¿Quién sube a la Casita de Bad Bunny? Cuerpos y validación juvenil en redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Lafuente Pérez, Profesora e Investigadora Área Comunicación, Universidad Villanueva

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La Casita de Bad Bunny ha generado un intenso debate estos días. No solo por la presencia casi exclusiva de famosos y gente VIP, sino también porque durante el concierto algunos ojeadores reclutaban entre el público a chicas jóvenes con cuerpos delgados y tonificados para compartir escenario con el cantante puertorriqueño.

Para muchos esta práctica demuestra cómo el cuerpo sigue siendo un criterio de selección y éxito social, especialmente para las mujeres. Sin embargo, lo visto en esta gira no ha sido excepcional. Privilegiar a ciertas personas por su cuerpo ocurre cada día en multitud de contextos, como una entrevista de trabajo, y también en las redes sociales.

Imagen corporal en la adolescencia

Aunque la imagen corporal nos afecta a todos en cómo nos vemos y nos ven, en el caso de los adolescentes es un factor especialmente relevante. La adolescencia es una etapa en la que el sentimiento de pertenencia y aceptación por parte del grupo tienen una enorme importancia. En este contexto, como el cuerpo es algo visible y está expuesto constantemente al juicio ajeno se convierte en un elemento crucial para la autopercepción y evaluación social de los adolescentes.

Los jóvenes pertenecientes a las generaciones Z y Alfa pasan gran parte de su tiempo de ocio en las redes sociales y precisamente en estos entornos digitales las normas sobre qué cuerpos merecen ser o no mostrados se aprenden a través de la exposición continuada a contenidos y a señales de aprobación social como los likes y comentarios.




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Idealización del cuerpo y reglas de comportamiento

Las plataformas como TikTok e Instagram, las más consumidas por la mayoría de los adolescentes, priorizan contenidos visuales en los que se muestran representaciones idealizadas del cuerpo. Además, permiten observar en tiempo real cómo otros menores de similar edad reaccionan, positiva o negativamente, ante ciertos contenidos en los que se enseña el cuerpo.

Esto es precisamente lo que muestra una encuesta realizada a más de 1 000 adolescentes españoles de entre 12 y 17 años. Los resultados de este estudio revelan que los menores han hecho suyas ciertas “reglas de comportamiento” respecto al aspecto físico.

Por ejemplo, el 17 % de los chicos cree que algunos tipos de cuerpo deberían limitar su exposición en redes sociales, frente al 10,8 % de las chicas. Además, uno de cada diez considera directamente que hay ciertos cuerpos que no deberían mostrarse en las redes sociales.

¿Quién puede y quién no exponerse?

Estas ideas no son anécdotas, son el reflejo de una lógica que se refuerza día a día a través de likes y que demuestra cómo chicos y chicas han interiorizado que hay ciertos cuerpos deben exponerse en público pero otros no.

Aunque más de dos tercios de los adolescentes sienten incomodidad cuando ven críticas dirigidas a la imagen de otras personas, cifra que sube al 72,7 % entre las chicas, la reacción más extendida no es la indignación, sino el temor.

Como las chicas seleccionadas en la Casita de Bad Bunny, los adolescentes saben que en redes sociales el aspecto físico está bajo un constante escrutinio, de ahí que casi un 40 % reconozca temer que le ataquen si comparte una fotografía (el 46,4 % entre las chicas) y uno de cada cuatro declare tener miedo a subir fotos donde se vea alguna parte de su cuerpo.




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¿Hay diferencias por edad y género?

Otra conclusión que debe invitar a la reflexión es que la aceptación de las reglas del juego sobre qué debe exponerse o no en redes sociales no se diluye con los años. Al contrario, se consolida con el paso del tiempo. La aceptación de que mostrarse implica asumir las críticas aumenta de manera paralela a la edad de los menores encuestados: del 22,9 % entre los adolescentes de 12-13 años al 25,8 % entre los de 16-17. Igual ocurre con la percepción de que hay cuerpos que no deberían enseñarse en entornos digitales: aumenta en el tramo de más edad.

En cuanto al género, también hay diferencias. Los chicos consideran que comentar el aspecto físico de alguien en tono de broma no tiene importancia y encuentra más divertidas las chanzas sobre el cuerpo que las chicas.




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Clasificar, juzgar y excluir en función del aspecto

Lo que la Casita de Bad Bunny ha hecho visible, al menos por unos días, es que se sigue asociando el éxito a ciertas características corporales. Esta práctica se extiende al ámbito de las redes y aunque clasificar, juzgar y excluir en función de la imagen corporal no se haya inventado en el entorno digital, ahora se vive de manera más frecuente e intensa.

Las redes sociales han provocado que lo que antes ocurría en espacios más acotados o privados se convierta en algo permanente, público y cuantificable.

The Conversation

Este artículo nace de los resultados al amparo del proyecto de investigación “Odios juveniles. La alfabetización digital de los adolescentes ante la incidencia de la gordofobia en redes sociales”, financiado por la Universidad Villanueva.

ref. ¿Quién sube a la Casita de Bad Bunny? Cuerpos y validación juvenil en redes sociales – https://theconversation.com/quien-sube-a-la-casita-de-bad-bunny-cuerpos-y-validacion-juvenil-en-redes-sociales-284363

Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

El amanecer en Mahahual, Quintana Roo (México), prometía un futuro dorado frente al mar Caribe cuando se anunció la construcción de un gigantesco parque acuático con una inversión de 1 000 millones de dólares para 107 hectáreas. Tras la cancelación del proyecto por la presión conservacionista, este pequeño pueblo pesquero cercano a la frontera con Belice, en el que solo residen 2 600 personas, vive hoy un debate que trasciende sus fronteras.

El proyecto Perfect Day México de Royal Caribbean se presentaba como un milagro económico. La inversión anunciada por la compañía de turismo de cruceros se iba a destinar específicamente al desarrollo del parque temático y a la mejora de la infraestructura vial de “Nuevo Mahahual”. Las 107 hectáreas sobre las que se iba a construir forman parte de la zona terrestre colindante con la infraestructura portuaria existente en el sur de Quintana Roo, de acuerdo con la narrativa oficial

En su origen, el plan simbolizaba un México que abrazaba la modernidad sin temores gracias a la inversión extranjera. La llegada de la transnacional se percibía como un acto de justicia financiera y parte de los residentes locales la recibían con esperanza.

Sin embargo, el espejismo chocó pronto contra los límites de un ecosistema frágil. Organizaciones como Greenpeace, Salvemos Mahahual y Change.org movilizaron a la población civil afectada.

Valor ecológico

Mahahual es el corazón de la Costa Maya, una región en el sur de Quintana Roo que destaca por su aislamiento y pureza biológica. A diferencia de la explotada Riviera Maya, este destino representa una de las últimas reservas de selva baja y manglares vírgenes que actúan como barrera natural y refugio de biodiversidad.

Su relevancia ambiental es crítica, ya que su litoral forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano. Se trata del segundo arrecife de barrera más extenso del planeta, que incluye territorio de México, Belice, Guatemala y Honduras. Un ecosistema de frágil equilibrio que depende de la conservación de sus costas para sobrevivir.

Un choque de escalas brutal

Mahahual es una comunidad pequeña con apenas 2 600 residentes fijos actualmente. El proyecto pretendía recibir hasta 21,000 turistas diarios en sus instalaciones costeras. Esta fórmula buscaba replicar el éxito de CocoCay en las Bahamas.

La desproporción y escala del proyecto desplazan las necesidades locales, como han venido denunciando miembros de la comunidad.

Mahahual tiene un muelle internacional denominado Puerto Costa Maya que, desde 2009, está concesionado para el arribo de hasta tres cruceros diarios. Estos pagan un impuesto de 5 dólares por pasajero al municipio. A pesar de los ingresos, los locales sufren carencias en servicios básicos como el agua y la electricidad.

Además, en México, la vida comunitaria implica identidad colectiva y un arraigo territorial profundo. La relación espiritual de los pescadores con el mar trasciende el valor inmobiliario.

