Cómo el entorno cambia el canto de los pájaros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Garrido Bautista, Investigador posdoctoral, Universidad de Castilla-La Mancha

El jilguero (_Carduelis carduelis_) es un ave paseriforme pequeña, de unos 12 cm. Su característica más distintiva es su colorido plumaje, con una máscara roja en la cara, alas negras con una franja amarilla, y un canto muy alegre Colin Davis / Unsplash., CC BY-SA

Prácticamente todos los animales usan la comunicación acústica a diario. Piense en cualquier sonido emitido por un animal: el ladrido de un perro, el relinche de un caballo o el canto de un pájaro.

Estas vocalizaciones, tan dispares y variadas como especies hay en nuestro planeta, intervienen en multitud de contextos sociales. Algunos ejemplos son la intimidación de rivales para defender un territorio o disuadir depredadores, pero también funcionan como señales atractivas para buscar parejas o, simplemente, para mantener el contacto con sus compañeros en una sesión de caza.

Una comunicación efectiva depende, por pura definición, de la señal acústica producida por el emisor y de su estado cuando alcanza al receptor. Entre ambos, se encuentra el ambiente físico a través del cual los sonidos se propagan: puede ser el aire en el caso de animales terrestres o el agua en los animales acuáticos.

No es lo mismo cantar en el bosque que en la llanura

Bajo las premisas de la teoría de la evolución, la pregunta parece obvia: ¿favorece la selección natural aquellas señales acústicas que se transmiten de la forma más eficiente posible en un ambiente determinado? O, en otras palabras, ¿el hábitat moldea las características físicas de las vocalizaciones? Esto precisamente es lo que sostiene la hipótesis de la adaptación acústica, propuesta en la década de 1970 por los biólogos Eugene Morton, Haven Wiley y Douglas Richards. El ambiente, por tanto, también debería moldear la diversificación de las vocalizaciones y la sensibilidad de los sistemas sensoriales receptores.

Cuando el sonido se propaga, este se distorsiona paulatinamente a causa de la atenuación, reflexión, dispersión y absorción que sufre por parte de los propios elementos del hábitat, como arbustos, árboles o roquedos. La hipótesis de la adaptación acústica predice que, en lugares cerrados como un bosque frondoso, las vocalizaciones favorecidas por la selección natural deberían ser largas y graves –de baja frecuencia–, ya que los sonidos agudos sufren mayor difracción y se distorsionan. En cambio, en hábitats abiertos como una pradera o una sabana, esta penalización sobre las frecuencias agudas se reduce, por lo que deberían abundar vocalizaciones de alta frecuencia.

La diferencia entre frecuencias altas y bajas se basa en cuántas vibraciones o ciclos ocurren por segundo (medidos en hercios, Hz). Las bajas (menos de 250 Hz) –sonidos graves– tienen ondas largas que viajan largas distancias y atraviesan los cuerpos sólidos sin dificultad. Las frecuencias altas (más de 2 000 Hz) –sonidos agudos– son direccionales, con ondas cortas que se reflejan y absorben fácilmente.

Los gorriones desmontan la hipótesis

Un reciente estudio publicado en la revista Bioacoustics ha puesto a prueba estas predicciones en un hábitat abierto, usando el canto del chingolo de Bachman (Peucaea aestivalis), un pequeño gorrión propio de pinares ricos en sotobosque del este norteamericano.

Durante la primavera, los machos de chingolo de Bachman exhiben dos tipos de canto para atraer a las hembras, uno común y otro raro, presente solo en un 5-23 % de los machos. Los investigadores replicaron ambos cantos en altavoces y midieron su distorsión a diferentes distancias, desde 1,5 m hasta 80 m, la distancia máxima de un territorio de chingolo. También lo hicieron a dos alturas, una al nivel del sotobosque y otra al de los troncos de los árboles.

Según la hipótesis de la adaptación acústica, el canto común –más frecuente y, por tanto, favorecido por la selección natural– debería poseer unas características físicas que facilitaran una propagación más eficiente que la del canto raro.

Los resultados revelaron que ambas vocalizaciones exhiben propiedades físicas ligeramente distintas: el canto común del chingolo tiene una menor propensión a degradarse que el canto raro. Esto, a priori, apoyaría la hipótesis de la adaptación acústica. Sin embargo, el resultado clave fue que la vocalización menos frecuente no se propagó con menos eficiencia que la común; al contrario, ambas se distorsionaron a lo largo del recorrido (de los 1,5 m a los 80 m) de la misma manera. Y lo mismo ocurrió a las dos alturas examinadas.

En conclusión, los resultados no apoyaron la hipótesis de la adaptación acústica, ya que los dos cantos del chingolo se propagaron, en términos relativos, de forma similar en su hábitat.

Cuestión de parentesco evolutivo más que de hábitat

¿Y qué ocurre con el resto de pájaros? ¿Se cumple la hipótesis? Pues la evidencia a favor es escasa: son más los estudios que no la demuestran que los que sí. Un primer metaanálisis publicado hace casi 20 años encontró que la frecuencia del canto de los pájaros tiende a ser más baja en los hábitats cerrados, en línea con la hipótesis, pero la magnitud del efecto fue muy pequeña.

Es decir, el hábitat, aunque relativamente importante, no parecía ser el principal motor evolutivo del canto de los pájaros y su diversificación. Esto se ha visto posteriormente reforzado por otras dos investigaciones recientes. La primera, publicada en 2021, analizó las vocalizaciones de más de 5 000 especies de aves cantoras paseriformes y encontró que los patrones geográficos no se deben a las características del hábitat, sino a la ascendencia común entre especies, es decir, al mayor o menor parentesco evolutivo entre ellas. Además, el propio tamaño corporal es el que constriñe la frecuencia del canto: aves más grandes emiten vocalizaciones de menor frecuencia, sencillamente porque tienen aparatos fonadores más grandes.

Un segundo estudio, publicado el año pasado, tampoco encontró que el hábitat tenga un papel trascendental en la evolución de las vocalizaciones en vertebrados en general. En aves, sin embargo, sí se observó un efecto débil del hábitat sobre el ancho de banda de la frecuencia, en la dirección predicha por la hipótesis. Pero ese efecto estuvo explicado, de nuevo, por el parentesco evolutivo cuando se analizó la variación entre especies de aves.

El contexto físico no es el único factor que influye

Uno podría imaginarse cómo las aves ajustan finamente su canto para que se propague a la mayor distancia posible sin distorsionarse, atravesando árboles, arbustos y cualquier elemento que se interponga en su camino. Sin embargo, la realidad es que, como ya intuyó Darwin, el entorno no solo es el hábitat físico donde vive un organismo. También hay que tener en cuenta cómo afecta la presencia de depredadores, competidores y potenciales parejas, que tienen mucho que decir en la evolución del canto.

Por otra parte, no podemos olvidar lo más importante: cualquier rasgo se expresa y selecciona dentro de las restricciones físicas del organismo. Así, un canto de baja frecuencia será posible solo en especies con aparatos fonadores grandes y resonantes, algo de lo que carecen la gran mayoría de aves cantoras alrededor del mundo, por su pequeño tamaño corporal.

Por tanto, que el entorno, el hábitat, tiene un impacto evolutivo sobre el canto de las aves es seguramente innegable, pero quizás su peso se ve difuminado, en la mayoría de los casos, por otros factores más importantes.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo el entorno cambia el canto de los pájaros – https://theconversation.com/como-el-entorno-cambia-el-canto-de-los-pajaros-286472

La influencia de la ideología en la percepción psicológica de las marcas alimenticias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Magallares, Profesor Titular del Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Decía certeramente Brillat Savarin (si le suena el nombre es porque un queso lleva el nombre de este gastrónomo francés) “dime lo qué comes y te diré quién eres”. Esta idea hace referencia a que las cosas con que nos alimentamos pueden influir en cómo nos sentimos, pensamos o nos comportamos.

En psicología, nos hemos afanado en indagar si este aforismo tan brillante –la hipótesis “somos lo que comemos”– tiene sustento empírico.

Así, hay estudios que ponen de manifiesto que los alimentos ecológicos nos hacen sentir felices y esperanzados, y que existe una relación entre el consumo de comida picante y las cogniciones agresivas.

