Ni estudian ni trabajan: por qué este fenómeno es más complejo de lo que pensamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Lozano Reina, Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

Durante la última década, el término nini (jóvenes que ni estudian, ni trabajan) se ha instalado en el debate público para describir una de las situaciones más preocupantes de las sociedades actuales. En 2023, más de 280 millones de jóvenes en el mundo se encontraban en esta situación, según la Organización Internacional del Trabajo.

En Europa, aunque las cifras varían mucho entre países y regiones, el fenómeno afecta a millones de jóvenes, con especial intensidad en aquellos territorios que combinan mercados laborales frágiles y sistemas educativos poco conectados con el empleo.

A menudo, el debate público presenta a estos jóvenes como desmotivados, poco esforzados o responsables de su propia exclusión. Sin embargo, la evidencia a la que llega nuestro estudio muestra una realidad mucho más compleja. Lejos de tratarse de una decisión puramente individual, el fenómeno nini es el resultado de una combinación de factores estructurales, familiares e individuales, profundamente condicionados por el territorio en el que se vive. Esta mirada permite entender por qué políticas centradas únicamente en “activar” a los jóvenes, sin atender a su contexto, suelen fracasar.

Un fenómeno diverso, no un grupo homogéneo

Uno de los principales errores que cometemos al hablar de jóvenes ninis es asumir que forman un grupo homogéneo. Los resultados a los que llegamos muestran que bajo esta etiqueta conviven realidades muy distintas. Algunos jóvenes están desempleados y buscan activamente trabajo. Otros están fuera del mercado laboral porque cuidan de familiares, han perdido la esperanza de encontrar empleo o atraviesan problemas de salud. Y existe también un grupo minoritario que se encuentra fuera del sistema de forma voluntaria y temporal.

Esta heterogeneidad es clave porque implica necesidades, trayectorias y riesgos muy diferentes. No es lo mismo un joven que busca empleo sin éxito durante meses que una joven que abandona el mercado laboral por responsabilidades de cuidado, o que alguien que se retira temporalmente del sistema educativo por falta de recursos.

Esta diversidad es clave para entender por qué muchas políticas públicas no logran los resultados esperados. Tratar a todos los ninis como si compartieran los mismos problemas conduce a intervenciones poco eficaces y, en algunos casos, injustas, al invisibilizar situaciones de vulnerabilidad muy distintas bajo una misma etiqueta estadística.

Factores estructurales: cuando el mercado laboral expulsa

El primer nivel de explicación se encuentra en los factores estructurales (o de nivel macro). Los países y regiones con altas tasas de desempleo juvenil, mercados laborales precarios y transiciones de la educación al empleo más débiles presentan mayores tasas de jóvenes ninis.

Las crisis económicas agravan esta situación. Tras la crisis financiera de 2008 y, más recientemente, durante la pandemia de covid-19, muchos jóvenes quedaron atrapados en trayectorias laborales inestables, encadenando contratos temporales o directamente excluidos del empleo. En este contexto, el problema no es solo la falta de trabajo sino la precariedad: empleos mal pagados, inseguros y con escasas oportunidades de aprendizaje que no facilitan una integración duradera.

Además, el lugar importa. Las regiones rurales o periféricas, con economías poco diversificadas y menor acceso a servicios públicos, concentran mayores riesgos de exclusión juvenil que las áreas metropolitanas, con mercados laborales más dinámicos. Las diferencias territoriales no solo afectan a la disponibilidad de empleo, también a la calidad de las instituciones, al acceso al transporte, a la oferta educativa y a los servicios de apoyo a la juventud.




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El papel de la familia, el sistema educativo y el entorno cercano

Un segundo nivel de factores tiene que ver con el entorno familiar, social y educativo. El nivel educativo de los padres, la estabilidad económica del hogar y el acceso a redes de apoyo influyen de manera decisiva en las trayectorias juveniles.

El sistema educativo también desempeña un papel central. El abandono escolar temprano, la escasa conexión entre formación y mercado laboral, o la debilidad de la formación profesional aumentan significativamente el riesgo de convertirse en nini. Por el contrario, los países y regiones con sistemas de formación profesional sólidos y buenas políticas de transición al empleo logran reducir este riesgo. Destaca especialmente la importancia de los programas que combinan formación y experiencia laboral, facilitando una transición menos abrupta entre estudiar y trabajar.

La conciliación es otro elemento clave. Muchas jóvenes, especialmente mujeres, abandonan el empleo o la formación por responsabilidades de cuidado. Allí donde existen servicios de atención infantil accesibles y políticas de apoyo a las familias, la probabilidad de que estas jóvenes queden atrapadas en la inactividad es mucho menor. Esto explica, buena parte de las diferencias de género observadas en las tasas de inactividad entre jóvenes.

Factores individuales: edad, género y educación

A nivel individual existen características que influyen en la probabilidad de convertirse en nini. La probabilidad de quedar atrapado en esta situación aumenta cuando la salida del sistema educativo no va acompañada de mecanismos eficaces de inserción laboral y los jóvenes se enfrentan a mercados caracterizados por la inestabilidad y la precariedad. El género también importa: en muchos países, las mujeres presentan tasas más altas de inactividad debido a los roles tradicionales de cuidado.

Aunque generalmente el nivel educativo de cada persona protege frente a la exclusión, no actúa de forma automática. Los jóvenes con baja cualificación tienen más dificultades para acceder al empleo, pero también existen jóvenes con estudios superiores que permanecen como ninis debido a la sobrecualificación y a la falta de oportunidades acordes a su formación. Este fenómeno cuestiona la idea de que más educación, por sí sola, garantice una integración laboral exitosa.

Por qué el territorio es clave para entender el fenómeno

Uno de los elementos menos visibles en el debate público es el papel del territorio. Nuestro estudio muestra que los factores que explican el fenómeno nini no actúan igual en todos los lugares. Las oportunidades educativas, el tipo de empleo disponible, la calidad de las instituciones y el acceso a servicios públicos varían enormemente entre regiones.

Esto explica por qué dos jóvenes con perfiles similares pueden tener trayectorias muy distintas según vivan en una gran ciudad o en una región periférica. Entender esta dimensión territorial es esencial para diseñar políticas eficaces y evitar soluciones uniformes que ignoran las desigualdades locales. La evidencia sugiere que las políticas más exitosas son aquellas que se adaptan a las condiciones económicas y sociales de cada territorio.

Soluciones poliédricas

La investigación acumulada apunta a una conclusión clara: no existen soluciones simples. Las políticas más eficaces son aquellas que combinan medidas económicas, educativas y sociales, adaptadas al contexto territorial.

Los programas que integran formación, experiencia laboral remunerada, acompañamiento personalizado y apoyo social muestran mejores resultados que las intervenciones aisladas. También resulta clave distinguir entre jóvenes desempleados y jóvenes inactivos, ya que sus necesidades son distintas. Ignorar esta distinción reduce la eficacia de las políticas y refuerza estigmas injustificados.

En definitiva, lejos de ser un problema de actitud individual, el fenómeno nini refleja fallos estructurales en los sistemas educativos, los mercados laborales y las políticas sociales. Comprender esta complejidad es el primer paso para abandonar los estigmas y avanzar hacia respuestas más justas y eficaces.


