Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora especialista en estudios culturales franceses y análisis del discurso, Universidad de Valladolid

Si alguien me hubiera dicho que recomendaría una película de Santiago Segura en mis asignaturas sobre análisis del discurso probablemente no me lo habría creído. Pero aquí estamos.
En clase estudiamos las estructuras discursivas de los políticos y, para examinar el discurso populista actual de forma rigurosa, recurrimos a las teorías del politólogo Pascal Perrineau, y los lingüistas Patrick Charaudeau y Teun A. Van Dijk.
He pedido a mis estudiantes que vean la película Torrente, presidente porque ilustra todo lo que explican estos expertos. El personaje de José Luis Torrente no es solo un tipo reprobable y cutre, sino también el ejemplo de cómo se construye un discurso populista. Al desglosar estos conceptos, se desvelarán por tanto momentos esenciales de la película (espóilers).
1. Populismo reaccionario
Torrente y el partido político NOX al que se adhiere encarnarían el populismo reaccionario explicado por Perrineau. Con ello se refiere a aquel que pretende expresar las preocupaciones de lo que se denomina “mayoría silenciosa”, que dice hablar en nombre de la gente común olvidada por los políticos tradicionales, aunque ello implique vehicular sentimientos de xenofobia, racismo y exclusión.
Con su discurso, Torrente anima a mirar a un pasado construido ideológicamente donde las fronteras son claras y la cultura, homogénea.
2. Líder carismático
Según Charaudeau, el líder populista se presenta como un representante del pueblo fuera de lo común, energético y carismático, con una imagen de salvador, mesías o héroe que resolverá todo.
Dos miembros del partido ficticio NOX descubren a Torrente mientras habla en un bar y les fascina su autenticidad, su aparente credibilidad y cómo capta la atención, a pesar de ser, según el propio Santiago Segura, “un compendio de todo lo reprobable, lo más ruin y miserable de nuestra sociedad”.
3. Lenguaje simple y vulgar
El discurso populista es emocional, sencillo, con frases cortas, directas y repetitivas. Simula cercanía y rompe las formas para sorprender y así captar la atención. Por eso se usan también palabras groseras e insultos.
Torrente habla igual en el bar que en un mitin: con tono maleducado, directo, zafio y simple. Utiliza hipérboles y metáforas vulgares y escatológicas. Dice que España es un “váter atascado” y usa expresiones como “la política es la polla”, sin contar con que, una vez que ya es presidente, invita al espectador a hacerse “unas pajillas” con él.
4. Situación de crisis exagerada
Charaudeau y Perrineau explican que el discurso populista se refleja o se construye en una situación de crisis (social, económica, política, etc.) de la que se nutre y que, por ello, se exagera. Se alimentan con arengas la incertidumbre, el miedo o la ira.

Sony Pictures
En este caso, Torrente piensa que España se encuentra al borde del colapso, por eso se autoproclama salvador. Ante esta situación crítica, pretende recuperar la grandeza del país y se compara con Donald Trump y su Make America Great Again (“Hagamos América grande otra vez”), un personaje que incluso le apoya apareciendo en uno de sus mítines.
5. Origen del mal y de la crisis
Se presentan culpables directos como enemigos que hay que vencer y se simplifican problemas complejos.
Para NOX, la crisis viene del presidente del Gobierno, Pedro Vilches, interpretado por el cantante Bertín Osborne. Para Torrente, en cambio, su chivo expiatorio es sobre todo la inmigración. Así, no hace diferenciaciones en el tema ni cuando se trata del personaje al que interpreta Omar Montes, El Moha, un hombre magrebí que tiene un establecimiento de venta de kebabs. Aunque incluso protege a Torrente en su casa cuando le están persiguiendo y muere por ello, los insultos de “moro de mierda” o “putos moros” no cesan.
6. Glorificación nacional
Consiste en la exaltación y representación positiva del propio país, sus principios, historia y tradiciones.
Torrente encarna un patriotismo nostálgico. Idealiza y ensalza una España autoritaria y uniforme. Su identidad nacional se ancla en la tauromaquia, el fútbol, la reina Isabel la Católica y la figura del cantante El Fary, que rechaza al “hombre blandengue” y defiende roles de género convencionales. Torrente sentencia: “¡El pueblo español quiere como representante a un hombre!”.
7. Polarización
Según Van Dijk, se crean dos grupos en un eje “nosotros” contra “ellos”, enfrentados y enemigos.
Aunque se parodia todo el espectro político, el conflicto central de la película enfrenta a NOX y al PSAE. Ambos partidos se presentan como adversarios acérrimos que se deslegitiman mutuamente, compartiendo una profunda ambición personal y falta de valores. Esta división se extiende al plano social, en el que Torrente defiende a la población española contra la inmigrante, especialmente la magrebí.
8. Sin medidas de solución concretas
El populismo plantea y exagera los problemas, pero no presenta propuestas de solución, o lo hace de forma muy general.

Sony Pictures
Torrente quiere ser el libertador del pueblo sin precisar cómo. Le asegura al taxista que se interesará por los asuntos de su sector cuando llegue al poder, sólo para que no le cobre la carrera. Les dice a unos albañiles que se ocupará de sus problemas si llega ser presidente, para poder llevarse unos restos de la obra.
No dice –ni sabe– qué hará para conseguirlo, pero promete que les salvará. La única medida que anuncia, en un mitin, es que eliminará todos los impuestos. Lo proclama sin calcular realmente la repercusión que ello pueda tener para recibir así el aplauso fácil del público.
9. Élites amenazantes y poderes fácticos
La idea de que existe una mano negra que maneja los hilos de la democracia y las teorías de la conspiración sobre grupos secretos que dominan el mundo son recurrentes en el discurso populista.
Aparecen al final de la película, cuando Torrente es secuestrado y descubre que su raptor es un personaje todopoderoso y sofisticado: el Chef, interpretado por Kevin Spacey. Es el que maneja el mundo y decide quién gobierna, y le lanza un ultimátum al protagonista: si no es presidente bajo sus órdenes, será asesinado inmediatamente.
En Torrente, presidente, la ficción muestra cómo un personaje marginal se convierte en líder mediante un discurso populista. Además de entretener, la película sirve de herramienta pedagógica para entender cómo operan estos discursos en la realidad.
¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.
![]()
Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Por qué he recomendado a mis estudiantes que vean ‘Torrente, presidente’ – https://theconversation.com/por-que-he-recomendado-a-mis-estudiantes-que-vean-torrente-presidente-280772