Recientemente también se han realizado investigaciones que sugieren que la hipótesis complementaria podría ser igualmente cierta. Por ejemplo, algunos trabajos han hallado que los votantes conservadores muestran una preferencia por los productos alimenticios más naturales y tradicionales. Es la hipótesis que llamamos “comemos lo que somos”.

A continuación veremos un par de ejemplos para que el lector entienda mejor en que consiste esta teoría.

Hincando la rodilla en la NFL

Colin Kaepernick, quarterback del equipo de fútbol americano San Francisco 49ers, decidió arrodillarse durante el himno nacional de los Estados Unidos a lo largo de la temporada 2016 de la NFL como una protesta simbólica contra la injusticia racial y la brutalidad policial en su país. Su gestó provocó reproches del mundo conservador (entre ellos, el del presidente Trump durante su primer mandato), acusándole de una postura antipatriótica y antimilitar.

Una de las críticas más furibundas fue lanzada por John Schnatter, el fundador de la cadena de pizzas Papa John’s. Según el millonario estadounidense, este tipo de actos reivindicativos afectaban negativamente a la liga deportiva y, en consecuencia, reducían las ventas de los principales patrocinadores (entre los cuales estaba Papa John’s).

Al poco tiempo, el empresario, envuelto en otra polémica (utilizo la palabra que empieza con “n” para referirse a los afroamericanos), acabó dimitiendo de su propia compañía. Años después, Schnatter se lamentaba amargamente de que la calidad de los productos alimenticios estaba empeorando desde que se habían alejado de “los valores conservadores” que habían hecho famosas sus pizzas en todo el mundo.

En el ambiente tan polarizado en el que vivimos, ¿cómo se perciben estos posicionamientos ideológicos de una marca? Hemos citado un ejemplo de derechas, pero al otro lado del espectro ideológico también encontramos empresarios que hacen campañas para causas más de izquierdas. Es el caso de los helados Ben & Jerry’s, compañía que se posicionó contra el racismo durante los disturbios por el asesinato de George Floyd.

¿Puede influir en el modo en que percibimos determinados alimentos el hecho de que ciertas empresas tomen partido con posturas políticas concretas?

Comemos lo que somos

En nuestra investigación tratamos de comprobar si estos posicionamientos de marcas a favor de causas más conservadoras (como el ejemplo de las pizzas) o más de izquierdas (el caso de los helados) pueden afectar efectivamente a la percepción de marcas.

Según nuestros resultados, los participantes con ideología de izquierda percibieron las marcas asociadas con la derecha como menos saludables y más desagradables en comparación con las vinculadas a la izquierda. Por el contrario, no observamos efectos significativos entre los participantes de derechas.

Es decir, los participantes de izquierdas percibieron los productos teñidos de un posicionamiento político contrario al suyo como peores.

La politización no sale a cuenta

Una conclusión del estudio es que, probablemente, no sea una estrategia comercial idónea posicionarse tan claramente a favor de una determinada causa porque, si bien se consiguen adhesiones de un bando, también se pueden perder cientos de clientes que tienen una postura política opuesta.

De hecho, a pesar de que Ben Cohen y Jerry Greenfield (los fundadores de la mencionada marca de helados) llevan años solidarizándose con determinadas causas progresistas, recientemente han acabado perdiendo el control de la compañía. Según la prensa especializada, la gota que acabó colmando el vaso fue la guerra de Gaza, un tema que dividió profundamente a los votantes de izquierdas y de derechas. Preferencias gastronómicas al margen.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La influencia de la ideología en la percepción psicológica de las marcas alimenticias – https://theconversation.com/la-influencia-de-la-ideologia-en-la-percepcion-psicologica-de-las-marcas-alimenticias-270385

Desigualdad en el aprendizaje, protección de datos y criterios de evaluación: los tres dilemas éticos de la IA en el aula

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Fernando Avila Clavijo, Investigador de Competencias Digitales Docentes, Universitat de Barcelona

Robalito/Shutterstock

La inteligencia artificial ya está en las aulas universitarias: muchos profesores utilizan herramientas de este tipo para preparar clases, diseñar actividades o resolver dudas. También se emplean para redactar los trabajos que entregan los estudiantes. Cada día, este uso supone tomar decisiones que no son solo técnicas, sino éticas, y que afectan a grupos numerosos y perfiles muy distintos.

Varios estudios e informes recientes han analizado cuáles son las principales tensiones del uso de la inteligencia artificial generativa en el aula, tanto por parte de los estudiantes como de los docentes.

En esta línea, he investigado para mi tesis doctoral la percepción de varios docentes universitarios competentes en esta tecnología sobre este tipo de decisiones y cómo les afectan en su día a día. Tanto la investigación previa como las conclusión de mis conversaciones plantean tres dilemas clave que explican por qué la tecnología no genera los mismos resultados en todas partes.

1. Rapidez vs equidad

La inteligencia artificial es rápida. Resume textos, redacta borradores y crea preguntas en segundos. Puede ahorrar mucho tiempo. Eso parece una ventaja evidente.
Si esa rapidez no va acompañada de orientación clara, algunos estudiantes harán preguntas precisas y revisarán lo que reciben, pero otros aceptarán el primer resultado sin comprobarlo. Por eso, los estudiantes más avanzados, o quienes ya dominan estas herramientas, parten con ventaja. Quienes no, pueden depender por completo del sistema o entregar textos que no comprenden.

Proteger la equidad exige enseñar cómo preguntar, cómo verificar información y cómo detectar errores. También exige fijar límites claros. Sin esa guía, la inteligencia artificial puede aumentar las desigualdades, como advierte la OCDE en su informe sobre IA, equidad e inclusión.




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2. Personalización vs privacidad

Otra promesa es el aprendizaje “a la medida”. La IA puede recomendar contenidos o ajustar ejercicios según el ritmo de cada estudiante. Esto puede ayudar a quienes necesitan apoyo adicional.

Pero para hacerlo necesita datos. Registra tiempos, respuestas y patrones de uso. En algunos casos analiza incluso la forma de escribir o resolver problemas.

En este punto aparece una tensión concreta: cuanto más personalizada es la ayuda que ofrece la IA, más información necesita recopilar sobre el estudiante. Por tanto, el problema estriba en definir qué datos son realmente necesarios, con qué finalidad se usan, quién puede acceder a ellos y durante cuánto tiempo se conservan, tal como señalan las directrices éticas de la Comisión Europea para educadores.

En muchos centros no hay normas claras sobre esto. El docente debe decidir si utiliza una herramienta externa o si limita la información que comparte. Puede optar por no introducir datos sensibles o desactivar funciones que recopilan más información.

La innovación avanza rápido. La protección de datos lo hace más despacio. El dilema no es elegir entre innovar o no innovar. Es decidir cuánto dato estamos dispuestos a entregar para mejorar el aprendizaje. Cada ajuste “a la medida” deja un rastro digital.

Ante esto, una actuación prudente sería aplicar el principio de minimización de datos: usar solo la información estrictamente necesaria, evitar introducir datos sensibles o identificables del alumnado en herramientas externas, informar con claridad sobre el uso de estas plataformas y priorizar, cuando sea posible, soluciones institucionales con garantías de protección de datos, como recomienda la Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido (ICO).

3. Automatización vs a criterios compartidos

La evaluación es un terreno delicado. La IA puede detectar similitudes, sugerir comentarios o proponer una nota inicial. También puede ayudar al estudiante a mejorar su texto antes de entregarlo. Surgen entonces dos preguntas. ¿Qué hacer si se sospecha que un trabajo fue elaborado con esta herramienta? ¿Es adecuado usarla para evaluar?

Más allá del dilema planteado antes (que al usar plataformas externas se comparten datos del estudiante e incluso una tarea sencilla puede quedar almacenada fuera de la universidad), delegar en un sistema automático puede reducir el criterio del docente si no se establecen marcos compartidos que preserven el juicio profesional, como advierten investigaciones recientes sobre integridad académica y ChatGPT. No todos los sistemas explican cómo funcionan. Tampoco responden igual en todas las materias.

