La importancia de las asociaciones de pacientes con enfermedades raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Solves, Profesor, Universidad CEU Cardenal Herrera

Tener una enfermedad poco frecuente o cuidar de una persona con una de estas patologías es un reto enorme. Porque, a los desafíos y el sufrimiento habituales de toda enfermedad, se unen el desconocimiento, la incertidumbre y, con demasiada frecuencia, el estigma social de estas enfermedades, tan distintas, la mayoría de las veces, a las dolencias comunes. Son necesarios mucho coraje y compromiso para afrontarlas y toda ayuda es siempre poca.

Probablemente, la necesidad de afrontar todos esos retos junto con otras personas y familias que viven una situación similar, la necesidad de luchar juntos para ser más fuertes, explica que las asociaciones de pacientes con enfermedades raras jueguen desde hace tiempo un papel clave. De hecho, el movimiento asociativo de las personas con enfermedades raras se ha convertido, posiblemente, en su apoyo más eficaz y constante. Sin esas asociaciones, sin ese movimiento social, la vida de los pacientes y sus familias hubiera sido, y sería ahora, mucho peor.

No olvidemos que no es ni mucho menos un colectivo marginal: 3 millones de personas en España, 30 en Europa y 300 en el mundo sufren enfermedades raras.

En un contexto en el que las administraciones y las empresas farmacéuticas han atendido solo en parte las necesidades de este colectivo, únicamente las asociaciones han sido capaces de acompañar, informar, apoyar y consolar con la proximidad y la empatía suficientes a los pacientes y sus familias.

En parte, es lógico, porque las forman los propios pacientes y sus familias, unidos en la lucha común, real y apegada al terreno de lo cotidiano, contra la enfermedad y todo lo que ella implica.

Información de primera mano y “papeleo”

Las asociaciones de pacientes con enfermedades poco frecuentes no solo entran en escena cuando existe un diagnóstico. A veces aparecen cuando ese diagnóstico no es sino una aspiración perentoria y su búsqueda desesperada se alarga mucho más de lo soportable. En España, por ejemplo, existe desde hace muchos años una asociación de personas que todavía no saben qué enfermedad tienen.

En un primer momento, son las asociaciones las que se acercan a los pacientes y a las familias para darles la primera información y asesoramiento sobre sus derechos y para ayudarles a realizar –cuando no para gestionar ellas mismas–, los trámites que se han de seguir para hacerlos efectivos. Y, en la mayoría de los casos, son las que atienden su malestar psicológico y emocional.

Necesidades administrativas y estigma

Además, en ocasiones proporcionan servicios que las administraciones no cubren suficientemente, como la fisioterapia y la rehabilitación. Lo que es más, hay casos en los que han ayudado económicamente a las familias a enfrentarse al enorme gasto que estas enfermedades suelen implicar.

Así las cosas, estas asociaciones llevan décadas reivindicando que las administraciones cubran las enormes y muy complejas necesidades que conllevan las patologías poco frecuentes y se atiendan sus derechos. Además, reivindican que se conozcan mejor socialmente para evitar así el estigma de su “rareza” y el riesgo de exclusión social que conlleva.

Apoyo insustituible de la investigación

Las asociaciones también han sido, y son, un acicate incuestionable para que las enfermedades minoritarias se investiguen más y mejor desde las ciencias biomédicas y sociales. Estos colectivos se han acercado a los investigadores y han cambiado por completo la percepción que estos tenían de las enfermedades y de sus pacientes porque les han ayudado a comprender que su trabajo diario puede curar o mejorar la calidad de vida de personas reales, con nombres y rostros concretos.

Incluso ellas mismas se han implicado mucho en la consecución de fondos con los que se han desarrollado no pocas de las investigaciones de los últimos años en este ámbito.

En parte gracias a su fortaleza, en España contamos hoy con investigadores y con centros y consorcios de investigación, como el CIBERER o la red RER-CSIC, de primer nivel.

En Europa, entidades como EURORDIS –que reúne a más de 1 000 organizaciones de pacientes en 77 países en Europa, pero también en otros continentes–, FEDER en España –que representa a más de 400 entidades– o ALIBER –con 700 organizaciones de 19 países de Iberoamérica– se han convertido en redes empoderadas de reivindicación y defensa, soporte, información, intermediación y refuerzo de las familias, las administraciones, la sociedad y la ciencia.

Estas iniciativas son la demostración tangible de que el trabajo conjunto, el esfuerzo colectivo y la solidaridad pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida de las personas.

The Conversation

Josep Solves es vicepresidente de ALBA, Asociación para la Ayuda a Personas con Albinismo

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

ref. La importancia de las asociaciones de pacientes con enfermedades raras – https://theconversation.com/la-importancia-de-las-asociaciones-de-pacientes-con-enfermedades-raras-280160

Fondos Next Generation Europa: una oportunidad de oro para consolidar el sector industrial en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Lozano Reina, Profesor del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

Un cartel anuncia los fondos Next Generation de la UE en la sede de la Comisión Europea en Bruselas. Artem Avetisyan/Shutterstock

Cuando la Unión Europea aprobó los fondos Next Generation EU (NGEU), en 2020, muchos los interpretaron como una respuesta excepcional a la crisis provocada por la pandemia. Sin embargo, su alcance ha ido mucho más allá de una política de emergencia. En realidad, los NGEU representan el mayor experimento de política industrial coordinada en Europa en décadas, orientada a transformar las economías nacionales a largo plazo.

Su objetivo no es solo recuperar lo perdido, sino redefinir el modelo productivo europeo, priorizando la transición ecológica, la digitalización y la autonomía estratégica. España se ha convertido en uno de los principales laboratorios de esta nueva estrategia, como pone de manifiesto nuestro reciente estudio, publicado en la revista Structural Change and Economic Dynamics.

De la recuperación a la transformación productiva

España canaliza los fondos NGEU a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Su diseño deja claro que no se trata de gastar rápido sino de orientar la inversión hacia sectores considerados clave para la competitividad futura.

Una parte sustancial de los recursos se dirige a la industria, con especial énfasis en la energía, la movilidad sostenible, la digitalización de procesos productivos y la reducción de emisiones. A diferencia de crisis anteriores, en las que la política económica se centró sobre todo en estimular la demanda, el enfoque actual busca mejorar la estructura productiva.

Los sectores vinculados a la energía concentran una proporción muy elevada de los fondos. Actividades como el hidrógeno verde, las energías renovables, la electrificación del transporte o la descarbonización industrial absorben una parte sustancial de los recursos movilizados. Este patrón no es casual: la transición energética se ha convertido en uno de los ejes centrales de la nueva política industrial europea, tanto por razones climáticas como por su impacto sobre la competitividad y la seguridad económica.

En este contexto destacan los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), grandes iniciativas que reúnen a empresas, administraciones públicas y centros tecnológicos en torno a objetivos concretos. Proyectos ligados al vehículo eléctrico, al hidrógeno renovable o a los semiconductores buscan acelerar cambios estructurales en sectores estratégicos.

La lógica subyacente de estos proyectos es clara: el Estado deja de limitarse a corregir fallos de mercado y pasa a orientar la inversión hacia objetivos concretos, como la descarbonización o la autonomía tecnológica.

Un despliegue territorial desigual

Nuestro estudio pone de manifiesto que la ejecución de los fondos NGEU no es homogénea entre comunidades autónomas. Algunas regiones han logrado poner en marcha convocatorias y resolver proyectos con mayor rapidez mientras que otras muestran retrasos persistentes entre los fondos anunciados y los efectivamente ejecutados.

Comunidades como Aragón, Castilla-La Mancha o el País Vasco presentan tasas de resolución claramente superiores a la media. A modo de ejemplo, en Aragón destacan, por ejemplo, la gigafactoría de baterías de Stellantis, el proyecto de amoníaco verde Armonia Green para fertilizantes y la planta de Calvera Hydrogen para infraestructuras de hidrógeno. En Castilla-La Mancha sobresalen iniciativas como las líneas de cargadores eléctricos de Mahle, un gran hub de hidrógeno renovable para fertilizantes y los sistemas de hidrógeno para aeronaves solares desarrollados por Skydweller. En el País Vasco, la reorientación industrial se apoya en proyectos como la electrificación total de la planta de Mercedes-Benz, la planta de baterías de estado sólido de Basquevolt y grandes electrolizadores para hidrógeno verde y e-fuels.

