Si los robots no tienen género, ¿por qué siguen reproduciendo estereotipos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iliana Ferrer, Lecturer, Universitat Autònoma de Barcelona

Los estereotipos de género se trasladan a nuestra representación de los robots androides. Kanyapa Dechthanathorn / Unsplash., CC BY-SA

Los robots sociales son máquinas con un cuerpo físico, diseñadas para interactuar y comunicarse con las personas. Estos cuerpos no tienen género. Aun así, las imágenes que nos llegan a través de la prensa siguen reproduciendo estereotipos de género.

En un estudio reciente, hemos analizado casi 400 piezas informativas digitales recuperadas mediante búsquedas realizadas en siete países de Latinoamérica (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela), durante dos décadas (2006-2026). Estudiamos las imágenes para entender qué ocurre cuando damos a los robots una apariencia humana y cómo esas imágenes de cuerpos artificiales construyen nuestra idea de estas tecnologías. Algunas de estas imágenes, publicadas en noticias sobre robótica, innovación y tecnología muestran, incluso, robots hipersexualizados. Así, encontramos que, aun cuando tenemos la oportunidad de no hacerlo, seguimos trasladando nuestras propias desigualdades a los cuerpos con los que representamos el futuro.

Rasgos femeninos ultrarrealistas

Las imágenes masculinizadas de robots eran mucho más frecuentes que las feminizadas. Por otro lado, los robots con rasgos femeninos tendían a aparecer representados con cuerpos ultrarrealistas, diseñados para parecerse físicamente lo máximo posible a una persona real, imitando características como nuestra piel, cabello, rasgos del rostro y del cuerpo.

Así, el género se comunica mediante códigos visuales que nos resultan muy familiares, sobre todo, en las representaciones de androides “femeninos”, que mostraban proporciones corporales exageradas: cinturas estrechas, caderas pronunciadas, pechos y labios prominentes, pestañas largas, maquillaje y hasta accesorios.

Por el contrario, la mayoría de los robots masculinizados eran representados con una forma humana reconocible, pero sin intentar reproducir de manera realista la apariencia de una persona. Los rasgos asociados a la masculinidad que aparecieron fueron, en especial, torsos y extremidades robustas o musculosas.

Roles estereotipados

Los robots analizados en nuestro estudio aparecían principalmente como parte de experimentos o demostraciones y, en segundo lugar, en tareas de acompañamiento y cuidado. Eso sí, los que tenían rasgos femeninos aparecían con mayor frecuencia en entornos domésticos que los masculinizados.

Más allá del género, las imágenes los presentaban como símbolos de innovación y progreso o vinculados al cuidado, la asistencia y las relaciones sociales. Fueron muy pocas las imágenes que los situaban en contextos que planteaban riesgos, amenazas o dilemas éticos o que promovían un enfoque crítico. Además, en tres de cada cuatro noticias que revisamos, el titular reforzaba el significado sugerido por la imagen y orientaba, así, la manera de interpretar al robot y el trabajo que realizaba.

Entre la fascinación y el temor

Las tecnologías emergentes suelen estar rodeadas de ciclos de expectativas. Cuando aparecen, tendemos a imaginar que transformarán radicalmente nuestra vida, resolverán problemas, sustituirán empleos o cambiarán nuestra forma de relacionarnos. Frente a estas promesas, también surgen discursos que las presentan como una amenaza, como hemos visto tantas veces en la ciencia ficción. Los medios de comunicación participan en este proceso, amplificando las promesas sobre tecnologías específicas, pero también los riesgos y temores asociados a ellas. Los robots sociales no escapan a esta tensión entre fascinación y temor.

La cuestión es qué características humanas elegimos reproducir cuando le asignamos un cuerpo a estas tecnologías. Nuestros resultados muestran que, al asignarles estas formas humanoides, también podemos trasladar estereotipos y códigos culturales presentes en nuestra sociedad. El género de un robot no está en la máquina: se construye mediante decisiones sobre su cuerpo, su rostro, su voz o, incluso, su nombre.

La prensa construye la imagen que tenemos de los robots

En el caso de los robots sociales, las noticias pueden ser una de las primeras vías de contacto con estas máquinas antes de tener una interacción real con ellas, ya que la adopción de nuevas tecnologías avanza de manera desigual. Por eso, las imágenes periodísticas nos ayudan a imaginar cómo son, para qué sirven y qué lugar podrían ocupar en nuestro día a día.

Pero esto es solo una parte de esta historia. Antes de llegar a las noticias, esos cuerpos tecnológicos han sido diseñados por personas que han tomado decisiones sobre su apariencia, su silueta, su rostro o rasgos específicos asociados al género, lo que también supone incorporar modelos sociales al diseño. Nuestro estudio no permite saber quién tomó esas decisiones ni por qué, pero sí muestra cómo esos cuerpos terminan siendo representados y puestos en circulación por la prensa.

La paradoja es que estamos imaginando y diseñando las tecnologías del presente y del futuro con estereotipos de género que llevamos décadas intentando dejar atrás.

The Conversation

Iliana Ferrer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Si los robots no tienen género, ¿por qué siguen reproduciendo estereotipos? – https://theconversation.com/si-los-robots-no-tienen-genero-por-que-siguen-reproduciendo-estereotipos-292916