Algunos profesores cambian sus actividades. Piden explicar el proceso que el estudiante ha seguido o defender el trabajo en voz alta. Otros reclaman reglas claras sobre cuándo y cómo usar IA en evaluación. Sin criterios compartidos, cada aula opera con normas distintas. Eso genera incertidumbre.




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Más allá de la habilidad individual

Estos dilemas muestran que el debate no se resuelve solo con más formación digital. Incluso docentes con experiencia reconocen que las tensiones siguen ahí.

La IA puede mejorar el aprendizaje y abrir oportunidades nuevas. Pero también puede ampliar desigualdades, aumentar el uso de datos personales y automatizar decisiones que requieren juicio humano.




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Si la tecnología ya forma parte de la educación superior, el siguiente paso es construir reglas claras sobre equidad en el uso, protección de datos y límites de la automatización, tal como recomienda la UNESCO. De lo contrario, dilemas estructurales seguirán resolviéndose, día tras día, en la soledad del aula.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Desigualdad en el aprendizaje, protección de datos y criterios de evaluación: los tres dilemas éticos de la IA en el aula – https://theconversation.com/desigualdad-en-el-aprendizaje-proteccion-de-datos-y-criterios-de-evaluacion-los-tres-dilemas-eticos-de-la-ia-en-el-aula-275580

¿Hará posible la computación cuántica que las empresas conozcan, antes que el propio cliente, sus decisiones de compra futuras?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sáez Ortuño, Profesora Dept. Empresa, Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

vs148/shutterstock

Imaginemos la situación: hace tiempo que no compra en una de sus tiendas online favoritas. No ha tomado una decisión consciente, simplemente ha dejado de entrar. Sin embargo su comportamiento ya encendió las alarmas de la empresa semanas antes. De hecho, es muy posible que le hayan identificado como cliente en riesgo mucho antes de que usted dejara de comprar.

¿Cómo es esto posible? Un estudio científico muestra cómo los modelos cuánticos mejoran la predicción del abandono de clientes de comercio electrónico.

Una nueva línea de investigación sugiere que la computación cuántica, combinada con nuevas técnicas matemáticas, podría anticipar con mayor precisión decisiones que los consumidores no han tomado todavía. Hemos analizado hasta qué punto estos modelos pueden mejorar la predicción del abandono de clientes y los resultados apuntan a un cambio de paradigma.

Un problema clave para las empresas

El comportamiento de los consumidores está lleno de matices. No responde a patrones simples sino que cambia con el tiempo, depende del contexto y combina factores económicos, psicológicos y situacionales.

A diferencia de la cancelación, el abandono rara vez es explícito y suele producirse de forma gradual: menos visitas, menos compras, más intervalos entre las interacciones.

Saber cuándo un cliente va a dejar de comprar –el churn– es uno de los grandes retos del marketing actual. No solo por la pérdida directa de ingresos para las empresas, sino porque resulta mucho más caro captar nuevos clientes que retener los que ya se tienen.

Más allá de la IA tradicional

Los modelos de machine learning han mejorado mucho en los últimos años, pero tienen dificultades para captar en toda su dimensión la complejidad del proceso de compra.

Aquí es donde entra la computación cuántica. A diferencia de los ordenadores clásicos, que trabajan con bits (0 o 1), los sistemas cuánticos utilizan cúbits, capaces de representar múltiples estados simultáneamente.

Esto permite modelizar relaciones mucho más ricas entre variables y explorar estructuras de datos que antes resultaban inabordables.

El enfoque: geometría, entropía y cuántica

En nuestra investigación propusimos un nuevo método que combina computación cuántica con herramientas matemáticas avanzadas: la optimización geométrica-entropía cuántica. Este enfoque se basa en tres ideas principales:

  1. Representar a los clientes en espacios de alta dimensión, donde sus patrones de comportamiento se describen con mayor precisión. En lugar de usar pocos datos, el modelo utiliza muchos a la vez. Así se obtiene una visión más completa del comportamiento de cada persona. Por ejemplo, no solo analiza cuánto gasta sino que también observa cada cuánto compra, cuándo fue su última compra y cómo ha cambiado su actividad. Esto permite distinguir entre alguien que reduce sus compras y alguien que se mantiene estable.

  2. Utilizar geometría avanzada para entender cómo se relacionan estos patrones entre sí. El modelo compara a los clientes para identificar comportamientos similares. Esto ayuda a detectar patrones comunes. Por ejemplo, puede observar que algunos clientes compran cada vez menos durante varias semanas antes de abandonar. Si otro cliente empieza a comportarse igual, el modelo lo detecta.

  3. Incorporar medidas de entropía que estabilizan el modelo y evitan predicciones erráticas. El modelo incorpora un sistema que hace las predicciones más estables. Así evita reaccionar ante cambios pequeños o puntuales. Por ejemplo, si un cliente no compra durante unos días el modelo no asume que se irá. Solo detecta riesgo si ese cambio se mantiene en el tiempo.

En conjunto, esto permite detectar señales mucho más sutiles de cambio en el comportamiento del consumidor.

La prueba: datos reales de clientes

Para comprobar si este enfoque funciona, realizamos un estudio empírico con datos reales de comercio electrónico: miles de clientes y más de un millón de transacciones.

Los resultados muestran que el modelo cuántico mejora de forma consistente la capacidad de predicción respecto a métodos tradicionales y a otros enfoques más simples.

En la práctica, esto significa que puede identificar mejor qué clientes están a punto de abandonar, incluso cuando las señales son débiles o aparentemente invisibles.

Dicho de otra forma: permite detectar el problema antes de que sea evidente.

Tecnología avanzada, intuiciones humanas y límites éticos

Este tipo de modelos no solo mejora la predicción, sino que cambia la lógica del marketing. Permite, por ejemplo, intervenir en el momento preciso con ofertas personalizadas, priorizar a los clientes con mayor riesgo real, optimizar campañas de fidelización o simular cómo reaccionarán los consumidores ante diferentes decisiones de compra.

Así, el marketing dejaría de reaccionar a lo que ya ha pasado para anticiparse a lo que está a punto de suceder.

Curiosamente, incluso con modelos tan sofisticados, las variables que mejor explican el abandono siguen siendo bastante intuitivas.

El tiempo desde la última compra, la frecuencia o el nivel de gasto siguen siendo claves. La diferencia es que ahora podemos analizarlas en contextos mucho más complejos y detectar patrones que antes pasaban desapercibidos. La tecnología no sustituye la comprensión del consumidor: la amplifica.

A pesar de los avances, la computación cuántica todavía está en desarrollo y muchas de estas aplicaciones se implementan en entornos experimentales o simulados.

Además, surge una cuestión inevitable: ¿hasta qué punto es aceptable anticipar las decisiones de los individuos antes de que estos las tomen? El uso de datos personales, la privacidad y la influencia sobre el comportamiento del consumidor plantean retos éticos que deben abordarse en paralelo al desarrollo tecnológico.

Un cambio de fondo

La computación cuántica ya no es solo una promesa lejana sino una herramienta que puede mejorar problemas reales, por ejemplo en el marketing.

El cambio más importante, sin embargo, es conceptual. Si durante décadas el objetivo había sido entender al consumidor, ahora se puede empezar a anticiparlo. Y eso redefine la relación entre empresas y personas: más personalizada, más predictiva y también más compleja.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Hará posible la computación cuántica que las empresas conozcan, antes que el propio cliente, sus decisiones de compra futuras? – https://theconversation.com/hara-posible-la-computacion-cuantica-que-las-empresas-conozcan-antes-que-el-propio-cliente-sus-decisiones-de-compra-futuras-282687

¿Quién es el líder de la selección española del Mundial 2026?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Atela, Profesor Doctor Deusto Business School y Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto

Nico Williams sostiene la Copa del Mundo. White House

El 18 de diciembre de 2022 Argentina venció a Francia en la final del Mundial de Catar y, por poner solo un ejemplo, la CNN tituló: “Lionel Messi acaba de ganar su primer Mundial de fútbol”. En singular, él solo.

El 19 de julio de 2026 España venció a Argentina 1-0 en la final del Mundial celebrado en EE. UU., Canadá y México.

La imagen es simbólica: Messi, la figura que mejor ha representado el liderazgo individual heroico de las últimas dos décadas se despedía del torneo derrotado por una selección que ganó sin depender solo de una estrella.