En cambio, Cataluña, a pesar de concentrar uno de los mayores volúmenes absolutos de fondos concedidos, presenta tasas de ejecución sensiblemente más bajas. Este resultado no responde a la ausencia de proyectos estratégicos –como la electrificación de la plataforma industrial de SEAT, la planta de refinado de metales para baterías de BASF o los proyectos de hidrógeno industrial y eólica marina flotante asociados al clúster PLEMCAT–, sino que puede estar debido a la mayor complejidad administrativa derivada de un elevado número de iniciativas, a una estructura empresarial más fragmentada y a un mayor peso de proyectos intensivos en I+D, cuyos procesos de evaluación y ejecución son más prolongados.

Estas diferencias sugieren que la capacidad de ejecutar los fondos depende no solo del volumen asignado o del tejido productivo existente, sino también del tipo de proyectos promovidos, su grado de madurez y la capacidad administrativa para gestionarlos.

Distribución regional y tasas de resolución de los fondos Next Generation EU (en millones de euros)
Fuente: elaboración propia

Desigualdad entre empresas

Algo similar ocurre a nivel empresarial. Aunque las pymes tienen un alto grado de participación, los proyectos de mayor volumen económico se concentran en empresas grandes y capital-intensivas (que requieren de inversiones muy altas en maquinaria, fábricas e infraestructura), especialmente en sectores energéticos. Mientras la industria manufacturera agrupa a la mayoría de las empresas beneficiarias, actividades como la electricidad y el suministro energético, con un número reducido de compañías, concentran una parte muy significativa del volumen total de ayudas.

Distribución en España de los fondos Next Generation EU por tipo de beneficiario.
Fuente: elaboración propia

Territorialmente, Madrid destaca por concentrar una proporción muy elevada del importe total concedido a pesar de no ser la comunidad con mayor número de beneficiarios. En cambio, regiones como Cataluña o la Comunidad Valenciana presentan importes medios por empresa sensiblemente más bajos, lo que puede ser reflejo de una base productiva más fragmentada.

Una política contracíclica

Estos fondos europeos no se han dirigido exclusivamente a las empresas más rentables. En muchos casos, los recursos han llegado a compañías que sufrieron un mayor deterioro financiero durante la pandemia. Esto revela una lógica claramente contracíclica: sostener la inversión y evitar que la crisis frene procesos de modernización necesarios para el futuro.

Además, los primeros datos apuntan a mejoras posteriores en indicadores como productividad, rentabilidad y tamaño empresarial. Esto hace pensar que los fondos están reforzando la capacidad productiva de parte del tejido industrial. Sin embargo, la transformación estructural no es automática. Depende de que los proyectos generen aprendizaje, encadenamientos productivos y efectos de arrastre, y de que las administraciones sean capaces de evaluar resultados y corregir desviaciones.

Qué preocupa ahora

La experiencia acumulada apunta a una conclusión clara: el éxito de los fondos NGEU no depende solo del volumen de recursos movilizados, sino de cómo se gestionan y con qué criterios se asignan. Dicho de otro modo: si el volumen de recursos es importante, la forma de gestionarlos es decisiva.

Desde una perspectiva de política pública, el reto es doble:

  1. Reforzar la capacidad administrativa (con recursos humanos suficientes, personal cualificado y sistemas de información eficaces), especialmente en aquellas comunidades con mayores dificultades para diseñar, gestionar y ejecutar proyectos complejos. Sin este refuerzo, se mantiene el riesgo de que haya cuellos de botella en el aprovechamiento pleno de los fondos y las desigualdades territoriales se hagan más profundas.

  2. Mejorar el acceso de las pymes a las áreas más estratégicas no solo por el número de proyectos, sino también por su volumen y calidad. Esto exige simplificar los procedimientos, apoyar la cooperación empresarial y fortalecer los mecanismos de acompañamiento técnico.

Afianzar la política industrial española

Una política industrial orientada a objetivos solo será sostenible si incorpora evaluación, aprendizaje y corrección. Los fondos NGEU ofrecen una oportunidad histórica para modernizar la economía española, pero su legado dependerá de que se generen capacidades productivas duraderas y no se limiten a una expansión temporal de la inversión.

Habrá que ver si con estos recursos España es capaz de articular una política industrial de largo plazo, que permita construir una industria más competitiva, sostenible y territorialmente equilibrada, en un contexto geopolítico y geoeconómico cada vez más complejo e incierto.

The Conversation

Gabriel Lozano Reina recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

Gregorio Sánchez Marín recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Proyecto PID2024-159036NA-I00).

J. Samuel Baixauli recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2024-159036NA-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

ref. Fondos Next Generation Europa: una oportunidad de oro para consolidar el sector industrial en España – https://theconversation.com/fondos-next-generation-europa-una-oportunidad-de-oro-para-consolidar-el-sector-industrial-en-espana-273284

¿Por qué solo escuchamos a quien nos da la razón? El sesgo de confirmación tiene la respuesta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Vicente Conesa, Profesor en Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

Master1305/Shutterstock

Seguro que usted conoce –en su familia o grupo de amigos– a alguien que tiene una ideología muy opuesta a la suya. Piénselo un momento… ¿Cree que la culpa de que piense así es de que siempre consume los mismos medios de comunicación? ¿Puede que solo haga caso a información que concuerde con sus propias creencias? ¿Se enfada cuando le llevan la contraria?

Si ha respondido que sí a estas preguntas, es probable que dicha persona esté siendo víctima del sesgo de confirmación. Sin embargo, y aunque le pueda sorprender, tengo una mala noticia: usted también lo es.

El sesgo de confirmación es una tendencia a buscar, interpretar y recordar prioritariamente información que concuerda con nuestras creencias previas.

Los primeros estudios sobre el tema los llevó a cabo en los años 60 del siglo pasado el psicólogo cognitivo Peter Wason. Dichos estudios mostraron que, al enfrentarse al reto de comprobar la veracidad de una hipótesis, las personas tienden a seleccionar información que confirme su creencia inicial en lugar de intentar refutarla, lo que puede llevar a errores eventuales de razonamiento.

Esto, más que tratarse de un error puntual, se muestra en el ser humano como una especie de defecto de fábrica. Así que no tiene por qué sentirse mal: hasta profesionales entrenados para ser objetivos (como científicos y médicos) caen sistemáticamente este sesgo. Como ve, no es un problema de inteligencia, sino un error profundamente humano.

Las personas razonables también caen

Sin embargo, es muy tentador pensar que usted o yo, como personas razonables, no caemos en estos errores. Craso error. Si piensa que usted está exento de ser víctima de este sesgo, quizás debería plantearse los siguientes puntos:

  1. Busca siempre la información en fuentes similares. Aunque el sesgo de confirmación ha sido entendido como un proceso que incluye búsqueda de información, procesamiento de dicha información y recuerdo de la información procesada, reciente evidencia apunta a la búsqueda de información como el elemento clave para identificar el sesgo. Es decir, el sesgo no solo se encuentra en el cómo pensamos, sino dónde decidimos consultar en primer lugar y a qué fuente acudimos para hacerlo.

    Normalmente, acudimos primero a fuentes que confirman nuestras evidencias y evitamos aquellas que las cuestionan. ¿Acaso no confía siempre en los mismos medios de comunicación y descarta otros de forma automática?

  2. Evalúa de forma diferente la información según encaje con sus creencias. El sesgo de información no afecta solo a lo que buscamos, sino a cómo evaluamos la información que encontramos. La evidencia muestra que tendemos a aceptar con mucha más facilidad la información que encaja con nuestras creencias, mientras que sometemos a un escrutinio mucho más exhaustivo aquella información que nos contradice. En la práctica, lo que coincide con usted le parece razonable rápidamente, mientras que lo que no, le parece débil o poco fiable. Este fenómeno se ha descrito como razonamiento motivado: somos mucho más críticos con la información que no encaja con nuestras creencias previas, lo que nos motiva a buscar razones para descartar esa información.

