Embarazo y deporte: necesitamos una conversación diferente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Morencos Martínez, Profesora/Investigadora de Ciencias de la Actividad Física y del deporte, Universidad Francisco de Vitoria

Sven Hansche/Shutterstock

Una deportista puede tener durante años un equipo técnico que ajuste su rendimiento. Sin embargo, al quedarse embarazada muchas veces el sistema deja de saber qué hacer con ella. Aparecen dos respuestas, ambas insuficientes. Una es el miedo: “No fuerces, ahora toca descansar”. La otra es la épica, que celebra a quien sigue entrenando como si el embarazo fuera otra prueba de fortaleza. Pero ninguna de las dos cuida bien de estas mujeres.

El embarazo es un proceso fisiológico normal y, al mismo tiempo, extraordinariamente demandante. Por eso necesitamos tener una conversación diferente. Plantearnos qué necesita una deportista para seguir entrenando sin miedo y sin sentirse sola.

No necesita permiso: necesita acompañamiento

¿Puede entrenar una embarazada? La pregunta se formula mal. Así planteada, obliga a elegir entre permitir o prohibir.

La cuestión es otra: qué mujer, con qué embarazo, con qué historial deportivo, síntomas y apoyos puede entrenar. No es lo mismo una mujer sedentaria que empieza a caminar que una jugadora de fútbol profesional. Tampoco es igual un embarazo sin complicaciones que uno con anemia, riesgo de parto prematuro, placenta previa o preeclampsia.

Aquí la palabra clave es “estratificación”. Es decir, identificar contraindicaciones, valorar síntomas, revisar antecedentes, conocer el nivel de entrenamiento previo y ajustar la actividad a la evolución de la gestación. Las guías internacionales recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada en embarazos sin contraindicaciones.

Es una referencia útil para la población general, no un techo para mujeres con hábitos deportivos previos o muy entrenadas.

El cuerpo no se debilita: se reorganiza

El embarazo activa una reorganización biológica sofisticada: el corazón trabaja más, aumenta el volumen sanguíneo, cambian la ventilación y el metabolismo, se desplaza el centro de gravedad y los tejidos se preparan para sostener el crecimiento fetal.

Estos cambios no implican fragilidad, sino adaptación. Explican por qué el entrenamiento debe ajustarse a cada momento: la frecuencia cardiaca responde distinto, la ventilación cambia al reducirse el espacio disponible, la hidratación y la energía pesan más, y el impacto debe gestionarse con control.

El cuerpo gestante no se vuelve incapaz: sencillamente es distinto. La fisiología no debería usarse para prohibir por sistema, sino para decidir mejor.

Hablar sin tabúes también es cuidar

Muchas deportistas se preguntan en silencio, especialmente durante el primer trimestre: ¿y si entreno y pierdo mi bebé?

El aborto espontáneo es frecuente (ocurre en entre el 10 y el 20 % de los embarazos clínicamente reconocidos), doloroso y todavía rodeado de culpa. La mayoría de pérdidas tempranas se relacionan con alteraciones cromosómicas del embrión, no con haber entrenado. Además, la evidencia disponible no muestra que el ejercicio prenatal, en condiciones adecuadas y sin contraindicaciones, aumente ese riesgo.

Decir esto no minimiza el dolor de una pérdida, pero ayuda a retirar una culpa injusta con la que muchas mujeres cargan. Una conversación diferente sobre embarazo activo también debe hablar de los miedos incómodos. No para empujar a nadie a entrenar, sino para que la decisión no se base en mitos infundados.

El autocuidado no empieza con el test positivo

Si el embarazo exige tanto al cuerpo, el acompañamiento no debería empezar tarde. La consulta previa permite revisar salud, déficits nutricionales, hábitos deportivos, suplementación básica y preparación para la gestación. En mujeres deportistas o muy activas también debería incluir historia deportiva, salud menstrual, disponibilidad energética y distribución de macro y micronutrientes.

Esta mirada hacia atrás importa. Un estudio internacional con 1025 mujeres que ya habían dado a luz observó que el 6 % mostraba deficiencias energéticas (RED) y el 20 % amenorrea secundaria. Quienes tenían antecedentes presentaron más partos antes de la semana 37 y bebés con menor peso medio al nacer. La salud hormonal no debería ser un precio a pagar por practicar deporte, aun sin deseo gestacional, por sus implicaciones para la salud de la mujer.

El suelo pélvico también debe formar parte del seguimiento antes, durante y después del embarazo. En deportistas es especialmente relevante: la incontinencia urinaria afecta a una de cada cuatro atletas, con cifras mayores en disciplinas de impacto y salto. Y no basta con preguntar si hay pérdidas de orina. La fisioterapeuta especializada debe hacer una valoración más profunda.

En deportistas de élite, calendarios, contratos, selecciones, becas y ciclos olímpicos condicionan cuándo y cómo se plantea la maternidad. Por eso hablar de embarazo activo no es solo hablar de fisiología: también es hablar de preparación, derechos, planificación y cultura deportiva.

Entrenar es reorganizar estímulos

Entrenar durante el embarazo significa reorganizar estímulos. Por ejemplo, una corredora puede reducir kilómetros y mantener el estímulo cardiovascular con otras alternativas. El objetivo no es hacer menos, sino preservar estímulos por vías más seguras.

La carrera y el impacto no tienen por qué desaparecer automáticamente. Con buen control de síntomas y valoración del suelo pélvico, pueden mantenerse en buena parte del embarazo, incluso en fases avanzadas.

Con la fuerza ocurre algo parecido. Aunque sentadillas, trabajo en supino, Valsalva o levantamientos olímpicos se han desaconsejado durante años, un estudio con 679 mujeres que entrenaron con cargas altas durante el embarazo no encontró peores resultados perinatales ni de suelo pélvico. No se trata de empezar a levantar pesas sin experiencia, sino de entender que, en mujeres entrenadas y sin complicaciones, la fuerza puede y debe formar parte del plan.

Los datos en corredoras de élite lo muestran bien: en un estudio con 42 atletas, el volumen de carrera bajó de unos 63 km semanales en el primer trimestre a unos 30 km en el tercero. Disminuyó, pero no desapareció.

Algo parecido se observó en Marit Bjørgen, que acumuló 555 horas de entrenamiento durante el embarazo, reduciendo la carga al final. Ajustaban impacto, intensidad y medios, pero seguían conservando estímulos muy por encima de las recomendaciones generales.

Eso sí, con controles adecuados. El bienestar maternofetal requiere seguimiento y evaluación frecuente del riesgo. Las banderas rojas deben estar claras: cualquier síntoma nuevo, persistente o desproporcionado durante el ejercicio debe comentarse con el equipo médico para adaptar en consecuencia.

Nuevas necesidades energéticas

Uno de los riesgos menos visibles en mujeres embarazadas activas es quedarse cortas de energía. El cuerpo necesita más para sostener el crecimiento fetal, la placenta, el aumento del volumen sanguíneo y el propio coste metabólico de la gestación. Si además sigue entrenando, ese gasto se suma.

No significa “comer por dos”, pero sí adaptar la ingesta, evitar ayunos prolongados, ajustar las comidas alrededor del entrenamiento y atender náuseas, reflujo y síntomas digestivos.

El proceso de adaptación no termina con el parto. Si hay lactancia materna y retorno al entrenamiento las necesidades energéticas aumentan también. La nutrición no es una cuestión estética, sino una herramienta de salud, recuperación y rendimiento.

Un ecosistema que conversa

Las cifras no dicen que todas las embarazadas deban entrenar como atletas. Dicen algo más importante: entre prohibir por miedo y celebrar la épica hay un espacio enorme.

La élite no debe mostrar una maternidad invencible, sino hacer visibles las lagunas del sistema. Muchas mujeres no profesionales también entrenan muchos días por semana, compiten o han construido parte de su bienestar alrededor del movimiento. Ellas tampoco necesitan mensajes paternalistas ni heroicos. Necesitan evaluación, criterio, coordinación entre profesionales, acompañamiento y recursos.

Esa es la conversación diferente. Y necesaria.


_En este artículo ha colaborado la Dra. Anna Carceller.


The Conversation

Esther Morencos Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Embarazo y deporte: necesitamos una conversación diferente – https://theconversation.com/embarazo-y-deporte-necesitamos-una-conversacion-diferente-282302

La interpretación de Sam Neill en ‘Parque Jurásico’ inspiró a toda una generación de paleontólogos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nic Rawlence, Associate Professor in Ancient DNA, University of Otago

Universal/Getty Images

La repentina muerte del actor Sam Neill ha provocado homenajes por parte de colegas y admiradores de todo el mundo. Pero la noticia también ha tenido un gran impacto entre muchos paleontólogos, para quienes el personaje de Neill en Parque Jurásico, el Dr. Alan Grant, fue una inspiración fundamental a la hora de elegir su carrera.

