¿Talento oculto en la empresa? La IA puede ayudar a descubrirlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

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Las organizaciones llevan años obsesionadas con identificar talento. Sin embargo, siguen tropezando con una pregunta incómoda: ¿qué entienden exactamente por “talento”? En la práctica, muchas veces se confunde lo que una persona ya demuestra hoy con lo que podría llegar a hacer mañana, si se le dieran las condiciones adecuadas. Una cosa es el rendimiento ya observable y otra el potencial todavía no desplegado.

El caso de las 30 personas invisibles

Para ilustrar esta diferencia analizamos los datos de 98 empleados de una multinacional, recabados durante un trabajo de consultoría. Se evaluaban desempeño, movilidad funcional, movilidad internacional, nivel de inglés y varias competencias clave.

Primero se aplicó una lógica habitual: predecir la movilidad internacional con un modelo estadístico clásico. El resultado fue revelador. El nivel de inglés era el único predictor estadísticamente significativo. Si uno se quedara solo con esa lectura, podría concluir que el talento internacional depende, sobre todo, del inglés. Es una conclusión cómoda, rápida y, precisamente por eso, peligrosa.

Cuando pasamos de esa lectura unidimensional a un análisis de conglomerados multidimensionales (a grandes rasgos, una técnica estadística de clasificación basada en características similares), la foto cambió radicalmente y aparecieron cuatro perfiles distintos:

  1. Grupo en desarrollo (contribución local, competencias en construcción).

  2. Talento internacional consolidado (alta movilidad, inglés fluido, experiencia global).

  3. Movilidad observada sin base sólida (han viajado, pero tienen competencias medias).

  4. Talento oculto de alto potencial. Es el hallazgo clave.

Este cuarto grupo sumaba 30 personas con un desempeño medio de 4,12 sobre 5 y competencias de 4,04, pero con movilidad internacional baja y nivel de inglés insuficiente. Con la lectura simplista del modelo lineal habrían pasado completamente desapercibidas. Con una lectura más rica, se muestran como una de las mejores apuestas de desarrollo de la organización.

Visibilidad no es preparación.

Esta es una de las lecciones más útiles para las empresas, que a veces no promocionan a quienes tienen más capacidad de aportar en el futuro, sino a quienes hoy resultan más visibles. La visibilidad no siempre equivale a preparación estratégica.

Un empleado puede parecer “internacional” porque ha tenido más exposición, más oportunidades o, simplemente, más escaparate. Otro puede estar rindiendo muy bien, mostrar competencias sólidas y, sin embargo, quedar fuera del radar porque todavía no domina el idioma o no ha tenido ocasión de participar en proyectos globales.

La IA, bien usada, puede ayudar a detectar esa diferencia. Mal usada, puede convertirla en una nueva forma de ceguera automática.

Tres niveles de uso inteligente

La propuesta es aplicar la inteligencia artificial en el área de recursos humanos en tres niveles de mejora:

  1. Detectar mejor: encontrar señales que antes se escapaban. No solo clasificar personas en categorías obvias, sino identificar patrones ocultos que revelan potencial no desplegado.

  2. Decidir mejor: no solo clasificar, sino recomendar intervenciones adaptadas al perfil. En el caso anterior, el grupo con alto potencial bloqueado por el desconocimiento del idioma o la falta de exposición no debería ser descartado del proceso de internacionalización. Más bien debería entrar en itinerarios acelerados de inglés y mentoría global, o integrarse en proyectos transversales que involucran a diferentes áreas (marketing, finanzas, operaciones, recursos humanos).

  3. Rediseñar el sistema: esta es la intención más ambiciosa. Si una organización descubre que está premiando sobre todo la movilidad visible y no la capacidad real de aportar en contextos complejos, entonces el problema ya no es individual. Es del sistema. La IA puede ayudar a detectar estos sesgos sistémicos y rediseñar los criterios de talento.

No se trata de física cuántica (aunque en algo se parece)

Los empleados son, a la vez, “partícula” y “onda”. Partícula porque ocupan un puesto concreto y dejan un rastro observable de resultados. Onda porque también contienen un espacio de posibilidades futuras que depende del contexto, de las oportunidades y de cómo los lee la organización.

No estamos haciendo física cuántica en recursos humanos, pero esta imagen ayuda a entender algo importante: reducir una persona únicamente a los indicadores visibles es una forma muy sofisticada de simplificarla, para mal. El potencial no es un rasgo fijo e inmutable, sino un espacio contextual de posibilidades.

Explicabilidad o legitimidad perdida

Ahora bien, también existe el riesgo de que una IA opaca, injusta o mal explicada deteriore la confianza y neutralice buena parte de sus ventajas.

Si los empleados perciben que el sistema decide sobre ellos como una caja negra, la herramienta deja de ser una ayuda y pasa a convertirse en un problema de legitimidad. Por eso hace falta supervisión humana, auditorías de sesgo, criterios transparentes que hagan explicable el modelo de IA (o sea, que sus decisiones y resultados sean entendibles, transparentes y justificables). La cuestión no es solo si el algoritmo acierta, sino también si la organización puede defender razonablemente por qué decide como decide.

De calculadora vistosa a capacidad estratégica

El reto no es usar más la IA en la gestión de recursos humanos: es dejar de usarla como una calculadora vistosa y empezar a integrarla como una capacidad estratégica para detectar, desarrollar y transformar talento con más inteligencia humana y artificial, en ese orden.

La inteligencia artificial puede hacer que las empresas sean más rápidas, pero su valor más interesante es que ayuda a ver mejor el talento oculto, las trayectorias bloqueadas, las falsas señales de preparación y los errores sistemáticos de clasificación.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Talento oculto en la empresa? La IA puede ayudar a descubrirlo – https://theconversation.com/talento-oculto-en-la-empresa-la-ia-puede-ayudar-a-descubrirlo-279639

Por qué el hantavirus Andes puede transmitirse entre personas (y otros no)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

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Imagínese limpiando una casa de campo cerrada durante meses. Barre el polvo, respira profundamente y, sin saberlo, inhala partículas virales microscópicas provenientes de excrementos de ratón (heces, orina, saliva). Semanas después, desarrolla una fiebre elevada y sus pulmones comienzan a llenarse de líquido.

Este es el escenario clásico del síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una enfermedad grave y a menudo letal. La regla de oro en virología durante décadas fue que el ser humano era un “hospedador terminal” (un callejón sin salida) para los hantavirus: el ratón infecta al humano, pero este no puede transmitir el virus a otro humano.

Pero hay una excepción capaz de transmitirse entre personas: el hantavirus Andes, presente en Chile y Argentina, y recientemente responsable del brote detectado en el crucero MV Hondius. Aunque esta transmisión es poco frecuente y requiere un contacto estrecho, su existencia plantea una pregunta clave: ¿qué hace diferente al virus Andes?

La historia de un descubrimiento inquietante

El virus Andes es endémico de la Patagonia, una región repartida entre Argentina y Chile. Su portador natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).

La comunidad científica descubrió la inusual capacidad de este virus en 1996 durante un brote en Epuyén, Argentina. Los epidemiólogos notaron algo preocupante: los médicos que atendían a los pacientes y los familiares que los cuidaban estaban enfermando. No habían estado en contacto con ratones ni limpiando cobertizos. El virus estaba pasando de persona a persona. Esto se confirmó de manera trágica en otro gran brote en la misma localidad entre 2018 y 2019, que dejó decenas de contagiados y una alta tasa de mortalidad (cercana al 30 %).

Investigaciones publicadas en el New England Journal of Medicine demostraron que varios pacientes estaban infectados con virus genéticamente idénticos, lo que solo se explica por transmisión directa entre humanos. Incluso se identificaron “supercontagiadores”: personas que infectaron a varios contactos cercanos, un fenómeno muy inusual en los hantavirus.

