Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Romero Martinez, Profesor Titular de Toxicologia. Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid

En los botiquines de muchas casas, es probable que encuentre un bote de melatonina. Hay quien la consume para combatir el jet lag y quien recurre a ella para conciliar el sueño. Lo que pocos imaginan es que esa misma molécula se estudia en laboratorios de todo el mundo como posible compañera de la quimioterapia frente a uno de los cánceres más temidos: el glioblastoma.
¿Qué tiene que ver la hormona que induce al sueño con un tumor cerebral? Más de lo que parece. Pero conviene contar la historia completa, incluida su parte menos vistosa: todavía no sabemos si funciona en pacientes.
Un tumor con raíces
El glioblastoma es el tumor cerebral maligno primario más frecuente en adultos y uno de los más difíciles de tratar. Su principal truco es que no crece como una canica que se pueda extraer limpiamente: se parece más a las raíces de una mala hierba. Al crecer, se cuela entre las neuronas y extiende ramificaciones microscópicas por el tejido sano. Por eso, aunque el neurocirujano retire todo lo que se ve, casi siempre quedan células escondidas.
Para perseguirlas, tras la cirugía se aplica radioterapia y un fármaco que se toma en cápsulas, la temozolomida, desde que, en 2005, un gran ensayo clínico demostró que es el pilar del tratamiento. El problema es que, tarde o temprano, el tumor suele volver a reproducirse, que es lo que conocemos como recidiva.
El taller de reparaciones del tumor
Para entender por qué ocurre esto, imaginemos el ADN como el manual de instrucciones que cada célula consulta para dividirse. La temozolomida actúa emborronando con tinta palabras clave de ese manual. Si hay demasiados borrones, la célula no consigue copiarlo y muere.
Pero muchas células tumorales tienen su propio corrector: una proteína llamada O6-metilguanina-ADN metiltransferasa (MGMT), capaz de borrar, precisamente, las manchas más dañinas. Cuando el gen responsable de esta proteína está silenciado, el beneficio de la quimioterapia suele ser mayor. Cuando está activo, en cambio, buena parte del poder del tratamiento antitumoral se pierde.
A esto se suma otro problema: el tumor no es un ejército uniforme. Entre sus células hay algunas con propiedades de células madre, es decir, que pueden autorrenovarse y generar nuevas células tumorales capaces de resistir el tratamiento y regenerar el tumor, como un rescoldo que reaviva el fuego.
Esta diversidad ayuda a entender por qué un tratamiento puede eliminar muchas células y, sin embargo, dejar otras capaces de mantener la enfermedad. Y también explica el interés por combinar intervenciones. Si una sustancia dificulta las respuestas de supervivencia de la célula, podría ayudar a que el daño causado por la quimioterapia resulte más eficaz. Y aquí es donde entra en escena la melatonina.
Mucho más que una pastilla para dormir
Nuestro cerebro fabrica melatonina al caer la noche y la usa como reloj: le indica al organismo que toca descansar. Pero su trabajo no termina ahí. Simultáneamente interviene en la inflamación, en las defensas y en la forma en que las células gestionan su energía.
Lo curioso es que no se comporta igual en todas partes. En las células sanas suele actuar como un escudo frente al daño oxidativo. En algunas células tumorales, en cambio, desordena la maquinaria que produce energía. En un estudio con células de glioblastoma obtenidas de pacientes se observó que la melatonina alteraba la producción de energía y la regulación metabólica, hasta empujarlas a la muerte celular. Otros trabajos sugieren que también modifica la comunicación del tumor con el sistema inmunitario.
¿Por qué esa doble cara? Porque las células cancerosas viven al límite, crecen deprisa, consumen mucha energía y dependen de equilibrios frágiles. Un empujón que una célula sana absorbe sin problema puede desestabilizar a una tumoral.
Dos golpes mejor que uno
La idea de combinar ambas moléculas es sencilla: mientras la temozolomida daña el manual de instrucciones, la melatonina dificulta que la célula se defienda y se recupere. Combinarlas sería como atacar a la vez el edificio y a su equipo de mantenimiento.
