El culo nos hizo humanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Pocas partes de nuestra anatomía recaban más atención que nuestro trasero.

Foco de atracción indiscutible, los artistas han sabido desde siempre que las nalgas actúan como un poderoso imán para nuestras miradas. Por eso sus desnudos siempre han sido especialmente concienzudos a la hora de tratar esa protruyente sección de nuestros cuerpos. Desde la belleza perfecta del trasero de La Venus del Espejo velazquiana a la maravilla gluteica del Perseo de Bevenuto Cellini, tengo que reconocer que esa doble curvatura que corona nuestra porción aboral (en el extremo opuesto a la boca) me parece un prodigio de la naturaleza.

_Venus del espejo_, de Diego Velázquez.
Venus del espejo, de Diego Velázquez.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Diego_Vel%C3%A1zquez_-_Rokeby_Venus.jpg, CC BY

Pero no se confundan, mi veneración no va solo por la vía estética. Mi total fascinación es por lo que supuso su morfología para hacer de los Homo sapiens lo que somos.

Monos culones

El diseño del trasero humano es bastante peculiar. Si nos fijamos en nuestros primos evolutivos más cercanos (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes), sus traseros no son especialmente globosos ni protuberantes muscularmente (aunque las callosidades, coloraciones o tumefacciones que lo puedan adornar contribuyan a destacarlos desde el punto de vista visual). Haciendo una comparativa proporcionada al tamaño corporal, los culos humanos resultan considerablemente más grandes, más redondeados, más musculosos y más proyectados dorsalmente.

Y eso ¿por qué? Pues el aspecto clave del cambio drástico de los traseros estuvo en el hecho de que nuestros antecesores se pusieron de pie. Algo tan difícil como caminar con dos puntos de apoyo en vez de con cuatro implicó bastantes cambios. Y para evitar darnos de bruces contra el suelo, fue imprescindible cambiar de nalgas.

Un culo nuevo que revolucionó nuestra historia

La bipedestación supuso una remodelación total de nuestro esqueleto. Reorientando el sacro, acortando y girando las crestas ilíacas y remodelando isquiones y pubis, se consiguió una pelvis mucho más adaptada a la posición erguida y capaz de soportar todo el peso que se le vino encima del tronco y la cabeza.

Además de una cadera más resistente, la cabeza del fémur (esférica) y el acetábulo (el hueco donde encaja esa bola) maximizaron su superficie de contacto, lo que redujo la presión sobre una articulación sobrecargada con tanto peso y mejoró nuestra estabilidad.

Pero en anatomía, los cambios nunca son aislados. Los músculos que se insertaban en este nuevo armazón óseo también cambiaron sustancialmente. Así, aunque nuestras nalgas estén constituidas por los mismos músculos que las de nuestros ancestros arborícolas (glúteos, piriforme, obturador externo, obturador interno, gémino inferior y gémino superior), sus formas se transformaron, especialmente las de los tres pares de glúteos. Y este cambio de forma supuso un prodigioso cambio de función.

Para empezar, nuestro gluteus maximus o glúteo mayor sufrió un extraordinario desarrollo que lo proyectó dorsalmente haciéndolo “respingón”. Así, el que hoy es el músculo más grande de nuestra anatomía dejó de ser sólo un estabilizador lateral (como ocurre en el resto de primates) para permitir dos cosas importantísimas. Por una parte, estabilizar el cuerpo erguido (y sin que colapse la pelvis) cuando levantamos una pierna para dar un paso. Por otra, algo muy interesante para un mono que acaba de bajar del árbol: poder salir corriendo teniendo solo dos “patas”.

Sí, tener un espectacular glúteo mayor con gran parte de sus fibras insertas directamente sobre el fémur es lo que posibilita la propulsión del cuerpo durante la carrera. La prueba la tenemos en el poderío de glúteos mayores exhibido en una final olímpica de 100 metros lisos.

Por su parte, el glúteo medio, que abduce la cadera (separa el muslo del eje central del cuerpo), estabiliza la pelvis durante la marcha a dos piernas. Lo consigue porque, cuando un solo pie está apoyado, el glúteo medio del lado de apoyo evita que la pelvis caiga hacia el lado contrario.. Por eso César, el caudillo de la rebelión simiesca en El Planeta de los Simios, camina balanceando bruscamente las caderas. Este andar, como de pato, es el que manifiestan las personas con lesiones en estos músculos, lo que se conoce como la marcha de Trendelenburg.

Estables sobre dos patas

El tercer glúteo, el menor, pasa de tener una orientación posterior a otra más lateral, lo que contribuye también a la estabilización al controlar el movimiento “fino” cuando caminamos o corremos. Lo consigue porque, al contraerse, mantiene “la bola” del fémur bien metida en la cavidad del acetábulo mientras el cuerpo se mueve. Así evita que aparezcan dolores laterales de cadera por sobrecarga de la articulación cuando el peso del cuerpo la presiona.

Los glúteos medio y menor consiguieron estos efectos biomecánicos no tanto por un cambio de forma, sino por alterar la orientación de sus fibras. Al disponerlas horizontalmente, facilitaron la abducción y la estabilización bípeda. Su alineación en los simios, mucho más vertical, es lo que les procura esa facilidad pasmosa que tienen para trepar.

En esta auténtica revolución arquitectónica que sufrimos los primates que nos volvimos bípedos, los ligamentos también se reorganizaron funcionalmente. Por poner un ejemplo, el gran desarrollo que experimentó el iliofemoral nos permitió estar de pie sin apenas gasto muscular. Los isquiotibiales, por su parte, se volvieron unos ayudantes estupendos de los glúteos mayores para procurar el esprint.

La guinda del pastel

Pero no nos engañemos. Unas nalgas bonitas requieren del efecto “culito de melocotón”. Es decir, necesitan esfericidad.

De eso se encarga el elemento remodelador por excelencia, esto es, una grasa bien distribuida. Pero ojo, el criterio estético no fue el que primó a la hora de que la selección natural dispusiera “grasa aquí y grasa allá” en nuestros traseros. Fue su polivalente funcionalidad. Y es que el tejido adiposo de las posaderas actúa como un cojín natural protegiendo los huesos de la pelvis (el sacro y el isquion, fundamentalmente), disminuyendo la presión al sentarnos (al mejorar la distribución de fuerzas) y absorbiendo gran parte de los impactos al caminar o correr.

Por si fuera poco, recientemente se ha descubierto que la grasa de las nalgas tiene propiedades protectoras frente a la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y muchas enfermedades cardiovasculares. La grasa, pues, fue la responsable de que el trasero terminara siendo un “invento” redondo.

Ya sabe, a partir de ahora, cuando se le vayan los ojos tras el redondito, proporcionado y aterciopelado trasero del Hermafodito de Villa Borghese, no sienta mucho cargo de conciencia. En realidad, tan solo está corroborando una gran verdad biológica: que el culo nos hizo humanos.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El culo nos hizo humanos – https://theconversation.com/el-culo-nos-hizo-humanos-276003

Impactos extraterrestres y nenúfares en el Ártico… qué podemos aprender de los eventos globales del pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laia Alegret, Professor in Paleontology, Universidad de Zaragoza

En los fondos oceánicos, desde la costa hasta medios abisales a miles de metros de profundidad, se encuentran unos organismos microscópicos que protegen su única célula con un minúsculo caparazón. Esa concha mineralizada puede estar formada por una única cámara o por varias que se conectan entre sí a través de un orificio interno llamado foramen, que da nombre al grupo: foraminíferos.

Ammonia tepida, un foraminífero bentónico.
Scott Fay / Wikimedia Commons., CC BY

A diferencia del plancton, que flota en la columna de agua, los que habitan en los fondos oceánicos se llaman foraminíferos bentónicos. Tienen formas muy variadas: esféricas, ovaladas, alargadas, cilíndricas, espiraladas, seriadas, irregulares… un sinfín de morfologías que caracterizan a las más de 50 000 especies descritas.