Tras años de investigación en laboratorios de alta bioseguridad, por fin estamos empezando a comprender los mecanismos biológicos que hacen al virus Andes tan excepcionalmente peligroso.




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Un virus que circula por la sangre… y más allá

La mayoría de los hantavirus apenas alcanzan niveles detectables de virus en la sangre (viremia). En cambio, estudios clínicos recientes han demostrado que el virus Andes provoca una viremia intensa y prolongada durante la fase aguda de la enfermedad.

Esto significa que el virus está presente en grandes cantidades en la sangre del paciente, lo que facilita que llegue a otros fluidos corporales.

Un estudio publicado en The Lancet Infectious Diseases analizó muestras de pacientes infectados y encontró ARN viral y partículas infecciosas en la saliva, las secreciones respiratorias y el fluido gingival. En algunos casos, estas muestras fueron capaces de infectar células en el laboratorio.

Andes, además, tiene la capacidad de infectar células del tracto respiratorio. Esto significa que las nuevas partículas virales que se producen se liberan directamente hacia el interior de los pulmones y la garganta del paciente, listas para viajar en microgotas a través de la tos, los estornudos o la saliva hacia un nuevo huésped.




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Qué se sabe del hantavirus Andes en seis preguntas


Retraso de la respuesta inmunitaria inicial

El hantavirus Andes es especialmente eficaz bloqueando la respuesta antiviral temprana, en particular el sistema del interferón tipo I, que normalmente frena la replicación viral.

Este “silencio inmunológico” permite que el virus se replique más tiempo sin ser detectado.

Un tiempo prolongado de incubación

El periodo entre la infección y la aparición de los síntomas (incubación) suele ser de dos a tres semanas, aunque puede superar incluso los 40 días. Esto permite que una persona infectada alcance picos muy altos de carga viral en sus vías respiratorias antes de que comiencen los síntomas respiratorios graves. En esta fase, la persona solo siente un malestar similar a una gripe leve.

Dado que el paciente aún no se siente gravemente enfermo, sigue haciendo su vida normal: besa a su pareja, abraza a sus hijos o, en el contexto cultural sudamericano, comparte el mate. Es en estos momentos de intimidad y contacto estrecho donde el virus Andes aprovecha para transmitirse a nuevos individuos.

Esquema sobre las particularidades del hantavirus Andes.
Esquema sobre las particularidades del hantavirus Andes.
Isidoro Martínez

¿Debemos preocuparnos?

La respuesta corta es que no, pero con matices.

El virus Andes no se transmite por aerosoles a larga distancia con la facilidad de la gripe o el SARS‑CoV‑2. Para que ocurra el contagio suele ser necesario un contacto estrecho y prolongado, exposición a saliva o secreciones respiratorias, convivencia en espacios cerrados o cuidados directos a un paciente en fase aguda.

Por eso, aunque la transmisión entre personas es real, el riesgo para la población general sigue siendo bajo.

Las medidas de salud pública (aislamiento de casos, rastreo de contactos y protección del personal sanitario) han demostrado ser muy eficaces para cortar las cadenas de transmisión.




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Brote de hantavirus en un crucero: impacto y reflexión desde la salud pública


La importancia de vigilar los virus emergentes

El virus Andes ofrece una oportunidad única para entender cómo un virus transmitido por roedores puede adaptarse parcialmente a la transmisión humana. Comprender sus mecanismos podría ayudar a anticipar riesgos futuros, mejorar la vigilancia epidemiológica y desarrollar mejores herramientas diagnósticas y terapéuticas.

En un mundo donde los virus zoonóticos emergentes son cada vez más frecuentes, el hantavirus Andes es un recordatorio de que la frontera entre animales y humanos es más permeable de lo que parece.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué el hantavirus Andes puede transmitirse entre personas (y otros no) – https://theconversation.com/por-que-el-hantavirus-andes-puede-transmitirse-entre-personas-y-otros-no-282596

¿Está TikTok empeorando la ortografía de los adolescentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By África Presol Herrero, Director del Grado en Publicidad Creativa, Universidad Camilo José Cela

Juan Alejandro Bernal/Shutterstock

TikTok es la red social social preferida por los adolescentes, por delante de Instagram o YouTube. La generación Alfa (entre los 12 y los 17 años) la usan para informarse, entretenerse y seguir a sus creadores de referencia. La influencia que los contenidos consumidos tiene en sus creencias, gustos y costumbres es en ocasiones tan intensa que hasta puede cambiar la forma en la que algunos de ellos comen.

Tiene sentido que nos planteemos, por tanto, en qué medida el uso del lenguaje y la ortografía en esta red social puede también estar influyendo en cómo los chicos y chicas de estas edades escriben. Es lo que hemos querido investigar en nuestro reciente estudio.

Tras analizar los 700 vídeos más vistos en TikTok España durante cinco meses desde el punto de vista gramatical, hemos descubierto uno de cada cuatro tiene faltas de ortografía o gramaticales en sus textos superpuestos (subtítulos o rótulos sobre la imagen) o en sus textos descriptivos (el equivalente al pie de foto).

Los errores más comunes

En los 167 vídeos con faltas encontramos un total de 312 errores, la mayor parte de ellos de tipo ortográfico (tildes) en el texto descriptivo. También se detectaron faltas en los rótulos en el 19,2 % de los casos.

Las faltas ortográficas repetidas con más frecuencia fueron “mas” o “que” sin tildes, mientras que los errores gramaticales respondieron más a fallos de concordancia como “tú quiere”, “es para tu” o “me gustan mucho”.

En cuanto al lenguaje urbano digital (expresiones o términos no reconocidos por la RAE), destacó el uso de “tkm” en lugar de “te quiero mucho” o “darle mg” (en lugar de “dadle me gusta”).




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También observamos que algunos usuarios modifican de manera intencionada las palabras relacionadas con violencia o sexo para evitar que los vídeos sean penalizados por la normativa de la red social (como, por ejemplo, el uso de “s3xo” por “sexo”, “p3dof1lo” en lugar de “pedófilo” o “c4chetadas” por “cachetadas”).

Sin corrector automático y en pantalla

TikTok es una aplicación nacida para ser usada a través de dispositivos móviles, por lo que los usuarios escriben con el teclado táctil (esto puede invitar a relajar el rigor del uso de la lengua o confiar en exceso del autocorrector). Además, no ofrece la posibilidad, por el momento, de generar o supervisar el texto escrito con inteligencia artificial (algo que sí hace X con su IA Grok para mejorar la calidad de los posts).

Además, una de las características de TikTok es que su algoritmo viraliza contenidos sin que sea determinante el número de seguidores de la persona que los publica. Esta democratización supone que, al contrario que en los medios de comunicación, los contenidos de personas sin una formación especial y sin filtros de calidad puedan ser vistos por miles de usuarios.

La relajación del uso en redes sociales

¿Qué importancia tiene esto? Mucha si tenemos en cuenta que la corrección ortográfica y gramatical es importante para un desempeño eficaz en la vida, especialmente en el ámbito profesional. Además, las normas gramaticales y ortográficas quedan fijadas en nuestros cerebros a través de la reproducción de lo que estamos acostumbrados a ver escrito, ya que cuanto más vemos una palabra escrita de una determinada forma, más probabilidades hay de que la interioricemos y la reproduzcamos, aunque sea incorrecta.

Las redes sociales, y especialmente TikTok, son hoy uno de los principales canales de comunicación entre jóvenes. Si se relaja el uso de la lengua en entornos en los que cada vez pasan más tiempo, estos errores se trasladan al rendimiento y ámbito académico.