En el laboratorio, la idea funciona. En 2025, un estudio comprobó que, en cultivos de células de glioblastoma, el efecto conjunto superaba la simple suma de cada sustancia por separado. La mezcla apagaba señales que ayudan al tumor a sobrevivir y a inflamarse, y activaba sus mecanismos de autodestrucción.
En ratones, además, frenó el crecimiento tumoral. Pero hay un matiz importante: esos tumores se habían implantado bajo la piel del animal, no en su cerebro. Y el cerebro es una fortaleza protegida por una barrera que impide el paso de muchas sustancias. Lo que funciona en el costado de un ratón no tiene por qué funcionar dentro del cráneo.
Otro trabajo, de 2018, apuntó a esos rescoldos con propiedades de célula madre: la melatonina los volvía más sensibles a la temozolomida, pero el efecto variaba mucho de un modelo experimental a otro.
Tratar un tumor cerebral no consiste solo en eliminarlo. También importa conservar la memoria, el ánimo y la capacidad de llevar una vida plena. Y la quimioterapia, por desgracia, afecta al cerebro sano.
En este frente hay otra pista prometedora. En ratones sin tumor tratados con temozolomida, la melatonina previno conductas de tipo depresivo y atenuó alteraciones en la formación de nuevas neuronas, aunque no evitó las conductas de ansiedad. Es un resultado interesante, si bien habrá que demostrar que ocurre en personas y, sobre todo, tener presente que proteger el tejido sano no acaba protegiendo también al tumor.
La trampa de la dosis
Llegados aquí, es tentador pensar que, si la melatonina se compra en la farmacia, ¿por qué no tomarla ya? Hay al menos tres razones para no hacerlo.
La primera es la dosis. En muchos de estos experimentos se emplean concentraciones cientos de miles de veces superiores a las que nuestro cuerpo alcanza de forma natural durante la noche. Nadie sabe si un comprimido puede lograr niveles parecidos dentro de un tumor cerebral, ni si sería seguro intentarlo.
La segunda es que apenas hay datos en personas. El principal antecedente clínico se publicó en 1996: un pequeño ensayo con 30 pacientes en el que quienes recibían melatonina junto con la radioterapia sobrevivían más al cabo de un año. Es un dato llamativo, pero procede de muy pocos pacientes, es anterior a la llegada de la temozolomida y no responde a la pregunta que hoy nos importa.
La tercera es que añadir cualquier sustancia a un tratamiento oncológico puede tener efectos inesperados. Por eso, quien esté en tratamiento no debería tomar melatonina con este fin sin consultarlo antes con su equipo médico, y nunca como sustituto de las terapias prescritas.
Del laboratorio a la consulta
¿Significa todo esto que la melatonina es una falsa esperanza? No. Significa que una buena idea ha llegado al momento de pasar su examen más duro. El siguiente paso son ensayos clínicos que determinen primero qué dosis es segura y cuánta llega al tumor, y que después comparen el tratamiento habitual con y sin melatonina. Y no bastará con medir cuánto tiempo viven los pacientes: también habrá que medir cómo viven, con atención a su memoria, su estado de ánimo y su calidad de vida.
Pero hay un obstáculo añadido. Como la melatonina es una molécula barata y sin patente, existen pocos incentivos comerciales para financiar esos estudios. La investigación pública e independiente resulta, en este caso, imprescindible. Quizá dentro de unos años, la hormona que nos ayuda a dormir sirva también para que la quimioterapia funcione mejor. Para saberlo no bastan los buenos resultados en placas de cultivo: hacen falta pacientes, rigor y tiempo.
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Alejandro Romero Martinez recibe fondos de MICIU/AEI; Ministerio de Defensa, Dirección General de Armamento y Material (DGAM), Subdirección General de Planificación.
Comunidad de Madrid-Fomento de la investigación y la transferencia de tecnología (2023-2026)
Eva Ramos Alonso recibe fondos de MICIU/AEI.
Francisco López-Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Melatonina: una aliada inesperada contra el tumor cerebral más agresivo – https://theconversation.com/melatonina-una-aliada-inesperada-contra-el-tumor-cerebral-mas-agresivo-293446
