Una bacteria marina conecta la conservación de los delfines con la salud humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adriana Cuevas Domínguez, Investigadora predoctoral en enfermedades emergentes de mamíferos marinos, Universidad Complutense de Madrid

Delfín varado en una playa. Eric Schipper/Shutterstock

Un delfín nada desorientado, incapaz de flotar o dando vueltas en círculos, hasta quedar varado en la arena. Esta escena, que se repite en las costas del Mediterráneo cada año, parece a simple vista un problema puntual. Pero, en realidad, es un mensaje sobre la salud del océano y los riesgos a los que nos enfrentamos todos, humanos y animales, dentro de un mismo ecosistema.

Las causas tras los varamientos de delfines

Para quienes trabajan en su rescate o estudio, los varamientos de delfines en las costas del Mediterráneo constituyen un fenómeno desgraciadamente común.

Puede tener múltiples causas, como choques con barcos o enfermedades. Entre estas últimas, las infecciones son frecuentes: virus, bacterias y parásitos pueden causar patologías graves, sobre todo si afectan al sistema nervioso.

Una bacteria marina que causa enfermedad en animales y personas

Una de esas infecciones, poco conocida fuera del ámbito científico pero con un impacto considerable, es causada por Brucella ceti, bacteria perteneciente al mismo género que causa la brucelosis en animales terrestres y humanos. En el mar, afecta principalmente a delfines y ballenas, y se ha detectado con especial frecuencia en el Mediterráneo, lo que sugiere que esta región podría actuar como un área endémica para el patógeno.

Como otras bacterias del género Brucella, puede causar zoonosis, es decir, una infección susceptible de transmitirse de animales a humanos, aunque en especies marinas es poco frecuente. En la mayoría de los casos, la brucelosis en personas no está relacionada con el contacto con delfines, sino con el consumo de productos marinos crudos o poco cocinados.

Para la población general, el riesgo es bajo, pero se recomienda mantener la precaución. El contacto directo con animales o con sus restos, especialmente sin protección, es una potencial vía de infección. Por este motivo, se recomienda no tocarlos si los vemos varados en las playas y avisar siempre a los servicios especializados.

Brucella ceti en la costa mediterránea española

Un estudio reciente llevado a cabo por investigadores españoles, principalmente del ámbito veterinario, analizó cetáceos varados en el Mediterráneo occidental durante una década. Los resultados mostraron que casi la mitad de los animales sospechosos estaban infectados.

Además, la investigación permitió caracterizar las lesiones asociadas a la infección y comprender mejor su impacto sobre la salud de los cetáceos, algo importante en la vigilancia sanitaria en el medio marino. En conjunto, los resultados muestran que es un problema relevante, con implicaciones para la conservación y la salud de los ecosistemas.

Una infección que afecta principalmente al cerebro

Lo más llamativo de la brucelosis marina es su afinidad por el sistema nervioso central. En los animales incluidos en el estudio, las lesiones se localizaron casi exclusivamente en el cerebro, con inflamación grave (meningoencefalitis). Este daño neurológico explica muchos de los signos previos al varamiento: pérdida de coordinación, desorientación, convulsiones o comportamiento anómalo.

Este patrón permite diferenciar la brucelosis de otras enfermedades infecciosas descritas en delfines, como las causadas por herpesvirus o morbillivirus. Estas también pueden afectar al sistema nervioso, pero suelen producir lesiones distintas.

Impacto en la conservación

La afectación neurológica puede causar la muerte del animal, ya sea por el propio daño cerebral o como consecuencia del varamiento.

Además, en otras regiones del mundo, la infección por Brucella en cetáceos se ha asociado a abortos, infertilidad y otros problemas reproductivos. Esto plantea dudas sobre su posible impacto a largo plazo en poblaciones vulnerables.

Es un aspecto especialmente relevante en especies con tasas reproductivas bajas como los delfines, donde cualquier impacto negativo puede ser decisivo para su supervivencia. Así, para entender y reducir estos efectos, es crucial poder diagnosticar la infección de forma fiable.

¿Cómo se diagnostica una enfermedad en un delfín?

El estudio de animales varados es clave para analizar enfermedades en delfines y ballenas. Técnicas como el cultivo o la PCR permiten detectar la bacteria con fiabilidad. Sin embargo, la identificación de anticuerpos específicos plantea más desafíos. A diferencia de lo que ocurre en animales domésticos, no existen pruebas serológicas plenamente validadas para delfines.

En el trabajo mencionado, los investigadores adaptaron y evaluaron un test comercial para su uso en delfines. Por primera vez lograron validarlo, mejorando la detección y evitando errores.

Este avance no solo mejora el diagnóstico, sino que también permite aplicar programas de vigilancia sanitaria, más allá del estudio de animales varados.

La genética ayuda a seguir la pista de la bacteria

El análisis genético de las bacterias aisladas permitió identificar distintos linajes de Brucella ceti en el Mediterráneo. Como una huella dactilar molecular, este análisis permite comparar cepas y establecer relaciones entre ellas. Algunas eran muy similares, incluso, en animales varados en distintos años. Esto sugiere que ciertos linajes podrían persistir a lo largo del tiempo.

Esta información es clave para entender cómo se mantiene y se dispersa la infección en el medio marino, así como para detectar posibles conexiones entre casos.

Delfines como centinelas del mar

Los delfines actúan como auténticos centinelas de la salud del océano. Comprender las enfermedades que los afectan es fundamental para evaluar riesgos que, a largo plazo, podrían tener consecuencias para su conservación.

El Mediterráneo es uno de los mares más dañados por la actividad humana y el cambio climático. Tales factores podrían debilitar su sistema inmunitario y aumentar su vulnerabilidad frente a infecciones como las causadas por Brucella ceti.

Los hallazgos muestran que estos animales ya se enfrentan a un riesgo sanitario relevante. Aunque los casos humanos asociados son raros, ilustran cómo los ecosistemas alterados pueden favorecer la aparición o propagación de enfermedades zoonóticas, con potencial impacto en la salud pública.

Por ello, es imprescindible adoptar un enfoque integral que aúne distintos factores medioambientales. Solo así se podrá comprender el panorama completo, anticipar posibles brotes y proteger tanto a los cetáceos como a los ecosistemas y a las comunidades humanas que dependen del mar.

En definitiva, escuchar lo que nos dicen los delfines varados no es solo proteger animales emblemáticos. También nos alertan sobre la salud del mar y sus riesgos.

The Conversation

Ignacio Vargas Castro es Profesor Ayudante en la Universidad Complutense de Madrid, y durante su etapa predoctoral fue beneficiario de una Beca FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

Jose Angel Barasona García-Arévalo es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal (RYC2022-038060-I) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN/AEI) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+).

Adriana Cuevas Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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