Escuchar cómo habla una persona puede cambiar su diagnóstico (y su vida)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Varo Varo, Catedrática de Lingüística General en la UCA, investigadora del Instituto de Lingüística Aplicada (ILA). Semántica léxica, déficits semánticos y perfiles lingüísticos en trastornos ddel neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas, Universidad de Cádiz

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Hay familias que llevan años en lo que los especialistas llaman un limbo diagnóstico: saben que “algo” ocurre, pero ninguna prueba lo confirma con suficiente claridad. A veces se trata de un hijo que, superando los umbrales mínimos en las pruebas estandarizadas, tiene “algo” que no encaja. Otras es un mayor en el que “algo” ha cambiado, pero de una forma difícil de explicar. En estos contextos, deberíamos prestar más atención al lenguaje.

Puesto que tendemos a pensar en el lenguaje como un instrumento de comunicación social, los problemas de lenguaje son entendidos como aquellos que interfieren con esa función comunicativa. En estos casos, la intervención consiste, fundamentalmente, en restaurarla o, al menos, compensarla.

Este enfoque funcional relega a un segundo plano el hecho de que en el lenguaje también se proyectan los principales mecanismos de la cognición: la memoria, la atención, la categorización, la función ejecutiva, e incluso la emoción.

De hecho, el análisis lingüístico no solo nos informa sobre las competencias relacionadas con lenguaje sino, de manera especial, sobre la arquitectura cognitiva de cada persona.

Cuando el lenguaje se deteriora

Cuando el lenguaje se deteriora o se desarrolla de forma atípica no lo hace al azar: sigue patrones que reflejan la peculiar organización de los sistemas cognitivos subyacentes.

La neuropsicología cognitiva distingue dos sistemas de memoria con sustratos cerebrales diferenciados.

Por un lado, la memoria declarativa actúa como un almacén mental para hechos y palabras. De ella dependen tanto el vocabulario como la capacidad para captar la intención de un mensaje en su contexto social.

Por otro lado, la memoria procedimental se encarga de las habilidades y secuencias automatizadas. Este sistema gestiona la arquitectura estructural del lenguaje, desde la combinación de sonidos hasta la formación de palabras y la construcción de oraciones.

A partir de esta distinción, la mirada clínica permite interpretar perfiles lingüísticos que, a primera vista, resultan desconcertantes.

Corta pero no es un cuchillo

Imaginemos un paciente que, cuando habla, construye oraciones gramaticalmente válidas pero vacías de contenido semántico. Por ejemplo, dice: “necesito algo para cortar… no es un cuchillo… algo que corta” para referirse a un serrucho. Se trata de una disociación entre fonología y gramática frente al léxico que puede alertar de que hay una demencia semántica.

Este patrón tan específico puede indicar la atrofia de una zona del cerebro llamada neocórtex temporal izquierdo, región cerebral que funciona como el centro logístico de nuestros conceptos y conocimientos.

Torpeza en el discurso y torpeza motora

La disociación puede encontrarse también en dirección contraria. Pensemos en una niña de diez años con una alteración genética poco habitual con un discurso lento, que tiende a acumular comienzos oracionales (“Ella…es que… es que… es que ella quería…”), con largas pausas y excesivas autocorrecciones. Es el rastro de una mente que sabe lo que quiere decir, pero que lucha contra la maquinaria que se ocupa de unir las piezas.

Su comprensión y su vocabulario son excelentes, incluso es capaz de producir expresiones como “Va al cole guapa vestida”, donde el orden está alterado pero el sentido es nítido. O puede construir frases como “Conmigo se lleva bien de generosa”, que muestran cómo su mente ha fusionado dos estructuras distintas en el intento de ensamblar el mensaje.

Este perfil, que suele acompañarse de torpeza motora y dificultades atencionales, muestra que el problema no está en el conocimiento del mundo o el almacén de conceptos, sino en la maquinaria encargada de secuenciar y automatizar las reglas del lenguaje.

El diagnóstico del lingüista

¿Cómo puede la lingüística ayudar en estos casos? La clave no está en analizar el habla espontánea en situaciones reales, en las que la mente debe gestionar el lenguaje, a la vez que la atención y la memoria. No se trata simplemente de hacer un inventario de errores –como quien cuenta piezas rotas–, sino de interpretar esos fallos como un mapa coherente. Al observar qué piezas fallan y cuáles resisten, el lingüista puede realizar un diagnóstico funcional: una explicación detallada de cómo está organizado el cerebro de esa persona.

Así, el lenguaje deja de ser el problema para convertirse en la herramienta que nos dice exactamente dónde necesita apoyo la paciente.

Desde trastornos del neurodesarrollo hasta enfermedades neurodegenerativas

Esto vale tanto para los trastornos del neurodesarrollo (en niños) como para las enfermedades neurodegenerativas en sus fases iniciales (en mayores). En ambos, casos, los cambios en el lenguaje suelen preceder a la confirmación diagnóstica por otras vías. Y se puede llevar a cabo sin procedimientos invasivos y con un impacto directo sobre la calidad de vida cotidiana.

Hay veces en que falla la fluidez verbal en la categorización semántica, es decir, al organizar y clasificar los significados. Por ejemplo, cuando una persona, al tratar de decir “tenedor”, es incapaz de decidir entre la palabra correcta y opciones como “cuchara” y “cuchillo”, que se encuentran semánticamente cercanas.

Si alguien pierde la especificidad del contenido de forma progresiva, por ejemplo pasando de decir “canario” a “pájaro”, hasta finalmente referirse a él como “animal” o “bicho”, hablamos de un deterioro de la memoria semántica a largo plazo.

La importancia de identificar lo que está preservado

La terapia más eficaz no es la que intenta reconstruir lo que se ha perdido o nunca se desarrolló de manera típica, sino la que identifica lo que está preservado y lo convierte en apoyo para lo que ya está comprometido.

En el adulto con demencia semántica en fase temprana, las rutas fonológica y gramatical intactas sostienen todavía durante un tiempo la comunicación que el vaciamiento semántico –esa pérdida progresiva de los conceptos y los nombres de las cosas que deja el lenguaje como una estructura hueca– irá erosionando.

En la niña con la alteración genética, su excelente capacidad para entender la intención del otro, respetar los turnos de palabra y usar el contexto para hacerse entender nos permiten construir estrategias de comunicación funcional eficaces.

Aprender a leer esos patrones, en lugar de simplemente catalogar déficits por niveles lingüísticos, es lo que convierte el análisis del lenguaje en un instrumento de diagnóstico cognitivo temprano.

The Conversation

Carmen Varo Varo recibe fondos de: Proyecto: «Estudio neurocognitivo longitudinal y transversal de las capacidades acústico-perceptivas y la función lingüística en niños prematuros», Proyecto de Excelencia (Modalidad Reto Consolidado): «Estudio psicolingüístico longitudinal de niños con cromosomopatías de baja prevalencia» y Proyecto de Investigación (Responsabilidad Social): «Herramientas para la evaluación y rehabilitación del lenguaje en niños con cromosomopatías de baja prevalencia».