Si la sociedad occidental sobrevalora, mitifica y mistifica al individuo y desatiende el desarrollo del equipo, el Mundial de 2026 es, probablemente, la confirmación deportiva más nítida de esta tesis.




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El mito (y el timo) del liderazgo


El mito del capitán único

La investigadora Katrien Fransen bautizó esa idea en 2014 como “el mito del capitán como líder principal”: tras encuestar a más de 4.000 deportistas, comprobó que el 44 % no reconocía a su capitán como líder en ninguno de los cuatro roles que sostienen a un equipo deportivo:

  • Rol de tarea: enfocado en los objetivos tácticos y técnicos, lo ejercen quienes dirigen el juego y organizan a los compañeros en el campo.

  • Rol social: a cargo de los que trabajan la cohesión y el bienestar del grupo dentro y fuera del campo.

  • Rol motivacional: desempeñado por los que mantienen alta la moral del equipo (también después de las derrotas).

  • Rol externo: estos son los embajadores del grupo. Gestionan las relaciones con la directiva, los medios de comunicación, los patrocinadores o la afición.

Un estudio con futbolistas españoles llegó a una conclusión parecida: la estructura de liderazgo más eficaz no es la de una sola persona al mando, sino la que se reparte entre varios roles y personas. Los programas de desarrollo de liderazgo sistémico en el deporte han probado que cuando dicho liderazgo se reparte de verdad, el equipo se vuelve más resistente, incluso si pierde a alguna de sus piezas clave por lesión, marcha o retirada. Esa capacidad de sobrevivir a la ausencia de cualquier individuo es, en el fondo, la mejor definición posible de lo que es un proyecto sostenible en el tiempo.

El talento colectivo no es la suma de talentos individuales

La suma de talentos individuales no explica por sí sola el rendimiento de un equipo. El factor decisivo es lo que llamamos armonía social: la capacidad de generar cohesión y de permitir que cada persona aporte lo mejor de sí al servicio de un objetivo compartido.

Si la inteligencia colectiva no depende del promedio de los cocientes intelectuales individuales sino de la armonía social del grupo, la excelencia en cualquier actividad deportiva en equipo no depende de juntar a “los mejores” y esperar a que la magia ocurra por sí sola. Y esto es, casi al pie de la letra, lo que los grandes medios internacionales atribuyeron a España tras la final.

‘El líder es el equipo’ (Pedri, 2024)

ESPN tituló que, en un torneo dominado por superestrellas, fue el espíritu de equipo el que ganó el Mundial para España: “No existe el ‘yo’ en la selección española”.

Fox Sports contrapuso ambos modelos sin matices: para Argentina, Messi es la estrella; para España, la estrella es el equipo, y ningún jugador –“ni siquiera Lamine Yamal”– está por encima del sistema humano.

El propio capitán, Rodri, rebajó su protagonismo la víspera de la final y atribuyó el título a “una maduración lenta” construida junto al seleccionador.

The Washington Post cita al entrenador De la Fuente, ya con la copa en las manos, definiendo a su plantilla como “un grupo, un equipo, una familia”.

Este no es un relato construido a posteriori: dos años antes, Pedri ya afirmaba que el liderazgo era de todo el equipo, sin que nadie estuviera por encima del resto:

“Los capitanes nos ayudan mucho, pero creo que la gran diferencia con los demás países es que nosotros somos un equipo y no hay un líder por encima de los demás”.

El ‘equipazgo’ como ventaja competitiva

En 2015, el experto en gestión y diseño organizacional Henry Mintzberg señaló: “Basta de liderazgo. Es hora del equipazgo (communityship)”. Y lo define como el pegamento social que sustituye a la “idea heroica e individualista del liderazgo”.

Esto no implica en absoluto prescindir de líderes formales –los equipos de fútbol tienen capitán y seleccionador, igual que cualquier organización necesita de figuras formales de referencia–, sino evitar que el club, la empresa o el equipo dependan de solo uno de ellos. Cuando el liderazgo se reparte, el sistema entero sobrevive a la ausencia de cualquiera de sus piezas.

Como ejercicio sencillo –pero extremadamente retador– proponemos al lector la siguiente pregunta aplicada a su organización o equipo:

¿Quién es aquí el líder?

La mejor señal de que el grupo funciona realmente como un equipo sería no poder responder con un solo nombre. Sea en una selección campeona del mundo, en la sala de un consejo de administración o en una pyme, el patrón de comportamiento se repite:

Donde el liderazgo se concentra en una sola persona, el proyecto es más frágil. Donde se reparte, el equipo es mucho más difícil de derrotar.

The Conversation

Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación, consultoría y formación provenientes de varios organismos públicos y privados de España, Mexico, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá, y es consultor en Shackleton Innovation.

ref. ¿Quién es el líder de la selección española del Mundial 2026? – https://theconversation.com/quien-es-el-lider-de-la-seleccion-espanola-del-mundial-2026-287935

No basta con reducir emisiones: el cambio climático y las olas de calor exigen planes que protejan vidas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

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El calor de este verano no es como el de siempre. Según AEMET, entre 1975 y 2025 se registraron 78 olas de calor en España, pero su evolución es lo más relevante: entre 1975 y 1984 había de media tres días al año en situación de ola de calor; entre 2016 y 2025, la media fue de 22. Ahora son más frecuentes, afectan a más provincias, duran más días y son más intensas.

La pregunta incómoda es: ¿están nuestros planes climáticos preparados para el clima que ya tenemos o siguen diseñados para el clima que dejamos atrás?

Mitigar y adaptarse: las dos caras de la acción climática

Cuando se habla de política climática, suele pensarse en reducir emisiones para mitigar el aumento de las temperaturas. Es imprescindible: cuanto más se caliente el planeta, más frecuentes e intensas serán las olas de calor. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el organismo científico de Naciones Unidas encargado de evaluar el conocimiento disponible sobre este tema, concluye que muchos fenómenos extremos ya han aumentado por la influencia humana y seguirán haciéndolo con más calentamiento.

Pero reducir emisiones no protege por sí solo frente a los impactos que ya están ocurriendo. También hay que adaptarse: preparar ciudades, hospitales, viviendas, infraestructuras, agricultura, agua y protección social para un clima más extremo.

Mitigar evita que el problema empeore; adaptarse reduce los daños presentes. Una política climática eficaz necesita ambas cosas.

Qué son las NDC y por qué importan

Cada país presenta ante Naciones Unidas sus planes climáticos nacionales, conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional o NDC, por sus siglas en inglés. Son los compromisos que los países formulan dentro del Acuerdo de París.

Las NDC nacieron centradas en la mitigación, es decir, la reducción de emisiones, pero cada vez incorporan más adaptación: cómo proteger a la población, la economía y los ecosistemas frente a los impactos climáticos. Muestran, en resumen, cómo un país entiende la emergencia climática.

En un estudio reciente publicado en Nature Communications, analizamos las 158 NDC disponibles de los 195 países registrados ante Naciones Unidas. Hemos usado inteligencia artificial (IA) y validación humana para ver cómo conectan sus planes climáticos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible(ODS).

En nuestro estudio, la IA no sustituye el juicio experto: ayuda a analizar documentos largos, heterogéneos y difíciles de comparar. Las NDC de cada país usan lenguajes, prioridades y niveles de detalle distintos, y la IA permite detectar patrones comunes, conexiones implícitas y ausencias relevantes.

Más de la mitad de los países analizados no mencionan explícitamente los ODS en sus planes climáticos, aunque muchas conexiones aparecen en el significado del texto. Analizar solo palabras clave puede ocultar relaciones importantes entre clima, salud, energía, agua, agricultura, biodiversidad o adaptación. El resultado es claro: los países no están planeando la transición climática de la misma manera.

De hecho, el hueco es notable: apenas el 1 % del texto de las NDC desarrolla explícitamente cómo la acción climática y el desarrollo sostenible se refuerzan mutuamente. La mayoría de los países tratan ambas agendas como si avanzaran por separado, cuando en realidad se necesitan.

Un mundo que planifica de forma desigual

Los países de renta alta suelen poner el acento en la salud, la transición energética o la transformación industrial. Muchos países de renta baja y media, en cambio, priorizan necesidades más inmediatas: agua, alimentos, energía, agricultura, recursos naturales y biodiversidad.

