¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Stephan Blum, Research Associate, Institute for Prehistory and Early History and Medieval Archaeology, University of Tübingen

Achilles Lamenting the Death of Patroclus by Gavin Hamilton (1760-1763). National Galleries of Scotland Collection

Los arqueólogos han encontrado algo inesperado en el interior de una momia egipcia de la época romana de hace 1 600 años: un fragmento de la Ilíada de Homero. No estaba colocado junto al cuerpo, sino dentro del abdomen de la momia. Pero la verdadera sorpresa no es solo dónde se encontró el fragmento. Es cómo llegó allí. Para entenderlo, debemos retroceder: a la propia Ilíada y a lo que llegó a ser en el mundo romano.

En la Ilíada, un poema escrito en el siglo VIII a. .e. c. y atribuido a Homero, la guerra de Troya no termina en triunfo ni en renacimiento. Termina en devastación. El poema concluye al borde del colapso, con Troya reducida a un paisaje de ruinas heroicas. Y, sin embargo, la historia no acaba aquí.

Según la tradición romana posterior, un troyano escapó. Eneas –hijo de Anquises y de la diosa Afrodita– huyó de la ciudad en llamas llevando a su padre a hombros y a los dioses domésticos en las manos. Se dirigió hacia el oeste, cruzando el Mediterráneo, hacia Italia, donde se convirtió en el antepasado de Roma.

Esta continuación no proviene de la propia Ilíada. Se configuró siglos más tarde, sobre todo en la Eneida de Virgilio. Pero cambió por completo el significado de la guerra de Troya. El pasado, en otras palabras, se reorganizó activamente a través de historias que podían reelaborarse, ampliarse y conectarse a través del tiempo y el espacio.

Pintura de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, mientras la caída de Troya se reconfigura como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Cuadro de Pompeo Batoni (1753), que representa a Eneas huyendo de la ciudad de Troya en llamas con su padre Anquises y los dioses domésticos, ya que la caída de Troya se reinterpreta como el comienzo de un viaje hacia la fundación de Roma.
Galleria Sabauda

Convertir la derrota en origen

Para el público romano, la guerra de Troya era más que una leyenda griega. Se convirtió en una forma de pensar sobre los orígenes, la identidad y el poder.

Afirmar el linaje troyano no implicaba solo un rastreo; requería un trabajo cultural constante –a través de la narración, la educación y el conocimiento compartido–. La Ilíada proporcionaba la materia prima: personajes, acontecimientos y genealogías que podían remodelarse y reutilizarse a lo largo de las generaciones.

En todo el Imperio romano, las élites cultas estudiaban a Homero como parte de su formación. Lo citaban en discursos, lo analizaban en las aulas y lo utilizaban para demostrar autoridad cultural. Conocer la Ilíada era hablar un idioma que otros en todo el imperio entendían.

Un senador en Roma, un profesor en Asia Menor o un estudiante en Egipto podían recurrir a las mismas historias. El poema creó un marco de referencia compartido, uno que permitía a personas muy diferentes situarse dentro de un pasado común.

Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía
Plano de la ciudadela de Troya de la Edad del Bronce Tardía (c. 1300–1109 a. C.) mostrado en rojo, con las estructuras de la época romana en azul, integradas en la antigua fortificación de tal manera que los muros conservados funcionaban como un telón de fondo teatral de la ‘antigüedad auténtica’, transformando la profundidad arqueológica en una experiencia deliberadamente escenográfica.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

En la época del Imperio romano, el yacimiento de la antigua Troya –situado en la actual Turquía– se convirtió en un destino turístico. Los emperadores invirtieron en su desarrollo, vinculándolo directamente a los supuestos orígenes troyanos de Roma. Bajo el emperador Augusto, Troya se integró en el discurso político del imperio. Y bajo el emperador Adriano, pasó a formar parte de una cultura más amplia de viajes, memoria y patrimonio.

Un visitante de Troya en el siglo II se habría encontrado con un paisaje cuidadosamente diseñado. Había baños, lugares donde alojarse y espacios para espectáculos. Se construyó un pequeño teatro –el Odeón– directamente en la antigua ciudadela, de modo que los restos de la ciudad de la Edad del Bronce, entendida como el escenario de las legendarias batallas en torno a Troya, formaban un escenario dramático.

Los visitantes podían pasear por lo que se presentaba como el escenario de la epopeya homérica, experimentando la guerra de Troya como algo arraigado en el suelo bajo sus pies.

De Troya a Egipto

Por todo el Imperio romano, la Ilíada circulaba como un texto vivo: se copiaba, se enseñaba y se leía. Egipto, una de las provincias más importantes de Roma, no fue una excepción. Sin embargo, aquí Homero circulaba dentro de un panorama cultural que difería en aspectos importantes del mundo literario griego en el que el poema había tomado forma por primera vez.

Para los observadores romanos, Egipto solía aparecer como un lugar donde la antigüedad se conservaba materialmente, además de recordarse, a través de templos, monumentos y prácticas que enfatizaban la continuidad con el pasado. Al mismo tiempo, era una sociedad profundamente híbrida, donde las tradiciones egipcias, griegas y romanas interactuaban de forma compleja.

Homero fue uno de los autores más copiados en el Egipto romano: se leía y se enseñaba como un indicador de educación y pertenencia cultural, y estaba profundamente arraigado en la cultura literaria cotidiana.

Un pequeño teatro romano cubierto
El Odeón de Troya, un pequeño teatro cubierto integrado en el tejido de la antigua ciudadela y construido a principios del siglo II, ejemplifica la reconfiguración romana del paisaje urbano y cultural del lugar.
Universidad de Tubinga, CC BY-SA

La versión homérica de la Guerra de Troya era especialmente popular entre la élite de habla griega, sobre todo en centros urbanos como Oxirrinco, donde se encontró la momia. Otras versiones de la historia –que ponían mayor énfasis en la estancia de Paris y Helena en Egipto, tal y como relató Heródoto basándose en los relatos de los sacerdotes egipcios– probablemente estaban más extendidas entre la población egipcia en general.

La cobertura mediática inicial del descubrimiento del fragmento dentro de la momia egipcia sugería que el texto había sido elegido deliberadamente para acompañar al difunto como un objeto de significado personal, tal vez reflejo de su educación o identidad cultural.

Sin embargo, la explicación más reveladora puede ser la más sencilla. Los papiros desechados o dañados podían reutilizarse como material barato. Por lo tanto, el fragmento pudo haber servido como relleno: se ataban en un haz y se insertaban en la cavidad corporal sin prestar especial atención a su contenido literario.

Sin embargo, el mero hecho de que un trozo de la Ilíada pudiera acabar como relleno desechable pone de manifiesto hasta qué punto Homero había calado en la vida cotidiana del Egipto romano.

Un texto en movimiento

Dar sentido al pasado en el mundo romano significaba moverse entre la historia y el monumento, entre la genealogía y el tiempo profundo. Cada perspectiva hacía más inteligibles las demás.

La Ilíada ayudó a crear un mundo en el que se podían conectar, comparar y remodelar diferentes pasados. Al vincular historias, lugares y tradiciones a lo largo del Mediterráneo, el mundo romano convirtió el pasado en un recurso flexible, capaz de generar identidad, autoridad y pertenencia en contextos cambiantes.

Por eso era importante el poema: circulaba por muchos entornos diferentes. Moldeó la educación de la élite, pero también formaba parte de la cultura lectora cotidiana. En Troya, contribuyó a transformar la ciudad en un lugar de memoria cultural. El texto en sí mismo también tuvo una larga vida material posterior, sobreviviendo no solo como una historia autorizada, sino a través de manuscritos y materiales de escritura que se copiaban, se transmitían o incluso se reutilizaban con fines totalmente diferentes.

