Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica en la que un tejido similar al que recubre el interior del útero aparece fuera de él, especialmente en los ovarios y en el peritoneo, que es la membrana que tapiza la cavidad abdominal.
En números, la endometriosis afecta a 190 millones de mujeres en edad reproductiva (un 10 % de las personas de sexo femenino al nacer) y puede, entre otras cosas, provocar dolor pélvico y generar problemas de fertilidad.
Pero ¿por qué algunas mujeres con endometriosis sufren dolores intensos mientras otras, con lesiones aparentemente similares, apenas tienen molestias? Si el tamaño o la cantidad de las lesiones no siempre explican estas diferencias, quizá la respuesta esté en cómo se organizan las células y cómo se relacionan entre sí. Para explorar esta posibilidad, un estudio publicado en Nature Communications ha elaborado un mapa detallado de las lesiones de endometriosis.
Un mapa de alta resolución
La principal técnica que han utilizado para dibujar este mapa se denomina transcriptómica espacial. Básicamente, les permite identificar qué genes están activos en distintas regiones de un tejido –en este caso, las lesiones de endometriosis– y conocer dónde se localiza esa actividad.
El análisis incluyó la biopsia de cuatro lesiones de tipo ovárico y otras cuatro lesiones peritoneales superficiales. A continuación, los tejidos se dividieron digitalmente en nada más y nada menos que… ¡2,62 millones de cuadrículas de ocho micrómetros de lado! Ojo, porque un micrómetro equivale a una milésima de milímetro.
Tres capas que se repiten
A partir de la actividad de los genes detectada, y de otras técnicas que permiten identificar y localizar moléculas y proteínas en muestras independientes, los investigadores pudieron distinguir las regiones que forman las lesiones y estimar qué tipos de células había en cada una.
Así identificaron que las lesiones de endometriosis compartían una organización que recuerda a los anillos concéntricos de una diana. En el centro se encontraban las glándulas epiteliales y, a su alrededor, dos capas con distintos tipos de células que contribuyen a mantener la estructura del tejido, junto con vasos sanguíneos, vasos linfáticos y células del sistema inmunitario.
Lo llamativo es que este mismo patrón se repetía tanto en el ovario como en el peritoneo, a pesar de tratarse de lugares diferentes del organismo.
La red neuroinmunológica del dolor
Las neuronas encontradas en la capa que rodea a las glándulas de las lesiones de endometriosis también desvelaron información interesante de cara a su tratamiento.
En concreto, los investigadores identificaron indicios de la presencia de neuronas relacionadas con la percepción del dolor, llamadas nociceptores, en aproximadamente el 18 % de las pequeñas regiones analizadas que habían sido clasificadas como neuronales. Por su parte, cerca del 40 % mostraba señales de mecanorreceptores, neuronas especializadas en detectar estímulos físicos, como la presión o el estiramiento.
Es importante aclarar que estos porcentajes no corresponden a un recuento directo de neuronas, sino a una estimación basada en la actividad de sus genes.
Y las neuronas no estaban solas. En sus proximidades se encontraron células del sistema inmunitario, como los macrófagos y los mastocitos, que participan en la respuesta inflamatoria.
Además, al estudiar las moléculas que estas células pueden utilizar para comunicarse, el equipo de investigación encontró indicios de un posible intercambio de señales entre las neuronas y las células inmunitarias. Este diálogo o comunicación celular podría contribuir a comprender los mecanismos del dolor asociado a la endometriosis.
Reserva ovárica
El estudio también investigó si las lesiones podían afectar a los folículos ováricos cercanos, las estructuras donde maduran los óvulos. Y parece ser que sí, pues se observó que, cuanto más cerca estaban los folículos de las lesiones, menor era la actividad del gen de la hormona antimülleriana, relacionada con la reserva ovárica.
Una interpretación de estos resultados es que las lesiones de endometriosis podrían alterar el funcionamiento de los folículos más próximos y, con ello, afectar a la capacidad reproductiva. Sin embargo, esta asociación no demuestra que las lesiones sean la causa directa de esas alteraciones ni que los óvulos hayan perdido calidad.
Aunque el trabajo no identifica una causa definitiva del dolor ni demuestra la eficacia de ningún tratamiento concreto, su principal aportación consiste en poner de manifiesto dónde se encuentran algunos de sus posibles protagonistas y qué relaciones merece la pena seguir investigando.
La actriz, guionista y directora estadounidense Lena Dunham, que ha hablado públicamente de su experiencia con la endometriosis, escribió en Vogue: “Como tuve que esforzarme tanto para que se reconociera mi dolor, no hubo tiempo para sentir miedo ni tristeza”.
Sus palabras nos recuerdan que, además de avanzar en el conocimiento científico de la endometriosis, es fundamental reconocer el sufrimiento de quienes la padecen y escuchar sus experiencias.
![]()
Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).
Eva Vargas Liébanas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El nuevo mapa del dolor de la endometriosis – https://theconversation.com/el-nuevo-mapa-del-dolor-de-la-endometriosis-293847

