Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Albitre Lamata, Profesora ayudante doctora, experta en lengua española, Universidad Complutense de Madrid

Unai Simón, portero de la Selección Española en el partido de Portugal contra España en la final de la Liga de Naciones de la UEFA 2025. Mikolaj Barbanell/Shutterstock

Vivimos en la era del fútbol moderno, un ecosistema dominado por los mapas de calor, las estadísticas de posesión y la precisión milimétrica del VAR. Sin embargo, cuando la pelota echa a rodar, toda esa frialdad tecnológica desaparece. De pronto, el estadio vuelve a ser un templo, los jugadores se transforman en héroes y la grada exige sangre, sudor y lágrimas.

¿Por qué ocurre esto? Porque el fútbol ha absorbido la función social que en la Antigüedad cumplían los mitos clásicos. Y, aunque no nos demos cuenta, el deporte está plagado de guiños directos a las leyendas de Grecia y Roma.

Héroes en el escudo: la identidad del club

La mitología clásica se pone las botas de tacos de diferentes formas. Una de ellas es a través de los nombres de clubes históricos europeos. No son elecciones casuales, son declaraciones de intenciones. Al elegir el nombre de un mito, los fundadores del club pretendían transferir las cualidades de ese héroe a sus once jugadores.

Pensemos en el Ajax de Ámsterdam, uno de los clubes más laureados de Europa. Su nombre rinde homenaje a Áyax el Grande, el heroico guerrero de la Ilíada que, junto a Aquiles, lideró el asedio a Troya. Áyax era famoso por su tamaño colosal, su valentía inquebrantable y por ser el único héroe que nunca necesitó la ayuda directa de los dioses para ganar sus batallas. ¿Qué mejor nombre para un equipo que ganó tres copas de Europa –antigua Liga de Campeones– seguidas? Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que otro equipo, el Real Madrid, repitiese esta gesta.

En los Países Bajos también encontramos al Sparta de Róterdam, un guiño directo a Esparta, la polis griega que hizo de la disciplina férrea, la austeridad y el sacrificio colectivo su seña de identidad; valores que cualquier entrenador firmaría para su línea defensiva.

Igual de poético es el caso de la Atalanta, el equipo de la ciudad italiana de Bérgamo. Toma su nombre de la heroína griega Atalanta, una cazadora infalible que juró mantenerse virgen y que desafiaba a sus pretendientes a una carrera: solo se casaría con quien lograra vencerla, mientras que los perdedores pagarían con su vida.

Según el mito, Atalanta y quien finalmente la venció y se convirtió en su esposo, Hipómenes, fueron castigados por la diosa Cibeles, quien los transformó en leones para que tiraran eternamente de su carro sin poder ni siquiera mirarse. Esos mismos leones son los que esculpió Ventura Rodríguez en la famosa fuente de Cibeles en Madrid. Así que cada vez que el Real Madrid celebra un título de fútbol en su icónica fuente lo hace alrededor de la mismísima Atalanta.

Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Fuente de Cibeles en Madrid, con los leones Atalanta e Hipómenes tirando del carro.
Carlos Delgado/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Esta conexión divina con el fútbol no termina ahí. La rivalidad de la capital española se traslada también al Olimpo, ya que el otro gran equipo de la ciudad, el Atlético de Madrid, organiza sus fiestas en otra fuente vinculada a la mitología: la de Neptuno. Así, el derbi madrileño deja de ser un simple partido para convertirse en un duelo cósmico entre la Madre Tierra (Cibeles) y el rey del mar (Neptuno).

La resistencia hispana: de Hércules a Numancia

El fútbol español tampoco se queda atrás en estos guiños hacia la Antigüedad Clásica. En Alicante juega el Hércules C. F., bautizado así para infundir respeto a sus rivales, invocando al semidiós romano (Heracles en la mitología griega) famoso por su fuerza sobrehumana y sus doce trabajos imposibles.

En Soria lo hace el C. D. Numancia. Al adoptar el nombre de la ciudad celtíbera que resistió heroicamente el asedio del Imperio Romano durante 20 años antes de suicidarse en masa, el club soriano reivindica con su nombre el mito de la rebeldía y la resistencia ante el poderoso: el mito de David contra Goliat. De hecho, en el periodismo deportivo actual es muy habitual hablar de una “defensa numantina” cuando un equipo se encierra en su área para resistir los ataques de un rival, muchas veces superior.

La obra representa el momento en que los últimos defensores de la ciudad hispana de Numancia se dieron muerte a sí mismos a fin de impedir que fueran capturados vivos por los romanos, que en esta obra aparecen entrando en la ciudad mientras los numantinos
Numancia de Alejo Vera y Estaca.
Museo del Prado/Wikimedia Commons

Unai Simón, Vozinha o Courtois: cuidadores de las puertas del inframundo

Más allá de los nombres propios de los equipos, el lenguaje que utiliza el periodismo deportivo cada partido conecta directamente en la Antigüedad. Las crónicas hablan de choque de titanes, de talones de Aquiles, de esfuerzos maratonianos y de tragedias en el minuto 93. Pero hay un término por encima de todos que demuestra esta pervivencia del mito: el cancerbero.

Estos días es muy común leer titulares como “Vozinha: el cancerbero que está siendo la sensación del Mundial” para referirse al portero de Cabo Verde. Esta metáfora nos transporta de nuevo a la mitología griega, donde Cerbero era el perro de tres cabezas y cola de serpiente que guardaba las puertas del Hades. Su misión era asegurar que los muertos no salieran y, sobre todo, que los vivos no pudieran entrar al infierno sin permiso. En un partido de fútbol, la portería es ese inframundo sagrado, y el guardameta es el perro fiero, solitario e infranqueable que debe evitar a toda costa que el balón cruce la línea y profane su territorio.

El Mundial de 2026 vuelve a recordar que el lenguaje no es inocente. Las palabras que elegimos moldean la forma en la que entendemos la realidad. Que sigamos utilizando a Hércules, a Atalanta, a la defensa numantina o al guardián del inframundo para describir un partido de fútbol demuestra algo maravilloso: los mitos clásicos no están muertos ni encerrados bajo llave en bibliotecas. Siguen vivos, latiendo partido a partido, explicándonos que, aunque pasen miles de años, seguimos necesitando héroes, relatos de resistencia y epopeyas colectivas para emocionarnos y dar sentido a nuestra comunidad.


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The Conversation

Paula Albitre Lamata trabaja para la Universidad Complutense de Madrid.
Financiación del proyecto de I+D IMCORDIS II (PR27/25-32466) de la Universidad Complutense de Madrid.

– ref. Dioses, héroes y fútbol: por qué la mitología clásica sigue jugando al balompié – https://theconversation.com/dioses-heroes-y-futbol-por-que-la-mitologia-clasica-sigue-jugando-al-balompie-285982

El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Àlex Giménez Romero, Postdoctoral fellow, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (UIB-CSIC)

Un parche de _Posidonia oceanica_ en el Mediterráneo. Esta planta marina endémica forma praderas submarinas que dan refugio a numerosas especies, estabilizan los sedimentos y ayudan a proteger la costa.
Alex Giménez Romero

Cuando pensamos en el Mediterráneo, imaginamos playas, acantilados o pueblos costeros. Pero una parte esencial de este paisaje está bajo el agua: las praderas de Posidonia oceanica. Aunque a menudo se confunde con un alga, la posidonia es una planta marina. Y solo vive en este mar.

Sus praderas dan refugio a peces e invertebrados, estabilizan el sedimento, ayudan a mantener el agua transparente, protegen la costa frente a la erosión y almacenan carbono durante largos periodos. Son, en pocas palabras, una infraestructura natural clave para nuestras costas.

