El móvil en el aula: estrategias que funcionan más allá de la prohibición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Herrera Urízar, Profesor del Departamento de Didáctica y Organización Educativa, Universitat de Barcelona

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El debate sobre el móvil en la escuela ha dejado de ser una conversación de claustro para convertirse en política pública. En España, tras las recomendaciones del Consejo Escolar del Estado, el Ministerio de Educación y las comunidades autónomas han aprobado instrucciones que convergen en una misma dirección: el móvil personal debe estar apagado y guardado durante la jornada lectiva, salvo autorización expresa del profesorado. A eso se suma la tramitación de una ley para la protección de los menores en los entornos digitales, actualmente en las Cortes Generales.

La dirección regulatoria está clara. Lo que no está tan claro es si funciona sola.

Lo que dice la investigación

En nuestro libro Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas (Octaedro, 2025) ofrecemos una respuesta incómoda: prohibir el móvil no mejora por sí solo el rendimiento académico. Lo que sí marca diferencia es la formación del profesorado para gestionar su presencia (o su ausencia) con criterio pedagógico.

Algunos estudiantes reconocen que, tras la prohibición, atienden más en clase. Pero atender más no equivale a aprender a regular. El móvil no desaparece de la vida adolescente: cambia de escenario. Y cuando la norma no va acompañada de formación, solo funciona mientras hay vigilancia.

El otro problema es la incoherencia. Una madre del estudio lo resumía con precisión: “Se supone que el uso de móviles está prohibido, pero los profesores los piden para actividades como Kahoot… Así, la norma pierde coherencia”. Sin criterios acordados, la gestión queda en manos de cada docente, y el alumnado aprende que la norma depende del humor del día, no del centro.

La clave no es solo qué se decide sobre el móvil, sino cómo se decide, quién lo decide y con qué acompañamiento.




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Qué hacer y cómo hacerlo

A continuación, ofrecemos pautas para gestionar el móvil en los centros de manera eficaz y sostenible:

  • Formar al profesorado en gestión pedagógica, no solo en restricción: la formación docente es el factor que más consistentemente aparece vinculado a mejoras reales. No se trata de saber instalar una aplicación, sino de tener criterios claros: ¿en qué tipo de tarea el móvil añade valor y en cuál distrae sin compensación? ¿Cómo se comunica esa decisión al grupo?

    Esta formación debería incluir estrategias de gestión de la atención en entornos digitales, diseño de usos acotados con sentido pedagógico, y alfabetización digital integrada en las asignaturas, no como tema aparte, sino como parte del trabajo cotidiano.

  • Construir normas de centro acordadas, no solo transmitidas. Las normas que funcionan no son necesariamente las más estrictas, sino las más compartidas. Cuando el alumnado entiende el “porqué” de una restricción (y ha participado en su definición), la norma gana legitimidad sin necesidad de vigilancia constante.

    Esto requiere un proceso deliberado: acuerdos de claustro con criterios comunes, espacios de participación real del alumnado y comunicación clara a las familias. Sin ese trabajo previo, cada docente improvisa y la norma se convierte en ficción.

  • Enseñar autorregulación como contenido educativo. Las familias del estudio identifican con precisión el núcleo del problema: “No es utilizar el teléfono, el problema es todo lo que ven a través de él”. Si el problema es el hábito, la solución no puede ser solo retirar el objeto.

    Enseñar autorregulación digital no requiere una asignatura nueva: puede integrarse en Tutoría, analizando los propios datos de uso del alumnado; en Lengua o Ciencias Sociales, discutiendo cómo están diseñadas las plataformas para captar la atención; o en cualquier materia, practicando el cierre consciente del dispositivo cuando la actividad ha terminado.

  • Resolver la función logística del dispositivo. El móvil entra al aula, en muchos casos, por necesidad material: cuando no hay ordenadores disponibles o el aula de Informática está ocupada, es la única alternativa. Ignorar esto genera normas que se incumplen desde el primer día. Los centros que gestionan bien esta tensión son los que han separado dos preguntas distintas: ¿queremos reducir el uso distractivo del móvil personal? y ¿queremos integrar herramientas digitales en el aprendizaje? La respuesta puede ser sí a ambas, pero requieren estrategias diferentes. La segunda exige inversión en infraestructura, no solo en regulación.




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La pregunta útil

La pregunta útil no es “¿Prohibimos o permitimos?”, sino: “¿Cómo lograr que una decisión sobre el móvil tenga efecto real?” Prohibir puede ser una herramienta legítima y puntualmente eficaz. Pero prohibir sin formar, sin acordar y sin acompañar deja intacto el núcleo del problema.

Ese núcleo no está en el texto de la ley. Está en el aula del lunes por la mañana, donde el docente decide qué hace con veintitantos adolescentes y sus dispositivos. Con decreto o sin él, esa decisión sigue siendo suya. Y la diferencia entre una decisión informada y una improvisada no la hace la norma: la hace la formación.

The Conversation

Cristina Alonso Cano recibe fondos de Proyecto Jóvenes y móviles en el aula. Discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación / US’MOV Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación (PID2019-108041RB-I00), 2020-2022.

Gustavo Herrera Urízar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El móvil en el aula: estrategias que funcionan más allá de la prohibición – https://theconversation.com/el-movil-en-el-aula-estrategias-que-funcionan-mas-alla-de-la-prohibicion-277414

El móvil nos hace peores estudiantes, lo que nos lleva a refugiarnos más en él

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vicente Villalba Palacin, Adicción a Internet, Adicción al móvil, salud mental, desinformación, Universitat de Barcelona

PeopleImages/Shutterstock

Imaginemos a un universitario cualquiera: se sienta frente a los apuntes para empezar a estudiar, pero a los cinco minutos vibra el dispositivo. Este sencillo aviso actúa como una invitación a desviar su atención, activando un ciclo de gratificación instantánea que fragmenta su capacidad de concentración. Lo que comienza como una revisión de una notificación termina convirtiéndose en un largo periodo de consumo digital que desplaza la tarea académica.

Esta dinámica no es casual; responde a un diseño persuasivo que transforma el uso del smartphone en un patrón de conducta a menudo compulsivo. En un reciente estudio hemos analizado cómo el uso problemático de internet y el fenómeno del phubbing, acto de ignorar a otras personas para consultar el móvil, impactan en la capacidad cognitiva y emocional y en el rendimiento académico de los universitarios.

El perfil de la distracción

Nuestra investigación revela que el uso problemático de internet y el phubbing son fenómenos transversales a todos los universitarios, aunque existen ciertos matices. Al analizar la muestra de 875 estudiantes de 5 facultades de la Universitat de Barcelona, no hallamos diferencias por sexo o edad, algo que difiere de otros estudios donde tradicionalmente han señalado una mayor vulnerabilidad en las mujeres, por su uso de redes sociales, o en los alumnos más jóvenes.

Sin embargo, la titulación sí importa. Los alumnos que estudian grados con una mayor carga o estimulación digital, como por ejemplo Comunicación Audiovisual o ESCAC, muestran niveles de uso problemático más elevados en comparación con los de Educación.

En cuanto al rendimiento académico, los datos confirman una relación inversa preocupante que ya había sido detectada anteriormente: los estudiantes con un desempeño “excelente” muestran los niveles más bajos de uso problemático de internet o phubbing. Por el contrario, aquellos con calificaciones de “aprobado” o “notable” presentan una mayor dependencia digital y puntuaciones más altas en phubbing, lo que indica que el empleo desadaptativo del móvil está directamente asociado con un menor éxito en las aulas.