No es que unos entiendan mejor el cambio climático que otros; es que lo viven desde posiciones distintas. Para algunos, la transición significa electrificación, eficiencia o innovación. Para otros, está más ligada a sequías, inseguridad alimentaria y acceso básico a agua y energía.

Hay, sin embargo, un punto ciego que comparten ricos y pobres por igual: la educación y la igualdad de género apenas aparecen en los planes climáticos, sea cual sea el nivel de renta del país. Es una ausencia preocupante, porque sin personal cualificado para anticipar desastres y sin políticas que tengan en cuenta el impacto distinto del cambio climático sobre hombres y mujeres, cualquier plan de adaptación se queda corto.

La conclusión es clara: no existe una receta universal. Un buen plan climático debe partir de la realidad de cada país, pero integrar siempre mitigación, adaptación y desarrollo sostenible.

El peligro de las políticas en silos

Una de las ideas centrales de nuestro estudio es que las políticas climáticas pueden generar sinergias, pero también conflictos. Rehabilitar viviendas, por ejemplo, puede reducir emisiones, mejorar la salud y proteger frente al calor. En cambio, una infraestructura mal planificada puede dañar ecosistemas, comunidades locales o recursos hídricos.

Por eso no basta con diseñar políticas aisladas. Las olas de calor muestran bien esa interdependencia: no son solo un fenómeno meteorológico, sino también un problema de salud, vivienda, urbanismo, energía, empleo y desigualdad. La OMS advierte de que el calor extremo aumenta la mortalidad y agrava problemas cardiovasculares, respiratorios y renales, especialmente entre mayores, niños, embarazadas y personas con menos recursos.




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En una ciudad con poco arbolado, mucho asfalto y viviendas mal aisladas, el calor no afecta a todos por igual. Adaptarse al cambio climático es, por tanto, también una cuestión de justicia social.

Y, hablando de justicia social, la deuda. Setenta y nueve países atraviesan dificultades de deuda, sesenta de ellos vulnerables al clima. Pagar intereses deja poco margen para invertir en resiliencia. Los canjes de deuda por naturaleza o clima podrían aliviar ambos problemas, pero siguen siendo la excepción.

Planificar el clima que viene

El momento es especialmente importante. Las NDC se revisan cada cinco años y la nueva ronda, programada para el 2030, debe orientar los compromisos climáticos hasta 2035. Lo que los países decidan ahora condicionará emisiones, infraestructuras, inversiones y modelos de desarrollo. Por eso, la ambición climática no debería medirse solo en toneladas de CO₂ evitadas, sino también en la capacidad de anticipar riesgos, reducir desigualdades y evitar nuevos problemas sociales, económicos o ambientales.

España necesita reducir emisiones, pero también adaptarse rápidamente a un clima más extremo, porque el calor no espera a que los planes sean perfectos y, probablemente, este sea uno de los veranos más fríos que veremos en el resto de nuestra vida.

The Conversation

Sergio Hoyas Calvo recibe fondos del Gobierno de España (CIN/AEI/10.13039/501100011033) y la Generalitat Valenciana (CIPROM/2024/35) para sus estudios en Aerodinámica y Turbulencia

J. Alberto Conejero recibe fondos de la Generalitat Valenciana, proyecto PROMETEO CIPROM/2022/21.

Ricardo Vinuesa recibe fondos de ERC, NSF and DOD.

ref. No basta con reducir emisiones: el cambio climático y las olas de calor exigen planes que protejan vidas – https://theconversation.com/no-basta-con-reducir-emisiones-el-cambio-climatico-y-las-olas-de-calor-exigen-planes-que-protejan-vidas-286498

¿Cómo hablar de pornografía con nuestros hijos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Vázquez Figueiredo, Profesora del área de Psicología Básica. Especializado en la prevención de la violencia, comportamientos antisociales y delictivos, Universidade de Vigo

Kleber Cordeiro/Shutterstock

Un día, en casa, escuchamos un comentario sobre sexo de nuestros hijos, todavía ni siquiera adolescentes, que nos sorprende. “En mi clase dicen que hay una página donde salen personas haciendo cosas de mayores. ¿Tú sabes cuál es?”. O quizá preguntan: “¿Qué es el porno?”. Pero lo pasamos por alto: al fin y al cabo no tiene importancia, aún son muy jóvenes para tener interés real o ni siquiera entenderlo.

Y así, el tema desaparece del escenario, trasladando el diálogo y las cuestiones que le causan curiosidad a nuestros hijos a otros contextos (los amigos, las redes sociales) que, con bastante probabilidad, no sean los más oportunos para ofrecerles la orientación que están buscando.

En cambio, si en ese momento, en lugar de pasarlo por alto, le respondemos de manera sincera y cercana, sin eludir las partes incómodas pero sin darle tampoco mayor importancia (“Es una buena pregunta. ¿Qué es lo que te genera curiosidad?” o “Si quieres, podemos hablar”), sus preguntas aparecerán sin miedo, y nos darán la posibilidad de crear, en nuestro hogar, un espacio seguro para hablar estos temas. Validaremos y normalizaremos así la búsqueda de información sobre la sexualidad: el sexo y todo lo que lo rodea habrá dejado de ser un tema tabú.

Crear el espacio de confianza

No siempre, ni para todos los padres o madres, es fácil sacar estos temas y acompañar y apoyar a los hijos e hijas. Por eso aprovechar una oportunidad que surge, de manera relajada, es tan importante. Estos son los momentos que crean la confianza: a partir de ahí, el espacio se va creando y aparece el diálogo: intermitente, en ocasiones aisladas y no necesariamente con un tratamiento exhaustivo. Es la oportunidad de cuestionar y dialogar de forma crítica sobre los contenidos falsos o sesgados, las imágenes violentas y la banalización de las conductas de riesgo a los que pueden estar expuestos sin que lo sepamos.

Cuidar y favorecer esta comunicación y nuestra relación con ellos es una de las pocas medidas con las que podemos contar para reducir su consumo de pornografía y lograr que su educación sexual sea saludable.




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El consumo temprano o excesivo de pornografía y su efecto en la salud física y mental del adolescente


¿Cómo hablar de sexo con nuestros hijos?

A continuación ofrecemos unas pautas para aquellos padres y madres que quieran aprovechar momentos, de manera orgánica y sin imponer, para hablar de temas de sexo y pornografía con los hijos e hijas:

  1. Prepararse para transmitir seguridad. Esto implica formarse y actualizarse recurriendo a guías y materiales elaborados por instituciones y organizaciones especializadas, como Save the Children o Pantallas Amigas que ofrecen orientaciones y explicaciones prácticas adaptadas a las distintas edades para abordar la sexualidad y la pornografía desde el diálogo, sin recurrir al miedo ni a la prohibición.

    No se trata de ser expertos en sexualidad, sino de ser una fuente de información fiable y un espacio seguro al que sepan que siempre pueden acudir.

  2. Mantener conversaciones sobre sexualidad antes de que se produzca la primera exposición a la pornografía, y no únicamente cuando ésta se haya producido. Los estudios señalan que el primer contacto con el porno se produce a edades cada vez más tempranas, habitualmente en torno a los 12 años, aunque algunas investigaciones describen exposiciones incluso entre los 8 y los 10 años. Casi la mitad han visto este tipo de contenidos antes de los 13 años.

    La sexualidad puede hablarse con naturalidad en la primera infancia. Por ejemplo, dialogando sobre cuentos y libros que abordan este tema, siempre acordes con la edad. Algunos cuentos y libros que tocan estos temas son Tu cuerpo es tuyo (editorial NubeOcho), desde los 5 años, El porno no mola (Montena), a partir de los 11, y Eso no es sexo (Crossbooks), a partir de los 13.

  3. Llevar a cabo una supervisión digital activa. No limitarse al control parental tecnológico, sino acompañar el uso de internet hablando con ellos sobre lo que ven e interesándonos por sus gustos, además de establecer normas de uso en familia. De lo que se trata no es de vigilar en secreto ni de controlar constantemente, sino de construir acuerdos con ellos sobre el uso de internet: hablar de lo que hacen en la red, establecer normas conjuntamente, interesarse por sus experiencias y generar confianza para que puedan transmitirnos si encuentran algo que les incomoda.