“Me estaba preparando para una charla sobre fósiles el día que me enteré de que el Dr. Grant nos había dejado”, cuenta la paleontóloga de la Universidad de Montana (Estados Unidos) Kallie Moore. “Cuando dediqué la charla a Sam –conteniendo las lágrimas–, muchos padres asintieron con tristeza. Es increíble el impacto que tuvo un personaje de ficción en la paleontología, porque para nosotros, los niños de los 90, el Dr. Grant no era solo un personaje: se convirtió en un colega”.

Moore es solo una de las muchas paleontólogas de todo el mundo que respondieron a nuestra llamada cuando les preguntamos cómo les había influido Neill –y su famoso personaje–. La colega ficticia de Alan Grant, la Dra. Ellie Sattler, interpretada en la película por Laura Dern, también tenía un hueco en sus recuerdos.

Las paleontólogas Sally Hurst y Adele Pentland vestidas como la Dra. Ellie Sattler y el Dr. Alan Grant de Parque Jurásico durante la excavación anual ‘Dinosaur Dreaming’ en Victoria, Australia.
Sally Hurst

La paleontóloga y divulgadora científica australiana Sally Hurst contestó así: “En todas las excavaciones de dinosaurios en las que he participado, desde las rocas del Cretácico de Inverloch (Australia) hasta las Badlands de Canadá o los desiertos de Mongolia, siempre hay un día en el que yo misma u otra persona encarnamos a la paleobotánica Ellie Sattler y al Dr. Alan Grant. Para muchos de los que ahora nos dedicamos a esta profesión, fueron ellos quienes nos mostraron por primera vez que ser paleontólogo era un trabajo de verdad”.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿puede una película inspirar realmente carreras científicas? Contar con dinosaurios con efectos especiales de última generación siempre ayuda. Pero en este caso, creemos que va más allá de eso.

Un científico con el que es fácil identificarse

Cuando el Dr. Grant llegó a los cines en 1993, era diferente a los científicos de ficción que habían llegado antes o aparecerían después. No se le retrataba como un genio excéntrico, un académico socialmente torpe o alguien cuya brillantez se lograba a costa de su humanidad.

El Dr. Grant de Sam Neill era auténtico, normal y resultaba fácil identificarse con él. Era curioso, paciente y poseía un profundo conocimiento, pero también era accesible. Era humano. Su entusiasmo por los dinosaurios parecía genuino.

Incluso cuando el ficticio Parque Jurásico se sume en el caos, Grant sigue siendo reconocible como un paleontólogo que intenta comprender a esos animales extraordinarios.

“La interpretación que hizo Sam Neill del Dr. Alan Grant resultó bastante satisfactoria para aquellos de nosotros que conocíamos lo que se sabía sobre los dinosaurios en aquel momento”, afirma el paleozoólogo y autor británico Darren Naish. “El Dr. Grant estaba claramente al tanto de todo lo que sucedía en el mundo de los dinosaurios, y Sam lo interpretó muy bien. Es sabio y paciente, pero también apasionado”.

De hecho, el propio Neill escribió sobre el atractivo de Grant en sus memorias:

“En los treinta años transcurridos desde la primera película de Parque Jurásico, Alan Grant se ha convertido en un personaje muy querido. No es un superhéroe, no tiene poderes mágicos. Un hombre que se desmaya al ver por primera vez a un braquiosaurio no es más que un hombre. Un tipo corriente, que hace lo mejor que puede en circunstancias extremas”.

Para los muchos millones de niños que vieron en el cine Parque jurásico, era la primera vez que contemplaban a un científico cuyo trabajo parecía emocionante. En lugar de pasarse todo el día en un laboratorio, Grant estaba al aire libre, sobre el terreno, observando dinosaurios vivos. Para un número significativo de paleontólogos actuales, esto fue importante.

“Antes de Parque Jurásico, los dinosaurios se representaban en el cine como bestias torpes”, afirma la canadiense Kathryn Abbot, productora ejecutiva del documental ¿Por qué los dinosaurios?. “Alan Grant nos enseñó que eran animales dinámicos e inteligentes, con comportamientos reales y funciones ecológicas”.

Los niños son extraordinariamente buenos a la hora de detectar cuándo los adultos se preocupan de verdad por algo. Neill nunca daba la impresión de estar fingiendo ser un científico. Parecía alguien que amaba su trabajo.

No hay duda de que Parque Jurásico inspiró un extraordinario aumento del interés por los dinosaurios, los museos y el mundo natural en general. Y para muchos, Alan Grant demostró que ser paleontólogo podía ser una profesión de verdad.

“La interpretación de Sam Neill marcó el rumbo de mi vida”, afirma Jake Kotevski, paleontólogo de la Universidad Monash de Melbourne. “Desde que tengo uso de razón, quise ser paleontólogo, ser Alan Grant. Pero también quería compartir sus valores: inteligencia serena, capacidad de asombro, sangre fría y ser un padre (o una figura paterna) protector. Parque Jurásico me ha acompañado siempre, en los buenos y en los malos momentos. No habría ningún Dr. Kotevski sin el Dr. Grant”.

Inspirando a generaciones de niños

Los paleontólogos que reflexionan sobre la vida de Sam Neill recuerdan algo más que su película favorita. Recuerdan el momento en que se dieron cuenta de que la ciencia era algo a lo que podían dedicarse.

“Crecí viendo Parque Jurásico una y otra vez”, afirma el paleontólogo, autor y presentador de televisión británico Dean Lomax. “No sabría decirte cuántas veces le he citado en los últimos 30 años, incluso hasta el día de hoy. Ahora esas citas tendrán más significado. Creo que una de las dificultades para asimilar la pérdida de Sam es darse cuenta de que uno de los héroes de tu infancia ha fallecido. Sin duda, el Alan Grant de Sam influyó en mi decisión de dedicarme a la paleontología, al igual que lo hizo para muchos otros. Y por eso, le doy las gracias. En mi opinión, el Dr. Grant podría considerarse el paleontólogo más influyente de la historia”.

Pocos actores pueden afirmar haber influido en toda una profesión. Sam Neill lo hizo, sin lugar a dudas, y seguirá haciéndolo, dado el estatus que tiene la película. No porque Alan Grant corriera más rápido que los dinosaurios, sino porque hizo que la búsqueda del conocimiento pareciera emocionante, significativa y real.

“Si consigues que un niño se interese por los dinosaurios, puedes hacer que se interese por la ciencia, las disciplinas STEM, por usar su cerebro y por ser creativo”, afirma Kathryn Abbot.

Mucho después de que Parque Jurásico revolucionara el cine, las generaciones de paleontólogos que realizan nuevos descubrimientos para dar forma a nuestra comprensión del mundo prehistórico pueden acabar siendo su legado más duradero.

Las últimas palabras son de la paleontóloga estadounidense y autora de libros infantiles Ashley Hall.

“La brillante interpretación de Sam Neill avivó mi pasión por la paleontología como carrera profesional, pero también me llevó a conocer a mi actual marido, también paleontólogo, quien me pidió matrimonio vestido como Alan Grant –con el anillo de compromiso en la garra de un raptor y todo–. Echaremos mucho de menos a Sam Neill, y mi más sentido pésame va dirigido a su familia, amigos y a todas las personas cuyas vidas tocó. Gracias, Sam”.


El autor agradece la contribución del paleontólogo, escritor, productor y divulgador científico Michael Mills, director creativo de Heaps Good Productions y Heaps Good Music, por su investigación y la coautoría de este artículo.


The Conversation

Nic Rawlence recibe financiación del Fondo Marsden de la Real Sociedad de Nueva Zelanda.

ref. La interpretación de Sam Neill en ‘Parque Jurásico’ inspiró a toda una generación de paleontólogos – https://theconversation.com/la-interpretacion-de-sam-neill-en-parque-jurasico-inspiro-a-toda-una-generacion-de-paleontologos-288000

La sensación de soledad pone en riesgo el bienestar de los trabajadores (y las organizaciones todavía la subestiman)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

Golubovy / Shutterstock

Tecnológicamente hablando, hoy estamos más conectados que nunca y, sin embargo, ha crecido la desconexión emocional en el entorno laboral. Aunque este fenómeno está cada vez más presente, todavía está poco visibilizado y es poco comprendido.

Cuestiones como la digitalización o la normalización del teletrabajo han transformado las relaciones laborales, haciendo que la conexión humana dentro de los equipos sea un desafío organizacional relevante. Sin embargo, la soledad laboral sigue siendo abordada con menor atención que otros riesgos psicosociales como el estrés o el burnout.

No hablamos simplemente de ‘trabajar solo’

La soledad laboral es una experiencia psicológica subjetiva que aparece cuando las relaciones en el entorno de trabajo no satisfacen las necesidades sociales y emocionales de la persona. Uno puede estar rodeado de compañeros, participar en reuniones constantes y, aun así, sentirse profundamente desconectado.