Pero la posidonia está en retroceso. A los impactos locales, tales como fondeos, contaminación, dragados, obras costeras o aumento de la turbidez, se suma una presión cada vez más importante: el calentamiento del mar.

El calor que no mata de golpe

Cuando hablamos del efecto del calor sobre los ecosistemas marinos solemos pensar en olas de calor extremas: la temperatura sube mucho durante unos días y los organismos no lo resisten. Pero esta visión es incompleta.

A veces el daño no aparece por un episodio extremo y puntual, sino por una exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas. Un verano algo más cálido, seguido de otro verano cálido, y después otro, puede generar una carga de estrés que se acumula lentamente. No mata de golpe, pero debilita.

Con la posidonia puede ocurrir algo parecido. Una pradera no desaparece necesariamente de un día para otro. Puede empezar perdiendo densidad, abriendo claros, reduciendo su cobertura y fragmentándose en manchas cada vez más aisladas. Es un deterioro silencioso, pero importante.




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Las olas de calor marinas amenazan la biodiversidad del Mediterráneo


Medir el estrés acumulado

En nuestro estudio quisimos medir precisamente el estrés causado por el calor acumulado. Para ello desarrollamos un nuevo indicador llamado Stress Degree Days, que podríamos traducir como “grados-día de estrés”. La idea es sencilla: en lugar de fijarnos solo en el máximo térmico que soporta la planta, sumamos día a día el estrés térmico que experimenta.

Este indicador se basa en experimentos previos en los que se observó cómo responde la posidonia a distintas temperaturas. Después combinamos esa información con datos de temperatura del mar y con mapas de praderas obtenidos mediante imágenes de satélite e inteligencia artificial. Así pudimos comparar, a escala mediterránea, dónde se acumula más estrés térmico y cómo son las praderas en esas zonas.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado actual para la Posidonia oceanica. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. Las zonas con mayor estrés aparecen principalmente en el sur y el este del Mediterráne
Estrés térmico acumulado actual en el Mediterráneo: las zonas en verde presentan menor estrés térmico estimado para la Posidonia oceanica, mientras que las zonas en naranja y rojo indican una mayor acumulación de calor potencialmente perjudicial para las praderas.
Alex Giménez Romero, CC BY

El resultado principal es claro: las áreas con mayor estrés térmico acumulado tienden a presentar praderas con menor cobertura y mayor fragmentación. Es decir, donde el calor se acumula más, la posidonia aparece, en promedio, más deteriorada estructuralmente.

Una relación que hay que interpretar con prudencia

Esta relación debe interpretarse con prudencia. En el mar actúan muchos factores al mismo tiempo. Una pradera puede estar afectada por fondeos, contaminación, turbidez, impactos históricos o cambios locales en la dinámica del agua. Por eso seleccionamos zonas relativamente poco perturbadas y tratamos los resultados como una asociación entre estrés térmico y estructura de las praderas, no como una prueba definitiva de causa y efecto en cada localidad.

También comparamos nuestras estimaciones con observaciones de campo independientes. Estos datos no cubren todo el Mediterráneo por igual y muchas zonas están mucho mejor estudiadas que otras. Aun así, muestran tendencias compatibles con nuestros resultados.

Por qué importa que una pradera se fragmente

La fragmentación importa porque una pradera continua no funciona igual que una pradera rota en pequeños parches. Las praderas densas mantienen mejor el sedimento, amortiguan el oleaje, ofrecen más refugio a otras especies y conservan una mayor continuidad biológica. Cuando aparecen claros y los parches quedan aislados, el ecosistema puede volverse más vulnerable.

El Mediterráneo no se calienta de forma uniforme. Algunas zonas acumulan mucho más estrés que otras. En general, las regiones del sur y del este aparecen como áreas más expuestas, mientras que algunas zonas del norte y del oeste podrían actuar como refugios relativos.

Esto no significa que estén a salvo: los refugios dependen de procesos oceanográficos complejos, como corrientes, mezcla vertical del agua, vientos y estratificación. Si estos procesos cambian, también puede cambiar la protección térmica que ofrecen.




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Las praderas submarinas almacenan más CO2 que los bosques: necesitamos protegerlas


Mirar al futuro

Nuestros resultados basados en proyecciones climáticas refuerzan este mensaje. Bajo escenarios de emisiones más altas, el estrés térmico acumulado aumenta de forma generalizada y se extiende hacia regiones que hoy presentan valores más moderados. Esto se asocia con pérdidas potenciales de cobertura y con una mayor fragmentación estructural.

Mapa del mar Mediterráneo que muestra el estrés térmico acumulado proyectado para finales de siglo bajo el escenario climático RCP4.5. La escala de color va de verde, menor estrés, a rojo, mayor estrés. En comparación con la situación actual, aumentan las zonas con e
Estrés térmico proyectado para finales de siglo. Bajo un escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés térmico acumulado aumenta y se extiende hacia regiones del Mediterráneo que actualmente presentan valores más bajos.
Alex Giménez Romero, CC BY

No son predicciones exactas del futuro de cada pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre estrés térmico y estructura de la posidonia. Pero ayudan a identificar áreas donde el riesgo podría aumentar y donde la monitorización y la gestión deberían ser prioritarias.

Proteger la posidonia exige reducir impactos directos: controlar fondeos, evitar daños físicos, mejorar la calidad del agua y limitar presiones costeras. Aunque todo eso sigue siendo imprescindible, el calentamiento añade una dificultad nueva: incluso praderas relativamente poco afectadas por impactos locales pueden estar acumulando estrés térmico.

La amenaza silenciosa

La crisis climática marina no siempre se manifiesta como una catástrofe repentina. A veces avanza como una presión lenta, acumulativa y difícil de ver desde la superficie.

La posidonia nos recuerda que no basta con contar olas de calor. También importa cuánto tiempo permanece caliente el mar, cuántos días se acumula el estrés y cuánta capacidad de recuperación pierde el ecosistema por el camino. ¿Seremos capaces de evitar más sufrimientos para el pulmón marino del Mediterráneo?

The Conversation

Àlex Giménez Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El calentamiento del mar acorrala a la posidonia, pulmón del Mediterráneo – https://theconversation.com/el-calentamiento-del-mar-acorrala-a-la-posidonia-pulmon-del-mediterraneo-284029

El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Guerrero-Calderón, Investigador predoctoral en Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de León

Francesco Scatena/Shutterstock

Que “la mentira tiene patas cortas” es una lección bien aprendida por las empresas que incurren en greenwashing (lavado verde o ecopostureo). Por eso, buscando beneficiarse de las ventajas financieras que reporta ser ambientalmente responsables y, al mismo tiempo, protegerse de los daños que el greenwashing produce cuando es detectado, estas han encontrado refugio en sus consejos de administración.

¿Qué es el ‘greenwashing’?

Seguro que ha visto decenas de campañas publicitarias que muestran las iniciativas ambientales de algunas empresas: árboles plantados, máximo uso de energías renovables, emisiones reducidas al mínimo…

Sin embargo, muchas veces se exageran estas buenas prácticas o se seleccionan en exclusiva mientras otras no tan responsables permanecen ocultas (cherry picking). Así, existe una diferencia entre lo que las empresas dicen hacer por el medioambiente y lo que realmente hacen. Esto es el greenwashing.

¿Por qué es importante?

La sociedad demanda a las empresas cada vez más transparencia en lo que se refiere a su comportamiento ambiental. Sin embargo, no todos los agentes económicos reaccionan igual ante este comportamiento. Esta es una de las principales contribuciones de nuestro estudio: la distinción entre la respuesta de los acreedores (los bancos) y los inversores, que son los principales aportadores de fondos para las empresas.