Una versión de este articulo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Gabriel Lozano Reina recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Gregorio Sánchez Marín recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00).

ref. Ni estudian ni trabajan: por qué este fenómeno es más complejo de lo que pensamos – https://theconversation.com/ni-estudian-ni-trabajan-por-que-este-fenomeno-es-mas-complejo-de-lo-que-pensamos-274487

Trump, aliado incómodo: lecciones de Múnich 2026 para España y Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, un foro clave donde líderes mundiales analizan amenazas globales como conflictos armados y rivalidades entre potencias, destaca la evolución tensa de la relación entre Estados Unidos y Europa bajo Donald Trump, actual presidente de EE. UU. Este evento anual, celebrado los días 13, 14 y 15 de febrero en Alemania, reúne a ministros, presidentes y expertos para debatir cómo mantener la paz en un mundo inestable.

El informe oficial advierte que EE. UU., artífice del orden internacional posterior a 1945, ahora impulsa su “demolición” mediante políticas impredecibles que generan desconfianza entre aliados. Para la Unión Europea y para España, esto se traduce en más gasto en defensa, más autonomía forzada y menos margen para seguir mirando hacia otro lado.

Trump no asistió, pero su sombra dominó los debates. La amenaza de hacerse por la fuerza con Groenlandia, territorio de la OTAN, se ha convertido en un punto de inflexión psicológico: evidencia que Washington puede actuar también como depredador con sus aliados. De ahí el lema sombrío de esta edición, Under Destruction, y el clima de duelo que describen los organizadores: Europa habría pasado de la negación a la ira y la depresión hasta aceptar que la relación transatlántica no volverá a ser lo que era.

La versión amable del trumpismo

En este contexto, el discurso de Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., presentó la cara más conciliadora del enfoque trumpista. Rubio elogió a Occidente como “la mayor civilización de la historia”, insistió en que EE. UU. no busca romper con Europa y llamó a “revitalizar una vieja amistad”, ganándose aplausos en el hotel Bayerischer Hof.

No obstante, el trasfondo revela condiciones claras: la alianza perdura si se alinea con prioridades estadounidenses, desde sanciones en Venezuela hasta posiciones en Gaza, pasando por amenazas como la inmigración o el “culto climático”, y un rechazo al multilateralismo tradicional de la ONU o similares. Rubio pulió argumentos agresivos de otros como J. D. Vance, pero defendió una visión nacionalista, blanca y cristiana de Occidente que contrasta con el pluralismo ideológico en declive pero presente en Europa.

Desde Europa, las réplicas combinaron desafío verbal con reconocimiento de dependencia.

El canciller alemán, Friedrich Merz, declaró que el orden basado en normas ya no existe, reconoció una “profunda zanja” con EE. UU., urgió refundar la OTAN y enfatizó que ni siquiera Estados Unidos resulta lo bastante fuerte para actuar en solitario ante rivales globales como China o Rusia.

Emmanuel Macron instó a Europa a pasar de “objeto” a “sujeto” en seguridad, iniciando un debate sobre extender el paraguas nuclear francés al conjunto del continente, y exigió voz europea en decisiones sobre Ucrania y fronteras.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el primer ministro británico, Keir Starmer, reforzaron esta visión con una OTAN “más europea” y una columna vertebral de capacidades estratégicas propias, como misiles de largo alcance o defensa cibernética.

La doctrina OTAN 3.0

Elbridge Colby, subsecretario de Defensa estadounidense, articuló la doctrina de OTAN 3.0, que justifica recortar compromisos convencionales de EE. UU. en Europa para priorizar el Indo-Pacífico frente a China.

Un examen detallado de discursos y documentos expone elementos sutiles: idealización de la Guerra Fría, ambigüedad hacia Rusia pese a Ucrania, un calendario de traspaso de cargas irreal que abre una ventana de vulnerabilidad y la ilusión de un actor europeo unificado, pese a divisiones políticas, industriales y sociales en la UE.

El resultado es una exigencia a Europa para que corra más rápido de lo que sus piernas y sistemas pueden alcanzar, con plazos que generan riesgos de desprotección temporal.

España participó atrapada entre exigencias externas y su estrategia interna. Trump ha criticado públicamente el retraso histórico en gasto militar de Madrid, impulsando vía una OTAN 3.0 objetivos más allá del 2 % del PIB, posiblemente hacia 3 % o más.

El Gobierno de Pedro Sánchez se presentó como atlantista sin sumisión, rechazó el rearme nuclear y abogó por un “rearme moral” contra la deriva armamentista, destacando la contribución a misiones de la OTAN, el “flanco sur” (migración, terrorismo) y la coherencia entre la defensa de Ucrania y Gaza.

Para los ciudadanos españoles, Múnich se traduce en tres ámbitos tangibles:

Múnich 2026 urge transformar recelo en acción: Europa, y España, deciden si aceleran hacia la autonomía o reformulan un modelo de seguridad ya insostenible.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Trump, aliado incómodo: lecciones de Múnich 2026 para España y Europa – https://theconversation.com/trump-aliado-incomodo-lecciones-de-munich-2026-para-espana-y-europa-276108

Las redes “sociales” están muertas: ahora son solo trampas de atención

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Checa García, Profesor y consultor de marketing digital. Director del Máster en Redes Sociales de UNIR, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Ilustración sobre la soledad impuesta por las mal llamadas “redes sociales”. Jamillah Knowles & Reset.Tech Australia / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

El término “redes sociales” ha quedado fosilizado en nuestro vocabulario, una inercia lingüística que oculta una realidad tecnológica y sociológica muy diferente. Sin embargo, las redes sociales, tal y como fueron concebidas, han muerto. Lo que hoy consumimos son plataformas comerciales de entretenimiento masivo, construidas sobre una arquitectura que ya no busca la conexión entre personas, sino la retención de la atención ante un espectáculo interminable y, en gran medida, amateur.

Para comprender esta defunción, es necesario mirar atrás, hacia la arqueología de internet. En sus inicios, plataformas como Six Degrees y, posteriormente, MySpace o el primer Facebook, tenían una misión clara: trasladar el grafo social del mundo físico al entorno virtual. El objetivo era establecer vínculos, ya fueran con conocidos o con extraños afines, y la interacción era fundamentalmente conversacional. El usuario construía su red de forma activa y el contenido que consumía era, estrictamente, el que esa red generaba. La publicación de una fotografía o un estado era una invitación al diálogo, un nodo de conexión que fortalecía la relación entre personas.

De la red de contactos al feed de intereses

En el paradigma actual, no obstante, la cercanía emocional o relacional con el creador del contenido es irrelevante. Lo que prima es la capacidad de ese contenido para retener al usuario durante microsegundos. El algoritmo de TikTok, por ejemplo, no premia la amistad: se centra en mostrar contenidos inferidos a partir de microseñales (tiempo de visualización, repeticiones, pausas).

Esto ha convertido a los usuarios en espectadores pasivos de un flujo incesante de vídeos cortos, memes y opiniones de personas con las que no tienen, ni tendrán, ningún vínculo real. Facebook e Instagram han ido pasando de organizarse en torno a “personas y cuentas que sigues” a mostrar “más contenido relevante recomendado por sistemas de IA”, es decir, un “motor de descubrimiento”. La metáfora ya no es la del club social, sino la del catálogo.

Cuando el objetivo es retener

Este cambio altera los incentivos. Publicar “para los tuyos” tiene menos sentido si la distribución depende de un sistema que premia la probabilidad de consumo, no la calidad del vínculo. En la práctica, lo relacional se desplaza hacia la mensajería privada, los grupos pequeños y los contenidos efímeros, mientras lo público se ha convertido en un mero escaparate.