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Pese a los datos optimistas sobre el hábito lector entre los jóvenes (el 75,3 % de la población entre 14 y 24 años lee libros en su tiempo libre), cabe preguntarse si en cuestión de tiempo de exposición las redes sociales superan con mucho a los libros.

El reto, además, no pasa únicamente por fomentar la lectura, sino por integrar en la educación formal una formación lingüística adaptada al ecosistema digital en el que se comunican los jóvenes. Por ejemplo, integrando el uso de redes sociales y de internet en el aula con las mismas exigencias ortográficas y gramaticales de cualquier trabajo académico.

The Conversation

Jorge Gallardo-Camacho trabaja en Atresmedia

África Presol Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Está TikTok empeorando la ortografía de los adolescentes? – https://theconversation.com/esta-tiktok-empeorando-la-ortografia-de-los-adolescentes-281068

¿Qué nos cuenta la guerra entre EE. UU. y España por Cuba sobre el intervencionismo y la geopolítica actual?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco López-Muñoz, Catedrático de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

Lienzo de la batalla naval de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898), obra de Ildefonso Sanz Doménech, que supuso una victoria decisiva de Estados Unidos. Benjamín Núñez González/Wikimedia Commons, CC BY

En un momento en el que la geopolítica internacional se ve de nuevo sometida a los vaivenes de una política intervencionista estadounidense y su corolario de conflictos bélicos, merece la pena recordar lo sucedido con España hace 128 años. Salvando algunas diferencias propias de contextos históricos diferentes, lo ocurrido presenta muchas similitudes con los procesos actuales.

El 25 de abril de 1898 se formalizó la declaración de guerra de Estados Unidos a España. Un acto que acabó con el prolongado proceso de crisis del sistema colonial español y dio inicio a un nuevo estatus geopolítico de alcance global.

El origen inmediato del conflicto hay que situarlo en la insurrección de 1895, que desencadenó la conocida como Guerra de la Independencia cubana. El levantamiento frente al dominio español evidenció la incapacidad de la metrópoli para sofocar la disidencia, al tiempo que se adoptaban medidas de una dureza extrema contra la población. Es el caso de la política de reconcentración del general Valeriano Weyler, precedente de los campos de concentración, que costó la vida a más de 100.000 cubanos debido al hambre y las enfermedades.

Prensa amarilla

Estas medidas generaron una creciente presión internacional, especialmente en EE.UU., donde intereses económicos y una opinión pública influida por la prensa sensacionalista o “amarilla” (yellow journalism) favorecieron la intervención bélica. El pretexto se basó en un deber humanitario y solidario con la sangre cubana derramada, “que ha herido el sentido moral del pueblo de los Estados Unidos y afrentado la civilización cristiana”. Y todo ello, olvidando la inestimable y esencial ayuda española, un siglo antes, en el proceso de independencia de las Trece Colonias del Reino Unido.

La explosión del acorazado USS Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898, no suficientemente esclarecida y considerada por algunos investigadores incluso como una operación de falsa bandera, supuso la justificación definitiva para la entrada estadounidense en guerra. Se trata, pues, de un proceso calculado de escalada de tensiones que combinó factores políticos, económicos y mediáticos en el contexto de un cambio de poder colonial en el área del Caribe y el Pacífico. Todo ello por mor de la Doctrina Monroe, con el claro objetivo final de anexionar o adquirir la isla.




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Posiblemente, si el gobierno español hubiera cumplido los compromisos contraídos al firmar la Paz de Zanjón (1878) y hubiera dotado a sus posesiones ultramarinas de una justa autonomía, como había comenzado a hacer el Reino Unido, se habría podido desactivar el movimiento emancipador y tal vez se hubiera evitado el choque armado con EE. UU.

La construcción premeditada de una declaración de guerra

Tras semanas de creciente tensión, el primer mandatario de EE. UU., William McKinley, remitió al Congreso, el 11 de abril de 1898, un mensaje solicitando autorización para intervenir en Cuba. Inicialmente evitó una declaración explícita de guerra, optando por enmarcar la acción en términos humanitarios y de protección de los intereses estadounidenses. Sin embargo, el Congreso, influido por la opinión pública y por actores políticos expansionistas, como el entonces subsecretario de Marina y futuro presidente, Theodore Roosevelt, dio un paso más allá. El 19 de abril se aprobó una resolución conjunta de las dos cámaras reconociendo la independencia de Cuba y exigiendo la retirada inmediata de las fuerzas españolas de la isla.

Este documento incluía la conocida Enmienda Teller, aprobada por el Senado el día anterior. Por medio de esta, EE. UU. se comprometía formalmente a no anexionarse Cuba tras el conflicto, en un intento de legitimar la intervención como una acción altruista y no imperialista. La presencia armada se justificaba con el fin de pacificar de la isla. El texto señalaba la “determinación de que, cuando se hayan alcanzado estos objetivos, dejará el gobierno de la Isla a su pueblo”. La resolución equivalía, en la práctica, a un ultimátum.

España, bajo la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, que encarnaba la continuidad institucional durante la minoría de edad de Alfonso XIII, respondió rompiendo relaciones diplomáticas el 21 de abril, lo que precipitó los acontecimientos.

Ese mismo día, la Armada estadounidense inició el bloqueo de Cuba. Un acto de guerra de facto que precedió a la declaración formal del 25 de abril. Jurídicamente, esta secuencia es relevante, pues el conflicto comenzó materialmente antes de ser reconocido oficialmente, lo que obligó al Congreso a introducir una cláusula retroactiva. La disposición establecía que el estado de guerra existía desde cinco días antes.

Esta retroactividad fue una decisión con implicaciones legales, que daba cobertura jurídica a las operaciones militares ya iniciadas, la captura de buques y la aplicación del derecho de guerra. Una medida que refleja la importancia de dotar de cobertura jurídica a acciones que, en la práctica, ya estaban en curso.

Los desastres de la guerra

Desde la perspectiva estratégica, la declaración formalizó una guerra breve, diplomáticamente calculada y cuidadosamente preparada. EE. UU. había acelerado su programa de modernización naval en las décadas anteriores, lo que le permitió entrar en conflicto con una clara superioridad material. Por el contrario, España, bajo el Gobierno presidido por Práxedes Mateo Sagasta, se vio empujada a un conflicto bélico para el que no estaba plenamente preparada. Culminaba de este modo un estado de guerra casi permanente durante todo el siglo XIX. España poseía unas capacidades militares especialmente obsoletas en el ámbito naval y vivía una gran presión fundamentada en el honor nacional, lo que explica la dificultad política de aceptar el ultimátum sin combatir.

Las derrotas de los almirantes Patricio Montojo y Pascual Cervera frente al comodoro George Dewey y al almirante William T. Sampson en las batallas de Cavite (1 de mayo de 1898) y de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898) sellaron el destino del conflicto en apenas ocho meses.

Ramón y Cajal, visionario

Algunos de los más agudos y acertados análisis sobre este conflicto bélico se los debemos al Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, quien estuvo destinado durante 14 meses en Cuba, entre 1874 y 1875, como capitán médico durante la primera guerra de independencia, conocida como la Guerra de los Diez Años.

El 26 de octubre de 1898 escribía en el diario madrileño El Liberal:

“Llegado el duro trance de la guerra, nuestros quijotes políticos parecen tomar como valor actual la energía bélica del pasado, sin considerar que el mundo ha cambiado en torno nuestro, que los débiles de ayer se han hecho todopoderosos… Hemos caído ante los Estados Unidos por ignorantes y por débiles. Éramos tan ignorantes, que hasta negábamos su ciencia y su fuerza”.