Su idea más perdurable es, por lo tanto, esta: el pasado no es algo que simplemente se conserva, sino algo que se crea y se recrea continuamente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué hace un fragmento de la ‘Ilíada’ de Homero dentro de una momia? – https://theconversation.com/que-hace-un-fragmento-de-la-iliada-de-homero-dentro-de-una-momia-282924

Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Piñeiro Otero, Profesora Titular en el Departamento de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la UDC., Universidade da Coruña

La misma canción y múltiples “intérpretes” usando _lip sync_. Composicion de Teresa Piñeiro a partir de TikTok.

Una persona se asoma desde la pantalla. Mueve los labios, pero la voz que escuchamos no es suya. Puede ser una canción, un sketch cómico, un discurso político. Sabemos que esa voz no pertenece a ese cuerpo, pero aceptamos la unión. De hecho, ahí está buena parte del sentido.

Desde las primeras semanas del confinamiento con la covid-19, TikTok convirtió la sincronización de labios –funcionalidad heredada de Musical.ly– en uno de sus rasgos expresivos y en una puerta de entrada para públicos más adultos.

Impacto a gran escala

El lip sync puede parecer un pasatiempo. Alguien dobla un tema de moda, interpreta un audio viral o reproduce un diálogo de película. Sin embargo, por su uso extensivo en redes, se ha transformado en una práctica cultural que tensa las costuras del contrato audiovisual.

La ilusión audiovisual se sustenta en la sincronía imagen-sonido y en su verosimilitud: si una boca se mueve al ritmo de una voz, tendemos a vincular ese sonido con una fuente en pantalla, real o sugerida. TikTok conserva la sincronía y, al mismo tiempo, explota la falta de fidelidad como parte de su atractivo.

Esa separación entre sonido y fuente, la acumastización, no es nueva. La historia del medio audiovisual está llena de voces desplazadas, doblajes, playbacks, números musicales… La novedad aquí es que la herramienta se está usando a gran escala.

Antes, estas operaciones dependían de una infraestructura técnica o industrial. Hoy basta con elegir un audio en el móvil, grabarse, sincronizar el gesto y publicarlo. La pregunta ya no es si la voz es auténtica, sino cuál es su efecto expresivo.

El significado cambia según el contexto

Una voz puede cambiar de contexto con enorme facilidad. Un mismo audio puede servir para quejarse de un examen, ironizar sobre un cliente insoportable o dramatizar una situación cotidiana. La voz se repite, pero el sentido cambia.

Por eso, el lip sync es más que una imitación. Aunque el cuerpo no habla, el lenguaje corporal sí reorienta el significado. Una mirada, una ceja levantada o una sonrisa incómoda pueden cambiar por completo el sentido de un audio. Repetir lo que dijo otra persona, en este contexto, puede ser una forma de apropiarse, traducir, parodiar, denunciar o desplazar un significado.

En un momento en que la inteligencia artificial generativa ha facilitado el acceso a la creación de vídeos sintéticos, cuando cientos de aplicaciones nos permiten fabricar discursos que no se pronunciaron, reemplazar rostros o sincronizar labios y gestos faciales con una precisión cada vez mayor, TikTok revindica la imperfección para poner énfasis en el gesto, el contexto o la intención de alguien que hace suya una voz que no le pertenece.

Cuando se usa con fines activistas

Ese uso puede tener una dimensión crítica. Algunas creadoras se apropian de audios que indican cómo debe comportarse una mujer mientras friegan, se maquillan o miran a la cámara con hartazgo. El audio afirma una cosa; el cuerpo responde otra.

Por otro lado, canciones como Labour, de Paris Paloma, se convirtieron en fenómenos virales, como un himno de rabia feminista que resuena con millones de mujeres jóvenes. La canción, que aborda de manera cruda y poética la fatiga ante roles de género tradicionales, la carga mental y el trabajo doméstico, es hoy un grito de guerra de “feminist.rage” –rabia feminista– en boca de cientos de jóvenes.

En otros casos, el lip sync sirve para señalar formas de racismo cotidiano. Frases aparentemente bienintencionadas –“¿De dónde eres realmente?”, “Hablas muy bien”, “No pareces de aquí”– pueden interpretarse con ironía. Esta práctica no derriba estructuras, pero puede intervenir en la circulación de ciertos significados.

Banalización de contenidos y minorías

En la otra cara de la moneda, la reutilización de voces, acentos y músicas no siempre funciona como homenaje o crítica. En su análisis de los lip sync de creadores oyibo –“persona blanca” en el idioma yoruba de Nigeria– sobre audios de humor, música y pidgin –lengua mixta– nigerianos, un estudio reciente señala que esta circulación puede ampliar la visibilidad de determinadas formas culturales, pero también vaciarlas de contexto y convertir la diferencia en espectáculo.

Por eso, no basta con celebrar el lip sync como una práctica creativa. Su sentido depende de quién usa la voz, desde qué posición, ante qué comunidad y con qué beneficio. La misma operación puede funcionar como traducción cultural, parodia, reconocimiento o apropiación.

Usuarios con discapacidad auditiva

El fenómeno se vuelve aún más complejo si se observa desde la experiencia de las personas sordas y con discapacidad auditiva, a las que TikTok brinda otras formas de presencia. La lengua de signos, los subtítulos, los gestos, la música, el doblaje o el lip sync permiten participar en tendencias sonoras desde registros distintos.

Sin embargo, esa participación no está libre de tensiones. La posibilidad de intervenir en tendencias sonoras desde registros visuales no implica que la plataforma reconozca estas formas de comunicación en igualdad de condiciones. Buena parte de las dinámicas de TikTok continúan organizadas en torno a una lógica oyente, basada en la escucha de un audio, su reproducción mediante la voz o la boca y la sincronización entre sonido, cuerpo e imagen.

Así, la participación de personas sordas exige una continua labor de traducción y ajuste entre lengua de signos, subtítulos, gestualidad, ritmo, música y texto.

Al mismo tiempo, algunos usuarios que reclaman a la comunidad creadora la incorporación de voz para mejorar la comprensión de los vídeos. Aunque un vídeo pueda construir sentido mediante lengua de signos, subtítulos o expresión corporal, la ausencia de voz hablada sigue percibiéndose como una carencia.

En este sentido, una investigación reciente constató que prácticas como el subtitulado, el doblaje, la música o el lip sync permiten a las personas sordas intervenir en una cultura atravesada por el sonido, pero no desactivan la norma oyente que sigue organizando buena parte de sus modos de participación.

La misma canción, infinitos intérpretes

Ante este panorama, si hay una práctica que domina el lip sync, es la musical. Basta buscar “lipsync” para encontrar una sucesión de vídeos de chicas jóvenes con el mismo encuadre, filtros y gestos, interpretando cualquier tema viral. A veces, parece que vemos el mismo vídeo una y otra vez. Y, en parte, esa es la lógica de la plataforma.

La canción deja de circular como una obra completa. El corte se impone al tema, al álbum o a su intérprete. La propia plataforma favorece esa fragmentación al ofrecer sonidos listos para reutilizar y al premiar las formas que mejor se adaptan a la repetición. La música se dobla, se imita, se contesta y transforma.

De este modo, surgen formas diversas de cocreación musical. Los usuarios completan canciones, hacen versiones, traducen gestos o mezclan estilos desde lugares muy distintos y con medios mínimos. Así, músicas no occidentales, rurales, migrantes u orientales pueden circular por vías que no dependen del todo de los filtros tradicionales de la industria.

Aunque no conviene idealizarlo. TikTok también toma parte de esa gran industria musical dominante y elige qué ritmos, idiomas y gestos se van a convertir en plantilla.




