La geopolítica que se oculta tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noah Eliot Vanderhoeven, PhD Candidate, Political Science, Western University

Los Juegos Olímpicos de este invierno no serán un evento deportivo internacional normal. Una nube de tensión geopolítica se cierne sobre las competiciones en Milán-Cortina, así como sobre la próxima Copa Mundial de Fútbol Masculino de la FIFA.

La tensión se intensificó tras el discurso del primer ministro Mark Carney en Davos, donde expuso su visión de un nuevo orden mundial para las potencias medias. Esto contrastó claramente con el discurso del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien siguió expresando su interés en adquirir Groenlandia.

Como resultado, es probable que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 perturben de manera singular el objetivo declarado por el Comité Olímpico Internacional de que el deporte una al mundo bajo una misma bandera. En lugar de silenciar el conflicto político, los Juegos podrían amplificarlo.

La política detrás de los anfitriones

La misión unificadora de los Juegos Olímpicos se sitúa en una posición incómoda, sobre todo si se tienen en cuenta debates pasados sobre la moralidad de celebrarlos en Estados represivos. Durante décadas, los críticos han argumentado que esos regímenes utilizan los Juegos para mejorar su imagen global y promover sus objetivos políticos y económicos.

Los eventos deportivos internacionales proporcionan una amplia cobertura mediática y exposición de marca. Esa atención es especialmente atractiva para quienes buscan legitimidad en la escena mundial. El acceso a una audiencia occidental brinda a estos Estados la oportunidad de “lavar su imagen” a través de una percepción cuidadosamente construida.

Los regímenes represivos han recurrido cada vez más a esta estrategia. Las investigaciones muestran que la proporción de eventos deportivos internacionales organizados por autocracias se redujo del 36 % en 1945-1988 al 15 % en 1989-2012, pero ha repuntado hasta el 37 % desde 2012.

El lavado deportivo y el acuerdo olímpico

El sportswashing, o lavado deportivo, consiste en utilizar el deporte para desviar la atención del público de conductas poco éticas. En el caso de los eventos internacionales, el objetivo suele ser mejorar la reputación del país anfitrión utilizando la inmensa popularidad del deporte para “evitar” el escrutinio relacionado con los abusos de los derechos humanos o el retroceso democrático.

El lavado deportivo también puede servir para establecer una mayor aceptación global de los regímenes represivos, especialmente cuando las instituciones occidentales aceptan su riqueza y consienten sus objetivos.

Las organizaciones deportivas internacionales también se benefician de este acuerdo. Los anfitriones autoritarios son más propensos a aceptar la construcción de costosas instalaciones deportivas de un solo uso, ya que no se enfrentan a las repercusiones que puede tener en una democracia el utilizar fondos públicos para un evento que reporta pocos beneficios a los ciudadanos.

En algunos casos, estos regímenes incluso han estado dispuestos a sobornar a funcionarios con el objetivo de obtener los votos necesarios para ganar las licitaciones para albergar estos eventos deportivos.

Del lavado deportivo al nacionalismo

A menudo existe una relación simbiótica entre los regímenes represivos y las organizaciones deportivas internacionales. Sin embargo, es poco probable que el evento de Milán-Cortina sirva para el lavado deportivo que hemos visto recientemente. En cambio, es posible que los relatos políticos de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 sean más explícitamente nacionalistas.

El deporte es un poderoso vehículo para la retórica nacional. Puede reforzar la identidad social de una persona o la forma en que se percibe a sí misma en relación con los demás. Así, anima a la gente a verse como miembros de un equipo o de un país, celebrando la victoria como un éxito colectivo o interpretando la derrota como una pérdida simbólica.

El deporte también posee un fuerte simbolismo que puede ser explotado para construir una identidad de país. Por ello, esta identidad conecta con formas primitivas de ideología nacional.

Tensiones políticas de cara a Milán-Cortina

En el período previo a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, una serie de conflictos geopolíticos ha intensificado las tensiones en torno al evento. Entre ellos se incluyen la invasión estadounidense de Venezuela, el deseo de Trump de anexionar tanto Groenlandia como Canadá a Estados Unidos y sus continuas disputas comerciales con quienes eran aliados tradicionales.

Ya sea por la tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos o entre estos y Canadá, hay muchas historias que pueden reactivar la retórica nacionalista.

El campeonato de hockey sobre hielo 4-Nations Face-Off, que Canadá ganó hace un año, demostró lo rápido que se puede movilizar el nacionalismo canadiense en medio de tensas negociaciones comerciales con Estados Unidos. Cualquier partido olímpico de hockey sobre hielo entre ambos alimentará la imaginación nacional de los dos países y de sus líderes políticos.

Dinamarca y Estados Unidos también están en el mismo grupo en el torneo masculino de hockey sobre hielo, lo que significa que tendrán que enfrentarse entre sí en la fase de liguilla.

El torneo masculino de hockey sobre hielo de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980 en Lake Placid, Nueva York, supuso un momento crucial en la Guerra Fría. Cuando Estados Unidos, el equipo que nadie creía que podría ganar, venció a los favoritos, el Ejército Rojo de la Unión Soviética, se consideró un “milagro sobre el hielo”.

Dadas las amenazas de Trump contra Groenlandia, un territorio danés, el enfrentamiento olímpico entre los dos equipos podría servir como el propio “milagro sobre el hielo” de Dinamarca.

Un medallero propicio para la manipulación política

Más allá del hockey sobre hielo, todo apunta a que estos Juegos Olímpicos de Invierno serán fructíferos para Estados Unidos, ya que los equipos de Noruega y Rusia, que suelen ser los favoritos, están inmersos en diferentes problemas.

Noruega, líder histórico en medallas de los Juegos Olímpicos de Invierno, y tradicionalmente una potencia en los deportes nórdicos y las pruebas de esquí, se enfrenta a un enorme escándalo por haber hecho trampas en el salto de esquí. Por su parte, los atletas rusos siguen sin poder competir bajo su bandera nacional debido a la guerra en Ucrania y solo se les permite participar como atletas individuales neutrales previamente seleccionados.

Es probable que Trump le dé mucha importancia a cualquier buen resultado de Estados Unidos, comparando cualquier éxito con los de la UE y Canadá.

Durante su segundo mandato, Trump ha recibido a numerosos atletas en la Casa Blanca y ha vinculado públicamente el éxito deportivo con la fortaleza nacional. Celebró la participación estadounidense en la Ryder Cup de golf y el 4-Nations Face-Off, incluso cuando Estados Unidos fue derrotado en ambas.

Por lo tanto, el éxito de los Juegos Olímpicos de Invierno podría proporcionar capital político en un momento delicado. En medio de su ataque a Venezuela y su objetivo declarado de adquirir Groenlandia, los principales países futbolísticos y los poderosos de la UE –entre ellos Francia y Alemania– han hecho tentativas de reconsiderar su participación en la Copa Mundial Masculina de 2026, organizada en gran parte por Estados Unidos.

Pero primero, los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 ofrecerán una serie de enfrentamientos que servirán a los objetivos nacionalistas de Trump, Carney y los líderes de la Unión Europea.

The Conversation

Noah Eliot Vanderhoeven no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La geopolítica que se oculta tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 – https://theconversation.com/la-geopolitica-que-se-oculta-tras-los-juegos-olimpicos-de-invierno-de-milan-cortina-2026-275161

Prohibir las redes sociales a menores de 16 en España: lo que falta por saber

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Íñiguez Berrozpe, Profesora Titular del área de Sociología, Universidad de Zaragoza

iamsevensix/Shutterstock

La noticia saltó el 3 de febrero y el debate ya está en la calle, en los medios, en las familias, en los centros educativos: “España va a prohibir el uso de las redes sociales para menores de 16 años”. Ante un tema de tal relevancia para nuestros menores, todos nos hemos lanzado a opinar al respecto. Pero aún no se conocen los detalles de la enmienda. Y los detalles, como veremos a continuación, son mucho más que detalles.

Lo que sabemos: responsabilidad compartida

El Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha especificado que esta prohibición de acceso a las redes sociales obligará a las plataformas digitales a incorporar sistemas efectivos de verificación de la edad. La medida otorga responsabilidad individual a los usuarios menores y a sus familias, pero también de manera sistémica a las propias redes sociales.

