Con las plataformas actuales, ¿podemos distinguir a qué país pertenece una serie?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Durán Romero, Profesora de Estructura Económica y Economía del Desarrollo (UAM). Miembro del Instituto L.R. Klein (UAM), Universidad Autónoma de Madrid

¿Sería capaz de decir el país de procedencia de esta serie solo con la imagen? Pertenece a _Si es martes, es asesinato_, española y emitida en Disney+. Disney+ España

Las plataformas de televisión han cambiado la forma en que se producen y ven las series y películas. Actualmente, de hecho, parece que muchas producciones son similares en su aspecto visual o en su forma de contar historias. Pero… ¿significa eso que se hayan borrado las diferencias culturales?

Los espectadores seguimos notando cuándo una ficción “suena” española, francesa o estadounidense. Y no es tanto por rasgos nacionales puros, sino por una mezcla de señales culturales, lingüísticas y territoriales. La identidad audiovisual no ha desaparecido. Simplemente, se ha vuelto más compleja.

Nada es igual aunque parezca lo mismo

Si entramos en Netflix, Prime Video o Disney+, es fácil pensar que las series se parecen cada vez más. La duración de los capítulos es similar, el ritmo engancha rápido y el aspecto visual tiende a ser muy “internacional”. Esta sensación no es inventada; las plataformas han impulsado una cierta tendencia en los formatos, aunque cada una intente mantener su propio sello.

El consumo de plataformas de suscripción en Europa está dominado por contenido estadounidense. Las tres plataformas antes mencionadas concentran la mayor parte del tiempo de visionado de series y películas. Eso ayuda a explicar por qué muchas series comparten códigos parecidos.

Sin embargo, una cosa es parecerse más y otra ser iguales. Las plataformas no eliminan la dimensión territorial de la televisión. En ellas conviven historias globales, públicos muy concretos y distintas formas de adaptar lo local para que funcione en muchos países.

La globalización audiovisual no ha creado un espacio uniforme sino un panorama en el que conviven la estandarización industrial y la permanencia de las diferencias culturales. Pero la identidad audiovisual no desaparece cuando cambia el mercado.

Detalles pequeños que identifican

Las audiencias buscan contenidos que les resulten próximos. Normalmente no reconocemos de dónde es una serie porque salga una bandera o un monumento famoso. Lo notamos por detalles más pequeños: el tipo de piso, el bar del barrio, la forma de cenar, el tono de una discusión familiar, el uso de la ciudad o la relación con el trabajo y con los amigos.

Cuando una serie parece española, por ejemplo, no suele ser por un solo rasgo. Suele ser por una combinación de elementos: la forma de hablar, la cercanía física, ciertos espacios urbanos, algunas dinámicas familiares o una mezcla concreta de humor y drama. Algo parecido pasa con lo que percibimos como “francés” o “estadounidense”. También ahí lo que reconocemos es una suma de señales, no una idea fija.

Paquita Salas, vecina de Navarrete de pro.

No obstante, las películas y series circulan mejor entre países con lenguas parecidas que entre países con más vínculos sociales. Eso confirma que la lengua sigue funcionando como una puerta de entrada cultural. Además, no cuenta solo el idioma en sí, sino también el acento, la velocidad al hablar, la forma de discutir, el humor, los silencios y las expresiones cotidianas que usamos cada día.

Por eso, más que pensar que cada país tiene rasgos totalmente exclusivos, parece más preciso decir que las obras combinan elementos –la lengua, los espacios, las formas de relación o la manera de ver el mundo– que el público acaba leyendo como señales de procedencia.

La autenticidad también se ha convertido en estrategia

Las plataformas no solo hacen que muchas cosas se parezcan. También necesitan ofrecer algo distinto. Y ahí lo local gana valor.