En este escenario, la conversación existe, aunque deja de ser la unidad económica principal. Lo que se monetiza es la atención sostenida. Y ahí encaja la saturación publicitaria: cuantos más minutos dentro, más impresiones, más segmentación, más datos recabados del usuario.

Contenidos gratis, anuncios caros

La transformación tiene una lógica empresarial impecable. Las plataformas alojan y distribuyen una cantidad masiva de contenido producido por usuarios que, en su inmensa mayoría, no cobran nada. Ese contenido es abundante, renovable, personalizable y barato. La plataforma vende publicidad alrededor (y dentro) de esa producción ajena, sin asumir los costes propios de los grupos mediáticos tradicionales: redacciones, licencias, producción, derechos.

La monetización se expande, incluso, hacia territorios que antes parecían “puertos seguros” de lo social. Meta ya ha anunciado la introducción de publicidad y suscripciones en WhatsApp, aunque se concentre en la pestaña de “Novedades” y no en los chats. El movimiento es simbólico: la mensajería, donde todavía se conserva la intimidad del vínculo, también se integra en la lógica del producto comercial.

Incluso LinkedIn, el último bastión de la red social profesional pura, ha comenzado a contaminar su feed con contenido “inspiracional” y recomendaciones algorítmicas que poco tienen que ver con la red de contactos directa del profesional, buscando aumentar el tiempo de permanencia en la aplicación a costa de la relevancia laboral.

YouTube y la prueba evidente

En este debate conviene incluir una aclaración: YouTube se ha llamado mil veces red social sin haberlo sido nunca. Es, ante todo, una plataforma de entretenimiento con capa social. Puedes comentar, suscribirte, dar a “me gusta” o chatear en directo, pero el centro del sistema no es crear contactos, es consumir vídeo. Lo interesante es que muchas redes se han “youtubeado”: mantienen funciones sociales, pero su corazón es la recomendación algorítmica orientada a retención.

La paradoja es que las propias plataformas reconocen, de forma indirecta, que el cambio ha sido profundo. Meta ha empezado a probar funciones para reiniciar las recomendaciones de Instagram y recuerda que existen alternativas como el feed de “Seguidos” en orden cronológico. Si hace falta un botón para que seamos nosotros quienes gestionemos nuestra propia experiencia, es porque el algoritmo ya no es un asistente: es, por defecto, el director de programación.

¿Deberíamos dejar de llamarlas redes sociales?

En el contexto español, esta realidad se palpa con datos. El Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain arroja una luz muy clara sobre el cambio de paradigma: la principal motivación de los usuarios españoles para usar estas plataformas ya no es “estar en contacto con amigos”, sino “entretenerse”, un objetivo citado por más del 80 % de los encuestados.

Fenómenos como la Kings League o el auge de los streamers españoles no son más que la profesionalización de este entretenimiento dentro de plataformas que ya funcionan como las nuevas cadenas generalistas.

En definitiva, en un momento en el que se plantea vetar su acceso a menores de 16 años, debemos empezar a llamar a las cosas por su nombre. Seguir llamando redes sociales a Instagram, TikTok o X es un error categórico. Son plataformas de entretenimiento algorítmico donde la interacción humana ha quedado relegada a un segundo plano, supeditada siempre al imperativo comercial de mantenernos mirando la pantalla el mayor tiempo posible.

La red, entendida como tejido humano, se ha roto. Lo que queda es una audiencia global fragmentada, sola y perpetuamente entretenida.

The Conversation

Fernando Checa García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las redes “sociales” están muertas: ahora son solo trampas de atención – https://theconversation.com/las-redes-sociales-estan-muertas-ahora-son-solo-trampas-de-atencion-275118

¿Es lo mismo estar triste que tener depresión?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adolfo J. Cangas, Catedrático de Psicología, Universidad de Almería

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por María, de 15 años. IES Miguel de Cervantes (Granada)


¿Quién no se ha sentido triste alguna vez? Es un sentimiento muy común y muy humano, pero conviene no confundirlo con la depresión, que sería un problema de salud mental. Reconocer en qué se diferencian es esencial para cuidarnos a nosotros mismos y saber cuándo solicitar ayuda profesional.

Hace falta estar triste (de vez en cuando)

La tristeza es una emoción natural, incluso necesaria. Aparece como respuesta a situaciones difíciles o frustrantes, como una discusión con un amigo, perder algo importante, suspender un examen, sentirse solo o recibir malas noticias. Nos avisa de que algo no va bien y nos invita a reflexionar o a pedir ayuda. A veces, tras un mal día, hablar con alguien de confianza o hacer algo que nos guste suele aliviarla.

Lo habitual es que la tristeza se vaya por sí sola y no paralice nuestra vida diaria. Aunque el ánimo decaiga, podemos continuar con nuestras tareas, relacionarnos y disfrutar de lo que nos gusta. Es parte del proceso de adaptación. En muchos casos, nos ayuda a reflexionar sobre situaciones difíciles, aprender de ellas y adaptarnos a los cambios.

Señales de alarma

La depresión, en cambio, es una emoción más intensa, dura más tiempo y tiene un impacto importante en la vida cotidiana. Las personas que la sufren pueden perder el interés o el placer en actividades que antes les llenaban; tienden a aislarse, a tener dificultades de concentración, a sentirse agotadas de forma persistente o a pasar largos periodos en la cama. También suelen llorar a menudo y experimentan cambios bruscos en el sueño y en el apetito.

A todo ello se suma un sentimiento de desesperanza: todo parece más pesado, difícil de afrontar y sin salida clara, lo que genera un bloqueo que interfiere con la vida cotidiana.

Por lo tanto, una diferencia clave es que la tristeza suele alternarse con momentos de bienestar y tiende a desaparecer por sí sola, mientras que la depresión permanece y resulta difícil superarla sin apoyo profesional o del entorno cercano (familia, amigos…). Sentirse triste forma parte de la experiencia humana; en cambio, vivir ese bloqueo emocional de manera constante es una señal de que podemos sufrir una depresión.

Y es importante darnos cuenta de que lo que estamos experimentando va más allá de un simple bajón, porque entonces necesitamos ayuda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que uno de cada siete adolescentes entre 10 a 19 años presenta algún problema de salud mental, y son justamente la depresión y los trastornos de ansiedad los más comunes.

Salir del pozo en buena compañía

Como decíamos antes, para gestionar la tristeza o evitar que derive en algo más serio, suele ser útil compartir lo que sentimos con personas de confianza, que puedan brindar comprensión y apoyo. Mantener una rutina diaria y cuidar el sueño, la alimentación y la actividad física también nos protegen. Además, dedicar tiempo a hobbies, a oír o interpretar música, a disfrutar del arte o hacer deporte ayuda a aliviar ese malestar y a mantener la conexión con los demás.

En algunos países incluso se han creado espacios donde es posible juntarse con otras personas para crear “un escudo” contra la depresión. Por ejemplo, el proyecto Area Abierta, en Montreal (Canadá), propone lugares de encuentro en los que los jóvenes pueden compartir experiencias, recibir acompañamiento emocional y participar en talleres creativos.

