Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Suárez Álvarez, Profesora de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo

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Consultamos internet varias veces al día para trabajar, informarnos, hablar con amigos y entender qué pasa en el mundo. Pero ¿y si esa misma herramienta que nos conecta también alimenta nuestra preocupación por el cambio climático? ¿Puede internet mejorar nuestro bienestar y, al mismo tiempo, hacerlo más frágil?

Europa avanza hacia una transformación profunda marcada por dos grandes transiciones: la digital y la verde. La Unión Europea insiste en que ambas deben avanzar juntas para construir un futuro sostenible, competitivo y justo. Pero ¿cómo viven los ciudadanos estos cambios? ¿Hasta qué punto el uso de internet y la preocupación por el cambio climático influyen en su bienestar?

En nuestro reciente estudio hemos intentado arrojar luz sobre esta cuestión. Se basa en más de 76 000 entrevistas de la Encuesta Social Europea realizadas en 21 países. Analiza simultáneamente tres elementos que suelen estudiarse por separado: el uso de internet, la preocupación por el cambio climático y la satisfacción vital.

Los resultados revelan un panorama complejo. El uso de internet, la preocupación climática y el bienestar influyen entre sí.

Internet y cambio climático: una relación en dos direcciones

Uno de los hallazgos del estudio es que la relación entre el uso de internet y la preocupación por el cambio climático funciona en ambos sentidos.

Por un lado, las personas que usan internet cada día tienden a estar más preocupadas por el cambio climático. La exposición constante a noticias, informes y alertas ambientales parece aumentar la conciencia sobre los riesgos del calentamiento global.

A su vez, quienes ya están preocupados por el clima usan más internet. Probablemente para informarse, seguir debates y participar en iniciativas ambientales.

En conjunto, este círculo apoya la idea de que la digitalización puede ser una herramienta clave para acelerar la transición verde, aunque con efectos secundarios sobre el bienestar.

Cuando preocuparse por el clima reduce la satisfacción

El estudio también muestra que las personas más preocupadas por el cambio climático tienden a sentirse menos satisfechas con su vida. Este resultado no es sorprendente. Muchos europeos se sienten expuestos a un problema global que amenaza el bienestar presente y futuro.

Entre 2020 y 2022, los resultados muestran que un 44 % de los europeos se declaraba “muy” o “extremadamente” preocupado por el clima. En 2016 esta cifra no llegaba al 29 %.

La preocupación climática puede ser un motor positivo para la acción colectiva, pero también una fuente de ansiedad y estrés, con efectos negativos sobre el bienestar.

¿Internet aumenta nuestro bienestar o lo reduce?

El debate sobre los efectos de internet en el bienestar lleva décadas abierto. Nuestro estudio ofrece una nueva pieza del puzle: usar internet a diario se asocia, en promedio, con una mayor satisfacción vital en Europa.

Este resultado contrasta con estudios previos en China, lo que sugiere que el impacto del mundo digital depende de factores culturales, sociales y de infraestructura.

Pero la relación no es tan simple. Por un lado, internet mejora el bienestar al facilitar la conexión social, el acceso a servicios, la información y la participación. Por otro, aumenta la preocupación climática, que a su vez reduce la satisfacción vital.

De este modo, el efecto total de la vida digital sobre el bienestar es una combinación de fuerzas en direcciones opuestas.

El puzle completo: tres piezas que no se pueden separar

La mayor contribución del estudio es mostrar que internet, la preocupación por el clima y el bienestar no pueden entenderse por separado. Si solo observamos el impacto directo del uso de internet en la satisfacción vital podríamos llegar a conclusiones engañosas. Una parte de ese impacto pasa por las percepciones ambientales y por cómo éstas influyen en nuestro bienestar emocional.

Esto ayuda a explicar por qué estudios anteriores ofrecen resultados contradictorios. El efecto real de internet depende de sus consecuencias en distintos ámbitos de nuestra vida.

Implicaciones para la política pública europea

Por todo ello, la doble transición digital y verde no debe centrarse solo en infraestructuras o tecnología, sino en cómo las personas viven y sienten esos cambios.

Algunas recomendaciones que podemos hacer son:

  1. Fomentar la alfabetización digital y ambiental. Un uso más crítico y responsable de internet puede mejorar tanto la comprensión del cambio climático como el bienestar.

  2. Promover comportamientos digitales sostenibles. Internet es clave en la sensibilización ambiental, pero también consume mucha energía y recursos. Formar a la ciudadanía en comportamientos digitales verdes será cada vez más importante.

  3. Acompañar las políticas climáticas con apoyo social. La ecoansiedad es real y creciente. Las políticas públicas deben reconocer esta dimensión para que la preocupación climática no erosione el bienestar.

  4. Reducir desigualdades digitales. La brecha en el acceso y en las habilidades digitales influye en la conciencia climática y el bienestar.

De esta forma podremos potenciar las facetas de internet que mejoran nuestra vida, mientras se minimizan los aspectos que nos vuelven infelices.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Internet mejora nuestro bienestar, pero a la vez aumenta la preocupación por el cambio climático – https://theconversation.com/internet-mejora-nuestro-bienestar-pero-a-la-vez-aumenta-la-preocupacion-por-el-cambio-climatico-280215