El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ulf Thoene, PhD, Profesor Asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica, Universidad de La Sabana

Representación de los cables submarinos de fibra óptica que transportan el tráfico internacional de datos. Vismar UK/Shutterstock

Aunque comúnmente se concibe internet como una “nube” intangible, la red global posee una infraestructura física fundamental. En el lecho oceánico se encuentra una compleja red de cables submarinos de fibra óptica que transporta más del 99 % del tráfico internacional de datos.

Esta infraestructura sostiene comunicaciones personales y nuestros servicios financieros, comercio electrónico, operaciones logísticas, plataformas digitales, centros de datos, servicios en la nube y hoy, también, la inteligencia artificial. Hablar del control de estos cables submarinos es hablar de soberanía digital, posición geopolítica de los Estados y seguridad nacional.

En manos de las grandes empresas estadounidenses

Actualmente, la gestión de estos cables no recae únicamente en consorcios tradicionales. Los grandes proveedores globales de nube (hiperescaladores), como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure o Google Cloud, usan la infraestructura, la controlan y financian. Las cinco principales empresas digitales aumentaron su participación de menos del 10 % de la capacidad utilizada antes de 2012 al 69 % en 2021. Asimismo, poseen y utilizan más del 60 % de la capacidad internacional total. Con esto, adquieren un poder estructural sobre la información, afectando la seguridad y la soberanía económica de los Estados.

El escenario geopolítico subacuático

Esta concentración de poder se desarrolla en un contexto internacional de guerra híbrida (estrategia de conflicto que combina el uso de la fuerza militar convencional con métodos no convencionales para desestabilizar a un Estado) y la disminución del multilateralismo. Los cables submarinos constituyen activos críticos vulnerables tanto a amenazas físicas como cibernéticas.

El Comité Internacional de Protección de Cables estima que se producen entre 150 y 200 averías globales anualmente , la mayoría de ellas accidentales. Sin embargo, la atención estratégica se ha desplazado hacia el riesgo de sabotaje estatal.

Incidentes recientes en el mar Báltico, como los daños al gasoducto Balticconnector en 2023 y el corte del cable BCS East-West Interlink en 2024, demuestran que el entorno marítimo es propicio para agresiones en la denominada “zona gris”. Frente a estas amenazas, la gobernanza internacional presenta deficiencias. Informes de UNIDIR subrayan que la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) es actualmente insuficiente para abordar integralmente la ciberseguridad y las cadenas de suministro.

Además, existen desacuerdos en la OTAN: mientras los Estados bálticos solicitan ampliar la jurisdicción de los países costeros, potencias como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se oponen a restringir la libertad de navegación para proteger sus propias industrias de instalación de cables.

Fuera del eje de las democracias

Para el Sur Global y bloques emergentes como los BRICS, la concentración de cables en manos de gigantes tecnológicos bajo jurisdicción estadounidense no es una garantía de seguridad, sino un vector de dependencia económica y potencial espionaje digital.

Esta desconfianza ha acelerado la fragmentación de la infraestructura física del internet. A través de la bautizada Ruta de la Seda Digital, China financia y despliega activamente sus propias redes submarinas de fibra óptica mediante firmas nacionales, buscando eludir los puntos de control tradicionales occidentales. De este modo, el lecho oceánico deja de ser un simple teatro de defensa para Occidente y se convierte en un tablero de ajedrez multipolar, donde se libra una carrera por construir arquitecturas físicas de red ideológicamente segregadas.

En un contexto de tensiones, la infraestructura digital devuelve centralidad al territorio en la organización del poder global. Esta dimensión obliga a identificar qué países ocupan posiciones estratégicas dentro de la arquitectura física de Internet.

Países estratégicos

España, Egipto, Singapur, Yibuti, Brasil, Chile, Sudáfrica, Australia y algunos Estados insulares no son relevantes únicamente por su conectividad nacional, sino por su función como nodos, corredores o puntos de vulnerabilidad dentro de redes transregionales.

La ubicación geográfica de España, en concreto, representa un activo estratégico de gran relevancia. Su posición geográfica entre el Atlántico, el Mediterráneo, Europa, África y América Latina la convierte en un punto privilegiado para la interconexión de cables submarinos, centros de datos, servicios en la nube, flujos internacionales de información y la protección de las infraestructuras físicas que sustentan la conectividad transatlántica.

Esta misma lógica se observa en América Latina, donde la estrategia de Chile para diversificar su conectividad geopolítica mediante el cable Humboldt, la primera ruta directa entre Sudamérica y Oceanía en colaboración equitativa con Google, y el papel de Brasil en el establecimiento de centros neurálgicos de conectividad como Fortaleza, ilustran cómo el Sur Global busca gestionar la influencia de las infraestructuras privadas.

Dos condiciones geográficas incrementan o reducen la vulnerabilidad de la conectividad digital: la concentración o dispersión de los puntos de aterrizaje de cables submarinos y la cantidad de caminos que existen después en tierra para mover los datos. Si hay pocos caminos, se incrementa el riesgo; si hay varias rutas alternativas, aumenta la resiliencia. Si el tráfico intercontinental se concentra en pocos puntos vulnerables o si las conexiones terrestres presentan rutas poco diversificadas, la seguridad de todo el continente se ve comprometida.

La soberanía digital no puede restringirse a debates abstractos sobre el control normativo de las plataformas. Según las directrices más recientes de la Declaración ITU-ICPC de 2025, la gobernanza efectiva depende de tres capacidades operativas: identificar con precisión los activos críticos, mantener una diversidad geográfica en los puntos de amarre y disponer de protocolos de reparación ágiles.

Reconocer la competencia subacuática y regular la dependencia respecto al poder de infraestructura de Amazon, Google, Meta y Microsoft constituye un paso fundamental para evitar que la infraestructura física de internet se convierta en una vulnerabilidad crítica para las democracias.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida – https://theconversation.com/el-sabotaje-de-cables-submarinos-salta-al-tablero-de-la-guerra-hibrida-283531