En Almería, la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (FAISEM) impulsa SM_Escucha, un espacio público para jóvenes menores de 25 años que buscan alivio a sus dificultades psicológicas en momentos difíciles. Apoyado por la Cátedra Universitaria Ciudadanía y Salud Mental FAISEM-UAL, esta iniciativa promueve la escucha activa desde el diálogo abierto: ofrece un lugar seguro para expresarse y poder conectar con otras personas. No hace falta pedir cita y cuenta con un equipo de “facilitadores” que organiza reuniones donde participa el joven que lo solicita junto a quienes este decida invitar.

Disponer de estas opciones no solo nos ayuda a cuidarnos a nosotros mismos, sino que también permite acompañar mejor a quienes nos rodean. Si notas que tú o alguien cercano experimenta un malestar que no desaparece, buscar ayuda a tiempo puede marcar la diferencia.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Adolfo J. Cangas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es lo mismo estar triste que tener depresión? – https://theconversation.com/es-lo-mismo-estar-triste-que-tener-depresion-270201

Las heridas invisibles de la dana: los mayores sufren estrés postraumático y ansiedad climática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sacramento Pinazo-Hernandis, Profesora titular de Psicología Social en Universidad de Valencia, Universitat de València

Dimitrina Lavchieva/Shutterstock

El 29 de octubre de 2024, Valencia sufrió la mayor catástrofe climática de la historia de España. Fallecieron 238 personas y las cifras de daños materiales a causa del agua alcanzaron aproximadamente 17 000 millones de euros. Nosotros queremos poner el foco en algo devastador, pero que resulta menos visible. Nos referimos al impacto que todavía tiene la riada en la salud mental de las personas mayores.

Los datos sugieren que no solo se enfrentaron a un riesgo físico desproporcionado (representan casi dos de cada tres fallecimientos), sino que ahora lidian con secuelas psicológicas profundas. Por ejemplo, el conocido como “trastorno de estrés postraumático”.

El Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana ha ofrecido ayuda psicológica gratuita a 5 500 personas para aliviar el impacto emocional y prevenir que este y otros problemas mentales se cronifiquen.

Anatomía de un instante

La inundación fue un evento traumático colectivo. Interrumpió abruptamente la seguridad de muchos hogares sin que nadie lo esperara. Para centenares de personas el trauma se manifiesta meses después a través de recuerdos intrusivos o flashbacks, donde escenas de la inundación se reexperimentan con viveza aterradora al cerrar los ojos. Esto se ve alimentado por un entorno social y mediático que, debido a la magnitud de la tragedia, actúa como un recordatorio constante.

Desde una perspectiva clínica, la evidencia es reveladora. Los estudios indican que las personas mayores tienen más del doble de probabilidades de desarrollar síntomas de trastorno de estrés postraumático que los jóvenes tras desastres naturales de inicio repentino.

Esta vulnerabilidad no se refiere solo a la que pueda provocar la edad y la pérdida de funcionalidad y movilidad. También se relaciona con la intensidad de la exposición y la falta de avisos tempranos que impidió una evacuación efectiva.

Somatización: el cuerpo relata el desastre

A lo largo de nuestra investigación hemos realizado entrevistas a treinta personas de entre 60 y 84 años. De estas, el 80 % eran mujeres y el 40 % vivían solas. Uno de los hallazgos más significativos de nuestro trabajo (todavía pendiente de publicación) es la somatización del malestar emocional. En otras palabras, el trauma no solo reside en la mente: los testimonios recogidos tres y once meses después del desastre describen síntomas físicos claros: “Dolores punzantes en el pecho, tensión muscular extrema y fatiga crónica que no remite con el descanso”.

La ciencia explica que este estrés prolongado y no tratado se manifiesta con “una sensación de bloqueo físico y emocional que impide retomar las actividades cotidianas”. También con un patrón de insomnio reactivo, donde el miedo a que el desastre se repita durante la noche impide un sueño reparador. Algunos afectados “han optado por dormir en el sofá o permanecer vestidos durante la noche para estar listos ante una posible huida”, lo que evidencia un estado de alerta patológico.

Hipervigilancia y ansiedad climática

El trastorno de estrés postraumático tras la DANA ha generado un fenómeno de hipervigilancia ambiental. Para una persona mayor que vive en la zona cero el clima ha dejado de ser una conversación trivial para convertirse en fuente de pánico. Según nuestro trabajo, “el simple hecho de que el cielo se nuble desencadena respuestas de ansiedad climática y necesidad compulsiva de consultar las previsiones meteorológicas”.

La ansiedad anticipatoria es un síntoma clave del trastorno de estrés postraumático. El análisis de las fuentes bibliográficas destaca que esta ansiedad es particularmente aguda en mujeres que viven solas y personas con movilidad reducida, en viviendas en plantas bajas o atrapadas durante meses en pisos altos por [la avería de ascensores]. Un año después de la catástrofe, unos mil aún estaban fuera de servicio o con las obras paralizadas

La falta de confianza en las instituciones, debida a que la alerta oficial llegó cuando ya era tarde y el agua inundaba las viviendas, ha exacerbado este sentimiento de inseguridad. Al no sentirse protegidos por quien debería proteger se produce un estado de estrés permanente.

El sentimiento de haber sido olvidados por la Administración profundiza la herida traumática y dificulta la recuperación, ya que el apoyo social es el principal factor protector contra el trastorno de estrés postraumático.

El impacto psicológico del momento catastrófico se ve agravado por la pérdida de objetos con una carga emocional insustituible. Para una persona mayor la destrucción de fotografías y objetos personales “no es solo una pérdida material, es una erosión de su propia identidad e historia de vida”.

Una necesaria intervención psicológica

La comunidad científica advierte de que el trauma en las personas mayores tras una catástrofe climática suele ser silencioso. Esto sucede porque existe una tendencia (por su parte y por la de la sociedad) a normalizar el sufrimiento y a minimizar el dolor en comparación con el de otros grupos de edad. Como resultado, esto lleva a una autoexclusión de los servicios de salud mental.

Nuestros datos lo muestran con claridad. Ninguno de los participantes en nuestra investigación buscó apoyo psicológico formal de un modo proactivo, a pesar de presentar síntomas evidentes de trastorno de estrés postraumático.

Es imperativo que las políticas de recuperación tras el desastre vayan más allá de reconstruir infraestructuras. Urge un apoyo psicológico realizado por profesionales especializados para que las personas mayores puedan reconocer sus necesidades y recuperar el bienestar.

Solo a través de una intervención que sane la herida invisible del estrés postraumático se podrá garantizar que las personas mayores no solo sobrevivan a la catástrofe, sino que recuperen la capacidad de vivir sin miedo cuando el cielo se pone gris.

The Conversation

Sacramento Pinazo-Hernandis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las heridas invisibles de la dana: los mayores sufren estrés postraumático y ansiedad climática – https://theconversation.com/las-heridas-invisibles-de-la-dana-los-mayores-sufren-estres-postraumatico-y-ansiedad-climatica-275187

¿Y no podemos aprovechar el agua de tanta lluvia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Inundaciones causadas por las lluvias de las últimas semanas en España. RTVE

En estas últimas semanas, debido a una sucesión de borrascas, muchas regiones de España están sufriendo inundaciones extremas. Algunas de ellas se han producido en cuencas afectadas por una escasez crónica de agua durante gran parte del año, como ha ocurrido en Andalucía.

Viendo tal cantidad de agua inundando poblaciones y campos y desbordando ríos en esas áreas, podríamos preguntamos si además de mitigar esas crecidas, no sería posible aprovechar parte de esa agua excedentaria que finalmente vierte al mar.