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The Conversation

Teresa Piñeiro Otero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mi cuerpo, su voz: el ‘lip sync’ como expresión cultural en TikTok – https://theconversation.com/mi-cuerpo-su-voz-el-lip-sync-como-expresion-cultural-en-tiktok-281914

Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Antonia Moreno, Profesor Investigador Asociado, Universidad Católica Andrés Bello

testing/Shutterstock

Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026, en Venezuela han surgido expectativas optimistas respecto a su economía, como si una fuerza poderosa estuviera a punto de transformarla y devolverla a lo que fue hace décadas, y de donde, según algunos, nunca debió haberse desviado.

¿En qué se sustentan tales esperanzas? Las repercusiones de los cambios políticos y económicos de estos meses son tan incompletas que no está claro si conducirán a un sendero sostenible de desarrollo y bienestar.

A ello se añade la incertidumbre generada por las propuestas para legislar la dolarización de la economía del país. Este artículo se centra en las implicaciones de esta opción, argumentando que el camino hacia una estabilidad macroeconómica efectiva reside en establecer una independencia confiable del Banco Central de Venezuela (BCV).




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De inflaciones e hiperinflaciones

Un argumento a favor de la dolarización es la persistencia de periodos de alta inflación: la característica más prominente de la economía venezolana desde hace varias décadas.

En efecto, la variación promedio mensual del índice de precios al consumidor (IPC) de Venezuela no solo se ha mantenido en niveles por encima del 2 %, sino que ha escalado a promedios de más del 11 %, incluso a una hiperinflación entre diciembre de 2017 y enero de 2021, con un promedio mensual de 58 %. Si bien su ritmo de crecimiento ha disminuido desde entonces, el promedio actual (11,6 %) es todavía muy alto en relación con los niveles hacia los cuales ha tendido el promedio mundial de la inflación.

La tendencia creciente del coeficiente de variación (CV) de la inflación promedio intermensual refleja también un alto nivel de volatilidad del IPC. Esta tendencia sugiere que cualquier intento de las autoridades monetarias de reducir la inflación ha sido meramente temporal.

Dicho coeficiente de variación (CV) mide la volatilidad de la inflación mes a mes. Un CV bajo indica que la inflación mensual es constante y predecible. Uno alto, que la inflación mensual fluctúa mucho, con meses de subidas muy altas y otros más bajas.




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Dolarización, ¿sí o no?

Ahora bien, al proponer la dolarización por ley para Venezuela se dejan de lado cuestiones de importancia tales como:

  • El reconocimiento de que una de las fuentes relevantes de la inflación tiene que ver con la insostenibilidad de los déficits fiscales (cuando los ingresos por impuestos y otras fuentes son inferiores a los gastos públicos en un año) y su financiamiento por el BCV.

  • El desconocimiento de que otros países latinoamericanos con la misma experiencia, como por ejemplo Perú y Brasil, lograron controlar la inflación sin dolarizar su economía (Banco Mundial, 2024). Sobre todo tomando en cuenta que, en Venezuela, tanto la inflación como la depreciación cambiaria siguen tendencias alcistas.

Pero, más importante aún, es que, con la propuesta de dolarización, se dejan de lado las posibles causas de la persistencia de las autoridades económicas venezolanas en ignorar que, en los países donde se han establecido objetivos de inflación (inflation targeting), se ha conseguido reducirla a tasas compatibles con un crecimiento económico sostenido y mejoras en el bienestar social de la población.

¿Por qué oponer la dolarización a la política de metas de inflación? ¿Es que la autonomía del banco central es viable para otras naciones, pero no para el de Venezuela? ¿Cómo se puede aceptar tal premisa? La dolarización puede ofrecer una solución a corto plazo para frenar las inflaciones elevadas. Pero, a la larga, se convierte en una camisa de fuerza que conlleva costos y riesgos persistentes.

Peor aún, no solo deja sin resolver los problemas subyacentes de la economía, sino que conlleva, al atar la economía nacional a una divisa extranjera, una renuncia irreversible a la capacidad de establecer políticas económicas propias.




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Lo que hay que cambiar

En un país cuya economía se contrajo considerablemente desde comienzos del siglo XXI, estos costos y riesgos pueden atenuarse con la adopción de una política de metas de inflación. Esto requiere restituir la independencia del Banco Central de Venezuela en la toma decisiones y la formulación de políticas monetarias, sin injerencias políticas.

Los cambios legales para conseguirlo no deberían tomarse un tiempo muy prolongado, pues la autonomía e independencia del BCV constituyen un mandato constitucional desde 1999. Además, con la flexibilización de las sanciones estadounidenses que ha venido produciéndose desde principios de año, la reforma de la Ley del BCV podría agilizarse, tal y como ocurrió con la aprobación de las recientes reformas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley Orgánica de Minas.

Implementar estos cambios permitiría a Venezuela pasar de una economía pequeña y distorsionada a una regida por los incentivos adecuados para impulsar un crecimiento sostenible y equitativo.




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Una fiscalidad mejorada

Para mejorar la gestión de la institución monetaria, además de la restitución legal de su autonomía, sería necesario restablecer otras normas fiscales que se fueron debilitando y abandonando.

Estas normas incluyen el restablecimiento de límites razonables de endeudamiento público, la coordinación de la planificación monetaria y fiscal a largo plazo contemplada en la Constitución, la implementación de un fondo de estabilización macroeconómica (una entidad de ahorro soberano para acumular recursos durante periodos de altos ingresos que contrarresten la volatilidad del ciclo petrolero), y la reforma del sistema tributario para convertirlo en un estabilizador automático efectivo.

Un estabilizador fiscal automático suaviza los efectos de las fluctuaciones cíclicas de la economía sin intervención gubernamental directa. Por ejemplo, los impuestos progresivos, como el impuesto sobre la renta, hacen que, en periodos expansivos de la economía, aumente la recaudación tributaria fortaleciéndose la capacidad de ahorro del fisco. En períodos de contracción económica, este ahorro permite a los gobiernos financiar políticas dirigidas a contrarrestar su impacto negativo en la demanda agregada. De esta manera, el ciclo contractivo del PIB se suaviza, al disminuir el gasto de las familias menos de lo que lo hace el PIB.

Restaurar la confianza y la credibilidad

La aplicación de los cambios propuestos, que permitirían incorporar mecanismos estabilizadores automáticos, erradicar la dominancia fiscal (que resta capacidad a la para controlar la inflación) y eliminar la rigidez del gasto público asociada a la búsqueda de rentas o rent-seeking (un fenómeno estructural por el que una parte del presupuesto se destina a grupos de interés que buscan asegurarse beneficios propios), podrían restaurar la confianza y credibilidad en las políticas fiscales, cuestiones tan necesarias en el desenvolvimiento eficiente de los mercados y la actividad productiva.

Aunque lograr estos objetivos requiere consenso político, no debería ser difícil alcanzarlo si se tiene en cuenta que la inflación siempre es un mal negocio para todos los sectores sociales, económicos y políticos.

The Conversation

María Antonia Moreno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizarse o devolver al banco central su autonomía? – https://theconversation.com/dilema-en-la-economia-venezolana-dolarizarse-o-devolver-al-banco-central-su-autonomia-282758

Hantavirus: el papel de los alimentos y la hidratación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Tualek Photographer/Shutterstock

El hantavirus es una infección poco frecuente, pero potencialmente grave, asociada sobre todo al contacto con roedores silvestres infectados, que eliminan el virus por la orina, las heces y la saliva. Cuando esas secreciones se secan, se mezclan con el polvo y se dispersan en el aire, pueden ser inhaladas por las personas. Es la vía de contagio más habitual.

La mayoría de los casos se relacionan con zonas rurales, bodegas, cabañas cerradas, galpones o actividades al aire libre. Sin embargo, las infecciones asociadas al crucero MV Hondius llamaron la atención porque llevaron el hantavirus a un escenario poco habitual. Y con ello surgieron varias preguntas: ¿puede transmitirse por alimentos? ¿Existe especial riesgo en barcos? ¿Qué papel cumplen la comida y la hidratación en los pacientes?