En su obra autobiográfica Recuerdos de mi vida (1901), Cajal reflexiona sobre los desaciertos de la política ultramarina:

“¡Tan peligroso y arduo resultaba patentizar a los ojos del pueblo… que una nación de 90 millones de habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente a un país pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro asoladoras guerras civiles!”.

Y en su obra El mundo visto a los ochenta años, publicada en 1934, poco antes de su muerte, refiere como “en la guerra con los Estados Unidos no fracasó el soldado o el pueblo (que dio cuanto se le pidió), sino un gobierno imprevisor, desatento a los profundos e incoercibles anhelos de las colonias, e ignorante de las codicias solapadamente incubadas, como del incontrastable poderío militar de Yanquilandia”.

El nacimiento de una nueva potencia mundial

El 12 de agosto de 1898 el gobierno español firmó un armisticio con EE. UU., tras una breve guerra en la que apenas perdieron 300 hombres en combate frente a unos 1 000 españoles.

La firma del Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, formalizó el fin de las hostilidades y supuso la cesión de Cuba (bajo tutela), Puerto Rico, Filipinas y Guam (la mayor de las islas del archipiélago de las Marianas) a EE.UU. y el colapso definitivo del imperio español. Esto generó una absoluta crisis moral, política y social en la Península, popularmente conocida como el “Desastre del 98” y un proceso de reacción popular y político que fraguó en el movimiento regeneracionista liderado por Joaquín Costa.

Desde la perspectiva militar, la derrota puso de manifiesto la necesidad de modernización de las Fuerzas Armadas y de revisión de la doctrina estratégica española.

Sin embargo, para EE. UU. la guerra representó su consolidación como potencia emergente con proyección global, marcando el inicio de una política exterior más activa e intervencionista. Ocho años después, en 1906, cuando le otorgaron a Cajal el Premio Nobel de Medicina, le concedieron también el Premio Nobel de la Paz al entonces presidente Theodore Roosevelt.

Al tener noticia de este hecho, Cajal comentó:

“¿No es el colmo de la ironía y del buen humor convertir en campeón del pacifismo al temperamento más impetuosamente guerrero y más irreductiblemente imperialista que ha producido la raza yanqui?”.

En suma, la declaración de guerra del 25 de abril de 1898 constituye un caso paradigmático de notable interés desde la perspectiva jurídico-política y estratégica. Muestra cómo las democracias modernas formalizan el paso de la tensión a la guerra, integrando legitimidad interna, narrativa pública, cálculos diplomáticos y acción militar efectiva.

Su devenir y resolución dieron lugar a la reconfiguración del equilibrio de poder a finales del siglo XIX, que inauguró una nueva etapa en la historia militar y política internacional.

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Francisco López-Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos cuenta la guerra entre EE. UU. y España por Cuba sobre el intervencionismo y la geopolítica actual? – https://theconversation.com/que-nos-cuenta-la-guerra-entre-ee-uu-y-espana-por-cuba-sobre-el-intervencionismo-y-la-geopolitica-actual-282328

Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agata Kasprzak, Profesora de Psicología y terapeuta, Universidad Francisco de Vitoria

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Hay decisiones que no se toman en voz alta. Se toman en silencio, cuando uno repasa la discusión con su pareja una y otra vez y se pregunta si debería dejarlo pasar o marcar un antes y un después.

Tras una mentira, un comentario hiriente o una falta repetida de respeto, muchas personas se enfrentan a una disyuntiva: perdonar y seguir adelante o poner límites y arriesgar la relación de pareja.

Perdonar parece generoso. Poner límites, necesario. Pero ¿y si no fueran opciones opuestas? Quizá el verdadero problema no esté en la ofensa, sino en cómo entendemos el perdón.

Culturalmente hemos aprendido a asociar el perdón con la generosidad y los límites con la dureza. Perdonar se percibe como un gesto noble, incluso a veces hasta moralmente superior.

La culpa a la hora de poner límites

Poner límites, en cambio, suele interpretarse como frialdad, egoísmo o una amenaza para la continuidad de la relación. Muchas personas experimentan incluso culpa al hacerlo o empiezan a dudar de sí mismas: ¿estaré siendo demasiado exigente?, ¿no debería ser más comprensivo/a?, ¿significará poner límites amar con menos intensidad?

Esta manera de entenderlo alimenta una falsa dicotomía: o soy comprensivo y paso página o me protejo y arriesgo el vínculo.

Sin embargo, la investigación muestra que esta oposición es engañosa. El perdón en la pareja no consiste en “hacer como si nada” ni en tolerar cualquier conducta. Desde el punto de vista científico, implica un cambio motivacional profundo: disminuir el deseo de venganza y evitación y aumentar progresivamente la benevolencia hacia quien ha causado el daño.

Numerosos estudios indican que cuando el perdón genuino se asocia con mayor satisfacción relacional, la resolución de conflictos y la regulación emocional. Pero también señalan algo clave: el perdón que fortalece una relación no elimina los límites: se apoya en ellos.

No todo lo que llamamos “perdón” repara una relación. Desde una perspectiva psicológica, es posible distinguir entre un perdón genuino y lo que podríamos llamar pseudoperdón: cuando alguien dice haber perdonado, pero en realidad ha restado importancia a la herida o ha reprimido su propio dolor. Un perdón entendido así no sana el vínculo. Lo debilita. Lo deforma.

Cuando analizamos cómo funciona el perdón tras una ofensa concreta, una mentira, una traición o una falta repetida de consideración, entre otros muchos motivos, comprobamos que la gravedad percibida del daño influye directamente en el malestar posterior. Cuanto más grave se percibe la ofensa, mayor tienden a ser la rumiación, la evitación y el resentimiento.

Sin embargo, en una investigación reciente que hemos llevado a cabo con casi 600 personas en relaciones de pareja encontramos algo decisivo: la capacidad de mantener un equilibrio entre conexión emocional y autonomía, lo que en psicología llamamos diferenciación del self , modifica radicalmente este proceso. En personas con baja diferenciación, cuanto más grave era la ofensa, mayor era el malestar emocional y la tendencia a la evitación. En cambio, en quienes mostraban alta diferenciación, esa relación prácticamente desaparecía: podían reconocer el daño sin quedar atrapadas en él.

El perdón no es resignación

Perdonar no significa que todo siga igual. Significa que el daño no decide quién soy ni quién quiero ser. El perdón que repara no consiste en eliminar límites, sino en integrarlos. Implica reconocer la injusticia, expresar el impacto, pedir cambios si son necesarios y, desde ahí, decidir si se quiere perdonar. Sin límites claros, el perdón puede convertirse en resignación. Con límites saludables, puede convertirse en una oportunidad real de reparación.

El perdón no es una decisión impulsiva ni un acto de debilidad. Tampoco es un cheque en blanco. Para que realmente repare una relación de pareja necesita un reconocimiento claro del daño, la asunción de responsabilidad por parte de quien ha ofendido y cambios consistentes que devuelvan seguridad al vínculo.

Cuando estas condiciones no están presentes, perdonar puede convertirse en autoengaño o resignación. Pero cuando existen, el perdón deja de ser una amenaza para los límites y se transforma en un ejercicio de madurez emocional.

No se trata de elegir entre perdonar o poner límites. Se trata de comprender que el perdón genuino es, en sí mismo, una forma de límite: delimita lo que fue injusto, marca lo que no puede repetirse y abre la posibilidad de reconstruir sin borrar lo ocurrido.

Quizá el verdadero dilema no sea perdonar o poner límites, sino si estamos dispuestos a hacer ambas cosas al mismo tiempo.