Gráfico de barras que muestra el volumen de agua acumulado en los embalses de la España peninsular
Estado actual (al 10/02/2026) de los embalses en las demarcaciones hidrográficas de la España peninsular.
Javier Lillo a partir de datos del Boletín Hidrológico, MITECO, CC BY-SA

Un anómalo tren de intensas borrascas

Desde la borrasca Benjamín –precedida por la dana Alice– y hasta la última, Oriana, de la tercera semana de febrero, en España se han sucedido 14 borrascas concatenadas desde principios de 2026.

Este tren de intensas y prolongadas precipitaciones parece estar provocado por anomalías en la dinámica de la circulación atmosférica que podrían estar asociadas al acusado calentamiento en el Ártico.

Así, el desplazamiento hacia el sur del chorro polar pone en contacto masas de aire frío con masas de aire subtropical muy húmedas provocando la sucesión de intensas borrascas. Como resultado, la media de precipitaciones peninsulares del mes de enero ha superado notablemente las medias de los últimos cinco años.




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Por qué se encadenan tantos días de lluvia


Gráfico de barras que muestra que el volumen de lluvias de enero de 2026 ha sido mayor que en años anteriores
Evolución de las precipitaciones en los últimos cinco años hidrológicos y tendencia del año actual.
Javier Lillo a partir de datos del Boletín Hidrológico, MITECO, CC BY-SA

Crecidas, escorrentía e infiltración

Las crecidas están causadas por un exceso de escorrentía, que depende fundamentalmente de dos factores: la infiltración del agua en el suelo y la intensidad de la lluvia. Cuando esta última supera a la primera, se produce la escorrentía: el agua empieza a correr por la superficie del terreno.

Pero la infiltración varía con la cantidad de agua en el suelo: es mayor cuando el suelo está seco y se estabiliza en los valores más bajos cuando el suelo está saturado, por lo que cuando llueve sobre un suelo ya saturado hay mayor escorrentía que cuando no lo está.

Gráfico que muestra cómo la escorrentía aumenta con la saturación del suelo por infiltración
Relación entre la infiltración (curva de infiltración) y la intensidad de precipitación (hietograma) en un evento de precipitación (aguacero). La escorrentía (exceso de lluvia) tiene lugar cuando la intensidad de precipitación supera la infiltración, que va siendo menor según se va saturando el suelo hasta estabilizarse cuando este alcanza su saturación.
Javier Lillo, CC BY-SA

En zonas urbanizadas donde la mayor parte del terreno está sellado, no hay infiltración y prácticamente toda la lluvia pasa a ser escorrentía. Si la precipitación se alarga en el tiempo y los sistemas de drenaje –sean cauces naturales o sean sistemas de alcantarillado– son insuficientes para la evacuar dicha escorrentía, entonces ocurre la inundación.

Si se quiere intervenir sobre los eventos de gran precipitación, tanto para la mitigación de crecidas como para el aprovechamiento del agua excedentaria, hay que actuar sobre la escorrentía (aguas superficiales) y sobre la infiltración (aguas subterráneas).

Ilustración que muestra que se produce mayor infiltración de agua en entornos naturales no urbanizados
Diferencias de escorrentía e infiltración entre entornos no urbanizados (rurales/naturales) y entornos urbanizados (urbanos/industriales).
Javier Lillo, CC BY-SA

Soluciones para aprovechar el agua en las ciudades

Dado que ambos procesos ocurren de manera diferente en entornos urbanos o industriales y en aquellos naturales o rurales, la gestión del agua excedentaria para su aprovechamiento será diferente.

En entornos urbanos e industriales, las soluciones hidropluviales consideran dos enfoques distintos. Uno se basa en la implantación de infraestructuras de captación y almacenamiento. El otro enfoque se centra en facilitar la infiltración natural en un conjunto de soluciones basadas en la naturaleza.

Como soluciones hidropluviales urbanas o industriales están los sistemas de drenaje urbano o SUDS –siglas de Sustainable Urban Drainage Systems–, que incluyen:

  • Pavimentos permeables, que pueden ser de infiltración directa o con sistema drenante.

  • Tejados ecológicos, de recogida de lluvia.

  • Áreas verdes y jardines de lluvia (parques inundables), en los que se facilita la infiltración directa.

  • Humedales artificiales, donde se facilita la infiltración directa.

  • Zanjas, túneles y pozos drenantes, que pueden ser de infiltración directa o con sistema drenante.

  • Tanques de tormenta, que almacenan las aguas pluviales recogidas en sistemas drenantes.




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Ilustración que muestra diferentes técnicas para aprovechar y almacenar el agua de lluvia
Soluciones hidropluviales en entornos urbanizados: (1) pavimento permeable con infiltración directa al terreno, (2) pavimento permeable con sistema drenante de captación, (3) área verde con infiltración directa, (4) humedal artificial con infiltración directa, (5) zanja de captación con sistema drenante y (6) tanque de tormenta.
Javier Lillo, CC BY-SA

Acciones en entornos naturales: cuidar ríos y vegetación

En los aguaceros en entornos naturales o rurales, el objetivo fundamental también es la regulación de cauces para mitigar desbordamientos e inundaciones, además del aprovechamiento del agua excedentaria, siendo ineludible el mantenimiento de los ecosistemas de los cauces.




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Así, sobre las infraestructuras de captación y regulación hidráulicas convencionales, como presas y embalses –que pueden provocar, entre otros impactos, la fragmentación de cauces–, adquieren relevancia las soluciones basadas en la naturaleza.

De esta forma, se pretende mejorar la infiltración con un doble objetivo: reducir la escorrentía y aumentar la recarga de los acuíferos, es decir, el almacenamiento como aguas subterráneas. La vegetación va a tener una gran importancia en la interceptación de la lluvia y la mejora de la infiltración. Las soluciones incluyen:

  • Remodelado y restauración geomorfológica (recuperación y creación de zonas de recarga: depresiones, cauces, lagunas, terrazas, etc.).

  • Revegetación, recuperación y mantenimiento de bosques (aforestación y reforestación) y de la cubierta vegetal autóctona.

  • Renaturalización de riberas.

  • Construcción, restauración y conservación de humedales.




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Ilustración que muestra las soluciones para aprovechar y controlar el agua de escorrentía en el campo
Soluciones basadas en la naturaleza para el control y aprovechamiento de la escorrentía: (1) remodelado y restauración geomorfológica de cauces; (2) revegetación, recuperación y mantenimiento de bosques; (3) renaturalización de riberas; (4) creación y conservación de humedales y (5) creación y conservación de lagunas y lagos.
Javier Lillo, CC BY-SA

Evaluación de los impactos

Como ocurre con los sistemas de captación y almacenamiento convencionales, estas soluciones basadas en la naturaleza han de ser implementadas atendiendo a todos los posibles impactos en los diferentes procesos hidrológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, existen estrategias y herramientas que permiten el aprovechamiento del agua excedentaria en eventos de intensa precipitación, tanto convencionales –basadas en la construcción de infraestructuras hidráulicas– como no convencionales –soluciones basadas en la naturaleza–. Pero en ambos casos es imprescindible la evaluación de los impactos hidrológicos y ambientales que puede generar su implementación.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y no podemos aprovechar el agua de tanta lluvia? – https://theconversation.com/y-no-podemos-aprovechar-el-agua-de-tanta-lluvia-274892

‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amalia Pedrero González, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad CEU San Pablo

En medio de un buen _brunch_ es necesario hacerle una _update_ a las amigas. Roman Samborskyi/Shutterstock

Es común hoy en día estar rodeados de fake news, asistir a una conferencia en streaming o ver una sitcom en prime time. Si hablamos de moda, son continuas las referencias al look (incluso al lookazo), el outfit, el animal print y el dress code. En cuanto a la alimentación, ya sabemos que es mejor para la salud todo lo healthy, y que debemos evitar consumir demasiada fast food, como pueden ser los hot dogs.

