‘Los intocables de los Pirineos’, ‘la raza maldita’… ¿Quiénes eran realmente los agotes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Duteil, Doctorante en histoire, Aix-Marseille Université (AMU)

Artículo de prensa que pretende presentar a los “últimos _cagots_” (así se llamaba a los agotes en Francia) de los Pirineos. Points de vue, 1962, Fourni par l’auteur

En la década de 1960, en la localidad francesa de Luz (departamento de Altos Pirineos), se invitaba a los turistas que visitaban los Pirineos a conocer a la última familia de “agotes” (cagots en francés) de la región. A estos hombres y mujeres de baja estatura se les presentaba como los últimos descendientes de una “raza maldita”, discriminados desde hacía más de mil años en la zona.

En los folletos turísticos de la región aún hoy se hace mención a los agotes, a quienes se presenta a veces como “los intocables de los Pirineos”, como “descendientes de los visigodos” o incluso como “individuos pequeños y deformes con el lóbulo de la oreja pegado”. Pero ¿quiénes eran realmente estos hombres y mujeres discriminados? Intentemos aclararlo considerando las fantasías, las fuentes históricas disponibles y las incógnitas que aún persisten.

Postal que muestra las 'manos de los agotes'
Postal que muestra las ‘manos de los agotes’.
Henri-Marcel Fay, CC BY

En los Pirineos franceses y españoles, las personas llamadas agotes, cagots, capots o incluso gahets están envueltas en un velo de misterio. Su identidad, su origen y su destino han dado mucho que hablar durante cinco siglos, tanto en la literatura científica como en el discurso popular. En cualquier caso, se trata de una población discriminada entre el siglo XIV y principios del XIX, aunque las lógicas de exclusión han evolucionado con el paso de los tiempos.

Entre los elementos distintivos más frecuentes, se observa que los agotes están obligados a casarse entre ellos, que tienen un lugar aparte en el cementerio, que no pueden participar en las asambleas del pueblo y que deben permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios religiosos. Pero ¿qué más se puede saber sobre este grupo, y a quién se puede llamar realmente “agote”?

Mitos y fantasías

Ya en el siglo XVI, diversos autores se preguntaban por el origen de los agotes, con el fin de explicar su exclusión. Se les consideraba entonces descendientes de leprosos, visigodos, cátaros o sarracenos, sin que se pudiera llegar a una conclusión definitiva.

En el siglo XIX, científicos y folcloristas de todo tipo siguieron interesándose por ellos, justo en el momento en que la clasificación de las razas imperaba en los escritos científicos de la época. Se multiplicaron entonces aún más las ideas preconcebidas en torno a los agotes, considerados como una “raza maldita” que constituiría un grupo étnico particular. Los cagots también se asocian erróneamente con los “cretinos de los Alpes” y los “enfermos de bocio”, afección que provoca una deformación del cuello.

Cabe recordar que, en aquella época, los Pirineos se convirtieron en un importante destino de turismo termal: la existencia de los agotes permitió entonces crear una cultura folclórica local y hacer que la región resultara atractiva. Prueba de ello es la difusión de postales que supuestamente mostraban casas de agotes, o a los propios agotes. Viajeros franceses e ingleses intentaban encontrarlos durante sus paseos, sin conocer bien los criterios para identificarlos.

Las postales que representan los barrios, puentes y manantiales de los agotes se difundían en el siglo XIX. Aquí, dos mujeres posan junto a una casa pirenaica en el 'barrio de los agotes' de Saint-Savin
Las postales que representan ‘los barrios, los puentes y las fuentes de los agotes’ se difundieron en el siglo XIX. Aquí, dos mujeres se encuentran junto a una casa pirenaica en el ‘barrio de los agotes’ de Saint-Savin (departamento francés de Altos Pirineos).
Daniel Trallero, Fourni par l’auteur

Todas las personas miserables, pobres o cojas que residían en las montañas se convertían entonces en potenciales agotes. Sin embargo, en aquella época, la discriminación había desaparecido casi por todas partes, y los agotes se mezclaban con el resto de la población. Solo quedaban los topónimos para perpetuar su recuerdo: los visitantes del siglo XIX encontraban así una “fuente de los agotes”, un “puente de los agotes”…

Pero cuando se examinan más de cerca las fuentes escritas de los siglos de discriminación (siglos XV-XIX), se constata que los agotes nunca tuvieron ninguna particularidad física. Los archivos judiciales, notariales, municipales y provinciales abundan en este sentido: estas personas gozaban de buena salud, vivían como los demás, tenían la misma lengua, los mismos nombres, la misma religión y, en ocasiones, eran incluso ricos.

Sentencia del Parlamento de Toulouse de 1627, que declara que los cagots están ‘exentos de toda clase de lepra, sarna y otras enfermedades contagiosas similares y, al hacerlo, no se pretende impedir que puedan relacionarse, frecuentar y conversar con todo tipo de personas y en todos los lugares’.
Archivos Departamentales de Haute-Garonne (1B477), Fourni par l’auteur

Una exclusión ante todo social

La exclusión de los agotes tiene, por tanto, una explicación más bien social y política. Dado que la marginación de los leprosos era habitual en la Edad Media, este es un primer elemento que podría explicar el alejamiento de esta población, considerada descendiente de leprosos, impura y mancillada “desde el interior”.

Pero una hipótesis más reciente en la historiografía postula que los agotes llegaron por primera vez a las aldeas en la Edad Media, instalados por los señores en sus propias tierras, y posteriormente fueron marginados por las poblaciones campesinas locales que reivindicaban su autonomía respecto a esas tierras sometidas a un señor.