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‘Smartphone’ como analgésico emocional

El uso del móvil no es solo un hábito, sino un bucle alimentado por variables psicológicas. Por ejemplo, nuestros datos apuntan a que cuando una persona es impulsiva –le falta autocontrol– y se siente mal psicológicamente tiene mayor tendencia a usar internet de manera problemática e incurrir en el phubbing, es decir, en distraerse mirando el móvil cuando habla con otras personas.

Los estudiantes con niveles más altos de ansiedad y depresión tienen una probabilidad significativamente mayor de refugiarse en el dispositivo para aliviar estados emocionales negativos. Cuando este fenómeno se da en el aula, se distraen.


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Este círculo vicioso se retroalimenta. El malestar psicológico impulsa al estudiante hacia el móvil buscando alivio momentáneo, pero ese uso problemático genera una mayor fragmentación atencional y sentimientos de culpa, lo que a su vez incrementa el malestar y dificulta retomar el estudio con eficacia.

En nuestra muestra, el 49 % de los alumnos presenta niveles altos de phubbing, una conducta que se vincula directamente con una menor capacidad de autorregulación. Cuanto mayor puntúan en la escala de ansiedad, mayor es su probabilidad de incurrir en este tipo de comportamiento. Si tenemos en cuenta que la media de revisión del teléfono es de 150 veces al día, en los casos con un peor autocontrol esta frecuencia puede dispararse, consolidando dinámicas de uso compulsivas.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro?

Para entender qué ocurre realmente en el cerebro del estudiante, realizamos un experimento con 46 alumnos del grado en Comunicación Audiovisual midiendo su actividad electrodérmica (las respuestas físicas de la piel que indican activación emocional y atencional). Los resultados muestran un patrón claro: una mayor propensión a usar demasiado internet provoca un desajuste entre el nivel de atención y la activación emocional durante el desempeño de tareas académicas.

En concreto, al realizar actividades que requieren una alta demanda cognitiva, como es un examen, los estudiantes con mayor uso problemático muestran una disminución progresiva de la atención. Sin embargo, presentan una respuesta emocional elevada ante las exigencias de la tarea, lo que sugiere que su cerebro está reaccionando emocionalmente ante la dificultad de concentrarse para realizar la labor.




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Curiosamente, su atención solo parece estabilizarse ante estímulos digitales, como el consumo de contenido en pantalla. Esto demuestra que su sistema nervioso se ha habituado a procesar información bajo una estimulación constante, perdiendo eficacia en los procesos de estudio tradicionales que requieren calma y reflexión.

No es falta de ganas, es un conflicto de diseño

A la luz de estos datos, queda patente que el uso excesivo del smartphone impacta en el rendimiento académico más allá de provocar falta de interés o de disciplina. Las plataformas digitales entorpecen los procesos necesarios para sostener el esfuerzo cognitivo que una persona necesita para estudiar.

Los malos hábitos digitales (uso excesivo, falta de control en el tiempo de uso, consultar el móvil demasiado a menudo o interrumpiendo otras tareas) pueden surgir, además, precisamente como respuesta ante el malestar psicológico que produce esta falta de concentración. Es decir, al comenzar una tarea exigente cognitivamente, el esfuerzo nos empuja a “evadirnos” hacia tareas fragmentadas y sencillas como consultar las redes sociales.

En definitiva, el éxito académico no depende solo de la capacidad intelectual, sino también de nuestra habilidad para recuperar la voluntad y el autocontrol en un entorno diseñado, precisamente, para disminuirlos.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El móvil nos hace peores estudiantes, lo que nos lleva a refugiarnos más en él – https://theconversation.com/el-movil-nos-hace-peores-estudiantes-lo-que-nos-lleva-a-refugiarnos-mas-en-el-274600

Regeneración, metamorfosis, diversidad y adaptación: el secreto de los equinodermos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Pepino de mar de la especie _Stichopus herrmanni_. Frederic Ducarme. , CC BY-SA
Dos erizos de arrecife: Tripneustes ventricosus y Echinometra viridis (abajo).
Nick Hobgood / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Los erizos parecen alfileteros vivientes con armadura de carbonato cálcico; los pepinos de mar se asemejan a gusanos gigantes; las estrellas extienden sus brazos como flores marinas; las ofiuras se mueven con gracia serpentina, y los crinoideos, conocidos como lirios o estrellas pluma, despliegan brazos finos y ramificados que recuerdan a delicados abanicos vegetales.

A primera vista, clasificar juntos a estos animales parece un error taxonómico. Sin embargo, bajo esa diversidad de formas se esconde una de las historias evolutivas más sorprendentes de la naturaleza: la de los equinodermos, un filo que ha sobrevivido durante más de 500 millones de años en casi todos los rincones del océano.

Pepino de mar listo para la reproducción.
Noah Photo Library., CC BY-SA

El material secreto

Todos los equinodermos poseen un esqueleto interno, un armazón calcáreo con una microestructura única llamada estereoma.

Un conjunto de genes controlan el desarrollo de ese esqueleto, que consiste en osículos –huesecillos pequeños– de carbonato cálcico que pueden estar libres o fusionados, formando una estructura tridimensional porosa exclusiva de este filo.

En los erizos, los osículos se sueldan creando caparazones rígidos; en las estrellas se articulan, permitiendo flexibilidad; y en los pepinos se reducen a espículas dispersas en el tejido blando. El resultado es una enorme variedad de soluciones constructivas que parten siempre del mismo “ladrillo” básico.

Esa versatilidad es lo que ha permitido a los equinodermos conquistar desde arrecifes tropicales hasta fondos fangosos a miles de metros de profundidad.

Sorprendente ingeniería hidráulica

Otra innovación compartida es el sistema vascular acuífero, un mecanismo hidráulico único en el reino animal. Sus pies ambulacrales funcionan como pistones microscópicos que pueden extenderse, retraerse y adherirse con gran precisión.

Las estrellas de mar los utilizan para sujetarse firmemente y abrir bivalvos, un proceso lento pero eficaz que puede durar horas hasta que la concha cede. Los erizos emplean sus pies para caminar, anclarse en el sustrato e, incluso, ventilar el cuerpo, mientras que los crinoideos los convierten en abanicos vivientes capaces de filtrar diminutas partículas de plancton.

Estos pies se adhieren gracias a sustancias pegajosas secretadas por glándulas especiales, que les permiten fijarse y soltarse de forma controlada. El mecanismo combina presión hidráulica y adhesión bioquímica, lo que les confiere una fuerza y flexibilidad notables.

Este sistema descentralizado, sin un cerebro que lo coordine, logra mover miles de estructuras al unísono con gran precisión.

Estrella de mar de la especie Protoreaster linckii, nativa del océano Índico.
Adrian Pingstone / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Un truco de metamorfosis

Todos los equinodermos comienzan su vida como larvas bilateralmente simétricas que nadan libremente en la columna de agua. Estas diminutas formas planctónicas se alimentan de microalgas y constituyen un eslabón importante en las redes tróficas marinas.