Los extranjerismos están en todos lados de la conversación popular. Pero ¿está bien emplearlos? ¿Es cool o da cringe?

Préstamos entre idiomas

Para establecer la corrección o no de estos, en primer lugar, es necesario precisar qué entendemos por extranjerismo.

En sentido estricto, y referido al español, por extranjerismo se entiende toda aquella voz que no procede de la evolución directa del latín, origen de la lengua actual.

Desde este punto de vista, son extranjerismos palabras como guerra y yelmo (germanismos), almohada y alfiler (arabismos), crema y servilleta (galicismos), acuarela y ópera (italianismos) o líder y túnel (anglicismos).

Todos estos términos se perciben hoy día como propios del español. Y es lógico, porque la incorporación de voces de otras lenguas no es un fenómeno característico de los últimos tiempos: desde el origen de nuestro idioma se han ido integrando en él palabras de muy distinta procedencia.

No obstante, la aportación de unas lenguas u otras varía a lo largo de los siglos. La llegada de arabismos fue más frecuente en la Edad Media (naranja, azúcar); los italianismos, en el Renacimiento (novela, soneto) y los galicismos, especialmente en los siglos XVIII y XIX (botella, blusa). Actualmente, los anglicismos (tique, vip) son los que reciben el mayor protagonismo.

A lo largo del tiempo

Ya que no es un fenómeno reciente, ¿cuál es la postura académica con respecto al uso de palabras de origen extranjero?

Pues se ha producido una evolución en este sentido a lo largo del tiempo. Para conocer cuál ha sido este cambio, son muy esclarecedores los prólogos de las distintas ediciones del Diccionario, como el de 1843, donde se recoge lo siguiente:

“Este es el objetivo primordial del Diccionario, dar á conocer las palabras propias y adoptivas de la lengua castellana, sancionadas por el uso de los buenos escritores; pero muchos no lo entienden así; y cuando no encuentran en el Diccionario una voz que les es desconocida, en vez de inferir que no es legítima y de buena ley, lo que infieren es que el Diccionario está diminuto. Así hemos visto lamentarse algunos de no hallar en él las palabras comité (por comisión) o secundar (por cooperar), y otras muchas extranjeras que están infestando la mayor parte de los escritos que diariamente circulan”.

En este texto se aprecia claramente aversión hacia este tipo de voces. En los prólogos de los Diccionarios Manuales de la Real Academia, que intentan ser diccionarios de uso, también se percibe la misma idea de rechazo hacia la voz de origen foráneo, como se lee en el prólogo del Diccionario manual de 1927:

“Incluye [el Diccionario] también los vocablos incorrectos y los extranjerismos que con más frecuencia se usan (…), poniendo en su lugar la expresión propiamente española que debe sustituirlos”.

Si bien es verdad que se han ido aceptando voces cuyo uso ya era generalizado, a veces se ha mostrado excesiva reticencia a adoptar estos términos. Así sucedió con la voz sándwich, documentada desde 1881 en español, aunque su incorporación al Diccionario se produjo en la edición de 1992, ciento once años después.


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En la actualidad

Esta postura de oposición se ha modificado en los últimos tiempos. Por ello, en el actual Diccionario panhispánico de dudas se aclara que:

“Todos los idiomas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas procedentes de lenguas diversas. Los extranjerismos no son, pues, rechazables en sí mismos. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda en lo posible a nuevas necesidades expresivas y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y unitaria, acomodándolos al máximo a los rasgos gráficos y morfológicos propios del español”.

Al leerlo, se aprecia un aperturismo hacia el uso de voces de procedencia extranjera. Pero con matices: si existe una voz española para designar la realidad, es preferible usar esa (contraseña en vez de password; correo electrónico por e-mail; silenciar por mutear). En el caso de que no exista o no esté muy extendida, es admisible la voz extranjera (emoji, software), pero intentando adaptarla a la lengua (pódcast, selfi, tuit).

Así, podemos concluir que los extranjerismos empobrecen el lenguaje cuando la lengua receptora posee una voz para designar esa misma realidad. Por el contrario, la enriquecen cuando no existe el término para denominar la nueva entidad.

De todas formas, con el paso del tiempo, estas incluso pueden desplazar a la voz patrimonial: la palabra “calzón” fue sustituida por el galicismo pantalón, o “millo”, a su vez, reemplazada por el término de origen taíno maíz. En el caso del fútbol, donde la terminología procede del inglés, dependiendo del lugar se hablará de árbitro o de réferi, de penaltis o penales

En conclusión, no somos más elegantes al emplear extranjerismos. Pero tenemos que tener presente que la sociedad evoluciona y la lengua lo hace con ella, por lo que llegarán nuevas voces procedentes de distintos sitios: unas se consolidarán; otras, con el tiempo, desaparecerán.

The Conversation

Amalia Pedrero González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos? – https://theconversation.com/streaming-selfie-o-look-es-correcto-emplear-extranjerismos-273985

Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Miozzo, Investigador postdoctoral en neurociencias, Universidad Miguel Hernández

Un experimento con ratones explica el mecanismo por el que los ambientes enriquecidos ayudan a aprender mejor. Andy Luo / Unsplash., CC BY

Desde hace décadas, sabemos que crecer en un entorno rico en estímulos sensoriales, sociales y físicos favorece el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje. Aunque estos beneficios son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, no se limitan a las primeras etapas de la vida. También en la vejez, un entorno estimulante contribuye a retrasar el deterioro cognitivo y a mantener la mente activa.

A pesar de esta evidencia conductual, todavía conocemos muy poco sobre los mecanismos neuronales y moleculares subyacentes. ¿Cómo convierte el cerebro la experiencia ambiental en cambios duraderos en las habilidades de aprendizaje y en la memoria?

Ratones jugando con un modelo de ADN. Los roedores son modelos clave para entender cómo el ambiente dialoga con los genes y moldea la memoria.
Laboratorio de Neurociencias, Universidad Miguel Hernández.

Desde el Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, hemos publicado recientemente en Nature Communications un estudio hecho en ratones que aporta nuevas claves fundamentales sobre este proceso.

En concreto, muestra que el impacto del entorno no es igual en todas las poblaciones neuronales del cerebro. Además, identifica uno de sus componentes, el complejo proteico AP-1, como un mediador central entre el ambiente y la cognición.

Tres entornos, tres cerebros distintos

Para estudiar cómo el entorno modula la cognición, nuestro equipo, liderado por el doctor Ángel Barco, crió ratones hembra jóvenes durante tres meses en tres condiciones ambientales bien definidas.

El primer grupo vivió en un entorno enriquecido. Los animales compartían grandes cajas que facilitaban la exploración e interactuaban en grupos de 15 a 20 individuos. Además, disponían de ruedas para hacer ejercicio y de juguetes que se cambiaban regularmente para mantener la novedad. Un segundo grupo vivió en un entorno estándar, en grupos pequeños de 4-5 ratones, con material básico para la nidificación como único recurso. El tercer grupo fue criado en un entorno empobrecido, caracterizado por el aislamiento social y la ausencia total de estímulos.

