La selección: la corrupción ya es más viral que la Casita de Bad Bunny

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

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Resulta curioso darse cuenta de cómo, a pesar de que los años pasan y pasan, hay cosas que permanecen como si los días no hicieran mella en ellas. Corría enero de 2020 cuando decidimos titular un artículo de la sección de Política de The Conversation como sigue: “‘Lobbies’, buen gobierno y buena administración: un reto para nuestra democracia”. Lo firmaba el catedrático de Derecho Administrativo de la Universitat de Barcelona Julio Ponce Solé.

Pues bien, han pasado seis años ya y perfectamente podríamos volver a titular un artículo usando las mismas palabras y en ese orden exacto. Muchas cosas siguen como entonces.

Es como si el tiempo no hubiera pasado o, lo que es peor, como si no hubiéramos aprendido de los errores y siguiésemos una y otra vez dando vueltas sobre las mismas tentaciones que ablandan la piel de la política.

Y luego que si los ciudadanos desconfiamos de todo. Desde 1996 el barómetro del CIS nos lo recuerda “erre que erre”: los españoles desconfiamos de la política y de las instituciones. Que ya lo decía la filósofa Victoria Camps –una de las grandes defensoras de la ética como una guía para la vida democrática– en una entrevista que mantuvimos con ella: “Confiamos poco en las instituciones porque no cumplen las expectativas que ponemos en ellas”.

¿Qué está pasando en España últimamente, que los casos de corrupción ocupan (casi) más espacio en las noticias que la Casita de Bad Bunny? Que si Koldo, que si Santos Cerdán, Ábalos, Leire Díez, Gürtel, Kitchen, Montoro…

Cuando hace unas semanas el caso Zapatero explotó en las manos de los medios de comunicación, rápidamente nos pusimos a trabajar en la búsqueda de un experto que nos desmenuzara el asunto y nos explicara de qué iba todo aquello. Juan José Rastrollo Suárez, catedrático de Derecho Administrativo de Universidad de Salamanca, nos dio muchas respuestas en su artículo. Las preguntas formuladas fueron: ¿qué es realmente un lobby (y por qué no es necesariamente algo negativo)?, ¿por qué España sigue sin regular adecuadamente la influencia política? y ¿se desactivarían sospechas con una legislación clara? Si se lo perdieron entonces no lo hagan hoy.

Porque sí, falta en España un marco claro y homogéneo sobre lobbies, transparencia e influencia institucional. Y otra de las cosas que falta es paciencia. Por ejemplo, aún no se ha juzgado al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. No queda más que esperar, porque no es lo mismo ser culpable que ser presuntamente culpable

Quizá por eso el problema no sea únicamente la corrupción, sino la normalización de la sospecha. Como explicaba Consuelo Martínez-Priego, profesora y codirectora del Centre for Character and Human Growth, Universidad Villanueva, cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de igual manera para todos, la desconfianza deja de ser una reacción puntual para convertirse en una actitud permanente. Y una democracia en la que los ciudadanos sospechan sistemáticamente de quienes los representan es una democracia que funciona peor.

La paradoja es que sabemos bastante bien qué habría que hacer. El profesor Alejandro Hortal Sánchez recordaba que las estrategias basadas exclusivamente en el castigo son insuficientes. La evidencia internacional muestra que la corrupción se combate también mediante prevención, transparencia, controles eficaces y una cultura institucional que dificulte los comportamientos indebidos antes de que se produzcan.

Sin embargo, seguimos instalados en un curioso ritual nacional. Nos escandalizamos cuando aparece un nuevo caso, reclamamos reformas urgentes, prometemos regeneración democrática y, pasado un tiempo, volvemos exactamente al mismo punto de partida. Algo parecido a ese propósito de apuntarse al gimnasio cada enero: la intención es sincera, pero la constancia suele ser más esquiva.

Fernando Jiménez Sánchez, catedrático de Ciencia política de la Universidad de Murcia, recordaba además que las democracias con mayores niveles de confianza institucional no son necesariamente aquellas donde existen menos investigaciones o menos controles, sino aquellas donde la responsabilidad política forma parte de la cultura democrática. Allí, dimitir ante una situación comprometida no siempre se interpreta como una admisión de culpabilidad, sino como una forma de proteger la credibilidad de la institución.

Quizá la cuestión de fondo sea esa. No si habrá un nuevo escándalo dentro de unos meses –porque probablemente lo habrá–, sino si seguiremos reaccionando de la misma manera.

Seis años después de aquel artículo sobre lobbies, buen gobierno y buena administración, las preguntas siguen siendo prácticamente las mismas. Lo preocupante no es que aún no tengamos todas las respuestas. Lo preocupante es que seguimos discutiendo los mismos problemas como si acabáramos de descubrirlos.

The Conversation

ref. La selección: la corrupción ya es más viral que la Casita de Bad Bunny – https://theconversation.com/la-seleccion-la-corrupcion-ya-es-mas-viral-que-la-casita-de-bad-bunny-284634

Suplemento cultural: el arte en la ciudad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Agnès Varda y JR en un fotograma de _Caras y lugares_. arte France Cinéma

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Una de las cosas que más me gustan de este trabajo es poder aprender cada día algo nuevo de las disciplinas que más me interesan.

Editar este artículo de Juan Manuel Ros García me llevó a revisitar el documental Caras y lugares, de Agnès Varda y JR, una película que les recomiendo por lo bonita, tierna y sencilla que es. En ella hacen una defensa del arte, del arte urbano para más señas, como forma de conexión con diferentes ciudadanos franceses. A través de la creación de carteles gigantes en los que se destacan los rostros de la gente normal, consiguen que estas personas sean vistas con la importancia y el honor que merecen.

Cuando el grupo de investigación AUPART comenzó su proyecto, buscaban averiguar –y medir– si el arte urbano puede –y debe– entenderse como un vínculo entre la pieza y quienes viven en el espacio en el que se localiza dicha pieza. Es decir, ¿tiene sentido que en un mural, una estatua o una intervención pública se plantee, además de su belleza estética, si hace que el día a día de quienes van a interactuar con él sea mejor? Es cierto que colocar algo bonito, simplemente por ser bonito, no hace daño a nadie. Pero, como dice Ros García, es una oportunidad perdida de poder ser algo más.

Viene el papa

El papa está en España. Si me leen desde Madrid, Barcelona o Canarias se habrán dado cuenta de ello sin que se lo tenga que decir. Es la primera visita de León XIV al país, y la primera de un sumo pontífice desde Benedicto XVI. A muchos de nosotros nos parece habitual el jaleo que se monta cada vez que el papa sale del Vaticano: nos hemos criado con viajes del cabeza de la Iglesia alrededor del mundo, saludando entre las muchedumbres.

Pero Anna Peirats aclara que no siempre fue así. Durante siglos la costumbre era la opuesta: los fieles peregrinaban a ver al Santo Padre hasta Roma, hasta la tumba de san Pedro. Y él no se movía de allí.

Qué escuchamos en una voz

El otro día volví a ver Philadelphia. Al inicio, cuando sale una chica ayudando al personaje de Tom Hanks a maquillarse las lesiones que tiene en la cara provocadas por el sida, pegué un grito. Era Chandra Wilson, la doctora Bailey en Anatomía de Grey –que sigo religiosamente desde hace décadas–. Lo que más me impresionó no fue su aspecto joven (han pasado más de 30 años), sino su voz. Qué aguda y juvenil era en 1994 y, sobre todo, qué diferente a la voz ronca que conozco de la serie de televisión.

De eso habla Clara Macarena Ponce Romero en su artículo, al hilo del escándalo que se ha montado sobre la voz de Amaia Montero en la nueva gira de La oreja de Van Gogh que celebra su vuelta al grupo y 30 años desde que la banda nació. Porque no solo las voces cambian a lo largo del tiempo y la vida, sino que muchas veces eso sucede a pesar de las expectativas que sus seguidores tienen, basadas en lo que recuerdan de aquellas voces. Es decir, si los fans de hoy acuden a los conciertos, ¿van para escucharla en 2026 o en realidad quieren recuperar lo que escuchaban en 1996?