Mientras que los acreedores tienen acceso a una información empresarial más amplia, los inversores se ven obligados a fiarse de lo que las compañías divulgan. Pese a estas diferencias, parece que tanto los acreedores como los inversores valoran en gran medida el buen rendimiento ambiental de las compañías y, en consecuencia, lo premian. Ante esto, muchas empresas se ven tentadas a exaltar sus acciones de forma exagerada.

La Unión Europea se ha percatado de la magnitud de este problema, y en los últimos años ha lanzado directivas, como la Directiva sobre Alegaciones Ecológicas y la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que han revolucionado los requerimientos de divulgación empresarial. El objetivo de estas regulaciones es asegurar que tanto las entidades de crédito como los inversores puedan realizar evaluaciones precisas de las empresas a las que aportan fondos.

¿En qué se benefician las empresas?

En una época en que las acciones empresariales son miradas con lupa, ser ambientalmente responsable es un valor en alza. Las organizaciones que realizan buenas prácticas en este ámbito poseen un alto grado de legitimidad social, lo que las lleva a disfrutar de las amplias ventajas derivadas de una excelente reputación.

Esta buena imagen corporativa genera respuestas positivas, aunque diferentes, de los mencionados aportadores de fondos. Por un lado, los bancos (acreedores) están dispuestos a fijar precios más bajos, es decir, menores tipos de interés, en sus préstamos. Por otra parte, la confianza de los inversores aumenta, lo que resulta en mejores niveles de solvencia empresarial y, por tanto, en menor riesgo de quiebra para las empresas.

¿Qué pasa cuando se descubre el engaño?

Cuando el se detecta el ecopostureo la legitimidad se sustituye por la desconfianza. Ante el riesgo percibido, la decepción se extiende entre los agentes: los bancos fijan precios más elevados para sus préstamos y los inversores retiran sus apuestas, lo que hace tambalear la fortaleza financiera de estas empresas.

En estas circunstancias, la capacidad de financiación de las compañías se ve dramáticamente comprometida. Lo que parecía un seguro para la obtención de fondos es, en realidad, un arma de doble filo, y, si hay engaño medioambiental, el precipicio de la quiebra se encuentra peligrosamente cerca. ¿Compensa realmente incurrir en esta práctica?

¿Qué tienen que ver los consejos de administración en todo esto?

Como principal organismo decisor dentro de la empresa, el consejo de administración tiene una responsabilidad ineludible en las prácticas de greenwashing. Investigaciones previas han demostrado que una “orientación medioambiental” del consejo se relaciona con un mejor desempeño en materia de sostenibilidad.

Las características que determinan esta orientación son la independencia, la existencia de un comité de Responsabilidad Social Corporativa, la presencia de los consejeros en más de una empresa, la diversidad de género, la existencia de incentivos por objetivos de sostenibilidad y la experiencia del comité de auditoría. Resulta que, además, cada uno de estos atributos se relaciona individualmente con el acceso a préstamos más baratos y la mayor atracción de inversores.

¿Y si un consejo de administración sensible hacia las cuestiones medioambientales es la clave para combatir las amenazas del greenwashing?

¿Y si al final solo es un disfraz?

Nuestra investigación revela que las empresas se han percatado de las ventajas de poseer un consejo de administración orientado hacia el medio ambiente. Este mecanismo las permite protegerse de los daños financieros del greenwashing, conservando el acceso a préstamos baratos y manteniendo unos niveles de solvencia elevados.

Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿significa esto que las empresas con un consejo “orientado hacia el medio ambiente” mejoran realmente su desempeño ambiental? La respuesta es no. Estas compañías han encontrado una forma para seguir explotando las ventajas financieras del greenwashing sin mejorar realmente su comportamiento ambiental. Así, acreedores e inversores –y la sociedad en general– se rinden ante la belleza de una máscara tras la que se esconde el rostro de la mentira.

The Conversation

Juan Guerrero-Calderón recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).
Consejería de Educación, Junta de Castilla y León y Fondo Social Europeo + (EDU/48/2026. BDNS: 820456)

Borja Amor Tapia recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

Cristina Gutiérrez López recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00)

Paula Castro Castro recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-124950OB-I00).

– ref. El ecopostureo de las empresas y el papel de sus consejos de administración – https://theconversation.com/el-ecopostureo-de-las-empresas-y-el-papel-de-sus-consejos-de-administracion-283716

La selección: la odisea de este verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

_Odiseo y Nausicaa_, de Valentin Serov. Tretyakov Gallery/Wikimedia Commons

Los veranos largos de la infancia son lo más cercano al paraíso. Después de todo, esa oportunidad de estirar el tiempo hasta que rompa se vuelve a presentar pocas veces en la vida.

Una de las actividades que yo abordaba con más ilusión –también meticulosidad– era la de completar la lista de libros que iban a acompañarme en esos meses. Cuando las vacaciones eran una sucesión de pueblos, de casas de familiares y campamentos, de maletas llenas de arena y bañadores, la librería Cervantes de Oviedo se convertía en mi mejor aliada.

Los veranos han cambiado, pero no la anticipación por las lecturas estivales. Desde hace unas semanas, pienso en los títulos que voy a reservar para esas tardes soleadas de trabajo algo más relajado, cuáles para los viajes aventureros sin respiro y cuáles para los días de playa.

Uno de los que puede que se adapte a todos los entornos es, cómo no, el clásico de moda este verano: la Odisea. Desde que Christopher Nolan anunció el rodaje de su adaptación –con un Matt Damon que, una vez más, intenta volver a casa– se han sucedido las observaciones y las valoraciones. Ya se sabe, nos encanta ver en el cine las adaptaciones literarias… para poder criticarlas a gusto.

Sin embargo, Homero es imbatible, el rey de la aventura y el salseo. Entre banquete y banquete, hila un relato en el que Ulises cuenta sus peripecias, llora –Ulises llora muchísimo– y anhela volver a casa. La Odisea demuestra que un drama de hace milenios sigue apelando a los lectores de la actualidad.

Pocas cosas sabemos del autor. Fuese quien fuese (o quienes fuesen), está claro que estableció un estilo poético concreto basado en una serie de recursos que lo identifican –“Aurora de dedos sonrosados” va a ser a partir de ahora el recibimiento que le voy a dar a cada amanecer–. Además, la ciencia ha demostrado que se inspiró en las redes sociales de su entorno. Samuel Butler, que lo tradujo en prosa buscando generar la misma pasión que creía que había provocado escuchar recitado el poema original, sostenía que Homero era una mujer. Aunque sus tesis puedan resultar algo peregrinas, sí que hay un gran protagonismo femenino en el relato, más allá de la aventura de Ulises.

Lo interesante de los clásicos es que no se acaban nunca: se pueden leer, adaptar y retocar de mil formas diferentes. Los clásicos nos lo permiten todo. Por eso Homero es mío, pero también de Butler, de Bob Dylan –quien lo usa como referente de sus composiciones– o de David Uclés. No obstante, Butler, Dylan, Uclés o yo misma leemos la Odisea con un bagaje que hace que el texto tenga, para cada uno de nosotros, diferentes significados. Esto forma parte de nuestra identidad como lectores y enriquece la experiencia.

En resumen: para esto les hemos puesto este nuevo verano de auroras de dedos sonrosados, para leer (si acaso, una vez más) y disfrutar la Odisea.

