‘Niu Lai’, la animación casera que triunfa en China por lo ‘mal’ hecha que está

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Espinosa-Campos, Investigadora predoctoral FPU, Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura, área de chino, Universidad de Granada

Fotograma de _Niu Lai_. Dalian Jingyuan Culture Film and Television Media Co.

El 5 de agosto se estrenó en los cines de China una película de animación titulada Niu Lai. Fueron a verla 122 personas y dieciséis pidieron que les devolvieran el dinero. En sus nueve primeros días recaudó 7 169 yuanes, unos 940 euros, la peor cifra del año para una animación en las salas chinas.

Sin embargo, a mediados de septiembre había superado los 63 millones de yuanes (unos 8,2 millones de euros) y los 2,2 millones de espectadores. Los cines han prolongado la exhibición hasta el 4 de octubre y el director ya ha anunciado una segunda parte para 2027. Lo llamativo no es el giro, sino su causa: no es que el público fuera a pesar de las (malas) críticas, es que fue por ellas.

Cinco años y dos personas

Niu Lai dura 86 minutos y cuenta, en forma de fábula, cómo un ternero recién nacido aprende a ponerse en pie y descubre la dureza de la vida adulta. Pese al protagonista, no se trata de una película infantil, ya que su estilo y su ritmo pueden resultar confusos y aburridos para niños.

La hicieron dos personas desde su casa. Xin Yumeng, de 32 años, dirigió, produjo, modeló a ordenador personajes y escenarios, y puso buena parte de las voces. Su madre, Sun Lifang, de 60, escribió el guion, dobló personajes y compuso y cantó la canción final. Ninguno había estudiado cine. Él se graduó en paisajismo y tenía una empresa de reformas que en 2021 convirtió en productora.

En una entrevista posterior al estreno, el director contaba que compró los ordenadores que utilizó de segunda mano y que estuvo a punto de abandonar varias veces. Al final, ambos tardaron cinco años en terminarla. Insiste en que no usó inteligencia artificial y que animó la película fotograma a fotograma, algo que conviene repetir porque varios medios internacionales han publicado lo contrario. En chino hay una palabra para eso: shoucuo (手搓), “frotado a mano”, lo que se hace a mano existiendo una máquina.

El dato más confuso es su coste. Circulan cifras de mil o dos mil yuanes (entre 130 y 260 euros), y en base a ellas algunos medios han proclamado que es la película más rentable de la historia. Sin embargo, esos yuanes parecen corresponder al dinero con el que se constituyó la empresa, no al gasto real. Los análisis del sector en China sitúan el presupuesto entre unos pocos miles y unos veinte mil euros, frente a los millones de una animación comercial.

El título no se puede traducir del todo al español. Niu Lai (牛来) significa “llega el buey”, por el ternero protagonista, y el director lo eligió porque 2021 era el Año del Buey y su padre había nacido bajo ese signo. Pero en el habla coloquial “buey” es además un elogio, así que el título se lee también como “llega lo bueno” –lo que aquí acaba resultando cómico sin querer–.

Además, como la bolsa al alza se llama en chino “mercado del buey”, algunos inversores han adoptado el título como amuleto.

De la burla al taquillazo

Una vez terminada la película, la distribuidora le recomendó que no la estrenara. Xin Yumeng insistió.

La película llegó a las salas sin tráiler ni presentaciones, con un solo cartel pintado en tinta a la manera tradicional china, un estilo gráfico que no se parecía en nada al que el espectador se encuentra en la pantalla.

Cartel de una película con un estilo gráfico tradicional chino.
Cartel promocional original de Niu Lai.
Dalian Jingyuan Culture Film and Television Media Co.

El 14 de agosto un usuario de redes sociales se fijó en la –irrisoria– cifra de taquilla y la convirtió en el tema del día. Empezaron a circular fragmentos del filme: figuras mal acabadas, movimientos rígidos, voces mal sincronizadas…

Y entonces pasó lo que nadie esperaba: los espectadores pidieron más sesiones y los cines las programaron. En dos días, las proyecciones diarias pasaron de 21 a 359 en todo el país, y el 16 de agosto la película recaudó 6,09 millones de yuanes en un solo día (casi 800 000 euros). Como no había carteles promocionales que colgar, muchas salas dibujaron los suyos a mano.

‘Abstracto’ no quiere decir ‘malo’

La prensa occidental lo ha resumido diciendo que los chinos llenaron los cines para ver una película mala. Contado así no se entiende, porque nadie paga una entrada por ver algo simplemente malo.

Los espectadores chinos no dijeron que fuera mala, sino que era chouxiang (抽象), “abstracta”. Aunque es un concepto filosófico, en internet el término significa otra cosa. Se puso de moda hacia 2015 en las emisiones en directo de Li Gan, un streamer que repetía “esto es muy abstracto” ante los disparates de su audiencia. Así, lo “abstracto” nació como subcultura agresiva y provocadora.

Hoy nombra una forma de reaccionar ante lo que sale mal, la de reírse en lugar de enfadarse. Y no es algo minoritario, porque en diciembre de 2024 la red social Xiaohongshu la eligió palabra del año. Llamar “abstracta” a Niu Lai no era insultarla, sino colocarla en una categoría que ya tenía su público y sus reglas propias para disfrutarla.

El otro giro final

Hay una segunda ola de aprecio con la película, poco comentada fuera de China. La canción final –“Tras la lluvia, la brisa trae fragancia”– fue escrita, compuesta e interpretada por la madre del director. Según las crónicas de las proyecciones, una vez que esta comienza las salas que han pasado ochenta minutos riéndose se quedan calladas.

Fotograma de _Niu Lai_.
Fotograma de Niu Lai.
Dalian Jingyuan Culture Film and Television Media Co.

La letra habla de un hijo que crece demasiado deprisa y esconde algo que muchos tardan en ver. Para entender la emoción hay que tener en cuenta que los nombres chinos se escriben con caracteres que son, a la vez, palabras corrientes. El nombre del director (信雨萌) está formado por los términos “confianza”, “lluvia” y “brotar”. Los dos últimos aparecen en los versos de la canción: “lluvia”, en uno; “brotar”, en otro.

La madre había escrito el nombre de su hijo dentro de la canción.

Qué revela este caso

Niu Lai no demuestra que al público chino le guste lo que está mal hecho. Demuestra que hablar de algo en las redes se ha convertido en una forma de distribuirlo, y que una película sin promoción puede aprovechar precisamente aquello que antes la habría hundido.

Esa doble vida se nota en su valoración. La nota media de la película en Douban, la principal web china de crítica, engaña. Con más de cincuenta mil votos, un 32,7 % le dio la puntuación máxima y un 32,4 % la mínima. Niu Lai no divide al público, lo parte por la mitad.

Conviene además situar el momento. Aunque se registró en 2021, se ha estrenado en 2026, cuando cualquiera genera una imagen con inteligencia artificial en unos segundos. Uno de los comentarios más repetidos entre su audiencia ha sido que es una obra que ni la inteligencia artificial sería capaz de producir. La torpeza ha dejado de leerse como incompetencia y ha pasado a leerse como prueba de esfuerzo humano. Cuando la ejecución impecable está al alcance de cualquiera, lo que escasea es la evidencia de que alguien estuvo ahí.


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The Conversation

Lucía Espinosa-Campos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Niu Lai’, la animación casera que triunfa en China por lo ‘mal’ hecha que está – https://theconversation.com/niu-lai-la-animacion-casera-que-triunfa-en-china-por-lo-mal-hecha-que-esta-292935

¿Jugamos a ser dioses? Lo que supone la IA en biología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Pickadook/Shutterstock

Mucho se está hablando de la revolución sociológica que la IA generativa va a suponer para la humanidad. Sin embargo, apenas se ha debatido acerca de sus repercusiones en biología, cuando esta realidad sí que da vértigo. Porque no hablamos de futuribles ni de lo que la IA podría hacer. Hablamos de lo que, a día de hoy, la IA está haciendo.

El gran cambio metodológico

Durante toda la historia de la biología, los científicos nos hemos dedicado a descifrar las reglas de la vida a base de observarla, establecer hipótesis sobre su funcionamiento y diseñar experimentos reproducibles que corroboraran si nuestras propuestas se transformaban en brillantes descubrimientos o en rotundos fracasos. Así, con muchísimo esfuerzo en tiempo, recursos y discusiones sesudas, hemos ido desentrañando en qué consiste esta cosa tan difícilmente definible que es la vida y dando soluciones a problemas de variada índole, incluidas las destinadas a solucionar las múltiples patologías de nuestros imperfectos cuerpos.

En este fascinante camino, la tecnología ha sido un extraordinario aliado y el mejor acelerador del ritmo de nuestros descubrimientos en los últimos años. Pero lo que está ocurriendo ahora merece un capítulo reflexivo propio porque la IA no se limita a ser una mera “ayuda técnica”. No se trata de un procesador espectacular de millones de datos simultáneos, ni tan siquiera un salto cuántico en la capacidad de generar conocimiento. Tampoco hablamos de un cambio de paradigma, porque no se limita a dar un giro profundo en la manera de entender o interpretar el lenguaje de la biología.

Hablamos de otra cosa mucho más seria para la que, en mi opinión, la palabra revolución se queda ridículamente corta.

¿Qué está haciendo la IA?

Empecemos por lo más sencillo de la vida: sus biomoléculas. Progresivamente (y con gran esfuerzo), hemos ido identificado las asombrosas proteínas existentes en la naturaleza. Para algunas de ellas, una vez establecida su función, se estudió su posible aplicación en la solución de problemas agrícolas, ganaderos o ecológicos y, especialmente, en intentar paliar los efectos de diferentes patologías humanas.

Con la IA generativa las reglas del juego han cambiado radicalmente. Ahora podemos hacer algo tan asombroso como decidir una función biológica concreta y, a partir de ella, generar de novo una proteína que la realice. Ya no se trata de identificar un nuevo prótido, descubrir para qué sirve y, manipulándolo (en concentración o en localización), solucionar un problema. Ahora es posible decir “tengo este problema y quiero crear una proteína/solución que sirva exactamente para lo que yo quiero”. De hecho, ya se están generando proteínas estructurales que no existen en la naturaleza y que responden funcionalmente a la previsión de su formulación.

Es más, se puede producir la proteína enzimática concreta capaz de catalizar una determinada reacción bioquímica. La IA puede incluso generar varias enzimas similares y elegir las más eficientes.

