Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Aguirre Carmona, Profesor Permanente Laboral de Estructura Económica y Economía del Desarrollo. Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid

¿Lograremos perdurar como especie? Múltiples causas podrían impedirlo, y la economía se ha interesado especialmente por dos, los cambios medioambientales dañinos y la escasez de recursos, aunque con conclusiones muy diferentes: el medioambiente puede dañarse, y por eso hay que cuidarlo, pero no puede acabarse así que no hay que ahorrarlo. ¿Podemos estar seguros respecto a esto último? ¿Es cierto que los recursos materiales y energéticos no se acabarán?
La escasez de recursos: una preocupación superada
El libro The Population Bomb (“La bomba demográfica”) del biólogo estadounidense Paul Ehrlich (1968) fue un best-seller que popularizó el debate sobre la escasez de recursos. Poco después, en 1972, llegó el informe científico más famoso sobre el tema: The limits to growth (“Los límites del crecimiento”) de Donella Meadows y su equipo del MIT. En él se analizaban posibles escenarios futuros y uno de ellos era muy preocupante: si la población y la economía seguían creciendo exponencialmente, había un alto riesgo de un declive abrupto para la humanidad en un plazo no superior a 100 años. No se afirmaba que fuera a ocurrir, pero era una posibilidad.
El informe de Meadows recibió ataques muy duros y, desde entonces, muchos economistas lo han considerado alarmista y poco fundamentado. El debate sobre la escasez quedó prácticamente cerrado. En general, se aceptó una predicción optimista: los nuevos descubrimientos tecnológicos nos permitirán sustituir cualquier recurso que se agote por otro más abundante. La idea es que podrá escasear un recurso, pero no los recursos en conjunto.
Y ni siquiera será necesario agotar un recurso para pasar al siguiente. Al fin y al cabo, la Edad de Piedra no terminó porque se agotasen las piedras, sino porque se descubrió cómo hacer cosas nuevas y mejores con otros materiales. La humanidad siempre encontrará la forma de seguir adelante, porque nunca dejará de hacer descubrimientos.
Este es el punto de partida para una rama de la economía muy influyente, la economía de los recursos naturales. Se da por hecho que habrá recursos; de lo que se trata es de gestionarlos de forma óptima, extrayendo el máximo provecho económico. La clave está en que el precio del recurso en el mercado favorezca que gobiernos, empresas y ciudadanía hagamos lo correcto.
Si el precio es el adecuado, el cálculo racional de costes y beneficios nos llevará a explotar el recurso de la mejor forma posible, más rápidamente o más lentamente, según convenga. Incluso podremos saber cuándo debemos sustituirlo por otro más abundante.
El deterioro medioambiental sí nos preocupa
La economía ambiental (otra rama de la economía) acepta que el deterioro medioambiental importa, porque provoca daños que podemos valorar en dinero. Por ejemplo, hay estimaciones de lo que nos cuesta la contaminación o adaptarnos al cambio climático.
El deterioro medioambiental empezó a ser conocido por el gran público con libros pioneros como Primavera silenciosa de Rachel Carson, de 1962.
Pero desde 2009, el punto de partida para hablar de sostenibilidad es la idea de límites planetarios de Johan Rockström y el Stockholm Resilience Centre. Consiste en una lista de los nueve problemas medioambientales principales, cada uno con un límite que no deberíamos traspasar. Y las cosas no van bien porque en 2025 ya se habían superado siete.
Como los científicos estudian y alertan sobre deterioro medioambiental, hemos llegado a distintos acuerdos que tratan de preservar el medio ambiente, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático o los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Nos queda todavía mucho por saber sobre el deterioro medioambiental. Y las medidas que ponemos en marcha para evitarlo no siempre funcionan. Pero algo está claro: el deterioro medioambiental está sobre la mesa. Como sociedad, somos conscientes de que aquí tenemos un problema.
Así que hemos recuperado en parte la preocupación por la escasez que se había descartado
como irrelevante en la década de los 70. Lo que puede agotarse no
es un recurso concreto, sino la existencia de ecosistemas funcionales operando
en un régimen adecuado. Podemos quedarnos sin suficiente “entorno seguro” para la existencia
humana y por eso el medio ambiente hay que cuidarlo. Pero no hemos vuelto a preocuparnos por el agotamiento de los recursos. Seguimos confiando en que el medio ambiente no puede acabarse, así que no hay por qué ahorrarlo. ¿Es así?
