Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València
Cuando pensamos en nutrición, casi siempre imaginamos los mismos protagonistas: boca, estómago, intestino, hígado, páncreas y, quizá, microbiota. Sin embargo, el cuerpo humano no funciona por compartimentos aislados. Comer no es solo introducir alimento en un tubo digestivo, sino también salivar, tragar, transportar, distribuir líquidos, activar defensas, mover grasas por la linfa, comunicar tejidos y sostener órganos.
En los últimos años, tres estructuras han despertado especial interés: las glándulas salivales tubariales, el intersticio y el mesenterio. Las tres tienen algo en común: actúan como zonas de interfaz, conectando alimentación, hidratación, absorción, transporte, inmunidad y metabolismo.
Las glándulas tubariales: comer también depende de tragar bien
En 2021, se describieron mediante técnicas de imagen unas estructuras glandulares situadas en la parte posterior de la nasofaringe –cerca de la región donde se abre la trompa de Eustaquio– que no encajaban con las descripciones anatómicas clásicas.
En realidad, las glándulas salivales tubariales no digieren grasas, no absorben aminoácidos y no regulan la glucosa, pero pueden tener importancia en algo mucho más básico: mantener húmeda y lubricada una zona clave para tragar, más allá de la boca.
La saliva ayuda a formar el bolo alimenticio, facilita la deglución, participa en el gusto, protege mucosas y contribuye a las primeras fases de la digestión. Cuando su producción o distribución se altera, pueden aparecer sequedad (xerostomía), dificultad para tragar (disfagia), cambios en el sabor y menor apetito. En pacientes con cáncer de cabeza y cuello, estas alteraciones pueden comprometer de forma clara su ingesta y estado nutricional.
Por eso, las glándulas salivales tubariales interesan especialmente en radioterapia de cabeza y cuello. Si una zona glandular se irradia sin reconocer su posible función, podría contribuir a producir efectos secundarios. Desde el punto de vista nutricional, no es algo menor: una persona que no puede tragar bien no se alimenta bien. Así, las glándulas recientemente descubiertas ayudan a recordarnos que la nutrición empieza antes del estómago.
El intersticio: el agua que comunica los tejidos
El segundo ejemplo es el intersticio, descrito como una red de espacios llenos de líquido dentro y entre tejidos. La noticia fue presentada en muchos medios como el descubrimiento de un “nuevo órgano”, aunque esa etiqueta ha sido discutida. Lo importante no es tanto el nombre como la idea: el líquido intersticial no es un simple relleno pasivo entre células.
Desde el punto de vista de la nutrición, puede entenderse como un territorio de intercambio. Los nutrientes absorbidos en el intestino pasan a la sangre, pero para llegar a muchas células deben atravesar el espacio extracelular, donde se mueven agua, electrolitos, glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, señales inmunitarias, metabolitos, productos de desecho… Por eso, la nutrición no termina cuando los nutrientes cruzan la pared intestinal.
¿Y cómo llegan realmente a los tejidos? La respuesta implica sangre, linfa, endotelio (capa interna de los vasos sanguíneos y linfáticos), matriz extracelular (red que sostiene y conecta las células) y el propio líquido intersticial. Es decir, involucra una anatomía de distribución que muchas veces queda fuera de los mensajes nutricionales simplificados. El agua corporal no está solo en la sangre o dentro de las células: se reparte entre compartimentos. Por eso, beber agua y mantener una dieta adecuada afecta, más allá de la digestión, al medio líquido donde viven nuestras células.
El mesenterio: la autopista entre el intestino y el resto del organismo
Hasta hace poco se creía que el tercero de nuestros protagonistas, el mesenterio, consistía en una serie de pliegues que sujetaban partes del intestino. Sin embargo, una investigación anatómica de 2022 reveló que en realidad se trataba de una estructura con entidad funcional propia. Es verdad que el mesenterio sostiene el intestino, pero no es solo un “soporte”: contiene vasos sanguíneos, vasos y ganglios linfáticos, nervios y tejido adiposo. Es, en definitiva, una autopista entre el intestino y el resto del organismo.
Su relevancia nutricional resulta indudable. Tras la digestión, muchos nutrientes pasan a la sangre a través de vasos que viajan por el mesenterio. Las grasas siguen una ruta especial: para transportarlas, el intestino las convierte en unas partículas llamadas quilomicrones, que pasan al sistema linfático y, desde allí, a la circulación sanguínea.
Además, el mesenterio tiene una dimensión inmunológica. El intestino está expuesto constantemente a alimentos, bacterias, metabolitos y moléculas extrañas. Por eso, el tejido inmune asociado al intestino debe aprender a tolerar lo útil y responder ante lo peligroso. El mesenterio participa en ese diálogo entre dieta, microbiota, inmunidad e inflamación.
Desde esta perspectiva, no es solo anatomía: se trata de metabolismo organizado en tejido.
Una nueva forma de enseñar nutrición
Estas tres estructuras no cambian las recomendaciones básicas, pero sí enriquecen la forma de explicar la nutrición. Nos obligan a pasar de una visión centrada solo en nutrientes a una visión anatómica, funcional e integrada.
Las glándulas tubariales nos recuerdan que alimentarse requiere saliva, lubricación y deglución; el intersticio, que el agua y los nutrientes deben circular entre células y tejidos; y el mesenterio, que absorber no es solo atravesar la pared intestinal: también implica transportar, defender y comunicar.
Quizá el mensaje más interesante sea que la nutrición no ocurre solo en el plato y el intestino: comer es un acto anatómico completo que implica a todo el cuerpo.
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José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. No solo estómago e intestino: tres zonas corporales redescubiertas que cambian cómo entendemos la nutrición – https://theconversation.com/no-solo-estomago-e-intestino-tres-zonas-corporales-redescubiertas-que-cambian-como-entendemos-la-nutricion-286055