La realidad es que la modalidad de la molécula ha dejado de ser un límite. La IA puede generar, indistintamente, tanto pequeños péptidos como grandes proteínas, anticuerpos, ARN, proteínas de fusión o moléculas nuevas de hipotético uso terapéutico. Tan espectacular está siendo la síntesis masiva de nuevos diseños moleculares (por ejemplo, de anticuerpos) que el problema se está trasladando a las limitaciones que va a suponer el disponer de la capacidad física de poder probarlos todos experimentalmente.

Dirigir la evolución con IA

Pero es que también la IA está haciendo algo trascendental a este respecto. Tanto, que ya es factible “sustituir” a la propia evolución biológica y hacer en segundos lo que la selección natural ha podido tardar miles o millones de años en conseguir (o, incluso, aún no ha alcanzado). Por ejemplo, para virus tan llamativos como el Ébola o el SARS-CoV-2, se han generado con IA anticuerpos maduros con hasta 7 veces más afinidad por los antígenos virales que los anticuerpos naturales, y con hasta 160 veces más afinidad en el caso de los anticuerpos no maduros. Algo parecido se puede hacer con las moléculas de ARN, cuya evolución se está ya “dirigiendo” en procesos tan importantes para nuestra salud como la activación de procesos cancerígenos.

¿Alucinante? Pues vamos a dar una nueva vuelta de tuerca. El Evo 2 es un modelo de IA entrenado con unos 9 billones de pares de bases de ADN procedentes de bacterias, arqueas, virus, plantas, hongos y animales (incluidos humanos) y al que no se le ha asignado ninguna tarea biológica concreta. Pues bien, ella (o él) solito fue capaz de aprender reglas biológicas directamente de las secuencias de ADN, predecir el efecto de mutaciones y …¡generar ADN nuevo!

Esto no es un mero avance: es un salto brutal desde el momento en que no hablamos predecir biología sino de poder realizar auténtica ingeniería biológica. En otras palabras, hablamos de crear vida.

Urge una profunda reflexión

La realidad apremia. Con un abanico de posibilidades tan amplio abriéndose el mundo de la investigación biológica, los futuribles maravillan tanto o más que el vértigo que generan. Hemos pasado de observar y modificar la naturaleza a crear nuevas moléculas y circuitos que la evolución nunca ha explorado previamente. Además, y dado el ritmo que esto parece llevar, es muy posible que en breve sea factible el diseño real de organismos vivos de especies que no existen y no han existido nunca.

Creo que ha llegado el momento de plantearse muy seriamente que ya no basta con preguntarnos si somos capaces de crear una nueva biología. Debemos consensuar muy detenidamente qué biología queremos crear o, lo que es más importante, si realmente debemos crearla, quién debe poder hacerlo y qué consecuencias estamos dispuestos a asumir. Y todo ello, alejados de prejuicios ideológicos, intereses políticos, presiones económicas, reduccionismos morales, cortoplacismos coyunturales o buenismos incautos y pueriles.

La reflexión ética debe ser muy profunda, muy pausada, muy transdisciplinar y extraordinariamente sopesada.

Nos jugamos, literalmente, la Vida tal y como la conocemos.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Así han marcado el colonialismo y las luchas científicas la búsqueda de un tratamiento contra la malaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Suárez Cortés, Postdoctoral researcher, Max Planck Institute for Infection Biology

El mosquito _Anopheles stephensi_, transmisor de la malaria. Centers for Disease Control and Prevention’s Public Health Image Library (PHIL)

La malaria es una plaga para la humanidad. Se calcula que ha matado a más seres humanos que cualquier otra enfermedad infecciosa.

Resulta razonable que por ello a lo largo de los siglos no se haya dejado de buscar tratamientos. Pero como toda empresa humana, la investigación depende del tiempo y la sociedad del momento. Y hay un fenómeno en particular con el que la historia de la investigación en malaria se entrelaza: el colonialismo, que ha jugado un papel principal en todos los premios Nobel que se han concedido por descubrimientos sobre esta zoonosis.

Cortezas de árbol y cócteles

El primer gran descubrimiento en la lucha contra la malaria es un claro ejemplo de esta relación. Se trata de la quinina, presente en la corteza del quino, un árbol de América del Sur que los incas usaban como remedio para la fiebre y que resultó ser efectiva contra la malaria.

Llevada por los jesuitas hasta Europa en el siglo XVII, esta medicina fue una importante arma en la colonización de África y Asia, donde protegía a tropas y colonos de los temibles efectos de la malaria. La quinina es muy amarga, así que en la India, los ingleses la comenzaron a mezclar con agua carbonatada y azúcar, inventando el agua tónica. Luego le añadieron ginebra, de forma que fuese algo más agradable al paladar, y así nació el gin tonic.




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La malaria ¿está o no en el aire?

Dos siglos más tarde, en el XIX, la malaria seguía causando estragos. Entre otros interrogantes, aún no se comprendía bien cuál era su causa. Se pensaba que la producían las emanaciones de las aguas estancadas. De este “mal aire” (mal aria en italiano) tomó su nombre la enfermedad.

Alphonse Laveran, un médico militar francés destinado en la colonia de Argelia, observó en la sangre de pacientes de malaria organismos microscópicos. Los identificó como protozoos, es decir, animales unicelulares. Se trataba de los plasmodios, los parásitos causantes de la malaria. Este hallazgo fue recibido inicialmente con escepticismo. Sin embargo, 27 años después Laveran ganaría el premio Nobel por tan importante descubrimiento.

El peligro alado

A pesar del gran avance que supuso aquella revelación sobre la malaria, todavía faltaba una importante pieza para resolver el puzle en la dinámica de la infección: ¿cómo se transmitía el parásito al humano? Esta es la pregunta que trataban de resolver distintos investigadores a finales del siglo XIX.

Entre ellos estaban Ronald Ross, un médico británico destinado en la India colonial, y Giovanni Battista Grassi, un entomólogo italiano que vivía en Roma, también plagada de malaria.

Ambos trataban de validar una hipótesis de Patrick Manson, uno de los padres de la medicina tropical y quien propuso que la malaria se transmitía mediante la picadura de mosquitos. Ross y Grassi demostraron casi de forma paralela que aquella teoría era cierta. El primero estudió el ciclo de los parásitos en aves; junto a un equipo de científicos, el segundo identificó a los mosquitos del género Anopheles que transmiten la malaria, además de escalar la investigación a humanos.

Pero la historia de este descubrimiento pronto se volvió amarga. Llevado por la ambición del reconocimiento, Ross se embarcó en una campaña de difamaciones contra Grassi. Y así, mientras el primero alcanzó la gloria del Nobel, el segundo quedó prácticamente olvidado en las décadas siguientes. En la actualidad existen serias sospechas de que el británico había recibido filtraciones de los avances del italiano que fueron cruciales para su investigación.




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La infusión que venció a la malaria

Otro punto crucial en la historia de los Nobel y la malaria llegaría en los años 60 del siglo XX. En Vietnam, donde la malaria hacía estragos en medio de la guerra de descolonización que sufría el país, la enfermedad se volvía cada vez más resistente a los tratamientos disponibles, como la quinina. Por ello el líder de la independencia Ho Chi Minh pidió ayuda a su aliado Mao Zedong, máximo dirigente del Partido Comunista de China. Necesitaba un remedio para que aquella infección dejase de ser una amenaza y como respuesta se llevó a cabo el Proyecto 523, una operación militar secreta en la que estuvieron implicados más de 500 científicos chinos.

Una de las estrategias se centró en buscar remedios para la malaria en la medicina tradicional china. Una tarea en la que estuvo implicada la investigadora Tu Youyou, quien examinó textos de milenios de antigüedad y dio en un tratado del siglo IV con la referencia a una planta clave: la Artemisia annua, el ajenjo chino.

La receta, en un texto del sabio Ge Hong, daba instrucciones precisas para preparar el remedio: se debía hacer una infusión con hojas del ajenjo, pero con el agua sin llegar a hervir. Siguiendo las indicaciones, Youyou extrajo la artemisinina presente en las hojas de la planta, y que constituye hoy el medicamento más efectivo contra la malaria. Tu Youyou recibió el Nobel varias décadas después por estas investigaciones.

No es casualidad que una clase de ajenjo se use para elaborar absenta, una bebida alcohólica que fue muy popular en el siglo XIX ¡y que se usaba para prevenir la malaria!

El reto de las vacunas

En un reciente hito en la lucha contra la malaria, la OMS aprobó por primera vez una vacuna contra esta enfermedad. Se trata de la RTS,S/AS01, inmunizante inicialmente desarrollado por el Walter Reed Army Institute of Research. La razón por la que este instituto de investigación del ejército de los Estados Unidos se embarcó en tal misión científica fue por su presencia militar en zonas con malaria a lo largo del siglo XX. En cada uno de sus despliegues por dichas regiones, su ejército ha sufrido más bajas debido a la enfermedad que a los propios combates.

Quién sabe si el próximo gran avance en el campo de la malaria tendrá una relación directa con formas actuales de colonialismo, cuyo sistema, lejos de ser defendido bajo ningún argumento, marcó la historia de la investigación de una de las enfermedades más letales en la historia de la humanidad. Un capítulo que nos ayuda a reflexionar sobre el origen de algunos conocimientos que la ciencia pone al servicio de la sociedad.

The Conversation

Pablo Suárez Cortés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Así han marcado el colonialismo y las luchas científicas la búsqueda de un tratamiento contra la malaria – https://theconversation.com/asi-han-marcado-el-colonialismo-y-las-luchas-cientificas-la-busqueda-de-un-tratamiento-contra-la-malaria-286723

¿Podría la IA acabar realmente con la especie humana?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Borro Yágüez, Catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, Universidad de Navarra

phol_66/Shutterstock

La cultura popular nos ha acostumbrado a imaginar el fin de la humanidad a manos de la tecnología bajo el mismo libreto: una inteligencia artificial cobra conciencia, declara la guerra a sus creadores y gobierna las máquinas para dominar el mundo. Sin embargo, este escenario apocalíptico puede distraer la atención de los verdaderos riesgos.

Hace solo unos días, saltaba la alarma, tras conocerse que un grupo de agentes autónomos de IA de OpenAI había vuelto a salirse de control. Esta vez, había accedido sin autorización a datos del sistema de salud en Australia.

El incidente no se debió a una rebelión consciente de las máquinas, sino a un comportamiento no previsto de algoritmos diseñados para actuar de forma autónoma. Este suceso vuelve a poner sobre la mesa la advertencia lanzada por un exingeniero de Anthropic hace un par de semanas. ¿Es cierto que la IA podría matarnos en el horizonte de 2030?

