¿Cuál es el mayor reto científico que aún no hemos podido resolver?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M Rut Jiménez Liso, Catedrática de Universidad del área de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Almería

Saber de dónde surge la consciencia es uno de los grandes interrogantes por resolver. SvetaZi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Rodrigo Alonso Martín, de 16 años, desde el IES José Martín Recuerda, Motril (Granada).


Podríamos irnos a las grandes preguntas de la ciencia, cuya respuesta todavía no tenemos del todo, como de dónde surge el universo, si hay o ha habido vida en otros planetas, qué es y qué caracteriza a la materia oscura, cómo surgió la vida a partir de materia inerte o cómo conseguir revertir el calentamiento global.

Sin embargo, si nos quedamos en estos grandes interrogantes, podríamos tener sensación de estar ante algo inalcanzable y utópico, mientras que la pregunta inicial y la actividad científica va de retos y de su equilibrio con la habilidad de quienes los resuelven.

El truco está en cómo plantear el problema

Como si se tratara de un videojuego, si el reto supera mucho a la habilidad de quien juega, sentirá ansiedad o frustración. Por el contrario, si la habilidad supera al reto aparece el aburrimiento. En ambos casos, existe el riesgo de abandonar el juego, que solo “engancha” cuando están equilibrados reto y habilidad. Es lo que se conoce como teoría del flujo, propuesta por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi.

Pues bien, con la actividad científica pasa igual: necesitamos simplificar los problemas que tratamos de resolver para equilibrar el reto con nuestras habilidades. Por tanto, el mayor reto no son las grandes preguntas sino cómo las abordamos y cómo nos vamos aproximando a la complejidad.

A veces, conocemos información sobre un agujero negro lejano, pero nos cuesta mucho trabajo entender qué le pasa a una molécula dentro de un cazo de agua hirviendo, porque nos falta comprender el proceso complejo y verlo en su conjunto con todas las variables que influyen.

Grandes revoluciones científicas

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, se produjo la gran revolución química con la superación de la teoría del flogisto –teoría científica obsoleta basada en una sustancia hipotética que representa la inflamabilidad– a favor de la conservación de la masa y el concepto de elemento químico.

De igual manera, podemos identificar el comienzo del siglo XX como la última gran revolución física, con la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, o sus finales como la revolución del ADN y la biotecnología.

¿Y ahora? Todo apunta a que este siglo XXI ha inaugurado la era de la neurociencia y de la inteligencia artificial, con nuevos interrogantes: ¿cómo surge la conciencia? ¿Es posible lograr una inteligencia artificial general, como la humana?

Terreno abonado para los bulos

Esas revoluciones pueden producir mucha incertidumbre entre la ciudadanía. No es fácil vivir inmersos en la complejidad y, en vez de dividir el problema y convertirlo en algo alcanzable (equilibrio reto-habilidad), hay quienes se apartan y toman atajos rápidos y fáciles. Así ganan fuerza los bulos que inundan nuestras redes sociales y las conversaciones familiares.

Por ejemplo, ante la observación de que el suelo que se extiende a mi alrededor es plano, puedo sacar la conclusión de que la Tierra es plana. La actividad científica consiste, precisamente, en plantearse un reto: ¿cómo puedo demostrarlo –o desmentirlo–?

En este caso, quizá, podría abordarse respondiendo a un problema concreto, por ejemplo, un barco que sale del puerto de Almería ¿se hace cada vez más pequeño hasta que ningún teleobjetivo puede verlo? Ahora viene el juego de lo sencillo: ¿qué razonamiento puede explicar eso y otros fenómenos relacionados?

El juego de hacer ciencia

Este juego de investigar y hacer ciencia “engancha” a multitud de personas (investigadoras, docentes, estudiantes), no tanto por los grandes descubrimientos que vayamos a producir sino porque “el asombro está en el proceso” –como dice la investigadora Megan Powell Cuzzolino–.

Para ello, cuando enseñamos ciencia, quizá sea mejor no hacer espóiler ni empezar por el final de la película, sino vivir todo el proceso, con preguntas que encierran realidades cercanas para despertar el interés científico. Por ejemplo, si queremos estudiar las cualidades de la vida, podemos plantearnos preguntas como: ¿un garbanzo es un ser vivo?, ¿y una rama recién cortada?, ¿cómo podemos comprobarlo? Para enfrentarnos también nosotros al reto de querer investigarlo y explicarlo.

De esta manera, conocemos las reglas del juego para construir (y evaluar) el conocimiento científico. Y también es el antídoto para impedir que cada vez más personas generen y difundan bulos que ponen en peligro la salud de las personas, los ecosistemas y el planeta, así como los sistemas democráticos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

M Rut Jiménez Liso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuál es el mayor reto científico que aún no hemos podido resolver? – https://theconversation.com/cual-es-el-mayor-reto-cientifico-que-aun-no-hemos-podido-resolver-285831