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¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Héctor Reyes Martín, Profesor de Física y Neurociencias en la Escuela Politécnica, Universidad Francisco de Vitoria

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En el contexto universitario actual, en el que predominan la inmediatez y la obtención de resultados, a menudo facilitados por la inteligencia artificial generativa, ¿es posible educar en otros valores?

Lo que en primera instancia puede parecer una carga (incorporar y gestionar esta herramienta tecnológica en la enseñanza) podría convertirse en un reto positivo y llevar los aprendizajes más allá de aspectos curriculares. ¿Cómo? Usándola para educar en virtudes intelectuales (la prudencia, la paciencia, la autoestima, la resiliencia ante la dificultad o la perseverancia) y de esta manera animar a los estudiantes a crecer como personas más allá del rendimiento académico.

Medir el aprendizaje con IA

Con este objetivo, en nuestro grupo de investigación en Física y Neurociencia hemos elaborado dos guías detalladas, una sobre una asignatura concreta y la otra sobre el uso de la inteligencia artificial. Hemos podido comprobar que su uso combinado ayuda a los estudiantes a controlar el proceso de aprendizaje y de esta manera usar la inteligencia artificial con prudencia y autocontrol.

La primera guía explica cómo estudiar los contenidos curriculares del aprendizaje de la física, ayudando a personalizar el proceso de aprendizaje del alumnado de una manera más interactiva que un libro de texto convencional.




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Por ejemplo, en la guía advertimos a los estudiantes de que, para pasar del mundo de la intuición al conocimiento formal de la física, se necesita tiempo y tesón. Nuestro cerebro ha evolucionado para hacerse una idea rápida de cómo es el mundo en el que estamos de la manera más eficaz posible, lo cual a veces dificulta alcanzar un conocimiento técnico de las cosas.

Dejar que en el aula broten los prejuicios o ideas intuitivas permite, además de entrenar la escucha respetuosa, entender cómo nuestra percepción de la realidad es tantas veces errónea.

Usar la IA con pautas específicas

La otra guía pauta el uso de la inteligencia artificial en el aprendizaje: se proponen tiempos de estudio en el que su uso se hace absolutamente recomendable, mientras que en determinadas circunstancias estará limitado o incluso prohibido. Las preguntas que el alumnado debe hacerse son: ¿Te ayuda o te sustituye? ¿Su uso te permite aprender, o simplemente terminar un ejercicio o proyecto de investigación?

En este manual se propone cómo afrontar un problema de modo autónomo. La IA tiene un papel en cada una de las fases, desde comprender el enunciado, hasta resolverlo matemáticamente y discutir los resultados, pasando por asociar los contenidos con otros que se han estudiado antes. Por ejemplo, puede ayudar a localizar las dificultades matemáticas en lugar de resolver el ejercicio; nos ofrece pistas sobre los principios físicos retomando la teoría o corrige una redacción realizada por el estudiante sobre cómo se resuelve el problema, puliendo la verbalización y la precisión que se requiere en el aprendizaje.

Aprendemos a usar la guía en clase, en los tiempos de actividades colaborativas. La idea es que el alumnado pueda emplearla también de modo autónomo en su estudio personal.

Por qué funciona

Un cuestionario validado por expertos de diferentes áreas (físicos, ingenieros y educadores) nos ha permitido medir el nivel de seguimiento de las dos guías en cada estudiante, qué nivel de autocontrol y prudencia muestran en el uso de las nuevas herramientas digitales.

Al alumnado se le pregunta si compara sus razonamientos con los que puede plantear la IAG, si valoran el uso de este recurso como una ayuda o una forma rápida de completar una tarea, incluso si usan la IAG para que la tecnología detecte sus errores y les ayude a localizarlos, sin mostrar explícitamente cuáles son.




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El alumnado genera un juicio, no solo sobre su aprendizaje, sino también sobre su propia persona. Este cuestionario se puede rellenar una única vez cada curso o en distintos momentos del año. Lo importante es que tiene validez psicométrica, por lo que es fiable como herramienta de seguimiento.

Pero, como en cualquier prueba psicométrica, se puede mentir. Lo que ofrece ciertas garantías es el hecho de que el alumnado sabe que la propuesta es un bien para ellos, por lo que se implican positivamente. Por otro lado, la estadística ayuda mucho: si todos mintieran, los resultados serían altamente incoherentes.

Autocontrol y pensamiento crítico

Así hemos comprobado cómo el uso adecuado de las dos guías mejora la autorregulación, el control que el alumnado tiene sobre su proceso de aprendizaje. También hemos visto que los estudiantes con mayor autorregulación tienen más capacidad de comprensión de lo que se está estudiando, mejorando así su razonamiento físico-matemático. En definitiva, mejora la forma de estudiar del alumnado, les ayuda a conocerse mejor y a afrontar el reto del estudio, no solo con herramientas cognitivas adecuadas, sino también con nuevas habilidades personales, a través del crecimiento en virtudes.

Este método de trabajo combinando instrucción humana y apoyo de la tecnología de manera controlada y crítica ayuda a aprender tanto de uno mismo como de la materia que se está estudiando, y a entender cómo las virtudes intelectuales que hemos mencionado al principio (la prudencia, la paciencia, la perseverancia) nos pueden hacer no solo mejores estudiantes, sino personas más capaces y más preparadas para la vida.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Puede el uso de IA en el aprendizaje desarrollar virtudes intelectuales como la prudencia? – https://theconversation.com/puede-el-uso-de-ia-en-el-aprendizaje-desarrollar-virtudes-intelectuales-como-la-prudencia-275627

¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emma Juaneda Ayensa, Universidad de La Rioja

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“¿Me pone un café?”. Una de las acciones más cotidianas de nuestra vida se ha encarecido notablemente en los últimos años y, aunque muchos consumidores perciben esta subida, pocos se preguntan qué hay detrás del precio de una taza.

El café es uno de los productos agrícolas más globalizados del mundo y su precio depende de una cadena que va del cafetal a la cafetería (o a nuestra cafetera). Por eso, cuando pagamos una taza no solo pagamos el café que bebemos.

¿Robusta o arábica?

Empecemos por subrayar que no todo el café es igual. En el mercado global predominan dos grandes variedades: arábica y robusta. El arábica, más valorado por su perfil aromático, domina los segmentos de mayor calidad. El robusta, más económico, se utiliza sobre todo en mezclas comerciales, expreso y café soluble. A ello se suma la diferencia entre el café convencional (el del “café con leche en vaso”) y el de especialidad en el que origen, trazabilidad y calidad sensorial justifican precios superiores.

Tampoco el aumento de precios les afecta del mismo modo. Desde 2021, buena parte del aumento internacional de precios ha estado vinculado precisamente a fenómenos climáticos adversos que han reducido la oferta de café, especialmente el arábica. Sin embargo, el clima no lo explica todo: el precio responde también a qué interpretan los mercados internacionales que puede ocurrir en los próximos meses.

El café en los mercados financieros

Como otras materias primas, el café también cotiza en mercados internacionales mediante contratos de futuros. Es decir, no solo se negocia el café disponible hoy, sino las expectativas sobre oferta, costes y riesgos futuros. De hecho, en 2026 las perspectivas de una cosecha brasileña más abundante han moderado las cotizaciones de los futuros a la baja. Sin embargo, ese ajuste no se traslada de inmediato al consumidor (y no siempre llega a hacerlo).