La respuesta no está en máquinas malvadas

Arnold Schwarzenegger en su personaje de Terminator, estatua de cera en el Museo Madam Tussaud de Londres.
Wikimedia Commons., CC BY

La respuesta corta, desde el rigor científico, es que no seremos aniquilados por un superordenador consciente al estilo de Terminator. El peligro real de la inteligencia artificial no es que se vuelva malvada ni que desarrolle voluntad propia. El riesgo es que haga exactamente aquello para lo que ha sido programada, pero sin el contexto, la ética ni la supervisión humana indispensables.

Si nos preguntamos de qué manera podría causar un daño profundo a la sociedad o pérdidas de vidas humanas, los escenarios posibles no pertenecen a un futuro lejano poblado de máquinas malvadas. La amenaza está en cómo diseñamos e implantamos esta tecnología en el presente y en el riesgo de fallos en cascada en entornos críticos.

Conviene aclararlo desde el principio: la inteligencia artificial es una de las herramientas con mayor potencial para hacer avanzar la medicina, la ciencia y la sostenibilidad en la historia de la humanidad. Pero, para que esa promesa se cumpla, debemos ser conscientes de los fallos de diseño que hoy oscurecen su impacto positivo.

El riesgo en la salud e infraestructuras

El caso de Australia es el síntoma de una tendencia: la delegación de decisiones operativas en agentes de IA –programas informáticos autónomos diseñados con aprendizaje automático– que interactúan entre sí a velocidades sobrehumanas. A medida que integramos esta tecnología en redes eléctricas, gestión del tráfico aéreo, movilidad autónoma o diagnóstico médico, la complejidad del sistema se vuelve inmanejable.

En un escenario hiperconectado hacia 2030, una “caja negra” algorítmica –sistemas capaces de ofrecer una respuesta muy precisa, pero cuyas decisiones internas resultan incomprensibles incluso para sus propios creadores– en un sistema de salud o en la red de distribución energética podría cometer algún error. Aunque no provoque un colapso de forma deliberada, un diagnóstico masivo erróneo o un apagón prolongado en infraestructuras críticas en pleno invierno pueden traducirse directamente en pérdidas de vidas humanas.

En este contexto, la confianza en la tecnología jamás debe sustituir al rigor de la verificación técnica, razón por la que cobra urgencia la investigación en IA explicable y la supervisión humana, sobre todo, en los campos de alto riesgo.

De los sesgos al conflicto bélico

Durante años, se ha hablado de los sesgos de la IA como un problema meramente administrativo o laboral. Por ejemplo, vemos sistemas automatizados que evalúan candidatos en procesos de selección –como demuestran diversos estudios recientes sobre discriminación de género y origen en la selección mediante algoritmos–, analizan solicitudes de créditos bancarios o determinan el riesgo de reincidencia penal. Sin embargo, su integración en la inteligencia militar y en el análisis geopolítico traslada estos sesgos a un terreno peligroso.

Si los modelos de aprendizaje automático utilizados para valorar amenazas de seguridad o coordinar sistemas de defensa automatizados interpretan de forma errónea una señal por culpa de datos sesgados o alucinaciones, la magnitud de las consecuencias iría más allá de un expediente rechazado. Un algoritmo defectuoso operando en un entorno de alta tensión internacional puede desencadenar escaladas militares o conflictos bélicos reales entre naciones. El daño no proviene de la crueldad de la máquina, sino de delegar la prudencia humana en el automatismo.

La erosión de la verdad y la cohesión social

Al mismo tiempo, la eclosión de la IA generativa ha democratizado la creación de contenidos hiperrealistas. La proliferación de deepfakes refleja el creciente fenómeno de los contenidos sintéticos y la manipulación de la identidad. Entre sus consecuencias, se plantean amenazas directas para la convivencia social. Hacia 2030, el riesgo de las herramientas de desinformación masiva automatizada no es solo la estafa individual, sino la desestabilización de sociedades enteras.

Cuando la ciudadanía deja de poder distinguir la realidad de la manipulación digital, la confianza en las instituciones, en los medios de comunicación y en el debate democrático se quiebran. La erosión de la verdad no destruye ciudades, pero deshace el tejido social sobre el que se apoya la comunidad.

Esta es una cuestión sobre la que normativas internacionales como el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial imponen ya estrictas obligaciones de transparencia y trazabilidad.

Los antídotos: la “ingeniería responsable” y el factor humano

Frente a las narrativas catastrofistas que proponen frenar el progreso, la respuesta no es el miedo, ni el apagón tecnológico. La solución pasa por entender que la inteligencia artificial no es una fuerza de la naturaleza ante la que estemos indefensos, sino una herramienta diseñada por seres humanos para seres humanos.

Para evitar que cause daño, eso sí, debemos transformar la manera en que la enseñamos y la desarrollamos. No basta con formar a profesionales técnicamente impecables; necesitamos personas que diseñen sistemas auditables, transparentes, seguros y con supervisión humana obligatoria en áreas de alto impacto. Además, tienen que comprender el impacto ético, social y legal de sus creaciones e integrar estas características en los modelos de IA.

La integración de una perspectiva humanística en las titulaciones técnicas no es un freno a la innovación, sino la garantía de que la tecnología permanezca siempre al servicio de la persona y del bien común.

Así, el verdadero reto de nuestra época no es evitar que las máquinas piensen como humanos, sino garantizar que quienes diseñamos el futuro no olvidemos jamás lo que nos hace verdaderamente humanos.

The Conversation

Diego Borro Yágüez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Podría la IA acabar realmente con la especie humana? – https://theconversation.com/podria-la-ia-acabar-realmente-con-la-especie-humana-292723

Technologies de localisation chez les personnes atteintes de démence : pour une utilisation éthique

Source: The Conversation – in French – By Madalena Pamela Liougas, PhD Candidate, Rehabilitation Science Institute, University of Toronto

Imaginez que vous avez 83 ans, que vous souffrez de démence et vivez dans une maison de soins de longue durée. Depuis quelque temps, les personnes qui prennent soin de vous vous demandent de porter un bracelet en permanence. Elles disent que c’est pour votre sécurité, afin qu’on puisse vous localiser rapidement en cas de besoin.

Au début, vous pensez que cela vous convient, que l’objet ressemble à une montre, et vous acceptez. Mais vous remarquez ensuite que vous ne pouvez l’enlever. Vous devez le porter partout, même dans des lieux privés comme votre chambre ou votre salle de bains. Cela finit par vous agacer, surtout quand vous réalisez qu’il n’a aucune fonction qui vous soit utile.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Ce que vous pourriez ignorer, c’est que ce dispositif collecte des informations sur vos déplacements quotidiens.

Cette technologie, le système de localisation en temps réel (RTLS, pour real-time localisation system), est de plus en plus répandue dans les hôpitaux et les établissements de soins de longue durée. On la présente comme un moyen d’améliorer la sécurité physique et la qualité des soins, et on s’en sert pour les appels infirmiers, le traçage de contacts, la prévention des sorties non accompagnées et plusieurs autres fonctions.

Les études démontrant l’utilité du RTLS sont rares, et son utilisation soulève des questions relatives à la sécurité, à la confidentialité et au contrôle des données. Cela vaut surtout pour les personnes âgées, les proches aidants et le personnel soignant, dont le point de vue est souvent négligé dans les recherches technologiques.

Des personnes âgées assises à une table et une personne plus jeune debout, en train de leur parler
Dans le cadre d’une étude, le personnel soignant a déclaré qu’il était souvent plus simple de localiser les résidents en personne.
(Pexels/Jsme Mila)

Systèmes de localisation en temps réel

Le RTLS fonctionne comme un GPS d’intérieur. Les résidents d’un établissement de soins de longue durée (et parfois le personnel) portent un badge ou un bracelet muni d’un capteur qui communique avec des balises installées sur les murs et les plafonds du bâtiment. Le système permet de suivre en temps réel les personnes équipées du capteur et de collecter des données sur leurs déplacements. Il peut également envoyer des alertes automatisées, par exemple lorsqu’une personne entre ou sort d’une pièce.

L’intérêt pour ces outils dans les établissements de soins de longue durée et autres milieux de soins provient en grande partie de l’idée que, si on élaborait des algorithmes cliniques pour analyser les données relatives aux déplacements, le RTLS pourrait servir à prédire les changements sur les plans de la santé et du bien-être.

Dans le cadre d’un projet plus vaste, notre équipe de recherche a mené une étude auprès des résidents, des proches aidants, du personnel soignant et des administrateurs d’un lieu ayant acquis un système RTLS. Les administrateurs et les aidants ont indiqué que cet outil pouvait rendre les soins plus sûrs et plus efficaces, en permettant au personnel de surveiller en permanence les résidents et d’intervenir plus rapidement.

Cependant, le personnel a déclaré qu’il était souvent plus simple de localiser les résidents en personne et qu’il manquait de temps et de ressources pour les suivre en continu à distance, ou pour enquêter et réagir en temps réel.Bas du formulaire

Ces conclusions confirment celles d’une étude antérieure, menée dans un milieu hospitalier, qui a montré que le RTLS pouvait alourdir la charge de travail du personnel. Plus inquiétant encore, nous avons constaté que les administrateurs, le personnel et les aidants avaient une connaissance limitée des implications éthiques de cette technologie, notamment de son impact sur les résidents, et qu’ils ne disposaient pas des informations et des compétences nécessaires pour associer ces derniers à la prise de décision.

Explications et consentement

Dans le contexte que nous avons étudié, le consentement à l’utilisation du RTLS provenait de mandataires, souvent des proches aidants, car la plupart des résidents de l’établissement souffraient de troubles cognitifs graves ou de démence. De nombreux proches ont rapidement accepté le dispositif, estimant que le RTLS permettrait au personnel de localiser les résidents, sans tenir compte des préférences de ces derniers. Peu d’entre eux ont impliqué la personne concernée dans le processus de décision, même s’ils avaient l’obligation légale, en tant que mandataires, d’agir conformément à ses valeurs.

Si la plupart des résidents ont accepté de porter le bracelet, certaines personnes ont clairement rejeté l’idée de partager leurs données de localisation avec leur famille ou le personnel. Au fil du temps, de nombreux utilisateurs n’ont pas constaté d’avantages à ce dispositif et l’ont souvent qualifié d’inconfortable et lourd.

Les aidants ne savaient pas exactement quelles données étaient collectées par le RTLS, à qui elles appartenaient, ni comment elles seraient utilisées pour améliorer les soins, outre la localisation. Néanmoins, la plupart d’entre eux considéraient qu’il était utile de disposer de plus d’informations sur les déplacements des résidents, ce qui justifiait moralement une surveillance continue.

