Del oro romano a los recursos críticos: la nueva fiebre de los metales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Fernández Lozano, Profesor Titular de Universidad | Área de Prospección e Investigación Minera | Escuela de Minas, Universidad de León

Panorámica de la mina de oro de Las Médulas (Bierzo, León) Javier Fernández Lozano

La Historia Natural de Plinio el Viejo es, para muchos, la primera enciclopedia de la historia, y la obra de referencia sobre “la naturaleza de todas las cosas”, como él mismo decía, al menos hasta el Renacimiento, aunque el texto le deba más a la tradición literaria que a la observación y la investigación.

Los años no pasan en balde para textos como este. Plinio no es uno de los clásicos más leídos, pero de los 37 libros que componen esta vastísima obra, con más de 20 000 referencias y más de 400 autores citados, hay uno de ellos que parece haber recuperado actualidad en estos últimos años. Es el libro XXXIII, dedicado en buena medida al oro y la plata. En él, el autor le dio al oro un valor especial como símbolo de la codicia y el poder, y que, en nuestro tiempo, vuelve a ser una pieza central de la geopolítica.

La dominación del orbis terrarum (“la totalidad del mundo conocido”) es una constante en la retórica romana: suponía la capacidad del imperio para “alcanzar los límites del mundo”. Para Plinio, era el afán romano por hacerse con el preciado metal lo que los llevó a “bajar a las entrañas de la tierra”. El escritor, que en sus textos se preguntaba hasta dónde penetraría la codicia humana , interpretaba la expansión de la minería como una consecuencia de la avaricia y de la búsqueda de riqueza.

El poeta Virgilio escribió que era el hambre de oro (auri sacra fames) lo que convertía este metal en un motor político y moralmente corrosivo. En aquella época, el valor de este metal precioso se debía a su gran resistencia al fuego y a la corrosión, y a su capacidad de mantener su peso y calidad, lo que lo hacía muy cotizado para la acuñación de moneda.

Mina de oro romana de Las Médulas, declarada Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1997.

El regreso a una geopolítica colonial por los recursos

Para los romanos, conseguir oro constituyó también un incentivo para conquistar territorios. Lo fue en el noroeste hispano: tan solo en las romanas Asturia, Gallaecia y Lusitania se producían anualmente 20 000 libras de peso en oro, aproximadamente unas 6,5 toneladas métricas. También se obtenía en otras regiones, como la provincia romana de la Dacia Trajana (actual Rumanía), convirtiéndose en un metal estratégico para el Imperio.

Dos mil años más tarde, el oro conserva su papel de “valor refugio”. No porque su precio permanezca estable –es en condiciones extremas del mercado, de hecho, cuando se mantiene más estable–, sino porque es líquido (o sea, se puede convertir fácil y rápidamente en dinero en efectivo) y no depende de la solvencia de un emisor concreto. Esta condición brinda tranquilidad a los mercados mundiales, lo que hace que aumente su demanda en tiempos de inestabilidad política y económica.

No obstante, recientes conflictos armados, como la invasión rusa a Ucrania, el conflicto en Oriente Medio y la crisis energética global, han derivado en que los bancos centrales de las grandes potencias, como Estados Unidos o China, hayan intensificado la compra de oro como una estrategia ante los grandes vaivenes de las economías y la inestabilidad geopolítica. Se trata de una forma de liberar activos y reforzar la búsqueda de diversificación, liquidez y protección frente a riesgos financieros y tensiones geopolíticas.

Esta situación ha llevado a una gran subida del precio de este metal, hasta superar en el primer trimestre de 2026 los 4 500 dólares por onza. Un incremento vertiginoso, similar al que se vivió en enero de 1980 como resultado de la segunda crisis del petróleo y la revolución iraní, y que supuso una subida interanual nominal cercana al 140 % (más de lo que subió el precio del petróleo en ese mismo periodo).

Pero, a diferencia de entonces, ahora la subida del oro ha derivado en una demanda a corto plazo entre los pequeños ahorradores, que buscan aprovechar el alza. Esta estrategia podría poner en riesgo la condición del metal como “valor refugio”, pues las compras y ventas rápidas contribuyen a una mayor volatilidad y lo convierten en un activo sujeto a movimientos especulativos.




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La minería de oro es una de las industrias más destructivas e innecesarias del mundo: cómo acabar con ella


Hoy por hoy, el oro es sólo la punta del iceberg. Salvando las distancias con Roma, las grandes potencias fundamentan ahora su poder en el acceso a las materias primas que contribuyen al crecimiento y al desarrollo de los Estados.

En la geopolítica actual, el acceso a los metales estratégicos es decisivo para la industria, la defensa, la transición energética y las tecnologías avanzadas. Sin ellas, las economías del planeta tendrían enormes dificultades para sostener sectores clave.

Tierras raras, cobre, níquel, wolframio, litio, cobalto y boro son algunas de las materias primas necesarias para la fabricación de teléfonos móviles, vehículos eléctricos o aerogeneradores, y para las que la industria carece actualmente de sustitutos eficientes a gran escala. Muchos de estos recursos se encuentran, además, en zonas muy concretas del planeta y están controlados por unos pocos países. De modo que el cuello de botella no está solo en el proceso extractivo, sino también en el procesamiento de estas materias primas.

Peña del Seo y poblado minero de la Piela (Cadafresnas, Bierzo), uno de los principales yacimientos de wolframio en el noroeste de la península ibérica.
Peña del Seo y poblado minero de la Piela (Cadafresnas, Bierzo), uno de los principales yacimientos de wolframio en el noroeste de la península ibérica.
Javier Fernández Lozano

Esta realidad ha alimentado nuevas formas de competencia geopolítica por el control de recursos, que recuerdan lógicas coloniales o neocoloniales. Una amenaza muy tangible que nos ha devuelto aquella visión de Plinio sobre la condición humana: “¿Hasta dónde penetrará la avaricia del ser humano?”.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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La lucha escondida de las bacterias contra los virus revela una nueva forma de sintetizar ADN

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

Representación de una molécula de ADN con una proteína al fondo. Vink Fan/Shutterstock

Un descubrimiento inesperado está obligando a ampliar algunos de los principios clásicos de la biología molecular. Investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, han descrito un mecanismo completamente nuevo de síntesis de ADN que hasta ahora parecía imposible: una proteína capaz de fabricar ADN sin utilizar una plantilla previa de ADN o ARN.

El hallazgo surge del estudio de la guerra que mantienen desde hace millones de años las bacterias contra los virus que las infectan, conocidos como bacteriófagos. Y aunque no derriba las bases de la biología molecular, sí añade un nuevo capítulo fascinante a nuestra comprensión de cómo puede generarse información genética.

Cómo se fabrica normalmente el ADN

Hasta ahora, los libros de biología enseñaban que para construir una molécula de ADN era imprescindible copiar una secuencia genética previa. Es decir, la síntesis de ADN siempre requería un molde sobre el que trabajar.

En este proceso participan numerosas proteínas especializadas. En primer lugar, una helicasa actúa como una cremallera molecular que separa las dos hebras de ADN, mientras que la girasa evita que la molécula se enrede durante la apertura. Otras proteínas estabilizan las hebras separadas para impedir que vuelvan a unirse.

Después entra en acción la primasa, que coloca un pequeño fragmento de ARN llamado cebador. Ese cebador sirve como punto de inicio para la ADN polimerasa, la enzima encargada de construir la nueva hebra añadiendo nucleótidos (las “letras” del ADN) y siguiendo estrictamente la secuencia de la hebra original. Finalmente, la ligasa une los fragmentos generados y forma una doble hélice continua.

La idea fundamental siempre ha sido la misma: las polimerasas necesitan copiar una plantilla preexistente. Sin molde, no hay síntesis ordenada de ADN.

En biología no existen los dogmas absolutos

Sin embargo, la biología está llena de excepciones sorprendentes. Ya sabíamos que la información del ADN se copia en una molécula de ARN (la transcripción) y viceversa (el ARN puede retrotranscribirse a ADN); que ciertas moléculas de ARN pueden autorreplicarse e incluso actuar como enzimas –los ribozimas– o que algunas proteínas, como los priones, pueden cambiar la estructura de otras proteínas. Ahora, este nuevo estudio describe algo que nunca se había observado: una proteína cuya propia estructura física sirve como plantilla para sintetizar ADN.