The Conversation

– ref. La selección: la odisea de este verano – https://theconversation.com/la-seleccion-la-odisea-de-este-verano-286161

Cómo el diseño puede ayudarnos a adaptarnos a colapsos futuros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Alonso Pascual, Profesor de Diseño Industrial y Desarrollo de Productos, Universidad de Navarra

Edificio destruido por el fuego en Palisades Highlands (California) en enero de 2025. Draco Guan/Shutterstock

El enorme incendio forestal avanzaba a una velocidad devastadora. Se había desatado en Palisades Highlands, un barrio residencial de Los Ángeles. Pero aquel 7 de enero de 2025, la llegada de vientos extremos de Santa Ana y las condiciones de intensa sequedad transformaron el pequeño incendio en un monstruo masivo e incontrolable.

Muy pronto, el fuego alcanzó el perímetro del prestigioso Getty Villa, un museo que alberga una impresionante colección de arte griego y romano. “Las llamas bajaban por la colina muy rápido”, recordaba Les Borsay, especialista en emergencias del museo. El fuego rodeó los jardines, quemó robles centenarios y dejó las fuentes del museo cubiertas de ceniza negra. Cuando el humo se disipó, las galerías permanecían intactas. No se había movido ni una mota de polvo sobre las vitrinas.

No fue casualidad. Décadas antes, alguien había tomado las decisiones de diseño correctas: paredes de hormigón armado, un sistema de irrigación inteligente y un jardín plantado con robles porque absorben bien el agua y no se queman tan rápido como otro tipo de vegetación. Ese día, el diseño industrial demostró lo que sabe hacer mejor: resistir el golpe y volver al punto de partida. El ecólogo C.S. Holling llamó a esto, ya en 1973, “resiliencia de ingeniería”. Pero el Día Mundial del Diseño Industrial –que se celebra cada 29 de junio– nos invita este año a preguntarnos si esto es suficiente.

El malentendido

Llevamos demasiado tiempo entendiendo la resiliencia como la capacidad de un objeto o un sistema para encajar el golpe y regresar a su estado anterior en el menor tiempo posible. Es una idea poderosa y necesaria, –como demuestra el incendio del Getty Villa– pero también es una idea limitada. Holling distinguió esa resiliencia de ingeniería de otra muy distinta, la ecológica: la capacidad de un sistema para reorganizarse en una forma nueva cuando el contexto cambia de manera irreversible.

Un sistema diseñado solo para resistir puede ser frágil frente a lo verdaderamente nuevo: si la amenaza cambia de forma, las mismas defensas que antes funcionaron pueden no servir mañana.

Cuando el diseño desaparece para que algo nuevo crezca

Pocos ejemplos ilustran mejor esta segunda resiliencia que Reef of Hope. Dean Chan, doctorando en la Universidad Politécnica de Hong Kong, diseñó un arrecife modular impreso en 3D con un bioplástico mezclado con conchas marinas. La estructura no pretende reconstruir el arrecife que había antes de la degradación costera. Se instala en el fondo marino, favorece el asentamiento de larvas de ostra… y luego se disuelve. Cuando el material desaparece, solo queda el arrecife vivo que ha crecido sobre él. El diseño no impone una forma final: crea las condiciones para que emerja una que nadie diseñó.

Un hombre sobre una plataforma de madera introduce un arrecife artificial en el agua
El creador del arrecife artificial, destinado a la restauración de las ostras, introduciéndolo en el agua.
iF Design Award

Algo parecido ocurre en Symbio, la serie de bancos que el diseñador Joris Laarman expone este año en Nueva York. Son bloques de hormigón impresos en 3D con patrones grabados que imitan las texturas que Alan Turing estudió en organismos biológicos.

Esos patrones no son un capricho estético: están cubiertos de un sustrato bioactivo que favorece el crecimiento de musgos y líquenes. El mobiliario urbano deja de ser un objeto inerte y se convierte en un hábitat. Laarman lo vincula explícitamente al Simbioceno, el concepto acuñado por el filósofo ambientalista Glenn Albrecht para suceder al Antropoceno. El Simbioceno propone un acuerdo en el que las relaciones humanas con el entorno están plenamente integradas en los ciclos naturales, priorizando la simbiosis y la interdependencia. “Es la única forma de avanzar”, comentaba el propio diseñador.

Reef of Hope y Symbio comparten algo crucial: ninguno de los dos busca restaurar un estado anterior. Ambos diseñan condiciones para que el sistema se reorganice en una forma nueva.

La resiliencia transformadora

Hay una última pieza que completa el argumento. Getty Villa, Reef of Hope y Symbio resuelven problemas distintos –un incendio, un arrecife degradado, una plaza urbana–, pero comparten una misma lógica de fondo: ninguno se limita a encajar el golpe. El primero protege para que el sistema vuelva a ser el mismo; los otros dos diseñan para que el sistema se convierta en otro, mejor adaptado a colapsos futuros. Esa es la resiliencia transformadora: no la capacidad de resistir sin cambiar, sino la de cambiar sin romperse.

El diseño lleva décadas definiéndose como resolución creativa de problemas: identificar una necesidad, analizar sus condiciones, proponer una solución. Ese enfoque sigue siendo válido, pero la resiliencia transformadora le añade una pregunta distinta. No basta con resolver el problema de hoy; hay que diseñar sistemas capaces de resolver problemas que todavía no existen.

El Getty Villa nos enseñó que el buen diseño puede salvar un museo de las llamas. Reef of Hope y Symbio, que puede ayudar a un ecosistema a reinventarse. Quizá la lección que falta es que también puede ayudarnos a nosotros a hacer lo mismo. Porque la resiliencia del siglo XXI no dependerá de nuestra habilidad para resistir el cambio, sino de nuestra capacidad para convertir la incertidumbre en una oportunidad para imaginar futuros alternativos.

The Conversation

Carlos Alonso Pascual no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo el diseño puede ayudarnos a adaptarnos a colapsos futuros – https://theconversation.com/como-el-diseno-puede-ayudarnos-a-adaptarnos-a-colapsos-futuros-286070

Ser fuerte no es reprimir las emociones o resistirlas: es entenderlas y adaptarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

ClaraSpets/Shutterstock

¿Qué significa realmente ser mentalmente fuerte en un mundo marcado por la incertidumbre, la presión constante y el cambio acelerado?

La respuesta general, propia de los libros de autoayuda, suele ser equivocada. Durante años hemos asociado la fortaleza mental con la resistencia: aguantar, no quejarse, seguir adelante pase lo que pase. Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección. Ser mentalmente fuerte no es resistir más, sino adaptarse mejor.

Más allá de la dureza psicológica

La psicología contemporánea ha desplazado el foco desde la “dureza” hacia conceptos más dinámicos como la resiliencia, la regulación emocional y la flexibilidad psicológica. No se trata de eliminar el malestar, sino de aprender a gestionarlo.

Investigaciones sobre pasión y preseverancia han destacado la importancia de mantener el esfuerzo a largo plazo. Sin embargo, puede resultar limitado si no se acompaña de capacidad de ajuste. En esta línea, la psicóloga Susan David ha subrayado que las personas más eficaces no son las que evitan las emociones difíciles, sino las que desarrollan agilidad emocional para manejarlas.




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La fortaleza mental, por tanto, no implica ausencia de vulnerabilidad, sino una relación más inteligente con ella.

Tres errores frecuentes

En la práctica, existen tres ideas erróneas que dificultan el desarrollo de esta competencia.

  1. La primera es pensar que ser fuerte implica reprimir las emociones. Nada más lejos de la realidad. Ignorar el malestar no lo elimina; suele intensificarlo y aparecer con más fuerza.