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Agata Kasprzak no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ni pasar página ni romper: equilibrio en la pareja – https://theconversation.com/ni-pasar-pagina-ni-romper-equilibrio-en-la-pareja-276350

¿Cuánto pesan las nubes? El gran problema energético de normalizar el uso de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

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Durante años hemos hablado de “la nube” como si los datos flotaran en un espacio limpio, abstracto y casi sin coste. La expansión de la inteligencia artificial ha empezado a romper esa ilusión. Porque lo digital no es inmaterial: detrás de cada consulta, cada archivo y cada automatización hay una infraestructura física que exige energía, refrigeración, materiales y territorio. Y, cuanto más ligera parece una tecnología en la pantalla, más fácil resulta olvidar el peso real que desplaza fuera de nuestra vista.

Ese es uno de los grandes malentendidos de la era digital. Hemos aprendido a asociar lo visible con lo material y lo invisible con lo limpio. Una fábrica, una carretera o una central eléctrica nos parecen inmediatamente “pesadas”. Un algoritmo, una plataforma o un asistente de inteligencia artificial, no. Pero esa diferencia es engañosa: la tecnología digital no ha dejado atrás la materia, sino que simplemente la ha redistribuido y la ha hecho menos perceptible.

La desaparición de la máquina es una ilusión

La promesa cultural de lo digital siempre ha sido la ligereza. Menos papel, menos objetos, menos desplazamientos, menos fricción. En parte, esa promesa tiene algo de verdad, ya que muchos procesos se han vuelto más rápidos y algunos recursos se usan de forma más eficiente. Pero eso no significa que la tecnología se haya desmaterializado.

En realidad, la máquina solo ha salido del campo visual del usuario. Cada correo almacenado, cada vídeo reproducido, cada foto “guardada en la nube”, cada documento resumido por una IA depende de una cadena física: centros de datos, servidores, equipos de red, sistemas de respaldo, refrigeración, cableado y dispositivos.

El soporte no ha desaparecido; se ha alejado. Y esa distancia importa, porque, cuando no vemos una infraestructura, tendemos a pensar menos en sus límites, en sus costes y en quién los asume.

La IA no crea el problema, pero lo amplifica

La inteligencia artificial no ha inventado la materialidad de lo digital, lo que ha hecho es intensificarla y volverla más difícil de ignorar. El debate se ha centrado en el entrenamiento de grandes modelos y en su elevado coste computacional. Sin embargo, el verdadero cambio no se juega únicamente ahí, sino en el momento en que la IA deja de ser excepcional y pasa a integrarse en el uso cotidiano.

Durante años, internet pudo seguir presentándose como una capa relativamente abstracta de servicios. La IA ha cambiado eso porque ha devuelto al centro la cuestión del cálculo. De repente, el debate público habla de chips, centros de datos, consumo energético y necesidades de refrigeración. De hecho, la escala ya es visible. Según la Comisión Europea, los centros de datos consumen en torno a 415 teravatios-hora (TWh) al año y podrían alcanzar 945 TWh en 2030. El Departamento de Energía de Estados Unidos, además, estima que su consumo pasó de 58 TWh en 2014 a 176 TWh en 2023. No porque esos elementos sean nuevos, sino porque el salto de escala empieza a hacerse visible.

Pero esa materialidad no solo se mide en energía: también se experimenta en el territorio. Hay un aspecto del que se habla poco: la proximidad. A diferencia de otras infraestructuras industriales, los centros de datos no se sitúan a decenas de kilómetros de donde vivimos. Necesitan estar cerca de los núcleos urbanos por razones de conectividad e infraestructura. Mientras que una mina o una central pueden estar lejos, el centro de datos que sostiene esa “nube” puede ubicarse, literalmente, al lado.

Esa cercanía tiene consecuencias. Implica sistemas de refrigeración que funcionan de forma continua, ruido persistente y una presencia física que transforma el entorno inmediato. Cada vez más, las comunidades cercanas perciben un cambio en su calidad de vida cuando uno de estos centros se instala en los alrededores.

Por ejemplo, en el condado de Fairfax (Virginia, Estados Unidos), la contestación vecinal llevó a reformar la normativa urbanística para responder a preocupaciones sobre ruido, diseño y proximidad a zonas residenciales. En el condado de Loudoun, otro gran enclave de centros de datos situado en Virginia, las propias autoridades locales reconocen que el ruido figura entre las principales quejas ciudadanas. Y en Le Bourget, en el entorno de París, la oposición a nuevos proyectos se ha articulado también en torno al ruido, el calor y la cercanía a áreas habitadas y escolares.

Consumo anual de electricidad de los centros de datos en equivalentes de consumo eléctrico doméstico y concentración espacial de las distintas instalaciones en relación con su proximidad a las zonas urbanas.
IEA, CC BY-SA

El problema, por tanto, no es solo el coste de entrenar un modelo, sino lo que ocurre cuando ese modelo se integra de forma transversal en buscadores, herramientas de productividad, atención al cliente o plataformas educativas. En ese momento, la IA deja de ser una novedad y pasa a normalizarse y convertirse en una capa estructural del sistema.

Lo pequeño, cuando se escala, no lo es tanto

Una sola consulta –un resumen, una traducción, una imagen, una corrección de estilo– parece irrelevante. Nada de eso, visto de forma aislada, parece especialmente grave. Pero la infraestructura digital no se diseña para responder una vez, sino para responder millones de veces, sin interrupción y con tiempos de respuesta competitivos.

Ahí cambia todo. Antes buscábamos información; ahora esperamos respuestas generadas. Antes redactábamos desde cero; ahora pedimos borradores. Antes editábamos una imagen; ahora la producimos desde una instrucción. Cada gesto parece pequeño. La suma no lo es.

En el libro El Principito, el problema del planeta no eran las grandes catástrofes repentinas, sino los baobabs. Sus semillas casi invisibles que parecían inofensivas al principio y que, si nadie las arrancaba a tiempo, acababan ocupándolo todo. La imagen sigue siendo útil. Muchas transformaciones tecnológicas no se vuelven problemáticas cuando irrumpen, sino cuando se vuelven costumbre. Cuando entran en la rutina sin que nadie se pregunte demasiado qué exigen del mundo para funcionar.

Pensar también calienta

Hay, además, un aspecto poco intuitivo que suele quedar fuera del debate público: además de consumir energía para procesar información, los sistemas digitales también necesitan recursos para disipar el calor que generan.

Extracción y consumo de agua en centros de datos en el Escenario Base, 2023 y 2030.
IEA, CC BY-SA

Esto se vuelve especialmente relevante con la inteligencia artificial. A medida que crece la intensidad de cálculo, aumenta la densidad de potencia y el problema térmico gana protagonismo. En los centros de datos, no basta con alimentar los equipos: hay que mantenerlos dentro de condiciones térmicas estables. Cuanto más cálculo, más exigencia de refrigeración. Un estudio publicado en Nature señala que las tecnologías de refrigeración convencionales pueden llegar a representar hasta el 40 % de la demanda energética total de un centro de datos.

Ese detalle obliga a mirar la tecnología de otra manera. Aparte de electricidad, la IA requiere una infraestructura térmica más intensa y, en algunos contextos, mayor presión sobre el agua o sobre sistemas de enfriamiento más complejos.

Dicho de otro modo: cuando pedimos más “inteligencia” a una máquina, también estamos pidiendo más capacidad para sostener físicamente esa inteligencia.

La verdadera alfabetización digital

El problema de fondo no es solo energético. Es cultural. Durante años, hemos entendido la alfabetización digital como la capacidad de usar herramientas: buscar, compartir, automatizar, aprovechar plataformas. Pero esa definición ya no basta. Hoy necesitamos otra forma de alfabetización, que nos enseñe a ver la infraestructura detrás de la interfaz.