Entre los fósiles más estudiados

Al morir, sus conchas se acumulan en el sedimento y fosilizan. Son tan pequeños y tan abundantes, que una cantidad de sedimento marino equivalente al volumen de un bombón de chocolate puede contener varios miles de ejemplares.

En los fondos oceánicos batiales y abisales, a miles de metros de profundidad, apenas llega alimento desde la superficie. Hay completa oscuridad y la temperatura media es de 1-2 ºC. Habitan, por tanto, un ambiente muy hostil, pero también muy estable. Por eso, los cambios que se observan en sus comunidades suelen reflejar importantes cambios ambientales a escala global.

Un grupo de foraminíferos bentónicos.
Wikimedia Commons., CC BY

El estudio de sus poblaciones y de la composición isotópica de sus conchas permite reconstruir los ambientes y el clima del pasado, conocer la edad de las rocas o estudiar en detalle fenómenos globales.

Sus numerosas aplicaciones y la facilidad de encontrarlos en abundancia explican por qué es uno de los grupos fósiles más estudiados.

El asteroide que acabó con los dinosaurios

¿Y qué hacían los foraminíferos cuando, hace 66 millones de años, a finales del Cretácico, un asteroide de unos 10 km de diámetro provocó una de las cinco mayores extinciones en masa conocidas? Dicho impacto desencadenó un golpe de calor casi instantáneo, incendios en todo el planeta, oscurecimiento por la emisión de polvo, cenizas y gases, un enfriamiento asociado a este ocultamiento del sol, destrucción de la capa de ozono o lluvia ácida.

Las consecuencias han quedado plasmadas en las rocas en forma de anomalías geoquímicas, gotas petrificadas que resultaron de la condensación del material fundido, plantas carbonizadas por los incendios y depósitos asociados a terremotos y tsunamis. Incluso se ha identificado el cráter de impacto en la península de Yucatán, en México.

En medios terrestres se extinguieron grupos como los dinosaurios no avianos o los reptiles voladores, mientras que en medios marinos desaparecieron, entre otros muchos grupos, los ammonites, los grandes reptiles marinos y más del 90 % del plancton de caparazones calcáreos.

Imagen tridimensional que muestra las anomalías gravitatorias provocadas por el meteoroide en Chicxulub hace 66 millones de años. En la actualidad, la mitad norte del cráter se encuentra cubierta por el mar y la mitad sur está enterrada en la península de Yucatán.
NASA.

El impacto en Yucatán, sobre rocas anhidritas ricas en sulfatos, y la fricción del asteroide al atravesar la atmósfera liberaron gases que provocaron lluvia ácida. Las aguas superficiales de los océanos se volvieron ácidas, disolviendo los caparazones calcáreos de los organismos que vivían cerca de la superficie.

La acidificación duraría de meses a años, un fenómeno que puede considerarse “instantáneo” en términos geológicos. Sin embargo, al ser rápidamente neutralizada en la columna de agua, no afectó a organismos de conchas calcáreas que vivían a mayor profundidad, como los foraminíferos bentónicos.

Cocodrilos en el Ártico

Una vez superada la crisis de finales del Cretácico, el mayor calentamiento global de los últimos 90 millones de años se registró en el tránsito Paleoceno-Eoceno, hace 56 millones de años.

La temperatura terrestre aumentó de 4 a 8 ºC, en todas las latitudes y profundidades, incluidos los fondos abisales. Este evento se ha asociado a la emisión de grandes cantidades de carbono C¹² al océano y a la atmósfera, en forma de metano o dióxido de carbono, por ejemplo. La cantidad de carbono que se liberó entonces es comparable a las emisiones de gases de efecto invernadero previstas para finales del siglo XXI como consecuencia de las actividades humanas.

Además de provocar fenómenos meteorológicos muy intensos, durante los 200 000 años que duró el calentamiento, numerosas especies terrestres y marinas evolucionaron y migraron a altas latitudes. Por eso, se han hallado flora y fauna típicamente tropicales, como cocodrilos, palmeras o nenúfares, en el Ártico.

Sin embargo, los foraminíferos bentónicos profundos, que habían sobrevivido al impacto de finales del Cretácico, sufrieron su mayor extinción en los últimos 90 millones de años.

Las extinciones en las profundidades oceánicas son poco frecuentes; indican crisis globales y ausencia de refugios donde protegerse. Entre algunos mecanismos que pudieron contribuir a esta desaparición masiva, se ha propuesto la escasa oxigenación de las aguas, cambios en la productividad o acidificación oceánica, aunque ninguno de ellos se ha registrado a escala global.

El calentamiento tiene más probabilidades de ser el culpable: fue el único parámetro documentado en todas las latitudes, ambientes y profundidades. Pudo acelerar las tasas metabólicas de los foraminíferos bentónicos, lo que, unido al transporte menos eficiente de nutrientes desde la superficie hasta el fondo oceánico por las altas temperaturas, pudo generar un déficit de alimento que llevó a la extinción a casi la mitad de sus especies. En concreto, los estudios indican que esto ocurrió al traspasar un punto de inflexión en el calentamiento.

Eventos menores de calentamiento global

Aparte de la crisis del Paleoceno-Eoceno, hace entre 41 y 61 millones de años, se observan numerosos eventos rápidos de calentamiento, de menor magnitud pero de características similares que hoy se estudian como análogos del actual cambio climático, y permiten calibrarlo.

Sus efectos sobre los ecosistemas marinos varían en función de la temperatura, la velocidad y duración del calentamiento, la profundidad o el área geográfica, entre otros factores. Sabemos que no causaron extinciones entre los foraminíferos bentónicos, pero sí un descenso en su diversidad.

Entendiendo cómo funciona el planeta

La rápida liberación de gases por el impacto de un asteroide provocó acidificación en la superficie de los océanos y extinciones del plancton marino calcáreo, pero apenas afectó a los foraminíferos bentónicos de los fondos oceánicos.

Por el contrario, las emisiones asociadas a un evento más lento, como el calentamiento del Paleoceno-Eoceno –que duró 200 000 años–, causaron extinciones en los fondos oceánicos, pero no en la superficie.

Por su parte, los eventos de calentamiento menores generaron distintos grados de acidificación y de cambios bióticos, pero no alcanzaron una temperatura crítica que causara extinciones en los fondos marinos.

Y es que, como hemos visto, los foraminíferos están íntimamente ligados al clima del planeta: su estudio nos permite aprender cómo responden los ecosistemas marinos a perturbaciones globales como la que hoy puede suponer la emisión de gases de efecto invernadero.

The Conversation

Laia Alegret recibe fondos de MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y FEDER, UE (proyecto PID2023-149894OB-I00). Laia Alegret es Académica Numeraria de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España.

Gabriela J. Arreguín-Rodríguez recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE.

Guido Ernesto Mantilla Lucero recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE bajo el contrato de Formación de Personal Investigador (FPI) PRE2024-UZ-01

Irene Peñalver Clavel recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE bajo el contrato de Formación de Personal Investigador (FPI) PRE2020-092638.

Martina Caratelli recibe fondos del proyecto de I+D+i PID2023-149894OB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE; y ayuda JDC2023-051289-I financiada por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por el FSE+

ref. Impactos extraterrestres y nenúfares en el Ártico… qué podemos aprender de los eventos globales del pasado – https://theconversation.com/impactos-extraterrestres-y-nenufares-en-el-artico-que-podemos-aprender-de-los-eventos-globales-del-pasado-272599

Zygmunt Bauman lo vio venir: el trabajo ya no garantiza una vida a salvo de la pobreza y la exclusión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alexis Cloquell Lozano, Profesor Sociología. Cátedra Caixa Popular para el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad., Universidad Católica de Valencia

photobeps/Shutterstock

En España, los últimos datos sobre pobreza y exclusión social confirman una paradoja inquietante: la economía crece, el empleo aumenta y algunos indicadores mejoran levemente. Sin embargo, millones de personas continúan atrapadas en situaciones de precariedad estructural.

El XV Informe sobre el estado de la pobreza de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) muestra que la relación entre empleo y pobreza es más frágil de lo que suele asumirse. El 11,7 % de las personas ocupadas se encuentra en situación de pobreza y, al mismo tiempo, el 32,9 % de la población pobre tiene un empleo, frente a un 20,6 % que está en paro.

