Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guillermo Sánchez León, Instituto Universitario de Física Fundamental y Matemáticas (IUFFyM), Universidad de Salamanca

Calor extremo, una ola de incendios excepcional y fenómenos meteorológicos poco habituales han marcado el verano europeo. La creciente frecuencia e intensidad con la que se suceden estos episodios se asocian al cambio climático.
El consenso científico señala a las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente el CO₂ procedente de la quema de combustibles fósiles, como la principal causa del calentamiento global. Por tanto, para mitigarlo es necesario reducir estas emisiones. Sin embargo, la limitación de estos gases solo será efectiva si tiene un carácter global y, por ahora, siguen aumentando.

NOAA, CC BY-SA
Las emisiones de un país como España representan alrededor del 0,6 % del total mundial. Por tanto, aunque su contribución a reducir las emisiones es importante, por sí sola tiene un efecto limitado en la temperatura global.
En este escenario, toma especial relevancia la preparación ante un calentamiento global que, por el momento, no parece detenerse.
El calentamiento global y sus consecuencias
La temperatura media de la superficie terrestre está aumentando, aunque su intensidad varía según las regiones. Resulta particularmente significativo el aumento registrado en el Atlántico Norte y en el Ártico, donde áreas que permanecían cubiertas por hielo durante meses son cada vez más accesibles a la navegación marítima.
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También es notable el calentamiento observado en las regiones próximas a la costa mediterránea. Sin embargo, donde el aumento de temperatura está siendo especialmente anómalo este año es en el océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Como consecuencia de ello, el conocido fenómeno de El Niño se intensificará en los próximos meses. Según la Organización Meteorológica Mundial, esto provocará importantes cambios en los patrones de temperatura y precipitación, con los consiguientes riesgos asociados, como inundaciones, sequías y episodios de calor extremo.

ERA5. C3S/ECMWF., CC BY
De forma menos llamativa, pero con consecuencias igualmente graves, el cambio climático está alterando progresivamente los ecosistemas y contribuyendo a la pérdida de biodiversidad. Además, el aumento de las temperaturas y la creciente aridez incrementan el riesgo de incendios forestales y pueden agravar sus efectos.

Copernicus Climate Change Service (C3S)
El Acuerdo de París estableció como objetivo mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. En julio de 2026, con un aumento de alrededor de 1,43 °C, estamos próximos a este valor y la tendencia actual sugiere que se alcanzará antes de que finalice esta década.
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Emisiones de gases invernadero por países
Los gases de efecto invernadero (GEI), especialmente el CO₂ por su abundancia, no son la única causa del incremento de la temperatura global, pero sí la más relevante. Estos gases tienen la particularidad de retener en las capas bajas de la atmósfera parte del calor que la superficie terrestre emite tras ser calentada por la radiación solar. En la actualidad, la concentración de CO₂ se sitúa en torno a las 427 ppm y continua aumentando.
Los países industrializados se comprometieron con el Protocolo de Kioto a adoptar un conjunto de medidas para reducir las emisiones de gases invernadero, que se expresan conjuntamente en lo que se denomina CO₂ equivalente (CO₂eq). De estas emisiones se restan las absorciones (por ejemplo, las realizadas por los bosques), obteniéndose así las emisiones netas, que habitualmente se expresan en kt CO₂eq (miles de toneladas de CO₂ equivalente).
En la actualidad, los mayores emisores de CO₂ en cifras absolutas son China, Estados Unidos, India y la Unión Europea (UE), con el 6 % de las emisiones mundiales. Dentro de la UE, España ocupa el quinto puesto en emisiones totales, el veintidós en emisiones por habitante.

MITECO
España ha ido reduciendo sus números. Las emisiones totales netas españolas en 2025 fueron de alrededor de 270 millones de toneladas de CO₂ equivalente (MtCO₂eq), en torno a un 35-40 % inferiores a las de 2005, año en que se alcanzó el máximo. En el mismo periodo las emisiones mundiales han aumentado el 35 % y el proceso continua.
La cifra total acumulada por España desde la época preindustrial asciende a 24 060 MtCO₂eq, que representa el 0,61 % del total histórico mundial. Así, de forma aproximada podemos estimar que su contribución al incremento de la temperatura del planeta ha sido de alrededor de 0,009 ºC desde la época preindustrial.
En cuanto a las emisiones por sectores (datos de 2024), en primer lugar se sitúa el transporte (33,8 %), seguido de las actividades industriales (17,9 %) y del sector agropecuario (12,4 %).
La generación de electricidad ocupa el cuarto lugar, con el 9,8 % de dichas emisiones, gracias a la elevada penetración de las energías renovables y de la energía nuclear. Pero incluso estas fuentes que habitualmente se consideran limpias no están libres de emisiones de CO₂ debido a la extracción de materiales, el proceso de fabricación de sus componentes y a la construcción de las instalaciones.
La adaptación es la única solución a corto plazo
El CO₂ puede persistir en la atmósfera durante décadas e incluso siglos, y se mezcla de forma homogénea a escala planetaria. No existe un “microclima aislado” producido únicamente por el CO₂ emitido dentro de una frontera nacional. Este es un aspecto importante, pues cuando se describen fenómenos extremos como los que hemos vivido recientemente (incendios forestales, inundaciones, etc.), es frecuente relacionarlos con las emisiones nacionales y con la insuficiente implantación de energías renovables. Pero no podemos olvidar que el comportamiento de la atmósfera es global.
Aunque España alcanzara la neutralidad de carbono mañana, si este esfuerzo no fuera acompañado por una reducción de las emisiones en el resto del mundo, las condiciones climáticas españolas no cambiarían de forma perceptible. El clima responde a la acumulación global de gases de efecto invernadero. Mitigar el calentamiento global es una tarea colectiva de alcance universal cuyos efectos se verán a largo plazo.
Reducir las emisiones es parte de la solución, pero no la única. La forma más realista de reducir los daños causados por grandes catástrofes, como las que estamos presenciando, y la destrucción de la biodiversidad es prevenir y mitigar sus consecuencias a corto plazo mediante actuaciones de adaptación al cambio climático, que al menos en ese horizonte temporal parece difícilmente evitable.
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José Guillermo Sánchez León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Cómo contribuyen las emisiones españolas de CO₂ al cambio climático y los fenómenos extremos? – https://theconversation.com/como-contribuyen-las-emisiones-espanolas-de-co-al-cambio-climatico-y-los-fenomenos-extremos-290264