Imponer un proyecto de esta magnitud rompe el tejido comunitario y atenta contra la cohesión social. La invasión de extraños transforma espacios de convivencia en zonas de tránsito comercial. Para la empresa, el territorio representa rendimiento; para el local, es familia.

El eco de un malestar global

La crisis de Mahahual refleja un fenómeno de saturación turística en todo el mundo. Ciudades como Venecia o Santorini ya imponen restricciones severas a los megacruceros. Venecia prohibió grandes naves en su laguna para proteger su patrimonio histórico. También implementaron tasas de acceso para desincentivar el excursionismo masivo sin beneficios.

Mientras estas y otras ciudades, como Ámsterdam o Barcelona, legislan su soberanía y regulan el modelo crucerista, Mahahual se asoma al abismo de la turistización desde la lucha por la conservación. Aquí se disputa la supervivencia de un ecosistema virgen amenazado por el impacto del “turismo de enclave”.

También enfrenta lo que expertos denominan una compleja “gentrificación hídrica o por agua”. Esta implica el desarrollo de frentes marítimos que revalorizan el suelo urbano para atraer a residentes de mayor poder adquisitivo. Una lógica que expulsa a las familias locales que ya no pueden pagar el coste de la vivienda.

Loreto, en el mexicano estado de Baja California Sur, afronta una encrucijada similar, que, por ahora, se está saldando con otro frenazo al turismo de cruceros. La presión social logró que las medidas de protección del Parque Nacional Bahía de Loreto y el Programa de Acción de Protección de la Ballena Azul continúen vigentes tras la cancelación del decreto presidencial que apostaba por cruceros y omitía el sitio de crianza de las ballenas.

El modelo de cruceros genera una reconfiguración socioterritorial que resulta sumamente violenta. En Monterey, California, las comunidades también luchan por proteger sus santuarios marinos.

La burbuja del circuito cerrado

En todos estos ámbitos litorales, el crucero masivo intenta colonizar pueblos de baja densidad. El beneficio económico se concentra en las navieras mediante circuitos de consumo cerrados. El costo real se externaliza hacia la población en forma de inflación. Los servicios públicos colapsan mientras la identidad comunitaria se pierde bajo el cemento.

El turismo de enclave visualiza al destino como una burbuja hermética móvil. El pueblo se convierte en escenografía observada desde la cubierta del barco. Se desvía agua potable para el turista mientras los locales sufren apagones.

El suelo kárstico de Quintana Roo no soporta la demanda hídrica de tal magnitud y los datos de SITUR-Q –indicadores oficiales– confirman que las ganancias no permean en la economía local.

El giro político y el riesgo legal

En este 2026, el Gobierno de México ha dado un giro político inesperado. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat) cataloga ahora el proyecto de Mahahual como un riesgo para la soberanía ecosistémica. En la misma línea, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró obras por destrucción de manglares y compactación de selva baja.

Este cambio de postura responde a la presión social y a la crisis climática. Defender a la transnacional ante un desastre ecológico acarreaba un costo político impagable. Pero la cancelación del proyecto no significa una retirada pacífica de la empresa.

Royal Caribbean podría usar el Capítulo 14 del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) contra el Estado mexicano. La compañía alega “inseguridad jurídica” y podría reclamar indemnizaciones multimillonarias ante tribunales de arbitraje internacional. México queda vulnerable: proteger el arrecife hoy podría comprometer presupuestos futuros.

Por el momento, la compañía ha retirado el proyecto para que no figure como legalmente denegado, lo que deja abierta la puerta a futuras negociaciones para una propuesta modificada. El Gobierno estudia reforzar la protección ambiental para cerrar el capítulo.

Tres incógnitas para el futuro

La inversión prometida en 2024 es hoy un riesgo inminente de litigio. La amenaza al Sistema Arrecifal Mesoamericano eclipsó cualquier promesa de empleo temporal. El desarrollo se vuelve una carga si ignora los límites biofísicos naturales. Quedan en el aire tres preguntas:

¿Es posible un turismo de gran escala que no sea puramente extractivo? El naufragio de este “Día Perfecto” obliga a repensar el derecho al territorio.

¿Hasta qué punto los tratados comerciales (T-MEC) limitan la capacidad de un país para proteger sus propios recursos naturales?

¿Qué pasará con Mahahual, ahora que el gigante se retira dejando tras de sí una infraestructura a medias y una comunidad fracturada?


En este artículo ha colaborado Marian Gutiérrez De Anda, alumna de Negocios Internacionales de la Universidad de Guadalajara.


The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra – https://theconversation.com/naufraga-el-megaproyecto-de-royal-caribbean-en-mexico-pero-los-tribunales-no-han-dicho-su-ultima-palabra-283742

El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

Gorodenkoff/Shutterstock

Ronaldinho no empezó siendo Ronaldinho. Antes de convertirse en uno de los futbolistas más admirados de la historia fue un niño que jugaba en campos pequeños, improvisaba, repetía gestos, probaba regates que veía en partidos de la NBA ¿NBA?. Parecía ver el juego antes que los demás. Con apenas nueve años, en partidos infantiles, podía marcar seis goles y hacer que la grada se volviera loca. Desde fuera parecía talento puro. Pero la pregunta más interesante no es si nació con talento, sino qué condiciones hicieron posible que ese talento creciera.

Cuando un menor destaca se mira el resultado: los goles, la velocidad, la facilidad aparente. Sin embargo, detrás de todo esto suele haber muchas horas de juego, aprendizaje, contexto, confianza, repetición y libertad para crear. Ahí aparece la idea clave: el talento deportivo no solo se detecta, también se construye.

El talento también se hace

Durante la infancia y la adolescencia el cerebro mantiene una enorme capacidad de transformación. Es lo que la neurociencia llama neuroplasticidad: la posibilidad de reorganizar conexiones neuronales en respuesta a lo que vivimos y practicamos.

Eso significa que cuando un niño o una niña entrena no solo fortalece músculos o mejora la resistencia. También modifica circuitos cerebrales relacionados con la coordinación, la atención, la memoria y la toma de decisiones.

Con el entrenamiento físico se asocian cambios estructurales y funcionales en el cerebro, especialmente en áreas vinculadas al control cognitivo y motor.

Dicho de forma sencilla: la práctica deja huella en el cerebro.

¿Por qué el talento parece natural?

A menudo confundimos talento con facilidad inicial. Vemos a un menor que destaca y pensamos que nació con algo especial. En parte puede haber predisposiciones biológicas, pero también influyen otros factores. La lista es larga e incluye experiencias previas, juego libre acumulado, confianza, calidad del entrenamiento, maduración física o simplemente haber tenido más oportunidades.

Desde el estudio del desarrollo del talento se lleva años advirtiendo de que el rendimiento temprano no siempre predice el éxito posterior. Muchos sistemas de selección detectan mejor quién sobresale hoy que quién tiene mayor margen de crecimiento mañana..

Se necesita considerar el desarrollo longitudinal, desde la maduración hasta las múltiples dimensiones del rendimiento. Por eso, lo que parece talento espontáneo muchas veces es talento ya trabajado, aunque no lo hayamos visto.

El deporte también entrena la mente

Moverse bien no depende solo del cuerpo. También requiere recordar patrones, anticipar jugadas, controlar impulsos, cambiar de estrategia y mantener la atención bajo presión.

La práctica deportiva en menores y adolescentes mejora funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Es decir, entrenar también enseña al cerebro a pensar mejor en movimiento.

La actividad física regular se asocia con mejoras cognitivas y académicas en población escolar. Esto refuerza la idea de que moverse también beneficia al aprendizaje.

El error de las pruebas rápidas

Muchos sistemas deportivos siguen funcionando como si el talento pudiera detectarse en una mañana de pruebas. Se mide quién corre más rápido, quién salta más o quién rinde mejor ese día. El problema es que esas pruebas suelen captar el presente, no la evolución futura del deportista.

Un menor que madura antes puede parecer extraordinario a los diez años y normalizarse después. Otro que hoy pasa desapercibido puede explotar más tarde si encuentra el entorno adecuado.