El pensador Zygmunt Bauman en 2013.
El pensador Zygmunt Bauman en 2013.
Wikimedia Commons, CC BY

Estos datos indican que el empleo reduce la probabilidad de pobreza, pero no garantiza por sí solo unas condiciones de vida suficientes. Cuando el mercado laboral genera trabajos mal remunerados, inestables o a tiempo parcial involuntario, una parte significativa de la población ocupada permanece en situación de pobreza. Por ello, el debate sobre la reducción de la pobreza no puede centrarse únicamente en el acceso al empleo, sino que debe incorporar la calidad del trabajo y el marco normativo que lo regula.

Lejos de tratarse de una disfunción coyuntural, esta realidad encaja con notable precisión en el diagnóstico que Zygmunt Bauman formuló hace más de dos décadas en su obra Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias.

Las sociedades contemporáneas, en su afán por el progreso, el orden y la eficiencia, producen de forma sistemática “residuos humanos”. Se trata de personas que son excluidas sistemáticamente y que no encajan en los modelos dominantes de productividad, consumo y movilidad.

La exclusión como subproducto normalizado

El IX Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, elaborado por la Fundación FOESSA, describe una sociedad española profundamente transformada, marcada por la fragmentación de las clases medias, la normalización de la precariedad laboral y la pérdida del empleo, factores que dificultan la integración social.

En la modernidad líquida, como apunta Bauman, el trabajo deja de ser un eje estable de la vida social y una fuente segura de identidad para convertirse en una actividad precaria, fragmentada e incierta. A diferencia de la sociedad industrial, donde el empleo ofrecía continuidad, reconocimiento y pertenencia, el trabajo contemporáneo se caracteriza por la flexibilidad extrema, la temporalidad y la ausencia de garantías a largo plazo.

El mercado ya no necesita integrar a toda la población como fuerza productiva, lo que provoca que amplios sectores queden excluidos de forma permanente y sean considerados superfluos. Así, el trabajo pierde su función integradora y deja de ser un camino seguro para escapar de la pobreza.

Vidas líquidas, protecciones frágiles

El citado XV Informe sobre el Estado de la Pobreza confirma esta dinámica. La tasa AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion), un indicador que combina elementos de renta, posibilidades de consumo y empleo, desciende levemente, pero la pobreza severa permanece estable y su brecha aumenta. Esto indica que quienes están peor no mejoran.

Bauman describía en su obra Vida líquida este escenario como un mundo donde la propia existencia se caracteriza por la inestabilidad, la incertidumbre y la ausencia de referencias duraderas. Las condiciones de vida cambian más rápido de lo que pueden consolidarse los hábitos y los proyectos personales.

La dificultad de acceso a la vivienda, los empleos inestables y la debilidad de las redes comunitarias generan trayectorias vitales sin anclajes. El resultado no es solo pobreza material, sino desarraigo social y político, un malestar difuso que erosiona la confianza en las instituciones, en el estado de bienestar y en el funcionamiento y calidad del sistema democrático.

De la gestión del descarte al derecho a pertenecer

Ambos informes coinciden en un punto crucial: no fallan las personas, falla el sistema. La mayoría de quienes viven en exclusión realizan enormes esfuerzos por integrarse, pero se enfrentan a dispositivos fragmentados, mal dimensionados y pensados más para administrar la pobreza que para erradicarla.

Bauman fue claro al respecto: mientras la exclusión se aborde como un problema de individuos “inadaptados”, la sociedad seguirá produciendo “residuos humanos”. El reto no es perfeccionar los mecanismos de asistencia, sino reconstruir un pacto social que reconozca la interdependencia, refuerce los derechos sociales y devuelva estabilidad a vidas hoy sometidas a la lógica del descarte.

¿Una sociedad que protege e integra o que descarta?

España, al igual que ocurre en buena parte de los países occidentales, se encuentra ante una encrucijada. Puede seguir gestionando la exclusión como un daño colateral inevitable de la modernidad líquida o apostar, como reclaman los informes, por políticas audaces que sitúen la vivienda, el empleo digno, los cuidados y la redistribución en el centro de dichas políticas públicas.

Bauman, con una lucidez que hoy solo puede calificarse de visionaria y brillante, nos dejó una advertencia que el tiempo no ha hecho sino confirmar: una sociedad que normaliza la producción de personas sobrantes acaba socavando los fundamentos éticos que la sostienen. Lo que en su momento pudo parecer una reflexión teórica o incluso exagerada se revela ahora como una anticipación precisa de nuestro presente. Los datos ya no dejan margen para la indiferencia. La cuestión no es si podemos permitirnos un cambio de rumbo, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

The Conversation

Alexis Cloquell Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Zygmunt Bauman lo vio venir: el trabajo ya no garantiza una vida a salvo de la pobreza y la exclusión – https://theconversation.com/zygmunt-bauman-lo-vio-venir-el-trabajo-ya-no-garantiza-una-vida-a-salvo-de-la-pobreza-y-la-exclusion-272636

Todo el universo habla, según las enseñanzas del maestro sufí Ibn Arabi de Murcia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Aladro Vico, Catedrática de Teoría de la Información, Universidad Complutense de Madrid

Manuscrito de Konya de las _Revelaciones de La Meca_ de Ibn Arabi, escrito a mano por el gran maestro sufí. Wikimedia Commons

El sufismo es una corriente espiritual y mística de enorme valor e importancia en el islam. Recientemente se ha colado en nuestra cultura de masas ya que Rosalía cita, en su último álbum Lux, a una gran maestra sufí: Rabia al Adawiyya.

España ha sido cuna del sufismo más profundo a través de Ibn Arabi de Murcia, nacido en Al Ándalus en 1165. Poeta, místico, filósofo, psicólogo y teólogo andalusí del siglo XII-XIII, Ibn Arabi escribió 400 obras y tratados y es considerado en el mundo árabe islámico el más grande de los maestros (en árabe الشيخ الأكبر, Sheij al-Akbar).

La modernidad, apertura y amplitud del pensamiento sufí es única en el mundo. Ibn Arabi fue un vivificador de la religión (محيي الدين,) y un polímata, que difundió conocimientos en múltiples saberes. Actualmente en España, la Sociedad Ibn Arabi Latina MIAS, que realiza espléndidas revistas, congresos y publicaciones, traduce, interpreta y difunde la obra del murciano.

Un hombre interesado en todo

Ibn Arabi y Al Ándalus son elementos esenciales en la historia de la cultura y ciencia europeas. Y lo son porque los árabes no fueron simples transmisores de ciencia y cultura clásicas, sino verdaderos desarrolladores de las mismas que mejoraron los conocimientos recibidos.

Listado medieval de las obras de Ibn Arabi.
Listado medieval de las obras de Ibn Arabi.
Wikimedia Commons

Ibn Arabi avanzó sobre la filosofía platónica con su concepto del mundo imaginal, es decir, la dimensión cognitiva y sagrada de la imaginación creadora. También desarrolló los principios del pitagorismo explorando la armonía y geometría sagradas y ofreció visiones místico-poéticas que inspiraron a Dante Alighieri, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

La mística religiosa de Ibn Arabí y del sufismo es, además de profundamente islámica, continuadora del gnosticismo (una filosofía intuitiva profunda que desarrollaron los griegos sobre la idea de una divinidad inalcanzable y una creación separada de ella); del simbolismo alfabético egipcio (el conocimiento de las formas de vida, la muerte y su interdependencia, que los egipcios dejaron en su escritura jeroglífica, y que además de en sentido abstracto habla en forma de imágenes); y del cristianismo originario (que se centraba en el mensaje de amor, paz, libertad y armonía cristianos). A su vez, los sufíes apelan al mundo moderno porque su visión es animalista, feminista, cosmopolita, panteísta y pacifista.

El universo habla

Como expresan dos intérpretes de la obra del Gran Maestro murciano en España, Fernando Mora y Pablo Beneito, el universo según Ibn Arabi es esencialmente un cosmos dotado de inteligencia y lenguaje. Entiende que todos los seres tienen una esfera específica de conocimiento, y la palabra no pertenece solamente a los humanos.