El caso del crucero: un antecedente inusual

El actual brote ha sido particularmente llamativo porque no había antecedentes claros en cruceros. Hasta entonces, los barcos turísticos se habían relacionado sobre todo con otros virus, como norovirus, influenza o SARS-CoV-2, que se transmiten con facilidad en espacios cerrados, por contacto cercano, superficies contaminadas o alimentos y agua mal manipulados.

El hantavirus funciona de otra manera. Su reservorio natural son los roedores, aunque el causante del brote en el MV Hondius es la variante Andes, que puede transmitirse de persona a persona en contactos estrechos.

Por eso, el episodio del crucero no debe interpretarse como una señal de que los barcos sean un nuevo foco habitual de este tipo de patógenos. Más bien parece tratarse de una situación excepcional, probablemente vinculada a una exposición previa en zonas endémicas y a transmisión posterior entre personas cercanas durante el viaje.

¿Se transmite por alimentos?

Una de las dudas más frecuentes es si el hantavirus se transmite por la comida. La respuesta requiere matices: no es una enfermedad alimentaria en el sentido clásico. No se contagia porque un alimento esté mal cocinado ni porque el virus se multiplique en la comida, como sí ocurre con algunas bacterias.

La vía principal es respiratoria: inhalar polvo contaminado con orina, heces o saliva de roedores infectados. Aunque teóricamente podría existir un riesgo si alimentos o agua estuvieran directamente contaminados con excrementos de roedores infectados, la evidencia actual no respalda la transmisión alimentaria del hantavirus como ruta clínicamente relevante. Debe considerarse un riesgo de contaminación ambiental en locales cerrados.

Por eso, en zonas rurales, campamentos, cabañas, almacenes o espacios cerrados durante mucho tiempo, las medidas preventivas incluyen guardar los alimentos en recipientes herméticos, no dejar comida expuesta durante la noche, mantener la basura cerrada, evitar atraer roedores, limpiar superficies con desinfectante y consumir solo agua segura, hervida o desinfectada cuando no haya garantía sanitaria.

También conviene tener precaución con frutas, verduras o alimentos almacenados en lugares donde pueda haber roedores. Si hay señales de infestación, como heces, nidos, olor fuerte o envases mordidos, no se debe barrer en seco, porque eso puede levantar partículas contaminadas. Primero hay que ventilar, humedecer con desinfectante y limpiar con protección.

La idea central es sencilla: el hantavirus no se transmite habitualmente por la comida, pero los alimentos y el agua pueden convertirse en vehículos si han sido contaminados por heces, orina o saliva de roedores infectados. Esa diferencia ayuda a evitar alarmas innecesarias y, al mismo tiempo, refuerza medidas básicas de higiene.

Hidratación en pacientes con hantavirus: necesaria, pero con mucho cuidado

La hidratación es importante para cualquier infección, especialmente cuando hay fiebre, vómitos, diarrea o pérdida de apetito. En las fases iniciales del hantavirus, cuando el paciente aún está estable, beber líquidos puede ayudar a prevenir la deshidratación, siempre que no haya dificultad respiratoria, shock o compromiso renal.

Pero en el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, la situación cambia. Esta forma grave, producida por la variedad Andes, puede generar una fuga de líquido desde los vasos sanguíneos hacia los pulmones, generando edema pulmonar e insuficiencia respiratoria. Además, el corazón puede bombear con menos fuerza. En ese contexto, administrar demasiado líquido puede empeorar el cuadro, ya que puede terminar filtrándose hacia los pulmones y dificultar aún más la respiración.

Por eso, hidratar bien no significa hidratar mucho. En pacientes hospitalizados, debe ser estrictamente controlada por el equipo médico. Se vigilan la presión arterial, la oxigenación, la diuresis, la función renal y el balance entre los líquidos administrados y eliminados. A veces se requieren líquidos intravenosos, pero en cantidades cuidadosamente calculadas. En otros casos se priorizan medicamentos vasoactivos, oxígeno, ventilación mecánica o soporte intensivo antes que grandes volúmenes de suero.

La familia también cumple un papel importante. No debe ofrecer agua, jugos, caldos o bebidas “por fuera” de la indicación médica si el paciente está internado con compromiso pulmonar o renal. Aunque la intención sea buena, esa suma de líquidos puede contribuir a la sobrecarga.

En fases posteriores, si aparece compromiso renal, la hidratación también debe ajustarse. Puede haber momentos de poca orina, en los que se restringen líquidos, y fases de mucha diuresis, en las que hay que reponer pérdidas para evitar deshidratación y alteraciones de electrolitos. Por eso no existe una recomendación universal como “tomar dos litros diarios” para todos los pacientes con hantavirus.

Es importante entender que no es un virus típico de cruceros ni una infección alimentaria común, pero el caso reciente recuerda que las enfermedades emergentes pueden aparecer en escenarios inesperados. La clave está en prevenir la contaminación por roedores, proteger alimentos y agua y manejar la hidratación con precisión médica.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hantavirus: el papel de los alimentos y la hidratación – https://theconversation.com/hantavirus-el-papel-de-los-alimentos-y-la-hidratacion-282735

Un simple apretón de manos permite evaluar el estado de salud infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Brazo-Sayavera, Profesor del área de Educación Física y Deportiva, Universidad Pablo de Olavide

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La debilidad física es una amenaza silenciosa que se puede detectar desde edades tempranas. De ahí la importancia de considerar la condición física en la infancia y adolescencia como un poderoso marcador de salud que predice el bienestar futuro, al ser la fuerza y la resistencia dos pilares para una vida sana.

La ciencia demuestra que una buena capacidad cardiorrespiratoria y muscular se asocia a un menor riesgo cardiovascular y a una mejor composición corporal. Estos beneficios también se reflejan en la salud mental, con menos síntomas de depresión y ansiedad, una mejor autoestima e incluso un mayor rendimiento académico.

Si la condición física es tan crucial, ¿por qué su evaluación no forma parte de las revisiones médicas rutinarias? ¿Es por falta de formación entre los sanitarios o por falta de tiempo en unas consultas demasiado saturadas?

Sea como fuere, la buena noticia es que esta evaluación no solo es necesaria, sino que también es fácil de llevar a cabo desde la primera infancia, desde preescolar, estableciendo la base para una monitorización temprana y eficaz.

Una prueba rápida, económica y simple

Integrar la evaluación de la fuerza muscular en la ajetreada rutina de la consulta pediátrica es posible. Un estudio reciente ha demostrado que la simple prueba de prensión manual es un marcador robusto de riesgo cardiometabólico en jóvenes. ¿Cómo? Midiendo la fuerza del agarre, por ejemplo mediante un apretón a un dinamómetro, un instrumento diseñado para medir la fuerza.

Se trata de una prueba rápida, económica y no invasiva. De hecho, hay aparatos para medir la fuerza de prensión manual más económicos y con la misma fiabilidad que otros más caros. Esto permite al pediatra identificar en cuestión de segundos a aquellos niños y adolescentes con un riesgo elevado de baja fuerza muscular (dinapenia) que podrían beneficiarse de una intervención temprana.

La necesidad de implementar sistemas de vigilancia de la condición física en España ha sido defendida por la Red Española por una Infancia Activa y Saludable. La idea es que se empiece a cubrir a nivel nacional con un protocolo estandarizado.

De momento, hay iniciativas que ya miden la fuerza de prensión manual en la consulta pediátrica como Diactive-1, disponible en 11 hospitales españoles. Esta iniciativa es un proyecto de investigación a nivel nacional que tiene por objetivo desarrollar la fuerza en población pediátrica con diabetes tipo 1. Para ello utiliza la prueba de prensión manual como método de diagnóstico de la dinapenia.

