Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Camarillo Blas, Catedrático de Ingeniería Química. Fac. CC. Ambientales y Bioquímica, Universidad de Castilla-La Mancha
Hay vidas que se resumen en una imagen. La de nuestro personaje es la foto en blanco y negro de un joven de 29 años manejando un aparato con un arco eléctrico. A su izquierda puede verse el estand de la General Electric de Edison, y justo detrás, el de la Westinghouse de Tesla. La instantánea está tomada en el Madison Square Garden de Nueva York.
Podría ser otra foto anodina de principios del siglo XX, pero si supiéramos que nuestro protagonista había nacido en Piedrabuena (Ciudad Real) en 1880 y que llevaba en Nueva York menos de cinco años, su argumento se volvería mucho más interesante.
De Piedrabuena a Nueva York
Mónico Sánchez Moreno era el menor de los cuatro hijos de un humilde matrimonio formado por un fabricante de tejas y una lavandera. En la escuela, su profesor ya se dio cuenta de sus dotes intelectuales. Parecía que todo se iba a quedar ahí, porque una vez terminados los estudios básicos, Mónico se puso a trabajar en diferentes comercios de la comarca. Sin embargo, al cumplir los 21 años retomó su vocación y se fue a Madrid para formarse en el nuevo campo de la electricidad. Como no había cursado el bachillerato elemental, se inscribió en una academia para preparar el ingreso en Ingeniería Industrial.
Al mismo tiempo, empieza a realizar un curso de electrotecnia a distancia impartido desde Londres. A pesar de su desconocimiento del inglés, consigue seguir el curso con un diccionario comprado en el Rastro e incluso destacar. Tanto que su profesor Joseph Wetzler le anima a irse a Nueva York.
Con 24 años y 60 dólares en el bolsillo, Mónico toma en Cádiz un vapor transatlántico que le llevará a la “tierra de las oportunidades”. Sólo sabe inglés escrito, por lo que utiliza un pizarrín para comunicarse. Aunque encuentra un trabajo de delineante, sigue formándose en el Instituto de Ingenieros Electricistas (Nueva York), donde consigue el título tres años más tarde.
Inmediatamente después entró a trabajar en la Foote, Pierson & Co., que fabricaba equipos telegráficos. En esta época registró su primera patente, el puente Wheatstone-Sánchez, un instrumento de laboratorio que servía para medir resistencias y que adaptó para localizar averías en líneas eléctricas o telefónicas.
En mayo de 1908 empezó a trabajar para la Van Houten & Ten Broeck Co., una empresa dedicada a la aplicación de la electricidad en hospitales. Es allí donde tuvo lugar su “momento eureka”. Utilizando conceptos expuestos por Tesla, como que un transformador puede ser más pequeño si opera a mayor frecuencia, desarrolló un aparato portátil de rayos X hasta 40 veces más pequeño que los usados hasta la fecha y que funcionaba tanto con corriente continua como alterna.
Un año después fue contratado por la compañía Collins Wireless Telephone Co., que ya trataba de comercializar la telefonía inalámbrica. Esta empresa comenzó a fabricar en serie su invento, permaneciendo la patente a nombre del propio inventor. La foto descrita anteriormente se toma precisamente durante la campaña publicitaria de este aparato en la III Exhibición de la Electricidad.
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El científico que llevó el progreso a su tierra
La idea de Mónico había sido siempre volver a España. Por eso, en 1910 rescindió el contrato con la Collins y regresó a su país para asistir a una serie de congresos y exposiciones. En estos encuentros sus aparatos fueron muy bien recibidos por la comunidad médica. Entre los sueños de este inventor destacaba el deseo de que su tecnología se pudiera extender por la que ahora llamamos “España vacía”. Por ello, procuró que las condiciones de adquisición de sus aparatos por parte de los sanitarios fueran muy asequibles.
En 1913 compró una parcela de 3500 m² en su pueblo para construir el que sería el Laboratorio Eléctrico Sánchez, la obra de su vida. En él llegarían a trabajar a la vez 60 personas, muchas de ellas mujeres.
También contrató a un soplador de vidrio alemán, discípulo del artesano que fabricó los tubos de vacío a Wilhelm Conrad Röntgen, el descubridor de los rayos X. Para que la fábrica pudiera funcionar tuvo que construir una central eléctrica de carbón y sistemas de distribución de agua potable, de los que se aprovechó su municipio natal.
Entre algunos datos fascinantes que cuentan sus memorias, durante la I Guerra Mundial (1914-1918) el ejército francés adquirió 60 unidades del aparato portátil de rayos X que llegaron al frente a bordo de las ambulancias de campaña coordinadas por Marie Curie.
Profeta en su tierra, en 1914 fue declarado hijo predilecto de Piedrabuena, donde le dedicaron una calle. Fuera de su país recibió además numerosos premios en congresos y exposiciones, y llegó a ser nombrado doctor honoris causa en Brasil.
El freno a su carrera meteórica llegó con la Guerra Civil (1936-1939). Su laboratorio fue incautado por el Gobierno de la República y tuvo que huir a Valencia hasta el final de la contienda. A su regreso a Piedrabuena también estuvo a punto de ser procesado por el bando sublevado. La inestabilidad política y el aislamiento internacional consiguientes provocaron grandes problemas para importar material y repuestos.
En lo personal, perdió a su mujer y a cinco de sus hijos, entre ellos el que estaba destinado a ser su heredero. Poco antes de fallecer a los 81 años, había vendido el edificio del laboratorio al ayuntamiento, que lo utilizó como colegio. Actualmente, una parte de la fachada original se conserva en el centro de salud de la localidad.
Piedrabuena no le ha olvidado. En 1995 se inauguró su busto y el Instituto de Enseñanza Secundaria lleva orgulloso su nombre. En 2013 se instaló una placa recordando el centenario de la inauguración del laboratorio. Y, desde hace cinco años, se está construyendo un museo en la casa en la que residió.
Se calcula que durante el tiempo que estuvo abierta la fábrica se produjeron más de 3000 aparatos. Algunos de ellos todavía se conservan como reliquias en centros educativos y en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.
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Rafael Camarillo Blas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Mónico Sánchez, el manchego que democratizó los rayos X – https://theconversation.com/monico-sanchez-el-manchego-que-democratizo-los-rayos-x-285321