Pero, durante la metamorfosis, sucede algo único: el lado izquierdo del cuerpo origina el rudimento juvenil y reorganiza la simetría en un plan pentarradial –cinco partes iguales alrededor de la boca–, mientras que partes del lado derecho se reducen o desaparecen. Es como si la arquitectura del cuerpo se derrumbara y se reconstruyera desde cero, cambiando de plano de simetría en pleno desarrollo.

Ningún otro filo animal realiza semejante proeza de transformación.

¿”Todo cabeza”?

Los estudios genómicos más recientes han añadido otra capa de asombro. Según un estudio de 2023, los genes que en otros animales forman la cabeza se expresan en casi todo el cuerpo de los equinodermos, como si fueran en gran parte “cabeza”.

Esta reorganización de los programas genéticos explica por qué su anatomía parece tan extraña comparada con otros deuteróstomos –filo de animales en cuyo desarrollo se forma primero el ano y luego la boca–, el grupo que incluye también a vertebrados como nosotros.

No es que los equinodermos carezcan de “tronco”, sino que la evolución ha reutilizado de forma insólita los planos de desarrollo que en otros animales definen la parte anterior del cuerpo.

Superpoderes regenerativos

A estas rarezas se suma un don que roza la ciencia ficción: la regeneración. Las estrellas de mar pueden reconstruir brazos completos y, en algunas especies, un solo brazo puede regenerar un cuerpo entero. Los pepinos de mar expulsan parte de sus órganos internos como estrategia defensiva y luego los regeneran por completo. Los erizos reemplazan sus espinas continuamente y reparan estructuras dañadas.

Estos procesos implican tanto células madre como desdiferenciación de tejidos adultos, lo que convierte a los equinodermos en verdaderos laboratorios vivientes de biología regenerativa. Para los científicos, estudiar estos mecanismos es una ventana hacia posibles aplicaciones en medicina regenerativa humana.

Ofiura de la especie Ophiopteris antipodum.
Wikimedia Commons., CC BY

Su papel en el ciclo del carbono

Además de su importancia ecológica, los equinodermos desempeñan un papel relevante en la química del océano. Al formar carbonato cálcico en su esqueleto, contribuyen al ciclo global del carbono.

Se estima que generan alrededor de 0,1 petagramos –100 millones de toneladas– de carbono inorgánico al año, una cantidad suficiente para influir en los balances de carbonatos en los fondos oceánicos. Sin embargo, esto no implica necesariamente un secuestro neto de CO₂, ya que parte del material puede disolverse antes de enterrarse en los sedimentos.

Crinoideos o lirios de mar.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Una lección evolutiva

Los equinodermos representan una de las lecciones más profundas sobre la evolución: tener un ancestro común no limita la diversidad, sino que proporciona las herramientas para una capacidad adaptativa extraordinaria. El estereoma, el sistema hidráulico y el desarrollo asimétrico funcionaron como un kit de construcción evolutivo tan versátil que permitió colonizar desde pozas intermareales hasta las profundidades abisales.

Cada grupo tomó estas innovaciones fundamentales y las moldeó según sus necesidades: los erizos perfeccionaron la defensa y el ramoneo; las estrellas dominaron la depredación activa; los pepinos se especializaron en el procesamiento de sedimentos; las ofiuras desarrollaron locomoción rápida, y los crinoideos regresaron al filtrado suspensivo con elegancia renovada.

La próxima vez que observen un erizo espinoso en una poza de marea, recuerden que están contemplando el resultado de 500 millones de años de experimentación evolutiva. Su vinculación con la grácil estrella pluma reside en los secretos moleculares, genéticos y de desarrollo que la ciencia moderna ha desvelado: un lenguaje común que une a las criaturas más extraordinarias del océano.

Los equinodermos nos enseñan que, en biología, lo imposible es solo cuestión de tiempo evolutivo, y que la verdadera belleza de la vida reside no en las similitudes superficiales, sino en la capacidad infinita de transformación, manteniendo siempre la firma de un origen compartido.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Regeneración, metamorfosis, diversidad y adaptación: el secreto de los equinodermos – https://theconversation.com/regeneracion-metamorfosis-diversidad-y-adaptacion-el-secreto-de-los-equinodermos-263099

Cuando la IA hace ciencia, ¿quién formula las grandes preguntas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

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No solo responden preguntas o redactan textos. Modelos de lenguaje como GPT, Claude o Gemini ejecutan código, analizan datos e, incluso, llevan a cabo experimentos en laboratorios robotizados. Google ha bautizado esta idea como co-scientist: un asistente virtual capaz de diseñar, planificar y ejecutar experimentos completos a partir de simples instrucciones en lenguaje natural.

Esta tecnología ya empieza a dar resultados. En colaboración con universidades como Stanford o Imperial College, el co-scientist ha planteado mecanismos biológicos desconocidos, ha sugerido tratamientos potenciales para enfermedades como la fibrosis hepática y ha automatizado parte del proceso de descubrimiento científico. Otros proyectos como Future House siguen una línea similar, llevando la automatización de la ciencia a un nivel que hace solo cinco años habría parecido ciencia ficción.

A esta revolución se suma un cambio en los hábitos de los propios investigadores. Una encuesta reciente en Nature reveló que el 81 % de los científicos ya utiliza herramientas como ChatGPT en alguna fase de su trabajo: desde escribir artículos hasta generar hipótesis o redactar propuestas de financiación. La integración de la inteligencia artificial (IA) en la ciencia avanza a una velocidad sin precedentes, pero nuestra reflexión crítica sobre su impacto no lo está haciendo al mismo ritmo.

Ventajas evidentes, riesgos claros

La IA puede ayudarnos a escribir mejor, superar barreras idiomáticas y explorar datos complejos. Pero también introduce riesgos importantes.

En primer lugar, está el problema de la creatividad perdida. Un análisis de más de 45 millones de artículos y casi 4 millones de patentes mostró que, desde mediados del siglo XX, la proporción de trabajos realmente disruptivos ha caído de manera sostenida.

La ciencia avanza, sí, pero cada vez lo hace más por pasos pequeños que por saltos transformadores. Si empezamos a usar modelos de lenguaje para redactar propuestas o generar ideas, es probable que reforcemos esta tendencia: al estar entrenados en investigaciones pasadas, tienden a reproducir los enfoques dominantes y a evitar lo radicalmente nuevo.

Un modelo de IA puede llevar las leyes de Newton hasta sus límites, pero no inventaría la teoría de la relatividad. Puede escribir miles de variantes de un artículo sobre mecánica clásica, pero no preguntaría si el gato de Schrödinger está vivo o muerto porque nunca habría inventado la mecánica cuántica.

Una máquina no puede imaginar nuevas ideas

La innovación profunda requiere intuición, imaginación y la capacidad de desafiar paradigmas, atributos que hoy siguen siendo profundamente humanos.

Existen también riesgos éticos. La IA puede fabricar datos, exagerar resultados, o proponer experimentos basados en premisas falsas, sin que el usuario lo detecte.

Incluso, puede influir en la opinión pública y en la producción científica de forma masiva, como ya ocurrió con la industria del azúcar en los años 1960, cuando promovió investigaciones que desviaban la atención de sus efectos sobre la salud para culpar a las grasas.

Con herramientas capaces de generar texto persuasivo a escala industrial, la manipulación podría ser mucho más efectiva. Además, si las plataformas avanzadas quedan concentradas en pocas empresas o países, la capacidad de descubrimiento científico podría quedar monopolizada y generar nuevas formas de desigualdad científica y tecnológica.