Bien que les droits à la vie privée soient protégés par la loi au Canada et aux États-Unis, de nombreux proches aidants estiment que les résidents renoncent à ces droits en entrant dans un établissement de soins de longue durée. Certains ont voulu avoir accès aux données du RTLS recueillies sur les membres de leur famille, pensant que cela pourrait améliorer la transparence, mais on n’a pas accédé à leur demande.

Des membres du personnel soignant ont également rencontré des difficultés. Certains ne savaient pas comment expliquer les avantages et les risques du RTLS aux résidents et à leurs proches, ni comment répondre à leurs préoccupations. Ils ignoraient s’ils devaient respecter le refus d’un résident de porter le bracelet ou se contenter du consentement de sa famille.

Cela a laissé le personnel dans l’incertitude quant à la manière d’équilibrer l’autonomie des résidents et leur devoir de diligence, engendrant une détresse morale.

Considérations futures

Selon nos recherches, le RTLS présente des avantages incertains et crée de nouveaux défis dans un secteur déjà en manque de ressources. Son utilisation soulève par ailleurs des questions éthiques, notamment en matière de surveillance et de contrôle, qui risquent d’exacerber les déséquilibres de pouvoir et de perpétuer l’âgisme et le capacitisme numériques.


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L’âgisme numérique désigne la discrimination fondée sur l’âge dans les économies numériques. On peut citer, par exemple, la représentation limitée ou stéréotypée des personnes âgées dans les ensembles de données d’apprentissage, une conception technologique qui ne reflète pas l’hétérogénéité des utilisateurs âgés, la tendance à remplacer les humains par des technologies dans les soins aux personnes âgées, ou encore la prise de décision algorithmique automatisée qui discrimine les personnes âgées.

La prise de décision quant au recours au RTLS doit impliquer les personnes qui seront concernées par cette technologie. Avant la pose d’un bracelet électronique, les résidents et leurs familles doivent être encouragés à en discuter avec le personnel soignant, qui les aidera à prendre une décision éclairée en se posant des questions telles que :

  • Quel type d’information sera recueilli ?

  • Qui aura accès à cette information ?

  • Comment l’information recueillie permettra-t-elle d’améliorer les soins ?

  • Ces améliorations valent-elles de compromettre la vie privée ?

Une prise de décision éthique doit être transparente, collaborative et fondée sur la dignité.

La Conversation Canada

Alisa Grigorovich bénéficie d’un financement de la part d’AMS Healthcare (bourse de recherche sur la compassion et l’intelligence artificielle) et du CRSH.

Madalena Pamela Liougas ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Technologies de localisation chez les personnes atteintes de démence : pour une utilisation éthique – https://theconversation.com/technologies-de-localisation-chez-les-personnes-atteintes-de-demence-pour-une-utilisation-ethique-271062

Nos pratiques funéraires sont-elles gravées dans le marbre ? Ce que l’archéothanatologie nous apprend des funérailles du passé

Source: The Conversation – France in French (3) – By Sacha Kacki, Chargé de recherche CNRS en anthropologie biologique, Université de Bordeaux

La chambre funéraire de St Lythans, au Royaume-Uni, témoigne de pratiques remontant au milieu du Néolithique, 4000 ans avant notre ère. Chris Andrews / Wikimedia Commons, CC BY

Que deviennent nos corps après notre décès ? Dans des sociétés où la mort est de plus en plus invisibilisée, comment ont évolué nos rites ? Demain, à quoi ressembleront les cimetières ? L’enterrement ou la crémation seront-ils remplacés par d’autres méthodes ? Comment le numérique transformera-t-il nos pratiques funéraires ?

Pour répondre à ces questions et à bien d’autres, nous vous proposons une série de six articles sur le thème « Le corps après la mort », rédigés par des experts et illustrés par le dessinateur Vito.

Ce deuxième épisode est consacré à la façon dont les rites funéraires se transforment. Dans les sociétés occidentales actuelles, le traitement des défunts répond à des normes strictes et s’exprime par une mise en œuvre technique hautement standardisée. Si ces pratiques nous semblent immuables, l’archéothanatologie nous apprend qu’elles ont beaucoup varié au fil des siècles. Et demain, que restera-t-il de nos nouvelles pratiques ?


L’ESSENTIEL

  • Aujourd’hui, en France, les corps des défunts sont enfermés dans des cercueils, qui sont soit enterrés (inhumation), soit brûlés (crémation).

  • Il n’en a pas toujours été ainsi : les pratiques funéraires ne sont pas immuables, elles se transforment au fil des siècles.

  • Pour comprendre ces évolutions, une discipline étudie les rites funéraires du passé : l’archéothanatologie.


En France, à l’instar de ce qui est pratiqué dans d’autres pays européens, le corps d’un défunt doit obligatoirement être disposé dans un cercueil, traditionnellement fait de planches de bois. Enfermé dans ce contenant, il peut alors être soit enterré (inhumation), soit brûlé (crémation).

Ces rites sont aujourd’hui si profondément ancrés dans nos traditions qu’on pourrait les croire intemporels. Mais est-ce vraiment le cas ? Les funérailles ont-elles toujours reposé sur les mêmes procédés ?

Pour répondre à ces interrogations, l’éclairage qu’apporte la recherche archéologique est primordial. En permettant d’objectiver certains aspects des pratiques déployées dans les sociétés anciennes, elle documente leur diversité, et remet en question l’apparente immuabilité des rites funéraires.

L’archéothanatologie, une discipline récente

Qu’elles soient mises au jour lors de fouilles archéologiques ou dans le cas plus spécifique du déménagement d’un cimetière, les sépultures présentent un intérêt majeur pour les archéologues.

Si l’attrait de ces derniers fut, un temps, plus tourné vers les objets d’accompagnement que vers les défunts en eux-mêmes, la tendance s’est progressivement inversée depuis un demi-siècle, à la faveur de l’émergence d’une nouvelle discipline : l’archéothanatologie.

Formalisée au tournant des années 1980, cette approche, qui ne prendra son nom actuel qu’au début du XXIᵉ siècle, repose sur l’étude des restes humains archéologiques et des éléments constitutifs de leur environnement.

Sa mise en œuvre passe, avant toute autre chose, par la fouille méticuleuse des sépultures, afin de dégager les ossements et les éventuels vestiges participant de l’architecture funéraire.

Après qu’ils ont été exposés, l’examen de leurs relations réciproques permet aux spécialistes, formés en anatomie humaine et en taphonomie (l’étude des processus de dégradation d’un corps enfoui), de retracer les évènements intervenus durant la dégradation organique du cadavre.

De là, ils peuvent en déduire certaines des caractéristiques originelles du dépôt funéraire, telle la présence d’un espace vide ou au contraire de terre autour du corps durant la décomposition, ou encore l’existence initiale d’une paroi ou d’un fond en matériau périssable aujourd’hui disparu (comme, par exemple, ceux d’un cercueil en bois).

L’étude ultérieure des restes osseux en laboratoire peut en outre révéler des stigmates de pratiques funéraires particulières (par exemple, des traces de découpe évoquant une excarnation – une pratique consistant à enlever la chair et les tissus mous d’un cadavre – ou un embaumement).

Des altérations taphonomiques spécifiques à un environnement de dépôt peuvent aussi être mises en évidence (par exemple, des traces d’activités de certains insectes).

En parallèle, l’analyse des sédiments collectés dans les tombes peut permettre d’y repérer divers vestiges invisibles à l’œil nu, tels que graines, pollens, micro-restes végétaux ou vestiges d’insectes, qui tous peuvent révéler des caractéristiques du dépôt funéraire. À titre d’exemple, l’identification en microscopie de phytolithes, des restes siliceux qui s’accumulent entre les cellules des plantes, pourra révéler la présence d’un matelas en matière végétale sur lequel reposait le corps.

L’ensemble de ces observations, alliées à celles portant sur les vestiges architecturaux conservés (par exemple, dalles de pierre, clous, épingles de linceul ou restes organiques), servent finalement à l’archéothanatologue pour reconstituer les caractéristiques des tombes et certains des traitements appliqués au défunt dans le cadre des funérailles.

Couplées aux éléments de datation (typologie du mobilier, datations par le radiocarbone), elles permettent de dresser un panorama des pratiques funéraires et de leur évolution au fil du temps.

Des pratiques funéraires en mutation

Les plus anciennes sépultures connues, découvertes au Proche-Orient, datent de plus de 100 000 ans. Elles sont le fait de Néandertaliens aussi bien que de représentants de notre espèce, Homo sapiens.

Depuis lors, les humains ont développé des pratiques funéraires aussi variées qu’élaborées, dans le cadre desquelles le corps a pu, selon les cas, être enterré (en pleine terre ou dans un contenant), déposé en surface (en plein air ou dans des grottes ou monuments), brûlé, immergé, ou encore volontairement morcelé avant ou après sa décomposition.

Cohabitant parfois dans une même société, crémation et inhumation se sont succédé l’une l’autre en importance durant la Protohistoire (période de l’histoire précédant l’invention de l’écriture) et l’Antiquité, avant que l’inhumation ne soit adoptée de manière hégémonique au cours du Moyen Âge et de l’époque moderne.

Ces dernières périodes, les plus proches de nous chronologiquement, ont vu l’adoption de nombreux usages dont nos pratiques funéraires actuelles tirent leurs racines. Ainsi, tandis que les sépultures étaient précédemment implantées dans des nécropoles situées en bord de voie ou en plein champ, le regroupement des morts dans des cimetières paroissiaux attenants aux églises s’est rapidement imposé au Moyen Âge. Chaque défunt y était inhumé dans une sépulture individuelle, allongé sur le dos, le plus souvent la tête à l’ouest.

Cependant, en dépit de ces caractéristiques communes, l’étude des sépultures d’alors révèle une forte diversité. Durant les premiers siècles du Moyen Âge (du VIᵉ au Xᵉ siècle), les défunts pouvaient ainsi, selon leur statut et les us régionaux, être inhumés dans de simples fosses comblées de terre ou dans des contenants de types variés : sarcophages en pierre ou en plâtre, coffrages faits de planches, de dalles de pierre ou de tuiles, chambres funéraires en bois, etc. Dans bien des cas, la signalisation des tombes n’était assurée que par de simples croix en bois.

Vers une homogénéisation des pratiques

La seconde partie du Moyen Âge (du XIᵉ au XVᵉ siècle) fut marquée par une rétraction progressive de cette diversité, au profit de l’adoption majoritaire d’inhumations dans des coffrages de bois ou de pierre.