Este fenómeno está relacionado con el llamado “efecto de la edad relativa”: en los sistemas deportivos organizados por año de nacimiento, quienes nacen cerca del inicio del periodo de selección suelen estar sobrerrepresentados en categorías competitivas, porque el talento infantil rara vez llega etiquetado.

¿Cómo se construye el talento?

Si el cerebro cambia con la práctica, entonces la pregunta importante no es quién destaca primero, sino qué entornos ayudan a crecer mejor. Serán aquellos donde haya variedad de experiencias motrices, entrenamiento progresivo, retroalimentación de calidad, descanso suficiente y apoyo emocional.

En fútbol, por ejemplo, se ha propuesto un modelo de “muestreo especializado”: practicar el deporte principal sin renunciar a otras experiencias motrices que enriquecen el aprendizaje y reducen la rigidez temprana de la trayectoria.

También importa algo menos visible: que el menor disfrute. Sin disfrute, la motivación cae. Y sin motivación, el aprendizaje se frena.

Entender el talento para familias y profesionales

Entender el talento como algo que podemos construir cambia muchas cosas. Reduce la ansiedad de pensar que todo se decide a los ocho años. Invita a mirar procesos en lugar de resultados inmediatos. Y recuerda que acompañar bien puede ser más decisivo que seleccionar pronto.

A veces llamamos talento a lo que en realidad es oportunidad bien acompañada. Aunque la pregunta quizá, no sea: “¿Tiene talento?”. Quizá sea otra: “¿Estamos creando el entorno adecuado para que pueda desarrollarlo?”

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El talento infantil en el deporte no se descubre: se entrena (también en el cerebro) – https://theconversation.com/el-talento-infantil-en-el-deporte-no-se-descubre-se-entrena-tambien-en-el-cerebro-282304

De peregrinar a Roma a las misas en estadios: cómo ha cambiado la devoción hacia el papa a lo largo de la historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

El papa León XIV ante los fieles que le esperan semanalmente en el Vaticano. Marco Iacobucci Epp/Shutterstock

El 7 de junio cientos de miles de personas se reunirán en la madrileña plaza de Cibeles para ver a León XIV celebrar la misa coincidiendo con la festividad del Corpus Christi. Es la primera visita a España que realiza este papa.

Hoy la escena no sorprende a nadie, pero durante siglos quien quería acercarse al sumo pontífice debía peregrinar hasta la tumba de Pedro. Para entender este contraste conviene remontarse a los orígenes.

‘Sobre esta piedra edificaré mi iglesia’

En los primeros siglos del cristianismo, el centro de la veneración era la figura de san Pedro, y Roma cobró importancia porque la tradición situaba allí su martirio y su sepultura. La basílica que Constantino mandó construir sobre la tumba del santo, en el siglo IV, convirtió este lugar en una de las grandes metas de peregrinación de la cristiandad.

Los papas de esos siglos solo salían de Roma en circunstancias excepcionales. El caso más conocido es el de León I Magno: en el año 452 fue al encuentro de Atila, mientras los hunos avanzaban por el norte de Italia, y logró frenar su marcha sobre la ciudad. La leyenda añadió un detalle, que Rafael inmortalizó en un fresco del Vaticano: tras el papa se habrían aparecido los apóstoles Pedro y Pablo, espada en mano.

Pintura en la que se retrata el encuentro entre León el Grande y Atila con dos personas a caballo detrás del papa.
El encuentro entre León el Grande y Atila según Rafael.
Art Renewal Center/Wikimedia Commons

Por eso el nombre elegido por León XIV recuerda una de las imágenes más antiguas del papado, la del pontífice que protege a su pueblo ante el peligro.

Los papas viajaban para gobernar, bien para negociar con los reyes, reformar la Iglesia o movilizar a la cristiandad, como hizo Urbano II al predicar la Primera Cruzada en 1095. La devoción, en cambio, circulaba en sentido contrario: los fieles acudían a Roma.

El primer Jubileo, proclamado por Bonifacio VIII en 1300, atrajo a la ciudad a cientos de miles de peregrinos con la promesa del perdón de los pecados. Pero el papa seguía siendo, para la inmensa mayoría, una figura distante.

Durante los siglos siguientes el patrón apenas varió.

Prisionero del Vaticano

La veneración al papa se intensificó en el siglo XIX. El 20 de septiembre de 1870, las tropas del reino de Italia invadieron Roma y pusieron fin a más de mil años de soberanía pontificia. Pío IX se recluyó en el Vaticano, se declaró “prisionero” y murió ocho años después sin haber vuelto a salir.

Hombre vestido de blanco en una ilustración con un libro dorado en la mano.
Estampa del papa Pío IX.
Bibliothèque nationale de France

En esos mismos años, el Concilio Vaticano I, bajo su pontificado, proclamó el dogma de la infalibilidad pontificia. El papa había perdido un Estado, pero ganaba una autoridad espiritual más concentrada, y se fomentó una veneración nueva hacia su persona. La prensa católica difundió su rostro y las estampas con su imagen se multiplicaron en los hogares católicos.

Su sucesor, León XIII, llevó esa autoridad a un terreno nuevo. Con la encíclica Rerum novarum (1891) sentó las bases de la doctrina social de la Iglesia. Esa autoridad reforzada pronto encontró un altavoz inédito, porque antes de que el papa viajara por el mundo, viajó su voz.

El 12 de febrero de 1931, Pío XI inauguró Radio Vaticano, construida por Guglielmo Marconi, con el primer mensaje radiofónico de un pontífice. Por primera vez, sus palabras podían escucharse simultáneamente en todo el planeta.

Pío XII llevó esa posibilidad más lejos: su mensaje del 24 de agosto de 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial (“nada se pierde con la paz; todo se puede perder con la guerra”), dio alcance mundial a la palabra, y en 1949 fue el primer papa que apareció en televisión.

La voz y el rostro ya cruzaban fronteras, pero el papa seguía en Roma. Faltaba un último paso: salir al encuentro de los fieles.

Más allá de Roma

Un hombre con un vestido blanco y un abrigo encima extiende los brazos rodeado de gente en un balcón.
El papa Pablo VI en el balcón del monasterio franciscano del monte Tabor, con vistas al valle del Jezreel y a las montañas de Gilboa.
David Eldan/ National Photo Collection of Israel

Ese paso lo dio Pablo VI. En enero de 1964 viajó a Tierra Santa, en el primer viaje internacional de un papa en avión. Al año siguiente voló a Nueva York, donde pronunció un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y celebró misa en un estadio. Visitó los cinco continentes, por lo que recibió el apodo de “papa peregrino”.

Juan Pablo II convirtió esa idea en el eje de su pontificado y fue el primer papa de las multitudes. Recorrió más de 1 200 000 kilómetros (casi treinta vueltas al mundo) en 104 viajes internacionales a 129 países, y España lo recibió en cinco ocasiones. En 1985 instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, que congregaron enormes muchedumbres: en Manila, en 1995, una sola misa reunió a varios millones de personas. En las plazas se coreaba un cántico que ningún papa había escuchado antes con esa intensidad, y aún permanece en la memoria colectiva: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”.

Su funeral, en 2005, concentró en Roma a más de cuatro millones de peregrinos y a delegaciones de más de ochenta países.

Esa devoción de masas dio lugar a una comparación que ha acompañado a los papas más recientes: la de la estrella de rock. El crítico Terry Eagleton describió a Juan Pablo II, en la London Review of Books, como una especie de “estrella de rock espiritual”. La comparación explica la dimensión mediática del fenómeno, pero deja fuera un elemento esencial: el papado se sustenta sobre una tradición y una memoria forjadas durante casi dos mil años.

Del sepulcro de Pedro a la pantalla del ‘smartphone’

Después se produjo otro cambio, esta vez sin estadios: las redes sociales. Benedicto XVI abrió en Twitter la cuenta @Pontifex en diciembre de 2012 y fue el primer papa digital.

Antes había visitado España en tres ocasiones: Valencia en 2006; Santiago de Compostela y Barcelona en 2010; Madrid en 2011. En la capital presidió una Jornada Mundial de la Juventud que reunió a más de un millón de jóvenes, con actos en la misma plaza de Cibeles que ahora acogerá a León XIV.