Y también al hilo de los conciertos y, sobre todo, de la gira de Rosalía, Rubén Picó Vila explica cómo funciona la acústica en las salas de conciertos y estadios y la diferencia con lo que sucede en los teatros de la ópera. De repente empiezo a reconciliarme con algunos cantantes cuyas actuaciones en directo me parecieron decepcionantes pero que, al fin y al cabo, dependían también del lugar en el que estaban.

Más allá de Persépolis

Ha fallecido Marjane Satrapi, la inolvidable autora de Persépolis. Como escribía alguien en Bluesky, “no es solo Persépolis pero sí, es Persépolis”. Porque esa novela gráfica y su posterior adaptación cinematográfica fueron esenciales para que gran parte de Occidente entendiese la vida en Irán bajo el régimen de los ayatolás.

Aunque, efectivamente, había Satrapi más allá de ese libro. Por eso, cuando en 2024 los Premios Princesa de Asturias le concedieron el galardón en la categoría de Comunicación y Humanidades, le preguntamos a Elena Pérez Elena, experta en el cómic iraní en la diáspora, por qué este sí y no el de Artes. Y ella nos remitió al acta del jurado: “una voz esencial de los derechos humanos y de la libertad”.

Francisco de Vitoria, hace cinco siglos y ahora

Hablando de derechos humanos, viajemos cinco siglos atrás, hasta Castilla, hasta las enseñanzas de Francisco de Vitoria, fundador de la Escuela de Salamanca.
Como destaca David Jiménez Castaño, Vitoria es reconocido como uno de los precursores de los derechos humanos y las relaciones internacionales, y sin ánimo de hacer presentismo, es útil releer sus teorías y utilizarlas como base para saber si las actitudes y amenazas geopolíticas de hoy en día se sostendrían éticamente según sus postulados.

Pero también es interesante, como defiende Izaskun Álvarez Cuartero, analizar cómo se utilizaron esas teorías en su momento para justificar la presencia española en América.

Jiménez Castaño y Álvarez Cuartero celebran los 500 años de la Escuela de Salamanca dándonos información para que nosotros hagamos lo que los pensadores animaban a hacer en su momento: formarnos un criterio propio.

El presente y el futuro

El Estado de Israel sigue invadiendo el Líbano sin que se le ponga freno. El fin de semana pasado rebasó la línea que él mismo se había autoimpuesto, hasta el punto de tomar el castillo de Beaufort. Hoy nos detenemos en la historia de este enclave, compleja y muchas veces violenta, igual que el ahora.

No obstante, nos rodean mensajes que nos animan a no perder la esperanza. Es lo último que debemos dejar atrás, dicen. Pero… ¿agarrarnos a determinadas esperanzas puede ser contraproducente? ¿Tal vez confiar en un futuro mejor evita que protestemos contra este presente?

The Conversation

ref. Suplemento cultural: el arte en la ciudad – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-arte-en-la-ciudad-284566

La conversación docente: El acceso a la universidad, ¿prueba de madurez o desafío memorístico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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“Efecto retroactivo de la evaluación”: así se llama científicamente a la influencia que tiene el tipo de prueba a la que se enfrentará un aprendiz en la manera que estudiará y aprenderá una materia. Incluso, en la manera en que se enseñará.

Un ejemplo claro es la relación entre la prueba de acceso a la universidad (PAU) y los dos años previos de secundaria, el Bachillerato. Docentes y estudiantes saben que, independientemente de lo que se haga y se evalúe en clase (incluso pese a que representa el 60 % de la nota final para entrar en la universidad), la PAU es el objetivo, ese destino final para sus alumnos y alumnas, y saben también que muchos necesitan sacar la nota más alta posible para acceder al grado que quieran estudiar. Por lo tanto, si la PAU es un examen memorístico (por ejemplo, en Lengua y Literatura o en Historia), si lo que quieren es dar a sus estudiantes las máximas oportunidades, les prepararán para este tipo de prueba.

No pasa solo en la PAU. Imaginemos que un docente de sexto de primaria sabe que al final del curso sus alumnos realizarán una prueba de rendimiento en Lengua y Literatura de ámbito nacional, o autonómico, cuyos resultados formarán parte de un ránking de escuelas. ¿Seguirá a pies juntillas el currículum, se preocupará de introducir métodos de aprendizaje novedosos o de proponer actividades creativas para que los estudiantes disfruten de la asignatura, o se centrará en las preguntas que esta prueba plantea y tratará de prepararlos específicamente para ella, de manera que la escuela resulte bien situada en el ránking final?

Cada docente tendrá una respuesta para esta pregunta. En cualquier caso, dado que la ley educativa española propone que en secundaria (tanto en la parte obligatoria, la ESO, como en la parte de Bachillerato como cursos preparatorios para la universidad) se implanten métodos de enseñanza activos y se evalúen muchas más cosas que la reproducción exacta de lo dicho en clase o en los libros, lo lógico sería que la prueba de acceso a la universidad tuviera también este planteamiento competencial. ¿Lo tiene?

Lucía Sánchez-Taragaza y Joan Albert Gimeno Rovira de la Universitat Jaume I han investigado qué exámenes de la PAU y qué materias están hechas para evaluar habilidades críticas, de síntesis, de integración de conocimientos, y en cuáles tiene más peso el contenido aprendido de memoria. Sus conclusiones son muy interesantes, pues efectivamente la prueba de acceso a la universidad todavía es bastante memorística, lo cual hace que las clases de Bachillerato tiendan a adoptar este enfoque. Aunque, como ellos explican, no tendría por qué ser así.

Los cambios en la PAU comenzaron a implantarse el año pasado, y es lógico que no sean drásticos ni se perciban de la noche a la mañana. Hay otras cuestiones que los expertos se plantean sobre esta prueba, como su grado de equidad entre comunidades autónomas o la mejor manera de prepararse para controlar la ansiedad que provoca entre los estudiantes (y a menudo sus familias).

Ellos y ellas, por cierto, ya no estudian como antes. Si alguna vez al abrir la puerta del dormitorio de un adolescente que supuestamente estaba estudiando se lo ha encontrado mandando un mensaje de audio al grupo de clase, piénselo dos veces antes de echarle una bronca. Puede estar, efectivamente, estudiando. Laia Lluch de la UOC ha investigado el papel de la hiperconexión digital tiene en la preparación de exámenes y ha llegado a conclusiones interesantes.

Esta quincena hemos hablado también de altas capacidades, de cómo detectarlas, de qué hacer en el aula para enseñar mejor a los niños y niñas que las tienen, pero también de cómo no deberíamos pensar ellas como una ventaja competitiva; de cómo apreciar e incluir la lengua de origen de los estudiantes inmigrantes en sus institutos y colegios (con libros en la biblioteca, con presentaciones o ejemplos en el aula, simplemente aceptando que la usen y mostrando interés y curiosidad) puede influir en su rendimiento escolar; de por qué todos los docentes deberían entender cómo se desarrolla y funciona el cerebro; de lenguaje adolescente en redes y cómo afecta a la expresión escrita y la comprensión lectora en la escuela; y de cómo el origami (o lo que en otras épocas conocimos como papiroflexia) puede ser un aliado fantástico para una comprensión más profunda de las matemáticas.

