Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ivan Williams Jimenez, Profesor Derecho del Trabajo y Seguridad y Salud Laboral, Universidad Carlos III

El próximo 16 de noviembre de 2026, en el marco de la 358.ª reunión del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, se decidirá por votación secreta quién dirigirá durante el periodo 2027-2032 una de las organizaciones más antiguas del sistema de Naciones Unidas.
No se trata de un trámite burocrático más: es la primera vez en más de una década que el cargo se disputa entre tres candidaturas con perfiles y programas claramente diferenciados. Este hecho se registra en un momento en que la propia institución atraviesa la crisis financiera y de credibilidad más profunda desde su fundación en 1919. El proceso se produce en un contexto de confrontación geoeconómica y polarización social marcado por la inteligencia artificial, la transición climática y la erosión del multilateralismo.
Tres candidaturas, tres apuestas
El actual director general, Gilbert Houngbo, de Togo, busca la reelección. Su campaña se apoya en el argumento de la continuidad y la experiencia institucional, pero llega condicionada por la gestión de la crisis presupuestaria que enfrenta la organización.
Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social de España, propone justo lo contrario: una OIT distinta, más democrática y más moderna. Su experiencia incluye reformas laborales negociadas con sindicatos y empresarios, y una ley pionera para regular el trabajo en plataformas digitales. Si gana, se convertirá en la primera mujer al frente de la institución. Su desempeño político ha estado marcado por una apuesta explícita por la renovación del marco normativo laboral ante las transformaciones derivadas de la digitalización y las nuevas formas de empleo.
Javier González-Olaechea, excanciller de Perú, es el tercero en la carrera. Su idea central es ambiciosa: una Carta Global de Derechos Laborales que reúna, en un solo texto, los grandes principios que la OIT ha construido en más de cien años. Su candidatura, sin embargo, no está exenta de controversia. Algunas de sus posiciones conservadoras en materia de política nacional e internacional han atraído la atención y causado recelo en ciertos sectores.
Sostenibilidad financiera y futuro institucional de la OIT
Ninguna lectura de este proceso electoral puede prescindir de su telón de fondo financiero. Países como Estados Unidos, cuya aportación representa el 22 % del presupuesto de la Organización, adeuda a la OIT cantidades significativas por el impago de sus cuotas. Para hacer frente a esta crisis financiera, la dirección saliente ha respondido con medidas de contingencia que incluyen un ajuste que eliminaría 120 puestos de trabajo de un total de 3 400, además de la congelación de nuevas contrataciones.
Esta fragilidad financiera no es un accidente coyuntural. Representa el síntoma de una crisis más amplia del multilateralismo, que afecta a numerosas instituciones nacidas para gestionar la interdependencia global. Desde la ONU hasta sus agencias especializadas ven cuestionado su financiamiento por potencias que, simultáneamente, exigen mayor injerencia sobre su funcionamiento interno.
Por qué el momento importa para el futuro del trabajo
Los tres programas coinciden, con matices, en señalar la irrupción de la inteligencia artificial, el cambio climático y las nuevas formas de empleo como los grandes desafíos regulatorios de la próxima década. A esto se suman la expansión del trabajo informal y de plataformas, la persistencia de brechas de género en el mercado laboral global, y las tensiones entre competitividad empresarial y derechos laborales en cadenas de suministro cada vez más fragmentadas.
Ninguno de estos fenómenos respeta fronteras nacionales, lo que hace que la capacidad de la OIT para fijar estándares mínimos compartidos –y no solo recomendaciones simbólicas– sea, si acaso, más urgente que en cualquier momento de las últimas décadas.
El candidato que resulte elegido deberá reforzar la capacidad de la OIT para promover un marco de gobernanza laboral basado en el respeto y la aplicación efectiva de las normas internacionales del trabajo, el impulso del trabajo decente y el fortalecimiento de empresas sostenibles e inclusivas. Su liderazgo debería contribuir a equilibrar las crecientes asimetrías de poder en la economía global, fortaleciendo el papel de las instituciones públicas, el diálogo social y la participación democrática de las personas trabajadoras.
Nuevas formas de empleo, IA y transición climática
Al mismo tiempo, la organización necesita una profunda modernización para responder a los grandes desafíos que están transformando el mundo del trabajo, entre ellos la expansión de nuevas formas de empleo, el impacto disruptivo de la inteligencia artificial y las consecuencias laborales de la transición climática. Todo ello exige una mayor cooperación para el desarrollo, un renovado compromiso con el multilateralismo y un esfuerzo por superar las dinámicas de polarización que han marcado los debates más recientes.
Asimismo, la sostenibilidad futura de la OIT dependerá de su capacidad para afrontar su actual fragilidad financiera mediante una estrategia diversificada de recursos, que incluya una mayor movilización de contribuciones voluntarias, alianzas de cooperación y mecanismos innovadores de financiación compatibles con su mandato y su independencia institucional.
En definitiva, la próxima dirección general deberá combinar visión estratégica, capacidad reformadora y compromiso con la justicia social para adaptar la OIT a las realidades del siglo XXI sin renunciar a sus principios fundacionales.
Los tres candidatos prometen, cada uno a su manera, reconstruir esa credibilidad. Pero ninguno puede hacerlo solo con un buen discurso. Necesitan resolver, al mismo tiempo, dos cosas que rara vez van juntas en el corto plazo: recuperar el dinero y recuperar la confianza.
Antes de la decisión definitiva, la comunidad internacional tuvo ocasión de conocer y escuchar públicamente a las personas candidatas en un acto interactivo organizado por la OIT el pasado 23 de septiembre. Una oportunidad que permitió contrastar sus visiones sobre el futuro del trabajo y el papel que la organización deberá asumir.
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Ivan Williams Jimenez es profesor de Derecho del Trabajo y consultor e investigador independiente.
– ref. Yolanda Díaz opta a la dirección de una Organización Internacional del Trabajo en plena crisis – https://theconversation.com/yolanda-diaz-opta-a-la-direccion-de-una-organizacion-internacional-del-trabajo-en-plena-crisis-292421