Los investigadores estudiaban un sistema antiviral bacteriano llamado DRT3 (Defense-associated Reverse Transcriptase 3), formado por dos transcriptasas inversas no convencionales, Drt3a y Drt3b, junto con un pequeño ARN no codificante, cuya información no se traduce en proteína.

El sistema fue identificado en la bacteria Escherichia coli, aunque posteriormente se detectaron homólogos de DRT3 en numerosos grupos bacterianos –al menos veinte distintos–, lo que sugiere que este mecanismo podría estar muy extendido en la naturaleza y haber evolucionado hace millones de años como estrategia de defensa frente a virus.

Sistema DRT3: dos enzimas sintetizan pares de hebras de ADN (naranja y cian), una (amarilla) utiliza una plantilla de ARN (beige) para guiar el ensamblaje de las bases nucleotídicas que componen el ADN, mientras que una segunda enzima (azul claro), utiliza sus propios aminoácidos como plantilla.

Una proteína que actúa como plano de construcción

Lo revolucionario del descubrimiento es el comportamiento de Drt3b. Mientras las transcriptasas inversas convencionales copian una secuencia de ARN para fabricar ADN, Drt3b es capaz de sintetizar ADN sin utilizar ninguna plantilla de ácido nucleico. En lugar de copiar ADN o ARN, la proteína utiliza directamente la disposición espacial de sus propios aminoácidos para determinar qué nucleótido debe añadirse. Es decir, actúa simultáneamente como herramienta y como plano de construcción: una síntesis de ADN guiada solo por proteínas.

No obstante, el descubrimiento no significa que las proteínas puedan transmitir información genética compleja al ADN como hacen normalmente los seres vivos. Drt3b tiene limitaciones importantes: solo es capaz de fabricar pequeñas cadenas repetitivas compuestas por adenina y citosina (las letras A y C del ADN). No puede sintetizar secuencias generales de ADN ni copiar genes completos.

Pero, aun así, el hecho de que una proteína pueda dirigir directamente la formación de ADN sin molde externo constituye algo completamente nuevo y sorprendente. El nuevo estudio amplía enormemente el repertorio conocido de estrategias moleculares utilizadas por la vida y sugiere que todavía podrían existir mecanismos bioquímicos fundamentales completamente desconocidos.

¿Para qué sirve este sistema en las bacterias?

Todavía no se comprende del todo cómo utiliza la bacteria este sistema DRT3 para defenderse de los bacteriófagos, aunque los investigadores plantean varias hipótesis. En primer lugar, las cadenas repetitivas de ADN podrían actuar como “esponjas moleculares”, atrapando proteínas virales esenciales para la multiplicación del virus. También podrían interferir directamente con distintos procesos del ciclo infeccioso del virus.

Lo importante es que estos sistemas antivirales microbianos funcionan como auténticos laboratorios evolutivos de innovación bioquímica. Muchas de las herramientas más revolucionarias de la biotecnología moderna han surgido precisamente del estudio de esos mecanismos protectores.

El ejemplo más famoso es CRISPR: lo que inicialmente era un sistema natural de defensa bacteriana contra virus terminó convirtiéndose en una herramienta revolucionaria de edición genética, utilizada hoy en medicina, investigación y biotecnología.

Posibles aplicaciones futuras

Aunque este descubrimiento se encuentra todavía en una fase muy básica, abre un campo enorme de aplicaciones. Drt3b podría inspirar el diseño de nuevas enzimas polimerasas programables capaces de sintetizar ADN sin necesidad de moldes convencionales. También podría conducir a nuevas estrategias antivirales, nuevas herramientas de biología sintética e incluso aplicaciones futuras en computación molecular.

Además, el hallazgo plantea preguntas profundas sobre la evolución molecular y el origen mismo de la vida. Si existen proteínas capaces de dirigir síntesis genéticas sin ADN ni ARN molde, quizá la diversidad de mecanismos bioquímicos de la vida sea mucho mayor de lo que imaginamos.

Comprender exactamente cómo funciona DRT3 permitirá explorar mejor la evolución de los sistemas de defensa microbianos y descubrir hasta dónde puede llegar la creatividad molecular de la naturaleza.


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


The Conversation

Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La lucha escondida de las bacterias contra los virus revela una nueva forma de sintetizar ADN – https://theconversation.com/la-lucha-escondida-de-las-bacterias-contra-los-virus-revela-una-nueva-forma-de-sintetizar-adn-283791

Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos A. Ballesteros-Herencia, Profesor de Periodismo, Universidad de Valladolid

David Peinado Romero/Shutterstock

Cuando hablamos de odio solemos pensar en insultos y humillaciones. Sin embargo, el rechazo a los inmigrantes puede camuflarse bajo un envoltorio más “amable”. Los mensajes hostiles hacia ellos en redes sociales tienen el enorme poder de cambiar lo que pensamos. Por eso es importante entender cómo nos afectan.

Uno de cada tres europeos entiende la inmigración como un problema. En ese contexto, las plataformas digitales son terreno abonado para el odio. Así, las redes sociales se han convertido en un altavoz que difunde estereotipos negativos. Y pueden apoyar la exclusión de personas y grupos sociales.

Mensajes tras la tragedia

En junio de 2022, 2 000 inmigrantes africanos intentaron saltar la valla que separa España de Marruecos. Al menos 37 personas murieron y cientos resultaron heridas. La policía de ambos países no se libró de críticas. Este tipo de sucesos, por ejemplo, es muy habitual que desencadene la proliferación de mensajes de odio en redes sociales.

Un experimento reciente investigó los mecanismos psicológicos de los discursos contra los inmigrantes y se indagó cómo afecta a los usuarios de redes el tipo de lenguaje de los mensajes y su viralidad.

El discurso de odio rechaza a las personas por quienes son o por el grupo al que pertenecen: su origen étnico, su situación de diversidad funcional, su orientación sexual o su identidad de género. En el caso de los inmigrantes, el discurso hostil más habitual es que suponen una carga económica para el país, crean inseguridad y amenazan nuestra cultura.

La creciente presencia en el entorno digital de este tipo de mensajes nos obliga a entender cómo se expanden y cómo afectan a nuestras actitudes y creencias.

Para ello, los investigadores crearon versiones diferentes de una historia en primera persona. Un tuitero contaba cómo le afectaba lo ocurrido, variando la forma de expresarse y el número de interacciones. Mientras una versión empleaba vocabulario ofensivo, otra usaba términos más neutros. Además, una versión recibía muchos likes, era compartida y comentada y otra pasaba desapercibida.

Más de trescientos participantes leyeron estos tuits. Se quería conocer si cada versión les produciría un diferente efecto. ¿Sentían conexión con el autor de cada relato? ¿La historia les envolvía? Finalmente, ¿compartirían más una variante que otra? ¿Cambiarían sus actitudes hacia los inmigrantes? ¿Apoyarían políticas más duras?

Lenguaje correcto, actitudes negativas

Los usuarios de redes experimentan mayor “fusión identitaria” con quienes no insultan. Evitar lenguaje tóxico favorece compartir visiones que, en realidad, perjudican a los inmigrantes.

Todos pensamos que hablar con corrección formal ayudaría a superar barreras mentales. Pero esto, curiosamente, puede facilitar también la difusión de mensajes que refuerzan actitudes negativas. De fondo, promueven políticas restrictivas.

Un discurso sin ofensas duras favorece conectar psicológicamente con su autor. Esta investigación propone el Modelo THREAD (siglas de Toxic Hate Responses Emerging After Disruptive Events o Reacciones de odio tóxico que surgen tras sucesos perturbadores). Más allá de expresiones agresivas, una narración transmite su carga de odio mediante historias emocionales que resultan familiares.

La ideología modera el efecto

En ocasiones nos sentimos inmersos en una narración. Experimentamos lo que se denomina “transporte narrativo”, un proceso que nos hace más propensos a cambiar de opinión. Cuando una historia nos engancha bajamos la guardia. La interiorizamos. Y, entonces, nuestras actitudes pueden llegar a modificarse.

Una característica de las personas de ideología más conservadoras es que habitualmente son más críticas con la inmigración. En el caso estudiado, solo los conservadores se sumergían más en estas narrativas cuando los tuits no parecían tóxicos.

Se sabe que las personas interpretamos en función de nuestras creencias. Por ello, un mensaje hostil contado con lenguaje neutral puede sonar aceptable a una persona conservadora. Suavizar el tono aumentaría la receptividad y disminuiría la resistencia.