The Conversation

ref. La conversación docente: El acceso a la universidad, ¿prueba de madurez o desafío memorístico? – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-el-acceso-a-la-universidad-prueba-de-madurez-o-desafio-memoristico-284658

Por qué los eclipses nos fascinan: lo que ocurre en el cerebro cuando miramos al cielo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

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¿Alguna vez se ha sentido hechizado por algo? Si atendemos al origen de la palabra, es posible que la respuesta sea sí. “Fascinación” proviene del latín fascinare, que significa embrujar o encantar. Y describe bien esa sensación en la que algo capta nuestra atención de forma casi irresistible, como si no pudiéramos controlarlo.

Los eclipses son un ejemplo especialmente claro. A lo largo de la historia han despertado una mezcla de asombro, inquietud y curiosidad difícil de ignorar. Aunque es complicado saber con certeza qué pensaban nuestros antepasados, existen indicios de que observaban el cielo de forma sistemática desde tiempos muy antiguos. Un ejemplo son los petroglifos de Loughcrew, en Irlanda, datados en torno al 3340 a. e. c., donde algunos investigadores han propuesto posibles representaciones de un eclipse solar.

En muchas culturas antiguas no se interpretaban como eventos naturales, sino como señales de desequilibrio cósmico, presagios enviados por los dioses. Mientras que en la tradición china, por ejemplo, se pensaba que un dragón devoraba el Sol, algunas culturas americanas los atribuían a jaguares u otras criaturas. Estas interpretaciones, a menudo asociadas al miedo, impulsaron la necesidad de anticipar cuándo ocurrirían. Y esa necesidad tuvo consecuencias profundas: favoreció la observación sistemática del cielo y el registro de patrones, semillas de lo que con el tiempo se convertiría en la astronomía y las matemáticas.

Hoy sabemos exactamente en qué consiste un eclipse, pero ¿por qué nos sigue fascinando? La respuesta, una vez más, está en el sistema nervioso.

Cuando millones de personas se reúnen para observarlo, no solo están mirando al cielo, también están activando algunos de los circuitos más profundos y antiguos del cerebro humano: la fascinación. Esa mezcla de curiosidad, sorpresa y emoción no es un capricho cultural, sino un fenómeno biológico con bases bien estudiadas.

Olvidarse de uno mismo: la red neuronal por defecto

Uno de los modelos neurobiológicos más aceptados describe la fascinación como una respuesta a una “brecha de información”: percibimos que hay algo relevante que desconocemos, y eso genera una especie de tensión cognitiva que queremos resolver. Este marco teórico, propuesto por el psicólogo George Loewenstein y respaldado por estudios neurocientíficos posteriores, sugiere que la búsqueda de conocimiento actúa como un potente motor interno.

Un eclipse encaja perfectamente en este mecanismo. Sabemos lo suficiente como para anticiparlo, pero su rareza, complejidad y espectacularidad generan incertidumbre. Es difícil no mirar.

Cuando algo nos fascina, como el momento en que la Luna comienza a tapar al Sol, se activan regiones como la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, implicadas en detectar lo inesperado y dirigir nuestra atención hacia ello.

En paralelo, disminuye la actividad de la llamada red neuronal por defecto, asociada a procesos autorreferenciales como la rumiación o el pensamiento centrado en uno mismo. Este cambio de equilibrio cerebral ayuda a explicar una sensación común durante experiencias intensas: la de “olvidarse de uno mismo” y centrarse completamente en lo que está ocurriendo.

Un sistema que recompensa por aprender

A medida que el eclipse avanza, entra en juego otro mecanismo clave: el sistema de recompensa del cerebro. Regiones como el estriado y el núcleo accumbens liberan dopamina, un neurotransmisor fundamental en la motivación y el placer. Aquí ocurre algo interesante: el cerebro no solo responde a recompensas materiales, sino también a la información. En otras palabras, aprender o resolver una incógnita resulta intrínsecamente gratificante.

La fascinación, además, no termina en la emoción del momento. Durante estados de alta curiosidad, el hipocampo, una estructura esencial para la memoria, se activa en coordinación con el sistema dopaminérgico. Diversos estudios han demostrado que esto mejora la consolidación de la memoria: pasado el tiempo, recordamos con claridad dónde estábamos cuando vimos el eclipse. El cerebro marca ese momento como relevante.

Estas experiencias intensas también pueden ir acompañadas de respuestas fisiológicas, como escalofríos o piel de gallina, fruto de la interacción entre el sistema emocional y el nervioso autónomo; los mismos mecanismos que se activan cuando escuchamos música o contemplamos una obra de arte.

Al final, todo esto forma parte de un mismo proceso: la incertidumbre despierta la curiosidad; la resolución activa el sistema de recompensa; y todo ello refuerza la memoria. Un eclipse, en este sentido, no es solo un fenómeno astronómico, sino un estímulo especialmente eficaz para activar estos circuitos.

¿Se puede no “sentir nada”?

Ahora bien, no todo el mundo experimenta esta fascinación con la misma intensidad. Los estudios basados en neuroimagen indican que algunas personas, por su organización cerebral, son menos propensas a este tipo de experiencias.

Bajo determinadas condiciones como la depresión o la enfermedad de Parkinson, donde la sensibilidad a la recompensa suele ser menor, la capacidad de experimentar interés o asombro puede verse atenuada. Esto podría relacionarse con disfunciones en los circuitos de recompensa (estriado) y en la integración emocional (núcleo accumbens).

De hecho, las personas con alta necesidad de cierre cognitivo (preferencia por respuestas definitivas y aversión a la ambigüedad) experimentan menos asombro. Un eclipse, con su carácter efímero e impredecible, podría generar más incomodidad que fascinación en estas personas.

Lejos de ser un simple lujo emocional, la fascinación, como desencadenante de la curiosidad, puede entenderse como un mecanismo adaptativo que nos empuja a explorar, aprender y comprender el entorno. Desde esta perspectiva, un eclipse no es solo un espectáculo visual, sino un estímulo que activa un sistema diseñado para convertir la sorpresa en conocimiento.


Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


The Conversation

José A. Morales García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué los eclipses nos fascinan: lo que ocurre en el cerebro cuando miramos al cielo – https://theconversation.com/por-que-los-eclipses-nos-fascinan-lo-que-ocurre-en-el-cerebro-cuando-miramos-al-cielo-283402

Timothy Garton Ash: demasiado pronto para descifrar la Historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago de Navascués Martínez, Profesor ayudante doctor de Historia Contemporánea, Universidad de Navarra

Timothy Garton Ash durante la entrega del Premio Theodor Heuss 2017 en Alemania. Susanne Kern/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En 1978, un joven estudiante británico llegó a Berlín para investigar la resistencia alemana al nazismo. Su nombre era Timothy Garton Ash y pronto descubrió que el presente le interesaba más que el pasado: la República Democrática Alemana que tenía delante, con su aparato de vigilancia y su sociedad organizada sobre la mentira, era más urgente que cualquier archivo histórico. No tardó en convertirse en objeto de atención de la Stasi, que le abrió un expediente y reclutó informadores de su entorno.

Años después, cuando pudo leer esa documentación, fue a buscar a los informadores, los entrevistó y escribió El expediente, uno de los retratos más lúcidos que existen sobre lo que significaba vivir en una sociedad donde la mentira lo impregnaba todo, incluidas las relaciones más íntimas.

Este libro establece las credenciales de Garton Ash como ningún otro. El historiador, recientemente galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2026, vivió el comunismo en sus propias carnes, lo sufrió en pequeña medida, y lo entendió desde dentro. Esa posición es la materia prima de toda su obra y explica por qué sus libros tienen una textura que los distingue de la historiografía académica convencional.

Historia del presente

La mejor prueba es La linterna mágica, relato de las revoluciones del 89 en Varsovia, Budapest, Berlín y Praga.

Portada de La linterna mágica, de Timothy Garton Ash

Penguin Libros

En noviembre de 1989, mientras la revolución checoslovaca se desplegaba en las calles de Praga, Garton Ash estaba en los bastidores del Teatro de la Linterna Mágica, sede improvisada del Foro Cívico, el grupo opositor al comunismo.