Otro factor clave ha sido el aumento de los costes agrícolas, agravado por tensiones geopolíticas y el encarecimiento de fertilizantes. La Organización Internacional del Café advierte de que esta situación afecta especialmente a los pequeños productores, que tienen márgenes muy reducidos.

De la mata a la mesa

A todo esto se suma el componente logístico. El café se produce principalmente en
América Latina, África y Asia, pero se consume mayoritariamente en Europa y Estados Unidos. La pandemia, el encarecimiento energético y los cuellos de botella han disparado los costes de transporte. Además, la cadena de valor del café no termina en el tostador, ni en el supermercado. En las últimas dos décadas, una parte creciente del valor económico del sector cafetero se ha desplazado hacia “la experiencia de consumo”, transformando esta bebida cotidiana en un producto cultural, social y aspiracional.

A nivel global han proliferado las cafeterías especializadas, impulsando un modelo de negocio en el que el consumidor no paga por el café sino por el entorno y la experiencia sensorial. Este modelo es la evolución natural de la revolución en el consumo de café que supuso la aparición y crecimiento de cadenas de cafeterías como Starbucks, Costa Coffee o Tim Hortons.

Paralelamente, el sector ha vivido un fenómeno aparentemente opuesto, pero igualmente transformador: la industrialización de la experiencia del café en el hogar. Grandes compañías como Nestlé han transformado el consumo de café mediante el desarrollo de cápsulas monodosis de uso doméstico.

En ambos modelos, una parte creciente del valor económico se desplaza desde el grano hacia la facilidad de acceso, la tecnología, la marca y la experiencia. Es así como el café atraviesa una larga cadena antes de llegar a la taza, y cada eslabón añade costes, transforma el producto y captura parte del margen económico.

Sin grano no hay café

Hay una realidad que conviene no perder de vista: que el precio internacional del café suba no implica necesariamente mayores beneficios para sus productores. Mientras que las grandes empresas pueden diversificar sus riesgos, negociar precios a gran escala y aplicar instrumentos financieros para protegerse de las fluctuaciones en los precios, los mayores riesgos siguen recayendo sobre la base de la cadena de valor cafetera.

Millones de pequeños caficultores –muchos en economías en desarrollo con fragilidad institucional, baja productividad y limitada capacidad de negociación– afrontan la incertidumbre climática, la volatilidad de precios y un incremento constante en los costes, con escasos márgenes financieros.

La asimetría es evidente: quienes más dependen del café suelen ser quienes menos herramientas tienen para protegerse. En este contexto han cobrado fuerza las cooperativas, asociaciones de productores y esquemas de comercio justo que buscan reducir la intermediación, mejorar el poder negociador de los agricultores y favorecer una distribución más equilibrada del valor generado.

Porque, aunque una cafetería de especialidad o una cápsula premium expliquen parte del precio final, conviene recordar que sin productores, sin cafetales y sin granos, simplemente no hay café.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Vale lo que cuesta?: lo que no se ve tras el precio de una taza de café – https://theconversation.com/vale-lo-que-cuesta-lo-que-no-se-ve-tras-el-precio-de-una-taza-de-cafe-282982

La selección: ver menos para entender más

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

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Queridos lectores, no les voy a decir que la IA no es neutral, porque estarán hartos de escucharlo y ya lo tendrán integrado en su concepción del mundo (espero). Es una de las cosas que ha destacado León XIV en su encíclica. No es que Magnifica humanitas diga nada nuevo, la noticia está en que un Papa denuncie el peligro de la tecnología que no está al servicio del ser humano. Un movimiento de ajedrez más en el tablero de tecnológicas que se arriman al poder (en este caso, religioso).

Ver lo bien que se entienden el fundador de Anthropic y ex de Open IA, Christopher Olah, y el Santo Padre es algo así como la contrapartida al lado oscuro de la Fuerza que representa Elon Musk celebrando la investidura de Trump. O Jeffrey Epstein subvencionando uno de los pilares de la investigación tecnológica de Occidente, el Media Lab del Massachussets Institute of Tecnology, en su obsesión por la mejora genética humana con tintes eugenistas. El infame empresario compartía su manía transhumanista, por cierto, con Musk y con científicos como el fallecido padre del genoma humano, Craig Venter.

Pero no nos dejemos engañar por las luces de neón del espectáculo. Entre pitos y flautas, los que tenemos que seguir lidiando cada día con esa inteligencia artificial que no está claro que esté creada en nuestro beneficio somos el público, la gente de a pie. Tenemos que usar WhatsApp porque es la única forma de estar en el grupo de padres del colegio o de quedadas de amigos, aunque la preocupación por la seguridad y la privacidad ya está llevando a muchos gobiernos europeos y a la administración de la UE a reemplazar esta plataforma en los despachos oficiales.

Parece que tampoco nos queda otra que seguir usando el buscador de Google, aunque de repente haya empezado a funcionar en modo IA sin pedirnos permiso. El nuevo Google ofrece una síntesis de lo que su algoritmo busca en internet por nosotros, para ahorrarnos la engorrosa tarea de pensar. Si nos descuidamos, el algoritmo acabará preparándonos la cena (que más nos convenga).

Sin embargo, un pobre chatbot –que es en lo que se ha convertido Google– no puede reemplazar las cualidades intrínsecas de la interacción humana: reciprocidad auténtica, reconocimiento del otro y manejo del conflicto… detalles necesarios para entender la realidad que nos rodea y que ayudan, por ejemplo, a reconstruir lo que no se ve en una noche de niebla en la carretera, algo en lo que el cerebro humano sobrepasa con mucho a la visión computerizada de los coches autónomos.

Los fallos de los algoritmos de aprendizaje automático pueden ser tonterías, sesgos de nada, o tener un impacto mucho mayor. Por eso, el Parlamento Europeo ha votado en contra de Chat Control, un proyecto que pretendía escanear nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil y que comete garrafales errores de valoración (aparte de saltarse a la torera nuestro derecho a la privacidad).

Es verdad que la IA puede hacer muchas cosas mejor que las personas, sí, como reconocer una imagen falsa o manipulada… aunque también muchos animales ven mejor que nosotros. No olvidemos que, si hablamos de humanos, “nuestra debilidad sensorial y nuestra grandeza cognitiva son dos caras de la misma moneda evolutiva”.

Seguiremos informando.

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ref. La selección: ver menos para entender más – https://theconversation.com/la-seleccion-ver-menos-para-entender-mas-284113

¿Quién sigue el rastro del dinero? El sistema español contra el blanqueo de capitales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Castelao López, Economía financiera y contabilidad, Universidade da Coruña

Una persona jubilada, un joven con unos pocos ahorros y ganas de enriquecerse rápidamente o alguien en paro y necesitado de dinero recibe un mensaje sobre una inversión en criptomonedas con unas rentabilidades excepcionales. Pica. Horas después, su dinero ha pasado por tres cuentas bancarias, una plataforma digital y una sociedad recién creada, sin apenas actividad real y situada fuera del país. Ninguna de las personas que movieron ese dinero conoce de verdad quién organizó la estafa. Cuando los fondos salen al extranjero, ya es tarde para recuperarlos.