Vivimos en plena fiebre por conseguir likes. Queremos que nuestros mensajes sean compartidos y comentados. Sin embargo, la repercusión en redes sociales no afectó a las actitudes de los participantes. Aunque deseamos respaldo social, nos importa más cómo nos cuentan las cosas. Y coincidir ideológicamente.

Estrategias que normalizan la exclusión

Así, el odio se expande apartándose del lenguaje tóxico. Evita el rechazo que generan los insultos. Entonces se puede conectar con lo que nos cuentan. E incluso asumir la perspectiva de la persona que lo cuenta.

Los mensajes malsonantes y agresivos no son el problema. Lo realmente grave es que bajo un estilo no agresivo se dibuje a la inmigración como una amenaza. Cuando el discurso de odio se normaliza logra mayor intención de compartirse. Y multiplicaría su difusión.

La conclusión es interesante para las campañas de alfabetización mediática. Se debe desvelar cómo el vocabulario moderado ayuda a perpetuar estereotipos y a moldear creencias y actitudes.

Estos hallazgos destacan que las formas más sutiles de discurso de odio pueden generar fuertes conexiones entre la audiencia y perspectivas hostiles, subrayando la necesidad de que las campañas contra el odio aborden tanto el contenido de odio explícito como el sutil.

La exclusión viste guante de seda. Toca descubrir el puño de acero que esconde debajo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Un estudio advierte: el discurso antiinmigración más convincente no es el que grita, sino el que habla con aparente moderación – https://theconversation.com/un-estudio-advierte-el-discurso-antiinmigracion-mas-convincente-no-es-el-que-grita-sino-el-que-habla-con-aparente-moderacion-275890

Servitizar el negocio a partir de productos y servicios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bart Kamp, Lead researcher in Internationalizaton and Servitization of Business, Universidad de Deusto

Mayy Contributor/Shutterstock

La servitización (adaptación del inglés de servitization) es la prestación de servicios por parte de empresas para diversificar su negocio y estrechar relaciones con sus clientes. Típicamente, se ha presentado como una opción para empresas manufactureras que viven de vender bienes. Estas empresas amplían su negocio ofreciendo servicios de optimización y adaptación, que complementan a sus productos, o servicios de sustitución, que implica un pago por el uso de un producto sin necesidad de comprarlo.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es la servitización una prerrogativa de las empresas manufactureras o también las empresas de servicio pueden servitizar su negocio?




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Servitización, el palabro que explica cómo la industria gana competitividad con los servicios


Del producto al servicio

Por su grado de interacción con el usuario, los servicios pueden ser de base, intermedios o avanzados. Por ejemplo:

Subir la ‘escalera de la servitización’ suele ser complicado para, por ejemplo, proveedores de piezas de recambio o de servicios de mantenimiento y reparación. Probablemente la escalada más difícil sea la de los proveedores de consumibles (papel, tinta, detergente) de activos concretos (una fotocopiadora, una impresora, una lavadora). De hecho, estos productos (los consumibles) son periféricos (peripherals) al núcleo del sistema que genera valor (las máquinas).

En este caso, las posibilidades de servitización serían tan improbables como que un fabricante de detergente se plantease diseñar las piezas de repuesto de una lavadora o instalase sensores para monitorizar los resultados de lavado de la ropa que pasa por la misma. No obstante, hay casos que demuestran que la servitización desde tal posición de desventaja es posible, y que esta puede adquirir distintas formas. Algunos ejemplos:

Proveedor de consumibles

La empresa valenciana ARANCO pasó de ser un distribuidor de bobinas de film estirable a fabricar máquinas envolvedoras de pallets. Cobra en modo pago-por-uso a través de su servicio integral de enfardado, que incluye el mantenimiento de las maquinas envolvedoras, sus recambios, bobinas de film inteligentes y un sistema de análisis de datos con relación a los procesos de embalaje en casa del cliente.

Proveedor de recambios

La compañía guipuzcoana GH Cranes evolucionó de ser un taller donde se producían componentes de elevación a diseñar grúas equipadas con un dispositivo que monitorea el uso, las cargas y el estado de las grúas de forma remota para prevenir accidentes y evitar tiempos de inactividad, aumentando y mejorando el rendimiento de las grúas.

Prestador de servicios de mantenimiento y reparación

ULMA Packaging de Oñati, Guipúzcoa, pasó de ser una empresa de reparación multimarca de máquinas de embalaje a proveer instalaciones llave en mano con sistemas de avisos predictivos de mantenimiento, que ayudan a mejorar la eficiencia del sistema.

Así vemos cómo la servitización es la innovación de las capacidades de una organización para pasar de la venta de productos, o la prestación de servicios de base, a la oferta de competencias clave en forma de soluciones integradas. Con su aplicación, las empresas desarrollan nuevas vías de ascenso en la cadena de valor que les permiten explotar actividades más valiosas y, así, diversificar sus fuentes de ingresos y mejorar su rentabilidad.

The Conversation

Bart Kamp no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Servitizar el negocio a partir de productos y servicios – https://theconversation.com/servitizar-el-negocio-a-partir-de-productos-y-servicios-278623

Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Roselló Jiménez, Doctora en Psicobiología. Personal vinculado a la investigación en el Área de Psicobiología, Universitat Jaume I, Universitat Jaume I

La memoria es una función esencial para nuestra supervivencia, aunque solemos apreciar su importancia solo cuando falla. ¿Qué ocurriría si un día no recordáramos dónde hemos aparcado el coche o no supiéramos cuáles son las llaves de nuestra casa? Entender cómo funciona el recuerdo es fundamental para comprender qué sucede cuando olvidamos.

No es una función única: existen distintos tipos de memoria, cada uno con mecanismos cerebrales específicos. Entre ellos, la memoria de reconocimiento (que permite reconocer que ya hemos visto ese estímulo en el pasado) resulta especialmente relevante. Sin que seamos conscientes, nos ayuda a orientarnos y a desenvolvernos en la vida cotidiana con extraordinaria eficacia. Curiosamente, la disfunción de este tipo de memoria puede ser uno de los primeros signos de deterioro cognitivo.

Detectar estas alteraciones a tiempo puede ser clave para identificar posibles problemas futuros y adoptar medidas preventivas que ayuden a preservar la salud mental.

De lo cotidiano a las células del cerebro: cómo se forma la memoria

Históricamente, el estudio de las bases biológicas de la memoria se ha centrado en las neuronas. Comprender cómo se comunican entre sí ha sido esencial para explicar cómo se forman los recuerdos. En los años cincuenta, el investigador canadiense Donald Hebb propuso que “las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas”.

Pensemos, por ejemplo, en cuando aprendimos a montar en bicicleta. Mientras intentábamos mantener el equilibrio, un conjunto de neuronas se coordinaba para evitar caídas y memorizar los movimientos. A medida que mejoraban nuestras habilidades, esas conexiones se fortalecían, lo que facilitaba que cada nuevo intento fuera más eficaz.

Sin embargo, las neuronas no están solas: representan aproximadamente la mitad de las células del cerebro. El otro 50 % está formado por un conjunto diverso de células, entre las que destacan los astrocitos. Su nombre procede del griego astron (estrella) y kytos (célula), es decir, “células con forma de estrella”.

Durante mucho tiempo se pensó que los astrocitos desempeñaban un papel meramente doméstico: nutrir y dar soporte a las neuronas. Hoy sabemos que esta visión es incompleta. No solo apoyan, sino que participan activamente en los procesos de aprendizaje y memoria.

Estudios recientes han demostrado que los astrocitos son fundamentales para fortalecer las conexiones neuronales, un proceso clave para consolidar recuerdos. Gracias a esta colaboración entre neuronas y astrocitos podemos retener habilidades a lo largo del tiempo, desde montar en bicicleta hasta preparar una receta sin pensar en cada paso.

Astrocitos: piezas clave del puzle

Los astrocitos se sitúan muy cerca de las neuronas y envuelven sus conexiones como una red de apoyo. Nuestros protagonistas producen y liberan una sustancia clave: el lactato. Este compuesto se transfiere desde los astrocitos a las neuronas y actúa como una señal que favorece el fortalecimiento de sus conexiones. En otras palabras, el lactato ayuda a que las neuronas se comuniquen de forma más eficaz, facilitando la formación y consolidación de los recuerdos.

A su vez, los astrocitos reciben señales de las neuronas a través de neurotransmisores como la noradrenalina y responden produciendo más lactato. De hecho, se ha propuesto que existe una estrecha interacción entre los astrocitos y la noradrenalina que resulta fundamental para el buen funcionamiento de la memoria. No obstante, la investigación en este campo aún está en una fase temprana.