Estamos en un universo que habla. En el mundo de Ibn Arabi, el lenguaje y la comunicación no solo sirven al pensamiento y a la relación: para los sufíes, no existe la fe, sino el conocimiento presente en los signos.

Para comprender su idea de cosmos, tenemos que repasar los tres tipos de signos que existen en semiótica (el estudio de los símbolos y signos): los iconos (que se parecen al objeto que representan, como las imágenes), los índices (que nos conducen a lo que representan, como las huellas y los rastros) y los símbolos (que contienen múltiples sentidos, y son refractarios al concepto, como una cruz de madera).

Imagen de un escriba.
El escriba.
Wikimedia Commons

El murciano profesa gran atención a lo icónico, ya que lo considera una emanación divina, en cuyas formas podemos ver al creador: las imágenes son potentes misterios que nos hablan con racionalidad, imaginación y armonía. Un ejemplo de esto es la geometría sagrada del arte andalusí que contiene la expresión de la Unidad del mundo.

Los signos índices también son poderosísimos para el gran maestro. En su mundo, el saber es un sabor. Rastros, residuos y huellas forman una semiótica sensorial que domina el conocimiento porque desde las referencias nos lleva de vuelta a lo físico. Así, es posible aprender un modo de adoración espiritual prestando la debida atención a un tubo de cañería y entender el sentido de la existencia atendiendo a la comunicación de las abejas o de un caballo.

Los símbolos son, a su vez, el lenguaje de la existencia en el mundo sufí: describen acertadamente la realidad y amplían nuestra comprensión, absorbiendo los contextos y trascendiendo el tiempo. Por ejemplo, el símbolo del corazón sufí representa no solamente el amor, sino el cambio constante, lo multifacético, el centro o la gracia. Las derivaciones de los símbolos permiten unir realidades y objetos opuestos o contradictorios.

En la teoría de Ibn Arabi las letras son, igualmente, seres vivos. Esto se entiende de forma especial en la lengua árabe, muy derivativa, lo que hace que sus palabras sean muy ricas en asociaciones mentales, como lo fueron los ideogramas egipcios en su día. Los mismos seres vivos, afirma Ibn Arabi, son letras de un gran escrito: podemos imaginarlos así para comprenderlos mejor. El lenguaje y los nombres son puertas que nos conducen directamente a ver la acción del espíritu divino dentro y fuera de nosotros.

Trascendencia en los signos

En lingüística, una deixis es un proceso por el que un signo índice rellena su significado con el aquí y ahora. Así, el significado de pronombres personales como “yo”, “tú”, demostrativos como “esto” o “esta” y adverbios como “aquí” o “ahora” cambia según el presente espacio-temporal, según las realidades a las que se refieran.

Dibujo de seis maestros sufíes.
Seis maestros sufíes.
Wikimedia Commons

En el sufismo tiene lugar lo que llamaríamos una deíxis trascendental: los signos muestran una presencia viva. Por ello, para los sufíes actuales, Ibn Arabi está vivo: su verdad, su expresión y su sabiduría se incorporan hoy en día a través de sus palabras. El fenómeno deíctico significa que la comunicación crea vida.

El último de los metafísicos occidentales, René Guénon, recordaba que, según Ibn Arabi, el mundo es la escritura que una “ciencia de las letras” o “Sîmîa” debe estudiar. Guenon pedía que existiese, como después pasó, un estudio del mundo desde la semiótica, que él comenzó con profundos estudios del simbolismo.

El sufismo está efectivamente vivo en nuestros días, y continuará estándolo en el futuro gracias a su inmenso poder comunicativo.


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The Conversation

Eva Aladro Vico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Todo el universo habla, según las enseñanzas del maestro sufí Ibn Arabi de Murcia – https://theconversation.com/todo-el-universo-habla-segun-las-ensenanzas-del-maestro-sufi-ibn-arabi-de-murcia-268255

Ni estudian ni trabajan: por qué este fenómeno es más complejo de lo que pensamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Lozano Reina, Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

Durante la última década, el término nini (jóvenes que ni estudian, ni trabajan) se ha instalado en el debate público para describir una de las situaciones más preocupantes de las sociedades actuales. En 2023, más de 280 millones de jóvenes en el mundo se encontraban en esta situación, según la Organización Internacional del Trabajo.

En Europa, aunque las cifras varían mucho entre países y regiones, el fenómeno afecta a millones de jóvenes, con especial intensidad en aquellos territorios que combinan mercados laborales frágiles y sistemas educativos poco conectados con el empleo.

A menudo, el debate público presenta a estos jóvenes como desmotivados, poco esforzados o responsables de su propia exclusión. Sin embargo, la evidencia a la que llega nuestro estudio muestra una realidad mucho más compleja. Lejos de tratarse de una decisión puramente individual, el fenómeno nini es el resultado de una combinación de factores estructurales, familiares e individuales, profundamente condicionados por el territorio en el que se vive. Esta mirada permite entender por qué políticas centradas únicamente en “activar” a los jóvenes, sin atender a su contexto, suelen fracasar.

Un fenómeno diverso, no un grupo homogéneo

Uno de los principales errores que cometemos al hablar de jóvenes ninis es asumir que forman un grupo homogéneo. Los resultados a los que llegamos muestran que bajo esta etiqueta conviven realidades muy distintas. Algunos jóvenes están desempleados y buscan activamente trabajo. Otros están fuera del mercado laboral porque cuidan de familiares, han perdido la esperanza de encontrar empleo o atraviesan problemas de salud. Y existe también un grupo minoritario que se encuentra fuera del sistema de forma voluntaria y temporal.

Esta heterogeneidad es clave porque implica necesidades, trayectorias y riesgos muy diferentes. No es lo mismo un joven que busca empleo sin éxito durante meses que una joven que abandona el mercado laboral por responsabilidades de cuidado, o que alguien que se retira temporalmente del sistema educativo por falta de recursos.

Esta diversidad es clave para entender por qué muchas políticas públicas no logran los resultados esperados. Tratar a todos los ninis como si compartieran los mismos problemas conduce a intervenciones poco eficaces y, en algunos casos, injustas, al invisibilizar situaciones de vulnerabilidad muy distintas bajo una misma etiqueta estadística.

Factores estructurales: cuando el mercado laboral expulsa

El primer nivel de explicación se encuentra en los factores estructurales (o de nivel macro). Los países y regiones con altas tasas de desempleo juvenil, mercados laborales precarios y transiciones de la educación al empleo más débiles presentan mayores tasas de jóvenes ninis.

Las crisis económicas agravan esta situación. Tras la crisis financiera de 2008 y, más recientemente, durante la pandemia de covid-19, muchos jóvenes quedaron atrapados en trayectorias laborales inestables, encadenando contratos temporales o directamente excluidos del empleo. En este contexto, el problema no es solo la falta de trabajo sino la precariedad: empleos mal pagados, inseguros y con escasas oportunidades de aprendizaje que no facilitan una integración duradera.

Además, el lugar importa. Las regiones rurales o periféricas, con economías poco diversificadas y menor acceso a servicios públicos, concentran mayores riesgos de exclusión juvenil que las áreas metropolitanas, con mercados laborales más dinámicos. Las diferencias territoriales no solo afectan a la disponibilidad de empleo, también a la calidad de las instituciones, al acceso al transporte, a la oferta educativa y a los servicios de apoyo a la juventud.




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Formación y empleo para jóvenes: las asignaturas pendientes de las zonas rurales europeas


El papel de la familia, el sistema educativo y el entorno cercano

Un segundo nivel de factores tiene que ver con el entorno familiar, social y educativo. El nivel educativo de los padres, la estabilidad económica del hogar y el acceso a redes de apoyo influyen de manera decisiva en las trayectorias juveniles.