Lo local no depende solo del país donde se rueda una serie. También depende de cómo la ve el público y de cómo se cuenta la historia. Esto se relaciona con la cercanía cultural ya mencionada. El espectador percibe en la obra una forma de vida propia: una manera de cenar, discutir o entender la familia. Y eso es algo que los formatos estandarizados no logran copiar del todo.

Todo esto ayuda a entender mejor lo que está pasando. Las plataformas necesitan historias que puedan viajar, porque van a doblarse a otras lenguas. Pero también necesitan que parezcan auténticas y situadas en un contexto concreto. En vez de borrar la diferencia cultural, muchas veces la convierten en un valor de mercado: los contenidos mantienen rasgos del lugar del que salen, como la lengua, espacios o costumbres, pero se hacen para que puedan funcionar en un mercado audiovisual global.

Nada podía ser más británico que The Crown.

España es un buen ejemplo de ello. Tiene una gran capacidad para producir series, cuenta con una lengua que se habla en muchos países y, además, una base muy sólida de rodajes. También países como el Reino Unido o Italia muestran que la circulación global de las plataformas no sustituye la identidad cultural propia de cada país. De hecho, muchas veces se aprovecha como valor cultural e industrial. La casa de papel o Peaky Blinders, por ejemplo, siguen teniendo un estilo y un contexto muy reconocibles por su lenguaje, sus espacios y su ambiente cultural.

Dicho de forma sencilla: lo local ya no compite con lo global. Muchas veces es justo lo que hace que una serie destaque. De hecho, Netflix ha convertido la “autenticidad cultural” en parte de su imagen global. No se trata solo de lo que aparece en pantalla, sino también de cómo la plataforma produce y presenta sus series. La identidad cultural ya no aparece como algo cerrado o fijo. Las plataformas la rehacen y la presentan de forma que pueda circular mejor en un sistema digital guiado por algoritmos.

Por eso, la cuestión no es solo que una serie sea auténtica. También importa que parezca auténtica para que los sistemas de recomendación la impulsen a escala global.

‘Ser’ de un sitio también en rodaje

Pero esta apertura global no se da igual en todas partes. La etiqueta “Netflix Original” ha cambiado la forma de producir en Europa y ha aumentado la inversión. Sin embargo, también ha reforzado las desigualdades entre los mercados grandes y los pequeños.

Países con industrias potentes y lenguas de gran alcance han aprovechado mejor esta tendencia. En cambio, los territorios con menos recursos corren el riesgo de depender más de las normas de las grandes plataformas para poder exportar sus historias.

Una serie también “es” de un lugar por cómo se produce, porque su identidad está muy unida al lugar en el que se rueda, porque depende de sus calles, sus profesionales, sus empresas y sus recursos. Y esa huella acaba viéndose en la pantalla.

A pesar de ser americana, Étoile también era francesa porque la mitad de la serie transcurría en París y los detalles franceses permeaban la historia.

España ocupa una posición fuerte en este contexto local y global, con tres ventajas claras: el idioma, la calidad de sus equipos y su capacidad para crear contenidos que pueden llegar a públicos hispanohablantes de muchos países. Esto es importante porque el español conecta el mercado nacional con un espacio lingüístico mucho más amplio.

Cuanto más global, más local

Entonces, ¿de verdad podemos seguir notando de dónde es una serie?

Sí, pero no se trata tanto de un supuesto “estilo nacional puro”. Más bien reconocemos una mezcla de lengua, cultura, espacios, formas de relacionarse y maneras de producir.

La plataforma puede hacer que muchas series se parezcan en el formato. Pero no puede borrar del todo el ambiente social y cultural que transmite una obra. Tampoco puede prescindir del lugar donde esa obra se hace posible.

Por eso la gran paradoja del audiovisual actual es esta: cuanto más global es la distribución, más importante se vuelve el anclaje local.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Con las plataformas actuales, ¿podemos distinguir a qué país pertenece una serie? – https://theconversation.com/con-las-plataformas-actuales-podemos-distinguir-a-que-pais-pertenece-una-serie-284270