Cuando Francisco estrenó su cuenta de Instagram, en marzo de 2016, alcanzó el millón de seguidores en doce horas. Un año antes la revista Vogue ya lo había descrito como una estrella de rock de internet. Era la misma comparación de la era de Juan Pablo II, ahora trasladada del estadio al teléfono móvil.

Con las redes sociales, la relación con el papa Francisco se volvió cotidiana: ya no hacía falta peregrinar a Roma ni esperar a verlo por televisión, porque el papa podía aparecer cada día en la pantalla del smartphone de cualquier fiel, convertido en noticia, vídeo o meme.

En 2020 sus mensajes alcanzaron 27 000 millones de vistas. En plena crisis sanitaria global, el 27 de marzo de 2020, Francisco impartió desde Roma la bendición Urbi et Orbi, bajo la lluvia y prácticamente aislado. El rito fue retransmitido por televisión, internet y radio. El papa solo, sin la presencia física de fieles en la plaza de San Pedro, acompañaba a millones de personas de todo el mundo a través de las pantallas.

León XIV hereda esta faceta de papa de la era tecnológica. Su elección, el 8 de mayo de 2025, fue la primera de la era de TikTok, y su estreno en Instagram repitió el fenómeno de Francisco: superó el millón de seguidores en menos de un día. Hoy, sumando las cuentas pontificias, reúne decenas de millones.

La historia de la devoción a los papas es también la historia de sus formas de hacerse presentes ante los fieles. Cuando León XIV celebre la misa en Cibeles, la escena reunirá varias etapas de esa historia: la peregrinación medieval, la liturgia multitudinaria del siglo XX y la difusión digital del siglo XXI.

Ha cambiado de forma, medio y lenguaje, pero la devoción conserva un impulso muy antiguo: el deseo de ver de cerca al sucesor de Pedro.

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Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De peregrinar a Roma a las misas en estadios: cómo ha cambiado la devoción hacia el papa a lo largo de la historia – https://theconversation.com/de-peregrinar-a-roma-a-las-misas-en-estadios-como-ha-cambiado-la-devocion-hacia-el-papa-a-lo-largo-de-la-historia-284034

Corrupción, responsabilidad política y democracia: lo que cuestan los escándalos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Jiménez Sánchez, Catedrático de Ciencia política, Universidad de Murcia

Roman Samborskyi/Shutterstock

En las últimas semanas, dos autos judiciales de la Audiencia Nacional han sacudido la actualidad política española. El juez José Luis Calama ordenó registrar el despacho del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y varios locales vinculados a empresas de su entorno, en el marco de una investigación por indicios de tráfico de influencias y otros presuntos delitos.

Una semana más tarde, el juez Santiago Pedraz ordenó el registro de la sede nacional del PSOE en el contexto de una investigación sobre la posible financiación por el partido de una operación de acoso y destrucción de pruebas para desvirtuar investigaciones en marcha contra líderes de este partido.

Ninguno de estos hechos implica en estos momentos una culpabilidad establecida. Son indicios, no certezas. Pero su impacto sobre la opinión pública es inmediato, y sus consecuencias para la salud democrática merecen un análisis sereno, más aún cuando estas investigaciones se suman a otros casos en marcha como los que afectan a dos exsecretarios de organización del mismo partido, José Luis Ábalos y Santos Cerdán.

¿Confiamos en los políticos?

Esta acumulación de escándalos –reales, presuntos, confirmados o archivados– tiene consecuencias institucionales que los datos miden con precisión. Según el Standard Eurobarometer 104 de otoño de 2025, el último disponible, solo el 17 % de los españoles confía en los partidos políticos, frente al 81 % que declara no confiar en ellos. La confianza en el gobierno nacional se sitúa en torno al 28-30 %.

Estas cifras no son solo un termómetro del estado de ánimo: tienen efectos concretos. Cuando los ciudadanos perciben que las reglas del juego no se aplican a todos por igual, el incentivo para cumplirlas se debilita. Cuando los votantes creen que todos los partidos son igualmente corruptos, el voto pierde eficacia como mecanismo de rendición de cuentas. Y cuando las empresas perciben que el acceso a contratos públicos depende más de las conexiones que de la calidad de la oferta, la competencia real se deteriora: el Eurobarómetro flash sobre empresas de 2025 recoge que el 75 % de las empresas españolas detectó conflictos de interés en licitaciones públicas.

En democracias como la alemana, las escandinavas o la neerlandesa, los políticos afectados por un escándalo, incluso cuando son meros investigados, sin condena alguna, o los superiores de quienes lo están siendo, suelen dimitir de sus cargos públicos. No porque asuman ninguna culpabilidad penal, sino por una razón que los propios afectados suelen explicar con claridad: no quieren que las sospechas sobre su conducta personal contaminen la autoridad de la institución que representan ni erosionen la confianza ciudadana en ella.

La dimisión, en este contexto, no es una derrota sino un acto de servicio público. Es la expresión de que el cargo se ejerce en nombre de los ciudadanos y que, cuando ese ejercicio se ve comprometido por las circunstancias, lo correcto es apartarse para que la institución no sufra.

Esta cultura de la responsabilidad política no es un lujo moral: tiene efectos medibles sobre la confianza institucional. Los países donde funciona con regularidad son precisamente los que presentan niveles más altos de confianza en los partidos, en los gobiernos y en los parlamentos.

La relación causal no es sorprendente: cuando los ciudadanos ven que los políticos anteponen el interés institucional al propio, la confianza se mantiene incluso en momentos de escándalo. Y si lo que ven es resistencia, negación y supervivencia a cualquier precio, la desconfianza se generaliza y se vuelve difícil de revertir.

España ha tenido casos excepcionales de responsabilidad política voluntaria, pero no ha desarrollado una cultura sistemática en este sentido. El patrón dominante ante los escándalos ha sido la resistencia: aferrarse al cargo mientras el proceso judicial no lo impida formalmente, exigir sentencia firme como única condición de salida y tratar cualquier llamada a la dimisión como un ataque político.

El resultado está en los datos: niveles de confianza institucional entre los más bajos de la Unión Europea y una percepción de impunidad que se retroalimenta.

El caso de Estonia

La evidencia comparada ofrece, sin embargo, una perspectiva menos fatalista. Países que han superado situaciones similares –Estonia es el ejemplo más reciente en el contexto europeo– lo han hecho combinando dos tipos de cambio: por un lado, reformas institucionales concretas en materia de profesionalización de la administración pública, transparencia, financiación de partidos y contratación pública; y por el otro, el desarrollo progresivo de una cultura política donde la responsabilidad ante los ciudadanos no se reduce a sobrevivir entre elecciones.

Los dos elementos son necesarios: las reformas sin cultura de rendición de cuentas se vacían de contenido; la cultura sin reformas institucionales carece de los instrumentos para materializarse.

Los datos de encuestas muestran que los españoles no han aceptado la corrupción como un mal inevitable. De hecho, la rechazan con más intensidad que la media europea. Ese rechazo, sostenido y mayoritario, es el principal activo con el que cuenta la democracia española para salir de este círculo.

Lo que falta no es sensibilidad cívica. Lo que falta es que ese rechazo se traduzca en dos cosas a la vez: reformas institucionales que cambien los incentivos estructurales y una nueva cultura política en la que dimitir cuando las circunstancias lo aconsejan sea visto como un signo de fortaleza democrática, no de debilidad personal.