En nuestro laboratorio estudiamos cómo interactúan los astrocitos y la noradrenalina en procesos de memoria. Para ello utilizamos roedores en tareas de reconocimiento de objetos, en las que deben distinguir entre un objeto familiar y uno nuevo. Nuestros resultados muestran que la noradrenalina actúa efectivamente como un interruptor que activa a los astrocitos para producir lactato. Cuando sus niveles son elevados, aumenta la disponibilidad de lactato y mejora la memoria. Cuando disminuyen, se reduce su producción y el rendimiento empeora.

Además, hemos observado que la administración externa de lactato puede restaurar la memoria incluso cuando los niveles de noradrenalina son bajos. Por el contrario, si se bloquea el transporte de esa sustancia hacia las neuronas, la memoria se ve afectada incluso en presencia de niveles elevados de noradrenalina.

En conjunto, estos hallazgos indican que el efecto de la noradrenalina sobre la memoria depende en gran medida de su capacidad para activar la producción y transferencia de lactato desde los astrocitos hacia las neuronas.

El futuro tal vez esté en las estrellas

Del mismo modo que miramos a las estrellas para comprender mejor nuestro planeta, la neurociencia comienza a centrarse en estas células estrelladas. El objetivo es desentrañar los mecanismos que nos permiten almacenar y recuperar la información que define quiénes somos.

Desde la investigación básica hasta el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas, comprender el papel de los astrocitos y el lactato podría abrir nuevas vías para prevenir o tratar el deterioro cognitivo.

The Conversation

Lorena Roselló Jiménez recibe fondos del Pla de Promoció de la Investigació PREDOC (2022/31) de la Universitat Jaume I.

Laura Font Hurtado recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42)

Raúl Pastor Medall recibe fondos del Plan Nacional sobre Drogas (2023I069), Agencia Estatal de Investigación (PID2021-128852NB-I00), y Generalitat Valenciana (CIAICO/2024/42).

ref. Más allá de las neuronas: cómo los astrocitos dan forma a nuestros recuerdos – https://theconversation.com/mas-alla-de-las-neuronas-como-los-astrocitos-dan-forma-a-nuestros-recuerdos-280405

De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Talita Santana Campos/Shutterstock

En los últimos tiempos, estamos asistiendo a una auténtica revolución en psiquiatría gracias al uso terapéutico y controlado de sustancias psicodélicas. Suiza fue el pionero: desde 2014 permite autorizaciones individuales para administrar bajo supervisión psiquiátrica psilocibina (sustancia psicodélica extraída de hongos), MDMA (éxtasis) y LSD (sintetizada a partir del ácido lisérgico, compuesto que se extrae del hongo que crece en el cornezuelo del centeno).

Casi una década más tarde, Australia dio el primer paso regulatorio formal: desde julio de 2023, psiquiatras autorizados pueden prescribir MDMA para el estrés postraumático y psilocibina para la depresión resistente. Y en 2025, Alemania se convirtió en el primer país de la UE en aprobar el uso compasivo de la psilocibina para depresión resistente en dos centros piloto.

Un compuesto de uso ancestral

En este marco de la investigación terapéutica con psicodélicos se encuentra la N,N-dimetiltriptamina (o DMT), el compuesto psicoactivo principal de la ayahuasca, un té utilizado desde hace siglos por comunidades indígenas amazónicas con fines rituales y curativos.

La DMT es famosa por las visiones intensas que produce. Pero la ciencia lleva años descubriendo que esta molécula tiene otra cara, más discreta y, quizás, más relevante desde el punto de vista terapéutico. Ensayos clínicos recientes han explorado su uso en depresión mayor, donde actúa estimulando la neuroplasticidad: favorece el crecimiento de nuevas conexiones sinápticas que ayudan al cerebro a romper los patrones del pensamiento depresivo. También se investiga su papel en la recuperación tras un ictus, ya que protege a las neuronas del estrés celular y promueve la reparación del tejido dañado.

Tras haber demostrado, en modelos experimentales, que la DMT es capaz de estimular la neurogénesis (formación de nuevas neuronas), un nuevo estudio de nuestro equipo publicado en Experimental Neurology sugiere que podría tener un papel relevante en otra enfermedad hasta ahora sin cura: el párkinson.

Apagar el incendio cerebral

El párkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, una región del cerebro implicada en el control del movimiento. Existen, además, otros síntomas no motores, menos conocidos pero igual de limitantes para los pacientes.

Junto a esa degeneración neuronal aparece un proceso silencioso que la acelera: la neuroinflamación crónica. La glía (conjunto de células encargadas de dar soporte, mantener y proteger al sistema nervioso) se vuelve hiperactiva y libera compuestos tóxicos que aumentan la muerte neuronal. A día de hoy, ningún fármaco logra detener ese proceso; solo se pueden aliviar los síntomas.

En nuestro estudio, al exponer las neuronas a las toxinas que replican los mecanismos de la enfermedad, se observó una pérdida celular masiva. Sin embargo, al tratarlas con DMT, la toxicidad se redujo significativamente y se logró preservar cerca del 40 % de las células que, de otro modo, habrían muerto. El compuesto también mostró un efecto regulador sobre la hiperactividad de la glía, reduciendo por tanto la producción de agentes inflamatorios.

La cerradura clave: el receptor sigma-1

Para activar los efectos psicodélicos en nuestro cerebro, la DMT funciona como una llave perfecta que encaja en una cerradura concreta de las neuronas: el receptor de serotonina 5-HT2A. Sin embargo, los investigadores sospechábamos que el efecto protector podría estar mediado por su unión a otro receptor distinto: el sigma-1. Para comprobarlo, bloqueamos ambos receptores por separado. Cuando inhabilitamos el 5-HT2A –responsable de las alucinaciones–, la DMT siguió protegiendo a las neuronas con la misma eficacia. En cambio, cuando bloqueamos el receptor sigma-1, el efecto terapéutico desapareció por completo.

Así, demostramos que el receptor sigma-1 tiene capacidad neuroprotectora, promueve la supervivencia celular y disminuye la inflamación. Este hallazgo tiene una implicación práctica enorme: es posible obtener el beneficio neuroprotector de la DMT de forma independiente a sus efectos psicodélicos.

Los resultados más alentadores llegaron con los modelos in vivo. Tras tres semanas de tratamiento con dosis moderadas de DMT, los ratones con párkinson mostraron una notable preservación de las neuronas dopaminérgicas y una reducción clara de la inflamación cerebral. Esa protección celular se tradujo en mejoras observables: mayor capacidad motora y mejor rendimiento en pruebas de memoria espacial y aprendizaje respecto al grupo no tratado.

¿Y las alucinaciones?

Es la pregunta inevitable. Puesto que los efectos neuroprotectores de la DMT son independientes del receptor alucinógeno, nuestro trabajo plantea tres alternativas. La primera es combinar la DMT con fármacos que bloqueen el receptor alucinógeno, 5-HT2A (uno de ellos, la pimavanserina, ya se receta para la psicosis en pacientes con párkinson). La segunda opción, dadas las bajas concentraciones de DMT utilizadas en el estudio, sería emplear microdosis que activen los mecanismos protectores sin llegar a alterar la percepción. La tercera, y quizás la más prometedora a largo plazo, pasa por diseñar moléculas similares a la DMT que encajen en el receptor sigma-1 pero ignoren por completo el 5-HT2A.

Cautela ante el entusiasmo

A pesar de las buenas noticias, conviene no correr demasiado. Hablamos de un estudio preclínico hecho en células y ratones. El salto hasta poder adquirir el tratamiento en una farmacia es largo, costoso y está lleno de fracasos; muchas moléculas que rozan la perfección en el laboratorio fallan al probarse en humanos. Somos conscientes de que este modelo experimental representa una fase muy concreta y localizada de la neurodegeneración. Aunque aporta datos valiosos, la naturaleza humana del párkinson destaca por una progresión temporal más lenta y compleja que la que la investigación básica realiza al ir replicando las características de la enfermedad por etapas.

Lo que sí queda claro es que el receptor sigma-1 emerge como una diana terapéutica prometedora, y que la DMT, o moléculas inspiradas en ella, merece una investigación más profunda.

A veces, las respuestas aparecen donde menos se esperan. Que una bebida ritual amazónica guarde una molécula con potencial terapéutico para una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es, como mínimo, una historia que merece seguir escribiéndose.