  2. La segunda es confundir fortaleza con autosuficiencia absoluta. Las personas mentalmente fuertes no lo hacen todo solas: saben cuándo pedir ayuda, cuándo apoyarse en otros y cómo construir redes de confianza.

  3. La tercera es asumir que la fortaleza mental es un rasgo fijo. No lo es. Se trata de una capacidad que puede desarrollarse mediante entrenamiento, experiencia y reflexión. Algunas investigaciones sugieren, incluso, que ciertas personas no solo toleran la adversidad, sino que desarrollan nuevas capacidades a partir de ella.




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Cómo se construye la fortaleza mental

Si no es una cualidad innata, ¿cómo se desarrolla?

En primer lugar, mediante la reinterpretación cognitiva: la forma en que damos significado a lo que nos ocurre. Dos personas pueden vivir la misma situación y extraer conclusiones totalmente distintas. Quien interpreta la dificultad como aprendizaje tiene más probabilidades de crecer.

En segundo lugar, a través de la regulación emocional consciente. Esto no significa evitar reacciones emocionales negativas, sino identificarlas, comprenderlas y responder de manera ajustada o conveniente. La fortaleza mental también depende de la capacidad de recuperación física y fisiológica. Dormir, descansar o desconectar también son mecanismos esenciales de autorregulación.

Un tercer elemento clave es la exposición progresiva a la dificultad. La fortaleza mental no surge en contextos cómodos. Se construye enfrentando a retos asumibles que, poco a poco, amplían nuestra tolerancia a la incertidumbre.

Por último, el apoyo social actúa como un factor protector esencial. Lejos del ideal individualista, la evidencia muestra que las relaciones de calidad fortalecen nuestra capacidad de afrontar la adversidad.

Implicaciones para el liderazgo

Este enfoque tiene consecuencias directas en el ámbito del liderazgo. Tradicionalmente, se ha valorado a los líderes que proyectan seguridad constante, incluso en contextos de crisis. Sin embargo, esta imagen puede resultar poco realista e incluso contraproducente.

Los líderes más eficaces no son los que nunca fallan, sino los que saben encajar los errores y seguir adelante. Son capaces de mantener la dirección en momentos de incertidumbre, regular su impacto emocional en el equipo y tomar decisiones sin quedar bloqueados por la presión. Más que de grandes demostraciones de resistencia, se trata de pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo: escuchar antes de reaccionar, ajustar el rumbo cuando es necesario y perseverar sin caer en la rigidez.

Además, la fortaleza mental no es únicamente individual: se puede desarrollar de manera colectiva en equipos, familias y organizaciones, mediante culturas de apoyo, confianza y aprendizaje compartido.

Este tipo de fortaleza, menos visible pero más profunda, es especialmente relevante en entornos organizativos complejos, donde la adaptabilidad se ha convertido en una ventaja competitiva. En la tempestad protege más la flexibilidad que la rigidez, como avisa el Talmud.

Adaptarse, no resistir

Gran parte del malestar contemporáneo no proviene únicamente de las dificultades, sino de nuestra dificultad para tolerar la incertidumbre.

En un contexto donde el cambio es la única constante, insistir en la idea de “resistir” puede ser un error estratégico. Resistir, por sí solo, puede llevar al agotamiento. Adaptarse permite avanzar. Resistir es estático, avanzar es dinámico.

Ser mentalmente fuerte no es ignorar la dificultad, ni tampoco superarla siempre. Es algo más matizado: saber cuándo insistir, cuándo cambiar y cómo hacerlo sin perder el equilibrio personal.

Quizá ahí resida la verdadera fortaleza. No en soportarlo todo, sino en entender qué merece la pena sostener y qué necesita ser transformado.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Ser fuerte no es reprimir las emociones o resistirlas: es entenderlas y adaptarse – https://theconversation.com/ser-fuerte-no-es-reprimir-las-emociones-o-resistirlas-es-entenderlas-y-adaptarse-282207

Primera visita de niños con autismo al dentista: ¿cómo puede ayudar YouTube?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Pilar Pecci Lloret, Profesora Permanente Laboral, Universidad de Murcia

Pressmaster/Shutterstock

Los trastornos de espectro autista (TEA) afectan a la forma en que las personas se comunican, se relacionan, aprenden y se comportan, y comienza a desarrollarse incluso antes del nacimiento. Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cien niños recibe este diagnóstico, lo que ha impulsado a la comunidad científica y a las autoridades sanitarias a buscar mejores estrategias de apoyo.

Entre los muchos desafíos que afrontan los niños con TEA se encuentra el cuidado de la salud bucal. Las dificultades de comunicación, la sensibilidad sensorial y la ansiedad hacen que la higiene dental y las visitas al dentista resulten especialmente complejas. Como consecuencia, estos menores presentan más caries, traumatismos dentales y otros problemas bucales que sus compañeros neurotípicos.

Por eso, la preparación previa y el acceso a información adecuada pueden marcar una gran diferencia en la experiencia tanto del niño como la de sus padres, quienes suelen experimentar altos niveles de estrés al intentar manejar la ansiedad de sus hijos durante las consultas.

En este contexto, las redes sociales se han convertido en una fuente clave de información. Concretamente, muchas familias recurren a vídeos disponibles en YouTube, aunque aún se sabe poco sobre la calidad y utilidad real de ese tipo de contenido. Averiguarlo fue precisamente el objetivo de nuestro estudio.

Discriminar entre vídeos fiables y peligrosos

En nuestro trabajo observamos como los vídeos que presentaban una mayor fiabilidad y veracidad fueron los realizados por dentistas; en concreto, entrevistas realizadas a estos profesionales de la salud y grabaciones en los que aportaban consejos claros y sencillos. Por el contrario, los vídeos realizados por familiares de niños con TEA se percibieron como menos fiables.

Estos resultados no solo dejan de manifiesto la necesidad de una mayor participación por parte de los profesionales de la salud para la creación de contenido de calidad, sino que también ponen de relieve la importancia de enseñar a los padres a identificar información fiable en internet.

Cabe destacar el hecho de que en nuestra revisión también nos encontramos también con afirmaciones sin ningún respaldo científico. Por ejemplo, en una grabación se decía que las restauraciones realizadas con la aleación llamada amalgama eran neurotóxicas para los niños con autismo y podía empeorar su conducta, lo que contradice las recomendaciones de organismos internacionales. Otro vídeo aconsejaba el uso de aceites esenciales para prevenir la caries en niños y evitar así la visita a la consulta.

Este tipo de mensajes pueden generar falsas expectativas y retrasar la atención odontológica necesaria, lo que reafirma la necesidad de mas estudios como el nuestro que identifiquen y filtren el contenido en YouTube. Pero, sobre todo, refuerza la necesidad de ofrecer a los padres herramientas claras y prácticas para actuar.

Preparando la visita

Entonces, ¿cómo pueden los padres preparar mejor esa primera visita un niño con TEA al dentista? Una de las principales estrategias consiste en explicar al menor con sencillez qué ocurrirá durante la consulta. Cuentos, imágenes y vídeos educativos permiten que se familiarice con el entorno antes de enfrentarse a él.

En este sentido, resulta muy interesante enseñar al niño grabaciones de YouTube que contienen experiencias de otros menores con TEA en el dentista. Así, aprende y comprende mas fácilmente a qué se enfrenta en esta primera visita.

Otra medida clave es la adaptación del entorno clínico. Se aconseja programar las citas en horarios tranquilos, evitar largas esperas y reducir estímulos como ruidos fuertes o luces intensas. Además, la comunicación debe ser clara y predecible, avisando al niño antes de cada procedimiento para evitar sorpresas que le puedan generar angustia.

