Las cuatro preguntas que debe hacerse Europa después de las elecciones de medio mandato estadounidenses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Professor International Studies & Journalism, Universidad de Castilla-La Mancha

Edificio del Capitolio, la sede del Congreso de Estados Unidos. Orhan Cam/Shutterstock

Este martes 3 de noviembre –como manda la tradición, el primer martes después del primer domingo del mes 11– los estadounidenses van a elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, y a 35 senadores y 36 gobernadores. Esta votación va a actuar como una suerte de plebiscito sobre Donald Trump y, sobre todo, como prueba de la resistencia del movimiento MAGA.

La historia no juega a favor del presidente: en 18 de las 20 elecciones de medio mandato celebradas desde 1946, los presidentes en el poder resultan perdedores. Esa noche, las noticias se centrarán en quién ha conseguido el control del Congreso. Para gobiernos, diplomáticos y empresas europeas, el análisis se centrará en cuatro cuestiones determinantes.

1. ¿Cuánto poder pasará del Capitolio a la Casa Blanca?

Un presidente que pierde el Congreso no deja de gobernar. Gobierna desde fuera, mediante órdenes ejecutivas, con los instrumentos políticos que ya tiene y trasladando los conflictos a los tribunales. Sin el apoyo de las Cámaras, el siguiente presidente electo podría revertir las decisiones al día siguiente de su toma de decisión. La historia se repite. Las medidas tomadas durante el bienio sin apoyos del presidente Obama (2014-2016) fueron luego desmanteladas por Trump. Apunten “21 de enero de 2029” como la prueba de fuego del trumpismo.

Así, hay que poner el foco en la cuestión esencial. No se trata de delimitar cuánto puede hacer la Casa Blanca en solitario, sino cuánto durarán las medidas que se aprueben sin concurso legislativo. La política comercial preocupa a los europeos: ¿qué compromisos de Washington descansan en el mandato del presidente y pueden deshacerse desde las cámaras?

2. ¿Se convertirá el coste de la vida en un límite para la política exterior?

La economía estadounidense crece, pero los votantes juzgan su éxito por lo que pagan, no por las cifras macroeconómicas o las exportaciones. La vivienda, la electricidad, la alimentación y los seguros médicos han subido más que los salarios. El galón de gasolina cuesta entre 4 y 6 dólares. En junio, el índice de popularidad de Trump se situaba en el 38,6 %, la aceptación más baja de su segundo mandato.

La política exterior alimenta directamente este malestar. La ofensiva contra Irán y la tensión en el estrecho de Ormuz encarecen la energía y empujan la inflación. En junio, el 58 % de los estadounidenses se oponía a la guerra. Entre los republicanos, la proporción que consideraba gravoso el precio de la gasolina pasó del 41 % en febrero al 50 % en mayo.

Una guerra sin proyecto, sin propuesta política y sin resultados ha resultado tóxica para las aspiraciones del presidente. Todavía cabe esperar alguna maniobra de impacto en Rusia o Irán para aminorar el impacto negativo de la guerra en la vida ordinaria de las personas. De igual modo, cuenten que algunos candidatos se distancien de la guerra en la semana decisiva antes del voto.

3. ¿Ruptura o vaciamiento lento de la relación transatlántica?

Una ruptura formal con Europa es improbable. Desde diciembre de 2023, la ley estadounidense exige el consentimiento del Senado o una ley del Congreso para abandonar la OTAN. Además, un Congreso demócrata reforzaría el consenso bipartidista a favor de la Alianza y de Ucrania.

Pero el Congreso no controla el despliegue de tropas ni el ritmo de la ayuda militar. El riesgo real es el vaciamiento: menos tropas en el flanco oriental, menos intercambio de inteligencia, retrasos en las entregas de material. Washington no cuestiona abiertamente el artículo 5 (que establece que la OTAN considera que un ataque armado contra un país miembro es un ataque contra toda la Alianza), pero lo condiciona al esfuerzo de cada aliado y a la compra de equipamiento estadounidense. El objetivo acordado en la cumbre de La Haya de 2025, el 5 % del PIB en 2035, se ha convertido en la vara de medir.

El comercio mantiene esa misma lógica. Tras la sentencia del Supremo estadounidense que invalidó la ley que imponía aranceles globales unilaterales, la presión se aplica ahora sector a sector: acero, aluminio, automóvil, semiconductores y farmacia. La Administración Trump considera, además, la Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados Digitales de la UE como barreras comerciales. La sección 301 de su Ley de Comercio (1974) ofrece a EE. UU. un cauce para responder contra los intereses europeos. Bruselas cuenta con nuevos instrumentos para su respuesta comercial, pero está lejos una voluntad política para activarlos.

La pregunta para Europa es si puede convertir el gasto en defensa en capacidades reales y sus herramientas comerciales, en herramientas creíbles, antes de que Washington mueva ficha o que el desencantamiento de las relaciones transatlánticas sea irreversible.

4. ¿Con quién hay que hablar en Washington al día siguiente?

La carrera presidencial hacia 2028 empieza la misma noche electoral de medio mandato. Los demócratas no despiertan entusiasmo, pero cabalgan la ola de rechazo a Trump y preparan caras nuevas. El gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, es la apuesta segura; el senador por Georgia Jon Ossoff, la estrella emergente, y el gobernador de Maryland, Wes Moore, un candidato sólido y con experiencia. Kamala Harris ha recuperado protagonismo, incluso en las encuestas.

En el lado republicano, la pregunta es quién hereda el movimiento MAGA y quién empieza a distanciarse del presidente. Sus posiciones sobre comercio, alianzas y China anticipan la política exterior de 2029. Los gobiernos que solo hablan con la Casa Blanca corren el riesgo de quedarse fuera de juego, porque el apalancamiento sobre Trump puede agotarse en el medio plazo. Las potencias medias europeas necesitan canales con ambos partidos, con el Congreso y con los gobiernos estatales.

Una Europa predecible para un Washington imprevisible

Las elecciones de medio mandato no cambiarán el rumbo de la política exterior estadounidense. Cambiarán su método: más decisiones ejecutivas, más instrumentos sectoriales, más diplomacia personal y más reversibilidad. Lo que se decide con una orden ejecutiva puede deshacerse con otra, y todos los socios lo saben.

Para Europa, la relación transatlántica es imprescindible, pero ya no es previsible. La respuesta pasa por decidir más rápido, negociar sector a sector y ofrecer lo que hoy le falta a Washington: compromisos creíbles y prioridades claras. Estas cuatro preguntas son las que merece la pena plantearse a la mañana siguiente de la noche electoral.

The Conversation

Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las cuatro preguntas que debe hacerse Europa después de las elecciones de medio mandato estadounidenses – https://theconversation.com/las-cuatro-preguntas-que-debe-hacerse-europa-despues-de-las-elecciones-de-medio-mandato-estadounidenses-295581