Este foco en las propias plataformas, aunque insuficiente, dado que se queda sólo en su limitación de uso por edad, es relevante, ya que supera las narrativas de responsabilidad individual para que el compromiso en la regulación y la rendición de cuentas recaiga sobre los verdaderos artífices de unas redes sociales con algoritmos opacos, diseño adictivo y escaso control de contenidos.




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Sabemos también que la medida sigue la estela de países como Australia, cuya regulación entró en vigor en septiembre y a la que se sumarán otras similares como Francia o Portugal. En esta línea, el Parlamento Europeo también ha propuesto limitar el acceso a menores de 16 años o requerir el consentimiento parental entre los 13 y 16 años.

Lo que falta por saber

Lo que no sabemos es casi todo lo demás. Y deberíamos empezar por definir lo que la ley define como “red social”. En Australia, por ejemplo, han quedado fuera de esta prohibición WhatsApp o Telegram, aplicaciones de inteligencia artificial generativa o páginas de apuestas en línea. ¿Son menos dañinas estas plataformas? ¿Qué redes sociales entrarán en la normativa española? ¿Se tendrán en cuenta las plataformas de vídeo y streaming? ¿Y juegos como Roblox?




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Otra de las grandes cuestiones que se plantean es cómo se va a implementar la herramienta de la “Cartera Digital Beta” para la verificación de edad al iniciar sesión en las redes sociales, medida que puede tener impacto en toda la población española que las use.

Y, unido a ello, cómo se va a solucionar y gestionar el posible, y más que probable, uso clandestino y no supervisado por parte de los menores de estas plataformas, tanto por parte de las propias corporaciones como por parte de familias y comunidad educativa.

Evidencias tras la medida

Es importante saber qué evidencias se han tenido en cuenta para el diseño de la medida. Afirmar tajantemente que las redes sociales son la causa de muchos de los problemas de salud mental de los jóvenes es una visión simplificadora. Es cierto que las zonas del cerebro que regulan el autocontrol, el razonamiento y la atención maduran en la adolescencia tardía, por lo que la autogestión en dedicación de tiempo y acceso a contenido digital debe ser supervisada.

Pero no se pueden ignorar investigaciones previas que indican que un uso responsable y equilibrado de pantallas puede ser más positivo que su uso inexistente. Por ejemplo, el uso equilibrado correlaciona con mayor sentido de pertenencia al centro educativo y mejor rendimiento académico.




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Incluso Unicef afirma que para muchos menores, las redes sociales son un salvavidas que les da acceso al aprendizaje, la conexión y la autoexpresión. La soledad es otro de los grandes problemas de la adolescencia actualmente, especialmente en colectivos minoritarios o desfavorecidos, y las redes pueden ayudar a mitigar esta desconexión con sus iguales.

No olvidar otros factores

En este sentido, se corre el riesgo de confundir correlación con causalidad y no tener en cuenta que las redes sociales pueden ser más un amplificador de problemáticas preexistentes que la causa de las mismas. La calidad de la evidencia sobre el impacto del uso de redes en la salud mental de los menores es modesta. Cuando tenemos en cuenta otras variables contextuales y personales, el efecto de éstas es poco significativo. Cuando los problemas tienen raíces sociales, es poco probable que las restricciones técnicas por sí solas los resuelvan.

En definitiva, una prohibición que trata a las redes sociales como el principal problema, en lugar de plantear preguntas más profundas sobre por qué ocurren ciertos comportamientos y cuestiones sociales que afectan en gran medida a nuestros menores (acoso, misoginia, racismo, presión académica, etc.) desplazaría la solución de estas cuestiones a un foco con menor peso en su bienestar.

Evaluación de impacto

Para quienes nos dedicamos a investigar esta cuestión, uno de los aspectos principales que nos queda por saber es cómo, cuándo y con qué indicadores va a medirse el impacto de esta medida. En Australia el sistema de evaluación de impacto se está centrando básicamente en analizar si el método de verificación de edad está funcionando, con resultados no muy alentadores, ya que la precisión es muy variable según plataforma y perfiles de usuarios, y se dan errores cerca del umbral de los 16 años. De momento, no se han planteado mediciones de más alcance (salud mental, resultados académicos).

Si la medida en España está enfocada a minimizar o mitigar los “efectos negativos” del uso de redes sociales por parte de los menores, deben plantearse criterios claros, transparentes y mensurables de evaluación de impacto.




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Medidas educativas y papel de las familias

Otras preguntas que habrá que resolver son: ¿la prohibición vendrá acompañada de medidas educativas en pro del uso responsable? ¿Qué papel tendrán las familias en esta medida y cómo acompañarlas? ¿Cómo se regularán el resto de usos digitales de los menores?

Más allá de las prohibiciones, se tendrán que plantear las medidas socializadoras y educativas que deberían acompañar a esta propuesta para responder a estas preguntas.

Esperaremos a la publicación de la norma para poder hacer una interpretación en clave científica.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Prohibir las redes sociales a menores de 16 en España: lo que falta por saber – https://theconversation.com/prohibir-las-redes-sociales-a-menores-de-16-en-espana-lo-que-falta-por-saber-275104

¿Y si desacralizamos la opinión, al menos la periodística?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Chelo Sánchez Serrano, PDI en Facultad de Comunicación, Universidad Pontificia de Salamanca

Igor Link/Shutterstock

Si la democracia es el gobierno de la opinión, “no el de los filósofos platónicos o el de los científicos”, parafraseando al politólogo Fernando Vallespín, la España democrática lo viene ejercitando, otorgando el poder a una opinión pública conformada a través de los medios y canales que la modelan y reflejan.

Pero ¿se trata de la opinión de todos o de la opinión autorizada que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública, de quienes son dignos de tener una opinión? ¿Son igual de solventes y respetables todas las opiniones o depende de quién y dónde se formulen? ¿Y qué pasaría si el periodismo volviera a ser más informativo, contribuiríamos a rebajar la polarización y la desconfianza?

Un problema que viene de lejos

La opinión es una necesidad humana, un paso en el proceso de la información al conocimiento y un nivel más del método de interpretación sucesiva de la realidad que es el periodismo, cuyo sustento esencial es la información.

Sin embargo, la actualidad ha dejado de ser muchas veces un proceso informativo para convertirse en un estado opinativo. No es algo nuevo: los académicos y profesionales llevamos años identificando y reflexionando a partir de un modelo de periodismo sin información.

Lo de los pseudoperiodistas, aunque parezca la última gran crisis, no es más que otro elemento sumatorio en la degeneración al que las malas prácticas, la confusión entre información y cualquier otra práctica comunicativa y un modelo de negocio cortoplacista nos han ido abocando. Sigue haciéndose buen periodismo, y la información solvente y compartida es y será un elemento de justicia social.

La pérdida de credibilidad en el periodismo y la desafección por las noticias tiene muchas causas, y entre ellas se encuentra este proceso de editorialización continuo de la profesión y el cuestionamiento de la figura profesional de los periodistas.

Tampoco es nada nuevo. Algunos de los que lean este artículo quizá recuerden un libro publicado en los 90 bajo el título Periodistas. Polanquistas, sindicato del crimen, tertulianos y demás tribus. Y acaba de llegar a las librerías un nuevo ensayo bajo la sugerente descripción de Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España.

De los tertulianos de café a las opiniones viralizadas

Si hace años nos hubieran dicho que alguien haría carrera como tertuliano, seguramente le hubiéramos desmentido. “Ya nadie se acuerda, pero hubo un tiempo en que no existían los contertulios”, escribía Elvira Lindo en un artículo en El País en el año 2008. Ese es un ejercicio diletante, para entretenerse, no un trabajo: tertuliano somos todos, apuntaríamos con total rotundidad hace 40 años.

Palabras que nos hemos tragado ya: ¿qué saben otros que usted no sepa? Usted puede ser tertuliano, escribía el periodista Javier Valenzuela. Hoy hay cientos de personas que viven de hacer tertulia, una carrera profesional que les puede reportar, mientras estén en la cresta de la ola, considerables beneficios económicos y sociales. Ser contertulio abre hoy muchas otras puertas, pero también puede cerrar algunas.