Los expertos también destacan la importancia de realizar visitas progresivas, comenzando con encuentros breves destinados únicamente a conocer el consultorio y al dentista. Durante la consulta, el refuerzo positivo –basado, por ejemplo, en pequeñas recompensas– ayuda a consolidar una experiencia favorable. Asimismo, la presencia de los padres aporta seguridad emocional y facilita el manejo de la conducta.

Finalmente, mantener una rutina estable, con el mismo profesional y en un horario similar, contribuye a que el niño se sienta más cómodo en futuras visitas. Estas estrategias no solo mejoran la experiencia odontológica de los niños con TEA, sino que también reducen el estrés de las familias y aumentan las posibilidades de una atención dental adecuada y continuada.

Para facilitar las cosas, hemos creado la aplicación DienTEA, que ayuda a las familias a organizar contenido válido y pone a su disposición pictogramas que allanen la visita al dentista.

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Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Carbajosa Pérez, Docente e Investigadora del área de Literatura contemporánea, Universidad Villanueva

_Adán y Eva_ de Ludwig von Hofmann. Wikimedia Commons

El mito bíblico de Adán y Eva, uno de los relatos más influyentes y fecundos de la cultura occidental, ha desempeñado durante siglos un papel decisivo en la configuración de la imagen de la mujer. De la figura de Eva procede la asociación de la mujer con el pecado, la seducción y la culpa. Frente a ello, numerosas escritoras contemporáneas, de distintas nacionalidades y generaciones, han reescrito y reinterpretado el mito con el propósito de exculpar a Eva y dignificar su figura.

A lo largo del siglo XX y de las primeras décadas del XXI, diversas escritoras hispanoamericanas le han dado voz, poniéndose en su piel para afirmar que su historia no es –o no es exactamente– como se ha contado. Más que rechazar el mito, estas autoras lo revisitan y subvierten para cuestionar los modelos femeninos heredados y reivindicar una imagen de la mujer más compleja, diversa y emancipada.

¿Y si Adán y Eva no hubieran mordido el fruto prohibido?

Una de las reinterpretaciones más llamativas aparece en El mundo perdido (1948), de la escritora mexicana Magdalena Mondragón. En esta obra teatral, Eva no es ingenua ni perversa: es valiente, inteligente y amante de la vida.

Pintura de una mujer desnuda que le da una fruta a un hombre frente a ella, en un entorno natural paradisíaco.
El Paraíso según Hans Thoma.
Staatliche Kunsthalle Karlsruhe

Frente a ella aparece un Adán autoritario y soberbio, pero también temeroso e incapaz de cuestionar las órdenes divinas. Mientras él teme el cambio y defiende la obediencia, Eva reivindica la experiencia humana, incluso con todo lo que implica: dolor, incertidumbre y mortalidad. Adán acaba destruyendo el fruto que Eva desea comer.

Sin embargo, tras dos mil años de felicidad inalterable en un Paraíso donde todo permanece eternamente igual, termina admitiendo su hastío y descontento. El Paraíso se revela entonces como un lugar incompatible con la condición humana. La obra invierte así la interpretación tradicional del Génesis. Comer el fruto prohibido ya no representa una caída moral, sino el comienzo de la verdadera vida humana. Al final, incluso Adán reconoce su error: no haberse atrevido a morder la manzana.

Recuperando la inocencia perdida

En La mujer desnuda (1950), de la uruguaya Armonía Somers, la reescritura del mito adopta una forma más simbólica y perturbadora. La protagonista, Rebeca Linke, rompe con la mujer que había sido hasta entonces el día de su treinta cumpleaños. Emancipada de los prejuicios y convencionalismos socioculturales, inicia desnuda y descalza un recorrido simbólico de liberación, conocimiento y búsqueda de su identidad.

Rebeca se reafirma como una nueva Eva: pura, inocente, libre y profundamente conectada con la naturaleza. Recupera el poder de nombrarse a sí misma y la propiedad de su cuerpo y de su sexualidad, desligándose de las ataduras que asocian a la mujer con el pecado original, la culpa y la subordinación. Se aleja así de la Eva de la interpretación dominante para regresar a una Eva ajena a la idea de pecado. La desnudez ya no es un símbolo de vergüenza y culpabilidad, ahora es una forma de libertad.

La novela muestra, además, cómo una sociedad profundamente represiva reacciona con miedo y violencia ante una mujer que cuestiona y transgrede sus principios socioculturales, sexuales y religiosos.

Eva inicia la Historia

La escritora mexicana Rosario Castellanos recurrió al humor y a la ironía para desmontar los estereotipos femeninos en El eterno femenino (1975).

Pintura de una mujer desnuda de pie a punto de comer un fruto y un hombre detrás de ella observándola.
El hombre, la mujer y la serpiente, de Byam Shaw.
Wikimedia Commons

En esta farsa teatral, Eva aparece como una mujer inteligente, sarcástica y rebelde que cuestiona tanto a Adán como a Dios. El Paraíso deja de ser un lugar ideal para transformarse en un espacio inmóvil, donde nada cambia, nada sucede y nada progresa. Por eso, cuando Eva decide comer el fruto prohibido, lo hace conscientemente.

Su gesto representa el inicio de la Historia, del conocimiento y del progreso humano. La expulsión del Paraíso ya no se interpreta como una tragedia, sino como una conquista: el comienzo de una existencia plenamente humana. La última frase de Eva resume perfectamente esta nueva interpretación del mito: “La historia acaba de comenzar”.

La misión de Eva

También la escritora nicaragüense Gioconda Belli reinterpreta el relato bíblico en El infinito en la palma de la mano (2008). Belli reconsidera el sentido de la transgresión y libera a Eva de la carga de culpa con la que la tradición patriarcal la ha identificado.

En la novela, Eva –vitalista, inquieta, inquisitiva y valiente, frente a un Adán acomodaticio y temeroso– toma el fruto convencida de que está llamada a hacerlo. Una visión le ha revelado que ese gesto dará comienzo a la Historia humana y permitirá la existencia de generaciones futuras. Cree actuar libremente y de acuerdo con la voluntad divina; sin embargo, tras la expulsión comprenderá que se trataba de un hecho inevitable, parte de un designio que la trasciende. Eva se convierte así en cocreadora de la especie.

El acto se resignifica entonces como en el comienzo de la experiencia plenamente humana: el amor, el deseo, el sufrimiento, la conciencia del tiempo y la mortalidad. La novela transforma el mito bíblico en una reflexión sobre el libre albedrío, la responsabilidad y el precio de convertirse verdaderamente en seres humanos.

Pintura de un hombre y una mujer con dos niños en un bosque.
Adán y Eva y la primera familia, de Frans Floris de Vriendt.
Royal Museum of Fine Arts Antwerp

Desmentir lo contado por Adán

La versión más radical quizá sea la de la mexicana Carmen Boullosa en El libro de Eva (2021). La novela parte de una idea provocadora: el relato bíblico que conocemos no sería más que una invención construida por Adán y perpetuada por los hombres.

La Eva de Boullosa, tras años de sufrimiento y silencio, decide escribir por fin su propia versión de la historia para desmentir todo lo que se ha dicho sobre ella, menospreciándola e inculpándola. Ella no fue creada de la costilla de Adán ni introdujo el mal en el mundo al comer el fruto. Al contrario: la mordida fue lo que convirtió a Adán y Eva en seres verdaderamente humanos y lo que los condujo al verdadero Paraíso, la Tierra.

El verdadero problema, sugiere la novela, fueron los relatos construidos por los hombres para justificar la subordinación femenina y legitimar la violencia contra las mujeres. Porque las palabras, afirma, “no solo nombran, hacen”. Eva comprende entonces que nunca debió callarse. Mientras ella guardaba silencio, otros construían y falseaban la historia de las mujeres.