Situaciones como esta se repiten más de lo deseable y plantean un interrogante: ¿quién tenía que haber visto antes los movimientos inusuales en las cuentas de los afectados? ¿Las entidades, sus trabajadores, los supervisores, la policía, los fiscales? Casi nadie por separado pero todos en su conjunto.

Porque el problema ya no es solo detectar movimientos de dinero de origen ilegal: además, ahora se mueve más rápido que las instituciones que intentan vigilarlo. El verdadero reto no es vigilar más sino entender mejor cómo convertir millones de señales dispersas en información útil antes de que el rastro del dinero se pierda.

Una arquitectura, no una pirámide

Solemos imaginar la lucha contra el blanqueo como una torre de control en la que una autoridad recibe los datos, detecta la trama y avisa a la policía. La realidad española se parece menos a una pirámide y más a una red de esclusas. Bancos, profesionales, supervisores, policías, fiscales y jueces intervienen en momentos distintos. Esa distribución multiplica los puntos de detección, pero también fragmenta la responsabilidad, cada actor ve una señal parcial, casi nunca el mapa completo.

En el centro de esa red está el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias SEPBLAC, la unidad de inteligencia financiera española, un organismo público que recibe y analiza las operaciones sospechosas de servir para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. También supervisa cómo cumplen sus obligaciones de control tanto las instituciones financieras como sus empleados. Ese doble papel le permite conectar lo que detecta en una operación con lo que observa dentro de las entidades. Pero también sirve para evitar que el exceso de alertas acabe produciendo más ruido que señal.

Cómo viaja una alerta

Volvamos a la estafa. El banco detecta varias señales. Primero, unas entradas de fondos de muchos particulares; luego, salidas rápidas a terceros; y después, movimientos que no encajan con el perfil del cliente. Ante un riesgo serio no presenta una denuncia sino que envía una comunicación al SEPBLAC.

Esa comunicación no es una prueba judicial. Es una alerta cualificada que puede orientar una investigación, pero que todavía debe contrastarse, cruzarse con otros datos y convertirse en evidencia. Si la señal tiene suficiente densidad, el SEPBLAC la traslada a quienes pueden actuar: la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Agencia Tributaria o la Fiscalía. Solo al final un juez decidirá si aquella sospecha inicial se ha transformado en prueba válida.

Las cifras revelan la presión del sistema. Según la más reciente memoria anual del SEPBLAC, en 2024 las comunicaciones por sospecha crecieron un 76 %, hasta superar las 24 000, impulsadas, sobre todo, por el fraude digital y las “cuentas mula”, que sirven para transportar el dinero recaudado por los delincuentes de una entidad a otra.

El cuello de botella ya no está en generar alertas, sino en aprovecharlas. Si se comunica para cubrirse las espaldas, o si falta capacidad para explotar la información, el sistema produce volumen, pero no necesariamente mejores resultados. Cada eslabón sirve de filtro, pero también puede romper la cadena.

Una mirada al exterior

La comparación con Estados Unidos ayuda. Allí, la unidad federal de inteligencia financiera reúne y reparte datos pero no investiga por su cuenta, sino que alimenta a otras agencias. España tiene un sistema más integrado, pero la organización policial y judicial está más fragmentada. En ambos casos, la cuestión decisiva es la misma: no importa cuántos organismos existan, sino si la información circula entre ellos con calidad, rapidez y responsabilidad.

A ese tablero se ha sumado hace poco una pieza europea: desde 2025 funciona en Fráncfort la Autoridad de Lucha contra el Blanqueo de Capitales y la Financiación del Terrorismo (AMLA, por sus siglas en inglés), pensada para reducir las diferencias entre países y supervisar directamente a las entidades de mayor riesgo. Su promesa (un marco único para toda la Unión) es atractiva

El verdadero debate

¿Cuántos organismos vigilan el rastro del dinero en España? Muchos, pero no todos hacen lo mismo. Unos previenen, otros supervisan, otros analizan, otros investigan y otros juzgan. El verdadero debate no está en el número de actores, sino en la calidad de la coordinación entre ellos.

Y es en esa red donde España se juega buena parte de su capacidad real para evitar que el dinero sucio siga circulando con apariencia de limpio.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién sigue el rastro del dinero? El sistema español contra el blanqueo de capitales – https://theconversation.com/quien-sigue-el-rastro-del-dinero-el-sistema-espanol-contra-el-blanqueo-de-capitales-283929

Plásticos, cosméticos, pesticidas… ¿cómo pueden afectar a la llegada y los síntomas de la menopausia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Hurtado Barroso, Profesora lectora, Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya

KaryB/Shutterstock

Cada día hacemos nuestras rutinas de skincare (autocuidado de la piel), bebemos agua embotellada y, a menudo, comemos alimentos envasados. Además, cocinamos con sartenes antiadherentes para evitar que la comida se pegue y regresamos de la compra en nuestro coche, generando emisiones contaminantes y cargados con varias bolsas de plástico en el maletero. Quienes reciclan pueden dar fe de que el contenedor habilitado para ese material omnipresente se llena mucho más rápido que el de resto de residuos.

Rodeados de disruptores endocrinos

Como muchos de los materiales y productos citados forman parte de nuestra vida cotidiana, rara vez nos detenemos a pensar en su composición o en las sustancias que pueden liberar al medio ambiente. Pero es que además implican una exposición constante, aunque muchas veces invisible, a los llamados disruptores endocrinos, compuestos capaces de imitar, bloquear o interferir con el sistema hormonal de los seres vivos. Dichas sustancias pueden entrar en el organismo a través de la alimentación, el agua, el aire o el contacto con la piel.

La exposición a los disruptores endocrinos se ha relacionado con diferentes problemas de salud, causados por las alteraciones fisiológicas que desencadenan. Se sabe que aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, así como trastornos cognitivos y de la conducta.

Los investigadores también han detectado un incremento de la incidencia de algunos tipos de cáncer –en especial aquellos dependientes de hormonas, como el de mama y de próstata–, alteraciones en la inmunidad, problemas óseos y de crecimiento y problemas reproductivos y de fertilidad. Esta última categoría incluye la alteración y precocidad de la pubertad y la menopausia, como veremos en profundidad a continuación.

Efectos en la salud femenina

Concretamente, los disruptores endocrinos pueden interferir con la función del los ovarios, al alterar la señalización hormonal y la síntesis de hormonas esteroides. Esto se ha relacionado con una disminución de la reserva ovárica y posibles cambios en la edad de inicio de la menopausia, así como con una mayor intensidad de algunos síntomas asociados a la transición menopáusica.

Por ejemplo, fueron reveladoras las conclusiones de un análisis transversal realizado en 2015 con 31 575 mujeres de 30 o más años. Los investigadores observaron que aquellas con mayor exposición a disruptores endocrinos presentaban, en comparación con las de menor contacto, una edad de menopausia significativamente más temprana, con una diferencia estimada de entre 1,9 y 3,8 años.

