Maternidad subrogada: ¿y si enfocamos el debate desde quienes nacen mediante un acuerdo ajeno?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diana Sthefania Muñoz Gómez, Doctora en Derecho, Profesora Investigadora de Derecho de Familia del Instituto Latinoamericano de La Familia de la Universidad de La Sabana, Universidad de La Sabana

Victoria MPhoto/Shutterstock

La reciente visita a Chile, Argentina y Colombia de Olivia Maurel, activista contraria a la gestación subrogada y portavoz de la Declaración de Casablanca por la abolición de los vientres de alquiler, puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué significa para una persona que su concepción, gestación, filiación y nacimiento hayan sido decididos mediante un acuerdo celebrado antes de que pudiera participar en él?

Olivia, nacida por maternidad subrogada, no habla como jurista, médica, ni como alguien que observa desde fuera. Habla desde un lugar que durante mucho tiempo ha permanecido en segundo plano: el de quien nace de un contrato de subrogación.

Su testimonio cambia el punto de observación. Buena parte del debate ha girado alrededor de los adultos: ¿existe un derecho a ser padres?, ¿puede una mujer decidir gestar para otra persona?, ¿debe recibir dinero?, ¿es posible una subrogación altruista? Son preguntas necesarias, pero olvidan algo tan elemental como el derecho a construirse uno mismo.

Colombia, destino de “turismo reproductivo”

Colombia se ha convertido en un destino atractivo para el denominado “turismo reproductivo”, entre otras razones, por los costos significativamente menores de estos procesos y por un contexto de desregulación que puede incrementar las condiciones de vulnerabilidad de las mujeres gestantes. El país no cuenta con una ley específica sobre maternidad subrogada, pese a que la Corte Constitucional ha exhortado al Congreso a legislar.

El debate ha adquirido ahora especial actualidad. Durante la visita de Olivia Maurel, el 13 de agosto de 2026, fue presentado en el Congreso el Proyecto de Ley 215 de 2026 Cámara, que propone prohibir la práctica como una forma de explotación reproductiva. Su discusión obligará nuevamente a las instituciones colombianas a afrontar una cuestión de fondo: si la respuesta jurídica debe centrarse únicamente en la autonomía y los acuerdos entre adultos o considerar también los derechos de quienes nacen mediante ellos.

Somos también nuestra historia

Somos una realidad biológica, biográfica y relacional. Nuestra identidad remite a un origen y se construye a través de una historia en la que participan otros: quienes nos gestan, cuidan, nombran y reconocen, pero también quienes toman decisiones sobre nuestra vida antes de que podamos hacerlo nosotros.

Nuestra biografía no comienza cuando adquirimos conciencia de ella_ nuestra primera historia nos es contada por otros. Entender la persona como sujeto biográfico se fundamenta en la idea de una identidad narrativa, aquella construida a partir del relato que permite integrar los acontecimientos de nuestra existencia.

Por eso resulta necesario preguntarse si la gestación puede considerarse un territorio biográficamente neutro. La gestación y el nacimiento forman parte de la existencia, aunque no puedan evocarse como un recuerdo.

Un acuerdo sobre la historia de un tercero

La maternidad subrogada tiene una característica singular: quienes celebran el acuerdo toman decisiones sobre una tercera persona que no participa en la negociación y cuya existencia constituye su finalidad.

Se decide quién gestará y bajo qué condiciones, quién será reconocido como padre o madre; y se prevé que, después del nacimiento, el recién nacido sea entregado a quienes lo encargaron.

Puede existir o no un pago, pero incluso sin este permanece una realidad: otros han acordado anticipadamente circunstancias fundamentales de la historia de quien nacerá, lo que tiene impacto en su dimensión biográfica.

Las consecuencias no son solamente teóricas. Investigaciones sobre las barreras comunicacionales de la maternidad subrogada han mostrado cómo la fragmentación de las relaciones en la maternidad subrogada afectan derechos relacionados con el acceso a los orígenes y la identidad familiar.

La identidad también es relacional

El testimonio de Olivia es revelador en este punto. En una reciente entrevista, explicó cómo la intervención de hasta tres mujeres en el proceso (quien aporta el óvulo, quien gesta y quien cría) “hace muy complicado construirse a sí mismo”.

Su testimonio permite formular una pregunta que no deberíamos ignorar: ¿puede el derecho considerar irrelevante para la identidad de una persona la historia de relaciones que hizo posible su existencia?

La gestante no constituye simplemente un ambiente biológico intercambiable. Durante la gestación existe una relación corporal y fisiológica entre dos seres humanos. Que jurídicamente se atribuya la maternidad a otra persona no hace desaparecer ese acontecimiento de la biografía de ese hijo.

Por eso, conocer el origen significa algo más que identificar a quien aportó los gametos. Implica poder comprender cómo se llegó a la existencia, quién participó en la propia gestación y qué decisiones fueron tomadas antes del nacimiento.

De objeto del acuerdo a sujeto de derechos

Este cambio de perspectiva tiene consecuencias jurídicas concretas. La maternidad subrogada transnacional ya ha producido situaciones en las que la determinación de filiación y nacionalidad termina afectando directamente al niño. Un estudio sobre niños nacidos mediante subrogación en condición de apatridia analizó el caso de una niña que perdió su nacionalidad por inconsistencias en su registro de nacimiento. La Corte Constitucional colombiana tuvo que intervenir para restablecer sus derechos.

La cuestión de fondo no es si los niños nacidos mediante maternidad subrogada son deseados. Con frecuencia lo son intensamente. Tampoco se trata de desconocer el sufrimiento de quienes no pueden gestar. El problema es diferente: una persona puede ser profundamente deseada y, al mismo tiempo, convertirse en objeto de decisiones tomadas anticipadamente por terceros.

Por eso, una sociedad que reconoce los derechos de los niños no puede preguntarse únicamente qué desean los adultos o qué consintieron quienes celebraron el acuerdo. Debe preguntarse también por las consecuencias en quien no pudo consentirlo.

Nadie nace fuera de su historia

El principal aporte de Olivia es que obliga a escuchar a Nadie comienza a ser persona cuando puede contar su historia. Cuando podemos hacerlo, esa historia ya ha comenzado. Otros han participado en ella y han tomado decisiones que tendremos que incorporar, de una manera u otra, a nuestra propia biografía.

Si la persona es una realidad biográfica y relacional, el origen no es un dato accesorio de su identidad.

Y allí donde los adultos pueden acordar anticipadamente las condiciones de gestación, filiación y entrega de quien todavía no puede hablar, el derecho debería hacer algo elemental: mirar también desde el lugar de quien no estuvo sentado a la mesa cuando se decidió una parte fundamental de su historia.

The Conversation

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– ref. Maternidad subrogada: ¿y si enfocamos el debate desde quienes nacen mediante un acuerdo ajeno? – https://theconversation.com/maternidad-subrogada-y-si-enfocamos-el-debate-desde-quienes-nacen-mediante-un-acuerdo-ajeno-290046