  3. Siente incomodidad emocional cuando se plantean pruebas en contra de sus creencias. Cambiar de opinión no es un proceso estrictamente racional. Un estudio de neuroimagen sobre ideas políticas mostró que las estructuras cerebrales relacionadas con las emociones, especialmente las negativas, se activan cuando se presenta evidencia en contra de nuestras creencias. Es decir, parece que no evaluamos la información solo por lo que nos parece razonable, sino en función de lo que nos hace sentir.

    Seguramente merece la pena evaluar detenidamente si rechaza cierta información porque es incorrecta o porque, sencillamente, le incomoda.

¿Es consciente de que es víctima de este sesgo?

Evidencia reciente sugiere que las personas somos menos susceptibles a ser víctimas de este sesgo si somos conscientes de que podemos caer en él. Un estudio con más de 1 400 participantes mostró que aquellos que recibían una breve formación sobre el sesgo de confirmación fueron más capaces de distinguir entre noticias falsas y verdaderas que el grupo de control que no recibió la formación. Dicho de otro modo: algo tan sencillo como saber que podemos estar sesgados ayuda considerablemente a ser más críticos.

Por lo tanto, el objetivo no debería ser aprender a pensar sin sesgos –algo muy difícil de conseguir– sino aprender a identificar cuándo estamos cayendo en estos errores.

Quizás este texto pueda contribuir a ayudar al lector a reconocer las señales que indican que podría estar siendo víctima de este sesgo de razonamiento, es decir, confirmando lo que cree que sabe, en lugar de pensar: ¿y si me estoy equivocando?

The Conversation

Francisco Vicente Conesa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué solo escuchamos a quien nos da la razón? El sesgo de confirmación tiene la respuesta – https://theconversation.com/por-que-solo-escuchamos-a-quien-nos-da-la-razon-el-sesgo-de-confirmacion-tiene-la-respuesta-279683

Los materiales más avanzados se abren paso en Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

shutterstock Pardion/Shutterstock

¿Ionogeles para pieles electrónicas? ¿Sólidos que podrán utilizarse como sensores para interfaces cerebro-máquina? Estos son solo dos ejemplos de la versatilidad de una potente colección de supermateriales que se están desarrollando en laboratorios y que ya están en la línea de salida. Constituyen la base de innovaciones que abarcan desde la energía y la electrónica hasta la salud, la robótica o la sostenibilidad ambiental. Y no son ciencia ficción.

El informe SAPEA les abre paso

El grupo de Asesores Científicos Principales de la Comisión Europea publicó hace semanas un documento fundamental sobre materiales avanzados, un área que promete transformar sectores como la energía, la construcción, la movilidad, la electrónica e incluso la salud. El scoping paper analizaba las fortalezas y debilidades de la Unión Europea en este ámbito y planteaba preguntas cruciales sobre cómo mantener el liderazgo frente a Estados Unidos y China.

Para contestar esas preguntas, ahora ve la luz el documento titulado SAPEA Evidence Review Report on Advanced Materials, que está llamado a ser una referencia en los futuros planes de investigación, tanto europeos como nacionales, en el ámbito de los materiales avanzados.

Y no todo vale. Aquí no se trata de hacer una buena película. En el siglo XXI, y ante problemas vinculados con el cambio climático y la necesidad de usar materias primas no críticas y energías limpias que no generen gases de efecto invernadero, los nuevos materiales tienen que ser seguros y sostenibles desde el diseño. No solo deben ser buenos y permitir saltos disruptivos en todas las tecnologías: además, tienen que resultar eficientes en su diseño, sostenibles y reciclables.

A continuación exponemos sucintamente algunos ejemplos de qué materiales estamos hablando.

Terapia fototérmica contra el cáncer

Casi todos hemos oído hablar del grafeno, pero hay otras familias de materiales formados con nanocapas menos conocidos y con un potencial enorme: los Mxenos.

Mientras que el grafeno está constituido por carbono, los MXenos se llaman así porque están formados por un metal de transición (como el titanio o el molibdeno, la M del nombre) y carbono o nitrógeno para formar carburos o nitruros (la X del nombre).

Tal complejidad da a estos materiales una gran versatilidad de posibles aplicaciones: almacenamiento de energía (baterías de carga ultrarrápida y supercondensadores más eficientes), medio ambiente y energía limpia (catalizadores para producir hidrógeno verde y procesos de descarbonización).

También abundan las aplicaciones para la salud –por ejemplo, para combatir bacterias resistentes– y en la industria –para fabricar recubrimientos anticorrosivos, aditivos en grasas lubricantes avanzadas, etcétera–.

Una de las aplicaciones médicas más prometedoras de los MXenos son las terapias fototérmicas en el tratamiento del cáncer. Gracias a su excelente capacidad para absorber luz en el espectro infrarrojo cercano (NIR) y convertirla eficientemente en calor, permiten realizar tratamientos oncológicos de muy alta precisión.

Ionogeles para pieles electrónicas

Los ionogeles son una clase de materiales híbridos compuestos por una matriz sólida (generalmente un polímero o una red inorgánica) que permite almacenar en su interior un líquido iónico. Tienen una altísima conductividad iónica, son muy estables incluso a elevadas temperaturas, resultan difícilmente inflamables (lo que los hace adecuados para dispositivos electrónicos) y permiten una gran versatilidad de diseño.

Dependiendo del polímero utilizado, pueden ser biocompatibles. Hoy ya se emplean como electrolitos sólidos en baterías, en biomedicina (para la liberación controlada de fármacos y la inmovilización de enzimas) y en electrónica en dispositivos portátiles, que también se pueden imprimir en 3D.

Además, en un futuro próximo podremos ver aplicaciones muy disruptivas. Una de ellas es el desarrollo de pieles electrónicas para robots o para prótesis. Estas coberturas podrían sentir presión, temperatura o textura, como la piel humana. Las prótesis que las incorporen serán capaces de enviar señales sensoriales directamente al sistema nervioso del usuario, devolviendo el sentido del tacto.

Un último ejemplo de uso sería el desarrollo de biosensores lavables. Podríamos pensar en una camiseta que monitorice el ritmo cardíaco, la respiración o el sudor sin necesidad de parches o adhesivos. Los ionogeles permitirán crear sensores textiles resistentes al agua, antibacterianos y lavables en una lavadora sin perder sus funciones.

Sólidos con centros de color

Los centros de color son defectos puntuales en la estructura de un sólido cristalino que absorben y emiten luz, otorgando color a materiales que normalmente serían incoloros. Son la base de muchas tecnologías disruptivas: microchips sensibles a los campos magnéticos que permitirían la navegación sin depender de satélites (leyendo variaciones del magnetismo de la Tierra) o sensores para interfaces cerebro-máquina, capaces de detectar pequeñísimas señales magnéticas de las neuronas.

Estos materiales podrían sustituir a los cúbits superconductores, es decir, a los circuitos electrónicos minúsculos –enfriados a temperaturas cercanas al cero absoluto– que son la base de procesadores cuánticos comerciales. También pueden utilizarse en nanomedicina y diagnóstico celular, porque pueden introducirse en células vivas sin dañarlas. Así, los sólidos con centro de color serían capaces de medir variaciones de temperatura de milésimas de grado dentro de una célula, lo que ayudaría a detectar procesos metabólicos anómalos o etapas tempranas de enfermedades como el cáncer.

La alta entropía

En los últimos años se han desarrollado las aleaciones llamadas multielemento o de alta entropía, con propiedades excepcionales en diversos ámbitos, como el comportamiento a alta temperatura, la corrosión o la tenacidad. Eso las valida para industrias donde se requieren muy altas prestaciones para llegar más lejos y, además, con menos peso.

Estas aleaciones pueden diseñarse con todo el abanico de elementos de la tabla periódica. Su desarrollo coincide con un momento en el que la preocupación por el uso de metales críticos obliga a replantear su utilización.

Su aparición también ocurre en paralelo a la eclosión del diseño mediante herramientas de modelización y selección, acopladas con herramientas de inteligencia artificial. Esto abre la posibilidad de utilizar composiciones complejas provenientes del reciclado de residuos electrónicos o el uso integral de chatarras.

