Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Diarte Oliva, Docente e investigadora, Universidad San Jorge
Una carcajada inesperada, un estornudo o los últimos metros de una carrera pueden acabar con unas gotas de orina en la ropa interior. Muchas mujeres no lo cuentan porque sienten vergüenza o creen que es el precio de haber tenido hijos o cumplir años. Y el miedo a que se repita les lleva a evitar actividades.
Sin embargo, las pérdidas urinarias tienen explicación y, en muchos casos, tratamiento desde la fisioterapia de suelo pélvico. Para entenderlas, conviene desmontar algunas ideas muy extendidas.
¿Qué sucede al toser o al correr?
Al toser, reír, correr o aterrizar tras un salto, aumenta la presión dentro del abdomen, que también se transmite a la vejiga. Para evitar que se escape la orina, la uretra, el conducto por el que sale al exterior, debe mantenerse cerrada.
Este mecanismo depende de varias estructuras que actúan conjuntamente. El esfínter uretral y los propios tejidos de la uretra contribuyen a su cierre, mientras que los músculos del suelo pélvico, los ligamentos y otros tejidos de sostén ayudan a mantenerla estable cuando aumenta la presión abdominal. No solo importa la fuerza de estos músculos, sino también su capacidad para responder en el momento adecuado. Una revisión sistemática con metaanálisis confirma que las alteraciones del cierre uretral, del soporte anatómico y de la función muscular están relacionadas con la incontinencia urinaria de esfuerzo.
El diafragma y la musculatura abdominal intervienen en la respiración, la estabilidad del tronco y los cambios de presión durante el movimiento, pero no son los responsables directos del cierre uretral. Cuando los mecanismos de cierre y soporte resultan insuficientes, pueden producirse pérdidas involuntarias de orina, conocidas como incontinencia urinaria de esfuerzo.
Esta no debe confundirse con la incontinencia de urgencia, en la que las pérdidas se acompañan de una necesidad repentina y difícil de posponer de orinar.
Si bien el embarazo, el parto y el envejecimiento aumentan el riesgo, la pérdida de orina puede ocurrir en mujeres jóvenes que nunca han estado embarazadas. También puede afectar a hombres; por ejemplo, después de una cirugía de próstata.
Una revisión científica publicada en Sports Medicine analizó datos de 4 649 deportistas adultas y estimó una prevalencia global de incontinencia urinaria del 39 %. Sin embargo, encontró grandes diferencias entre estudios y no demostró que practicar un deporte concreto, como correr, causara las pérdidas.
Abdominales y ejercicios de Kegel
Conviene aclarar que la musculatura abdominal y la del suelo pélvico son independientes. Ambas participan en tareas que implican cambios de presión y movimiento, pero hacer planchas o abdominales no garantiza por sí solo un cierre uretral eficaz, como explicamos anteriormente.
Por eso, cuando aparecen síntomas, conviene valorar el problema en lugar de asumir que basta con fortalecer el core. Para entender su función, podemos imaginar un cilindro muscular en el que el diafragma forma su parte superior, el suelo pélvico la inferior y los músculos abdominales, junto con los de la espalda, rodean sus paredes.
Durante la respiración y el movimiento, estos músculos participan en los cambios de presión dentro del abdomen y en la estabilidad del tronco. Por ejemplo, al levantar un peso o aterrizar tras un salto, la musculatura abdominal contribuye a estabilizar el cuerpo, mientras que el suelo pélvico debe responder a las exigencias del esfuerzo para ayudar a mantener la continencia.
Una revisión sistemática ha observado que los músculos abdominales y los del suelo pélvico pueden activarse conjuntamente. Por tanto, entrenar el core puede contribuir a mejorar la estabilidad y la capacidad funcional durante el ejercicio, pero esa coordinación no significa que fortalecer los abdominales mejore automáticamente el cierre de la uretra ni que sustituya al entrenamiento del suelo pélvico.
El entrenamiento específico de los músculos del suelo pélvico es, precisamente, uno de los tratamientos conservadores mejor respaldados para la incontinencia urinaria de esfuerzo. La evidencia científica encontró que las mujeres que lo realizaban tenían más probabilidades de mejorar o resolver sus síntomas que quienes no seguían ese tratamiento.
Para realizarlos correctamente, hay que aprender a contraer y relajar correctamente, ajustar la intensidad y progresar según las necesidades. Las guías NICE recomiendan un programa supervisado durante al menos tres meses como primera opción terapéutica.
Si pierdo orina corriendo, ¿debo dejarlo?
Abandonar automáticamente el deporte no es la única salida. Puede ser útil observar cuándo aparecen las pérdidas: al saltar, al acelerar, al final de la sesión o incluso antes de empezar. También es importante observar si se acompañan de urgencia urinaria.
Esa información orienta la valoración profesional y permite adaptar temporalmente las cargas, los impactos o la duración del ejercicio. El objetivo es abordar los síntomas y facilitar una vuelta progresiva a la actividad, no imponer prohibiciones generales.
Anticiparse al estornudo
Existe una estrategia denominada the knack que consiste en contraer voluntariamente el suelo pélvico justo antes de toser o estornudar y mantener la contracción durante el esfuerzo.
Una investigación sobre la eficacia de esta maniobra observó que reducía de forma inmediata las pérdidas de orina provocadas por la tos. Otra investigación mediante ecografía mostró una disminución del desplazamiento del cuello de la vejiga durante ese esfuerzo.
Para reconocer el movimiento, imaginemos que queremos evitar la salida de gases y, a la vez, cerrar y elevar suavemente la zona alrededor de la uretra. No se trata de empujar hacia abajo ni de aguantar la respiración. Tampoco conviene practicarlo habitualmente interrumpiendo el chorro de orina.
Aunque los resultados son prometedores, la evidencia sobre su eficacia como tratamiento aislado a largo plazo sigue siendo limitada. Por eso esta indicación orientativa no sustituye una valoración individual ni el entrenamiento supervisado.
Cuando las pérdidas afectan a la autoestima
El impacto de la incontinencia va mucho más allá de unas gotas de orina. La evidencia científica ha encontrado una asociación entre la incontinencia urinaria y una menor autoestima, así como mayores niveles de estrés y síntomas depresivos. Además, hay estudios que recogen experiencias de vergüenza, aislamiento social y dificultades para hablar del problema incluso con personas muy cercanas.
Romper el silencio también significa apostar el bienestar emocional. Si las pérdidas se repiten, afectan a la vida diaria o generan preocupación, merece la pena consultar a un profesional. Una valoración sanitaria puede identificar el tipo de incontinencia y las opciones de tratamiento, incluida la fisioterapia especializada cuando esté indicada. Hablar de ello permite recuperar algo más que la continencia: la libertad de moverse sin miedo.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Perder orina al reír, estornudar o correr no es inevitable – https://theconversation.com/perder-orina-al-reir-estornudar-o-correr-no-es-inevitable-294833