La escasez en un planeta finito
El problema es que la Tierra es finita. Aunque confiemos en nuestra capacidad de explotar óptimamente los recursos y descubrir otros nuevos, seguiremos teniendo un problema lógico. En algún momento no quedará otro recurso nuevo que pueda ser explotado para sustituir al anterior.
La cuestión es cuándo llegaremos a ese punto. Muchos economistas piensan que será en un futuro tan lejano que ni siquiera vale la pena planteárselo. Se dan tres razones:
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Que la economía depende cada vez menos de los materiales porque importan más el conocimiento y los servicios.
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Que el reciclaje ayudará a reducir la cantidad de nuevos materiales que se necesita extraer de las minas.
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Que la energía tampoco será un problema porque aunque se acaben el petróleo, el carbón y el gas se podrá recurrir a las energías renovables.
En resumen, lograríamos dar una patada hacia adelante a la escasez de recursos. Y la enviaríamos tan lejos hacia el futuro que podríamos olvidarnos de ella.
¿Realmente funcionará así de bien?
El optimismo total no parece una buena idea porque la patada hacia adelante podría fallar. De hecho ya está fallando.
Actualmente, el crecimiento económico exige cada vez más materiales, y no menos.
El reciclaje es difícil tecnológicamente y, además, consume mucha energía, lo que empeora el problema del posible agotamiento de los combustibles fósiles.
Y la sustitución de energía fósil por energía renovable tampoco sale gratis. Para captar energía solar, eólica e hidroeléctrica hay que utilizar muchos materiales (algunos muy escasos) y también energía de origen fósil. Esto último es paradójico, pero la realidad es que para construir un panel solar es imprescindible utilizar energía del petróleo, el carbón o el gas. Si queremos aprovechar el sol, necesitamos gastar petróleo.
La economía debe abordar la cuestión de la escasez
La posible escasez de recursos en el futuro es una amenaza existencial para la supervivencia de la humanidad. No es una buena idea renunciar a estudiarla. Además, cuando algún recurso concreto escasea hay un mayor esfuerzo por encontrar nuevos yacimientos donde obtenerlo. Eso incrementa el deterioro ambiental por la actividad de la minería. Daños medioambientales y escasez de recursos no son independientes, sino que a menudo van de la mano.
Hay que indagar y discutir sobre la posible escasez de recursos materiales sin alarmismos. Para ello se necesitan unas gafas adecuadas que permitan ver y entender lo que ocurre.
Cómo enfocar mejor el problema
La economía ecológica, o bioeconomía, puede cumplir este rol, porque se basa en dos ideas importantes:
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La sostenibilidad se puede analizar desde muchos puntos de vista, no solo desde la economía. La biología, la física o la antropología, entre otras especialidades, tienen muchísimo que aportar. Así que nos toca trabajar en grupo, y de la mezcla de saberes saldrán mejores conclusiones.
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La economía no se ve afectada por el medio ambiente, sino que es parte de él y está sujeta a las leyes naturales que lo gobiernan. En concreto, la materia y la energía, los alimentos imprescindibles para la economía, están sometidas a las leyes de la física.
El problema es que la economía convencional no ha tenido esto en cuenta y ha estudiado los fenómenos económicos como si existieran en una burbuja aislada, al margen de la realidad biológica y física. Así, hemos tenido una imagen desenfocada de algunos de los problemas de la sostenibilidad, como la escasez de recursos. Para enfocar mejor, hay que cambiar de gafas. La economía ecológica puede ser parte de la solución.
Este artículo es un extracto de la Carta Getem N⁰ 78, “Acordes y desacuerdos: la economía y la sostenibilidad en el largo plazo”.
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Pablo Aguirre Carmona es miembro de la Asociación de Economía Crítica (https://www.asociacioneconomiacritica.org/)
– ref. La escasez de recursos en el futuro: ¿’fake news’ o amenaza para la supervivencia humana? – https://theconversation.com/la-escasez-de-recursos-en-el-futuro-fake-news-o-amenaza-para-la-supervivencia-humana-287472