Dans le même temps, la saturation des espaces funéraires conduisit à l’adoption de nouvelles pratiques, notamment l’emploi de caveaux destinés à accueillir des inhumations répétées, ainsi que la constitution d’ossuaires regroupant les os exhumés d’anciennes sépultures. À cette période également, il arriva régulièrement que l’on déroge à la règle de l’inhumation individuelle pour enterrer dans un même fossé plusieurs individus victimes d’une épidémie.

Ce n’est finalement qu’à l’Époque moderne (du XVIᵉ au XVIIIᵉ siècle) que l’emploi de cercueils en bois se généralisa. En parallèle, on vit se répandre, au sein des classes sociales privilégiées, de nouvelles pratiques visant à freiner la décomposition du corps : d’une part, l’embaumement par éviscération (retrait des organes), d’autre part, l’inhumation dans des cercueils de plomb.

Ces derniers usages furent cependant rapidement abandonnés, à la faveur de l’invention de nouvelles techniques de thanatopraxie et d’une normalisation de l’emploi du cercueil de bois dans le courant du XIXᵉ siècle.

Depuis lors, la plus grande évolution (pour ne pas dire révolution) qu’aient connue nos pratiques funéraires est la légalisation de la crémation en 1887. D’abord adoptée par une très faible part de la population, elle est aujourd’hui en passe de devenir majoritaire en France. L’évolution rapide qu’a connue le recours à cette pratique depuis le début du XXIᵉ siècle reflète un changement profond des aspirations d’une partie des citoyens quant au devenir de leurs corps après leur mort, pour partie dictées par des considérations écologiques.

Quelles sont les pratiques en France de nos jours ?
À l’heure actuelle, la loi française impose que le corps soit disposé dans un cercueil, lequel doit être équipé d’un dispositif d’étanchéité de son fond. Les deux seules pratiques funéraires autorisées sont l’inhumation et la crémation.

Dans le premier cas, l’enfouissement doit, à de rares exceptions près, prendre place dans un cimetière. La sépulture, en simple fosse ou en caveau, est généralement signalée par un marqueur de surface, telle une dalle de marbre ou de granit.

Dans le cas de la crémation, le cercueil et le corps qu’il renferme sont consumés dans le four d’un crématorium. Les os calcinés qui subsistent à la fin du processus sont ensuite broyés (crémulation) et mêlés aux cendres issues de la crémation, puis déposés dans une urne funéraire. Ces « cendres » peuvent par la suite être déposées dans un columbarium, être dispersées dans un jardin ou puits du souvenir, ou encore être remises aux proches du défunt pour qu’ils les dispersent « en pleine nature ».

Émergence de nouvelles pratiques funéraires

On le voit, les pratiques funéraires évoluent. Elles s’adaptent aux besoins d’une époque, d’un territoire, d’une société. Il n’est donc pas étonnant de voir aujourd’hui émerger de nouvelles pratiques funéraires. Parmi celles-ci, deux visions se distinguent : la terramation et l’aquamation.

La terramation désigne un ensemble de procédés de réduction des corps reposant sur l’usage de matière végétale (broyat) afin de créer des conditions propices à l’activité des bactéries dites aérobies, c’est-à-dire utilisant l’oxygène. Contrairement aux pratiques d’enterrement classique qui freinent la décomposition, faute d’oxygène, l’objectif est ici de faciliter la décomposition du corps. Dans ces conditions de réduction organique naturelle, les chairs se transforment en produisant de l’humus, auquel peut, dans certains rites, être ajoutée la poudre issue de la pulvérisation des ossements.




À lire aussi :
Compostage des défunts : les enjeux sanitaires d’une nouvelle pratique funéraire


L’aquamation, souvent présentée comme une « crémation par l’eau », consiste quant à elle à « déconstruire » le corps dans une solution alcaline. Ce bain va intégralement dissoudre le cadavre : ne subsistent, à la fin du processus, que de petits fragments d’os ainsi qu’un grand volume de liquide trouble, riche en courts fragments protéiques (peptides), mais sans ADN, lequel a été dégradé par le processus. Ce liquide n’étant plus identifiable au défunt, il est généralement retraité (neutralisation du pH et filtration) puis rejeté dans l’environnement via des bassins de décantation ou le réseau d’évacuation des eaux usées. Les restes osseux sont séchés, pulvérisés et rendus aux proches, comme dans le cas d’une crémation. Le procédé d’aquamation propose ainsi un récit funéraire alternatif centré sur la symbolique de la déconstruction et du cycle de l’eau.

Quelles traces pour le futur ?

Qu’il s’agisse de crémation, d’aquamation ou de terramation, les restes physiques du défunt subissent une transformation rapide (de quelques heures à quelques mois) avant d’être dispersés. Les traces tangibles de l’existence du défunt, de son corps, disparaissent. Ceci constitue une évolution majeure par rapport aux pratiques d’inhumation, qui ont conservé durant des siècles les restes de nos ancêtres et les témoins de leurs pratiques funéraires.

Alors que les traces laissées de notre vivant se multiplient, notamment du fait des données numériques, ces nouvelles pratiques funéraires interrogent ainsi notre rapport à la mort, aux espaces de mémoire et aux supports du deuil.


Remerciements

  • Les planches de la bande dessinée ont été réalisées par Victor Locuratolo (@Vito) ;
  • Le scénario a été coécrit par Victor Locuratolo et Damien Charabidzé, l’initiateur de cette série d’articles ;
  • Cette publication a été rendue possible grâce à un financement de l’Union du Pôle funéraire public (UPFP), structure réunissant les acteurs publics du funéraire afin de défendre et promouvoir leurs services, tout en garantissant un accompagnement digne, éthique et accessible à tous les citoyens. Elle a également bénéficié d’un financement de la Direction culture de l’Université de Lille, dans le cadre de son soutien aux projets de recherche et de diffusion associant arts et sciences.

The Conversation

Sacha Kacki a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche, du CNRS et de l’Université de Bordeaux. Aucun de ces acteurs n’a participé à la rédaction ou à la relecture de cet article et ne tire profit de cet article.

Damien Charabidzé a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche, du CNRS, de l’Union du Pôle Funéraire Public et de l’Université de Lille. Aucun de ces acteurs n’a participé à la rédaction ou à la relecture de ces articles et ne tire profit de cet article.

– ref. Nos pratiques funéraires sont-elles gravées dans le marbre ? Ce que l’archéothanatologie nous apprend des funérailles du passé – https://theconversation.com/nos-pratiques-funeraires-sont-elles-gravees-dans-le-marbre-ce-que-larcheothanatologie-nous-apprend-des-funerailles-du-passe-278243

Le régime iranien va-t-il perdre son influence sur l’Irak ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Pierre Firode, Professeur agrégé de géographie, membre du laboratoire Médiations (Sorbonne Université), Sorbonne Université; Université de Versailles Saint-Quentin-en-Yvelines (UVSQ) – Université Paris-Saclay


L’ESSENTIEL

  • L’escalade iranienne au Moyen-Orient fragilise les milices chiites irakiennes proches de Téhéran.

  • Des figures chiites de premier plan dénoncent l’implication de l’Irak dans la guerre et l’influence iranienne.

  • L’escalade actuelle risque d’affaiblir l’influence iranienne auprès d’une partie de la population chiite et de favoriser le renforcement de l’État irakien.


Près de six mois après le déclenchement de la guerre en Iran, le résultat de l’opération lancée par la coalition américano-israélienne a de quoi surprendre. Non seulement le régime iranien tient, mais il parvient à déployer sa capacité de nuisance tant à l’échelle régionale que mondiale. Après la fermeture du détroit d’Ormuz, la République islamique est parvenue, par l’intermédiaire de ses proxys houthistes à bloquer le détroit de Bab-al-Mandeb et semble en capacité de paralyser les exportations saoudiennes de pétrole, comme le montre l’attaque menée par des milices irakiennes pro-iraniennes, le 11 septembre, sur le principal oléoduc est-ouest du pays.

Dans le domaine diplomatique, Téhéran semble également enchaîner les succès et sortir de son isolement, ainsi que l’indique la rencontre des ministres des affaires étrangères iranien et chinois, le 16 septembre à Pékin, au terme de laquelle la Chine a réaffirmé son « soutien à l’Iran » dans la défense de ses « intérêts légitimes ». Ces événements récents incitent certains observateurs à conclure au renforcement du régime, voire à la victoire de l’Iran dans la guerre en cours.

Pourtant, en rompant le cessez-le-feu au début du mois de juillet 2026 puis en frappant certaines infrastructures énergétiques saoudiennes, l’Iran s’est lancé dans une phase offensive qui implique un coût politique élevé pour la République islamique. Ainsi, les frappes sur l’Arabie saoudite, parce qu’elles ont été menées depuis le territoire irakien, ont suscité de vifs débats politiques en Irak et ont poussé les leaders chiites à envisager le désarmement des milices pro-iraniennes.

Même si ces tensions internes au monde chiite ne retiennent pas beaucoup l’attention des médias occidentaux, elles révèlent des mutations durables et profondes qui vont toutes dans la direction d’un affaiblissement de l’Iran au sein de l’arc chiite.

L’escalade iranienne et la fragilisation des milices de l’« axe de la résistance »

Il ne faudrait pas conclure de l’offensive houthiste sur Bab-al-Mandeb que l’« axe de la résistance » se renforce partout à la faveur de la guerre. À l’inverse des houthistes qui s’alignent, semble-t-il, sur les décisions de Téhéran, plusieurs acteurs situés dans d’autres pays de l’« arc chiite » prennent leurs distances avec Téhéran et sa stratégie d’extension du domaine de la guerre.

En Irak, l’escalade iranienne pousse le gouvernement d’Ali Al-Zaïdi, pourtant dominé par les partis chiites, à désarmer la coalition de milices chiites pro-iraniennes du Hachd al-Chaabi (créée en Irak avec le soutien de l’Iran pour combattre Daech) ou à les intégrer à l’appareil d’État.

L’ultimatum lancé par le gouvernement aux milices pro-iraniennes en juin 2026, qui les oblige à intégrer l’appareil d’État ou à se désarmer d’ici le 30 septembre 2026, poursuit un objectif clair : empêcher Téhéran d’actionner ces milices pour frapper l’Arabie saoudite et le Koweït, ce qui entraînerait l’Irak dans un processus d’escalade avec les monarchies du Golfe.