¿Y si una máquina es el autor y el revisor a la vez?

Un escenario aún más inquietante es la delegación simultánea de la escritura y la evaluación de propuestas a modelos de lenguaje. No es ciencia ficción: un estudio reciente muestra que uno de cada cinco investigadores ya utiliza IA en la revisión por pares, y entre el 7 % y el 17 % de las revisiones en congresos científicos sobre IA han sido modificadas significativamente con estas herramientas.

Si una IA genera una propuesta y otra IA la evalúa, entramos en un sistema autorreferencial donde los modelos reproducen sus propios sesgos y donde la creatividad humana queda relegada. Esto podría atrapar a la ciencia en una espiral, anulando el tipo de descubrimiento transformador que ha caracterizado los grandes saltos de la historia científica.

Un marco ético para proteger la ciencia

Para evitar estos riesgos, proponemos una serie de principios éticos que permitan integrar los grandes modelos de lenguaje sin comprometer la integridad científica:

  • Abordar los sesgos de manera sistemática. La IA no es neutral. Necesita auditorías continuas, equipos interdisciplinares y mecanismos externos que detecten sesgos invisibles para los propios expertos.

  • Exigir transparencia total. Los investigadores deben documentar datos, parámetros y decisiones tomadas por los modelos, además de usar técnicas de explicabilidad que permitan entender cómo se llegó a una conclusión.

  • Aclarar la atribución y la propiedad intelectual. La frontera entre ayuda y autoría se difumina. Necesitamos normas claras sobre qué parte del contenido es humana y cuál generada por IA.

  • Garantizar responsabilidad humana. Todo lo producido por IA debe ser verificado por científicos. No puede haber decisiones automáticas sin supervisión.

  • Proteger la investigación transformadora. Hay que evitar que la IA empuje a la ciencia hacia lo cómodo. Las agencias deben apoyar proyectos arriesgados, interdisciplinarios y radicales.

  • Redefinir el papel del científico. Debemos reforzar la intuición, el pensamiento crítico, la ética y la visión a largo plazo.

  • Crear sistemas de gobernanza adaptativos. La tecnología evoluciona demasiado rápido para regulaciones estáticas. Necesitamos supervisión continua y flexible.

  • Reducir la dependencia de modelos privativos. La ciencia no puede depender de unas pocas plataformas comerciales. Debemos promover ecosistemas abiertos, diversos y resilientes.

La IA puede acelerar la ciencia de forma extraordinaria. Pero, si no actuamos con cuidado, podría también empobrecerla, hacerla menos creativa, más desigual y menos confiable. En un momento en el que el planeta enfrenta desafíos urgentes, necesitamos herramientas poderosas, sí, pero también rigurosas, transparentes y profundamente humanas.

The Conversation

Sergio Hoyas Calvo es evaluador de proyectos de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación y miembro de las comisiones para acreditación de profesores funcionarios de ANECA

Ricardo Vinuesa recibe fondos del European Research Council

Javier Garcia Martinez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la IA hace ciencia, ¿quién formula las grandes preguntas? – https://theconversation.com/cuando-la-ia-hace-ciencia-quien-formula-las-grandes-preguntas-270907

La selección: la aventura de divulgar ciencia repite en la UIMP

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

Luis Martínez Otero, Elena Sanz en el centro, y Conchi Lillo durante la conversación que tenía como título ‘Las locuras del cerebro’ en el curso de la UIMP de 2023. The Conversation, CC BY

Quien lo probó lo sabe… Pedimos prestado un verso a Lope de Vega para invitarles a la nueva edición, la quinta, del curso de verano “La aventura de divulgar la ciencia en español con éxito”, que impartimos desde The Conversation en ese palacio en una colina junto al mar, sede de los cursos de verano de la UIMP: el Palacio de la Magdalena, en Santander.

No es fácil que un curso se consolide, pero ya podemos decir que el nuestro lo ha hecho: nos acompaña un alumnado con una alta media de repetidores. Noventa asistentes ha sido el récord, por el momento. Para hacerlo posible, contamos con el apoyo de instituciones amigas: la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la UCC+I de la Universidad de Navarra.

En esta edición, la temática general es “Lo humano, primero”. Y, siguiendo la línea del curso, durante las mañanas expertas y expertos en ciencia y divulgación de primer nivel ofrecerán charlas, debates y propuestas que siempre incluyen rigor y audacia. Por las tardes, talleres prácticos.

Para destacar lo humano en la sociedad de la IA, hemos elegido, para empezar, la ética. Y de ello tratará, en la charla inaugural, el experto en cuántica e IA José Ignacio Latorre, director del Center for Quantum Technologies (CQT) en Singapur y autor, entre otros, del imperdible libro Ética para máquinas.

Continuamos con la mentira: “¿Mentimos más que ChatGPT?”. Lo tratarán la antropóloga Candela Antón, el catedrático de periodismo en la Universidad de Navarra Ramón Salaverría y el también catedrático de Periodismo y experto en geopolítica de la Universidad de Castilla-La Mancha Juan Luis Manfredi, que conoce a fondo los entresijos de la diplomacia.

Quizá sea la creatividad lo que nos define. Para tratarlo, plantearemos este debate: en un escenario en el que hubiera que elegir entre un mundo sin arte o sin ciencia, ¿con qué nos quedaríamos? Lo defenderán el catedrático de Microbiología Ignacio López-Goñi y el profesor de Estética Ricardo Piñero Moral. ¿Cuál será el resultado de la votación?

Dedicaremos una jornada a hablar de los invisibles y de ese rasgo humano que tanto nos importa: el cuidado. El investigador del CSIC Lluís Montoliu tratará las enfermedades raras; la profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, Clara Grima, le pondrá luz a las matemáticas invisibles; ofreceremos herramientas para divulgar atendiendo a personas con discapacidad y terminaremos (spoiler) con un aperitivo gastronómico del eclipse que se avecina.

Hay mucho más. Entre otras cosas, volaremos cometas en la playa con el ecólogo del CSIC Fernando Valladares, destacando el juego como una actividad de primera necesidad, el pan social. Y así, a lo largo de tres jornadas, un total de 16 expertas y expertos ocuparán el aula de La Magdalena, en la que nos arrojaremos a “La aventura de divulgar ciencia en español”.

Si aún no lo han probado, este es el momento.


Del 15 al 17 de julio

Inscripciones y programa completo en este enlace.

El periodo de solicitud de becas estará abierto hasta el 4 de mayo en este enlace.


The Conversation

ref. La selección: la aventura de divulgar ciencia repite en la UIMP – https://theconversation.com/la-seleccion-la-aventura-de-divulgar-ciencia-repite-en-la-uimp-280881

Proponen una nueva terapia para el síndrome de Down: ¿funcionará?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

AnnaStills/Shutterstock

Hace poco más de un año, unos investigadores japoneses propusieron el uso de las herramientas CRISPR-Cas9 de edición genética para eliminar la copia extra del cromosoma 21 que identifica a las personas con síndrome de Down, las cuales tienen tres copias en lugar de las dos que deberían tener. Sugerían cortar en más de 50 sitios específicos de una de esas tres copias en células derivadas de personas con el síndrome, para así resolver experimentalmente la trisomía que define esta condición genética. El cromosoma troceado en más de 50 fragmentos sería incapaz de restaurarse y acabaría desapareciendo.