  4. Prevenir el consumo excesivo de pornografía. No siempre es necesario preguntar directamente si nuestros hijos o hijas ven porno. A menudo resulta más útil aprovechar conversaciones cotidianas, una noticia, una escena de una serie o un comentario que hagan, para preguntarles qué saben o qué han oído sobre este tema, favoreciendo un diálogo abierto y sin juicios. Cuando un menor reconoce haber visto pornografía, se recomienda evitar el castigo o la culpabilización. Se debe aprovechar la situación como una oportunidad educativa. Y abordar los contenidos sexuales explícitos desde una perspectiva educativa y de salud.




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Los temas clave

Cuando una conversación sobre sexo, sexualidad o pornografía surge espontáneamente, además de mostrarnos abiertos y sinceros, podemos aprovechar para introducir temas especialmente importantes:

  1. El consentimiento y el establecimiento de límites. El consentimiento está presente en distintas esferas de nuestra vida y, por tanto, no se debe enseñar exclusivamente aplicado al sexo. Si enseñamos a que aprendan a establecer límites y a mostrarse asertivos estaremos potenciando que también lo emplee en sus relaciones afectivas y sexuales. Reconocer el derecho a la privacidad, en su vida en general, es otra de las cuestiones que se deben potenciar, así como el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y a su forma de expresarse.

  2. Discernir entre la información real y la falsa. Desarrollar el pensamiento crítico para identificar las representaciones irreales de la pornografía, cuestionar los estereotipos y contrastar la información con fuentes fiables. La enorme distancia entre la realidad y las representaciones pornográficas puede generar insatisfacción corporal y sexual, afectando a la autoestima y a la calidad de las relaciones; por esta razón es muy importante incidir en la diversidad corporal, así como en el autocuidado y la aceptación de uno mismo y los demás.

  3. Ayudarles a identificar cuándo están viendo demasiada pornografía, describiéndoles señales de alerta: sentir que no pueden dejar de verla, que cada vez necesitan consumirla con más frecuencia o que está afectando a sus estudios, sus relaciones o su bienestar emocional. Es importante que conozcan a qué personas adultas o recursos pueden acudir para solicitar ayuda.




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La base de una sexualidad sana

Cuando en el hogar existe una cultura abierta y una comunicación sincera y fluida en torno a estos temas, los menores desarrollan más herramientas para afrontar su sexualidad de forma saludable.

La comunicación familiar y la educación afectivo-sexual de calidad son las dos vías más importantes de alfabetización pornográfica con que cuentan los niños y adolescentes para desarrollar la capacidad de analizar críticamente los contenidos sexuales y pornográficos que encuentran fácilmente en redes sociales e internet y afrontar con mayor seguridad la presión del grupo. Todo ello contribuye a que puedan tomar decisiones más informadas y responsables sobre su sexualidad.

Sobre todo si en el ámbito escolar también existe un apoyo a la labor familiar, tanto a través de las asociaciones de padres y madres como de la propia organización del centro, con la implantación de programas y espacios seguros para abordar una necesidad básica de todo ser humano: su sexualidad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cómo hablar de pornografía con nuestros hijos? – https://theconversation.com/como-hablar-de-pornografia-con-nuestros-hijos-286784

Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Velasco, Profesor de Investigación. Grupo "Filosofía Social y Política" (FISOPOL). Jefe del Departamento de Filosofía Teórica y Práctica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC)

Tricani Alessio/Shutterstock

En espacios geopolíticos, como la Unión Europea, donde la flexibilización, la relativización e incluso el desmantelamiento de las fronteras estatales ha sido más rotundo, las fronteras interiores se han ido liberalizando en la misma proporción que se reforzaban y endurecían los bordes exteriores.

Las fronteras europeas ya no están solo en tierra

La llamada “fortaleza Europa” –una suerte de “balneario acorazado” en medio de un mundo inestable– es mucho más que un socorrido recurso retórico: se trata de una realidad tangible, diseñada para asegurar un área de prosperidad e intentar contener la propagación de la indigencia planetaria en su interior.

Apenas transcurridas tres décadas desde que se desmanteló el telón de acero, se vuelven a levantar nuevas barreras, no menos reales, en los mismos márgenes de la Unión: un telón de alambre de espino.

Este cambio de política tiene un protagonista central: la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, más conocida como Frontex. Creada en 2004 para coordinar las fronteras exteriores del espacio Schengen, su papel se ha ampliado de forma notable hasta convertirse en el actor más relevantes de la política migratoria europea.

Hoy no solo coordina operaciones de vigilancia y control, sino que también desempeña un papel clave en la proyección de las políticas migratorias de la Unión Europea hacia terceros países.

10 000 efectivos para 2027

Tras la ambiciosa reforma aprobada en 2019 –dirigida a superar su función meramente coordinadora y dotarla de capacidad operativa con un cuerpo propio de agentes uniformados y armados–, y con la previsión de alcanzar unos 10 000 efectivos en 2027, se están sentando los cimientos de un auténtico cuerpo policial para las fronteras exteriores de la Unión.

Su misión consiste, fundamentalmente, en vigilar e interceptar flujos migratorios irregulares en alta mar, lo que implica desplazar las fronteras aguas adentro, así como gestionar los procedimientos de retorno de las personas migrantes interceptadas.

Este proceso de transformación ha ido acompañado de un crecimiento muy significativo en presupuesto, funciones y capacidad operativa. Si en 2005 su presupuesto fue de algo más de seis millones de euros, en 2025 supera ya los 1 000 millones, lo que refleja la creciente centralidad del control fronterizo en la agenda europea.

Este desarrollo no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto global. En los últimos años, los desplazamientos forzados han aumentado de forma significativa. Según ACNUR, a finales de 2024 había más de 120 millones de personas desplazadas en el mundo.

Ante este escenario, la gestión de las migraciones se ha situado en el centro del debate político europeo. No obstante, la respuesta de la Unión Europea no ha priorizado el refuerzo de los mecanismos de acogida o protección, sino el endurecimiento del control de sus fronteras.

De un reto humanitario a un problema de seguridad

En esta misma dirección, los recientes desarrollos normativos vinculados al nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo –aprobado en 2024 y cuya plena aplicación está prevista para 2026– refuerzan los procedimientos acelerados en frontera, amplían los supuestos de detención y consolidan las políticas de retorno y externalización del control migratorio. Lejos de atenuar o matizar la tendencia descrita, estas medidas la profundizan.

De este modo, se ha ido imponiendo una lógica claramente securitaria. Frontex opera desde este enfoque, que concibe las migraciones como un factor de riesgo, más que como una realidad con un componente humanitario. Como consecuencia, las personas migrantes pasan a ser presentadas como potenciales amenazas, lo que legitima el uso intensivo de herramientas policiales, militares y tecnológicas para gestionar su movilidad.

Es lo que puede denominarse un proceder securitario: una forma de actuación basada en la vigilancia, la anticipación y el control. En paralelo, han disminuido significativamente las operaciones de salvamento marítimo, especialmente en el Mediterráneo.

Frontex ocupa, pues, una posición central en este modelo. Su crecimiento ha ido acompañado de una mayor implicación en operaciones de vigilancia marítima, control fronterizo y cooperación con países externos a la Unión Europea. Sin embargo, este protagonismo también ha venido acompañado de polémicas.

En los últimos años, diversas investigaciones han señalado posibles vulneraciones de derechos humanos y delitos de denegación del deber de auxilio, lo que ha generado críticas tanto a la agencia como al enfoque general de la política migratoria europea.

Cómo define Europa quién merece protección

No está escrito que Unión Europea tenga que proceder siempre de este modo. De hecho, la respuesta europea a la guerra de Ucrania ha demostrado que es posible gestionar desplazamientos masivos de refugiados respetando los derechos humanos y guiándose por el principio de solidaridad, lo que pone en cuestión el funcionamiento habitual de Frontex y sugiere posibles sesgos en la aplicación de las políticas de acogida.