Tras este periodo, los animales fueron sometidos a pruebas de aprendizaje y memoria. Los ratones del entorno enriquecido mostraron un rendimiento cognitivo claramente superior. Esta mejora se observó, por ejemplo, en el test de condicionamiento del miedo, una versión en roedores del clásico condicionamiento de Pavlov.

En cambio, los ratones criados en condiciones empobrecidas presentaron dificultades de memoria. Los déficits de detectaron en pruebas de reconocimiento de objetos, que evalúan la capacidad del animal para distinguir entre un objeto previamente explorado y uno nuevo.

Desentrañar la complejidad celular del cerebro

Comprender qué ocurre a nivel molecular en el cerebro es especialmente complejo, porque hay decenas de tipos neuronales y no neuronales que conviven e interactúan. Los análisis globales tienden a mezclar señales de distintas células, dificultando la interpretación de los resultados. Para superar esta limitación, decidimos centrar nuestro estudio en dos poblaciones neuronales del hipocampo esenciales para la memoria: las neuronas piramidales y las neuronas granulares.

Neurona piramidal humana observada mediante el método de Golgi. Nótese que la dendrita apical se extiende verticalmente por encima del soma y que hay numerosas dendritas basales que surgen de forma lateral desde su base.
Wikimedia Commons., CC BY

Por un lado, separamos cuidadosamente subregiones específicas del hipocampo mediante una disección fina. Por otro, aplicamos una técnica genética para marcar con fluorescencia las neuronas de interés. La combinación de ambos métodos nos permitió aislar las neuronas piramidales y granulares de manera muy precisa. Así, pudimos aplicar técnicas avanzadas de genómica para ver cómo se activan o apagan los genes en cada tipo de neurona.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los distintos entornos no actuaban de la misma manera en ambas poblaciones neuronales. El entorno enriquecido produjo cambios moleculares más pronunciados en las neuronas granulares, mientras que el entorno empobrecido afectó más a las neuronas piramidales.

AP-1 como pieza clave de la plasticidad inducida por el entorno

Además, los autores identificamos un patrón molecular que conectaba estos cambios en las neuronas con el comportamiento: las dos condiciones ambientales inducían efectos opuestos sobre el complejo proteico AP-1, encargado de regular genes claves para la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas de modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia. Mientras que el entorno enriquecido activaba AP-1, el entorno empobrecido lo reprimía. Esta correlación estrecha entre la actividad de AP-1 y el rendimiento cognitivo sugería que el complejo actúa como traductor molecular de la experiencia ambiental.

A continuación, nos propusimos comprobar si AP-1 era necesario para los cambios en la memoria inducidos por el entorno. Para ello, inactivamos el gen Fos, que codifica una subunidad esencial del complejo AP-1. Al hacerlo, los beneficios cognitivos del entorno enriquecido se atenuaron significativamente. Este experimento demostró que, sin la activación de AP-1, incluso un entorno rico en estímulos pierde gran parte de su capacidad para potenciar la cognición.

AP-1 funciona, así, como un traductor molecular clave de los efectos del entorno en el cerebro. Activa genes que modifican las sinapsis y remodelan los circuitos, procesos fundamentales para el aprendizaje y la memoria.

Convertir la experiencia en una herramienta clínica

Estos resultados refuerzan la idea de que la estimulación física, social e intelectual durante la infancia y la adolescencia es crucial para el desarrollo cognitivo. Más allá de confirmar una intuición ampliamente aceptada, este estudio identifica un mecanismo molecular concreto que conecta el entorno con la plasticidad cerebral.

Reconocer a AP-1 como un regulador central de este proceso abre la puerta a terapias que imiten o potencien los beneficios de un entorno enriquecido. Modular farmacológicamente esta vía de señalización tiene el potencial de abrir nuevas oportunidades terapéuticas en el futuro. Su aplicación podría ayudar a tratar trastornos de desarrollo del cerebro, la pérdida de memoria relacionada con la edad o situaciones con acceso limitado a entornos estimulantes.

Comprender cómo el entorno “habla” con nuestros genes es un paso esencial para para mejorar la salud del cerebro.

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Federico Miozzo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel González Hernández, Profesora sustituta en el área de Didáctica y Organización Escolar. Departamento de Didáctica e Investigación educativa ULL, Universidad de La Laguna

Zoteva/Shutterstock

Lucía, de dos años, suele preferir estar sola en la escuela infantil. Cuando se organizan actividades (canciones, bailes o rodar una pelota en grupo), se queda al margen, sentada en un rincón mirando fijamente al suelo o un objeto propio, o se tapa los oídos y gira sobre sí misma repetidamente.

Sus maestras la animan a unirse al círculo diciendo “¡Vamos, Lucía, tienes que participar con todas!”, insistiendo hasta que consiguen convencerla; a veces incluso la toman en brazos para colocarla en medio del grupo. Pero esto aumenta la irritabilidad de la niña, provocando mayor retraimiento.

Los niños y niñas con autismo presentan un funcionamiento neurológico diverso que influye en cómo perciben el entorno, procesan la información sensorial, regulan sus emociones y se relacionan con los demás.

Esto, en la etapa infantil (entre los 0 y los 6 años) afecta a cómo conectan sus emociones con su expresión corporal, y se traduce a menudo en una mayor tendencia al juego solitario, en dificultades para compartir intereses con otras personas y en formas atípicas de mostrar afecto o malestar, como evitar la mirada, buscar los mismos objetos o recurrir a movimientos repetitivos para autorregularse.

Emoción, expresión, cuerpo y juego

En estas edades tan tempranas, es el cuerpo la principal vía de relación con el entorno, y el juego su principal vía de expresión. A través del juego se desarrolla el pensamiento, la creatividad, la autonomía y la socialización.

Una de las metodologías que utilizan el juego como principal herramienta de acompañamiento a niños y niñas con autismo es la psicomotricidad relacional. A continuación explicaremos en qué consiste y cómo se puede aplicar.

Escuchar, comprender y conectar

Las manifestaciones corporales, tanto en la dimensión motriz, como en la cognitiva y la afectivo‑social, proporcionan información valiosa sobre el desarrollo del niño, su bienestar emocional y posibles alteraciones.

En la dimensión motriz se observan, por ejemplo, la coordinación de los movimientos, el equilibrio o la presencia de torpeza y rigidez corporal; en la dimensión cognitiva, la forma en que explora el espacio, mantiene la atención en una actividad o planifica una acción; y en la dimensión afectivo‑social, gestos como acercarse o evitar el contacto, buscar el abrazo del adulto, compartir o no el juego con otros niños y niñas, así como posturas que transmiten seguridad, timidez o malestar.




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Los y las docentes y cuidadoras pueden aprender mucho simplemente observando estos comportamientos: les permite identificar signos de alarma, comprender y acompañar en el desarrollo infantil desde una perspectiva integral.

La psicomotricidad relacional y autismo

La psicomotricidad relacional busca, a través del análisis de la expresividad de cada niño y niña, conectar con sus emociones, ajustando la intervención a sus vivencias corporales. Toma como punto de partida sus competencias y trata de acompañar en la manifestación y transformación de sus necesidades, ayudándole a evolucionar.