Allí vio a Václav Havel, disidente checoslovaco, líder de Foro Cívico, posteriormente, presidente de Checoslovaquia y también el primer presidente de la República Checa. Havel se movía con un andar apresurado y característico por el vestíbulo, con el cuerpo ligeramente encorvado y los brazos agitándose, vestido con vaqueros y jersey. Se detenía un instante, comenzaba a explicar alguna “negociación importante”, y en tres frases era arrastrado de nuevo por la vorágine. Se iba con una sonrisa de disculpa por encima del hombro, como diciendo: ¿qué le vamos a hacer? En el escenario, las funciones continuaban. Detrás, la historia cambiaba de acto: la revolución, como el teatro, era el único espacio donde había sido posible decir algunas verdades durante décadas.

A este talento para estar en el lugar preciso en el momento preciso se añade una prosa de rara claridad. Garton Ash se define como practicante de la “historia del presente”, una disciplina que exige tanto el rigor del historiador como la inmediatez del reportero. Sus libros mezclan erudición y autobiografía en una proporción que raramente falla, y que alcanza su mayor ambición en Europa. Una historia personal, un recorrido por casi ochenta años de historia del continente.

Despertar del sueño

Pero una lectura de conjunto deja una pregunta abierta. En una edición ampliada de La linterna mágica, Garton Ash añade un capítulo en el que constata una paradoja que no termina de resolver.

Portada de Europa, una historia personal, de Timothy Garton Ash.

Penguin libros

En 1989, el lema de las revoluciones era “el regreso a Europa.” Los europeos del Este soñaban con Europa como sinónimo de todas las cosas buenas: prosperidad, libertad, democracia, civilización. Pero según menciona el historiador en su libro, los problemas –se entiende que a partir del siglo XXI– no tardaron en llegar, “puesto que, inevitablemente, la realidad no estaba a la altura del sueño”.

Joachim Gauck, antiguo pastor protestante de la RDA que llegó a ser presidente de la Alemania unificada, lo resumió con ironía: “Soñábamos con el paraíso y despertamos en Renania del Norte-Westfalia”. Para acceder a Europa había que cumplir con las normas relativas a la economía, el sistema jurídico, el trato a las minorías, la regulación de los medios de comunicación, el control de las fuerzas armadas, el etiquetado de los alimentos… Es decir, algo mucho más prosaico.

Garton Ash se hace una pregunta clave: “¿Y hacia dónde vamos ahora? ¿Cuál era nuestro objetivo estratégico?”. Parece que la realidad no podía estar a la altura del sueño.

Tres décadas después, Polonia y Hungría reivindican una Europa cristiana, tradicional y conservadora. Hace pocos años, el expresidente Victor Orbán –otro líder de las revoluciones– declaraba que, si en 1989 pensaban que Europa era su futuro, hoy ellos son el futuro de Europa. Garton Ash registra el dato con incomodidad, pero lo despacha como “populismo”. Lo que no considera es que quizá esa Europa Central que tanto admira nunca quiso ser lo que el consenso progresista occidental es hoy en día.

El cristianismo compartido

En Europa. Una historia personal hay un mapa que ilustra este problema. Se trata de la Europa Polyglotta, elaborada en 1730, donde treinta y tres idiomas europeos, escritos en alfabetos diferentes –latino, cirílico, griego– comparten la misma frase: “Padre nuestro que estás en los cielos.”

El propio Garton Ash reconoce que sin el cristianismo no existiría Europa tal como la conocemos. Pero trata esa raíz como herencia arqueológica, ya superada: los fundadores de la Unión Europea invocaban el cristianismo; las generaciones posteriores prefieren los valores ilustrados. Lo que el mapa sugiere, y lo que la historia de Polonia o de la propia RDA confirma, es que esas raíces no desaparecen cuando se declaran extintas. Quizás el anhelo de libertad al otro lado del Telón de Acero era mucho más antiguo y profundo que las reivindicaciones de la nueva Europa, como los derechos de género o la apertura de fronteras.

El propio Garton Ash desmiente que Europa sea el producto acabado de ese liberalismo de finales del siglo XX. Lo hace con su descripción de un personaje clave en la lucha anticomunista como el polaco Bronisław Geremek. Así, lo define como alguien que llevaba “en la médula la profunda y definitoria herencia cristiana de Europa”: había escapado de niño del gueto de Varsovia, fue monaguillo, y un sacerdote de la cofradía de la Virgen María “supo motivarlo.” Geremek fue décadas después uno de los artífices del sindicato Solidaridad, opositor al gobierno comunista polaco.

Garton Ash escribe que los recuerdos personales figuran entre los propulsores más potentes de cuanto Europa ha hecho desde 1945. Es lo que llama “el motor del recuerdo”. Y tiene razón. Pero la memoria del Centro y Este de Europa era trágica: querían librarse del yugo soviético, pero no querían tampoco caer en las reglas establecidas por la agresiva globalización de principios de siglo XXI. Es decir, el motor funcionaba con una combustión que el marco del historiador no termina de reconocer.

Existe una anécdota clásica entre los historiadores escépticos. En 1972, Kissinger preguntó a Zhou Enlai qué pensaba sobre el impacto de la Revolución Francesa. El primer ministro chino respondió: “Es demasiado pronto para saber.” Durante décadas se citó como ejemplo de visión a largo plazo. Hasta que el intérprete aclaró que Zhou no hablaba de 1789 sino del Mayo del 68, ocurrido apenas cuatro años antes. No era sabiduría milenaria, sino la dificultad de descifrar lo que estaba sucediendo.

Es muy difícil, casi imposible, leer el presente. Se puede intentar, pero estamos demasiado cerca. Los libros de Timothy Garton Ash servirán como motor de la historia en el futuro, cuando ya nadie recuerde aquellos hechos.


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Santiago de Navascués Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Timothy Garton Ash: demasiado pronto para descifrar la Historia – https://theconversation.com/timothy-garton-ash-demasiado-pronto-para-descifrar-la-historia-283928

‘Un monstruo viene a verme’ a la escuela: tres historias para aprender mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Alan Chávez Meléndez, Profesor de Metodología de la Investigación y Capital Humano, Universidad de Guadalajara

¿Qué tiene que ver un monstruo hecho de tejo con aprender a aprender? Más de lo que parece. Un monstruo viene a verme, la película del director español J.A. Bayona, está basada en la novela homónima de Patrick Ness, quien también escribió el guion cinematográfico. Esta historia no es solo un éxito de crítica: tiene presencia activa en las aulas.

Portada del libro de Patrick Ness con prólogo J.A. Bayona.
CC BY

El Ministerio de Educación de Chile lo incluye en su currículum nacional como lectura recomendada para séptimo básico. En España, la obra ha sido adaptada al teatro y forma parte de la programación oficial para centros de Educación Secundaria en el curso 2025-2026. En varios centros educativos españoles se trabaja como lectura en el aula con guías didácticas específicas.

Que una obra literaria transite así, del texto al cine y de ahí al aula, no es casualidad: hay algo en esta historia que los docentes reconocen como pedagógicamente valioso. Juntos, libro y película, ofrecen un retrato preciso sobre las competencias emocionales en situaciones de adversidad, y por qué esas competencias son fundamentales para el aprendizaje significativo.

Las emociones no interrumpen el aprendizaje, sino que lo hacen posible

Durante décadas, la educación trató las emociones como un obstáculo: algo que había que controlar para poder aprender bien. Hoy sabemos que es al revés.

La investigación en psicología educativa muestra que las competencias emocionales, como la capacidad de escucha, la empatía, la autorregulación o la autocompasión, no son habilidades blandas secundarias. Son condiciones necesarias para que ocurra un aprendizaje profundo y duradero.