Por ello, cabe preguntarse si estos problemas son casos aislados o si responden a cuestiones más profundas. En particular, es relevante analizar hasta qué punto están relacionados con la propia lógica securitaria que guía la acción de Frontex en detrimento del enfoque humanitario, así como con desigualdades interestatales, relaciones de poder entre el norte y el sur globales y posibles sesgos institucionales en la gestión de la movilidad.




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Esto plantea, además, interrogantes sobre la idoneidad de tratar los movimientos migratorios con herramientas propias de la lucha contra el crimen transfronterizo o el terrorismo internacional, especialmente cuando se trata de personas en situación de vulnerabilidad, así como sobre los riesgos de su creciente colaboración con actores como la OTAN.

En este sentido, más que un actor neutral, Frontex aparece como una pieza clave de un modelo de gestión de fronteras que plantea importantes interrogantes sobre el equilibrio entre seguridad, soberanía y derechos humanos en la Europa actual.

The Conversation

Juan Carlos Velasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de sus funciones como Investigador Principal del Proyecto “Desigualdades, privilegios y justicia global – PRIVILEGIA” (PID2022-136448OB-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

ref. Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE – https://theconversation.com/mas-control-menos-acogida-asi-ha-cambiado-la-politica-migratoria-de-la-ue-287143

De vender innovación a vender resultados: el nuevo modelo de negocio de los gigantes de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Pita Lozano, Profesor de Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Usar IA en la empresa no garantiza sin más un aumento de producción o mejores resultados. Compagnons / Unsplash, CC BY

Durante los dos últimos años, hemos hablado mucho de productividad. Productividad del programador, del abogado, del médico, del consultor, del financiero, del profesor e, incluso, del alumno. La promesa era sencilla: deme una herramienta de inteligencia artificial y haré más cosas en menos tiempo.

Es verdad que un empleado con acceso a un buen modelo generativo puede escribir más rápido, resumir mejor, programar con ayuda o preparar informes en menos tiempo. Sin embargo, muchas empresas están descubriendo una verdad incómoda: mejorar la productividad individual no siempre mejora la eficiencia de la organización.

Usar mucha IA no significa más beneficios para la empresa

Una compañía puede tener cientos de empleados usando IA todos los días y, aun así, no haber cambiado sus procesos. Puede pagar licencias, APIs –siglas de Interfaz de Programación de Aplicaciones: un conjunto de reglas que permite que diferentes aplicaciones de software se comuniquen entre sí– y proyectos piloto, y seguir sin saber qué gana con eso. Puede tener mucha actividad y muchas demostraciones… pero poco impacto en la cuenta de resultados.

Ahí empieza el cambio. Los grandes laboratorios de IA están entendiendo que el negocio no está solo en vender modelos, sino en conseguir que estos produzcan valor dentro de las empresas.

En este contexto, por otro lado, la IA generativa tiene una característica poderosa, pero desigual: amplifica las capacidades de quien sabe utilizarla. Sin embargo, para alguien sin criterio, método o contexto, puede convertirse en ruido, dependencia o falsa productividad.

Ese mismo efecto se traslada a las empresas. Tener una suscripción no transforma una organización. Tener un chatbot no mejora automáticamente la experiencia de usuario. Para que eso ocurra, hacen falta conocimiento del negocio, integración con procesos, rediseño organizativo, medición del impacto y capacidad de ejecución.

Por eso, el modelo de negocio de las grandes plataformas como OpenAI empieza a cambiar. La primera etapa de la IA generativa se basó en cobrar por acceso: una suscripción mensual, un precio por usuario, un coste por token –modelo de tarificación utilizado en inteligencia artificial y modelos de lenguaje (como GPT-4, Claude o Llama), donde se paga de forma exacta y variable por la cantidad de texto que se procesa–. Tenía sentido: la tecnología era nueva y las empresas querían experimentar. La pregunta era: “¿qué podemos hacer con esto?”.

Ahora la pregunta es distinta: “¿qué problema de negocio resuelve y cuánto valor genera?”. La empresa no quiere pagar simplemente por consumir tokens –componentes básicos del texto que procesan los modelos de lenguaje–. Quiere pagar por reducir costes, aumentar ingresos, acelerar procesos, mejorar el servicio o disminuir errores. No busca “un modelo lingüístico avanzado”, sino una solución de selección que reduzca el tiempo de cribado, un sistema de atención 24/7 o un asistente que prepare propuestas comerciales personalizadas.

La unidad económica ya no es el token, sino el resultado

En las oficinas actuales, la IA ha dejado de ser ocasional y se ha convertido en una capa cotidiana del trabajo. Aunque el coste por token baje, el coste total puede crecer con consultas más complejas y más automatizaciones. Por otro lado, muchas empresas quieren invertir en IA, pero no siempre saben convertir esa inversión en retorno. Encima, cada vez hay más modelos, herramientas y proveedores entre los que elegir. Lo que ayer parecía extraordinario, mañana puede ser una funcionalidad estándar.

En este escenario, los sistemas de IA generativa se están convirtiendo progresivamente en una commodity: una pieza imprescindible, pero cada vez menos diferenciadora por sí misma. Su valor añadido ya no está solo en la inteligencia del modelo, sino en su capacidad para insertarse en la realidad operativa de una organización: sus datos, procesos, restricciones legales, sistemas heredados, cultura y métricas.

El valor sale del laboratorio al mundo real

Por estas razones, el proveedor tecnológico está empezando a transformarse en partner operativo. El primero vende acceso a una herramienta. El segundo se compromete con un resultado: habla de tiempos de respuesta, costes de operación, satisfacción del cliente, reducción de errores, cumplimiento normativo y retorno de la inversión.

Este salto acerca a los gigantes tecnológicos al terreno de la consultoría de negocio, porque la adopción empresarial de la IA ya no es un problema puramente técnico, sino una cuestión de transformación organizativa. Exige identificar casos de uso, priorizarlos, integrarlos, medirlos, gobernarlos y escalarlos. Es necesario saber dónde la IA crea valor y dónde solo crea apariencia de modernidad.

Y eso no es sencillo. La IA en una demo suele ser limpia, pero en una empresa suele ser desordenada. Los datos no están donde deberían. Los sistemas no siempre se hablan entre sí. Los procesos tienen excepciones. La regulación impone límites. El éxito no depende solo de que el modelo responda bien, sino de que el sistema completo funcione.

También cambia la lógica de producto. Un producto de IA puede venderse a muchas empresas con pequeñas variaciones. Pero una solución que transforma un proceso necesita adaptarse al sector, al tamaño de la compañía, a su madurez digital, a sus datos y a sus objetivos. Cuanto más concreta sea la solución, mayor será el valor percibido.

Este cambio afecta, también, a los perfiles profesionales. Junto a los programadores, ganarán protagonismo quienes convierten modelos en soluciones reales: personas capaces de hablar con un equipo técnico y con un director de operaciones, de diseñar un flujo, medir un resultado y ajustar el sistema a la necesidad del cliente.

Soluciones tangibles para las empresas

La gran paradoja es que los laboratorios de IA han creado una tecnología horizontal, pero necesitan capturar valor vertical. Un modelo de aprendizaje automático puede servir para casi cualquier cosa. Pero una empresa paga de verdad cuando ese “casi cualquier cosa” se convierte en “esto concreto que mejora mi negocio”.

Si la inteligencia artificial generativa empezó vendiéndose como una herramienta para hacer más cosas más rápido, su madurez empresarial dependerá de una promesa mucho más exigente: hacer que las organizaciones funcionen mejor.

Quizá, por eso, el futuro de los laboratorios de IA no se parezca tanto al de una empresa de software tradicional, sino a una mezcla compleja de infraestructura, consultoría, integración y operación. OpenAI y Anthropic ya han comenzado esta transformación. En ese tránsito de proveedor tecnológico a partner operativo, puede estar naciendo el verdadero modelo de negocio de la inteligencia artificial.

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Antonio Pita Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De vender innovación a vender resultados: el nuevo modelo de negocio de los gigantes de IA – https://theconversation.com/de-vender-innovacion-a-vender-resultados-el-nuevo-modelo-de-negocio-de-los-gigantes-de-ia-285889

¿Quién debe pagar por eliminar los microcontaminantes del agua?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Instalaciones de depuración de aguas. dongfang/Shutterstock

Durante las últimas décadas, la depuración de aguas residuales ha sido una de las grandes historias de éxito ambiental en España. La Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas de 1991 supuso la construcción de miles de kilómetros de redes de saneamiento y cientos de estaciones depuradoras, lo que mejoró notablemente la calidad del agua en ríos, lagos y aguas costeras. Actualmente, alrededor del 95 % de la población española dispone de esos servicios.