Este fenómeno tiene consecuencias relevantes tanto para los trabajadores como para las organizaciones ya que la persona suele tener menos compromiso con la empresa, más agotamiento emocional, peor salud mental, menos creatividad y mayor intención de abandono laboral.

Hiperconectados pero desconectados

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para la comunicación en el trabajo: correo electrónico, aplicaciones de mensajería, plataformas de comunicación y colaboración en el entorno laboral, plataformas para videoconferencias y reuniones virtuales. Aun así, muchas personas dicen sentirse aisladas dentro de sus equipos.

En muchos contextos organizacionales, especialmente tras la expansión del teletrabajo, las interacciones se han vuelto más funcionales y transaccionales. Se habla para coordinar tareas pero cada vez menos para generar vínculos.

Además, la cultura de la productividad constante ha reducido los espacios informales donde históricamente surgía la conexión social, las conversaciones espontáneas, las pausas compartidas o los momentos de apoyo emocional.




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No toda la soledad es igual

La investigación en psicología organizacional distingue al menos dos grandes dimensiones de la soledad laboral:

  1. Privación emocional, que hace referencia a la calidad emocional de las relaciones en el trabajo. Cuando se da la privación emocional la persona percibe que no dispone de un espacio psicológicamente seguro donde expresarse, pedir ayuda o mostrarse vulnerable. Esto no quiere decir que la persona se lleve mal con sus compañeros. Se trata simplemente de que no tiene un espacio psicológico seguro dentro de la organización. Esta sensación aparece a menudo en culturas organizacionales excesivamente competitivas, en entornos muy jerárquicos o en equipos donde predominan las relaciones superficiales. Algunas de las señales más frecuentes son: sensación de aislamiento (incluso trabajando en equipo), dificultad para pedir apoyo, sensación de invisibilidad o agotamiento emocional tras interacciones sociales laborales.

  2. Compañerismo social: esta dimensión está relacionada con el sentido de pertenencia. La persona puede tener relaciones cordiales y funcionales pero no percibir que forma parte del grupo. Es decir, no participa en dinámicas sociales, no se siente incluida o experimenta distancia respecto al equipo. Aquí influyen especialmente las dinámicas de exclusión dentro de los grupos de trabajo, el teletrabajo mal gestionado, los procesos deficientes de integración de nuevos trabajadores o el liderazgo distante.




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El papel del liderazgo: la conexión también se gestiona

Uno de los factores que más influyen en la soledad laboral es el liderazgo. Un líder no solo organiza el trabajo, también regula la calidad emocional de las relaciones dentro del equipo.

Existen pequeños comportamientos cotidianos que pueden ayudar a que los trabajadores no se sientan solos en su entorno laboral:

  • Interesarse de manera genuina por la persona trabajadora ayuda a que se sienta escuchada, valorada y emocionalmente acompañada.

  • Facilitar espacios informales favorece la creación de vínculos cercanos y de sentido de pertenencia dentro del equipo.

  • Fomentar la ayuda mutua ayuda a mejorar la percepción de apoyo social y fortalece la colaboración entre compañeros.

  • Reconocer las contribuciones al trabajo refuerza la autoestima profesional y la sensación de que el trabajo realizado tiene valor.

  • Integrar socialmente a las nuevas incorporaciones facilita su adaptación y previene sentimientos de aislamiento o exclusión desde el inicio.

La buena noticia es que la soledad laboral es evitable. Las organizaciones pueden intervenir de manera preventiva sobre muchos de los factores que la favorecen.




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¿Qué hacer para evitar la soledad laboral?

Las relaciones sociales son uno de los principales mecanismos para sostener la confianza, la cooperación y el aprendizaje colectivo dentro de las organizaciones. Por ello, fortalecer la conexión humana en el trabajo no debería entenderse como un aspecto secundario, sino como una estrategia clave para prevenir la soledad laboral y promover el bienestar organizacional.

Las organizaciones pueden actuar de manera preventiva a través de diferentes iniciativas. Entre ellas, destacan:

  • La formación en habilidades relacionales y comunicación interpersonal.

  • La generación de espacios de interacción informal que favorezcan vínculos más cercanos entre compañeros.

  • El refuerzo de los procesos de integración de los nuevos trabajadores para evitar sentimientos tempranos de aislamiento.

En los entornos híbridos o de teletrabajo, las organizaciones deben prestar especial atención a posibles dinámicas de desconexión social y promover las redes de apoyo, las mentorías y la colaboración entre iguales.




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La necesidad de pertenecer

Cuando las personas dejan de sentirse conectadas, escuchadas o parte de algo, las organizaciones empiezan a perder uno de sus recursos más valiosos: el vínculo humano que sostiene la colaboración, la confianza y el aprendizaje colectivo.

Quizás uno de los grandes desafíos del futuro del trabajo no sea incorporar más tecnología, sino evitar que las personas se sientan solas mientras trabajan junto a otras.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La sensación de soledad pone en riesgo el bienestar de los trabajadores (y las organizaciones todavía la subestiman) – https://theconversation.com/la-sensacion-de-soledad-pone-en-riesgo-el-bienestar-de-los-trabajadores-y-las-organizaciones-todavia-la-subestiman-282686

Los nuevos casos humanos de fiebre del Nilo Occidental en España activan la alerta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

El mosquito común (_Culex pipiens_) es uno de los principales transmisores del virus del Nilo Occidental. Nikul6533/Shutterstock

Ya están aquí los primeros casos de la temporada en España de fiebre del Nilo Occidental en humanos. Los afectados son un hombre de la provincia de Alicante, que requirió hospitalización, y una mujer residente en Sevilla, con síntomas leves, que pasa temporadas en el municipio sevillano de Palomares del Río. Es probable que no sean los últimos.

La fiebre del Nilo Occidental es una enfermedad zoonótica de gran relevancia para la salud pública y la medicina veterinaria causada por el virus del Nilo Occidental (VNO), un arbovirus perteneciente a la familia Flaviviridae. Aislado por primera vez en 1937 de un paciente febril en Uganda, es uno de los muchos virus que causan encefalitis (inflamación del cerebro).

De las aves a los mosquitos y, accidentalmente, a los mamíferos

Debido a su origen animal, el agente patógeno se mantiene en un ciclo de transmisión en la naturaleza que involucra principalmente a aves (sus hospedadores naturales) y mosquitos (sus vectores), pero que puede propagarse de forma accidental a mamíferos.

Los caballos representan el 96,9 % de todos los casos notificados de enfermedad por virus del Nilo Occidental en mamíferos no humanos, y en ellos la tasa de mortalidad con síntomas clínicos alcanza el 33 %. La detección previa en caballos tiene un gran valor epidemiológico y permite poner en marcha los posibles protocolos de actuación, principalmente en aquellas zonas alejadas de humedales.

Ciertas especies de aves, especialmente las rapaces y los córvidos, tienden a ser más sensibles a la infección y con frecuencia desarrollan signos clínicos que resultan fatales. En los eventos de mortalidad masiva de aves influyen factores geográficos y ambientales, así como las diferencias genéticas de las cepas del virus.

Desde la perspectiva veterinaria, se han notificado cinco brotes en Europa en 2026, uno en équidos y cuatro en aves. En lo que llevamos de 2026, los casos en humanos en Europa ascienden a 34, distribuidos en 28 áreas de cinco países: Italia, Grecia, Macedonia del Norte, Rumanía y España. La mayoría de las personas se infectan durante las estaciones cálidas o húmedas, cuando los mosquitos se reproducen.

El VNO se introduce en Europa principalmente a través de aves migratorias procedentes del África subsahariana, el norte de África y Oriente Medio. Aunque el patógeno logra persistir durante los meses fríos mediante la hibernación en mosquitos vectores, no se descarta que ciertas especies de aves silvestres locales actúen también como reservorios invernales en el continente europeo.

Una vez establecido, la transmisión biológica del virus del Nilo Occidental en Europa recae fundamentalmente en los mosquitos Culex pipiens y Culex modestus, considerados los vectores primarios. Otras especies como Aedes albopictus (mosquito tigre) y Aedes (Ochlerotatus) detritus también han demostrado su potencial de transmisión en condiciones de laboratorio, pero su relevancia epidemiológica en condiciones naturales es marginal. Esto se debe a su marcada preferencia por los mamíferos, lo que reduce drásticamente la probabilidad de que piquen a las aves hospedadoras y estas adquieran el virus para perpetuar el ciclo de transmisión.

Por otra parte, trabajos recientes han demostrado que los mosquitos inmaduros pueden infectarse con heces infecciosas, lo que demuestra que también existe un modo de transmisión mediado por excrementos.