Quién se lo iba a decir a los insignes conversadores de los siglos XIX y XX, aquellos que hacían tertulia en los cafés y casinos pagándose el café. Quién nos iba a decir hace 30 años que en 2026 cualquiera podría opinar de manera pública en Zamora y viralizarse su opinión en Viena, incluso negarle las evidencias a un experto y recibir el aplauso público. Pero ahí estamos, porque ese gobierno de la opinión, que es la democracia, y los nuevos canales de comunicación lo garantizan en buena medida. Y ¡bendito sea!, aunque cada vez nos haga más complejo entendernos.

Menos tertulias en la radio

Las tertulias, que surgieron en la radio española en los años 80 como la consolidación de un periodismo ejercido ya en democracia, han derivado en un género tremendamente espectacularizante, omnipresente en televisión e incluso en formato pódcast conversacional (ya sea solo audio o vídeo). Un espectador puede tener la sensación de que hoy en la tele todo es tertulia y opinión.

En la radio ha ocurrido lo contrario: el tiempo dedicado a la tertulia en el total de la programación de la radio generalista ha ido reduciéndose. Al mismo tiempo, sigue practicándose mayoritariamente desde su conceptualización original: un género periodístico para el análisis, el intercambio de ideas y opiniones y el respeto en la discusión.

Las excepciones que “se salen del tiesto” generalmente se suelen reconducir como parte de la praxis propia del periodismo radiofónico. Uno de los ejemplos más recientes se producía en una de las emisiones en directo del programa Hoy por Hoy de la Cadena SER.

Sin embargo, frente a la ausencia tradicional del editorial radiofónico, en los últimos 20 años han ido floreciendo los monólogos y los comentarios de opinión de los autores de los principales programas de radio. Espacios de opinión con una altísima penetración e influencia pública. Otra derivada de la editorialización.

El reto de desacralizar la opinión

Antes de que el desafío del periodismo del futuro sea opinar sin hechos irremediablemente –ya me he encontrado con algún estudiante que ante mi pregunta de cuál es la noticia, responde que “mi opinión es la noticia”–, podríamos valorar retirar discretamente a “los cuarteles de invierno” tanta opinión periodística, desacralizarla en beneficio de los hechos y la información. Eso requiere un cambio del modelo de negocio y de la estrategia periodística de muchos medios, así como de una ciudadanía valiente y responsable, capaz de volver a darle el valor a la información, incluso de pagar por ella.

Si todos llevamos un tertuliano dentro, no todos podemos ni sabemos hacer información periodística. Escribía el profesor Gabriel Galdón que el periodismo, si no está corrompido, es un saber prudencial, que comunica de manera adecuada las realidades humanas actuales, realidades que a los ciudadanos les es útil conocer para actuar libre y solidariamente.

Cuando se recurre a la primera persona, se opina y se defienden unas u otras causas en las páginas de información, en las tertulias, en los perfiles corporativos o personales en redes, se está cruzando una importante línea. Parece que ya la hemos sobrepasado. Y no, no se trata de no defender la libertad de expresión y opinión, se trata de salvaguardar la libertad de información y de colocar a las noticias y a la información de nuevo en el centro del periodismo, sin atajos.

The Conversation

Chelo Sánchez Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si desacralizamos la opinión, al menos la periodística? – https://theconversation.com/y-si-desacralizamos-la-opinion-al-menos-la-periodistica-274925

Por qué es tan importante proteger las ‘bibliotecas de Alejandría’ de los microorganismos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Seoane Parra, Profesor Pleno de Ecología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Cepas de la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC). Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea

La biblioteca de Alejandría fue un gran centro del saber de la Antigüedad que llegó a albergar, según los expertos, hasta 700 000 ejemplares. Una serie de acontecimientos a lo largo de los siglos acabaron con esa joya del conocimiento y se perdieron para siempre documentos con miles de años de historia que contenían información irreemplazable para la cultura humana.

Representación artística del siglo XIX de la biblioteca, basada parcialmente en la evidencia arqueológica disponible en la época.
O. Von Corve, CC BY

Hoy, en nuestras universidades y centros de investigación, nos encontramos con pequeñas “Alejandrías” en forma de colecciones de cultivos de microorganismos. En ellas, se alberga información única sobre procesos, formas de vida y compuestos, resultado de millones de años de evolución.

La misión de estas colecciones es preservar y conocer la diversidad genética de los grupos taxonómicos en nuestro planeta y ponerla a disposición de múltiples fines. Son la materia prima de innumerables procesos biotecnológicos en campos tan diversos como la medicina, la alimentación, los biomateriales o las energías limpias, y forman parte de desafíos globales como la falta de antibióticos o la crisis alimentaria.

Cuidado de la cepas

El día a día de una colección de cultivos consiste en preservar los organismos, identificarlos y suministrar las cepas a instituciones científicas o al sector empresarial. Cada vez con mayor frecuencia, también se incluyen tareas de caracterización de compuestos o procesos que pueden tener interés industrial.

Todo ello requiere de personal cualificado, encargado de la identificación taxonómica y de la caracterización de compuestos de interés y de personal técnico para las labores de mantenimiento y conservación de las cepas. Además, hacen falta unas infraestructuras físicas e informáticas que aseguren que todas estas tareas se llevan a cabo con seguridad, calidad y con una gestión eficaz de los registros.

Sin estas condiciones, resulta difícil asegurar un mantenimiento adecuado de las cepas que permitan la reproducibilidad –reproducir los mismos experimentos con los mismos organismos en distintos laboratorios– de las investigaciones.

El mantenimiento entraña una gran dificultad, inherente al tamaño de los organismos a preservar. Esto no solo complica su identificación, sino también su conservación, por la facilidad de contaminación que presentan los cultivos.

Microalgas, una jugosa promesa

En la actualidad, se encuentran registradas en la Federación Mundial de Colecciones de Cultivos de Microorganismos (WFCC-MIRCEN WDCM) 884 colecciones con más de 4 millones de cepas. Entre ellos, están las microalgas, como las que alberga la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC).

Su relevancia ha crecido notablemente gracias al desarrollo biotecnológico de los últimos años. Están presentes en nuestra vida cotidiana: en la alimentación humana y animal, en la cosmética, en nuevos materiales biodegradables y aplicaciones biomédicas.

Por su interés económico y ecológico, estos organismos se han integrado en las políticas a través de documentos como el Pacto Verde Europeo o la Estrategia de la Granja a la Mesa. La UE las considera parte de la solución a las crisis medioambiental, energética y alimentaria del planeta.

Pilares de la ciencia aplicada

No obstante, todo el futuro prometedor que presentan las microalgas y otros microorganismos solo podrá existir si las colecciones de cultivos pueden cumplir sus funciones y, hoy en día, esto no es una tarea fácil.

En ocasiones, estas colecciones dependen de pequeños grupos de investigación que carecen de financiación estable para las exigentes tareas de aislamiento y mantenimiento de los organismos, y la falta de compromiso institucional pone en riesgo su continuidad.

Su mantenimiento es considerado, muchas veces, como ciencia básica, y los recursos que se le dedican suelen ser muy inferiores a los que recibe la ciencia aplicada. Sin embargo, es fácil intuir que la ciencia aplicada con estos microorganismos no tiene ningún recorrido sin la labor de las colecciones.

Hoy contamos con un patrimonio de valor incalculable en dichas colecciones, y en ellas podría encontrarse la clave para afrontar muchos de los desafíos actuales y futuros.

Con el fin de protegerlo, es indispensable un compromiso institucional firme que asegure no solo su conservación, sino también su desarrollo, sin depender de financiación ocasional o inestable. De lo contrario, quienes hoy toman decisiones podrían convertirse en los responsables de la “quema” de estas imprescindibles bibliotecas de Alejandría en pleno siglo XXI.

The Conversation

Sergio Seoane Parra recibe fondos del Gobierno Vasco

ref. Por qué es tan importante proteger las ‘bibliotecas de Alejandría’ de los microorganismos – https://theconversation.com/por-que-es-tan-importante-proteger-las-bibliotecas-de-alejandria-de-los-microorganismos-270188

‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

Bilal y Toni en _Ciudad sin sueño_, de Guillermo Galoe. BTEAM Pictures

Nominada a cinco Premios Goya de la Academia de Cine española, la película Ciudad sin sueño, dirigida por Guillermo Galoe, tiene la Cañada Real Galiana como principal escenario.