Conor, el protagonista del libro y de la película, lo aprende de la manera más difícil: acompañando a su madre en un proceso de enfermedad terminal, mientras enfrenta el acoso escolar y la ausencia de su padre. A las 00:07 horas, un monstruo arbóreo hecho de tejo comienza a visitarlo para contarle tres historias. Cada una activa en él una competencia emocional distinta.

Primera historia: la empatía como herramienta de pensamiento crítico

La primera historia del monstruo presenta un reino donde nada es lo que parece. El príncipe que se presenta como víctima no lo es del todo. La bruja malvada tampoco responde a su rol.

Conor siente decepción y confusión. Pero esa incomodidad emocional es exactamente lo que lo empuja a mirar más profundo, a suspender el juicio y a comprender que la realidad es más compleja de lo que aparenta.

Eso es empatía cognitiva, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, incluso cuando ese otro nos resulta difícil de entender. Y es también la base del pensamiento crítico: no podemos analizar bien aquello que nos negamos a comprender.

En el aula, esta competencia se traduce en algo concreto: el estudiante que desarrolla empatía cognitiva es capaz de leer un texto con el que no está de acuerdo sin descartarlo de inmediato. Puede escuchar una perspectiva diferente sin cerrarse y sostener la incomodidad de no saber antes de juzgar. Esa capacidad de espera activa es, en el fondo, lo que distingue a quien aprende de quien solo confirma lo que ya cree.

Segunda historia: autorregulación emocional, no supresión

La segunda historia lleva a Conor a destruir la habitación de su abuela en un arrebato de ira. Lo sorprendente no es el arrebato, sino lo que viene después: no hay castigo externo. Solo la emoción misma, con todo su peso.

Ahí está la lección. La autorregulación emocional no significa no sentir. Significa atravesar la emoción con conciencia, sin destruirse ni destruir a otros innecesariamente.

La investigadora Susan David llama a esto agilidad emocional. Consiste en la capacidad de moverse a través de las emociones difíciles con intención, en lugar de ser arrastrado por ellas o de suprimirlas. Quien desarrolla esta competencia aprende más, porque puede sostener la incomodidad que el aprendizaje genuino siempre implica.

Aplicado al aprendizaje, esto significa que un estudiante con autorregulación emocional puede enfrentar una materia difícil sin bloquearse, recibir una crítica sin desmoronarse o tolerar la frustración de no entender algo de inmediato sin abandonar. No porque no sienta esas emociones, sino porque ha aprendido a no dejar que lo gobiernen. Esa diferencia entre reaccionar y responder es una de las habilidades más valiosas que puede desarrollar cualquier persona en formación.

Tercera historia: autocompasión como condición para aprender de los errores

La tercera historia es la más breve y la más poderosa. Un hombre quería ser visto. Cuando al fin lo ven, descubre que ser visto no es lo mismo que ser comprendido.

Conor aprende que detrás de su ira hay una tristeza enorme. Y tras esa tristeza, una verdad que ha evitado enfrentar: desea que el sufrimiento de su madre termine, aunque eso signifique perderla.

Nombrar esa verdad, sin juzgarse por sentirla, es un acto de autocompasión. Y la autocompasión es una competencia crítica para el aprendizaje, porque aprender implica equivocarse, y equivocarse duele. Sin autocompasión, el error se convierte en vergüenza, y la vergüenza paraliza.

En contextos educativos, la falta de autocompasión tiene consecuencias muy concretas: estudiantes que no participan por miedo a equivocarse, que abandonan cuando no logran resultados rápidos o que interiorizan el error como señal de incapacidad. La autocompasión no es condescendencia con uno mismo; es la condición que permite levantarse del error con curiosidad en lugar de con vergüenza, y seguir aprendiendo.

¿Qué nos queda a nosotros?

No necesitamos enfrentar la muerte de un ser querido para desarrollar estas competencias. Pero sí necesitamos espacios, dentro y fuera del aula, donde sea posible sentir, nombrar y atravesar las emociones sin que eso se considere una debilidad.

La empatía, la autorregulación y la autocompasión no se enseñan memorizando definiciones. Se desarrollan en la experiencia, en el vínculo, en el acompañamiento. Y también, a veces, frente a un libro o una pantalla, si estamos dispuestos a no apartar la mirada.

Como el monstruo le dice a Conor: las historias más importantes son las que más nos cuesta contar. Lo mismo aplica para las emociones que más nos cuesta sentir. Y también para los aprendizajes que más nos transforman.

The Conversation

Jorge Alan Chávez Meléndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Un monstruo viene a verme’ a la escuela: tres historias para aprender mejor – https://theconversation.com/un-monstruo-viene-a-verme-a-la-escuela-tres-historias-para-aprender-mejor-282823

Cuando la tecnología nos hace sentir torpes, quizá el problema no seamos nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ainhoa Apraiz Iriarte, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción y Aceptación Tecnológica en Robótica., Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

A veces, interactuar con una máquina no resulta algo fácil de resolver a la primera. Roberto Hund / Pexels. , CC BY-SA

Todos hemos usado alguna vez una tecnología que nos hizo sentir torpes. Puede ser la web de una administración pública en la que no queda claro cuál es el siguiente paso, una máquina de autoservicio en el supermercado que forma cola porque varias personas miran la interfaz sin saber dónde pulsar, una aplicación móvil que cambia de diseño y esconde la función que más utilizábamos…

Cuando esto ocurre, la frustración es inmediata. Tendemos a suspirar, a asumir que el sistema funciona correctamente y a decirnos en voz baja: definitivamente, la tecnología no es lo mío.

Si alguna de estas escenas resulta familiar, tenga en cuenta que el problema no siempre está en nuestra supuesta falta de habilidad. Puede que la aplicación funcionara bien durante el desarrollo, pero no en las condiciones reales de uso ni con las personas que finalmente tenían que utilizarla.

Y esto no es solo una cuestión de comodidad. Cuando una aplicación, una máquina o un trámite digital no se entienden, pueden convertirse en una barrera para acceder a servicios, completar gestiones o ejercer derechos. Así, un diseño deficiente puede convertirse en una barrera de exclusión social.

Y es ahí es donde entran las pruebas de usabilidad.

Por qué no basta con que una tecnología “funcione”

Existe una confusión frecuente en el desarrollo tecnológico. Que una herramienta funcione no significa solo que el código no falle. Tampoco basta con que el sistema complete una operación: debe permitir que una persona real pueda usarla con claridad y eficiencia cuando la necesita.

En este sentido, aunque muchas herramientas se consideran terminadas cuando cumplen los requisitos técnicos y superan todos los controles internos, pueden fallar después, cuando alguien intenta usarlas en una situación real, con prisa, con interrupciones o bajo presión.

Y es que la tecnología no se usa en el vacío. La utilizamos personas que no siempre tenemos el mismo nivel de atención, memoria, tiempo o paciencia. También llegamos con expectativas previas sobre cómo deberíamos interactuar con una interfaz.

Qué son las pruebas de usabilidad

Para analizar esto, disciplinas como la interacción persona-ordenador (IPO) utilizan las pruebas o tests de usabilidad, que no consisten solo en preguntar si gustan los botones o si la pantalla es bonita.

Un test de usabilidad tampoco busca saber si alguien es hábil, sino comprobar si el sistema permite completar una tarea sin dudas, errores ni esfuerzos innecesarios.

En las pruebas, no pedimos a quien participa que nos explique cómo cree que utilizaría una herramienta. Le proponemos una tarea concreta; por ejemplo: “compra un billete de autobús para mañana a las 10:00 aplicando este código de descuento”. A partir de ese momento, el equipo investigador observa el proceso, procurando intervenir lo mínimo posible.

La persona empieza. Busca el botón. Se detiene. Vuelve atrás. Lee dos veces la misma frase. Pregunta si lo ha hecho bien. Ahí es donde se revela la realidad del diseño. Lo importante no es solo si se llega al final, sino qué ocurre por el camino.