Aquella propuesta terapéutica, evaluada solamente en ciertos tipos de células cultivadas en laboratorio –células inducibles pluripotentes (iPS) y fibroblastos derivados de personas con síndrome de Down–, no estaba exenta de riesgos. Entre otros motivos porque esas “tijeras” CRISPR-Cas9 podían también realizar cortes en otros cromosomas accidentalmente, con consecuencias imprevisibles.

Por otro lado, la propuesta planteaba focalizarse en células de un tejido u órgano determinado, como el cerebro, para promover la desaparición del cromosoma 21 extra en algún grupo de neuronas. En el supuesto de que todo funcionara bien y se pudiera aplicar el tratamiento, eso podría detener, en parte, el deterioro cognitivo asociado al síndrome de Down.

¡Silencio, cromosomas!

Ahora, otros investigadores, estadounidenses esta vez, han puesto sobre la mesa otra nueva posible terapia para personas con el síndrome de Down que pretende usar las herramientas CRISPR de otra manera. No para cortar un cromosoma 21, sino para silenciarlo.

La nueva propuesta es elegante e innovadora. Utiliza el gen XIST, que es uno de los encargados de promover la inactivación de uno de los dos cromosomas X (al azar) en las hembras de mamífero y en las personas de sexo femenino (XX). Esta inactivación se produce de forma natural durante el desarrollo embrionario. Pero ¿y si lo usamos para inactivar, de manera dirigida, una de las copias extras del cromosoma 21 que provoca el síndrome de Down –la trisomía, total o parcial, del cromosoma 21–?

El resultado seguiría siendo una célula trisómica con tres copias del cromosoma 21; no habría “cortes”. Pero una de esas copias estaría totalmente silenciada. De esta manera, la célula se comportaría funcionalmente como diploide, es decir, utilizaría solo las dos copias del cromosoma 21 que tenemos la mayoría de las personas.

El gen XIST

Conseguir que el gen XIST se inserte en una (y solo una) de las tres copias del cromosoma 21, dejando intactos las otros dos, no es en absoluto sencillo. La persona con síndrome de Down tiene dos copias de un progenitor y una tercera del otro. E, idealmente, deberían quedar activas una de cada progenitor exclusivamente.

Para ello, los investigadores han combinado una serie de modificaciones tecnológicas, en las que también participan las herramientas CRISPR, encaminadas a lograr la inserción del gen XIST en el cromosoma 21.

Pero ojo porque la expresión de este gen, que promueve la inactivación del cromosoma en el que reside, debe ser cuidadosamente regulada. Porque si se expresa de forma excesiva puede ser problemático y tóxico. Para ello, los investigadores insertaron este gen de forma inducible, es decir, con capacidad de ser activado a voluntad, usando un sistema de control de la expresión bien conocido por los biólogos moleculares. Con ello consiguieron “encender” el gen XIST y activar voluntariamente su expresión en células en cultivo derivadas de una persona con síndrome de Down.

Lejos de una terapia para tratar a personas con síndrome de Down

La estrategia, así contada, todavía está lejos de convertirse en algún tipo de terapia experimental para tratar a personas con síndrome de Down, en las que todas sus células son trisómicas.

Para empezar, los investigadores han visto que hay diferencias a la hora de trasladar este experimento a distintas células: no todas se modifican con la misma eficacia. También hay que tener en cuenta los efectos secundarios derivados del uso de CRISPR-Cas9, que puede acabar promoviendo cortes y/o la integración del gen XIST en otros cromosomas. Además, la estrategia actual usa muchos reactivos (muchas moléculas diferentes), lo cual complica su aplicación. Habría que simplificarla si queremos insertar el gen XIST en una cantidad significativa de células.

En estos momentos resulta impensable trasladar todos estos múltiples elementos de forma eficiente a todas o a la mayoría de células de una persona con síndrome de Down. Los vectores virales habituales no permiten introducir fácilmente tantas secuencias de ADN. Habría que acudir a estrategias que no impliquen a virus –por ejemplo, a nanopartículas lipídicas como las que se usaron en la vacuna contra la covid-19– para acarrear tantas construcciones génicas como son necesarias.

Ojalá podamos transformar esta idea interesante e innovadora, probada de momento solo en algunas células en el laboratorio, en una futura terapia que resulte segura y eficaz.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog GenÉtica.

The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. Proponen una nueva terapia para el síndrome de Down: ¿funcionará? – https://theconversation.com/proponen-una-nueva-terapia-para-el-sindrome-de-down-funcionara-280921

Una investigación española estrecha el cerco a la nueva física: 150 modelos descartados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Llorente Merino, Investigador en Física de Partículas, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Todo lo que podemos imaginar, desde el cuerpo humano hasta las estrellas, los océanos o los planetas, está formado por unas pocas partículas elementales que interactúan entre sí a través de cuatro fuerzas fundamentales. La física ha desarrollado una teoría que describe todas las partículas elementales y todas esas interacciones. Es lo que llamamos Modelo Estándar, y trata de describir cómo se organiza un pequeño puñado de ingredientes para estructurar todo lo que nos rodea.

El modelo explica muy bien prácticamente todos los fenómenos observados en el universo, pero hay preguntas sin respuesta, lagunas, agujeros negros. Por eso decimos que el Modelo Estándar es una teoría incompleta.

Científicos de todo el mundo buscamos señales de lo que sería una “nueva física”.

Cómo buscamos respuestas

Numerosos experimentos buscan nuevas partículas que puedan dar una solución a los problemas abiertos. Algunos de esos experimentos se llevan a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el mayor acelerador de partículas jamás construido.

Situado en el CERN, fue en su interior donde se descubrió la última partícula incorporada al Modelo Estándar, el bosón de Higgs. Con él se rellenó una de las lagunas del modelo. El hallazgo se hizo gracias a la colaboración entre ATLAS y CMS, dos de los cuatro grandes experimentos del CERN, que analizan enormes cantidades de datos del LHC siguiendo pistas que indican el camino a seguir en la búsqueda de la nueva física.

La interacción fuerte como puerta hacia lo desconocido

En la naturaleza existen cuatro interacciones fundamentales: la interacción fuerte, la interacción débil, la fuerza electromagnética y la gravedad. Cada una de estas fuerzas puede describirse mediante un marco teórico en el que se introduce un parámetro que nos indica cómo de intensa es la interacción.

La fuerza más intensa es la interacción fuerte. Se encarga de mantener unidos entre sí a los quarks, un tipo de partícula fundamental, contenida en el interior de los protones y los neutrones.

La teoría que describe la interacción fuerte recibe el nombre la Cromodinámica Cuántica (QCD). Y el parámetro que cuantifica la intensidad de la fuerza es la constante de acoplo fuerte αₛ. Curiosamente, el valor de αₛ varía en función de la energía a la que se mide, lo que es clave en los estudios modernos de física de partículas.

Los grandes experimentos

Los experimentos ATLAS y CMS son capaces de realizar medidas de gran precisión de variables que dependen directamente del valor de la constante de acoplo fuerte. Si se detectase una desviación de la medida con respecto a la predicción del Modelo Estándar, podríamos estar ante una señal indirecta de la existencia de una nueva partícula no conocida hasta la fecha.