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Fernando Jiménez Sánchez ha disfrutado de proyectos de investigación financiados por entidades públicas (Unión Europea, Agencia Estatal de Investigación) mediante proyectos de investigación obtenidos en concurrencias competitivas. Es miembro del capítulo español de Transparency International y pertenece a su consejo asesor y al de la Fundación Hay Derecho. Ambas organizaciones son asociaciones cívicas sin ánimo de lucro.

ref. Corrupción, responsabilidad política y democracia: lo que cuestan los escándalos – https://theconversation.com/corrupcion-responsabilidad-politica-y-democracia-lo-que-cuestan-los-escandalos-284249

Cuando la tecnología convierte el cuerpo del deportista en datos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

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Durante años, millones de espectadores han visto a futbolistas profesionales quitarse la camiseta para celebrar un gol. Ahora, si lo hacen, reciben como sanción una tarjeta amarilla. Por eso, es difícil ver lo que hay debajo… salvo ocasiones especiales, como la que ocurrió el pasado 26 de abril en un partido entre el Racing de Santander y el Ceuta, donde un jugador rompió la camiseta a otro y la cámara siguió a este último para hacernos partícipes del cambio de prenda. Es entonces cuando los espectadores del encuentro se preguntan, entre la curiosidad y el meme: ¿por qué lleva debajo una especie de “sujetador deportivo”?

La respuesta corta es que no es un sujetador. La larga (y mucho más interesante, hasta el punto de dedicarle este artículo) es que se trata de un arnés o chaleco de compresión. A simple vista parece una prenda íntima deportiva. Sin embargo, es una de las mejores metáforas del deporte contemporáneo: el cuerpo de un atleta ya no se entrena solo; hoy también se mide, se traduce y se convierte en datos.

Arnés de compresión, analítica móvil

En la práctica, ese arnés que usan los futbolistas no es un mero detalle estético, sino una oficina portátil de analítica deportiva. Aloja, en la parte alta de la espalda, un pequeño dispositivo GPS y otros sensores. Su función es registrar la distancia recorrida, la velocidad máxima, el número de esprints, aceleraciones, desaceleraciones y carga de trabajo, entre otras variables. También, en algunos casos, se combina con bandas de frecuencia cardiaca u otros sistemas biométricos.

¿Y es legal? El fútbol ha integrado de forma reglada la monitorización corporal. La International Football Association Board (IFAB) permite los sistemas electrónicos de seguimiento (EPTS) en competición oficial, siempre que sean seguros, estén homologados y cuenten con la aprobación del organizador. También la UEFA los admite en el campo con autorización arbitral.

Estamos normalizando el cuerpo monitorizado. Pero en este caso, se da una paradoja: mientras en el fútbol los sensores forman parte del paisaje cotidiano, en otros deportes la tecnología sigue siendo un territorio ambiguo, sospechoso o directamente prohibido.

El ejemplo más reciente lo protagonizó Carlos Alcaraz en el Open de Australia 2026, cuando la jueza de silla le obligó a quitarse una pulsera Whoop que llevaba bajo la muñequera antes de su partido contra Tommy Paul. Alcaraz explicó después, con naturalidad, que se trataba de una herramienta para controlar descanso, carga y recuperación, pero que “son reglas del torneo” y que no pasaba nada: “se quita y a funcionar”.

El cuerpo como laboratorio

En el deporte de élite, la frontera entre competir y monitorizarse hace tiempo que se desdibujó. Así, los clubes de fútbol, especialmente en las grandes ligas europeas, llevan años usando sistemas GPS de seguimiento para saber cuánto corre un jugador, cómo corre, cuándo acelera, cuándo cae su rendimiento y cuánto tarda en recuperarse.

En este ámbito, la promesa de estos dispositivos es tan sencilla como poderosa: si el cuerpo deja huellas medibles, esos datos pueden ayudar a prevenir lesiones, dosificar esfuerzos y optimizar rendimiento. Y, en una industria en la que un desgarro muscular puede costar semanas, millones y una temporada, cualquier información es una ventaja. Sobre todo, en el fútbol.

Este deporte es, por naturaleza, un deporte de cargas repetidas y de gestión colectiva. El preparador físico necesita saber si el extremo ha hecho demasiados esprints, si el mediocentro ha acumulado demasiadas desaceleraciones o si el lateral está entrando en una zona de riesgo muscular. El dato no reemplaza al ojo experto. Pero lo complementa. O, mejor dicho, lo disciplina.

Lo que antes era intuición (apreciaciones como “hoy está cargado” u “hoy llega justo”) ahora pueden expresarse en dashboards, semáforos de fatiga y curvas de recuperación.

La tecnología aceptada y sospechosa a la vez

Pero ¿por qué nadie se escandaliza cuando un futbolista lleva un sensor en el pecho, pero sí se genera polémica cuando un tenista luce una pulsera en la muñeca? La respuesta, desde luego, no es tecnológica. Es cultural y reglamentaria.

El fútbol ha integrado estos sistemas principalmente en los entrenamientos y, cuando se usan en competición, se hace dentro de un ecosistema donde el control externo ya es parte del juego: presupuestos elevados, banquillos amplios, cuerpo técnico numeroso, análisis en tiempo real, sustituciones tácticas y una larga tradición de lectura colectiva del rendimiento.

El tenis, en cambio, conserva una narrativa mucho más individualista. El jugador aparece como una figura casi autosuficiente, encerrada en la pista, limitada en la comunicación con su equipo y sometida a normas estrictas contra el coaching encubierto. En ese contexto, cualquier dispositivo corporal plantea una sospecha inmediata: ¿solo mide? ¿Transmite? ¿Puede convertirse en una vía de información externa? ¿Y recibir información?

Eso es precisamente lo que ocurrió con la pulsera de Alcaraz. La Whoop no tiene pantalla y su función principal es registrar variables fisiológicas como frecuencia cardiaca, esfuerzo, recuperación o sueño, sin mostrar datos tácticos en directo al jugador. Aun así, la jueza de silla ordenó retirarla. La polémica fue mayor porque Alcaraz ya la había usado en rondas previas, y el propio CEO de la compañía calificó la medida de “ridícula”, defendiendo que el dispositivo no ofrecía ayuda competitiva inmediata. ¿Qué significa esto? El problema no era lo que el dispositivo hacía, sino lo que podría llegar a representar.

No son esteroides, pero tampoco son neutrales

El fundador de Whoop resumió la polémica con una frase que ha llenado titulares en los periódicos de medio mundo: “los datos no son esteroides”. La frase funciona bien como titular o como estrategia comercial. Pero, también, simplifica demasiado.

Es verdad: un sensor no dopará a nadie. Ni aumenta la masa muscular, ni acelera la recuperación química, ni altera directamente el rendimiento fisiológico, pero eso no significa que sea neutral.

Los datos son poder; es el oro del siglo XXI. Y, en el deporte de élite, el poder casi siempre se traduce en “ventaja”.

Un equipo que conoce mejor la carga interna de un jugador puede ajustar mejor sus descansos. Un tenista que monitoriza con precisión cómo responde su cuerpo al calor, al estrés o a la acumulación de partidos puede planificar mejor su recuperación. Un cuerpo técnico que detecta señales tempranas de fatiga tiene más margen para intervenir antes de la lesión.

Por eso, desde el punto de vista de la regulación, la pregunta es qué tipo de ayuda constituyen y cuándo dejan de ser aceptables estos dispositivos. ¿Es legítimo recoger datos que se analizarán después del partido? Probablemente sí. ¿Es legítimo recibir información en tiempo real desde el banquillo o desde la grada? Ahí el debate cambia. ¿Y si el dispositivo no muestra nada al jugador, pero transmite a su equipo? ¿Y si esa información modifica decisiones tácticas durante el encuentro?

Del músculo al algoritmo

Lo más interesante del arnés de los futbolistas y de la pulsera de Alcaraz no es el gadget en sí. Es lo que ambos cuentan sobre una transformación más profunda. El deportista contemporáneo no solo entrena: se cuantifica. Su sueño se puntúa; su recuperación se indexa; su estrés se convierte en un número; su capacidad de sprint se traduce en una curva… En definitiva, su cuerpo es un sistema de datos interoperables.

Esto tiene ventajas evidentes: mejor prevención, mejor individualización y menos intuición ciega. Pero, también, introduce una nueva forma de dependencia. Cuando el cuerpo se convierte en panel de control, el riesgo es olvidar que no todo lo importante se deja medir. Hay días en que un jugador está “bien” según el dispositivo y mal según sus sensaciones. Y otros en los que compite por encima de lo que la métrica aconsejaría.