The Conversation

José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson – https://theconversation.com/de-la-selva-amazonica-al-laboratorio-el-potencial-de-la-ayahuasca-contra-el-parkinson-283322

Una hoja de papel como herramienta de aprendizaje: origami y matemáticas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Martín-Cudero, Profesor del área de Didáctica de la Matemática, Universidad Rey Juan Carlos

Un “comecocos” de origami. banyat seesaed/Shutterstock

Las matemáticas suelen percibirse como una disciplina abstracta, llena de símbolos, fórmulas y reglas que, a menudo, parecen desconectadas de la realidad. Sin embargo, esa abstracción no aparece de forma espontánea: necesita apoyarse en experiencias concretas que permitan visualizar, explorar y experimentar.

Ahí es donde entran en juego los materiales manipulativos. Lejos de ser exclusivos de la educación infantil o primaria, siguen resultando esenciales en secundaria y bachillerato, donde los contenidos se vuelven más formales. Y es que, en muchos casos, la diferencia entre memorizar y comprender está en poder “ver” lo que se está aprendiendo.

¿Y si les dijera que una simple hoja de papel puede ayudar a construir esa comprensión?

Aprender matemáticas doblando papel

Imaginemos, por un momento, que estamos en una clase de matemáticas en la que, en lugar de escuchar fórmulas y reglas, aprendemos conceptos matemáticos simplemente doblando papel. Suena divertido, ¿verdad?

Esto puede parecer demasiado complejo o difícil de llevar a la práctica, pero no lo es. Lejos de ser una simple manualidad, el arte de doblar papel, más conocido como origami, puede convertirse en un auténtico taller de descubrimiento matemático.

Todos, en algún momento, hemos fabricado un avión o un barco de papel, una pajarita o el famoso comecocos. Pero ¿éramos realmente conscientes de que, mientras jugábamos y doblábamos el papel siguiendo nuestra intuición o unas sencillas instrucciones, estábamos haciendo matemáticas?

Comecocos y pajarita realizados por un estudiante del Grado en Educación Primaria de la Universidad Rey Juan Carlos.

Para quienes siempre se han sentido alejados de esta materia, probablemente no; asociar diversión con matemáticas no suele ser lo habitual. Sin embargo, la realidad es otra: cada pliegue de papel implica dividir superficies, crear ángulos o identificar simetrías, entre otras muchos conceptos matemáticos.

El papel deja entonces de ser un simple objeto y se convierte en una herramienta para pensar, experimentar y comprender las matemáticas de una forma más visual, tangible y, sobre todo, significativa.

Mucho más que geometría

Aunque el origami tiene una base claramente geométrica –hasta el punto de que existen sistemas formales de plegado con sus propios axiomas–, su potencial educativo va mucho más allá.

Con una hoja de papel también se pueden trabajar fracciones y proporciones, patrones numéricos y regularidades, representaciones de números reales, demostraciones de teoremas, resoluciones de ecuaciones e incluso conceptos sobre probabilidad.

Y no solo eso: el origami también se puede utilizar en contextos de ciencia, ingeniería y tecnología, contribuyendo así al desarrollo de la competencia STEAM (las siglas de Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas en inglés). Por ejemplo, en educación, resulta útil para ilustrar fenómenos físicos, como el centro de gravedad o el funcionamiento de un muelle.




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¿Qué ocurre en el aula? Algunos ejemplos

Desde 2024, en la Universidad Rey Juan Carlos hemos organizado talleres de origami educativo con futuros docentes. En ellos, estudiantes del Grado en Educación Primaria y Máster de Profesorado en la especialidad de matemáticas descubren cómo una simple hoja de papel puede dar lugar a situaciones de aprendizaje significativas.

Estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC haciendo un hexágono regular mediante origami. Semana de la cultura URJC 2024.

Veamos algunos ejemplos:

1. Fracciones, potencias… y mucho más

Partimos de un cuadrado de papel. Si lo doblamos por la mitad, obtenemos 2 partes iguales. Si volvemos a doblarlo en el mismo sentido, obtenemos 4. Y si repetimos el proceso una vez más, llegamos a 8 partes (rectángulos) iguales. Al desdoblar el papel, aparecen claramente marcadas esas divisiones.

Este sencillo proceso permite trabajar varios conceptos a la vez. Por un lado, las fracciones: representar, por ejemplo, 5/8 consiste simplemente en colorear tres de esas ocho partes. Pero también aparecen las potencias de 2: cada vez que doblamos, duplicamos el número de partes (2, 4, 8, 16…).

¿Cuántas veces se puede doblar una hoja de papel? La respuesta te sorprenderá.

Incluso podemos dar un paso más y usar uno de los lados del cuadrado como si fuera una “recta numérica”: un extremo representa el 0 y el otro el 1. Las marcas de los pliegues nos permiten situar fracciones directamente sobre esa “recta”.

El reto se vuelve más interesante cuando intentamos dividir el papel en un número que no es potencia de 2. Por ejemplo, ¿cómo dividirlo en 5 partes iguales? A primera vista parece difícil, pero ¿y si le digo que con solo trazar una línea sobre el papel se puede lograr?

Figura 1. Actividad realizada por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC en la asignatura Matemáticas y su Didáctica II: procedimiento para dividir un cuadrado de papel en 5 rectángulos iguales mediante pliegues. Primero se divide el cuadrado en 8 rectángulos iguales (al ser la primera potencia de 2 superior a 5), después se une el vértice inferior izquierdo con el punto correspondiente a la quinta marca del lado superior contando desde la izquierda y se dobla el papel siguiendo esa línea. Este pliegue corta a los pliegues verticales iniciales en 4 puntos y, a partir de ellos, se realizan cuatro pliegues perpendiculares que permiten obtener las 5 partes iguales. En la última imagen se representa la fracción 2/5.

Si quisiéramos dividir el cuadrado de papel en 3 partes iguales, el procedimiento se simplifica porque solo tendríamos que dividirlo en 4 rectángulos iguales.

Figura 2. Procedimiento para dividir un cuadrado de papel en 3 rectángulos iguales mediante pliegues. Primero se divide el cuadrado en 4 rectángulos iguales (al ser la primera potencia de 2 superior a 3), después se une el vértice inferior izquierdo con el punto correspondiente a la tercera marca del lado superior contando desde la izquierda y se dobla el papel siguiendo esa línea. Este pliegue corta a los pliegues verticales iniciales en 2 puntos y, a partir de ellos, se realizan 2 pliegues perpendiculares que permiten obtener las 3 partes iguales. En la última imagen se representa la fracción 2/3.

Pero aún hay más. Si combinamos pliegues en dos direcciones (por ejemplo, 8 divisiones en vertical y 5 en horizontal), obtenemos una cuadrícula de 40 partes iguales (ver imagen 3 de la Figura 1). Así, representar una fracción como 15/40 deja de parecer imposible: basta con colorear 15 de estas pequeñas celdas.

Además, esta construcción permite visualizar algo que normalmente se enseña de forma abstracta: el producto de fracciones. Por ejemplo, 15/40 puede entenderse como el resultado de multiplicar 5/8 por 3/5. Al colorear ambas fracciones en direcciones distintas, las zonas que coinciden son exactamente 15 (Figura 3).

Figura 3. Actividad realizada por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Primaria de la URJC (Semana de la cultura URJC 2024): representación del producto de fracciones 5/8 × 3/5 mediante origami. En la imagen de la izquierda, colorean las áreas correspondientes a ambas fracciones, obteniendo 15/40 como resultado sin simplificar. En la imagen de la derecha, observan que esas mismas 15 celdas equivalen a 3/8 del cuadrado total, ya que completan exactamente tres de los ocho rectángulos generados por los pliegues iniciales.

Lo que sobre el cuaderno es una operación, aquí se convierte en una experiencia visual.

2. Geometría escondida en un comecocos de papel

El clásico comecocos esconde más matemáticas de las que parece. Al construirlo y luego deshacer los pliegues, aparece una malla formada por 32 triángulos iguales (Figura 4). Esa estructura permite trabajar con fracciones (por ejemplo, para representar 7/32 bastaría con pintar 7 de los 32 triángulos), pero también con figuras geométricas. Siguiendo las líneas de los pliegues, el alumnado puede construir triángulos, rombos, romboides y trapecios.