En el pasado, todas las observaciones realizadas en el LHC encajaban con la teoría. Sin embargo, a medida que los detectores y aceleradores se perfeccionan, la energía que se alcanza en los aceleradores crece, abriendo la puerta a regiones de la física antes inaccesibles.

En el LHC se alcanzan energías sin precedentes, del orden de 13 teraelectronvoltios, de modo que merece la pena preguntarse si el Modelo Estándar sigue funcionando cuando lo ponemos a prueba en este régimen energético.

¿Cómo interaccionaría la nueva partícula? ¿Cuál sería su masa?

Muchos físicos teóricos han tratado de definir, a través de la Cromodinámica Cuántica, extensiones del Modelo Estándar que introducen nuevas partículas. Algunas teorías sugieren la existencia de quarks adicionales mucho más masivos que los ya conocidos. Otras apuestan por la existencia de nuevos tipos de partículas sensibles a la interacción fuerte.

La idea que respalda estos modelos es sencilla: si estas partículas son los suficientemente masivas, u obedecen a ciertas reglas matemáticas en el contexto de la Cromodinámica Cuántica, podrían haber pasado desapercibidas hasta ahora. Sin embargo, al movernos a energías más altas, podríamos empezar a detectar señales de su existencia.

Un resultado que descarta más de 150 modelos

En enero de 2026 analizamos datos del experimento de ATLAS para poner límites a modelos de nueva física en los que se introducen partículas que interaccionan a través de la fuerza fuerte. Comparando las medidas realizadas en ATLAS de cantidades que dependen directamente de la constante de acoplo fuerte con las predicciones teóricas de 400 extensiones del Modelo Estándar, conseguimos excluir más de 150 modelos teóricos.

Para llegar a este resultado no realizamos apenas suposiciones específicas sobre los modelos, más allá de la masa de la nueva partícula y una cantidad relacionada con la transformación de la partícula en teoría de grupos. Entre otros modelos, en el estudio se descarta la existencia de un cuarto quark con masa inferior a 1700 GeV (unas diez veces mayor que la masa del quark más pesado conocido, el quark top).

Acotando el terreno de nueva física

Por el momento no sabemos qué forma tiene la nueva física. Pero este tipo de estudios nos permite acotar el terreno, porque nos indica qué condiciones no pueden cumplirse en cualquier modelo que se proponga como “el definitivo”.

Entretanto, la ciencia sigue avanzando, los experimentos continúan mejorando y, poco a poco, se estrecha el abanico de teorías posibles, acercándonos a una comprensión más completa de nuestro universo.

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Javier Llorente Merino recibe fondos de la Comunidad Autónoma de Madrid

Eva Sánchez Berenguer recibe fondos de la Comunidad Autónoma de Madrid

ref. Una investigación española estrecha el cerco a la nueva física: 150 modelos descartados – https://theconversation.com/una-investigacion-espanola-estrecha-el-cerco-a-la-nueva-fisica-150-modelos-descartados-277417

Más allá de las rampas: las 5 claves que convierten una vivienda en inclusiva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Ángeles Quesada Cubo, Investigadora predoctoral FPU, Universidad Pablo de Olavide

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Cuando pensamos en viviendas accesibles para personas con discapacidad, solemos imaginar rampas, ascensores o baños adaptados. Pero la accesibilidad física es solo una parte de la cuestión. Las personas con discapacidad intelectual necesitan viviendas con otro tipo de apoyos que contribuyan a su bienestar, su autonomía y su participación en la comunidad.

Históricamente, la respuesta habitacional para estas personas ha sido la vida en instituciones, en centros de grandes dimensiones, con atención especializada y, en la mayoría de los casos, orientados en modelos de atención médica. El último cuarto del siglo XX el principio de normalización inicia un proceso de desistitucionalización que, con suerte, por la falta de recursos, programas y servicios de apoyo adecuados, ha quedado en que las personas con discapacidad vivan con sus familias.

Hoy se reconoce con más claridad el derecho de las personas con discapacidad a vivir de forma independiente. Es más, la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), en su artículo 19, reconoce el derecho a elegir dónde vivir y con quién hacerlo. También defiende la participación plena en la vida de la comunidad.

Gracias a este marco, muchos países han impulsado políticas y proyectos para transicionar los espacios convivenciales desde las residencias tradicionales hacia modelos de apoyo personalizados y comunitarios. Pero vivir en la comunidad no garantiza por sí solo una vida mejor. Las investigaciones muestran que el tipo de vivienda, el barrio, las relaciones sociales o los apoyos disponibles influyen en el bienestar y la salud.

En un estudio reciente publicado en Journal of Applied Research in Intellectual Disabilities analizamos qué características del lugar donde viven influyen en la vida de las personas con discapacidad intelectual.

Para ello realizamos una revisión de estudios científicos. En total analizamos 73 estudios de distintos países publicados entre 1994 y 2024. El objetivo era claro: reunir y organizar lo que ya sabemos gracias a los estudios previos.

Los resultados muestran que para que una vivienda sea inclusiva hace falta mucho más que hacerla accesible.

A partir de estos estudios, y siguiendo este modelo, se describen y explican cinco aspectos de la vivienda y su entorno que influyen en la calidad de vida, siendo todos importantes y complementarios.

  1. El entorno físico. Incluye el diseño de la vivienda y sus características, tanto dentro como fuera del hogar. Pero no se trata solo de accesibilidad. También ayuda que sean viviendas pequeñas y con ambiente hogareño, que combinen espacios privados con zonas comunes y la cercanía a servicios básicos (salud, alimentación, ocio…), transporte público y actividades comunitarias. Estos elementos, unidos a tecnologías fáciles de usar que faciliten la autonomía, pueden marcar la diferencia.

  2. El entorno social. Las relaciones sociales dentro y fuera del hogar son fundamentales. La convivencia con otras personas, las amistades o el contacto con el vecindario ayudan a sentirse parte del barrio y de la comunidad. Los estudios muestran que estos vínculos reducen el aislamiento y la soledad y mejoran el bienestar emocional.

  3. El entorno natural. El contacto con la naturaleza también importa. Aunque suele recibir poca atención, cada vez más estudios destacan su importancia. La luz natural, los espacios verdes o los animales tienen efectos positivos en la salud mental y el bienestar.

  4. El entorno de apoyos. Los apoyos profesionales y familiares son otro elemento clave. Aquí influyen distintos factores. Por ejemplo, la formación del personal, equipos estables o los apoyos adaptados según las necesidades de cada persona. Sin estos apoyos, incluso una vivienda bien diseñada puede no funcionar como se espera.

  5. El entorno simbólico. La vivienda no es solo un espacio físico. También tiene un significado personal. Poder decorar la casa, tomar decisiones sobre la vida diaria o elegir cómo organizar el hogar es muy importante. Todo esto influye en la identidad, la autoestima y el sentido de pertenencia. En otras palabras, una vivienda inclusiva debe permitir que las personas sientan que ese lugar es realmente su hogar.

Un cambio de perspectiva necesario

En conjunto, esta propuesta apunta hacia una idea clara. La vivienda influye directamente en la salud física, mental y social de las personas. No es solo una cuestión de arquitectura sino de tener en cuenta muchos factores así como distintos aspectos del diseño y cuestiones sociales, organizativas y personales. Se trata de incluir en la agenda de investigación, el análisis de las características que hacen que una vivienda sea viable y amable para las personas con discapacidad intelectual.