La prenda más política del deporte

Sin embargo, el episodio de Alcaraz recuerda que esa lógica no está distribuida de forma homogénea. Mientras que hay deportes que han naturalizado la monitorización, algunos todavía la miran con recelo y otros la abrazan en el entrenamiento y la prohíben en competición. Pero todos, tarde o temprano, tendrán que decidir dónde trazan la línea entre el cuidado legítimo del cuerpo y la ventaja tecnológica.

El futuro del deporte quizá no se juegue solo en el gimnasio o en la pista. También se juega, literalmente, por debajo de la camiseta.

The Conversation

Paula Lamo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la tecnología convierte el cuerpo del deportista en datos – https://theconversation.com/cuando-la-tecnologia-convierte-el-cuerpo-del-deportista-en-datos-281542

León XIV convierte su visita a España en un gesto diplomático de alto voltaje: ¿por qué es tan importante su intervención en el Congreso?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariola Urrea Corres, Profesora Titular de Derecho Internacional y de la Unión Europea, Universidad de La Rioja

El viaje de León XIV a España tendrá lugar del 6 al 12 de junio. De carácter apostólico, la visita contempla la presencia del sumo pontífice en Madrid, Barcelona y Canarias. León XIV quiere hacer efectiva así la voluntad del papa Francisco cuando planteó su deseo de visitar Canarias en plena crisis migratoria de 2024.

Han pasado ya quince años desde el último viaje de un papa a España. Aquella visita de Benedicto XVI a Madrid para participar en la Jornada Mundial de la Juventud no fue de Estado, a diferencia de la de León XIV, como refleja la agenda que ya se ha hecho pública. Ahí se detalla la pluralidad de actos religiosos y encuentros que mantendrá el sumo pontífice. También se describe la recepción que le brindarán los reyes en su calidad de anfitriones o el encuentro que mantendrá con el presidente del Gobierno en la Nunciatura.

La novedad tendrá lugar el 8 de junio, cuando León XIV intervendrá en una sesión conjunta del Congreso de los diputados y el Senado en la sede de la primera cámara.

Otros mandatarios en las Cortes Generales

La presencia de un mandatario en las Cortes Generales y la oportunidad de dirigirse a sus señorías es un honor reservado a quienes visitan España bajo la fórmula diplomática de viaje de Estado. El conjunto de presidentes o jefes de Estado que han disfrutado de esta distinción está documentado con detalle en el archivo del Congreso.

La primera intervención de esta naturaleza fue protagonizada el 14 de octubre de 1977 por el presidente de México, José López Portillo. El listado de mandatarios que han visitado, firmado en el libro de honor y pronunciando discursos en el Congreso, en el Senado o en una sesión conjunta de ambas cámaras es muy larga. Basta mencionar a título de ejemplo la intervención de la reina de Inglaterra, Isabel II, en 1988, la de los reyes de Suecia (1983) o la de los de Nepal (1983).

También Jacques Chirac (1999), primer presidente de la V República de Francia; el rey de Marruecos, Mohamed VI (2000); Jatami-Ardakani, presidente de Irán (2002); Nicolás Sarkozy, presidente de Francia (2009); Lula da Silva, presidente de Brasil (2003); Mahmud Abas, primera persona en ocupar el cargo de primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (2017); Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal (2018); Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania (2022), o el Sultán de Omán (2025) pudieron dirigirse a sus señorías en persona (salvo Zelenski, que lo tuvo que hacer por videoconferencia).

Ninguno de los papas que ha visitado antes España ha intervenido, sin embargo, ante las Cortes Generales. Pontífices como Francisco sí tuvieron la oportunidad de hacerlo en el Congreso de los Estados Unidos, en 2024. El papa Benedicto XVI pudo dirigirse al parlamento británico en 2010 y Juan Pablo II lo hizo ante el parlamento polaco en 1999. Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el papa Francisco también dictaron sendos discursos ante la Asamblea General de Naciones Unidas y Francisco fue invitado a intervenir en el Parlamento Europeo (2014).

España, como es sabido, es un Estado aconfesional en los términos que detalla el artículo 16 de la Constitución (“Ninguna confesión tendrá carácter estatal”). Dicha aconfesionalidad ha sido calificada por el Tribunal Constitucional como una suerte de laicidad positiva que impone a los poderes públicos la obligación de mantener relaciones de cooperación con la Iglesia católica y con otras confesiones religiosas, aunque la sociedad española sea ya una sociedad fuertemente secularizada.

Nada de todo lo expuesto cuestiona ni la pertinencia ni la relevancia de la intervención del papa ante las Cortes Generales. Él es el sumo pontífice de la Iglesia católica, pero también tiene la condición de jefe de Estado como dejamos expuesto en “Franciscus: pontífice, jefe de Estado y diplomático” (https://theconversation.com/franciscus-pontifice-jefe-de-estado-y-diplomatico-254965)

Esta última consideración resulta trascendente ante un escenario internacional de extrema complejidad en el que León XIV se ha posicionado de manera clara a favor de un orden basado en reglas, algo que le ha costado el reproche directo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

La intervención de León XIV en una sesión conjunta del Congreso y Senado no puede analizarse solo como un honor protocolario. Que un pontífice solicite dirigirse a los representantes de la soberanía popular eleva el propósito de la visita apostólica y dota al mensaje que quiera compartir de una mayor significación institucional y política.

Una intervención histórica

Más allá de lo que el discurso de León XIV pueda reiterar sobre la doctrina de la Iglesia en relación con la paz y el rechazo al uso de la fuerza, resulta particularmente interesante apuntar también aquellos otros temas que podrían estar presentes en una intervención histórica llamada a incidir en el debate nacional. De todas las cuestiones a abordar al menos dos podrían estar llamadas a tener un espacio en su discurso.

El primer tema es el de la migración y su abordaje no resulta una cuestión menor por cómo se vaya a interpretar lo que el papa pudiera llegar a expresar por quienes hacen del migrante su particular chivo expiatorio. El segundo, más espinoso, está vinculado con los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes. El reciente acuerdo logrado entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal para reparar el daño provocado a las víctimas no impide un acto de reconocimiento del dolor causado que bien podría expresarse ante los representantes de la soberanía popular, junto al compromiso del Sumo Pontífice en primera persona de contribuir a generar una cultura dentro de la Iglesia capaz de evitar que estas situaciones se repitan y encuentren espacios para ser encubiertas.

La intervención ante las Cortes Generales del papa León XIV constituye, sin duda, un hecho de relevancia histórica que adquiere un mayor significado debido a la magnitud de los desafíos que representa para todos el nuevo (des)orden mundial.

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Mariola Urrea Corres no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. León XIV convierte su visita a España en un gesto diplomático de alto voltaje: ¿por qué es tan importante su intervención en el Congreso? – https://theconversation.com/leon-xiv-convierte-su-visita-a-espana-en-un-gesto-diplomatico-de-alto-voltaje-por-que-es-tan-importante-su-intervencion-en-el-congreso-282442

La huella que deja el litio de las baterías en los océanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pamela Ruiz Rodriguez, Profesora de Biología Celular, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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El litio se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética debido a sus propiedades físico-químicas: es ligero, poco denso en estado sólido, presenta un elevado potencial electroquímico y una excelente conductividad eléctrica y térmica. Y eso lo convierte en materia prima clave de las baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles y sistemas de almacenamiento de energías renovables.

Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?

Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.

Un contaminante emergente y poco vigilado

A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja




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Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.

La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.




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Más allá de la mortalidad: efectos invisibles

El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.

En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.




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El tiempo importa tanto como la dosis

El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.

Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.

Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.

Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.

Una transición energética verdaderamente sostenible

Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.

Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.

El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.

The Conversation

Pamela Ruiz Rodríguez recibe fondos de Gobierno Vasco.

Laura Noguera Sánchez recibe fondos de Universidad del País Vasco.

