Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Baos González, PhD in Psychology, Universidad de Granada
Hoy en día, el estrés forma parte de nuestra vida cotidiana. Los adultos lo sufren, hablan sobre él y se quejan de los síntomas asociados, mientras desean una vida justa y tranquila. Por pedir, que no quede. ¿Pero qué pasa con los más pequeños de la familia? ¿Padecen estrés igual que los mayores? ¿Y como lo manifiestan?
El primer paso para responder a esta pregunta es tener un método para medir esa sensación de agobio tan desagradable que todos hemos sentido alguna vez. Hace ya más de treinta años, se diseñó uno de los protocolos más utilizados para generar y estudiar de forma fiable la respuesta de estrés en adultos: Trier Social Stress Test (TSST). Años después, se desarrolló una versión para niños y adolescentes de 7 a 16 años (TSST-C). Sin embargo, estudiar esta respuesta en preescolares ha resultado más difícil.
No fue hasta 2011 cuando el primer grupo de investigadores consiguió generar y estudiar de forma fiable la respuesta de estrés en pequeños de 3 años. Posteriormente, en 2017 y 2019, otros estudios la validaron para edades entre 3 y 6 años. Aun así, seguía faltando una propuesta que estandarizara aspectos clave de su evaluación, como el número y el momento de las muestras biológicas.
¿Cómo se genera y mide una respuesta de estrés?
El estrés es una reacción natural de nuestro cuerpo que ocurre ante situaciones que percibimos como amenazantes, impredecibles o difíciles de controlar. Cuando aparece, se ponen en marcha distintos sistemas biológicos. Entre ellos, destacan el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, relacionado con la liberación de cortisol, y el sistema nervioso simpático, que da respuestas automáticas ante determinados estímulos.
Como no sería ético poner a una persona frente a un león para que se estrese y corra por su vida, los investigadores recurrieron a algo que también nos estresa mucho: sentirnos evaluados por otra persona. En la TSST, por ejemplo, los participantes deben pronunciar un discurso ante un tribunal que mantiene una actitud neutra y hostil. Esa sensación de estar siendo juzgado negativamente genera una reacción de estrés que puede estudiarse de manera controlada.
La respuesta se puede medir a través de la saliva, analizando el cortisol y la enzima alfa-amilasa. Esta última refleja con rapidez la activación del sistema nervioso simpático, mientras que el aumento del cortisol aparece algo más tarde. Por eso, es importante recoger varias muestras antes y después de la situación estresante.
¿Por qué ha sido tan difícil estudiarla en preescolares?
Los factores psicológicos que más generan estrés en los humanos son la impredecibilidad y la amenaza de un juicio social negativo. Adaptar estos factores a la capacidad cognitiva de los preescolares (evitando también el estrés anticipatorio que sienten por ir a un laboratorio desconocido), ha sido el principal reto.
Un equipo de la Universidad de Ontario, en 2011, lo logró mediante una tarea llamada matching task, que reúne ingredientes clave para generar estrés: impredecibilidad, frustración, juicio social negativo, motivación de logro y ausencia de apoyo social. En concreto, se trata de un juego en el que los participantes deben unir imanes de diferentes colores con sus respectivos animales, antes de que un semáforo se ponga en rojo (impredecibilidad). Si terminan a tiempo, reciben un juguete como premio (motivación de logro). Además, se les dice que “niños más pequeños son capaces de lograrlo” (juicio social negativo).
Sin embargo, durante los tres primeros intentos, el semáforo es manipulado de forma que es imposible terminar a tiempo (frustración). Y, durante el juego, el experimentador no puede motivar ni consolar (ausencia de apoyo social).
Tras los intentos fallidos, el investigador descubre que “el semáforo estaba roto”, lo sustituye y permite que el niño complete finalmente la tarea y consiga el premio. Así, la frustración desaparece y los fallos anteriores quedan atribuidos al semáforo, no a su capacidad (final feliz).
El experimento
En nuestra investigación, hemos creado y validado el protocolo Stress Reactivity Task for Preschoolers (SRTP), basado en esta tarea, para estandarizar la evaluación biológica de la reactividad al estrés a los 4 y 5 años.
El protocolo incluye seis muestras de saliva: una antes de la tarea, tras 30 minutos de adaptación al laboratorio, otra inmediatamente después y cuatro más cada diez minutos. En todas ellas, se analizan cortisol y alfa-amilasa, dos biomarcadores clave que miden el estrés del cuerpo, pero actúan en sistemas diferentes y a velocidades distintas. El primero refleja la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, el sistema lento y hormonal del cuerpo; mientras, la alfa-amilasa muestra la actividad del sistema nervioso simpático, el sistema rápido de “lucha o huida”.
Este diseño permite observar el aumento y la regulación de ambos marcadores biológicos, así como detallar la interacción entre ellos, aspectos clave para entender la respuesta de estrés.
No todos los niños responden igual
En nuestro estudio, con 58 sujetos, se logró por primera vez generar y captar eficazmente una respuesta tanto de alfa-amilasa como de cortisol en edad preescolar (el 77.6 % presentó una respuesta de alfa-amilasa y el 64.9 %, una respuesta de cortisol). Además, el protocolo es capaz de captar los diferentes ritmos que sigue cada sistema: la alfa-amilasa aumenta inmediatamente tras la tarea de clasificación, mientras que el cortisol tarda unos 20 minutos más.
También observamos que ciertos factores diferenciales pueden influir en la trayectoria de la respuesta. El llanto, por ejemplo, se relacionó ampliamente con la producción de cortisol: aquellos niños y niñas que lloraron durante el juego liberaron mucho más que los que no. Por otra parte, la respuesta de cortisol en las niñas se produjo más rápido y de forma más pronunciada que en los niños. Ambas son variables importantes a tener en cuenta a la hora de interpretar los resultados.
Comprender mejor estas diferencias individuales puede ayudarnos a investigar por qué algunos pequeños son más vulnerables que otros ante situaciones adversas y qué factores pueden proteger su salud mental.
En este sentido, el SRTP permite estudiar la reactividad al estrés en preescolares de forma precisa, complementaria, detallada y no invasiva.
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Miguel Ángel Baos González recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; Agencia Estatal de Investigación; Fondo Social Europeo Plus; Universidad de Granada (PRE2022-105035; CEX2023-001312-M; UCE-PP2023-11).
Javier De Echarri Lorente recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: Agencia Estatal de Investigación; Fondo Social Europeo (PREP2023-001385).
María Isabel Peralta Ramírez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: Agencia Estatal de Investigación de España. Proyectos del Plan Estatal (PID2023-147631NB-I00).
Ahmed F. Fasfous, Carolina Mariño-Narváez y Raquel González Pérez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
– ref. Los niños pequeños también se estresan: así podemos medirlo – https://theconversation.com/los-ninos-pequenos-tambien-se-estresan-asi-podemos-medirlo-291852