A diferencia de enfoques directivos que usan objetivos fijos y muchas palabras e indicaciones para guiar al niño, aquí el psicomotricista se acerca jugando, usa su propio cuerpo para mediar, se fija en lo que hace sin invadirle, y le ofrece opciones que le ayuden a relacionarse mejor con lo que le rodea.

Un entorno que estimule

Así, le da herramientas útiles y con sentido para que su cuerpo sirva para conectar con otros, expresarse y entender el mundo, todo partiendo de su interés y de su propia actividad.

A partir de la observación de cómo el niño usa el espacio, juega con los materiales y se relaciona con otros/as, el psicomotricista crea un entorno que estimula el deseo de comunicarse, compartir y explorar, ampliando las posibilidades de juego y expresión. Esto implica respetar su ritmo, ofrecer materiales que se ajusten a sus intereses sensoriales, participar en el juego de manera respetuosa y ayudarle a tomar conciencia de sí mismo y de las demás personas.

Cuando existe menos integración corporal

Algunos niños y niñas tienen muchas dificultades para relacionarse porque les cuesta sentir y organizar su propio cuerpo. Es decir, no logran percibir bien cómo es su cuerpo ni cómo se mueve. En el caso de niños y niñas con autismo, esto dificulta que puedan iniciar o mantener relaciones, ya que su cuerpo no acompaña su deseo de comunicarse ni les permite percibir o comprender la respuesta de la otra persona.

En estas situaciones, el psicomotricista puede ayudarles a construir una mejor conciencia de su cuerpo. Lo hace acompañándolos en la acción y proponiendo juegos que representen experiencias corporales. Estos juegos les permiten organizarse, reconocer sus límites corporales y, poco a poco, lograr momentos de encuentro con el otro que faciliten la relación y la comunicación.




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Por ejemplo, en un juego de cucú–tras–tras, el psicomotricista acompaña al niño o la niña en la acción, ayudándole a anticipar lo que va a pasar y a reconocer dónde empieza su propio cuerpo y el del otro.

Aislados en sus propias fantasías

Otros niños con autismo, aunque acceden al simbolismo, pueden mostrar una fantasía desbordante que les aísla. El desafío consiste en ofrecer un espacio seguro que les permita organizar y compartir su mundo, conectándolo con la realidad social y emocional que les rodea.

Esto se puede lograr ofreciendo materiales y juegos que vinculen la imaginación con la acción concreta, acompañando sus propuestas sin imponerlas, nombrando y reflejando sus emociones, y favoreciendo interacciones graduales con otros niños y niñas para que la fantasía se conecte con experiencias compartidas.

Por ejemplo, el caso de un niño con autismo que juega solo dentro de una fantasía repetitiva del superhéroe, el psicomotricista le invita a utilizar una tela a modo de capa y, poco a poco, introduce pequeñas interacciones con otros niños y niñas, como pedir ayuda al superhéroe para rescatar a un muñeco o invitar a otro/a niño/a a participar en una misión sencilla, de modo que la fantasía se transforme en una experiencia compartida.

Comenzar por grupos pequeños

La psicomotricidad relacional no solo favorece el desarrollo individual, sino que también proporciona un espacio social rico y significativo donde se promueve la interacción, la cooperación y la empatía.

Las actividades se pueden organizar en parejas o tríos donde resulte posible para el niño con autismo desarrollar un juego compartido y la construcción conjunta de significados, adquiriendo herramientas básicas para la relación. En ocasiones, es posible la ampliación de sus relaciones, accediendo al contexto social que supone jugar en un grupo diverso más numeroso.

Se genera un entorno inclusivo, donde se acoge a la persona tal como es, reconociendo y validando sus características, capacidades y estilos expresivos propios. En definitiva, se crean contextos vivos donde cada niño y niña puede participar, convivir y sentirse parte activa del grupo, construyendo una experiencia de pertenencia, identificación, colaboración y crecimiento mutuo.

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El secreto del bagazo de agave: no es residuo, es riqueza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Cosecha del agave en el estado de Jalisco (México). T photography/Shutterstock

Cada piña de agave (o magüey) azul que entra en las destilerías de Los Altos de Jalisco, en México, sale convertida en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40 % del peso de la planta.

La mayor parte de estos restos se consideran un estorbo, un problema ambiental, un costo de disposición. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro repleto de moléculas que valen su peso en oro.

Bagazo de agave: usos históricos

A partir de las fibras maceradas de los agaves o magüeyes los aztecas elaboraban un papel muy similar al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinía (1482-1569), cronista de la Nueva España, contaba: “Hácese del methl (magüey) buen papel; el pliego es tan grande como dos pliegos del nuestro…”.

Durante generaciones, una parte de ese bagazo se ha empleado para el compostaje, la fabricación de ladrillos, papel, alimento de ganado y relleno de colchones. Pero estos usos no son suficientes para la gran cantidad de restos que se generan en la fabricación de tequila.

Fuente de energía y material de vanguardia

En primer lugar, del bagazo de agave se obtienen pélets de biomasa, pequeños cilindros compactos con un enorme poder calorífico. Su uso para la generación de energía representa un ahorro para las empresas tequileras de alrededor del 50 % respecto al coste del fuel. Con respecto a la huella de carbono, las emisiones se reducen en un 37 % en toda la cadena del tequila.

Además, el uso de pélets de agave permite un modelo circular: las cenizas provenientes de su quema se utilizan como abono orgánico.

Otra peculiaridad del bagazo es que sus fibras contienen nanocristales de celulosa, un biomaterial altamente resistente, flexible y ligero. ¿El resultado? Ya se produce PolyAgave, un bioplástico de fibra de agave con el que se fabrican productos biodegradables que se descomponen en meses sin dejar rastros tóxicos.

Y en 2022, una estudiante de Biotecnología de la Universidad Autónoma de Guadalajara se planteó, si el bagazo pudiera servir para limpiar agua contaminada. Sus experimentos demostraron que, procesado, funciona como una esponja molecular que atrapa contaminantes. En sus pruebas, obtuvo un material bioabsorbente altamente eficiente para la depuración del agua contaminada con colorantes.

De la tierra al botiquín

En el ámbito de la salud, el bagazo contiene sapogeninas, materia prima para la producción de corticosteroides y hormonas esteroideas que se utilizan para tratar inflamaciones, asma y desórdenes hormonales. Además, está cargado de flavonoides y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.

Y por si fuera poco, el grupo de investigación de bioproductos sostenibles del Instituto Tecnológico de Monterrey descubrió que el bagazo contiene prebióticos que alimentan la microbiota intestinal, reducen el azúcar en sangre, generan saciedad y fortalecen el sistema inmune.

Por tanto, lo que antes se tiraba podría servir para prevenir y curar enfermedades.

La promesa de aprovechamiento

En los campos de agave azul que pintan el paisaje en Los Altos de Jalisco (México) como un océano de espadas plateadas, el bagazo se acumula en cantidades que desafían la imaginación: más 750 000 toneladas al año. Durante décadas, la mayoría terminaba quemado, tirado o pudriéndose en los campos. Hasta ahora.

Los residuos agroindustriales deben ser considerados materia prima para otros procesos. Aprovechar el bagazo de agave implicaría convertirlo en combustible sustentable, nanomateriales, compuestos farmacéuticos, prebióticos, bioplásticos y bioetanol, y dejaría de ser desecho orgánico para convertirse en nuevos materiales y fuente de riqueza para los productores.

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Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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