Los datos individuales son útiles para que los pediatras puedan orientar a los pacientes de la mejor forma posible. Pero, además, la recolección generalizada de datos de la condición física desde la consulta pediátrica ayudaría a analizar la situación a nivel poblacional.

El coste de la debilidad: estigma y exclusión

La falta de fuerza conlleva problemas de salud futura bien conocidos, pero no es el único problema. También tiene un alto coste social y psicológico. Un bajo nivel de fuerza puede exponer a los niños y adolescentes a la estigmatización y la exclusión social.

La victimización está vinculada a estigmas relacionados con el desempeño en actividades deportivas, y la habilidad y la condición física son predictores negativos de esta exclusión. Abordar la debilidad física es, además, una cuestión de salud mental y bienestar social. Para evitar el estigma, es interesante convertir la evaluación en una herramienta pedagógica y motivadora.

Que es justo lo que hacen proyectos como el cómic educativo EMMAFIT y el cuento La Monstruita Hipertensión, que buscan fomentar una actitud positiva hacia el bienestar físico desde temprana edad.

La fuerza de la colaboración

Hemos visto cómo un pediatra, con un monitoreo rápido como la prueba de prensión manual, puede identificar el riesgo de debilidad y emitir una “receta” de actividad física. Pero la mejora de esa condición física recae en el ámbito educativo, ampliable al ámbito deportivo donde también se encuentran los profesionales con capacidad para ello.

Es imperativo que la colaboración entre pediatras y profesores de educación física se fortalezca. La Red Española por una Infancia Activa y Saludable destaca la necesidad de esta colaboración para que los datos de la consulta se traduzcan en programas de ejercicio físico personalizados y motivadores en la escuela.

Solo a través de esta sinergia, donde la ciencia se une a la pedagogía, aseguraremos que las próximas generaciones vivan con la fuerza necesaria para prosperar hacia un estado de salud óptimo.

The Conversation

Javier Brazo-Sayavera es miembro de la Alianza Global por una Infancia Activa y Saludable. Además, coordina la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Investigador principal de la Unidad de Investigación en Actividad Física Infanto-Juvenil de Navarrabiomed, y miembro de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Cristina Cadenas-Sanchez es coordinadora del grupo de ejercicio y obesidad de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad. Además, es miembro de la Red Española por una Infancia Activa y Saludable y del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría.

Julio Carlos Alvarez Pitti no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un simple apretón de manos permite evaluar el estado de salud infantil – https://theconversation.com/un-simple-apreton-de-manos-permite-evaluar-el-estado-de-salud-infantil-278025

¿Por qué vecinos de un mismo lugar perciben el turismo de forma diferente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yen E. Lam González, Investigadora postdoctoral en Economía Aplicada, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria. rui vale sousa/Shutterstock

Una persona que posee una vivienda vacacional no valora al turismo en su comunidad igual que otra que trabaja como empleada en el turismo (agente de viajes, recepción de hotel) y le cuesta llegar a fin de mes por el aumento de los precios de alquiler.

Sentirse marginado como ciudadano en las decisiones políticas también puede hacer a las personas más pesimistas a la hora de valorar un nuevo plan de desarrollo turístico. En cambio, si ha podido contribuir de alguna manera a ese plan eso podría hacerle cambiar de actitud.

Otro aspecto a tomar en cuenta es la satisfacción con la vida personal. Estar satisfecho con la vida privada, laboral y familiar hace a las personas más optimistas en general, y también a la hora de balancear los impactos del turismo en su comunidad.

Esto son algunos ejemplos que explican por qué algunas personas desarrollan sentimientos negativos hacia el turismo mientras otras se mantienen neutrales, o favorables, a pesar de residir en el mismo lugar. Los residentes con opiniones más negativas sobre el turismo tienden a experimentar incomodidad, ira o enfado.

Estas emociones negativas no tienen por qué surgir en todo aquel que opina que el turismo genera impactos negativos. Igualmente, las emociones negativas no siempre se canalizan en protestas, mensajes de odio o grafitis, sino que pueden servir como estímulo para implicarse en propuestas de mejoras y contribuciones significativas desde el conocimiento local.

Un estudio reciente realizado en las Islas Canarias (España), analiza cómo la ideología política y el tiempo de residencia (o el ser nativo) también influyen de manera decisiva en las opiniones y sentimientos hacia el turismo.

¿Ser nativo nos hace menos proturismo?

Entre las conclusiones del estudio está que las personas nacidas en un destino turístico o que han vivido durante largo tiempo en él tienden a percibir menos beneficios del turismo que el resto de residentes.

Con el paso del tiempo, los beneficios del turismo –infraestructuras, empleo o servicios– dejan de verse como logros. Sin embargo, el estudio aclara que ser nativo no te hace más pesimista ni más intolerante.

En realidad, lo que existe es una erosión del entusiasmo por los grandes avances que favoreció el turismo en los inicios, unido a sensaciones de nostalgia por los cambios acumulados en el estilo de vida y el entorno.

¿La ideología política habla de la actitud ante el turismo?

La ideología política define valores y creencias sobre cómo debe organizarse la sociedad, el papel del Estado, el mercado y los individuos. Ser de derechas o izquierdas también indica en qué tipo de organizaciones se tiene más confianza.

Los resultados de este estudio revelan que la ideología política actúa como un filtro interpretativo de los impactos del turismo. Las personas con una orientación política más conservadora, o de derechas, tienden a percibir más beneficios del turismo. Por el contrario, quienes se sitúan más a la izquierda suelen ser más críticos con el turismo.

Esto no significa que todos los afiliados a un partido de izquierdas sientan molestia o inconformidad con el turismo. Lo que dice el estudio es que ser de izquierdas podría predecir cómo las personas hacen el balance de costes y beneficios del turismo.

Factores que influyen en la percepción del turismo

En definitiva, dos residentes pueden llegar a conclusiones distintas sobre la contribución del turismo a su comunidad según su ideología política, su situación personal y sus condiciones como residente, entre otras cosas. Esto implica que no existen mensajes ni políticas universales: las estrategias para mejorar la convivencia entre residentes y turismo deben adaptarse a distintos perfiles sociales, reconociendo que el conflicto no es solo económico o territorial, sino también político y cultural.

The Conversation

Yen E. Lam González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué vecinos de un mismo lugar perciben el turismo de forma diferente? – https://theconversation.com/por-que-vecinos-de-un-mismo-lugar-perciben-el-turismo-de-forma-diferente-281922

El Aleph de Borges y el universo cuántico anterior al Big Bang

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Gómez Cadenas, Profesor de Física, Donostia International Physics Center

Una célebre canción de Joaquín Sabina aconseja no volver jamás al lugar en el que se ha sido feliz. Confieso que mientras abría el volumen I de las obras completas de Borges (Emecé editores, 1989) y buscaba el texto de El Aleph temía que la frase se aplicara también a los relatos que más nos han marcado. No había vuelto a visitar El Aleph desde hace décadas y temía que, al hacerlo, la realidad del texto no estuviera a la altura de mis exaltados recuerdos. No fue así.

Una historia de amor trágico

El Aleph es, en último término, una historia de amor trágico:

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

Era el propio Borges quien recomendaba empezar una buena historia con un nacimiento, una muerte o un forastero que llega a una ciudad sin nombre. Y la muerte de Beatriz, en la primera línea, no sólo fija el tono sombrío del relato sino que refiere al lector a esa otra Beatriz, que Dante exaltó en su Comedia. Pero hay más. El siguiente párrafo nos informa de un imperceptible cambio que contribuye a alejar el universo de la difunta. ¿Sólo de ella?