Urtzi Izagirre Aramayona no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La huella que deja el litio de las baterías en los océanos – https://theconversation.com/la-huella-que-deja-el-litio-de-las-baterias-en-los-oceanos-280331

¿Erramos al pensar que todo arte urbano mejora la ciudad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Manuel Ros García, Profesor Catedrático Área de Proyectos Arquitectónicos, Universidad CEU San Pablo

‘We dreamt an orchard this way’ es un mural diseñado por la artista Gina Kim como parte de la serie de murales AAPI de Porch Light. El mural se encuentra en la segunda planta del restaurante Vietnam, en el barrio de Chinatown de Filadelfia. Esta llamativa obra de arte fue pintada por el muralista principal Kien Nguyen, con la ayuda de Lucía Michel. Forma parte del programa Mural Arts de Filadelfia. roamer.rat/Shutterstock

Durante años hemos interpretado el arte urbano de forma incompleta. Unos lo reducen a ornamento, reclamo turístico o maquillaje de la ciudad. Otros lo miran con desconfianza, como imposición estética no solicitada. Ambas posturas resultan insuficientes.

La cuestión de fondo no es si un mural gusta más o menos, ni si una escultura urbana se vuelve reclamo fotográfico. La verdadera pregunta debería ser otra: ¿qué cambia en la experiencia cotidiana de la ciudad una intervención artística?

No hablamos solo de imagen urbana, sino de cómo una ciudad se vuelve más integral, equilibrada y significativa para quienes la habitan. Es decir, nos referimos a calidad de vida. El arte urbano puede (y tal vez debe) introducir belleza cotidiana, serenidad y reflexión, mecanismos de activación simbólica del espacio público en relación con el bienestar subjetivo.

¿Quién interviene el espacio?

Al artista urbano, expuesto a la curiosidad pública, siempre le ha interesado no pasar desapercibido. Tanto en el arte informal (el grafiti) como en el consentido, los autores siempre han reivindicado fervientemente su autoría.

Sin embargo, lo que se busca sobre todo es el efecto sorpresa como noticia asociada al arte urbano. Así, Girl with Balloon, de Banksy, sorprendió porque una imagen mínima, encontrada en la calle, abría una lectura sobre la pérdida, la infancia, la esperanza o la fragilidad.

Una niña dibujada en gris sobre una pared clara mientras observa cómo un globo con forma de corazón se escapa.
Girl with Balloon, de Banksy.
Dominic Robinson/Flickr, CC BY-NC

A su vez, la presencia de nombres reconocidos establece una jerarquía silenciosa. Esta hace que, por ejemplo, Taki 183, Keith Haring, Basquiat, Blek le Rat, Oldenburg, Banksy, OBEY y Kapoor tengan capacidad de intervenir en el espacio público y otros no. No basta con ocupar un muro o producir cualquier imagen, hace falta competencia artística, autorización o negociación, análisis del contexto, responsabilidad urbana y capacidad de generar una experiencia significativa.

Pero además, entre quienes logran dejar huella en el espacio público, no todos consiguen incidir positivamente en la calidad de vida urbana compartida.

Una pregunta más exigente

Ese es precisamente el núcleo del proyecto de investigación AUPART sobre arte urbano y calidad de vida que desarrollamos actualmente. Su punto de partida no da por hecho que cualquier obra de arte urbano mejora automáticamente el bienestar colectivo sino que busca averiguarlo.

La calidad de vida no es una magnitud simple, ni puede atribuirse directamente a un único factor. Según el marco del Indicador Multidimensional de Calidad de Vida del INE, depende de condiciones materiales, relaciones sociales, percepción del entorno, seguridad, gobernanza, bienestar subjetivo y experiencia cotidiana del lugar.

Por eso, cuando estudiamos el arte urbano nos preguntamos en qué dimensiones concretas puede influir y bajo qué condiciones puede llegar a afectar. Una obra de no debería evaluarse solo por su calidad formal, su tamaño o su firma, sino por su capacidad de comportarse como mediadora entre el espacio público y la vida urbana.

Cuando una obra funciona o fracasa

Dos proyectos con recorrido que han funcionado como mediadores han sido el Mural Arts de Filadelfia (EE. UU.), que incorpora numerosas obras que han tenido impacto en la comunidad, o el Inside Out Project impulsado por el artista urbano francés JR, que ya tiene recorrido internacional.

En nuestro estudio hemos analizado, por ejemplo, el caso de Julia, la escultura de Jaume Plensa en la plaza de Colón de Madrid. Con los resultados actualmente en proceso de revisión por pares, sería exagerado afirmar que mejora la calidad de vida en términos absolutos. Pero sí se puede interpretar como un factor de mediación urbana, una presencia artística de alta visibilidad que puede modificar la experiencia del entorno, la percepción de seguridad, el valor simbólico del lugar o la relación afectiva con esa plaza.

Fotografía de una escultura de una cabeza de mujer gigante, casi plana por los lados.
Retrato de Julia en la plaza de Colón de Madrid.
ColorMaker/Shutterstock

Ahora bien, una obra de gran valor artístico también puede fracasar socialmente si no encaja con las prácticas del espacio donde se implanta. Es el caso de Tilted Arc, de Richard Serra, una placa sólida de acero de unos 36 metros de largo instalada en 1981 en Federal Plaza, Nueva York.

La pieza fue criticada no solo por razones estéticas, sino por su efecto sobre el uso cotidiano del lugar (algo que se pretendía al instalarla, por otra parte, pero que no gustó). Al dividir la plaza, provocó que el cruce habitual de los ciudadanos por ella tuviese que modificarse y generó objeciones de seguridad y circulación. Fue retirada en 1989 tras una larga controversia pública e institucional.

No basta con verla

A menudo se cree que introducir arte urbano equivale por sí mismo a regenerar un entorno. Por ejemplo, en Wynwood, Miami (EE. UU.), el arte urbano mural generó visibilidad y marca urbana, pero la evolución del distrito condujo a una creciente comercialización, a murales por encargo cada vez más normalizados y a preocupaciones por la gentrificación desbocada y la pérdida de la comunidad creativa que le dio origen. Hubo éxito icónico y económico, pero eso no significó que hubiese regeneración social.

Entrada a una tienda y paredes pintadas.
En el barrio de Wynwood de Miami, sus murales son una atracción turística que cuenta hasta con una tienda propia.
Bada1/Shutterstock

Tampoco Mural Istanbul, en la capital turca, fue más allá. El proyecto sólo abordó el plano estético del activismo artístico, y fue interpretado como alienación social con el único pretexto de llamar la atención sobre un área de la ciudad olvidada.

Autores como los urbanistas Malcolm Miles, Ann Markusen y Anne Gadwa, el historiador de arte Miwon Kwon o el arquitecto Kevin Lynch ya advirtieron, desde perspectivas distintas, que el valor del arte público no puede separarse de la sociedad, las instituciones y el territorio que lo hacen posible.

No solo importa que la gente vea una obra. También es esencial que la recuerde, la comprenda, la aplique a su manera de entender el entorno, la analice, la evalúe y, en último término, se sienta capaz de idear algo a partir de ella. Así sucedió con el proyecto Heerlen Murals, en Países Bajos. Tras el declive minero, la ciudad utilizó el muralismo comunitario para fomentar la regeneración social y urbana, mejorar la imagen de barrios deprimidos y activar la participación entre diferentes grupos ciudadanos.

Más allá de decorar la ciudad

Por sí solo, el arte urbano no puede mejorar totalmente la vida en la ciudad. Pero sí puede contribuir a reforzar ciertas dimensiones de la calidad de vida. Y lo logra si fortalece el vínculo con el lugar, si favorece la interacción social, si refuerza la identidad compartida, si hace más comprensible el entorno y si logra aceptación cívica y respaldo institucional.

Con ello, el artista deja de ser solo productor de imágenes y se convierte en alguien capaz de activar vínculos entre la obra, el lugar y la comunidad, haciendo que el espacio público exprese memoria, valores o formas compartidas de pertenencia.

Tras los disturbios en los barrios periféricos de París en 2005, JR inició el proyecto ‘Retratos de una generación’. Fotografió y pegó retratos monumentales de jóvenes de esos barrios en la ciudad. Buscaba cambiar la imagen mediática del ‘joven peligroso’ por un rostro concreto, frontal, humano, exageradamente visible. La calle dejaba de hablar sobre ellos y empezaba a mostrarles.