No solo qué hace una tecnología, sino qué necesita para existir. No solo qué automatiza, sino qué recursos moviliza. No solo qué ahorra, sino qué desplaza.

Eso no implica demonizar la innovación ni defender una nostalgia analógica. La cuestión no es renunciar a la inteligencia artificial o a la digitalización; la cuestión es dejar de tratarlas como si fueran ligeras por naturaleza.

Quizá, el gran truco cultural de la era digital ha sido hacernos creer que, como no vemos el peso de la tecnología, ese peso ha desaparecido. Pero no ha desaparecido, solo se ha movido.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

Carolina González Cambero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuánto pesan las nubes? El gran problema energético de normalizar el uso de IA – https://theconversation.com/cuanto-pesan-las-nubes-el-gran-problema-energetico-de-normalizar-el-uso-de-ia-280835

¿Quién da información en las crisis sanitarias? El hantavirus reabre el debate sobre las fuentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariola Moreno, Investigadora en el ICS, Universidad de Navarra

Visual Generation/Shutterstock

Estos últimos días, muchos hemos experimentado una inevitable vuelta al pasado, concretamente al 31 de enero de 2020, cuando se confirmó el primer caso de covid-19 en España en La Gomera.

Más de seis años después, Canarias ha vuelto a estar en el foco mediático, esta vez por los casos de hantavirus detectados en un crucero internacional cuyos pasajeros fueron evacuados en el puerto de Granadilla (Tenerife).

Sí, se trata de situaciones diferentes, pero tienen algo en común: la rapidez informativa. Ante una crisis sanitaria, la urgencia acaba marcando la forma de comunicar. Esta celeridad en momentos críticos hace que se tienda a explicar menos de lo que la ciudadanía necesita entender, que el foco se vaya por otros derroteros y la crisis sanitaria derive a una crisis política.

Ocurrió con el coronavirus y lo estamos viendo con el hantavirus. ¿Entonces, se están repitiendo las dinámicas informativas que vimos entonces?

El relato de los hechos sin fuentes gubernamentales

El caso saltó a la agenda pública tras detectarse un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, notificando casos de personas fallecidas e infectadas. Esta situación obligó a activar protocolos internacionales de control sanitario y que los organismos competentes hablasen de qué plan ejecutar para evacuar a los pasajeros.

Ante este contexto, los medios españoles inicialmente relataban hechos factuales sobre la situación en el barco sin usar la fuente gubernamental en la descripción de los hechos concernientes al virus y las implicaciones de este.

Pero el foco mediático cambió el 4 de mayo, cuando Cabo Verde y Marruecos no permitieron el atraque del crucero. Desde entonces, la crisis dejó de ser solo una cuestión sanitaria y paso a un primer plano en el debate político.
Las diferencias entre el Gobierno central y el Gobierno de Canarias, las negociaciones con la Organización Mundial de la Salud y las declaraciones institucionales comenzaron a ocupar gran parte de la cobertura mediática, algo similar a lo que ocurrió durante la pandemia.

Cuando una crisis avanza con rapidez, el debate político suele ganar espacio frente a las explicaciones científicas y los ciudadanos pueden encontrar dificultades para obtener información valiosa sobre cuestiones claves. De hecho, una investigación mostró que las fuentes más utilizadas por las agencias de prensa en España en la pandemia fueron líderes políticos nacionales y autonómicos, tanto de los gobiernos como de los partidos de la oposición, circunstancia que se está reproduciendo de igual manera en la crisis del hantavirus.

Las declaraciones institucionales, las diferencias entre administraciones y la gestión del crucero han tenido más protagonismo que las explicaciones sobre el propio virus, y eso tiene consecuencias. Cuando la información se centra sobre todo en el conflicto político, muchas personas pueden sentirse más confundidas o inseguras.

Las fuentes en las crisis sanitarias

La pandemia dejó una lección importante: en una crisis sanitaria, no todas las voces ayudan igual a la ciudadanía. Y también dejó como precedente una auténtica “infodemia”, es decir, una sobreabundancia de información que, lejos de aclarar, muchas veces generó más temor y confusión.

Los políticos son necesarios para informar sobre decisiones, medidas o protocolos. Pero quienes realmente pueden explicar una enfermedad son los médicos, científicos y expertos en salud pública. Ellos están capacitados para responder a las preguntas que más preocupan a la gente: cómo se transmite un virus, qué riesgos existen o qué medidas deben tomarse.

Por un lado, se trata de ofrecer información verificada para reducir la incertidumbre propia de las crisis; y, por otro, de contrarrestar la desinformación que tiende a aparecer en estos contextos excepcionales. Así se evita, a su vez, que la cobertura mediática se encuadre en los intereses políticos y electorales, cada vez más presentes en el contexto de campaña permanente.

Los líderes viven sometidos al escrutinio constante de una ciudadanía que demanda información, transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, cuando una crisis avanza muy rápido, las voces políticas suelen ocupar más espacio en los medios. Comparecen constantemente, generan titulares y marcan el ritmo de la actualidad, en ocasiones generando una sobreabundancia informativa que no ayuda a entender mejor el virus (solo entre el 12 de marzo y el 31 de mayo de 2020, el Gobierno de España llevó a cabo 166 comparecencias).

Y mientras tanto, las explicaciones científicas quedan muchas veces en segundo plano.

Idénticas dinámicas

Con el hantavirus ha vuelto a verse esa misma dinámica. Se ha hablado mucho del conflicto político alrededor del crucero, del choque de competencias y responsabilidades políticas, pero bastante menos sobre el propio virus y sus riesgos reales, cuya confusión se percibe en la opinión pública.

En el análisis de los teletipos de Europa Press de la primera semana de mayo vemos la conexión discursiva entre “Gobierno” y “Canarias” (siendo además las dos palabras más frecuentes en el total de datos recogidos), así como la recurrencia a fuentes institucionales para elaborar sus informaciones, mientras que científicos y expertos en la materia no aparecen entre los más recurrentes.

Por eso, una de las grandes lecciones pendientes sigue siendo dar mayor espacio mediático a las fuentes expertas y rigurosas. Porque, en una crisis sanitaria, la ciudadanía no solo necesita información rápida, necesita entender qué está ocurriendo y cómo proteger su salud. Y ahí los medios deben cumplir, una vez más, su función social.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién da información en las crisis sanitarias? El hantavirus reabre el debate sobre las fuentes – https://theconversation.com/quien-da-informacion-en-las-crisis-sanitarias-el-hantavirus-reabre-el-debate-sobre-las-fuentes-282435

El clima laboral, clave para evitar el ‘mobbing’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Sacristán Rodríguez, Profesor del Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Europea Miguel de Cervantes

El clima laboral es determinante para la salud mental de los trabajadores. Vitaly Gariev / Unsplash., CC BY

Un problema de las organizaciones en la actualidad es que suelen estar encabezadas por personas que dirigen, ordenan, persuaden… pero no lideran. Así, en muchas de ellas, el problema no es la falta de talento, sino la incapacidad para retenerlo. Reclutar personal constantemente no siempre es señal de crecimiento sino, muchas veces, de déficits internos tales como liderazgo débil, falta de desarrollo o ambientes laborales poco saludables en los que puede aparecer un clima negativo, o incluso tóxico.

Invertir en las personas, escucharlas y crear condiciones donde quieran quedarse, no solo reduce costes: fortalece la cultura organizacional de la empresa, mejora sus resultados a largo plazo, fomenta un clima laboral positivo y, a su vez, evita posibles cuadros de estrés.