El sistema educativo también desempeña un papel central. El abandono escolar temprano, la escasa conexión entre formación y mercado laboral, o la debilidad de la formación profesional aumentan significativamente el riesgo de convertirse en nini. Por el contrario, los países y regiones con sistemas de formación profesional sólidos y buenas políticas de transición al empleo logran reducir este riesgo. Destaca especialmente la importancia de los programas que combinan formación y experiencia laboral, facilitando una transición menos abrupta entre estudiar y trabajar.

La conciliación es otro elemento clave. Muchas jóvenes, especialmente mujeres, abandonan el empleo o la formación por responsabilidades de cuidado. Allí donde existen servicios de atención infantil accesibles y políticas de apoyo a las familias, la probabilidad de que estas jóvenes queden atrapadas en la inactividad es mucho menor. Esto explica, buena parte de las diferencias de género observadas en las tasas de inactividad entre jóvenes.

Factores individuales: edad, género y educación

A nivel individual existen características que influyen en la probabilidad de convertirse en nini. La probabilidad de quedar atrapado en esta situación aumenta cuando la salida del sistema educativo no va acompañada de mecanismos eficaces de inserción laboral y los jóvenes se enfrentan a mercados caracterizados por la inestabilidad y la precariedad. El género también importa: en muchos países, las mujeres presentan tasas más altas de inactividad debido a los roles tradicionales de cuidado.

Aunque generalmente el nivel educativo de cada persona protege frente a la exclusión, no actúa de forma automática. Los jóvenes con baja cualificación tienen más dificultades para acceder al empleo, pero también existen jóvenes con estudios superiores que permanecen como ninis debido a la sobrecualificación y a la falta de oportunidades acordes a su formación. Este fenómeno cuestiona la idea de que más educación, por sí sola, garantice una integración laboral exitosa.

Por qué el territorio es clave para entender el fenómeno

Uno de los elementos menos visibles en el debate público es el papel del territorio. Nuestro estudio muestra que los factores que explican el fenómeno nini no actúan igual en todos los lugares. Las oportunidades educativas, el tipo de empleo disponible, la calidad de las instituciones y el acceso a servicios públicos varían enormemente entre regiones.

Esto explica por qué dos jóvenes con perfiles similares pueden tener trayectorias muy distintas según vivan en una gran ciudad o en una región periférica. Entender esta dimensión territorial es esencial para diseñar políticas eficaces y evitar soluciones uniformes que ignoran las desigualdades locales. La evidencia sugiere que las políticas más exitosas son aquellas que se adaptan a las condiciones económicas y sociales de cada territorio.

Soluciones poliédricas

La investigación acumulada apunta a una conclusión clara: no existen soluciones simples. Las políticas más eficaces son aquellas que combinan medidas económicas, educativas y sociales, adaptadas al contexto territorial.

Los programas que integran formación, experiencia laboral remunerada, acompañamiento personalizado y apoyo social muestran mejores resultados que las intervenciones aisladas. También resulta clave distinguir entre jóvenes desempleados y jóvenes inactivos, ya que sus necesidades son distintas. Ignorar esta distinción reduce la eficacia de las políticas y refuerza estigmas injustificados.

En definitiva, lejos de ser un problema de actitud individual, el fenómeno nini refleja fallos estructurales en los sistemas educativos, los mercados laborales y las políticas sociales. Comprender esta complejidad es el primer paso para abandonar los estigmas y avanzar hacia respuestas más justas y eficaces.


Una versión de este articulo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Gabriel Lozano Reina recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Gregorio Sánchez Marín recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00).

ref. Ni estudian ni trabajan: por qué este fenómeno es más complejo de lo que pensamos – https://theconversation.com/ni-estudian-ni-trabajan-por-que-este-fenomeno-es-mas-complejo-de-lo-que-pensamos-274487

Guía práctica de ahorro e inversión para jóvenes profesionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Porporato Daher, Profesor de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Autónoma de Madrid

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Tradicionalmente, las familias han optado por depósitos a plazo fijo y la compra de vivienda como métodos principales de ahorro. Sin embargo, la combinación de bajos intereses y los elevados precios de la vivienda dificulta hoy día la creación de patrimonio, especialmente para los jóvenes profesionales, quienes deben reconsiderar sus planes financieros. Este artículo brinda una guía práctica para comprender los conceptos clave sobre inversión y comportamiento financiero, establecer estrategias de ahorro sostenibles y elegir alternativas accesibles para invertir con montos reducidos.

Ahorro frente a inversión y el ciclo vital

Para un joven profesional la primera decisión no es qué activo comprar, sino para qué y cuándo va a necesitar el dinero ahorrado. El ahorro busca estabilidad y disponibilidad del dinero, mientras que la inversión pretende alcanzar crecimiento, lo cual implica asumir riesgos y soportar volatilidades. Definir el horizonte temporal (corto, medio o largo plazo) y la tolerancia al riesgo reducen las decisiones impulsivas y los errores típicos de principiante.

La teoría del ciclo vital, enunciada en 1963 por los economistas italianos Albert Ando y Franco Modigliani, sostiene que las personas tienden a distribuir consumo y ahorro a lo largo de su vida: se ahorra más cuando aumenta la renta laboral y se consume en etapas posteriores.

El pensamiento práctico que los jóvenes pueden aplicar es que, siempre que la liquidez de corto plazo esté cubierta, un horizonte largo permite asumir más riesgo diversificado. Así, podrán beneficiarse del crecimiento acumulado de las inversiones realizadas, teniendo en cuenta el concepto de interés compuesto.

Un error común es creer que invertir equivale a encontrar la oportunidad que nadie más ve. La evidencia académica sobre la eficiencia de los mercados sugiere que, incluso para los profesionales, es difícil ganarle consistentemente al mercado. Por ello, la estrategia del inversor joven debe centrarse sobre todo en los costes.

Estrategias de ahorro: primero estabilidad, luego rentabilidad

El ahorro de las familias y de los jóvenes presentan rasgos de fragilidad financiera: una parte relevante de los hogares no puede cubrir un shock o una crisis moderada de liquidez a corto plazo. Para los jóvenes, esto se traduce en una regla operativa: antes de invertir agresivamente es recomendable construir un colchón de liquidez que reduzca la probabilidad de endeudamiento con altos costes o la venta forzada de activos durante las caídas de mercado.

La decisión de ahorrar está definida por los objetivos establecidos y está sujeta a la fuerza de voluntad de los jóvenes. Las prácticas de ahorro suelen fallar por sesgos de conducta (presente frente a futuro, procrastinación, exceso de confianza…). Los enfoques conductuales proponen mecanismos de compromiso que aumentan las tasas de ahorro sin demandar una motivación constante. Por ejemplo, aumentar la cantidad ahorrada cuando sube el salario o se reciben ingresos extras, o automatizar las aportaciones mensuales.




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Más allá de la automatización, existen otras herramientas que ayudan a cumplir los objetivos de ahorro autoimpuestos: tener cuentas diferenciadas, fijar penalizaciones personales, hacer públicos los objetivos de ahorro, etc. La idea para los jóvenes es diseñar un sistema que reduzca la tentación de no ahorrar cada mes en lugar de diseñar un sistema perfecto.

Invertir sin adivinar

Muchos jóvenes suelen optar por gestionar personalmente sus inversiones para intentar identificar las alternativas más rentables, a pesar de su limitada capacidad financiera para asumir errores. Además, la gestión activa tiene su coste: los inversores afrontan elevados gastos en comisiones y transacciones al intentar superar el rendimiento del mercado. Por ello, la gestión pasiva, mediante el uso de productos de inversión indexados de bajo coste, que replican el comportamiento de un índice bursátil determinado, es una alternativa adecuada para quienes se inician en el ámbito de la inversión.

En cualquier caso, se debe invertir de forma disciplinada y diversificada, más como una carrera de fondo que como un sprint, evitando la rotación constante de los valores en cartera.

Para concluir

En resumen, es factible iniciar inversiones con un capital limitado si se otorga prioridad a la liquidez, la disciplina, la diversificación y la gestión eficiente de los costes. Para los jóvenes, el enfoque debe centrarse en la construcción de un sistema sólido que les permita:

  • Comprender conceptos clave como horizonte temporal, gestión del riesgo y establecimiento de expectativas.