Borges invoca sutilmente la realidad del cambio constante del cosmos, que a su vez refleja el aumento incesante de la entropía. Desde la muerte de Beatriz Viterbo, en 1929, esa entropía que crece empecinadamente ha ido cambiando el universo —con un anuncio de cigarrillos, con una guerra mundial, con la llegada del hombre a la Luna, con la irrupción reciente de la IA—, pero, sobre todo, lo ha ido desordenando.

Ha transcurrido casi un siglo de los hechos que se relatan en el cuento. Solo en la Vía Láctea se habrán apagado alrededor de cien estrellas, más de un billón si contamos todo el universo. Desde la muerte de Beatriz, cerca de mil galaxias han emitido el último fotón que jamás nos alcanzará. Borges intuye —y plasma, con un detalle trivial— una tragedia cósmica. Nuestro universo se expande, empujado por la energía oscura, acelerando cada vez más, enfriándose poco a poco, hacia una muerte térmica ineludible.

Sigue, tras el párrafo inicial, lo que podríamos llamar la parte burlesca del relato, protagonizada por el primo de Beatriz, el pedante Carlos Argentino Daneri, empeñado en escribir un poema universal. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Desde la muerte de Beatriz hasta la época en que se desarrolla el relato (1941), han pasado doce años, en los que Borges repite regularmente sus visitas al pariente que no soporta, a cambio de aferrarse a lo poco que le queda de la amada:

Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón…

Como caído del cielo, aparece el Aleph

Borges (y el lector) soportan a Carlo Argentino a duras penas y todo el relato parece abocarse a un melancólico sin sentido… Hasta que de repente, como caído del cielo, aparece un Aleph. Carlos Argentino le informa de que en un ángulo del sótano se oculta un Aleph. Y explica, de paso, que el Aleph es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

Aquí el relato se torna onírico. Un Borges incrédulo relata la rabieta de Carlos Argentino, el niño malcriado, convencido de que el Aleph en cuestión, además de ser de su propiedad, existe con el único propósito de ayudarle a componer su poema universal. La situación se resuelve cuando Borges baja a comprobar la patraña por sí mismo… y se encuentra con el prodigio, que nos describe con su prosa exuberante:

Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino.

La enumeración de las maravillas que muestra el Aleph es el polo opuesto a las mamarrachadas que ha escrito el primo hermano y, ¡ay!, objeto de los desvaríos eróticos de una Beatriz a la que el punto que contiene todos los puntos despoja, de un zarpazo, del lugar en el Paraíso donde Borges y Dante la habían colocado para transformarla en una mujer de carne y hueso, cuya ausencia, por esa precisa (obscena) carnalidad, duele todavía más. La parodia ha terminado y el recorrido a través del espejo está tintado de dolor.

El instante que precede al Big Bang

El prodigio que Borges nombra con la primera letra del alfabeto hebreo — la letra que contiene todas las demás — admite una lectura que el propio escritor, hijo de su tiempo, no podía formular del todo, pero quizás intuyó: un punto que contiene todos los puntos describe exactamente el instante infinitesimal que precede al Big Bang, la gran explosión que creó el universo hace unos trece mil ochocientos millones de años.

De ahí, de ese punto, ese cero, ese lugar del orbe que contiene todos los lugares del orbe, emanan materia y antimateria (esta última desaparece enseguida, por culpa de un traidor, el neutrino, cuya pista yo he seguido durante toda mi carrera científica), leptones y quarks que se confinan en protones que forman núcleos de hidrógeno y después de helio y después de litio y más tarde berilio….

Luego, estrellas que explotan en supernovas, que crean sistemas solares donde aparece (inexplicablemente) la vida (o al menos eso ocurre en uno de ellos). Con la vida, bacterias que, casi por arte de magia engendran células eucariotas, eucariotas que engendran algas, algas que engendran nautilus y ciempiés, medusas y tiburones, helechos y plantas carnívoras, tiranosaurios y cocodrilos, tigres de dientes de sable, caballos, unicornios y mariposas. Y en algún momento, ciegamente, aparece también una especie de monos locos, capaces de inventar la literatura para acallar el ruido en el interior de su cabeza, la poesía para mitigar su miedo a la muerte, la ciencia para tratar de entender el mundo.

Pero todo eso ocurre después. El Big Bang crea el universo pero el Aleph lo contiene en el tiempo infinitesimal que lo precede. Y ese instante infinitesimal, dicen los físicos, es una fluctuación del vacío cuántico.

Dos tremendas palabras. Vacío. Cuántico.

En el vacío clásico no hay nada. La teoría de la relatividad nos informa de que la materia teje la estructura misma del espacio-tiempo, así que el vacío, que prohíbe la materia, tampoco puede contener espacio ni tiempo. Es una ausencia absoluta.

Pero las leyes de la mecánica cuántica nos aseguran que tal vacío no existe. Aseguran que en el tejido del cosmos, incluso en la ausencia de toda materia, se forman y se destruyen, incesantemente, pares de partículas y antipartículas, en un baile invisible, oculto al observador por el implacable principio de incertidumbre. Y ese fenómeno puede fluctuar, generar una burbuja, provocar un Big Bang, quizás con una probabilidad tan pequeña que sería imposible que ocurriera, a no ser que se disponga de toda la eternidad para ello.

Y así, eventualmente, quizás en un inconcebible multiverso, aparecen burbujas iniciadas por esa rebeldía del vacío cuántico que forman un Aleph, que a su vez engendra el orbe.

El falso Aleph

Hacia el final de su magistral relato, Borges nos informa que el Aleph que existía en el sótano del poetastro Carlos Argentino era, posiblemente, un falso Aleph. Es fácil creer que esté en lo cierto y aventurar que el auténtico Aleph desapareció hace miles de millones de años, dando lugar a todas las cosas.

O quizás no es así. Quizás el vacío cuántico sigue fluctuando y continuamente se forman otros universos que se desprenden del nuestro como burbujas de jabón sopladas por el lapicero hueco de un Dios travieso. Quizás todos hemos visto un Aleph sin saberlo, porque esa visión, demasiado sobrecogedora, se ha borrado de nuestra mente, como se han borrado ya, para siempre, los rasgos de Beatriz Viterbo.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Juan Gómez Cadenas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El Aleph de Borges y el universo cuántico anterior al Big Bang – https://theconversation.com/el-aleph-de-borges-y-el-universo-cuantico-anterior-al-big-bang-282607

Veranos interminables e inviernos menguantes: ¿cómo definimos ahora las estaciones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Sánchez Sánchez, Catedrático Física de la Tierra, Facultad CC Ambientales y Bioquímica, Universidad de Castilla-La Mancha

Sebastian_Photography/Shutterstock

Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.

Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.

El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.




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¿Cómo definimos un día de verano?

Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.

Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.

Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.

Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.

Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.

Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.

Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.

También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.

Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.




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¿Cómo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?

Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.

Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.

Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la Península Ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.

El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:

  • Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.

  • Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.

  • Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.

  • Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.

Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.

The Conversation

Enrique Sánchez Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Veranos interminables e inviernos menguantes: ¿cómo definimos ahora las estaciones? – https://theconversation.com/veranos-interminables-e-inviernos-menguantes-como-definimos-ahora-las-estaciones-278844

¿Qué es realmente un régimen político? Más allá de la democracia y el autoritarismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Zarina Kulaeva, Postdoctoral research fellow, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Fachada del Congreso de los Diputados de España. joserpizarro/Shutterstock

Desde la década de 1970, los estudios sobre regímenes políticos se han enfrentado a una pregunta que Aristóteles ya planteaba hace más de 2 000 años: ¿cómo comprender y clasificar las formas de gobierno? En 1975, la Comisión Trilateral encargó a los científicos Michael J. Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki la elaboración de uno de los informes más controvertidos de la década, La crisis de la democracia. Informe sobre la gobernabilidad de las democracias.

