El aprendizaje servicio en la universidad funciona: ¿cómo lo ponemos en marcha?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Ortega Aragón, Profesor de Organización de Empresas, Universidad de Cádiz

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Cada curso, miles de trabajos universitarios siguen un recorrido parecido: se plantean en clase, se entregan, se corrigen y, una vez calificados, rara vez vuelven a utilizarse. Pero ¿qué ocurre cuando los conocimientos de una asignatura se aplican a un problema que una organización necesita resolver de verdad?

Esa es la lógica del “aprendizaje-servicio”, una metodología que combina el aprendizaje académico con un servicio útil para la comunidad. No se trata simplemente de hacer voluntariado desde la universidad: la actividad debe estar vinculada a los contenidos de la asignatura, responder a una necesidad real y acompañarse de reflexión para que el alumnado conecte lo que hace con lo que aprende.

El servicio también puede ser digital

El aprendizaje-servicio no tiene por qué desarrollarse siempre de forma presencial. Su modalidad electrónica, conocida como aprendizaje-servicio electrónico o e-service-learning, utiliza tecnologías digitales para hacer posible la comunicación, la colaboración y la prestación del servicio entre estudiantes y organizaciones.

Eso permite superar algunas barreras de tiempo y distancia. Una entidad no necesita estar físicamente junto al campus para colaborar con una asignatura, y parte del trabajo puede organizarse mediante correo electrónico, videoconferencias y otras herramientas digitales.

Pero convertir una experiencia en digital no consiste simplemente en trasladarla a internet. El diseño pedagógico sigue siendo decisivo. Debe existir una necesidad auténtica, objetivos académicos claros, interacción con la organización social y reflexión sobre la experiencia. La tecnología es el medio que facilita esa relación, no el objetivo de la actividad.




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¿Cómo sabemos si funciona?

En una investigación reciente analizamos una experiencia de este tipo en una asignatura del Grado en Ingeniería Informática de la Universidad de Cádiz.

Doce estudiantes participaron voluntariamente en un proyecto de aprendizaje-servicio electrónico con organizaciones sociales locales. Durante unas 25 horas de trabajo, analizaron distintos aspectos de su presencia digital y elaboraron diagnósticos y propuestas de mejora. La experiencia culminó con informes técnicos y una presentación final en el aula para compartir y reflexionar sobre los resultados.




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Los problemas eran concretos. En las ONG participantes había páginas con dificultades de navegación, enlaces rotos, problemas de seguridad, información de contacto desactualizada o información poco clara. En otros casos se estudió el posicionamiento en buscadores, la actividad en redes sociales, la usabilidad y la accesibilidad. Los estudiantes no trabajaban, por tanto, sobre un caso ficticio preparado únicamente para la evaluación: sus propuestas tenían destinatarios y necesidades reales.

Otros doce estudiantes de la misma asignatura realizaron una actividad académica convencional, centrada en analizar los sistemas de información de una empresa. Ambas actividades tuvieron las mismas horas de trabajo y se evaluaron con criterios equivalentes.

¿Qué ocurrió con el aprendizaje y el rendimiento?

Los resultados ofrecen indicios interesantes, aunque deben interpretarse con prudencia. Tras la experiencia, los estudiantes que participaron en el aprendizaje-servicio electrónico mostraron percepciones más favorables sobre su propio aprendizaje. De hecho, el 75 % consideró que había aprendido mejor o mucho mejor que con otros trabajos académicos. En el cuestionario realizado antes y después se observaron cambios estadísticamente significativos en sus expectativas, en la percepción del aprendizaje y en la percepción de las calificaciones. También valoraron positivamente la posibilidad de aplicar conocimientos de la asignatura a necesidades sociales reales.

La diferencia más llamativa apareció en las calificaciones de la actividad: la nota media fue de 9,58 en el grupo de aprendizaje-servicio electrónico y de 8,07 en el grupo de comparación. La diferencia fue estadísticamente significativa.

Ambos grupos realizaron actividades con una carga de trabajo similar y fueron evaluados con la misma rúbrica y los mismos criterios de calificación. El aprendizaje y el rendimiento académico se analizaron a partir de las calificaciones obtenidas en ambas actividades. Además, en el grupo de aprendizaje-servicio se aplicó un cuestionario antes y después de la experiencia para conocer los cambios en la motivación y en la percepción del propio aprendizaje.

Prudencia ante los resultados

Esto no significa, sin embargo, que podamos afirmar que trabajar con organizaciones sociales provocara esas mejores notas. El estudio fue un piloto exploratorio con solo 24 estudiantes.

Además, quienes participaron en el proyecto lo hicieron voluntariamente y no disponíamos de medidas iniciales equivalentes que permitieran comprobar que ambos grupos partían de la misma situación. Es posible, por ejemplo, que quienes eligieron la experiencia estuvieran ya más motivados.

Por eso, los resultados muestran una asociación prometedora, no una prueba causal de que esta metodología mejore por sí sola el rendimiento.

De Informática a otras titulaciones

El modelo podría trasladarse a otras titulaciones siempre que los conocimientos de una asignatura puedan aplicarse a una necesidad real. Un ejemplo especialmente interesante es el Grado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos, donde el alumnado puede colaborar con organizaciones en cuestiones de empleabilidad, formación, inclusión laboral, organización del trabajo o gestión de personas.

Estas experiencias pueden contribuir además a desarrollar competencias vinculadas al emprendimiento social, como identificar necesidades, diseñar soluciones y generar valor para la comunidad, una relación que también estamos investigando en estudiantes de esta titulación.

La modalidad electrónica amplía estas posibilidades al permitir que parte de la colaboración, el diagnóstico y la presentación de propuestas se desarrollen a distancia. La clave no está en utilizar más tecnología, sino en emplearla para conectar conocimientos académicos con problemas reales y acercar la universidad a las necesidades de la sociedad.

En definitiva, esta metodología en su variante digital puede hacer que la distancia deje de ser una barrera para que lo aprendido en la universidad encuentre una utilidad real fuera del aula.

The Conversation

Francisco Javier Ortega Aragón trabaja en el Departamento de Organización de Empresas de la Universidad de Cádiz (España) y es miembro del Grupo de Investigación PAIDI SEJ-597. La publicación Integrating electronic service-learning into higher education: An exploratory pilot study in computer engineering, publicadada en la revista Social Sciences and Humanities Open, ha recibido fondos de la Fundación Campus Tecnológico de Algeciras.

Luis López-Molina trabaja en el Departamento de Organización de Empresas de la Universidad de Cádiz y es miembro del Grupo de Investigación PAIDI SEJ-597

– ref. El aprendizaje servicio en la universidad funciona: ¿cómo lo ponemos en marcha? – https://theconversation.com/el-aprendizaje-servicio-en-la-universidad-funciona-como-lo-ponemos-en-marcha-289408