Si aspiramos a ciudades más habitables, inclusivas y culturalmente vivas, debemos preguntarnos en qué condiciones una intervención artística puede producir efectos positivos verificables en el espacio público y la vida comunitaria.

Eso obligaría a preparar mejor cada intervención, diagnosticar su pertinencia social, comprobar si el lugar la necesita, analizar el contexto y asumir que el impacto del arte urbano no se mide sólo por decorar la ciudad, sino por transformar la relación de una comunidad con el lugar que habita y por reconocer el valor del espacio público como motor de aprendizaje social. Conformarse solo con tener algo bonito dejaría pasar la oportunidad de mejorar.


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The Conversation

Juan Manuel Ros García recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades
El articulo se enmarca dentro del proyecto nacional que se está desarrollando y del que soy Investigador Principal, con numero de referencia y título: PID2023-151204OB-I00 “La presencia del arte urbano en el espacio público de la ciudad como factor de influencia en la mejora de la calidad de vida de la población tras la pandemia de COVID-19” MICIU-AEI-10.13039-501100011033 y por FEDER, UE

ref. ¿Erramos al pensar que todo arte urbano mejora la ciudad? – https://theconversation.com/erramos-al-pensar-que-todo-arte-urbano-mejora-la-ciudad-280771

‘Ps ns bro’: ¿el lenguaje digital adolescente afecta a cómo escriben y comprenden en la escuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Belda Torrijos, Lingüística aplicada, Universidad CEU Cardenal Herrera

Luna A. Safitri/Shutterstock

Imaginemos una interacción entre dos personas, A y B, que sucede por escrito:

A: Que entra en el examen?
B: El que estamos dando de lengua y los dos últimos de historia
A: Na es imposible estudiar todo eso para mañnaa

Vista en esta pantalla, en el contexto de un artículo divulgativo, claramente choca. Probablemente tendremos que leerlo dos veces para entenderlo bien. En la pantalla del móvil de cualquier adolescente, no sorprende nada.

La mayoría de jóvenes y adolescentes se comunican cotidianamente, en cientos de mensajes digitales que envían y reciben a través de aplicaciones de mensajerías, con abreviaturas, sin tildes, sin signos de puntuación y con muchísimos emoticonos y anglicismos.

Pero ¿hasta qué punto este lenguaje afecta su capacidad de expresarse por escrito de manera más formal y sin faltas de ortografía cuando el medio es otro (un examen, un trabajo de clase)?

Del entorno digital al formal

Captura de pantalla anonimizada de un chat de participantes en el trabajo de 2º ESO.
Mónica Belda Torrijos.

La rapidez con la que se interactúa en redes favorece mensajes breves y simplificados, donde la corrección ortográfica suele quedar en un segundo plano. Los adolescentes utilizan emoticonos, imágenes, audios, vídeos cortos, stickers… para transmitir emociones, estados de ánimo o comunicarse. Las redes sociales han ampliado las posibilidades de interacción y han creado nuevos espacios de comunicación donde antes solo dependían de la escritura tradicional.

El problema surge cuando esos hábitos lingüísticos dejan de limitarse al entorno digital y se trasladan al ámbito académico. Para comprender de qué manera el lenguaje digital repercute en la escritura formal y en la comprensión lectora de los estudiantes, hemos realizado un estudio basado en la observación de interacciones digitales y en la revisión de estudios académicos previos.

De acuerdo con nuestro estudio, se produce un contagio, y los docentes se encuentran con errores frecuentes que se corresponden con la manera de escribir en redes: omisión de tildes, falta o uso incorrecto de signos de puntuación, abreviaturas, contracciones, acortamiento de palabras, textismos (“q haces?”, “k tal?”, “xfa”, “dnd”, “salu2”, “tqm” por “te quiero mucho”), uso de grafías no normativas, repetición (“holaaaa”, “graciaaaas”, “bueeeeno”, “jajajajaja”) u omisión de letras (“pa”, “toa”, “na”, estoy “cansao”), omisión de mayúsculas, anglicismos, extranjerismos, dialectalismos, creación de palabras nuevas, fragmentación de oraciones, problemas de sintaxis, dificultades de cohesión y coherencia textual, menor precisión léxica y empobrecimiento del vocabulario.




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Influencia en la comprensión lectora

Por si fuera poco, no es un fenómeno que afecte solamente a la escritura: en nuestro estudio comprobamos que determinados rasgos del lenguaje digital están asociados a dificultades concretas en la comprensión lectora, cuyo empeoramiento ha quedado reflejado en informes recientes como el de PISA 2022.

La bajada en comprensión lectora observada en este informe afectó a la mayoría de los países, aunque no a todos. El uso intensivo de entornos digitales y redes sociales aparece como uno de los factores que podrían influir, pero los datos de PISA no permiten atribuir la caída exclusivamente a ese fenómeno; también intervienen múltiples causas que interactúan entre sí, entre ellas los cambios en los hábitos de lectura, el aumento del tiempo dedicado a pantallas y diversos factores sociales y culturales.

Por ello, la influencia del lenguaje digital debe entenderse como uno de los factores que podrían contribuir a este fenómeno, dentro de un contexto más amplio.




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La lengua de Whatsapp

A partir de la observación de las interacciones digitales de 90 estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria, identificamos varios patrones lingüísticos recurrentes.

  • La omisión de tildes apareció en el 50 % de los mensajes analizados.

  • El uso de abreviaturas estuvo presente en el 45 % de los casos.

  • La fragmentación de oraciones apareció en un 30 %. Se produce cuando no se construyen oraciones cohesionadas, se expresan ideas mediante enunciados separados breves e incompletos: “No hice los deberes. Mucho trabajo, Examen mañana. Nervios”.

  • El uso de emoticonos y stickers alcanzó un 60 %.

  • Detectamos anglicismos en el 25 % de las interacciones, con inserciones léxicas no adaptadas al español.

  • Pudimos observar 976 errores ortográficos, equivalentes al 70,4 % del total; 156 errores gramaticales, un 11,24 %; y 39 errores léxicos, un 6,9 %. A partir de estos datos comprobamos que existe una “transferencia negativa” del lenguaje digital al contexto académico.

Comprobamos también que los errores se transferían al texto académico, contrastando estos errores con los cometidos en exámenes o trabajos escolares. Esta transferencia de la pantalla al contexto formal en la escuela se ha detectado en otros estudios dentro y fuera de España.

En relación con la comprensión lectora, observamos que esta simplificación lingüística afecta especialmente a la capacidad para interpretar y redactar textos complejos.

Aliarse con las tecnologías

Las tecnologías digitales también pueden convertirse en aliadas. Existen aplicaciones educativas que pueden ayudar a reforzar la ortografía y la comprensión lectora mediante metodologías más cercanas a los intereses de los estudiantes.

Estas soluciones incluyen el uso de aplicaciones destinadas a practicar y mejorar la ortografía de manera práctica y repetitiva, además de estrategias didácticas para conectar los intereses digitales de los estudiantes con objetivos académicos y enseñar a diferenciar entre registros formales e informales.

Incluso, animar a los estudiantes a reflexionar sobre la norma digital empleada en plataformas como WhatsApp puede verse como una oportunidad para fortalecer la competencia ortográfica de los adolescentes.

Convivencia de formas de expresión

Las redes sociales han transformado la manera de comunicarse y han dado lugar a nuevas formas de expresión que conviven con la escritura formal.

Esto plantea el desafío de enseñar a los adolescentes a escribir correctamente según el contexto en el que se comuniquen: no se trata de que escriban con perfección en contextos informales en los que prima la comunicación más rápida y emotiva, pero sí que esto no dificulte ni impida un buen aprendizaje de la lengua escrita en cualquier otro contexto.

The Conversation

Mónica Belda Torrijos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Ps ns bro’: ¿el lenguaje digital adolescente afecta a cómo escriben y comprenden en la escuela? – https://theconversation.com/ps-ns-bro-el-lenguaje-digital-adolescente-afecta-a-como-escriben-y-comprenden-en-la-escuela-282173