Así, el insulto en francés cagotdel latín vulgar cacare, relativo a los excrementos y a la suciedad– pudo permitir, en un pueblo, establecer jerarquías dentro del vecindario entre individuos establecidos y marginales. Por lo tanto, es necesario estudiar este fenómeno saliendo del marco racial heredado del siglo XIX para observar las lógicas de exclusión social que se ejercen en un lugar determinado. Los distintos trabajos dedicados a los agotes se han centrado durante mucho tiempo en su supuesta distinción física, en detrimento de un análisis de las relaciones de poder y las dominaciones que se ejercen a través de esta categoría.

La pila de agua bendita de los agotes de Saint-Savin
La ‘pila de agua bendita de los agotes’ de Saint-Savin.
Archivos departamentales de los Altos Pirineos, 5 Fi 396/24, CC BY

Sin embargo, los agotes no estaban sujetos a las mismas prohibiciones ni provocaban el mismo revuelo en todos los pueblos. En muchas parroquias donde existían agotes no hay ningún rastro arqueológico de segregación en las sepulturas, y el término desaparece rápidamente sin que haya indicios de un conflicto importante.

En Biarritz (departamento de Pirineos Atlánticos), por el contrario, los habitantes se dedicaron a desenterrar sus cuerpos, se produjeron actos de violencia y el conflicto con los agotes fue objeto de múltiples juicios que llegaron hasta el rey. Esa población se encontraba entonces en declive económico, y las familias denominadas “agotes” acumulaban tierras y adquirían casas. Por otra parte, poco después empezó a circular un refrán popular: “Si le debes a un agote, págale enseguida”. El hecho de relegar a estas personas a un estatus inferior y mancillado permitía marginar a quienes se enriquecían.

La denominación de agote o cagot oculta, por tanto, cuestiones materiales, económicas y comunitarias propias de cada localidad. De forma similar, trabajos recientes han puesto de manifiesto la diversidad de personas incluidas bajo el término “cátaros”, una categoría peyorativa que no remite, como se pensaba, a un movimiento unificado y organizado, sino que abarcaría un abanico de personas muy diferentes, cuya estigmatización se basaría también en fundamentos económicos y sociales.

Postal que representa una procesión de agotes, los 'parias de los Pirineos'
Postal que representa una procesión de agotes, los ‘parias de los Pirineos’.
Archivos departamentales de los Altos Pirineos, 48 Fi 53/18., CC BY

Ser o dejar de ser un agote

Sin embargo, ¿se puede saber quién es agote?

Si bien las instituciones a partir del Renacimiento hablan de “cagots” en los textos, solo mencionan las prohibiciones que les afectan. Según las normas del siglo XVII en la región francesa de Bearne, se prohibía a los agotes mezclarse con otras personas, portar armas o vender alimentos en los mercados.

Pero el término “cagots” fue posteriormente prohibido por el poder real en 1683, ya que se consideraba discriminatorio y difamatorio, “sin que se pueda saber con precisión el motivo de esta distinción”, según las palabras del intendente de Bearne de la época. La palabra pasó a estar castigada por la ley, y los registros de bautismo y los contratos de venta hicieron desaparecer la denominación de sus columnas. Cabe imaginar que los hijos de quienes eran llamados “cagots” en los siglos XV y XVI siguieran siéndolo, pero no siempre hay pruebas de que la discriminación continuara para ellos. Para encontrar rastros de los agotes en los siglos XVII y XVIII, hay que recurrir a las fuentes judiciales: es en los juicios y los momentos conflictivos donde se comprende que siguen existiendo.

Archivo notarial que menciona el juicio iniciado por un grupo de personas de Saint-Jean-Pied-de-Port (hoy en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos) en 1701: se sabe que fueron tratados de agotes, se les impidió participar en el oficio divino y ‘fueron agarrados por el pelo y tratados a patadas y puñetazos y con otros insultos ’.
Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos, 3E8329, Fourni par l’auteur

Durante estos conflictos, se observa que la discriminación hacia esas personas se prolongó hasta el siglo XIX. En definitiva, es agote quien es designado como tal, quien es considerado impuro por sus pares y quien sufre marginaciones cotidianas.
Las personas no son llamadas así por sí mismas, ni en todas partes; no son reconocibles por un rostro, un apellido genérico o una lengua. Aquellos señalados como agotes en los juicios tienen nombres vascos y gascones comunes en la región: Oyhamboure en el País Vasco francés, Sanchotena en España, Nogué en el Bearne…

Por lo tanto, son conocidos localmente, en el seno mismo de los pueblos, gracias a fenómenos de interconocimiento y reputación: se les identifica por un nombre de casa o por el lugar donde viven. El historiador, por su parte, puede localizarlos a través de las violencias que sufren: son agotes aquellos que siempre se ven obligados a casarse entre ellos, a tener un lugar aparte en el cementerio, a ser excluidos de los cargos de alcalde, a permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios.

El término “agote” siempre se les atribuye desde fuera y, por otra parte, nunca es reivindicado por ellos mismos. Cuando acuden a los tribunales, entre los siglos XVII y XIX, es para castigar a quienes los han llamado así, obtener una indemnización y hacer desaparecer esta denominación, lo cual será un éxito.

En resumen, el término es, en la época moderna, un receptáculo para excluir a una parte de la población y un insulto que permite reintroducir la diferencia cuando esta desaparece.

The Conversation

Emma Duteil es historiadora, doctoranda becaria en la Universidad de Aix-Marsella y en la Casa de Velázquez (Madrid), y miembro del laboratorio TELEMME (UMR 7303 AMU-CNRS).

ref. ‘Los intocables de los Pirineos’, ‘la raza maldita’… ¿Quiénes eran realmente los agotes? – https://theconversation.com/los-intocables-de-los-pirineos-la-raza-maldita-quienes-eran-realmente-los-agotes-280672