Escena de un test de usabilidad: un investigador observa desde una cámara Gesell mientras una persona participante realiza una tarea con el apoyo de una facilitadora.
Escena de un test de usabilidad: un investigador observa desde una cámara Gesell mientras una persona participante realiza una tarea con el apoyo de una facilitadora.
DBZ – Mondragon Unibertsitatea.

Qué medimos: el resultado, el camino y el esfuerzo

Para analizar la experiencia de forma objetiva, registramos datos organizados en diferentes niveles. Primero evaluamos el resultado: si la persona consigue completar la tarea solicitada o si se ve obligada a desistir.

Segundo, tenemos en cuenta el proceso: medimos cuánto tarda, dónde se pierde, qué errores comete o cuántos pasos y rodeos necesita antes de encontrar la opción correcta. Por ejemplo, si varios usuarios se detienen en el mismo punto o interpretan mal la misma palabra, ya no hablamos de torpeza individual. Lo que estamos viendo es una señal de que el diseño está dificultando la comprensión.

Por último, analizamos el esfuerzo, la carga cognitiva, la seguridad percibida y la aparición de frustración o fatiga mental.

Reconocer estos patrones es lo que permite corregir las herramientas antes de que lleguen al público general.

Nuestro estudio: medir lo que ocurre durante una tarea

Desde el proyecto NO-STRESS, llevamos esta lógica a entornos industriales. Empezamos diseñando el protocolo científico y, un año más tarde, liberamos un banco de datos sobre estrés y desempeño en tareas de fabricación.

En el estudio, analizamos tareas habituales de fabricación, como la preparación de kits de piezas, el control de calidad, el ensamblaje y la monitorización de producto. No nos limitamos a verificar si la tarea se completaba. Combinamos tiempos, errores, movimiento corporal y percepción de estrés.

La idea era comprobar que el resultado final de una tarea no cuenta toda la historia. Una actividad puede completarse correctamente y, aun así, exigir demasiada atención o resultar más cansada de lo esperado.

Diseñar para personas no es hacer las cosas bonitas

El diseño centrado en las personas no constituye un lujo estético; representa una necesidad funcional, económica y social:

  • En los servicios públicos digitales, un diseño deficiente se convierte en una barrera de exclusión social que afecta con mayor gravedad a los colectivos más vulnerables, como las personas mayores.

  • En el entorno laboral, una mala herramienta multiplica tareas duplicadas, clics innecesarios y frustración.

  • En la vida cotidiana, un diseño inadecuado convierte acciones sencillas –pedir una cita, pagar en una máquina o modificar una reserva– en pequeñas fuentes de frustración.

Muchas veces, el problema empieza antes de tocar el botón: en una instrucción ambigua, un texto saturado o un flujo ilógico. Así que la próxima vez que una pantalla nos haga sentir torpes, preguntémonos quién la probó, con quiénes y en qué condiciones. Porque una tecnología no funciona de verdad hasta que funciona para las personas que tienen que usarla.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando la tecnología nos hace sentir torpes, quizá el problema no seamos nosotros – https://theconversation.com/cuando-la-tecnologia-nos-hace-sentir-torpes-quiza-el-problema-no-seamos-nosotros-284110

Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen María Galvez Sánchez, Professor. Faculty of Psychology and Speech Therapy. Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

Andrii Zastrozhnov/Shutterstock

Las adicciones son un problema de salud pública muy importante y cada vez aumenta más su presencia en la sociedad. La Organización Mundial de la Salud informa de que cada año 2,6 millones de personas mueren a causa del consumo de alcohol, mientras que 600 000 lo hacen por las drogas.

Estos fallecimientos muestran un marcado componente de género, ya que los hombres son los más afectados. A ellos corresponden 2 millones de las muertes relacionadas con el alcohol y 400 000 de las motivadas por sustancias psicoactivas.

Pero ¿por qué esa brecha? La investigación demuestra que existen diferencias en la forma en que hombres y mujeres actúan al buscar ayuda para problemas de salud, incluidas las adicciones. Ellas tienden a pedir ayuda con mayor frecuencia, en parte debido a las normas tradicionales de género establecidas por la sociedad, que también influyen en las creencias y comportamientos de los varones con respecto a la búsqueda de apoyo.

Ser hombre suele asociarse a ser fuerte, independiente y resolver todo solo. Esto puede dar lugar a que los hombres piensen que pedir ayuda es una muestra de debilidad y falta de autosuficiencia, y lo eviten.

Las barreras que les impiden pedir ayuda

Existen otras barreras que dificultan que los hombres busquen ayuda para resolver sus adicciones. Entre las más comunes se encuentran el estigma público, los prejuicios sociales y la discriminación. Estos son especialmente fuertes en casos de adicción al alcohol y al juego, no tanto en cuanto al consumo de tabaco.

Las creencias negativas sobre la utilidad de los tratamientos y el miedo a ser juzgados también actúan como barreras. Estas barreras están muy relacionadas con la forma en que la sociedad considera que debe ser un hombre. Ya que predomina la idea de que los hombres tienen que ser autosuficientes, resolver todo por ellos mismos, y no mostrar debilidad.

El proceso de búsqueda de ayuda es diferente según el tipo de adicción. Sin embargo, todas las adicciones comparten el impacto de las normas de género y el estigma social como factores que dificultan pedir ayuda.

Para trabajar eficazmente con las adicciones en hombres, es importante integrar una perspectiva de género en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento, con enfoques personalizados y adaptados a sus necesidades específicas.

Existen otras formas de “ser hombre”

Comprender qué es la masculinidad hegemónica ayuda a entender por qué a muchos hombres les cuesta pedir ayuda. La masculinidad hegemónica es la forma en la que la sociedad define cómo deber ser un hombre. La sociedad establece normas que asocian la masculinidad con la fuerza, la independencia y ocultación de las emociones. Estas normas pueden hacer que los hombres eviten buscar ayuda para que nos los consideren débiles.

Sin embargo, existen otras formas de “ser hombre”. La masculinidad igualitaria propone una forma diferente de estar en el mundo basada en la equidad de género, el respeto mutuo y la eliminación de las diferencias de poder. Este enfoque promueve en los hombres la empatía, la colaboración y la expresión emocional.

En este contexto, la masculinidad no se define por la superioridad, sino por la igualdad y el respeto en las relaciones humanas. La masculinidad igualitaria es una herramienta importante para eliminar las barreras en la búsqueda de ayuda, especialmente en contextos de adicción, y ayudar a promover sociedades más inclusivas y justas.

Saber pedir ayuda es necesario porque permite a las personas enfrentar sus desafíos con apoyo profesional y social, aumentando las posibilidades de superar las dificultades y mejorar la calidad de vida. Por el contrario, no pedir ayuda a tiempo retrasa el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación. Pedir ayuda también puede eliminar el estigma y la soledad que muchas veces acompañan a los problemas de adicción. Nadie debería enfrentar sus problemas en soledad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Masculinidades y adicciones: ¿por qué a ellos les cuesta más pedir ayuda? – https://theconversation.com/masculinidades-y-adicciones-por-que-a-ellos-les-cuesta-mas-pedir-ayuda-281613

Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Liétor Gallego, Investigador postdoctoral especializado en comunicación, divulgación y transferencia del conocimiento científico, Universidad de Jaén

Caracol del género _Iberus_ (concretamente, de la especie _I. gualtieranus alonensis_). Didaccc/Shutterstock

En biología, se conoce como hibridación al cruce entre individuos de especies o linajes distintos que da lugar, por lo general, a descendientes con características de ambos progenitores. Un ejemplo que todos conocemos es la mula, descendiente de la mezcla entre una yegua y un burro.

Durante mucho tiempo, el fenómeno biológico de la hibridación se consideró un proceso raro y evolutivamente marginal, casi anecdótico, tanto en vertebrados como en invertebrados.