En la misma línea, la exposición a determinados disruptores, como los compuestos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados y los ftalatos, se ha asociado con una menopausia más temprana, una menor reserva ovárica, alteraciones en los niveles de hormonas sexuales, trastornos del sueño y una mayor frecuencia de sofocos durante la transición menopáusica. Se trata de sustancias presentes en superficies antiadherentes e impermeables, envases alimentarios, cosméticos y juguetes, entre otros productos de uso cotidiano.

Regulación insuficiente

Dada la acumulación de evidencias, se han puesto en marcha diversas medidas regulatorias y preventivas. Así, el reglamento europeo REACH (Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals) ha restringido el uso de disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA), el perclorato y varios ftalatos en productos cotidianos e industriales.

Sin embargo, las autoridades reguladoras todavía no han establecido una definición homogénea y universalmente aplicable para este tipo de compuestos, de los que actualmente se habrían identificado ya más de 100. Además, los niveles seguros de exposición tampoco están completamente fijados debido a la limitada información disponible sobre sus características. Esto incluye las relaciones dosis-respuesta, los efectos a largo plazo, las interacciones entre mezclas de sustancias y las exposiciones acumulativas.




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Entonces, ¿qué podemos hacer?

En todo caso, es recomendable reducir el uso de productos que contienen disruptores endocrinos ya identificados y sustituirlos por alternativas más seguras.

Algunas medidas prácticas incluirían evitar el uso de plásticos y optar por materiales como el vidrio (por ejemplo, en utensilios y recipientes de cocina); utilizar medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente; lavar adecuadamente frutas y verduras expuestas a pesticidas para disminuir su carga química; beber agua filtrada o del grifo cuando sea seguro hacerlo; y elegir productos cosméticos y de cuidado personal con formulaciones más respetuosas con la salud y el medioambiente.

The Conversation

Sara Hurtado Barroso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Plásticos, cosméticos, pesticidas… ¿cómo pueden afectar a la llegada y los síntomas de la menopausia? – https://theconversation.com/plasticos-cosmeticos-pesticidas-como-pueden-afectar-a-la-llegada-y-los-sintomas-de-la-menopausia-282902

¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Navas Martín, Investigador en la Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente, Instituto de Salud Carlos III

Agricultores cosechando almendras en Valdeverdeja, Toledo (España). Jesús de Fuensanta/Shutterstock

“En abril, aguas mil”. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. “Por los Santos, la nieve en los altos”. Durante siglos, generaciones enteras en España han aprendido a interpretar el tiempo atmosférico a través de frases como estas. No son simples adornos del lenguaje rural. Representan pequeños saberes populares construidos a partir de la observación de agricultores, pastores y comunidades que dependían directamente del clima para organizar su vida cotidiana.

Cada refrán funciona, además, como un acto comunicativo cuyo sentido depende no solo de su significado literal, sino también del contexto, de la situación en la que se emplea y de la intención de quien lo utiliza.

Hoy, sin embargo, muchas de estas expresiones producen una sensación extraña. Siguen siendo familiares, pero cada vez parecen describir peor la realidad que observamos. El calor llega antes, las noches cálidas se prolongan, las nevadas son menos previsibles y los ritmos estacionales resultan menos reconocibles. No se trata solo de que haga más calor, sino de que cambian los patrones climáticos sobre los que se construyó buena parte de esa sabiduría popular. El último informe de síntesis del IPCC apunta precisamente en esa dirección, al señalar cambios en distintos fenómenos climáticos, entre ellos el aumento de las temperaturas extremas y de los episodios de lluvia intensa. El refranero sigue siendo el mismo; el clima, en cambio, está dejando de serlo.

Esta aparente contradicción plantea una cuestión poco explorada. El cambio climático no solo altera los ecosistemas, la disponibilidad de agua, los cultivos y la salud. También modifica los referentes culturales mediante los cuales las sociedades han interpretado históricamente la naturaleza.

Una forma de transmitir información ambiental

Antes de que existieran observatorios meteorológicos, modelos climáticos o aplicaciones móviles, las comunidades humanas necesitaban anticipar el comportamiento del tiempo. Había que saber cuándo sembrar, cuándo recoger, cuándo guardar el ganado, cuándo esperar lluvias o cuándo protegerse del frío.

Los refranes constituyeron una forma eficaz de almacenar y transmitir información ambiental, sobre todo las relacionadas con el clima. Su fuerza residía en dos características: condensaban regularidades observadas durante largos periodos y las transformaban en fórmulas socialmente reconocibles, fáciles de recordar y de transmitir entre generaciones.

Desde una perspectiva contemporánea, podríamos considerarlos una forma de conocimiento empírico colectivo. No pretendían describir con exactitud lo que ocurriría cada año, sino señalar tendencias suficientemente frecuentes como para resultar útiles.




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En abril, aguas mil

Cuando se decía “en abril, aguas mil”, no se afirmaba que todos los días de abril fueran lluviosos. Se expresaba una expectativa climática compartida según la cual abril debía ser, en términos generales, un mes asociado a lluvias primaverales beneficiosas para el campo.

El problema es que los datos recientes muestran una realidad mucho más irregular. Abril de 2023 fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el abril más cálido y seco desde el inicio de la serie en 1961, con solo el 22 % de la precipitación normal. Y abril de 2024 volvió a ser muy cálido y muy seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron la mitad de su valor normal en la península. En cambio, abril de 2025 fue húmedo en el conjunto de la España peninsular, aunque las lluvias se repartieron de forma muy desigual. En algunas zonas del oeste peninsular, Galicia, Aragón, Extremadura o Canarias el mes fue húmedo o muy húmedo, mientras que áreas del litoral mediterráneo, Baleares y el interior de Murcia registraron un abril seco o muy seco. Además, una parte de las precipitaciones más abundantes se concentró en días concretos. Por eso, el refrán no envejece solo porque algunos abriles sean más secos, sino porque la lluvia pierde regularidad. Puede faltar en unos territorios y concentrarse con más intensidad en otros momentos y lugares.

Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo

Algo parecido ocurre con “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. El Centro Virtual Cervantes recuerda que ese “cuarenta de mayo” equivale al 9 de junio y que el refrán recomienda permanecer abrigado hasta asegurarse de que ha desaparecido el frío. El refrán presupone una primavera que podía conservar rasgos frescos hasta comienzos de junio. Sin embargo, episodios recientes de calor muestran que las temperaturas propias del verano aparecen cada vez antes en el calendario. Mayo de 2022 fue extremadamente cálido, el más cálido del siglo XXI, y junio de ese mismo año registró una de las olas de calor más tempranas de la serie.

No significa que nunca vuelva a hacer frío en mayo o a comienzos de junio. Significa que la expectativa cultural que sostenía el refrán pierde parte de su capacidad descriptiva.




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El refrán como saber popular

Los refranes forman parte de lo que solemos llamar saber popular. No proceden de laboratorios ni de tratados científicos, sino de la experiencia práctica de comunidades que han convivido durante generaciones con un territorio concreto.