Or, même si le gouvernement a finalement choisi de repousser la fin de l’ultimatum à l’été 2027, cette confrontation entre l’État et les milices pilotées par Téhéran semble, dans un premier temps, tourner plutôt à l’avantage de Bagdad puisque plusieurs milices ont, dès l’été 2026, choisi d’obéir au gouvernement plutôt qu’aux injonctions du parrain iranien. La milice saadriste Saraya-al Salam, chiite mais nationaliste et hostile aux ingérences iraniennes, a rapidement montré la voie en proposant, en amont de l’ultimatum, dès le mois de mai, l’absorption de toutes ses forces par l’État.

Preuve du recul de la mainmise de Téhéran sur ses milices, l’Asaïb Ahl al-Haq (AAH), milice pourtant très proche de l’Iran, annonce en juin, par l’intermédiaire de son leader Qais-al-Kazahli, son retrait du Hachd al-Chaabi et sa volonté de se soumettre à Bagdad. Même si les autres milices du Hachd al-Chaabi, comme le Kataeb Hezbollah notamment, n’ont pas encore répondu favorablement à l’ultimatum de l’État irakien, plusieurs facteurs permettent d’espérer leur alignement sur la ligne des saadristes ou du AAH.

Les milices chiites soucieuses de s’intégrer à l’État et de limiter ainsi les ingérences de Téhéran disposent d’une légitimité religieuse supérieure puisqu’elles peuvent compter sur le soutien d’Ali al-Sistani, principal marja (juriste possédant la plus haute autorité dans le chiisme duodécimain) des chiites irakiens qui a exprimé publiquement son soutien à l’État dans son effort de désarmement ou d’absorption des milices pro-iraniennes.

Rappelons d’ailleurs que le Hachd al-Chaabi avait été fondé en 2014 dans le contexte de la guerre contre Daech par une fatwa du même Al-Sistani, qui conçoit ces milices comme des outils défensifs tournés contre l’expansion de l’État islamique et non comme un outil de domination iranienne sur l’Irak – et encore moins comme une force de déstabilisation des voisins du Golfe.

De plus, l’évolution actuelle du régime iranien, dont la composante cléricale et religieuse se trouve de plus en plus éclipsée par le pouvoir militaire des Gardiens de la révolution, prive les milices pro-iraniennes d’une légitimité religieuse capable de concurrencer celle d’Al-Sistani.

Une escalade condamnée par l’opinion chiite

Dans ce contexte, le soutien indéfectible des milices du Hachd al-Chaabi à l’Iran et à sa politique d’escalade pourrait les couper complètement de leur assise populaire.

Plusieurs indices semblent confirmer que la population chiite irakienne est hostile à la l’escalade opérée par Téhéran. La condamnation très ferme des bombardements par plusieurs figures politiques chiites très populaires, comme Moqtada Sadr, semble confirmer cette hypothèse. Toujours soucieux de conserver le soutien de la rue chiite, Moqtada Sadr fustige les milices iraniennes et leur volonté d’appliquer la politique d’escalade de Téhéran. Dans un tweet du 30 juillet 2026, au lendemain de frappes américano-saoudiennes déclenchées en réaction aux attaques précédentes du Hachd al-Chaabi et qui ont fait une vingtaine de morts en Irak, le leader chiite irakien déclarait :

« Les agissements effrontés des milices et le fait que les armes ne soient pas exclusivement entre les mains de l’État ont causé et continuent de causer, sans aucune justification, le martyre des combattants des Forces populaires et des forces de sécurité. Pendant ce temps, leurs dirigeants jouissent de la sécurité, du confort et du commerce. C’est bien assez de ces comportements individuels et irrationnels. »

Ce tweet permet de comprendre la stratégie politique du leader chiite qui profite de la guerre pour revenir au cœur du débat politique. L’escalade iranienne lui permet de développer un discours hostile aux leaders « vendus » à l’Iran, qui imposent à leurs combattants une stratégie contraire à leurs propres intérêts et à ceux de l’Irak. Le tweet suggère ainsi un lien entre l’application par les Hachd al-Chaabi des ordres de Téhéran d’une part et la corruption de ses chefs d’autre part, et se fait l’écho d’un nationalisme irakien exacerbé par la politique de Téhéran consistant à impliquer l’Irak dans des affrontements qui n’apportent rien de bénéfique à celui-ci.

Les frappes menées par Téhéran depuis l’Irak sur l’Arabie saoudite fournissent l’occasion idéale pour les leaders nationalistes comme Moqtada Sadr de dénoncer l’emprise de l’Iran sur les milices irakiennes, comme le rappelle cet autre tweet du 29 juillet :

« Je condamne les agissements des milices effrontées qui entraînent l’Irak dans une guerre stérile, j’appelle le gouvernement irakien à rétablir la sécurité, à faire respecter la souveraineté et à œuvrer sans relâche pour la sécurité du peuple irakien et de ses lieux saints, sans se laisser entraîner par les superstitions sectaires répugnantes. »

Moqtada Sadr se fait le relais d’un discours que la guerre rend plus palpable et évident aux yeux des Irakiens chiites : l’action des milices iraniennes, en plus d’inclure l’Irak dans la guerre, participe au processus de confessionnalisation du pays qui le divise et fragilise sa souveraineté au profit de Téhéran.

Affaiblissement des milices, renforcement des États ?

Ainsi, les succès des proxys iraniens en Arabie saoudite se font aux dépens du soft power iranien au sein de l’arc chiite en Irak. Il convient dès lors de nuancer l’image d’une République islamique qui sortirait renforcée de la guerre. De tous les pays qui le composent, l’Irak semble être le principal maillon faible de l’« axe de la résistance » puisque les milices chiites irakiennes se trouvent face à un dilemme : soit exécuter les ordres de Téhéran et s’aliéner ainsi le soutien populaire d’une partie de la rue irakienne (y compris chiite), soit s’intégrer à l’appareil d’État irakien, mais perdre le soutien du parrain iranien.

La vivacité du nationalisme irakien, réveillé par les ingérences iraniennes, la légitimité des élites religieuses chiites irakiennes et surtout leur autonomie vis-à-vis de Téhéran semblent indiquer que ces milices refuseront les injonctions à l’escalade venues de Téhéran. Une pareille dynamique, si elle s’appliquait à d’autres milices pro-iraniennes, comme le Hezbollah au Liban, pourrait stabiliser significativement le Moyen-Orient en renforçant des États comme le Liban ou l’Irak, dont la République islamique voulait détruire la souveraineté.

The Conversation

Pierre Firode ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le régime iranien va-t-il perdre son influence sur l’Irak ? – https://theconversation.com/le-regime-iranien-va-t-il-perdre-son-influence-sur-lirak-292968

Tentative de détournement du vol Flydubai   quel impact sur les législatives israéliennes ?

Source: The Conversation – in French – By Ran Porat, Affiliate Researcher, The Australian Centre for Jewish Civilisation, Monash University

Le 30 septembre, à l’aéroport Ben Gourion de Tel-Aviv, Benyamin Nétanyahou s’entretient avec Yaniv Hayoun (l’un des passagers ayant neutralisé le co-pilote qui venait de poignarder le pilote de l’avion) et sa famille. Le vol a finalement pu se poser sur un aéroport saoudien, et un autre vol a permis aux passagers de rejoindre Tel-Aviv. Hayoun porte encore les vêtements tachés du sang du pilote, grièvement blessé pendant l’attaque. Kobi Gideon/Government Press Office

L’ESSENTIEL

  • À l’approche des élections du 27 octobre, Benyamin Nétanyahou tente de profiter de la tentative de détournement, au-dessus de l’Arabie saoudite, d’un vol Flydubai en direction de Tel Aviv, le 30 septembre, pour conforter son image de « protecteur d’Israël ».

  • Cette image a été affaiblie par les récentes révélations sur les défaillances sécuritaires en amont du massacre du 7 octobre 2023.

  • L’opposition espère provoquer l’alternance, mais la formation d’une coalition autour de Gadi Eisenkot, fondateur du parti Yashar, lui-même militaire chevronné, s’annonce incertaine.


Ce 30 septembre, la tentative de détournement d’un vol Dubaï-Tel-Aviv transportant 170 passagers, pour la plupart israéliens, a une nouvelle fois rappelé aux Israéliens la menace constante que représentent le terrorisme et la guerre. Seuls le courage du commandant de bord et celui des passagers ont permis d’éviter une catastrophe majeure. Quelques heures plus tôt, Benyamin Nétanyahou avait publié une vidéo dans laquelle il prévenait ses compatriotes que, à l’approche des élections législatives du 27 octobre, des attaques extérieures étaient à redouter.

Dans un premier temps, ses adversaires avaient qualifié ces propos de manœuvre destinée à détourner le débat public vers les questions de sécurité et à faire oublier la responsabilité du premier ministre dans les graves défaillances qui avaient permis les attaques du Hamas du 7-Octobre. Mais les événements survenus à bord du vol Flydubai sont venus confirmer l’avertissement de Nétanyahou.

À l’approche du scrutin, le premier ministre au plus long mandat de l’histoire du pays espère toujours restaurer son image de « protecteur d’Israël ». Il n’a d’ailleurs pas tardé à intégrer cet épisode à sa campagne, en publiant sur ses réseaux sociaux une vidéo et des photos le montrant en train de féliciter un passager – qui se trouve être un de ses partisans –, qui s’était précipité dans le cockpit.

Les critiques se multiplient sur les défaillances du 7-Octobre

Malgré les récentes révélations, Nétanyahou refuse toujours d’assumer la responsabilité de l’attaque terroriste du 7 Octobre. Il s’est opposé à la création d’une commission d’enquête nationale indépendante chargée d’examiner les défaillances ayant rendu l’attentat possible et a tenté, sans succès, de mettre en place une autre commission d’enquête, qui lui aurait été plus favorable.

Le premier ministre a affirmé à plusieurs reprises que les responsables de la sécurité ne l’avaient pas averti de l’imminence de l’assaut. Selon lui, « s’ils l’avaient réveillé plus tôt » le 7 octobre, « les choses auraient été très différentes ».

Des informations récentes dressent toutefois un tableau différent. Plusieurs médias ont rapporté que les services de sécurité israéliens, ainsi que Nétanyahou lui-même, avaient reçu des avertissements explicites dans les jours précédant l’attaque de 2023. Ces alertes provenaient de hauts responsables arabes, notamment du chef des services de renseignement égyptiens, mais aussi de dirigeants étrangers, comme Mohammed ben Zayed, président des Émirats arabes unis.