Las depuradoras que transformaron la calidad de las aguas del continente europeo fueron diseñadas para resolver los problemas ambientales que preocupaban a finales del siglo XX. Entre ellos, la contaminación orgánica, los sólidos en suspensión o el exceso de nutrientes. Sin embargo, hoy el desafío es diferente.

Los avances científicos de las últimas décadas han permitido detectar sustancias presentes en el agua en concentraciones extremadamente bajas pero que pueden afectar a los ecosistemas acuáticos. Se conocen como microcontaminantes y entre ellos se encuentran restos de medicamentos, productos cosméticos, pesticidas y otros compuestos químicos de uso cotidiano.

Aunque su concentración suele medirse en microgramos (millonésimas partes de un gramo) o nanogramos (milmillonésimas partes de un gramo) por litro, estos compuestos han despertado una creciente preocupación científica. El motivo no es solo su toxicidad potencial. También preocupa su persistencia en el medio ambiente, así como su capacidad para acumularse. La exposición prolongada puede provocar efectos sobre los organismos acuáticos.




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Las depuradoras actuales ya no son suficientes

La nueva Directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, aprobada en 2024, responde precisamente a este reto, incorporando por primera vez la eliminación de microcontaminantes entre sus objetivos regulatorios. Además, prevé la implantación progresiva de tratamientos avanzados en las depuradoras de mayor tamaño.

Pero estas tecnologías tienen un coste elevado. Adaptar las infraestructuras existentes requerirá inversiones millonarias y un incremento de los costes de explotación de las plantas. La pregunta, por tanto, ya no es si debemos eliminar estos contaminantes, sino quién debe pagar por hacerlo. En este punto entra en juego una de las medidas más novedosas y controvertidas de la nueva directiva: la responsabilidad ampliada del productor. Se trata de un mecanismo que trasladará una parte importante de estos costes a los fabricantes de medicamentos y productos cosméticos.

El problema invisible: los microcontaminantes

Muchos de los microcontaminantes que hoy preocupan a científicos y reguladores proceden de actividades cotidianas. Un ejemplo son los medicamentos. Cuando consumimos un fármaco, nuestro organismo solo metaboliza una parte. El resto es excretado y acaba llegando al sistema de saneamiento. Y lo mismo ocurre con numerosos compuestos presentes en productos de higiene personal o limpieza doméstica.

El problema es que estas sustancias presentan características muy distintas de las de los contaminantes para los que fueron diseñadas las depuradoras actuales. Son compuestos químicos muy estables y están presentes en concentraciones extremadamente bajas. Además, en muchos casos resisten los procesos biológicos convencionales.

Las estaciones depuradoras construidas durante las últimas décadas han sido muy eficaces para eliminar contaminantes convencionales. Sin embargo, no fueron concebidas para retener estas moléculas complejas.

Por este motivo, la eliminación de microcontaminantes exige nuevas etapas de tratamiento basadas en tecnologías avanzadas, como la ozonización o la adsorción con carbón activo, entre otras. La buena noticia es que estas soluciones ya existen y han demostrado su eficacia. El desafío no es tecnológico, sino económico: ¿cómo financiar la transformación de unas infraestructuras diseñadas para resolver los problemas ambientales del siglo XX y adaptarlas a las exigencias del siglo XXI?




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La solución técnica tiene un precio

La eliminación de microcontaminantes en las aguas residuales es técnicamente posible. Durante los últimos años se han desarrollado tratamientos avanzados capaces de reducir significativamente la presencia de estas sustancias en las aguas residuales.

El desafío es que estas tecnologías son considerablemente más complejas y costosas que los tratamientos convencionales utilizados en las depuradoras. Su implantación exige nuevas infraestructuras, un mayor consumo energético y personal especializado. También requiere programas analíticos capaces de detectar compuestos presentes en concentraciones extremadamente bajas.

Además, la eliminación de microcontaminantes rara vez depende de una única tecnología. Con frecuencia es necesario combinar varios procesos para alcanzar los niveles exigidos por la nueva normativa. Todo ello incrementa los costes de inversión, operación y mantenimiento.

La nueva apuesta europea: la responsabilidad ampliada del productor

Para financiar esta nueva generación de tratamientos, la Unión Europea ha recurrido a un instrumento que ya se aplica en otros ámbitos ambientales. Se trata de la responsabilidad ampliada de productor (RAP).

Este principio parte de una idea sencilla. Si un producto genera impactos ambientales a lo largo de su ciclo de vida, quienes lo fabrican o comercializan deben asumir parte de los costes de su gestión. Este modelo no es nuevo. Desde hace años se aplica a ámbitos como los envases, las baterías o los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

La novedad es que, por primera vez, este enfoque se traslada al ámbito de las aguas residuales urbanas. La directiva impone nuevas obligaciones a los productores de medicamentos de uso humano y productos cosméticos. En concreto, deberán financiar hasta el 80 % de los costes asociados a la eliminación de microcontaminantes en las estaciones depuradoras.

La lógica de la medida es doble. Por un lado, aplica el principio de “quien contamina paga”, evitando que la totalidad de los costes recaiga sobre los municipios, los operadores del agua y, en última instancia, los ciudadanos. Por otro, pretende generar incentivos para que la industria desarrolle productos más sostenibles y reduzca, cuando sea posible, la presencia de sustancias problemáticas para el medio ambiente.

Sin embargo, trasladar este principio al ciclo urbano del agua también abre un debate complejo sobre cómo repartir de forma justa y eficiente los costes de la protección ambiental.




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¿Es la responsabilidad ampliada del productor la mejor solución?

La incorporación de la responsabilidad ampliada del productor al ciclo urbano del agua representa un cambio de paradigma en la gestión de la contaminación. Por primera vez, se trasladan, al menos en parte, a quienes ponen en el mercado los productos que contribuyen a su presencia en el medio ambiente.

A pesar de las ventajas de este modelo, su aplicación práctica plantea algunos interrogantes. La contaminación por microcontaminantes es un fenómeno complejo y difuso, en el que intervienen múltiples fuentes y millones de usuarios. Determinar qué sectores deben asumir los costes, en qué proporción y con qué criterios resulta especialmente complejo. Además, parte de estos costes podría trasladarse al precio final de los productos y repercutir indirectamente sobre los consumidores.

También existe el debate sobre si la financiación de los tratamientos avanzados debe recaer únicamente sobre determinados sectores productivos. Al fin y al cabo, toda la sociedad se beneficia de una mejor calidad de las aguas. Por ello, algunos sostienen que una parte de los costes debería seguir siendo asumida de forma colectiva.

Más allá de estas cuestiones, la nueva directiva evidencia que proteger los ecosistemas acuáticos frente a los microcontaminantes tiene un coste. La verdadera discusión ya no gira en torno a la necesidad de actuar, sino sobre cómo repartir de forma justa y eficiente la responsabilidad de hacerlo.

Una nueva etapa para la depuración del agua

Durante las últimas décadas, Europa ha realizado un enorme esfuerzo para reducir la contaminación visible de ríos, lagos y zonas costeras. La nueva directiva de aguas residuales urbanas abre una nueva etapa. Pone el foco en los microcontaminantes, uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI.

La responsabilidad ampliada del productor no resolverá por sí sola este problema. Sin embargo, ha abierto un debate necesario sobre quién debe financiar la protección de nuestros recursos hídricos en un contexto de crecientes exigencias ambientales. Y esa discusión, probablemente, será tan importante como las propias tecnologías que permitirán eliminar estos contaminantes.

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Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos de para el desarrollo de proyectos de investigación sobre el desarrollo de procesos de tratamiento de aguas a través de la Agencia Estatal de Investigación.

ref. ¿Quién debe pagar por eliminar los microcontaminantes del agua? – https://theconversation.com/quien-debe-pagar-por-eliminar-los-microcontaminantes-del-agua-286104