El arte escénico se digitaliza pero olvida los teatros locales y públicos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonia Moreno Cano, Investigadora Asociada en el Equipo de Investigación en Comunicación, Universidad de Deusto

Fotograma del montaje de la obra de teatro _Una isla_, de Agrupación Señor Serrano. Allard Willemse / Agrupación Señor Serrano

En julio de 2023, la compañía teatral Agrupación Señor Serrano estrenó el espectáculo Una isla en el GREC Festival de Barcelona. Se trata de una obra contemporánea española que integra inteligencia artificial, vídeo en directo, pantallas y dispositivos digitales como parte central de la dramaturgia. Es uno de los primeros espectáculos en España donde la IA participa en la creación del relato escénico y pertenece a una compañía referente en teatro multimedia y escénica digital.

La tecnología en esta obra es estructural, y las escenas funcionan como un sistema híbrido entre actor y máquinas. Esta “nueva narrativa digital” requiere múltiples proyectores, pantallas, ordenadores y software audiovisual en tiempo real, además de sistemas de vídeo en directo y sincronización digital entre luz, sonido e imagen. Tras su estreno y representación, la obra comenzó a girar.

Sin embargo, la realidad es que la circulación de obras como esta se ve limitada por razones estructurales.

En España, los teatros –sobre todo los pequeños y públicos– se enfrentan a un gran reto: adaptarse a las nuevas narrativas digitales y conectar con audiencias actuales. No se trata de casos aislados, sino de un problema generalizado.

El teatro sigue siendo clave en nuestra sociedad. No solo preserva una tradición artística milenaria, también es un espacio de participación ciudadana y de fortalecimiento democrático. Reúne a personas diversas, fomenta el diálogo y la empatía y permite reflexionar colectivamente sobre los problemas actuales.

En este nuevo contexto, la tecnología digital abre oportunidades… pero también plantea amenazas.

Retos de la era digital para el teatro

En un mundo hiperconectado y con acceso inmediato a todo tipo de contenidos, el teatro compite con el infinito entretenimiento digital. Aunque algunas experiencias –como el streaming de grandes montajes– han mostrado el potencial de las tecnologías para hacer que la escena pueda llegar a más público, la mayoría de los teatros carece de infraestructura y formación para aprovechar estas oportunidades.

Hay políticas públicas que apuestan por la digitalización, como el plan “España Hub Audiovisual de Europa”, con más de 1 600 millones hasta 2026. Sin embargo, la mayoría de los fondos se concentran en cine y televisión, dejando al teatro de base en segundo plano.

El informe sectorial de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) de 2023 confirma esta tendencia: desde la pandemia, casi todas las mejoras han ido al audiovisual. Las salas pequeñas y las compañías teatrales independientes han quedado fuera del reparto. Además, un análisis oficial de la distribución de ayudas revela que las artes escénicas apenas acceden a fondos para digitalización ni figuran entre los beneficiarios del “plan hub”.

En resumen, el mundo de la escena sigue dependiendo de subvenciones clásicas, poco adaptadas al mundo digital.

El estudio que hemos hecho sobre los seis teatros públicos del Campo de Gibraltar, en Cádiz, muestra una situación común en muchas zonas de España: la mayoría de los teatros no tiene recursos técnicos suficientes. El 90 % de los espectáculos deben adaptarse a medios limitados y solo el 29 % incorpora contenido multimedia. Esta falta de tecnología frena la innovación y dificulta renovar el sector.

Estas carencias no solo ocurren allí. Fuera de grandes focos culturales como Madrid o Barcelona, muchas salas no pueden acoger obras con tecnología avanzada o gran formato. El resultado: menos acceso a ciertos espectáculos y más obstáculos para descentralizar la cultura.

No solo cuestión de tamaño

Llevar espectáculos innovadores lejos de las grandes ciudades no es fácil. Muchas salas carecen de buen sonido, iluminación o conectividad. Por ello, las compañías deben simplificar sus montajes, lo que reduce su calidad y hace menos atractivas las giras.

Cuando la digitalización se intenta usar en escena sin acceso a tecnología avanzada, el resultado se traduce en montajes con mala conexión, sonido deficiente o imágenes borrosas, lo que dificulta seguir la obra y puede alejar al público.

Además, el teatro depende casi por completo del sector público –el 70,5 % de los teatros son de titularidad municipal o autonómica–, lo que deja la renovación técnica a merced de presupuestos ajustados. Esto agrava la brecha entre lo que se quiere innovar y lo que realmente se puede hacer.

Ahora bien, tener infraestructura no siempre garantiza buenos resultados. Cuando la tecnología se usa solo para abaratar costes –y no para enriquecer lo artístico–, puede empobrecer la experiencia teatral en lugar de mejorarla.

La digitalización de los teatros tiene muchísimas vertientes.

El caso de los teatros de Campo de Gibraltar sugiere que muchas veces la digitalización ha sido impulsada a menudo como una mera solución presupuestaria. Gracias a ella se pueden proyectar escenografías y escenas en lugar de construir decorados y representantes físicos, realizar casting con actores y actrices o ensayos por videollamada, o recurrir a formatos online para reducir costos logísticos. Sin embargo, esta aplicación pragmática de la tecnología suele empobrecer la vivencia teatral.

Algunos estudios han señalado que la incorporación de tecnologías digitales en el teatro permite ampliar las formas de acceso y transformar la experiencia del espectador, generando nuevas dinámicas de participación e interacción. Sin embargo, estas investigaciones también advierten que lo digital no sustituye la experiencia escénica en vivo, sino que la complementa.

Además, alertan sobre la aparición de nuevas desigualdades, ya que la capacidad de integrar estas tecnologías depende en gran medida de los recursos técnicos y económicos de cada espacio escénico, favoreciendo a las instituciones mejor dotadas frente a los teatros de menor escala.

En el caso de los formatos online, la magia del teatro en vivo –la conexión entre actores y público, la atmósfera compartida– es difícil de reproducir en digital. El uso de pantallas o la distancia reducen la emoción y el sentido de comunidad. Según un análisis del Consejo de Investigación en Artes y Humanidades de Gran Bretaña, más de la mitad de los teatros del estudio dejaron de producir online porque los beneficios eran “insuficientes y empobrecen el valor experiencial del teatro”.

Necesidad de prioridad política

El futuro del teatro público en España pasa por adaptarse: renovar infraestructuras, formar equipos técnicos y pensar lo digital más allá de la promoción. Solo así será posible un ecosistema teatral sostenible también fuera de las grandes ciudades.

El estudio sobre los teatros públicos del Campo de Gibraltar destaca un factor clave: la voluntad política. La falta de medios técnicos no se debe solo al dinero, sino a la escasa prioridad que muchas instituciones dan al teatro. Sin inversiones ni planes estratégicos, resulta difícil innovar, atraer nuevos públicos o renovar la programación.

En definitiva, cerrar la brecha tecnológica en los teatros es clave para que el sector no solo sobreviva, sino también evolucione. El teatro debe seguir siendo un espacio creativo y participativo, en sintonía con su tiempo y con públicos cada vez más diversos. Lo que ocurre en el Campo de Gibraltar refleja un reto compartido en toda España y también en muchos países de Latinoamérica.


Agradecemos la colaboración en el desarrollo de este trabajo a Álvaro Quintana Álvarez, investigador de la UOC y parte del estudio que hemos hecho en Campo de Gibraltar.


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The Conversation

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– ref. El arte escénico se digitaliza pero olvida los teatros locales y públicos – https://theconversation.com/el-arte-escenico-se-digitaliza-pero-olvida-los-teatros-locales-y-publicos-262167