Este conocimiento puede ayudar a orientar políticas públicas, tipos de vivienda y proyectos de diseño. La verdadera inclusión aparece cuando las viviendas permiten a las personas vivir con autonomía, participar en la comunidad y construir su propio proyecto de vida.

Y esto solo es posible si tienen la libertad de decidir dónde vivir, cómo hacerlo y con quién compartir su hogar.

The Conversation

Este trabajo forma parte del proyecto de investigación FRI-HOUSING (“Entornos inclusivos y sostenibles para personas con discapacidad intelectual. Diagnóstico y evaluación de elementos para la identificación de viviendas amigables”), (PID2022-140619OB-I00). Está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España.

ref. Más allá de las rampas: las 5 claves que convierten una vivienda en inclusiva – https://theconversation.com/mas-alla-de-las-rampas-las-5-claves-que-convierten-una-vivienda-en-inclusiva-277937

La IA facilita (pero no garantiza) el aprendizaje en las organizaciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Luis Alonso Andreano, Diseño de la estrategia, proyectos y programas de educación continua y lifelong learning, Mondragon Unibertsitatea

Andrey_Popov / shutterstock

La inteligencia artificial, en especial la generativa (IAG), ha entrado con fuerza en el aprendizaje en las organizaciones. Hoy, cualquier persona puede pedir en segundos a un asistente chatbot que explique una normativa, genere un plan de formación, resuma un informe técnico o proponga soluciones a un problema complejo.

Las plataformas de aprendizaje online ya incorporan IA para personalizar itinerarios, recomendar contenidos y adaptar la experiencia formativa a las competencias, los objetivos y el contexto de cada profesional.

Todo esto es real y supone una gran oportunidad. Varios informes y análisis recientes describen una revolución del aprendizaje impulsada por la IA, aunque advierten de que la mayoría de las organizaciones todavía no están preparadas para aprovecharla. El problema no es sobrevalorar la tecnología, sino confundir el acceso al conocimiento con el aprendizaje.

Aun con todas sus capacidades, la IA no está resolviendo la transferencia al trabajo real. Esa transferencia constituye la última milla: pasar de acumular conocimiento a tener un impacto real en las organizaciones.

El problema de las alucinaciones y la falsa experticia

Podríamos dejar al margen el debate sobre las llamadas “alucinaciones” de la IAG si no fuese por una cuestión. En la práctica, la creatividad, la utilidad percibida y la facilidad de uso pesan hoy más que la veracidad estricta de los resultados. La IA suele generar respuestas claras, coherentes y bien redactadas, aunque a veces contengan errores.

El riesgo aparece cuando una persona no domina el tema, porque esas respuestas pueden parecerle tan fiables como las de un experto. Ahí surge la ilusión de comprensión: la persona cree que tiene una buena respuesta y cree, además, que ha aprendido, cuando en realidad solo ha leído una explicación plausible que todavía no ha comprendido ni incorporado.

No estaría demasiado lejos de lo que Daniel Kahneman describió como el falso experto. Se observa, por ejemplo, en la programación asistida por IA (vibe coding), cuando una persona programa con ayuda de la herramienta sin comprender realmente qué hace el código.

El resultado puede ser un aumento aparente de la eficiencia, ya que se reduce el esfuerzo y se avanza más rápido, pero realmente existe un desconocimiento de lo que se está haciendo. Se toman decisiones sobre información que no se ha interiorizado y que difícilmente se podrá transferir a situaciones nuevas o imprevistas.

Desde el punto de vista del aprendizaje, esto es crítico. Porque aprender no es reproducir una respuesta correcta con ayuda externa. Aprender implica comprender, integrar y ser capaz de aplicar ese conocimiento de manera autónoma en contextos distintos. Cuando la IAG acelera el resultado, pero debilita el proceso de reflexión, lo que genera es una falsa sensación de haber aprendido. Este fenómeno empieza ya a denominarse como “descarga cognitiva”.

Pensar que el problema era el acceso al conocimiento

Durante años, muchas organizaciones partieron de una premisa: el problema era el acceso al conocimiento. Las direcciones de formación pensaban que las personas no aprendían porque faltaban recursos adecuados: la formación presencial era cara, interrumpía el trabajo y resultaba casi imposible llegar a toda la plantilla. La solución consistió en ampliar la oferta, digitalizarla y ponerla a disposición en cualquier momento y desde cualquier lugar. Esa lógica impulsó la proliferación de catálogos y plataformas; el problema desde entonces es que la tasa de finalización de cursos online es de en torno al 10 %.

La IA ha llevado este enfoque al máximo. Hoy se pueden recomendar contenidos personalizados y ajustarlos de forma continua. La incorporación de la inteligencia artificial impulsa el consumo, la finalización y la satisfacción en los procesos formativos. Sin embargo, el acceso al conocimiento, por valioso que sea, no garantiza su transferencia efectiva al puesto de trabajo.

Por tanto, el verdadero reto del aprendizaje en las organizaciones no está en saber más, sino en transferir el conocimiento a acciones en el día a día. Las barreras para ello son individuales, sociales y organizativas. Y la motivación, el tiempo y el contexto son los factores que más influyen en la transferencia.

Aprender es cambiar, y cambiar cuesta

Si entendemos el aprendizaje no como una acumulación de conocimiento sino como un cambio de comportamiento, duradero y transferible, el problema es otro. Las organizaciones no tienen tanto un problema de formación como un problema de aprendizaje. El mayor reto ya no es el acceso al conocimiento, sino cómo se gestionan las barreras que dificultan cambiar cómo se decide, cómo se colabora, cómo se lidera o cómo se prioriza, incluso cuando “se sabe” que debería hacerse de otra manera.

La IA generativa puede sugerir opciones, simular escenarios y ayudar a preparar conversaciones difíciles. Sin embargo, el verdadero reto aparece cuando hay que tomar una decisión ambigua y arriesgada, cambiar un proceso o elegir una estrategia frente a otra. En esos momentos, el aprendizaje no lo determina la calidad del prompt ni del agente, sino la capacidad de decidir bajo incertidumbre y de asumir consecuencias. Las culturas que favorecen la experimentación y el aprendizaje facilitan esas decisiones. Las culturas que castigan el error y protegen el statu quo las vuelven casi imposibles.

Rediseñar el contexto

Parece evidente que la IA esta facilitando y acelerando el acceso al conocimiento. Sin embargo, el núcleo del problema no está en la herramienta. El trabajo principal sigue estando en el contexto, en la cultura de aprendizaje, en los incentivos para aprender, en el tiempo disponible, en el margen para experimentar y en la forma en que se toman decisiones. La dirección de las organizaciones no debería limitarse a añadir IA, sino que debería rediseñar las condiciones reales en las que las personas trabajan y aprenden, porque solo ahí se completa la transferencia.

Esto implica pasar de la formación como consumo de contenidos a un aprendizaje ligado a proyectos reales, en los que el conocimiento se adquiere para resolver problemas concretos. Esto implica combinar la IA como asistente con espacios de reflexión compartida, en los que se extraen aprendizajes de las pruebas, aprendiendo de aquello que funciona y de lo que no. Esto implica, además, dejar de medir solo la actividad formativa y empezar a observar cambios en decisiones, comportamientos y resultados.