El clima laboral importa

Cada empresa tiene su propio clima laboral, que puede ser percibido como un entorno de confianza, crecimiento y progreso, o como un escenario de inseguridad, malestar o terror. Es importante señalar que no se puede hablar de un único “clima”, sino de la existencia de subclimas que coexisten simultáneamente. Así una unidad dentro de una misma organización puede tener un clima excelente, mientras que en otra unidad puede ser muy deficiente.

Este aspecto podría diferenciar las empresas de éxito de las que no lo son: mientras un clima agradable se orienta hacia los objetivos empresariales, su opuesto destruye el ambiente de trabajo, ocasionando situaciones de conflicto, bajo rendimiento, desgana, indiferencia o absentismo laboral, a la vez que hace crecer los niveles de estrés de los empleados.

El termómetro del estrés

Existen dos tipos de estrés en el ser humano: el eustrés y su antagonista, el distrés. El primero es la vivencia positiva del estrés: es aquel que mantiene activo el cerebro para realizar las actividades diarias a tiempo. Al contrario, el distrés hace referencia a su vivencia negativa, lo que todos vulgarmente mal llamamos estrés. Surge cuando la persona se enfrenta a cargas y situaciones que superan su capacidad de respuesta.

Cabe reseñar que el distrés es un mecanismo de defensa que posee nuestro organismo humano, una señal, una advertencia inequívoca ante una amenaza. Así un clima laboral positivo establece buenos canales comunicativos entre los superiores y los subordinados, un elevado grado de colaboración y cooperación entre sus miembros, un liderazgo sólido y eficaz. Promueve la carrera profesional de los empleados, les genera además un elevado grado de satisfacción y establece unas condiciones físicas saludables para el desempeño del trabajo.

Caldo de cultivo para el mobbing

Sin embargo, cuando el clima laboral es negativo, puede favorecer casos de acoso laboral o mobbing, definido como “hostigamiento al que, de forma sistemática, se ve sometida una persona en el ámbito laboral, y que suele provocarle serios trastornos psicológicos”. Según los últimos datos de la organización Internacional del Trabajo, el 22 % de la población padece esta forma de maltratato psicológico.

La violencia en el ámbito laboral preocupa cada vez más, ya que afecta a la calidad de vida de las personas, repercute sobre su dignidad y tiene consecuencias no solo a quien lo sufre, sino a todo su entorno personal y laboral.

Por todo ello, el trabajo organizado de forma eficiente, óptima, correcta y garantizando la satisfacción, la integridad y la dignidad de los empleados constituyen en sí mismo un medio para evaluar la salud del trabajador, entendida desde un punto de vista holístico.

En nuestra sociedad, el centro de trabajo constituye un lugar destacado e importante en nuestras vidas, debido a que en el pasamos unas ocho horas diarias o más. Por ello, todos debemos de cuidar el clima laboral en el que estamos inmersos. En especial, las personas al mando son responsables de marcar esas líneas maestras dentro de los planes estratégicos empresariales, en su cultura de misión, visión y valores. Estos deben estar presentes en cualquier organización que se precie como tal.

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José María Sacristán Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El clima laboral, clave para evitar el ‘mobbing’ – https://theconversation.com/el-clima-laboral-clave-para-evitar-el-mobbing-279472

Guía para elegir y consumir bebidas isotónicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Martínez Sanz, Profesor Titular. Dpto de Enfermería. Grupo de Investigación en Dietética Aplicada, Nutrición y Composición Corporal (DANuC)., Universidad de Alicante

Adamov_d/Shutterstock

Haciendo ejercicio físico, es inevitable echarse a sudar. Se debe a que el 80 % de la energía producida para la contracción muscular se libera en forma de calor. Y claro, conviene eliminar ese calor a toda prisa antes de que provoque un aumento de la temperatura corporal que impida a nuestro organismo funcionar correctamente.

Sudar supone una pérdida de líquido interno que puede llegar a un ritmo de 3 litros/hora. Hablamos de un líquido que, lejos de ser agua pura, lleva diluidos electrolitos, esto es, minerales necesarios para nuestras funciones vitales. De ahí la importancia de reponerlos tanto durante como después de estar físicamente activos.

Una bebida deportiva está formulada, precisamente, para cubrir tres necesidades fundamentales: aportar hidratos de carbono que mantengan una concentración adecuada de glucosa en sangre y retrasen el vaciado de los depósitos de glucógeno; reponer electrolitos, principalmente sodio; y evitar la deshidratación, proporcionando agua.

Las bebidas deportivas disponibles en el mercado se presentan listas para consumir o en polvo, con una amplia gama de sabores que mejoran su palatabilidad. Generalmente, la concentración recomendable de hidratos de carbono es del 6-8 % (6-8 g por cada 100 ml) y la concentración de sodio debe estar dentro del rango 20-40 mmol/L (46-92 mg/100 ml).

¿Glucosa, fructosa o edulcorantes?

Las bebidas deportivas bajas en calorías o sin azúcar pueden ser útiles cuando se busca ingerir líquidos sin consumir carbohidratos. Concretamente, en protocolos de entrenamiento con baja disponibilidad de hidratos de carbono o train low, usando la terminología anglosajona.

En una actividad física más intensa, es preferible optar por las que contienen carbohidratos de transporte múltiple (por ejemplo, glucosa y fructosa), en lugar de las que solo incorporan glucosa. De este modo reducimos las molestias gastrointestinales a la vez que contribuimos a que los hidratos de carbono se oxiden.

Por otra parte, existen variedades que pueden contener hasta un 14 % de hidratos de carbono. Están diseñadas para suplir las elevadas necesidades energéticas durante el ejercicio de ultrarresistencia, es decir, el que dura más de 6 horas.

¿Cómo y cuándo consumir bebidas deportivas?

Las bebidas deportivas permiten cubrir las necesidades de energía, líquidos y electrolitos tanto antes como durante y después del ejercicio físico. Se recomienda recurrir a ellas en sesiones de más de 1 hora de duración, sin descartarlas en sesiones más breves pero intensas o con alta sudoración.

Si se consume inmediatamente antes de comenzar la práctica deportiva, puede mejorar el estado de hidratación previo. Además, pueden ayudar a cumplir con las recomendaciones generales de 500 ml de líquido en las 2 horas previas a la práctica físico-deportiva. Durante el ejercicio, promueve tanto la hidratación como el aporte energético, ayudando a prolongar el esfuerzo. Y si se consume después del ejercicio, es ideal para reponer líquidos y glucógeno.

La cantidad de bebida deportiva a ingerir depende de los objetivos y las necesidades individuales de cada deportista, la intensidad y duración del ejercicio, y las oportunidades para beber, que vienen determinadas por el tipo de práctica deportiva.

Malas para la salud dental

Las bebidas deportivas no son necesarias en todas las sesiones de entrenamiento, por lo que resulta fundamental ajustar su uso a situaciones en las que realmente puedan ser de utilidad.

Por otro lado, se ha demostrado que contribuyen a la erosión dental como consecuencia de su elevado contenido en azúcares. Para minimizar su impacto, conviene reducir el tiempo de contacto de la bebida con los dientes y evitar “enjuagarnos” la boca con ella.

Una botella exprimible resulta una buena opción, ya que dirige el líquido hacia la parte posterior de la boca. Otra opción es enjuagarse la boca con agua inmediatamente después de consumir la bebida deportiva.

Cuando las bebidas deportivas producen dolor de tripa

Algunos deportistas sufren molestias gastrointestinales al ingerir bebidas deportivas. Este malestar se puede prevenir con un “entrenamiento del intestino”, que consiste en consumir un volumen y una concentración progresivamente mayores durante los entrenamientos. De este modo, el intestino desarrolla una mayor capacidad para absorber hidratos de carbono sin molestias.

