de cada persona, menos útiles resultan las medias. La buena educación debe tratar a cada estudiante como un outlier.




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Los emprendedores son outliers por naturaleza. No triunfan adaptándose a la media, sino abrazando lo que les hace diferentes, a su capacidad de ver oportunidades que otros no ven, de actuar cuando otros dudan.

Sus grandes aciertos a menudo provienen de ignorar las “mejores prácticas” justo en el momento preciso. Esa misma mentalidad es la que la educación debería fomentar en todos los campos, no solo entre quienes planean crear empresas. Para lograrlo hacen falta sistemas de evaluación diversos, capaces de reconocer distintos tipos de inteligencia, creatividad y capacidad de resolver problemas. Medir a todo el mundo con la misma vara puede ser eficiente, pero es una mala forma de identificar a los líderes y creadores del futuro.

La metodolatría tiene el encanto seductor de la claridad. Si los números son ordenados, la realidad es caótica. Es tentador creer que lo que podemos medir es lo único que importa, o que la media es el objetivo. Pero el potencial humano no es una curva de campana sino un paisaje cambiante, lleno de cumbres, valles y caminos imprevistos. En la gestión y en la educación, los verdaderos avances ocurren en los márgenes, en lugares que los modelos no habían previsto.




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‘Outliers’ literarios

La literatura está llena de recordatorios de que los outliers pueden cambiar el curso de la historia, o al menos la forma de entenderla. Atticus Finch, en “Matar a un ruiseñor”, destaca por su valor moral, enfrentándose con dignidad y firmeza a los prejuicios raciales de su tiempo.

Elizabeth Bennet, en “Orgullo y prejuicio”, se niega a someterse a las expectativas que se le imponen, exigiendo amor y respeto como base para el matrimonio. Ambos son outliers no porque busquen la diferencia por sí misma, sino porque viven fieles a una verdad más profunda, incluso cuando choca con las normas de su entorno.




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Confianza, imaginación y valor para el cambio

Si queremos más figuras así –en los negocios, en la educación, en la sociedad– debemos aprender a ver a los outliers no como anomalías que corregir, sino como señales que amplificar. Esto implica, sobre todo para los educadores, cuestionar nuestro apego a la medición, resistir el impulso de reducir todo esfuerzo humano a métricas y recordar que las cualidades más importantes de las personas son, a menudo, las más difíciles de cuantificar.




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Los datos pueden ayudar a tomar decisiones, pero no conllevan el impulso a la acción. Los modelos pueden sugerir resultados probables, pero no crean la confianza, el valor o la imaginación necesarios para cambiarlos. En última instancia, liderar –ya sea una empresa, un aula o una comunidad– no consiste en producir el perfil estadístico perfecto, sino en crear las condiciones para que el potencial humano, en todas sus formas imprevisibles, pueda prosperar.

El futuro no lo escribirán quienes encajan en el patrón, sino quienes saben cuándo romperlo. Y cuanto antes dejemos de adorar el método y empecemos a cultivar al outlier, mejor preparados estaremos para lo que venga.


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Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Salirse de la norma para ejercer un liderazgo diferente – https://theconversation.com/salirse-de-la-norma-para-ejercer-un-liderazgo-diferente-271358