Reescribir los mitos

Reescribir a Eva significa cuestionar la tradición cultural. Las nuevas Evas creadas por estas autoras ya no son figuras pasivas ni pecadoras. Son mujeres curiosas, libres y conscientes; mujeres que desean conocer, elegir y contar su propia versión de la historia.

Estas obras muestran, además, que los mitos no son relatos inmutables ni poseen un significado único y definitivo. Su sentido cambia con el tiempo, las sociedades y las miradas que vuelven a narrarlos.


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The Conversation

Filiación: Profesora e investigadora en la Universidad Villanueva.
Este artículo es resultado del Proyecto competitivo de I+D «ANDRÓMEDA. Mito y representación: actividades teórico-prácticas de innovación en mitocrítica cultural», financiado por la Comunidad de Madrid (REF.: PHS-2024/PH-HUM-76).

– ref. Las escritoras hispanoamericanas que han reescrito el mito de Eva – https://theconversation.com/las-escritoras-hispanoamericanas-que-han-reescrito-el-mito-de-eva-283171

¿Dormir poco ayuda a quemar grasa? Por qué hacer ejercicio tras dormir poco no compensa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Titular de Universidad. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo, Universidad de Alcalá

Voyagerix/Shutterstock

El sueño suele ser lo primero que sacrificamos en el ajetreo de nuestras vidas, pero no debería ser así. Dormir poco se ha convertido casi en una medalla cultural. Hay quien presume de funcionar con cinco horas de sueño, quien recorta descanso para entrenar más temprano y quien intenta ganar tiempo robándoselo a la noche. El problema es que el organismo no interpreta la falta de sueño como productividad, sino como estrés biológico. Nuestra fisiología empieza a cambiar mucho antes de lo que imaginamos.

No hacen falta semanas de insomnio para que aparezcan consecuencias medibles. Una sola noche durmiendo cuatro horas, o no durmiendo en absoluto, puede alterar la capacidad del músculo para generar fuerza o resistencia, empeorar la coordinación neuromuscular o el rendimiento cognitivo, aumentar la percepción de fatiga y modificar cómo el cuerpo utiliza grasas y carbohidratos durante el ejercicio.

En otras palabras, el sueño no es simplemente descanso. Es una parte activa del rendimiento físico, cognitivo y de la regulación metabólica.

Una sola noche durmiendo poco reduce la producción de fuerza

Un estudio reciente con adultos jóvenes entrenados comparó la capacidad de producir fuerza en press de banca y sentadilla tras dormir ocho horas, cuatro horas o pasar la noche en blanco. Los resultados fueron claros. En los hombres, la velocidad de ejecución cayó entre un 10 % y un 15 %. En las mujeres, la resistencia muscular se redujo entre un 7 % y un 12 %.

Pueden parecer cambios pequeños, pero fisiológicamente no lo son. La velocidad de ejecución es uno de los mejores indicadores de la producción de fuerza. Una caída de este tamaño significa que el sistema nervioso y los músculos están coordinándose peor.

Esto importa más allá del deporte. La capacidad de generar fuerza rápidamente está relacionada con la prevención de lesiones, la funcionalidad en el día a día, el envejecimiento saludable e incluso la mortalidad en personas mayores. Dormir poco daña precisamente esa maquinaria.

El músculo no funciona aislado: el cerebro dirige el rendimiento

Un error común es pensar que la fuerza depende únicamente del músculo. Pero el músculo solo ejecuta órdenes. Quien coordina el esfuerzo es el sistema nervioso.

Durante el sueño ocurren procesos esenciales para la función cerebral: restauración energética, regulación sináptica, equilibrio hormonal, eliminación de desechos y consolidación de lo aprendido.

Cuando dormimos poco, se acumula adenosina, disminuye la excitabilidad de la corteza cerebral y empeora la eficiencia de las señales motoras. Por eso, tras una mala noche, el ejercicio se siente más duro aunque la carga sea la misma. En este sentido, en estudios de privación de sueño los participantes suelen reportar más somnolencia o fatiga, peor estado de ánimo, menor memoria o una percepción del esfuerzo notablemente mayor.

La fisiología lo tiene claro: la fatiga no es solo muscular, también es cerebral.

El espejismo de quemar más grasa

La falta de sueño también altera el combustible que usa el cuerpo durante el ejercicio. En otro estudio reciente los investigadores analizaron la oxidación de grasas y carbohidratos en una prueba de resistencia en bicicleta tras dormir ocho horas, cuatro horas o no hacerlo. El hallazgo fue paradójico: después de una noche sin dormir, el organismo aumentó la quema de grasas en un 15 % y redujo la de carbohidratos en un 14 %.

Podríamos pensar, entonces, que dormir poco ayuda a quemar grasa, pero esa interpretación estaría equivocada. El organismo no quema más grasa porque funcione mejor, sino porque está intentando adaptarse a una situación de estrés. La privación de sueño reduce la sensibilidad a la insulina, empeora el control del azúcar en sangre, eleva el cortisol y activa el sistema nervioso simpático.

Cuando el cuerpo utiliza peor la glucosa, aumentar la dependencia de las grasas es una estrategia compensatoria, no una mejora metabólica.

Estos cambios no ocurren para rendir mejor. De hecho, van acompañados de mayor fatiga, peor percepción del esfuerzo, más somnolencia, mayor frecuencia cardíaca y aumentos de la presión arterial

En otras palabras, el organismo trabaja a destajo para hacer frente al estrés de dormir mal, no para funcionar de forma óptima.

Cuando dormir poco se vuelve crónico: el cuerpo no se acostumbra

Una sola noche de mal sueño ya produce efectos medibles, pero el verdadero problema ocurre cuando la privación parcial se convierte en rutina. Dormir seis horas o menos se ha normalizado, a pesar de que el organismo interpreta este hábito como estrés biológico persistente.

A nivel hormonal, el sueño profundo es clave para liberar hormona del crecimiento, sintetizar proteínas y recuperar el músculo. Dormir poco reduce la testosterona, eleva el cortisol y genera un entorno poco favorable para mantener masa muscular. También altera las hormonas del apetito (leptina y grelina, entre otras), lo que explica por qué dormir mal se asocia a más hambre, mayor ingesta calórica y preferencia por alimentos ricos en azucares añadidos y grasas. Muchas personas intentan compensar el cansancio con cafeína, azúcar y comida muy apetitosa.

A largo plazo, la restricción crónica de sueño se relaciona con un aumento de grasa corporal, resistencia a la insulina, inflamación sistémica, deterioro cognitivo y mayor riesgo cardiovascular. En deportistas, además, implica peor recuperación, más lesiones, alteraciones inmunológicas y menor adaptación al entrenamiento.

Uno de los aspectos más peligrosos es que muchas personas sienten que se acostumbran a dormir poco. La ciencia muestra lo contrario: la percepción subjetiva del deterioro se estabiliza antes que el deterioro fisiológico real. El cerebro deja de notar el cansancio, pero el rendimiento cognitivo, metabólico y físico sigue empeorando. Esa falsa adaptación explica por qué tantas personas subestiman el impacto del sueño insuficiente.

El sueño no es tiempo perdido

No todas las capacidades físicas se deterioran igual. Las tareas más afectadas por la falta de sueño son las que exigen precisión, resistencia muscular, toma de decisiones y atención sostenida. Los movimientos explosivos muy breves, como un salto, resisten algo mejor. Por eso alguien puede sentirse capaz de entrenar tras una mala noche, aunque su rendimiento físico general ya esté deteriorado.