Desde la sociología del conocimiento, el refranero puede entenderse como un saber situado. No nació en abstracto, sino en sociedades agrarias donde la vida cotidiana estaba mucho más expuesta al clima que la actual. Su autoridad no procedía de una institución científica, sino de la repetición, la utilidad y el reconocimiento colectivo. Donde hoy recurrimos a series temporales, registros instrumentales o modelos climáticos, muchas comunidades rurales acumulaban experiencia en forma de refranes útiles para la vida cotidiana.

Los refranes muestran, por tanto, que el conocimiento no siempre circula en forma de teoría escrita. También puede transmitirse como frase breve, consejo, advertencia o sentencia. Esa forma de saber tiene su propia lógica. No busca exactitud, sino orientación; no describe el mundo tal como es, sino tal como tiende a comportarse.

Por eso los refranes no son solo frases pintorescas. Son creaciones culturales. Organizan la experiencia, construyen sentido común y transmiten una determinada forma de mirar la naturaleza. Al repetirse generación tras generación, ciertas observaciones dejan de parecer opiniones particulares y se convierten en evidencias compartidas.

Cuando el clima cambia más rápido que el saber popular

Los datos recientes no permiten afirmar que cada refrán haya dejado de cumplirse en todos los lugares y todos los años. Esa no sería una buena lectura científica. Más bien muestran algo más sutil. Muchos refranes fueron construidos sobre regularidades climáticas que hoy están cambiando.

El refranero no debería leerse como una superstición superada por la ciencia ni como una fuente exacta de predicción. Su valor está en mostrar cómo las sociedades han construido sentido a partir de la observación prolongada del entorno.

Por eso, cuando un refrán climático envejece, no solo pierde utilidad una frase. Se desajusta una forma heredada de interpretar el tiempo y organizar la experiencia cotidiana.

Los viejos refranes siguen teniendo valor como patrimonio lingüístico, memoria rural y testimonio de una España que organizaba buena parte de su vida alrededor de los ritmos del campo. Pero también pueden funcionar hoy como indicadores culturales del cambio climático. Nos recuerdan que lo que está cambiando no es únicamente el clima, sino también el saber popular que durante siglos dio sentido a muchos refranes.

Tal vez por eso, cada vez que escuchamos “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo” en una primavera de temperaturas veraniegas, no estamos solo ante una frase antigua. Estamos ante la huella de un clima anterior, conservada en el lenguaje.

The Conversation

Miguel Ángel Navas Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿’Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo’? Los refranes que ya no se cumplen debido al cambio climático – https://theconversation.com/hasta-el-cuarenta-de-mayo-no-te-quites-el-sayo-los-refranes-que-ya-no-se-cumplen-debido-al-cambio-climatico-284457

Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Ilustración de una hembra de _Gambusia holbrooki_. Miguel Clavero

A finales del siglo XIX se descubrió que la malaria era transmitida por mosquitos y las campañas de salud pública se centraron en reducir sus poblaciones, atacando la fase larvaria acuática de estos insectos. Comenzó una desecación masiva de cuerpos de agua, y pronto aparecieron las primeras propuestas de usar peces depredadores de mosquitos como medida adicional. Los primeros trabajos mostraron interés por unos pequeños peces que hasta entonces habían pasado desapercibidos: las gambusias.

La mayor parte de las más de 40 especies del género Gambusia habitan islas del Caribe y territorios aledaños. El nombre científico del género deriva del término cubano “gambusino”, variación del gamusino castellano, un animal imaginario que en Cuba tomó forma de pez diminuto.

Dos especies nativas de Estados Unidos, la oriental (G. holbrooki) y la occidental (G. affinis), tienen amplias áreas de distribución, que incluyen los lugares de trabajo de los primeros investigadores que proponían el uso de peces en el control de mosquitos. Esta casualidad las convirtió en estrellas de la lucha contra la malaria.

Esos primeros investigadores sabían que las gambusias no eran especialistas en el consumo de larvas de mosquitos. También se conocía que las zonas de mayor incidencia de malaria en EE. UU. coincidían con áreas de presencia de gambusias. Todos estos “peros” se perdieron rápidamente en la vorágine de la promoción entusiasta. Para 1915 se había acuñado un nuevo nombre para las dos especies estadounidenses: pez mosquito (mosquitofish). Este término publicitario fijaba las exageraciones sobre su efectividad.

Las primeras introducciones de gambusias se producen a principios del siglo XX. En 1920 había en EE. UU. numerosos centros de cría que las distribuían gratuitamente, un modelo que se replicaría en muchos lugares, España incluida.

Los de Buen y los gambusinos

Sadí de Buen fue uno de los seis hijos de Odón de Buen, fundador del Instituto Español de Oceanografía, y Rafaela Lozano Rey, hermana de Luis Lozano Rey, el estudioso de los peces más importante de España. Sadí cursó medicina, se formó en parasitología y se interesó por la malaria y los mosquitos que la transmiten. Todo en plena explosión de entusiasmo global en torno a las gambusias.

A principios del siglo XX, la malaria hacía estragos en muchas zonas de España, particularmente en Extremadura, el Bajo Guadalquivir y el litoral mediterráneo. En 1921, la oficina de pesquerías de EE. UU. organizó el envío de varios cientos de gambusias orientales desde Carolina del Norte hacia Europa. La información sobre ese transporte es confusa, pero parece que el destino de los peces era Italia. En cualquier caso, buena parte de los animales murieron en el camino, y los supervivientes acabaron en acuarios del Instituto Español de Oceanografía, en Madrid, a cargo de Fernando de Buen, hermano de Sadí.

En julio de 1921 los hermanos De Buen liberaron en Talayuela, Cáceres, “unas pocas parejas de gambusias”. Se estableció allí una abundante población desde la que los De Buen emprendieron la siembra en todo el país con el apoyo del Servicio Nacional Antipalúdico.

En apenas 25 años había gambusias en casi todo el país, incluyendo Canarias y Baleares, y se animaba a continuar expandiéndolas aún más. Pero los De Buen no llegaron a verlo. Sadí fue asesinado en septiembre de 1936, en los comienzos de la Guerra Civil, tras ser detenido en Córdoba por las fuerzas sublevadas contra la República. La mayor parte del resto de la familia tomó el camino del exilio y se asentó en México.

Hay libros, artículos y programas de radio que cuentan cómo Sadí de Buen y sus gambusias estuvieron a punto de erradicar la malaria, pero el golpismo franquista lo impidió. En este relato falla el papel de la gambusia.

El mito de la gambusia sanadora

Tras más de 120 años de uso de la gambusia en el control de mosquitos, no hay evidencias claras de la eficacia de esta estrategia. Las gambusias acaban con los insectos en ambientes controlados en laboratorios o pequeños cuerpos de agua, pero en el medio natural la cosa no funciona tan bien porque es más compleja. Las hembras de mosquito pueden detectar peces y seleccionar lugares sin ellos para realizar sus puestas, mientras las larvas pueden prosperar en microhábitats en los que la depredación es menos eficiente.

