Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Casado Melo, Profesora de Educación y Necesidades Especiales, Universidad Pontificia de Salamanca
Presentarse a una entrevista de trabajo, iniciar una conversación o responder con seguridad a una pregunta parecen situaciones sencillas. Pero no lo son para todo el mundo. Para muchas personas con discapacidad intelectual, estos momentos implican barreras de comprensión, comunicación, memoria, autonomía o confianza.
La inclusión no depende solo de abrir una puerta: a veces, también exige preparar a la persona para cruzarla con seguridad.
Comunicación más allá de las barreras físicas
La discapacidad intelectual implica dificultades importantes para aprender, razonar y desenvolverse en la vida diaria. Estas afectan a las habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Además, deben entenderse teniendo en cuenta el entorno de la persona, su cultura, su forma de comunicación y los apoyos que recibe.
Por eso, hablar de inclusión no es solo eliminar barreras físicas, sino también las dificultades de relación y de comprensión. Para que sea real, es necesario ofrecer oportunidades, apoyos y entornos accesibles. En este sentido, las habilidades sociales y el empleo son fundamentales para que la persona pueda ser más autónoma.
En una situación social, tener una conversación, expresar una preferencia, pedir ayuda o reconocer cómo comportarse son habilidades básicas que influyen directamente en la autoestima de la persona y en su participación en la comunidad.
También lo hace el acceso al empleo, que puede mejorar la autonomía, las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia.
Pero estas habilidades no siempre se aprenden de forma espontánea. En muchos casos, necesitan entrenamiento, repetición, compresión, acompañamiento y un lenguaje sencillo. Aquí es donde la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que esté diseñada desde las necesidades reales de las personas. No se trata de usar tecnología porque sea novedosa, sino de que sea útil, comprensible y cercana.
El móvil como espacio familiar de aprendizaje
Muchas personas con discapacidad intelectual utilizan teléfonos móviles y aplicaciones para mandar mensajes. Ese uso cotidiano abre una posibilidad interesante, porque la persona está familiarizada con un entorno parecido a WhatsApp. Al usar una herramienta educativa basada en la conversación, el aprendizaje puede resultar más fácil; la persona es capaz de seleccionar las opciones que se presentan en su teléfono y desarrolla habilidades en su uso.

En este contexto, un chatbot permite practicar mediante preguntas y respuestas. El usuario recibe indicaciones de forma inmediata y puede repetir una situación tantas veces como sea necesario. Además, si el lenguaje es sencillo, la interfaz es clara y se ofrecen refuerzos positivos. Al mismo tiempo, se reduce la ansiedad y se favorece el aprendizaje.
La clave no está solo en la inteligencia artificial, sino también en el diseño inclusivo: lectura fácil, interacción por voz o texto, mensajes comprensibles y una experiencia parecida a una conversación real, como se indica en la guía de Plena inclusión.
Dos ejemplos: CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB
Uno de nuestros desarrollos en esta línea es CapacitaBOT, una aplicación móvil para entrenar habilidades sociales mediante conversaciones guiadas, lenguaje sencillo y refuerzo positivo. Su objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual para que aprendan a empezar, mantener y terminar conversaciones.
Está diseñada como una aplicación Android sencilla, con interacción por voz, a través de la plataforma IBM Watson y puede considerarse un recurso educativo inclusivo, especialmente útil para practicar situaciones próximas a la vida real.
Otro ejemplo diseñado por nuestro equipo es la aplicación INCLU-SÍ LAB, centrada en la inclusión laboral. Su finalidad es entrenar a personas con discapacidad intelectual para afrontar una entrevista de trabajo y, de esta manera, mejorar sus habilidades comunicativas y su autonomía. El sistema permite practicar preguntas habituales de una entrevista, organizar información personal y recibir apoyo durante el proceso. Puede utilizarse desde el ordenador o el móvil, de forma escrita u oral.
INCLU-SÍ LAB es innovadora desde el punto de vista tecnológico porque incorpora técnicas de inteligencia artificial que facilitan y enriquecen el autoaprendizaje de la propia herramienta, así como de sus usuarios.
Una IA que acompaña, no sustituye
La inteligencia artificial puede ponerse al servicio de las personas y favorecer la inclusión, sin sustituir a los profesionales, los educadores o a las familias.
Como complemento a los apoyos existentes, un chatbot puede ofrecer un espacio seguro para practicar, equivocarse, volver a intentarlo y ganar confianza. Puede ayudar a que una persona esté mejor preparada para mantener una conversación, hacer una entrevista o estrenarse en una situación social nueva.
El reto es seguir investigando y mejorar las aplicaciones existentes, pero hacerlo contando con la participación de las propias personas destinatarias. Además, debemos garantizar que la IA no genere nuevas barreras.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. ‘Chatbots’ que trabajan para la inclusión de personas con discapacidad – https://theconversation.com/chatbots-que-trabajan-para-la-inclusion-de-personas-con-discapacidad-282736