Repasemos algunos ejemplos:

  • En mamíferos, la mezcla entre lobo y perro puede reducir la diversidad genética y comprometer la conservación de poblaciones silvestres

  • En aves, cambios ambientales recientes están favoreciendo cruces entre especies antes aisladas.

  • En peces, la elección errónea de pareja puede incluso generar nuevas líneas evolutivas.

  • En anfibios, se han detectado poblaciones introducidas de origen híbrido que logran establecerse.

  • En reptiles, se han descrito híbridos entre especies venenosas que despiertan tanto inquietud como interés.

  • En insectos, mariposas como Heliconius muestran cómo la hibridación puede dar lugar a nuevas especies

  • En moluscos, casos como la nacra (Pinna nobilis) mediterránea evidencian que la hibridación también puede influir en la dinámica y conservación de especies marinas.

Existe, además, un tipo de hibridación más complejo, que va un paso más allá: la hibridación con introgresión, donde los híbridos vuelven a cruzarse con una de las especies parentales, de modo que algunos de sus genes acaban integrándose de forma estable en ella a lo largo de las generaciones. No se trata solo de un cruce puntual, sino de la incorporación progresiva de genes de una especie en otra, lo que puede modificar sus características, facilitar la capacidad de colonizar nuevos entornos o diluir la identidad genética de las poblaciones originales.

En el caso de los invertebrados, el desarrollo de herramientas genéticas y genómicas ha revelado que el intercambio de genes entre especies es más frecuente de lo que se pensaba y que, en determinadas circunstancias, puede incluso conferir ventajas adaptativas a los híbridos. Aun así, la hibridación no suele considerarse un motor principal de especiación –el proceso por el cual una especie ancestral se divide en dos o más distintas–, sino más bien un mecanismo complementario dentro de un marco evolutivo más amplio.




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Caracoles españoles cuestionan la visión clásica de la hibridación

Entre los caracoles, la hibridación y la introgresión entre especies cercanas están bien documentadas, aunque generalmente se consideran procesos secundarios: rara vez originan nuevas especies y actúan más bien como mecanismos que introducen variación genética dentro de las ya existentes. Son la estructura poblacional, la ecología y el aislamiento geográfico los que actúan como principales motores evolutivos.

Sin embargo, este esquema encuentra una excepción más que notable en el género Iberus, endémico del sureste ibérico, donde la hibridación no parece ser un fenómeno puntual, sino recurrente: hasta 38 presuntos tipos de híbridos han sido descritos en Redescubriendo el género Iberus, un proyecto de ciencia ciudadana, estudio resultante de más de dos décadas de trabajo de un equipo de investigadores de Jaén. Este patrón sugiere que la hibridación como fuerza evolutiva en los gasterópodos terrestres podría haber sido subestimada.

Uno de los ejemplos más clásicos de hibridación dentro del género se encuentra en el entorno de la ermita del Cristo de la Sierra, en la sierra de Abdalajís (Málaga), donde conviven Iberus cobosi e Iberus marmoratus. El marcado contraste entre ambas especies explica que este fenómeno llamara ya la atención de los investigadores del siglo pasado. Mientras que la primera muestra una concha angulosa, con una quilla bien definida y una estriación muy evidente, la segunda presenta formas redondeadas y superficies lisas. Entre ambos extremos aparecen los híbridos, que parecen situarse en un punto intermedio: con una quilla suavizada, estrías menos densas y una concha menos achatada, decorada con marmoraciones más sutiles.

Más grave de lo que parecía

Desde finales del siglo pasado hasta hoy, se puede observar cómo la introgresión de I. marmoratus avanza de forma sostenida por la ladera norte del extremo oriental de la sierra de Abdalajís, ganando terreno a I. cobosi.

Tradicionalmente, este proceso se reconocía por la presencia de ejemplares claramente intermedios. Sin embargo, hallazgos recientes han cambiado de forma notable esta visión. Por un lado, se han identificado individuos con aspecto inequívoco de I. cobosi que presentan marcadores mitocondriales propios de I. marmoratus (Figura 3A). Por otro, aparecen fenotipos aparentemente puros que incorporan las bandas características de I. marmoratus (Figura 3B). A ello se suma el descubrimiento de ejemplares con labio rosado, un rasgo común en I. marmoratus pero nunca antes descrito en I. cobosi (Figura 3C).

En conjunto, estas evidencias muestran que el morfotipo (conjunto de rasgos morfológicos característicos de la concha) clásico del híbrido cobosi × marmoratus representa solo una de las múltiples formas que puede adoptar la introgresión. Existen otras variantes más crípticas (morfológicamente indistinguibles de las formas puras y solo identificables mediante análisis genéticos), en las que la concha conserva el aspecto típico de I. cobosi y solo varían detalles sutiles de la ornamentación. Anteriormente, estas se atribuían a variabilidad intraespecífica (entre organismos de la misma especie), pero en realidad reflejan una introgresión acumulada a lo largo de generaciones.




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¿Una extinción inminente?

Posiblemente, hoy en día resulte muy difícil encontrar ejemplares genéticamente puros de I. cobosi en su área clásica de distribución. Existe, no obstante, otra población situada unos 700 metros cornisa arriba hacia el oeste en la sierra de Abdalajís que merece una exploración detallada en busca de ese genotipo original. Hasta ahora, no se han detectado en ella señales de introgresión con I. marmoratus, aunque sí con otra especie: I. polymorphicus.

A falta de prospecciones más exhaustivas en otros enclaves de la sierra –especialmente en su vertiente sur–, todo apunta a que la presencia de linajes genéticamente puros del endemismo es, como mínimo, muy reducida.

Es un escenario que podría estar anunciando la posible extinción de I. cobosi y que plantea un dilema de conservación nada trivial: si este proceso de “desespeciación” debe ser gestionado activamente o asumido como parte de la dinámica evolutiva natural. Entre las posibles estrategias, podría considerarse la localización y preservación de los últimos núcleos genéticamente puros, su cría en cautividad y eventual reintroducción en áreas libres de especies del mismo género.

Pero no es la única opción. También cabría plantear la protección estricta de microhábitats refugio, la creación de barreras ecológicas que limiten el contacto entre especies, el seguimiento genético a largo plazo de las poblaciones o incluso la gestión pasiva, aceptando la introgresión como un proceso evolutivo en curso.

No obstante, esta decisión, que no sólo afecta a estos caracoles sino a todas las especies del planeta, trasciende lo puramente biológico y se adentra en el terreno de la filosofía y la ética. ¿Preservar una especie tal y como la conocimos, o aceptar y acompañar su transformación en un mundo en constante cambio?

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José Liétor Gallego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando una especie se mezcla con otra hasta el borde de la desaparición, ¿intervenimos o dejamos actuar a la evolución? – https://theconversation.com/cuando-una-especie-se-mezcla-con-otra-hasta-el-borde-de-la-desaparicion-intervenimos-o-dejamos-actuar-a-la-evolucion-280002

Recogida de basura puerta a puerta: ¿por qué muchos ayuntamientos la eligen si es tan polémica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Artacho Ramírez, Director de Centro de Investigación en Dirección de Proyectos, Innovación y Sostenibilidad (PRINS) de la UPV, Universitat Politècnica de València

A-photographyy/Shutterstock

La gestión de residuos municipales es un problema muy complejo que suele representar más del 30 % del presupuesto total de los servicios de un ayuntamiento. La tasa de basuras que hemos tenido hasta ahora en España apenas cubría el 60 % del coste real del servicio.

Para corregir ese desfase financiero y cumplir con la normativa europea, la ley de de residuos y suelos contaminados exigía a los ayuntamientos aplicar una tasa de residuos específica, diferenciada y no deficitaria. El objetivo: permitir la implantación de sistemas de “pago por generación” antes de abril de 2025. Estos requisitos no se están cumpliendo y no hay visos de que se cumplan a corto plazo.