Durante décadas, el entrenamiento y la nutrición acapararon toda la atención. Pero la ciencia nos recuerda que no debemos olvidarnos del sueño. Mientras dormimos, reorganizamos energía, restauramos el sistema nervioso, regulamos hormonas, consolidamos aprendizajes y modulamos la inflamación.

Dormir no es dejar de funcionar: es una de las formas más sofisticadas que tiene el cuerpo de seguir funcionando bien. El deterioro empieza antes de lo que creemos. No hacen falta meses de mal descanso, a veces basta una sola noche en vela.

Por tanto, cuando alguien aconseje dormir cuatro o cinco horas para ser más productivo, es importante recordar que la ciencia dice justo lo contrario.

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Aulas a 40 grados: luchar contra el calor en los colegios no debería depender solo del aire acondicionado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nazaret Ruiz Marín, Profesora del Departamento de Máquinas y Motores Térmicos, Universidad de Cádiz

Liderina/Shutterstock

En las últimas semanas, familias y docentes han vuelto a denunciar temperaturas difíciles de soportar en centros educativos españoles. Algunas aulas superan ampliamente los 30 grados y, en los casos más extremos, se han registrado clases por encima de los 40. Asociaciones de madres y padres han reclamado medidas urgentes: más sombra, climatización y reformas estructurales para que los centros puedan funcionar durante episodios de calor extremo.

La situación es fácil de entender: niños intentando concentrarse en aulas convertidas en invernaderos, profesores dando clase con ventanas abiertas por las que solo entra aire caliente y familias preguntándose si estudiar en esas condiciones es razonable. Pero el problema no se limita a instalar o no aire acondicionado. La pregunta de fondo es cómo adaptar colegios diseñados para otra realidad climática a un escenario de olas de calor más frecuentes, intensas y tempranas.

Aprender en un aula caliente cuesta más

El calor en las aulas no es solo una molestia. Cuando la temperatura sube demasiado, mantener la atención, resolver problemas o seguir una explicación exige más esfuerzo.

Las últimas investigaciones al respecto apuntan en la misma dirección. Un estudio realizado en Estados Unidos, con más de 3 000 estudiantes de quinto curso repartidos en 140 aulas, observó mejores resultados en matemáticas en las clases donde el aire se renovaba con mayor frecuencia. El mismo trabajo encontró que, dentro del rango analizado de 20 a 25 °C, cada grado menos de temperatura se relacionaba con mejores puntuaciones académicas. Otro trabajo basada en 18 estudios previos, concluyó que el rendimiento en pruebas cognitivas y tareas escolares podía mejorar de forma apreciable cuando la temperatura del aula bajaba de 30 °C a 20 °C.

Estos datos no deben leerse como una receta universal, pero sí como una advertencia clara. Un aula sobrecalentada puede convertirse en una barrera silenciosa para la concentración, el bienestar y la igualdad de oportunidades.




Leer más:
Así adaptamos colegios y patios escolares a las olas de calor


El límite del aire acondicionado

El aire acondicionado puede ser necesario en determinados momentos, especialmente durante episodios extremos o en espacios vulnerables. Sin embargo, convertirlo en la única solución tiene sus inconvenientes. Aumenta el consumo eléctrico, eleva los costes de funcionamiento y desplaza al exterior parte del calor que extrae de las aulas. Además, no todos los colegios tienen la misma capacidad económica o técnica para instalar, usar y mantener estos sistemas.

Este debate llega, además, en un momento clave para la edificación. La actualización del Código Técnico de la Edificación, ligada a la Directiva europea de eficiencia energética, busca avanzar hacia un parque inmobiliario de cero emisiones en 2050 y refuerza una idea básica: antes de climatizar más, hay que reducir la demanda energética de los edificios. En un sector que ya representa alrededor del 40 % del consumo energético mundial, adaptar los colegios al calor no puede consistir simplemente en consumir más electricidad.

Primero, evitar que el aula se recaliente

Una estrategia eficaz frente al calor empieza por una idea sencilla: impedir que el aula se sobrecaliente desde el principio. Esto se consigue con decisiones de diseño pasivo: orientar bien el edificio, proteger las ventanas del sol, mejorar la ventilación, incorporar sombra y vegetación, y usar cubiertas o fachadas que absorban menos radiación. Estos factores pueden marcar una gran diferencia.

Un estudio sobre escuelas primarias en Inglaterra estimó que las aulas orientadas al sureste podían acumular entre cuatro y seis veces más horas de sobrecalentamiento que las orientadas al norte. En una escuela de Chennai, India, el uso de cubiertas reflectantes redujo la temperatura interior entre 3 y 4 °C. Y otro trabajo realizado en patios educativos encontró que la vegetación podía disminuir entre 5 y 7 °C el calor que perciben las personas por la radiación del entorno.

Por eso, toldos, persianas exteriores, aleros, cubiertas ventiladas, patios con sombra, árboles, ventilación cruzada, fachadas claras o materiales reflectantes no son simples mejoras estéticas. Son formas de reducir la radiación solar directa, limitar la entrada de calor y facilitar que el edificio se enfríe cuando la temperatura exterior lo permite.

La lógica es sencilla. Cuanto menos calor recibe el aula desde el exterior, menos energía hará falta después para recuperar unas condiciones confortables.

Aislar es clave, pero no suficiente

Tradicionalmente, la construcción ha respondido al frío y al calor mejorando el aislamiento de cubiertas, fachadas y ventanas para limitar el intercambio de calor entre interior y exterior. Pero esa protección no siempre basta. Incluso en un edificio bien aislado, el aula puede acumular calor durante la jornada escolar por la radiación solar, la presencia de estudiantes y docentes, la iluminación y los equipos.

En ese contexto, los materiales de cambio de fase pueden desempeñar un papel decisivo. No generan frío como un aire acondicionado, sino que almacenan temporalmente parte del calor acumulado para retrasar la subida de temperatura. Integrados en techos, paneles, placas de yeso o morteros, absorben calor durante las horas críticas y lo liberan más tarde, cuando el aula está vacía o puede ventilarse mejor.

Esta capacidad permite retrasar y suavizar los picos de temperatura interior. Algunos estudios muestran reducciones de varios grados y, en ciertos casos, descensos de hasta 6 °C, aunque el resultado depende del clima, del edificio, de la cantidad de material y de su combinación con ventilación, aislamiento y protección solar. La clave no es solo aislar mejor, sino hacer que el edificio responda mejor al calor.




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Colegios preparados para el clima que viene

Adaptar las aulas al calor extremo no es solo una cuestión de comodidad: tiene que ver con salud, igualdad y calidad educativa. Un colegio preparado para el clima que viene no debería limitarse a corregir el calor cuando ya ha invadido el aula, sino anticiparse a él desde el diseño del edificio.

En esa transformación, los materiales de cambio de fase, aquellos capaces de almacenar o ceder energía en forma de calor latente cuanto alcanza el cambio de estado solido-líquido o viceversa, pueden desempeñar un papel silencioso pero decisivo. No siempre veremos cómo funcionan, porque pueden integrarse en paredes, techos o paneles. Pero precisamente ahí está su interés, ayudan a estabilizar la temperatura interior durante las horas críticas y reducen la dependencia de soluciones que consumen más energía.

La verdadera innovación no consiste solo en enfriar más, sino en diseñar aulas que protejan mejor a quienes aprenden y enseñan dentro de ellas. Porque una escuela que no puede hacer frente al calor extremo es, además de un edificio incómodo, un espacio que limita el bienestar, la concentración y las oportunidades de quienes lo habitan.

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Nazaret Ruiz Marín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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