Cuadros clínicos graves

Cuando el virus se propaga en una región, es común que las infecciones en humanos y los equinos ocurran de manera simultánea. Aunque un gran porcentaje de los casos cursa de forma asintomática o con síntomas leves (similares a los de una gripe), el patógeno tiene un marcado potencial neurotropo. Esto significa que es capaz de invadir el sistema nervioso central, manifestándose a través de tres cuadros clínicos graves: la encefalitis del Nilo Occidental, la meningitis del Nilo Occidental y la poliomielitis del Nilo Occidental. Esta última puede desencadenar parálisis flácida aguda, caracterizada por una pérdida repentina de la fuerza muscular que puede comprometer la respiración.

Alrededor del 80 % de los humanos infectados por el VNO permanecen asintomáticos, mientras que el 20 % restante desarrolla el síndrome febril del virus, y menos del 1 % presenta manifestaciones neurológicas graves o fatales o alguna combinación de estas.

Aunque los caballos son, junto con los humanos, los organismos más propensos a desarrollar la enfermedad clínica grave, la infección afecta ocasionalmente a otros mamíferos domésticos, como los perros. Una vez que un mosquito portador transmite el virus, el período de incubación antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos suele oscilar de manera general entre los 2 y 15 días.

Presente en Europa desde mediados de los 90

Hasta principios de la década de 1990, el incidencia del virus se limitaba en gran medida a África, Europa y Asia. En la actualidad, es endémico de África, Oriente Medio, Asia Occidental y partes de Australia. También está ampliamente establecido en América del Norte y Central, desde Canadá hasta Venezuela, y circula estacionalmente en partes de Europa, incluyendo, como ya apuntamos más arriba, Italia, España, Rumania y Grecia.

El VNO se ha detectado en Europa desde mediados de la década de 1990 con dos linajes circulantes (1 y 2) que causan brotes esporádicos, afectando a aves, caballos y humanos. A partir de 1996 se convirtió en una causa reconocida de meningoencefalitis en el continente, con una circulación creciente en el sur, principalmente del linaje 2.

En España, los vectores más frecuentes del virus del Nilo Occidental son las especies de mosquitos Culex pipiens y Culex perexiguus. La primera, conocida como mosquito común en muchas zonas, es una especie cosmopolita y muy habitual en la península ibérica.

En aves y mamíferos, el riesgo de exposición al virus en el territorio español aumentó entre un 17  % y un 19 %, respectivamente, en los últimos 20 años, y el riesgo para los humanos se incrementó un 38 %. 2020 registró un crecimiento sin precedentes de infecciones: se detectaron 77 casos en personas, siete de las cuales fallecieron.

Cómo protegerse frente al virus

Actualmente no existe una vacuna contra el VNO para humanos. Por lo tanto, prevenir la transmisión del virus requiere un control sostenido del vector y el uso de medidas de protección personal.




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La principal es evitar las picaduras de mosquitos. Para ello, es prudente utilizar ropa de manga larga y colores claros y aplicar repelentes, especialmente durante el amanecer y el anochecer. Asimismo, resulta fundamental reducir los criaderos de estos insectos en el hogar eliminando cualquier acumulación de agua estancada en objetos exteriores, limpiando los canalones e instalando mosquiteras en puertas y ventanas.

Por último, es aconsejable evitar el contacto directo con animales o aves silvestres muertas, utilizando siempre guantes de protección y cubriendo heridas abiertas con el fin de impedir la transmisión del virus por vía sanguínea.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La ansiedad antes de un viaje: por qué aeropuertos y estaciones nos ponen tan nerviosos y cómo evitarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Nicoleta Ionescu/Shutterstock

Son las 7:42 y el tren sale a las 8:10. La pantalla anuncia un cambio de andén, pero la megafonía apenas se entiende. Una persona arrastra dos maletas, busca el billete en el móvil y comprueba por tercera vez que está en la estación correcta. En un aeropuerto, otro viajero mira la puerta de embarque, el reloj y la fila del control de seguridad.

El viaje aún no ha empezado y el cuerpo ya se comporta como si hubiera una amenaza. Solemos asociar esta inquietud con el miedo a volar, pero la ansiedad previa al viaje es más amplia. También aparece en estaciones y afecta a personas que no temen ni a los aviones ni a los trenes. El problema no siempre es el transporte, sino lo que debemos hacer antes de subirnos a él.

En pocos lugares cotidianos se acumulan tantas exigencias al mismo tiempo: llegar puntuales, orientarnos en un espacio desconocido, interpretar mensajes que pueden cambiar, proteger el equipaje y tomar decisiones rápidas entre cientos de estímulos. El margen para equivocarse parece mínimo y muchas de las variables importantes escapan a nuestro control.

Esa combinación de incertidumbre, presión temporal y sobrecarga convierte aeropuertos y estaciones en escenarios especialmente propicios para que aparezca la ansiedad.

Viajar significa dejar de controlar

La ansiedad anticipatoria se activa cuando creemos que puede ocurrir algo negativo y no sabemos si podremos evitarlo. Los grandes espacios de tránsito reúnen todas esas condiciones. Debemos llegar a una hora concreta, seguir instrucciones, localizar una salida y adaptarnos a decisiones tomadas por otros.

En psicología, la intolerancia a la incertidumbre describe la dificultad para soportar que no podamos conocer o controlar lo que sucederá. Durante un viaje, las preguntas se multiplican: ¿habrá tráfico?, ¿cambiarán el andén?, ¿perderé la conexión? Su acumulación mantiene al cerebro en vigilancia.

Una cadena de pequeñas amenazas

Para muchas personas, el estrés no procede de imaginar una catástrofe, sino de encadenar contratiempos posibles. Equivocarse de terminal, no entender una indicación o descubrir que el tren sale desde otro nivel puede parecer trivial desde casa.

Un estudio sobre ansiedad relacionada con los viajes en avión encontró que los retrasos podían generar más inquietud que algunas fases del vuelo. También resultaban estresantes el equipaje y los trámites.

Algo semejante ocurre en el ferrocarril. Las investigaciones sobre retrasos e información al pasajero muestran que la espera se vuelve especialmente negativa cuando la información es imprecisa. No saber cuánto durará una demora suele ser más difícil que conocer su duración.

El cerebro bajo presión

En aeropuertos y estaciones vigilamos el equipaje, interpretamos señales, escuchamos avisos, miramos la hora y decidimos por dónde continuar. Esa combinación consume recursos atencionales.

Cuando sentimos que queda poco tiempo, la atención se estrecha. Procesamos la información con mayor rapidez, pero no necesariamente mejor. Estudios sobre toma de decisiones bajo presión temporal indican que disponer de menos tiempo modifica la exploración visual y la valoración de las opciones.

De ahí una paradoja: cuanto más miedo tenemos a equivocarnos, más difícil puede resultarnos encontrar la señal correcta. Miramos mucho, comprendemos menos y volvemos a comprobar lo ya comprobado.

Ruido, multitudes y desorientación

Megafonía, conversaciones, ruedas de maletas, luces, comercios y personas moviéndose en direcciones distintas forman un paisaje sensorial exigente.
La evidencia vincula el ruido del transporte con una mayor ansiedad, aunque sus efectos dependen de la intensidad y la sensibilidad individual. Por otro lado, una revisión sobre hacinamiento y estrés en el transporte ferroviario señaló que la falta percibida de espacio y control puede aumentar el malestar.

Orientarse tampoco es una tarea puramente racional. La investigación sobre orientación en terminales aeroportuarias destaca la importancia de la visibilidad, los puntos de decisión y los cambios de planta. Los pasajeros también describen emociones más negativas en las zonas de transbordo, según un estudio sobre los desplazamientos en estaciones.

Cuando el espacio ayuda a recuperar la calma

El aeropuerto de Changi, en Singapur, ha incorporado esta idea a su diseño. Además de jardines y áreas de descanso, su Terminal 2 dispone de una Calm Room –habitación de la calma– con iluminación regulable y zonas acolchadas para viajeros con sobrecarga sensorial.

No todos los aeropuertos o estaciones pueden instalar una cascada o un jardín tropical. La investigación sobre el entorno físico de los aeropuertos indica que la organización funcional, la iluminación y la calidad ambiental influyen en la ansiedad.

Quizá las medidas más eficaces sean menos espectaculares: carteles comprensibles, información actualizada, recorridos intuitivos, personal visible, espacios silenciosos y lugares donde sentarse sin consumir.

Qué puede hacer el viajero

La responsabilidad no debe recaer únicamente en la persona, pero algunas estrategias reducen la activación. La primera es disminuir la incertidumbre: revisar el recorrido, identificar la terminal o estación correcta y conocer los pasos principales. No se trata de comprobarlo todo compulsivamente, sino de transformar una amenaza difusa en una secuencia manejable.

También ayuda añadir un margen de tiempo realista y externalizar información: guardar billetes y documentos en un lugar accesible, anotar la puerta o el andén y no depender solo de la memoria bajo presión.

Cuando aparece la sobrecarga, conviene reducir estímulos, respirar lentamente y concentrarse en una sola tarea. Si surge un cambio, ayuda formular un plan: localizar la nueva salida, calcular el tiempo y pedir ayuda si es necesario.