Un livre récent affirme également que Nétanyahou avait reçu un avertissement direct de Yahya Sinouar, le chef du Hamas considéré comme l’architecte de l’attaque, mais que le premier ministre et ses principaux responsables de la sécurité n’avaient interprété ces avertissements annonçant un « tremblement de terre » – pour reprendre le terme employé par Sinouar – qui se préparait à Gaza que comme une demande de concessions économiques en faveur des Palestiniens.

Les responsables israéliens étaient prisonniers de ce que l’on appelle en Israël la conceptzia : un ensemble détaillé et profondément ancré de présupposés concernant les capacités et les intentions de l’ennemi. Le terme avait été forgé pour décrire les défaillances des services de renseignement israéliens avant la guerre israélo-arabe de 1973.

En 2023, la conceptzia de Nétanyahou, partagée par de nombreux responsables de la sécurité, reposait notamment sur l’idée que l’argent qatari versé au Hamas permettrait, selon les termes de ses détracteurs, d’« acheter le calme ».

Nétanyahou avait approuvé, à partir de 2018, le transfert de millions de dollars du Qatar vers Gaza. Loin de servir à venir en aide aux Gazaouis les plus démunis, une grande partie de ces fonds aurait, selon les services de renseignement israéliens, contribué au développement des capacités militaires du Hamas et de son infrastructure terroriste souterraine.

L’opposition peut-elle tirer parti de la situation ?

Aux législatives du 27 octobre prochain, Nétanyahou fait face à une opposition regroupée au sein du bloc « ABBA » (« Anyone But Bibi Again », soit « n’importe qui sauf encore Bibi »). Son principal adversaire est le parti Yashar ! dont le nom signifie « direct » ou « franc », dirigé par Gadi Eisenkot, ancien chef d’état-major de Tsahal, dont le fils a été tué au combat pendant la guerre à Gaza en décembre 2023.

Les sondages indiquent régulièrement que Yashar ! devrait devenir le premier parti à l’issue des élections. Mais la formation d’une coalition pourrait se révéler difficile : le bloc d’Eisenkot rassemble des partis de droite, de gauche et du centre, qui ont peu de points communs en dehors de leur volonté de chasser Nétanyahou du pouvoir. Une coalition comparable, dirigée par Naftali Bennett et Yaïr Lapid, s’était rapidement disloquée en 2022.

Par ailleurs, plusieurs partis sionistes exigent que le prochain gouvernement soit exclusivement « sioniste » et refusent de participer à une coalition incluant le parti arabo-islamiste Ra’am.

Ra’am avait été la pièce manquante qui avait permis la formation du gouvernement Bennett-Lapid, après que quatre élections consécutives, jusqu’en 2022, eurent laissé les différents camps sans possibilité de dégager une majorité gouvernementale. Sans Ra’am, le bloc ABBA pourrait donc ne pas être en mesure de former une coalition.

Le sort de plusieurs petits partis qui doivent franchir le seuil électoral pour entrer à la Knesset constitue par ailleurs une inconnue presque impossible à anticiper. Si des voix des blocs pro- ou anti-Nétanyahou se reportent sur de petites formations qui n’atteignent finalement pas le seuil requis, cela pourrait modifier sensiblement le résultat.

Jusqu’à récemment, les sondages indiquaient de manière assez constante qu’une alternance était envisageable. Mais ces dernières semaines, l’écart entre les blocs favorables et opposés à Nétanyahou s’est resserré, notamment parce que les sondages ne prennent pas en compte les partis arabes ni le parti de centre droit Hendel/Zelekha. Reste d’ailleurs à savoir si ce dernier parviendra lui-même à franchir le seuil électoral.

L’ombre du 7-Octobre sur le scrutin

Quelques jours avant les élections, les Israéliens commémoreront dans le recueillement le troisième anniversaire de l’attaque terroriste du 7 octobre 2023. Près de 1 200 Israéliens de tous âges avaient été massacrés lors de ce « samedi noir », environ 250 personnes avaient été enlevées, de nombreuses femmes avaient été violées et des quartiers entiers avaient été pillés et détruits.

La guerre à Gaza qui a suivi a fait plus de 70 000 morts palestiniens, de vastes portions de l’enclave ont été réduites en ruines et 1,2 million de personnes se sont retrouvées sans logement.

Le 7-Octobre est omniprésent dans la campagne électorale, particulièrement tendue. Nombre de candidats sont des proches de victimes ou des soldats blessés pendant la guerre. Un sondage réalisé auprès du nombre exceptionnellement élevé de jeunes électeurs qui voteront pour la première fois montre que le 7-Octobre a profondément fait évoluer leurs positions vers la droite.

Ce qui inquiète le plus de nombreux Israéliens, c’est que les élections débouchent une nouvelle fois sur une impasse politique. L’État hébreu a besoin, dans l’urgence, d’un dirigeant capable d’assurer sa sécurité alors que les critiques se multiplient à propos de la guerre à Gaza, que l’antisémitisme se répand à travers le monde et que surviennent désormais des incidents comme la tentative de détournement du vol Flydubai.

Nétanyahou cherchera évidemment à se présenter comme celui qui est capable de relever ces défis. Mais ses adversaires en feront tout autant.

The Conversation

Ran Porat est chercheur associé au Conseil australo-israélien pour les affaires juives (AIJAC) et chercheur à l’Institut international de lutte contre le terrorisme de l’université Reichman, à Herzliya, en Israël. Il est également un ancien officier du renseignement militaire des Forces de défense israéliennes (FDI).

– ref. Tentative de détournement du vol Flydubai   quel impact sur les législatives israéliennes ? – https://theconversation.com/tentative-de-detournement-du-vol-flydubai-quel-impact-sur-les-legislatives-israeliennes-293366

Pourquoi le « coût par utilisation » pourrait révolutionner nos achats de vêtements

Source: The Conversation – in French – By Lisa Eckmann, Assistant Professor in Marketing, University of Bath

Le « coût par utilisation » rapporte le prix d’achat au nombre de fois où un vêtement est porté.
Rneaw/Shutterstock

L’ESSENTIEL

  • Le « coût par utilisation » montre qu’un vêtement de qualité est souvent plus rentable qu’il n’y paraît.

  • Afficher cet indicateur incite les consommateurs à privilégier des vêtements plus durables plutôt que la fast-fashion.

  • Cette approche ne prend pas en compte, toutefois, les aspects éthiques et environnementaux de la fabrication.


Imaginons qu’un homme souhaite acheter une nouvelle chemise pour le travail. Il prévoit de la porter une fois par semaine pendant au moins les cinq prochaines années. En comparant les modèles disponibles, il hésite entre une chemise d’une marque d’entrée de gamme à 25 euros et une chemise d’une marque réputée pour sa qualité à 60 euros. Laquelle devrait-il choisir ?

Son expérience des deux marques lui permet d’estimer leur durée de vie. Portée une fois par semaine (soit une cinquantaine de fois par an), la chemise d’entrée de gamme tiendra environ un an avant de devoir être remplacée. La chemise de meilleure qualité, elle, restera en bon état pendant au moins quatre ans. En contrepartie, elle est évidemment plus chère.

Notre acheteur fictif conclurait sans doute que la chemise de meilleure qualité est le choix le plus économique. Si l’on rapporte le prix d’achat au nombre de fois où elle sera portée, chaque utilisation lui reviendrait à seulement 30 centimes d’euros, contre 50 centimes pour la chemise d’entrée de gamme.

C’est le principe du « coût par utilisation » (cost per wear). Certains blogs consacrés à la mode et de petites marques s’appuient sur ce concept pour défendre l’achat de vêtements de meilleure qualité. L’idée est simple : un vêtement plus durable coûte plus cher à l’achat, mais cet investissement est rentabilisé s’il peut être porté plus longtemps. Le coût par utilisation se calcule en divisant le prix du vêtement par le nombre de fois où son propriétaire pense le porter.

Le coût par utilisation fonctionne, au fond, comme le prix à l’unité affiché dans les supermarchés. Ces indications permettent déjà aux consommateurs de comparer facilement le prix d’un produit aux 100 g, d’une barre chocolatée dans un lot ou encore d’une lessive par lavage. En revanche, cette même logique n’est pas encore appliquée aux vêtements dans les magasins.

Or, l’industrie de la mode est l’un des principaux secteurs responsables des atteintes à l’environnement. Elle serait à l’origine de jusqu’à 8 % des émissions mondiales de carbone, provoque une importante pollution de l’eau en raison des traitements textiles, notamment la teinture, et génère chaque année des millions de tonnes de déchets textiles.

L’affichage du coût par utilisation dans les magasins ou sur les sites de vente en ligne pourrait contribuer à réduire l’impact environnemental de la mode. Plus un vêtement est porté longtemps, plus les ressources nécessaires à sa fabrication sont utilisées de manière efficace. Et, bien sûr, plus sa durée d’utilisation est longue, moins il est nécessaire de le remplacer.

Des piles de vêtements
Les déchets textiles représentent un enjeu majeur, alimenté en partie par la fast-fashion.
Sasha Ostapiuk/Shutterstock (no reuse)

Le problème, c’est que la plupart des consommateurs ne savent pas combien de temps un vêtement durera. En l’absence d’une information claire en magasin ou sur les sites de vente en ligne, beaucoup ne prennent même pas en compte sa longévité au moment de l’achat.

Pourtant, il existe déjà des méthodes normalisées pour évaluer la résistance des tissus. Elles mesurent leur durabilité en fonction du nombre de cycles d’abrasion – autrement dit, du nombre de frottements contre une surface abrasive – qu’ils peuvent supporter avant de montrer des signes d’usure. Il serait tout à fait possible d’appliquer ces tests aux vêtements afin que les distributeurs affichent un coût par utilisation aux côtés du prix de vente.

Dans une étude menée avec Lucia Reisch, de la Cambridge Judge Business School, nous avons testé cette idée. Au cours de plusieurs expériences, nous avons présenté à des participants recrutés en ligne deux versions d’un même vêtement – par exemple un pull : l’une moins chère mais de qualité inférieure, l’autre plus coûteuse mais de meilleure qualité. Nous leur avons ensuite demandé laquelle ils choisiraient.

La fast-fashion n’était soudain plus si bon marché

Lorsque nous indiquions le coût par utilisation des deux options – ou même uniquement celui du vêtement de meilleure qualité (en montrant qu’il était inférieur à celui d’un vêtement de moindre qualité, ou à une valeur de référence) – les participants étaient plus enclins à choisir l’article le plus cher et de meilleure qualité.