También suele funcionar optar por bebidas deportivas con mezclas de carbohidratos de transporte múltiple (glucosa, fructosa, maltodextrinas, entre otros), especialmente si se consumen hidratos de carbono a un ritmo elevado (más de 60 gramos por hora).

En cuanto al volumen de bebida a ingerir, depende de las necesidades individuales, la intensidad y duración del ejercicio, así como las oportunidades para pararse a beber durante la práctica deportiva. Si es posible espaciar la frecuencia de las tomas cada 15 a 20 minutos, se recomienda dar sorbos de 150-250 ml.

¿Y a qué temperatura? Lo ideal es que esté fresca, en un rango de entre 10 ºC y 20 ºC, que es óptimo para favorecer el vaciado gástrico.

Temperaturas muy frías podrían ralentizar la absorción, mientras que temperaturas por encima de 20 ºC no son apetecibles y podrían provocar un menor consumo. En ambientes muy calurosos, puede resultar interesante agregar cúbitos de hielo a la bebida, para mantenerla fresca y mejorar su palatabilidad.

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José Miguel Martínez Sanz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Guía para elegir y consumir bebidas isotónicas – https://theconversation.com/guia-para-elegir-y-consumir-bebidas-isotonicas-276004

¿Por qué nos hace gracia un rótulo? Pantomima Full y el arte del paratexto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Soto Zaragoza, Profesor de Literatura Española, Universidad de Almería

Captura del _sketch_ de Pantomima Full sobre los periodistas. Pantomima Full/YouTube

Subieron el primer vídeo a su canal de YouTube hace casi diez años y, desde entonces, el dúo Pantomima Full se ha granjeado un éxito más que considerable. Lo integran los cómicos Rober Bodegas y Alberto Casado, quienes, aunque recientemente han desarrollado espectáculos en directo o la serie Entrepreneurs (2025), se hicieron muy populares por sus sketches humorísticos.

Aseguran en su propia web que en esos breves vídeos retratan “perfiles, costumbres y modas de la sociedad actual y de la gente que habita las ciudades y te viene a dar la chapa con mierdas a las que se han enganchado”. Bodegas y Casado se autodefinen bien y con gracia, pero la realidad es más profunda.

Suelen construir personajes muy definidos por una combinación de vestuario, gestos, muletillas y forma de hablar, de modo que cada vídeo funciona casi como una miniatura social, lo que en literatura llamamos “cuadro de costumbres”. Y ellos lo hacen con un humor tan satírico como certero.

Reírse del vecino (y también de uno mismo)

Una de las razones del éxito de estos sketches está en las dianas a las que apuntan. En sus cuadros de costumbres introducen tipos urbanos reconocidos por todos: el opositor, el que juega al pádel, el crossfitero, el tiktoker, el ofendidito, el divorciado, etc. Y consiguen que nos riamos de ellos, aunque también nos identifiquemos dolorosamente con los personajes que representan.

Ese blanco al que apuntan es casi siempre un estereotipo; es decir, un personaje predecible, marcado por una serie de rasgos repetidos y conocidos. Como el opositor que vive encerrado, el aficionado al pádel que se hace el entendido o el divorciado que trata de vivir una nueva juventud.

Una vez elegido el estereotipo, los Pantomima exageran esos rasgos que lo identifican, por lo que a menudo queda al descubierto una actitud impostada, que es la que genera risa. Así, para retratar a un outsider medio bohemio y cultureta, le hacen decir que no tiene televisión ni redes sociales, que no sabe a qué se dedica Rosalía ni quién es Messi, o que prefiere ir a la filmoteca antes que ver las películas actuales.

Vídeo “Outsider”. YouTube (30/11/2018)

Sin embargo, su humor no debe solo verse y escucharse en estos personajes estereotipados; también debe leerse. La parte más original de su propuesta, y la otra razón de su éxito humorístico, son los comentarios que acompañan a las imágenes.

Un recurso paratextual

El teórico francés Gérard Genette planteó en Palimpsestos (1982) y Umbrales (1987) el concepto de la “paratextualidad”. Como parte de una teoría mayor sobre las relaciones entre los textos, Genette concibió el paratexto para designar todo aquello que forma parte de un texto y lo “rodea”, pero que no es el texto en sí. Es decir, elementos como el título de un libro, un prólogo, las notas al pie, las ilustraciones, la portada, etc.

Genette no contempló el uso del paratexto como un recurso humorístico. Y es muy probable que la mayoría de quienes ven los sketches de Pantomima Full no sepan que existe ni a qué se refiere. Pero es también indiscutible que el dúo cómico ha hecho de este recurso una firma, y que la gente se ríe con él.

En sus vídeos hay dos niveles textuales básicos: lo que los personajes dicen y lo que, de tanto en tanto, aparece escrito en un letrero de unas pocas palabras. Esos rótulos no siguen el discurso del personaje, sino que lo comentan. Y la información que añaden es siempre sarcástica.

Por ejemplo, cuando parodian al estereotipo del “hombre performativo”, el personaje dice en tono serio y reflexivo “me he dado cuenta de que solo había leído a hombres y estoy intentando cambiarlo”. Inmediatamente después se le puede ver leyendo a Gloria Fuertes, junto con un texto sobreimpresionado en la pantalla que da a entender que todo es una pose para ligar.

Fotograma del vídeo en el que un hombre lee un libro de Gloria Fuertes mientras sobre la imagen se dice 'se deconstruye si es lo que te pone'.
Fotograma del vídeo ‘Hombre performativo’ de Pantomima Full.
YouTube

Además, con frecuencia esos letreros hacen humor por duplicado. Primero, comentando con malicia la actitud del personaje. Y segundo, incorporando algún juego de palabras. Es más sencillo comprenderlos que explicarlos, y más teniendo en cuenta que diseccionar un chiste le hace a menudo perder la gracia.

Pero valga como rápido ejemplo el vídeo “Famoso con novela”. En él, un escritor sin aparente calidad literaria “da la turra” con la manida metáfora de que cada libro es una puerta que lleva a un sitio diferente. El rótulo posterior desacredita a este escritor, y no puede tener más mordiente: “artura pereza verte”, en clara reminiscencia sonora y escrita del nombre de Arturo Pérez-Reverte, conocido “aleccionador”.

Estos ejemplos y otros cientos que podrían haberse puesto revelan que, en efecto, los Pantomima Full hacen humor a través del paratexto de sus sketches. No se trata solo de lo que el personaje dice o hace, sino también de lo que aparece escrito y lo comenta desde fuera: un letrero breve que remata, corrige o desmiente la escena y obliga a leerla con otra capa de sentido.

En su _sketch_ sobre cocineros, el protagonista dice '¿Sabes cuál es el plato que más me emociona? Las lentejas de mi abuela'. Después sale el texto que añade 'PUES HAZLAS'.
En su sketch sobre cocineros, el protagonista dice ‘¿Sabes cuál es el plato que más me emociona? Las lentejas de mi abuela’.
Pantomima Full/YouTube

Ahí está la gracia: la imagen y el texto no coinciden del todo, y de esa disonancia nace buena parte del efecto cómico.

Una teoría literaria para todos

Analizar los usos humorísticos del paratexto en Pantomima Full no sirve solo para comprender mejor sus sketches; también permite una reflexión más general. Este caso ejemplifica muy bien cómo la Teoría de la Literatura no es una disciplina extraña encerrada en las universidades y destinada solo a sesudas y complicadas reflexiones literarias. Es también un instrumento útil para comprender los productos culturales con los que convivimos a diario.


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Javier Soto Zaragoza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos hace gracia un rótulo? Pantomima Full y el arte del paratexto – https://theconversation.com/por-que-nos-hace-gracia-un-rotulo-pantomima-full-y-el-arte-del-paratexto-282112