La ansiedad no reside solo en el viajero

Estas estrategias son útiles, pero no deberían ocultar una cuestión esencial: los entornos también pueden confundir o tranquilizar. Si una infraestructura exige vigilancia constante, ofrece información contradictoria y apenas permite descansar, no debería sorprendernos que produzca ansiedad.

Diseñar estaciones y aeropuertos más predecibles, legibles e inclusivos no elimina los imprevistos, pero sí puede evitar que cada viaje comience como una prueba psicológica antes de subir al avión o al tren.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ansiedad antes de un viaje: por qué aeropuertos y estaciones nos ponen tan nerviosos y cómo evitarlo – https://theconversation.com/la-ansiedad-antes-de-un-viaje-por-que-aeropuertos-y-estaciones-nos-ponen-tan-nerviosos-y-como-evitarlo-287513

La selección: Mundial 2026, entre el espectáculo teledirigido y el juego libertario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Sánchez Navas, Editor. Delegación México, The Conversation

azrin_aziri/Shutterstock

Ayer se jugó en el área metropolitana de Nueva York la final del Mundial 2026, que dio el título a España. Puedo adjetivar esta presentación hasta la hipérbole épica, pero el globo tendrá poco recorrido. Lleva inflado desde el 11 de junio por los atentos cronistas de la actualidad mundialista. Una cobertura que convierte cada pieza informativa en espita de gas emocional.

En la edición en español de The Conversation no tenemos sección de deportes, pero ni el fútbol ni su gran cita global nos resultan ajenos. Sencillamente, pensamos que ya hay demasiados canales que ofrecen el mismo menú. Por eso optamos por lo que más nos gusta: conectar el conocimiento experto con la vida de la gente. Y lo que se vive en la víspera de esta final histórica es un torrente de pasión, pero también la culminación de un evento magno y poliédrico, cuyas luces y sombras atraviesan el prisma de la realidad actual.

Conceptos como identidad, diversidad, migración, geopolítica, greenwashing, justicia, tecnología, lingüística cognitiva, matemáticas y geometría, neuropsicología, sociología, viralidad y sharenting ruedan en nuestro portal al ritmo del balón.

En tiempos de economía de la atención, el Mundial se ha convertido en el mejor vehículo para las marcas que quieren formar parte de la conversación. También es pasto de influencers sin escrúpulos, que hacen del “reto del beso” un ejercicio de cosificación y exponen a la persona como sujeto consumible.

El mismo esférico que vivió sus mejores momentos cuando inspiró la gran fiesta popular comunitaria sucumbe hoy a la lógica del negocio digital.

El Mundial 2026 representa para nuestros expertos un “punto de inflexión en la sociología del deporte”. Estadios pagados con dinero público se pueblan de creadores de contenido, élites corporativas y afortunados que pueden adquirir entradas convertidas en artículos de lujo. Las pantallas gigantes de las fan zones atraen las mareas humanas que antes poblaban las gradas. ¿Para quién es el torneo? Eterna pregunta que flota en el aire.

Un aire cada vez más contaminado, por mucho que la FIFA se empeñe en escenificar la ecoimpostura de su Estrategia de Acción Climática. Cosmética ambiental desmentida por la lógica amplificada del espectáculo global, que ha pasado de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos repartidos en tres países sedes. Si tenemos en cuenta que el transporte representa el 85 % de la huella de carbono que genera el certamen, las ambiciosas metas para alcanzar la neutralidad climática encajan una goleada.

Tampoco goza de gran credibilidad el videoarbitraje (VAR), que llegó hace unos años como garante de la justicia deportiva envuelto en el halo salvador de la tecnología. Durante el torneo se ha revelado tan intervencionista como inconsistente. Una herramienta sujeta a la discrecionalidad interpretativa.

La sospecha sobre una posible experiencia de la competición trazada desde el VAR se quedó corta cuando el flamante premio FIFA Paz, Donald Trump, agarró el teléfono para pedirle a su amigo Gianni Infantino que le quitara la tarjeta roja al delantero de la selección estadounidense Folarin Balogun. Dicho y hecho. Sucede que, desde la perspectiva del derecho deportivo, la decisión sí se atenía a la normativa, como explica otro de nuestros autores.

A la sonrojante injerencia política se suman las controversias por la denegación de visa de entrada a EE. UU. de un árbrito somalí, considerado el mejor de África, las discriminaciones sufridas por el seleccionado iraní o el travel ban a los aficionados haitianos. Todo ello ha hecho que las cuestiones sociales y políticas hayan subido al marcador de la opinión pública como nunca antes.

Esta deriva incluye debates sobre migración e identidad nacional, salpimentados por el expresidente español Mariano Rajoy, quien sentenció a una Francia “sin franceses”. Si las naciones son comunidades imaginadas, la que Rajoy tiene en mente supura racismo y etnocentrismo.

Frente a estas visiones sobre pertenencia y representación, un investigador recuerda en The Conversation Europe la frase de Mandela: “El deporte tiene el poder de unir a las personas como pocas otras cosas lo hacen”. La declaración tiene especial vigencia en un contexto donde muchos jugadores representan a países en los que no han nacido.

En cuanto a Francia, la mayoría de los jugadores mundialistas nacidos en este país militan en otras selecciones. Esto refleja el vigor de las identidades múltiples en el fútbol moderno y en la sociedad.

Esta realidad saltará mañana al césped gracias a la diversidad del combinado español. Frente a él, una Argentina envuelta en la fuerza simbólica de los mitos clásicos. Y es que la competencia se juega también en el terreno de la metáfora. Allí, el mejor “arquitecto” del juego, Lionel Messi, se mide al fabricante de “túneles”, Lamine Yamal. Este último, ejemplo vivo de cómo el futbolista se forja en la calle pero termina de aprender y autorregular en el entrenamiento estructurado.

No es solo vocabulario. Es un filtro cognitivo que determina la respuesta emocional y modula el arco de la pasión futbolística. El eje que va del nacionalismo tribal a la sinfonía coral. Una partitura donde la réplica del adversario representa la nota necesaria para ejecutar esa esperada obra total. Ojalá mañana la vivamos y el público vibre con la magia de este juego libertario, sin renunciar al entendimiento y la conciencia crítica.

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ref. La selección: Mundial 2026, entre el espectáculo teledirigido y el juego libertario – https://theconversation.com/la-seleccion-mundial-2026-entre-el-espectaculo-teledirigido-y-el-juego-libertario-287754

¿Cuánto vale una estrella? Lo que la Copa del Mundo 2026 ganada por la Roja puede aportar a la economía española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Martín Magdalena, PhD in Economic and Business Sciences / Associate Lecturer in Universidad Pontificia Comillas-ICADE, Universidad Pontificia Comillas

Rodri levanta la Copa del Mundial de Fútbol tras derrotar a Argentina en la final. The White House

La euforia que este domingo ha inundado las calles españolas no es solo una cuestión de orgullo deportivo. Mientras los aficionados celebraban el gol de Ferran Torres que ha dado a España su segunda estrella, los economistas observamos un fenómeno que va más allá del césped: ganar la Copa del Mundo también mueve la economía. Aunque no de la forma en que suele imaginarse.

Ganar no es lo mismo que organizar

Cuando se habla del impacto económico del Mundial casi siempre se piensa en el país que lo organiza: estadios llenos, hoteles a rebosar, grandes obras. Sin embargo, los estudios llevan décadas enfriando ese entusiasmo. Las previsiones oficiales siempre prometen más de lo que llega: dan por hecho que cada euro gastado se convertirá en varios euros de ingresos… y eso casi nunca ocurre.

Las ciudades estadounidenses que acogieron el Mundial de 1994 esperaban ganar 4 000 millones de dólares y terminaron perdiendo hasta 9 300 millones. La aplaudida Alemania (2006) no logró reducir el paro en ninguna de sus doce sedes. En Sudáfrica (2010), cada turista extra que atrajo el torneo costó unos 13 000 dólares. Y Catar se gastó unos 220 000 millones de dólares (un año entero de su PIB ) en organizar, en 2022, el Mundial más caro de la historia.

Ganar es otra cosa

El campeón se lleva toda la visibilidad sin pagar la factura: hasta medio punto de PIB que viene de fuera. El estudio más completo hasta la fecha lo publicó en 2024 el economista Marco Mello.

Tras analizar datos trimestrales de la OCDE desde 1961, concluyó que el país que gana el Mundial crece, durante el medio año posterior a la final, casi medio punto más de lo que habría crecido sin el título (0,48 puntos porcentuales). Para España, eso equivale a unos 8 000 millones de euros. Eso sí, la alegría dura poco: hacia el tercer trimestre el crecimiento vuelve a su ritmo habitual.

Curiosamente, el impulso no procede de que los campeones consuman más, sino que viene de fuera: las exportaciones crecen entre cinco y seis puntos más rápido tras la victoria.