Las fortalezas de Europa

El documento que acaba de publicarse complementa otro informe publicado el 18 de diciembre de 2025 publicado por el Joint Research Centre de la Comisión Europea. Éste incluye 27 fichas por país con una visión general del rendimiento y el potencial de cada Estado miembro.

Aunque actualmente la UE va a la zaga de Estados Unidos y China en lo que respecta al número total de patentes de materiales avanzados, el informe concluye que la Unión Europea cuenta con capacidades tecnológicas suficientes en campos de tecnología media, como los textiles y la construcción, para cerrar la brecha de innovación en determinados ámbitos, como los biomateriales, los cementos y los materiales de vidrio y cerámica.

Sin embargo, a la Comisión Europea le preocupa la posibilidad de que la UE se quede atrás en tecnologías clave que pueden fortalecer el crecimiento económico, la competitividad, la autonomía estratégica y la transformación digital y ecológica. Los materiales avanzados tienen el potencial de transformar la industria y permitir innovaciones revolucionarias que eviten que Europa pierda el paso. El documento que se acaba de publicar nos da las claves.

The Conversation

José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los materiales más avanzados se abren paso en Europa – https://theconversation.com/los-materiales-mas-avanzados-se-abren-paso-en-europa-271644

El cambio climático favorece el crecimiento de microorganismos patógenos que pueden llegar a nuestros grifos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Pérez Gimeno, Profesor Ayudante Doctor en el Área de Ingeniería Química, Universidad Miguel Hernández

Tras el paso de una fuerte dana en octubre de 2024 se detectaron microorganismos patógenos en el agua de consumo de la Comunidad Valenciana (España). Vicente Sargues/Shutterstock

Cada vez que abrimos el grifo de casa, ni siquiera nos planteamos si el agua que sale es segura. Si la vemos transparente y no huele mal parece que es suficiente. Solo cuando vamos de viaje, dependiendo de cuál sea el destino, nos surgen dudas. La culpa la tienen algunos microorganismos patógenos que pueden vivir y desarrollarse libremente en ella. El problema es que no los vemos a simple vista, pero están ahí.

Después de muchos años trabajando con estos diminutos seres, en mi último estudio he mostrado su impacto en la salud pública debido a su cada vez más frecuente proliferación en el agua de consumo y su relación con los eventos climáticos extremos derivados del cambio climático.

Cuando se rompe el equilibrio

Los microorganismos ocupan extensas regiones de la Tierra debido a su facilidad para adaptarse incluso a las condiciones ambientales más adversas. Su mera presencia en el agua de consumo no indica que sea un riesgo para la salud humana, incluso aunque se encuentren en cantidades muy elevadas.

El problema aparece cuando se multiplican y diseminan sin control y aparecen microorganismos patógenos que deterioran la calidad del agua, dando lugar a olor y sabor desagradables y causando enfermedades que pueden llegar a ser letales.

Bacterias, virus y protozoos son los microorganismos que con más frecuencia se han identificado en las aguas de consumo, junto con las endotoxinas de algunas cianobacterias.

Escherichia coli, Salmonella, Vibrio, Legionella, helmintos (gusanos parásitos), virus causantes de la hepatitis, cianobacterias y un largo etcétera son algunas de estas amenazas invisibles. Y no solo pueden infectar por la ingesta provocando enfermedades gastrointestinales, sino también a través de la piel o en forma de aerosol llegando a nuestros pulmones como es el caso de la Legionella.

Asimismo, las toxinas generadas por las cianobacterias o algas verde-azuladas cada vez son más abundantes en las fuentes de suministro de agua cuya temperatura está por encima de 20 ºC. Esto limita la disponibilidad de agua para consumo humano debido a su dificultad para ser eliminadas en los sistemas de potabilización.

Imagen de satélite que muestra una superficie de agua azul con manchas verdes debido a las algas
Floración de algas verde-azuladas en el lago Erie en Estados Unidos.
NASA Earth Observatory. Landsat 5., CC BY-SA

El reto del cambio climático

El cambio climático supone un auténtico desafío. La temperatura de la Tierra se ha incrementado en más de 1 ºC en las últimas décadas y esa tendencia es cada vez más acusada, tal y como se ve reflejado en los datos de satélite recogidos por la NOAA.

El aumento de la temperatura promueve el crecimiento, la resiliencia y la dispersión de los microorganismos. Pero no solo eso, también es responsable de los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.

Las inundaciones provocan la circulación de grandes volúmenes de agua por el terreno, arrastrando nutrientes y contaminando las aguas superficiales. Por su parte, las sequías pueden ocasionar un empeoramiento de las condiciones sanitarias y una alta concentración de nutrientes que pueden llegar hasta las aguas subterráneas.

Todo esto proporciona a los microorganismos las condiciones ideales para multiplicarse y diseminarse. Además, los agentes desinfectantes pierden eficacia ante el aumento de las temperaturas, cada vez más extremo y persistente.

Muchas epidemias derivadas de patógenos en aguas potables tienen lugar después de periodos de inundaciones, como los identificados en el agua de consumo de la Comunidad Valenciana (España) tras el paso de una fuerte dana en octubre de 2024.




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Después de la DANA: actuaciones de respuesta desde la salud pública


Microorganismos que se multiplican exponencialmente

Placa de petri con manchas de colores

Placa de petri con manchas blancas
Crecimiento de colonias azules de Escherichia coli en la imagen de arriba y de Legionella pneumophila en la de abajo. Ambos casos proceden de muestras de agua de consumo.
Ana Pérez Gimeno

Incluso en los países desarrollados, con estrictos controles y regulaciones, hay muchos puntos críticos, desde el abastecimiento de agua hasta nuestro grifo. Esto hace que, ante situaciones climáticas extremas, los microorganismos se multipliquen exponencialmente y tengan acceso a la red de suministro.

El Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) hace un seguimiento de los brotes epidemiológicos que periódicamente se dan y busca el origen para poder combatirlos. Son frecuentes las enfermedades gastrointestinales en verano, causadas por la ingesta de agua contaminada por las bacterias Escherichia coli, Salmonella, Vibrio o Campylobacter.

Si se hace un estudio de la evolución de los casos de legionelosis en la Unión Europea, se observa un evidente aumento en los últimos años, siendo los países más afectados Italia, Francia, Alemania y España. Estos países han experimentado veranos muy calurosos, de entre 35-40 ºC, y elevados índices de humedad, proporcionando las óptimas condiciones para el crecimiento y dispersión de la bacteria Legionela.

Gráfica que muestra cómo los casos de legionelosis han aumentado en Europa entre 2005 y 2023
Evolución de los casos confirmados de legionelosis en Europa entre 2005 y 2023.
Gráfica basada en los datos aportados por el ECDC, CC BY-SA

Cómo afrontar el desafío

La contaminación microbiológica es un reto, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, agravado por el calentamiento global. La crisis climática nos obliga a mirar el agua potable no solo en términos de cantidad, sino también de calidad.

Por tanto, es necesario entender que la salud de nuestras aguas empieza por minimizar los efectos derivados del cambio climático. Hay que establecer una legislación global que regule los protocolos de vigilancia y control y construir infraestructuras resilientes a los fenómenos meteorológicos extremos.

Un ejemplo de la efectividad de este tipo de medidas fue la drástica disminución de los casos notificados de microorganismos en aguas de consumo en 2020, lo que se atribuye a los estrictos controles y protocolos higiénicos derivados de la epidemia mundial de covid-19. Fue un punto de inflexión en el desarrollo de procedimientos de análisis rápidos y precisos para identificar los habitantes invisibles de las aguas y así poder controlarlos y eliminarlos antes de su llegada a nuestro grifo.




