Un aceite de oliva para mejorar el funcionamiento del riñón en personas con diabetes tipo 2

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Sánchez Perona, Científico Titular del CSIC y Profesor Asociado de la Universidad Pablo de Olavide, Instituto de la Grasa (IG – CSIC)

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“La insulina marcó el final de una era en el tratamiento de la diabetes, no el final de la diabetes”. Estas palabras, atribuidas al diabetólogo estadounidense Elliot P. Joslin, resumen una realidad que sigue vigente más de un siglo después del descubrimiento de la insulina.

En este contexto, nuestro hallazgo de los prometedores efectos del ácido oleánolico –un compuesto procedente del olivo– para tratar las complicaciones renales de la diabetes puede abrir una nueva vía terapéutica contra el que continúa siendo uno de los principales problemas de salud a nivel global.

Un sistema que falla

Según la Federación Internacional de Diabetes, alrededor de 589 millones de adultos de entre 20 y 79 años (1 de cada 9) vivían en 2024 con esta enfermedad en todo el mundo. En el 95 % de los casos, se trata de diabetes mellitus tipo 2.

La diabetes tipo 2 es una dolencia crónica en la que el organismo pierde progresivamente la capacidad de utilizar correctamente la insulina para controlar los niveles de glucosa en sangre. La glucosa (azúcar) proporciona energía a nuestro cuerpo, penetrando en las células. Para ello, es necesario una “llave” que abra la “puerta”: la hormona insulina.




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En las personas con diabetes tipo 2, este sistema comienza a fallar. Por un lado, las células se vuelen menos sensibles a la acción de la hormona, lo que se conoce como resistencia a la insulina. La llave sigue estando ahí, pero la cerradura cada vez responde peor. La consecuencia es que el azúcar no puede entrar en la célula y se acumula en la sangre, sin poder consumirse para obtener energía. Esta situación patológica es la hiperglucemia, conocida comúnmente como “tener el azúcar alto”.

Por otro lado, el páncreas, órgano encargado de producir y secretar la insulina, intenta compensarlo aumentado su producción. Este sobreesfuerzo concluye con una disminución, a largo plazo, de la producción de insulina.

El problema es que la glucosa acumulada no se queda simplemente circulando por la sangre. Cuando este estado se mantiene durante años, contribuye al deterioro de los vasos sanguíneos y de distintos tejidos del organismo. De ahí que la diabetes pueda acabar provocando complicaciones a órganos tan distintos como el corazón, los ojos, diversos nervios o los riñones.

La diabetes y el riñón, ¿cómo están conectados?

Imaginemos un aparato que filtrara continuamente un líquido, seleccionando específicamente qué sustancias pueden pasar y cuáles no. Imaginemos, además, que este aparato regulara la presión del fluido en todo el sistema en el que trabaja. Esta descripción, que encaja perfectamente con el funcionamiento de una depuradora de alta tecnología, se puede aplicar también a una pareja de órganos de nuestro cuerpo: los riñones.

La exposición prolongada a niveles de glucosa elevados provoca un sobreesfuerzo de filtración que puede acabar deteriorando los vasos sanguíneos de entrada al riñón. Cuando este daño se mantiene en el tiempo, la capacidad del órgano para realizar su función puede disminuir, lo que se conoce como enfermedad renal crónica, una de las complicaciones más frecuentes y graves asociadas a la diabetes tipo 2.

Una navaja suiza en el olivo

Ante este escenario, encontrar nuevas formas de proteger al riñón frente a las consecuencias de la diabetes se ha convertido en objetivo preferente de investigación. Y, curiosamente, una de las soluciones podría encontrarse en el olivo.

El ácido oleanólico es un compuesto natural presente en diferentes plantas, especialmente en la hoja del olivo. En los últimos años, distintas investigaciones han demostrado que esta molécula puede intervenir en procesos relacionados con la diabetes, como la inflamación, el estrés oxidativo o el metabolismo de la glucosa.

Esa capacidad de poder actuar sobre una misma enfermedad desde distintos procesos la convierte en una auténtica “navaja suiza” molecular. De hecho, los últimos estudios de nuestro grupo de investigación indican que tiene un papel muy importante actuando en los mecanismos asociados precisamente al deterioro de los riñones en la diabetes tipo 2.

Pero ¿cómo podría una molécula del olivo proteger un riñón que durante años ha sido expuesto a niveles elevados de glucosa? Para entenderlo tenemos que fijarnos en unas moléculas que se forman cuando la glucosa permanece mucho tiempo en nuestro organismo: los productos finales de glicación avanzada (AGE, por sus siglas en inglés).

Cuando el azúcar se pega

En situación de hiperglucemia, el azúcar no se limita exclusivamente a navegar por nuestro torrente sanguíneo, sino que comienza a pegarse allí donde no debería. De estas reacciones surgen los AGE.

Su nombre puede resultar un poco complejo, pero el proceso que los origina es bastante sencillo. La glucosa se une de forma espontánea a proteínas, grasas y otras moléculas, alterando su estructura y funcionamiento, lo que afecta a los distintos órganos de nuestro cuerpo, como los riñones.




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Pues bien, el ácido oleanólico ha resultado ser un agente eficaz para combatir a estos AGE. No solo limita su acumulación y sus efectos perjudiciales, sino que también aumenta la capacidad de nuestro cuerpo de transformarlos y expulsarlos. En nuestro estudio, observamos que después de un año consumiendo 55 ml al día de un aceite de oliva funcional enriquecido en ácido oleanólico, la capacidad de filtración de los riñones no solo no empeoraba, como era de esperar en enfermos de diabetes, sino que mejoraba. Al mismo tiempo, estos pacientes presentaban menores concentraciones de AGE.

Una pieza más del puzle

La insulina no acabó con la diabetes, y el ácido oleanólico tampoco va a hacerlo. Pero quizás la historia del tratamiento de esta enfermedad no consiste en encontrar una única solución, sino en ir incorporando piezas a un puzle complejo hasta completarlo.

Más de un siglo después de las palabras de Joslin, y a pesar de los enormes avances tecnológicos y científicos realizados, seguimos buscando esas piezas. Alguna quizá esté en lugares tan cercanos como un olivo.

The Conversation

Javier Sánchez Perona recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación.

Alejandro Matamoros Domínguez recibe fondos de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) financiado por la Junta de Andalucía.

– ref. Un aceite de oliva para mejorar el funcionamiento del riñón en personas con diabetes tipo 2 – https://theconversation.com/un-aceite-de-oliva-para-mejorar-el-funcionamiento-del-rinon-en-personas-con-diabetes-tipo-2-292412