También se puede trabajar el concepto de área. Durante la construcción del comecocos se generan cuadrados sucesivos, cada vez más pequeños. Al compararlos, se observa que el segundo tiene la mitad del área del primero, y el tercero, la cuarta parte del primero y la mitad del área del segundo. Para demostrarlo basta con ver la fracción que representa cada uno de estos cuadrados contando triángulos en la malla final (Figuras 4 y 5).

Figura 4. Pliegues obtenidos tras la construcción del comecocos.

Figura 5. Pliegues obtenidos tras la construcción del comecocos reproducidos con GeoGebra. En la primera iteración, el cuadrado formado está compuesto por 16 de los 32 triángulos totales (la mitad). En la segunda iteración, el cuadrado contiene 8 triángulos, lo que corresponde a una cuarta parte del total y a la mitad de los triángulos del cuadrado anterior.

3. Del plano al espacio

El origami también permite ir más allá del plano. Con distintas técnicas se pueden construir polígonos y poliedros regulares (Figura 6).

Figura 6. Actividades realizadas por un grupo de estudiantes del Grado en Educación Infantil de la URJC en la asignatura Desarrollo del pensamiento matemático: de izquierda a derecha, pentágonos regulares, hexágonos regulares y cubos elaborados mediante origami a partir de un cuadrado de papel.

En algunos casos, se utilizan pequeños módulos de papel que luego se ensamblan para formar estructuras tridimensionales más complejas. Esta técnica se conoce como origami modular.

Cubo Sonobe elaborado mediante origami modular.
Dodecaedro elaborado mediante origami modular.

El valor del origami en el aula

El origami favorece habilidades como la concentración, la memoria, la visualización espacial o el razonamiento lógico y secuencial, permitiendo a los estudiantes explorar y comprender conceptos de forma práctica y entretenida.

Incorporarlo en la enseñanza de las matemáticas no significa renunciar al rigor ni sustituir el lenguaje simbólico: significa ampliarlo y enriquecerlo.




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Su accesibilidad lo hace especialmente valioso, ya que no se requieren materiales complejos ni tecnología avanzada, lo que permite implementarlo en cualquier aula. Pero la verdadera transformación no reside en el papel, sino en la manera de enseñar; en entender que las matemáticas no son solo cálculos y fórmulas, sino también algo que se puede construir con las manos.

Por eso, para que esta innovación tenga un impacto real, debe formar parte de la formación inicial del profesorado. Es importante que los docentes comprendan el sentido y la fundamentación didáctica de estas estrategias, así como su capacidad para generar un aprendizaje activo y duradero.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Una hoja de papel como herramienta de aprendizaje: origami y matemáticas – https://theconversation.com/una-hoja-de-papel-como-herramienta-de-aprendizaje-origami-y-matematicas-271769

El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de América Latina a grandes apagones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Felipe Celeita Rodríguez, Profesor Asociado, Director de Proyección y Relacionamiento, Facultad de Ingeniería, Universidad de La Sabana

Vista aérea de la presa hidroeléctrica de Itaipu en el río Paraná, en la frontera entre Paraguay y Brasil, una de las más grandes del mundo. Jose Luis Stephens/Shutterstock

América Latina nunca había tenido el panorama tan claro para la integración de nuevas fuentes, la digitalización y la interconexión de sus sistemas eléctricos. Las redes inteligentes (smart grids), las subestaciones digitales –infraestructuras modernizadas con equipos inteligentes para monitorizar y controlar la red en tiempo real– y la integración de energías renovables están transformando la forma en que se genera, transporta y consume electricidad en la región.

Sin embargo, y al mismo tiempo, su territorio no había enfrentado simultáneamente tantos factores de riesgo climático y operativo. Y la posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño de gran intensidad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿pueden las redes modernas evitar grandes apagones en escenarios climáticos extremos?

Apagones recurrentes en diferentes países

Los cortes masivos de energía sufridos el año pasado muestran que incluso sistemas altamente modernizados siguen siendo vulnerables. En febrero de 2025, Chile sufrió uno de los mayores apagones de su historia reciente, afectando más del 90 % de los usuarios del país y paralizando temporalmente sectores estratégicos como la minería. Mientras, Puerto Rico continúa enfrentando interrupciones recurrentes tras años de fragilidad acumulada en su infraestructura eléctrica.

Centroamérica también ha experimentado apagones regionales provocados por fallas en líneas de transmisión interconectadas. Incluso Europa, con algunas de las redes más robustas del mundo, ha enfrentado episodios de inestabilidad asociados a múltiples causas como olas de calor, alta penetración renovable y estrés operativo.




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La paradoja es que los sistemas eléctricos modernos son más inteligentes, pero también más complejos y sensibles a perturbaciones en cascada. La transición energética y las redes inteligentes no eliminan el riesgo de apagones; en algunos escenarios climáticos extremos podrían incluso aumentar la complejidad y vulnerabilidad del sistema. En una región donde países como Colombia dependen fuertemente de la hidroelectricidad y del gas natural, la combinación entre sequías severas, eventos climáticos extremos y sistemas cada vez más interconectados podría redefinir el concepto de seguridad energética en las próximas décadas.

A corto plazo, la combinación entre una menor disponibilidad de energía firme –la electricidad que el sistema puede garantizar de forma continua y segura incluso durante sequías o condiciones climáticas adversas–, el aumento de la demanda y la vulnerabilidad climática vuelven a traer sobre Colombia una sombra que parecía lejana desde el apagón de 1992. Y que tendrá en vilo a la nación en los próximos meses ante el riesgo de desabastecimiento, como ha reconocido el Ministerio de Minas y Energía.

El cambio climático está redefiniendo el riesgo de un apagón

América Latina posee una de las matrices eléctricas más renovables del mundo y lidera globalmente la integración de energías limpias en el sector eléctrico. La hidroelectricidad, que actualmente representa cerca del 40 % de la generación regional, ha sido históricamente la columna vertebral del sistema energético latinoamericano y continuará desempeñando un papel clave en la transición energética de la región.

En países andinos y amazónicos, grandes embalses han sostenido durante décadas el crecimiento energético regional y permitido reducir la dependencia de combustibles fósiles. Sin embargo, esta ventaja también ha creado una vulnerabilidad estructural: cuando las lluvias disminuyen y los embalses pierden capacidad aunque la demanda sigue creciendo, buena parte del sistema eléctrico entra en tensión.

Estudios recientes advierten que el cambio climático está alterando los patrones de precipitación y aumentando la frecuencia e intensidad de eventos extremos asociados a sequías prolongadas, registrando picos de temperatura de más de 44 °C en el 2025 en Brasil y Paraguay.

Producción de energía eléctrica por fuente en Colombia medida en teravatios-hora.
Producción de energía eléctrica por fuente en Colombia medida en teravatios-hora.
Our World in Data, CC BY

Colombia es uno de los ejemplos más representativos de esta dependencia, ubicado en el top 3 de países en la región. Cerca de dos tercios de su generación provienen de centrales hidroeléctricas, altamente sensibles a fenómenos climáticos como El Niño, de ahí la urgencia en la diversificación. El país ya experimentó una crisis energética en 1992 y volvió a enfrentar una situación crítica durante la sequía de 2015–2016, cuando la caída de los niveles de los embalses coincidió con problemas operativos en plantas térmicas de respaldo. Centrales que generan electricidad utilizando combustibles como gas, carbón o diésel y que se activan cuando las fuentes hidráulicas no son suficientes.

Resulta una ironía que sean estos combustibles fósiles los que muchas veces terminan evitando racionamientos y apagones durante las temporadas secas.




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Las consecuencias de fenómenos cada vez más extremos

La preocupación es que estas condiciones podrían intensificarse en las próximas décadas. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación en embalses y acelera el estrés hídrico en regiones ya vulnerables, como el Caribe colombiano, Chile central, Venezuela y el nordeste brasileño. Investigaciones climáticas recientes muestran que la combinación entre sequías más severas, cambios en los patrones de lluvia y eventos extremos más frecuentes podría reducir la confiabilidad de la generación hidroeléctrica en varios países sudamericanos.

Pero el problema ya no es únicamente de los embalses. Cuando disminuye la generación hidroeléctrica, los países deben recurrir con mayor intensidad a las plantas térmicas de respaldo, especialmente las que dependen de gas natural. En el caso colombiano, esto ocurre en un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad de gas, pasando de productores a dependientes de importación de gas con altos costos internacionales y limitaciones en infraestructura de importación y regasificación.