En este reporte, los autores se preguntaban si la democracia atravesaba una crisis estructural, articulando su diagnóstico en torno al problema de la sobrecarga de demandas sobre el gobierno.

La noción de sobrecarga señalaba que la expansión del activismo, la creciente movilización social y la ampliación de derechos y expectativas ciudadanas estaba llevando a las democracias y a su capacidad para procesar todas las demandas de participación y redistribución hacia una crisis de gobernabilidad. Esto reflejaría la controvertida idea de que la democracia había llegado a ser, en cierta medida, ingobernable.

Esta preocupación práctica reveló un problema conceptual más profundo: ¿qué entendemos por régimen político y cómo lo definimos? Desde los años 1970, emergieron dos enfoques principales para clasificar a los regímenes políticos.

  • El primero, categórico, los concibe desde una lógica binaria: democracia versus autoritarismo.

  • El segundo enfoque, de naturaleza continua, parte de la premisa de que estos polos no son absolutos y que los regímenes políticos se distribuyen a lo largo de un espectro amplio de matices intermedios.

Las diferentes categorías de la democracia

A partir de esta concepción continua proliferaron innumerables categorías intermedias. Las democracias podían ser iliberales, electorales o delegativas; mientras que los autoritarismos adquirían las propiedades sultanísticas, competitivas o no competitivas. Algunos expertos denominaron a este fenómeno de expansión de calificativos cada vez más descriptivos como una auténtica “Babel terminológica” de los régimenes políticos, aludiendo a la creciente dispersión conceptual.

La evolución de estos tipos puede observarse en ejemplos contemporáneos. Según la clasificación Regimes of the World, España, en 2024, aparece como una “democracia liberal”, categoría que comparte con Australia, Japón o Sudáfrica. Sin embargo, si recurrimos al The Economist Democracy Index (EIU Report 2024, 2025), España figura como “democracia plena”, con una puntuación superior a 8 en 2023. La diferencia entre la democracia “plena” y la democracia “liberal” no constituye categorías equivalentes, pues responde a parámetros normativamente diferenciados.

Este entramado conceptual introduce un sesgo difícil de advertir: al clasificar los regímenes políticos, tendemos a evaluarlos según estándares normativos de democracia o autoritarismo, antes que atender a la lógica interna del propio concepto. Incluso las categorías más recientes, como “regímenes híbridos” repiten este patrón.

De allí surgen preguntas cruciales: ¿significa “democracia liberal” lo mismo en España que en Sudáfrica, pese a sus diferencias sociohistóricas y constitucionales? ¿Es comparable la autocracia de Chad con la de Indonesia, aun cuando sus estructuras de autoridad, bases culturales y prácticas estatales presentan profundas divergencias? La respuesta depende, en última instancia, del filtro conceptual utilizado. El problema se agudiza si consideramos que pocos estudios definen explícitamente qué es un régimen político.

Varios autores revisaron 196 trabajos publicados desde 1996 y hallaron que solo 18 ofrecían una definición clara, aun cuando este concepto debería preceder a cualquier taxonomía de democracia o autoritarismo. Sin un marco conceptual sólido se corre el riesgo de analizar democracias y autoritarismos sin comprender adecuadamente la categoría más amplia que los contiene.

Además, las variables históricamente privilegiadas para medir democracia y autoritarismo –la existencia de elecciones y su nivel de competitividad– han tendido a universalizarse como criterios evaluativos. Ello borra particularidades sociohistóricas de regímenes cuya lógica política se articula en torno a otros factores no captados por estas métricas.

¿Es Ruanda una autocracia electoral?

Por ejemplo, Singapur es clasificado como “democracia iliberal” o “autoritarismo competitivo”, según la tipología empleada. Ruanda, por su parte, aparece como “autocracia electoral” en la clasificación de Regimes of the World. Cabe preguntarse si dicha etiqueta refleja de manera adecuada la persistencia de la violencia estructural, el peso político del legado del genocidio de 1994 o su conocido enfoque “securitario” (securocratic approach), o sea, que prioriza la seguridad sobre la libertad y la igualdad.

De forma similar, Japón es categorizado como “democracia plena”, a pesar de que el Partido Liberal Democrático ha gobernado desde 1955 hasta 1993, casi siempre en un gobierno de mayoría absoluta con alternancias breves en décadas recientes. Estas dinámicas hegemónicas se captan solo parcialmente mediante indicadores centrados en la competitividad electoral.

No es de extrañar que esta “ineluctable modalidad de lo visible” subraye que nuestra percepción del mundo está inevitablemente condicionada por los sentidos, como ya anticiparon Aristóteles, Tomás de Aquino y David Hume.

De modo análogo, en la clasificación de los regímenes políticos, las categorías conceptuales que empleamos –lo que clasificamos como democracia o autoritarismo– funcionan como filtros que determinan qué aspectos consideramos relevantes y cuáles quedan fuera de nuestro campo analítico. Así, la ciencia política corre el riesgo de proyectar sobre la realidad categorías que, en ocasiones, más que describirla con precisión, la simplifican o incluso la distorsionan.

Necesitamos una definición más clara

En un contexto de crisis democrática global y creciente heterogeneidad entre las formas de gobierno, las limitaciones de nuestras categorías analíticas se vuelven aún más evidentes.

Se requiere, por tanto, un marco conceptual más matizado y multidimensional, capaz de captar la complejidad interna de los sistemas políticos, su historicidad y las lógicas que estructuran su funcionamiento.

Definir con claridad qué entendemos por “régimen político” constituye el primer paso para construir clasificaciones conceptualmente consistentes y empíricamente rigurosas.

La historia de los regímenes políticos desde 1970 no se reduce a una secuencia de transiciones entre democracia y autoritarismo; es, ante todo, la historia de una transformación conceptual: el esfuerzo de la ciencia política por elaborar categorías capaces de capturar la complejidad de la gobernanza contemporánea.

Reconocer el carácter histórico, normativo y contingente de estas categorías es indispensable para comprender con mayor precisión analítica y rigor teórico la política del mundo actual.

The Conversation

Zarina Kulaeva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué es realmente un régimen político? Más allá de la democracia y el autoritarismo – https://theconversation.com/que-es-realmente-un-regimen-politico-mas-alla-de-la-democracia-y-el-autoritarismo-270544

El océano está lleno de oyentes… y la mayoría escucha mejor que nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

El rorcual común puede emitir vocalizaciones que viajan más de 1.000 kilómetros en el océano. Diego Delso. , CC BY-SA

Al océano se le llamó alguna vez el “mundo silencioso”, una expresión que Jacques Cousteau popularizó en su célebre documental de 1956. Hoy sabemos que nada podría estar más lejos de la realidad. El mar es un alboroto de sonidos biológicos: camarones chasqueadores, ballenas cantoras, peces que gruñen y el rumor grave de las corrientes atravesando arrecifes. Pero, quizá, más notable que los propios sonidos sea la extraordinaria diversidad de mecanismos con que los animales marinos los detectan.

Documental El mundo silencioso, de Jacques Costeau.

Los seres humanos oímos razonablemente bien en el aire. Nuestra cóclea discrimina frecuencias con precisión notable y nuestro cerebro ensambla esas señales en habla, música y conciencia espacial. Pero, bajo el agua, nuestros oídos son casi inútiles.

El sonido viaja aproximadamente 4,5 veces más rápido en agua de mar que en el aire y, como la densidad del agua es similar a la de nuestros tejidos, nos atraviesa el cráneo sin generar las diferencias interaurales que necesitamos para la localización. Somos, en el sentido más literal, sordos en el océano.