Esta misma ley establecía como objetivo reciclar el 55 % de los residuos municipales en 2025, el 60 % en 2030 y el 65 % en 2035, limitando para este último año la cantidad de residuos que acaban en el vertedero al 10 % del total. Lamentablemente, estamos lejos de cumplirlo, pues en España sólo se recicla, de media, el 38 % y el 50 % de los residuos municipales acaban en el vertedero.

Para mejorar estas cifras e intentar cumplir la legislación, muchas Administraciones están intentando hacer sus deberes mediante la implantación del sistema de recogida puerta a puerta, aunque no cuentan con el apoyo mayoritario de la ciudadanía.

En España, las comunidades que han abierto camino en la recogida puerta a puerta son Cataluña, País Vasco y Navarra, auténticos laboratorios donde este sistema empezó a demostrar su eficacia. Cataluña es hoy la región con mayor implantación, superando los 300 municipios, mientras que territorios como la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares destacan por su rápida evolución hacia este modelo más sostenible y participativo.

Entre los municipios donde este esquema funciona de forma integral destacan Artà en Mallorca, Besalú en Girona y Usúrbil en el País Vasco, todos ellos con resultados muy altos de reciclaje. En cambio, otros municipios aplican el sistema solo en algunas fracciones o zonas, como Banyoles y Castelló d’Empúries en Girona, o Maó en Menorca, donde el puerta a puerta convive con otros modelos de recogida.

Ninguna gran ciudad española lo aplica, pero existen ejemplos europeos emblemáticos como Milán y Bruselas.

Las ventajas del puerta a puerta

Estudios científicos recientes demuestran que, con el sistema puerta a puerta, se consiguen varios objetivos:

  • Mayor separación y reciclaje. Por ejemplo, en la República Checa, la adopción de este sistema incrementó las tasas de separación en un 40 % frente al uso de contenedores. En Suecia, los hogares con este sistema separaron el doble de residuos que aquellos que usaban contenedores. Y en la ciudad alemana de Colonia, la transición al sistema puerta a puerta aumentó el reciclaje de plásticos en un 19 %.

  • Mayor pureza de los materiales. Un estudio en Italia demostró que el porcentaje de materiales reciclables que acaban erróneamente en la “fracción resto” (basura mezclada que va al vertedero) es significativamente mayor con el sistema de contenedores que con el puerta a puerta. Esto demuestra una eficiencia mayor de la segregación en origen que asegura un reciclaje de mayor calidad.

  • Eliminación de microvertederos. El esquema puerta a puerta mitiga el problema de la existencia de basura dispersa y la creación de focos de insalubridad o “microvertederos”, que frecuentemente se forman por el mal uso o desbordamiento de los contenedores en vía pública.

Así, parece ser el sistema ideal para cumplir con las exigencias europeas y alcanzar los objetivos de reciclaje, reducir la presencia de impropios (residuos depositados en el contenedor equivocado) y disminuir la fracción resto enviada al vertedero.

Además, cuando se implemente el pago por generación, el sistema puerta a puerta es perfecto para garantizar la trazabilidad necesaria, con el objetivo de conocer exactamente qué cantidad y calidad de residuos genera cada hogar.




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Nuevos reciclajes

Finalmente, la citada ley amplió el catálogo de residuos que deben separarse en origen. Además del papel, plástico y vidrio, la normativa obliga a la separación de los biorresiduos y puso como límite diciembre de 2024 para recoger de forma separada los residuos textiles, aceites de cocina usados, residuos domésticos peligrosos y residuos voluminosos.

La recogida puerta a puerta facilita la gestión logística de estos nuevos flujos, evitando la necesidad de sembrar las aceras con innumerables contenedores distintos para cada tipo de residuo.




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Impacto ambiental

Un estudio reciente de análisis de ciclo de vida, que contempla los impactos de distintos modos de recogida y de los tratamientos finales (reciclaje, compostaje y vertedero), demuestra que el sistema puerta a puerta es más ecológico que el uso de contenedores.

El sistema reduce la huella de carbono total, incluyendo la reducción de emisiones a largo plazo de los vertederos, cuya vida útil se alarga al reducirse drásticamente la fracción resto a eliminar.




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Económicamente, ¿le cuesta más al ayuntamiento?

A nivel económico, investigaciones recientes demuestran que, aunque los costes de personal y logísticos son mayores con este sistema, el ayuntamiento recupera esa inversión por dos vías: deja de pagar las elevadas tasas y penalizaciones europeas por enterrar residuos mezclados en el vertedero y genera ingresos al vender materiales reciclables muy puros a las plantas de tratamiento.

Con todo, el sistema cuadra las cuentas y protege el medio ambiente sin exigir un aumento de los impuestos municipales.

Si además se emplea la técnica de fusión (agrupando los residuos de algunos hogares contiguos), la rentabilidad económica y ambiental del sistema se dispara: concentrando los cubos de cinco familias, los costes disminuyen en un 46 % y las emisiones de CO₂ un 27 %.

Los vecinos como agentes clave

También es clave destacar que el sistema crea empleo local, gana espacio público y mejora su estética, ofreciendo un entorno mucho más limpio y saludable.

A pesar de las ventajas en materia social y de sostenibilidad, el éxito del sistema depende de que los vecinos acepten el cambio.

Los cambios no se logran solo con imposiciones legales; se requiere un delicado equilibrio entre apoyo normativo, coordinación municipal y compromiso comunitario.

Para evitar la resistencia vecinal y lograr que se adopten las nuevas rutinas, los expertos recomiendan que las instituciones sigan algunas pautas:

  • Comunicación directa, personal y puerta a puerta: para que la gente cambie sus hábitos, la información no puede ser abstracta. En EE. UU., una campaña de información puerta a puerta logró que el 50 % de los vecinos adoptaran las nuevas pautas de reciclaje en solo cuatro semanas, frente a un escaso 5 % de adopción en zonas donde la información se ofreció a través de medios municipales pasivos.

  • Reducción de barreras logísticas (fácil y gratuito): las instituciones deben eliminar cualquier obstáculo práctico y logístico. Esto implica la distribución gratuita de cubos adecuados y bolsas compostables para la fracción orgánica directamente a los hogares.

  • Transparencia y demostración de eficacia: la reticencia vecinal a menudo nace del escepticismo sobre si el esfuerzo realmente vale la pena. Las autoridades deben fortalecer la confianza publicando informes periódicos, visuales y accesibles que muestren los resultados cuantitativos de la separación: cuántas toneladas se han salvado del vertedero, cuánto dinero público se ha ahorrado y cómo la materia orgánica se ha transformado en compost de alta calidad para la agricultura local.

  • Implementación de incentivos tangibles: combinar el nuevo sistema de recogida con mecanismos de recompensa transforma una obligación molesta en un beneficio. Las instituciones pueden implementar sistemas de “recompensa” con los que los vecinos ganen puntos por separar correctamente, canjeables por descuentos en comercios locales, productos sostenibles o rebajas en sus impuestos municipales.

  • Fomento de normas sociales mediante la educación: el reciclaje debe percibirse como una norma socialmente esperada y valorada por la comunidad. Para lograrlo, los ayuntamientos deben promover programas de educación ambiental en las escuelas, convirtiendo a los niños en embajadores del reciclaje en sus propias familias.

La conclusión es que el sistema puerta a puerta nos ayudaría a estar a la altura de las sociedades más avanzadas en materia de residuos si se consiguiera el compromiso de todos.

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Miguel Ángel Artacho Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Recogida de basura puerta a puerta: ¿por qué muchos ayuntamientos la eligen si es tan polémica? – https://theconversation.com/recogida-de-basura-puerta-a-puerta-por-que-muchos-ayuntamientos-la-eligen-si-es-tan-polemica-284205