Generación hidroeléctrica en Suramérica y países seleccionados
Generación hidroeléctrica en Suramérica y países seleccionados.
Our World in Data, CC BY

El desafío de la transición energética no es solo generar energía limpia, sino garantizar energía firme y resiliente bajo condiciones climáticas extremas ante una demanda que no se detiene. Chile, Brasil, Argentina y México lideran la integración de fuentes solares y eólicas en su matriz. Sin embargo Colombia y Venezuela, altamente dependiente de las plantas hidroeléctricas, han tenido un ritmo notablemente menor en la aceleración e implementación de estos proyectos.

Participación de energía solar y eólica en la generación eléctrica en Suramérica y países seleccionados
Participación de energía solar y eólica en la generación eléctrica en Suramérica y países seleccionados.
Our World In Data, CC BY

Las redes inteligentes también pueden ser frágiles

Durante años, la modernización de los sistemas eléctricos se ha asociado con una mayor capacidad de respuesta y confiabilidad. Además, la integración de energías renovables, almacenamiento y generación distribuida está cambiando la arquitectura tradicional de los sistemas eléctricos en todo el mundo.




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Esta transformación también está aumentando la complejidad operativa. Las redes modernas deben coordinar múltiples fuentes intermitentes, responder rápidamente a cambios en la demanda y mantener estabilidad en escenarios cada vez más dinámicos. Incluso pequeñas perturbaciones pueden propagarse rápidamente a través de sistemas altamente interconectados y desencadenar fallas en cascada.

Esto ya ha ocurrido en varios países. El apagón regional de Argentina, Uruguay y Paraguay en 2019 mostró cómo una combinación de fallas operativas y problemas de coordinación puede desconectar millones de usuarios en cuestión de segundos. Algo similar ocurrió en Centroamérica, donde fallas en líneas de transmisión interconectadas provocaron apagones simultáneos en varios países.

En sistemas altamente digitalizados, con integración de sistemas HVDC producto de la conexión de grandes fuentes renovables, la velocidad de operación, protección y automatización se debe estudiar en detalle con suficientes escenarios. Esto es así porque los efectos también pueden amplificar ciertos eventos antes de que los operadores humanos logren reaccionar completamente, particularmente en grandes líneas de transmisión así se cuente con la tecnología más reciente para su teleprotección o esquemas avanzados con ondas viajeras.

Las redes eléctricas modernas son más inteligentes, pero también más sensibles a condiciones extremas y eventos simultáneos. La creciente penetración de generación renovable, además del aumento de la electrificación y la dependencia de sistemas digitales, hacen que la resiliencia ya no dependa únicamente de generar suficiente energía. Ahora también está sujeta a la capacidad del sistema para anticipar perturbaciones, adaptarse rápidamente y evitar que pequeñas fallas se conviertan en apagones masivos.




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El desafío ya no es solo generar energía

Nada de lo anterior significa que la transición energética deba frenarse, todo lo contrario, bajo un marco claro de regulación debería motivar su rápida adopción. América Latina necesita acelerar la incorporación de energías renovables para diversificar su matriz energética y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados. Además, tecnologías como el almacenamiento energético, la digitalización y las redes inteligentes pueden mejorar significativamente la eficiencia y flexibilidad del sistema eléctrico.

Sin embargo, la discusión energética ya no puede centrarse únicamente en cuántos megavatios nuevos se instalan. El verdadero desafío es construir sistemas capaces de operar de forma segura bajo escenarios climáticos extremos, incertidumbre hidrológica y condiciones operativas cada vez más complejas. Esto implica fortalecer la transmisión, diversificar fuentes de respaldo, expandir la infraestructura de gas y almacenamiento, e incorporar herramientas avanzadas de monitoreo y análisis predictivo.

Retos y habilitadores de redes inteligentes bajo escenarios climáticos extremos.
Elaboración propia

Los sistemas eléctricos del futuro deberán ser capaces no solo de producir energía limpia, sino también de recuperarse rápidamente ante eventos extremos y mantener estabilidad en medio de condiciones cambiantes. La pregunta ya no es si ocurrirán nuevos apagones, sino qué tan preparados estarán los sistemas eléctricos para anticiparlos, contenerlos y recuperarse rápidamente cuando ocurran.

The Conversation

David Felipe Celeita Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de América Latina a grandes apagones – https://theconversation.com/el-cambio-climatico-aumenta-la-vulnerabilidad-de-america-latina-a-grandes-apagones-259429

Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Consuelo Martínez Priego, Profesora y codirectora del Centre for Character and Human Growth, Universidad Villanueva

Hasta ahora, la vida en sociedad se ha basado en la confianza que nos profesamos mutuamente. Dutch_Photos/Shutterstock

Todos hemos notado que el ambiente ha cambiado en la calle y en la sociedad durante las últimas décadas. No es tan común que los niños vayan solos al colegio –ni que todo el vecindario esté pendiente de su recorrido–, que la gente se relacione de forma cercana con quienes habitan su mismo edificio o que hablemos de forma cándida con un desconocido. De forma orgánica parecemos estar más a la defensiva.

El siglo XXI comenzó con una llamada de atención del sociólogo Zygmunt Bauman: las relaciones interpersonales se han vuelto líquidas. Eso significa que nos cuesta comprometernos, conservar nuestros vínculos personales o ser plenamente generosos en ellos. Y además, en 2026, el mundo parece haberse vuelto más ideológico y polarizado (al estilo de los totalitarismos del siglo XX). En el ámbito social, e incluso familiar, la premisa es, en numerosas ocasiones, la “desconfianza”.

El tránsito del escepticismo a la sospecha horizontal

Tradicionalmente, la teoría social distinguía entre la confianza institucional y la interpersonal. La primera se quiebra cuando percibimos que las estructuras de poder actúan sin integridad, permitiendo que la corrupción permee las esferas públicas. Por ejemplo, en Europa vivimos una realidad que peligrosamente se aproxima a ese rechazo a las instituciones, pero todavía estamos lejos de la desconfianza que pueden provocar algunos regímenes autoritarios que basan sus interacciones con los ciudadanos en un intercambio de intereses por necesidades (como se ve, por ejemplo, en el Brasil de la dictadura retratado en la película El agente secreto).

Sin embargo, el fenómeno contemporáneo más alarmante es que este recelo se haya desplazado hacia el plano horizontal. La dinámica social ha hecho que la desconfianza exceda hoy el ámbito político (cuyo máximo exponente es la dinámica de partidos) y mediático (la prevalencia de las fake news) para recaer directamente sobre el “otro”, que aparece como amenaza latente.

Este deterioro de la disposición a cooperar con desconocidos, o a interpretar al discrepante con buena fe, dificulta los vínculos sociales básicos, la amistad cívica y, en definitiva, la cohesión social. Varios análisis e investigaciones han documentado precisamente cómo la “vida en la mentira” y la delación obligatoria destruyen la psique colectiva.

En la actualidad, aunque en la mayoría de los países de Occidente no vivimos bajo sistemas totalitarios, la polarización afectiva genera una dinámica de vigilancia en la que el odio y el miedo predominan sobre el reconocimiento mutuo.

La simplificación algorítmica y el refugio en el grupo

La desconfianza social es un fenómeno cultural y afectivo alimentado por las redes sociales. La investigación sociológica reciente indica que la identidad grupal y los afectos partidistas distorsionan nuestra percepción de los hechos. Los algoritmos de recomendación refuerzan la pertenencia al grupo propio y favorecen la circulación de contenidos engañosos que validan nuestros sesgos y prejuicios.

Desde una perspectiva psicológica, la desconfianza primero y la polarización extrema después se apoyan en narrativas binarias nosotros/ellos que simplifican la complejidad social. Esta clasificación de las personas nos previene ante quien no comparte nuestras etiquetas, un fenómeno que ha penetrado incluso en el ámbito familiar, donde las diferencias obligan al silencio o rompen vínculos primarios.

La trampa de la ingenuidad y el valor de la vulnerabilidad

Por otro lado, cuando sustituimos la pregunta sobre la identidad (“¿quién eres?”) por la pregunta del bando (“¿de qué lado estás?”), la vida común se empobrece drásticamente. El otro queda “cosificado”, lo encajonamos en derecha o izquierda, conservador o progresista, ecologista o maltratador, pacifista o beligerante.

Confiar es una forma de reconocer al otro como persona y no como un mero portador de intereses o etiquetas. No conviene, sin embargo, confundir confianza con ingenuidad. Confiar requiere pensar, analizar y contrastar las ideas con la realidad. Usar la razón es ser capaz de distinguir.