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Vigilancia del SARS-CoV-2 en aguas residuales: una herramienta de alerta rápida


The Conversation

Ana Pérez Gimeno no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cambio climático favorece el crecimiento de microorganismos patógenos que pueden llegar a nuestros grifos – https://theconversation.com/el-cambio-climatico-favorece-el-crecimiento-de-microorganismos-patogenos-que-pueden-llegar-a-nuestros-grifos-280296

‘Blockchain’: la tecnología que podría garantizar la seguridad de nuestras historias clínicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jésica Delgado Sáez, Profesora Permanente Laboral de Derecho Civil, Universidad Pontificia de Salamanca

Tero Vesalainen/Shutterstock

La digitalización ya permea todas las facetas de la vida cotidiana, incluida nuestra salud. Y dentro del ámbito sanitario, las historias clínicas son herramientas especialmente sensibles: ¿se puede garantizar la seguridad de nuestros datos médicos frente fallos y fraudes? A continuación explicaremos cómo lograr una sanidad más eficiente y transparente gracias a la tecnología llamada blockchain.

Historia clínica: datos de salud seguros y bajo control

La historia clínica es el elemento central de los datos de salud del paciente. Recoge de forma cronológica diagnósticos, tratamientos e intervenciones médicas, y permite conocer los antecedentes y evolución clínica.

Durante años, esta forma de registro adolecía de graves deficiencias, ya que la información debía actualizarse manualmente. A menudo, esta resultaba ilegible, incompleta o contradictoria, y no siempre estaba disponible en tiempo real.

Para solucionarlo, en 2006 el Sistema Nacional de Salud de España creó la historia clínica digital. Este sistema permite compartir información médica relevante entre comunidades autónomas, garantizar la calidad asistencial, evitar duplicidades, facilitar el acceso profesional y ciudadano y proteger la privacidad mediante accesos autorizados al Ministerio de Sanidad.

La historia clínica tiene importantes implicaciones jurídicas. Afecta a derechos fundamentales como la intimidad y la protección de información personal. Su regulación se apoya en la Ley 41/2002 y en la normativa de protección de datos, especialmente el Reglamento (UE) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018. Los datos de salud son categorías especiales y su tratamiento está limitado, aunque permitido con fines asistenciales bajo secreto profesional.

La confidencialidad refuerza la confianza médico-paciente, y la historia clínica contiene información altamente sensible que requiere una protección reforzada. Aquí es donde puede entrar en escena la tecnología blockchain.

¿Cómo funciona la tecnología blockchain?

Blockchain puede entenderse como una especie de libro de registro compartido entre muchas personas y organizaciones. En lugar de estar guardado en un único lugar, ese registro se copia y se mantiene actualizado en múltiples ordenadores conectados entre sí. En él se anotan las transacciones agrupadas en “bloques”, cada uno con una marca de tiempo que indica cuándo se ha creado.

Este sistema funciona sin necesidad de un intermediario central porque todos los participantes comparten la misma información y pueden comprobarla. Para garantizar la seguridad, se apoya en técnicas criptográficas (métodos matemáticos que protegen la información) y en el acuerdo entre los distintos participantes de la red. De este modo, una vez que los datos se registran, no pueden modificarse sin que el resto lo detecte, y todos pueden consultarlos.

Cada uno de los ordenadores conectados –llamados nodos– guarda una copia completa del registro. Esto permite seguir el rastro de cualquier cambio (trazabilidad), evita la pérdida de información si falla algún sistema y facilita detectar posibles manipulaciones. Además, al estar distribuido, el sistema mantiene la coherencia de los datos entre todos los participantes.

La red funciona de forma directa entre los propios participantes, sin un servidor central. Cada nueva transacción se transforma en un código único (similar a la “huella digital”) y se valida mediante el acuerdo de la red antes de añadirse al registro. Este proceso, conocido como “minería”, consiste en verificar y confirmar la información antes de incorporarla definitivamente. Gracias a ello, una vez que los datos se añaden, resulta extremadamente difícil alterarlos posteriormente.

Una red descentralizada

Aplicada a las historias clínicas, la tecnología blockchain permite guardar la información de salud de forma segura y compartida entre distintos centros o profesionales, sin depender de un único sistema central. Es como un registro común al que todos los usuarios autorizados pueden acceder y en el que cada cambio queda anotado, lo que dificulta su manipulación y permite seguir fácilmente quién ha consultado o modificado los datos.

Además, este sistema puede reducir la necesidad de intermediarios y mejorar la trazabilidad, es decir, la capacidad de saber qué ha ocurrido con la información en cada momento. También facilita que el propio paciente tenga un mayor control sobre quién accede a su historia clínica mediante los llamados “contratos inteligentes”, esto es, reglas automáticas que se ejecutan solas cuando se cumplen ciertas condiciones, como autorizar el acceso a un médico concreto.

El modelo pionero de Estonia

Estonia se puede considerar un país “nativo digital” y es un referente mundial en el uso de blockchain. Tras una serie de ciberataques sufridos en 2007, el país desarrolló la cadena de bloques KSI para proteger sus registros y evitar manipulaciones internas. Esta tecnología se integró en su infraestructura pública y, en especial, en el sistema de salud electrónica.

KSI Blockchain garantiza la integridad de los datos, impide reescribir la información y permite demostrar su autenticidad, manteniendo al mismo tiempo la privacidad total. Desde 2020 está acreditada como servicio de confianza bajo el reglamento eIDAS de la UE.

Las autoridades de Estonia crearon registros médicos electrónicos con perfiles completos de cada paciente que reducen la burocracia y facilitan el acceso a información crítica en emergencias. Los proveedores sanitarios están conectados mediante el sistema nacional de información sanitaria, donde los datos se almacenan de forma segura.

Con este sistema, la propiedad de la información recae en el paciente, que dispone de un historial de salud digital protegido mediante una tarjeta de identificación electrónica. Solo profesionales autorizados acceden a esa información y, a la vez, los ciudadanos pueden consultar sus historiales, limitar accesos y conocer quién ha visto sus datos. KSI Blockchain protege tanto los registros como los accesos al sistema.

Dicho acceso se realiza a través de un portal electrónico seguro, donde los datos son obtenidos de distintos proveedores y presentados en un formato único. Así, médicos y pacientes pueden acceder a pruebas, recetas y antecedentes en tiempo real. En España y otros países, donde no se utiliza blockchain, la tecnología es centralizada, lo que hace que sea más vulnerable

Otros ejemplos refuerzan este modelo. En Corea del Sur, la startup Sendsquare desarrolló el sistema eCRF usando blockchain y contratos inteligentes para gestionar datos clínicos con autorización del paciente. También destaca Block M.D., una plataforma implementada en proyectos piloto y sistemas de gestión de datos sanitarios en varias partes del mundo que permite intercambiar información sanitaria de forma segura, colaborativa e inmutable.

En definitiva, la tecnología blockchain ofrece un marco sólido para gestionar la historia clínica en el sistema sanitario. No sustituye a los sistemas actuales, sino que los complementa con seguridad, trazabilidad y transparencia. Permite almacenar y compartir datos de salud de forma distribuida e inalterable, reduciendo riesgos técnicos y organizativos.

Además, el paciente gana control sobre su información. Incluso, al eliminar intermediarios, crece la confianza entre profesionales e instituciones. Todo ello favorece servicios sanitarios más eficientes, interoperables y seguros.

The Conversation

Jésica Delgado Sáez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades Proyecto PID2022-136964NB-I00 El Derecho ante la Salud Digital, Personalizada y Robótica (SALUDPYR).

ref. ‘Blockchain’: la tecnología que podría garantizar la seguridad de nuestras historias clínicas – https://theconversation.com/blockchain-la-tecnologia-que-podria-garantizar-la-seguridad-de-nuestras-historias-clinicas-272463

El cuello de botella del mundo: quién manda de verdad en el estrecho de Ormuz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julián Santana Silva, Profesor Asociado del área de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Vista satelital en 3D del estrecho de Ormuz. FoxPictures/Shutterstock

El estrecho de Ormuz se sitúa geográficamente como la única vía de comunicación marítima entre el golfo Pérsico, al oeste, y el golfo de Omán y el mar Arábigo, al sureste. Este canal de escasa anchura divide la costa septentrional de la República Islámica de Irán de la península arábiga, delimitada particularmente por el territorio fragmentado omaní de Musandam y los Emiratos Árabes Unidos.

Su trascendencia estratégica es innegable al ser cuello de botella por el que transita gran parte del crudo transportado por vía marítima a nivel mundial. Dada la dependencia energética del planeta de los combustibles fósiles, cualquier modificación en su tráfico afecta gravemente la estabilidad económica internacional.