La clave es la visibilidad

Si la final de Catar 2022 fue vista por unos 1 500 millones de personas, esta de 2026 rozó los 2 200 millones. Ninguna campaña publicitaria puede comprar algo así: durante semanas, el nombre del país campeón, y sus productos y servicios, ocupan el escaparate del mundo.

¿No será simple efecto de tanta cobertura mediática? Mello lo comprobó comparando a los campeones con los subcampeones, que disfrutan de una exposición casi idéntica: solo los primeros reciben el impulso. El premio es ganar, no llegar a la final.

Del césped a la bolsa

El efecto llega incluso a los mercados. Tras el título de 2010, las acciones de las dos grandes empresas turísticas españolas, Iberia y Sol Meliá, subieron más de lo esperado durante más de tres semanas. Juan Luis Nicolau, autor de un estudio sobre el tema, lo atribuye al refuerzo de la marca España: la victoria hace que el país acuda antes a la mente del turista que planea sus vacaciones.

Aunque conviene no exagerar: análisis posteriores muestran que España fue el único campeón reciente en el que sus empresas turísticas reaccionaron al alza.

La fiebre del fútbol

Hay otro legado menos conocido y sorprendentemente duradero. En Francia, la asistencia a los estadios de la liga creció casi un 20 % el año siguiente al título de 1998 y acumulaba un 46 % tres años después.

España vivió algo parecido tras el Mundial femenino de 2023: las licencias de fútbol femenino aumentaron un 23 % en una sola temporada y hoy superan las 127 000, casi el doble que antes del título. La euforia colectiva se convierte en una afición estable y esa afición en industria.

Este título llega para España en un mejor momento económico que el de 2010, eclipsado por la crisis financiera. Hoy, con una economía que crece por encima de la media europea, el terreno es más fértil para ver mejoras en los ingresos.

Una advertencia de cara a 2030

Distinguir entre ganar y organizar importa porque España será anfitriona del Mundial de 2030. Aquí aparece una paradoja curiosa: organizar apenas renta económicamente, pero sí deportivamente. Jugar en el propio continente mejora la clasificación final en unas tres posiciones y eleva en 12 puntos la probabilidad de llegar a cuartos, y ser anfitrión aumenta la probabilidad de ganar cada partido. Quizá el mejor negocio de 2030 no esté en los estadios ni en los turistas, sino en que la Roja repita título y vuelva a capturar el dividendo del campeón.




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La victoria del domingo es, en definitiva, una buena noticia económica para España: mayor PIB durante unos meses, empresas turísticas más valiosas y una afición que crece. Y todo, sin pagar estadios: solo jugando mejor que nadie.

La pregunta que queda abierta es si en 2030, cuando sí le toque pagar las infraestructuas, España sabrá recordar la lección de 2026: lo que de verdad renta no es organizar el Mundial, sino ganarlo.

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Jorge Martín Magdalena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuánto vale una estrella? Lo que la Copa del Mundo 2026 ganada por la Roja puede aportar a la economía española – https://theconversation.com/cuanto-vale-una-estrella-lo-que-la-copa-del-mundo-2026-ganada-por-la-roja-puede-aportar-a-la-economia-espanola-287934

Gobernar entre escombros: legitimidad ausente y negociación bajo tutela en Venezuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Benigno Alarcón, Director of the Center for Political Studies, Universidad Católica Andrés Bello

Los terremotos del 24 de junio dejaron en Venezuela, según el balance oficial más reciente, 5 119 muertos, 16 740 heridos y 17 907 personas sin vivienda, con 21 470 alojadas en campamentos transitorios.

La catástrofe ha puesto en evidencia la incompetencia de las instituciones del Estado para garantizar la gobernabilidad y la necesidad –ya no teórica sino urgente– de un gobierno legítimo, capaz de reconstruir las instituciones democráticas y cambiar las reglas de juego hacia garantías estables y creíbles.

Esa es la verdadera reconstrucción pendiente: la de los edificios es apenas uno de sus síntomas más dramáticos y visibles.

Estado tutelado

Venezuela enfrenta la peor emergencia humanitaria de su historia reciente gobernada por un Ejecutivo cuyo reloj constitucional ya venció, y que está siendo sostenido por la tutela de Washington y no por un pacto interno verificable.

Delcy Rodríguez ejerce la presidencia encargada desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado, tras una intervención estadounidense en territorio venezolano. El mandato interino, concebido por la Constitución venezolana como un puente de 180 días hacia elecciones, expiró sin convocatoria electoral y sin pronunciamiento de las autoridades venezolanas ni estadounidenses.

La literatura sobre desastres y política ofrece precedentes elocuentes: el terremoto de Managua (Nicaragua) de 1972 erosionó irreversiblemente al somocismo, y el de Ciudad de México de 1985 abrió grietas duraderas en la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los desastres no solo destruyen infraestructura: auditan Estados. Y la auditoría venezolana arroja un déficit doble, de capacidad y de falta de título legítimo para gobernar.

El giro del 14 de julio

En ese contexto se ha producido, en cuestión de horas, el movimiento político más significativo desde enero. La Asamblea Nacional de 2015 –que Washington reconoce como última instancia legislativa surgida de elecciones competitivas– y la Asamblea controlada por el chavismo acaban de anunciar el inicio de una hoja de trabajo conjunta a partir del 1 de agosto para avanzar en la reinstitucionalización democrática del país.

Según Dinorah Figuera, dirigente opositora y presidenta de la IV Legislatura (2016) de la Asamblea Nacional de Venezuela que acaba de volver del exilio, la mesa estará integrada por 20 representantes (diez por cada parte) y abordará la reforma del Consejo Nacional Electoral (CNE), la revisión de las leyes electorales y la independencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Lo revelador no es solo el anuncio, sino la secuencia:

“No tenemos cabeza para estarnos preocupando sobre el TSJ ahorita, nos estamos preocupando es de personas que han sufrido lo indecible (…) Es un irrespeto, es una grosería ponerse a reunir entre políticos para estar decidiendo quién va para el CNE o quién va para el TSJ”.

  • Tres días después, el 14 de julio, anunciaba exactamente lo que había negado antes. Apenas la Asamblea de 2015 publicó su comunicado, el secretario de Estado Marco Rubio lo retuiteó desde la cuenta oficial del Departamento de Estado, a lo que siguió el anuncio del órgano parlamentario presidido por el propio Rodríguez.

Ese mismo día, Michael Kozak, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, presentaba el anuncio ante el Congreso estadounidense como un avance del proceso. La coreografía es inequívoca: las líneas estratégicas del proceso venezolano no se deciden en Caracas sino en Washington.

¿Transición o contención?

La pregunta clave es, ¿esta mesa constituye el primer paso operativo de la fase política (la transición) del plan Trump-Rubio o es solo un dispositivo de contención que permite a Washington bajar la presión electoral y administrar los tiempos? La evidencia puede sostener ambas lecturas.

Un punto a favor de que se está dando el primer paso hacia la transición es que los terremotos no iniciaron la negociación. Figuera regresó del exilio el 18 de junio, invitada expresamente por el Departamento de Estado estadounidense, y ese mismo día quedó designada la mesa paritaria. Los sismos suspendieron el proceso, pero el anuncio del 14 de julio lo relanza.

La catástrofe ha proporcionado el marco discursivo (“la unidad nacional”) que permite a Rodríguez retroceder sin admitir que retrocede. A la vez que muestra la incapacidad del Estado de gestionar el estado de emergencia y eleva el costo de sostener el statu quo para el gobierno estadounidense.

A favor de que solo se está ganando tiempo hay varios factores: que el propio Kozak haya declarado que Washington no quiere elecciones “ni demasiado pronto, ni demasiado lejos”, que cerca del 40 % de los votantes elegibles no está registrado y que no es pertinente votar en medio de un terremoto. Otro, concerniente a María Corina Machado, es que, aunque Estados Unidos “no se opone” a su regreso, tampoco lo va a facilitar mientras dure la emergencia.

Aquí conviene hacer una advertencia: las condiciones técnicas que alega son reales, pero la búsqueda de las elecciones perfectas –todo el registro depurado, toda la diáspora votando– puede convertirse en una excusa para no tener elecciones oportunas. Lo perfecto es enemigo de lo bueno: las democracias no celebran comicios impecables antes de la transición, construyen garantías a través de ellos.

Por qué la balanza se inclina hacia avanzar

Sin embargo, hay una frase del propio Kozak que inclina la balanza hacia el cambio:

“La gente no va a invertir a largo plazo si no hay un gobierno democrático”.

Nadie compromete capital a treinta años sobre la palabra de un gobierno tutelado, ni sobre la garantía de una administración estadounidense que, por definición, es transitoria. El gobierno de Trump puede sostener a Delcy Rodríguez, pero no puede ser el garante de última instancia de las inversiones que la reconstrucción o la recuperación de la producción petrolera exigen: solo instituciones democráticas estables pueden ofrecer los compromisos creíbles que el capital de largo plazo requiere. La contención prolongada se vuelve económicamente insostenible para el propio proyecto de normalización que Washington patrocina.

