¿Tiene mi hijo altas capacidades? Qué significa realmente esa etiqueta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Merello Giménez, Profesora Titular de Universidad en Finanzas y Contabilidad. Coordinadora de proyectos sobre desarrollo del talento, Universitat de València

shutterstock Olena Yakobchuk/shutterstock

La duda está presente en muchas familias, y puede aparecer porque el niño o niña se aburren en clase, muestra una sensibilidad intensa o parece “funcionar de otra manera”. ¿Será que tiene altas capacidades? La pregunta es comprensible porque hay más información disponible, más sensibilidad hacia la diversidad y también más miedo a no detectar a tiempo una necesidad educativa.

Debemos responder a esta pregunta con rigor. Un niño puede ser espabilado, curioso, creativo o sacar buenas notas sin presentar altas capacidades. También puede tenerlas y no parecerse al retrato popular del pequeño genio brillante o infeliz. Las simplificaciones, en cualquier dirección, confunden más de lo que ayudan.

¿Una lista de características?

No hay una lista mágica que revisar para responder a la duda de si un escolar tiene altas capacidades. Buena parte de la divulgación circula en forma de listas: diez señales, cinco rasgos, ocho pistas… Son textos atractivos porque ofrecen una respuesta rápida a una pregunta cargada de ansiedad. Sin embargo, muchos de esos rasgos pueden aparecer en perfiles muy distintos. Ninguno permite, por sí solo, identificar las altas capacidades.

El propio concepto ha cambiado mucho a lo largo de la historia. Se ha entendido como rasgo estable, como potencial en desarrollo, como rendimiento excepcional o como resultado de la interacción entre individuo, contexto, oportunidades y tiempo. Traducido a la vida cotidiana: no basta con que un niño “parezca muy listo”; hay que comprender cómo aprende, qué necesita y en qué entorno se desarrolla.

Evaluar de manera seria

Una evaluación seria no consiste en buscar certificados de excepcionalidad. Se nutre de pruebas cognitivas validadas, rendimiento académico, historia evolutiva, creatividad, intereses, motivación, contexto escolar y bienestar emocional. El objetivo no debe centrarse en buscar una etiqueta sino en determinar qué respuesta necesita. Esto no significa retrasar o evitar una valoración cuando hay indicios consistentes.




Leer más:
Tener altas capacidades no es lo que parece


En ocasiones, el debate entre profesionales sobre si la etiqueta corresponde o no puede ocupar demasiado espacio, y desviar la atención de la tarea importante de mirar al niño al completo y brindarle lo que necesita, enzarzándose con las familias en batallas que distraen toda la atención de lo importante, es decir acordar qué necesita para aprender y estar bien.

Minoría no significa medalla

Las altas capacidades hacen referencia a perfiles claramente por encima de la media en determinadas aptitudes. Por definición, hablamos de una minoría. Si la mayoría de padres de una clase creyeran que sus hijos pudieran tenerlas, probablemente estaríamos usando mal el concepto.

Ahora bien, debemos distinguir que ser minoría no equivale a pertenecer a una élite y que tener altas capacidades no dice nada sobre el valor de una familia ni sobre la calidad de la crianza. La etiqueta solo tiene sentido si ayuda a tomar decisiones educativas más ajustadas. No debería convertirse en una marca de estatus ni en un objetivo en sí mismo.




Leer más:
¿Es lo mismo ser inteligente que tener altas capacidades?


La investigación que sigue a individuos a lo largo de su vida muestra que las diferencias de capacidad son reales y relevantes, incluso dentro de los rangos altos. Esto implica que no conviene despachar el tema como una moda sin fundamento. Hay niños que pueden necesitar una forma distinta de aproximarse al aprendizaje. Además, la escuela a menudo hace más visibles algunos talentos como el verbal o matemático que otras formas de razonamiento, como la capacidad espacial. Algunas necesidades pueden quedar invisibles si solo miramos notas o conducta en clase.

Un clima competitivo de crianza

Muchas familias dudan porque quieren comprender mejor a sus hijos. Otras lo hacen porque sienten que cualquier oportunidad no detectada a tiempo puede condicionar su futuro. Esa inquietud no se refleja solamente en la duda sobre si el niño o la niña tiene altas capacidades. Aparece también en la necesidad de que destaque en idiomas, deporte, música; en que no abuse de las pantallas y en proteger su salud mental. La crianza sucede en un clima de información constante y optimización permanente donde la incertidumbre y la hiperresponsabilidad de las familias por dar la talla y las mejores oportunidades a sus hijos puede llegar a sobrecargarlos (tengan o no altas capacidades).




Leer más:
¿Es malo ser un padre o madre helicóptero?


Por ejemplo: la tendencia a apuntar a los niños a muchas actividades complementarias tras la jornada escolar pueden ofrecer pertenencia, aprendizaje y bienestar, pero un exceso de intensidad, amplitud o duración puede tener costes socioemocionales. De igual modo, una elevada carga de deberes se relaciona con más estrés frecuente en niños de 9 a 13 años.

Las altas capacidades tienen un fuerte componente neurobiológico y, aunque el contexto importa mucho en su desarrollo, la estimulación intensa no crea por sí sola un perfil de altas capacidades. Todos los niños necesitan descanso, juego, pertenencia y derecho a no convertir cada interés en un proyecto de futuro.




Leer más:
Por qué es preocupante que los niños no jueguen tanto como antes


Divulgar sin inflar ni ridiculizar

La conversación pública suele caer en dos excesos. Uno idealiza a estos niños como genios incomprendidos y otro ridiculiza a las familias que preguntan. El problema es que ambos simplifican.

Una divulgación responsable debería explicar que hablamos de una minoría real; que no hay una lista cerrada de señales y que la evaluación solo tiene sentido cuando ayuda a comprender y acompañar mejor. Ante dudas persistentes, lo razonable es hablar con el centro educativo, recoger información de distintos contextos y, si procede, solicitar una valoración psicopedagógica rigurosa.

Quizá la pregunta “¿tiene mi hijo altas capacidades?” sea solo el comienzo. La cuestión de fondo importante es qué necesita ese niño para aprender, crecer y vivir bien. Si la pregunta nace de la necesidad de responder a eso último, puede ser útil pero si queda atrapada en la comparación, la competición o la ansiedad adulta, pierde parte de su sentido.

The Conversation

Paloma Merello Giménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tiene mi hijo altas capacidades? Qué significa realmente esa etiqueta – https://theconversation.com/tiene-mi-hijo-altas-capacidades-que-significa-realmente-esa-etiqueta-283199