El paso inocente y en tránsito

El meollo del problema jurídico radica en determinar qué derechos asisten a los buques extranjeros durante su travesía por estas aguas. Para ello, es indispensable diferenciar entre el régimen de paso inocente y el de paso en tránsito.

Mientras el primero habilita al Estado ribereño para establecer regulaciones en aras de su seguridad y orden, el derecho de paso en tránsito garantiza libertades de navegación y sobrevuelo más amplias para un tránsito rápido e ininterrumpido que no puede ser suspendido unilateralmente.

La interpretación de ambos conceptos es el centro de las tensiones en esta zona de gran inestabilidad.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) es el principal texto jurídico que rige los espacios marinos a escala mundial. Este acuerdo estipula la delimitación de zonas como el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, prescribiendo asimismo reglas para la protección del medio marino.

Irán niega el derecho del mar

El valor estratégico del tratado radica en promover la paz y la utilización equitativa de los recursos oceánicos. Aun así, su eficacia se ve condicionada por el hecho de que no todos los Estados lo han ratificado plenamente. Esta falta de adhesión universal, como es el caso de Irán, representa un pilar básico para el análisis de las tensiones marítimas internacionales.

El derecho de paso inocente constituye una de las instituciones más significativas del régimen jurídico de los espacios marinos, pues busca armonizar la libertad de navegación con la seguridad estatal. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el concepto de paso se define como la navegación por el mar territorial con el propósito de atravesarlo sin penetrar en aguas interiores, o bien para dirigirse hacia ellas o salir de las mismas. Para que dicho tránsito sea legítimo, la norma internacional indica que este debe ser necesariamente rápido e ininterrumpido.

El principio básico que califica la condición de inocencia es que el paso no resulte, bajo ninguna circunstancia, perjudicial para la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño. En ejercicio de su soberanía, el Estado costero está capacitado para promulgar leyes y reglamentos que regulen este derecho, especialmente en materias relacionadas con la seguridad marítima, la prevención de infracciones pesqueras y la preservación del medio ambiente.

De igual forma, el ribereño puede exigir a los buques extranjeros el cumplimiento de dispositivos de separación del tráfico o el uso de vías marítimas designadas.

Además, el ordenamiento jurídico faculta al Estado para suspender temporalmente el paso inocente en áreas específicas de su mar territorial cuando dicha medida resulte esencial para proteger su seguridad, como en el caso de ejercicios con armas, siempre que medie una publicación formal previa.

En segundo lugar, el régimen de paso en tránsito constituye la norma fundamental aplicable a los estrechos utilizados para la navegación internacional que comunican una parte de la alta mar o de una zona económica exclusiva con otra área de igual naturaleza.

Este sistema jurídico especial nace como una necesidad imperativa para facilitar y asegurar las comunicaciones globales en puntos geográficos estratégicos. A diferencia del paso inocente, como ya se explicó más arriba, el derecho de paso en tránsito faculta a todos los buques y aeronaves a ejercer las libertades de navegación y sobrevuelo con el fin exclusivo de un tránsito rápido e ininterrumpido.

Una de las particularidades decisivas del régimen iraní es su carácter absoluto, pues la Convención prescribe de forma tajante que no habrá suspensión alguna de este derecho por parte de los Estados ribereños. Esta protección jurídica es considerablemente superior a la del paso inocente ordinario por el mar territorial.

Por lo tanto, el control del Estado ribereño es menor y queda limitado a la promulgación de leyes sobre seguridad de la navegación, prevención de la contaminación y control aduanero que no pueden, bajo ninguna circunstancia, denegar o menoscabar el ejercicio efectivo del tránsito.

En definitiva, este régimen jurídico prioriza la libertad de las comunicaciones internacionales sobre las prerrogativas soberanas de carácter local.

Libertad de navegación

El estrecho de Ormuz se clasifica jurídicamente como un estrecho internacional al conectar el golfo Pérsico con el mar Arábigo. En este contexto, el ordenamiento jurídico aplicable es el derecho de paso en tránsito, caracterizado por libertades de navegación y sobrevuelo que no admiten suspensión.

A pesar de ello, la República Islámica de Irán, al no haber ratificado plenamente la Convención y ser un objetor persistente, defiende en la práctica y en su legislación interna limitaciones similares al paso inocente. Teherán sostiene la facultad de exigir autorizaciones previas, oponiéndose al automatismo del tránsito.

Este choque entre la norma convencional y las pretensiones soberanas origina serias fricciones jurídicas y políticas que comprometen la estabilidad operativa en esta región estratégica. Además, las declaraciones de Donald Trump y las órdenes dirigidas al bloqueo del estrecho por parte de las fuerzas navales de las que dispone en la zona, no contribuyen a rebajar la tensión y ponen de manifiesto el clima de inestabilidad existente.

La problemática en el Estrecho de Ormuz emana de interpretaciones contradictorias y de la falta de ratificación de la CNUDM por actores estratégicos, quienes dan prioridad a derechos soberanos frente al automatismo del tránsito.

El derecho y los estrechos internacionales

En definitiva, la posición del Estado persa no es una simple negación del derecho del mar: acepta las normas consuetudinarias que refuerzan su soberanía, mientras rechaza todas aquellas que limitan su control sobre el estrecho invocando su condición de objetor persistente.

Por otro lado, la comunidad internacional opera de tal forma que el derecho de tránsito en estrechos internacionales es vinculante para todos. La práctica estatal contemporánea revela una posición casi uniforme: los estrechos estratégicos como Ormuz no pueden quedar a discreción unilateral del Estado ribereño.

En esta línea, el derecho internacional trabaja menos como un sistema formal cerrado y más como un acuerdo estratégico que trata de garantizar la continuidad de la navegación global.

The Conversation

Julián Santana Silva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El cuello de botella del mundo: quién manda de verdad en el estrecho de Ormuz – https://theconversation.com/el-cuello-de-botella-del-mundo-quien-manda-de-verdad-en-el-estrecho-de-ormuz-280953

El papel oculto de la insulina en el riesgo de cáncer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lydia Begoña Horndler Gil, Profesor en inmunología y biología del cáncer, Universidad San Jorge

Representación de moléculas de insulina (con forma de flor) y glóbulos rojos en un vaso sanguíneo. UGREEN 3S/Shutterstock

Durante décadas, la obesidad se ha explicado como una diferencia entre las calorías que ingeríamos y las que gastábamos, pero no es tan sencillo. Cada vez hay más pruebas de que el metabolismo es mucho más complejo y que las hormonas desempeñan un papel fundamental.

Y una hormona clave en el metabolismo energético es la insulina, que se encarga de regular los niveles de azúcar. Cuando no funciona de forma “correcta”, aparecen enfermedades como la diabetes o el cáncer.

Pero además de regular el metabolismo de la glucosa, también participa en el metabolismo lipídico, Es decir, promueve el almacenamiento de grasa y reduce la utilización de esta como fuente de energía. En consecuencia, niveles elevados de insulina favorecen la acumulación de grasa corporal y el aumento de peso.

El tejido adiposo se descontrola

Cuando la insulina permanece elevada de forma sostenida en el tiempo hablamos de hiperinsulinemia. Esta situación resulta peligrosa para el organismo, ya que contribuye al aumento del tejido adiposo y al aumento excesivo del tamaño de las células que lo forman: los adipocitos.

Los adipocitos hipertrofiados no solo almacenan más grasa, sino que también cambian su comportamiento. Como resultado, el tejido adiposo sufre alteraciones metabólicas e inmunológicas que favorecen un estado de inflamación crónica. Este fenómeno ha dado lugar a un importante debate entre los cientificos: ¿es la hiperinsulinemia una consecuencia de la obesidad o podría considerarse uno de sus desencadenantes?

Canceres asociados a obesidad.
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades

Algunos estudios recientes sugieren que puede aparecer antes del aumento de peso. Por ejemplo, se ha observado que niños con niveles más altos de insulina presentan una mayor predisposición a desarrollar obesidad en el futuro. Es probable que ambos procesos se refuercen mutuamente, dando lugar a un círculo difícil de romper en esas personas.