  • Garantizar la estabilidad financiera a través del ahorro constante y la constitución de un fondo de emergencia.

  • Invertir sistemáticamente en alternativas diversificadas y de bajo coste, evitando cambios impulsivos en la cartera.

Con recursos iniciales reducidos, los principales factores diferenciadores son el aprovechamiento del tiempo, la optimización de los costes y la adecuada gestión del comportamiento financiero.

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Gustavo Porporato Daher no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Guía práctica de ahorro e inversión para jóvenes profesionales – https://theconversation.com/guia-practica-de-ahorro-e-inversion-para-jovenes-profesionales-274232

Vivir rodeado de caras desconocidas: qué es la prosopagnosia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

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Reconocer un rostro es una de las habilidades más automáticas y socialmente relevantes del ser humano. Lo hacemos sin esfuerzo consciente: identificamos a familiares, amistades y colegas incluso cuando cambian la iluminación, la edad o la expresión emocional. Sin embargo, para algunas personas este proceso falla de forma sistemática. Ven perfectamente una cara, distinguen ojos, nariz y boca, pero no saben a quién pertenece. Este trastorno se conoce como “prosopagnosia”.

La prosopagnosia (“incapacidad para reconocer rostros”) es un tipo específico de agnosia visual en la que el problema no está en la visión ni en la memoria general, sino en el reconocimiento facial. Las personas que la presentan no han olvidado a quienes les rodean ni tienen dificultades intelectuales. Lo que falla es el acceso automático a la identidad a partir del rostro.

Esta disociación ha convertido a la prosopagnosia en un modelo clave para estudiar cómo el cerebro construye el reconocimiento social.

Ver una cara no es reconocer a una persona

Desde la neurociencia cognitiva sabemos que el reconocimiento facial no es una extensión del reconocimiento de objetos. Existen sistemas cerebrales especializados en procesar rostros, distintos de los que se activan al identificar otros estímulos visuales.

Uno de los hallazgos más influyentes en este campo fue la identificación en el cerebro, a finales de los años 90 del siglo pasado, de la llamada “área fusiforme de las caras”. Se trata de una región que responde de forma selectiva a los rostros humanos.

Investigaciones posteriores demostraron que el reconocimiento de caras no depende de un único centro, sino de una red distribuida que integra información perceptiva, emocional y biográfica. Este modelo explica por qué una lesión en puntos concretos de esa red puede afectar de manera muy específica al reconocimiento facial sin alterar otras capacidades visuales.

En la prosopagnosia el rostro se percibe correctamente, pero no activa la sensación de familiaridad ni la identidad personal. La cara está ahí, pero la persona no aparece.

¿Adquirida tras una lesión o presente desde el nacimiento?

Desde el punto de vista clínico se distinguen dos grandes formas de prosopagnosia.

  • La modalidad adquirida aparece tras una lesión cerebral, como un ictus, un traumatismo craneoencefálico o una infección del sistema nervioso central. En estos casos, la persona pierde una habilidad previamente intacta. Los estudios clínicos sobre este tipo de prosopagnosia muestran que las lesiones en regiones occipitotemporales, especialmente del hemisferio derecho, son críticas para este déficit.

  • La prosopagnosia del desarrollo, en cambio, está presente desde la infancia y no se asocia a una lesión cerebral identificable. Se ha descrito este trastorno como un déficit específico y estable del procesamiento facial, que puede aparecer en personas con inteligencia normal y visión intacta. Las estimaciones muestran que se trata de un trastorno bastante raro. Estudios sobre la prevalencia de la prosopagnosia hereditaria no sindrómica han sugerido que alrededor del 2 % de la población podría presentar formas del trastorno, pero que muchas personas viven con esta dificultad sin un diagnóstico formal.

Consecuencias sociales y emocionales

El impacto de la prosopagnosia va más allá de la percepción visual. El reconocimiento facial cumple una función central en la interacción social. Su alteración puede generar malentendidos y ansiedad social hasta el punto de evitar situaciones interpersonales.

Estudios centrados en la experiencia subjetiva de las personas con prosopagnosia documentan consecuencias emocionales y sociales significativas. Estas no se explican por problemas de personalidad ni por falta de habilidades sociales, sino por la imposibilidad de reconocer a los demás de forma automática.

Para adaptarse, muchas personas desarrollan estrategias compensatorias. Por ejemplo, apoyarse en la voz, el contexto, la ropa y la forma de moverse.

Estas estrategias han sido analizadas en estudios sobre cómo se vive cotidianamente con prosopagnosia. Gracias a ellas es posible funcionar socialmente, aunque con un coste cognitivo y emocional añadido.

Lecciones sobre el cerebro

Desde un punto de vista teórico, la prosopagnosia ha sido fundamental para comprender cómo el cerebro organiza el reconocimiento de las caras.

Este trastorno demuestra que reconocer a una persona no es una función unitaria, sino el resultado de la interacción entre sistemas perceptivos especializados y mecanismos de acceso al significado.

Esa idea se enmarca en el conocimiento más amplio sobre las agnosias visuales, que muestra cómo el cerebro puede perder el acceso al significado sin que la percepción básica esté dañada.

La prosopagnosia es uno de los ejemplos más claros y mejor documentados de esta disociación.

Comprender para no juzgar

No existe un tratamiento curativo específico para la prosopagnosia, pero la psicoeducación y el reconocimiento del trastorno reducen significativamente su impacto. Comprender qué es evita interpretaciones erróneas, como atribuir el problema al desinterés o a la falta de atención. Además, favorece entornos más comprensivos en el ámbito educativo, laboral y social.

En última instancia, la prosopagnosia nos recuerda algo esencial: ver no es reconocer. Reconocer a los demás depende de una compleja arquitectura cerebral que solemos dar por sentada. Cuando falla, no desaparecen las personas, pero sí el acceso inmediato a quienes son. Entenderlo nos ayuda a comprender mejor no solo este trastorno, sino cómo el cerebro construye la vida social.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vivir rodeado de caras desconocidas: qué es la prosopagnosia – https://theconversation.com/vivir-rodeado-de-caras-desconocidas-que-es-la-prosopagnosia-275183

¿Puede ser injusta la salud digital?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oriol Yuguero, Médico de Urgencias e Investigador del IRBLLEIDA en el área de Urgencias y Emergencias. Profesor Asociado UOC y ULL, Universitat de Lleida

khunkornStudio/Shutterstock

Imagínese que usted vive en un pueblo del Pirineo de Lleida. La única forma que tiene de conectar con el médico más cercano que pasa visita diariamente en la capital de la comarca es por teléfono o mediante una consulta online. Sin embargo, la centralita del centro de salud está colapsada. Dispone de un móvil que le permite hacer videollamadas con sus familiares pero desconoce cómo conectar con su médico. No le queda otra que coger el coche y desplazarse.

Ahora imagine que usted es una médica especialista en Endocrinología con más de 35 años de experiencia, una excelente profesional que ha mejorado la vida de muchas personas. La digitalización de la historia clínica se ha convertido para ella en un arma de doble filo. Entiende las ventajas de disponer en un momento todo el historial del paciente, pero está tan pendiente de registrar los datos y de revisarlo todo, que ha dejado de atender debidamente a los pacientes.

Siente que se está deshumanizando, lo que la lleva al agotamiento emocional y a sufrir el síndrome de estar quemada (burnout) en las últimas etapas de su vida laboral. Eso le genera ansiedad.

Estos dos ejemplos sirven para ilustrar cómo la digitalización del sistema sanitario tiene elementos que a veces no se muestran de forma clara y transparente. Son innegables sus ventajas: han surgido herramientas de telemonitorización, asistentes diagnósticos, consultas virtuales, acercamiento de profesionales expertos a regiones recónditas…. Pero como todos los desarrollos tecnológicos y científicos del último siglo, siempre hay que prestar atención a sus efectos colaterales. No se trata de frenar este desarrollo, sino de humanizarlo e intentar pensar en sus posibles consecuencias.