Los esfuerzos inútiles

Venezuela cuenta con su propio cementerio de diálogos fallidos –2014, Santo Domingo, Oslo, Barbados, México– que compartieron un defecto estructural: ninguna parte externa podía imponer costos verificables al incumplimiento. Esta vez, Estados Unidos controla la arquitectura energética y financiera de la que depende el Gobierno encargado. Ya lo ha demostrado al obligar a dicho Gobierno a rectificar públicamente 72 horas después de haber anunciado que no habría diálogo.

Pero el cumplimiento externo no sustituye la legitimidad interna, y allí reside la debilidad de diseño de la mesa: la comisión que preside Figuera es parte de la negociación, no su órgano mediador, y solo tendrá legitimidad en la medida en que represente los intereses de la oposición mayoritaria, la que encarnan Machado y el mandato popular de 2024.

Una negociación que prescinda de esos intereses no conduce a ninguna parte, como ya demostró cada intento anterior de negociar con oposiciones a la medida.




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No perder la esperanza

El propio calendario electoral estadounidense añade el último incentivo para alentar el cambio. Para la Casa Blanca, presionada por el senador Rick Scott ante una comunidad venezolana en Florida que “está perdiendo la esperanza”, anunciar antes de los comicios de medio término de noviembre un acuerdo sobre el Tribunal Supremo, el Consejo Nacional Electoral y el cronograma electoral venezolano podría ser un activo político de bajo costo. La aritmética lo permite: una mesa instalada el 1 de agosto puede producir un acuerdo anunciable en octubre.

La diferencia entre una transición y una normalización pactada no se medirá en comunicados sino en hitos verificables: la incorporación de la oposición mayoritaria a la mesa, la liberación de los más de 400 presos políticos que el propio Kozak reconoció, el retorno efectivo de los exiliados y un cronograma con fechas.

Los terremotos del 24 de junio han demostrado lo que ninguna teoría podía demostrar mejor: sin instituciones legítimas no hay gobernabilidad. Y sin gobernabilidad no hay estabilidad, recuperación ni reconstrucción posible. La mesa del 1 de agosto dirá si Venezuela camina hacia recuperar ambas, o si aprendió a administrar su ausencia.

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Benigno Alarcón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Gobernar entre escombros: legitimidad ausente y negociación bajo tutela en Venezuela – https://theconversation.com/gobernar-entre-escombros-legitimidad-ausente-y-negociacion-bajo-tutela-en-venezuela-287742

Entre procesiones y verbenas: seguimos aferrados a las fiestas populares, especialmente los jóvenes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicolas Ureña Bautista, Contratado Predoctoral FPU en Sociología, Universidad de Málaga

Personas ataviadas con trajes tradicionales durante la Romería Chica de Garachico (Tenerife, España), celebrada en honor a Santa Ana y San Roque y que en 2026 tiene lugar el 1 de agosto. Ana del Castillo/Shutterstock

La creciente digitalización de la vida, junto a la incorporación de la inteligencia artificial, puede hacernos creer que nuestro mundo se está reduciendo a lo virtual, especialmente entre la población más joven.

Este colectivo identifica las redes sociales como fuente de entretenimiento, pero también como el medio que satisface sus necesidades de socializar. Las redes son mucho más que un escaparate: son también fuente de nuevas relaciones cara a cara y altavoces de convocatoria a la participación en eventos sociales y cívicos del “mundo real”. De hecho, las publicaciones más difundidas son, precisamente, las que registran fiestas y celebraciones, por encima de cualquier otra actividad.

La experiencia y las redes sociales son un binomio. Vivir la celebración y mostrarla son dos gestos casi inseparables. La pregunta, entonces, no es por qué vuelven las fiestas –que, en realidad, nunca se fueron–. La pregunta es por qué seguimos creyendo que habían desaparecido.

Tradición elegida, no heredada

“En España no vas a aburrirte porque hay tantas fiestas populares repartidas durante el año que siempre hay una cita interesante en el calendario”. Así arranca “Fiestas de España”, del Portal Oficial de Turismo de España. La guía abarca 317 recomendaciones de festejos, desde la Navidad y los Reyes Magos, pasando por los Carnavales, las Fallas, la Semana Santa, la Feria de Abril y las Hogueras de San Juan, hasta la Tomatina. Esta información suele conducir a una forma de percibir España y a sus gentes popularizada en su refranero: “Quien ríe y canta, sus males espanta”.

España es un país aferrado a sus festejos, que organizan nuestras identidades, valores y relaciones sociales. Eso explica por qué las fiestas patronales y religiosas siguen movilizando a millones de personas en un país crecientemente secularizado: no se perciben como estrictamente religiosas, sino como un símbolo. De hecho, según datos del CIS el 84,9 % de los españoles piensa que la Navidad es una fiesta de carácter familiar y solo un 36,1 % las percibe con significado religioso.

Ahora cada persona decide con qué rituales vincularse, cómo hacerlo, qué tradiciones merecen su tiempo y cuáles no en cada etapa de su vida. Por ese motivo las fiestas no desaparecen, pero tampoco permanecen intactas: se reinventan continuamente manteniendo su función ritual pero con otro significado.

Mezcla de religiosidad y tradición popular en verano

En julio España celebra fiestas que combinan religiosidad, historia y tradición popular. Entre ellas los sanfermines, que marcan nueve días de encierros, devoción al santo y vida callejera en los que visitantes y vecinos visten atuendo blanco y pañuelo rojo.

También en julio, la aldea gallega de Sabucedo acoge la rapa das bestas, donde se bajan los caballos salvajes de los montes para cortarles las crines. Es un ritual que simboliza el vínculo histórico entre la comunidad y su territorio.

Mientras que a finales de julio, las fiestas de moros y cristianos de localidades alicantinas recuerdan año tras año las disputas medievales por el territorio mediante desfiles y batallas teatralizadas. Y a lo largo de agosto, las ferias y fiestas populares se suceden en decenas de pueblos y ciudades españolas sin apenas descanso.

Nuevos tiempos, nuevas maneras de vivirlos

Los datos de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024–2025 del Ministerio de Cultura permiten matizar bastante la idea de que la juventud vive de espaldas a lo presencial. Es más, las nuevas generaciones presentan las tasas más altas de participación cultural en prácticamente todos los ámbitos.

En especial, destacan en la asistencia a espectáculos en directo. Entre quienes asisten al teatro, los jóvenes de los 15 a los 19 años ocupan un 28,7 %. También tienen un peso importante en los conciertos de música actual, sobre todo en festivales y macrofestivales.

La danza, el flamenco y el baile español son la opción elegida por un 15,1 % de los jóvenes que asisten a espectáculos, mientras un 6,7 % se decanta por la danza folklórica. Además, el 35,7 % de la población joven asistió, en los dos últimos años, a manifestaciones de cultura tradicional o patrimonio inmaterial como carnavales y fiestas de pueblo.

Procesiones, peregrinaciones y romerías

En cuanto a las procesiones de Semana Santa, el 37 % de la población española en general ha asistido ocasionalmente, frente a un 20 % que lo hace con normalidad. Entre quienes las frecuentan, algo más del 30 % lo hace por motivos religiosos, el 21,5 % por tradición y cerca del 20 % para participar en una celebración popular.

Un patrón similar aparece en el Camino de Santiago: las estadísticas de la Oficina del Peregrino muestran que en 2025 el 43 % de los peregrinos eran españoles. De ellos, solo la mitad hizo el camino por motivos religiosos.

Otros eventos de carácter religioso que aglutinan a multitudes más allá de sus creencias son las fiestas del Corpus y las romerías, siendo entre ellas la del Rocio, en Huelva, una de las más célebres.

Las fiestas en España no han perdido vigencia. Ya no son solo tradiciones heredadas, sino una elección adaptada a nuevas sensibilidades y maneras de vincularse. Jóvenes y adultos siguen llenando plazas, procesiones, conciertos y ferias porque la presencialidad no ha desaparecido.

The Conversation

Nicolas Ureña Bautista es contratado Predoctoral de la Universidad de Málaga y participa en proyectos de investigación de concurrencia competitiva. Declara que no posee vinculación contractual con compañías u organización que pueda obtener beneficio de este artículo.

Felix Requena Santos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Entre procesiones y verbenas: seguimos aferrados a las fiestas populares, especialmente los jóvenes – https://theconversation.com/entre-procesiones-y-verbenas-seguimos-aferrados-a-las-fiestas-populares-especialmente-los-jovenes-282821

¿Y si el deporte fuera un arte? Lo que la neuroeducación nos enseña sobre aprender con el cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Bueno i Torrens, Profesor e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo. Director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, Universitat de Barcelona

Matimix/Shutterstock

Antes de hablar, nos movemos. Antes de razonar, exploramos. Antes de conocer el mundo, lo tocamos, lo recorremos y lo habitamos con el cuerpo. ¿Por qué, entonces, pensamos casi siempre en el aprendizaje como algo que sucede en la cabeza exclusivamente? Aprender consiste ciertamente en escuchar, leer, memorizar y razonar, actividades cognitivas que realizamos con el cerebro. Sin embargo, la neurociencia nos ofrece una visión mucho más amplia del aprendizaje.