La Cañada Real es un gran asentamiento informal y lineal situado en un tramo de una antigua vía pecuaria a su paso por la Comunidad de Madrid, con unos 15 kilómetros de longitud. Nació como ocupación progresiva de terrenos públicos destinados originalmente al paso de ganado trashumante, donde familias de bajos recursos fueron (auto)construyendo sus propias viviendas.

El argumento central de Ciudad sin sueño gira en torno a la amistad de dos chicos adolescentes, uno de etnia gitana y el otro marroquí. Sus vidas están a punto de separarse, porque ambos van a abandonar el lugar donde crecieron y con el que están familiarizados. Mientras que el primero, Toni, se irá con sus padres y sus hermanos a un piso de realojo en Madrid, Bilal se marchará con su familia a vivir a Francia.

Si bien se trata de una ficción, la película proyecta un tono de documental y cuenta con actores naturales cuyas relaciones son anteriores a la película. La obra se rodó a lo largo de seis años de inmersión comunitaria, durante los cuales se llevaron a cabo talleres con vecinos y vecinas. Fruto de este trabajo nació Ciudad sin sueño, que expande el universo del corto rodado en 2023 Aunque es de noche. Este último había recibido el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, entre otros reconocimientos.

Además de poder considerarse un proyecto social, la película se puede leer en clave política.

El retrato de los barrios vulnerables

Ciudad sin sueño es un ejemplo más de una larga trayectoria de filmes localizados en zonas urbanas desfavorecidas. En España, encontramos un caso reciente en El 47, multipremiado en los Goya de 2025. Narra la historia real de un conductor de autobuses que, en 1978, secuestró su propio vehículo de la línea 47 para demostrar que este podía subir a Torre Baró, un barrio humilde de Barcelona. Su objetivo era mejorar la conexión de este con el centro de la ciudad.

Otro ejemplo es el documental Palmeras en positivo, de 2025, que relata un proceso de participación ciudadana en el barrio cordobés de Palmeras. Fue realizado para el proyecto europeo IN-HABIT, cuyo objetivo es promover la salud y el bienestar en ciudades pequeñas y medianas.

El punto común con Ciudad sin sueño es que todas ellas le dan la voz a vecinos y vecinas de los barrios, por muy vulnerables que sean sus condiciones de vida, y estos se convierten en los protagonistas. Observamos esta misma tendencia en las películas de Ken Loach o de los hermanos Dardenne, centrados en los grupos sociales más excluidos del Reino Unido o de Bélgica, respectivamente.

El acto de darles voz y protagonismo

En Ciudad sin sueño se retratan los sectores 5 y 6 de la Cañada Real Galiana, afectados por cortes de luz desde el 2 octubre de 2020. La decisión fue entonces ejecutada por la empresa Naturgy. Poco después, el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid archivó la denuncia contra la decisión de la empresa.

Por contra, el Defensor del Pueblo ha criticado repetidamente los cortes de luz. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, cuenta con un grupo interministerial desde 2021 para coordinar soluciones y, tras la recriminación del Consejo de Europa en 2025, el ministro Pablo Bustinduy ha impulsado acciones conjuntas con el Defensor del Pueblo para restablecer la electricidad y avanzar en realojos.

Desde hace más de cinco años –que incluyen seis inviernos–, 4 500 adultos y niños se ven afectados por esta carencia, como denuncia la Plataforma Cívica Luz Ya para Cañada Real.

Pero la batalla venía de antes. En 2008, el documental La ciudad invisible. Voces de la Cañada Real, dirigido por Lucía Mbomío, ya denunciaba la vulnerabilidad en la que se encontraban la Cañada Real y sus habitantes, en los límites de la ciudad de Madrid.

Guillermo Galoe dirige una escena de _Ciudad sin sueño_ en la Cañada Real.
Guillermo Galoe dirige una escena de Ciudad sin sueño en la Cañada Real.
BTEAM Pictures

Escoger este escenario como localización de una película es, en sí, una decisión de carácter político. Da visibilidad a un lugar y un sector de la población que hacen frente a una larga batalla y que sufren el estigma de ver el barrio asociado a la droga en el imaginario urbano colectivo.

Frente a ello, Galoe propone una mirada honesta: no niega la existencia del tráfico de droga, pero sí vemos cómo los personajes envueltos en ello sufren sus consecuencias. Habla de la señora anclada a su casa por asegurar un servicio continuo de venta, o de los niños y niñas que conviven con drogadictos. Aunque los cortes de luz no sean la temática principal, la película muestra cómo dificultan la vida cotidiana de todos, sea cual sea la actividad a la que se dedican vecinos y vecinas.

Comunidad e infancia

A pesar de la vulnerabilidad, los cortes de luz o la expulsión de la población, Ciudad sin sueño transmite dignidad y esperanza.

La película pone el foco en relaciones de convivencia –intercultural e intergeneracional–, redes de apoyo y arraigos territoriales. Esto se retrata tanto en la relación de Toni con Bilal como en la de Toni con su abuelo.

Fotografía de un adolescente de perfil y otro de frente.
Imagen de Ciudad sin sueño.
BTEAM Pictures

La historia de amistad entre los adolescentes va más allá del tiempo que pasan juntos en pantalla, ya que ellos mismos participan en la creación de contenidos, como se ve en las imágenes que graban con sus móviles, cambiando los filtros de color. Al volverse multitonal, el ambiente adquiere un carácter mágico y bello.

Esta visión es diametralmente opuesta a la imagen construida socialmente de la Cañada Real como espacio excluido. Además, la película le da el protagonismo a la adolescencia y la infancia, cuestionando el punto de vista adultocéntrico que domina la realidad social.

El cine como herramienta de reivindicación política

Así, estos tres elementos hacen que Ciudad sin sueño pueda considerarse una herramienta de reivindicación política: la atención a las redes locales y los arraigos; la mirada de los protagonistas y el retrato de la convivencia intercultural entre dos chicos, gitano y marroquí, que pertenecen a dos grupos sociales especialmente discriminados en España, en un contexto actual marcado por el auge de discursos antimigratorios.

La apuesta de Guillermo Galoe ofrece luz, visibilidad, dignidad y esperanza a un espacio muy vulnerable como es la Cañada Real Galiana y, especialmente, a los vecinos y vecinas de sus sectores 5 y 6.


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Elisa Brey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política – https://theconversation.com/ciudad-sin-sueno-en-la-canada-real-el-cine-como-acto-de-reivindicacion-politica-273983

La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Olías, Catedrático de Hidrología Superficial e Hidrogeología, Universidad de Huelva

Colonia agrícola Monte Algaida, en el entorno de Doñana, en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, España Joserpizarro/Shutterstock

Hasta la década de los 60 del siglo pasado, antes de que existiera el Parque Nacional de Doñana, no se sabía que en esta zona existía una gran acuífero. Fue entonces cuando la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), junto con el Gobierno español, impulsaron estudios hidrogeológicos que permitieron comprobar la existencia de este importante acuífero, denominado Almonte-Marismas.

A raíz de aquel descubrimiento, se desarrolló un proyecto público de transformación agraria, gracias al cual se perforaron cientos de sondeos profundos en zonas muy próximas al Parque Nacional de Doñana (creado en 1969). También se inició simultáneamente la perforación desordenada de sondeos por la iniciativa privada para el riego de fresas, muchos de ellos ilegalmente.

¿A dónde va el agua del acuífero?

El acuífero Almonte-Marismas se extiende desde las provincias de Sevilla y Cádiz, al este, hasta el estuario del río Tinto, junto a Huelva, al oeste. Es mucho más extenso que los ecosistemas de Doñana, que incluyen el parque nacional y el parque natural (este último creado en 1989).

Los materiales que forman el acuífero son en su mayor parte arenas y gravas permeables, que en la zona de marismas están cubiertos por materiales arcillosos impermeables.