Los invertebrados marinos y los peces, en cambio, llevan cientos de millones de años evolucionando sistemas sensoriales exquisitamente afinados a este entorno acústico. Sus soluciones son, a menudo, más sensibles, de mayor ancho de banda o físicamente más elegantes que cualquier cosa que el oído de los mamíferos consiga bajo el agua.

Peces: un oído del tamaño del cuerpo

Los peces detectan el sonido mediante dos sistemas complementarios. Su oído interno, que contiene densas estructuras de carbonato cálcico llamadas otolitos, responde al componente de movimiento de partículas del sonido: el desplazamiento oscilatorio de las moléculas de agua. Cuando una onda sonora atraviesa al pez, su cuerpo se mueve con ella, pero los otolitos, más densos, se quedan atrás por inercia. La diferencia de movimiento entre el otolito y el tejido que lo rodea dobla las células ciliadas sensoriales y genera una señal neural. Este mecanismo es eficaz desde frecuencias inferiores a 1 Hz hasta varios kilohercios, dependiendo de la especie.

Otolito del pez Argyrosomus regius.
Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, el sistema de la línea lateral, un órgano sensorial de algunos animales marinos para detectar el movimiento y las vibraciones del agua circundante, extiende esta capacidad a toda la superficie corporal. Conjuntos de neuromastos –grupos de células ciliadas embebidas en una cúpula gelatinosa– detectan el flujo de agua local y las vibraciones de baja frecuencia con sensibilidad de desplazamiento en la escala del nanómetro (la milmillonésima parte de un metro).

Los peces utilizan la línea lateral para formar un cardumen, detectar depredadores, evitar obstáculos y crear imágenes hidrodinámicas de objetos cercanos en completa oscuridad. Ningún vertebrado terrestre posee un órgano equivalente.

La piraña, un pez otofísico, posee una cadena de pequeños huesos denominados osículos de Weber que transmite las fluctuaciones de presión. En la imagen, distintas especies de piraña.
Francis de Laporte de Castelnau.

Además, algunos peces han mejorado aún más su audición acoplando la vejiga natatoria al oído interno. En los peces otofísicos (bagres, carpas, pirañas), una cadena de pequeños huesos denominados osículos de Weber transmite las fluctuaciones de presión desde la vejiga natatoria llena de gas hasta el oído interno, ampliando drásticamente tanto la sensibilidad como el rango de frecuencias –análogo en función, aunque no en origen evolutivo, al oído medio de los mamíferos–.

Invertebrados marinos: sin oídos, sin problema

Los invertebrados marinos carecen de cualquier cosa semejante a un oído vertebrado, pero muchos son agudamente sensibles al sonido y la vibración. Crustáceos como langostas y cangrejos detectan el movimiento de partículas mediante estatocistos, sacos llenos de líquido revestidos de células ciliadas y lastrados por una pequeña masa mineralizada (el estatolito). Estos órganos sirven principalmente para el equilibrio, pero también responden a estímulos acústicos de baja frecuencia por debajo de aproximadamente 1 000 Hz.

Doryteuthis pealeii o calamar de aleta larga del Atlántico noroccidental.
Wikimedia Commons., CC BY

Mientras, los cefalópodos –pulpos, calamares y sepias– utilizan sus estatocistos para detectar sonidos entre aproximadamente 30 y 500 Hz, con máxima sensibilidad alrededor de 100–200 Hz. Algunos experimentos han demostrado que el calamar de aleta larga del Atlántico noroccidentalDoryteuthis pealeii– responde al componente de movimiento de partículas del campo sonoro, y que estas respuestas se eliminan cuando los estatocistos son extirpados.

Pero, quizá, los mecanorreceptores –receptores sensoriales especializados que detectan estímulos mecánicos como presión, tacto, vibración y estiramiento, convirtiéndolos en impulsos nerviosos– marinos más extraordinarios pertenezcan a los cnidarios. Medusas, anémonas y corales poseen estructuras sensoriales similares a células ciliadas que responden al movimiento del agua y la vibración del sustrato.

Las larvas de coral de arrecife utilizan señales acústicas para localizar hábitats adecuados. Por eso, el asentamiento larvario es significativamente mayor en sitios con paisajes sonoros de baja frecuencia, característicos de arrecifes sanos. Son animales sin sistema nervioso centralizado, que navegan por el sonido.

Medusa Chrysaora colorata en el Acuario de la Bahía de Monterrey.
Fred Hsu., CC BY-SA

Mamíferos marinos: los verdaderos especialistas

Los odontocetos (ballenas dentadas, delfines y marsopas) son los campeones indiscutibles de la audición marina. Así, los delfines perciben frecuencias de hasta 150 kHz –aproximadamente ocho veces nuestro límite superior– y utilizan la ecolocalización para construir imágenes acústicas tridimensionales de su entorno con resolución centimétrica. Reciben el sonido no a través de un conducto auditivo, sino a través de un canal lleno de grasa en la mandíbula inferior que conduce las vibraciones directamente a la bulla auditiva, evitando el problema que inutiliza nuestros oídos bajo el agua.

Por su parte, las ballenas operan en el extremo opuesto del espectro. Las ballenas azules producen vocalizaciones a aproximadamente 10–40 Hz que pueden propagarse a través de cuencas oceánicas enteras. La morfología de su oído interno sugiere sensibilidad a frecuencias infrasónicas que los humanos no pueden percibir en absoluto. Una sola vocalización de un rorcual común puede viajar más de 1 000 kilómetros: ¡un alcance de comunicación sin igual entre ningún animal terrestre!

¿Es el oído humano el pináculo de la evolución?

La respuesta corta es no. La respuesta larga es que la pregunta misma malinterpreta cómo funciona la evolución. La selección natural no construye sistemas sensoriales “perfectos”, sino sistemas adecuados: la audición de cada especie es un compromiso moldeado por su nicho ecológico, la física de su medio, su tamaño corporal y los depredadores y presas con los que debe lidiar.

En el aire, la cóclea humana es un órgano notable. Nuestra discriminación de frecuencias es aguda (~0,2 % de umbral diferencial en las mejores frecuencias) y nuestro córtex auditivo realiza hazañas asombrosas de reconocimiento de patrones –extraer habla del ruido, analizar armonía musical compleja y localizar sonidos con unos pocos grados de precisión–. Pero, en el instante en que entramos al agua, esas ventajas desaparecen.

Un delfín puede ecolocalizar un objeto del tamaño de una pelota de golf a 100 metros; un pez puede sentir la firma hidrodinámica de la aproximación de un depredador en total oscuridad; una larva de coral no mayor que un grano de arena puede nadar hacia el sonido de un arrecife que nunca ha visitado… No son logros sensoriales menores por provenir de animales no humanos: se trata de soluciones diferentes a problemas diferentes. Y, en sus respectivos dominios, funcionan espectacularmente bien.

Por qué esto importa ahora

Comprender la mecanosensación marina no es meramente un ejercicio académico. El ruido oceánico antropogénico –procedente del tráfico marítimo, los estudios sísmicos, el sonar y la construcción en alta mar– ha incrementado los niveles de sonido ambiental en algunas regiones del océano en 30 dB durante los últimos 50 años. Eso es un aumento de mil veces en energía acústica.

Esta contaminación sonora altera la ecología acústica de la que dependen los animales marinos. Enmascara la comunicación de las ballenas, desencadena respuestas de estrés en cefalópodos, deteriora el comportamiento de cardumen en peces y puede impedir que las larvas de coral encuentren arrecifes adecuados. Estamos, en efecto, ensordeciendo al océano.

La ironía es punzante. La especie con posiblemente la peor audición submarina del planeta es la que genera todo el ruido.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El océano está lleno de oyentes… y la mayoría escucha mejor que nosotros – https://theconversation.com/el-oceano-esta-lleno-de-oyentes-y-la-mayoria-escucha-mejor-que-nosotros-281382