El conocimiento no surge únicamente del cerebro, sino de la interacción constante entre el cerebro, el cuerpo y el entorno. El movimiento no acompaña al aprendizaje, forma parte de él. Antes de convertirse en conceptos abstractos, muchos conocimientos son experiencias corporales.

Aprendemos la distancia caminándola, el peso levantándolo, la velocidad desplazándonos y el espacio habitándolo. El cerebro no construye estas nociones en aislamiento; las elabora a partir de la información que proporcionan el cuerpo en movimiento y el entorno con el que interactuamos.

Interacción cuerpo, entorno y cerebro

Pensemos, por ejemplo, en un niño pequeño que aprende qué significa “subir”. No adquiere este concepto porque alguien se lo explique. Lo construye al intentar subir un escalón, al sentir el esfuerzo de las piernas, al perder y recuperar el equilibrio, al percibir cómo cambia su perspectiva del entorno y al comprobar las posibilidades que le ofrece esa nueva posición.

El cerebro procesa la información, pero el conocimiento surge de la interacción entre la actividad neural, las acciones del cuerpo y las características del entorno. El concepto de “subir” no se aprende solo con la mente: se aprende moviéndose en el mundo.




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Esta idea invita a replantear nuestra manera de entender la actividad física. El deporte y la psicomotricidad no son solo una herramienta para mejorar la salud o la condición física. También son una forma de conocimiento, de creatividad y de construcción personal.

El cuerpo: nuestro primer lenguaje

Mucho antes de pronunciar una palabra, los bebés ya se comunican mediante movimientos. Sonríen, se agitan, extienden los brazos o se encogen cuando sienten miedo. A través de estas acciones comienzan a explorar el mundo y a construir las bases de su pensamiento.

La neuroeducación ha demostrado que el cerebro aprende en diálogo permanente con el cuerpo. Las emociones, la atención, la memoria y la creatividad se activan con mayor intensidad cuando se vinculan a experiencias corporales significativas. Cada salto, carrera, giro o equilibrio deja una huella física en la arquitectura cerebral gracias a los mecanismos de neuroplasticidad, la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse a partir de la experiencia. Desde esta perspectiva, moverse es una forma de pensar.




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Por ejemplo, cuando los alumnos aprenden las tablas de multiplicar acompañando cada resultado con una secuencia de palmas, pasos o movimientos corporales, no solo utilizan los circuitos cognitivos relacionados con el cálculo. También involucran sistemas motores y sensoriales que enriquecen la experiencia de aprendizaje. La asociación entre movimiento y contenido crea más rutas neuronales para recuperar posteriormente la información, facilitando la memorización y el recuerdo.

Del mismo modo, por citar otro ejemplo, un alumno puede comprender mejor el sistema solar si representa físicamente el movimiento de los planetas alrededor del Sol. Al caminar describiendo órbitas, variar velocidades o experimentar las distancias entre cuerpos celestes, transforma una explicación abstracta en una experiencia vivida, favoreciendo una comprensión más profunda y duradera.

Cuando el deporte se convierte en arte

Estamos acostumbrados a asociar el arte con la música, la pintura, la literatura o la danza. Pero el deporte comparte con todas ellas los mismos elementos esenciales que las cartacterizan: creatividad, expresión, interpretación y búsqueda de significado.

Un o una gimnasta que dibuja formas en el aire, un patinador o una patinadora que transforma el hielo en una narración o un o una futbolista que encuentra un espacio imposible entre varios rivales no están ejecutando únicamente movimientos eficientes. También están creando. El cuerpo se convierte en un lenguaje capaz de comunicar emociones, ideas y valores.




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La neurociencia ayuda a comprender esta dimensión artística. Durante la práctica deportiva se activan simultáneamente áreas cerebrales relacionadas con la percepción, la planificación, la toma de decisiones, la regulación emocional y la imaginación. [El cerebro actúa como un compositor que organiza movimientos complejos en secuencias armónicas y adaptadas al contexto](https://es.wikipedia.org/wiki/Flujo_(psicolog%C3%ADa). No se trata de una metáfora: el deporte puede ser una auténtica obra de creación corporal.

La creatividad también se entrena moviéndose

Existe una tendencia a pensar que la creatividad pertenece exclusivamente a las disciplinas artísticas. Sin embargo, crear consiste fundamentalmente en combinar ideas, encontrar soluciones nuevas y adaptarse a situaciones cambiantes. Y eso ocurre continuamente en el juego y en el deporte.

Cuando una persona juega, anticipa escenarios, improvisa respuestas y modifica estrategias de acuerdo con las circunstancias. Estas acciones estimulan la interacción entre regiones cerebrales vinculadas con las funciones ejecutivas, la flexibilidad cognitiva y la imaginación. Cuantas más conexiones se establecen entre distintas áreas del cerebro, mayores son las posibilidades de pensamiento creativo.

Por eso los entornos educativos que incorporan movimiento, juego y exploración corporal pueden favorecer no solo el desarrollo físico, sino también la innovación, la capacidad de resolver problemas y la adaptación a la incertidumbre.

Matemáticas e historia ‘corporales’

En educación primaria, esto puede traducirse por ejemplo en actividades en las que los alumnos representan con su cuerpo conceptos matemáticos, reconstruyen escenas históricas, exploran fenómenos científicos mediante juegos de simulación o trabajan el vocabulario desplazándose por distintos espacios del aula.

En educación secundaria, por citar otro ejemplo, el movimiento puede incorporarse a través de dinámicas de debate en las que los estudiantes cambian de posición según sus argumentos, representaciones de modelos científicos, actividades de aprendizaje basado en proyectos que exigen experimentar y manipular materiales, o recorridos de observación y recogida de datos dentro y fuera del centro.

No se trata de que los alumnos se muevan más mientras aprenden, sino de que aprendan también a través del movimiento. Cuando el cuerpo participa en la construcción del conocimiento, el aprendizaje se vuelve más significativo, más creativo y más fácil de transferir a situaciones nuevas. En todos estos casos, el cuerpo deja de ser un mero soporte para la mente y se convierte en una herramienta activa para comprender, crear y tomar decisiones.

Aprender quiénes somos

Pero es que, además, el valor educativo del movimiento va mucho más allá del rendimiento cognitivo. La actividad física ofrece una oportunidad excepcional para el autoconocimiento. Aprender a identificar la respiración acelerada, el cansancio, la tensión muscular o la relajación ayuda también a reconocer emociones como la alegría, la frustración, el miedo o la calma.

La neurociencia ha mostrado que algunas de las estructuras cerebrales involucradas en la percepción de las señales corporales participan igualmente en la regulación emocional. Por eso educar el cuerpo contribuye también a educar las emociones. La red neuronal que gestiona el equilibrio físico es la misma que gestiona el equilibrio emocional. Entrenar el equilibrio físico del cuerpo desde la primera infancia favorece el posterior equilibrio emocional.

Esta dimensión resulta especialmente relevante durante la adolescencia, una etapa marcada por profundos cambios físicos, emocionales y sociales. Un deporte orientado al crecimiento personal y no exclusivamente al resultado competitivo puede fortalecer la autoestima, favorecer una identidad positiva y enseñar a convivir con el error, el esfuerzo y la superación.

Educar al ser humano al completo

Tal vez el principal mensaje de la neuroeducación en este campo sea que la tradicional separación entre cuerpo y mente resulta artificial. Aprendemos con todo nuestro organismo. Pensamos sintiendo y sentimos pensando. El movimiento puede mejorar la memoria, la atención o la creatividad, pero también puede enseñarnos a cooperar, a perseverar, a conocernos mejor y a encontrar sentido en lo que hacemos.

Por eso el deporte, entendido como arte del movimiento, deja de ser una actividad complementaria para convertirse en una herramienta educativa de primer orden. En una época marcada por el sedentarismo y la hiperconexión digital, quizá una de las decisiones más innovadoras que puede tomar la escuela sea también una de las más antiguas: permitir que los niños, las niñas y los adolescentes aprendan también moviéndose, a través del deporte, el juego y la psicomotricidad. Porque, después de todo, el movimiento es nuestro primer lenguaje.

The Conversation

David Bueno i Torrens no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si el deporte fuera un arte? Lo que la neuroeducación nos enseña sobre aprender con el cuerpo – https://theconversation.com/y-si-el-deporte-fuera-un-arte-lo-que-la-neuroeducacion-nos-ensena-sobre-aprender-con-el-cuerpo-286612