El agua del acuífero proviene de la infiltración de parte del agua de la lluvia caída en la zona. Tras circular lentamente a través de los materiales permeables, las salidas del acuífero se producen por:

  • Aportes de aguas subterráneas hacia los principales arroyos de la zona, especialmente al arroyo de La Rocina, sustentando un frondoso bosque en galería y zonas encharcadas permanentemente, incluso durante el verano.

  • Surgencias de agua en el contacto entre las arcillas de la marisma y los materiales arenosos del entorno. Esta zona constituye un ecotono, es decir, un ecosistema de transición entre la marisma y las arenas, que mantiene una humedad permanente, muy importante para la fauna, gracias a los aportes de agua subterránea.

Una zona con gran vegetación junto a un área de dunas de arena clara
Las surgencias de agua subterránea en el ecotono mantienen una humedad y abundante vegetación permanente durante el verano. En la imagen se muestra el contacto de arenas de dunas con las arcillas de marismas.
Manuel Olías, CC BY-SA
  • El acuífero también alimenta multitud de lagunas con una gran variedad de condiciones y biodiversidad. Se estima que sólo en el parque nacional existen más de 3 000 en años húmedos.

  • Donde el agua subterránea se encuentra a menos de 1 m de profundidad, las plantas producen su evapotranspiración, es decir, su paso a la atmósfera. En estas zonas se desarrolla una vegetación muy densa constituida por plantas higrófitas, muy sensibles a cambios del nivel freático –nivel que alcanza el agua en el subsuelo–.

  • Por último, también se producen salidas hacia el mar en la zona costera.

Una laguna de agua en un paisaje con plantas secas y árboles
La laguna del Charco del Toro, situada a menos de 1 kilómetro de Matalascañas, está profundamente afectada por las extracciones de aguas subterráneas.
Pepe Prenda, CC BY-SA

La división del acuífero

A efectos de gestión, el acuífero Almonte-Marismas está dividido en seis masas de aguas subterráneas: cinco (La Rocina, Almonte, Marismas, Marisma de Doñana y Manto Eólico Litoral de Doñana) pertenecen a la Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir, que depende del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y una (Condado) a la Demarcación del Tinto, Odiel y Piedras, gestionada por la Junta de Andalucía.

Mapa donde aparecen delimitados el acuífero Almonte-Marismas, las zonas protegidas de Doñana y la división del acuífero
El acuífero Almonte-Marismas, con las zonas protegidas de Doñana y las masas de agua subterránea en las que está dividido.
Manuel Olías, CC BY-SA

Algunos de los límites entre estas masas de aguas subterráneas tienen un criterio hidrogeológico. Por ejemplo, la masa Marismas de Doñana corresponde a la zona de marismas del parque nacional donde afloran arcillas impermeables.

Sin embargo, otros límites se deben a criterios administrativos. Así, el contacto entre las masas Manto Eólico Litoral y La Rocina corresponde al antiguo límite del Parque Natural de Doñana. Sin embargo, el parque natural se amplió hacia el norte en el año 2015, por lo que este límite ya no tiene ningún sentido.

Tres de estas masas se consideran actualmente en mal estado cuantitativo por los importantes descensos causados por los bombeos, y otras dos están en mal estado químico por la contaminación del agua causada por los nitratos y pesticidas utilizadas en la agricultura.




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Tabla con el estado de las seis masas de agua en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas. Cuatro están en mal estado
Estado de las masas de agua subterránea en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas según el actual plan hidrológico.
Manuel Olías, CC BY-SA

Impactos de las extracciones de agua

Los bombeos de aguas subterráneas en la zona de Doñana se destinan principalmente al riego de cultivos, aunque también existen extracciones menores, pero significativas, para el abastecimiento de agua potable a Matalascañas.

Los descensos más importantes de los niveles freáticos se han producido en torno a las localidades de El Rocío y Villamanrique de la Condesa, donde se ha formado dos grandes conos de bombeo con descensos de hasta 20 m; en las cercanías de Matalascañas; y en la zona próxima a Mazagón.

Gráfico que muestra un descenso del nivel de las aguas subterráneas
Evolución de la profundidad del agua subterránea en un sondeo situado al sur de Villamanrique de la Condesa (Sevilla); en los años 70 el agua estaba a 5-6 m de profundidad y en la actualidad se encuentra a más de 25 m.
Manuel Olías, CC BY-SA

Las consecuencias ecológicas más graves de los descensos de las aguas subterráneas son los siguientes:

  • La disminución de los aportes hacia los arroyos de la zona, que transportan menos agua hacia la marisma y se secan cada vez más frecuentemente. Esto provoca la desaparición de zonas encharcadas muy importantes para las aves acuáticas durante el verano.

  • La disminución de salidas de agua subterránea a los ecotonos, que afecta especialmente al ecotono norte, entre Villamanrique y El Rocío.

  • La afección a lagunas. Algunas de las más próximas a Matalascañas y los puntos de bombeo se han secado permanentemente mientras que otras cada vez tienen menos agua, afectando a su flora y fauna.

  • La disminución de la vegetación higrófita en extensas zonas del parque.

Además, se han producido importantes cambios en los flujos de aguas subterráneas. En un estudio publicado el pasado año, detectamos que parte de la zona de la cabecera de La Rocina donde el agua
fluía naturalmente hacia el este, es decir, hacia el parque nacional, actualmente se dirige hacia el oeste debido a las extracciones en la masa de agua subterránea Condado. Es decir, los bombeos en la zona gestionada por la Junta de Andalucía están afectando a los recursos hídricos y ecosistemas de las masas de aguas gestionadas por la Confederación del Guadalquivir. Esto pone de manifiesto que las aguas subterráneas no “saben” de límites y es necesario mejorar la coordinación entre las instituciones implicadas para realizar una gestión global del conjunto del acuífero.

Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado
Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado.
Manuel Olías, CC BY-SA

Cambio climático y desafíos futuros

El cambio climático está produciendo que cada vez llueva menos y de una forma más torrencial, junto con un aumento progresivo de la temperatura. Como consecuencia, todo apunta a que se producirá una importante disminución de la recarga al acuífero y descensos adicionales de los niveles de aguas subterráneas. Ello está agravando la situación de los ecosistemas de Doñana que dependen del agua.

Ante esta complicada situación, a finales de 2023 la Junta de Andalucía y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (del que depende la Confederación del Guadalquivir) firmaron un pacto de inversión conjunta de 1 400 millones que busca conciliar la protección ambiental con el progreso socioeconómico, y en el que se incluyen diferentes medidas para reducir las extracciones de aguas subterráneas en el entorno de Doñana. Es necesario implementar rápidamente esas medidas para mejorar la salud de los ecosistemas de Doñana.

The Conversation

Manuel Olías recibe fondos de proyectos y contratos de investigación europeos, nacionales y regionales.

ref. La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua – https://theconversation.com/la-actual-division-del-acuifero-de-donana-esta-desfasada-y-agrava-los-problemas-de-gestion-del-agua-272962

¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Polo Martín, Profesora Ayudante Doctora en Geografía, Universidad Autónoma de Madrid

Petrolero de la compañía estadounidense Chevron cerca de la Refinería Bajo Grande, en el lago Maracaibo, Venezuela. Jose Bula Urrutia/Shutterstock

Venezuela posee alrededor del 17–19 % de las reservas probadas de petróleo del planeta, más que otros países geoestratégicos como Arabia Saudí o Irán. Sin embargo, hoy en día produce cerca de un millón de barriles diarios, una cifra bastante marginal a escala global.

Este contraste explica por qué la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el anuncio de un control “indefinido” sobre sus ventas de petróleo ha despertado inquietud climática, especialmente porque coincide con la salida de EE. UU. de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La pregunta clave es sencilla, pero incómoda: ¿qué implica para el clima que el mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero pase a controlar las mayores reservas de petróleo del mundo mientras se desentiende de la gobernanza climática internacional?

Un petróleo especialmente intensivo en emisiones

No todo el petróleo es igual desde el punto de vista climático. Gran parte del crudo venezolano, concentrado en la faja petrolífera del Orinoco –una extensa zona ubicada al norte del río Orinoco y su desembocadura– es pesado y extrapesado. Esto significa que su extracción y refinado requieren más energía que los crudos ligeros y generan mayores emisiones por barril. Además, este se procesaría en refinerías especializadas del Golfo de México, diseñadas para este tipo de petróleo.

Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo)
Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo), una importante cuenca sedimentaria que contiene abundantes reservas de petróleo.
Servicio Geológico de Estados Unidos

La ciencia explica por qué todo esto es preocupante desde el punto de vista climático. Diversos estudios muestran que las emisiones asociadas a la extracción de petróleo aumentan a medida que los yacimientos envejecen, puesto que se necesitan técnicas cada vez más intensivas en energía para mantener la producción.

Relanzar masivamente la producción venezolana, por tanto, no solo incrementaría el consumo de combustibles fósiles, sino que lo haría a través de uno de los tipos de crudo más contaminantes.




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Un giro político que choca con la ciencia climática

El contexto internacional amplifica estas implicaciones. En enero de 2026, la Administración estadounidense formalizó su retirada de la CMNUCC y del IPCC, rompiendo con el principal marco de coordinación científica y política frente al calentamiento global.

Esta decisión contrasta abiertamente con el consenso científico. Según el último Informe de Síntesis del IPCC, parte del Sexto Informe de Evaluación (AR6) publicado en marzo de 2023, limitar el calentamiento global a una subida de 1,5 °C exige una reducción rápida y sostenida del uso de combustibles fósiles.

En la misma línea, un estudio publicado recientemente en Nature Communications concluye que, en escenarios compatibles con ese objetivo, la producción mundial de petróleo debería reducirse entre un 62 % y un 70 % antes de 2050.

Apostar por reconstruir y expandir la industria petrolera venezolana va, por tanto, en dirección opuesta a lo que recomienda la evidencia científica.




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Geopolítica versus acción climática

Desde un punto de vista geopolítico, el control del petróleo venezolano refuerza la influencia de EE. UU. en América Latina y limita el margen de actuación de China y Rusia, aliados históricos de Caracas.

A corto plazo, el impacto sobre el mercado petrolero mundial es limitado, ya que reactivar la producción requerirá años de inversión y estabilidad política.

Sin embargo, a medio y largo plazo, el mensaje es claro: se refuerza un modelo energético fósil en un momento crítico. Los indicadores más recientes muestran que el calentamiento causado por el ser humano ya alcanza aproximadamente 1,22 °C y que el presupuesto de carbono –la cantidad de carbono que aún podemos quemar– compatible con mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C se agota rápidamente.

Implicaciones para la lucha contra el cambio climático

La combinación de ambos factores –control de grandes reservas de crudo pesado y retirada del multilateralismo climático– plantea tres riesgos principales:

  • Aumento potencial de emisiones, tanto directas como indirectas, si se impulsa la producción a gran escala.

  • Debilitamiento de la cooperación internacional en la lucha contra el calentamiento global, al quedar EE. UU. fuera de los principales foros climáticos.

  • Lanzamiento de señales contradictorias al resto del mundo, que pueden frenar la ambición climática de otros países.

El control estadounidense del petróleo venezolano es mucho más que un movimiento geopolítico. Representa un choque frontal entre la política energética fósil y la hoja de ruta que marca la ciencia climática. Cuando los informes científicos insisten en dejar gran parte de las reservas conocidas bajo tierra, poner en valor uno de los mayores yacimientos de crudo pesado del mundo supone un serio retroceso para los esfuerzos globales de mitigación.

La gran incógnita no es solo cuánto petróleo podrá extraerse en Venezuela, sino qué capacidad tendrá la comunidad internacional para mantener el rumbo climático en un escenario cada vez más fragmentado.

The Conversation

Bárbara Polo Martín recibe fondos de Ramón Areces. Proyecto CIHP25S21774 Modelando la geohistoria para predecir el futuro de la resiliencia urbana: una propuesta metodológica para abordar los cambios temporales.

Es voluntaria en la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico y en Think Tank AlterContacts

Carlos Sánchez-García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático? – https://theconversation.com/que-significa-que-ee-uu-controle-el-petroleo-de-venezuela-para-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-274224

Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hilmar Petur Sigurdsson, Postdoctoral research associate in neuroimaging and neurodegeneration, Universidad Miguel Hernández

La respiración profunda podría ser una manera indirecta de estimular el reino vago. DexonDee/Shutterstock

¿Alguna vez se ha rascado el interior de la oreja y de repente ha sentido la necesidad de toser? Eso es que le ha dado a su nervio vago, el más largo de los nervios craneales, un pequeño empujón involuntario. En los últimos tiempos, los investigadores han estado explorando formas de estimularlo para influir en el sistema nervioso central. No es un interés infundado, ya que interviene en una amplia gama de funciones cerebrales y corporales.

Al mismo tiempo, se ha convertido en una estrella de las redes sociales, donde abundan los consejos para mejorar su función mediante métodos como el yoga, la atención plena o mindfulness, la exposición al agua fría y la técnica del humming (emitir una especie de zumbido al exhalar el aire), que supuestamente alivian el estrés y la ansiedad.

Pero para comprender lo que la estimulación del nervio vago puede y no puede hacer, primero debemos entender de qué estamos hablando.

Un maravilloso vagabundo

El nervio vago recorre ambos lados del cuerpo desde el tronco cerebral hasta el tórax y el abdomen, donde se ramifica como un viejo roble hacia las vías respiratorias (de ahí la posible necesidad de toser cuando es estimulado), el corazón, los pulmones y el estómago. Su nombre proviene del latín vagus, que significa “errante”, porque, de forma literal, vaga por el cuerpo.

Representación anatómica del nervio vago
Representación del nervio vago, que parte del cerebro y se ramifica por distintos órganos del cuerpo.
Axel_Kock/Shutterstock

Como parte importante del sistema nervioso parasimpático, ayuda a calmar el cuerpo después de una situación de estrés: cuando se activa, ralentiza el ritmo cardíaco, reduce la presión arterial y señala que es seguro dejar de pisar el acelerador (respuesta de “lucha o huida”) y pasar a una velocidad de crucero más tranquila (descanso y digestión).

Aunque parte de la información circula a través del nervio vago desde el cerebro al cuerpo, la mayoría del tráfico se dirige hacia arriba, transmitiendo al cerebro datos sobre la inflamación, la digestión y el estrés persistente. Esta comunicación bidireccional es importante y sirve principalmente para mantener la homeostasis, el proceso de autorregulación que mantiene la estabilidad en el interior de nuestro organismo.

Pero si el nervio vago es en su mayor parte automático y trabaja intensamente entre bastidores, ¿por qué necesitaríamos “estimularlo” para corregir el estrés u otras dolencias psicológicas?

¿Cómo se puede estimular el nervio vago?

Mucho antes de que el nervio vago se convirtiera en objeto candente de estudio y suscitara debates online, los investigadores ya estaban explorando formas de estimularlo.

Uno de los primeros intentos documentados se remonta a la década de 1880. En aquella época, se creía que la epilepsia se debía a un flujo sanguíneo excesivo al cerebro. Guiado por esta creencia, el neurólogo estadounidense Leornard J. Corning intentó reducir la actividad convulsiva mediante la estimulación eléctrica del nervio vago. Corning pretendía ralentizar el corazón y limitar el flujo sanguíneo cerebral aplicando breves pulsos en el cuello del paciente con una horquilla en forma de Y.

Hoy en día, el nervio vago se puede estimular de dos maneras. La más directa es usar un dispositivo implantado, similar a un marcapasos, que se coloca bajo la piel con pequeños cables envueltos alrededor del nervio. Dado que requiere cirugía, suele reservarse para casos de epilepsia grave o depresión clínica que no han respondido a los tratamientos convencionales.

La mayoría de las investigaciones en curso se centran, en cambio, en técnicas no invasivas mediante dispositivos externos. Indoloras y fáciles de usar, estas herramientas han despertado un gran interés en el ámbito de la salud mental y otros trastornos neurológicos. Incluso se ha aprobado en Europa un tratamiento basado en ellas para tratar la cefalea en racimos y la migraña.

Los resultados iniciales son prometedores, pero dispares: algunos metaanálisis informan de beneficios, como la reducción de la intensidad de la migraña, mientras que otros encuentran efectos más limitados o inconsistentes.