Es cierto también que la confianza interpersonal implica correr riesgos y aceptar una dosis de vulnerabilidad; es decir, exponerse a que el otro no responda según nuestras expectativas. Sin embargo, esta exposición es necesaria para el crecimiento personal, pues la soledad radical es incompatible con la condición humana.

Propuestas para una recomposición ética

El proceso de la desconfianza interpersonal no es irreversible, aunque las soluciones no son de índole técnica, sino profundamente éticas. La recomposición del tejido social debe abordarse, al menos, desde tres lugares complementarios:

  1. Las instituciones: es necesario contar con reglas estables, rendición de cuentas y una efectiva separación de poderes que garanticen el funcionamiento predecible del sistema.

  2. El entorno cultural: debemos ir hacia un modelo que priorice la libertad de expresión y de conciencia evitando que la sospecha sea la norma de juicio previa a cualquier diálogo.

  3. La educación: esta es la vía más eficaz y, a menudo, la más descuidada. Se trata de formar personas con disposición a colaborar siendo ellas mismas confiables, es decir, con virtudes. Educar en la virtud significa enseñar a gobernar una reacción impulsiva, a no tomar por absoluta la primera impresión y a sostener conversaciones exigentes sin que degeneren en enemistad.

Así, podremos comprender que nadie tiene la verdad absoluta, pero que todos podemos compartir “verdades” que son universales. La virtud educa los sentimientos, confirmando que una vida buena es posible a través del respeto y la justicia. Reconocer al otro como “otro yo” es base de la confianza y la amistad cívica.

The Conversation

Consuelo Martínez Priego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la sospecha se vuelve costumbre: anatomía de la desconfianza social – https://theconversation.com/cuando-la-sospecha-se-vuelve-costumbre-anatomia-de-la-desconfianza-social-279053

El extraño descubrimiento que podría cambiar lo que sabemos sobre exoplanetas oceánicos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

Imagen artística de un exoplaneta. Bhautik Patel (@bhautik_patel3), CC BY

Durante años, algunos de los exoplanetas más intrigantes descubiertos por los astrónomos parecían auténticos mundos cubiertos por océanos globales. Eran más grandes que la Tierra pero menos densos que los planetas rocosos conocidos, una combinación que muchos investigadores interpretaron como señal de enormes cantidades de agua bajo atmósferas densas.

Ahora, un nuevo estudio propone una idea sorprendente: muchos de esos supuestos “mundos oceánicos” podrían no estar dominados por agua, sino por materiales ricos en carbono, similares al hollín o a los compuestos orgánicos presentes en algunos cometas. Esta nueva hipótesis podría obligar a replantear parte de lo que creemos saber sobre la diversidad de planetas de nuestra galaxia.

Imagen artística de un mundo oceánico.
Pablo Carlos Budassi, CC BY

¿Qué es un “planeta de hollín”?

El término puede sonar extraño, pero no se refiere a planetas cubiertos de ceniza negra. En astronomía, el hollín describe materiales orgánicos sólidos ricos en carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno (los llamados compuestos CHON), presentes también en meteoritos primitivos y en algunos cuerpos helados del Sistema Solar.

Según el nuevo modelo, estos materiales podrían acumularse masivamente durante la formación de ciertos planetas. El resultado serían mundos relativamente ligeros y poco densos, muy parecidos –al menos desde la distancia– a los planetas ricos en agua que los astrónomos creían haber encontrado.

Los meteoritos ricos en compuestos orgánicos, como el célebre Murchinson (foto), muestran vetas oscuras ricas en compuestos orgánicos y minerales primitivos. Son, probablemente, la mejor analogía visual del hollín planetario.
user/Basilicofresco, CC BY

El problema es que, en la mayoría de los casos, los investigadores solo pueden medir dos propiedades fundamentales de un exoplaneta: su masa y su tamaño. A partir de esos datos calculan su densidad media e intentan inferir de qué está hecho. Esto se traduce en que distintos materiales pueden producir densidades similares, de manera que un planeta con enormes cantidades de agua y otro dominado por compuestos carbonosos podrían parecer prácticamente idénticos en las observaciones actuales.

El origen de la idea: la “línea de hollín”

La hipótesis no apareció de la nada. Ya en 2023 varios investigadores habían propuesto que, además de la famosa “línea de nieve” (frost line) –es decir, la región del disco protoplanetario (disco de gas y polvo alrededor de una estrella joven del que se forman planetas) donde el agua puede congelarse– debía existir también una “línea de hollín” (soot line).

Dentro de esa frontera, las altas temperaturas destruyen los compuestos orgánicos sólidos. Más allá, estos materiales sobreviven y pueden incorporarse masivamente a los planetas en formación. Según los modelos recientes, muchos subneptunos (planetas más grandes que la Tierra y más pequeños que Neptuno) podrían haberse formado precisamente en esa región intermedia: demasiado cálida para acumular grandes cantidades de hielo, pero perfecta para retener carbono sólido.

Esquema de un disco protoplanetario alrededor de una estrella en formación.
NASA/JPL-Caltech, InvaderXan

Eso tendría consecuencias enormes. Significaría que buena parte de los mundos clasificados hasta ahora como “oceánicos” podrían ser, en realidad, planetas ricos en carbono.

El papel del telescopio James Webb

La discusión ha cobrado fuerza gracias al telescopio espacial James Webb, que está revolucionando el estudio de atmósferas planetarias.

Cuando un exoplaneta pasa delante de su estrella, parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera antes de llegar a nosotros. Analizando esa luz, los astrónomos pueden identificar moléculas concretas a partir de sus firmas espectrales.




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En los últimos años, el Webb ha detectado metano, dióxido de carbono y otros compuestos en varios exoplanetas considerados candidatos a “mundos oceánicos”. Uno de los casos más famosos es K2-18b, situado a unos 120 años luz de la Tierra. Sus observaciones llevaron a algunos investigadores a proponer que podría tratarse de un planeta cubierto por océanos bajo una atmósfera rica en hidrógeno.

Telescopio James Webb.
ESA

Sin embargo, el nuevo estudio plantea otra interpretación. Una atmósfera rica en metano y carbono también podría ser coherente con un planeta formado mayoritariamente por compuestos orgánicos sólidos, no necesariamente por agua.

Además, los investigadores creen que estos mundos podrían generar densas neblinas fotoquímicas, similares a las de Titán, la luna de Saturno. De hecho, algunos estudios recientes sugieren que muchos espectros “planos” observados por el Webb podrían deberse precisamente a este tipo de atmósferas cargadas de hidrocarburos.

Mundos de grafito… y quizá diamantes

Las implicaciones geológicas también son fascinantes. Bajo enormes presiones, el carbono acumulado en el interior de estos planetas podría transformarse en grafito o incluso en diamante. Algunos modelos plantean mantos parcialmente compuestos por materiales carbonosos capaces de alterar radicalmente la conductividad térmica y la dinámica interna del planeta.

Eso podría afectar incluso a la existencia de campos magnéticos o a la actividad volcánica. En 2026, el descubrimiento de exoplanetas con atmósferas extremadamente ricas en azufre y océanos globales de magma ha reforzado la idea de que la diversidad planetaria es mucho mayor de lo que se pensaba hace apenas una década.

¿Qué implica para la búsqueda de vida?

El hallazgo también afecta a una de las grandes preguntas de la astronomía moderna: cuántos planetas potencialmente habitables existen en la galaxia.

Hasta ahora, detectar indicios relacionados con agua convertía automáticamente a un exoplaneta en un objetivo prioritario para la astrobiología. Pero si parte de esas señales pueden explicarse también mediante mundos ricos en carbono, será necesario reinterpretar algunos resultados recientes.

Eso no significa necesariamente que estos planetas sean estériles. Al contrario: podrían poseer químicas orgánicas extraordinariamente complejas, ricas en hidrocarburos y moléculas prebióticas.

Por ahora, la hipótesis sigue abierta. Harán falta observaciones más precisas y futuros telescopios capaces de estudiar atmósferas exoplanetarias con mucho más detalle.

Pero el mensaje ya es claro: cuanto más aprendemos sobre los planetas fuera del Sistema Solar, más evidente resulta que la galaxia contiene mundos mucho más extraños y diversos de lo que habíamos imaginado.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El extraño descubrimiento que podría cambiar lo que sabemos sobre exoplanetas oceánicos – https://theconversation.com/el-extrano-descubrimiento-que-podria-cambiar-lo-que-sabemos-sobre-exoplanetas-oceanicos-283615