De lo que no hay ninguna duda es de los enormes impactos ambientales generados por las gambusias, que afectan a numerosos organismos acuáticos y a sus ecosistemas. En España ha sido la causa principal del declive de tres pequeños peces, parientes lejanos de la propia gambusia y hoy muy amenazados: el samaruc (Valencia hispanica), el fartet (Apricaphanius iberus) y el salinete (Apricaphanius baeticus). No existen en ningún otro lugar del mundo.

Esos impactos se intuyeron desde el principio. En 1922, Sadí de Buen llevó algunas gambusias a una reunión de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Su tío Luis Lozano Rey llamó allí la atención sobre el poco interés que se había prestado a la fauna ibérica de peces, especialmente al fartet y al samaruc, para cumplir el papel que se asignaba a la gambusia. Fernando de Buen hizo convivir en acuarios a gambusias y fartets durante dos semanas y observó daños graves en estos últimos. En 1929 escribió un artículo sobre la “invasión de nuestras aguas dulces” por las gambusias que él mismo había cuidado y liberado, advirtiendo de sus impactos negativos.

Tanto en España como en el resto del mundo, la gambusia se había convertido en una estrella indiscutible; su expansión fue imparable. A la vez que se distribuían por España, las gambusias de los De Buen se enviaron a Italia y de allí pasaron a otros países europeos y al Magreb. Mientras, desde EE. UU. se seguían mandando ejemplares a otros países. Esta expansión ha continuado hasta la actualidad. Hoy los mosquitofish son uno de los peces más ampliamente distribuidos en el mundo.

Arruinar una buena historia

No cabe ninguna duda sobre el mérito científico y civil de Sadí de Buen y sus colaboradores. Tampoco sobre el papel que su labor tuvo en la reducción y erradicación de la malaria en España. Y menos aún sobre la barbarie de su asesinato. Sin embargo, el mensaje erróneo sobre la gambusia es perjudicial en la actualidad y podría serlo más aún en el futuro.

Sadí de Buen.
Anónimo – Fundación Pablo Iglesias

Por un lado, aceptar el papel de la gambusia en el enorme éxito que fue la erradicación de la malaria lleva a relativizar sus consecuencias ecológicas, que pueden verse como un mal menor. La realidad es que los impactos de la invasión fueron, son y seguirán siendo enormes. No hay beneficios tangibles que puedan compensarlos.

Por otro, aún hoy se usan gambusias para combatir enfermedades transmitidas por mosquitos. Algunas de estas están extendiéndose a áreas de las que habían desparecido o nunca habían ocurrido, por efecto del cambio climático y otros factores. Mantener el mito de la gambusia como enemigo infalible de los mosquitos puede fomentar nuevas olas de invasión que llevarían asociadas nuevas pérdidas de biodiversidad.

Homenajeemos a Sadí de Buen tanto como podamos, pero abandonando el mito de sus gambusinos sanadores.

The Conversation

Miguel Clavero Pineda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sadí de Buen, los gambusinos y el mito de la erradicación de la malaria – https://theconversation.com/sadi-de-buen-los-gambusinos-y-el-mito-de-la-erradicacion-de-la-malaria-283720

El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ulf Thoene, PhD, Profesor Asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica, Universidad de La Sabana

Representación de los cables submarinos de fibra óptica que transportan el tráfico internacional de datos. Vismar UK/Shutterstock

Aunque comúnmente se concibe internet como una “nube” intangible, la red global posee una infraestructura física fundamental. En el lecho oceánico se encuentra una compleja red de cables submarinos de fibra óptica que transporta más del 99 % del tráfico internacional de datos.

Esta infraestructura sostiene comunicaciones personales y nuestros servicios financieros, comercio electrónico, operaciones logísticas, plataformas digitales, centros de datos, servicios en la nube y hoy, también, la inteligencia artificial. Hablar del control de estos cables submarinos es hablar de soberanía digital, posición geopolítica de los Estados y seguridad nacional.

En manos de las grandes empresas estadounidenses

Actualmente, la gestión de estos cables no recae únicamente en consorcios tradicionales. Los grandes proveedores globales de nube (hiperescaladores), como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure o Google Cloud, usan la infraestructura, la controlan y financian. Las cinco principales empresas digitales aumentaron su participación de menos del 10 % de la capacidad utilizada antes de 2012 al 69 % en 2021. Asimismo, poseen y utilizan más del 60 % de la capacidad internacional total. Con esto, adquieren un poder estructural sobre la información, afectando la seguridad y la soberanía económica de los Estados.

El escenario geopolítico subacuático

Esta concentración de poder se desarrolla en un contexto internacional de guerra híbrida (estrategia de conflicto que combina el uso de la fuerza militar convencional con métodos no convencionales para desestabilizar a un Estado) y la disminución del multilateralismo. Los cables submarinos constituyen activos críticos vulnerables tanto a amenazas físicas como cibernéticas.

El Comité Internacional de Protección de Cables estima que se producen entre 150 y 200 averías globales anualmente , la mayoría de ellas accidentales. Sin embargo, la atención estratégica se ha desplazado hacia el riesgo de sabotaje estatal.

Incidentes recientes en el mar Báltico, como los daños al gasoducto Balticconnector en 2023 y el corte del cable BCS East-West Interlink en 2024, demuestran que el entorno marítimo es propicio para agresiones en la denominada “zona gris”. Frente a estas amenazas, la gobernanza internacional presenta deficiencias. Informes de UNIDIR subrayan que la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) es actualmente insuficiente para abordar integralmente la ciberseguridad y las cadenas de suministro.

Además, existen desacuerdos en la OTAN: mientras los Estados bálticos solicitan ampliar la jurisdicción de los países costeros, potencias como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se oponen a restringir la libertad de navegación para proteger sus propias industrias de instalación de cables.

Fuera del eje de las democracias

Para el Sur Global y bloques emergentes como los BRICS, la concentración de cables en manos de gigantes tecnológicos bajo jurisdicción estadounidense no es una garantía de seguridad, sino un vector de dependencia económica y potencial espionaje digital.

Esta desconfianza ha acelerado la fragmentación de la infraestructura física del internet. A través de la bautizada Ruta de la Seda Digital, China financia y despliega activamente sus propias redes submarinas de fibra óptica mediante firmas nacionales, buscando eludir los puntos de control tradicionales occidentales. De este modo, el lecho oceánico deja de ser un simple teatro de defensa para Occidente y se convierte en un tablero de ajedrez multipolar, donde se libra una carrera por construir arquitecturas físicas de red ideológicamente segregadas.

En un contexto de tensiones, la infraestructura digital devuelve centralidad al territorio en la organización del poder global. Esta dimensión obliga a identificar qué países ocupan posiciones estratégicas dentro de la arquitectura física de Internet.

Países estratégicos

España, Egipto, Singapur, Yibuti, Brasil, Chile, Sudáfrica, Australia y algunos Estados insulares no son relevantes únicamente por su conectividad nacional, sino por su función como nodos, corredores o puntos de vulnerabilidad dentro de redes transregionales.

La ubicación geográfica de España, en concreto, representa un activo estratégico de gran relevancia. Su posición geográfica entre el Atlántico, el Mediterráneo, Europa, África y América Latina la convierte en un punto privilegiado para la interconexión de cables submarinos, centros de datos, servicios en la nube, flujos internacionales de información y la protección de las infraestructuras físicas que sustentan la conectividad transatlántica.