Es importante destacar que, aunque se sigue trabajando para comprender quiénes pueden beneficiarse de dicha estimulación, las investigaciones han demostrado que los dispositivos externos tienen un alto perfil de seguridad, una de las razones por las que se han convertido en un área de investigación tan activa.

En busca del equilibrio

Además de sus aplicaciones consolidadas en epilepsia y depresión resistente, la estimulación del nervio vago se está investigando como una herramienta complementaria para tratar síntomas relacionados con el estrés y la regulación del sistema nervioso autónomo.

El estrés es una parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve crónico acarrea costes fisiológicos. Su activación prolongada puede contribuir a una amplia gama de problemas de salud mental y física, como la ansiedad, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, el debilitamiento del sistema inmunitario y un deterioro general del bienestar mental.

Esta es una de las razones por las que el nervio vago ha atraído tanta atención tanto en la medicina como en la cultura del bienestar: desempeña un papel fundamental en el restablecimiento del equilibrio autonómo. Al ralentizar el corazón y atenuar la respuesta de lucha o huida, ayuda a que el cuerpo vuelva a un estado más tranquilo y regulado.

El interés está doblemente justificado. En primer lugar, la estimulación de nuestro protagonista afecta a la actividad de las regiones del cerebro fundamentales para la regulación emocional, como la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. En segundo lugar, puede influir en la liberación de sustancias químicas como la noradrenalina, la serotonina y la acetilcolina, esenciales para el estado de ánimo, la atención, la estabilidad emocional y el control muscular.

Aunque las pruebas de la reducción directa del estrés parecen positivas, hay que tener en cuenta que el estrés en sí mismo es difícil de cuantificar de forma fiable.

Estimulación del nervio vago y función cardiovascular

Otro aspecto a tener en cuenta es que el nervio vago actúa como el freno principal del corazón, contrarrestando la excitación simpática después del estrés.

Los investigadores suelen utilizar la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) –la fluctuación natural en el tiempo entre los latidos del corazón– para indexar esta capacidad reguladora. Una VFC más alta suele reflejar un sistema autónomo más resistente y adaptable. Dado que el nervio vago contribuye a esta variación, la VFC se toma a veces como un indicador del “tono vagal”.

Sin embargo, este parámetro está determinado por muchos factores, como el patrón respiratorio, la edad, la forma física y el estado emocional, por lo que su interpretación requiere precaución. Aun así, algunos hallazgos son prometedores. Un estudio reciente informó de que la estimulación del nervio vago mejoraba la regulación cardiovascular en personas con trastorno de estrés postraumático, aunque muchos otros ensayos solo muestran efectos modestos o incluso nulos.

Estimulación en casa, ¿funciona?

En cuanto a las prácticas citadas al principio del artículo, muchas no estimulan directa ni específicamente el nervio vago, pero sí activan de forma más general el sistema nervioso parasimpático. Por ello suelen describirse como formas de “reiniciar” el nervio vago y promover estados de calma.

Este creciente interés público ha sido destacado en artículos recientes que explican cómo esos comportamientos pueden influir indirectamente en la actividad vagal, sin constituir una estimulación dirigida del nervio. Sin embargo, aún se desconoce si los efectos son equivalentes a los de la estimulación clínica del nervio vago.

Dicho esto, prácticas cotidianas como la respiración lenta y profunda, el yoga y las técnicas de relajación son indudablemente eficaces para ayudar al cuerpo a desconectar, promover estados de calma y ofrecer un respiro frente a las exigencias constantes de la vida diaria.

Un director de orquesta

En definitiva, el nervio vago desempeña un papel central en el mantenimiento del equilibrio del cuerpo, vinculando el bienestar físico y emocional. Al igual que un director que guía una orquesta, ayuda a que los diferentes sistemas trabajen juntos en un ritmo compartido.

La estimulación del nervio vago puede ser beneficiosa en determinados contextos clínicos. Al mismo tiempo, actividades cotidianas como la respiración controlada, la atención plena, el yoga y el sueño constante suelen tener una gran influencia en la regulación del estrés, ya que favorecen estas mismas vías de relajación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona? – https://theconversation.com/estimulacion-del-nervio-vago-para-reducir-el-estres-de-verdad-funciona-270587

El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Los embutidos son uno de los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. 8th.creator/Shutterstock

Las calorías, el azúcar añadido, la grasa saturada o los edulcorantes son componentes de los alimentos estrechamente relacionados con nuestra salud. Sin embargo, el que más vidas se lleva por delante es el sodio: varios millones en todo el mundo cada año. A pesar de su impacto, sigue siendo un gran desconocido más allá del salero. ¿Por qué ocurre esto?

El reto de la OMS

Es cierto que el sodio es un mineral que necesitamos para funciones vitales como el impulso nervioso o el latido del corazón. Sin embargo, adaptando el refranero, podríamos decir que “lo poco gusta y lo mucho… mata”. Tomado en exceso, es el nutriente que peor nos sienta, principalmente porque consumimos el doble de lo recomendado, poniendo en jaque nuestro corazón y nuestros vasos sanguíneos.

Habitualmente hablamos de sal (cloruro de sodio) porque es el componente con el que estamos más familiarizados y el que figura en el etiquetado de los alimentos procesados. Aunque hoy existe un gran movimiento social por la alimentación saludable, la sal sigue siendo la gran ignorada. Recibe poca atención y somos poco conscientes de su presencia, lo que tiene serias implicaciones para la salud.

Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2013 un reto ambicioso: reducir el consumo de sal en un 30 % para el año 2025. Los 194 estados miembros se comprometieron a ello con un objetivo claro: evitar millones de muertes prematuras y de casos nuevos de enfermedades cardiovasculares. A día de hoy, las noticias no son buenas: ningún país ha cumplido el objetivo.

Alimentos muy salados

Debemos tener en cuenta que, aunque la sal más conocida es la que añadimos al cocinar, la mayoría de la que ingerimos (alrededor del 75 %) proviene de los alimentos procesados. Por esta razón, la medida más eficaz para reducir su consumo es disminuir el contenido de sal en este tipo de alimentos.

El pan, la carne procesada (charcutería, embutidos) y el queso son los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. También son una fuente importante de sal los aperitivos o snacks, las salsas y las conservas. Incluso productos dulces como galletas, bollería o barritas la contienen en cantidades significativas.

No ha habido reducción en España

A pesar de los compromisos internacionales, en España no existe una normativa amplia que limite la sal en los alimentos. La única regulación nacional, de 2019, afecta en exclusiva al “pan común” (el que se consume en 24 horas), dejando fuera al industrial. Solo un real decreto reciente restringe la sal en alimentos que se ofertan en máquinas expendedoras y cafeterías de centros escolares, pero no hay más legislación al respecto.

En 2017, el Gobierno puso en marcha un programa para disminuir la cantidad de sal, azúcar y grasa en alimentos procesados. El acuerdo era voluntario y a él se adhirieron 20 asociaciones sectoriales que representaban a casi 400 empresas.

Respecto a la sal, el objetivo era muy poco ambicioso (reducciones de apenas el 5-16 % en productos muy concretos) y dejaba fuera alimentos tan consumidos como el pan, el jamón o el queso. Además, al no utilizarse métodos estadísticos validados para su evaluación, no podemos saber con certeza si se cumplió.




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Para arrojar luz sobre esta evolución, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández hemos estudiado el contenido de sal en los alimentos procesados en España desde 2017 hasta la actualidad. Utilizando métodos estadísticos validados, nuestras conclusiones son claras: no ha habido una reducción global en el contenido de sal.

Los datos revelan contrastes llamativos: mientras que las galletas han bajado un 14 % su sal y los aperitivos un 10 %, la carne procesada tiene ahora hasta un 33 % más que hace unos años. Además, las conservas de verduras o legumbres, el queso, el pan blando industrial, los cereales de desayuno, las salsas, las tortitas, las tostadas y el pan tostado no han disminuido su contenido.

¿Qué podemos hacer cuando la voluntad escasea?