¿Y quién se queda atrás en esa carrera digital? Es fácil responder a esa pregunta: los colectivos vulnerables habituales con las nuevas tecnologías se vuelven aún más vulnerables en la mayoría de los casos.

De brechas y sesgos

La brecha digital ha sido descrita en múltiples ocasiones. Por ejemplo, el equipo de salud digital de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar (CAMFIC) ha reivindicado la importancia abordar los determinantes digitales de la salud para garantizar que todas las personas tengan acceso a los beneficios de la tecnología.

Más allá del sedentarismo tecnológico o el miedo al uso de los miles de datos que se generan en el ámbito de salud, la poca capacidad técnica y de conocimientos digitales sigue siendo, hoy por hoy, uno de de los determinantes digitales de salud más prevalentes, como muestra un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud.

Cabe añadir que también nos enfrentamos a una brecha de género, un problema estructural en la medicina tradicional que tiene su equivalente en el ámbito digital. El problema va más allá del acceso a los servicios de salud: los sesgos algorítmicos, derivados de conjuntos de datos de entrenamiento desequilibrados pueden no solo replicar, sino incluso amplificar las desigualdades existentes, tal y como demuestra informe de la UNESCO I’d Blush if I Could.

Si los sistemas de inteligencia artificial se entrenan principalmente con datos de hombres –debido a la infrarrepresentación histórica de las mujeres en la investigación–, sus diagnósticos y recomendaciones de tratamiento pueden ser menos precisos para ellas. Por ejemplo, los síntomas de un infarto o de una enfermedad cerebrovascular pueden ser diferentes en las pacientes femeninas, y un algoritmo no entrenado para reconocerlos podría pasarlos por alto. Así, herramientas diseñadas para ser objetivas podrían acabar perpetuando el “síndrome de Yentl”, según el cual las mujeres reciben menos pruebas diagnósticas y tratamientos oportunos.

Alfabetización digital para pacientes y profesionales

Frente a estos desafíos, la alfabetización digital es una herramienta básica. Dicha alfabetización se define como las habilidades y conocimientos que son fundamentales para el uso de las tecnologías, entendiendo como tales la utilización de internet, aplicaciones informáticas y móviles.

Pero este concepto no es aplicable solo a los ciudadanos, sino también a los profesionales sanitarios. El fenómeno del tecnoestrés está descrito y afecta a aquellos profesionales que a pesar de reconocer la importancia de las nuevas tecnologías en la práctica asistencial, ven cómo se quedan atrás. Y esa sensación de impotencia y de falta de control de la consulta acaba generando estrés, ansiedad y burnout profesional.

Por eso es fundamental promover la formación. La transformación digital no será completa si todos los profesionales no consiguen sentirse cómodos con ella. Hay que tener en cuenta que el cambio de la historia clínica en papel al formato electrónico ha sido rápida e imparable.

Qué es justicia digital

Hablar de justicia en el ámbito de la salud digital consiste en intentar tener esa visión realista y que va más allá de políticas igualitarias o de equidad. No podemos limitarnos a facilitar móviles a todos los ciudadanos para que puedan conectarse. O facilitar dispositivos con teclas grandes. Hay que realizar tareas educativas para que las personas ciudadanos puedan ejercer su autonomía digital con calidad y dignidad.

No es es una cuestión de edadismo. El grupo poblacional de 65 a 75 años ya domina muchas herramientas digitales. Pero en 10 años se prevé una evolución tal que deberemos aprender a marchas forzadas, porque las generaciones más jóvenes también habrán quedado obsoletas. La digitalización debe facilitar un empoderamiento del paciente que le permita gestionar mejor su salud y sus datos relativos con la misma.

En esta evolución constante debe implicarse a los ciudadanos en el diseño de nuevas aplicaciones y plataformas, desde el punto de vista de la bioética. De hecho, hemos propuesto el término ciberbioética para afrontar todos los dilemas éticos vinculados con la salud digital y la inteligencia artificial.

En definitiva, debemos tener claro que la pregunta fundamental no és el qué, el cómo o el porqué, sino el para qué y el para quién.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Puede ser injusta la salud digital? – https://theconversation.com/puede-ser-injusta-la-salud-digital-266094

En defensa de las clases ‘incómodas’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan-Antonio Moreno-Murcia, Catedrático de Universidad, Universidad Miguel Hernández

Lucas, universitario de segundo curso, entra al aula con el gesto tranquilo de quien espera una clase sin sobresaltos. Se sienta, abre el portátil y aguarda a que la profesora inicie la presentación. Las diapositivas avanzan, la explicación fluye, él toma apuntes, mira el móvil de vez en cuando, mientras alterna la mirada entre el móvil y una pestaña del navegador que no tiene nada que ver con la asignatura. Sale con la sensación de que “así da gusto estudiar”: todo claro, ordenado, sin preguntas incómodas ni necesidad de debatir o resolver problemas.

Días después, en otra asignatura, el escenario cambia. La profesora reparte un caso real, pero esta vez sin solución incluida. “Trabajad en grupos, analizad el problema y proponed una estrategia”, les dice. Lucas frunce el ceño. No hay una única respuesta correcta, hay que leer, discutir, tomar decisiones. El ritmo es más lento y más incómodo. “Esto debería explicarlo la profesora”, piensa. Le cuesta arrancar porque no está acostumbrado a ser quien construye el camino.

Esa incomodidad es, justamente, el punto de partida del verdadero aprendizaje. Aprender no es recibir, es transformar, no es consumir respuestas, sino formular preguntas y justificar decisiones. Las investigaciones en educación superior muestran que, aunque el alumnado siente que aprende más con clases magistrales fluidas, obtiene mejores resultados y retiene mejor cuando participa en actividades dinámicas y exigentes.

Comodidad no es aprendizaje

Como director de un máster de formación del profesorado, año tras año observo que muchos futuros docentes siguen prefiriendo la clase transmisiva de toda la vida. Suelen decir que se sienten “más seguros” cuando el profesor explica y ellos escuchan en silencio, aun cuando reconocen que olvidan gran parte de lo visto poco después del examen. Esa preferencia no es casual: es el reflejo de su propia biografía académica, construida durante años en aulas donde casi nunca se les pidió decidir, debatir o equivocarse en público.

Aquí aparece una confusión peligrosa: se confunde sentirse cómodo con estar aprendiendo. Si la explicación fluye, parece que el conocimiento entra sin esfuerzo; si la dinámica exige pensar, discutir o defender argumentos, aparece la sensación de “no me entero”.

Sin embargo, los estudios que comparan clases tradicionales y metodologías activas muestran que esa sensación engaña: los estudiantes suelen creer que aprenden más con la lección clásica, pero rinden mejor y recuerdan durante más tiempo cuando se les hace trabajar de forma activa con los contenidos.

Es decir, la sensación subjetiva de aprender no siempre coincide con el aprendizaje real. Y si como docentes nos guiamos únicamente por la comodidad del aula, podemos estar reforzando prácticas que tranquilizan, pero no transforman.

Superar la inmediatez

A la resistencia al esfuerzo se suma un factor cultural y tecnológico. Vivimos rodeados de pantallas que ofrecen respuestas inmediatas, contenidos resumidos en segundos y soluciones preelaboradas para casi cualquier duda. El uso cotidiano del móvil, de buscadores o de redes como TikTok ha modelado el hábito de obtener información rápida, fragmentada y sin fricción.

Cuando ese hábito entra en el aula, algunos estudiantes esperan que la experiencia educativa funcione igual: una explicación clara, breve, fácilmente consumible y, a ser posible, sin incertidumbre. Si se les propone leer un caso largo, analizar datos ambiguos o sostener un debate sin una respuesta única, aparece la frustración. Sin embargo, el aprendizaje profundo es, por naturaleza, más lento, más activo y más incómodo que deslizar el dedo por una pantalla. Enseñar hoy también implica ayudar a desaprender esa urgencia por la gratificación inmediata y recuperar el valor de la paciencia intelectual: dedicar tiempo a comprender, no solo a pasar de actividad en actividad.