Estado de inflamación crónica

Durante mucho tiempo, el tejido graso se consideró simplemente un depósito de energía. Hoy sabemos que es un órgano metabólicamente activo que también participa en la regulación del sistema inmunitario.

En condiciones de hiperinsulinemia, los adipocitos hipertrofiados liberan señales que atraen macrófagos y otras células inmunes hacia ese tejido adiposo. La acumulación de dichas células inmunitarias favorece la producción de moléculas inflamatorias y genera un estado de inflamación crónica de bajo grado, característico de muchas enfermedades metabólicas.

Cantidades adecuadas de insulina son necesarias para la activación normal del sistema inmunitario, pero cuando esos niveles son excesivamente altos, el sistema puede dejar de funcionar correctamente.

Así, se ha observado que la hiperinsulinemia afecta a unas células muy concretas: las T reguladoras, encargadas precisamente de controlar la respuesta inmune. Como resultado, se favorece un entorno más proinflamatorio, que puede facilitar el desarrollo de diversas patologías. Entre ellas, el cáncer.

Insulina y cáncer

Más allá de su función metabólica, la insulina también actúa como un factor mitogénico, es decir, como una señal que puede estimular a las células a dividirse y sobrevivir. Esta característica es relevante en el contexto del cáncer: las células tumorales pueden aprovechar la señalización para favorecer su crecimiento.

Una de las estrategias observadas en distintos tumores es el aumento de la expresión de una forma específica del receptor de insulina conocida como INSR-A. Este receptor tiene una mayor afinidad por la hormona y transmite señales asociadas principalmente con la proliferación y división celular, favoreciendo la progresión tumoral.

Diversos estudios han asociado este contexto metabólico con un mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer:

  • Cáncer de páncreas: el páncreas está expuesto a concentraciones especialmente altas de insulina debido a la presencia de las células β, responsables de producir esta hormona. En investigaciones con animales , la reducción de los niveles de insulina ha demostrado disminuir la inflamación y la fibrogénesis en lesiones pancreáticas precancerosas. Estos resultados sugieren que podría contribuir directamente a la progresión tumoral y ser una nueva diana a la que atacar.

  • Cáncer colorrectal: se ha encontrado una asociación entre hiperinsulinemia y mayor riesgo de sufrir esta enfermedad. Los investigadores han observado que muchos tumores de colon presentan una mayor proporción del receptor de insulina INSR-A, lo que podría favorecer la proliferación de las células tumorales y, por tanto, un peor pronóstico.

  • Cánceres ginecológicos: entre los tumores asociados a alteraciones metabólicas, el cáncer de endometrio y el cáncer de mama presentan una relación especialmente estrecha con la obesidad, la diabetes y la hiperinsulinemia. En estos casos, la insulina puede favorecer el crecimiento tumoral tanto por su efecto mitogénico directo como por su influencia sobre el equilibrio hormonal.

    Cuando los niveles de insulina se mantienen elevados de forma crónica, se observa una mayor proporción de estrógeno libre circulante, lo cual puede estimular la proliferación de tejidos sensibles a esas hormonas, como el endometrio o el tejido mamario. A largo plazo, es una situación que puede favorecer el desarrollo de tumores.

    En el caso del cáncer de mama, esa relación es especialmente relevante después de la menopausia, cuando el tejido adiposo se convierte en una de las principales fuentes de producción de estrógenos.

La importancia de lo que comemos

Algunos alimentos, especialmente aquellos con un alto índice glucémico, provocan aumentos rápidos de glucosa en sangre. Como respuesta, el organismo libera grandes cantidades de insulina, y la repetición crónica de estos picos de glucosa e insulina puede favorecer el desarrollo de hiperinsulinemia, inflamación metabólica y alteraciones hormonales.

Entre esos alimentos se encuentran productos ricos en carbohidratos refinados y azúcares de rápida absorción como bebidas azucaradas, dulces y bollería, pan blanco y cereales altamente procesados.

Con el tiempo, los procesos citados pueden contribuir tanto al desarrollo de obesidad como al aumento del riesgo de determinados tipos de cáncer. Por ello, además de la cantidad total de energía consumida, la calidad de la dieta y la respuesta metabólica que provocan los alimentos en el organismo son factores clave para reducir el riesgo de esas patologías.

Entonces, ¿qué alimentos debemos consumir para reducir los peligrosos picos de insulina? En general, los productos poco procesados y ricos en fibra favorecen una absorción más lenta de la glucosa y ayudan a mantener niveles de la hormona más estables. Por ello, es recomendable aumentar el consumo de verduras, fruta entera, legumbres, frutos secos y cereales integrales.

También es importante incluir proteínas de calidad y grasas saludables, presentes en alimentos como el pescado, los huevos, el aceite de oliva virgen extra, el aguacate o los frutos secos. Estos nutrientes contribuyen a aumentar la sensación de saciedad y ayudan a evitar fluctuaciones bruscas de glucosa en sangre.

En los últimos años, el aumento de incidencia de cáncer en población joven ha despertado las alarmas sobre el estilo de vida actual, incluyendo la forma en que nos alimentamos. Concretamente, se cree que entre un 30-35 % de los nuevos cánceres pueden asociarse a los malos hábitos nutricionales. Reducir el consumo de alimentos que aumentan ese riesgo y optar por aquellos que nos protegen puede marcar la diferencia.

The Conversation

Lydia Begoña Horndler Gil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El móvil en el aula: estrategias que funcionan más allá de la prohibición

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Herrera Urízar, Profesor del Departamento de Didáctica y Organización Educativa, Universitat de Barcelona

Dragon Images/Shutterstock

El debate sobre el móvil en la escuela ha dejado de ser una conversación de claustro para convertirse en política pública. En España, tras las recomendaciones del Consejo Escolar del Estado, el Ministerio de Educación y las comunidades autónomas han aprobado instrucciones que convergen en una misma dirección: el móvil personal debe estar apagado y guardado durante la jornada lectiva, salvo autorización expresa del profesorado. A eso se suma la tramitación de una ley para la protección de los menores en los entornos digitales, actualmente en las Cortes Generales.

La dirección regulatoria está clara. Lo que no está tan claro es si funciona sola.

Lo que dice la investigación

En nuestro libro Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas (Octaedro, 2025) ofrecemos una respuesta incómoda: prohibir el móvil no mejora por sí solo el rendimiento académico. Lo que sí marca diferencia es la formación del profesorado para gestionar su presencia (o su ausencia) con criterio pedagógico.

Algunos estudiantes reconocen que, tras la prohibición, atienden más en clase. Pero atender más no equivale a aprender a regular. El móvil no desaparece de la vida adolescente: cambia de escenario. Y cuando la norma no va acompañada de formación, solo funciona mientras hay vigilancia.

El otro problema es la incoherencia. Una madre del estudio lo resumía con precisión: “Se supone que el uso de móviles está prohibido, pero los profesores los piden para actividades como Kahoot… Así, la norma pierde coherencia”. Sin criterios acordados, la gestión queda en manos de cada docente, y el alumnado aprende que la norma depende del humor del día, no del centro.

La clave no es solo qué se decide sobre el móvil, sino cómo se decide, quién lo decide y con qué acompañamiento.




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Qué hacer y cómo hacerlo

A continuación, ofrecemos pautas para gestionar el móvil en los centros de manera eficaz y sostenible:

  • Formar al profesorado en gestión pedagógica, no solo en restricción: la formación docente es el factor que más consistentemente aparece vinculado a mejoras reales. No se trata de saber instalar una aplicación, sino de tener criterios claros: ¿en qué tipo de tarea el móvil añade valor y en cuál distrae sin compensación? ¿Cómo se comunica esa decisión al grupo?

    Esta formación debería incluir estrategias de gestión de la atención en entornos digitales, diseño de usos acotados con sentido pedagógico, y alfabetización digital integrada en las asignaturas, no como tema aparte, sino como parte del trabajo cotidiano.

  • Construir normas de centro acordadas, no solo transmitidas. Las normas que funcionan no son necesariamente las más estrictas, sino las más compartidas. Cuando el alumnado entiende el “porqué” de una restricción (y ha participado en su definición), la norma gana legitimidad sin necesidad de vigilancia constante.

