¿Es la inteligencia artificial el recurso definitivo para aprender idiomas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Cánovas, Profesor titular. Departamento de Traducción, Interpretación y Lenguas Aplicadas, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

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La interacción de las personas con las plataformas de inteligencia artificial generativa y, en concreto, con los modelos extensos de lenguaje (LLM, del inglés large language models) se produce, como es bien sabido, por medio del lenguaje natural, es decir, usando nuestro idioma.

Por la parte humana, se dan indicaciones (o prompts) que incluyen preguntas y órdenes para ejecutar. Por ejemplo, se pueden pedir datos sobre un tema o que se genere determinada programación informática. También se pueden plantear consultas sobre situaciones personales de cualquier tipo.

Las plataformas de IA proporcionan respuestas verbales con razonamientos. Con una herramienta de este tipo, se puede entrar fácilmente en una dinámica conversacional verosímil.




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Aprendizaje de lenguas

A partir de aquí, las prestaciones de la inteligencia artificial ofrecen muchas posibilidades para el aprendizaje de lenguas. Por medio de los LLM se puede, por ejemplo:

  • Interactuar con la plataforma en una lengua extranjera, tanto de forma oral como escrita.

  • Establecer secuencias formativas y unidades didácticas personalizadas, en función del nivel, los objetivos de aprendizaje, las preferencias del alumnado y el progreso verificado.

  • Desarrollar tareas de comprensión y expresión oral y escrita, o tareas de práctica gramatical, vinculadas al itinerario formativo propuesto, con la retroacción correspondiente.

  • Solicitar a la máquina la corrección comentada de errores en actividades realizadas, tanto si las ha preparado la IA como si no.

  • Pedir pruebas de nivel o de evaluación y las correcciones después de completarlas.

  • Generar una pareja lingüística de expresión “humana” con la que conversar.

  • Simular situaciones comunicativas corrientes, como pedir o dar indicaciones para llegar a algún sitio, tomar un medio de transporte o ir de compras, entre muchas otras. El aprendiz puede escoger su rol para estos contextos imaginados.

En definitiva, la variedad de interacciones con un chatbot de IA generativa guarda semejanza con la interacción con un interlocutor humano.

¿Gratis o de pago?

Además de usar un modelo general, como Chat GPT o Claude, podemos recurrir a plataformas especializadas en la enseñanza de idiomas, que suelen ser de pago. Ofrecen unidades de aprendizaje estructuradas, actividades adaptadas de gramática o práctica de vocabulario, juegos de rol, simulación de situaciones interactivas y generación de avatares, entre otras posibilidades. Las aplicaciones móviles resultan particularmente atractivas, porque el dispositivo, por sus características, se orienta al audio.

Todo ello cualquier día y a cualquier hora, sin temor a recibir un juicio negativo por parte de nadie. Y por un precio que, de entrada, no resulta caro o es aparentemente gratuito (recordemos que siempre “pagamos” con nuestros datos recopilados por las aplicaciones).




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Los efectos no deseados de la inteligencia artificial

Este es el panorama que se despliega a nuestra vista. Pero la perspectiva no está completa. Las investigaciones de los últimos años indican que, si los procesos cognitivos complejos, entre ellos los que tienen que ver con el lenguaje, se apoyan sistemáticamente en el uso de la inteligencia artificial, el aprendizaje profundo, en lo que respecta, por ejemplo, a la práctica de la lectura y la escritura, queda limitado. Al mismo tiempo, se desarrolla un proceso de dependencia cognitiva continuada.

Dicho de otra manera y ya convertido en obviedad: si usamos la inteligencia artificial para que lea y escriba por nosotros, nos volvemos más perezosos y aprendemos menos. Sobre todo, en lo que se refiere a la formación orientada a resolver problemas complejos. Aquí podemos incluir el aprendizaje de idiomas, si evitamos encargos de clase como, por ejemplo, la redacción de textos (los generamos con IA) o la lectura de libros (usamos la IA para obtener las respuestas a una actividad de control de la lectura).

El factor humano

Hay que considerar, además, el papel de las personas. Con respecto al uso de la IA en la enseñanza, es común oír que los docentes son necesarios, por ejemplo, para estructurar los cursos o para acompañar el aprendizaje de los estudiantes, porque las máquinas requieren de una supervisión humana para que el resultado operativo sea óptimo.

Esto era así hasta hace poco tiempo. Los modelos de inteligencia artificial más recientes y, específicamente, ChatGPT-6 Astra, se acercan al concepto de inteligencia artificial general, que es aquella que supera a la inteligencia humana en todo tipo de tareas. Estamos entrando en otro paradigma en que, aparentemente, ya no harán falta personas para organizar la dirección y supervisión de los procesos, entre ellos el aprendizaje de lenguas.

Así pues, ¿se puede decir que ya no es necesario el acompañamiento humano para aprender un idioma? La respuesta, creemos, es que sí se necesita. Las máquinas, desde un punto de vista instrumental, lo pueden hacer muy bien. Sin embargo, desde la perspectiva comunicativa y social, la interacción con personas reales es otra cosa.




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Hablar con una máquina

A partir de aquí, entramos en un terreno más especulativo, pero que merece un recorrido. El escritor y filósofo francés Éric Sadin nos advierte sobre lo que representa trasladar la comunicación persona-persona a la comunicación persona-IA.

Las producciones de la IA están deliberadamente “humanizadas” y constituyen para el público receptor modelos de expresión y también de pensamiento. Sin embargo, son fruto de procesos distintos de los de la mente humana. Las cadenas lingüísticas que produce la inteligencia artificial proceden de bases de datos gigantescas que se han apropiado de innumerables muestras de lenguaje. Sobre estos datos, se aplican algoritmos que, de una manera predictiva a partir del material disponible, producen combinaciones de palabras como respuesta a los enunciados de las personas.

El lenguaje humano no funciona igual. El uso cotidiano de una lengua comporta experiencias comunicativas de todo tipo, con informaciones que pueden ser contradictorias o sesgadas, pero que se derivan de las voces múltiples que intervienen. La inteligencia artificial ofrece, por el contrario, diálogos monocordes (en el sentido de que dependen de las instrucciones que hayamos dado a la máquina), con sesgos integrados en sistemas manipulables.

Limitar nuestro lenguaje

La inteligencia artificial no debería ser el único medio para aprender un idioma. Su uso indiscriminado nos puede hacer más limitados en el aprendizaje. También nos acostumbrará a la interacción con una máquina que simula humanidad, con las implicaciones lingüísticas, cognitivas y sociales que se pueden derivar de ello.

Es necesario un diseño altamente responsable de los cursos, un buen conocimiento de cómo manejar las herramientas y un marco ético que incluya al alumnado y al profesorado. La inteligencia artificial es como la música del flautista de Hamelín: presenta el reto, nada fácil, de disfrutarla sin que nos lleve de cabeza al río.

The Conversation

Marcos Cánovas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Es la inteligencia artificial el recurso definitivo para aprender idiomas? – https://theconversation.com/es-la-inteligencia-artificial-el-recurso-definitivo-para-aprender-idiomas-290448