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Mayor exigencia docente

A veces, cuando se introduce una dinámica participativa, se escucha en los pasillos frases como “la clase la damos nosotros” o “el profesor ya no explica”. Se da a entender que, si el alumnado trabaja más, el docente trabaja menos. Ocurre justo lo contrario.

Diseñar actividades retadoras, acompañar procesos, ofrecer retroalimentación útil y evaluar con criterios competenciales requiere más preparación, más pensamiento estratégico y más implicación profesional que repetir una lección ya conocida.

Metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, las simulaciones, las prácticas guiadas o la clase invertida no son atajos ni juegos para “entretener” al alumnado. Son formas de que el estudiante se vea obligado a aplicar, argumentar, decidir y revisar lo que hace. La evidencia disponible indica que, cuando estas estrategias se implementan con rigor, aumentan la motivación, el compromiso y el rendimiento académico, precisamente porque devuelven al estudiante un papel activo en su propio aprendizaje.

Un reto compartido

Nada de esto significa que la exposición clara deje de ser necesaria. Una buena explicación sigue siendo una herramienta valiosa, pero no puede ser la única. Si se quiere formar profesionales capaces de actuar en contextos reales y complejos, no basta con que “se lo sepan”, hace falta que sean capaces de analizar, decidir, cooperar y aprender de sus errores.

El reto es compartido. El profesorado ha de asumir que su tarea es provocar pensamiento con sentido pedagógico. El alumnado, por su parte, ha de aceptar que aprender implica esfuerzo, asumir incertidumbre y tolerar la incomodidad de no tener la respuesta desde el primer minuto. Cuando ambos lo entienden, se abre espacio para una relación educativa más honesta y para resultados más profundos: mayor autonomía, pensamiento crítico y una preparación más realista para el mundo profesional.




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Pequeños cambios

Para el profesorado, esto puede empezar con cambios pequeños: pedir al estudiantado que explique un concepto con sus propias palabras, que resuelva un problema en grupo antes de ver la solución o que conecte la teoría con un caso real antes de presentarles el “modelo correcto”. Para el alumnado, el cambio pasa por interpretar la incomodidad no como un fallo del docente, sino como una señal de que se le está sacando de la zona de confort.

Intentar que existan menos brazos cruzados y más cerebros en marcha es asumir que comprender de verdad casi nunca es algo pasivo. Y que el oficio docente, lejos de buscar la comodidad constante, tiene como misión acompañar ese esfuerzo y darle sentido.

The Conversation

Juan-Antonio Moreno-Murcia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En defensa de las clases ‘incómodas’ – https://theconversation.com/en-defensa-de-las-clases-incomodas-271862

Trump’s diplomatic blitz exposes a misunderstanding of peacemaking

Source: The Conversation – UK – By Stefan Wolff, Professor of International Security, University of Birmingham

The inaugural meeting of Donald Trump’s board of peace in Washington on February 19 caps a busy week for US diplomacy – though, not necessarily for the country’s professional diplomats. These people have been largely sidelined in the close-knit circle of the US president’s personal envoys, his former real-estate business partner Steve Witkoff and son-in-law Jared Kushner.

Earlier in the week, Witkoff and Kushner attended two separate sets of negotiations in the Swiss city of Geneva. They first sat down for indirect talks with Iran before then leading negotiations between Russia and Ukraine. They then dashed back to Washington to attend the board of peace meeting.

At best, Witkoff and Kushner have a mixed track record of diplomatic success. Kushner was a key mediator in the Abraham accords during Trump’s first term in office. Designed to normalise relations between Israel and other states across the Middle East, the accords have failed to create sustainable momentum for regional peace and stability.

So far, only the United Arab Emirates, Bahrain, Morocco and Sudan have established full diplomatic relations with Israel. Saudi Arabia, an influential player in the Middle East, has not followed suit.

Witkoff has been credited with playing a key role in mediating the January 2025 ceasefire between Israel and Hamas and the Gaza peace plan later that year. This latter plan, with endorsement from the UN security council, gave rise to Trump’s board of peace.

Both men have also been at the centre of efforts to end Russia’s war against Ukraine. Witkoff has been involved from the start of Trump’s second term, with Kushner joining more recently at the end of 2025.

Yet, neither Kushner’s addition or a greater focus on a parallel track of negotiations between Washington and Moscow focused on the mutual economic opportunities that peace between Russia and Ukraine would create have brought the warring sides closer to a deal.

Taken together, the outsized roles that Witkoff and Kushner are playing in US diplomacy despite their limited success expose a fundamental misunderstanding of peacemaking at the heart of Trump’s approach to international affairs.

Peace deals are generally complex. To get one across the line usually requires mediators and support teams that are deeply knowledgeable of the conflict in which they are mediating and have broad knowledge of how a plethora of issues can be resolved in a technical sense.

Above all, they need to understand what has driven the parties to conflict and what might induce them to cooperate. While material incentives such as the promise of economic development in exchange for peace are important, warring parties often also have symbolic and psychological needs. These also need to be addressed to ensure the parties sign on the dotted line.

Having just two people with little prior experience of diplomacy and almost no expertise on either of the two conflicts they are currently mediating simultaneously is a recipe for failure. It is likely to lead to a deal being pushed that is simply unattainable in the short term because at least one party will not sign.

And if a deal is, against the odds, agreed because of high pressure on one or both sides, it is likely to be unsustainable in the long term as at least one of the parties will probably defect and violence will resume. This is particularly likely if a deal lacks sufficient guarantees, which lowers the threshold for defection for parties who are not negotiating in good faith.

Ukraine peace negotiations

It is easy to see how such calculations apply in the context of the war against Ukraine. The Ukrainian president, Volodymyr Zelensky, has repeatedly made it clear that the Kremlin’s demands – especially Ukrainian withdrawal from the territory in the east it has successfully defended against Russia’s aggression – are not something he will agree to.

Even if he did, such a deal would almost certainly be rejected in a referendum. It will be psychologically close to impossible for Ukraine and Ukrainians to accept the humiliation of giving up something they have not lost, to reward Putin’s aggression and to be sold down the river by Trump in his pursuit of an economic side-deal with his Russian counterpart.

Similarly, it is easy to see that Russia is not negotiating in good faith. Moscow is presenting Kyiv with an ultimatum while destroying as much as possible of the country, both to weaken Ukraine’s will to resist and to undermine its future recovery. Add to that Russian resistance to credible security guarantees and the true intent of Russia’s negotiation strategy is not to achieve sustainable peace but to prepare for the next war.

If and when negotiations on Iran or Ukraine break down or the agreements they might achieve collapse, there will also need to be supporting frameworks in place that can manage the consequences. Trump’s board of peace, which looks like a privatised version of the UN, is unsuitable for such a task.

Not only does it lack the legitimacy the UN has. There is also no indication that its members – be they the countries attending the inaugural meeting or the people serving at Trump’s pleasure in its executive structures – have the intent or capacity to take any actual peace-making role.

The board’s membership is, numerically at least, far below Trump’s aspirations. Only 24 of the 60 or so invitations sent out have been accepted, with traditional US allies in Europe and the G7 absent from the group. Among the attendees at the Washington meeting are the likes of Azerbaijan, Pakistan, Egypt and even Belarus, a country sanctioned by the US and Europe for its support of Russia’s campaign in Ukraine.

Trump’s board of peace may be able to establish a free economic zone here or there and generate some real-estate development. But much of that will be done to benefit its members’ wallets or egos – or both.

The Conversation

Stefan Wolff is a past recipient of grant funding from the Natural Environment Research Council of the UK, the United States Institute of Peace, the Economic and Social Research Council of the UK, the British Academy, the NATO Science for Peace Programme, the EU Framework Programmes 6 and 7 and Horizon 2020, as well as the EU’s Jean Monnet Programme. He is a Trustee and Honorary Treasurer of the Political Studies Association of the UK and a Senior Research Fellow at the Foreign Policy Centre in London.

ref. Trump’s diplomatic blitz exposes a misunderstanding of peacemaking – https://theconversation.com/trumps-diplomatic-blitz-exposes-a-misunderstanding-of-peacemaking-276357