    Esto requiere un proceso deliberado: acuerdos de claustro con criterios comunes, espacios de participación real del alumnado y comunicación clara a las familias. Sin ese trabajo previo, cada docente improvisa y la norma se convierte en ficción.

  • Enseñar autorregulación como contenido educativo. Las familias del estudio identifican con precisión el núcleo del problema: “No es utilizar el teléfono, el problema es todo lo que ven a través de él”. Si el problema es el hábito, la solución no puede ser solo retirar el objeto.

    Enseñar autorregulación digital no requiere una asignatura nueva: puede integrarse en Tutoría, analizando los propios datos de uso del alumnado; en Lengua o Ciencias Sociales, discutiendo cómo están diseñadas las plataformas para captar la atención; o en cualquier materia, practicando el cierre consciente del dispositivo cuando la actividad ha terminado.

  • Resolver la función logística del dispositivo. El móvil entra al aula, en muchos casos, por necesidad material: cuando no hay ordenadores disponibles o el aula de Informática está ocupada, es la única alternativa. Ignorar esto genera normas que se incumplen desde el primer día. Los centros que gestionan bien esta tensión son los que han separado dos preguntas distintas: ¿queremos reducir el uso distractivo del móvil personal? y ¿queremos integrar herramientas digitales en el aprendizaje? La respuesta puede ser sí a ambas, pero requieren estrategias diferentes. La segunda exige inversión en infraestructura, no solo en regulación.




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La pregunta útil

La pregunta útil no es “¿Prohibimos o permitimos?”, sino: “¿Cómo lograr que una decisión sobre el móvil tenga efecto real?” Prohibir puede ser una herramienta legítima y puntualmente eficaz. Pero prohibir sin formar, sin acordar y sin acompañar deja intacto el núcleo del problema.

Ese núcleo no está en el texto de la ley. Está en el aula del lunes por la mañana, donde el docente decide qué hace con veintitantos adolescentes y sus dispositivos. Con decreto o sin él, esa decisión sigue siendo suya. Y la diferencia entre una decisión informada y una improvisada no la hace la norma: la hace la formación.

The Conversation

Cristina Alonso Cano recibe fondos de Proyecto Jóvenes y móviles en el aula. Discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación / US’MOV Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación (PID2019-108041RB-I00), 2020-2022.

Gustavo Herrera Urízar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El móvil en el aula: estrategias que funcionan más allá de la prohibición – https://theconversation.com/el-movil-en-el-aula-estrategias-que-funcionan-mas-alla-de-la-prohibicion-277414

El móvil nos hace peores estudiantes, lo que nos lleva a refugiarnos más en él

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vicente Villalba Palacin, Adicción a Internet, Adicción al móvil, salud mental, desinformación, Universitat de Barcelona

PeopleImages/Shutterstock

Imaginemos a un universitario cualquiera: se sienta frente a los apuntes para empezar a estudiar, pero a los cinco minutos vibra el dispositivo. Este sencillo aviso actúa como una invitación a desviar su atención, activando un ciclo de gratificación instantánea que fragmenta su capacidad de concentración. Lo que comienza como una revisión de una notificación termina convirtiéndose en un largo periodo de consumo digital que desplaza la tarea académica.

Esta dinámica no es casual; responde a un diseño persuasivo que transforma el uso del smartphone en un patrón de conducta a menudo compulsivo. En un reciente estudio hemos analizado cómo el uso problemático de internet y el fenómeno del phubbing, acto de ignorar a otras personas para consultar el móvil, impactan en la capacidad cognitiva y emocional y en el rendimiento académico de los universitarios.

El perfil de la distracción

Nuestra investigación revela que el uso problemático de internet y el phubbing son fenómenos transversales a todos los universitarios, aunque existen ciertos matices. Al analizar la muestra de 875 estudiantes de 5 facultades de la Universitat de Barcelona, no hallamos diferencias por sexo o edad, algo que difiere de otros estudios donde tradicionalmente han señalado una mayor vulnerabilidad en las mujeres, por su uso de redes sociales, o en los alumnos más jóvenes.

Sin embargo, la titulación sí importa. Los alumnos que estudian grados con una mayor carga o estimulación digital, como por ejemplo Comunicación Audiovisual o ESCAC, muestran niveles de uso problemático más elevados en comparación con los de Educación.

En cuanto al rendimiento académico, los datos confirman una relación inversa preocupante que ya había sido detectada anteriormente: los estudiantes con un desempeño “excelente” muestran los niveles más bajos de uso problemático de internet o phubbing. Por el contrario, aquellos con calificaciones de “aprobado” o “notable” presentan una mayor dependencia digital y puntuaciones más altas en phubbing, lo que indica que el empleo desadaptativo del móvil está directamente asociado con un menor éxito en las aulas.




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‘Smartphone’ como analgésico emocional

El uso del móvil no es solo un hábito, sino un bucle alimentado por variables psicológicas. Por ejemplo, nuestros datos apuntan a que cuando una persona es impulsiva –le falta autocontrol– y se siente mal psicológicamente tiene mayor tendencia a usar internet de manera problemática e incurrir en el phubbing, es decir, en distraerse mirando el móvil cuando habla con otras personas.

Los estudiantes con niveles más altos de ansiedad y depresión tienen una probabilidad significativamente mayor de refugiarse en el dispositivo para aliviar estados emocionales negativos. Cuando este fenómeno se da en el aula, se distraen.


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Este círculo vicioso se retroalimenta. El malestar psicológico impulsa al estudiante hacia el móvil buscando alivio momentáneo, pero ese uso problemático genera una mayor fragmentación atencional y sentimientos de culpa, lo que a su vez incrementa el malestar y dificulta retomar el estudio con eficacia.

En nuestra muestra, el 49 % de los alumnos presenta niveles altos de phubbing, una conducta que se vincula directamente con una menor capacidad de autorregulación. Cuanto mayor puntúan en la escala de ansiedad, mayor es su probabilidad de incurrir en este tipo de comportamiento. Si tenemos en cuenta que la media de revisión del teléfono es de 150 veces al día, en los casos con un peor autocontrol esta frecuencia puede dispararse, consolidando dinámicas de uso compulsivas.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro?

Para entender qué ocurre realmente en el cerebro del estudiante, realizamos un experimento con 46 alumnos del grado en Comunicación Audiovisual midiendo su actividad electrodérmica (las respuestas físicas de la piel que indican activación emocional y atencional). Los resultados muestran un patrón claro: una mayor propensión a usar demasiado internet provoca un desajuste entre el nivel de atención y la activación emocional durante el desempeño de tareas académicas.

En concreto, al realizar actividades que requieren una alta demanda cognitiva, como es un examen, los estudiantes con mayor uso problemático muestran una disminución progresiva de la atención. Sin embargo, presentan una respuesta emocional elevada ante las exigencias de la tarea, lo que sugiere que su cerebro está reaccionando emocionalmente ante la dificultad de concentrarse para realizar la labor.




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Curiosamente, su atención solo parece estabilizarse ante estímulos digitales, como el consumo de contenido en pantalla. Esto demuestra que su sistema nervioso se ha habituado a procesar información bajo una estimulación constante, perdiendo eficacia en los procesos de estudio tradicionales que requieren calma y reflexión.

No es falta de ganas, es un conflicto de diseño

A la luz de estos datos, queda patente que el uso excesivo del smartphone impacta en el rendimiento académico más allá de provocar falta de interés o de disciplina. Las plataformas digitales entorpecen los procesos necesarios para sostener el esfuerzo cognitivo que una persona necesita para estudiar.

Los malos hábitos digitales (uso excesivo, falta de control en el tiempo de uso, consultar el móvil demasiado a menudo o interrumpiendo otras tareas) pueden surgir, además, precisamente como respuesta ante el malestar psicológico que produce esta falta de concentración. Es decir, al comenzar una tarea exigente cognitivamente, el esfuerzo nos empuja a “evadirnos” hacia tareas fragmentadas y sencillas como consultar las redes sociales.

En definitiva, el éxito académico no depende solo de la capacidad intelectual, sino también de nuestra habilidad para recuperar la voluntad y el autocontrol en un entorno diseñado, precisamente, para disminuirlos.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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