Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Suárez Cortés, Postdoctoral researcher, Max Planck Institute for Infection Biology

La malaria es una plaga para la humanidad. Se calcula que ha matado a más seres humanos que cualquier otra enfermedad infecciosa.
Resulta razonable que por ello a lo largo de los siglos no se haya dejado de buscar tratamientos. Pero como toda empresa humana, la investigación depende del tiempo y la sociedad del momento. Y hay un fenómeno en particular con el que la historia de la investigación en malaria se entrelaza: el colonialismo, que ha jugado un papel principal en todos los premios Nobel que se han concedido por descubrimientos sobre esta zoonosis.
Cortezas de árbol y cócteles
El primer gran descubrimiento en la lucha contra la malaria es un claro ejemplo de esta relación. Se trata de la quinina, presente en la corteza del quino, un árbol de América del Sur que los incas usaban como remedio para la fiebre y que resultó ser efectiva contra la malaria.
Llevada por los jesuitas hasta Europa en el siglo XVII, esta medicina fue una importante arma en la colonización de África y Asia, donde protegía a tropas y colonos de los temibles efectos de la malaria. La quinina es muy amarga, así que en la India, los ingleses la comenzaron a mezclar con agua carbonatada y azúcar, inventando el agua tónica. Luego le añadieron ginebra, de forma que fuese algo más agradable al paladar, y así nació el gin tonic.
Leer más:
Entre incertidumbres y éxitos: la lucha contra la malaria en los últimos cien años
La malaria ¿está o no en el aire?
Dos siglos más tarde, en el XIX, la malaria seguía causando estragos. Entre otros interrogantes, aún no se comprendía bien cuál era su causa. Se pensaba que la producían las emanaciones de las aguas estancadas. De este “mal aire” (mal aria en italiano) tomó su nombre la enfermedad.
Alphonse Laveran, un médico militar francés destinado en la colonia de Argelia, observó en la sangre de pacientes de malaria organismos microscópicos. Los identificó como protozoos, es decir, animales unicelulares. Se trataba de los plasmodios, los parásitos causantes de la malaria. Este hallazgo fue recibido inicialmente con escepticismo. Sin embargo, 27 años después Laveran ganaría el premio Nobel por tan importante descubrimiento.
El peligro alado
A pesar del gran avance que supuso aquella revelación sobre la malaria, todavía faltaba una importante pieza para resolver el puzle en la dinámica de la infección: ¿cómo se transmitía el parásito al humano? Esta es la pregunta que trataban de resolver distintos investigadores a finales del siglo XIX.
Entre ellos estaban Ronald Ross, un médico británico destinado en la India colonial, y Giovanni Battista Grassi, un entomólogo italiano que vivía en Roma, también plagada de malaria.
Ambos trataban de validar una hipótesis de Patrick Manson, uno de los padres de la medicina tropical y quien propuso que la malaria se transmitía mediante la picadura de mosquitos. Ross y Grassi demostraron casi de forma paralela que aquella teoría era cierta. El primero estudió el ciclo de los parásitos en aves; junto a un equipo de científicos, el segundo identificó a los mosquitos del género Anopheles que transmiten la malaria, además de escalar la investigación a humanos.
Pero la historia de este descubrimiento pronto se volvió amarga. Llevado por la ambición del reconocimiento, Ross se embarcó en una campaña de difamaciones contra Grassi. Y así, mientras el primero alcanzó la gloria del Nobel, el segundo quedó prácticamente olvidado en las décadas siguientes. En la actualidad existen serias sospechas de que el británico había recibido filtraciones de los avances del italiano que fueron cruciales para su investigación.
Leer más:
Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria
La infusión que venció a la malaria
Otro punto crucial en la historia de los Nobel y la malaria llegaría en los años 60 del siglo XX. En Vietnam, donde la malaria hacía estragos en medio de la guerra de descolonización que sufría el país, la enfermedad se volvía cada vez más resistente a los tratamientos disponibles, como la quinina. Por ello el líder de la independencia Ho Chi Minh pidió ayuda a su aliado Mao Zedong, máximo dirigente del Partido Comunista de China. Necesitaba un remedio para que aquella infección dejase de ser una amenaza y como respuesta se llevó a cabo el Proyecto 523, una operación militar secreta en la que estuvieron implicados más de 500 científicos chinos.
Una de las estrategias se centró en buscar remedios para la malaria en la medicina tradicional china. Una tarea en la que estuvo implicada la investigadora Tu Youyou, quien examinó textos de milenios de antigüedad y dio en un tratado del siglo IV con la referencia a una planta clave: la Artemisia annua, el ajenjo chino.
La receta, en un texto del sabio Ge Hong, daba instrucciones precisas para preparar el remedio: se debía hacer una infusión con hojas del ajenjo, pero con el agua sin llegar a hervir. Siguiendo las indicaciones, Youyou extrajo la artemisinina presente en las hojas de la planta, y que constituye hoy el medicamento más efectivo contra la malaria. Tu Youyou recibió el Nobel varias décadas después por estas investigaciones.
No es casualidad que una clase de ajenjo se use para elaborar absenta, una bebida alcohólica que fue muy popular en el siglo XIX ¡y que se usaba para prevenir la malaria!
El reto de las vacunas
En un reciente hito en la lucha contra la malaria, la OMS aprobó por primera vez una vacuna contra esta enfermedad. Se trata de la RTS,S/AS01, inmunizante inicialmente desarrollado por el Walter Reed Army Institute of Research. La razón por la que este instituto de investigación del ejército de los Estados Unidos se embarcó en tal misión científica fue por su presencia militar en zonas con malaria a lo largo del siglo XX. En cada uno de sus despliegues por dichas regiones, su ejército ha sufrido más bajas debido a la enfermedad que a los propios combates.
Quién sabe si el próximo gran avance en el campo de la malaria tendrá una relación directa con formas actuales de colonialismo, cuyo sistema, lejos de ser defendido bajo ningún argumento, marcó la historia de la investigación de una de las enfermedades más letales en la historia de la humanidad. Un capítulo que nos ayuda a reflexionar sobre el origen de algunos conocimientos que la ciencia pone al servicio de la sociedad.
![]()
Pablo Suárez Cortés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Así han marcado el colonialismo y las luchas científicas la búsqueda de un tratamiento contra la malaria – https://theconversation.com/asi-han-marcado-el-colonialismo-y-las-luchas-cientificas-la-busqueda-de-un-tratamiento-contra-la-malaria-286723