Esta misma lógica se observa en América Latina, donde la estrategia de Chile para diversificar su conectividad geopolítica mediante el cable Humboldt, la primera ruta directa entre Sudamérica y Oceanía en colaboración equitativa con Google, y el papel de Brasil en el establecimiento de centros neurálgicos de conectividad como Fortaleza, ilustran cómo el Sur Global busca gestionar la influencia de las infraestructuras privadas.

Dos condiciones geográficas incrementan o reducen la vulnerabilidad de la conectividad digital: la concentración o dispersión de los puntos de aterrizaje de cables submarinos y la cantidad de caminos que existen después en tierra para mover los datos. Si hay pocos caminos, se incrementa el riesgo; si hay varias rutas alternativas, aumenta la resiliencia. Si el tráfico intercontinental se concentra en pocos puntos vulnerables o si las conexiones terrestres presentan rutas poco diversificadas, la seguridad de todo el continente se ve comprometida.

La soberanía digital no puede restringirse a debates abstractos sobre el control normativo de las plataformas. Según las directrices más recientes de la Declaración ITU-ICPC de 2025, la gobernanza efectiva depende de tres capacidades operativas: identificar con precisión los activos críticos, mantener una diversidad geográfica en los puntos de amarre y disponer de protocolos de reparación ágiles.

Reconocer la competencia subacuática y regular la dependencia respecto al poder de infraestructura de Amazon, Google, Meta y Microsoft constituye un paso fundamental para evitar que la infraestructura física de internet se convierta en una vulnerabilidad crítica para las democracias.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El sabotaje de cables submarinos salta al tablero de la guerra híbrida – https://theconversation.com/el-sabotaje-de-cables-submarinos-salta-al-tablero-de-la-guerra-hibrida-283531

‘Chatbots’ que trabajan para la inclusión de personas con discapacidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amparo Casado Melo, Profesora de Educación y Necesidades Especiales, Universidad Pontificia de Salamanca

Presentarse a una entrevista de trabajo, iniciar una conversación o responder con seguridad a una pregunta parecen situaciones sencillas. Pero no lo son para todo el mundo. Para muchas personas con discapacidad intelectual, estos momentos implican barreras de comprensión, comunicación, memoria, autonomía o confianza.

La inclusión no depende solo de abrir una puerta: a veces, también exige preparar a la persona para cruzarla con seguridad.

Comunicación más allá de las barreras físicas

La discapacidad intelectual implica dificultades importantes para aprender, razonar y desenvolverse en la vida diaria. Estas afectan a las habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Además, deben entenderse teniendo en cuenta el entorno de la persona, su cultura, su forma de comunicación y los apoyos que recibe.

Por eso, hablar de inclusión no es solo eliminar barreras físicas, sino también las dificultades de relación y de comprensión. Para que sea real, es necesario ofrecer oportunidades, apoyos y entornos accesibles. En este sentido, las habilidades sociales y el empleo son fundamentales para que la persona pueda ser más autónoma.

En una situación social, tener una conversación, expresar una preferencia, pedir ayuda o reconocer cómo comportarse son habilidades básicas que influyen directamente en la autoestima de la persona y en su participación en la comunidad.

También lo hace el acceso al empleo, que puede mejorar la autonomía, las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia.

Pero estas habilidades no siempre se aprenden de forma espontánea. En muchos casos, necesitan entrenamiento, repetición, compresión, acompañamiento y un lenguaje sencillo. Aquí es donde la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que esté diseñada desde las necesidades reales de las personas. No se trata de usar tecnología porque sea novedosa, sino de que sea útil, comprensible y cercana.

El móvil como espacio familiar de aprendizaje

Muchas personas con discapacidad intelectual utilizan teléfonos móviles y aplicaciones para mandar mensajes. Ese uso cotidiano abre una posibilidad interesante, porque la persona está familiarizada con un entorno parecido a WhatsApp. Al usar una herramienta educativa basada en la conversación, el aprendizaje puede resultar más fácil; la persona es capaz de seleccionar las opciones que se presentan en su teléfono y desarrolla habilidades en su uso.

Ejemplo de conversación en el chat de Inclu-si Lab.

En este contexto, un chatbot permite practicar mediante preguntas y respuestas. El usuario recibe indicaciones de forma inmediata y puede repetir una situación tantas veces como sea necesario. Además, si el lenguaje es sencillo, la interfaz es clara y se ofrecen refuerzos positivos. Al mismo tiempo, se reduce la ansiedad y se favorece el aprendizaje.

La clave no está solo en la inteligencia artificial, sino también en el diseño inclusivo: lectura fácil, interacción por voz o texto, mensajes comprensibles y una experiencia parecida a una conversación real, como se indica en la guía de Plena inclusión.

Dos ejemplos: CapacitaBOT e INCLU-SÍ LAB

Uno de nuestros desarrollos en esta línea es CapacitaBOT, una aplicación móvil para entrenar habilidades sociales mediante conversaciones guiadas, lenguaje sencillo y refuerzo positivo. Su objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual para que aprendan a empezar, mantener y terminar conversaciones.

Está diseñada como una aplicación Android sencilla, con interacción por voz, a través de la plataforma IBM Watson y puede considerarse un recurso educativo inclusivo, especialmente útil para practicar situaciones próximas a la vida real.

Capacitabot es una aplicación para dispositivos Android diseñada para reforzar habilidades sociales en personas con discapacidad intelectual.

Otro ejemplo diseñado por nuestro equipo es la aplicación INCLU-SÍ LAB, centrada en la inclusión laboral. Su finalidad es entrenar a personas con discapacidad intelectual para afrontar una entrevista de trabajo y, de esta manera, mejorar sus habilidades comunicativas y su autonomía. El sistema permite practicar preguntas habituales de una entrevista, organizar información personal y recibir apoyo durante el proceso. Puede utilizarse desde el ordenador o el móvil, de forma escrita u oral.

INCLU-SÍ LAB es innovadora desde el punto de vista tecnológico porque incorpora técnicas de inteligencia artificial que facilitan y enriquecen el autoaprendizaje de la propia herramienta, así como de sus usuarios.

Una IA que acompaña, no sustituye

La inteligencia artificial puede ponerse al servicio de las personas y favorecer la inclusión, sin sustituir a los profesionales, los educadores o a las familias.

Como complemento a los apoyos existentes, un chatbot puede ofrecer un espacio seguro para practicar, equivocarse, volver a intentarlo y ganar confianza. Puede ayudar a que una persona esté mejor preparada para mantener una conversación, hacer una entrevista o estrenarse en una situación social nueva.

El reto es seguir investigando y mejorar las aplicaciones existentes, pero hacerlo contando con la participación de las propias personas destinatarias. Además, debemos garantizar que la IA no genere nuevas barreras.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Chatbots’ que trabajan para la inclusión de personas con discapacidad – https://theconversation.com/chatbots-que-trabajan-para-la-inclusion-de-personas-con-discapacidad-282736