L’effet était encore plus marqué lorsque les participants achetaient un vêtement destiné à être porté au quotidien plutôt que pour une occasion particulière, lorsqu’ils pouvaient comparer le coût par utilisation entre plusieurs options, et lorsque cette information était présentée comme certifiée par un organisme indépendant. Les participants accordaient alors davantage de confiance à cette indication, qui se révélait plus convaincante qu’une simple promesse de durabilité avancée par une marque.

Nos études montrent que l’affichage du coût par utilisation peut faire apparaître les vêtements de fast-fashion comme beaucoup moins avantageux qu’ils n’en ont l’air. À l’inverse, les vêtements de meilleure qualité sont perçus comme un investissement plus judicieux sur le plan financier. En optant pour cette solution plus rentable, les participants faisaient également le choix le plus favorable à l’environnement.

Le coût par utilisation peut ainsi rendre des vêtements plus chers, mais de meilleure qualité, plus abordables aux yeux des consommateurs. Cela ne signifie pas pour autant que tous auront les moyens de payer un prix d’achat plus élevé, même s’ils savent qu’il serait plus avantageux à long terme.

Le coût par utilisation ne reflète toutefois qu’un seul aspect de la durabilité d’un vêtement : sa résistance dans le temps. Il ne tient pas compte des enjeux éthiques, comme les conditions de travail tout au long de la chaîne de production, ni d’autres dimensions environnementales, telles que l’utilisation de fibres naturelles ou synthétiques.

Encore faut-il que les marques et les distributeurs acceptent d’afficher ce coût par utilisation en l’absence d’une obligation réglementaire. Les marques positionnées sur la qualité y auraient sans doute davantage intérêt que les enseignes de fast-fashion.

Le concept mérite néanmoins d’être développé. Au moment de l’achat, il incite les consommateurs à réfléchir à la durée de vie d’un vêtement et au nombre de fois où ils le porteront. À terme, il pourrait les encourager à délaisser la fast-fashion au profit d’options plus durables – ne serait-ce que pour réaliser des économies sur le long terme.

The Conversation

Lisa Eckmann ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Pourquoi le « coût par utilisation » pourrait révolutionner nos achats de vêtements – https://theconversation.com/pourquoi-le-cout-par-utilisation-pourrait-revolutionner-nos-achats-de-vetements-288016

Courses poursuites, violences, racisme : comment expliquer la multiplication d’« affaires » liées aux polices municipales ?

Source: The Conversation – in French – By Adrien Mével, Docteur en science politique, Université de Rennes 1 – Université de Rennes


L’ESSENTIEL

  • Les polices municipales sont souvent présentées dans une logique de proximité avec la population, par opposition à la police nationale.

  • Plusieurs interventions violentes ou scandales récents liés à des policiers municipaux amènent à questionner leurs modes d’action et leur rapport au public.

  • Le recrutement d’anciens policiers, gendarmes ou militaires produit des effets sur les pratiques professionnelles des agents municipaux.


En avril 2026, plus de la moitié des 17 policiers municipaux de Villeneuve-Saint-Georges (Val-de-Marne) étaient arrêtés (entre autres) pour violences, vols et dégradation après une série de plaintes, dont celle d’un homme affirmant avoir été gazé, roué de coups et la cible de tirs de pistolets à impulsions électriques dans les toilettes d’un bar – le procès de sept d’entre eux est renvoyé en décembre. En juillet 2026, des tirs mortels d’un policier municipal du Pontet (Vaucluse) concluaient un refus d’obtempérer, tandis qu’en août une course-poursuite menée par des équipages de la police municipale de Margny-lès-Compiègne (Oise) résultait en la mort du conducteur pris en chasse dans des conditions qui ont scandalisé sa famille et la communauté des voyageurs. Enfin est diffusée, début septembre 2026, une captation vidéo des propos racistes et dégradants d’un policier municipal de Carcassonne (Aude) et des réactions de ses collègues l’environnant.

Ces évènements qui, bien que divers dans leur nature, concernent tous la police municipale ont réactivé dans l’espace médiatique les enjeux des modes d’intervention et du rapport au public de ces agents de police. Ils nous invitent à nous demander si on peut vraiment s’attendre, au vu des évolutions récentes des polices municipales, à de notables différences vis-à-vis des forces étatiques concernant le recours à la force létale, la place des discours et des pratiques discriminatoires et le rapport conflictuel avec le public.

Une hausse de la létalité concernant aussi la police municipale

La loi du 28 février 2017 sur la sécurité publique a étendu la définition de la légitime défense : les policiers nationaux, les gendarmes et les policiers municipaux équipés d’armes à feu sont depuis autorisés à tirer sur un véhicule prenant la fuite, au motif que celui-ci pourrait représenter un danger ultérieur pour les agents ou pour autrui. Cette loi a eu comme effet d’augmenter le nombre de tirs mortels de policiers nationaux sur des véhicules, multiplié par cinq au cours de la période 2017-2022 par rapport à la période 2011-2016.

Bien que le plus faible nombre de tirs recensés en police municipale ne permette pas le même travail statistique, on peut faire l’hypothèse, au vu des évènements cités plus haut, qu’elle est, elle aussi, concernée par une hausse de la létalité de ses interventions. En police municipale, l’extension de la légitime défense s’articule à une habitude de course-poursuite qui peut être plus ancrée que chez les forces étatiques : alors que les unités de police nationale et de gendarmerie (hors Île-de-France) avaient instruction jusqu’à l’été 2025 de ne poursuivre les véhicules que dans les cas graves, les agents de police municipale étaient plus libres d’apprécier la pertinence d’une poursuite.

Ce vide réglementaire instituait une différence entre polices, qui a pu conduire à une division du travail consistant pour la police nationale à laisser la police municipale « chasser » les véhicules en fuite dans le cas de délits mineurs, pour paraphraser une formule entendue en police nationale.

Les effets indirects de la couleur politique

Il s’ensuit que les instructions locales émanant de la direction de la police municipale et des élus sont donc susceptibles d’orienter les pratiques de la police municipale : les agents ont en effet à décider entre le recours à la course-poursuite ou la transmission des informations aux forces étatiques pour une interpellation différée. Ces choix dépendent dans les faits de la doctrine d’emploi définie au niveau local.

Si on quitte à présent le seul enjeu des refus d’obtempérer pour s’intéresser au plan plus général des relations au public, on sait que les consignes de recours massif aux contrôles ou quasi-contrôles d’identité – de populations considérées comme indésirables ou de commerces perçus comme récalcitrants –, comme celles qui ont manifestement été données à Villeneuve-Saint-Georges, cadrent aussi l’action des agents.

Outre ces directives des élus municipaux et de la hiérarchie, les choix organisationnels faits au niveau local produisent eux aussi des effets lourds sur les pratiques des agents. Il faut d’abord relever l’importance des caractéristiques du service : dans les deux cas évoqués plus haut de course-poursuite mortelle, les faits se déroulent de nuit. L’existence de brigades de nuit est l’un des facteurs qui incitent les policiers municipaux à davantage investir les missions de répression de la délinquance. Au-delà des cas de la létalité, elles orientent les agents vers un rapport plus conflictuel avec un public envisagé, sur ces heures, comme plus facilement suspect.

Ensuite, l’équipement des policiers a évidemment un rôle dans la définition des modes d’intervention de la police municipale. Que les policiers municipaux soient équipés ou non d’armes façonne les types de missions qu’ils prennent en charge, en plus de changer drastiquement les probabilités d’issue fatale aux courses-poursuites. Il convient néanmoins de ne pas se focaliser sur la seule arme à feu, qui peut masquer la létalité liée aux techniques de contention, aux armes sublétales ou encore aux éventuels cas de « parechoquage » et aux techniques de percussion en courses poursuites – comme il y a vraisemblablement eu dans le cas de la mort de Paul Tancre à Margny-lès-Compiègne. Au-delà de la létalité, c’est aussi la question du rapport au public et de l’usage de la force qui se pose.

Enfin, les décisions politiques participent aussi à définir les policiers municipaux attirés par le service : les horaires de service, l’existence éventuelle de brigades d’intervention ou de proximité, l’équipement en arme à feu et la diversité de l’arsenal sublétal à disposition sont des indicateurs sur lesquels se fondent les agents pour choisir où postuler et où rester, en fonction du métier qu’ils veulent exercer.

Ces filtres indirects sont essentiels, car la capacité directe de sélection des profils est, quant à elle, limitée par des contraintes matérielles dans le recrutement.

Des agents provenant de plus en plus d’autres forces

Face aux tensions fortes qui existent sur le marché des policiers municipaux, les communes recrutent souvent des agents bénéficiant de « passerelles » depuis d’autres forces de sécurité. Outre le fait de puiser dans des réserves qui ne sont pas contingentées par le nombre de places ouvertes au concours, les anciens policiers, gendarmes ou militaires présentent pour les employeurs l’intérêt d’être plus rapidement opérationnels, par allégement de certains modules de formation, par exemple.

Ces recrutements produisent des effets sur les pratiques professionnelles des agents, le personnel d’encadrement exprimant régulièrement des craintes de voir des pratiques importées, notamment depuis la police nationale. Pour ce qui est du cas de Carcassonne, et sans généraliser faute de données plus larges à ce stade, l’observation que nous avons menée dans plusieurs polices municipales de grandes villes indique que le passage par l’armée tend à produire des policiers municipaux plus intéressés par les interventions conflictuelles avec la population.

Ainsi, sans imputer aux transfuges toute la responsabilité des évolutions des polices municipales, il faut souligner qu’il y a de moins en moins de raisons de penser que l’identité professionnelle de policier municipal rendrait improbables des phénomènes visibles en police nationale, comme des pratiques de contrôles orientées par le phénotype des individus ou une certaine banalisation des discours racistes.

Les derniers mois ont achevé de faire voler en éclats l’idée erronée selon laquelle les spécificités de la police municipale suffiraient à limiter sa létalité en intervention et à prévenir les expressions de racisme et d’un rapport conflictuel avec le public. Il apparaît nécessaire de se départir de l’idée d’une immunité naturelle des polices locales aux phénomènes que l’on a déjà amplement documentés en police nationale, et de prendre en compte les défis particuliers représentés par la police municipale, en particulier les effets d’un recrutement hétérogène sur les pratiques et les représentations des agents municipaux.

The Conversation

Adrien Mével ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Courses poursuites, violences, racisme : comment expliquer la multiplication d’« affaires » liées aux polices municipales ? – https://theconversation.com/courses-poursuites-violences-racisme-comment-expliquer-la-multiplication-d-affaires-liees-aux-polices-municipales-292822