Si queremos transformar las organizaciones y pasar de la formación al aprendizaje real, resulta imprescindible no solo acercar el conocimiento a las personas, sino cambiar las dinámicas que permitan aplicarlo en la última milla.

The Conversation

Jose Luis Alonso Andreano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La IA facilita (pero no garantiza) el aprendizaje en las organizaciones – https://theconversation.com/la-ia-facilita-pero-no-garantiza-el-aprendizaje-en-las-organizaciones-272632

Por qué he recomendado a mis estudiantes que vean ‘Torrente, presidente’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora especialista en estudios culturales franceses y análisis del discurso, Universidad de Valladolid

Carlos Areces y Santiago Segura en un fotograma de _Torrente, presidente_. Sony Pictures

Si alguien me hubiera dicho que recomendaría una película de Santiago Segura en mis asignaturas sobre análisis del discurso probablemente no me lo habría creído. Pero aquí estamos.

En clase estudiamos las estructuras discursivas de los políticos y, para examinar el discurso populista actual de forma rigurosa, recurrimos a las teorías del politólogo Pascal Perrineau, y los lingüistas Patrick Charaudeau y Teun A. Van Dijk.

He pedido a mis estudiantes que vean la película Torrente, presidente porque ilustra todo lo que explican estos expertos. El personaje de José Luis Torrente no es solo un tipo reprobable y cutre, sino también el ejemplo de cómo se construye un discurso populista. Al desglosar estos conceptos, se desvelarán por tanto momentos esenciales de la película (espóilers).

1. Populismo reaccionario

Torrente y el partido político NOX al que se adhiere encarnarían el populismo reaccionario explicado por Perrineau. Con ello se refiere a aquel que pretende expresar las preocupaciones de lo que se denomina “mayoría silenciosa”, que dice hablar en nombre de la gente común olvidada por los políticos tradicionales, aunque ello implique vehicular sentimientos de xenofobia, racismo y exclusión.

Con su discurso, Torrente anima a mirar a un pasado construido ideológicamente donde las fronteras son claras y la cultura, homogénea.

2. Líder carismático

Según Charaudeau, el líder populista se presenta como un representante del pueblo fuera de lo común, energético y carismático, con una imagen de salvador, mesías o héroe que resolverá todo.

Dos miembros del partido ficticio NOX descubren a Torrente mientras habla en un bar y les fascina su autenticidad, su aparente credibilidad y cómo capta la atención, a pesar de ser, según el propio Santiago Segura, “un compendio de todo lo reprobable, lo más ruin y miserable de nuestra sociedad”.

3. Lenguaje simple y vulgar

El discurso populista es emocional, sencillo, con frases cortas, directas y repetitivas. Simula cercanía y rompe las formas para sorprender y así captar la atención. Por eso se usan también palabras groseras e insultos.

Torrente habla igual en el bar que en un mitin: con tono maleducado, directo, zafio y simple. Utiliza hipérboles y metáforas vulgares y escatológicas. Dice que España es un “váter atascado” y usa expresiones como “la política es la polla”, sin contar con que, una vez que ya es presidente, invita al espectador a hacerse “unas pajillas” con él.

4. Situación de crisis exagerada

Charaudeau y Perrineau explican que el discurso populista se refleja o se construye en una situación de crisis (social, económica, política, etc.) de la que se nutre y que, por ello, se exagera. Se alimentan con arengas la incertidumbre, el miedo o la ira.

Un hombre desastrado en medio de un bar.
Santiago Segura en un fotograma de la película.
Sony Pictures

En este caso, Torrente piensa que España se encuentra al borde del colapso, por eso se autoproclama salvador. Ante esta situación crítica, pretende recuperar la grandeza del país y se compara con Donald Trump y su Make America Great Again (“Hagamos América grande otra vez”), un personaje que incluso le apoya apareciendo en uno de sus mítines.

5. Origen del mal y de la crisis

Se presentan culpables directos como enemigos que hay que vencer y se simplifican problemas complejos.

Para NOX, la crisis viene del presidente del Gobierno, Pedro Vilches, interpretado por el cantante Bertín Osborne. Para Torrente, en cambio, su chivo expiatorio es sobre todo la inmigración. Así, no hace diferenciaciones en el tema ni cuando se trata del personaje al que interpreta Omar Montes, El Moha, un hombre magrebí que tiene un establecimiento de venta de kebabs. Aunque incluso protege a Torrente en su casa cuando le están persiguiendo y muere por ello, los insultos de “moro de mierda” o “putos moros” no cesan.

6. Glorificación nacional

Consiste en la exaltación y representación positiva del propio país, sus principios, historia y tradiciones.

Torrente encarna un patriotismo nostálgico. Idealiza y ensalza una España autoritaria y uniforme. Su identidad nacional se ancla en la tauromaquia, el fútbol, la reina Isabel la Católica y la figura del cantante El Fary, que rechaza al “hombre blandengue” y defiende roles de género convencionales. Torrente sentencia: “¡El pueblo español quiere como representante a un hombre!”.

7. Polarización

Según Van Dijk, se crean dos grupos en un eje “nosotros” contra “ellos”, enfrentados y enemigos.

Aunque se parodia todo el espectro político, el conflicto central de la película enfrenta a NOX y al PSAE. Ambos partidos se presentan como adversarios acérrimos que se deslegitiman mutuamente, compartiendo una profunda ambición personal y falta de valores. Esta división se extiende al plano social, en el que Torrente defiende a la población española contra la inmigrante, especialmente la magrebí.

8. Sin medidas de solución concretas

El populismo plantea y exagera los problemas, pero no presenta propuestas de solución, o lo hace de forma muy general.

Un grupo de gente habla en un despacho.
El comité asesor de la campaña política da consejos a Torrente.
Sony Pictures

Torrente quiere ser el libertador del pueblo sin precisar cómo. Le asegura al taxista que se interesará por los asuntos de su sector cuando llegue al poder, sólo para que no le cobre la carrera. Les dice a unos albañiles que se ocupará de sus problemas si llega ser presidente, para poder llevarse unos restos de la obra.

No dice –ni sabe– qué hará para conseguirlo, pero promete que les salvará. La única medida que anuncia, en un mitin, es que eliminará todos los impuestos. Lo proclama sin calcular realmente la repercusión que ello pueda tener para recibir así el aplauso fácil del público.

9. Élites amenazantes y poderes fácticos

La idea de que existe una mano negra que maneja los hilos de la democracia y las teorías de la conspiración sobre grupos secretos que dominan el mundo son recurrentes en el discurso populista.

Aparecen al final de la película, cuando Torrente es secuestrado y descubre que su raptor es un personaje todopoderoso y sofisticado: el Chef, interpretado por Kevin Spacey. Es el que maneja el mundo y decide quién gobierna, y le lanza un ultimátum al protagonista: si no es presidente bajo sus órdenes, será asesinado inmediatamente.

En Torrente, presidente, la ficción muestra cómo un personaje marginal se convierte en líder mediante un discurso populista. Además de entretener, la película sirve de herramienta pedagógica para entender cómo operan estos discursos en la realidad.


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The Conversation

Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué he recomendado a mis estudiantes que vean ‘Torrente, presidente’ – https://theconversation.com/por-que-he-recomendado-a-mis-estudiantes-que-vean-torrente-presidente-280772