La experiencia nos dice que los acuerdos voluntarios no son efectivos. El ejemplo lo tenemos en el Reino Unido: a principios de los años 2000, un programa obligatorio logró reducir un 19 % la ingesta de sal, logrando un descenso real en la presión arterial y la mortalidad cardiovascular. Sin embargo, cuando el programa pasó a ser voluntario, el consumo volvió a subir.

Como consumidores, tenemos mucho que decir. Es posible acostumbrar el paladar a menos sal en apenas unas semanas. La mejor opción siempre es centrar nuestra alimentación en alimentos naturales preparados en casa y añadir poca o ninguna cantidad de ese ingrediente en el cocinado.

Si optamos por procesados, la clave estriba en revisar la etiqueta y elegir los que tengan menos sal. Como referencia, es recomendable buscar productos que no superen los 0,5 g de sal por cada 100 g o 100 ml. Y si no es posible, intentar que al menos no supere 1 g.

En definitiva, el camino hacia una dieta con menos sal es un reto compartido que nace en nuestra mesa y se completa en el supermercado. Si bien reeducar nuestro paladar es un paso esencial, resulta fundamental un compromiso sólido de las instituciones y la industria para alcanzar las metas de salud. El fin último es sencillo pero vital: cuidar nuestro corazón.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS – https://theconversation.com/el-exceso-de-sal-sigue-llenando-nuestras-mesas-los-alimentos-procesados-suspenden-ante-la-oms-272472

Ni buenos ni obedientes: la literatura infantil más allá de la moraleja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudio Moyano Arellano, Profesor Ayudante Doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Valladolid

Ilustración de _Alicia en el País de las Maravillas_ en una edición de 1890. Wikimedia Commons, CC BY

Ya en su Arte poética, Horacio se hacía una pregunta que sigue resonando dos mil años después: ¿es mejor el autor que enseña o el que entretiene? Su respuesta fue, como suele ocurrir con los clásicos, una invitación al equilibrio: mezclar lo útil con lo agradable, deleitar e instruir al lector al mismo tiempo.

Pero ¿qué significa exactamente “instruir al lector”? El concepto es escurridizo. Hoy, más que sermones y moralinas disfrazados de historias, un lector competente busca obras estéticamente complejas, libros que lo desafíen, textos que pongan en juego voces y puntos de vista diferentes y de cuya lectura se pueda extraer una interpretación nueva, que no tiene por qué corresponder con aquella que imaginó el autor.

¿Estética o pedagogía?

La cuestión se vuelve más complicada si miramos a la literatura infantil. El experto español Juan Cervera advertía en los años noventa de que, en ella, la finalidad estética debía prevalecer sobre la pedagógica, en contra de aquella victoriana tradición moralizante que convirtió los libros infantiles en manuales de comportamiento acordes con los valores socialmente correctos: recompensas por la obediencia, castigos por la rebeldía, fantasía e imaginación contenidas y emociones bajo llave.

La escritora argentina Graciela Montes denunciaba en una entrevista reciente los peligros de la rigidez pedagógica en la literatura infantil. En su opinión, ningún lector debe ser llevado “de las orejas”, sino que debe mantener su capacidad crítica y su distancia interpretativa. Esta visión defiende la autonomía del niño como lector, al que se le debe reconocer la capacidad de construir significados sin necesidad de que el texto le dicte cómo debe pensar o comportarse.

Enseñar a ser buenos

De ahí que nos planteemos si seguimos creyendo que los libros para niños deben enseñar a “ser buenos” más que a pensar, o cargar su literatura con lecciones prefabricadas que ahogan el asombro, con fórmulas del tipo “hay que ser bueno” o “no deben decirse mentiras”, que clausuran el texto literario imponiendo una única lectura posible.

En su meritoria obra Construir lectores, el escritor y crítico literario Vicente Luis Mora señala que la literatura infantil y juvenil “parece a veces un recetario de autoayuda, o alter-ayuda, más programático que artístico”.

Enseñar cómo es la vida

Más allá de las obras que intentan insertar al niño en parámetros morales rígidos, donde los buenos son inocentes y cándidos y los villanos son indudablemente malos, podemos reivindicar otro tipo de textos en los que el niño se enfrente con el sinsentido de la vida.

En lugar de mensajes del tipo “no hay que mentir” o “debemos compartir”, podemos ofrecer al lector infantil extraer sus conclusiones y su propia visión del mundo con una literatura que no proponga ya soluciones sencillas, sino que permita la experiencia del conflicto y la ambigüedad. Una literatura que le ofrezca una enseñanza vital.

Existen obras canónicas de la literatura infantil que deliberadamente rechazan la moraleja explícita, y precisamente por ello se han convertido en clásicos que resisten el paso del tiempo.




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Tom Sawyer y ‘Huck’ Finn: ¿ausencia moral o libertad?

Ahí está Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1885). Frente a la literatura moralizante del siglo XIX, y sus ejemplos y castigos edificantes, Twain abrió paso a un realismo vibrante y contradictorio.

En su universo, los niños mienten, dudan, se rebelan y descubren la libertad con todo su peso y su vértigo. La infancia, en sus manos, deja de ser un símbolo de inocencia para convertirse en un territorio de aprendizaje moral, un espejo donde cualquier lector –niño o adulto– puede reconocerse y encontrar el reflejo de su propia búsqueda.

No todos los escritores del momento vieron con buenos ojos aquel retrato irreverente de la infancia. Algunos, más atentos a la moral y las buenas costumbres que al pulso de la vida, contemplaron alarmados las historias de Twain.

La propia Louise May Alcott –la célebre autora de Mujercitasllegó a escribir en la prensa que, si Samuel Clemens no tenía nada mejor que ofrecer a los jóvenes de “mente limpia”, sería preferible que dejara de escribir para ellos, juicio que resonó poco después entre los muros de la Biblioteca de Concord, donde las obras de Twain fueron vetadas. Parece claro que la rebeldía de sus personajes resultó demasiado incómoda para los guardianes de la virtud.




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El sinsentido subversivo de ‘Alicia’

El ejemplo más luminoso –y también el más subversivo– de una literatura infantil que se niega a obedecer las normas morales es, sin duda, Alicia en el País de las Maravillas, escrita en 1865 por Lewis Carroll. Su libro es una fiesta del nonsense o sinsentido, ese territorio donde el lenguaje pierde su rigidez y la lógica adulta se derrumba con elegancia.

Cuando la Duquesa asegura que “todo tiene una moraleja, solo hace falta encontrarla”, Carroll no predica; se burla, con ingenio, de la obsesión victoriana por buscar lecciones en cada relato. Pues justamente “la moral” de Alicia es que no hay moral alguna: es un juego verbal, una fantasía que permite experimentar con las palabras y cuestionar, entre líneas, el rígido sistema educativo británico sin caer en la ofensiva del didactismo directo.

En ese mundo del revés, aunque no haya Demogorgon como el de Stranger Things, todos los adultos con los que Alicia se encuentra están irremediablemente locos, tambaleándose así la idea misma de autoridad. El sinsentido se revela entonces como un umbral hacia la libertad, un espacio donde niños y adultos pueden explorar el absurdo para entender mejor su propio mundo.

Y, al final, el asombroso universo de Alicia nos recuerda que el lenguaje no solo describe la realidad: también la domina. Lo sabe bien Humpty Dumpty, en Alicia a través del espejo –una formidable segunda parte–, cuando reduce toda la cuestión del sentido a un único problema esencial: quién tiene el poder de decir qué significan las palabras.

Confiar en los niños

Entendamos, entonces, que al reivindicar una literatura infantil no moral, estamos confiando en que los niños y las niñas, como lectores, poseen capacidades interpretativas sofisticadas, y no necesitan que cada texto les diga qué pensar o cómo comportarse.

La literatura infantil alcanza su máximo potencial cuando funciona como lo que es, un arte, y no como un instrumento pedagógico. No necesita ser moral para ser valiosa; necesita ser honesta, imaginativa y respetuosa con la inteligencia de sus lectores.

The Conversation

Claudio Moyano Arellano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ni buenos ni obedientes: la literatura infantil más allá de la moraleja – https://theconversation.com/ni-buenos-ni-obedientes-la-literatura-infantil-mas-alla-de-la-moraleja-271051